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15 jul 2021

La buena suerte. De Rosa Montero

24 comentarios:

√ «El Mal posee recursos que el Bien desconoce»
√ «Hay buenas personas que a veces se comportan como si fueran malas»
√ «Sí el corazón pudiera pensar, se pararía, decía Fernando Pessoa»
√ «¿Qué es lo que uno siente cuando de pronto descubre que el Mal forma parte de su familia?»
√ «Las religiones se inventaron para otorgarle al Mal un lugar en el mundo»
√ «Si solo has conocido el mal, piensas que eso es lo normal»
√ «La belleza ayuda a curar el dolor del mundo»

Este mes de julio, como no podía ser de otro modo, practico un estilo lector veraniego, o sea, a mi aire, sin prisa alguna y probando nuevos formatos de lectura. No es la primera vez que entro en los audiolibros. Si bien mis experiencias anteriores no me resultaron del todo satisfactorias, según las practico (hasta el momento sólo en tres ocasiones he entrado en ellos) diríase que el formato me va resultando menos ajeno y que me voy encontrando como menos a disgusto en él. Este progreso del confort lo he confirmado con esta "lectoescucha" (perdóneseme el bárbaro compuesto) de la última novela de Rosa Montero, "La buena suerte" que me ha agradado bastante. Quizás haya influido en ello el hecho de que la voz lectora sea la de la actriz Emma Suárez que sabe transmitir los matices como nadie. Sí, definitivamente, me ha gustado la experiencia.


Emma Suárez, voz narrativa del audiolibro de Rosa Montero
"La buena suerte"
es una historia magnífica, que la novelista sabe conducir con mano segura a pesar de las muchas aristas que la trama y subtramas van dejando asomar en su desarrollo. Pero la Montero sale airosa y transmite una historia de maldad, de sentimientos de culpa, de abandonos..., pero también de felicidad, de saberse  levantar pese a las dificultades, de esperanza, de inmensa fe en el futuro que en el fondo no es otra cosa que lo que vivimos día a día, de seguramente felicidad. Es una novela de ficción plagada de incursiones en la realidad, que la escritora transforma a su gusto por necesidades del guion ficcional. La periodista que la novelista es no se esconde y hechos muy relevantes acaecidos años atrás, que llenaron hojas y hojas de los medios de comunicación, los usa como referentes de los sufridos por los personajes. Unos personajes muy bien delineados, cada uno con sus problemas e inquietudes a cuestas como sucede en la vida real. 

Pablo Hernando, afamado arquitecto, viaja en AVE desde Madrid a Málaga donde tiene concertada una reunión de negocios. Inesperadamente al pasar por Pozonegro, localidad ficticia próxima a Puertollano, ve que en un misérrimo y feísimo edificio próximo al apeadero de la estación hay un anuncio de "Se Vende" colgado en el balcón de uno de sus pisos. Se le ocurre que es ahí donde debe bajarse, adquirir ese horroroso piso y cortar con todo. Así lo hace y adquiere el espantoso zulo en 42000€ que entrega sin regateo alguno a su vendedor, Benito Gutiérrez, quien a partir de ese momento no dejará de reconcomerse por dentro pensando que debía de haberle pedido al menos 60000 a «ese señorito que tiene pinta de ser muy pero que muy rico».

El piso por dentro es un vacío total. Afortunadamente Pablo descubre que lleva con él 1200 libras esterlinas de su último desplazamiento a Londres y acude a la única oficina bancaria de la localidad de apenas 1000 habitantes a cambiarlas. Con los euros obtenidos al cambio acude al Hiper Goliath que hay en el pueblo para comprar lo necesario para sobrevivir. Su vecina Raluca, una chica muy amable y habladora que vive en un piso debajo del suyo se le ha ofrecido para ayudarle en la compra dado que ella es cajera en ese gran Almacén. También, al ver que Pablo parece no disponer de fondos suficientes, le dice que intercederá por él en el Súper para ver si lo contratan. Lo logra y Pablo empieza en seguida a trabajar de reponedor. Pablo tiene 55 años y parece sufrir por dentro; a Raluca de unos 39 algo le dice que Pablo le gusta aunque ella por lo que ha hablado con él piensa que no está a su altura.

Los acontecimientos empiezan a rodar y los diversos personajes comienzan a mostrarse. Importantes son los compañeros y socios del Estudio de Arquitectura que Pablo ha dejado sin previo aviso en Madrid. Estos seres se movilizan y denuncian ante la policía la desaparición de Pablo. De ellos es Regina, mujer de 53 años con quien Pablo ha tenido relaciones esporádicas durante varios años, la que está más interesada en encontrarlo. A raíz de la denuncia entran en escena si bien se mantienen en un plano menor, los miembros de la policía encargados de las pesquisas. Son varios nombres (Nanclares, Jiménez, Lezaún...), hombres y mujeres, unos más jóvenes otros más viejos, con sus inquinas y envidias profesionales y personales, quienes se desplazan hasta la localidad para discretamente indagar.

Es Pozonegro un pueblo de nombre simbólico que hace referencia a la existencia en la localidad desde el XIX de una mina de hulla que dio vitalidad a la zona hasta que en los años 60 del pasado siglo fue abandonada por su baja productividad y excesivos costes. Benito Gutiérrez se reconcome por dentro según va descubriendo la importancia de este Pablo Hernando que según lee en Internet es famosísimo, ha ganado infinidad de premios y realizado proyectos arquitectónicos del máximo interés. Benito se siente engañado por el millonario y decide vigilarlo, entrar en la casa, husmear en sus cosas... para así planificar mejor lo que va a hacer en busca del dinero que, piensa, el arquitecto le debía haber dado por el piso.

Pueblos despoblados, Pueblos mineros desaparecidos
El núcleo actoral es el del edificio cochambroso donde Pablo ha comprado el piso horroroso. Allí en el primero vive Raluca, Pablo en el segundo, en el tercero Ana Belén con su hijita de 5 años, y en otro Felipe, un anciano de 82 años atado a una bombona de oxígeno que debe llevar siempre con él para poder seguir viviendo. Pablo no quiere relacionarse mucho, pero que Raluca le haya conseguido trabajo hace que tenga que atenderla con amabilidad y que acepte sus invitaciones a la piscina del pueblo -la acción transcurre durante los meses de julio y agosto, y el tremendo calor importa para entender mejor la tremenda historia que Pablo esconde en su interior-, a cenar en su casa, a ayudarla en la atención que Felipe requiere... Todo hará que Pablo poco a poco vaya descubriendo en Raluca a una mujer atractiva que le hace recordar a Clara, la mujer con la que estuvo casado y que falleció por culpa de un cáncer rápido y voraz. 

Es una historia en la que el Mal, la maldad de ciertas personas -un 1% se dice en algún momento de la narración que es el porcentaje habitual-, existe y que si te ves envuelto en el área de su actuación es difícil y complicado evadirse, salvarse, olvidarse de ella. Todos los personajes o practican el mal (el Moka, antiguo novio de Raluca, que se dedicaba a las drogas y al trapicheo por lo que ha pasado un tiempo en la cárcel; Benito Gutiérrez que busca estragar a Pablo sacándole cuanto más dinero mejor; Marcos Soto, personaje que nunca da la cara en el relato pero que está en el motivo que ha impulsado a Pablo a romper con toda su vida de triunfador; los socios del Estudio de Arquitectura que sólo buscan el beneficio personal importándoles bien poco los problemas de Pablo; y algunos otros más) o bien lo sufren o lo han sufrido en sus propias carnes. Esto último es lo que les ha pasado a la pareja protagonista: ella, Raluca, romántica mujer que de niña fue abandonada en un banco por su madre rumana que no se hizo cargo de ella, y él, Pablo, que en su niñez sufrió maltratos por parte de su padre y que ahora vive angustiado por la maldad de ese personaje que sobrevuela su vida durante todo el relato sin jamás dar la cara directamente: Marcos Soto.

El amor, la bondad, las buenas acciones, las acciones correctas de algunos harán que, pese a todo y en medio de un mundo hostil que como digo queda simbolizado en el lugar inhóspito donde ha ido a caer Pablo, triunfe el Bien. No es muy normal que tal cosa suceda en los relatos que acostumbramos leer. Es desde luego una arriesgadísima apuesta la que Rosa Montero ha realizado en "La buena suerte". Por ello, creo, que hay que aplaudirle el acierto con que va desenrollando la madeja donde se mezclan los hilos de Ariadna que las diversas tramas forman en el momento cenital de la historia. Podría Rosa Montero haberse dejado llevar por lo fácil y dejarse caer por la pendiente de lo trillado; pero no, la escritora logra tejer una historia creíble con unos mimbres en apariencia chocantes. Mimbres chocantes y ciertamente algo inestables me han parecido Raluca con un gusto estético deplorable aunque con una bondad embriagadora, y Pablo, maestro de la delicadeza, el equilibrio, orden, armonía, mesura y proporcionalidad estéticos dentro de un mundo, el de los negocios, donde los navajazos son práctica habitual.

Creo que Rosa Montero, maestra en el arte de la narración, sabe dosificar la información de manera adecuada, creando el suspense pertinente, soltando cuerda y recogiéndola a su gusto hasta que en los capítulos finales -49 es el número de ellos en que distribuye la historia- todo vaya despejándose, a veces en línea con lo esperado por el lector y en otras con sorpresas de lo más interesantes.

Destacaría especialmente en "La buena suerte" las evocaciones que las acciones del presente suscitan en la mente de los personajes. Muchas de estas evocaciones, como ya he dicho, lo son de sucesos horripilantes acaecidos en verdad, aparecidos en prensa en su momento y por ello suficientemente conocidos por los lectores. Son varios los citados. Uno de ellos, quizás el más horrendo, el de Fred West y su esposa Rosemary que durante 20 años, de 1967 a 1987, violaron, torturaron y asesinaron a al menos 20 mujeres jóvenes, entre ellas una prima carnal del escritor Martin Amis, le sirve a Rosa Montero para profundizar en el porqué de esa actitud tan común de no denunciar los golpes que  a veces escuchamos propinar en la casa del vecino y a intentar mostrar de una mejor manera la confusión mental en la que Pablo se encuentra: «Pablo lee y relee los recortes de periódicos que hablan de estas historias. Quizás busca una respuesta». Ni que decir tiene que me encanta esta manera que tiene la narradora -que se confunde en este relato en numerosas ocasiones con la propia autora- de esconderse, de desaparecer, de no ser ella quien mueve hilo alguno y sólo lanzar una suposición, un quizás.

Muchos asuntos se tocan en "La buena suerte": 
  • La vejez en el personaje de Felipe que con 82 años reflexiona sobre su condición y situación («Envejecer es ser ocupado por un extraño» o «Envejecer no te inmuniza contra el amor»).
  • El feísmo en las cosas, pero también en las actitudes e ideas. A veces lo feo en sus diferentes manifestaciones se acumula, se apila, se amontona («La absoluta quietud del pueblo le resulta no sólo deprimente sino también amenazadora. Más que dormido Pozonegro parece estar agazapado, es un depredador, un enemigo. Un lugar donde pueden secuestrarte unos neonazis y dónde torturan animales»).
  • La pedofilia, su sospecha más bien, que inmoviliza a Pablo cuando desearía intervenir para detener la violencia que su vecina Ana Belén practica sobre su hija de sólo 5 años.
  • El mundo de la Arquitectura que tan bien conoce la autora por afición y por su profesión. Ella misma en las aclaraciones que en primera persona da en el capítulo 50, un epílogo de aclaraciones y de agradecimientos, explica la procedencia de muchas de las obras arquitectónicas realizadas por Pablo Hernando. Así aclara que el Parlamento en forma de cubo de Camberra se lo ha inspirado el Kursaal de San Sebastián de Rafael Moneo. Que la torre Gaya que se supone levantó Pablo es el calco de la torre de Shanghái del arquitecto norteamericano Marshall Strabala. Que el movimiento House in First existe de verdad pero no en la forma de ese proyecto de edificio de cubos pixelados que en la novela se dice que Pablo está construyendo dado que este movimiento busca alojar a los sin techo por toda la ciudad y no crear guetos. Lo que el urbanista indio Charles Correa le dice a Pablo durante una cena es en realidad lo que le contestó esta persona a la autora hace muchos años cuando lo entrevistó en Bombay para el diario El Pais.
  • Pero el principal asunto en "La buena suerte" es, evidentemente, el Amor. Pablo amó a Clara pero no como quizás se debe amar. Hay una metáfora referida a esto en la novela. Se dice en un momento dado que los amantes deben de saber el mismo idioma, un idioma difícil, complejo como el tagalo. Es una metáfora que de manera alegórica y recurrente transita por todo el relato: «Él no sabe hablar tagalo", reconoce Pablo de sí mismo al evocar sus relaciones con Clara, con Regina y la que está surgiendo con Raluca. Curiosa y simbólicamente, al final de la novela Pablo está aprendiendo tagalo memorizando poemas en dicha lengua.
La culpa, el Bien y el Mal en las novelas de Rosa Montero

 Respecto a este asunto del Amor, aunque también presente en otros de los temas tocados en la novela, la novelista realiza abundantes referencias literarias. La verdad es que esta característica está presente no sólo en "La buena suerte" sino también en otras obras de la novelista que he leído. Pero en este libro han llamado poderosamente mi atención las referidas a San Agustín: «"Amar el amor", decía San Agustín. O sea, amar la sensación de sentirse enamorada», que le dice Pablo a Raluca cuando ella le cuenta su relación con el Moka; a Nietzsche: «El amor -decía Nietzsche- no es más que un truco, un espejismo, un engaño de los genes para conseguir reproducirse», piensa Pablo a raíz de la noche pasada con Raluca que, enfadada, le devuelve la perrita y le dice que se encargue de ella y de su vida; al mismísimo Francisco de Quevedo aunque sin nombrarlo cuando el Felipe, enamorado pese a su avanzada edad, piensa que él «morirá amando. Polvo será, más polvo enamorado». Pero sin duda alguna la reflexión más profunda y pertinente que sobre el amor se hace el personaje protagonista es la siguiente: «No hay nada que envejezca más deprisa que el amor mal amado». Él no quiere que con Raluca esto le pueda volver a ocurrir y por eso está estudiando tagalo.

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Entradas relacionadas

En este blog tengo hecha reseña, además de ésta, de otras dos novelas de Rosa Montero que os invito a leer. Son las siguientes; 
Novelas de Rosa Montero

















25 mar 2021

La ridícula idea de no volver a verte. Rosa Montero

29 comentarios:

" El arte en general, y la literatura en particular, son armas poderosas contra el Mal y el Dolor. Las novelas no los vencen (son invencibles), pero nos consuelan del espanto. En primer lugar, porque nos unen al resto de los humanos: la literatura nos hace formar parte del todo y, en el todo, el dolor individual parece que duele un poco menos." (Pág. 76)

En  "La ridícula idea de no volver a verte", novela publicada el año 2013, Rosa Montero está realizando una especie de biografía de Mme Curie al hilo de la lectura de una serie de biografías (Soy una gran aficionada a las biografías: son cartas de navegación de la existencia que nos avisan de los escollos y de los bajíos que nos esperan) sobre la científica y del propio Diario que la física escribió sobre la repentina muerte por atropello en 1906 de su marido Pierre. La relación entre ambos cónyuges era de felicidad si bien la Montero enfoca con frecuencia su análisis, sus reflexiones sobre los hechos vitales de Marie Curie que lee, desde la perspectiva feminista actual. Esta visión no es del todo adecuada pues supone un anacronismo que no hace justicia a la realidad.

Rosa Montero, Novela biográfica, "La ridícula idea de no volver a verte", Duelo
Los comentarios y reflexiones que hace la autora sobre las vicisitudes vividas por los Curie las conecta por analogía con su realidad personal pues ella, como Mme Curie, enviudó también en cierto modo de manera semejante al declarársele a su pareja, el periodista Pablo Lizcano, un cáncer de forma repentina que a la postre se lo llevaría tras un año de haber luchado contra él. El duelo, la pena por la pérdida, la superación del mismo, sobreponerse al dolor, reinventarse para poder seguir sobrellevando la existencia sin esa persona querida. Todo esto va surgiendo y planteándose en este relato de no ficción, basado en hechos factuales precisos aunque, como todo lo vivido, traicionados por el recuerdo memorialista. Y es que la memoria, la propia incluso,  como viene a reconocer la propia autora, es una gran fantaseadora.

La maestría de la pluma de Rosa Montero hace que el relato discurra con naturalidad y tremenda soltura. Estamos de nuevo en ese género ambiguo del ensayo narrativo caracterizado por ser siempre la primera persona escritural la que relata. En este caso, esa primera persona que es sin duda alguna la propia novelista se dirige a un "" que, además del propio lector (Lo expresó muy bien Fernando Pessoa: «La literatura, como el arte en general, es la demostración de que la vida no basta.» No basta, no. Por eso estoy redactando este libro. Por eso lo estás leyendo.) pienso no es otro que el mismísimo Pablo Lizcano con quien ella, su viuda, entabla esa última conversación truncada por el fallecimiento pese a haber sido éste esperado y casi deseado para evitar sufrimientos innecesarios. Creo que Rosa Montero realiza un ejercicio literario émulo del que Marie Curie realiza en el Diario que se incluye al final del propio libro. Así, pues, igual que Marie se dirige a su marido directamente, Rosa Montero hace lo propio en algunos momentos con Pablo Lizcano. La lectura del Diario de la Curie y de las muchas biografías que sobre la descubridora del radio y del polonio ha leído o está leyendo la autora de entre otras novelas "La carne" reseñada por mí en este blog, le hacen entrar en su interior a revivir su propia experiencia personal.

En cuanto a la propia biografía de Manya Skłodowska, el nombre de soltera de Marie Curie, nos encontramos ante una mujer titánica, increíble, magnífica, luchadora, precursora del feminismo que vendría más tarde. Una mujer que no se contenta con reivindicar o vociferar como tantas personas hacen hoy día sino que con su práctica diaria (su trabajo profesional) demostraba estar al nivel de cualquier científico de sexo masculino. Afortunadamente para ella en la sociedad machista de su época  topó con un hombre que la amó, consideró y trató siempre en un nivel total de igualdad.

Me ha gustado mucho leer que ella no renunció a sus derechos de mujer, quiero decir que el trabajo al que prácticamente era adicta no hizo que renegase de ser madre. Bueno quizás un poco sí, y lo confiesa con pesar, en la atención que prestó a su segunda hija, Eve, cuyo embarazo le impedía trabajar tanto como ella deseaba. Pese a un cierto sesgo anti masculino que se le ve a la escritora hay que decir que este Pierre era un santo e hizo todo lo posible y más por que su esposa siempre estuviese en el mismo nivel de igualdad y reconocimiento público que él. Así lo demostró cuando para aceptar en 1903 el Premio Nobel de Física dijo que sólo lo haría si el trabajo realizado por su mujer era debidamente reconocido, algo que la Academia sueca, algo renuente al principio, acabó  aceptando.

En un mundo de plena modernidad en el que las tecnologías nos invaden y las redes sociales con su impacto y taimadas directrices van conduciendo nuestra vida, acertadamente Rosa Montero en esta novela hace uso de una innovación tipográfica que confieso es la primera vez que he visto usada con tal profusión. Me refiero al empleo en ocasiones de # (la almohadilla). En el mundo de la informática, especialmente en Twitter e Instagram, almohadilla (#) se usa para introducir un hashtag, es decir, un asunto o un tema que queda indexado en las redes sociales y sirve de punto de partida o de núcleo en torno al cual entablar una discusión o debate; con el hashtag la escritora presenta al lector un pensamiento en construcción del que es factible, tirando de él, sacar cosas interesantes. En "La ridícula idea de no volver a verte" los hashtags que señala la autora tienen que ver un su mayoría con aquellas ideas tradicionales que se asocian al hecho de ser mujer: #HacerLoQueSeDebe,  #cuidaralpadre,  #atenderaloshijos, #laculpa, etc., ideas contra las que ambas autoras (la Curie y la Montero) se enfrentan. Pero también sirven para sacar a la palestra otras ideas que a ella misma le atañen como el hecho de las #Coincidencias que encuentra entre la vida de la polaca ilustre y su propia peripecia vital (muerte más o menos súbita del marido en ambas, por ejemplo), pero sobre todo las coincidencias sucedidas en el propio proceso creador de sus libros ("las #Coincidencias. Son raras, son imposibles, son inquietantes y abundan, sobre todo, en la literatura. No quiero decir dentro de las novelas, sino en las proximidades de la escritura. O en la relación entre la escritura y la vida real. Por ejemplo: mi penúltima novela se titula Instrucciones para salvar el mundo."). 

Madame Curie, Premio Nobel de Física 1903 y Química 191313
Al carácter experimental, híbrido e innovador del libro contribuyen también las abundantes ilustraciones fotográficas que contiene. Son imágenes muy variadas: los Curie (el matrimonio, sus hijas Irene y Eve, etc.) y otras más de actualidad como las referidas a la propia escritora (su tatuaje, sus manos...) o a personajes como Litvinenko envenenado con polonio, precisamente el material que descubrió Marie Curie o Rosalind Franklin que contribuyó a descubrir la estructura del ADN y fue ninguneada como les ocurrió a tantas y tantas otras mujeres que se vieron relegadas o ignoradas siempre en favor del varón. 

Según leía las páginas dedicadas en el relato a las #Coincidencias no he podido dejar de pensar en las "Correspondencias" de Baudelaire quien en su famoso poema de igual título vino  a establecer que existen 'comunicaciones' entre el mundo material y el mundo espiritual siendo la función del poeta irlas descubriendo, captando, traduciendo. Evidentemente no es esto lo que quiere decir la Montero con sus #Coincidencias aunque en mi opinión no está muy lejos. En apoyo a mi idea dejo aquí el poema de Charles Baudelaire y que cada uno juzgue y saque sus propias conclusiones:

Correspondencias

La natura es un templo donde vivos pilares
dejan salir a veces sus confusas palabras;
por allí pasa el hombre entre bosques de símbolos
que lo observan atentos con familiar mirada.

Como muy largos ecos de lejos confundidos
en una tenebrosa y profunda unidad,
vasta como la noche, como la claridad,
perfumes y colores y sones se responden.

Hay perfumes tan frescos como carnes de niños,
dulces como el oboe, verdes como praderas,
y hay otros corrompidos, ricos y triunfantes,

que la expansión poseen de cosas infinitas,
como el almizcle, el ámbar, el benjuí y el incienso,
que cantan los transportes del alma y los sentidos.

Desde luego Montero no es una escritora simbolista pero sí que en sus coincidencias parece percibirse un no sé qué de casualidad inexplicable que omite toda clase de explicación racional. 

Final
Sin ser  en mi opinión esta obra  lo mejor que he leído de la periodista escritora, sí que me ha parecido de lo más innovador e íntimo de las suyas. Muchas ideas y mucha vida personal sobrevuela y aterriza en este libro difícil de encuadrar en una categoría concreta (ensayo, novela, biografía, autoficción, poesía...) . Todo ello es y nada en exclusiva. Estamos ante una literatura híbrida, hija del tiempo que nos ha tocado vivir donde todo en palabras de Quevedo se mezcla y se bazuca (siempre me ha encantado este verbo que el genial poeta utiliza en su soneto titulado 'Pronuncia con sus nombres los trastos y miserias de la vida' en el que tras nombrar las fatigas escatológicas inherentes al vivir concluye con este contundente terceto final:
Viejo encanece, arrúgase y se seca, 
Llega la muerte, todo lo bazuca,
Y lo que deja paga, y lo que peca.
)

 Evidentemente la muerte todo lo revuelve, todo lo enturbia, todo lo estropea... como a Rosa Montero y a Marie Curie les sucedió con la inesperada desaparición de sus queridos compañeros de vida. Una desaparición a la que es difícil acostumbrarse pues -de ahí el título que la periodista da a la novela- no hay nada más inconcebible que "La ridícula idea de no volver a verte", el no volver a estar con la persona con la que se ha convivido tantos años. La segunda persona, el interlocutor al que se dirige la autora, está presente ya desde el mismo título como se ve.

Postdata
Siempre digo que en este mundillo de los blogs uno puede encontrar informaciones increíbles sobre aquello que busque. En esta ocasión, mi búsqueda, naturalmente, ha sido Madame Curie, premio Nobel de Física en 1903 y Premio Nobel de Química en 1911. A través del blog de Francisco Javier Tostado (https://wordpress.com/read/feeds/8772988) he conocido no pocas cosas sobre los Curie y especialmente sobre Marie Curie. Su blog me ha llevado a otros que en alguno de sus posts han tocado el tema: el de Gerardo Quesada A. (https://wordpress.com/read/feeds/106736366) o el de José Félix Rodríguez Antón (https://wordpress.com/read/feeds/39546340). Son blogs más que recomendables.

Por último también os animo a visitar el blog 'más que palabras...' donde el pasado martes comentamos esta novela. Allí encontraréis aportaciones que sobre este libro hicieron las personas participantes.
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Otros títulos que tratan el asunto de la pérdida y del duelo reseñados en el blog:

"Lo que no tiene nombre" de Piedad Bonnett 

"El amor te hará inmortal" de Ramón Gener

"La hora violeta" de Sergio del Molino

"Cenizas y rosas" de Charo Jiménez

21 oct 2016

Rosa Montero escribe "La carne"

21 comentarios:
La carne, Rosa Montero, editorial Alfaguara
Soledad está preparando una exposición en la BNE sobre "Escritores malditos". Ella tiene un prestigio asentado como comisaría de muestras de este tipo; sin embargo en ésta siente cómo una joven arquitecta, casada felizmente y madre de dos hijos, le disputa sibilinamente el privilegio de comandar el proyecto. Por otro lado Soledad acaba de salir de una relación amorosa con Mario, hombre más joven que ella y felizmente casado que decide dejarla al no querer que su matrimonió se vaya al traste. Soledad le había inoculado el gustillo por el mundo de la Ópera y él la había dejado colgada con las entradas para ver "Tristán e Isolda" de Wagner. Al enterarse Soledad de que Mario irá a escuchar la Ópera junto a su esposa, no encuentra mejor venganza que exhibirse ante él acompañada de un bello ejemplar masculino, un gigoló, contratado para la ocasión en una de las muchas páginas de contactos para adultos que existen por Internet. Aquí comienza "La carne".

A mi la literatura de Rosa Montero siempre me ha atraído si bien había dejado de frecuentarla conformándome con los formidables artículos que periódicamente publica en prensa y con la lectura desordenada de esos ensayos sobre mujeres contenidos en libros como "Historias de mujeres" o "Pasiones". Literariamente sus primeras obras las bebí con delectación. Me refiero a "Crónica del desamor" (1979) "La función Delta" (1981), "Te trataré como una reina" (1983), "Amado Amo" (1988) y "Temblor" (1990). A partir de este título sus novelas empezaron a quedarse relegadas en mi lista de prioridades, aunque leí, lejos ya de su fecha de publicación y con menos emoción, "Bella y Oscura" y "La hija del caníbal". En fin que tenía algo abandonada a esta escritora con cuyas ideas, expuestas a lo largo de su extensa carrera de  articulista, me siento identificado en no pocas ocasiones. Pero estoy muy contento de mi reencuentro con ella a través de "La carne". A continuación diré por qué.

No se puede desvelar mucho de este relato para no chafar la logradisima tensión narrativa que su autora consigue crear en no pocas ocasiones a lo largo de las apenas 170 páginas que tiene en formato digital. Sin embargo sí creo poder decir, sin temor alguno a destripar la historia, que en la novela hay dos planos -el público y el privado- en los que se mueven todos y cada uno de los personajes: Soledad es una prestigiosa experta en arte y por ello ha sido encargada de montar la exposición en la BNE; y, muy de la mano de los 60 años que acaba de cumplir, circula su problemática emocional. Naturalmente estos dos planos se cruzan y entrecruzan en ella de manera sutil y natural. Igual que ella, el coprotagonista de esta historia, Adam, también se mueve en los dos planos: el público derivado de su condición de gigoló y el privado que se verá muy influido y yo diría que hasta invadido por la actividad principal que constituye su profesión.