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26 ene 2024

Claudia Piñeiro: El tiempo de las moscas

22 comentarios:

«Laura revisa sus subrayados sobre el texto de Glantz titulado “La mosca y el dinosaurio”: “Sí, estoy de acuerdo con Tito: hay tres temas: el amor, la muerte y las moscas” […] “Estoy convencida, la literatura no podría existir si no existiesen las moscas […] Sí, la mosca es el más perfecto vestigio arqueológico, ‘el último transmisor de nuestra torpe cultura occidental’”»

Claudia Piñeiro, mujeres escritoras argentinas
A Claudia Piñeiro (Buenos Aires, 1960) llegué por vía de las numerosas reseñas elogiosas que sobre ella y su narrativa a lo largo del tiempo he ido leyendo en blogs de toda confianza que visito de manera habitual. Me decidí primeramente por su novela Las grietas de Jara (2009) que hizo que me enamorara totalmente del estilo natural y lleno de suspense de su autora [para leer mi reseña sobre esta novela basta con pinchar aquí]. Tras la impostura e hipocresía manifiesta de Pablo Simó, el personaje principal de esa historia de maledicencia y engaños sucesivos, tuve ocasión, hará cosa de un mes, de leer una novelita anterior de la autora argentina titulada Tuya  (2005). Como señalo en la reseña que escribí sobre ella se trata de un original suspense en el que Inés, la personaje protagonista, hace lo posible por 'salvar' su matrimonio, aunque esas salvaciones, diríamos unilaterales, pocas veces llegan a buen puerto. 
Además de estas lecturas también he visto algunas adaptaciones cinematográficas de obras de Claudia Piñeiro. Tal hice con Las grietas de Jara dirigida en 2017 por Nicolás Gil Lavedra; esta versión fílmica me pareció muy bien realizada y me agradó mucho. Tras ella indagué por ahí y descubrí un buen número de alabanzas hacia Las viudas de los jueves, novela aparecida el mismo año que Tuya, que también había sido volcada a la pantalla, en esta ocasión en forma de serie televisiva, si bien creo que existe también película larga. He visto la serie y me ha parecido excelente. Desde luego, me dije, esta escritora nunca defrauda. 

Es por todo lo señalado anteriormente que no pude resistir el impulso de leer su última obra, El tiempo de las moscas (2022). A ella me ha llevado no sólo la fuerte atracción que me produce la literatura de esta argentina sino también conocer, gracias a los blogs literarios que frecuento, que era una especie de secuela de Tuya que tantísimo me había agradado. Así que dicho y hecho. La he leído y he salido muy satisfecho de la misma. 

El planteamiento del que parte es el siguiente: Inés ha pasado quince años en la cárcel por el crimen relatado en Tuya. Su estancia en una cárcel de mujeres le ha hecho conocer más de cerca la problemática de la mujer y adquirir conciencia sobre su identidad personal. En el interior de la prisión ha hecho una muy buena amistad con la Manca, condenada por tráfico de drogas al ser utilizada como mula, papel menor dado a la mujer con frecuencia en el mundo del narcotráfico. Al salir ambas de la cárcel distanciadas por pocos meses deciden constituir una empresa que aúne sus respectivas vocaciones, la investigadora de la Manca y la entomológica de Inés. La empresa se llamará «MMM, CONTROL INOFENSIVO DE PLAGAS (lo de MMM por "muerte, mujeres y moscas")». Estos tres conceptos son importantes en su vida y en la historia que se cuenta en la novela: la muerte porque fumigar e investigar sucesos tienen mucha relación; mujeres porque ambas lo son; y moscas porque Inés tiene una que no se le va de su ojo izquierdo y porque si ella hubiera tenido la percepción del tiempo, cuatro veces más lenta, que estos insectos tienen, quizás su vida habría discurrido por otros derroteros. 

Los quince años transcurridos entre las historias de Tuya y de El tiempo de las moscas no han pasado en balde. Muchos son los cambios sociales que Inés encuentra a su salida de prisión. El principal es el auge del feminismo: las mujeres -observa ella- ya no se contentan con ser esposas y madres, quieren participar más en esa sociedad, totalmente patriarcal hace quince años, que sin duda contribuyó a que ella creyera que debía de hacer lo que hizo sin plantearse más cosas. Pero, claro, no se pasa de una percepción vital a otra de la noche a la mañana: Inés duda, tiene altibajos, no entiende ese excesivo acercamiento hacia ella que pretende la Manca aunque al tiempo ella quiere lo mejor para ésta y se embarcará en una peligrosa aventura sólo por procurarle un bien a su antigua compañera de encierro. Sí, muchas cosas han cambiado en el mundo que dejara afuera Inés, incluso en su mundo personal, el familiar, especialmente respecto a Lali (nombre familiar que ella y Ernesto daban a su hija Laura) cuya actitud y comportamiento actuales le resultan totalmente novedosos. 
«al poco tiempo de salir me di cuenta de que todo había cambiado, no sólo la relación de la gente con los insectos. Las mujeres también. En especial cambiaron las mujeres. Los hombres, no tanto; quedaron pedaleando en el aire pero de cambios, poco»
Si ha habido profundos cambios en el mundo, también los más de quince años, diecisiete concretamente, que van de 2005 cuando apareció Tuya a 2022 en que se publica El tiempo de las moscas son perceptibles en la manera de presentar la historia en una y otra novela. Mientras que en Tuya la reflexión era más individual y centrada en el "yo" de Inés quien a base de monólogos interiores se planteaba el mundo en que vivía, ahora en El tiempo... Claudia Piñeiro hace que la voz sea colectiva, más coral, centrándose la voz reflexiva en un plural integrador "nosotros", mejor dicho, "nosotras" dado que la autora parece dirigirse especialmente a ellas
«para las moscas el tiempo pasa más lento que para nosotras. Y ahí está la clave de por qué resulta imposible atrapar una mosca. Cuando avanzamos sigilosas (si hay un sigiloso, que se dé por incluido) [...]»

 Da la palabra, pues, la novelista argentina al colectivo de género femenino. Y lo hace recurriendo no sólo a las actuales opiniones sociopolíticas tan extendidas, discutidas y conocidas por todos, sino que busca apoyo en otras voces más autorizadas emanadas de la cultura desde la noche de los tiempos. Así la tragedia Medea de Eurípides es cimiento sobre el que Claudia Piñeiro construye buena parte de su novela. Varios de los capítulos, especialmente aquellos que adquieren un tono más ensayístico, aparecen bajo el epígrafe de una cita de esta tragedia griega, normalmente del coro de mujeres. Da paso así la novelista a través de la puerta de la Medea de Eurípides a Inés, la narradora, pero también a otros personajes como la señora Bonar e incluso Charo (la mujer asesinada por Inés en la novela anterior) cobijados todos ellos bajo la manta colectiva del género mujer. Juntas y solidarias hacen uso de la primera persona de plural («votemos», «volvamos al punto anterior», «estamos en el punto»...) y reflexionan sobre el feminicidio, el patriarcado y el feminismo en general introduciendo en el relato citas de otros autores que han tratado el asunto (Rebeca Solnit, Toni Morrison,Vivian Gornick, Natalia Ginzburg, Mary Bulção, Rosa Montero, Chimamanda Ngozi Adichie, Ángela Davis, María Miles... También aparecen los nombres de algunos hombres, pocos en comparación, como el ya citado Eurípides, Rainer María Rilke o Gaston Bachelard). 

En uno de estos capítulos que he denominado 'ensayísticos' pasa a debatir sobre si una mujer puede cometer 'feminicidio' (conviene recordar que la protagonista ha pasado quince años de reclusión por haber matado a una  mujer), viniendo a concluir que no pues el código penal habla en masculino y no en femenino: 

«el feminicidio sólo puede cometerlo un hombre. Error, son crímenes de odio contra las mujeres, ¡y hay mujeres que odian a otras mujeres! [...] La ley dice "el que matare..."; si quiere incluirnos que diga "el o la que matare", cuanto menos. Le que matare. Me gusta, pero parece un trabalenguas. Le mer estebe serene.» [...]

Con esta entrada en el debate del lenguaje inclusivo la Piñeiro hace que la novela trascienda de su condición de mera historia de ficción a la realidad cotidiana que nos rodea. Es sin duda alguna un ejercicio literario muy innovador en el que ella, la autora, pretende permanecer neutral, desaparecer, quedar en una posición equidistante, y por eso da argumentos a unos y a otros para que cada quien pueda exponer su punto de vista. 

En la novela, a la par de la historia protagonizada por los personajes con el suspense que supone descubrir si Inés proporcionará o no a Susana Bonar el veneno que le ha pedido, si ésta lo usará para matar a la amante de su marido o por el contrario está engañando a Inés y se lo dará a otra persona que no se lo merece tanto, aparecen junto al feminicidio y el lenguaje inclusivo, otros muchos debates propios del feminismo como el deseo de maternidad y la obligación de por vida de 'maternar', la transexualidad, el debate sobre género y sexo («al igual que las lenguas, las sexualidades se pueden aprender. Se pueden articular varias sexualidades como se hablan varios idiomas»), el deporte y la mujer, el debate sobre si el feminismo debe suponer la cancelación de todo lo masculino, si abandonar un hombre a sus hijos es equiparable a abusar de ellos, etc.

Desde el punto de vista meramente estilístico El tiempo de las moscas me ha gustado mucho y me ha reafirmado en la magnífica escritora que es Claudia Piñeiro. Así lo demuestra la estructura que ha dado al relato con un uso distinto de la figura del narrador según que estemos en aquellos capítulos que he denominado ensayísticos en los que predomina la tercera persona y también la primera de plural, frente a aquellos otros en los que es ella, Inés, quien en 1ª persona de singular reflexiona y ata cabos sobre su vida pasada y lo que está haciendo o va a realizar en la actual. Al tiempo hay otros capítulos en los que predomina el diálogo vivo entre los personajes, especialmente entre las dos amigas. Es curioso observar la práctica ausencia de personajes masculinos en la novela; sólo aparece uno llamado Rudy2, primo de la Manca, que ésta utiliza como ayudante en sus investigaciones y que claramente tiene un papel muy secundario y menor en el relato.

novela de suspense argentina
Al igual que en las otras novelas que he leído de esta bonaerense, en El tiempo de las moscas abundan los argentinismos. Se ve que Claudia Piñeiro es una enamorada de su tierra y especialmente de la manera popular de hablar por allá, sobre todo de esos vocablos provenientes del lunfardo. No todos los términos que incluyo en la siguiente relación son lunfardismos, pero sí que abundan: shockeada, chupando a (borracha), fainá (pizza. Es un lunfardismo), boluda, chabón (fulano, zutano, tío, tipo. Es un lunfardismo), transa (vendedor de drogas ilegales. Es un lunfardismo), picada (enojado), poronga (matón, maleante ), bacha (pila de fregar en la cocina), tachos (cubos), remerón (camiseta larga y amplia usada como camisón para dormir), pucho (cigarrillo), pitadas (caladas), estar anotado (dispuesto a participar en cualquier asunto o negocio), chango o changuito (carro para llevar la compra), enchastrado (ensuciado), furgoneta 'botona' (que da el cante, como si fuera un soplón de la policía), bochar (desairar), de prepo (con desconsideración), descular (desentrañar un asunto), cachuzos (envejecidos), posta (en serio, de verdad), etc.

Queda por último hacer una pequeña alusión al asunto de las moscas. La verdad es que durante la lectura muchas veces me preguntaba sobre el porqué del título. Luego según iba leyendo, y quiero creer que algo sobre ello he explicado en la reseña, iba tomando cuerpo en mi cabeza una especie de explicación. Pero con todo y con eso creo que la mosca del ojo izquierdo que tiene Inés y que soporta con beatitud franciscana, así como la clasificación y diferenciación entomológica entre unas subespecies y otras despista un tanto al lector del propio desarrollo de la trama. Sólo queda claro que la mosca azul o mosca de la carne, y también la mosca de la fruta son insectos favoritos para Inés. Llega su predilección al punto de que, pese a dedicarse a la fumigación, ellas son los únicos insectos («¿insectas?») que respeta:

«¿Qué mal le hacen las moscas a nadie? No comen las plantas como las hormigas o los pulgones, no pican como los mosquitos, no mastican la madera como el bicho taladro, no producen ronchas como las arañas o las pulgas, ni dejan heces en cualquier parte de la casa como las cucarachas, las ratas o los murciélagos.
Yo no mato moscas
Si una mata, que tenga sentido, un motivo válido, la necesidad de evitar un mal mayor. O de suprimir un dolor.
Un dolor es el mayor mal.
»

Pienso que esta última cita más el epígrafe inicial bajo el que coloco la reseña pueden servir al lector de El tiempo de las moscas para comprender algo mejor el sentido que su autora, Claudia Piñeiro, ha querido darles. Pero como siempre, claro, no me cansaré de insistir en que  leer la novela es la mejor manera de comprenderla y disfrutarla en su integridad. 

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Nota: Tachada aparece una frase que desvela algo importante de la novela Tuya. Si no te importa saber qué es, sólo tienes que seleccionar dicha zona tachada para poder leer lo que ahí se esconde.



11 dic 2023

Dos novelas cortas: 'Tuya' de Claudia Piñeiro, y 'Los jardines de la memoria' de Michel Quint (A pares XLI )

17 comentarios:
"Tuya" de Claudia Piñeiro

«Inés, del griego, "pura y casta". Ernesto, del germano, "luchador decidido a vencer". Laura, del latín, "la victoriosa".»
✔ «—Estoy embarazada, mi novio se borró, mi viejo y mi vieja no saben nada, mi viejo le mete los cuernos a mi vieja y se fue de viaje con la mina, mi vieja sabe todo lo de mi viejo pero se hace la boluda…»

Claudia Piñeiro, erotismo, suspense
Me ha gustado mucho esta novela corta de Claudia Piñeiro. Es un suspense estilo Psicosis de Hitchcock, película que precisamente utilizan los protagonistas de la novela como coartada para evitar ser acusados de un crimen.

En este tipo de libros de suspense es poco lo que cabe decir en una reseña, si no se quiere destrozar el disfrute lector. Sólo diré que los personajes son Ernesto Pereyra e Inés Pereyra, matrimonio 'felizmente' casado desde hace casi veinte años. Tienen una hija de 17, Laura (Lali), a la que Ernesto consiente en todo; con Inés, Lali se lleva peor, ya se sabe cómo son los adolescentes especialmente con el progenitor con el que coinciden en identidad sexual. Sí, Lali se lleva mal con Inés y ésta la ignora un poco. Los padres no saben la problemática que la chica está viviendo. Pero es que en esta familia hay muchos secretos; por ejemplo Inés ignoraba que su marido recibía notitas de una mujer que tras un corazón pintado con carmín sobre el que colocaba un «Te quiero» firmaba «Tuya». Este papel será el desencadenante de la investigación por parte de Inés de las actividades amatorias de su marido.

Una caída fortuita de la amante de Ernesto con resultado de muerte propiciará toda una serie de maniobras de Inés para evitar que Ernesto sea acusado del crimen, pese a no haberlo cometido.
Y no digo más del asunto. Lo demás es una magnífica manera de presentarlo. Los 39 capítulos de esta novelita de apenas 105 páginas son breves, pero muy variados e intensos. Los que tienen por personaje principal a Lali, la hija de los Pereyra, son rápidos, vivaces, con diálogos llenos de silencios y pocas palabras. Los que protagoniza Inés en primera persona son más reflexivos y contienen más recursos literarios como por ejemplo en uno de los finales un magnífico stream of consciousness (flujo de conciencia); en otros la autora coloca en contrapunto sin ningún espaciado identificador dos e incluso tres acciones distantes geográficamente aunque coincidentes temporalmente. Me ha parecido magnífica esta manera de proceder. Por último, de vez en cuando Claudia Piñeiro introduce algún capítulo escrito utilizando el lenguaje jurídico procedente en su mayor parte de la ciencia forense o de una toma declarativa por parte de un juez.

suspense argentino

Y en tan pocas páginas la novelista perfila unos personajes dotados todos ellos  de personalidades muy diferenciadas. Aplausos para esta argentina por esta novela, 'Tuya' aparecida en 2005, el mismo año que también publicó Las viudas de los jueves, novela que quiero leer pronto. Curiosamente, pero veo que no es casualidad, estos dos títulos, así como otro, Las grietas de Jara que leí con muchísimo gusto hace unos meses [tengo reseña hecha en este blog], tienen versión cinematográfica. He visto la basada en Las grietas de Jara y ahora mismo estoy viendo con mucha satisfacción en Netflix la serie Las viudas de los jueves, adaptación de la novela citada antes.

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'Los jardines de la memoria' de Michel Quint

«Bernd hizo un gesto, como excusándose:
—Augusto, con una peluca roja y una gran nariz...
—Yo soy profesor -dijo tu padre-. Así que los dos hacemos reír a los niños... ¿Y a qué debemos la gracia?
»


Michel Quint, novela corta
Los jardines de la memoria es una especie de cuento contemporáneo. Un niño siente vergüenza cuando su padre, sin ninguna compensación económica de por medio, se viste de payaso y acude a alguna fiesta familiar e incluso al colegio de niños donde desde hace tiempo imparte clase. Lucien, el narrador, cuenta cómo de niño no sabía donde meterse cuando veía a su padre obrar así. Le sorprendía que su madre no dijera nada en contra. Su sonrojo aumentaba en grados cuando ambos, padre y madre, lo llevaban  a él y a su hermana Françoise a dichas actuaciones. ¿Dónde meterse? ¡Qué vergüenza!

Desde la edad adulta que tiene el narrador cuando relata esta historia nos aclara cómo comprendió y disculpó este comportamiento paterno. Fue gracias a Gastón, amigo desde siempre de André, su padre. Gastón que está casado con Nicole le cuenta un día, tras haber visto El puente, película de Bernard Wicki, en una cafetería cómo ambos durante la Resistencia estuvieron a punto de ser fusilados por los alemanes por haber destrozado una estación eléctrica. El papel de un guardián boche llamado Bernd y de una mujer hicieron que estos partisanos no fuesen ajusticiados. En agradecimiento a Bernd, el payaso-soldado, André, maestro, hará de payaso de modo gratuito.

Si la novela Tuya de Claudia Piñeiro con sus 109 páginas es una novela breve, Los jardines de la memoria de Michel Quint con sus apenas 80 en una tipografía rellenita y con amplios márgenes, ¿qué nos parece? Pues la conclusión a la que se llega tras leer esta última es que la concisión y desnudez de la misma es la requerida para el propósito que el autor tiene: devolver a su abuelo y a su padre la honra que él pensaba que no tenían. Y para esto elige la vía directa y más corta; podría haber escrito una novela de más de 300 páginas, seguro que sí, pero sería otra cosa y no dejaría al lector con esta impresión fantástica, casi mágica, que logra transmitir con la brevedad.
Novelistas franceses actuales
«Mañana tendré en los ojos grandes ojeras subrayadas de negro y en las mejillas una plasta de falso cadáver. Intentaré, papá, ser aquellos cuyas risas se terminaron en los bosques de hayas, en los bosquecillos de abedules, allá, hacia el alba, y que tú trataste de resucitar. También intentaré ser tú, que nunca perdiste la memoria.»



30 dic 2022

Sara Mesa: "La familia". Claudia Piñeiro: "Las grietas de Jara" (A pares XXXI)

13 comentarios:
Como me suele ocurrir cuando se acerca el final del año, apremiado por las fechas comienzo a buscar títulos que me sirvan para completar aquellos retos que en el lejano enero me propuse realizar. En la búsqueda de autores y títulos con letras iniciales poco frecuentes (la 'Ñ' es caso poco menos que imposible) con frecuencia topo con otros muy queridos por mí. Así me ha sucedido con Sara Mesa, autora que siempre me satisface y de cuya novela titulada "La familia" casi todos los resúmenes anuales aparecidos en los suplementos culturales de los principales periódicos no hacen más que decir parabienes. No podía, pues, por menos que leerla. Pero ¿y la 'Ñ' de marras? Afortunadamente recordé que Marisa G. del blog Lecturápolis nos permitía, en el caso de esta grafía tan española, que simplemente la misma estuviese contenida en la palabra. Siendo así, me dije, Claudia Piñeiro puede ser una buena opción; y me puse a cazar una obra suya que no tuviese excesivo número de páginas. Y la encontré.



"La familia" de Sara Mesa

«–Yo no doy rodeos –respondió muy ofendida–. Voy aclarando los datos, explicándolos según van saliendo. Si los pusiera uno detrás de otro, sin más, no se entendería nada. Eso que tú llamas rodeos yo lo llamo la salsa de la historia.»

La familia (editorial Anagrama)

De nuevo viene a mi memoria, tras la lectura de "La familia" de Sara Mesa la frase de Lev Tolstoi en Ana Karenina: «Todas las familias felices se parecen; pero las infelices, cada una lo es a su manera». ¡Qué gran verdad! En esta última novela de la escritora madrileña se nos muestra una peculiar familia, infeliz por supuesto, si bien emboscada en una impostada cara de ejemplaridad familiar y buen hacer respecto a todo:

«En esta familia no hay secretos».

Todos los miembros de este peculiar grupo familiar arrastran una tara, un problema que los lastra y les impide ser normales y auténticos. Liberarse de este peso les costará Dios y ayuda. Forman esta sociedad Padre y Madre -Damián y Laura- y cuatro niños, también llamados por los progenitores el Proyecto. Uno de ellos, Martina, es adoptada. El resto, Rosa, Damián hijo y el pequeño Aquilino, representan distintas versiones del Hijo. Todos ellos han crecido bajo la represión marcada por la disciplina; todos ellos son infelices. La misma escritora preguntada acerca de su novela afirma que «es una novela sobre la infelicidad».

Efectivamente, según avanza la narración, escanciada en 14 relatos, descubrimos que los seis integrantes de esta agrupación viven en la aflicción, en el desamparo, en la infelicidad. Los creadores de este desafortunado Proyecto -Padre y Madre- se diría que viven plácidos en su idea de familia; pero habrá que avanzar en la lectura para definitivamente descubrir si esto es así o estamos ante una mera fachada de cara a ellos mismos y a los demás. En lo que respecta a los hijos, cada uno intentará salir a flote, escapar del pozo en el que una idea rancia y estúpida de familia los ha tenido presos. Como suele suceder es en el hijo mayor -en la novela, Damián- sobre quien recae el peso más duro del llamado Proyecto. Es él quien peor lo lleva, quien más tarde lo superará si es que llega a superarlo. Esta es una de las cualidades que más aprecio de la novelística de Sara Mesa, que nunca deja nada plenamente resuelto, que siempre nos fuerza a la reflexión. Y es que tratándose como se trata en la novela de introspección psicológica, las seguridades nunca abundan. El resto de los hijos, en especial el menor, Aquilino, se buscan a sí mismos y se encuentran o al menos lograrán vivir sus vidas y los problemas que a cualquiera ésta acarrea con independencia suficiente.

La historia la presenta Mesa, como ya he señalado, distribuida en catorce fragmentos desordenados cronológicamente. El foco está puesto continuamente en el constructor de este infausto Proyecto, en Damián padre. Es un hombre que todo lo controla, que tiene todo bien claro, que se refugia en su despacho desde el que aconseja a sus clientes sobre problemáticas jurídicas diversas, que distingue claramente lo que en esta vida corresponde hacer a una mujer (su mujer Laura, sus hijas Rosa y Martina) versus lo que debe guiar la actuación vital de un hombre (él mismo o sus hijos Damián y Aquilino). Los capítulos (con consistencia de auténticos relatos independientes) son como las piezas de un puzle que hay que componer para apreciar a las claras a esta familia [la cita que abre mi comentario sobre "La familia" explica por qué la autora procede de esta manera]. Hasta la última pieza -el relato titulado "La rendijita"- no queda expuesto bien a las claras la tragedia de infelicidad en que crecen o han crecido todos los miembros de este grupo. Un grupo que por las frases puestas en boca de Damián padre se diría que es una familia del Opus Dei
«Piensa que si no tuviéramos hijos incluso estando casados y con todos los papeles en regla, no seríamos una familia, sólo seríamos una pareja, dos personas sin vínculos de sangre, estériles e inútiles. Para fundar una familia hace falta que nazca un hijo. Y cuantos más hijos haya, más vínculos de sangre, más familia»
Jóvenes novelistas españoles, La familia

La familia como proyecto de una pareja que, por eso mismo, son -se creen que lo son, más bien- dueños de las vidas  que han creado -los hijos- es puesto en cuestión por Sara Mesa. Una familia en la que sólo existen obligaciones, prohibiciones, negativas, cadenas... por más que las mismas estén envueltas en suaves y amables palabras no es más que un fracaso, o en todo caso un proyecto equivocado. Cuando descubramos la verdad que se esconde en el Padre sabremos que Damián también en el fondo es víctima, pero eso no debe movernos a compasión hacia él. No, no la merece. Me alineo con los hijos, en especial con Martina en el repudio rotundo que con los años hace de esta familia que más que acogerla cuando fallecieron sus padres biológicos se la arrebataron a otros posibles candidatos (el tío Óscar y su mujer Luisa) que de seguro habrían depositado en ella más amor:
«El tío Óscar sentía, más que pena por ella [por Martina], pena por sí mismo y, sobre todo, pena por su mujer Luisa, que habría acogido a su sobrina con los brazos abiertos si las cosas se hubiesen organizado de otro modo.»

 

Otros libros de Sara Mesa reseñados en "El blog de Juan Carlos"

Un amor 

Cara de pan




 "Las grietas de Jara" de Claudia Piñeiro

«–¿Cuántos años tenés, Pablo?–dice, y a él lo sorprende la pregunta.
-Cuarenta y cinco.
–Tres menos que yo–dice Marta, se queda pensando un rato y luego sigue–: ¿Te parece que todavía estamos a tiempo de dar una vuelta de timón y navegar hacia otro lado?»

novelistas argentinos actuales, Cine y Literatura, Buenos Aires
Una novela corta que encierra dentro de ella una serie de emociones y pulsiones que afloran y van desarrollándose de manera bastante natural. Muchos asuntos: el chantaje, la mentira, la hipocresía, el deseo reprimido, el sexo, el choque generacional, la mujer ayer y hoy, la necesidad de probar antes de que el tiempo nos lleve... Y por encima de todos ellos, conteniéndolos, Buenos Aires. En especial la arquitectura del gran Buenos Aires que festonea las grandes avenidas de la ciudad que cobran protagonismo especial en esta novela de Claudia Piñeiro. Y es que Argentina se contiene en Buenos Aires y Buenos Aires destila argentinidad por sus cuatro costados: la Chacarita, Madero, San Telmo, Avenida de Mayo, Torrego y Corrientes, Recoleta, etc.
 
Un hombre, Pablo Simó, que a los 45 años piensa que quizás ha llegado el momento de reinventarse, que si espera más tiempo ya no habrá lugar para ello. Un arquitecto con un deseo arquitectónico que dibuja desde la primera página, pero ¿logrará llevarlo a cabo? 

Quizás su proyecto de torre de once alturas no sea más que un símbolo de lo que él quisiera realizar en su vida personal. ¿Sí, no? Para saberlo, para ver si finalmente su torre se hará realidad hay que llegar a las últimas páginas de esta novelita, Las grietas de Jara, que se lee divinamente.

Sinopsis
¿Qué precio hay que pagar para dar una vuelta de timón y decidirse a vivir los propios sueños? Aunque Pablo Simó quiere construir la torre de sus sueños, se limita a dibujarla: hace veinte años que trabaja en un estudio de arquitectura que no puede o no quiere dejar. Veinte años son también los que lleva casado con Laura, a quien sólo lo unen la costumbre y una hija típicamente adolescente. Cuando una joven llegue inesperadamente al estudio buscando a Nelson Jara, comenzará a revelarse la trama del secreto en la que Simó está implicado junto a su jefe y una compañera de trabajo. La aparición de la muchacha y las derivaciones de ese hecho del pasado abrirán una grieta en la precaria estabilidad del arquitecto, que verá derrumbarse una a una las certezas que lo sostuvieron hasta el momento.

Es una novela en la que, con ritmo pausado al inicio y acelerado según avanza la trama, asistimos a la evolución del personaje Pablo Simó enfrascado en una vida gris que, por mero azar -la llegada al estudio de una joven llamada Leonor que pregunta por Nelson Jara-, verá realizados varios de sus sueños. Pablo lleva casado con Laura cerca de quince años; ambos son padres de Francisca, una joven adolescente que a Laura le da más que un dolor de cabeza. Como cualquier adolescente Francisca está probando, ensayando, picotea aquí y allá para encontrar lo que le gustaría ser y lo que en verdad es. Los adultos, en especial Laura, no la entienden. Pablo, sí. Y es que Pablo en el fondo no ha dejado aún de ser un adolescente vital: sueña con hacer el amor con Marta Horvat, la compañera del estudio arquitectónico Borla; y lo mismo le suede con la joven veinteañera Leonor cuando se presenta preguntando por Jara.

La novela tiene mucho suspense; es un suspense de naturaleza psicológica. Leonor pregunta por Jara y los tres miembros del estudio se ponen muy nerviosos pues -esto se dice desde la primera página, así que no descubro nada- a Jara lo enterraron en cemento en los pilares del edificio que hacía tres años el estudio estaba construyendo. Jara había ido a quejarse por unas grietas que, decía, habían aparecido en su apartamento por culpa del movimiento de tierras que la constructora dependiente de Borla y asociados estaba realizando frente a su edificio. 

Como tres años atrás Mario Borla encarga a Pablo Simó resolver el asunto. Y ahí comienza la metamorfosis de Simó, una transformación que dará un vuelco a su existencia. Pablo Simó se reinventará gracias a la fuerza que le proporciona conocer a Leonor, el vigor juvenil de su hija Francisca y la pereza que reconoce que existe en su matrimonio con Laura y en su trabajo en el estudio de Mario Borla donde de siempre se le ha ninguneado. Y todo esto esto sucede en Buenos Aires donde los personajes hablan con viveza y los argentinismo colonizan el relato: putear (injuriar o decir palabras mal sonantes), calefón (aparato a través de cuyo serpentín circula el agua a fin de poder ser calentada), remera (camiseta), gil (incauto, simple), placar (armario empotrado, ropero), birome (bolígrafo) y muchas otras más.

Me ha gustado y sorprendido especialmente la manera como la novelista maneja el presente narrado y las salidas de éste hacia el pretérito evocado, mezclándolos con una grandísima naturalidad. Se produce esta transitividad especialmente en las evocaciones recurrentes que el protagonista Pablo Simó efectúa de su antiguo compañero de estudios Tano Barletta, todo lo opuesto a él en el pasado. Tano, en la imaginación de Pablo, es como su conciencia, es el Pepito Grillo que -imagina- le dice y aconseja sobre sus acciones. Es Barletta un personaje que Pablo tiene idealizado en su memoria y que como tantas veces sucede poco tiene que ver con la realidad.

Autores argentinos, Claudia Piñeiro
Nada había leído de la escritora argentina nacida en 1960. Muchas veces he tenido el propósito de ponerme con ella y su libro "Catedrales" pero por H o por B hasta el día de hoy no lo había hecho. Gracias al Reto 'Autores de la A a la Z', un reto que algunos dirán que es una tontuna la he leído y me ha satisfecho mucho. Quizás ahora vuelva ´con más ganas a buscar "Catedrales", novela de 2020 que fue galardonada con el Premio Dashiell Hammett de la Semana Negra de Gijón de 2021. 

La novela Las grietas de Jara también fue merecedora de premios. En 2010 ganó el Premio Sor Juana Inés de la Cruz, un galardón establecido en 1993 que reconoce la excelencia del trabajo literario de mujeres en idioma español de América Latina y el Caribe. En 2017 la novela fue llevada al cine por el argentino Nicolás Gil Lavedra. Es evidente que me la apunto pues acabo de ver que se encuentra disponible en Netflix.