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19 jul 2023

"Narcopiso" de Paco Gómez Escribano

14 comentarios:

«La movida nos venía grande desde el principio, pero ahí estábamos nosotros, defensores de las causas perdidas,buscavidas de todo a cien, borrachos de pastel que ni siquiera éramos capaces de controlar nuestras propias vidas actuando como lo que hacía mucho tiempo ya no éramos.»

Paco Gómez Escribano, realismo sucio, realismo sórdido
Tras 5 Jotas, que me dejó muy buen sabor de boca [leer su reseña aquí], he leído la última de las novelas publicada por su autor, Paco Gómez Escribano, titulada Narcopiso. Narcopiso me ha recordado mucho a escritores de novela negra como Lee Child, Chester Himes, el español Carlos Zanón, e incluso al representante por antonomasia del dirty realismCharles Bukowski. ¿Por qué? Pues porque Gómez Escribano entra directamente en lo que en el género se denomina 'realismo sucio'. Una gran diferencia entre Narcopiso y 5 Jotas es que mientras en esta última la Música ocupa lugar de privilegio con múltiples referencias a temas  de jazz y de blues, en Narcopiso es la Literatura, concretamente la novela negra y la policíaca, la que tiene un papel central, casi casi diríamos, usando el léxico característico de sus protagonistas, de okupas de la misma.

Precisamente es del asunto de la okupación de lo que trata la narración. Estamos ante un piso ocupado por una gente  dedicada al narcotráfico, es un narcopiso. Los vecinos de siempre del edificio, casi todos ellos de la tercera edad, están que no pueden más con los gritos, riñas, suciedad y peligros que la vivienda ocupada ilegalmente les provoca. Es por ello que hartos de la poca efectividad de sus denuncias a la policía deciden encargar a Dionisio Aranzueque, presidente de la Comunidad de vecinos del edificio donde radica el narcopiso, que busque una solución al problema. Y la solución que se le ocurre a este hombre es buscar al Perla, un exdelincuente conocedor del barrio, para que los eche del piso. Le ofrece una suma de dinero de lo más apetitosa y así, sin más, el Perla busca al Araña, al Pirri -narrador de la historia-, y al Tije. Todos ellos son ahora mismo clientes fijos del bar del Julito, del mismo modo que en sus tiempos jóvenes frecuentaron las drogas y dieron no pocos palos para obtenerlas. Actualmente, las han dejado y sólo son alcohólicos o, al menos, es lo que sólo quieren ser. Pero no es fácil, pues el atractivo de la heroína y de la cocaína siempre está ahí. Juntos deciden ejecutar el trabajo propuesto por el bueno de Dionisio. Les mueve un sentimiento solidario de barrio.

Los cuatro personajes tienen personalidad propia, pero sin duda alguna es el Pirri el protagonista principal. Sin miedo a equivocarme, aunque bien pueda hacerlo, es el Pirri un alter ego del propio escritor quien en una época de su vida anduvo en la cuerda floja simpatizando con las drogas y moviéndose en ambientes que para nada eran facilitadores del abandono de las mismas. El Pirri es en la novela un hombre que ya no es joven, pero tampoco viejo; está en esa indefinible edad que se conoce como madurez. Ha visto morir a varios de sus compañeros de fatigas juveniles y él se ha salvado no sabe bien por qué ni cómo. Hoy su vida se reduce a beber cervezas y whisky, hacer crucigramas y leer novela negra
«Yo era un puto minusválido sin el carné de minusválido, un expolitoxicómano con más secuelas que un veterano del Vietnam, un colgado que iba dando tumbos sin más expectativas que echar un trago y rellenar unos crucigramas y leer unas noveluchas cuyos héroes poco me servían en la vida real.»»
Son precisamente esas "noveluchas" las que le sirven al Pirri y al propio novelista a tirar p'alante. La literatura es en la ficción y también lo es y lo ha sido en la vida real su tabla de salvación. En Narcopiso Paco Gómez Escribano homenajea a estos autores de noir, muchos de ellos poco conocidos, que le han ayudado muchísimo. Las referencias a nombres de escritores y a títulos de novelas son abundantísimas. En la novela se sirve el autor de un personaje llamado Cortecín, antiguo compañero de colegio, cuatro años menor con el que apenas si en los años colegiales se llevaba, que ahora es bibliotecario y se convierte en su particular camello -¡bienaventurado camello"- de novela negra del Pirri
  • «Desde entonces me sigue recomendando novelas negras. Pasamos de Chandler, Goodis o Burnett a Lehane, Craig Russell o Mankell.»
  • «El Cortecín no tomaba nunca nada. Aparecía, me prestaba una novela o varias, charlábamos un rato y se piraba. Después yo se las devolvía en la biblioteca. ¿Por qué hacía esto conmigo? Ni puta idea. Esto, y lo de que la peña votara siempre a la derecha en bucle, se me escapaba del todo.»

 La relación oracional que establece el narrador entre el comportamiento de su antiguo compañero y el  de la 'peña' en las votaciones es del todo lógica y semánticamente improcedente y por ello mismo literariamente de gran rendimiento. Esconde una punta de humor indiscutible.  

He dicho antes que si la novela va de okupas el auténtico okupa -en el sentido más positivo del término- es precisamente la literatura. Quien quiera conocer autores  de novela negra y policíaca, clásicos y actuales, tiene en Narcopiso una auténtica guía. Hasta el propio Paco Gómez Escribano aparece sin ser citado por su nombre en la novela; se diría, en términos cinematográficos, que hace un cameo. Entre los títulos que se citan aparecen algunos suyos. Y lo hace tanto al principio del relato cuando el Pirri tras un paseo por la madrileña Cuesta de Moyano dice:
«Cuando volví a Atocha con una sonrisilla colgando de mi careto, llevaba una bolsa con dos de Thompson, una de Westlake, dos de Burnett, tres de Vachss, cuatro de Pedrolo, tres de Juan Madrid, dos de Ibáñez, uno de Miguel Agustí, una de Ken Bruen, cuatro de González Ledesma, una rareza de Izzo, dos de Himes, una primera edición de La estrategia del pequinés, un ejemplar de Manguis, dos de Goodis, dos de Lawrence Block y tres de Mosley.»
como hacia el final cuando el Tijeras le propone al Pirri una coartada que, naturalmente, tiene como escenario el mundo de la literatura:
«—He pensao que tú y yo llevamos aquí un par de horas. Has venido a traerme unas novelas y hemos estado echando un trago. Estas. —Y cogió tres novelas viejas de un estante: La niebla y la doncella, Prótesis y 5 Jotas»

Novela negra española actual
Paco Gómez Escribano (Foto: Javier Velasco Oliaga)
Y, como se puede observar, entre los títulos citados tanto en uno como en otro momento aparecen dos de Paco Gómez Escribano: Manguis, en el primero y 5 Jotas, en el último.

He visto en esta novela recién publicada del autor madrileño muchos elementos que ya señalé en la reseña de 5 jotas. Quizás el más relevante sea la aparición del léxico propio de la marginalidad y mundo carcelario por donde los personajes de esta novela transitan a su gusto: 'fuscas' (pistolas), 'solipandis' (vivir de manera solitaria y autónoma), 'jaris' (muchachas jóvenes y atractivas), 'truja' (cigarrillo, porro), 'buco' (en el argot delictivo 'chutarse heroína') 'tarras' (viejos), 'filé' (enfilé)...; así como vocablos y frases del caló: «Venga ya, a mí no me jujaneéis, y marchaos, que lleváis mi majarañí», 'chinorris' (niños), 'jujanear' (no jugar limpio), 'chucarri' (angustia, aflicción), 'chororipen' (pobreza)...

También, al igual que en la novela que concurrió al Certamen Salamanca Negra de 2020, en Narcopiso hay crítica social, erotismo, alusiones al Cine e identificación del narrador con personajes novelescos de su género favorito: el noir. Las referencias socio-políticas espero que pasado el tiempo no sean para los lectores difíciles de desentrañar dada la desactualización de las organizaciones y seres mencionados en las mismas que el mero paso de los años provoca.
  • «¿Y sabes qué va a pasar? Pues que en las próximas elecciones generales el Pepé y esos de Ciudadanos van a sacar mayoría absoluta. Y eso se lo vamos a tener que agradecer a los que están ahí en la tele gritando» (crítica social)
  • «Que un tonto opine o deje de opinar es algo que al capital se la suda. Claro, el tonto cree que opinar es ejercer su libertad y por tanto cree que vive en democracia. Opinan en la tele, en las redes sociales, en sus blogs de mierda.» (crítica social)
  • «Aquello olía a lío gordo de Lew Griffin en las novelas de Sallis, a cristo como los que provocaban Easy Rawlins y su colega Mouse en las novelas de Mosley. Aquello, en definitiva, tenía su parecido a un Pulp Fiction cutre, porque el Tije y yo ni de coña éramos Vincent Vega y Jules Winnfield, y, sin embargo, el Loco sí se parecía peligrosamente al puto Marsellus Wallace.» (alusiones cinematográficas)
  • «Yo no vivía en un barco como Travis McGee ni me enrollaba con una o dos tías buenas en cada caso, más bien vivía bajo la superficie del agua, a veces me ahogaba y me resultaba terriblemente trabajoso volver a emerger. Ni de coña era Mike Hammer, no, no, no, no…» (identificación con héroes novelescos)
Para finalizar
Quizás por haber sido 5 Jotas la primera novela que leí de Paco Gómez Escribano Narcopiso me ha gustado un pelín menos, pero me ha entretenido y divertido muchísimo, que conste. Miedo me da siempre decir, al reseñar un libro, algo que pueda sonar a menor; parece que luego el personal se agarra a esa pequeña menudencia para concluir que no me ha gustado la obra. Y no, no es así, al menos en este caso no es así.
En fin, amigos, que para pasar un ratito entretenidos este autor es formidable y con Narcopiso lo podéis comprobar. Una muy buena lectura para este tórrido verano. Entre otras razones porque mira que se bebe cerveza en ella..., en fin, como en el verano (ja, ja).
 

16 nov 2022

James Ellroy: "El blues de Dick Contino"

18 comentarios:

«Se acercó una camarera, menú en mano.
—¿Eres Dick Contino? Mi padre no te traga porque es un ex combatiente, pero mi mamá cree que eres realmente guapo. ¿Puedes darme tu autógrafo.
»

Me sorprende que a estas alturas El blog de Juan Carlos no haya reseñado ninguna obra del gran James Ellroy. Seguramente se deba a que, por la época en que vi y leí dos de sus mejores novelas y correspondientes versiones cinematográficas, aún no había puesto en marcha este blog. Vamos, que va ya para más de doce años que tuve contacto gozoso con este norteamericano autor de novela negra, cualificado representante del realismo sucio, y adorador sin remilgos de los autores cuasi fundacionales del noir clásico: Dashiell Hamett y Raymond Chandler. En 2015 dediqué una entrada a la novela El halcón maltés del primero donde señalé las principales características del género. Creo que la lectura de ese post puede resultar interesante a algunos [acceder a la reseña pinchando aquí].



El blues de Dick Contino

Sinopsis (tomada de la solapa de la edición de Noches en Hollywood)
A la deriva en el brumoso Hollywood de los cincuenta, Dick Contino, un acordeonista prácticamnete acabado, trata de dar un empujón a su carrera perpetrando un secuestro perfecto: el suyo propio. Pero la broma se descontrolará peligrosamente. "El blues de Dick Contino" se desarrolla en Los Ángeles de los cincuenta: una ciudad poblada por policías, criminales, prostitutas, estafadores, cazatalentos en busca de estrellas, rateros, comunistas ocultos y chivatos que traen a la mente películas en blanco y negro y amarillistas gacetas de sucesos.


James Ellroy, realismo sucio
El blues de Dick Contino
" es una novela corta que James Ellroy publicó en 1994 acompañada de otros seis relatos más en un volumen titulado en la edición española de 2009 Noches en Hollywood. El blues de Dick Contino apareció también, publicado en solitario, en el número 46 de la revista Granta (invierno de 1994). La figura de Dick Contino de siempre atrajo mucho a Ellroy, quien en ese número de Granta apareció fotografiado junto al músico.

Dick Contino (1930 - 2017) es músico, concretamente músico acordeonista, muy popular durante los años 50 del siglo pasado. Es, pues, una figura real; como real es el recorrido que James Ellroy realiza, junto a Contino y su acordeón por la historia del crimen en Los Ángeles en ese tiempo. Ficcionaliza Ellroy la vida de Dick Contino, personaje que le resulta simpático y con quien se identifica por haber protagonizado éste un episodio que lo dejaría marcado para siempre: en 1951, Contino fue convocado por la Oficina de reclutamiento para ir a la guerra de Corea; ignoró la orden de presentarse en ese momento y, aunque  respondió positivamente en el 52 a la siguiente convocatoria  y participó, incluso con honores, en la guerra de Corea, el marchamo de COBARDE y DESERTOR le acompañaría, en el sentir popular, durante gran parte de su carrera. Lo dicho hasta aquí explica la simpatía que James Ellroy confiesa sentir hacia él; pero ¿la identificación? Pues la identificación la confiesa el escritor en un prólogo a la novela titulado "Venido del pasado" donde, hablando de todo lo que le ha llevado a considerar novelable el personaje de Contino, añade una razón más, en este caso totalmente referida a sí mismo:
«En 1965 me expulsaron del instituto e ingresé en el ejército. Todo lo que vi en la vida militar me dejó cagado de miedo. Fingí una crisis nerviosa y conseguí la licencia por inútil para el servicio.
 [...]
En 1980 escribí "Clandestino" [...] La acción se sitúa en 1951; el protagonista es un joven policía -y desertor del reclutamiento- cuya vida descarrila por culpa del Terror Rojo.»
Es claro que ese protagonista de Clandestino se parece mucho, mucho, a Dick Contino, personaje que -confiesa Ellroy allí mismo- jamás pudo quitarse de su cabeza al coincidir el asesinato de su madre con 'Bumble Boogie', el gran éxito del acordeonista, y al poco con la visión de la película Daddy-O protagonizada por el atractivo músico:
«En junio de 1958, mi madre fue asesinada. El asesinato quedó sin resolver. Me fui a vivir con mi padre. Vi a Dick Contino cantar "Bumble Boogie" en televisión y, un año más tarde, pillé 'Daddy-O' en el cine Admiral»
El James Ellroy que escribe esta novela corta es un Ellroy en plena forma. Digo en plena forma porque al leerlo he recordado dos de sus novelas largas, "La Dalia negra" (1987) y "L.A. Confidencial" (1990), que tanto me agradaron en su día. Y es que el autor norteamericano en esta obra muestra un estilo inconfundible tanto en la forma como en el tono y el fondo. En la forma destacaría en esta novela corta la manera escueta y definitoria con que en ocasiones va introduciendo conceptos. Así, para explicar el funcionamiento de la memoria y el recuerdo usa el procedimiento, llamémoslo de concepto - definición del mismo
«Memoria: el lugar donde las evocaciones personales colisionan con la historia.
Recuerdo: la fusión simbiótica del "entonces" y el "ahora".
[...]
Chispazo: los recuerdos de finales de los cincuenta volvieron a encenderse.»
Este estilo minimalista y sintético se ve también en la manera de establecer en ocasiones los enunciados. Es un procedimiento, expresionista por yuxtaposición me atrevo a decir, de comunicar evitando grandes paráfrasis explicativas o descriptivas:
«Sol miró a Jane.
Jane me miró a mí.
El federal miró a Sol»

También me gustaría destacar el uso con intencionalidad estilística de las mayúsculas. Es una forma de destacar la importancia del concepto o del término que está utilizando:

«Me convertí en una celebridad nacional, hice giras por todo el país como cabeza de cartel de Heidt y luego yo solo A LO GRANDE.
Toqué en GRANDES SALAS. Grabé discos. Rompí corazones
»

Si esto es muy destacable en lo formal, en el contenido sobresale, por encima de cualquier otra cosa, la música. Tratándose de un texto memorial centrado en la vida y anécdotas de un músico es natural que esto sea así. He buscado algunos de los temas que aparecen citados y he confeccionado una lista en Spotify que es muy reveladora del ambiente y contexto musical de los años 50 en que se sitúa la novela. 

La vida de un músico en la década de los cincuenta y principios de los 60 -mucho más si sobre el mismo había caído un sambenito infame- se desarrollaba en garitos controlados por la mafia. Para actuar en ellos a veces los mafiosos requerían de los artistas una serie de servicios para nada musicales: chantajes, trabajos como recaudadores de extorsiones, servicios sexuales sobre todo si se trataba de mujeres, amaño de concursos musicales radiofónicos o televisivos, colaboración en "embargos" por falta de pagos exigidos, y hasta secuestros con petición de rescate, etc. Precisamente un secuestro, el suyo propio, es el que el mismísimo Dick Contino simulará para así poder cumplir con las obligaciones que la mafia empresarial requería. Esto y más (corrupción policial, persecución de comunistas, prostitución, extorsionadores, chivatos…) es lo que aparece en esta novela corta. Creo que como muestra de esto sirve lo que Howard Wormser, el agente musical de Contino, le dice a éste cuando él, en horas bajas, le pide que le encuentre algún trabajo 
«Tendrías que haber aceptado la invitación de Sam Giancana para que te pusiera en la nómina de artistas que actúan para la mafia de Chicago. Ahora estarías tocando en grandes salones. Deberías haber testificado ante ese Gran Jurado y tendrías que haber delatado a unos cuantos rojillos. Tendrías que...»

Hollywood Nocturnes, James Ellroy
 Por último, me parece de lo más relevante en este cuento largo o novela corta la perfecta mezcla que James Ellroy realiza entre realidad y ficción. Es cierto que Ellroy buscó a Dick Contino en 1993 y le pidió permiso para escribir un relato corto y una novela inspirada en su vida, a lo que el acordeonista entonces refugiado en actuaciones en Las Vegas aceptó, son reales muchos de los personajes que aparecen en la narración como su esposa Leight, su agente musical y, de seguro, muchos otros seres más cuya identidad yo no controlo. Lo magnífico de El blues de Dick Contino es la manera como James Ellroy presenta la dura vida que hubo de soportar Dick Contino durante esa época de los años 50 en que la industria musical y televisiva estaba en manos de los mafiosos. La historia la escribe el autor a partir de la entrevista que 35 años después del shock sufrido por el asesinato de su madre y la visualización de la película Daddy-O tuvieron ambos en Las Vegas; o sea, la entrevista Contino-Ellroy ha tenido lugar en 1993 y el relato, al que añadiría otros seis más, salió a la venta en 1994. 

La mezcla realidad-ficción es tan grande que el mismo escritor aparece explicando todos los pormenores que le llevaron a escribir esta narración. Y no sólo esto, sino que, en un claro ejercicio metaliterario, James Ellroy, tras hablar con el famosos acordeonista sufre como una especie de revelación:

«Me imaginé mucho rato delante de un público cada vez mayor, armado de una nueva munición literaria: el conocimiento de que Dick Contino sería el héroe de la continuación del libro que estoy escribiendo ahora»
Finalizo esta reseña con unos ejemplos del realismo sucio que James Ellroy cultiva en sus escritos. Son muestras que, en mi opinión, sirven justificadamente para ubicar al escritor en la senda de Raymond Carver, Cormac McCarthy o Charles Bukowski
    • «Los hombres del sheriff entraron en tropel y se desplegaron en abanico. A la zaga, la agente Dot Rothstein, más de cien kilos de carne lesbiana encoñada con mi amiga Chris Staples»
    • «Puedes decirle a Sol Slotnick que no me acostaré con él hasta que se hiele el infierno, pero que haré una prueba y me desnudaré hasta quedarme en bikini si tú me haces de carabina»
    • «—¿Eres amigo de un esbirro de J. Edgar Hoover?
      —Sí, del agente especial Pete van Obst. Su esposa es la presidenta nacional de mi club de fans
      »
       

Los otros seis relatos que acompañan a El blues de Dick Contino en Noches en Hollywood se titulan: La muerte, Negrolandia rica, Marque Axminster 6-400, Desde la ausencia, El momio y La prisión del amor

 



21 oct 2022

Carlos Bassas del Rey y su última novela: "Sinántropos"

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«Corto ha descubierto que lo que lo ha mantenido verdaderamente en pie todo este tiempo ha sido sólo eso: el anhelo.
Corto también ha comprendido una última cosa: la venganza está plagada de daños colaterales; algunos son asumibles, otros, en cambio, se acaban revelando insoportables.»

Carlos Bassas del Rey, trilogía de la venganza, realismo sucio español
Con esta novela de título extraño -Sinántropos- concluyo lo que se denomina en la novelística de Carlos Bassas del Rey 'trilogía de la venganza'. Efectivamente, la novela que acabo de leer es la historia de una venganza. El protagonista de la misma es Bruno Garza, conocido en la barriada donde vive como el Corto. Es un chico guapo, muy atractivo, que vuelve al barrio que abandonó hace diez años. La pandilla de amigos de la adolescencia se sorprende al verle regresar. Entre ellos hay sus más y sus menos. Silvia era la chica de Corto, ambos se querían, pero inopinadamente Bruno un día desapareció. ¿Por qué? En diez años pueden pasar muchas cosas, entre otras que tu chica te olvide y se case con tu mejor amigo.
 [el Corto] «se cree mejor que todos ellos; que Dani, Fer, Javi y Pruden; que Silvia; que el Chino; que su madre. Mejor que todos los miserables que se hacinan en los edificios que le rodean. Siente asco de su pobreza y su miseria

Pero ¿por qué te marchaste, Corto? Y lo que es más importante ahora, ¿por qué has regresado? En la novela conoceremos los motivos de esta huida y las razones de su regreso. Esta información la da el autor a cuentagotas, creando suspense y sirviendo así de acicate al lector para que devore el libro. Mientras nos enteramos de estos dos extremos, lo esencial es saber que, durante esos diez años transcurridos, Corto quiso ser sobre todo Bruno y que a través de la agencia de chaperos de alto standing que lo acogió en su huida conoció a Candela, una joven de familia bien con la que tuvo la ensoñación de cambiar de estatus, de clase, de identidad. Pero...
«Candela se detiene. La brisa le agita el pelo, y, de repente, a Corto todo le parece un tópico: el paseo por la playa cogidos de la mano, el viento que agita su cabello, la chica rica, el niño pobre, la princesa y el vagabundo. 
"Es la puta Pretty Woman al revés", piensa.»
El personaje de Candela y la relación del Corto con ella me ha recordado muchísimo la novela de Juan Marsé, "Últimas tardes con Teresa". La verdad es que Bassas del Rey deja traslucir en sus novelas sus admiraciones literarias. En las reseñas que en este blog tengo hechas de las otras dos novelas de la trilogía, Justo y Soledad,  señalo en cada una de ellas esta característica. Enorme semejanza existe entre el Pijoaparte de Marsé y el Corto de Carlos Bassas. Ambos personajes se mueven por la misma geografía urbana -seguramente Barcelona, aunque en Sinántropos no se aclara con exactitud- y ambos seres, ingenuamente, pretenden desclasarse gracias a su atractivo sexual. Se lo explica Bruno a su amigo Dani en un momento del relato:
«Corto tuerce la boca, esboza una sonrisa cansada.
—Alguien me dijo una vez que la gente como nosotros no somos más que sinántropos. Putos parásitos. Putas ratas, jodidas palomas, cucarachas de mierda que se alimentan de las sobras de otros.
—Pues jodámosles.
—No podemos ganar. Los tipos como tú y como yo, la gente de este maldito barrio, de tantos otros como este, nacemos condenados. Créeme. Lo intenté.
»
Los seres como ellos están condenados, no pueden salir del hoyo. Cuando se han creído fuera, han sido aherrojados de nuevo en el mismo, pues las clases, especialmente las altas, defienden su identidad y no quieren mestizaje, sangre sucia en sus familias. Esto Corto lo ha entendido tarde, pero ahora sabe muy bien por qué su asunto con Candela naufragó: «el ultimátum del padre, la amenaza de la madre, el pánico al nieto mestizo, al bebé de sangre sucia.»

 Entre los motivos de su huida ocupan lugar preferente los mafiosos del barrio, en especial el Chino que se sirvió de Corto para humillar al padre de éste. Sobre este asunto nada más debo decir, no quiero estropear el disfrute que supone la lectura de Sinántropos. Una novela en línea con lo que nos tiene habituados su autor. ¿Y a qué nos tiene habituados Carlos Bassas del Rey? Pues a una historia dura, para estómagos que digieran novelas negras que no se paran en barras. El barrio es duro; las relaciones entre quienes lo habitan son duras; el amor y la amistad, esquivos y engañosos; las jerarquías están claras y si no se respetan se imponen por la fuerza cruel y violenta.

A mí, aparte de la historia, lo que me gusta de ésta y de otras novelas del escritor barcelonés es la forma que da a sus escritos: ese ir descubriendo lo que viene de la mano del narrador; esas repeticiones rítmicas que hacen de la novela casi un poema en ocasiones
« El odio pesa.
El odio tiene masa.
El odio crece y consume cada vez más energía, se vuelve afanoso y acaba reclamando una consagración absoluta.
El odio de Corto es una orquídea.
El odio de Corto es una garza blanca [Habernaria radiata]

Pero esta vez -también sucede en las otras novelas del autor- lo que más ha llamado mi atención es el amor que Carlos Bassas del Rey muestra por el vocabulario, por el léxico concreto, por las palabras adecuadas, muchas veces tecnicismos de profesiones como la medicina, la biología o el mundo del derecho: 
lentigos’ (pequeñas manchas y pigmentaciones, en general asociadas a la edad, que aparecen en las zonas de la cara o en las manos), ‘nistagmo’ (o nistagmus es una oscilación rítmica e involuntaria de uno o ambos ojos que puede presentarse a cualquier edad), ‘ basuco’ (mezcla de cocaína y heroína, usada por drogadictos), ‘pareidolia’ (un juego muy común entre niños y adultos donde pasan el tiempo buscando figuras en las nubes o en algo tan común y cotidiano como unas simples sombras de una habitación), ‘acónito’ (Planta herbácea de tallos erguidos, hojas palmeadas, flores azules o blancas y raíz fusiforme.), ‘gálbulos’ (frutos de los cipreses redondeados, carnosos e indehiscentes (que no se abren cuando están maduros) que encierran varias semillas en su interior)…, y naturalmente, el propio título, ‘Sinántropos’:
«Sinantropía
Del griego syn (junto a) + antrhopos (ser humano). En biología, capacidad de algunas especies vegetales y animales de adaptarse a ecosistemas urbanos para sobrevivir
.»
Novela negra española, Realismo sucio

Muy interesantes en mi opinión son las recurrencias que el novelista hace a la literatura antigua, en especial al Antiguo Testamento y a la tragedia griega. Concretamente es con el Libro de Abraham y con la tragedia Las Euménides de Esquilo que Carlos Bassas del Rey realiza traslación analógica de la tragedia urbana que Bruno Garza soporta. El Libro de Abraham le sirve para aproximarse a la experiencia que vivió con su padre («el padre de Corto es consciente de que no hay nada que pueda hacer: su Dios le demanda un sacrificio, el Chino le exige un holocausto.») y las figuras de las tres euménides («ralentiza el paso y reza a las Erinias, "¡Oh, Alecto, oh, Megera, oh, Tisífone, si es posible, que pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la vuestra!"») es la entidad a la que el vengador que es él se encomienda. Estos entes, más una VOZ que habita en su interior («Hazlo. / Ella también te ha mentido. / Te ha traicionado. / Todo el mundo te traiciona.») le dictan lo que debe de hacer, dirigen sus acciones
«Entonces la siente de nuevo: la mirada escrutadora de Tisífone, la determinación de Lilith, las ansias de venganza de Salomé, el odio de Medea.»

Concluyo
Hay que leer y leer esta novela que resulta adictiva. Una novela fuerte, para nada timorata, que exige estómago para aguantar lo que en ella sucede y ocurre a unos y otros personajes. La pregunta que nos hacemos cuando leemos historias así es el propio novelista quien, en la Nota del Autor, que precede a la narración propiamente dicha, viene a aclarárnosla, a contestárnosla, sin ni siquiera nosotros haberla formulado:
Los escritores usamos la ficción para contar la realidad. Nos inventamos una mentira para contar la verdad. Esta historia es solo eso: pura ficción. Una gran mentira. O quizás no. Quizás [precisamente por eso] todo lo que el lector encontrará a lo largo de sus páginas sea la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.
Pura realidad.
Decidan por ustedes mismos al terminar
Yo ya he terminado la novela y ya he decidido. ¿Y vosotros?


Datos del libro:
Título del libro: Sinántropos
Autor: Carlos Bassas del Rey
Nacionalidad: España
Editorial: Alrevés
Año de publicación: 2022
Nº de páginas: 250

11 oct 2022

"Giley" de Julián Ibáñez

15 comentarios:

«Mi hocico recorre su cuello, sus hombros; mis labios saborean la aspereza de la camiseta sobre sus pezones. Muerdo el tejido que envuelve la carne. No dice nada, tampoco sus manos dicen nada, sus brazos cuelgan inertes. Tiro de la camiseta hacia arriba, se la saco y la dejo caer. Le bajo los pantalones y con el pie la desprendo de ellos [...]»

Del santanderino Julián Ibáñez leí con gusto, hará cosa de un año, La miel y el cuchillo que en la edición que manejé se titulaba Sindy, la colegiala. En la reseña que hice de ella en este mismo blog declaré mi reconciliación con el hard boiled. Ahora con Giley he regresado a Ibáñez; quería volver a degustar la acidez metálica, herrumbrosa y alcohólica, de los bajos fondos por donde se mueven sus personajes. En este caso el protagonista es un policía atípico, Cobos, quien combina sus obligaciones como funcionario del cuerpo con el garito ilegal de juego que tiene abierto desde hace tres meses con un colega. Es precisamente en el entorno de lo que él llama su 'oficina' donde recibe una agresión que él no logra entender. A aclarar el suceso se dedica en este relato.

Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
El giley es un juego antiguo. Los monarcas se jugaban a las cartas los doblones de oro y a veces el reino... algunos, como el policía Cobos, se juegan la vida. Cobos, descendido de Madrid al paisaje ocre de Puertollano, es un policía que regenta un garito ilegal donde juegan quinquis, chulos y borrachos y, en teoría, se encarga de Lesiones y Menores en la comisaría. Fardón y farolero, a Cobos le agrede en el portal de su propio garito una rubia ceñida a un vestido rosa calabaza y que no tiene el gusto de conocer, pero a quien comenzará a buscar como una novia despechada. Tres días después, la Guardia Civil la saca de un riachuelo cerca de Puertollano y Cobos se dará cuenta de que, por presumir, ha repartido cartas de sospechoso en una partida que acabará entre rejas o aún peor


Cobos vive de pensión en un hostal de Puertollano. Ha sido degradado a esta población desde Madrid por esa manera suya de conducirse siempre en esa delgada línea que separa lo legal de lo ilegal, aunque él no es un policía que se deje corromper («Mi raya se encuentra antes del chantaje y tú necesitas gafas»). Ya en Madrid tenía un garito de juego, garito que ha reabierto en la localidad ciudadrealeña junto a Fidel, socio en esta actividad. Les gusta el juego y por esta 'oficina' pasan hampones, delincuentes, policías corruptos y demás. La diferencia entre estos jugadores y los dueños del garito es que ellos dos jamás se juegan las nóminas, jamás se ahorcan con deudas. De los juegos que en el local se practican el que más agrada a Cobos es el del giley. Este juego y sus normas esconden la clave para la resolución del embrollo en que el policía se encuentra inmerso
«—Es un juego de envite. Se dan cuatro cartas, cada carta del mismo palo vale diez puntos, menos el siete que vale siete y el as que vale once puntos. Hay descartes. Cuarenta y un puntos es la baza ganadora. El as es la clave, quien tenga el as con las otras tres cartas del mismo palo es quien se lleva el dinero.»
La doble vida, profesional y personal, del inspector confluyen cuando la chica que al inicio del relato le agredió aparece muerta en el río. Interviene la Guardia Civil y el CNP al que pertenece Cobos también toma cartas en el asunto. La competencia entre ambos cuerpos policiales será también componente importante en la narración. Cobos desde su llegada a Puertollano es visto con recelo por alguno de sus compañeros a pesar de que es un buen profesional que nunca falta a sus compromisos laborales. Junto a él en la comisaría donde trabaja «completan la plantilla ocho maderos. Uno de ellos es una chica, Raquel. Está bien, unos veinticinco, delgada, limpia, […] Los otros son Enrique y su primo Cecilio, Cruzado, Pineda, Bedia, Vidal e Iglesias. Este último y Raquel son primos, pero primos segundos. No conozco bien a ninguno de ellos. Los únicos policías fijos de plantilla somos San Vicente, los dos primos hermanos y yo. Leandro también está de paso.». 

La personalidad de Cobos se vislumbra en la cita anterior, en la manera como se ha fijado en su compañera Raquel. Se percibe un cierto machismo en esas pocas palabras ("está bien, delgada, limpia"). A Cobos las mujeres le atraen mucho; se diría que, aparte del juego, lo que más le gusta en este mundo es relacionarse íntimamente con ellas. Y no se para en barras, como se observa en el acercamiento que realiza hacia Daniela previo a acostarse con ella pese a encontrarse borracha y atacada de vómitos («Mis labios acaparan los suyos. Su boca me sabe a vómito. También a sangre. Me separo de ella.»). 

Debido quizás a la doble vida que lleva, el policía protagonista de esta narración es un gran solitario. Es un hombre que mata su soledad haciendo bien su trabajo de policía, aunque para ello deba esconder ciertos deslices como haberse llevado por delante a alguien, eso sí siempre de los malos; además del trabajo, como ya se ha dicho, es el juego del giley la actividad que le socializa, si bien con lo 'mejorcito' de cada casa.

Como en otras novelas del género, el alcohol y los establecimientos donde se expende, esto es, los bares, ocupan lugar preeminente en Giley. En pocas páginas vemos a Cobos aparcando en batería delante del Verona, tomando un bocado en Casa Ricardo, entrando a por una birra en La Estrella, el Aurelio, El Charro, o El Duque, buscando a Daniela en el Club Sombras, etc. Es en estos tugurios donde contacta con sus confidentes, como Caballo, y donde toma el pulso a la delincuencia que investiga. Es en estos espacios del submundo citadino donde descubre las implicaciones de alguno que otro policía y/o guardia civil con los malos. No viene a cuento decir más en este momento para no romper el encanto del suspense que toda novela negra debe tener hasta su resolución final. Sólo añadiré que leyendo Giley algo se aprende de la organización en "líneas" de la Guardia Civil. Así cuando el sargento Reyes de la línea de Puertollano requiere a Cobos y éste observa que por medio está el capitán Crespo, perteneciente a la línea de Albacete, nuestro protagonista percibe que algo chungo se cuece en este interés policial por una joven prostituta aparecida muerta pocos días después de haberle golpeado a él. Seguramente, intuye, le quieren cargar el muerto, nunca mejor dicho.

Desde lo formal, sin lugar a dudas son las descripciones una de las características que hacen que la novela se lea con gusto. Son descripciones escuetas, económicas en elementos, pero muy efectistas, muy adecuadas al propósito perseguido con ellas. Al erotismo, uno de los elementos distintivos de la novela negra de Julián Ibáñez, le van como anillo al dedo este tipo de descripciones. Sirva de ejemplo la que se realiza de la ebria Daniela, a base de períodos oracionales constituidos por proposiciones coordinadas adversativas, cuando Cobos topa con ella por primera vez. Erotismo y machismo van de la mano en esta ocasión
«no es guapa, no lo es, aunque tampoco la pondría en el estante de las feas. Sus labios son demasiado alargados y finos; sin embargo, hacen dulce la boca; sus ojos son oscuros y pequeños, con un sombreado de ojeras violáceo; su frente es demasiado ancha. […] Sus pechos no son abultados, pero son redondos y se adivinan compactos, como dos mitades de pomelo; tampoco sus caderas son lo que se puede decir llamativas, pero sí atractivas por la pureza de su trazo. La tez es muy blanca; sin embargo, su cabello es azabache, corto y liso.»
Para finalizar sólo querría resaltar la ubicación de la historia. Acostumbrados casi siempre a ver corretear a policías, detectives y delincuentes por las calles de ciudades populosas, Julián Ibáñez en Giley ha optado por hacerlos deambular por una localidad de tamaño medio, ni demasiado pequeña como para calificarla de pueblo, ni tan grande que cupiese confundirla con una metrópoli cosmopolita. Estamos en Puertollano, municipio de Ciudad Real, provincia de la España profunda e interior. Me ha sorprendido gratamente ver correr a personas y coches por calles y carreteras que apuntan a otros pueblos menores: «se aleja deprisa llevando al Manco por el codo, hacia Serrejón.». Y no sólo Serrejón, muchas otras localidades de la zona les sirven de destino. Concretamente estos lugares aparecen citados todos juntos en el relato cuando se nos dice cuál es la zona de influencia de la línea de la Guardia Civil de Puertollano: «La línea de Puertollano la completan Argamasilla, Almodóvar, Aldea del Rey y Calzada, y creo que dos o tres pueblos más, no estoy seguro.»

Alguna que otra característica cabría destacar en esta narración que Julián Ibáñez dio a la luz en 2010. No quiero acabar sin destacar el punto de humor que en diversos momentos deja el escritor esparcido en su novela. Por ejemplo, el interrogatorio al que lo somete la Guardia Civil es por demás humorístico:
«—Dije que era rubia y que me golpeó con la pistola porque quedaba mejor. 
—¿Queda mejor una rubia? ¿Por qué? 
—Porque en las películas son rubias.»
Además de tener este breve diálogo su puntito de humor, creo que aquí Julián Ibáñez lo que hace es homenajear el hard-boiled, [sus características principales AQUÍ] género que como se sabe incide en ese tipo físico de mujer y otras particularidades más como el machismo, la xenofobia («Tú sólo eres el criado. Un gitano. Eres mierda porque eres gitano. ¿No lo sabías?»), el erotismo, la marginalidad, el alcohol y otras adicciones como la ludopatía, etc., etc. 

13 jun 2021

Julián Ibáñez: "Sindy, la colegiala". Genuino representante del hard boiled español

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«Baja la correa y apunta a la chica con el dedo.
—¡Eres mi mujer, tú! ¡Y hago contigo lo que me da la gana! ¡Te voy a moler a palos! ¡Porque quiero! ¡Porque yo quiero! ¡Vas a aprender, tú!»
(pág. 64)

La miel y el cuchillo, Serie Bellón, Julián Ibáñez García
Hay ocasiones en que se me acumulan lecturas de las que no he realizado reseña. Ese ha sido el caso en esta ocasión. El motivo creo que ha venido dado por mi deseo de avanzar con rapidez en el "Reto Autores de la A a la Z". Es un reto divertido que consiste en completar el abecedario con las iniciales por las que son conocidos los escritores. El problema aparece cuando hay una inicial difícil de cumplimentar porque autores con esa inicial o no están en mis planes de lectura o simplemente no conozco ninguno con ese nombre y me veo obligado a tirar de catálogo y escoger más o menos al azar alguno de ellos.  Es lo que en esta ocasión me ha ocurrido con Julián Ibáñez, autor que conocía sólo de nombre [en la lejana fecha de abril de 2014 citaba su nombre en una entrada que se puede leer aquí], pero del que nada suyo había leído. La I inicial de su apellido me venía al dedillo; así que cuando vi su nombre en una lista de españoles de noir me pareció una buena opción, como así ha sido en efecto.


Julián Ibáñez: "Sindy la colegiala" (#Bellón 2)

El escritor
Nació en Santander en 1940. Estudió interno en el Seminario de jesuitas de Carrión de los Condes. Que un niño estudiase en un Seminario religioso no era inhabitual en la España franquista. Los hijos de labradores y, como en el caso, de Julián, de perdedores como sus padres de la reciente guerra civil que se las veían canutas para poder dar de comer a sus hijos al haber sido apartados de los puestos que ocupaban durante la República. Los padres de Julián Ibáñez eran maestros republicanos y el franquismo laminó a ese gremio, y entregó la enseñanza a las congregaciones religiosas. Pese a esta formación en el seno de los jesuitas, el autor de "Sindy la colegiala" siempre se ha confesado ateo.

Su formación universitaria lo fue en el campo de las Ciencias en la Universidad de Valladolid. Ya en Madrid se formó en la Escuela de Cine en escritura de guiones cinematográficos.
Antes de asentarse en la capital de España trabajando profesionalmente en la industria del Cine como meritorio, ayudante de dirección, y escribiendo guiones, dice de sí mismo cuando es preguntado que se pasó 12 años viajando y viviendo por Europa, ocupado en los más diversos oficios: de vendimiador en Francia, trabajando con visones en Suecia, recolector de patatas en Inglaterra, friegaplatos, etc... 

Empezó a escribir novela negra a partir de 1980. Se engloba dentro de la generación de autores que renovaron el género en España a la muerte de Franco. Sería, pues, compañero de Manuel Vázquez Montalbán, Francisco González Ledesma, Juan Madrid o Andreu Martín


Sinopsis de la novela (proporcionada por la propia editorial)
Bellón está atrapado. Una misteriosa mujer de aspecto aniñado tiene una información que puede condenarle a dormir sobre jergón una larga temporada. Nadie pronuncia la palabra chantaje cuando la mujer niña se limita a hacerle un encargo aparentemente sencillo: que entregue un abultado sobre a una camarera de El Elefante Blanco... Bellón quiere conocer el contenido del sobre. Lo abre y se encuentra. con la Bomba Atómica.
Cuando Bellón está a punto de ser atrapado, la mujer niña le abre la puerta por donde puede escapar. Pero mejor la hubiera dejado cerrada...

Dos sensaciones he tenido según leía esta novela de Julián Ibáñez. La primera, que es deudora del policíaco español de los cincuenta y sesenta del siglo pasado que con tanto éxito de público se difundía en kioskos en esas ediciones características de bolsillo de la editorial Bruguera; la segunda, que en ella es patente el realismo sucio de un Raymond Carver y la denuncia social de por ejemplo Chester Himes, perfectamente combinados con las características de la genuina novela negra norteamericana tipo Raymond Chandler y/o Dashiell Hammett. La novela negra clásica norteamericana tuvo enorme difusión en España a partir de los años 40 con versiones cinematográficas de sus novelas a través de películas como "El sueño eterno" de Howard Hanks.
 
Es una novela cuyo protagonista es claramente un antihéroe. Se trata de un delincuente, de un marginado, de un matasiete, que igual actúa de sicario que chulea mujeres. Nada más comenzar el relato lo vemos acabando de realizar un encargo con resultado de muerte que le habían hecho; a continuación actúa de viajante trasladando mujeres angoleñas desde Portugal hasta Madrid donde las deposita en una pensión para después llevarlas al puticlub El elefante blanco en el que a partir de la noche trabajarán de camareras y de lo que se tercie. Estas mujeres a veces -casi siempre, la verdad sea dicha- son objeto de subasta entre los proxenetas de la zona. Él mismo se encapricha de una que le pide que la compre y ahí, al carecer de suficiente dinero con que pagar, comienzan buena parte de sus problemas. Sea como fuere el caso es que este ser marginal va saliendo con suerte de los aprietos en que se va encontrando.

Una novela de suspense como ésta no admite contar mucho de ella a no ser que se quiera destrozarla y estropear el placer de leerla por uno mismo. Yo no lo haré, por supuesto. Sólo diré que en el relato se hace realidad el dicho bíblico ''No hagas a otro lo que no quieras que te suceda a ti''. Bellón, trapacero y maestro de la doblez y el engaño, sufrirá en sus propias carnes aquello mismo que él, con arte, practica. El sexo que Irene, la bella mujer con aspecto aniñado, le ofrece más el dinero con que lo engatusa harán que su mente no muy clara de habitual dada su adicción a las cervezas de alta graduación y la necesidad que siempre tiene de dinero para quemarlo en las máquinas tragaperras o en el giley (juego antiguo de naipes) en el que de habitual se juega los cuartos este hombre, serán los elementos dinamizadores de la trama.

Erotismo en la novela negra, hard boiled, realismo sucio
"Sindy la colegiala"
de Julián Ibáñez es la primera novela que leo de la serie Bellón escrita por este escritor santanderino de 81 años. Es un genuino representante del hard boiled español. De éste mi primer contacto con él he salido reconciliado con el género, que emerge de su pluma con todas las características del mismo: corrupción policial, bajos fondos de la sociedad, garitos, bares de carretera, puticlubs, pensiones donde no se pregunta, prostitución de calle, chaperos, tráfico de mujeres, sexo, alcohol, juego, erotismo.... Quizás sea el erotismo característica importante en la novela; un erotismo callejero y de clubes de alterne, barriobajero, de menores, hetero y homosexual. Es este erotismo movilizador esencial de los comportamientos de los personajes, en especial del de Florín Bellón.

La novela se lee muy bien y rápido. A veces da la sensación de estar escrita también de manera muy rápida. Es seguro que leeré alguna más de la serie o al menos del autor para ratificarme o no en esta impresión inicial. Es una clara muestra de la evolución experimentada por esas novelas de kiosko de los años 40 y 50 escritas por españoles que firmaban Edward Goodman o Eddy Thorny (Eduardo de Guzmán), Mark Halloran (Jordi Gubern), Peter Debry (Pedro Debrigode), P. Duke (Fidel Prado Duque), Siver Kane (Francisco González Ledesma) o Lou Carrigan (Antonio Vera) por eso de que entre nosotros lo foráneo siempre ha gozado de más prestigio que lo nacional. Al menos así fue hasta los años 70 en que parece que los escritores se quitaron esa pesada carga, ese complejo de inferioridad, que les oprimía. Lo definitivo, al decir de Manuel Blanco Chivite, fue que estos escritores «prácticamente, no descubrieron a los grandes del género hasta después de la muerte de Franco, cuando las traducciones nos [los] volvieron a traer». Se refería Blanco Chivite, naturalmente, a Chandler y Hammett.

La novela se publicó en 2003 con el título de La miel y el cuchillo aunque la edición que yo he manejado -la edición de kindle- aparece con el de Sindy, la colegiala, quizás por, en opinión del editor, tener mayor tirón que el otro. Es la segunda o tercera que tiene por protagonista a Florín Bellón. La serie se compone por ahora de los siguientes títulos: Entre trago y trago (2001); La miel y el cuchillo (2003); El soplón (2000); El viejo muere, la niña vive (2014); Todas las mujeres son peligrosas (2015); Gatas Salvajes (2015); Canino (2016); El matón al que engañaban las mujeres (2017); La catequista (2018); Violentamente pelirroja (2018); Yo fui mercader de mujeres (2019); y La noche se llenó de sirenas (2020).
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Entradas relacionadas














26 feb 2020

Carlos Bassas del Rey: "Justo". Premio Dashiell Hammett 2019

5 comentarios:
"La ventaja de haber llegado a cierta edad es que nadie se fija en ti. Cuando más deberían temernos, que es ahora que hemos alcanzado la cúspide del saber, la cima del cabreo, más nos minusvaloran. Formamos parte del paisaje."

Carlos Bassas del Rey. El autor.
"Justo", novela negra, Realismo sucio
(Foto del Diario de Navarra, febrero 2018)
Los blogs que leo y en los que confío plenamente nunca hasta el momento me han defraudado en sus recomendaciones. Esta vez tampoco. Y no sólo no me han defraudado sino que mi satisfacción ha sido extrema respecto a este barcelonés afincado en Navarra en cuya universidad pública imparte clases en la Facultad de Ciencias de la Información. Sí, efectivamente, hablo de Carlos Bassas del Rey, escritor que a sus 46 años de edad cuenta con una obra literaria abundante con títulos como 'El samurái errante', 'Aki y el misterio de los cerezos', 'Mal trago', 'Mujyokan. 72 haikus y un jisei', 'Siempre pagan los mismos', 'El honor es una mortaja', 'El hombre sin nombre', y la última publicada hasta el momento: 'Soledad'. De esta última os animo a que leáis la reseña que Rosa Berros, mi bloguera de confianza, hace en su página (léela aquí)

Este barcelonés nacido en 1974, además de su actividad docente y de novelista es autor de guiones cinematográficos actividad por la que ha sido premiado en 2007 con el Premio Plácido al Mejor Guión de Largometraje en el IX Festival Internacional de Cine Negro de Manresa, y su guión Malinche fue subvencionado por el ICAA en las Ayudas al Desarrollo de Guión de Largometraje. También ha ejercido la crítica de cine en diversos medios y ha sido jurado en certámenes de cortometraje (Peralta, Bidasoa, Pamplona)

"Justo". La novela
Sinopsis 
Pensaba colocar aquí, como suelo hacer habitualmente, una síntesis argumental de la novela tomando la ofrecida por la propia editorial. De hecho ya la había tecleado, pero al leerla con atención me he dado cuenta de que la misma si no cae en el spoiler desde luego está muy cerca; y lo que es peor en mi opinión descubre aspectos interesantes del relato que al conocerlos previamente echan por tierra el gusto lector. Así pues omito el resumen o sinopsis y voy directo a

Mi comentario
En esta novela, Carlos Bassas del Rey abandona la serie del personaje Heródoto Corominas (El honor es una mortaja, Mal trago y Siempre pagan los mismos) y presenta una historia protagonizada por un viejo que antes de que se le agote el tiempo desea vengarse. Justo Ledesma, el protagonista y narrador, es un vengador, un justo, un golem. Su madre, judía holandesa, le puso este nombre porque lo quería equiparar a un 'tzadik', uno de los 36 justos que en la mitología hebrea aunque cada uno de ellos lo ignore han venido al mundo a hacer justicia, una justicia bañada en caridad. En el caso de Ledesma y en conformidad plena con el diente por diente judaico esta justicia va envuelta en venganza.

Venganza justiciera, Suspense, Thriller, Novela negra catalana
De la historia que se relata en "Justo" poco o nada se puede decir para no estropear el disfrute de esta jugosa lectura. Una lectura que además de los componentes tipo Hammett expresamente declarados por el propio narrador
"A estas alturas, aquellos que hayáis leído 'Cosecha roja' ya sabréis cómo va. Es una novela de Hammett, la primera. Siempre hay demasiada gente a la que cargarse y uno abarca lo que puede, de modo que lo mejor es dejar que se liquiden entre ellos y limitarse a rematar la faena."
contiene un tono de novela negra de realismo sucio tipo Jim Thompson, el autor de títulos como por ejemplo, "1280 almas" [leer reseña aquí] que en España aplica con enorme éxito y estilo propio Carlos Zanon.

Verdaderamente según avanzaba en la lectura de la novela no podía evitar recordar las novelas que de Zanon, escritor barcelonés ocho años mayor que Carlos Bassas, he leído hasta el momento. En especial algunos personajes de "Justo" como por ejemplo, el Milongas, cuyo asesinato marca el inicio de la narración me ha hecho recordar a Epi y a Tanveer Hussein de "Tarde, mal y nunca" de Carlos Zanon. Hay muchos elementos semejantes entre estas novelas escritas por estos dos autores catalanes: Barcelona como paisaje urbano, una Barcelona que ambos ven en peligro por culpa del turismo ("Llega el verano y la población de la Ribera, del Raval, de la Barceloneta, se multiplica con hordas que vienen a mal follar —que es lo único que se puede hacer cuando uno está como una cuba"), la gentrificación sufrida o en proceso de la zona vieja de la ciudad en la que todo va desapareciendo
    • "Enfilo por Casañas y me planto frente a la Pompeia, otro de los templos de Ciutat Vella. No está dedicado a Dios, sino a algo mucho más noble, más sagrado: los libros. Junto a la Batlle, la Millà, la Quera y la Villena forman un reducto de cultura único en el distrito. Todos, negocios familiares. Les ronda la muerte."
    • "Damián vive en el 4 de la plaza de Santa Maria, justo antes de Anisadeta —la calle más corta de Barcelona—, donde en tiempos estaba la sastrería El Barco."
La novela me ha recordado también mucho a otra recién leída, "Romanticismo" de Manuel Longares [leer reseña aquí], por la evocación y deseo de congelar en el tiempo e incluso recuperar una ciudad anterior, pasada, desaparecida o en imparable e inexorable cambio. Si en "Romanticismo", la ciudad es Madrid, en "Justo" es Barcelona. Carlos Bassas trata con mucho cariño a esa ciutat vella que está desvaneciéndose en el momento actual por culpa del dinero que todo lo machaca ("Hoy, la Ribera ya no es la Ribera. Tampoco lo son Sant Pere ni Santa Caterina. Hoy, todo es el Born. Supongo que a los pijos les suena mejor así.").

Y por acabar con este paralelismo que he sentido entre Bassas del Rey y Zanon me referiré a que ambos no rehúyen el conflicto socio-político en que vive la ciudadanía catalana desde hace ya un porrón de años y la consiguiente distribución de la población en dos grupos que este proceso ha provocado; lo mismo sucede con la marginalidad en que se mueven los personajes (prostitución, drogas, ajustes de cuentas...); o la corrupción y los bajos fondos en los que están inmersos algunos miembros de la capa dirigente de la sociedad, etc.

El estilo de frase corta, rotunda, dura, ruda, directa, sin disfraces eufemísticos es característico y dota a la novela de un ritmo atractivo que en cierta manera abduce e incita a leer y leer ("Quizás añora el mar aunque lo tiene a dos pasos. Pero este mar no es el suyo. Es muy jodido vivir añorando algo. Es muy jodido estar solo.")

Barcelona, Realismo sucio, "Justo", Premio Dashiell Hammett
Imagen del Born barcelonés usada en la publicidad turística
Prácticamente todo en esta novela me ha gustado, pero por destacar algo en particular querría hacer hincapié en las referencias literarias y cinematográficas que tanto abundan, y para bien. Respecto a la literatura se percibe el grandísimo afecto y respeto literario que Carlos siente por no pocos escritores a los que cita directa o indirectamente. Directamente, por ejemplo, homenajea a Manuel Vázquez Montalbán, a Eduardo Mendoza, a Francisco González Ledesma o a Juan Marsé, cuya novela, "Últimas tardes con Teresa" [hay reseña de ella en este blog], constantemente revoloteaba en mi memoria durante la lectura de "Justo"
"'El embrujo de Shanghai' y 'La ciudad de los prodigios'. Juan Marsé y Eduardo Mendoza han sido los mejores cronistas de esta ciudad junto a Pedrolo, Vázquez Montalbán y González Ledesma. Su Barcelona también está muerta."
Además de estos nombres señeros de la literatura en las páginas de esta narración se cuelan otros menos conocidos -evidentemente hablo por mí, o sea, poco conocidos por mí- como Carlos Pérez Merinero o Francisco Rodríguez Feu. Este último aparece sólo con el apellido apocopado lo que dificulta su localización.
[Rodri] "publicó una novela en Planeta en el 82. Una buena historia sobre el boxeo, 'Segundos, fuera'. Aún recuerdo la portada: dos guantes y una chica insinuándose medio en bolas. Hará unos quince años publicó otra titulada 'El precio de la Gloria'."
Carlos Bassas del Rey es guionista y crítico de cine y el conocimiento que tiene de esta disciplina artística es muy perceptible en no pocas alusiones, referencias y metaforizaciones cinematográficas
    • "Me siento y me acuerdo de Edgar G. Robinson en 'Cuando el destino nos alcance'. También de 'La balada de Narayama'."
    • "da un aire al Montgomery Clift de 'De aquí a la eternidad'."
La inmersión completa del escritor en la literatura y en el cine se confirma plenamente en la utilización que hace, dentro de su escritura, de recursos tomados de estas dos manifestaciones. Así me ha encantado leer, cual si de una película de Tarantino se tratase, frases como ésta: "Sigo la trayectoria de la bala que debe de haber salido ya de su arma, la que ha de perforarme el lóbulo frontal y darme la paz al fin.".

Al igual que con el Cine también el novelista realiza una incorporación de otros géneros literarios al propio de la novela, género proteico o híbrido donde los haya. Me refiero en concreto a ciertos momentos en que el propio Justo, narrador-personaje, en primera persona nos cuenta sucesos imaginados en su cabeza como posibles, cual si de una escena teatral se tratase
"«Tendría gracia que la bofia me encontrara muerto por un golpe de calor junto al matón del señor Cervantes», pienso. Un sanitario: «Pobre viejo.» Otro: «Mira que lo dicen, que lo repiten hasta la saciedad en la tele, que tienen que hidratarse.»"
En la cita anterior es perceptible el humor; un humor natural, coloquial, que surge sin forzarlo y que tiene su puntito de ironía y crítica sarcástica, de inteligente cinismo
    • "Los mossos son más aseados. Más guapos. Más catalanes. Del poble."
    • "me caía bien. Mejor dicho: no me caía mal. Mal del todo."
Y para concluir -hay que hacerlo en algún momento, aunque la riqueza de esta novela lo haga difícil- simplemente señalar la riqueza metafórica de la lengua que el novelista utiliza. Hay imágenes que han llamado mucho mi atención por su elegancia y creatividad. Aquí van algunos ejemplos:
    • "Todos los hombres somos gorriones con el ala rota."
    • "El sargento Casals sale de entre las sombras como Harry Lime."
    • "el agujero del pecho le llora líquido pericárdico."
    • "me tropiezo con Braulio. Una gárgola caída. Es un mendigo de oficio, de los que ya no quedan."

17 oct 2019

Realismo sucio. Charles Bukowski. “Pulp”

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La corriente literaria
Dirty realism, Realismo sucio, John Fante, Raymond Carver El 'dirty realism' o 'realismo sucio' es una corriente literaria nacida en Norteamérica con autores como Charles Bukowski, Raymond Carver o John Fante que optan por mostrar la realidad sin pudor alguno. Con esto quiero decir que estos autores no se cortan un pelo a la hora de mostrar esos aspectos que los seres humanos compartimos con nuestra condición animal. Es así pues que los impulsos sexuales, las necesidades fisiológicas, las irracionales apetencias viciosas y desordenadas como la adicción a drogas estupefacientes, bebidas alcohólicas o ludopatías aquí se muestran integrándolas como un elemento más de la constitución del individuo.

Además de por los asuntos tocados, el realismo sucio se caracteriza por el empleo de una prosa ágil, breve, que evita las descripciones tediosas y que por lo tanto es parca en el uso de adverbios y adjetivos. Los diálogos son rápidos y se hace escaso uso de acotaciones y/o digresiones que perturben la agilidad del intercambio dialéctico.

Los personajes suelen ser seres vulgares, de escasa altura moral pero muy reconocibles en el contexto social de nuestra vida cotidiana: bebedores empedernidos cuya dedicación fundamental es la visita al bar donde pasan horas y horas trasegando bebidas fuertes; marginados sociales, auténticos fracasados emocionales y laborales, que a punto están de entrar a formar parte de la legión de desheredados cuyo domicilio habitual son las calles de las ciudades; infelices ludópatas que todo lo cifran a un golpe de suerte que -dicen- están convencidos de que llegará y cambiará el rumbo de sus vidas; arruinados física, emocional y materialmente que arrastran sus deshechas humanidades por tugurios, prostíbulos, casas de apuestas y frecuentemente hospitales desde donde tras rápidas reparaciones de urgencia son remitidos de nuevo a su habitual marginalidad social en la que impepinablemente volverá a repetirse el ciclo hasta el final, hasta el último día de sus existencias.

He leído a Raymond Carver ("Catedral"); he leído a J. D. Salinger ("The catcher in the rye" -'El guardián entre el centeno'-), he leído a Richard Ford ("El periodista deportivo", "Canadá" o "Entre ellos"); y a muchos otros que suelen aparecer en los listados de representantes del 'dirty realism'. Pero no había leído a Charles Bukowski, uno de los más genuinos integrantes de esta corriente. Ha sido la lectura de la estupenda reseña realizada en MoonMagazine por Teresa Suárez lo que me ha llevado a tomar este libro en mis manos y leerlo. Lo he leído en un pis pas porque, fiel a los postulados del 'realismo sucio' el texto discurre sin entretenimientos descriptivos ni digresiones, así que en poco más de dos o tres horas di cuenta de las 200 páginas de que consta la novela, última publicada por el autor, precisamente en 1994, el mismo año en que falleció a los 74 años de edad.

La novela "Pulp" de Charles Bukowski
libro de bolsillo, editorial Anagrama, Bukowski, literatura norteamericana
Diré que sobre todo me he reído con ella, que he disfrutado mucho con la parodia que realiza de la genuina novela negra norteamericana tipo Raymond Chandler o Dashiell Hammett [leer aquí mi reseña sobre "El halcón maltés" y aquí sobre "El sueño eterno"].Y mucho más porque Bukowski exprime el producto al máximo y no se conforma con parodiar las  magníficas creaciones de estos auténticos fundadores del noir clásico norteamericano sino que se remonta a los orígenes populares de la misma llegando hasta la pulp-fiction -más concretamente el hard-boiled- de la que nacieron debidamente moldeados y saneados detectives como Sam Spade o Philip Marlowe.

Humor fuerte, procaz, grosero, tintado de sexualidad y machismo mal contenido. Pero es que estamos leyendo a Bukowski del 'dirty realism', ¿qué esperábamos si no? Un humor antológico por momentos::
"Siempre he sido un hombre de piernas. Fue lo primero que vi al nacer. Después intenté salir. Desde entonces he intentado la dirección contraria pero con bastante poco éxito." (Pág. 11)
Con todo y con ello tengo que señalar que en ésta, su última creación literaria, el escritor norteamericano de origen alemán se muestra muy contenido en este aspecto en comparación con otros relatos que he tenido ocasión de hojear y ojear superficialmente como ilustración personal para esta entrada. Nadita que ver la procacidad de "Pulp" con la que he leído en algunas páginas elegidas al azar de "Mujeres" y algún otro de sus relatos donde más se parece a Henry Miller en su momento cenital de "Trópico de cáncer".

Respecto a lo anterior no se puede obviar que en 1994 Charles Bukowski está ya muy enfermo con su cáncer de sangre -leucemía- disparado e imposible ya de ser tratado eficazmente. Esta deriva vital provoca que nos hallemos ante un autor mucho más filosófico, más existencial y nihilista que en reflexiones profundas que deja esparcidas en el texto muestra que está afrontando la vida ya no en sus vitalistas pulsiones primeras sino en los estertores propios o cercanos al acabamiento, al final de la misma:
    • "Todo el mundo estaba jodido. No había ganadores. Sólo había ganadores aparentes. Todos íbamos detrás de un montón de nada. Día tras día. Sobrevivir parecía ser lo único necesario. Y eso no parecía suficiente. No con la señora Muerte esperando. Me volvía loco cuando pensaba en eso." (pág. 125)
    • "Pero sufrimiento y problemas son los que mantienen vivo a un hombre. O intentar esquivar el sufrimiento y los problemas. Es un trabajo de dedicación plena. Y hay veces que ni durmiendo se puede descansar. "(pág. 102) 
    • "Me subí a mi coche, arranqué y me metí entre el tráfico. Eran alrededor de las 10 de la noche. La luna estaba alta y mi vida iba lentamente hacia ningún lado. "(pág. 280)
Que Bukowski se manifieste en este relato de manera más seria, filosófica o existencial no quita para que siga siendo genio y figura de la impertinencia, falta de respeto y de la incontinencia de lo políticamente incorrecto. Sobre esto último he de decir, claro es, que en el momento en que él escribe sus obras (años 70, 80 y 90) este concepto hoy tan al uso no era contemplado de modo tan disparatado, o sea, dicho en otras palabras, que el publico lector, la sociedad en general no tenía la piel tan fina como hoy día en que no se soporta ni la menor y todo es tenido por ofensa, ataque, minusvaloración, etc., matando en mi opinión en gran manera la libertad del creador al que ya no se le permite hacer de su obra una provocación. Dejo aquí algunas frases tomadas de "Pulp" que creo sirven por sí mismas para ilustrar mi reflexión anterior:
    • "Mira las estrellas de cine, cogen la piel del culo y se la ponen en la cara. La piel del culo es la que más tarda en tener arrugas. Todas van por ahí durante sus últimos años con cara de culo." (Pág. 20)
    • "La camarera vino hacia mí. Llevaba una minifalda, tacones altos, una blusa transparente y un sostén bien relleno. Todo le estaba demasiado pequeño: su uniforme, el mundo, su cerebro." (pág. 124) 
    • "Sólo se vive una vez, ¿no? Bueno, excepto en el caso de Lázaro. Pobre gilipollas, tuvo que morirse dos veces." (p. 62)
Y muy, pero que muy, propio del realismo sucio son las referencias escatológicas que por doquier aparecen. Referencias reveladoras del nihilismo existencial antes comentado:
 "Me levanté y fui hacia el cuarto de baño. Odiaba mirarme en aquel espejo pero lo hice. […] Tenía un aspecto asqueroso. Y ni siquiera tenía ganas de mover el vientre. Estaba atrancado. Me dirigí al retrete a mear. Apunté bien pero no sé por qué salió de lado y se estrelló en el suelo. Intenté apuntar mejor y meé toda la tapa del retrete que me había olvidado de levantar. […] Luego me di la vuelta, busqué el cepillo de dientes, apreté el tubo. Salió demasiado. Rebasó el cepillo y cayó al lavabo. Era verde. Era como un gusano verde. Metí un dedo, cogí un poco, lo puse en el cepillo y empecé a cepillarme. ¡Dientes! ¡Vaya una maldita cosa! Tenemos que comer y comer y volver a comer. Somos asquerosos, condenados a nuestros pequeños y sucios hábitos. Comer y tirarse pedos y rascarse y sonreír y marcharse de vacaciones."(pág 87)
En este relato Bukowski hace uso de la caricatura y no sólo del hard-boiled, también recurre a la Literatura con mayúsculas realizando referencias, dentro de la trama detectivesca que plantea, a autores importantes y muy reconocidos como Céline, Faulkner, Carson McCullers, Robert Mason, etc. A mí estas alusiones, que para nada me parecen minusvaloradoras, me han traído a la memoria la película de José Luis Cuerda, "Amanece que no es poco", donde de manera surrealista los campesinos de un villorrio dialogaban y comentaban sobre los libros de Faulkner como si hacerlo formara parte de su cotidianidad. Igual aquí: un detective fracasado, Nick Belane, comenta con unos personajes fantásticos (la Sra. Muerte, la extraterrestre Jeannie Nitro, el casero pederasta Sr. McKelvey, etc.) sobre estos escritores dentro de una librería lóbrega cuyo dueño llamado Red lo que más ansía es que los clientes se marchen del local lo antes posible.

alcoholismo, drogadicción, sexo, ludopatía en Literatura

La visión que nos deja de la sociedad que él mismo está también a punto de dejar definitivamente no puede ser más derrotista ni más negativa. Es una sociedad violenta ("Oí un disparo en la calle y comprendí que en el mundo todo iba bien.", p. 86); una sociedad supererotizada que precisamente por ello subsume al ser humano en la ciénaga de su infravaloración y absoluto desánimo ("me sentía totalmente inútil. Era un inútil. Había miles de millones de mujeres por ahí fuera y ninguna emprendía el camino de mi puerta. ¿por qué? Porque era un perdedor. Era un detective incapaz de resolver nada.", p. 56).