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8 jun 2024

Un caballero en Moscú de Amor Towles

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Novela histórica,Revolución soviética
Mi excelente amiga y bloguera, Rosa Berros Canuria, me dejó en el comentario que escribió a mi reseña de "El mago del Kremlin" de Giuliano da Empoli un mensaje que textualmente decía: «acabo de leer Un caballero en Moscú que no tiene nada que ver con este, más que el hecho de estar ambientado en Moscú, si bien lo está entre los años 1922 y 1954. El autor, Amor Towles, es estadounidense. Eso también puede ser una coincidencia, alguien extranjero que se sumerge en las costumbres y la forma de vida rusas. Te lo recomiendo si no lo has leído.»
Como veis su recomendación no cayó en saco roto. He leído la novela y me ha gustado, quizás algo menos de lo que presuponía, pero sí que es una obra que se lee bien y que muestra la evolución de un ser humano en un contexto muy complicado, lo buena persona que él es, su sabiduría en todos los aspectos de la vida (literatura, saber estar, música, relaciones humanas y adaptación a las circunstancias cambiantes de la vida)...

El autor realiza una crítica tranquila y sosegada del sistema soviético, en especial de la época estalinista. Muestra con ironía y humor las colas, la escasez, el fracaso de los planes quinquenales, la estupidez derivada de un igualitarismo excedido y excesivo, la destrucción de obras de arte del pasado por el mero hecho de haber sido realizadas por una clase dominante, etc., etc. Por contra, el aire fresco Amor Towles parece referirlo, dejando a un lado, claro, los afectos humanos, al sistema americano, a los EEUU: los periodistas norteamericanos son agradables, simpáticos y con ellos el protagonista puede hablar de cualquier cosa, los empresarios estadounidenses que quieren introducir sus negocios en la URSS sufrirán por la dejadez y falta de estímulos de los funcionarios soviéticos que deben aprobárselos, los agregados de la embajada americana es personal amigable, etc.

Como no podía ser de otra manera toda la novela gira en torno al caballero del título, el conde Aleksandr Ilich Rostov, protagonista del relato que, residente en el hotel Metropol de Moscú desde su regreso de París en 1918, un día de 1922 recibe la visita de funcionarios policiales que lo conducen a un juicio sumarísimo por ser miembro de la aristocracia del zarismo derrocado en la Revolución de Octubre de 1917. Su destino probable es el paredón por contrarrevolucionario. Afortunadamente esquiva el fusilamiento por un poema prerrevolucionario atribuido a él titulado "¿Qué ha sido de él?". Es este poema, muy jaleado durante los años que precedieron a la revolución de octubre, lo que librará a Rostov del ajusticiamiento. A cambio, por el mero hecho de pertenecer a la casta de la aristocracia será condenado a permanecer indefinidamente en su domicilio sin poder pisar jamás la calle. Dado que el conde Rostov llevaba cuatro años viviendo en el Hotel Metropol será este el lugar de su confinamiento. 

Diríase que Aleksandr Ilich ha sido afortunado. Sí y no tanto. Sí, porque su encierro no admite parangón con la perspectiva de la muerte, claro; no, porque será desalojado de la lujosa suite que ocupaba para ubicarlo en las dependencias que durante el zarismo destinaba el hotel para la servidumbre que acompañaba a nobles y funcionarios zaristas que se alojaban en él. Allí, en  una habitación abuhardillada de no más de siete metros cuadrados, Rostov deberá colocar las pocas posesiones que le permiten conservar en su poder: el retrato de su fallecida hermana Helena, el escritorio del Gran Duque Demidov, el reloj de dos repiques de su padre, dos botellas de coñac, los gemelos de teatro de su abuela, algunos libros como los Ensayos de Montaigne de la biblioteca de su abuelo... Poco más. Afortunadamente, un caballero, como el protagonista de la novela de Amor Towles, sabe conformarse
«Comprendiendo que un hombre debe dominar sus circunstancias para que éstas no lo dominen a él, el conde pensó que valía la pena plantearse cuál era la mejor manera de conseguir su objetivo, tras haber sido condenado a un confinamiento de por vida.»
El conde Rostov vive bastante feliz en el Metropol. Es un hombre muy bien considerado por los empleados del hotel desde el botones Petia hasta el director Josef Halecki («uno de esos raros ejecutivos que habían llegado a dominar el secreto arte de delegar [...] que curiosamente, encima de su mesa no había ni un solo papel; que su teléfono casi nunca sonaba; que junto a una de las paredes había una tumbona de color burdeos con cojines aplastados»). Y entre ambos toda una serie de personajes importantes como Andréi, el maître del restaurante «con su porte impecable y sus manos largas y juiciosas»; Vasili, el inimitable conserje del hotel;  Marina, «recientemente ascendida de camarera a costurera»; Arkadi, el recepcionista del hotel; Tania, la encargada del guardarropa; Emile Zhukovski, el chef de la cocina; Audrius, «el barman del Chaliapin, un lituano de perilla rubia y sonrisa fácil», Abram, el anciano empleado de mantenimiento con el que el conde mantiene profundas conversaciones en la azotea del edificio...

Al staff del hotel, central en este relato, hay que añadir otros personajes, femeninos y masculinos, muy importantes en la trama. El primero es naturalmente Nina Kulikova, una niña de nueve años muy despierta, inteligente y avispada, que se hace amiga del conde al que enseñará todos los secretos del hotel; otro personaje femenino de la mayor importancia es la actriz Anna Urbanová, exitosa estrella de la época muda del séptimo arte que verá declinar su prestigio según que el cine hablado se vaya imponiendo.  Ambas mujeres serán muy importantes para Aleksandr Ilich Rostov: la primera, pasado el tiempo y convertida en una bolchevique idealista de libro, le dejará un regalito en forma de personita de cinco años llamada Sofía que con los años el propio Sasha (así llamaban familiarmente al conde Rostov) tendrá por su propia hija; la otra, la Urbanová es una mujer libre e independiente con la que el conde mantiene relaciones periódicas. 

De los masculinos habría que citar a los norteamericanos agregados de la embajada estadounidense que visitan el bar del Metropol con asiduidad. Destaca el capitán Richard Vanderwhile con el que Rostov hará muy buena amistad; también está un comerciante que se las ve y se las desea para introducir productos en la URSS. De entre los rusos no podemos olvida a Víktor Stepánovich, profesor de piano de Sofía y amigo de Rostov;  en la resolución de la trama la música y este profesor intervendrán activamente. Y si la música marca en parte el desenlace de Un caballero en Moscú, es la poesía, la que, como ya se ha visto, provocó el encierro de Aleksandr Ilich en el Metropol evitándole la muerte. Próximo, muy próximo a la creación poética y literaria en general, está Mishka, amigo de Rostov desde su época universitaria. Mishka es un idealista que se resiste a eliminar de una publicación realizada por él una velada referencia a que en Occidente había algunos panes mejores que los rusos. Esta nimiedad le ocasionará serios problemas.

En la novela hay, como se adivina por lo dicho, muchas referencias a la música y a la literatura. Las musicales tienen por protagonista al príncipe Nikolai, al profesor Stepánovich y a Sofía, quien triunfará internacionalmente gracias a las dotes que demuestra tener al piano: los Nocturnos de Chopin, los Conciertos de Brandeburgo de Bach, la Sonata para piano n.º 1 en do mayor de Mozart, o el Concierto para piano n.º 2 de Rachmáninov son, entre otras muchas creaciones e intérpretes, mencionados por Amor Towles en la novela. 
De la misma manera, pero referidas en este caso a la literatura, Mishka y el propio Rostov mantienen no pocas conversaciones cuyo centro es la misma. Algunas están referidas a la esperanza, truncada posteriormente, que la revolución supuso en no pocos artistas como Maiakovski
«Mishka se dirigió a la Casa Central de Escritores, pasó por delante de la estatua de Gorki donde antaño se había erigido la pensativa estatua de Gogol
 [...]
en 1934 Stalin convenció a Gógol, que se había instalado en Italia, para que regresara a Rusia, y le ofreció la mansión de Riabushinski, desde donde podría presidir la consagración del Realismo Socialista como único estilo artístico de todo el pueblo ruso. «¿Y cuál ha sido la consecuencia?», le preguntó Mishka a la estatua. Todo se había echado a perder. Bulgákov llevaba años sin escribir ni una sola palabra. Ajmátova había abandonado la pluma. A Mandelstam, que ya había cumplido su condena, habían vuelto a detenerlo. ¿Y Maiakovski? ¡Ah, Maiakovski»
Tiene la literatura, y no sólo la rusa, significación especial en Un caballero en Moscú. Desde el principio notamos ya su importancia en esos Ensayos de Montaigne que Rostov salva de su suite y que luego Nina y la misma Sofía leerán con mucha atención. Pero en general a lo largo de toda la narración el autor hace uso frecuente de imágenes y analogías entre la realidad y la ficción literaria:
«En la isla de Creta, Teseo tuvo a su Ariadna con su mágico carrete de hilo para salir sano y salvo de la guarida del minotauro. Por las cavernas donde habitan sombras espectrales, Ulises tuvo a su Tiresias, del mismo modo que Dante tuvo a su Virgilio. Y en el Hotel Metropol, el conde Aleksandr Ilich Rostov tenía a una niña de nueve años llamada Nina Kulikova»
Por último no quiero dejar sin destacar la peculiar manera que tiene el narrador de ir explicando el quehacer literario que la realización del relato que cuenta le está suponiendo. La metaliteratura hace acto de presencia no pocas veces en la  novela a través de las llamadas que el narrador hace a los lectores a quienes se dirige. Es este dirigirse a los narratarios procedimiento característico y frecuente entre los novelistas del XIX e incluso antes en los creadores de cuentos maravillosos dirigidos a niños:
  • «una vez aclarado que no es necesario que os molestéis en recordar el nombre del príncipe Petrov, debería comentar que, pese a la breve aparición del individuo de cara redonda y con entradas del próximo capítulo, a él sí deberíais conservarlo en la memoria, ya que años más tarde tendrá un papel muy importante en el desenlace de esta historia.»
  • «Pero. . . Un momento. Nos estamos adelantando a los acontecimientos.»
  • «Al leer esto, quizá estéis tentados de preguntar, con cierta ironía, si el conde Rostov, que se jactaba de ser una persona con dignidad, se permitía escuchar las conversaciones privadas de los comensales. Pero vuestra pregunta, como vuestra ironía, estarían fuera de lugar. Porque, como sucede con los mejores sirvientes, los camareros competentes tienen que oír lo que se dice a su alrededor.»

También el humor aparece en no pocas ocasiones. Unas veces Amor Towles lo hace flirteando con el propio quehacer literario:
«Es que hay otro suceso que todavía no he relatado: mañana hará diez años que, mientras yo estaba en París dejando pasar el tiempo, mi hermana falleció. 
—¿Murió... de pena? 
—Las jóvenes sólo mueren de pena en las novelas, Charles. Murió de escarlatina.»
Pero el humor, a veces convertido en sarcasmo y casi siempre en formato irónico, se centra sobre todo en la crítica del sistema soviético. Que el pobre Mishka padeciera persecución por su opinión sobre la inferioridad del pan ruso frente a alguno realizado en occidente ya es de por sí muestra de humor trágico. Pero estás abundan por doquier:
«Así que, a la manera de aquel que en el Génesis ordenaba «Hágase esto» o «Hágase lo otro» y se hacía, cuando Soso [Stalin] declaró: «La vida ha mejorado, camaradas», la vida. . . ¡mejoró!» 
«Los bolcheviques no sólo trataban la misma clase de temas un día tras otro, sino que además manejaban unas opiniones tan reducidas con un vocabulario tan limitado que, inevitablemente, tenías la sensación de haberlo leído todo antes. Hasta que llegó al quinto artículo, el conde no se dio cuenta de que, de hecho, ya lo había leído todo antes.»

También existe humor blanco, quiero decir, sin referencias políticas o de escasa entidad de haberlas. Este tipo de humor a mí me encanta:

«He visto a taxistas relacionándose con comisarios y a obispos con estraperlistas; y, como mínimo en una ocasión, he visto cómo una joven conseguía hacer cambiar de opinión a un anciano.»

URSS,Rusia,Stalin
Finalizo señalando un recurso en esta narración que ha llamado mucho mi atención. Me refiero a una serie de notas a pie de página que aparecen en algunos momentos de la narración; en ellas el propio narrador se explaya sobre algún aspecto del propio relato de ficción que está escribiendo. Con este recurso parece querer dar aspecto de realidad comprobable a la pura ficción que la novela es. En estas notas, a veces se introducen verdaderos datos históricos que refuerzan la crítica al sistema soviético que en el fondo realiza el autor de este libro. Un ejemplo de esto es la referencia que en nota aparte hace el narrador cuando Nina, voluntaria e idealistamente, contribuye a la colectivización de las producciones agrícolas. Tras arrebatárselas a los kulaks (propietarios que eran quienes sabían trabajarlas) las tierras bajaban continuamente su producción y la hambruna se extendió de modo imparable. Para evitar que se conociera este estado de cosas «los campesinos tenían prohibido entrar en las ciudades y los periodistas de las ciudades tenían prohibido ir al campo; se suspendió el reparto de correo privado y se taparon las ventanas de los trenes de pasajeros.»

Ya lo he dicho al principio, la novela me ha agradado mucho. Es una novela distinta, crítica, histórica, con toques de humor, con variadas referencias culturalistas, que muestra la producción de un relato haciéndose, con variadas referencias metaliterarias... Una novela en la que la literatura sale reforzada por encima de todo.

Tras finalizarla, me he enterado de que existe versión televisiva de la novela. He visto dos entregas de las seis o siete que forman la serie y diré que me parece muy fiel al relato novelesco. Sin embargo creo que la novela es muy superior a la versión fílmica o al menos así me lo ha parecido a mí hasta el momento.

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Nota.- Con Un caballero en Moscú de Amor Towles cumplimento la letra T del Reto 'Autores de la A a la Z'

15 abr 2024

El mago del Kremlin. Giuliano da Empoli

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Giuliano da Empoli, periodistas escritores

El mago del Kremlin del escritor, periodista y asesor durante un tiempo de Matteo Renzi, Giuliano da Empoli, cayó en mis manos gracias a la recomendación de Guida, amiga con la que comparto Tertulia Literaria. El título lo puso ella sobre la mesa cuando al final de la reunión del mes de marzo buscábamos lectura para abril. ¿Por qué no El mago del Kremlin?, dijo. Tras comunicarnos la tremolina que en los medios literarios franceses produjo su aparición en 2022 (Gran Premio de Novela de la Academia Francesa, Premio Honoré de Balzac, además de finalista en la edición  del Premio Goncourt de ese año), la tertuliana amiga expuso muy por encima de qué iba el libro: El autor entrevista en forma novelada a Vadim Baranov, nombre inventado inspirado en Vladislav Surkov, uno de los asesores más cercanos a Putin en las últimas décadas, gran ideólogo del Kremlin desde que este llegó al poder en 1999 y que finalmente perdió su confianza y fue destituido en 2020. 

Con esta sucinta información abordé el libro. Me atrapó desde la primera página. Aunque Giuliano da Empoli insiste en un primer momento en el carácter ficticio de ésta su primera novela, es evidente que la inspiración en ese personaje auténtico más la aparición en la misma de un buen número de protagonistas de la vida real rusa durante los últimos tiempos (Boris Berezovski, Mijail Jodorkovski, Alexander Zaldostánov, Eduard Limónov, Yevgueni Prigozhin, Boris Yeltsin, Mijail Gorbachov...), así como la infinidad de hechos y sucedidos reconocibles, hacen que en mi opinión esta narración pertenezca al género del Nuevo Periodismo. Según la leía no podía evitar acordarme de otros libros escritos por periodistas que muestran, o bien los resultados de una investigación periodística (El motel del voyeur de Gay Talese, por ejemplo), o bien la realización de un reportaje periodístico sobre un suceso (A sangre fría de Truman Capote, autor considerado el creador de este género narrativo), o bien las varias que de Emanuel Carrère he leído (Limónov, El Reino y Una novela rusa). De hecho, las intervenciones que Giuliano da Empoli hace en el relato me han tentado en varios momentos a incluir este libro en el apartado de las novelas de autoficción, algo a lo que me resisto al no ser el autor protagonista principal de la misma, lo que sí sucede en la mayoría de las escritas por Carrère.

Pero la anterior disquisición taxonómica sobre literatura no es lo central en este libro. Esta novela del periodista italiano tiene muchas cosas destacables. Una, y no menor, es la de que un italiano escriba en francés una historia sobre Rusia; cuando menos es curioso, ¿no? Otra es que tratándose de una primera novela esté tan bien confeccionada y se lea con agrado. Pero la esencial, al menos para mí, es la profundidad con la que Da Empoli penetra y muestra los entresijos del poder. El contexto es la Rusia de Vladimir Putin, cierto, pero, al igual que consiguió Maquiavelo con "El Príncipe", el autor logra poner al desnudo la maquinaria de la que se valen los poderosos para alcanzar, estar y mantenerse en el poder. Maquiavelo centró su ensayo político en la figura de Fernando el Católico, pero exclusivamente como ejemplo máximo de monarca;  Da Empoli se centra en Vladimir Putin como modelo de cualquier otro tipo de autócrata actual, independientemente del país al que pertenezca. 

Conocer de primera mano la visión que de las relaciones internacionales tienen los rusos de hoy es algo interesantísimo que saco de esta lectura. El mago Vadim Baranov, llamado por algunos durante los quince años que fue consejero el "Rasputín" de Putin, es un hombre muy inteligente procedente de una familia de gran cultura y acendrada sabiduría. Su abuelo, aunque partidario del zarismo, sabio como era, supo apartarse de las veleidades políticas cuando los bolcheviques se hicieron con el poder, con lo que logró no ser molestado por ellos. Seguiría luego el padre, funcionario del partido comunista durante el régimen soviético, con el que el protagonista tendría más de una diferencia, pero que le sirvió para conocer los entresijos de la nomenclatura soviética. Es del abuelo y de su inmensa biblioteca de quien Baranov ha sacado su pericia, su saber estar y su sabia distancia respecto del poder. Precisamente es este distanciamiento el que paradójicamente lo condenará y lo salvará de perecer en las llamas que devoraron a otros de su misma quinta como Berezovski o Jodorkovski, quienes con la desaparición del comunismo se echaron decididamente en brazos del capitalismo desaforado que ocurrió durante la época de Boris Yeltsin. Su condición de oligarcas será la que ocasionará su caída en desgracia y en algunas ocasiones su muerte "accidental". Vadim Baranov (Vladislav Sourkov) sabe lo que debe de hacer para mantener la independencia de criterio
«Mientras el líder carece de distancia de lo que hace porque está en el fragor de la batalla, el auténtico consejero mantiene la distancia, participa y a la vez observa, está dentro y fuera. Como decía Maquiavelo, deben conocer las cosas con perspectiva» 
y para no perecer el buen consejero no debe albergar deseos de poder:
«Es cierto que alrededor de los poderosos siempre hay personas que piensan en ocupar su puesto. Pero el auténtico asesor pertenece a una raza totalmente diferente de la del poderoso. En realidad es un vago. Murmuradas al oído del príncipe, sus palabras producen el máximo impacto sin tener que pasar por la agobiante fatiga de medrar.»
También, como hará el personaje de El mago del Kremlin debe saber encontrar el momento adecuado para abandonar el cargo. Así lo hace el personaje logrando que el Zar (Vladimir Putin) no vea mal que este asesor tan inteligente, pero tan poco apegado al poder personal se aleje de él. 

Giuliano da Empoli construye su novela utilizando varias referencias culturales muy importantes. En primer lugar la localización del antiguo asesor que vive oculto de la vida pública rusa la presenta como producto del azar en parte. Estudioso como era el italiano del escritor ruso Yevgueni Zamiatin, que en 1921 escribió un libro  titulado Nosotros que no vería la luz hasta 1927 fuera de Rusia, Giuliano da Empoli consigue permiso de su periódico para ir hasta Moscú con la disculpa de buscar documentación sobre el autor. Nosotros, libro considerado iniciador del género distópico, levantó fuerte polvareda en Rusia cuando se publicó por lo que fue prohibido hasta 1988.  Ya en Moscú, el escritor comienza a seguir en las Redes Sociales a un usuario que firma como Nicolas Brandeis. Un día Brandeis publica una frase de Zamiatin a la que Da Empoli responde con otra sacada de Nosotros. Al poco el tal Brandeis, un posible apodo de El mago del Kremlin al que el periodista seguía la pista le contacta y le ofrece un encuentro. Así es como, a través de un autor distópico, se pondrán en relación personal los dos protagonistas de la novela. En realidad, el futuro distópico entrevisto en el régimen estaliniano y denunciado por Zamiatin en 1921 se estaba produciendo en el momento actual, casi 100 años después. 
«Zamiatin se convirtió en mi obsesión. Me parecía ver en su obra una concentración de todas las cuestiones de nuestra época. Nosotros no describía sólo la Unión Soviética [...] Zamiatin era un oráculo, no se dirigía únicamente a Stalin: señalaba a todos los dictadores venideros, de los oligarcas de Silicon Valley a los mandarines del partido único chino.»
A esta importante referencia literaria vienen a unirse otras de igual o semejante calado. Quizás la principal sea la que hace a Viaje a Rusia, libro que el francés Marqués de Custine escribió a propósito de la visita que en 1839 hizo a ese país invitado por el mismísimo Zar al casamiento de su hija. La descripción que hace de Rusia, en especial del alma rusa, a grandes rasgos permanece indeleble hasta nuestros días, según la apreciación de Baranov. Es un libro que el mago del Kremlin conoció gracias a su abuelo, quien lo detestaba al tiempo que le fascinaba. Las afirmaciones de Custine son aplicables, le decía, a la Rusia de hoy:
  • «Por grande que sea este Imperio, no es más que una enorme prisión y es el emperador el guardián que tiene las llaves, pero los guardianes no viven mucho mejor que los prisioneros.»
  • «Los rusos tienden mucho menos a ser civilizados que a hacer creer que lo son»

Estos apoyos literarios le sirven al Mago para entre otras muchos argumentos justificar la consideración que el Zar actual (Vladimir Putin) tiene entre los rusos.  Evidentemente hay diferencias palmarias de lo que era Rusia hace 200 años a hoy, en especial las referidas a los guardianes quienes, sin duda alguna, hoy sí que viven mucho mejor que los prisioneros. Pero lo importante es observar cómo el espíritu, el alma del país en líneas generales -siempre, ya digo, según Vadim Baranov- se mantiene. A su juicio los rusos tras la glásnost y la perestroika de Gorbachov y la liberalización absoluta llevada a cabo por Yeltsin sintieron nostalgia del pasado soviético en que al menos no pasaban hambre. Es así, con razonamientos semejantes que Vadim Baranov se ganó el puesto de asesor de Putin:

«El imaginario de la sociedad rusa, de cualquier sociedad en realidad, se articula sobre dos dimensiones. El eje horizontal corresponde a la cercanía a lo cotidiano, y el vertical a la autoridad. En estos últimos años, la política rusa se ha representado por entero en el primer eje, el horizontal, porque esa dimensión era desconocida casi completamente en tiempos de la URSS: la han hecho tanto Gorbachov, que se paraba para hablar con la gente, algo que ningún líder soviético habría hecho jamás, como Yeltsin, quien algunas veces parecía más bien un compañero de borrachera que un jefe de Estado. [...] Para poder trazar una perspectiva, es preciso elevarse nuevamente. Todos los datos de que disponemos nos dicen que los rusos abrigan hoy un deseo de verticalidad, es decir, de autoridad.»

Vladislav Sourkov (Vadim Baranov, el mago del Kremlin), actor de teatro y televisión y antiguo alumno de la Academia de Arte Dramático de Moscú, se convirtió en asesor de Putin. Conocedor del mundo televisivo magnificó el espectáculo político antes de dimitir en 2020 («Convertir mi experiencia teatral en una carrera de productor de televisión fue como pasar del carruaje a vapor a un Lamborghini»). Hacía una televisión vulgar («Los estadounidenses no tenían nada que enseñarnos, de hecho éramos nosotros quienes ampliábamos las fronteras del trash.»), pero en medio de esa zafiedad descubrió el alma rusa de siempre. Cuando en un programa solicitaron a los espectadores los nombres de los héroes y grandes personajes rusos frente a lo esperado

«[...] los nombres de las grandes mentes: Tolstói, Pushkin, Andréi Rubliov o yo qué sé, un cantante o un actor, como ocurría donde ustedes, ¿qué nos dieron los espectadores, la masa informe del pueblo habituada a inclinarse sumisa y bajar la mirada? Sólo nombres de dictadores. Sus héroes, los fundadores de la patria, coincidían con la lista de autócratas sanguinarios: Iván el Terrible, Pedro el Grande, Lenin, Stalin.»
A este conocimiento sobre los habitantes del país vino a añadirse el sentimiento también inmemorial de acoso por parte de los países que lo rodeaban, de Occidente en general. Saber por propia boca de los rusos actuales la opinión que tienen sobre nosotros los occidentales me ha parecido interesante por demás. Que me parezca interesante no equivale, naturalmente, a que coincida en todo con ellos; pero sí que puedo afirmar con rotundidad que este libro ha conseguido abrir mi mente algo más. 

Sobre Ucrania y la postura intervencionista de Rusia (hoy ya invasión y guerra declarada)  me parece interesante la visión que Baranov comunica a su entrevistador:
«Sostenidos por los norteamericanos, los rebeldes se negaron a reconocer el resultado de las elecciones y ocuparon la plaza principal de Kiev con sus cánticos, sus lazos naranjas, sus alegres eslóganes prooccidentales. De la mañana a la noche, comisiones de observadores internacionales, delegaciones del Congreso de Estados Unidos y misiones diplomáticas de la Unión Europea aparecieron por allí saliendo de la nada: todos coincidían en juzgar ilegítimo el resultado de las elecciones ganadas por el candidato prorruso. Había habido votaciones apenas recientemente en Afganistán y en Irak, con las bombas explotando en las calles y las tropas estadounidenses ocupando los lugares de votación, pero en esos países, naturalmente, no había habido ningún problema, todo se había desarrollado con regularidad. En cambio, en Ucrania era todo lo contrario. Había que volver a votar porque el resultado no era el conveniente. Entonces, el Gobierno ucraniano se vio obligado a convocar nuevas elecciones y, esa vez, el candidato pronorteamericano ganó, un candidato que quería meter a Ucrania en la OTAN. Ucrania —la patria de Jrushchov y de Brézhnev, la base de nuestra flota militar—, ¡en la OTAN!»
Un líder populista: Putin
Ya voy acabando. Acabo no porque el libro no dé para más, sino porque es tanto lo que contiene que en algún momento, tratándose tan sólo de una reseña, conviene parar. Pero antes no quiero dejar sin tocar algo que en la actual guerra de Ucrania ha llamado mucho mi atención y que en parte El mago del Kremlin ha venido a aclararme. Me refiero a ese consenso y seguimiento bastante mayoritario que la población rusa, también los jóvenes, mantiene en cuestiones como la invasión. Baranov cuenta que él desde que comenzó a plantearse el asunto de Crimea y del Donbás hizo todo lo necesario para que agrupaciones de todo tipo constituidas mayoritariamente por jóvenes se convirtiesen en agrupaciones patrióticas. Algunas, como el Partido Nacional Bolchevique de Eduard Limónov, se las encontró ya plenamente constituidas y sólo tuvo que manipular lo justo (encarcelar a Limónov) para encauzarlas en la dirección correcta, o sea, la de apoyo a la política de Putin. Otras, como los Lobos Nocturnos de Alexander Zaldostánov, rebeldes moteros, las atrajo con el oropel que el poder siempre desprende. El mago Baranov sabe mucho de espectáculo y sabe cómo convencer con las palabras y el escenario adecuado:
«He podido constatar varias veces que los rebeldes más radicales se podrían contar entre los individuos más sensibles a la pompa del poder. 
[...]
➖Estos últimos años he seguido tus actividades y he de decirte que estoy muy impresionado, Alexander. Sois increíbles. Cogéis a esos jóvenes y les dais un hogar, una disciplina. Transformáis a esos vagabundos a la deriva en soldados, en personas capaces de llevar a cabo acciones extraordinarias. [...] Tú los comprendes. Sabes lo que quieren. Sabes cómo hablarles y qué decirles. Puedes ser su guía para que no caigan en la trampa de los norteamericanos. Puedes conducirlos hacia los verdaderos valores. La Patria. La Fe. [...] No estarás solo, Alexander. Detrás de ti estará el Zar, que te protegerá. Él no es como nosotros, aquí en el Kremlin. No es un burócrata encorbatado. El Zar es como vosotros. Pertenece a la raza de los conquistadores. [...] ¿No ha sido él quien ha vuelto a poner a Rusia en pie? ¿Por qué crees que los norteamericanos quieren librarse de él?»


 

En conclusión
Giuliano da Empoli, aunque acabó de escribir El mago del Kremlin en 2021 supo "adivinar" o "anticipar" la invasión de Ucrania del año siguiente, que Putin tenía en su mente, gracias a su profundo conocimiento sobre el pasado ruso. No sólo el histórico pasado imperial zarista de todas las Rusias, sino el mucho más reciente de la desovietización realizada bajo los mandatos de Gorbachov y Yeltsin.
«A comienzos de los años noventa, Gorbachov y Yeltsin habían hecho la revolución, pero al día siguiente la gran mayoría de los rusos se había despertado en un mundo irreconocible para ellos, en el que no sabían ni cómo vivir. Antes del hundimiento del sueño americano o del europeo, tuvo lugar el hundimiento del sueño soviético. Entre ustedes, nadie se dio cuenta porque les parecía algo imposible que un sueño estuviera hecho de cosas tan pobres y grises: una profesión de funcionario o profesor respetada, un pequeño Lada Zhiguli, una dacha con su huerto, vacaciones en Sochi o, de tarde en tarde, en Varna, remojando las piernas en el mar Negro y la perspectiva de una buena parrillada entre amigos. Y, sin embargo, ese modelo tenía su fuerza y su dignidad. Sus héroes eran el soldado y el maestro de escuela, el camionero y el infatigable obrero, a quienes estaban siempre dedicados los carteles en las calles y en las estaciones de metro. En pocos meses, todo eso se desbarató. Los nuevos héroes, los banqueros y las top models impusieron su dominio y los principios sobre los que estaba fundada la existencia de los trescientos millones de habitantes de la URSS se vinieron abajo. Los rusos habían crecido en una patria y se hallaban de pronto viviendo en un supermercado.»

 

Premio Goncourt 2022, Premio Honoré de Balzac
En una entrevista reciente que le hicieron al autor  en España con motivo de la publicación de El mago del Kremlin, Da Empoli habló de la distancia de todo tipo existente entre Putin y Baranov:
  • «Mientras Putin es un hombre premoderno que no tiene redes sociales, un señor de la guerra capaz de mandar a miles de jóvenes a morir en el frente, Baranov es un personaje posmoderno que domina la comunicación y se dedica a orquestar un teatro de luces y sombras»
  • «En las personas con poder se activan menos las partes del cerebro que regulan la empatía. Putin lleva dirigiendo el país 23 años. Eso le ha llevado al aislamiento, a una rutina diaria, y ha hecho que su más fiel consejero, el único del que puede fiarse, sea su perro.»

 En nuestro país El mago del Kremlin obtuvo el Goncourt español del año 2022. El jurado definió la obra como «la gran novela de la Rusia contemporánea» que «desvela los entresijos de la era Putin y ofrece «una sublime reflexión sobre el poder». Totalmente de acuerdo.

 

13 may 2022

Vicente Vallés y su primera novela: "Operación Kazán"

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«—Pero vosotros, los soviéticos, aguantaréis. Sois más fuertes que nosotros, porque aquí estamos en primera línea frente a Occidente y podemos caer en cualquier momento. Sin embargo, Rusia siempre se ha mantenido erguida. Venció a Napoleón y venció a Hitler. También venceréis ahora.»

«La Unión Soviética tiene un Ejército imbatible y armas nucleares para enfrentarse a Estados Unidos. Y, además, tenéis el KGB. Estáis en todos los sitios. ¡Vuestros agentes, tus compañeros, están incluso en el Congreso de Washington!»

Premio Primavera de Novela 2022
Creo que con esta novela daré por finalizado mi paseo literario por Rusia. Lo comencé el pasado mes de febrero cuando la Federación de Rusia inició maniobras en los aledaños de Ucrania y los analistas más avezados hablaban de posible invasión aunque pocos lo creímos. Pero la hubo, y la sigue habiendo, y no sabemos si parará aquí o se extenderá a otros países. Desde luego las últimas noticias -Finlandia acaba de solicitar su entrada en la OTAN y Suecia la está preparando- no auguran un final como el que se esperaba. Mi periplo literario por Rusia y lo ruso o/y soviético ha consistido en la lectura de Guerra y paz de Lev Tolstói, Piedra, cuchillo y tijera de Maxim Ósipov, La edad de la piel de Dubravka Ugrešić, para finalizar con la que protagoniza esta reseña: Operación Kazán de Vicente Vallés que se ha alzado hace bien poquito con el Premio Primavera de Novela 2022. [pinchando en los títulos se accede a la reseña de cada uno de estos libros]

Mi primera impresión tras la lectura de esta novela es que no está nada mal. Me ha parecido una historia muy entretenida. Quizás su estilo me ha resultado en ocasiones demasiado periodístico, pero el autor logra momentos de máxima tensión narrativa que me han tenido enganchado a la lectura. Hay thriller, hay suspense, hay cierto humor, hay mucha -quizás demasiada- información que a veces se agradece y otras veces abruma un poquito. Pero en general bien.

Me apetecía mucho leerla por la ubicación en la que se desarrolla la trama: España, Estados Unidos y Rusia, especialmente la Federación de Rusia en la actualidad. Es verdad que, seguramente para evitar problemas, ciertos nombres de mandatarios en ejercicio o muy recientes, tanto de Estados Unidos como de la federación rusa, aparecen cambiados. Así el presidente ruso que busca perpetuarse en el cargo se llama Karlov, pero toda su tipología lleva indefectiblemente al vigente presidente de la Rusia actual; y lo mismo sucede con el de USA, llamado Banks en la ficción, aupado a la jefatura de la nación con la ayuda de las maniobras rusas y que sólo pudo resistir en el cargo un mandato al que llegó en 2016. No necesitamos más datos para saber que tras este nombre ficticio se esconde un muy conocido presidente republicano que no aceptó nada bien su derrota en 2020.

La acción gira en torno a las elecciones presidenciales norteamericanas del año 2024, o sea, que se proyecta hacia un futuro predecible pero no realizado aún. Las intromisiones rusas en USA no quedan ya en el plano de la desinformación y de las fake news sino que avanzan un grado y se inmiscuyen ya en la propia llegada de candidatos a la Casa Blanca. No se puede decir más respecto a esto dado que uno de los alicientes del relato es dilucidar en qué parará esta intromisión: ¿lograrán los rusos -sus servicios de inteligencia, herederos directos como su presidente de la KGB- sus fines u Occidente reaccionará y logrará detener lo que se proponen? Hay que leer la novela para enterarse de esto, naturalmente.

Vicente Vallés se da un paseo por la historia de Rusia, desde la IIª Guerra Mundial hasta nuestros días. La URSS de Stalin idea un procedimiento para dominar desde dentro a los Estados Unidos de América. Curiosamente la idea queda dormida y pasado el tiempo una serie de detalles en apariencia menores despertarán el interés de los servicios de inteligencia de varios países (Rusia, Estados Unidos y España) por lo que en apariencia es un divertimento de tres agentes jubilados: uno ruso (Boris Kovalev), otro suizo (Arnold Breuer) y finalmente un estadounidense (Charles McKenzie). 

Los citados tres viejos genios de los servicios secretos de sus respectivos países contactarán entre ellos en plena elección del candidato demócrata para las próximas elecciones. El nombre de la candidata elegida, Nathalie Brooks, los ha puesto en alerta. ¿Será posible que la viejísima idea contemplada en su día por el viejo zorro de Stalin fallecido en 1953, ahora en 2024 vaya a llevarse a efecto? Una serie de jóvenes espías en Rusia (Maxim Guzlim y Sonja Ivanova), en España (Pablo Perkins y Teresa Fuentes) y en Estados Unidos los ya no tan jóvenes (Beth Kramer -segunda en el organigrama de la CIA- y Matthew Perkins -el padre de Pablo-) se pondrán en acción para intentar abortar el tremendo plan ideado por Stalin conocido por el título que lleva la novela: Operación Kazán.

Vicente Vallés por su profesión de periodista y analista político, además de por propia curiosidad personal, sabe muchísimo sobre los sistemas políticos de los Estados Unidos y el funcionamiento de los Servicios de Inteligencia de la Federación Rusa. Antes de ésta, su primera novela, publicó dos libros dedicados respectivamente a la política en USA y en Rusia: en  el primero, "Trump y la caída del imperio Clinton" (año 2017) expone una serie de motivos por las que en su opinión un histriónico y poco tenido en cuenta por el establishment norteamericano Donald Trump llegó a la presidencia en USA; en el segundo, "El rastro de los rusos muertos" (2019), se centra en la manera de proceder del SVR, versión actual del anterior KGB, en el intento perseguido por Vladimir Putin desde su acceso a la presidencia de Rusia de dominar el mundo.

Personalmente no suelo leer libros de análisis político; me aburren soberanamente entre otros motivos porque suelen tener visiones muy sesgadas sobre aquello que analizan. Prefiero la ficción pues en ella los autores son más libres de decir e incluso de opinar al no estar sujetos al principio de veracidad exigido en la no ficción por las referencias a personas reales. Es por ello que sí que he leído la novela del prestigioso y varias veces galardonado periodista Vicente Vallés. Como ya he dicho, en "Operación Kazán" Vallés esquiva las referencias a individuos reales aunque por poco avisado que se sea bajo los nombres utilizados el lector vea los rostros de Putin (Karlov), de Trump (Banks), de Bill Clinton (Steve Harrison) o de Boris Yeltsin (Yarshin) entre otros varios más. Según que el autor se aleja del tiempo actual se atreve con la realidad y los nombres de Mijail Gorbachov, de Stalin, de Yuri Andropov, e incluso del asesinado no hace tanto Alexander Litvinenko, entre los rusos, aparecen; igualmente ocurre con los nombres de los occidentales Churchill, Clement Attlee y algún otro más, aunque sin duda muchos menos que los rusos dado el contenido de la obra.

¿Qué me ha gustado y qué no en esta novela?
Además del ritmo que logra en algunos momentos de la narración y el suspense consiguiente que ya he señalado, me ha gustado mucho enterarme de cosas que desconocía por completo. Por ejemplo no sabía que Oleg Penkovski fue un espía soviético que «se entregó a la causa occidental. En 1962 advirtió a Estados Unidos de la instalación de misiles soviéticos en Cuba, a solo ciento cincuenta kilómetros de Florida. Aquella información provocó la Crisis de los Misiles. Penkovski fue descubierto, torturado y ejecutado.». Tampoco sabía que en España el antecedente del CESID, predecesor del CNI del que estos días tanto se habla, se llamaba SECED en tiempos del dictador Franco. ¿Tienen interés estos y otros descubrimientos? Bueno, no sé, a mí me han resultado curiosos.

Antena 3, Informativo presentado por Vicente Vallés,
Me han gustado algo menos otras cosas como los frecuentes leísmos en que incurre el escritor; como para muestra vale un botón, aquí van dos ejemplos:  «Terminada la carrera, le enviaron a España» o «tiene a su hijo en Londres y le visita a menudo». Sé que el leísmo referido a persona masculina no se tiene actualmente por incorrección injustificable pero sí que es recomendable evitarlo, especialmente en la lengua escrita. Me doy cuenta de que mostrarme pejiguero con estas cosas  es consecuencia de la pervivencia en mí del profesor de Lengua que fui. En todo caso, un asunto nimio, muy menor y -sí, lo reconozco- muy discutible. También, semejante en nimiedad a mi enojo con el leísmo que acabo de señalar, me ha disgustado un tanto el exceso de información que el novelista da del proceso seguido por los partidos políticos en la selección de candidatos para las elecciones presidenciales americanas. No dudo de que para la comunicación periodística del día a día estas explicaciones pueden tener interés, pero en un relato extenso con un asunto cuyo avance hacia su resolución exige vivacidad o dinamismo estas demoras informativas ralentizan mucho la narración y no, no me agradan. Afortunadamente abundan más en la primera parte que en las dos siguientes, así que según se va leyendo se olvidan y como lector se atiende más a ver cómo discurre la trama y sobre todo cómo acabará el embrollo.

Pero es evidente y así quiero señalarlo aquí que esta primera novela del periodista madrileño contiene elementos muy positivos. Así, sin ser descubrimiento en sentido estricto, me encanta la estructura que Vicente Vallés ha elegido para organizar su historia. Ha dividido la novela en tres grandes partes y dentro de cada una ha ido presentando de manera muy cinematográfica la sucesión lineal de escenas que anteceden por semanas, luego por días, a la fecha de las elecciones en noviembre de 2024, con flash backs necesarios puestos en boca de diversos partícipes en la ficción que sirven para explicar a uno o varios personajes, que estaban en la ignorancia, el motivo antiguo de lo que está sucediendo. Al tiempo estas narraciones dentro de la propia narración se presentan en contrapunto y desde distinta perspectiva según que quien relate sea un norteamericano, un ruso, un espía suizo o los propios agentes españoles del CNI. Este juego de puntos de vista, de ubicaciones geográficas diversas y de saltos temporales a la vez que prosigue inexorable la linealidad 'tic-tac, tic-tac' («Moscú, 6 de octubre, (a 30 días de las elecciones)» o «Phoenix, Arizona, 7 de noviembre (dos días después de las elecciones)») dota a la novela del necesario suspense exigible a un thriller y de la información histórica precisa que acompaña a cualquier narración que mezcla personajes históricos reales con otros inventados. Ante todo esto no cabe más que quitarse el sombrero, ¡chapeau!



Citas textuales que me parecen interesantes.
Además de las dos que encabezan la reseña y que inciden en el mito de la Rusia invencible que se está demostrando falso por el resultado que su operación "especial" sobre Ucrania está teniendo, creo que las siguientes citas textuales son muy aclaratorias y no exclusivamente sobre lo que se dilucida en esta entretenida novela:

  • «la Guerra Fría estaba de vuelta en forma de injerencia en procesos electorales ajenos, de noticias falsas y desinformación, de una nueva carrera armamentística, económica y tecnológica, y de un incremento de las actividades de espionaje.»
  • «Váyase de Rusia cuanto antes. Y si consigue salir de aquí, vaya a Estados Unidos y trate de encontrar allí algo parecido a vida inteligente. Alguien debe parar esta locura. Y ya no queda mucho tiempo para eso.»
  • «En Rusia nada funciona bien: ni la economía ni la sanidad ni el ejército... Pero son unos maestros en el arte del espionaje. Y Karlov es un espía. Aunque ahora sea el presidente, nunca ha dejado de ser un espía.»
  • «a veces, lo patriótico es incumplir una norma para salvar las demás; saltarse una ley para defender el imperio de la ley, para salvar a tus soldados, para salvar la democracia y para salvar a tu país.»

17 abr 2022

Maxim Ósipov: "Piedra, papel, tijera". La Rusia de hoy

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«—Es asombroso, pero todo se repite. Mis preocupaciones de hace unos treinta años son exactamente las mismas que las de ahora: 1) no ensuciarte, no envilecerte, 2) no ir a parar entre rejas y 3) no dejar pasar la oportunidad cuando llegue la hora de partir para siempre. Y sigo teniendo esa eterna esperanza, ese espejismo: el de que de pronto me despierte y toda esta pesadilla haya terminado.» (cuento Sventa, escrito en enero de 2017)

Libros del Asteroide, Literatura rusa actual, Rusia
Sigo con los rusos. En esta ocasión de la mano de unas narraciones de un autor contemporáneo de 59 años, Maxim Ósipov. Son diez relatos publicados bajo el título de uno de ellos, "Piedra, papel, tijera". La impresión de lectura es muy favorable. Me han gustado especialmente porque muestran la Rusia real de hoy día. Los relatos están fechados entre 2011, los más antiguos, y 2017 los más recientes. Me ha dado la sensación de que en todos ellos se respira una denuncia del sistema socio-político más y más acerada según que los relatos se acercan a nuestro hoy. Otra primera sensación es la del deseo mayoritario en los personajes de los mismos -la mayoría pertenecen a la clase media y están dedicados a actividades artísticas (música, danza...), o son profesores, escritores, guionistas de cine, licenciados en matemáticas, expertos en finanzas...- de abandonar el país. Los menos cualificados, que emigraron antes y ahora retornan, poseen menor formación sin duda alguna.

En muchos relatos se percibe cómo conviven juntas en la sociedad rusa de hoy una cierta nostalgia por la desaparición del antiguo mundo de la URSS y la plena adopción del capitalismo desaforado en que una parte del país cayó a partir de 1989. El cambio de un sistema a otro realizado sin fase de transición dulce o tranquila es algo que también resuena en estos escritos de Ósipov.

El escritor
Maxim Ósipov es un moscovita de 59 años. Médico por la universidad de Moscú, en 1990 trabajó como  investigador en la Universidad de California  (San Francisco). Es, pues, conocedor cualificado de la vida fuera de Rusia a donde regresó y donde ejerce la medicina desde entonces. Ha escrito libros sobre cardiología clínica y es el fundador de una editorial especializada en medicina, música y teología. Desde 2005 vive en Tarusa, una localidad a 101 kilómetros de Moscú. Allí ejerce la medicina y escribe relatos por los que en su país ha alcanzado múltiples reconocimientos. En opinión de Patricio Pron (Babelia de 12 de febrero de 2022) con Anton Chéjov «Ósipov no sólo comparte la práctica del adulterio (“la medicina es mi esposa legal; la literatura, sólo mi amante”, afirmó el autor de La dama del perrito), sino también un interés por las vidas “corrientes” de sus compatriotas: maestros de escuela, sacerdotes que tal vez nunca hayan creído, delincuentes comunes, niños, intelectuales acabados, cantantes líricas, pequeños y astutos empresarios y políticos corruptos, porteros».
Su dedicación a la escritura de ficción y de no ficción (textos científicos especialmente) la dio a conocer a partir de 2007. Antes de esta colección de relatos en España apareció, publicado por Club Editor en 2015, su colección de relatos titulada "El grito del ave doméstica".

Preguntado el escritor sobre el motivo por el que reside en Rusia pudiendo vivir como su hija violinista fuera de ella responde que «Fuera de Rusia perdería la comprensión de la vida que me rodea y que tan importante es para mí a la hora de escribir. Supondría también abandonar mi profesión de médico y no es algo que desee hacer». Otra frase suya que leo ahora y que me confirma en el deseo que tuve de leer lo acaecido en Rusia hace 200 años cuando el país luchó contra la invasión napoleónica es la siguiente: «En mi país circula una frase que es mía pero que se le ha atribuido falsamente a un autor del XIX: en diez años Rusia puede cambiar completamente, pero en 200 no cambia nada». Gran verdad que he comprobado por mí mismo con la lectura de "Guerra y paz" de Lev Tolstói, novela reseñada por mí hace pocos días.


Los cuentos
El médico Ósipov me ha recordado vagamente al escritor francés Georges Bernanos, el autor de "Diario de un cura de aldea"; me lo ha recordado no por la religiosidad trágica del francés, no, sino por la ubicación lejos del cosmopolitismo capitalino del escritor moscovita. Desde Tarusa, una pequeña ciudad de provincias inmersa en el mundo rural, en la que su bisabuelo, médico como él se construyera una dacha cuando Stalin le permitió regresar del destierro en Siberia por la falsa acusación de haber intentado asesinar a  Máximo Gorki, es desde donde Ósipov lanza una mirada crítica sobre su país, sus gentes y el momento que vive -o estaba viviendo- Rusia casi 30 años después de la desmembración de la antigua URSS.

Esta colección de relatos fueron conocidos fuera de Rusia en abril de 2019 cuando aparecieron, traducidos al inglés, con el título del segundo de ellos: Piedra, papel, tijera. En España ha sido la editorial Libros del Acantilado la que en enero de este año 2022 los ha sacado traducidos al español por  Ricardo San Vicente.

Como ya he dicho en la breve nota biográfica sobre Maxim Ósipov al hablar de la editorial que fundó, la música está entre las preferencias del escritor. Es con ella con la que cuando habla de sus cuentos encuentra más similitudes. En una entrevista concedida en 2019 a Los Ángeles Review of Books dice el escritor: 
«No soy el primero en observar que la música es la mejor maestra de composición en cualquier arte, incluida la escritura. Hay muchas similitudes entre los cuentos y las sonatas musicales. Ambos duran entre 15 y 40 minutos. "Hacen que nada suceda", como dijo Auden de la poesía. Cuando escuchamos una sonata por primera vez, el propósito es decidir si queremos volver a escucharlo o no. Lo mismo debería ocurrir cuando lees un cuento».
Yo, tras leer con sumo gusto los diez relatos de esta colección, no puedo estar más de acuerdo con sus palabras.

Me interesé por la lectura de este escritor, que me era totalmente desconocido, a raíz de las reseñas que sobre la publicación de estos cuentos aparecieron en diversas revistas literarias que frecuento; concretamente creo recordar que fue en "La lectura", la nueva publicación que el diario El Mundo saca como suplemento los viernes en sustitución de la anterior, El Cultural, ahora en manos del diario El Español. Fue ahí donde el reseñador de turno comentaba el interés de estos relatos breves especialmente por la mostración que en ellos se hacía de la Rusia actual, de la Rusia de hoy mismo. El asunto me interesó muchísimo habida cuenta de la Operación Militar Especial (¡¡vivan los eufemismos!!) que el régimen de Putin acababa o se encontraba en puertas de desatar contra Ucrania.

¿Ha cumplido esta lectura con mis expectativas? Pues he de confesar que las ha satisfecho sobradamente. Creo que desde la enorme distancia geográfica y ahora mismo mental que me separa de Rusia he podido penetrar algo en el pensamiento del común habitante de la Federación Rusa. Digo del común más que nada porque los personajes que se mueven por los cuentos de Maxim Ósipov son seres muy reconocibles: maestros como Yevgueni Lvóvich, que lo es de Historia, o Rafael, de Música, en el cuento Un hombre del Renacimiento; el pope Sergui y su mujer, la popesa Marina, en el poético relato Cual ola del mar; dos jóvenes emigrantes a USA, Aliosha y su mujer Surochka, él sale de Rusia para evitar ir a la guerra de Afganistán (relato Cape Cod); los médicos Víktor, ya entrado en años, y Edik, mucho más joven que no puede por menos que reír cuando escucha al colega de más edad la expresión «la clase obrera»: «Pensaba que la clase obrera sólo existía en los libros» -le dice  Edik a Viktor- en el cuento El complejo; profesores diversos como Andrei que lo es de guion cinematográfico (Fantasía), o Lyova, profesora e intérprete de música (El amigo polaco); y también personas sin cualificar como Tamerlán, tártaro trabajador de una papelera (El complejo), o Anatoli Ivanovich, capataz de una obra en construcción, en Un hombre del Renacimiento. Como se ve y es natural, dada la profesión y dedicaciones de Ósipov, abundan los escritores, las actrices, los médicos, y así.

Narrativa rusa de hoy, Putin y los escritores rusos actuales
Sí ya el abanico de personajes es significativo para comprender a los rusos de hoy, los asuntos que se plantean en estos cuentos son por demás elocuentes. Uno que quizás sea el que más me ha llamado la atención es el del choque ideológico generacional que se percibe en muchos de los relatos. Muchos personajes, los de mayor edad y otros no tan mayores, añoran el pasado, y los hay que hasta equiparan para sorpresa de algún otro -no muchos en realidad- la relación de continuidad URSS - Federación Rusa:
«—Es un film innegablemente antirruso —sentencia de pronto la hermosa Lidia.
Él sonríe:
—¿Puede que antisoviético?
La pequeña frente se recoge en pliegues:
—Es lo mismo, es exactamente igual.
No, a él no se lo parece. Hay diferencias.» (Cuento Fantasía de 2017)

 La sensación de ser unos elegidos, de tener una relación de continuidad con sus ancestros, de poseer una grandeza que hoy, dicen los nostálgicos, les quieren arrebatar es perceptible muchas veces y a mí me sirve para entender -que no justificar- el comportamiento agresivo de Rusia: 

«—Cualquiera que levante la mano contra nuestro… como lo diría… en una palabra, contra nuestro orden, ¡recibirá su merecido! —Y suelta un golpetazo contra la mesilla: ¡zas!—. Tú y yo les haremos ver que los nuestros, nuestros padres y abuelos, defendieron nuestra tierra. ¡De los alemanes! ¡De los franceses! —Se para a pensar—. ¡Y de los malditos polacos!» (dice Ksenia en  el cuento Piedra, papel, tijera. Ksenia es una mujer nostálgica de la URSS que con su marido enfermo del corazón tiene una cantina en la que trabaja Roxana una tayika muy formada intelectualmente pero a la que por etnia y religión los rusos de este cuento tienen marginada)

El contraste ayer-hoy es clarísimo en las frecuentes alusiones que existen hacia la religión y el cambio en el comportamiento de los dirigentes políticos respecto a ella

«—¿Qué nos dijeron que teníamos que creer? Que después de la muerte no hay nada. En cambio ahora hasta las más altas personalidades están allí con sus velas, persignándose.» (Piedra, papel, tijera)

Los descreídos, muchos de ellos con cargos en el país de antaño, sin embargo ahora visitan los Monasterios y realizan peticiones como las que figuran escritas en los muros del de Novodévichi y que aparecen en Un hombre del Renacimiento:

  • «Madrecita Sofía, ayúdame a comprar un piso más barato y ya reformado. Y con todos los papeles en regla.»
  • «Ayuda a Anna a recuperar la salud y haz que regrese conmigo para siempre.»
  • «Ayúdame a olvidar a Vlad»

Desde el punto de vista socio-político los personajes comunes que habitan en estos relatos reflexionan con frecuencia sobre el país que habitan al que no le ven demasiado futuro:

«No parece que a nuestra patria actual, heredera de aquella en la que nacieron Liova y Yasha y Katia y Dódik, le espere una larga vida: en su cuerpo hay un sinfín de grietas; se está descomponiendo, desmoronando. Aunque es posible que al final no pase nada. No hay que inventar nada: mejor que la historia se desarrolle por sí misma.» (El amigo polaco)

Un país constantemente en guerra.

«el país está en guerra, nadie quiere clases particulares. En 1992, el año anterior, hubo cien mil muertos: la cosa no está para bellas letras. Los enfrentados reciben el nombre de vóvchiki y yúrchiki. Su madre se lo explica: los yúrchiki son los comunistas, y se los llama así por —imagínate— Yuri Andrópov. Los apoyan los habitantes del distrito de Kulob, los de aquí del norte, los uzbekos y los rusos. Los vóvchiki proceden de la cordillera del Pamir y la región de Jarm, y son un movimiento prooccidental. ¿Prooccidental? ¿Y por qué los llaman vóvchiki, que es una palabra tan rusa? Lo lógico hubiera sido que los vóvchiki fueran los comunistas, ¿no? No, son vóvchiki: viene de «wahabitas». (Piedra, papel, tijera)

Quizás por esto la actual campaña contra Ucrania no sea motivo de especial preocupación para la ciudadanía salvo por el evidente empeoramiento de sus condiciones de vida a causa de las sanciones económicas de Occidente.

La aspiración de cualquier joven medianamente bien preparado es la de abandonar Rusia y marchar a Occidente. Alemania puede ser un buen lugar como se ve en el cuento En el Spree. En este relato Betty viaja a Berlín para ver si su hermana Elsa, enfadada con la familia desde hace muchos años, accediera a pedir la reunificación familiar en Alemania. Si tuviera ese gesto su padre, enfermo de cáncer de próstata, podría tratarse de su enfermedad allá. Él ansía esta petición pues al haber sido antiguo miembro del KGB no le está permitido viajar libremente a Europa.

«A los que formaron parte del Primer Directorio del KGB (sí, ese KGB), no les dejan viajar a Europa; de hecho, a ninguna parte. Es una prohibición bien pública. El padre soltó todo eso a toda prisa e incluso con tono displicente: eres una chica lista, deja de dártelas de que todo esto te ha sorprendido.»

Pero por encima de cualquier otro lugar es Estados Unidos el destino soñado. En el cuento Cape Cod la pareja formada por Shúrochka y Aliosha lo tienen meridianamente claro

«En Moscú se vive una intensa tensión social; es 1989 y la gente se está enterando de muchas y diversas verdades. De lo pequeño y privado, la atención se traslada a lo social y común. Hay que darse prisa y los dos, Shúrochka y Aliosha, unen sin esfuerzo sus destinos. Ni siquiera la cuestión de dónde han de vivir, si con los padres de Shúrochka o con el padre de Aliosha, es motivo de conflicto: tienen claro que donde hay que vivir es en los Estados Unidos de América. (Cape Cod)»

Entre otras razones para marchar a USA, los alistamientos obligatorios que en esos años se realizaban para combatir en Afganistán, empujaban a muchos jóvenes a emigrar pese a no tener formación suficiente como para triunfar en el país de destino. No es el caso de los protagonistas de Cape Cod, especialistas en Genética, ella, y en Petróleos y Gas, él. Con el paso de los años la pareja habrá triunfado en sus respectivos campos y hecho realidad su sueño: comprarse una casa en Cape Cod, lugar donde se conocieron e hicieron el amor por primera vez. Tienen un hijo, Leo. Son o deberían de ser felices. Pero como decía una vieja serie televisiva los problemas crecen y Leo les dará más de un quebradero de cabeza. Alguno de ellos es de tal índole que Aliosha que ahora ha americanizado su nombre se replantea muchas cosas:

« Ahora que Alex tiene mucho dinero y tiempo, y el cuerpo aún aguanta, cada vez se para más a pensar. ¿De qué es responsable cada persona, y de qué son responsables sus progenitores? Y si es responsable la persona, ¿ante quién?» (Cape Cod)

Muchos otros asuntos y peculiaridades de la vida actual en Rusia aparecen en estos diez estupendos relatos de Maxim Ósipov, cada uno de los cuales bien merecería reseña individualizada. Pero no sólo son los temas que se tocan lo que hace que la Literatura del escritor de Tarusa merezca mucho la pena. A mí especialmente me ha gustado mucho la manera de contar, el modo que tiene de iniciar sus escritos, la redondez que consigue dar a algunos de ellos como por ejemplo al titulado Cual ola de mar escrito en 2012 que está dotado de gran poeticidad, mucho humor y conforma una composición hermosamente cerrada. Otro tanto cabría decir del titulado El complejo.

Hay cuentos de cierta longitud estructurados en tres o cuatro apartados con los que logra transitar debidamente por espacios temporales más amplios. Es el caso de los titulados Cape Cod y Un hombre del Renacimiento. También me ha parecido muy interesante el ejercicio metaliterario que se percibe en algunos relatos como por ejemplo en Sventa, («Si quisieras, podrías recordar también las aventuras en la sauna; pero mejor en otra ocasión: esto no es Amarcord, sino la crónica de un viaje.») donde además de emplear la segunda persona narrativa,  como medio para referirse a sí mismo viéndose desde fuera, introduce referencias o elementos propios del quehacer escritural

16 mar 2022

Emmanuel Carrère en la hora de Rusia y de Ucrania

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«AL ESCRITOR EMMANUEL CARRÈRE LA GUERRA LE PILLÓ EN MOSCÚ. Y ALLÍ YA NADA SERÁ IGUAL
Miedo a estar en manos de un loco, miedo a que te espíen, miedo a quedarse atrapado. Los encuentros del cronista francés con sus amigos moscovitas destilan miedo. Y vergüenza porque estén lanzando bombas sobre Ucrania en su nombre»
(EPS, domingo 12 de marzo)

El pasado domingo la revista El país semanal incluyó en sus páginas centrales un estupendo, profundo, sincero, real y emotivo reportaje del escritor francés Emmanuel Carrère sobre la vida en Rusia en el momento actual, cuando el ejército ruso por orden de Putin ha invadido Ucrania. Carrére es un periodista, escritor, guionista y realizador francés. Sus padres son Louis Carrère d'Encausse, negociante de seguros, y Hélène Carrère d'Encausse, de soltera Hélène Zourabichvili. 

Es precisamente por parte de la madre, nacida en París en 1929, sovietóloga y miembro de la Academia Francesa, que le viene su atracción como periodista y novelista por los asuntos de Rusia. Hélène Carrère d'Encausse es hija de aristócratas georgianos -Georges Zourabishvili y Nathalie von Pelken-, que hubieron de abandonar su país cuando Lenin decidió cambiar su doctrina de independencia para los pueblos que habían formado parte del imperio ruso. Durante sólo 3 años, de 1917 a 1920, Georgia fue soberana; a partir de 1921 el país perdió de nuevo su independencia siendo anexionado a la URSS.  Desde siempre Hélène se sintió atraída por la Historia del país de sus ancestros y transmitió esta afición a su propio hijo.

Emmanuel Carrère en su faceta de novelista es fundamentalmente escritor de no ficción. El año 2000, según confesaba en el prólogo de su novela El Reino aparecida en 2015, abandonó la novela de ficción refugiándose desde ese mismo instante en la escritura de No-Ficción, ese género narrativo cuya invención algunos atribuyen a Truman Capote en 1966 con su novela A sangre fría. En septiembre del año 2015, precisamente el año en que con "El Reino" el escritor francés publiqué en este blog una entrada sobre esta tendencia narrativa también denominada Nuevo Periodismo en la que hago un breve recorrido por la misma desde USA hasta nuestro propio país. En esta hora de Rusia y de Ucrania, en que se dirime el futuro de Europa y de todo el mundo, cuando lo que creíamos ficción ha cruzado la línea que la separaba de la realidad creo que este post vuelve a tener interés.

Emmanuel Carrère Zourabichvili
 siempre se ha interesado por la historia de la antigua URSS, en especial de la Georgia de sus abuelos. Es por esto que sus visitas a Moscú, a Tiflis, a San Petersburgo y a otras localidades de la antigua URSS como Kiev u Odessa, han sido y son frecuentes. Precisamente fue la visita a una ciudad de la Rusia profunda, Kotilnech, para cubrir la noticia de la liberación tras 55 años de cautiverio de Andras Toma, un soldado húngaro detenido por los rusos al caer Budapest en 1944, dado por muerto en 1954 y que permaneció en un sanatorio psiquiátrico de esta localidad desde 1947 hasta 1999 lo que será un revulsivo para él que le llevará a indagar y a reflexionar sobre su biografía personal y familiar. Este proceso íntimo y parental lo presenta en Una novela rusa, obra de no ficción publicada en 2007 (en España la publicaría Anagrama en 2008). Fue precisamente este título la novela con la que yo entré en la literatura de Carrère y que en estos momentos tanto estoy recordando. Desde luego, -lo creo firmemente-, es una lectura más que pertinente para acercarse de otra manera al sentir de un país en guerra desde la caída del Telón de Acero consigo mismo.

Una novela rusa sirve para acercarse a la vida real en Rusia; el escritor en este libro realiza un recorrido en paralelo de la vida de su abuelo refugiado en Francia en 1921 y ese soldado húngaro, Andras Toma, detenido al caer Budapest bajo los tanques soviéticos en 1944, dado por muerto en 1954 a pesar de que permaneció en un sanatorio psiquiátrico de Kotilnech desde 1947 hasta 1999. [en mi blog tengo reseña hecha en septiembre de 2015 de esta interesante novela].

Pero ha sido la actuación del máximo dirigente de Rusia en la actualidad, Vladimir Putin, lo que me ha hecho recordar otra más que interesante novela del escritor francés. Me refiero a Limónov, novela aparecida en Francia en 2011 (en España, Anagrama la publicó el año siguiente) que Carrère escribió por la atracción que el personaje real de Eduard Limónov ejerció sobre él. Es Limónov un personaje atractivo por lo contradictorio que es en sí mismo y lo difícil que resulta encuadrarlo debidamente en un tipo de persona: «¿héroe o villano, seductor de bellas o seducido por ellas, fascista de nuevo cuño o demócrata sin fisuras, triunfador o derrotado en letras...?» -escribo yo en la reseña que hice tras leer esa estupenda novela-. 

Este ser poliédrico, con tantas aristas, tan difícil de definir con solvencia atrae a Emmanuel Carrère en cuanto cruza unas palabras con él. Será a su través que el novelista y periodista francés indagará y profundizará en la evolución de la realidad de Rusia desde la época de Stalin hasta la de Putin. A propósito de la actual crisis bélica desatada en Ucrania es interesantísimo leer hoy todo lo que aparece en esta novela de No-Ficción escrita hace once años. La biografía de este Eduard Limónov viene a decir Carrère sólo es entendible teniendo presente las hambrunas de Stalin que diezmaron Ucrania y otras zonas de la URSS y la desordenada evolución experimentada por el país tras la caída de la URSS. 

En la reseña que en abril de 2016 dediqué a esta excelente novela de Emmanuel Carrère escribí lo siquiente:
«Esta no-ficción se centra en esos años tumultuosos durante los que un sistema político y económico de 70 años de existencia se transmuta en el opuesto de una manera salvaje y sin control. Al respecto no diré más, pero sí mostraré una cita extraída de esta novela que considero muy significativa:
    • "De los sesenta y cinco años de esperanza de vida en 1987, el ruso varón pasó a cincuenta y ocho en 1993." (pág. 225)»
Creo por todo lo dicho hasta aquí, recordado gracias a, como digo al principio de esta entrada, el buenísimo reportaje publicado por El País Semanal el pasado domingo seis de marzo, que volver los ojos al escritor, novelista, periodista y realizador cinematográfico que es Emmanuel Carrère no sólo merece la pena, sino que, me atrevería a decir, es poco menos que obligado.

Guerra Rusia-Ucrania


Os dejo aquí los enlaces a las distintas entradas que sobre Carrère y Rusia tengo hechas en El blog de Juan Carlos: