En este "A pares" aúno dos lecturas que en cierto modo podrían tener un nexo de unión, el de sus potenciales lectores. Y digo 'podrían' porque no estoy convencido de que los lectores degustadores de uno y otro libro sean los mismos, o sea, los adolescentes y jóvenes. La novela de Kurt Vonnegut es claramente de ciencia ficción, una tendencia con la que suelen simpatizar jóvenes y adolescentes. La de Alfredo Gómez Cerdá está claramente dirigida al sector juvenil-adolescente de la población; sin embargo la del estadounidense Kurt Vonnegut no. ¿Entonces?
"Las sirenas de Titán" de Kurt Vonnegut
Sinopsis de la novela
Un hombre llamado William Niles Rumfoord ha llevado su nave espacial privada al corazón de un ignoto infundibulum cronosinclástico(el ‘infudibulum cronosinclático’ es una zona del espacio-tiempo en forma de espiral, donde el tiempo y el espacio se curvan y se superponen, permitiendo a los seres interactuar desde diferentes épocas y lugares). Como resultado, Rumfoord y su perro Kazak acaban diseminándose en el tiempo y en el espacio a lo largo de una espiral, con un extremo en el sol y el otro en Betelgeuse, y Rumfoord, que se materializa en la Tierra y otros cuerpos solares cada vez que éstos interceptan la espiral, puede ver a la vez todos los aspectos de la verdad, convirtiéndose así en una especie de semidiós, desagradable, pero altamente refinado.
Estamos ante una novela publicada por el escritor norteamericano en 1959 y que se adscribe al género de la ciencia ficción. La Tierra, Marte, Mercurio, la novena luna de Saturno: Titán...; en definitiva, la galaxia de la Vía Láctea y dentro de ésta el Sistema Solar es el espacio en el que se mueven los protagonistas. Hay en la novela una fuerte crítica a la Religión, al liderazgo, al triunfo socio-económico, a la sustitución del ser humano por máquinas, al militarismo y la tendencia humana a la autodestrucción.
Todo lo anterior lo muestra el novelista envuelto en un tono de humor crítico, lo que le procura un cierto distanciamiento. También es muy importante en esta novela, la segunda que publicó, el hecho de que los distintos capítulos dan la sensación de ser relatos independientes, aunque ciertamente están entrelazados entre sí. La ficción científica que es hace que el concepto tiempo sea lábil y se hable, concretamente en las referencias a personajes extraterrestres de tiempos que van desde la prehistoria hasta el siglo XXI. La exageración, lo hiperbólico es importante en muchas partes de la novela y sirven para marcar la diferencia entre lo humano terrestre y lo foráneo extraterrestre.
Al protagonista Malachi Constant le predicen un comportamiento que le llevará a viajar por la galaxia para finalmente tras recalar en Titán regresar a la Tierra donde se casará con la mujer de Rumfoord. Por mucho que Constant intente sustraerse a su destino, el mismo parece que se cumplirá inexorablemente.
Una filosofía existencial y desesperanzada emana de la peripecia vivida por Malachi. El antimilitarismo es muy importante en el relato. No hay que olvidar que el mundo en la fecha de aparición de la novela se encontraba al borde de una tercera Guerra Mundial (triunfo de la Revolución comunista en Cuba) que se adivinaba aniquiladora. El antimilitarismo unido al humor es patente en muchas páginas de la novela:
«Un observador no habría sabido quién estaba al mando en realidad, pues hasta los generales se movían como marionetas al compás del absurdo redoble:
Ran rataplán, plan, plan;
Ran rataplán, plan, plan.
¡Ran rataplán!
¡Ran rataplán!
Ran rataplán, plan, plan.»
Un humor crítico, de tono sarcástico, que recorre toda la sociedad. Además de en el gremio militar Kurt Vonnegutpone su punto de mira en el profesoral del que formaba parte y que conocía muy a fondo. Así se ve cuando en un momento de la novela se refiere a una anciana profesora de setenta y tres años (Miss Isabel Fernstermaker):
«El despacho estaba abarrotado de trabajos sin corregir, algunos de hacía cinco años. Iba muy retrasada, tanto que había declarado una moratoria en los trabajos escolares hasta que se pusiera al día con las correcciones.»
Y en una novela de contenido tan filosófico ni siquiera éstos -los filósofos- escapan a la mordaz crítica del novelista:
«Waltham Kittredge a menudo perdía el hilo de los reyes filósofos norteamericanos, en su intento por reflejar en palabras el ambiente de la clase social de Rumfoord. Como buen profesor universitario que era, Kittredge buscaba palabras rimbombantes y, como no las encontraba, acuñaba muchas palabras nuevas e intraducibles.»
Noel Constant es un hombre que todo lo cifra a su interpretación, libérrima, de la Biblia. El influjo de la religión en la vida política de Norteamérica, la idea e imagen de Dios presente hasta en los billetes, las iglesias, el modo hipócrita de actuar de los políticos..., todo ello es objeto de crítica en Las sirenas de Titán:
✔ «Magnum Opus Inc [misteriosa corporación interplanetaria creada para manipular la historia humana]. Era una máquina maravillosa para violentar el espíritu de miles de leyes sin transgredir ni siquiera una ordenanza municipal.
A Noel Constant le impresionó tanto ese monumento a la hipocresía y las prácticas abusivas que quiso comprar acciones sin consultar siquiera con su Biblia.»
✔ «La bandera de esa iglesia será azul y dorada —dijo Rumfoord—. En ella estarán escritas estas palabras con letras doradas sobre campo azul: CUIDA DE LA GENTE, Y DIOS TODOPODEROSO CUIDARÁ DE SÍ MISMO.»
Leí esta novela por recomendación de MJ Ruiz del blog MJRuiz.com. La destacaba su administradora, dentro del Reto Serendipia 2025. por ser una novela distinta y relevante. Yo la elegí junto a otras dos para intentar realizar dicho Reto. Bueno, pues diré que la novela no ha sido muy de mi gusto; la verdad es que a mí el género de la ciencia ficción no me va demasiado. Pese a esto reconozco en ella elementos más que interesantes, algunos de los cuales he dejado reflejados en esta breve reseña.
"Pupila de águila" de Alfredo Gómez Cerdá
Pupila de águila es una novela muy leída en colegios e institutos. Durante mis años de profesor en activo la teníamos como lectura obligatoria para los alumnos de 3º o 4º de la ESO. La recomendábamos por los valores educativos que indudablemente contiene y porque la historia al estar protagonizada por personajes adolescentes entendíamos -y comprobábamos curso tras curso- que era del gusto de los alumnos.
Sinopsis de la novela
Martina es una chica joven que, nacida en un zona montañosa, vive en Madrid por imperativos de su formación de deportista. Se ve sometida a una pequeña operación, lo que la lleva a encontrarse con Igor, un joven que intentó suicidarse y que le recuerda a su hermano, muerto en misteriosas circunstancias.
Alfredo Gómez Cerdá presenta el momento evolutivo hacia la vida adulta de dos chicos adolescentes -Igor y Martina- que en el proceso de búsqueda de las razones que llevaron a Tino Soriano, hermano de Martina, a suicidarse se encontrarán a sí mismos y descubrirán el amor. Es una historia con tintes policíacos, un thriller, que contiene los ingredientes típicos del género: suspense, sorpresas, giros inesperados, ambiente urbano, egoísmo, corrupción, levísimos apuntes de los bajos fondos de la sociedad y el mundo sórdido (tráfico de drogas, pornografía...). En un relato para adolescentes como éste la sensación de abandono o poca atención por parte de los padres hacia ellos (en especial en Igor del Val), el mundo de los amigos (el grupo musical de Igor junto a sus amigos Manu, Alberto y Lola), el mundo de las amigas del colegio de Martina, etc. aparecen como elementos indispensables en una novela que tiene como destinatario este grupo humano de la sociedad. La novela se desarrolla en la ciudad de Madrid y se recorre gran parte de su geografía urbana, algo que a mí me ha resultado muy agradable e imagino -y lo sé por haberlo comprobado personalmente- que para alumnos residentes en Madrid gusta muchísimo. Es una novela que contrapone la vorágine de la gran ciudad con la tranquilidad del pueblo donde habitan los padres de Martina y donde ella se refugia cuando el estrés la sobrepasa.
La novela fue publicada por vez primera en 1989. En la relectura que he realizado he tenido en mis manos nada menos que la edición 54ª. El éxito de la novela como se ve es total. Sé por experiencia que la novela gusta mucho y según compañeros aún en activo hoy mismo resulta de éxito asegurado entre sus alumnos adolescentes. El motivo estriba en que Alfredo Gómez Cerdá conoce y sabe mostrar a la perfección el mundo interior adolescente: las inseguridades en el ámbito de los primeros amores; la rebeldía hacia los padres en busca de la propia identidad; paradójicamente, pero en nada contradictorio con lo anterior, la necesidad de sentir el afecto de los mismos; las tentaciones peligrosas como las drogas y el alcohol; la importancia de los estudios; y, sobre todo, la importancia de los amigos en esta etapa y la imperiosa necesidad de reconocer y rechazar las amistades tóxicas y cultivar y valorar debidamente las saludables.
La novela a pesar de los años transcurridos no ha perdido actualidad ninguna. Leída por mí como mero lector me ha entretenido muchísimo. Se pasa con ella un rato de lo más agradable. Pero, eso sí, no se debe olvidar nunca el público para el que está destinada.
«El mundo se basa en la moralidad. Sin ella perecería. Hasta en los elementos hay justicia. Destruya la moralidad y destruirá la gravitación. Las mismas piedras saldrían volando en todas direcciones. El sistema sideral sería arrojado a la inconcebilidad del caos.»
Dice Isabel de La Senyoreta Buncle en la reseña que el año pasado hizo de esta novela que la misma no se parece en nada a lo escrito por Jack London («Asesinatos, S. L. no tiene nada que ver con lo que London nos tiene acostumbrados: animales, Alaska y aventuras.»). ¿Es así? En efecto Asesinatos S. L. poco se parece a Colmillo blanco, a El lobo de mar o a El motín del Elsinore, novelas en las que el mar, la aventura o las peripecias protagonizadas en gran medida por animales ocupan un lugar central. Sin embargo en mi opinión no está demasiado apartada de otra novela suya, Martín Eden, metafórica narración autobiográfica que no he leído pero sí que he visto la muy bella e interesante adaptación cinematográfica realizada por el italiano Pietro Marcello en 2019.
La literatura de Jack London y el cine se han llevado siempre muy bien. Haciendo una búsqueda en Filmaffinity de las cintas basadas en obras escritas por el autor estadounidense encuentro nada menos que 44 películas fruto de versionar narraciones suyas. El espíritu de aventura, la naturaleza en libertad presente en las mismas y los valores que se asocian con la educación de los adolescentes (amistad, sinceridad, esfuerzo, amor, castigo a los insolidarios, persecución de la avaricia...) han hecho que las mismas, especialmente entre los jóvenes y la gente menuda siempre hayan sido un rotundo éxito.
¿Asesinatos S. L. se aparta completamente de todo lo dicho hasta aquí? Pues siendo sincero y aunque corra el peligro de contradecir un poquito a Isabel de La senyoreta Buncle yo diría que no mucho. En esta novela hay aventura (los miembros de la agencia que es la empresa Asesinatos S. L. se esfuerzan por encontrar a Dragomiloff, el jefe de la misma, que por convicciones morales y sentido ético ha aceptado hasta su propio asesinato; también aparece el mar dentro de la misma, nada menos que en torno a las islas Hawai donde el color local se funde armoniosamente con fenómenos naturales que suceden en los océanos; y en cuanto a los valores que suelen impregnar las obras de London el amor entre Grunya y Winter Hall tiene su cuota, así como la amistad a prueba de bomba de todos los integrantes de la agencia entre sí y el tremendo sentido ético que todos y cada uno tiene para cumplir aquello que han acordado y/o contratado.
¿Entonces Asesinatos S. L., dentro de la producción literaria de Jack London, es más de lo mismo? Claro que no. Aquí hay, junto a lo ya señalado, un debate filosófico de lo más interesante entre individualidad y sociedad. La pregunta que subyace a lo largo y ancho de la novela es la siguiente: ¿es justo asesinar a alguien que hace mal a la sociedad? Y también esta otra: ¿el asesino que así obra puede proseguir su vida con sentido ético aunque la equivocada moral de la sociedad lo persiga? Es el intelecto el que se erige como centro rector de la actuación de estos hombres. Los 19 miembros que componen la agencia son seres inteligentísimos, éticos y de un tremendo comportamiento moral. Tan es así todo esto, que los asesinatos que aceptan cometer sólo los realizan tras una investigación profunda de la necesidad de eliminar la excrecencia social que es ese hombre, bien sea un policía como McDuffy con quien se inicia la novela, bien sea un ser corrupto y explotador como Burgess, el rey de los ferrocarriles.
Junto a las disquisiciones filosóficas que aparecen en la novela, para nada pesadas ni abstrusas, Jack London lanza cuestiones como la coherencia humana entre lo que se predica y lo que se hace. Así por ejemplo el personaje de Winter Hall es un socialista millonario que -esto sin saberlo previamente- ha pagado por el asesinato del padre de la mujer que ama. También es muy contradictorio que a Haussmann, un anarquista que milita en un grupo violento, la sangre le dé grima y no tenga el valor de matar a nadie.
(Los anarquistas) «eran tan poco prácticos... Soñaban, hilvanaban teorías y despotricaban contra la persecución a que la policía los tenía sometidos, pero nada más. [...] En cuanto a los seguidores de Tolstói y Kropotkin, no eran más que filósofos puramente especulativos. Ni ellos ni sus compañeros más violentos eran capaces de matar a una mosca.»
Y es que como se ve por la cita anterior la acción se sitúa en la primera década del siglo XX cuando en Rusia la Revolución está teniendo momentos de pulsión evidentes. Todo lo que allí ocurre durante esos años está siendo observado desde el exterior con precaución por unos y con pasión y admiración por otros. Jack London por su militancia socialista está entre los segundos, si bien no llegaría a ver el triunfo definitivo de la revolución en Rusia al fallecer en 1916.
Me ha gustado mucho en esta novela el enorme sentido del humor que muchas veces se desprende de la misma. Iván Dragomiloff, creador de la empresa, y el resto de sus miembros repartidos por todo Estados Unidos son tan legales que nadie puede esperar que no cumplan con las reglas que se han autoimpuesto:
Primera: la muerte de la persona debe de aportar algún beneficio social y ser por ello de utilidad
Segunda: una vez aceptado el encargo y pagado, nadie se puede echar atrás.
Tercera: el asesinato tiene que ser cometido en el plazo de un año. Si no es así el dinero se devuelve al cliente con una compensación del 10%
Y si por algún imprevisto la víctima fallece por ella misma de manera natural y no puede llevarse a cabo el asesinato, la Empresa devuelve el dinero:
«Créame usted que tal como operamos nosotros, al margen de la ley, todo lo que no sea la más estricta honradez podría sernos de fatales consecuencias.»
Muestra el autor en esta novela un enorme conocimiento de la literatura, en especial de la rusa (Turgueniev. Tolstoi...) dado el contexto revolucionario mundial en que se desenvuelve la trama y a que el protagonista de la novela, Iván Dragomiloff, es un ruso exiliado en USA. La cultura de este hombre es inmensa como lo demuestra su bien surtida biblioteca:
«Allí en una incongruente intimidad, de hallaban El problema de Asia, de Mayan; Fuerza y materia, de Bruckner; Mr. Polly, de Wells; Más allá del bien y del mal, de Nietzsche; Muchos cargos, de Jacob; Teoría de la clase ociosa, de Veblen; De Epicuro a Cristo, de Hyde, y la última novela de Henry James.» (en la biblioteca que Dragomiloff tenía en Edge Moor).
Fue Jack London escritor prolífico en especial de historias cortas. Tuvo mucho éxito y publicaba cuentos en revistas de muchísima difusión. La escritura pronto le dio muy buenos réditos. Quizás por ello, aunque a veces con razón, fue acusado de plagio por otros autores. Él se defendía diciendo que se había inspirado para ese cuento o esa parte de aquella novela en alguna noticia leída en los periódicos o algo similar, pero sí que hubo páginas de algunas de sus obras -no muchas, ciertamente- idénticas a otras escritas por escritores de su época.
La gestación de Asesinatos S. L. tiene una peculiar historia. En primer lugar la idea de una Agencia de Asesinatos se la compró en 1910 Jack London al por entonces jovencísimo escritor norteamericano Sinclair Lewis. Se trataba de una empresa que aceptaba encargos para asesinar a personas malvadas o corruptas como jefes de policía, legisladores y políticos, Eso sí la organización debía constatar debidamente el merecimiento de la víctima a ser asesinado. El mismísimo Jack London confiesa que el año que compró la idea a Sinclair Lewis desarrolló la historia en unas 20.000 palabras, pero que se atascó y la aparcó por no encontrar la manera idónea de continuarla. En ese estado quedó cuando en 1916 le sorprendió la muerte a la temprana edad de 40 años. Junto a esas 20.000 palabras el escritor dejó una serie de anotaciones en el manuscrito para esa posible continuación; asimismo su esposa, Charmian Kittredge, había dejado pergeñado antes de morir en 1955 una especie de esquema del relato. Fue con estos mimbres que en 1963 el escritor de novela negra, Robert L. Fish se encargó de culminar el relato.
Lo dicho en el párrafo anterior sobre la escritura de la novela puede ser el motivo por el que su finalización -que, evidentemente, no voy a desvelar aquí- me ha parecido un poco brusca como si se tratase de una especie de 'deus ex machina'. Pero, en fin, este pequeño detalle no desmerece el conjunto que es Asesinatos S. L. Ahora mismo no sabría decir a quien pertenece la autoría de las fantásticas escenas de persecución, luchas y muertes que en los últimos capítulos de la narración aparecen. Desde luego están dotadas de una plasticidad y un dinamismo que tanto podrían ser autoría de London como de Fish.
Como tantas obras de Jack London, esta novela salida de varias manos también ha sido llevada al cine. En 1969 Basil Dearden dirigió la adaptación de la novela que en España se tituló El club de los asesinos. La película fue bien recibida por el público y fue nominada en 1970 para los Globos de Oro.
Para concluir
Me ha gustado leer Asesinatos, S. L. de Jack London. Me ha hecho recordar las lecturas de aventuras leídas durante mi juventud. Quizás esto sea una de las cosas que más me ha hecho disfrutar de esta novela. El mar, las luchas entre contendientes me han parecido fantásticas. Sin lugar a dudas me reafirmo en que Jack London es uno de los grandes en la literatura de aventuras. Pero, como ya he dicho en esta reseña, este libro no sólo va por ahí; Su dirección enfila directamente hacia lo filosófico: Moralidad y Justicia, he ahí la gran pancarta que se extrae de la trama de esta novela. Unos asesinos justos. ¿Es posible tal cosa? Además en el texto se plantea hasta qué extremo de fidelidad a la palabra y a la inteligencia puede llegar el ser humano: ¿Incluso hasta la propia muerte? Son asuntos profundos desde luego.
La novela la publica Siruela dentro de una denominada Colección Escolar de Filosofía. Al respecto viene precedida de una Invitación a la lectura que ya anuncia un poco el tono de la narración; también al acabar la obra se proponen unas Actividades tras la lectura que desde luego pueden ser muy útiles en el aula. La invitación a la lectura de la obra y las actividades tras la lectura corren por cuenta de Marta Aja Cobo. Sólo he echado una rápida vista sobre ellas y me parecen muy bien traídas y muy estimulantes para los jóvenes lectores.
Se habla mucho de literatura juvenil. Es lugar común sacar a colación el término y constatar cómo libreros y editores destacan y miman cada vez más la sección de literatura infantil y juvenil sacando de sus imprentas y colocando en sus expositores títulos y más títulos de esta categoría. Sin embargo la mayoría de esos títulos juveniles están escritos por adultos que sí, claro, como todos, ellos fueron niños y adolescentes en un momento de sus vidas, pero que cuando inventaron y dieron forma escrita a estas invenciones ya no lo eran.
Lo anterior viene a cuento de haberme encontrado en Santiscalcon una novela claramente juvenil escrita además por un muchacho, niño aún cuando imaginó la historia y niño también cuando la llevó al papel. Este niño, Miguel Ramos, preadolescente a lo sumo en el momento de escritura, decidió poner por título a su historia Santiscal. Tal denominación llamó mi atención desde el principio. ¿Por qué Santiscal? Busqué en internet y encontré que el barrio de Santiscal donde los niños que protagonizan esta historia viven existe en realidad. Se trata de una urbanización de Arcos de la Frontera (Cádiz). Allí, en Arcos, nació Miguel Ramos en 2008; y allí en el Santiscal él, un niño con una imaginación desbordante, lector incansable de narrativa fantástica según se puede leer en la contraportada del libro, seguramente fantaseaba y construía historias como la que acabo de leer
«Leía narrativa fantástica (Laura Gallego, J.K. Rowling, Brandon Sanderson, Geronimo Stilton, Cassandra Claire...) y de ahí surgió su necesidad de inventar mundo»
Pero antes de nada, ¿de qué va Santiscal, la novela? Va de lo siguiente:
La noche anterior al primer día de Instituto Miguel Estévez recibe una misiva en la que se le invita, al haber alcanzado ya la edad mínima necesaria, a formar parte de la banda del Santiscal. A partir de ese momento la dura y rutinaria vida de las clases (tareas y más tareas, pruebas escritas, dibujar y colorear para Naturales, redactar para Lengua...) puede Miguel sobrellevarla gracias a la luz salvadora que encuentraen las experiencias y aventuras vividas dentro del Santiscal. Miguel se enrola en la cohorte (grupo) I+D de los cinco en que la banda está organizada (Infantería, Fabricación, Espías, Artillería e I+D). Su cohorte investiga y proyecta artefactos y utensilios que sean de utilidad en la lucha contra los Tracios. Junto a Miguel están sus compañeros, miembros como él del nivel 1 de la organización: Abel, Santi, Rubén y Paula. Cada uno de ellos ha creado algún artilugio (bombas de humo de colores, una app que llaman Santapp, un reloj inteligente de nombre Santwatch.....).
Miguel y Damián, su hermano mayor, tras cumplir escrupulosamente con sus obligaciones escolares participan en las actividades del Santiscal, casi siempre emboscadas y luchas con los chicos del barrio de los Tracios. Con una gran batalla final concluye la novela.
A lo dicho por el editor en la contraportada poco puedo añadir. Es seguro que cada uno de los autores citados ha dejado su huella en la novela. Particularmente yo, durante mi lectura, he creído escuchar lejanamente ecos de Los juegos del hambre de Suzanne Collins, si bien esta reminiscencia me llegaba vía la exitosa adaptación cinematográfica. También según pasaba las páginas de la novela y leía cómo su protagonista Miguel Estévez, alter ego del autor, se relacionaba con sus compañeros de la «banda del Santiscal», él y el resto de niños de la historia me han hecho recordar otras muchas novelas en las que los niños se agrupan, organizan y luchan contra o se defienden de algo: de adultos egoístas y martirizadores como el viejo señor Scrooge en Cuento de Navidad de Charles Dickens, de los bandos ruso y alemán que invaden su localidad en La guerra de los botones de Louis Pergaud, e incluso, aunque nada que ver verdaderamente con ésta, de la propia soledad en El señor de las moscas de William Golding.
¿Pero en verdad Santiscal tiene algo que ver con estas evocaciones mías? Pues no, absolutamente nada. En la novela de Miguel Ramos no hay atisbo alguno de la crueldad y/o violencia presentes en las citadas antes. Todo en Santiscal, incluso las peleas de «las cohortes de Santiscal» con «la banda de los Tracios», son amables y siempre incruentas. Quien lee la novela ve que un momento de la misma, hacia el final del relato, la lucha entre estas dos bandas de chiquillos alcanza mayor virulencia, pero rápidamente el lector percibe que la sangre no llegará al río dado que todos los daños se solucionan con unas tiritas y un poco de agua oxigenada. No podemos olvidar nunca durante la lectura que estamos ante la narración de un chico que en la novela plasma el mundo interior del niño de doce años o poco más que es. Y a esa edad se imagina mucho, se fantasea más, y todo -afortunadamente- es dulce, no hay mal que cien años dure, la blancura todo lo cubre.
¿Algún peligro en el horizonte? Pocos, en verdad, aunque a Miguel Estévez le embarga un cierto temor. Intuye que una nube negra, cada vez más próxima, se cierne sobre él y demás niños. Observa que los compañeros, tanto del mundo real del Colegio al que asiste como los de «la banda del Santiscal» que él fantasea, a eso de los 16 años entran en la etapa del Empanamiento, o sea, en la edad de la tontería, en plena adolescencia, ese momento en que la fuerza imaginativa y fantasiosa, también a él se le irá en salir con amigos al parque, pasar horas mirando el móvil y perder el tiempo
«Manuel había mostrado los primeros síntomas del Empanamiento: lo habían visto con sus amigos comiendo pipas encaramados a un banco y con la mirada perdida en el móvil»
La novela consta de 15 capítulos distribuidos en dos partes. La primera, iniciada con el comienzo del curso escolar, concluye con la llegada de las Navidades en el mundo real y con el descubrimiento en el plano fantástico de... [perdonad, pero no pienso decir el "qué" para así preservar el gusto lector]. En la segunda parte estamos ya en marzo en el plano real; en cuanto a la historia de fantasía ésta finaliza con una portentosa batalla entre las dos bandas.
¿Qué cosas desde el punto de vista estilístico han llamado mi atención? Pues hay varias. Una de ellas es esa manera que tiene el narrador-autor de dirigirse al lector «Creo que, excepto a Israel, a los otros no los conocéis», nos interpela con inocencia y desparpajo en uno de los capítulos finales. Otra que me parece de sumo interés es la clara afiliación que la narración tiene con el mundo del cómic. Muy del estilo de los fanzines mangas es la pelea que sostiene Miguel con tres tracios, armados éstos con tirachinas de cuerno de unicornio; las volteretas, los saltos, los golpes dados por Miguel con la daga a sus enemigos son típicos de la animación manga que, según leo en la contraportada del libro, Miguel, el autor, tanto leía. Pero también me he sentido dentro del mundo del TBO más español cuando se lee el final de una noticia aparecida en el Telediario sobre la desarticulación de un botellón sin intervención policial alguna:
«Botellón desarticulado sin la intervención policial Según algunos testigos fueron unas figuras encapuchadas quienes se enfrentaron a los escandalosos [...] La policía no sabe qué pensar de lo sucedido y bla, bla, bla...»
Interesante me ha parecido esta inclusión en la narración de recuadros conteniendo, como en el anterior, noticias periodísticas, recuadros organizativos del Santiscal, cartelería variada, etc. Es recurso éste asimismo abundante en el mundo del cómic, que Ramos incorpora adecuadamente a su novela.
Otra cuestión que me ha sorprendido agradablemente es, en un muchacho de la edad de Miguel, el vocabulario de que hace gala: 'matraz' (recipiente utilizado en los laboratorios de vidrio de cuerpo ancho en la base y una sección tubular abierta, más estrecha, en la parte superior), 'astil' (mango, ordinariamente de madera, que tienen las hachas, azadas, picos y otros instrumentos semejantes), 'shuriken' (arma blanca arrojadiza, similar a un proyectil, originaria del Japón medieval), y otros tantos términos más.
Por último en este aspecto de la forma me gustaría destacar el final del capítulo 15, que cierra la segunda parte y todo el libro. Es un capítulo que deja en suspenso un asunto que, como ocurre con el que cierra la primera parte, no debo revelar aquí. ¿Sugiere este cierre una continuación de la historia en una tercera parte o en una nueva novela? Quizás -¿por qué no?- esa posible continuación de Santiscal era la que Miguel Ramos tenía entre manos cuando nos dejó y quedó inconclusa. Pero también -de nuevo, ¿por qué no?- pudiera ser que este final abierto sea la lógica consecuencia del pensamiento propio de los niños y preadolescentes, aún no inmersos en la etapa del Empanamiento, siempre dispuestos a fantasear, a proseguir en su imaginativo e incruento juego de luchas, peleas y aventuras sin fin.
Para finalizar
Miguel Ramos, el autor, contrapone bien a las claras en esta novela el mundo de realidad del Instituto, con su obligación de clases y realización de tareas, y el mundo de fantasía al que se evade y en el que su disfrute es mayor.
Tras leer con gusto su novela varias conclusiones parezco extraer. La primera es que este chico demuestra en esta obra magníficas aptitudes para la escritura que tanto le gustaba y practicaba. Seguro que con el tiempo, el estudio y la práctica los defectillos propios de la edad en el modo de redactar los habría pulido. Miguel Ramos en Santiscal demuestra que era un novelista en ciernes, del que eran esperables otros futuros trabajos más que interesantes.
¿Qué mensajes en mi opinión lanza Miguel en esta novela? Fundamentalmente tres:
Uno ya lo he señalado en esta reseña, el miedo al final de la etapa de la inocencia, a esa entrada en lo que él con gracia denomina «la etapa del Empane».
El segundo, muy relacionado con el anterior, es esa impresión que él y tantos otros niños como él tienen de que los adultos no se enteran de nada, de que los padres viven en otra galaxia mental y no tienen ni idea de lo que viven o piensan sus hijos. Tal lo expresa cuando, tras una gran batalla entre tracios y santiscalenses, él y el resto de niños vuelven a casa, la policía y los bomberos no hallan al llegar al lugar más que «humillo de colores y manchas de chamusquina» y los padres les dan de cenar sin inmutarse.
El tercero y último gran mensaje pertenece al plano de la absoluta realidad. Miguel siente que los profesores del Instituto, inmisericordes ellos, imponen a los alumnos excesivas tareas. ¿Inmisericordes los profes? Sí, no, leyendo la novela se sabrá. Y junto a las tareas, en el plano de la realidad como casi una derivación de ellas, está el aburrimiento, alimentado a su vez por las obligaciones que las madres imponen (baño, comidas, orden...). Menos mal que los niños, al igual que Miguel, saben sortear la realidad zambulléndose en la fantasía al menos hasta que les llegue el temido e indeseado empanamiento.
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NOTA:
Si deseas adquirir el libro puedes hacerlo pinchando en la imagen del mismo que aparece al inicio de la reseña. Todo lo que se recaude por su venta irá a la asociación de cuidados paliativos pediátricos SISU
“A todos, queramos o no, se nos morirá alguien importante de la familia; todos enfermaremos de gravedad o perderemos trabajos deseados y amores eternos. Y eso no es terrible, eso es simplemente vivir. Vivir es perder lo que ganaste.” (cap. 7)
Es mi primer contacto con el Albert Espinosa escritor. Sabía de él por títulos de películas como "Planta 4ª" (2003) o "Va a ser que nadie es perfecto" (2006) de las que fue guionista, y por series televisivas como "Pulseras rojas" (2010), aunque confieso que no he visto ninguna de ellas.
Preparando la reseña me entero de que Albert nació en Barcelona en 1973 y de que a los 13 años fue diagnosticado de cáncer con metástasis por lo que sufrió la extirpación de un pulmón y parte del hígado pasando cinco años internado en un hospital. Esta experiencia biográfica le ha marcado profundamente y es la que está en la base de no pocas de sus creaciones televisivas, cinematográficas, teatrales y literarias. La película "Planta 4ª" cuenta su vida en el hospital durante esos largos cuatro o cinco años.
"Lo mejor de ir es volver"
Pensaba encontrarme en esta novela con un asunto de corte hospitalario semejante a aquellos con los que en mi cabeza yo tenía ubicado al autor. Sin embargo no ha sido así. En esta novela de poco más de 200 páginas Albert Espinosa nos ofrece, contra todo pronóstico, una historia de amor, perdón y reconciliación. Digo que contra todo pronóstico porque de entrada ver que una anciana de 100 años está en la Barcelona de 2071 esperando la llegada a su casa de un robot que ejerce la función de 'doctor del final' me llevaba a pensar que estaba iniciando una distopía clarísima. Pero no, la novela no es una distopía en el sentido de sociedad ficticia completamente indeseable en sí misma.
Estamos en una sociedad futurista en la que ha habido muchos cambios respecto a nuetro actual hoy: Es una sociedad totalmente robotizada en la que hay robots para ayudar al suicidio (“conciliadores del suicidio”), para acompañar y ayudar en el momento del tránsito final (“doctores del final”), la muerte próxima es conocida cuando se produce la activación del “gen de los treinta días”; es una sociedad hiperindividualista en la que los humanos se revisten y se aislan unos de otros mediante un “campo de energía” propio; una sociedad que premia a los centenarios otorgándoles como regalo la posibilidad de elegir tres personas de las que vengarse a través del llamado “karma artificial”. Es un mundo en el que los perros se han extinguido, la esclavitud ha desaparecido, existe la teletransportación por la que bastan veinte minutos para ir de Barcelona a la isla de Ischia, los robots tienen la posibilidad de replicarse y así conseguir hacer realidad el don de la ubicuidad por el que al mismo tiempo que en Barcelona puede Troy -el robot protagonista de la historia- estar en Miami o en otro lugar que desee...
Sin embargo a los lectores nos sucede, según van pasando las páginas, lo mismo que a la centenaria Rosana: nos reconciliamos con este futuro que cada vez vemos menos indeseable al observar en él elementos esperanzadores como la relación de afecto, de empatía, desarrollada entre 'ella' y 'ello'. Así es como respectivamente, al sentirse tan distanciados entre sí, se denominaban y se percibían los dos personajes protagonistas, que poco a poco irán acercándose afectivamente. De no llamarse por sus nombres o recurrir al usted distanciador estos dos seres comenzarán a hacerlo de 'tú' por parte del robot y por el nombre propio de Troy o de Henry, el hijo de de 13 años cuya apariencia externa demandó la anciana que adoptase la máquina que le enviasen a su casa.
No quiero desvelar nada del asunto que se dirime en la novela, no quiero destriparla, hacer spoiler como dicen algunos con anglicismo que me disgusta. Sí diré que en mi opinión Albert Espinosa tiene en su cabeza un Lector Ideal al que dirige su relato, un lector que -pienso yo, aunque podría estar completamente equivocado- es un adolescente de entre 13 y 18 años al que el escritor quiere inculcar una serie de valores (en cierta manera ya tópicos en estas novelas de destinatario juvenil) que le gustaría que asumiese e integrase en su evolución: luchar contra la discriminación y abusos sufridos por mujeres como Rosana por parte de hombres que las maltratan y esclavizan; la necesidad de perdonar; la importancia de la familia (“Tener una madre que te quiera hace que todo cobre sentido”); la necesidad imperiosa de aplicar la justicia (algo bárbara, por cierto, pero implacablemente justa, eso sí); denunciar la desaparición de especies animales; valorar la importancia que la literatura y el cine tienen para el desarrollo de nuestro modo de entender la vida: las referencias a Antonio Machado y a algunas películas [“todavía existían los escenarios donde se rodaron las dos versiones de ‘El talento de Mr. Ripley' (la de Alain Delon y la de Matt Damon) y aquella maravilla de ‘¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre’” (cap. 9)] cumplen esta función; entender y aceptar que la vida es una continua sucesión de pérdidas; valorar la idiosincrasia cultural a la que pertenece el lector, etc.
Foto: Albert Espinosa (EFE)
Respecto a lo señalado al final del párrafo anterior es evidente que Albert Espinosa centra toda su atención en la cultura catalana. Así la acción transcurre en Barcelona en escenarios como el cementerio de Montjuich, el tanatorio de Les Corts, el estadio del Barça que en la fecha de 2071 ya se denomina 'estadio Messi'; la fecha del cumpleaños, 23 de abril, Sant Jordi, es el Día del Libro y la Rosa, día en el que se aúnan en Cataluña la celebración de la cultura con la del amor... Rosana antes de morir y ya enchida del amor que se le ha negado en vida ansía regresar a Barcelona y recorrer Las Ramblas para visitar los puestos de libros donde también se venden rosas:
"Estuvimos horas caminando por Barcelona y disfrutando de ese día. Subimos y bajamos sus Ramblas tantas veces... Miramos puestos de libros, compramos rosas y recordamos otros tiempos en que sus antepasados habían pisado esas mismas calles. Madre estaba pletórica. La vi disfrutar tanto ese día... Realmente Sant Jordi es un hermosos día dedicado al amor. Nunca había visto tanta gente disfrutar y amarse. Esa ciudad supuraba emoción" (cap. 16)
En cuanto a la forma hay que señalar que la novela es muy sencillita. Son 16 breves capítulos titulado cada uno de ellos con una frase, entresacada del mismo, que resume el tema que en él se desarrolla. Dentro de cada capítulo suele haber dos planos discursivos: el de la viejecita Rosana, escrito en tipografía tradicional, y el del treinteañero robot, Troy, escrito con una tipografía que recuerda la propia del mundo digital. En dos ocasiones introduce una tipografía similar a la manual para presentar dos cartas que son importantes en la novela para el desarrollo de la historia. Es interesante en los dos relatos en contrapunto -el de Rosana y el de Troy- observar cómo según avanza la novela se van acercando hasta concluir fusionándose en sólo uno. Sin duda esto es un acierto.
Lo mejor
De esta novela yo destacaría la denuncia que hace del machismo, sobre todo cuando la efectúa referida a la mujer artista (Rosana era pintora) que ve su obra robada por un hombre. A mi memoria a través del caso de Rosana vienen otros casos como el de Camille Claudel y su amante Rodin, el de Colette que escribía relatos sicalípticos que firmaba su marido, o, entre nosotros, el de María de la O Lejárraga, esposa del escritor Gregorio Martínez Sierra, artífice de casi la totalidad de la obra literaria de éste. También he recordado esa película relativamente reciente, “Big Eyes”, dirigida por Tim Burton, que plantea este tema de la apropiación indebida de la Obra artística.
Me ha gustado el culturalismo, muy bien integrado por el autor en la narración. Cuando Rosana habla del dolor que a ellale ha supuesto la muerte de su hijo Henry, recuerda las opiniones que su fallecido marido vertía acerca de la positiva función que hacer literatura tuvo para algunos escritores. En concreto cita “Mortal y rosa” de Francisco Umbral, y lo fundamental que resultó para este periodista y escritor su escritura en la superación del duelo; lo mismo -dice- le sucedió a Philip Roth con “Patrimonio”, esencial para superar la desaparición del propio padre; y también a él mismo, Albert Espinosa, escribir “Mundo amarillo” le sirvió para superar las pérdidas y convertirlas en ganancias.
Lo menos bueno
En esta distopía hay momentos que te despiertan –mal en mi opinión- de la ensoñación ficticia. Así me ha sucedido cuando Rosana, el personaje protagonista de esta narración que transcurre en 2071, recuerda nada más y nada menos que un episodio de “Verano azul” titulado ‘El bautizo del odio’. ¡Cling! ¡Madre mía, qué caída en el vacío, esa serie tan recordada se emitió en 1981! A mí me pareció al leer esto que, además de caer en un lugar común, la verosimilitud hacía aguas dados los 90 años que separan ambas fechas. Semejante sensación de anacronismo, de inverosimilitud, se activó en mi cabeza con las referencias que se hacen a la pervivencia aún de los decorados utilizados en el rodaje de esos títulos de películas -citados algo más arriba en esta reseña- al haberse realizado las mismas en los años 1955, 1972 y 1999, o sea, alguna de ellas más de un siglo de tiempo atrás.
En cuanto al uso del idioma se detectan en la narración algunos defectos que, entiendo, siempre deben soslayarse. Me refiero a una sistemática incursión en el adequeísmo, vicio lingüístico que desluce mucho un escrito: “No había dudas que volver a tenerle era un castigo que se había convertido en mi bendición”. También se confunde frecuentemente en la escritura la conjunción adversativa “sino” y la construcción conjunción condicional ‘si’ más adverbio de negación ‘no: “si no”. Por último otro error de lengua es el de la clamorosa impropiedad en que incurre en el capítulo 14 dando a un vocablo un significado inapropiado existiendo en el idioma otro término más pertinente: “que la llevara aquí” en vez de decir “que la trajera aquí’ habida cuenta de que se está refiriendo a persona y no a cosa.Y también allí mismo su redacción no hace un uso correcto de la 'consecutio temporum': “El aceptó enseguida. No sé si por la borrachera o porque necesita agarrarse a un clavo ardiendo”.
Final
En un mundo hiperavanzado, individualizado y deshumanizado en el que aún persisten elementos perniciosos del nuestro como los aforamientos, sin embargo da la sensación de que no todo está perdido pues entre las máquinas (los robots) y los humanos aún cabe la posibilidad del afecto, de la emoción. Es lo que ocurre entre Rosana y Troy que se irán conociendo y transformando a través de este día, 23 de abril de 2071 en que ella alcanza la edad de 100 años.
"Vuelvo a mis guardias en el Albergue. Dos veces por semana paso allí el día, y otras dos la noche. Fifina ya no está, ni tampoco Carmela, que es ahora enfermera de la Cruz Roja; en cambio está Laurita de los Ríos, la hija del Ministro, y una chica andaluza, hermana de García Lorca el poeta." ("Celia en la revolución", cap. I, 'Segovia, 1936')
Un libro interesante y para mí sorprendente. Digo sorprendente porque de niño -sí, lo fui, hace ya no sé ni el tiempo- veía por casa algún ejemplar de la autora que mi madre o sus hermanas, o sea, mis tías, conservaban de épocas anteriores. Siempre entendí, porque así nos lo hacían entender a los chicos por aquel entonces, que la autora hacía libros para niñas del mismo modo que los libros de Karl May, Emilio Salgari o Zane Gray nos tenían a nosotros por destinatarios. Por eso, cuál no habrá sido mi sorpresa cuando este libro, "Celia en la revolución", aunque es la historia de una niña durante la Guerra Civil española su destinatario es cualquier lector de cualquier edad e incluso, me atrevería a decir, de cualquier país pues lo que muestra la autora es el sufrimiento gratuito, la maldad, los abusos, el menosprecio de la condición humana, que los contendientes -todos: los unos y los otros- practican y ocasionan.
La peripecia de este libro
La novela conoció una peripecia que conviene conocer: escrita por la autora en 1943 aparecerá publicada en España en 1987 por la editorial Aguilar, la editorial que a partir de 1934 publicaba en forma de novela los relatos que el diario ABC en la revista Blanco Negro le había comenzado a publicar en 1928 dentro de una sección titulada 'Gente menuda'. Pero sorprendentemente al poco desapareció de las librerías y no fue hasta casi 30 años después que se hizo una nueva edición, ésta, la que yo he leído. ¿Por qué sucedió tal cosa?
La razón fundamental es la de que Elena Fortún(su nombre verdadero era Encarnación Aragoneses) nunca se adscribió a grupo ideológico concreto, lo que ocasionó que en un país como el nuestro que desde Antonio Machado habla de que "una de las dos Españas ha de helarte el corazón" estar en tierra de nadie, en una tercera España no adscrita a tirios ni troyanos, no sea bien acogido. A la buena de Encarna le sucedió lo mismo que al periodista sevillano Manuel Chaves Nogales a quien hace ya cosa de cuatro años dediqué una entrada a su excelente colección de relatos "A sangre y fuego" [leerla aquí], un libro muy, pero que muy, recomendable. Andrés Trapiello en su libro "Las Armas y las Letras" (1994, reeditado en 2002 y 2010) revindicó la figura del periodista andaluz y lo mismo hace de la figura de la creadora de Celia, ejemplo ambos de esa España no militante, de esa tercera España, demócrata y liberal, republicana, que se verá arrumbada al desván de la historia por la intransigencia de uno y otro bando. Trapiello en el ensayo "Los unos y los otros" que aparece antes de la novela en la edición de 2016 se lamenta de que haya tenido que pasar más de un cuarto de siglo para que la existencia de esta tercera vía, esta tercera España, haya sido admitida por 'los unos y los otros'. Y la razón de esta afirmación estriba en que en 1987, primera edición de la novela en España, el momento político que vivía España no contemplaba la posibilidad de admitir más de dos enfoques político-sociales en nuestro país. Y lo más triste es que a día de hoy, aún hay sectores de nuestra nación que sólo admiten el seguimiento ciego y sin cuestionamiento alguno de unos u otros. ¡Qué pena tan grande!
La novela
Estalla la guerra y Celia que está en Segovia pasando el caluroso mes de julio de 1936 cuidando de sus hermanas debe partir con ellas hacia Madrid pues el abuelo ha sido detenido y 'paseado' por los golpistas. En Madrid se encuentra con la revolución, pero de signo inverso a la que ha padecido en Segovia. La tía de Celia, Julia Gálvez, no hace más que maldecir la postura de defensa de la República, totalmente opuesta a la de su hijo Gerardo, que ha tomado el padre de Celia quien se ha marchado a la Sierra para defender de los facciosos al gobierno legítimo.
En Madrid, Celia, cual el galdosiano Gabriel de Araceli, recorre las calles y relata las barbaridades que observa. Su relato es a pie de calle, en el tranvía, saliendo o entrando de las casas de sus amigas de colegio Fifina o María Luisa, en el Albergue para niños de la calle de Serrano... Es impresionante la narración que hace del desastre sucedido en la calle de Ferraz donde acudía a visitar a su amiga Fifina que vivía con sus dos tías ("Así de calle en calle y de susto en susto, llego al boulevard. Ahora no hay más remedio que seguir por esta calle que acaba en Rosales…, a unos metros del frente. Hay otras personas que, como yo, están paradas en la esquina sin decidirse a exponer el cuerpo a la ancha calzada abierta a las balas y a los obuses que levantan trozos de calle."). En Madrid las condiciones de vida son cada día más difíciles. Su amiga María Luisa colabora en el Albergue de niños que hay en la calle Serrano a la altura del Hipódromo. Allí llevará Celia a sus hermanas Teresina y María Fuencisla a las que cuida como una madre desde que muriera la de las tres. Precisamente la peripecia sufrida por los niños de esta institución será la que haga que Celia viaje por gran parte de la España republicana en busca de sus hermanitas que serán evacuadas de Madrid a Valencia, para después ser trasladadas a Barcelona y de allí ya muy avanzada la refriega civil a Francia. Afortunadamente Teresina y María Fuencisla están al cuidado de Valeriana, la sirviente fiel que desde hace muchos años asiste a la familia. Y por suerte también, Cuchifritín, el hermano de Celia, está estudiando en Londres, razón por la que no aparece en este relato.
Celia dejará un Madrid donde todo escasea y donde los bombardeos son cada día más frecuentes para ir a Valencia en busca de sus hermanas. Valencia, a donde se ha trasladado el gobierno de la República se está poniendo imposible pues los bombardeos que Celia creía exclusivos de Madrid se han trasladado ahora a la capital levantina. En Valencia no aparecen sus hermanas y Celia malvive en pensiones y de pupilaje en casas particulares. Subsiste gracias a las quinientas pesetas que su padre le entregó en Madrid.
De Valencia irá a Albacete y de aquí más tarde a Barcelona. En Valencia se encuentra con Jorge, el hermano de su amiga Adela al que conocía de los veraneos de la familia en Santander. Jorge será su amor, quien la ayudará en todo facilitándole plaza en los trenes para que viaje, la invitará al cine y al teatro..., hará vivir a Celia, durante los brevísimos días de permiso que a veces consigue, un simulacro de felicidad en plena guerra.
Como en Barcelona no encuentra a sus hermanas, su padre le dice que lo mejor que puede hacer es marchar de nuevo a Madrid a la casa que la familia tenía en Chamartín. Allí se traslada Celia para luego ya, pasados unos meses, cuando con la guerra ya casi perdida las condiciones de vida sean totalmente inasumibles, vuelva a trasladarse a Valencia para allí esperar a tomar un barco que la traslade a Francia pues ella, una niña de 17 años, ha perdido el contacto con su padre y sólo le queda la opción de buscarlos allí en los campos de refugiados de la Cruz Roja que se han creado en territorio francés.
Una crónica autobiográfica realista
Este recorrido literario que realiza la niña, ya casi una mujer, Celia Gálvez, es el mismo que en la vida real realizara Elena Fortún. Naturalmente hay diferencias fruto de la verosimilitud literaria. Así el padre de Celia, a quien ésta sigue y respeta en todo lo que dice, es trasunto del marido de la escritora, Eusebio de Gorbea y Lemmi, militar de profesión y escritor teatral de vocación, bastante mayor que ella, a quien siempre respetó pero que no la hizo nada feliz. Es más, el éxito que la escritora consiguió en el mundo literario siempre escoció al marido, lo que al convivir con él hizo aún más infeliz a Elena.
En una sociedad tan machista como era la española de los años 30, que una mujer trabajase y allegase dinero a su casa era tenido por poco femenino. Por ello Elena Fortún, como le ocurriera a otras mujeres intelectuales y liberales del momento (Gloria Fuertes, Jimena Menéndez Pidal, Laura de los Ríos, Isabel García Lorca...), fue tildada de lesbiana en muchas ocasiones. La Fortún, que yo sepa, salvo en una novela inédita hasta 2016, no reflejó tal cosa en sus escritos si bien era muy conocedora del alma femenina y de la sensibilidad característica de la mujer. En la novela aparecen varias amigas de Celia (Fifina, María Luisa, Lydia, Adela y alguna otra) pero entre ellas no hay atisbo de relación lésbica alguna sino simple, buena y sana amistad entre personas en momentos tan difíciles como los que España vivía por entonces. Tan sólo, quizás, con su amiga Lydia a la que encuentra en Barcelona y con la que va al Astoria en cuya atmósfera desaparece la brutalidad de la guerra podría verse algo..., pero no... tampoco...
" —Esto es lo más «chic» de Barcelona –me dice–. Es un verdadero rincón parisién. Va gente rara. Muchachas con el cabello teñido de azul, de verde y hasta cubierto de polvo de oro; muchachos con cara de mujer y mujeres con aire de chicos… [...] Fíjate en aquella chica rubia del traje sastre con la corbata y los guantes escoceses... ¡Es divina! Mira qué manos tiene. ¡Son de marfil...!"
¿Quiere decir lo anterior que Elena Fortún no era homosexual? No, para nada, pues -leo a comentaristas suyas- como se observa en su novela autobiográfica "Oculto sendero", inédita hasta 2016, ella, Encarnación Aragoneses -su nombre auténtico- se había sentido diferente a las demás desde bien niña. No he leído esta novela pero asumo las palabras de Elvira Lindo, -la creadora de Manolito Gafotas, otro importante personaje infantil-, que en su comentario sobre esa novela de la Fortún dice:
La protagonista, María Luisa, siente su rareza gracias al asco, al asco que le da imaginar que tendrá que pasar la vida entregándose físicamente a un hombre. Sufre la incomprensión que padecen las mujeres que no caben dentro del corsé femenino, que tienen inquietudes intelectuales, lo cual se considera como una tara que ahuyenta a esos posibles pretendientes que no las quieren demasiado listas.
Que estamos ante una novela realista lo demuestra el que en la novela comparezcan como personajes no pocas personas reales, como sus amigas Laurita de los Ríos o Isabelita García Lorca o su editor Aguilar. También es interesante la conversación que al inicio de la novela, en Segovia, mantienen Celia y Valeriana. Celia está deseosa de contarle a la criada el asunto del libro que está leyendo y que la tiene totalmente atrapada. Valeriana la oye distraída y dice:
"-Eso, ¿ha pasado? -No sé... puede que sí. -Pues mira: si no ha pasado, déjalo y no te disgustes, porque aquí están pasando cosas peores..."
Así como Chaves Nogales, periodista, escribe relatos partiendo de la realidad de la guerra civil española, Elena Fortún, novelista, escribe la crónica -una crónica autobiográfica- de la vida real, el día a día, de una familia de clase media alta durante la guerra civil. Esto es lo que es "Celia en la revolución", una crónica, una novela dialogada, 'la novela de la lucha por la vida en la retaguardia, la gran novela del miedo y del hambre'en palabras de Andrés Trapiello.
Es una novela fácil de leer, simple en el lenguaje, con incursiones en el habla del pueblo llano ("hasta hay algunos que emprincipian con que si lo que pedrica el cura en el púlpito no es verdad, que si los frailes, y que si el Papa que está en Roma… ¡No paece sino que ellos van a arreglar el mundo y se lo saben too…!", le cuenta Valeriana a Celia cuando llegan a Madrid procedentes de Segovia), pero también con algunos momentos de elevación poética como cuando Celia ve marchar a su padre que la ha ido a despedir al ómnibus que la llevará desde Madrid a Valencia ("Se va… Le veo marchar inclinado… Ahora que cree que ya no le veo, anda despacio como si llevara un saco de pena sobre la espalda…").
La Tercera Vía
A Celia se le insta constantemente a que milite en alguno de los partidos existentes por entonces. Ella no siente predilección por ninguno, aunque sí se siente republicana y está en contra de los golpistas. En Valencia, esperando al barco que la saque de España habla con su amiga Rosita y escucha lo que dice la familia de ésta partidaria de los vencedores:
"-La revolución comunista de Madrid ha fracasado... Ya es cosa de días... puede ser cosa de horas la entrada del ejército... Van a fusilar a medio mundo Parecen contentos. ¡Dios mío! ¡Y papá que decía...! ¡Y Jorge...! ¡Pobre Jorge...! Todo ha concluido… Sólo queda huir… Nosotros huimos… Otros están contentos. ¿Es que ellos no eran demócratas como papá? ¿Quién tenía razón? Papá; yo estoy segura de que papá y el abuelito son los únicos que tenían razón…"
Cuando al final de la novela para poder subir al barco que la sacará de España se le pide su filiación política cita, aunque sólo como simpatizante, a IR (izquierda republicana), el partido de Manuel Azaña, precisamente el hombre que siendo presidente de la República se vio atrapado entre esas dos Españas, la fascista de los sublevados y la de los revolucionarios anarco-comunistas republicanos.
Con Jorge habla muchas veces de política. El ideario de Celia y por ende de Elena Fortún se percibe en esta cita:
"Mira, papá me explicó una tarde que él defendía al pueblo para que se educara en el mismo banco de la escuela que el hijo del médico y del millonario y que no hubiera más diferencias entre ellos que las limitaciones de la naturaleza… Pero no me dijo que fueran todos pobres, o todos ricos… ni que les obligaran a hacer esto o aquello… No. Lo primero es ser libre y hacer lo que se quiere…". A lo que Jorge le responde: "-Pues, chica, con esas teorías, no sé en qué partido convendrías... "
Para finalizar Elena Fortún escribió historietas y novelas protagonizadas por esta niña de la burguesía alta madrileña durante más de 20 años. La serie de narraciones protagonizadas por Celia ocupan 21 volúmenes: el primero de ellos, recopilación -como los tres volúmenes siguientes- de historias cortas publicadas en la revista Blanco y Negro, se titula "Celia, lo que dice", vio la luz en 1929; el último, éste que acabo de reseñar, apareció por vez primera en 1987 y luego en 2016. Algunas novelas de esta serie fueron adaptadas para televisión en 1993 por José Luis Borau.
Como tantas otras mujeres de su época, Elena Fortúnconoció la incomprensión en vida y, afortunadamente, ya en plena democracia su figura fue reivindicada por un buen número de intelectuales, especialmente mujeres. Es el caso de Elvira Lindo, citada anteriormente, pero sobre todo el de la salmantina Carmen Martín Gaite que, reconociéndose en ella, dio conferencias y escribió artículos en los que salvaba la figura de esta mujer que no sólo era una escritora para niños (¡qué gran parecido con la poeta Gloria Fuertes!) sino una creadora con todas las letras y con una calidad análoga, si no superior, a la del género masculino.