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28 ene 2021

Sergio del Molino. La España vacía: Viaje por un país que nunca fue

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Pueden vivir en Maipú o en el desierto de Arizona, pero están tan enclavados en el centro de la cultura contemporánea como cualquier residente de un barrio de moda de Nueva York. Al mismo tiempo, aunque habiten en el corazón de Barcelona, tienen su mente en un ayer agrario y primordial. Son viejóvenes.

"La España vacía" de Sergio del Molino es un ensayo en el que el autor indaga desde su personalísima subjetividad sobre la existencia de dos Españas: la vacía y la llena. Para él es un proceso no novedoso que hunde sus raíces en el propio ser que nos caracteriza. Me agrada la solución que viene a proponer que es la de la asunción y convivencia de ambas Españas en una que es donde habitan las personas. No vale hablar 'frente a' o 'contra a' una u otra dado que ninguna es absolutamente culpable ni tampoco en esto España es un país original. 

Sinopsis

Un viaje histórico, biográfico y sentimental por un país deshabitado dentro de España En solo veinte años, entre 1950 y 1970, el campo español se vació. Las consecuencias de este éxodo marcan el carácter de la España de hoy. Un ensayo emocionante y necesario sobre las raíces de un desequilibrio que hace tanto daño a la ciudad como al campo. Un viaje a los pueblos de la España vacía y un análisis de la literatura, el cine y la historia que los relata. Hay que viajar muy al norte, hasta Escandinavia, para encontrar en Europa unas densidades de población tan bajas como las de la España vacía.[Sergio del Molino es un] excelente prosista, capaz de hacer relevante lo trivial con el solo poder de la palabra exacta y la formulación imaginativa. (Ricardo Senabre, El Cultural)

Mi opinión

La España vacía; Viaje por un país que nunca fue, campo y ciudad
Me encanta el paseo que realiza el autor por la historia, sobre todo la literaria, de España para dar una explicación plausible de por qué y desde cuándo se ha producido este vaciamiento. Sergio del Molino se ha documentado en profundidad. No hace afirmaciones a humo de pajas, todo lo que sostiene tiene bases sólidas. El cuerpo de notas que incorpora a su ensayo es extenso. Su opinión, personal y original, no surge de la nada, se construye sobre consistentes cimientos. Tras leer el ensayo se comprende que el sintagma "España vacía" desde que apareció en este libro haya tenido éxito y que esta obra haya suscitado un debate importante en el seno de nuestra sociedad. Si he entendido bien a Del Molino la idea que subyace en la expresión de marras no sólo se circunscribe a  localidades desaparecidas o en vías de desaparición. Tiene un sentido más amplio, más profundo. No habla sólo de poblaciones semidesérticas. A mí, sus planteamientos me han parecido atinados, interesantes y bien traídos. 

Sergio del Molino publica en 2016 este ensayo que indaga sobre el desierto humano en que se está convirtiendo -si no está convertido ya- buena parte del territorio español. El escritor en su afán de concreción llega a circunscribirlo a una serie de provincias, unas 14, que con la salvedad de Madrid -auténtico agujero negro propiciador en buena parte de este vaciamiento- forman una especie de España interior dentro de España ("catorce provincias quedaron heridas de muerte y agonizan hasta hoy. Huesca, Guadalajara, Teruel, Soria, Ávila, Cuenca, Zamora, Burgos, León, Salamanca, Palencia, Segovia, Lugo y Ourense se convirtieron prácticamente en desiertos"). Este vaciado no es producto exclusivo de los últimos años (el "gran trauma" producido entre 1950 y 1970), sino que es un proceso que con mayores o menores altibajos viene sucediendo desde la industrialización de zonas peninsulares a partir del último tercio del siglo XIX; este desarrollo  industrial tuvo sus dos principales polos en Vizcaya (la metalurgia) y Barcelona (el textil) y hacia allí que se desplazó buena parte de la población sobrante en campos y ciudades de provincia de esa España que malvivía. Otros importantes puntos de atracción fueron también Madrid, Valencia o Sevilla.

La cuestión "España vacía" no radica sólo en esta emigración, normal en todos los países y habitual a lo largo de los siglos, sino en la cultura que contra los pueblos de origen y sus habitantes existe en España desde tiempo inmemorial, especialmente desde el Renacimiento que contrapuso los valores burgueses radicados en las ciudades que surgían por entonces al ruralismo presente en los feudos que existían así desde hacía al menos un milenio. Se gestó en el XVI una literatura que cantaba lo campesino y pastoril pero idealizado, es decir, visto desde la impostada evocación nostálgica de aquellos que vivían en la ciudad y se sabían procedentes del campo. Era, pues, un mundo falso el de esas églogas y novelas pastoriles; frente a ellas surge también en esa época una literatura realista que llama a las cosas por su nombre y que se patentiza en novelas -la picaresca o el mismísimo "Quijote"- y ensayos como el de fray Antonio Vélez de Guevara, "Menosprecio de corte y alabanza de aldea". Este tipo de literatura extiende la idea de lo rural como mundo embrutecido, feo y peligroso, frente a un universo cortesano refinado y hermoso. Incluso la obra de Vélez de Guevara, a pesar del título, es una reafirmación del mundo urbano; queda la aldea, el mundo rural, sólo como refugio del fárrago ciudadano al estilo de la 'vida retirada' cantada por Fray Luis de León, o sea, el Beatus ille horaciano.

Esas dos visiones del campo son las que pasando los siglos han persistido entre nosotros (y no sólo entre los españoles sino prácticamente en todo Occidente): la visión de Henry David Thoreau de las excelencias de la vida en el campo y la del peligro de vivir en él que sostenían muchos otros autores. Para evitar el peligro sólo quedaba la educación (Rousseau o la leyenda alemana del buen salvaje Kasperhauser). En definitiva, siempre mensajes que no servían para solventar las perentorias necesidades -hambre especialmente- de estas zonas depauperadas o que a lo más las convertían en meros lugares de escapada (segundas residencias, urbanizaciones en medio del campo) para tomar oxígeno y proseguir la vida de urbanitas.

Del Molino reconoce ya esta idea de la España vacía en nuestra literatura (Galdós, Delibes, Cela, Luis Martín Santos, Julio Llamazares...), en nuestro cine (el estudio sobre el documento en imágenes de Buñuel,  Las Hurdes, es fantástico; también es muy reveladora su opinión sobre la película "Surcos" de José Antonio Nieves Conde, así como lo que manifiesta sobre esa serie de películas protagonizadas por Paco Martínez Soria que se burlaban del paleto que arribaba a la gran ciudad y que tanto hacían reír precisamente a esos espectadores que no hacía tanto habían cambiado el mundo rural por el urbano), y plenamente presente en nuestra historia política a partir del siglo XIX, llegando incluso hasta nuestros días.

En nuestro país, como sucede con tantas otras cosas, estas provincias vacías han sido utilizadas políticamente  -lo siguen siendo actualmente- precisamente por aquellos que hablando de favorecerlas y sacarlas de su ostracismo lo único que perseguían era ventaja para afianzarse ellos en los grandes núcleos urbanos que desde hacía años las estaban debilitando. Pone como ejemplo el sistema electoral por circunscripciones provinciales que la Constitución del 78 ideó. En teoría era una manera de favorecer la representación de estos territorios en las Cortes pero en el fondo lo que perseguían los dos grandes partidos era evitar la competencia con otras posibles nuevas fuerzas políticas que pudieran surgir en las grandes ciudades, algo que en estas provincias más tradicionales y conservadoras era impensable que sucediera. Como se ve, de nuevo la gran paradoja -tristemente tan habitual entre nosotros- sigue en su apogeo: con un lenguaje de alabanza de aldea lo que se pretende es consolidar la ciudad (la corte) a expensas de aquella. 

Sergio del Molino es un autor que levanta polémica -sana y enriquecedora polémica, en mi opinión-porque se atreve a agitar cuestiones, ideas, personas o cosas tenidas por muy asentadas y admitidas por todos. Es el caso de, por ejemplo, el análisis que realiza sobre la popularísima frase del no menos popular 'viejo profesor' Enrique Tierno Galván, alcalde de Madrid, proferida en unas fiestas populares de la capital: "A colocarse, y el que no esté colocado, que se coloque y al loro" con la que venía a intentar ganarse a esa base social juvenil procedente de los pueblos que arribaba a Madrid. Si Tierno es un mito que Del Molino racionaliza también hace lo propio con asuntos más vidriosos de nuestra historia como es el Carlismo, movimiento que en el XIX representó la defensa del mundo rural con la exclusiva finalidad de conquistar el trono de la capital. Esta utilización del campo (paisaje y paisanaje) carlista desemboca al decir del escritor en esos nacionalismos que al socaire del Romanticismo y utilizando recursos establecidos por los carlistas (periódicos en las lenguas autóctonas, exaltación del folklore tradicional, etc.) crecerán en nuestro país ocultando -y aquí viene el lado molesto que muestra el autor- que durante la pasada Guerra Civil estos carlistas que están en la base del Nacionalismo vasco colaboraron con el dictador aportando nada menos que 40000 requetés que sirvieron para que los fascistas ganaran con rapidez el frente del Norte.

Estos y otros desvelamientos más realizados por Sergio del Molino en este ensayo están debida y profusamente documentados, lo que no quita para que desde luego sean opiniones muy personales de este madrileño radicado en Zaragoza, aragonés por origen familiar, y como cualquier opinión personal, muy discutibles. Que un ensayo incite al debate, a la discusión civilizada, siempre es deseable, y desde luego "La España vacía" incita a ello. 

Finalizo destacando algunas frases de entre las muchas que contiene la obra que me parecen especialmente reveladoras:
  • Mi trabajo es literario, y la mirada que lanzo a la España vacía es la propia de un escritor que la ha pisado, la ha conocido, la ha vivido, la ha amado y la ha leído. (p. 41)
  • La España vacía, vacía sin remedio, imposible ya de llenar, se ha vuelto presencia en la España urbana. (p. 249)
  • Hay una España vacía en la que vive un puñado de españoles, pero hay otra España vacía que vive en la mente y la memoria de millones de españoles. (p. 16)
  • A la España vacía le falta un relato en el que reconocerse. Las historias que la cuentan complacen a quienes no viven en ella y halagan dos clases de prejuicios: los de la España negra y los del beatus ille. (p. 87)
  • A la España vacía real no le han quedado más que dos caminos: negar y destruir su propia tradición o representarla en una función ininterrumpida al gusto de aquellos que abandonaron hace mucho sus casas y sus calles. (p. 221)
  • Desde Veruela, Bécquer diseñó la primera cartografía romántica de la España vacía. Con él empezó el mito. […] Con el tiempo, los habitantes de aquellos desiertos hicieron suyos esos relatos y empezaron a vivir conforme a ellos. El turismo lo propiciaba. […] desde el momento en que la España vacía asumió que no le quedaba nada más que pasado. Éste, por fuerza, tiene que ser real. Incluso el Quijote ha de serlo. (pp. 148, 151, 153)
  • La recreación consciente y sofisticada de la mitología de la España vacía. La construcción de identidades originales desde la ciudad con una mirada a los mitos heredados, que se reconstruyen y se reinventan con una libertad enorme. Es el estadio último de la descomposición de un país, una forma sutil y casi invisible de levantar una patria imaginaria. (p. 224) 

Sobre el autor

España desértica, España vacía, España vaciada
Sergio del Molino (Madrid, 1979) es escritor y periodista. Premio Ojo Crítico y Tigre Juan por La hora violeta (2013), una novela testimonial dura y muy emotiva que hace cosa de dos años leí y reseñé en este blog. Es autor también de otras novelas:  No habrá más enemigo (2012), Lo que a nadie le importa (2014) y La mirada de los peces (2017). El ensayo que he reseñado aquí, La España vacía (2016), fue un auténtico fenómeno editorial en nuestro país donde abrió un debate social, cultural y político inédito. Recibió el Premio de los Libreros de Madrid al Mejor Ensayo y el Premio Cálamo al Libro del Año, y fue reconocido como uno de los diez mejores libros de 2016 en España por la inmensa mayoría de la prensa. En 2013, El Cultural de El Mundo le escogió como uno de los narradores españoles menores de cuarenta años más relevantes. Actualmente colabora en diversos medios de comunicación, como El País, Cadena Ser, Onda Cero, Mercurio o Eñe.

 

9 may 2018

Sergio del Molino. "La hora violeta". Literatura testimonial.

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"A la hora violeta, cuando los ojos y la espalda
se alzan del escritorio, cuando el motor humano espera
como un taxímetro espera palpitando,
yo, Tiresias, aunque ciego, palpitando entre dos vidas,
viejo con arrugados senos de mujer, puedo ver
a la hora violeta, esa hora del atardecer que nos empuja
hacia el hogar y envía del mar a casa al marinero" 
["Tierra baldía" del poeta estadounidense T. S. Eliot (San Luis, Misuri; 26 de septiembre de 1888 - Londres; 4 de enero de 1965)

"La hora violeta", novela testimonial, literatura del dolor, duelo, enfermedad

La hora violeta
En una de las últimas secuencias de la cuarta parte de la obra titulada igual que todo el volumen, "La hora violeta", el propio autor del relato testimonial que me propongo reseñar confiesa que la razón por la que puso este título al volumen está en los versos de Eliot con que encabezo el post. Sergio del Molino en esas páginas, entre otras cosas, dice al respecto:
"La hora violeta es un taxi que espera en marcha en la parada, con el motor encendido. La hora violeta, en realidad, no existe más que como lugar de paso, como transición molesta y necesaria. Nadie vive en la hora violeta: la gente huye de ella hacia la vida real, hacia la vida normal." (pág. 186)
El significado concreto de lo que para él es esa hora violeta lo conoceremos en su más amplio sentido  leyendo este relato en el que Del Molino da testimonio de la terrible enfermedad (leucemia mieloide, la más agresiva) que le descubrieron a su hijo Pablo con apenas diez meses, y lo que supuso para el propio niño y para sus padres, Sergio y Cris, sobrellevarla. En definitiva esa hora violeta no fue otra cosa que ese tiempo esperanzado -sí y no, algo más de un año- que los tres miembros de este grupo familiar vivieron luchando y expectantes. La hora violeta, ese lugar de paso, está formado por todo lo que constituye la estructura sanitaria con sus profesionales pero también por los que constituyen el soporte afectivo, tan importante siempre: los familiares, los amigos, los compañeros de planta hospitalaria, etc.

Su autor
Sergio del Molino Molina (Madrid, 16 de agosto de 1979) es un escritor y periodista español. Literariamente, aunque algo antes ya había escrito algunas otras obras ("Malas influencias", libro de relatos; "Soldados en el jardín de la paz", ensayo de corte periodístico; o "No habrá más enemigo", en 2012, su primera novela) se dio a conocer al gran público con "La hora violeta"  en 2013. Desde el principio esta narración tuvo una enorme repercusión obteniendo ese mismo año el Premio Ojo Crítico  así como ganando el XXXV Premio Tigre Juan ex aequo con la novelista Marta Sanz.

En 2016 su ensayo "La España vacía" supuso un aldabonazo al escudriñar en él las raíces del desequilibrio campo-ciudad y la afectación que el mismo tiene sobre la España actual. En el terreno narrativo en 2017 vio la luz "La mirada de los peces", novela que trata sobre la vida y muerte de Antonio Aramayona, quien fuera profesor suyo de filosofía.

La principal dedicación profesional de Sergio del Molino es la de articulista y periodista. Habitualmente publica artículos y reportajes en "El Heraldo de Aragón" de la ciudad de Zaragoza donde reside y en diario "El País" de Madrid.

Una novela del dolor
Lo primero que viene a la cabeza de quien lee esta obra es el género literario al que pertenece. Para movernos con cierta sensación de seguridad los lectores siempre queremos encasillar, clasificar, al producto o al creador dentro de una categoría. Este deseo es comprensible pero no siempre factible, y cuando hay mucha calidad la dificultad aumenta. En el caso de la novela que nos ocupa el testimonio narrativo alterna y se confunde con la reflexión personal, la cual se escapa casi como sin querer hacia terrenos más puramente poéticos.

El crítico literario Ricardo Senabre (⍏2015) la clasificó dentro de lo que él llamaba "literatura del dolor". Sí, podría valer. Pero yo creo que no es del todo correcta la mera inclusión ahí porque en "La hora violeta" Sergio del Molino no sólo lanza un grito de dolor por lo injusto de lo acaecido a su hijo: al tiempo que muestra su congoja, también transmite una sensación de paz, no porque acepte tal injusticia sino porque reconoce que como seres humanos todos -su hijo, él, su pareja, los médicos, las enfermeras, los familiares, los amigos...- hicieron lo humanamente posible por evitar lo inevitable. Y eso da paz aunque no evite el dolor de la pena, esa inmensa pena en la que como confiesa al final aún está instalado:
"Tras esta hora violeta no me espera ningún baile. No quiero ir a ningún lugar en el que no estés tú. Mi pena hace las veces de tu cuerpo. Mi pena te invoca y te reconoce.
Yo soy mi pena y mi pena eres tú" (pág. 191)
Literatura de altísimo nivel
Al acabar de leer este libro testimonial la sensación principal que he tenido es la de haber asistido a una manifestación literaria de gran altura. Aunque estemos ante una obra de no-ficción eso no quiere decir que no sea "La hora violeta" literatura de muchos quilates. Lo es en muchos aspectos y no sólo en los formales.

Temáticamente aún siendo el principal asunto tratado el de la terrible enfermedad de su hijo Pablo y la lucha sin cuartel contra ella, el escritor no se limita sólo a ella sino que a su través salta a otros:
  • La sanidad española representada en las doctoras y personal sanitaria que con inmensa altura profesional y también afectiva atendieron a Pablo. 
    "La hora violeta", Sergio del Molino, novela testimonial, No-ficción
  • La solidaridad más pura representada en la Fundación Josep Carreras, por la que de una donante de otro país le cupo a Pablo albergar cierta esperanza;
  • La esperanza y la ayuda desinteresada entre los habitantes del ala hospitalaria de Oncología infantil: los padres, los chicos mayores a los pequeños y a sus padres muchas más asustados los segundos que los primeros, las enfermeras y su conexión y buen hacer con los niños enfermos, etc.
  • Los distintos tipos de colaboradores hospitalarios. Del Molino distingue entre 'provincianos' y 'extranjeros'. Los primeros no rehúyen, como si no existiera, la enfermedad; los segundos, los 'extranjeros' son principalmente religiosos -sobre todo evangélicos- y no saben integrar las bombas, las jeringas... Hacen como que no las ven. Su finalidad es lograr adeptos a su causa, no ayudar.
Naturalmente es el plano formal lo que en esta novela resalta por encima de todo lo demás. Yo destacaría:
  • La descripción y caracterización de algunos de los personajes:
    • Eva, una chica de quince años "que lleva un pañuelo en la cabeza y no soporta el aislamiento. Quiere salir con sus amigos, ligar con chicos, ir a clase, maquillarse, beber cerveza y sentir el cierzo alborotar un pelo que no tiene" (pág. 41)
    • Cris, la madre de Pablo: "Es nuestra guardiana. Al custodiar a Pablo me custodia a mí también. Es el fuego de mi lar. Sin ella, Pablo y yo habríamos sucumbido hace tiempo al frío. Ambos estaríamos podridos y devorados por los buitres" (pág. 104)
  • La utilización de la literatura  como recurso formal
    • Metáforas, para ayudarse en la lucha directa contra la enfermedad, no para engañarse. Al respecto echa mano de Susan Sontag que ya en 1978 dijo que "la enfermedad está llena de metáforas y que el mejor modo de permanecer sano en ella es ignorándolas o destruyéndolas" (pág. 33). Pero al tiempo -reconoce el escritor- sólo la literatura, sus metáforas, pueden explicar lo inefable que tiene el sufrimiento provocado por el cáncer: "Las metáforas, una vez más, nos salvan, aunque no nos engañan. Nos ayudan a adoptar una pose menos miserable, pero no nos resguardan del dolor ni nos acorazan contra la realidad que, impasible, avanza desnuda, sin tropos literarios" (pág. 77).
    • Referencias a autores y títulos porque el escritor, no puede remediarlo, vive en literatura, todo lo que vive lo filtra a través de sus lecturas, de aquellos autores que directa o indirectamente tocaron el tema del horror de la enfermedad como Thomas Mann en "La montaña mágica" ("Esta novela contamina mis primeros días en el hospital. Me siento como Hans Castorp. Todos los libros que llevo a la habitación parecen titularse 'Ocean Steamships' y están cubiertos por una carbonilla de ferrocarril", pag. 35), Edgar Allan Poe en sus cuentos de terror ("como personajes de Poe, catalépticos", dice para describir el estado de los enfermos tras ser tratados con quimioterapia) o, claro, Primo Levi, el autor de 'Si esto es un hombre', cuando quiere hacer un símil de los estragos ocasionados por la enfermedad con esos testimonios de Levi sobre lo ocurrido en los campos nazis. Hay muchos otros autores (Cortázar, Juan Marsé, Francisco Casavella, etc.) así como personajes o libros referenciados (el Pijoaparte de Marsé, el Gran Watusi de Casavella, la Maga de Cortázar, etc.) que le sirven para metaforizar y realizar símiles que le permitan sobrevivir a experiencia tan dura.
    • "Mortal y Rosa" de Francisco Umbral. Lugar aparte y bien diferenciado merece esta
      Ensayo, memorias, crónica, pena, dolor, duelo, enfermedadobra que el escritor vallisoletano escribiera en 1975 describiendo el duelo ante la muerte de su hijo Pincho que enfermó de leucemia a los cinco años de edad. Sergio del Molino  confiesa que su vocación literaria nació con la lectura de este libro de Umbral ("Yo quería ser un escritor como Umbral. Quería mancharme y herirme de muerte en la Literatura, sin importar si la máscara pública tenía un correlato con los libros", pág. 175). Es cierto, conociendo ambos libros, que el género híbrido de novela, ensayo, prosa poética. memorias... que es "La hora violeta" debe mucho a "Mortal y Rosa".

  • La música es otro de los elementos que conforman este relato. Sergio del Molino la utiliza en un doble sentido:
    • terapéuticamente para poder él mismo aguantar y seguir en la brecha luchando junto a su mujer y su hijo.
    • y también como manera de explicar más plásticamente aquello que nos quiere hacer llegar. Sus referencias musicales al respecto son las del rock porque sus orígenes familiares son los que son ("Qué más quisiera yo que haber crecido en una casa con abono familiar para el Auditorio Nacional", pág. 111); por ello escucha a Leño, a Rory Gallagher, a los Rolling Stones, a Johnny Cash...


Enorme emotividad. Envolviéndolo todo, convirtiendo este libro en una joyita, esta la Poesía. Sí, una poesía con mayúscula que emociona cuando la percibimos en frases sueltas ("...y siento la pesadez de la tarde"  ) y sobre todo en aquello que trasciende de la lectura de esta obra en la que el novelista se desnuda ante el lector, se muestra en su más límpida intimidad, se muestra tal cual es
"Una y otra vez ciclo tras ciclo, bolsa tras bolsa, centilitro tras centilitro. Y todo para nada. Toda esa mierda que puede fulminar al más robusto de los seres humanos en pocas horas, no es capaz de detener la puta leucemia" (pág. 85)
La poesía subyacente en el relato actúa sobre la emotividad del lector que en no pocas secuencias llega a estar al borde de las lágrimas. Pero no es  una emoción melodramática, falseada, como la que deriva de un culebrón o de una mala novela del corazón. No, aquí hay realidad y sinceridad pura y dura. La obra nos coloca directamente frente a la dureza de la vida. Si a esto añadimos que quien sufre es el propio hijo de quien la escribe, sabemos que no cabe fingimiento alguno. Muchas secuencias me han emocionado profundamente, pero si hubiera de elegir una como ejemplo elegiría aquella en la que el periodista Sergio del Molino recuerda cómo durante unas Navidades de bastantes años antes a lo que  el jefe de su periódico le encargó un reportaje sobre una niña con leucemia cuyo caso había llegado a los medios porque su madre había hecho a través de televisiones y periódicos un llamamiento público para que alguien le donase médula, único remedio posible a la enfermedad de la niña de cinco años. En la despedida el novelista por animarla le dice:
"Bueno, seguro que todo sale bien, ya verás. Y ella, sin acritud ninguna, concluyó: No, nada se va a solucionar. No hay ninguna solución. Lo pronunció con naturalidad, sin emoción aparente, sin ni siquiera traslucir un destello de resignación dolorosa" (pág. 102)
Para finalizar
De esta novela se desprende un mensaje esencial: la necesidad de diferenciar lo urgente de lo importante. Es la enseñanza que su autor extrae de la terrible enfermedad y de la pena y duelo subsiguientes:
"Prohibido ensimismarse en lo importante. Hay que atender lo urgente". (pág.126)
Y lo urgente es la tarea, el día a día, el camino, el "Keep on moving"; lo importante es lo trascendente, tarea propia de filósofos y poetas que buscan certezas absolutas. Los seres humanos nos debemos a la contingencia diaria, al día a día, a lo que toca hacer... Y cuando llega la enfermedad no cabe instalarse en las certezas, hay que moverse y luchar aunque como la madre de la niña de cinco años en el fondo sepamos que "nada se va a solucionar. No hay ninguna solución". No debemos dejar que lo importante nos paralice, hay que pelear siempre.


Datos del libro
Autor: SERGIO del MOLINO
Título: “La hora violeta”
Nº de páginas: 208 págs.
Encuadernación: Tapa blanda
Editorial: Mondadori. Edición: 001 (21 de marzo de 2013)
Lengua: CASTELLANO
ISBN-13: 978-8439727132
Precio:
En papel: 16,50€
Ebook: 6,64€