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5 nov 2021

Algunas buenas películas (A pares XXIV)

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De lleno ya en el horario y rutina invernales cuando se auguran -por pura estadística, no por anticipación cual oráculo délfico- días fríos, lluviosos, y noches cerradas, creo que no viene nada mal proponer algunos títulos de películas para ver dentro y/o fuera de casa. Aunque veo más Cine a través de plataformas que directamente en Salas sin embargo sostengo desde siempre, adaptando el dicho, que hablando de Cine como en Salas en ninguna parte. Por eso abro y cierro este 'A pares' con películas que he disfrutado muchísimo en la butaca de un Cinema. Los otros seis títulos los he visto desde el sofá del salón de casa. A ver qué os parece mi selección.



El buen patrón 


Esta película de Fernando León de Aranoa que he visto en Sala no hace ni una semana me ratifica en la idea tan repetida y ya casi proverbial que reza eso de El Cine en el cine. Todo en esta cinta me ha gustado. Pero por encima de la historia, francamente original e interesante, y de la magnífica dirección del madrileño director de Barrio, Familia, Los lunes al sol, Loving Pablo y tantas más, lo que destaca en ella es esencialmente la actuación de Javier Bardem. ¡Qué pedazo de actor! Compone aquí un personaje bastante alejado de los habituales tipos duros, bárbaros, que le suelen dar debido seguramente a su físico. Por el contrario en El buen patrón Bardem da vida a un hombre afable, amable, que cuida con amor de la empresa de balanzas que heredó así como del bienestar de todos y cada uno de sus empleados. Es, en definitiva, un buen patrón pero, claro, la casa común que es la empresa debe de estar siempre por encima de todos y cada uno; parece razonable, ¿no?

Es la película que España presenta a los Oscar, y ¡ojalá que la nominen! Creo que León de Aranoa, Javier Bardem y todo el elenco -todos magníficos desde luego- bien lo merecen.



La defensa Luzhin  


Película del año 2001 realizada por Marleen Gorris. A raíz de la buena impresión que me dejó la novela de Vladimir Nabokov, "La defensa" de la que es adaptación la busqué y la encontré en Amazon Prime. 

No siempre (me) ocurre pero en esta ocasión sí que se (me) hace cierta la aseveración, nada científica por otra parte, que reza: "Buenas novelas dan malas películas; malas novelas se transforman en buenas películas". La película no es para nada mala, pero en mi opinión la directora holandesa no consigue transmitir en imágenes la mucha tensión narrativa contenida en el relato de Nabokov. Lo mejor del film sin lugar a dudas la magnífica actuación de John Turturro y de su pareja Emily Watson. El resto..., ¡mucho mejor en la novela!



Blue Jay


La película es la primera incursión en la dirección del director de fotografía Alexandre Lehmann. Se realizó en 2016 y su rodaje duró sólo siete días. Es un drama intimista que narra el reencuentro casual de dos enamorados veinte años después de su romance. Marck Duplass y Sarah Paulson dan cuerpo a estos adultos que en una cafetería, el Blue Jay, recuerdan sus escarceos amorosos del final de su adolescencia. Interesante incursión en las cabezas de estos seres que siempre consideraron que se debían una nueva oportunidad. La película la vi en Netflix por recomendación de Rosana del blog "Soy profesora y más" .




Ammonite 


También en esta ocasión fue la lectura de un libro el motivo de llegar hasta esta película. El libro fue la novela de Tracy Chevalier, "Las huellas de la vida" (año 2009), que presenta la interesante peripecia vital de dos palentólogas, Mary Anning y Elizabeth Philpot, durante una serie de años en una localidad del sur de Inglaterra. Fue tal la buena impresión que me dejó este relato que busqué por internet otras  plasmaciones de la vida de alguna de estas dos mujeres. Y encontré que existía una película del año 2019 firmada por Francis Lee que daba cuenta de una posible relación amorosa nunca comprobada entre una madura Mary Anning y una coleccionista de restos arqueológicos, la joven Charlotte Murchison, que está recuperándose de una fuerte depresión tras haber perdido el hijo que esperaba. La película se ve con satisfacción, como ya dije en la reseña que sobre la novela y el film tengo hecha en este mismo blog [para leer la reseña pinchar aquí], gracias especialmente al buen saber hacer de las dos actrices que dan cuerpo a estas dos mujeres: Kate Winslet para la madura Mary Anning, y Saoirse Ronan para la joven señora Murchison. El film se pasa en Movistar.




El olvido que seremos 


La verdad es que cuando se estrenó en Salas era tal el buen recuerdo que guardaba de la novela de Hector Faciolince de la que el film es adaptación que me negué a ir a verlo. No quería por nada del mundo perturbar la belleza que en mi cabeza conservaba de la historia de ese chico que admiraba a su padre y al que, gracias a su buen manejo de la escritura, habría de perpetuar en esa novela en la que denuncia la barbarie que el doctor Faciolince por su honestidad, independencia y rectitud pagó con la vida. 

Hace nada vi que Netflix la tenía en su catálogo y como recordaba que además Javier Cámara había ganado con ella el Goya al mejor actor me puse a verla. Hacía tiempo que no volvía a la obra cinematográfica de Fernando Trueba al que en una época fui fiel. Dos errores corregí, pues, con esta visualización: uno, vi que el director Fernando Trueba pese a algún desengaño me volvía a enganchar a su buena manera de hacer cine; y dos, Javier Cámara se revela una vez más como el gran actor que es. Debería de haberla visto en una Sala, concluí, porque la actuación del actor que la protagoniza y del resto del elenco creo que en la pantalla grande ganará en todos los sentidos.  




El pan de la guerra 

No suelo ver películas de animación. No sé por qué pero me parecen  propias de niños. Sí, sí, ya sé que estoy muy equivocado pues hay animación para adultos y de mucha calidad. Sin ir más lejos ahora mismo recuerdo el placer con que vi la adaptación en dibujos animados de la novela ilustrada de Marjane Satrapi "Persepolis".

Esta película, El pan de la guerra, la vi  empujado por la caída de Afganistán en manos de los talibanes (¡madre mía, ya casi ni nos acordamos de ello!). La pasaban en Netflix y la promoción que llegó a mi ordenador decía algo así como si quieres conocer cómo vivirán en Afganistán las mujeres a partir de la caída de Kabul tienes que ver esta película.  Y sí, la verdad es que pese a estar contada en dibujos impresiona y conciencia al espectador del sufrimiento que la población en general, y las mujeres en particular, deben de estar afrontando en estos momentos bajo el imperio de los talibanes. 

La película dirigida por Nora Towmey se realizó en 2017 y es la adaptación de la novela de igual título de la canadiense Deborah Ellis. Desde luego merece la pena verla.




Trenes rigurosamente vigilados 


He visto esta película de Jiri Menzel  en Filmin a raíz de haber leído la novela de mismo título escrita por el autor checo Bohumil Hrabal. Ambas, novela y película, son clásicos en literatura y cinematografía. La novela apareció en 1965 y rápidamente, en 1967, fue adaptada a la gran pantalla obteniendo ese mismo año nada más y nada menos que el Oscar a la mejor película de habla no inglesa. 

En mi opinión la novela ha soportado mucho mejor que la película el paso del tiempo. El humor de tono surrealista presente en la historia quizás lo aguanta más la letra impresa que la imagen. A mí la película me pareció lenta en exceso para una mentalidad actual.




Chavalas 


Esta película, al igual que la de El buen patrón de Fernando León de Aranoa con la que abro la entrada, las he visto en Sala guiado por las magníficas reseñas que sobre ellas leí en el blog de Miguel Pina que no me cansaré de recomendar a cualquiera que le guste el Cine. La dirección es de Carol Rodríguez Colás y es una película de este mismo año. A mí me ha encantado pues me parece muy fresca, muy directa, muy agradable de ver, muy de hoy, dura en parte, y sobre todo muy bien actuada por las cuatro actrices: Vicky Luengo (de las cuatro es la que tiene el papel más difícil, más protagónico y más lucido), Carolina Yuste (me gustó mucho en Carmen y Lola del año 2018 y en la obra de teatro Prostitución [tengo reseña hecha de ella] de la temporada 2020-2021en la que se codeaba sin desmerecer un ápice con Carmen Machi y Natalie Poza), Elizabet Casanovas (la conocía y me gustó mucho en la serie televisiva Merlí) y Angela Cervantes, única actriz desconocida para mí que hace un muy buen papel en el film.

El asunto: las ansias de salir del barrio, lo dura e ingrata que es la vida fuera de él, y cómo lo fundamental es ser fiel al lugar de donde se procede, no renegar jamás de lo que somos ni de donde venimos aunque para triunfar tengamos que desplazarnos lejos.

9 may 2017

"ESA PUTA TAN DISTINGUIDA": Lo último de Juan Marsé

8 comentarios:
Hacía tiempo que no caía en mis manos algo reciente de Juan Marsé. Diríase que los clásicos -Marsé lo es ya, sin duda alguna- se quedan unidos a sus obras señeras ("Si te dicen que caí", "La oscura historia de la prima Montse", "Últimas tardes con Teresa" [reseñada en este blog. Ver aquí], "La muchacha de las bragas de oro"...) que se citan y se releen como si el universo creativo del escritor estuviese ya definitivamente cerrado.

Juan Marsé, Generación del 50, novela social realista española
(tomada de Diario16.com)
Sí que he visto últimamente adaptaciones cinematográficas de algunas de sus novelas -muchas se pasan por television con cierta frecuencia-. Ahora mismo recuerdo estos títulos: "La muchacha de las bragas de oro" (Vicente Aranda, 1980), "Últimas tardes con Teresa" (Gonzalo Herralde, 1984), "Si te dicen que caí" (Vicente Aranda, 1989), "El embrujo de Shanghái" (Fernando Trueba, 2002)... Marsé escribe de una manera que se presta mucho a que sus creaciones sean transformadas en guiones de cine. No en balde sus inicios profesionales en el campo de la escritura fueron en una revista de cine, la barcelonesa 'Arcinema'; y en esta última novela, "Esa puta tan distinguida", el narrador-autor-protagonista se encuentra en el trance de escribir un guión de cine. Quizás Marsé escriba todavía alguna narración más, -ya tiene 84 años de edad-,  pero yo diría que la que acabo de leer supone en cierto modo una conclusión, el cierre de un periplo, un regreso a sus orígenes: el Cine.

La reseña
El narrador-autor recibe el encargo de pergeñar un guión cinematográfico sobre un asesinato cometido en la Barcelona de1949 en la sala de proyección de un cine, el Cine Delicias. Estamos en julio de 1982, en plena efervescencia de la Transición política, a pocos meses de que Felipe González gane las elecciones en España, y el director del film, Héctor Roldán, quiere evitar introspecciones, justificaciones emocionales en los personajes...; quiere los hechos objetivos, puros y duros, de modo que de su mera presentación puedan derivarse críticas políticas adecuadas y pertinentes a las fuerzas represivas de la dictadura franquista. Pero el guionista gusta de indagar, de ahondar en los personajes por lo que se empapa de lo que dijeron sobre el asunto los periódicos de la época, revisa lo que guardan sobre el  crimen los archivos policiales y, aprovechando que el asesino convicto y confeso, Fermín Sicart, ya hace tiempo que cumplió su condena, decide llamarlo para hablar con él sobre este suceso. 

El Raval y Marsé, el Guinardó, BarcelonaFermín le da pelos y señales sobre sus relaciones con Carolina Bruil Latorre, la prostituta asesinada. Dice que la amaba, pero no puede explicar debidamente el porqué de su asesinato. Diríase que Fermín padece un síndrome de amnesia inducida. En su diálogo con el narrador aparecen otros personajes importantes en la trama: Braulio Laso, anarquista de la CNT, marido de Carolina; Ramón Mira, falangista y chulo de Carolina; Liberto Augé, jefe de cabina que enseñó a Fermín todo sobre proyección y que siempre le advirtió del peligro que corría por su afición a las mujeres; los doctores Tejero-Cámara y Suárez y Gil que experimentaron sobre Fermín sus estúpidas y terribles teorías sobre la necesidad de extirpar el gen rojo que acompañaba a no pocos españoles... Con los nombres y comportamientos de estos doctores y del izquierdista Fermín se parodia lo acontecido en España durante los años de la inmediata transición política.

Al director Roldán no le interesa para nada la verdad auténtica, lo único que busca es dar forma a un alegato político con funcionalidad en el momento álgido de la transición que en ese momento están viviendo. Interesa la memoria, pero dirigida, y así lo considera el narrador tras las sesiones pagadas de diálogo con Sicart : 
"Además del firme convencimiento de que al poder no le gusta nada que recordemos, tenía yo muy presente que recordar es interpretar, es ver las cosas pasadas de una determinada manera. Así que habría que estar atento" (pág. 118). 
Por eso si cambia la circunstancia presente, el pasado se visualizará de otra manera. Así lo comprende el guionista-protagonista cuando el productor Moisés Vicente Vilches, que promovía la película política que quería filmar Héctor Roldán, es sustituído por Edgardo Mardanos, especializado en el destape cinematográfico que tanto éxito estaba teniendo en esos primeros años ochenta. El narrador-autor-protagonista se queda de una pieza cuando constata que en este nuevo contexto lo importante ya no es tanto el absurdo e incomprensible asesinato cuanto el personaje de Encarnita, la prostituta ciega amiga de la Carol asesinada, que interpretaría Elsa Loris, actriz próxima al cine porno: "Lo importante, lo que cuenta, no es tanto la desmemoria del asesino, sino la ceguera de esa entrañable putilla" (pág. 228).

Sí, evidentemente, la memoria es caprichosa, mixtificadora, engañosa, falsa, mentirosa y muy a menudo, cada vez más -piensan los dos personajes principales: el narrador y el asesino confeso-, se niega a dar la cara, convirtiéndose en la puta memoria, en esa puta tan distinguida ("Mi próxima novela tratara de las añagazas y las trampas que nos tiende la memoria, esa puta tan distinguida", pág. 10). 

➥ Metaliteratura
Es una narración en la que Marsé reflexiona mucho sobre el proceso de creación. Constantemente el narrador está dándole vueltas al guión que está construyendo. El hecho histórico que la mente devastada de Sicart está exponiéndole hace aguas por varios sitios. Por ejemplo, al guionista le parece dudoso que el asesino sostenga que en las dos visitas que Carol le hizo, en ambos momentos en el Cine Delicias se proyectase la misma película, "Gilda". No le parece verosimil: 
"En ambas visitas de Carol, la primera y la última, con dos años de por medio, el Delicias exhibía la misma película. Estuve a punto de probar a implantarle un recuerdo falso -un injerto, un mero artificio de la memoria destinado a fortalecer la trama con ecos y resonancias-, una escena confeccionada con los mimbres de lo verosímil y ver si la asumía" (pág. 210).
Rita Hayworth, Charles Vidor, Billy Wilder, Buñuel, Frank CapraLas alusiones a títulos de películas ("Roma, città aperta" de Roberto Rossellini, "Nazarín" de Buñuel, "La hija de Ryan" de David Lean...) y a nombres de directores (Raoul Walsh, Rossellini, Frank Capra...) sirven al relato de elementos referenciales en los que apoyar argumentos e informaciones. Así "Gilda" de Charles Vidor llena todo el relato pues la relación entre los personajes del film se asemeja a la de Carol y Fermín, además de afectar también al mundo real del propio escritor quien se ve reflejado en esos chicos que en el cine fantasean sobre la continuación de la escena de Rita Hayworth cuando tras quitarse el largo guante negro la película siempre se cortaba.  Y si "Gilda" es el referente para la historia de 1945, "Testigo de cargo" de Billy Wilder cumple la misma función pero referida ya al cambio de orientación del proyecto cinematográfico que la productora Vilma Films tiene entre manos al haber cambiado las circunstancias politicas.

En el campo estricto de la literatura, el autor-narrador reflexiona y sin previo aviso cambia al espectador por el lector: 
"Estás preparando al lector para algo que no le vas a dar, me dije, cuando te gustaría prepararle para darle algo que no espera... aunque tú mismo ignoras qué podría ser" (pág. 140). 
La unión, la mezcla, entre cine y literatura también se marca en la identificación entre el narrador-autor-protagonista y el personaje real y ficticio de Sicart: 
"Se levantó contrariado, refunfuñando en voz baja y para sí mismo:  "A ver si mañana me acuerdo mejor, coño, a ver...", pero antes de irse permaneció un rato junto a la baranda mirando cómo la noche caía sobre la ciudad. [...] Una ciudad fantasmal, invernal y remota, inexpugnable, tan obsoleta y a la vez tan persistente en su ánimo como en el mío. Y sería quizá por eso que [...] algo indefinible me empujaba a ponerme en su lugar ya mirar el perfil de la ciudad con sus mismos ojos descreídos y desde su misma perspectiva: haber sido él, haber vivido aquel horror, haber estado allí aquel nefasto día, haberme sentido impelido a matar... Aunque el sentimiento de pérdida o de desarraigo con la ciudad no podía ser el mismo, pues el destino había sido mucho más severo con el que conmigo, sentía que el túnel de la desmemoria donde él parecía perdido no podía, no debería serme totalmente ajeno" (pág.138).
Hay, claramente, una mezcla entreverada de realidad en esta ficción, y a la inversa. Las figuras del pasado 1945, buscadas -y perdidas- en el recuerdo desvencijado de Sicart y en los documentos policiales y judiciales resucitan en los folios del guión cinematográfico que el narrador -Marsé sin duda alguna- está realizando. Verdad, realidad, recuerdo, ficción, mixtificación, memoria..., ambigüedad, desmemoria... están ahí:
 "No sabría decir cuáles son los límites de la ficción al recrear una verdad histórica; probablemente no es aplicar más luz sobre el hecho real, sino realzar los claroscuros, las ambigüedades y las dudas, aquello que constituye la expresión más viva de la verdad." (pág. 208)
➥ Humor
La novela plantea el asunto de la memoria, de la poca fiabilidad de la misma, de la desmemoria en definitiva, con un punto de humor que a mí me ha convencido y entretenido. Felisa, la asistenta del narrador, es el personaje sobre el que se sustenta el humor en esta novela. Ella es una enamorada del Cine y constantemente está proponiéndo a su jefe acertijos cinematográficos que, por insistentes y reiterativos, le tienen ya un poquito harto. Además no hace distingos e igual que los lanza a su patrón lo hace a las personas que éste recibe en casa, consiguiendo con ello algunos logrados momentos en el relato.

Mención aparte dentro de este apartado del humor son las divertidas alusiones a algunos políticos. Antes me he referido a los de la época de los primeros años ochenta (Tejero-Cámara, Suárez...), pero el escritor rompe el corsé temporal y lanza humoradas sobre algunos políticos actuales, muy mediáticos, del nacionalismo catalán. Los convierte en personajes comparsa del espectáculo de variedades del salón Guinardó [La "Ronda del Guinardó" es el título de una de sus novelas publicada en 1984 y, además, en ese distrito barcelonés es donde sitúa la  mayoría de sus relatos]. En ese Salón, pues, actúan "RUFIÁN y TARDÁ, afamada pareja de payasos volatineros y saltimbanquis", y también "PILAR RAJOLA, contorsionista verbal y cómica radiofónica".

Final
Novelas de Juan Marsé, los estragos de la edadEn verdad, esta novela, cuya historia  ha distribuido el autor en 16 capítulos, se encuentra prácticamente comprendida en su integridad en el primero de ellos, donde aparecen 48 respuestas que el autor-narrador está dando a una periodista que, supuestamente, le entrevista por vía telefónica. En estas respuestas hay alusiones a su real peripecia vital (soy "hijo adoptivo y de incierto origen biológico", "Perdí este dedo a los quince años. Se lo tragó una laminadora"); a su gran amor al Cine ("Le cambio la película entera por un plano de John Ford", "Lo que yo envidiaba a los quince años era el juego de cejas de Clark Gable"); a su pensamiento político ("La identidad nacional me la trae floja. Se trata de una estafa sentimental", "La patria que proponen los nacionalistas es una patraña sentimental", "No. La verdadera patria del escritor no es la lengua, es el lenguaje"); a su poética creativa ("En mis ficciones, la vivencia real se somete a la imaginación, que es más racional y creíble. En la parte inventada está mi autobiografía más veraz", "Menos adjetivos y más sustantivos, eso es lo que necesita hoy la novela"); y, por último, hace
una valoración de la novela que el lector está a punto de comenzar a leer:
"Al terminar de escribir ese libro me sentí muy mal. Satisfecho con las partes, pero desconcertado con el todo. Me sentía como si me hubiesen trabado el argumento, el corazón de la trama". Y aunque en la siguiente respuesta viene a corregir lo aquí afirmado ("Olvide eso y recuerde lo que dijo Nabokov: 'De nada sirve leer una novela si no se le con la médula')".
Es muy relevante esta consideración pues, desde luego, "Esa puta tan distinguida", aunque es una novela entretenida y que se lee con gusto no es la narración que va a hacer pasar a Marsé a la posteridad. Más que otra cosa es la faena de apaño de un maestro de 84 años.