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21 nov 2023

Ágota Kristóf: CLAUS y LUCAS

17 comentarios:

Leí esta novela hace ya bastantes años He vuelto a ella en varias ocasiones a causa de otras lecturas de la autora que he realizado. Así ocurrió en 2017 cuando leí su novela "La analfabeta" del año 2004 y también al leer en 2019 "Ayer", novela más autobiográfica aún que la anterior, que la escritora húngara había publicado en 2009. Cuando Agota Kristof murió en 2011 muchas de sus obras fueron editadas en nuestro país y en otros europeos en los que la escritora no era muy conocida hasta ese momento 

Agota Kristof
La autora denomina a esta obra “La trilogía”. Se trata de tres novelas que, aunque se pueden leer independientemente, cobran una significación total al realizarse de modo sucesivo. Las novelas llevan por título respectivamente: El gran cuaderno (1986), La prueba (1988) y La tercera mentira (1992), en total 444 páginas.

Tema: Necesidad de la imaginación para sobrellevar la vida. O  la necesidad de la cultura como refugio de la brutalidad de la existencia. También podría considerarse si no como tema, sí como importante subtema, el de la gestación de una narración. Otra posible formulación del tema podría ser: la verdad en el arte.

 Resumen: Durante la II guerra mundial un niño –o dos- son llevados por su madre a una localidad donde los cuidará su ‘abuela’. Estos dos seres son duramente recibidos y habrán de endurecerse ellos mismos si desean sobrevivir. Así crecerán, haciendo ejercicios que rozan el masoquismo: ejercicios de silencio, de golpearse sin gemir, etc. Esto les hará fuertes pero insensibles, aparentemente, al sufrimiento ajeno. Se convertirán en seres sin sentimientos, sin sentido de culpa, amorales…, pero al tiempo bondadosos y colaboradores con los demás aunque esa colaboración choque con los más elementales principios de la ética humana o de la moral natural. Todo lo que viven lo vierten en redacciones llenando cuadernos y cuadernos. Y todas estas redacciones son desnudas y frías, y están redactadas en presente de indicativo.

Estos dos seres se separarán cuando al finalizar la guerra y quedar su país ocupado por un ejército extranjero, su localidad, fronteriza con un país libre, sea utilizada por uno de los dos para escapar del país mientras que el otro quedará en el interior esperando su vuelta. Esta espera constituye el segundo libro, La prueba. Está protagonizado por Lucas. Es destacable que este libro esté narrado en 3ª persona, mientras que el primero y el tercero lo están en 1ª y narrados ambos por Claus. Bueno, en la 2ª parte del 3º vuelve a un narrador externo y objetivo.

Es precisamente en el tercer libro, La tercera mentira, sobre todo en su 2º parte, donde se desvelan todos los enigmas que a lo largo de la obra se nos han ido presentando. Así conoceremos que Klaus será separado de su familia a los cuatro años y que pasará 5 años en un hospital con un hermano ¿inventado?; que al acabar la guerra irá a vivir con su madre pese al lamento de Sarah y Antonia; y que logrará escapar del país pasando a uno libre en el que le será asignado un tutor de nombre Peter N, el cual  está casado con una tal Clara. Estos nombres, pero transmutados en otra especie de seres son los que han ido apareciendo en los otros dos relatos-

Personajes: Los dos hermanos Claus y Lucas, Cara de Liebre, el Cura, el Asistente del Oficial, el Oficial, la Sirvienta, la Madre. Estos personajes son los más importantes en la primera novela. En la segunda, cuando Lucas tiene 20 años aparecen además de Lucas, Yasmine y su hijo Mathi, Clara (la bibliotecaria), el oficial de policía política Peter, Victor (el librero),  Thomas (el hombre enamorado de Clara).

Y en la tercera novela los ya citados.

 

Asuntos importantes tratados en la novela

Como ya he dicho el de la creación literaria me parece muy interesante. Y hay alusiones a él por todas partes. Así en la primera novela se lee:

«Importa poco si es cierto o falso. Lo esencial es la calumnia. A la gente le encanta el escándalo» que si bien está referido al asunto entre Cara de Liebre y el señor cura es de aplicación a la traslación literaria.

En la pág. 257 se lee: «Corrijo mucho, elimino, suprimo todo aquello que no es imprescindible». Y en 231 Lucas le dice a Peter: «Elimino muchas cosas, sólo conservo lo estrictamente necesario».

En otro momento podemos leer la razón terapéutica de la escritura: «Cuando tengas demasiado dolor, demasiado pesar, y si no quieres contárselo a nadie, escríbelo».

Y en 317: «Por muy triste que sea un libro, nunca puede ser tan triste como la vida»

 

✔ Temática existencial: Hay frases por doquier donde queda reflejado el sentido de la existencia; quizás para mí la más fuerte e impactante sea una que aparece casi al final del relato

«La vida es de una futilidad total, que no tiene sentido, es una aberración, sufrimiento infinito, invento de un No-Dios cuya maldad rebasa la comprensión».(pág.  439)

Aunque ya antes, bastante antes en el relato, cuando Cara de Liebre aparece muerta, follada hasta la muerte por los soldados, leemos: «Y la muerte no viene. Cuando la llamas, nunca viene».

De hecho la Muerte es una constante en la novela. Hay momentos sublimes como la descripción de la madre muerta que se hace en la pág. 130. El niño Mathi que es muy intuitivo simbolizará en el árbol muerto del jardín a Yasmine, su madre, muerta.

 

✔ El Amor: En una obra tan dura, tan cargada de maldad, hay sin embargo momentos de gran entrega amorosa en todos los sentidos. Así el cuidado que Lucas pone en que al señor cura no le falte de nada; o el amor del niño Mathi hacia Lucas que hará que se suicide cuando observa que éste mira al hermano de Agnés que está enamorada de él. La relación con Peter y con Víctor. Y en la pág. 233 hay un diálogo entre Peter y Lucas en el que el primero le pregunta a Lucas si quiere a Clara, y éste responde: «No sé lo que significa esa palabra. Nadie lo sabe. Yo no me haría ese tipo de preguntas». Esta frase esconde toda la profundidad de la existencia humana.

Para finalizar este apartado sobre el amor no puedo dejar sin citar una frase muy hermosa y muy significativa cuando se habla sobre la muerte de Clara: «Clara estaba enferma de Thomas […] habrá muerto de Thomas».

 

✔ El sexo. Vivido sin ninguna sensación de culpabilidad y en completa libertad y liberalidad.

 

Ágota Kristóf, La analfabeta, Claus y Lucas
✔ El mundo de la política: He aquí otro asunto de vital importancia en esta obra. Los personajes son seres que sufren por lo que ellos no han elegido: las fronteras de su país se mueven, los ejércitos de uno y otro bando pasan por su territorio, se les impone el no poder salir de sus fronteras, son ocupados por un ejército invasor, etc.

El país en el que está sucediendo esto debe ser Hungría de donde es la novelista. Y el relato es, según confesión de la autora, un ajuste de cuentas con este país de donde ella salió en 1956 cuando fue invadido por los soviéticos…

Es fantástica la manera como el contexto, que impregna todo el relato y es el condicionante de muchos comportamientos, sin embargo, es tratado de manera algo tangencial pues siempre por encima de él está la vida de la gente. Esto creo que también es debido al estilo teatral de la novela.

 

✔ Intertextualidad. Durante su lectura me han sobrevenido otras lecturas a mi cabeza: percibo el tono de Kafka cuando Lucas llega por vez primera a la ciudad denominada K y su hermano le dice no reconocerle ni recordar nada de lo que le dice y le sugiere que se confunde con él

«He venido a por ti.

Ya sabes que no soy más que un sueño»

 Y me ha sonado bastante al Sandor Marai de “El último encuentro” cuando Klaus está esperando la llegada de Lucas a su casa tras 50 años de separación.

 

✔ El humor. A veces hay humor, ciertamente humor negro, como cuando Lucas engaña a los niños del hospital leyéndoles una cartas que según él estaban llenas de maldades por parte de sus padres, familiares y amigos.

 

 

La ESTRUCTURA y el ESTILO

Las dos primeras novelas tienen una estructura lineal. Y en la tercera, sobre todo en la 1ª parte, se da una estructura en contrapunto al presentar dos momentos vitales del personaje: la de sus 15 años en el extranjero, y la de sus 50 años en su país.

En cuanto al estilo, éste es seco y desnudoVa a la cocina, prepara el fuego, pone a hervir el pollo con las verduras. Prepara la mesa y abre la botella de vino.»]. Es “impresionista” en la presentación de los personajes que nunca llegamos a conocer del todo y que en todo caso los conocemos por lo que hacen y no por lo que pueda decir el narrador, un narrador prácticamente desaparecido. Es más, cuando creemos ya tenerlos controlados, Agota Kristof da un “tour de force” y cambia nuestros postulados sumergiéndonos en la inquietud de la duda, en el no saber a qué atenernos.

Esta ausencia del narrador es muy interesante y confiere al relato un aspecto  muy teatral. Ella misma habla de que está muy influida por el teatro en su escritura. Es interesante relacionar este tipo de escritura con el que hiciera Unamuno en sus novelas nivolas. (y al respecto he encontrado en la Red una comunicación de don Miguel con un poeta húngaro)

Es una novela claramente impresionista por lo ya dicho de los personajes y por el simbolismo que aparece en algunos personajes como en el insomne Michael y su historia o en los mismos Klaus y Lucas.

Me han interesado mucho las elipsis o los resúmenes como el “post-scriptum” de la 2ª novela en el que clarifica la redacción de esta parte o el final de la 3ª novela en el que ata todos los cabos sueltos que quedaban, pero que al tiempo nos confunden por perturbar la intelección de la novela en general.

 

è En general he de decir que me ha parecido una muy buena novela, pero también de cierta dificultad. Tiene muchos lados, muchos aspectos, muchos elementos dignos de ser comentados.

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Nota a esta reseña.

El núcleo central del texto escrito en esta reseña procede del resumen y comentario que para mi propio interés profesional realicé al finalizar la lectura de la novela. Al volver ahora a él he considerado interesante publicarlo. Para ello he procurado hacerlo digerible y cómodo de leer, pero no sé si lo habré conseguido. Perdón si así ha sido


Otras novelas de Ágota Kristóf reseñadas en este blog:



































22 ene 2019

Agota Kristóf: "Ayer". Novela corta

24 comentarios:
La ensoñación, lo real, lo irreal, la escritura, la ficción, lo ficcionalizado, lo cierto, lo imaginado, lo falso, lo auténtico, lo verosímil, lo incierto, lo imposible... El tiempo, el tiempo, el tiempo..., siempre el tiempo: ayer, hoy, mañana. No hay tiempo, no existe el tiempo, sólo hay hoy, sólo hay presente..., pero siempre escribimos sobre el Ayer. 

Agota Kristóf se pone traje de hombre, se mete en la piel de Sandor Lester, un exiliado húngaro que vive en Suiza y trabaja en una fábrica de relojes efectuando tareas rutinarias y repetitivas durante ocho horas diarias todos los días para tener derecho a un salario que apenas le permite otra cosa que comer y dormir para al día siguiente levantarse y poder acudir de nuevo a la tediosa tarea que para nada justifica su vida. Su vida sólo la justifica Lina. Lina es el Amor. Pero como en todo una cosa es la idea y otra muy distinta la plasmación real de la misma. Hay una Lina real que remite a Sandor a su vida auténtica, al pasado en Hungría, hijo huérfano de Esther, mujer de oficio antiquísimo y por lo mismo al tiempo querida y vilipendiada por todo el pueblo. El azar, el tiempo, la vida, harán que Sandor quince años después de abandonar su país vuelva a ver a Lina, su amiga de la escuela. Entiende entonces él que por fin su ideal amoroso se ha corporeizado en esta mujer, ahora ya casada y madre de una niña. Sí, parece que sí; pero la vida es indidiosa, hace sus barrabasadas, no entiende de altas emociones; la vida habla de ellas, sí, pero camina por la senda de la comodidad, de lo práctico, de lo trillado, de lo zafio, de la falta de empatía.

Hay en "Ayer" dos narraciones en cada uno de los siete capítulos que componen la novela. La primera de ellas se mueve en el terreno de lo imaginativo, lo fantasioso, lo onírico... En ésta aparecen animales y elementos simbólicos (el tigre, el pájaro abatido, el viento...) que participan en igualdad de condiciones con los seres humanos. Hay mucho de irracional en estos apartados que acaecen siempre bajo la lluvia, una lluvia pertinaz que todo lo anega y todo lo disuelve... Como sucede en los sueños, todo lo que aparece en ellos tiene a lo más un valor simbólico, cuando no ilógico, puro absurdo, surrealismo total.

Comienza la novela con una caída en el barro, una muerte aparente que lleva al protagonista del relato al hospital. Allí se repone durante unos días y en ese tiempo en su mente hay sueños, imágenes, y recuerdos, sobre todo recuerdos. En el fondo lo que es la novela es un inmenso flash back que viene a mostrarnos por qué Sandor Lester ha llegado a la situación en que se encuentra. El Amor tiene gran parte de culpa de lo que le sucede. Al tener un concepto tan alto del mismo, es imposible encontrarlo en la realidad; pese a ello la esperanzada espera de que llegue le permite sobrellevar la existencia.

En una interesante entrevista publicada en Babelia en 2007 la escritora  llegaba a abominar de "La analfabeta" [leer mi reseña aquí], su considerada obra autobiográfica que hasta ahora mismo yo tenía por la fuente más fidedigna para conocer a la autora. Pero no, parece decirnos Agota, yo me explico mucho mejor en la ficción; y en otras  declaraciones suyas afirma que "Ayer" es su novela más autobiográfica. Sí, yo creo que lo es, pero siempre que entendamos que en todos los personajes hay algo de ella, aunque en ninguno esté Agota completamente. Así entendido es evidente que la vida vivida por la escritora nacida en Csikvánd, Hungría, el 30 de octubre de 1935, pero avecindada en Suiza hasta su muerte en 2011, la podemos visualizar en esta poética novela.

Como en el resto de sus novelas, en especial en la trilogía "Claus y Lucas", la dureza en las relaciones, la falta de sentimientos, el egoísmo, la pobreza, el clasismo..., también aparecen en "Ayer". Quizás hoy las condiciones en que habitan y viven los personajes de este relato puedan parecernos increíbles, exageradas por desconocidas afortunadamente para nosotros; habría que situarse en el contexto de 1956 cuando Hungría fue invadida por los tanques soviéticos y la represión, la cárcel, el exilio, la simulación y la mentira pasaron a ser parte de la vida cotidiana de las personas para comprender que la escritora húngara ni miente, ni exagera, simplemente expone.

Lo que aparece en "Ayer" es la alienación del trabajo fabril que ella misma realizó durante años en una fábrica de relojes en Neuchâtel (Suiza). El trabajo era tan poco creativo, tan adocenador que ella se "evadía" del mismo a través de su mundo interior, de su imaginación. Decía que en silencio componía poemas en su cabeza, poemas que luego pasaba al papel en cuanto llegaba a su casa. De igual manera Sandor le dice a Lina que aspira a ser escritor y ella comenta:
"—¡Ya es difícil escribir en la propia lengua de uno, así que figúrate en otra lengua!
Yo digo:
—Lo intento, eso es todo. Que funcione o no, me da lo mismo.

[...] Ya no escribo en el idioma de aquí mis extravagantes historias, escribo poemas en mi lengua materna" (pág. 53)
Claus y Lucas, El gran cuaderno, Ayer, La analfabeta
Se percibe en estas palabras de Sandor Lester a la auténtica Agota. Pero del mismo modo vemos a la verdadera Agota Kristóf detrás de esta Lina que acompañada de su marido Koloman y de su pequeña hija ha abandonado el país y está viviendo en el extranjero, y trabajando en esta fábrica de relojes que detesta en lo más profundo de su ser. Sólo la imaginación, sus ensoñaciones, alguna pasajera aventura amorosa como la que mantiene con Sandor la mantiene en pie.


Junto a lo ajustadamente autobiográfico en "Ayer" aparecen muhos otros elementos o asuntos que sin duda la autora ha podido vivir o sufrir en carne propia, aunque no necesariamente. Uno sería el de la función de la mujer en el mundo. Muchos son los personajes femeninos que surcan el relato: EstherEva, Kati, Vera, Yolanda, Lina... Cada una de ellas representa un papel o simboliza una función: Esther, la sumisión al varón y amor materno; Eva, la avidez utilitaria del sexo; Vera, la ilusión; Lina, el egoista sentido práctico; Yolanda, la mujer que a falta de otra mejor ("se escoge una, y se usa", pág. 29) sirve a Sandor para satisfacer sus necesidades de sexo y comida; etc. ... Todas ellas junto a sus maridos, amigos o amantes están en tierra hostil, son refugiados y por ende están en inferioridad de condiciones. Pero no por eso dejan de sufrir una doble o triple inferioridad pues al salir del trabajo deben de preparar la comida para el marido y atender a los hijos.


La falsedad y la mentira, Este tema es esencial en la novela. La mentira está en todas partes: en el emigrante que cuando vuelve de vacaciones a su país simula ante los suyos que todo le va divinamente cuando apenas si tiene un trozo de pan que llevarse a la boca (es el caso de Jean), o el refugiado político que en contra de lo que predica no desea para nada retornar a su país (es el caso de Sandor Lester; y por correspondencia fue el caso de Agota Kristóf), o la mentira del amor en que vive Yolanda respecto a Sandor.

Otro asunto esencial en este relato es el del nihilismo, la nada que significa la existencia, el para qué vivimos. El protagonista de la novela me ha recordado en varios momentos a Meursault, el personaje de la novela de Albert Camus "El extranjero", que se muestra indiferente a la realidad por resultarle absurda e inabordable. "Pensaba que la vida no podía ser sino lo que era, es decir, nada" (pág. 22)

Sólo la idealización que tiene de Lina y el recuerdo del ayer vivido le sirve para sobrellevar la existencia. Y lo logra a través de la literatura, plasmando en textos sus imaginaciones, sus deseos irrealizables, sus ensoñaciones. Hay reflexión literaria, metaliteratura, en algunos momentos. A Sandor le da lo mismo llegar a la fama, triunfar en el mundo literario, todo lo contrario que a Lina, que busca ser alguien en la vida, destacar
"—¿Dices eso en serio, Sandor? ¿Que hay que ser un don nadie para ser escritor?
—Yo creo que sí.
—Yo creo que para convertirse en escritor hay que tener una gran cultura. Es preciso haber leído mucho y escrito mucho. Uno no se hace escritor de la noche a la mañana.
Yo digo:
—No tendré una gran cultura, pero he leído mucho y escrito mucho. Para ser escritor, sólo hace falta escribir. Por supuesto, suele ocurrir que no se tenga nada que decir. Y a veces, incluso cuando se tiene algo que decir, uno no sabe cómo decirlo.
" (pág. 59)
Utilizar la literatura para hacer literatura, reflexionar sobre el hecho de la creación y realizarlo precisamente construyendo una creación marca, sin duda alguna el paso de lo meramente conceptual a lo formal. Es quizás en el plano de la forma más que en el propio del contenido en el que Agota Kristóf se eleva hasta regiones literarias estratosféricas. Muchos son los aspectos formales remarcables:

Esencial es sin duda alguna la belleza poética que trasciende de su prosa. Estamos ante una prosa desnuda, esencial, que elimina todo lo superfluo quedándose, como sucede en la poesía, con lo mínimo, lo imprescindible. Este precedimiento de decantación, de depuración, da como resultado momentos de inigualable altura;
  • "Me voy a la calle para olvidar, me paseo como todo el mundo pero no hay nada en las calles, sólo gente, tiendas, es todo" (pág. 23)
  • "En mi imaginación, un camino pedregoso conduce al pájaro muerto.  Entiérrame —me pide y, en los ángulos de sus miembros rotos, los reproches se mueven cual gusanos" (pág. 34)
  • "La beso en las mejillas, en la frente, en los ojos, en el cuello, en la boca. Mis besos se mojan con la lluvia y las lágrimas" (pág. 62)
  • "Todas las noches, se embarcan entre las olas algunos días olvidados" (pág. 64)
Cercano y constitutivo del tono poético que tiene el relato está todo el simbolismo que contiene. La parte de ensoñación, de imaginación, de irracionalidad, que constituye la primera parte de cada uno de los siete capítulos está cargada de símbolos: el tigre, el pájaro muerto, la lluvia, el viento, la luna...En general son símbolos de naturaleza que cobran valor y sentido dentro del onirismo que enmarca a estos primeros apartados de cada uno de los capítulos. De ellos el de la luna me ha recordado muchísimo a Federico García Lorca: "Estaban durmiendo. Él encima de ella. La luna los iluminaba a través de la ventana. Había luna llena. Una luna inmensa." (pág. 20). En cierto sentido hay una contraposición entre este mundo imaginativo, onírico, de pesadilla, representado en estos animales y elementos de la naturaleza, -terrible, si, pero libre y auténtico-, y la ciudad falsa y artificial que todo lo falsea: 
"Vete a la ciudad. Allí todavía hay luz. Una luz que hará palidecer tu rostro, una luz que se parece a la muerte. Vete allá adonde la gente es feliz porque no conoce el amor" (pág. 76)
Hay mucha literatura dentro de esta historia de amor y desarraigo, dentro de esta joyita de Agota Kristóf de tono muy autobiográfico. Como bien le dice Lina a Sandor  para ser un buen "escritor hay que tener una gran cultura. Es preciso haber leído mucho y escrito mucho". Y eso es, precisamente, lo que deja traslucir la escritora en esta novela tan hermosa. A las resonancias  del Meursault de Camus ya comentadas se une en mi cabeza, quizás por pura deformación profesional, la que me recuerda a Lázaro de Tormes niño, concretamente cuando el pequeño Tobías Horvath ante el trasiego de hombres que había de continuo en su casa comenta lo siguiente para sí: "El pueblo estaba lleno de gente muy buena. Campesinos e hijos de campesinos venían siempre a nuestra casa y nos traían algo de comer" (pág. 18). En esta línea de reminiscencias literarias clásicas también quiero ver ese inexplicable -mejor sería decir, patético- sentido del decoro que le expone Lina a Sandor cuando rechaza sus propuestas de compromiso amoroso con estas palabras: "A tu madre la dejaron unos gitanos en la aldea. Unos ladrones, unos mendigos. Yo tengo unos padres honrados, cultivados, de buena familia" (pág. 61), o lo que es lo mismo, nuestro amor es imposible porque pertenecemos a distinta casta, a distinta clase. Patético es que los oprimidos hagan absurdos distingos entre ellos.

El gran cuaderno (película), La tercera mentira, La Prueba, Claus y Lucas

Para cerrar este capítulo de referencias literarias, y también cerrar la reseña, sólo me queda decir que la mismísima Agota Kristóf o mejor dicho, sus otras obras anteriores, resuenan en este "Ayer". No en balde además de refugiados, trabajos en fábricas anuladoras, moral personal y social cuestionables,  varios de los personajes son hermanos; hermanos que como sucede en la trilogía "Claus y Lucas" no se comportan con amor y bondad entre ellos sino que más bien se fustigan, se castigan, son  contrapunto unos de otros. Eso fue lo que vivió esta húngara exiliada cuya literatura es una constante confesión literaturizada de sus propias vivencias. Para ella el tiempo es un continuum, en su visión nihilista y existencial de la vida no hay más que presente, el Ayer es lo vivido, pero por lo mismo, por vivido, nos constituye:
"¿Mañana, ayer, qué quieren decir esas palabras? No existe sino el presente. Unas veces, nieva. Otras, llueve. Luego hay sol, viento. Todo eso es ahora"
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Nota
Esta novela fue comentada en la tertulia "más que palabras..." que mensualmente mantenemos unos cuantos amigos y confieso que dio muchísimo juego. Creo que es una estupenda lectura para grupos de lectura, clubs de lectura, tertulias literarias, o como quiera que queramos llamarlas.
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Datos del libro
Autora: AGOTA KRISTÓF
Título: “Ayer”
Nº de páginas: 112 págs (en papel)., 79 págs. (ebook)
Encuadernación: Tapa blanda
Editorial: El Aleph Editores (1 de marzo de 2009)
Lengua: CASTELLANO
ISBN-13: 978-8476698600
Precio:
En papel:
Ebook:
Ayer (Modernos y Clásicos)

15 sept 2017

Ágota Kristóf: "La analfabeta"

19 comentarios:

Una breve pero muy intensa y muy bien escrita autobiografía la que Ágota Kristóf, de origen húngaro  (Csikvánd, Hungría, 30 de octubre de 1935), pero avecindada en Suiza hasta su muerte en 2011, hace en once pequeños capítulos que son once calas en su vida. La vemos en sus inicios infantiles jugando con sus dos hermanos a crear historias, a fantasear... Vemos su cambio de país en 1956 al abortar la URSS el movimiento de liberación húngaro. Asistimos a la dureza de su vida como refugiada en un país cuya lengua, el francés, no domina, una lengua que como la alemana se le muestra como enemiga...; y por último también la vemos triunfar en ese idioma que aprenderá a hablar aunque durante años no supo leerlo, razón por la que a sí misma se consideraba una analfabeta.

Ágota Kristóf, literatura húngara, Escritores trasterrados
La escritora, autora entre otros títulos, de "El gran cuaderno" (1986), "La prueba" (1988) y "La tercera mentira" (1992) que en España se publicaron en un solo volumen bajo el título de "Claus y Lucas" no sólo aprenderá francés, idioma al que en principio era esquiva, sino que lo dominará de tal manera que es en esa lengua en la que compondrá el grueso de su obra narrativa (8 títulos) así como los cinco títulos de sus obras teatrales escritas en su mayor parte para la Radio Suiza Francófona entre 1978 y 1983.
"La analfabeta" se publicó el año 2004 y fue traducida al castellano en 2006. Ha conocido varias reediciones, la última es de 2015. Como dice la sinopsis que da el editor de esta novela

"Todo el mundo de Agota Kristof está aquí, en este libro caracterizado por frases breves, minimalistas, diminutas en las que se concentran en todo momento las grandes reflexiones y los poderosos pensamientos que las han provocado."

Datos del libro

Autor: AGOTA KRISTOF
Título:La analfabeta: Relato autobiográfico
Nº de páginas: 64 págs.
Encuadernación: Tapa blanda
Editorial: ALPHA DECAY
Lengua: CASTELLANO
ISBN: 9788492837847
Precio:
En papel: 9'40€