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30 dic 2020

Mis favoritos de 2020: Lecturas, Películas, Series TV y Teatro

12 comentarios:
Como llevo haciendo en el blog desde 2015, quiero también este año realizar, de entre la Literatura leída, lo visto en Cine, Televisión y contemplado en Teatros, mi particular ránking. Doy un color a cada una de las cuatro categorías que señalo en el título: Lecturas, Películas, Series TV y Obras de teatro. Vamos allá.

Lecturas
Curiosamente y frente a lo esperado en un año de práctica reclusión, 2020 no ha sido en mi caso -y se lo he leído a otras personas también- un año león león (ja, ja...). ¿Por qué? Pues porque la necesidad de información me ha llevado a abrir la televisión con más frecuencia de lo habitual, tal era y sigue siendo todavía, la urgencia de tener noticias recientes acerca de los desmanes cometidos por el virus de marras y la lucha que contra él se planteaba desde las más altas instancias del país. 

Elegir diez libros de entre los setenta y tantos leídos no es tarea fácil. Dejo fuera de mi selección varios títulos de calidad inmensa como "La madre de Frankestein" de Almudena Grandes o "Justo" de Carlos Bassas del Rey, entre las españolas; "Amsterdam" de Ian McEwan o "Años luz" de James Salter, entre las extrajeras. Y es que quiero ser ecuánime y no premiar a aquellos que a igualdad de méritos con los que selecciono gozan del favor de los mass media más influyentes. De las lecturas que he realizado este 2020 destaco las siguientes:

Los mejores libros de 2020, Mejores lecturas de El blog de Juan Carlos
  1. “Los milagros prohibidos” de Alexis Ravelo
  2. “Nunca fuimos héroes” de Fernando Benzo
  3. “El infinito en un junco” de Irene Vallejo
  4. “Lluvia fina” de Luis Landero
  5. “La colina del almendro” de Mayte Esteban
  6. “Pura pasión” de Annie Ernaux
  7. “Ladrilleros” de Selva Almada
  8. “El animal moribundo” de Philip Roth
  9. “El ferrocarril subterráneo” de Colson Whitehead
  10. “El tiempo es un canalla” de Jennifer Egan
Los mejores libros de 2020, Mejores lecturas de El blog de Juan Carlos

Películas
No ha sido buen año para ver películas en Sala que es como a mí más me agrada disfrutar del Cine. El Coronavirus y los sucesivos confinamientos y fases de desescalada que provocó hicieron muy difícil y arriesgado pasar por taquilla físicamente, por lo que muchos de los filmes que he visto ha sido en la pantalla del televisor a través de alguna de las múltiples plataformas que han proliferado aprovechando la explosión obligada del consumo virtual digital. Pese a todo alguna película vi en Sala para no perder el auténtico ser del Séptimo Arte. He seleccionado estos cinco títulos:
  1. “La decisión” de Roger Michell (vista en Movistar) 
  2. “La tercera esposa” de Ashleigh Mayfair (vista en Filmin) 
  3. “1917” de Sam Mendes (vista en Amazon) 
  4. “The farewell” de Lulu Wang (vista en Movistar) 
  5. “Tenet” de Christopher Nolan (vista en Sala)
Las mejores películas de 2020, Mejores películas de El blog de Juan Carlos

Series TV
Incluyo este 2020 como novedad venida para quedarse -que se dice en repetición cansina tantísimas veces ahora- un apartado de Series televisivas seguidas con gusto por mi parte. Verdad es que he visto bastantes y como el tiempo es uno y las distracciones muchas, la lectura se resiente cuando la visualización de historias crece. La selección que realizo con rapidez a riesgo de dejar en el tintero alguna interesante incluye los siguientes títulos:

Antidisturbios (Movistar) de Rodrigo Sorogoyen; Todas las criaturas grandes y pequeñas (Filmin) adaptación televisiva de los libros del veterinario James Herriot; Roadkill (Movistar) de Michael Keillor; Unorthodox (Netflix) de Maria Schrader; y Gambito de dama (Netflix) de Scott Frank

Las mejores Series TV de 2020, Mejores Series TV de El blog de Juan Carlos



Las mejores Obras de Teatro de 2020, Mejores Espectáculos de El blog de Juan Carlos

↖↖↖ Teatro y Espectáculos ⬈⬈⬈

“Macbeth” (William Shakespeare), puesta en escena de Gerardo Vera (in memoriam ) y Alfredo Sanzol; “¿Y si nos enamoramos de Scarpia?” de Albert Boadella y Martina Cabanas; “Prostitución” de Andrés Lima y Carmen Machi; “Traición” (Harold Pinter) por Teatro Kamikaze; y “Reinar después de morir” (Luis Vélez de Guevara), por Compañía Nacional de Teatro Clásico.


🎶🎼¡¡Os deseo un muy Feliz Año 2021!!🎼🎶


3 abr 2020

"Las leyes de la frontera" de Javier Cercas

38 comentarios:
"Los periodistas frívolos mienten pero todo el mundo sabe que mienten y nadie les hace caso, o casi nadie; en cambio, los periodistas serios mienten escudándose en la verdad, y por eso todo el mundo los cree. Y por eso sus mentiras hacen tanto daño."

El autor
Javier Cercas (Ibahernando, Cáceres, 1962) saltó a la fama literaria con "Soldados de Salamina" (2001); fama literaria que se convirtió en mediática cuando David Trueba llevó la novela a la pantalla al año siguiente en una película de mismo título. Tras esta narración motivada por un episodio sucedido al final de la guerra civil -un soldado republicano no disparó contra el falangista Rafael Sánchez Mazas dejándolo escapar- publicaría otras de temática bien distinta, entre las que están, además de "Las leyes de la frontera" publicada en 2012, "La velocidad de la luz" (2005), "Anatomía de un instante" (2009), y "El impostor" aparecida en 2015, tres años después de la que acabo de leer. Constituyen estas cuatro novelas un paréntesis en la temática guerracivilista que Cercas no volvería a tocar hasta el año 2017 con "El monarca de las sombras" reseñada por mí en este blog hace algo más de tres años [accede a la reseña aquí].

La novela
Drogas en los años 70 y 80 del siglo XX, Javier Cercas, "Las leyes de la frontera"
Javier Cercas a partir de la ya citada "Soldados de Salamina" inicia una serie de relatos que mezclan en sabia proporción elementos reales y otros ficticios; es lo que los narradores norteamericanos denominan con el neologismo "faction" formado por dos palabras: 'fact' (hechos) y 'fiction' (ficción). Entre nosotros este tipo de relatos se conoce como "novela testimonio", "novela de no-ficción", "relato real" y hasta "relato metaficcional". Aunque cada una de estas cuatro denominaciones tiene algunas características exclusivas, todas ellas se refieren a unas narraciones que mezclan la novela tradicional y el discurso testimonio consistente este último en introducir en la narración literaria informaciones surgidas de entrevistas realizadas a personajes para dar veracidad a la historia que se relata. Es, pues, un relato realizado a la manera periodística.

El párrafo anterior, quizás algo farragoso, considero que era necesario para entender adecuadamente "Las leyes de la frontera", novela en la que un personaje, del que no sabemos su nombre pero que bien podríamos identificar con el propio autor, realiza indagaciones para un libro que piensa escribir sobre un famoso delincuente juvenil de la segunda parte de la década de los años 70 e inicios de los 80 del siglo pasado. Las entrevistas las realiza en 2008, treinta años después de sucedidos los hechos principales en verano de 1978.

La acción transcurre en Gerona que en 1978 es una ciudad provinciana en la que cruzar el río Ter y el Onyar que la bañan era como si cruzase la frontera azul, la frontera entre el bien y el mal y entre la justicia y la injusticia. Cosa que si se para a pensarla tenía su parte de verdad, ¿no le parece? -le dice el abogado de éxito Ignacio Cañas (el Gafitas para los de la basca del Zarco) a su entrevistador.

La novela tiene dos partes. La primera sucede durante los meses de verano de 1978. Ignacio Cañas es un buen chico que en el Colegiode los Maristas donde estudia obtiene buenos resultados pero que sufre bullying por parte de Narciso Batista, un compañero hijo del presidente de la Diputación y jefe en la misma de su padre. El acoso y los abusos los sufre Ignacio en silencio pues contarlos a padres o educadores no es propio de un adolescente. Sin amigos, ese verano en los recreativos Vilaró conoce al Zarco y a Tere. Tere le parece guapísima y el Gafitas, apodo que le puso el Zarco a Ignacio nada más verle, se enamora perdidamente de ella. Es por ella por la que decide cruzar la frontera del río Ter y acudir a La Font, un bar en el barrio chino de Gerona, donde se reunía toda esta basca:
"desde finales de los setenta hasta finales de los ochenta habían pululado por España centenares de bascas de chavales suburbiales y desarraigados como la del Zarco" (pág. 166)
Se dedican estos chicos a desvalijar chalets vacíos, robar bolsos por el procedimiento del tirón y acto seguido vender lo robado y gastarse lo obtenido en porros y sexo. Nada le es suficiente al Zarco quien a sus secuaces (el Guille, el Gordo, el Tío, el Chino, el Drácula, Lina, Tere y el propio Gafitas) los va metiendo en negocios de más nivel llegando al robo a punta de pistola. Todo va in crescendo. Y todo lo que sube, también baja y eso lo sabían todos. El verano acabará así, volviendo el río Ter y Onyar a actuar de frontera metafórica, de separación entre barrios de charnegos y los otros más integrados en la cultura catalana: "a finales de los setenta la ciudad estaba rodeada por barrios de charnegos: Salt, Pont Major, Germans Sàbat, Vilarroja." Y digo frontera metafórica porque para el adolescente Cañas cruzar el río era como cruzar el Liang Shan Po de la serie televisiva "La frontera azul" que por esos años emitía la televisión en España. Allí -pensaba Cañas- uno o varios ciudadanos honrados hartos de las vejaciones infligidas por el tirano Kao Chiu se unían a los bandoleros honrados de Lin Chung y Hu San-Niang. En un proceso típicamente adolescente él se veía dentro de esa aventura
"¿para qué sirven las historias si no es para identificarse con ellas? Y sobre todo: ¿para qué le sirven a un adolescente?" (pág. 61)
Es, pues, la primera parte un auténtico relato de iniciación a la vida adulta por parte de Ignacio Cañas, el Gafitas. Pienso que Javier Cercas podría si lo hubiera deseado haber hecho una novela corta con lo narrado hasta aquí. Es perfecta.

Casas del río Onyar, Catalanismo, de Gerona a Girona, series de televisión
En la segunda parte significativamente titulada "MÁS ACÁ" frente al "MÁS ALLÁ" de la primera, nos encontramos con la misma indagación para la realización de un libro sobre el Zarco, pero el centro del relato pasa a situarse en 1999, veinte años después de ese verano del 78. Ahora Cañas es un reputado abogado penalista gerundense al que de sopetón se le presentan en su despacho Tere, de la que en su fuero interno sigue aún enamorado, y María, una mujer que admira a Antonio Gamallo (auténtico nombre del Zarco). Ambas quieren que Cañas se haga cargo de la defensa de Antonio, como así será.

En esta segunda parte a los dos entrevistados de la primera, el propio Gafitas y el inspector Cuenca, que se encargó de la desarticulación de la banda del Zarco, se añade ahora Eduardo Requena, el director de la cárcel donde el delincuente se encuentra ingresado. Además de los testimonios de los tres, complementarios en ocasiones y dispares otras veces, la narración va integrando alusiones a libros aparecidos sobre este delincuente, así como a películas que la trayectoria delicuencial de este presidiario, famoso también por sus múltiples fugas, había suscitado.

Es en esta segunda parte donde las insinuaciones a las películas reales realizadas sobre delincuentes juveniles reales, el Vaquilla y el Torete, por el director José Antonio de la Loma -“Yo, el Vaquilla” (1985), “Perros callejeros” (1977), “Perros callejeros II” (1979), “Los últimos golpes del Vaquilla” (1980). También una novela suya: “El grito de la libertad” (1976)- son más que evidentes. La idea sostenida en estas producciones de que estos delincuentes que habían vivido en la cárcel más años que fuera de ella tenían auténtico miedo de la libertad es recurrente en el relato de Javier Cercas. En "Las leyes de la frontera" el director se llama Bermúdez a quien el Zarco odiaba pues pensaba que, con la saga del Zarco y con las demás películas de jóvenes quinquis protagonizadas por quinquis reales que la siguieron, Bermúdez había conquistado una fortuna y un prestigio de hombre de cine a su costa, y que encima lo había hecho presentándose como una especie de filántropo que solo pretendía redimirlo a él y a otros chavales como él; aseguraba que el altruismo católico de Bermúdez era hipócrita, un recurso estomagante para hacer propaganda de sus películas.

Lógicamente al tener entre rejas al Zarco, la historia, además de en los esfuerzos jurídicos y añagazas mediáticas desplegadas por el bufete, cual si de una novela de John Grisham se tratase, para conseguir la puesta en libertad del preso, pasa a centrarse muy mucho en la relación amorosa Tere - Ignacio Cañas. Es una relación sin compromisos establecidos, libre, frase que se repiten una y otra vez ellos dos pero que como todo aquello que se repite tantas veces no lo es tanto.

Muchos asuntos y aspectos de la vida se tocan siquiera de pasada en esta interesante novela. Uno que me parece importante y que es frecuente en la narrativa del cacereño de nacimiento es ese casi constante querer hacerse perdonar sus orígenes no catalanes ante su público. En cierto modo podemos ver reflejado a Cercas en la familia de Ignacio Cañas que vivía en lo que hoy es el barrio de la Devesa y entonces no era nada o casi nada. Allí vivían familias que no eran de la ciudad pero que no se consideraban familias de charnegos y que en todo caso no querían saber nada de los charnegos auténticos o por lo menos de los charnegos pobres, los de Salt, Pont Maior, Germans Sàbat y Vilarroja. Además de pertenecer a la clase media, Cañas sabía hablar catalán y eso era signo diferenciador pues en la diglosia catalana el dominio del idioma es -o, al menos, era- claro mecanismo de poder, sello de integración, y marca de superioridad social. 

En los treinta años que transcurren en el relato vemos la evolución de la sociedad catalana. Así Narciso Batista, hijo del falangista presidente de la Diputación de Gerona, pasará de ser el adolescente brutote y abusador a joven empresario modelo para el nacionalismo catalán en el poder, cosa que a su vez transformó al feroz españolista de mi adolescencia en un catalanista feroz (y al Narciso de entonces, en Narcís).

La historia que se cuenta aquí es el envés de la que el escritor de Ibahernando contó en "Anatomía de un instante". Si en la novela de 2009 narró la vida de los artífices de la transición centrándose en el instante en que Tejero entró al hemiciclo del Congreso disparando y sólo tres diputados permanecieron sentados en sus escaños (el presidente Suárez, el vicepresidente Gral Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo), en "Las leyes de la frontera" muestra la transición pero vista desde el lado de los desposeídos y dentro de éstos el mundo de la submarginalidad. Un ámbito donde las familias desestructuradas como la del Zarco eran moneda corriente: "¿Qué familia?, preguntó. No conocí a mi padre, a mi padrastro lo mataron hace años, mis hermanos están en la cárcel, mi madre bastante tiene con buscarse la vida. ¿A eso lo llamas tú una familia?" (pág. 109)

Centenario muerte de Benito Pérez Galdós, Episodios nacionales
No quisiera cerrar esta reseña sin comentar la referencia, muy importante en mi opinión, que el novelista-narrador hace al episodio nacional "Gerona" de Benito Pérez Galdós. Igual que en el relato todos los personajes evolucionan, pasan de una situación a otra, de unas ideas a otras, también la consideración sobre la séptima novela de la Primera entrega de los "Episodios nacionales" galdosianos varía. Leemos al inicio de la novela la opinión del inspector Cuenca sobre la misma:
"Es un retrato de la ciudad durante el sitio que le montaron las tropas de Napoleón. Cuando lo leí, hace cuarenta años, me entusiasmó; aquello era la hostia: la tragedia total de la guerra, la grandeza de una ciudad entera en armas y defendida por una gente de hierro, el heroísmo del general Álvarez de Castro, un personaje de tamaño mitológico que se niega a entregar a los franceses la ciudad arruinada y muerta de hambre, y que Galdós pinta como el mayor patriota de su siglo." (pág. 23)
Y cerca del final el mismo inspector Cuenca, ya jubilado, o sea, con la vida ya gastada, le da su opinión al narrador sobre la misma habida cuenta de que la ha vuelto a leer y ahora su opinión es muy distinta de la de antes
"Me pareció una mierda; más que una novela sobre la guerra me pareció una parodia de una novela sobre la guerra, una cosa cursi, truculenta y pretenciosa ambientada en una ciudad de cartón piedra donde solo vive gente de cartón piedra. Y en cuanto a Álvarez de Castro, dijo también el inspector Cuenca, francamente: es un personaje asqueroso, un psicópata capaz de sacrificar la vida de miles de personas para satisfacer su vanidad patriótica y no entregar a los franceses una ciudad vencida de antemano" (pág. 332)
Este cambio de opinión sobre la resistencia de Gerona al asedio al que la sometió el Ejército francés durante siete meses durante el año 1809 es revelador del cambio de enfoque que una sociedad puede tener sobre su propia historia. El mismo Javier Cercas ha protagonizado no hace más que cinco o seis semanas una enconada discusión sobre la figura del novelista canario del que este año se conmemora el Centenario de su muerte. Al ninguneo al que el autor de "Las leyes de la frontera" literariamente lo redujo contestaron, airados, Antonio Muñoz Molina y Almudena Grandes entre otros [para quien le interese dejo aquí el enlace a esta sabrosa polémica]. Ni que decir tiene que yo me posiciono claramente a favor de los argumentos esgrimidos por la Grandes o por Muñoz Molina en su defensa. [Para seguir debidamente toda la polémica es preciso abrir todos los enlaces que aparecen].

Final
A mí la novela me ha gustado mucho. Que a uno algo le guste mucho no equivale a comulgar con ruedas de molino, evidentemente. Me ha gustado sobre todo porque el género híbrido al que pertenece el relato está muy bien construido; de las cuatro denominaciones con que al mismo se le nombra entre nosotros creo que el de 'novela metaficcional' le va como anillo al dedo pues en el fondo lo que vemos es una novela haciéndose, el autor nos hace entrar en la factoría de la ficción y deja a la vista los resortes del artefacto. Y eso me encanta. También me ha agradado ese mostrar la dificultad de encontrar la verdad. Todo en la novela es azaroso. ¿Ocurrió efectivamente así? ¿Tal personaje traicionó a tal otro? ¿Estaban enamorados ambos? La duda es central. No hay respuestas contundentes y exactas. El principio de incertidumbre todo lo rige.

La peripecia de este grupo de chicos, de esta basca, se acompaña de una serie de temas musicales muy populares en la época -años 70 y 80- tanto de artistas españoles como extranjeros: Las Grecas, Los Chichos, Andrés Calamaro, Los Amaya...; y entre los extranjeros Chet Baker, Dire Straits, Status Quo... Para quien decida leerla creo que escuchar algunas de estas canciones es buen ejercicio para ponerse en situación.

Y por último, decir que los derechos de la novela para hacer una película sobre ella los ha adquirido el productor Edmon Roch y este año o a más tardar en 2021 podremos ver la historia en imágenes. 

9 ago 2019

"Voces de Chernóbil". Svetlana Alexiévich, Premio Nobel de Literatura 2015

1 comentario:
"Antes de la operación, yo ya sabía que tenía cáncer. Pensaba que sólo me quedaban pocos días de vida, y me resultaba terriblemente odiosa la idea de que me iba a morir. Y, de pronto, me empecé a fijar en cada hoja, en los colores brillantes de las flores, en la claridad del cielo, en el asfalto, de un gris cegador, veo las grietas que tiene y, entre ellas, cómo corren las hormigas. No, me digo, no las tengo que pisar. Me dan pena. ¿Por qué tienen que morir?".


Literatura rusa, literatura bielorrusa
Ni sé ya el tiempo que llevo oyendo alabanzas a mi alrededor sobre la serie televisiva -miniserie más bien- emitida por la plataforma HBO en exclusiva y de forma semanal a partir del 6 de mayo del año en curso. Su éxito de audiencia ha sido tal que incluso aquellos que como yo no estamos suscritos a dicha plataforma televisiva queríamos si no verla al menos saber más sobre ella. Fue así como me enteré del nombre de su autora, Svetlana Alexiévich (1948), escritora bielorrusa especializada en el periodismo literario y conocida en el mundo entero cuando la Academia sueca la distinguió en 2015 con el Premio Nobel de Literatura.

"Voces de Chernóbil" es un ensayo periodístico consistente en la recopilación por parte de la periodista de testimonios de supervivientes del desastre recogidos en 1996, diez años después de sucedido el mismo. El accidente de Chernóbil1​ fue un accidente nuclear ocurrido el 26 de abril de 1986 en la central nuclear Vladímir Ilich Lenin, ubicada en el norte de Ucrania, que en ese momento pertenecía a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, a 3 km de la ciudad de Prípiat, a 18 km de la ciudad de Chernóbil y a 17 km de la frontera con Bielorrusia.

Los supervivientes entrevistados pertenecen a todos los campos profesionales y a todos los niveles socioeconómicos. Hay que tener en cuenta que en 1986 la URSS aún existía si bien se encontraba en pleno proceso de reconversión económica a través de la denominada 'perestroika' que bajo una débil liberalización socioeconómica tenía por objeto reestructurar el sistema socialista a fin de poder perpetuarlo durante más tiempo. El hacedor de este proceso fue el Secretario General del Soviet Supremo de la Unión Soviética, Mijail Gorbachov, que accedió a la condición de líder supremo en 1985. Pero las cosas se precipitaron y la explosión del reactor de la Central nuclear de Chernóbil en abril del año siguiente tuvo mucho que ver en la caótica posterior desmembración política de la URSS.

Son seres de carne y hueso los que van a través de sus testimonios, de sus monólogos, dando forma al drama terrorífico que supuso para todos los habitantes de la zona este terrible suceso. Chernóbil hizo aflorar lo que durante 70 años estas personas llevaban oculto por obligación ("Ante Chernóbil todo el mundo se ponía a filosofar. Las personas se convertían en filósofos. Los templos se llenaron de nuevo. Se llenaron de creyentes y de gente hasta el día anterior atea" [pág. 46]). El estallido del reactor número 4 de la central nuclear mostró bien a las claras los éxitos y fracasos del sistema soviético. 

De éxito cabría calificar el magnífico resultado de la educación y cultura soviéticas: sabiendo del enorme peligro, de la segura muerte aplazada, los habitantes del lugar acudieron sin protección alguna a retirar la tierra contaminada, a sobrevolar el techo destruido del reactor, a trabajar en la mina hecha bajo la base del reactor para inyectar nitrógeno líquido y enfriar el agua y combustible nuclear a fin de evitar una explosión brutal que habría acabado con Kiev y Minsk extendiendo por toda Europa una nube radioactiva de proporciones jamás vistas. Sabiendo todo esto hubo trabajadores y voluntarios simplemente por patriotismo, por amor a la Patria, por haberse educado como soldados y no tener a la muerte: "¿O no es esto lo que yo les enseño a los alumnos? Solo eso: dar un paso adelante, lanzarse al fuego, defender, sacrificarse. La literatura que yo enseñaba no trataba de la vida, sino de la guerra. Sobre la muerte. Shólojov, Serafimóvich, Fúrmanov, Fadéyev, Boris Polevói…" (pág 252) - le cuenta una profesora de Lengua y Literatura rusas de la zona a la autora.

De enorme fracaso se reveló la constante preparación para la guerra inevitable, que estaba por venir, dada a los ciudadanos soviéticos durante toda la etapa de la guerra fría. Se esperaba la llegada de un enemigo exterior al que habría que combatir con el mismo ánimo y la victoriosa determinación demostrada durante la Gran Guerra Patria contra el nazismo alemán. A la zona fueron trasladados soldados pertrechados con armas, uniformes de paño, botas y poco más, que al llegar no vieron enemigo tradicional alguno; es más todo seguía como siempre: las flores, el cielo azul, las vacas paciendo en los campos de alrededor de la Central. Por esto los campesinos apenas si hacían caso a lo que algunos científicos, acallados por la nomenklatura moscovita, decían sobre la necesidad de abandonar la zona y no consumir los alimentos allí producidos ("En los primeros tiempos, algunos comestibles se llevaban a los dosimetristas, para comprobarlos; resultado: dosis diez veces superior a la norma, pero luego lo dejaron correr. 'Ni sé oye ni se ve ¡Qué no inventarán estos científicos!'" (por 187-188). 

Desastre de Chernóbil, Accidente nuclear, Chernobyl,
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=63251598
El fracaso lo describe a la perfección el ex Director del Instituto de Física Nuclear cuando tras plantear el asunto debidamente a las autoridades éstas se niegan a seguir sus recomendaciones científicas para no sembrar el pánico entre la población. Y por no querer asustar a los ciudadanos 700 toneladas de yodo se quedarían en los almacenes sin ser utilizadas a pesar de encontrase allí precisamente para catástrofes nucleares semejantes. Pero al no existir enemigo exterior alguno los dirigentes pusieron por encima de la salud de los habitantes el prestigio de la infabilidad soviética.
"Sobre nuestra tierra ya se habían precipitado miles de toneladas de cesio, yodo, plomo, zirconio, cadmio, berilio, boro, una cantidad incalculable de plutonio (en los reactores RBMK de uranio y grafito, en la versión de Chernóbil, se extraía plutonio estratégico, con el que se fabricaban las bombas atómicas). En total, 450 tipos de radionúclidos. El equivalente a 350 bombas como las que se lanzaron sobre Hiroshima. Se debía hablar de física. Y en cambio, se hablaba de enemigos. Se buscaba al enemigo.", pág 359 (dice el ex Director del Instituto de Física Nuclear)
La escritora publicó en 2013, dieciséis años después de aparecido éste que aquí reseño, un libro titulado "El fin del 'Homo Sovieticus'". Pues bien, en "Voces de Chernóbil" se muestra bien a las claras la caída del caballo de un perfecto 'homo sovieticus'. Se trata del exprimer secretario del Comité Regional del Partido de Slávgorod que relata su experiencia a la autora. En ella este hombre cuenta que cuando sucedió todo él mantuvo sus ideales comunistas por patriotismo y algo (¡quizá, mucho!) miedo. Y esa actitud le ha llevado a que ahora, diez años después, su nieta esté enferma de la sangre, él sea tenido por un criminal y se haya decidido a leer a Solzhenitsin. Como se ve es el caso de un auténtico 'homo sovieticus' caído:
"Vivíamos en una sociedad feliz. Nos habían dicho que 'éramos felices' y éramos felices. Yo era un hombre libre y ni siquiera se me ocurría pensar que alguien pudiera considerar que mi libertad no era tal. Ahora, en cambio, nos han borrado de la historia, como si no hubiéramos existido. Ahora estoy leyendo a Solzhenitsin... Creo que... [Calla] Mi nieta tiene leucemia. He pagado por todo. Un precio muy alto. Yo soy un hombre de mi tiempo. No soy un criminal." (pág.345)
"Voces de Chernóbil" como ya lo indica su título es una obra polifónica. Precisamente esta polifonía fue el argumento que la Academia Sueca dio para justificar este primer Premio Nobel otorgado a una autora periodista. Pero que sea periodista no quita para que en ella anide una buena conocedora de la literatura, especialmente literatura rusa. En este libro no son pocas las veces en que la escritora echa mano de la literatura para sostener, describir o apoyar mejor su argumentación. Nombres de autores rusos como los ya citados de Shólojov, Serafimóvich, Fúrmanov, Fadéyev o Boris Polevói están en boca de algunos entrevistados. Uno de ellos llega incluso a afirmar que "Chernóbil estaba ya en Dostoyevsky" (p. 297); y otro para sostener el sacrificio increíble realizado por la población de Pripiat  cita unas líneas de "El maestro y Margarita" de Serguéi Bulgákov : "En el padre Sergei Bulgákov he leído lo siguiente: 'Dios, sin duda, ha creado el mundo, o sea que el mundo en modo alguno puede no salir bien', y es necesario 'soportar con valor y hasta el final la historia'. Ya ve"  (pág 111).

Conclusión
La obra aparte de un reportaje sobre las vivencias tenidas por supervivientes de Chernóbil es una presentación crítica de la organización soviética de la URSS donde todos eran inactivos por miedo:
"Tenían miedo de sus jefes. Y estos temían a los que estaban por encima de ellos. Y así sucesivamente, subiendo por la pirámide hasta el secretario general. Una persona lo decidía todo, lo decidía allí en sus alturas celestiales. Así estaba construida la pirámide del poder. Y a su cabeza, el zar. Entonces un zar comunista." (pag 208)
Entender el comportamiento, la actitud de la gente, sólo es posible desde el sentimiento, jamás desde la razón:
"En primer lugar, nosotros ponemos los sentimientos. Esto le da gran vuelo, una gran altura a nuestra vida, pero al mismo tiempo es fatal. En cambio, la opción racional siempre es para nosotros negativa. Nosotros comprobamos nuestros actos con el corazón y no con la razón." (pág 209)
En cuanto al menosprecio de las razones científicas un periodista entrevistado por Svetlana Alexiévich decía lo siguiente:
"Recuerdo una conversación con un científico: 'Esto es para miles de años -me explicaba-. El uranio se desintegra en 238 semidesintegraciones. Si lo traducimos en tiempo, significa mil millones de años. Y en el caso del torio, son 14000 millones de años'. Cincuenta. Cien. Doscientos años. Vale. Pero ¿más? Más allá de esta cifra, mi mente no podía imaginar. Dejaba de comprender qué es el tiempo. ¿Dónde estoy?" (pág. 195)
Premio Nobel de Literatura, Periodismo literario
Y en mi opinión la escritora coloca en boca de un diputado del Parlamento de Bielorrusia, presidente además de la Fundación Para los Niños de Chernóbil el verdadero quid de este ensayo periodístico que no es otro que la opinión que la autora tiene del socialismo real soviético. Para ella Chernóbil es la culminación lógica de un sistema ilógico basado en el miedo y que anula la voluntad de los ciudadanos siempre a la espera de las dádivas del Padre Estado. Pero en 1986 este Estado Soviético estaba ya en trance de desaparición, de parálisis absoluta.
 "Mi diagnóstico es... ¿Quiere oírlo? Una mezcla de prisión y jardín de infancia: esto es el socialismo. El socialismo soviético. El hombre entregaba al estado el alma, la conciencia, el corazón, y a cambio recibía una ración. La ración de Chernóbil." (pág. 217)
_________________________
Nota
Era mi intención realizar una reseña colectiva de cinco títulos leídos durante el pasado mes de julio, pero la calidad y altura de "Voces de Chernóbil" se me ha impuesto y me ha exigido reseña individualizada. Así pues no he hecho otra cosa que atender sus deseos.

27 feb 2019

"Las cenizas de la inocencia" de Fernando Benzo

10 comentarios:
Conocí esta novela de Fernando Benzo (Madrid, 1965) durante un desplazamiento en coche. Por la emisora de radio que tenía sintonizada en ese momento un periodista mañanero le preguntaba a un escritor cuyo nombre nunca había oído nombrar sobre el libro que acababa de publicar. Me comenzó a interesar la entrevista cuando escuché que en la novela se prestaba mucha atención a la música de jazz; también oí que la acción sucedía en el Madrid de la década de los años 40 del pasado siglo.

El escritor
Políticos y escritores, Fernando BenzoEsas dos informaciones -Madrid, años 40 y música de jazz- hicieron que me interesara vivamente por la novela de ese escritor desconocido. En el curso de la entrevista supe que hasta hacía poco había ocupado el cargo de Secretario de Estado de Cultura habiendo sido con anterioridad Subsecretario de Educación, Cultura y Deporte. ¡Vaya -me dije- un escritor a tiempo parcial. No sé, no sé. Buscaré más información sobre él! 

Al llegar a casa me entero a través de internet de que es un escritor relativamente reciente si bien sus comienzos se remontan a la edad de 24 años cuando publicó su primera novela, "Los años felices", que ganó el Premio Castilla-La Mancha. También leo que cinco años más tarde en 1994 se alzó con el prestigioso premio Kutxa-Ciudad de Irún con la novela "Mary Lou y la vida cómoda", y que desde ese espaldarazo su carrera como novelista ha sido un no parar: "La traición de las sirenas" (1999), "Después de la lluvia" (Premio Ciudad de Majadahonda 2002), "Nunca repetiré tu nombre" (2012) y "Los náufragos de la Plaza Mayor" (2014).

Pero no sólo Fernando Benzo se ha circunscrito a la narrativa, también ha hecho sus pinitos en otros géneros como el teatro, con la obra "Scottie" (Premio de Teatro de la Northeastern Illinois University de Chicago), o el relato de no ficción con "Héroes inesperados". Es, pues, Fernando Benzo Sainz un escritor con una obra literaria consolidada. Yo lo he conocido, como ya he dicho, por una casualidad radiofónica, a la que, además, vino a unirse otra que fue que la editorial Random House a través de 'Edición anticipada' me ofreciera su última novela. Naturalmente me apresuré a aceptar la gentileza pues ardía en deseos de contactar con este escritor. Y la experiencia ha sido muy grata para mí.

“Las cenizas de la inocencia”

Primera novela que leo de Fernando Benzo. Me ha gustado por muchas cosas, en primer lugar por la historia que presenta: la supervivencia de unos seres populares en una España de posguerra que convivía con la hambruna y el estraperlismo. La novela enraíza con la picaresca más auténticamente española. El narrador en primera persona, Emilio 'el Monaguillo', es un chaval de unos diecisiete años que ansía quitarse el hambre y ayudar a su madre, Marita 'la Olorosa'. El azar, la casualidad, viene a hacer que Emilio en una correría infantil, consistente en entrar a robar leche para luego revenderla, tope con Nico, un muchacho mayor que él que tras evitar el robo se hace amigo de Emilio de quien le ha agradado su arrojo y buena disposición para emprender nuevas aventuras. Este Nico, pasados unos meses, pondrá al bueno de Emilio en contacto con Matías Sampedro, auténtico moderno Monipodio, que controla en gran parte el estraperlismo que nutre Madrid en esos años cuarenta de hambre y cartillas de racionamiento en que está situada la anécdota. Emilio comenzará a hacer trabajillos para Nico y poco a poco debido a sus buenas cualidades y buena actitud Sampedro le irá encomendando acciones más arriesgadas. Pero el Madrid de bajos fondos no sólo lo mueve Matías Sampedro; también hay un constructor primerizo lleno de deudas, Jorge Lanza, que va a conseguir reflotar, gracias a la gestión que del estraperlo hará, la empresa de construcción que su mujer, Eulalia Armendáriz ha puesto en sus manos .

Fernando Benzo, "Las cenizas de la inocencia", Novela picaresca moderna
Estos dos personajes vienen a coincidir todas las noches en un club madrileño, el Dixie, que gestiona con acierto y muy buen gusto musical Raimundo Giralda. El Dixie, local totalmente ficticio, se ha hecho un hueco en la noche madrileña de las salas de fiestas dominadas por el Pasapoga gracias, entre otras cosas, al jazz que toca una banda de músicos reclutados con acierto por Giralda, el propietario del local, en el mundillo musical de la época, pero sobre todo su éxito se debe a la cantante, Asia Luján, de esta jazz-band. Matías Sampedro es un enamorado de este estilo musical de procedencia norteamericana y por eso todas las noches ocupa un reservado en el night club. También Jorge Lanza, si bien por motivos más relacionados con la entrepierna, acude a otro de los reservados donde ríe y gestiona sus pillerías, negocios y conquistas amorosas.

En este micromundo que es el night club están todos los constituyentes de la sociedad real española del momento: los delincuentes de cuello blanco (Sampedro y Lanza que en su momento entrarán en conflicto); los secuaces de uno y otro jefecillos provenientes las más de las veces, como Nico, de los repletos orfanatos o sacados del hambre habitual como Emilio (en este grupo de secuaces habría que incluir al Ruso, un sicario sin escrúpulos a las órdenes de Sampedro, y también a Armando Mosquera 'el Tuerto', ejemplo de adaptación al medio: delincuente y asesino, chequista en el Madrid asediado y en el franquista colaborador de los nuevos empresarios como es Jorge Lanza); las pobres chicas que para salir adelante ellas mismas y ayudar a sus familias se convierten en deseadas artistas en la noche madrileña (es el caso de Asia Luján, la cantante del Dixie, que cada noche al abandonar el local de la plaza del Carmen y cambiar su lujoso vestuario vuelve a ser quien es en verdad; Rosita Muñoz, la honesta chica que vive por la zona de Legazpi)… En medio de toda esta fauna variopinta hay un árbitro, una autoridad, que cual camaleón hace creer a unos y a otros que su función sólo es la de estar a su servicio, si bien según avanza la historia veremos que no es tan tonto el comisario Gante como Sampedro y Lanza pensaban.

La novela, por el asunto, es una novela negra que muestra los bajos fondos de la sociedad, la corrupción de quienes debían de vigilar que no se cometiesen delitos, la vida real de la España de esta  segunda mitad de los años 40 llena de hambre, de cartillas de racionamiento de distintos tipos, de falsificaciones, de estraperlo, de palizas, de crímenes, de deseos reprimidos, de abusos de todo tipo... Al tiempo que la trama es soportada por personajes de ficción, éstos corretean por un Madrid real, histórico, un Madrid nocturno y musical en el que compiten estrellas de la canción española como Lilian de Celis, la bella Otero, Conchita Piquer, Carmen Miranda o María Félix, entre las artistas españolas, y Billie Holiday o Ella Fitzgerald entre las extranjeras. No cabe, en mi opinión, calificar este relato de novela histórica al quedar fuera del mismo los personajes históricos propiamente dichos: se sabe que estamos bajo la férula de Franco y su Dictadura, pero no aparece nombrada ninguna autoridad reconocida ni hay interacción alguna entre personajes históricos y de ficción.

Más bien situaría esta narración dentro del realismo costumbrista que tan buenos frutos siempre ha dado en nuestro país. Aparece el Madrid auténtico de la época, y no sólo en sus calles sino también en los negocios que se abrían en ellas:
“Nico se había presentado hecho un pincel. Durante los días anteriores, había recorrido los alrededores del Dixie preparándose para la cita. Había estado en Galerías Preciados y en la Camisería Vergara, en Los Pequeños Suizos y en la sombrerería Zapater y ahora estaba allí, hecho un dandi con un traje nuevo, una impecable camisa blanca, zapatos de piel y un elegante sombrero con cinta de raso negra” (147, capítulo. 7) 
También para situar el momento concreto en que la acción sucede el autor nos ofrece datos de época. Así por ejemplo dice que esto sucedía cuando en los cines de la avenida de José Antonio (la Gran Vía) se proyectaba “Los últimos de Filipinas” estrenada en España en 1945. También para calibrar el momento exacto podemos recurrir a que se va a iniciar la remodelación del estadio de Chamartín, que tuvo lugar en 1946, o que Quincoces en el momento era el míster del Real Madrid, algo que tuvo lugar en la temporada 1945/46 ("Manolo le daba una y mil vueltas al indiscutible talento de Quincoces, al parecer antes un jugador excepcional y ahora un entrenador que llevaría a la gloria al Real Madrid, y de unos tales Ipiña, Prudente y Barinaga, unos prodigios con el balón según el barbero.",  pág 241). También puede servir para fijar la época la emisión de billetes de 100 ptas. con la efigie de Goya en su dorso, billetes que vieron la luz en 1946.
"Gante se metió la mano en un bolsillo de la chaqueta, sacó un pequeño fajo de billetes y separó de él dos 'goyas', los nuevos billetes de cien pesetas  emitidos con la imagen del pintor." (pág 242)
Madrid años 40, Las coctelerías, Bar Chicote,
Hay mucho de objetivismo en esta novela a pesar de que la narración esté puesta en boca de una primera persona, Emilio 'el Monaguillo'. Esta 1ª persona narrativa es la predominante, si bien muta a una 3ª objetiva en ocasiones. Asimismo esta narración intradiegética cambia o alterna a la 2ª cuando la integra en ella viéndose el narrador como desde fuera de sí mismo:
“Quizá, al principio, cuando viajaban los trenes y cuando descubrí el Dixie y cuando Nico y yo nos hicimos no ya sólo compañeros de correrías sino amigos, habría elegido cualquier color radiante. Un color tan deslumbrante que con solo mirarlo te cegase por completo. Pero ahora ya no estaba tan seguro.”
El que la narración sea en 1ª persona es lo propio en una novela como la que Fernando Benzo ha escrito, una novela picaresca moderna. El tono del género es total en algunos momentos como el siguiente: “Y gracias a aquellas charlas en que se mezclaban por igual mentiras y verdades, también pude yo ir enterándome de quiénes eran los dos personajes más admirados e intrigantes de toda aquella exuberante fauna que llenaba noche tras noche el club Dixie.” (p.89). Cualquiera que conozca nuestra novela del siglo de oro reconocerá aquí al mismísimo Lazarillo de Tormes confesándose a ese 'vuesa merced' transformado aquí en el propio lector. Y por seguir con la analogía lazarillesca, al final del capítulo 11 se ve el paso del Emilio niño al Emilio adulto:
"Aquel fue mi primer pensamiento adulto. Mi primera decisión como hombre y no como niño. Y con aquella decisión quedó para siempre atrás la persona que había sido yo hasta entonces y comenzó la vida de ese otro yo, el adulto, que" […]
Estamos, pues, como en la mayoría de novelas picarescas ante una obra de aprendizaje, una novela de iniciación, un bildungsroman característico.

La novela, en mi opinión, tiene vocación de best seller, de buen best seller, me atrevo a decir. Contribuye a su bondad el ritmo que el autor confiere a la historia, con esos finales de capítulo que incitan a leer y leer, a no poder abandonar la lectura a fin de conocer en qué parará todo. Saber dotar de ritmo a una narración y conseguir captar absolutamente la atención del lector es mérito innegable no al alcance de todos. A esta captación del interés contribuyen dos elementos por encima de otros: el primero es el de un culturalismo literario poco complicado como evidencia el que se haga uso de imágenes lindantes con el tópico para caracterizar a algún personaje; en este nivel estaría el considerar al estraperlista Sampedro de ser un Robin Hood, para unos, y un Scrooge, para otros. Como se ve no se precisa ser muy leído para captar el sentido correcto de estas figuras.

De mayor nivel e interés es el culturalismo musical -en especial jazzístico- que Fernando Benzo demuestra y esparce por el relato. Se ve que domina el asunto y que es un diletante de estos ritmos sorprendentes, sin duda alguna, en una España que en esos años 40 musicalmente hablando estaba más por el cuplé y la copla. Es muy interesante la justificación que para aparecer en el relato realiza el autor:  El jazz lo conoció Giralda en París de mano de su amigo americano James quien siguió la estela de Hemingway, Fitzgerald y Stein. Tras la liberación de París, este James le envía a Giralda con cierta regularidad discos de Louis Armstrong, Tommy Dorsey, Jessie Smith, Count Basie, Duke Ellington, las Andrews Sisters, Cab Calloway, la orquesta de Pérez Prado, Charlie Parker... Y él en su night club procura que su cantante, Asia Luján, entone estos temas tan distintos a lo que se podía escuchar en los tablaos, e incluso en el Pasapoga donde a lo más que se llegaba era al foxtrot o al swing tipo Glenn Miller que aunque ambos derivaban del jazz eran ritmos más admitidos por el gran público que los de los artistas citados antes.

Tiene para el novelista tal interés el mundo musical que muestra en "Las cenizas de la inocencia" que él mismo se ha ocupado de crear en Spotify la playlist de la novela. Es una playlist fantástica, que he oído durante la lectura de la narración y que me ha encantado. La coloco a continuación para que quienes, como a mí, os guste este tipo de música disfrutéis con ella.



Final
Para mí Fernando Benzo ha sido un feliz descubrimiento. La lectura de su novela "Las cenizas de la inocencia" me ha resultado agradable, instructiva y muy entretenida. La historia de Emilio, el chico que se hace mayor a lo largo del relato, es muy creíble, y, además, está escrita con altura literaria sin jamás hacer difícil la intelección de la novela. Momentos destacables en el relato son entre otros los siguientes:
“Cuando era un niño Marita solía decirme que todos los sueños tienen un color [...] Marita tenía sueños rojos y verdes y rosas y amarillos. Los peores eran los sueños grises, que la ponían de lo más melancólica, y los sueños negros ceniza, como los llamaba ella, que le daban un miedo espantoso.” (pág. 200, cap. 9, Emilio recordando su vida de niño junto a su madre).
“Trabajaban para él hasta las ancianas que se solían colocar a la salida de las estaciones de metro para vender por un céntimo a los más desesperados los chuscos, unos repugnantes panes de almorta que amarilleaban y se endurecían hasta quedar como piedras aun antes de haber salido el horno.” (pág. 90, hablando del estraperlo montado por Matías Sampedro])
Paco León, Series de Movistar+, Arde Madrid
"Aún era temprano para que el bar estuviese ya hasta los topes de su clientela habitual, una exótica mezcla de  donjuanes sin fortuna, aristócratas ociosos, políticos en ascenso, crápulas infatigables, chicas de alterne, parejas de amantes clandestinos e imprudentes, toreros pintureros y todo tipo de artistas consagrados o aún por descubrir. A diferencia de los demás locales nocturnos de la avenida de José Antonio, en Chicote no había baile ni actuaciones" (pág. 149). 
Leyendo la anterior descripción de la coctelería Chicote no he podido por menos que recordar la serie televisiva de éxito fulgurante "Arde Madrid" que con acierto y buena mano ha estrenado hace  pocos meses el actor y director Paco León. Está claro que hay olas, tendencias, momentos, en que unos espacios y/o épocas parecen imponerse en la consideración de los creadores. Al respecto pienso que esta novela de Fernando Benzo podría fácilmente verse convertida en imágenes y creo que tendría muy buena acogida entre los seriéfilos.

12 ene 2018

César Pérez Gellida. "Memento mori", la 1ª de las 8

20 comentarios:
"Un mundo manejado por las grandes corporaciones, que son los padres de un sistema económico diseñado para poder dirigir los gobiernos de las potencias y esclavizar al resto de la población. Tú no eres más que un esclavo, pero no lo sabes. Alguien dijo que nadie está más perdidamente esclavizado que los que creen erróneamente ser libres." (Carapocha)
 
Erika Lopategui, Carapocha, Augusto Ledesma
 
Por fin he comenzado a poner orden en el universo Gellida. ¡Ah! ¿Pero estaba desordenado? No, claro que no. El desorden nacía en mí por no haber seguido el orden lector que el propio autor siguió en la escritura de esos ocho títulos que, por ahora, forman su obra narrativa. Sin embargo no estoy descontento conmigo mismo. Sólo ha habido un momento hará cosa de un mes en que mi desorden lector me importunó seriamente llegando a hacérseme prácticamente ininteligible aquello que tenía entre manos. Los que sigáis mi blog quizás lo recordéis; fue durante la lectura de "Konets", la última de sus novelas, que a punto estuve de abandonarla por no entenderla al faltarme elementos que César Pérez Gellida había presentado en novelas anteriores, concretamente en "Khimera", cuya lectura -me dijo, amablemente el propio autor- es necesaria si es que se quiere entender y disfrutar de "Konets".
 
Debo de agradecer a una entusiasta gellidista, Laky / Margarita Gautier del blog "Libros que hay que leer", por haberme incitado a leer todo Gellida. He cedido a su incitación aprovechando el Mes de la Novela Negra que desde su blog ha convocado para este enero y que yo, incondicional del género, he decidido seguir.
 
También cuando realizaba la entrada para "Konets", la última entrega de la octología que acabo de leer, y que "Memento mori" inauguraba, leí que la plataforma Movistar+ estaba rodando, o a punto de iniciar, una serie televisiva a partir de este relato que junto a "Dies irae" y "Consumatum est" forman la trilogía titulada "Versos, canciones y trocitos de carne". Pensé: 'Hombre si una empresa como Telefónica pone los ojos sobre un autor y su producto éste debe de ser ameno, interesante y adictivo. No creo que Movistar+ vaya a arriesgar dinero en algo fallido.'
 
Lo primero que debo aclarar a aquellos que aún no hayan sido abducidos por el universo Gellida es que las dos trilogías admiten ser leídas independientemente la una de la otra. Y otro tanto cabe decir de la bilogía distópica formada por los dos títulos de los que hablo en el primer párrafo de este post. Sí, en efecto, admiten lectura independiente pero conviene ser disciplinados y no alterar el orden lector dentro de cada una de las tres producciones (las dos trilogías y la bilogía). Y, naturalmente, pese a lo que acabo de decir -¡y que mantengo!- el disfrute máximo se alcanza cuando se sigue el orden que el autor ha dado a sus ocho novelas. Y si no, preguntádselo a Laky, gellidista confesa como tantos y tantos otros.
 "Versos, canciones y trocitos de carne", Pérez GellidaYo, por mi parte, y dado que el mal ya estaba hecho, os he de decir que he disfrutado mucho con esta primera de la serie a pesar de conocer ya el futuro de no pocos de los personajes que en ella aparecen. Habrá quiénes digan: '¡pues vaya gracia, si en un thriller ya se conocen cosas que sucederán, la historia pierde interés!'. Sí y no. Si me quedo en lo puramente anecdótico como que sí, pero también es verdad que con esta novela he acabado de comprender aspectos que se me hacían algo cuesta arriba por faltarme alguno que otro dato. En este sentido he disfrutado al poder dar sentido a todo.
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La novela
 
Sinopsis
Septiembre de 2010. Aquella mañana de domingo nada le hacía presagiar al inspector de homicidios de Valladolid Ramiro San­cho que acababa de dar comienzo una pesadilla que lo dejaría marcado para el resto de sus días.
La investigación del asesinato de una joven ecuatoria­na a la que le han mutilado los párpados y cuyo cuer­po han encontrado unos versos amenazantes, ocupa las primeras páginas de esta novela negra narrada con un dinámico y atrevido lenguaje cinematográfico. Sin embargo, el autor nos arrastra por un camino inespe­rado al describir los hechos desde la perspectiva del propio asesino: un sociópata narcisista influenciado por la música más actual y por las grandes obras de la literatura universal.
La evolución frenética de los acontecimientos desem­boca en la intervención de uno de los especialistas más reconocidos en el comportamiento de los ase­sinos en serie. Este complejo triángulo emocional, unido a la intriga que envuelve al siniestro cómplice del asesino, hace que Memento mori se convierta en un profundo thriller de acción con banda sonora que atrapará.

 
Mi comentario
Dado que esta reseña es la cuarta o quinta que realizo de novelas de este autor y que todas ellas forman parte de una octología no voy a demorarme mucho en aspectos que o bien ya he comentado en reseñas anteriores [aquí os dejo por orden los títulos enlazados a mis reseñas de las otras novelas de Gellida que he leído: Trilogía "Refranes, Canciones y Rastros de sangre":  "Sarna con gusto", "Cuchillo de palo", "A grandes males... "; Bilogía distópica formada por los títulos "Khimera" y "Konets" que al haberlas leído juntas las reseñé también juntas] o bien no conviene dar muchas explicaciones sobre algunos personajes o hechos a fin de no echar por tierra el disfrute de esta novela y de las siguientes a futuros lectores. 
 
Al haber leído "Memento mori" después de la resolución de toda la historia he sido consciente de lo que Gellida advierte en la Nota de autor que acompaña a "Konets", su última entrega, donde confiesa que su  método de creación literaria no contempla el desarrollo argumental a largo plazo. Leyendo esta primera entrega de tan extensa serie se ve con claridad que el autor vallisoletano no tenía in mente un desarrollo tan largo y con una deriva tan curiosa como la que toma el relato a partir de "Sarna con gusto", quinta en orden de aparición. No desvelo nada al futuro lector de estas novelas si digo que en "Memento mori" no hay ninguna alusión a la Congregación de los Hombres Puros, línea argumental que crea y desarrolla a lo largo de toda la segunda trilogía. El mismo Gellida en una entrevista a propósito de la salida al mercado de "Cuchillo de palo" hablaba de ello.
 
 
A mí personalmente, como digo en las reseñas de "Cuchillo de palo" y "A grandes males..." esta segunda línea argumental no me agrada mucho pues entra en un territorio mistérico, gótico, que lleva al autor a hacer excesivas aclaraciones, relaciones entre nomenclaturas simbólicas, etc. que -hablo por mí, naturalmente- perturba el placer de lectura. Por eso "Memento mori" e intuyo que los otros dos títulos que forman esta Primera trilogía y que todavía no he leído, al carecer de esta segunda línea argumental, es por ahora la novela que más me ha gustado de todas las leídas de Pérez Gellida.
 
"Dies irae", "Consumatum est", Ramiro Sancho
"Memento mori" es un auténtico thriller, una novela negra con los ingredientes clásicos de la misma: policías corruptos, denuncia socio-política, bajos fondos, cosmopolitismo, erotismo, asesinatos, organización criminal, consumo desaforado de alcohol y tabaco, drogas... Naturalmente no estamos en los años 30 cuando Raymond Chandler y Dashiell Hammett triunfaban con sus magníficos relatos; estamos en el siglo XXI, una época en la que la informática, los smartphones, las redes sociales y en general todo lo que depende y/o surge de Internet como la música que nos acompaña a todas partes tiene una importancia capital en nuestras vidas. Y también en la novela: Augusto Ledesma, protagonista de la misma, es un perfecto conocedor de los entresijos del diseño gráfico por ordenador, vive la mayor parte del tiempo en el ciberespacio y se relaciona con otros que gustan de hackear sistemas de seguridad que se venden como inaccesibles, es un asesino que hace uso del comercio online y que sabe borrar los rastros que sus actividades en la Red dejan. Su antagonista, el inspector Ramiro Sancho, también sabe el momento cronológico que está viviendo, aunque por edad -unos diez o doce años mayor que Augusto Ledesma- la informática no esté en el centro de sus preferencias. Un tercer personaje importantísimo es Armando Lopategui, 'Carapocha', psicólogo criminalista, ex agente del KGB y de la Stasi.
 
Con los mimbres anteriores y el universo de personajes que rodean a cada uno de los tres vértices de esta historia (los compañeros policías de la comisaría vallisoletana de Delicias; los familiares y los amigos informáticos de nombre falso de Augusto Ledesma; y las relaciones familiares y amistosas de Carapocha) teje César Pérez Gellida una novela negra, un vertiginoso thriller policíaco, que sucede en seis meses: del 30 de octubre de 2010 al 22 de marzo de 2011. Como la novela vio la luz en 2013 podemos decir que el tiempo en que se escribe viene a coincidir aproximadamente con el momento en que transcurre la historia. de ahí las referencias puntuales a suceso socio-políticos de esos años (Guardiola, Xavi, Messi...) algunos muy locales como las manifestaciones machistas del alcalde de Valladolid: "El comentario de De la Riva puede que haya sido desafortunado y que se considere un error político, pero las reacciones en los medios afines al Gobierno han sido desmedidas con el único propósito de desacreditarle políticamente". Esta cercanía y concreción localista tan explícita, en mi opinión, no es muy acertada por parte del autor, dado que así el escrito pierde universalidad.
 
Lo que si es evidente es que desde esta primera novela el estilo Gellida está prácticamente ya conformado. Un estilo en el que la música tiene un papel esencial. Los capítulos se intitulan con versos sacados de temas musicales de Bunbury. Naturalmente tal hallazgo me habría sido imposible hacerlo a no ser que fuese fan incondicional del cantante zaragozano, cosa que no soy evidentemente. Es el mismo Gellida quien en la Nota de Autor que incluye al final de la novela  dice textualmente: "Aprovecho estas últimas líneas para pedir sinceras disculpas a Enrique Bunbury por extraer de sus canciones los títulos con los que están nombrados estos capítulos". Y es que "Memento mori" es un "libro con banda sonora", dice el autor allí mismo, y algo antes nos deja el listado de los 21 temas que la forman. Estos 21 temas se pueden escuchar en la propia página del autor [pinchar aquí]. Es tan musical esta novela que no resisto la tentación de incluir en el post cuatro o cinco de sus temas, naturalmente los que a mí más me gustan de dicha lista


 
El humor es otra característica gellidiana y en esta novela aparece en varias ocasiones. Especialmente es significativa su presencia en la relación cordial y amistosa que se establece entre Armando Lopategui y Sancho cuando el primero critica  el excesivo empleo de refranes que hace el inspector, cual si de la pareja don Quijote-Sancho se tratase.
 
También ya en esta novela está presente el gusto por el empleo en algunos momentos de un vocabulario técnico especializado. Fundamentalmente se da este empleo en el ámbito de la medicina ("el mecanismo de la muerte fue anoxia anóxica. La leve cianosis facial y la equimosis puntiforme que se aprecia en el rostro no dejan lugar a dudas."), del fumador de puros ("un habano de calibre mediano pero de buen cepo, una vitola de galera entre la corona y el robusto") y con muchísima más frecuencia del ámbito informático en el que los anglicismos destacan sobremanera ('newby', 'lammer', 'hacking', 'troyano', 'cracker', etc.)
 
Visitas literarias, Valladolid, Pérez GellidaEl cosmopolitismo característico de la novela negra clásica también se percibe en ésta. Pero es la localización del suceso en una ciudad pequeña, incluso provinciana como es Valladolid lo que dota a la novela de una originalidad más que interesante. Que aparezcan localidades castellano leonesas como la geografía urbana de Pucela [por cierto, según estoy escribiendo esta reseña me entero de que el Ayuntamiento de la capital castellano-leonesa ha montado una Ruta guiada teatralizada por la ciudad siguiendo los pasos de de los personajes de este relato. Se inaugura el próximo 20 de enero y por ahora está previsto ofrecerla hasta el día 18 de marzo] o algunos pueblos zamoranos no impide que el relato especialmente en boca de Carapocha nos haga viajar a los Balcanes, Moscú, Berlín, Sudáfrica, Nueva York y otras ciudades que en futuras entregas de la serie tendrán una mayor participación.

Es una novela que contiene abundantes referencias culturales y metaliterarias dentro de ella. Son alusiones en general al alcance de la mayoría de los lectores (La 'Ilíada', el 'Ulises' de James Joyce, la 'Metamorfosis' de Kafka, 'Moby Dick' de Melville...). Sólo al final del relato se citan otros autores menos populares (Italo Svevo, Umberto Saba...) quizás como un anticipo del mayor nivel que tendrán próximas entregas.

Final
La facilidad para el lector del culturalismo (literario, musical, fílmico...) unido al endiablado ritmo de la narración y a los giros en la misma tan característicos en el autor, explica el indudable éxito de estas novelas de César Pérez Gellida, uno de los recientes escritores de best sellers español.