8 ene 2025

Nell Leyshon. Del color de la leche

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«dije que te contaría la verdad sobre todo lo que ha pasado y te la he contado, y todo es verdad salvo una cosa.
dije que estaba sentada al lado de la ventana escribiendo esto y que miraba hacia fuera y veía los árboles y los pájaros. dije que veía la lluvia cayendo por el cristal.
dije que se veían los prados con la espesura de la niebla.
dije que veía mi propia cara pálida en la ventana.
dije que no podía respirar y que me acerqué a la ventana para abrirla.
cuando dije todas estas cosas no te estaba diciendo la verdad.
»

Novela inglesa actual, Nell Leyshon, Feminismo
Finalicé 2024 con una lectura más que liviana, la de Carmen Posadas titulada "Por el ojo de la cerradura", y he comenzado este año lector 2025 con una novela potente, que me ha gustado mucho. Se trata de "Del color de la leche" de Nell Leyshon, novela publicada en 2012. La historia que relata sucede durante el año 1830, concretamente desde la primavera de ese año hasta la de 1831, momento en que la narradora dice estar escribiendo la carta que pone en nuestras manos y que dirige a un tú genérico, al lector que tenga la oportunidad de hacerlo. El lugar donde sucede la historia es una localidad innominada de la campiña inglesa. Estamos en el siglo XlX, en una sociedad eminentemente rural y nos encontramos con dos familias muy diferentes entre sí:  la de Mary, la protagonista principal, una chica de quince años, está formada por un matrimonio y sus cuatro hijas; es una familia pobre y esforzada de la noche a la mañana en sacar adelante la explotación agrícola-ganadera; para el padre de esta familia, brutal en su relación con las hijas, más patrón que padre, el dinero es el dios supremo. Del otro lado encontramos a una familia acomodada, la del vicario Graham cuya mujer está muy enferma y cuyo único hijo, Ralph, es un poco vivalavirgen. La unión entre ambas historias y familias va a darse a través de Mary, la menor de las hijas del matrimonio agrícola, que va a ir a servir a la casa del vicario para ocuparse, entre otras cosas, de la mujer enferma.
Comparado con el trabajo que tenía que desarrollar en la granja del padre, el de la Vicaría es cómodo para Mary, una chica acostumbrada a estar siempre activa. Pronto la esposa del señor Graham le pide a Mary que se dedique en exclusiva a ella y así lo hace ésta a pesar de las reticencias mostradas por Edna, el ama de llaves, que ve cómo la recién llegada a la casa se está haciendo con el afecto de todos. 
Mary es una chica agradable de rostro, pero su figura se ve  lastrada por la cojera que sufre en una pierna desde su nacimiento:
«algunos dicen que madre estuvo enferma aquel verano y que siguió trabajando en el campo y que tenía un bulto que era yo y que no podía agacharse bien porque yo estaba en medio.
y dicen que se me torció la pierna con el peso  y que ya nunca más estuvo bien.
cuando era bebé me la ataron con un trozo de madera para enderezarla, sólo que me rozaba y me salió sangre y yo grité hasta que me la quitaron y dejaron que mi pierna se fuera para donde ella quería.
y por eso soy como soy.»
Mary es una chica avispada que no se arredra ante nada, que contesta sin miramientos a quien la importuna y que muestra grandes deseos de aprender. A pesar de ser analfabeta como el resto de su familia cuando por deseo de su padre tiene que ir a servir a casa del vicario y ve los libros que éste tiene en su biblioteca se siente atraída por ellos. Cuando el señor Graham le pregunta si le gustaría aprender a leer y a escribir, ella pronto responde que sí. De esta manera se establece entre ella y el Vicario una relación que tiene visos de ir más allá de la meramente laboral.

Todos los personajes del relato tienen personalidad propia y Nell Leyshon los define con uno o dos rasgos característicos: la cojera y espontaneidad algo lenguaraz y despierta de Mary; en las hermanas de ésta, la excesiva religiosidad de Beatrice,  la sensualidad y búsqueda de afecto de Violet y «el carácter podrido» de Hope. Luego está el padre, un hombre brusco, violento, que explota a las hijas laboralmente y constantemente se lamenta de que no hayan sido chicos. Por su parte la madre es casi un cero a la izquierda que sigue a pies juntillas las ideas de su marido. Sólo el abuelo enfermo demuestra rasgos de humanidad y afecto con Mary, que es la nieta que lo cuida y se preocupa por su bienestar. Del lado de la casa del Vicario encontramos a Graham, un hombre que malamente puede controlar sus instintos; lo mismo le sucede a su hijo Ralph, joven caprichoso y mujeriego que no se preocupa de los destrozos que sus actividades provocan; sólo la madre enferma demuestra hacia Mary cariño y humanidad sin exigir contrapartida alguna por ello.

Si hay algún asunto importante, aparte del que es objeto de la carta que escribe Mary y que el lector descubrirá durante el transcurso de la lectura, éste es sin duda alguna el de la maternidad. Los personajes son mujeres y esta condición las hace madres voluntaria o involuntariamente. Ellas y sus hijos, sus hijos y ellas, son elemento central en Del color de la leche. La coreada reivindicación feminista del "Nosotras parimos, nosotras decidimos" es clara en el relato. Y también, esta vez expresada por boca de la mujer del Vicario, el convencimiento de que el destino de los hijos es el de levantar el vuelo, dejar el hogar, y que la obligación de los padres (las madres en este caso) es facilitar ese tránsito:
«sabes, me dijo, cuando tienes un bebé te parece que toda tu vida es ese niño y nunca te imaginas que van a crecer y que no te van a necesitar más y que van a querer irse.
no se puede evitar que crezcan, dije yo.
ya lo sé, pero no puedes imaginarte como es. lo dejas todo para cuidarlos y para protegerlos y después se van. es como si te consumieran para conseguir su propia vida.
»
La novela está escrita de manera novedosa enlazando la forma con el fondo y especialmente con la narradora que, como ya he dicho, no es otra que la misma Mary, la cual está escribiendo una carta a un "tú" no identificado. Debido a haber sido hasta hace muy poco analfabeta Mary no domina del todo el arte de la redacción y por ello vemos que no sabe hacer uso de las mayúsculas y que cae continuamente en el polisíndeton de la conjunción copulativa "y", tal y como les sucede a los niños cuando cuentan cosas:
«él estaba en el patio esperándome. no dijo nada. yo no dije nada. caminé hacia la casa y él me miró un momento y entonces dio un paso hacia delante y me agarró del brazo. y me llevó a rastras dentro de la casa. y hope y violet me estaban mirando. y él tiró de mí a través de la cocina. y madre estaba ahí al lado. y yo gritaba y ella estaba ahí y me miraba.»

Esta carta me ha recordado mucho, por su narración en primera persona y por el asunto que relata, al Lazarillo de Tormes. Al igual que en la novela picaresca española de autor incierto la protagonista  cuenta el asunto -el 'caso'- en el que ella se encuentra inmersa en ese momento. También me ha recordado mucho la historia que en ella se narra a la que no hace mucho, y con gran agrado por mi parte, leí en "Precioso veneno", la novela de Mary Webb que hace cosa de tres meses o así reseñé en este blog. Ambas novelas, la de Leyshon y la de Webb, narran historias duras, pero endulzadas en ocasiones con expresiones amables para suavizar la terrible verdad que cuentan. En el caso de la narradora de Del color de la leche, ella, Mary, temerosa de crear en el lector el malentendido de que todo fuera una ficción, una imaginación, en un momento dado aclara (véase la cita que encabeza esta entrada).

Cierro la reseña de esta deliciosa -¡y dura!- novelita con una referencia a las reflexiones metaliterarias que aparecen en ella. Mary, en su inocencia de escritora primeriza alude con frecuencia al acto de escritura que está realizando:
«éste es mi libro y estoy escribiéndolo con mi propia mano
[...]
quiero contarte lo que ha pasado pero tengo que tener cuidado de no apresurarme como hacen las vaquillas en la entrada. porque entonces iré por delante de mí misma y puedo tropezarme y caerme y de todas maneras tú querrás que empiece por donde debo empezar.
y eso es por el principio.»
Del mismo modo Mary describe las dificultades del proceso de escritura por las que pasa mientras escribe la carta que tenemos en nuestras manos:
«escribir lleva mucho tiempo. hay que deletrear y copiar cada palabra encima de la página, y cuando termino tengo que volver a mirar para ver si las he elegido bien. y algunos días tengo que pararme porque tengo que pensar en qué es lo que tengo que decir. y en qué es lo que quiero decir. y en por qué lo estoy diciendo.»

Una primera lectura de este nuevo año más que satisfactoria. Una lectura que recomiendo a cualquiera que ame la buena liuteratura. 



5 ene 2025

Carmen Posadas. "Por el ojo de la cerradura"

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«Soy de la teoría de que el interés malsano por las intimidades del prójimo es algo muy arraigado en todos nosotros. Es completamente falso que sólo las personas de bajo nivel cultural se sienten atraídos por el chismorreo y la curiosidad malsana; todos, sin excepción, somos voyeurs”.» (Pág 126, artículo ”La era voyeur”)

Hace ya tiempo que me he intentado despojar de todos mis impedimentos y rémoras mentales. Me refiero a esos lastres que normalmente vamos echándonos encima y que nos impiden hacer, ver o enjuiciar algunas cosas si es que no se atienen a unos principios inalterables establecidos por no sé quién o quiénes. Sí, lo he intentado, y he fracasado las más de las veces. Pero ha llegado un momento en que ya todo me da igual. Echo mano de la inteligente frase de Groucho Marx cuando en Sopa de ganso dice eso de "estos son mis principios y si no le gustan, tengo otros" que ahora, como tantas cosas, descubro que ni se dice en esa película ni tampoco, claro, la dijo Groucho Marx. Así nos va, repetimos como loros sentencias, frases, dichos de unos y de otros que jamás dijeron ni los unos ni los otros.
Y todo este exordio, ¿para qué? Pues simplemente para justificarme por haber evitado durante años los libros de ciertas personas con proyección pública, periodistas muchas veces. Pero ¿por qué me comportaba así? Pues si soy sincero, ni siquiera yo lo sabría explicar. Mi mejor respuesta sería esa inexorable afirmación que dice "pues porque sí", o sea que "habló Blas y punto y final". 

Aclaradas (¿despejadas? No lo tengo yo tan claro) mis ideas, he tomado en mis manos sin ningún problema de conciencia un librito de Carmen Posadas. Sí, ya saben, la misma Carmen Posadas que estuvo casada con el que fuera gobernador del Banco de España, Mariano Rubio. ¡Ah, que no lo sabían! Bueno es que uno ya peina canas en sus sienes y recuerda que hace años la pareja formada por Mariano y Carmen, Carmen y Mariano, aparecía un día sí y el otro también en el papel couché de las revistas del corazón. Que un político y economista se hubiese casado en los años 80 con una guapa uruguaya 22 años más joven que él levantó todo un malsano interés informativo. El trabajo que como escritora de libros y como periodista ella había desarrollado hasta el momento de este casamiento quedaron opacados por el bullicio generado por la actividad de su marido, en especial cuando quedó tocado como figura pública a raíz de un caso de corrupción económica. 

Es el segundo libro que he leído de esta autora que se alzó con el Premio Planeta de Novela en 1998, un año antes del fallecimiento de su marido, con la novela titulada 'Pequeñas infamias'. Anteriormente a Por el ojo de la cerradura leí su novela "La cinta roja" (2008) cuyo título alude al distintivo que los jacobinos ponían a quienes iban a ser ajusticiados con la guillotina. El protagonismo recae en Teresa Cabarrús una aristócrata española que durante la revolución francesa hizo lo posible por salvar al mayor número posible de reos. Me agradó esta lectura y ya mis prejuicios sobre la charrúa comenzaron a desvanecerse; por eso cuando estas Navidades pasé por la Biblioteca de mi barrio en busca de lecturas para las vacaciones y me topé con Por el ojo de la cerrradura me dije «¿Por qué no?» y junto a otros dos libros de más enjundia ('La hija del optimista' de Eudora Welty -reseñada no hace mucho en este mismo blog- y 'Del color de la leche' de Nell Leyshon -cuya reseña haré próximamente-) lo saqué y durante estas Navidades lo he leído.

Se trata de una serie de pequeñas reflexiones en las que la autora habla sobre temas de la actualidad más o menos inmediata al momento de escritura. Tener en cuenta este momento es muy importante para valorar el enorme cambio que ha experimentado nuestra sociedad durante los cerca de 25 años que separan la aparición del libro en 2001 y hoy, enero de 2025, cuando lo he leído. Además, al estar el libro escrito en plan crónica de actualidad, paradójicamente la misma se pierde por el paso del tiempo. El librito se publicó en 2001 y hoy muchas de las referencias a personas entonces conocidas ya no sirven, bien por no estar ya entre nosotros, bien por haber perdido aquello que la Posadas predicaba en este o aquel articulo. Y es que ¿qué joven de menos de 25 años reconoce al político laborista inglés que responde al nombre de Tony Blair? o ¿Quién es una tal Cindy Margolis? Es evidente que 24 años después el mundo ya no es el que era. Según leía yo Por el ojo de la cerradura una pregunta se me venía constantemente, una reiterada pregunta que con insistencia me cuestionaba qué coños hacía yo leyendo ese libro ahora. Y la respuesta no podía ser otra que la siguiente: Pasar (quizá, perder) el tiempo, estaba claro. 

Pero no quisiera ser tajante, dictaminar desde una supuesta posición de superioridad, la bondad o ausencia de la misma en esta obra. Simplemente diré que me ha entretenido de la misma manera que me entretiene ojear y hojear una revista en la sala de espera del dentista, sin más pretensión que hacer más amable la espera. Y en esta espera observo que Carmen Posadas en esta especie de colección de artículos periodísticos o crónicas de sociedad se confiesa como feminista aunque no radical («Yo no soy ni he sido nunca una feminista enragée»). También yo diría que dirige sus escritos a un público eminentemente femenino y lo digo porque para mí nombres como Goldie Hawn o Dyan Cannon, por ejemplo, nada me dicen. ¿Defecto mío? Puede ser, pero lo que sí es verdad es que he llegado hasta aquí, vamos hasta la edad que tengo -la misma que Carmen Posadas- sin necesitar identificarlos. ¿Les ocurre lo mismo a mis amigas? Sería bueno saberlo. 

Distribuye los artículos en seis apartados cuyos epígrafes en mi opinión identifican con claridad el público lector en quien la Posadas estaba pensando mientras escribía su libro, o sea, ellas, las mujeres:  Nosotras, Ellos, Los elegidos de los dioses, Víctimas del look, Dime cómo te vistes y te diré cómo eres, y Reglas de la buena (y la mala) educación. La mayoría de los escritos reflexionan sobre lo inane de la moda, el voyeurismo social, la tiranía del aspecto físico, la fama... La autora es bastante transparente a la hora de manifestar sus fobias y filias hacia algunos personajes de la sociedad. 
«el caso de Ana Obregón, en cambio, me chifla: parece como si tuviera una necesidad compulsiva de ir siempre enseñando sus “lolas” de plástico. Bueno, hasta ahí lo entiendo: si la pobre chica ha sido como una tabla de planchar toda la vida, ahora querrá mostrarnos sus protuberancias, vale, elemental querido Freud, pero ¿y las piernas? Teniendo en cuenta que son como dos palillos, me pregunto yo que afán la empuja a enseñarlas a todas horas» 
En el apartado titulado Dime cómo vistes y te diré como eres pasa revista al look de las mujeres en traje de baño y también al de muchos hombres. De nuevo diré que el tiempo no perdona y estoy convencido de que muchos jovencitos y jovencitas de hoy difícilmente reconocerán los referentes reales de algunos de estos nombres propios, algo que si ella misma lo declara, referido a cuando ella estaba haciendo el libro en 2001, ¿qué no ocurrirá hoy, 25 años después?
  • «Son mujeres que muchos jóvenes se hoy apenas sabrían decir quienes son: Esther Williams con sus púdicos trajes de baño con faldita “acorta piernas”, Raquel Wetch y su bikini saliendo del mar para fundirse con Bond, James Bond, Marilyn Monroe y su estomaguito retenido bien a la fuerza, y luego estaría la mujer de hoy sin miedo, esa gordita que se coloca un bikini porque quiere tomar el sol y bañarse, una mujer que no tiene miedo a nada ni a nadie, que no es prisionera de nadie ni de nada, no siquiera de la moda.» 
  • «los calzones de Fraga en Palomares, el look de José Mari, el de Felipe González, el de Narcis Serra…»
De Por el ojo de la cerradura lo que más me ha agradado es volver a recordar lo mucho que disfruté durante mis años universitarios con la semiología del francés Roland Barthes. El recorrido que Carmen Posadas hace por el mito moderno, la fama, la popularidad, las revistas del corazón, la publicidad y tal me han hecho recordar las indagaciones semiológicas que a rebufo del estructuralismo sesentero hiciera el estructuralista francés en libros que yo durante mis años universitarios disfruté muchísimo; me refiero concretamente a “Mitologías” y “Elementos de semiología”. Pero, amigos míos, Barthes murió en 1980, hace ya 45 años, y me temo que la Posadas, de mi misma edad, se ha quedado un poquito allí varada. 

En conjunto el libro que tenemos en las manos, en especial el último apartado, “Reglas de la buena (y de la mala) educación”, está cercano al ensayo de costumbres. La Posadas se muestra contraria a la desaparición de la gentileza masculina no por culpa siempre de éste, sino con frecuencia por culpa de las propias mujeres que se niegan a ser tratadas como seres frágiles o diferentes al varón. Habla aquí también de estas costumbres, hoy tan extendidas, de besuquear o tutear a diestro y siniestro. Con gracia expone las distintas maneras de besar a los amigos, a los ex, a los desconocidos que nos son presentados… e incluso alude a ese hábito novedoso de besar no con dos, menos con uno, sino nada menos que ¡con tres! Y sobre el tuteo hoy tan habitual defiende el ustedes frente al tú y se critica a a sí misma por haber caído en él a veces por no sabe bien por qué.


Para finalizar
Premio Planeta, Jurado del Premio Planeta
Leyendo esta colección de reflexiones o pensamientos sobre la actualidad redactados hace casi 25 años a mí vez vengo yo a reflexionar sobre el cambio que en este cuarto de siglo se ha producido en lo que a voyeurismo se refiere. Carmen Posadas realiza su crónica voyeur, o sea, mira Por el ojo de la cerradura,  tomando nombres de personajes públicos del corazón, de la música, del cine, del artisteo… Hoy, veintitantos años después este cotilleo, este voyeurismo vergonzante y muchas veces vergonzoso tiene otros protagonistas: los políticos. Son ellos quienes ahora se esfuerzan por ocupar esos programas televisivos que antes eran territorio exclusivo de las intimidades de los famosos. Se han erigido en famosos y hacen lo posible por permanecer allí semana tras semana, mes tras mes, año tras año, hasta obtener su ansiado botín, el voto del espectador anónimo que les haga repetir en el puesto para durante otro cuatrienio volver a machacar con sus veleidades, traiciones, astucias y añagazas.

Por el ojo de la cerradura se cierra con un artículo titulado 'Si yo fuera rica'. En él declara Carmen Posadas con claridad la intención de su libro, entretener y comprenderse a sí misma
«Ser un Voyeur tampoco da la felicidad, naturalmente, pero ayuda a pasar el rato y también a comprender al prójimo, así como entender a ese prójimo tan cercano y a veces tan desconocido que es uno mismo.»

31 dic 2024

Resumen de 2024, año que se fue. ¡¡Viva 2025!!

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Otro año más que se nos fue por la gatera del tiempo. Ha sido como otras veces, todo ha ocurrido sin apenas darnos cuenta. Resulta que hace nada era 1 de enero de 2024 y de repente, como por arte de birlibirloque, miro el calendario colgado en la pared de mi estudio y ahí aparece señalado el ¡1 de enero de 2025!

Desde luego da la sensación de que el mundo no tiene arreglo. Prosigue como si nada la guerra de Ucrania y la que pensamos en octubre de 2023 que sería muy breve, la de Gaza, no sólo sigue ahí sino que se ha extendido al Líbano, ha entrado en parte de Siria y, ¡por Dios, por Dios!, ojalá que no vaya a más. Por si fuera poco en USA ganó Donald Trump, ¡que Dios nos coja confesados! 

En lo personal llegó en junio un miembro más a la familia y eso como es normal me ha llenado de alegría pues un nietito más siempre es una bendición. La salud por ahora se mantiene donde debe y eso ya es una razón para estar más que contento. Por el país que habito la cosa sigue como siempre, o sea, a gritos. Nos gritamos mucho, la mayor parte de veces sin razones sólidas y otras..., pues otras quizá sí que haya motivos para hacerlo. Es el caso de la nefasta gestión que las administraciones que sostenemos con nuestros impuestos han hecho del principal embate natural que ha sufrido España desde la pandemia de 2020. Me refiero a la DANA de Valencia, ¡qué desastre y qué desastroso enfrentamiento a la misma de nuestros políticos! Al final, como siempre, la cosa para ellos se ha quedado en los gritos de rigor y en el fango, esta vez no metafórico sino auténtico. No sé, no sé, a veces dan ganas de hacer verdad el dicho de «Que paren el mundo, que me bajo» Como llevo diciendo tiempo, no sólo en este resumen sino en varios de los anteriores, afortunadamente siempre nos quedará la literatura, el cine, la música, en definitiva el arte donde refugiarnos para esquivar una realidad saducea y ratificarnos en lo permanente y lo esencial.

 De nuevo, pues, me centraré en este resumen en lo que a este blog atañe, o sea, en lo cultural, en lo artístico: libros, películas, espectáculos teatrales… y en la consecución o no de los Retos voluntariamente asumidos. Comenzando por esto último diré que durante 2024 he superado los Retos siguientes: 'Nos gustan los Clásicos' que por 7º año convocó "Un lector indiscreto"; también el 'Reto Autores de la A a la Z' promovido por Marisa G. del blog "Lecturápolis", este año completado en su totalidad; satisfecho de manera especial estoy de haber culminado el 'Reto Serendipia recomienda' promovido por Mónica Gutiérrez Artero desde “Serendipia” , y lo estoy por ser un reto que me agrada mucho; tan sólo en el ‘Reto 25 españoles’ promovido por Laky del blog “Libros que hay que leer”., me quedé a 3 títulos para alcanzar los 25 autores en lengua española. En cuanto al Desafío de Lectura, de leer al menos 45 libros, que me establecí en Goodreads, esta vez lo superé ampliamente.

 Mi actividad en las Redes Sociales (Goodreads, Facebook, Twitter e Instagram) y en los blogs que administro ha sido más que aceptable. Me fijaré en los blogs: El principal sigue siendo éste, "El blog de Juan Carlos", en el que he publicado, con ésta que ahora mismo escribo, 54 entradas, cuatro menos que el año pasado. Se ve que según sumo años resto entradas. Bromas aparte quizás este  descenso pueda justificarse por la actividad creciente realizada en el Taller de escritura ‘Bremen’ en el que he participado en todas y cada una de sus reuniones quincenales; de mis relatos allí realizados he dejado debida constancia en “Reflexiones”, mi segundo blog. Este año recién finalizado hemos seguido realizando presentaciones del volumen de relatos titulado Decamerón del siglo XXI que reúne escritos de varios miembros del grupo; lamentablemente no hace mucho que Carlos, uno de los bremenautas más activos y valiosos, nos dejó de manera sorpresiva, descanse en paz. Por otro lado sigo siendo el administrador del blog que tiene el mismo nombre que la tertulia literaria de la que es portavoz, "más que palabras...". Como en 2023, nueve han sido las Crónicas tertulianas que he dejado colgadas en esa página que ya tiene nada más y nada menos que 15 años de feliz existencia. Por último durante todo el año 2024 he ido dando cuenta en Pinterest y en las noticias e historias de Instagram y de Facebook de cuantas lecturas he realizado y reseñado en este "El blog de Juan Carlos". Desde aquí os invito a seguirlo y a participar en él por cualquiera de estas Redes Sociales.

Para finalizar quiero recordar que por octavo año consecutivo -y espero que 2025 sea el noveno- he participado en la iniciativa de Tarro-Libro promovida por Carmen Forjan en Facebook. Acabo de abrir la alcancía y la cantidad acumulada ha llegado a 50€, más o menos el número de libros leídos. Dedicaré estos óbolos, tal y como es la finalidad de dicho grupo, a aumentar mi biblioteca de libros digitales y en papel. Espero que los Reyes Magos sean amables conmigo y me obsequien con algunos de los libros que deseo leer en 2025. Quizás esos euros sacados del Tarro sean una ayuda inestimable para Sus Majestades.

 


Libros leídos durante 2024
  1. Azul de Prusia de Philip Kerr
  2. El tiempo de las moscas de Claudia Piñeiro
  3. Mañana no estás (#Jack Reacher 13) de Lee Child
  4. La piel de zapa de Balzac
  5. Castillos de fuego de José Martínez de Pisón 
  6. Los encuentros de Vicente Aleixandre
  7. Un momento de descanso de Antonio Orejudo
  8. Lo que callan los muertos de Ana Lena Rivera
  9. Los recuerdos del porvenir de Elena Garro&nbsp
  10. El árbol de los plátanos de champú de Isa Vázquez
  11. El mago del Kremlin de Giuliano da Empoli
  12. Los abismos de Pilar Quintana
  13. Plegarias atendidas de Truman Capote
  14. La niña del sombrero azul de Ana Lena Rivera
  15. Un caballero en Moscú de Amor Towles
  16. El corazón de Yamato de Aki Shimazaki
  17. El regreso de Ramón Cabezas
  18. Azucre de Bibiana Candia
  19. Los ingratos de Pedro Simón
  20. Blackwater I de Michael McDowell
  21. El policía que ríe de Maj Sjöwall y Per Wahlöö
  22. Cuentos del Espejo de Agua de Fco Sánchez Muniz
  23. Blackwater II de Michael McDowell
  24. Asesinatos S.L. de Jack London
  25. Antes de que llegue el olvido de Ana Rodríguez Fischer

  26. Cuento de cómo se escriben los cuentos de Boris Pilniak
  27. Sudores fríos de Boileau-Narcejac
  28. Hijos del ancho mundo de Abraham Verghese
  29. El primer caso de Unamuno de José Luis Jambrina
  30. En la ciudad dormida de Gabriel Insausti
  31. ¿Fue él? de Stefan Zweig
  32. La noche que llegué al café Gijón de Paco Umbral
  33. Una mujer en Jerusalén de A.B. Yehoshua
  34. Distintas formas de mirar el agua de Julio Llamazares
  35. Mil ojos esconde la noche de Juan Manuel de Prada
  36. Precioso veneno de Mary Webb
  37. Catherine McKernan (a short biography) de José Alonso Pascual
  38. Alguien bajo los párpados de Cristina Sánchez Andrade
  39. Opiniones y reflexiones de Francisco Coronel
  40. Aunque digan las fresas de Andrea Ferrari
  41. La puerta secreta de Marlen Haushofer
  42. Laberintos de la noche de Anne Perry
  43. Muerte de una heroína roja de Qiu Xiaolong
  44. La hija del optimista de Eudora Welty
  45. Por el ojo de la cerradura de Carmen Posadas
  46. El quinteto de Nagasaki de Aki Shimazaki


En el listado anterior se puede acceder a la reseña de cada libro pinchando en su título resaltado en color. Los títulos no resaltados son libros leídos pero no reseñados en el blog por motivos diversos que van desde la falta de tiempo por mi parte, el carácter menor del libro, la dificultad de reseñarlo, o en el caso del que cierra la relación haber finalizado su lectura ayer mismo.

De todo lo leído, igual que de lo visto en directo o por televisión durante el año 2024 ya hice mi selección de favoritos en el post que a finales de diciembre publiqué en este blog con el título de Lo mejor de 2024 (libros, películas, espectáculos)


¡¡Feliz Año Nuevo Lector 2025!!




24 dic 2024

Lo mejor de 2024 (libros, películas, espectáculos)

18 comentarios:
Un año más quiero también realizar, de entre la Literatura leída, el Cine visionado y  el Teatro asistido, mi particular ránking. E igual que los años pasados doy un color a cada una de las tres categorías que señalo en el título: Lecturas, Películas y Espectáculos. Vamos allá.

Lecturas
Cuarenta y seis títulos han caído este 2024. De ellos quiero, como todos los años seleccionar cinco de autores extranjeros, o mejor, de autores que escriben en lengua no española, y otros cinco de libros escritos en español. No es tarea sencilla, pero allá voy. Nada más realizar la elección y confeccionar el collage de portadas para colgar en la entrada caigo en la cuenta de que debería también haber colocado otros títulos de igual e incluso mayor calidad como "Los abismos" de Pilar Quintana"Mil ojos esconde la noche" de Juan Manuel de Prada en el apartado de escritos en español; y entre los de literatura extranjera naturalmente "La hija del optimista" de Eudora Welty, "Precioso veneno" de Mary Webb o también "El mago del Kremlin" de Giuliano da Empoli. Y es que he de decir que la mayor parte de lo que ha pasado por mis manos y que reseño en el blog más o menos me ha gustado. ¿Coincido en algún título con vosotros?


Autores que escriben en español

Los mejores libros de 2024, Mis mejores lecturas durante 2024




✔  "La noche que llegué al Café Gijón" de Francisco Umbral  


✔  "Antes de que llegue el olvido" de Ana Rodríguez Fisher


✔  "Castillos de fuego" de Ignacio Martínez de Pisón


                                        ✔  
"Los ingratos" de Pedro Simón


                                           ✔  "Los encuentros" de Vicente Aleixandre




Autores de lengua extranjera

Los mejores libros de 2024, Mis mejores lecturas durante 2024




✔  "Muerte de una heroína roja" de Qiu Xiaolong 


✔  "La puerta secreta" de Marlen Haushofer


✔  "Una mujer en Jerusalén" de A. B. Yehoshua

✔  "Asesinatos S.L." de Jack London


 ✔  "El corazón de Yamato" de Aki Shimazaki



Películas
"Fallen Leaves" de Aki Kaurismaki, "Perfect Days" de Win Wenders, "Anatomía de una caídade Justine Triet, y por último "Siempre nos quedará mañana (C'e ancora domani)" de Paola Cortellesi.

Selección de películas vistas en 2024



Os diré que aunque mi selección es de sólo cuatro títulos, este 2024 que acaba ha sido un año en el que he visto mucho cine, la mayoría de títulos en streaming a través de plataformas. De las cuatro que he seleccionado tres vi en casa y una (Anatomía de una caída) en sala; pese a esto, no me cansaré de decir que el lugar donde el cine se convierte en auténtico Cine es en sala oscura dotada de una gran pantalla y un sonido espectacular.


Teatro y Espectáculos 
Este año que finaliza no he ido mucho al teatro, la verdad sea dicha. Y no será porque no haya habido buenas obras en cartel. No, la verdad es que el motivo ha sido de índole personal, en especial las gratas obligaciones familiares y otras actividades que también me resultan la mar de estimulantes: mi participación en el Taller del Bremen y en la tertulia Más que palabras son las principales. Con todo y con eso he visto alguna obra de teatro que me ha agradado como El gran teatro del mundo de Pedro Calderón de la Barca (en el madrileño Teatro de la Comedia), El traje de Luis Cavestany (en el también madrileño Teatro de la Abadía) y por último Nada de Carmen Laforet adaptada para el teatro por Joan Yago y dirigida por Beatriz Jaén que vi en el Teatro de la Zarzuela, también en Madrid, ciudad en la que resido. En otro apartado de cosas, el de la música, de mi irregular pero muy gustosa asistencia a conciertos en el Auditorio Nacional, destacaría por ejemplo el que en abril de este año que finaliza tuve ocasión de escuchar a la Academy of St Martins in the Fields bajo la dirección de la violinista Julia Fisher la interpretación que hicieron de dos Romanzas de Beethoven y la 5ª Sinfoníay de Shubert que me encantó.  

Mejores obras de teatro de 2024
 
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Nota: Pinchando en los títulos resaltados en color se puede enlazar con la reseña hecha en el blog.


🎶🎼¡¡Os deseo unas muy Felices Fiestas!!🎼🎶


21 dic 2024

Eudora Welty y "La hija del optimista"

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« Su padre había comenzado a considerarse lo que él llamaba, con toda seriedad, un optimista; tal vez había recuperado esa palabra de los días de su niñez. Adoraba a su esposa. Cualquier cosa que hacía Becky, inevitablemente lo hacía bien y todo lo que decía estaba bien dicho. ¡Pero no todo era perfecto! El problema de su madre era aquella profunda desesperación que la embargaba. Y nadie tenía más capacidad para excitar aquella desesperación que la única persona a la que llamaba desesperadamente, aquel hombre que se negaba a aceptar que ella estuviera desesperada. Era una decepción sobre otra.»

Comienza La hija del optimista con el regreso precipitado de Laurel a Nueva Orleans desde Chicago donde trabaja. Su padre, el juez McKelva está ingresado en el hospital; padece un problema oftalmológico de muy mal pronóstico. Se pone en manos de su amigo Nate Courtland, oftalmólogo que ya atendió a Becky, su primera mujer, de un problema similar. Pese a las reticencias que Courtland tiene sobre ser él quien intervenga a McKelva de su gravísimo desprendimiento de retina, el juez tanto le insiste que Nate accede. 

Pese al natural optimismo que siempre ha acompañado al juez, la penosa etapa postoperatoria le hace entrar en un enmudecimiento atronador. Su segunda esposa, Fay Chisom, con quien ha contraído matrimonio hace apenas año y medio, no acepta esta situación y constantemente insta al anciano juez a levantarse y abandonar el hospital. Lógicamente esta opción está totalmente fuera de lugar, pues el juez está enfermo de muerte, algo que sucederá tras haber estado hospitalizado unos dos meses. 

Lo anterior, más la preparación del viaje de Laurel y Fay con el féretro del juez a cuestas hasta Mount Salus para enterrarlo (¡qué cosa puede haber más faulkneriana que ésta!), ocupa el primero de los cuatro apartados en que Eudora Welty organiza el contenido de la narración. Por las manifestaciones extemporáneas totalmente fuera de lugar de Fay hacia los sanitarios, hacia su propio marido moribundo, hacia Laurel, la hija de éste, y hasta hacia Becky, la esposa fallecida ya hace diez años, conocemos a esta mujer en todos sus extremos y concluimos que con razón todos los habitantes de Mount Salus, amigos de la familia McKelva, mostraron enorme sorpresa y disgusto al conocer el precipitado enlace del juez.

En el segundo apartado asistimos al velatorio realizado  en Mount Salus en la casa de los McKelva, Muchos personajes nuevos aparecen aquí para acompañar y dar su sentido pésame a Laurel: los Bullock, Adele Courtland (hermana del doctor que operó al juez), Missouri (la mujer de color que sirve en casa de los McKelva)... En el lado opuesto de Laurel está Fay, la inculta y poco empática viuda que también se verá acompañada, aunque a su pesar, por los miembros de su familia Chisom (su madre, sus hermanos y sus sobrinos). La enemistad entre ambas familias, singularizada en Laurel y Fay, aumenta muchos grados en esta parte al añadir Fay a sus malos modales y pocas luces la mentira, pues siempre había sostenido estar sola y sin familia en este mundo.

Los otros dos apartados de la novela muestran cómo Laurel en los tres días que permanece en la casa de su niñez recupera no pocos recuerdos de su anterior vida en familia: su madre Becky, su hermana Tish, la relación entre el juez y su primera mujer, las cartas de amor entre ambos, el matrimonio de la propia Laurel en plena guerra mundial y su tempranísima viudedad... Y así hasta un final, que no es oportuno descubrir aquí.

La historia en sí no está muy alejada de otras en que las segundas esposas, mucho más jóvenes que el viudo con el que se casan, se convierten en madrastras con frecuencia de menos edad que sus hijastras, lo que conlleva no pocos choques en la relación entre unas y otras. Si a esto, como sucede en este caso, unimos el fortísimo desnivel sociocultural existente entre ellas, el conflicto está más que servido. Lo que sí que atrapa al lector es la forma en la que Eudora Welty envuelve la historia. Un envoltorio de tono claramente sureño norteamericano en la estela de Faulkner, Capote, Tennesee Williams, Joyce Carol Oates, Alice Munro, Lucia Berlin... Es precisamente ese ambiente oscuro, opresivo, de calor asfixiante, de negritud, de envidias y malas relaciones entre familiares, de naturaleza, de cultivo floral («el cultivo de flores era una actividad social fundamental en las clases altas sureñas, y también lo fue para la autora, Eudora Welty.», aclara el magnífico traductor que es José C. Vales, autor asimismo de novelas de mucho mérito como la titulada "Cabaret Biarritz" que en este blog reseñé en 2017), lo que une a La hija del optimista con la enorme tradición literaria de la Norteamérica meridional. 

Si la historia y la trama son muy destacables en la novela, los recursos literarios utilizados para mostrarla y desarrollarla no lo son menos. Me ha sorprendido con muchísimo agrado la manera que tiene Eudora Welty de acercarse, como si de un zoom cinematográfico se tratase, a la disparidad sociocultural de los personajes que cohabitan en el relato. Así se percibe especialmente en los dos primeros apartados: en el primero es evidente durante la estancia hospitalaria del juez en la habitación doble que comparte con el señor Dalzell, próximo a morir. Las conversaciones y pensamientos de las dos familias se entremezclan en la sala de espera de manera contrapuntística; es la manera que tiene la narradora, que no es otra que Laurel, de marcar la enorme distancia que separa ambos mundos. La incultura y el menosprecio hacia los médicos es patente en Fay y en la madre de Archie Lee, el hijo borracho de Dalzell; qmbqw mujeres no son capaces de admitir la finitud de sus seres queridos.

Y lo mismo percibe Laurel durante el velatorio del juez celebrado en la mansión McKelva en Mount Salus, cuando en un momento las conversaciones se superponen, se cortan las unas a las otras, en una especie de contrapunto instantáneo. Estas dos situaciones a la par de las manifestaciones y comentarios de unos y otros hacen reflexionar a Laurel McKelva:
«Laurel cerró los ojos, recordando en ese momento por qué los Chisom le habían resultado tan familiares. Podían haber salido de aquella noche en la sala de espera del hospital -podían haber salido de cualquier tiempo difícil, del pasado o del futuro-; eran la gran familia atestada de parentela, la gran familia formada por aquellos que nunca comprenden lo que les ocurre.»
De igual modo la maestría literaria de la autora nacida en Jackson, Mississippi, en 1909, es patente en muchos otros momentos. Ha llamado especialmente mi atención la manera muy personal que tiene de utilizar en ocasiones el monólogo interior. Así cuando Laurel se halla sola en la casa paterna y encuentra objetos diversos en ella se expresa de esta manera:
«"Los recuerdos vuelven como la primavera", pensó Laurel. Los recuerdos tenían las mismas características que la primavera. En algunos casos, era la madera más vieja la que florecía.»
Quizás sea esta manera de abordar el recuerdo del pasado y la nostalgia que suele acompañarlo uno de los asuntos más interesantes, si no el más importante, de esta buena novela, que mereció ser galardonada con el Premio Pulitzer 1972, año en que apareció. 

Escritores norteamericanos del sur
Sí, así es y así me lo ha parecido a mí: La hija del optimista me ha gustado especialmente porque plantea un asunto relevante no muy tratado literariamente: el de las emociones que se despiertan en familiares y amigos tras la muerte de una persona. Los objetos que acumuló el fallecido, la emoción que produce contemplarlos, los recuerdos que surgen al hacerlo, la melancolía, la necesidad de proseguir y no quedarse anclado en la nostalgia del pasado, cómo manejar los recuerdos de manera que nos sirvan para continuar viviendo el presente... Sí, en definitiva, esto sí que es manifestación clara de optimismo y magnífica herencia recibida por parte de Laurel de ese juez vital y optimista que fue McKevan desde siempre, algo no muy bien entendido por amigos y allegados.
«el pasado ya no puede ayudarme ni hacerme daño, no más que mi padre en su ataúd. El pasado es como él, insensible, y jamás podrá despertar. Es el recuerdo lo que actúa como un sonámbulo. Regresará con sus heridas abiertas desde cualquier rincón del mundo, como Phil, llamándonos por nuestros nombres y exigiéndonos esas lágrimas a las que tienen derecho. El recuerdo no será nunca insensible. Al recuerdo sí se le pueden infligir heridas, una y otra vez. En ello puede residir su victoria final. Pero del mismo modo que el recuerdo es vulnerable en el presente, también vive en nosotros, y mientras vive, y mientras tengamos fuerzas, podremos honrarlo y darle el trato que merece.»
En conclusión, La hija del optimista de Eudora Welty es una muy interesante narración, escrita de una manera que yo diría muy propia de la literatura norteamericana. El tono que desprenden sus páginas es para mí claramente característico de la manera de hacer buena literatura por parte de los grandes autores sureños norteamericanos. Eudora Welty se cuenta entre ellos, sin duda alguna
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Nota:
Al tratarse de una novela publicada antes de 1980, añado este título al de los que ya he incluido en el Reto "Nos gustan los clásicos". En las bases de este Reto figura esa fecha, 1980, como frontera entre lo clásico y lo contemporáneo o más actual
 

15 dic 2024

Qiu Xiaolong. Muerte de una heroína roja.

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«Compró un ejemplar del Diario del pueblo. En sus días de instituto, había creído todo lo que publicaba en sus páginas, incluido un término en particular: a saber, «dictadura del proletariado». Significaba una dictadura de transición lógicamente necesaria para alcanzar la fase final del comunismo, con lo cual se justificaban todos los medios en aras de ese fin último. No obstante, la expresión «dictadura del proletariado» ya no se usaba, pues ahora, en su lugar, se hablaba de “los intereses del Partido”.»

Muerte de una heroína roja, Literatura de la China actual, Qiu Xiaolong
Sinopsis 
(proporcionada por Tusquets, editora en España de sus novelas)
Un viernes de mayo de 1990, Gao Ziling, capitán de la patrullera Vanguardia, sale a pescar con un amigo al que no veía desde la época del instituto. De regreso, en el canal Baili, a unos treinta kilómetros al oeste de Shanghai, algo impide el avance de la patrullera. Cuando Gao se lanza al agua para ver qué le ocurre a la hélice, descubre una gran bolsa de plástico negra y, en su interior, el cadáver de una joven desnuda. El capitán Gao avisa de inmediato a la policía y, casualmente, atiende su llamada el subinspector Yu, quien trabaja a las órdenes del inspector jefe Chen. Éste, recién ascendido y tras estrenar piso, no tardará en descubrir que la joven, empleada de los grandes almacenes Número Uno de Shanghai, era una trabajadora modélica cuya entrega a la causa del Partido la convirtió en una celebridad. Ahora debe investigar qué se oculta detrás de la muerte de esa «heroína roja»

Con esta novela se dio a conocer el poeta Qiu Xiaolong en el ámbito de la narrativa. Muerte de una heroína roja es la primera de la serie de novela negra protagonizada por el inspector jefe de policía en la ciudad de Shangai Cao Chen. Ya desde la primera página nos encontramos con un joven policía que dentro de la política de renovación de cargos promovida por Deng Xiaoping ha llegado a inspector jefe de la comisaría de casos especiales de Shangai. Su rápido ascenso ha despertado recelos en no pocos de los policías a su cargo; destaca entre ellos el subinspector Yu Guangming quien con su esposa Peiqin  y Qinqin, el hijo de ambos, vive en una pequeña habitación dentro de un edificio comunitario. La envidia proviene no sólo por el cargo que ocupa cada uno sino también por otras cuestiones, no siendo la menor la concesión a Chen por el Partido de una vivienda mientras que Yu y el resto de agentes viven en condiciones más que precarias
«El resentimiento que expresaban Yu y otros compañeros de la oficina se debía no sólo a su rápido ascenso, producto de la política de cuadros de Deng, sino también a sus actividades literarias que, en opinión, además de en conveniencia, de todos, constituían una desviación de sus obligaciones profesionales.»
Efectivamente, el inspector Jefe Chen es un policía peculiar que tiene más de una coincidencia con el propio escritor. Los padres de ambos, -el del héroe novelesco es profesor de Literatura en la Universidad-, fueron represaliados durante la revolución cultural acusados de pecados burgueses capitalistas. El novelista, para poder salvar a su padre del castigo diario que recibía en la fábrica a la que había sido condenado a trabajar como simple obrero por haber sido pequeño empresario de perfumes, le escribió una autoconfesión de culpabilidad que mereció la aprobación de la Guardia Roja. Ambos, pues, Cao Chen y Qiu Xiaolong, saben escribir, es más ambos son poetas, y saben moverse  por el proceloso mar social de la China continental sin manifestarse explícitamente contrarios al Régimen político. Leyendo la novela se es consciente de que ese proceder es el único posible si es que se quiere sobrevivir en China.

La acción novelesca sucede durante el mes de mayo de 1990 tras la conmoción que supuso en el mundo entero y en el propio país los sucesos de la plaza de Tiannamen del verano de 1989 («Tras lo que sucedió en la plaza Tiananmen el pasado verano, muchas personas siguen dudando de la solidez de nuestro sistema socialista.»). Es fundamental tener siempre presente esta ubicación temporal para entender el comportamiento de Chen y de las autoridades del país. Se trató de un momento muy complicado políticamente en el que los elementos reaccionarios pugnaron por revertir el proyecto que Deng Xiaoping había bautizado como el de "Un país, dos sistemas".

Esta situación en un período de la historia de China tan frágil hace de esta novela algo muy interesante de leer. Muchas cosas se aprenden con esta lectura: Cómo fue imponiéndose el sistema capitalista en la China socialista; cómo los políticos utilizan una hipócrita retórica socio-comunista para eliminar o salvar a quien o quienes les interesa; cómo la vida real y privada de las personas (en especial las relaciones íntimas) fueron abriéndose paso pese a la retórica oficialista de oposición a la libertad en las relaciones amorosas; cómo las empresas extranjeras iban instalándose en el país; cómo está surgiendo una clase social de jóvenes adinerados que por conseguirlo hacen cualquier cosa; cómo especialmente las chicas jóvenes del campo o de ciudades de provincia alejadas de las opulentas zonas especiales se desplazan hasta éstas y se emplean en salones de masajes, hoteles, modelos fotográficas..., para conseguir al dios del dinero; cómo convive la China tradicional, presente en las numerosas referencias a leyendas ancestrales y citas de versos de poetas de diversas dinastías imperiales, con la pujanza del vicio y el puro materialismo acaparador de objetos; etc.

Todo lo anterior está en el texto de esta novela expresado con un lenguaje sugerente, hermoso, poético, embriagador. Se diría que pese al contexto de thriller del relato (la persecución y búsqueda del asesino de la joven Guan) estamos ante una novela que se demora en las cosas sencillas, en la naturaleza que envuelve la vida de los seres humanos y que éstos en su vorágine están olvidando. Es una manera de narrar poco convencional para una novela detectivesca, policial. Contribuye decisivamente a esta sensación la acumulación de citas poéticas que el autor introduce en el texto de mano del personaje Chen Cao, que como su país ('un país, dos sistemas') encierra en él dos sensibilidades: la de policía y la de poeta. 
  • el viejo proverbio tenía razón: «Un Buda, aunque sea de arcilla, debe estar cubierto de oro».
  • ¿Era posible que Ouyang también tuviera problemas? Quizá no. Al menos él todavía andaba por ahí, con bastante dinero para hacer una llamada de larga distancia y el ánimo suficiente como para citar poemas de las dinastías Tang y Song.
  • recordó unos versos de Wan Changling: «Si mis parientes y amigos preguntan por mí, / diles: un corazón de hielo puro, un florero de cristal». Con eso bastaría, y luego se sentó a trabajar.
A las citas poéticas y alusiones legendarias propias de la China tradicional se unen, dentro del culturalismo que exhibe Qiu Xiaolong en Muerte de una heroína roja, las referencias a títulos literarios y cinematográficos. De los libros que se citan es Sueño en el pabellón rojo del novelista chino del siglo XVII Cao Xueqin el más nombrado. Le sirve al autor para mostrar la dualidad y complementariedad existente en la pareja formada por Yu y Peiqin. Peiqin, que trabaja en un restaurante, está leyendo en el relato esta novela clásica y enfoca el caso de Guan, que investiga su marido, a través del comportamiento de la heroína de Sueño en el pabellón rojo. Así, cuando éste le dice que la asesinada trabajadora modelo Guan no tenía relación con ningún hombre, Peiqin no puede creerlo:
«—Te reirás de mí, Guangming, pero como mujer no puedo creerlo. Quiero decir..., lo que pasa entre un hombre y una mujer. Estamos en los años noventa.
[...]
—Pero eso va contra la naturaleza humana, como Miaoyu en Sueño en el pabellón rojo.
—¿Quién es Miaoyu? —preguntó él.
—Miaoyu, una bella y joven novicia que lleva una vida dedicada al ideal abstracto del budismo.
[...]
—Pero Miaoyu no es más que un personaje de una novela.
—Pero es muy auténtica. La novela desvela con gran perspicacia el fondo de la naturaleza humana»
Esta manifestación respecto a la verdad que se encierra en muchas novelas no deja de ser un guiño a la verdad que encierra esta novela de Qiu Xiaolong respecto a la vida política, socio-laboral y privada de la sociedad china durante esos años de transición.

Interesantísima, en mi opinión, es la presencia de mujeres libres en el relato. Todas, salvo la asesinada Guan, curiosamente presentada a la sociedad como ejemplo a seguir de mujer trabajadora, son seres que se comportan haciendo uso de su propia voluntad, no están sujetas a nadie (o a casi nadie). Así la periodista Wang con la que Chen sueña, la HCS (Hija de un Cargo Superior) Ling con la que años atrás el inspector jefe mantuvo relaciones, la masajista Xie que voluntariamente se dedica a este trabajo para procurarse una buena cantidad de dinero... Cuando ellas aparecen en el relato, éste aumenta en tensión erótica 

 «Xie se levantó y entró en el baño, pero no cerró la puerta. Dejó caer la bata al suelo, que quedó hecha un bulto a sus pies. Sus pechos desnudos y su cadera se reflejaban en el espejo. Chen se giró hacia la ventana. Cuando volvió, se había puesto un vestido blanco de verano y tenía un pequeño bolso que le colgaba de un hombro. No llevaba sujetador y los pezones parecían casi impresos en el vestido.»
Respecto al erotismo contenido en algunas páginas de la novela, hay que decir que cuando la novela, aparecida primero en Estados Unidos en 2000, fue publicada en China se suprimieron las páginas en que aparecía. Tal es el funcionamiento allí de lo políticamente correcto.


Para finalizar
Para cerrar la reseña de esta para mí sorprendente y magnífica novela sólo diré que la comida ocupa lugar relevante en la misma. Lu, uno de los amigos íntimos del inspector Cao Chen tiene un restaurante, muchos de los encuentros amorosos y otros propios de la investigación policial se desarrollan en torno a una mesa. Qiu Xiaolong se demora en la presentación de los platos o la disposición de la mesa. Muchas veces, según leía Muerte de una heroína roja, venía a mi cabeza la novelística de Manuel Vázquez Montalbán y su detective Carvalho que amaba la comida y su elaboración por encima de muchas otras cosas. 
«En la mesa, un mantel blanco, servilletas rosadas plegadas, palillos de caoba y cucharas plateadas de mango largo. El escenario era el idóneo para una cena sencilla: una pequeña olla de agua hervía en un infiernillo, y a su alrededor, el cordero cortado en lonchas finas como el papel, un plato de espinacas y una docena de ostras con rodajas de limón distribuidas en una bandeja, junto a pepinos marinados en vinagre y ajo al escabeche en unos platillos a ambos lados. Cada comensal tenía un plato con salsa.»
No sé si les sucederá a otros, pero a mí la morosidad con que el novelista presenta la trama y cómo se detiene en aspectos que se podrían ver como colaterales a la misma me ha encantado y me ha hecho disfrutar mucho de este relato, primero de su serie de novelas protagonizadas por este atípico policía poeta. Muerte de una heroína roja ha supuesto para mí descubrir a un escritor del que había leído varias reseñas de sus novelas, todas ellas elogiosas, en blogs muy fiables como son Las inquilinas de NetherfieldCuéntame una historiaLeyendo con Mar, y alguno más que en estos momentos no recuerdo. Sin duda alguna, ya en 2025, volveré a disfrutar con el personaje creado por Qiu Xiaolong.



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Nota: Con este título del escritor Qiu Xiaoping relleno la letra X del reto "Autores de la A a la Z" completando así el mismo dentro del año, como debe ser.