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22 may 2026

"Distancia de fuga", segunda novela de Cristina Araújo Gámir

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«La distancia de fuga, pensó, es la distancia a la que un animal te tolera, y no se mide en longitud sino en riesgo. Hay cuerpos errantes que se desplazan a miles de kilómetros y resulta que pueden chocar. Calculan sus arcos, sus desplazamientos. Otros cuerpos cercanos no se cruzan ni por asomo. Depende de su dirección, de tantos factores. Hay un margen de error. Son datos que Theo apunta en sus notas. Al lado de una cita de Kierkegaard, que para eso es el filósofo de la angustia: “la resignación es la forma de decirle sí al sufrimiento y hallar de ese modo una paz paradójica"»

"Distancia de fuga", segunda novela de Cristina Araújo Gámir
He disfrutado mucho leyendo la segunda novela escrita por Cristina Araújo Gámir. Leo y oigo a mi alrededor críticas acerca del excesivo número de páginas (casi 500) que tiene Distancia de fuga, pero confieso que a mí tal cosa no me ha supuesto impedimento alguno para una lectura gozosa, disfrutona. Es más, ese medio millar de páginas me ha servido para sumergirme en la buena literatura de esta madrileña que se dio a conocer literariamente con Mira a esa chica hará cosa de cuatro años, novela que se alzó con el Premio Tusquets de novela 2022 (tengo reseña hecha de ella en este blog).

Distancia de fuga presenta una relación romántica actual, muy creíble, entre dos jóvenes que se quieren, pero a quienes las circunstancias van a mantener lo suficientemente separados como para no poder hacer realidad un proyecto de vida en común. Serán dos magníficos amigos que se verán y se relacionarán esporádicamente, pero que siempre estarán atentos a las vidas de uno y otro. Es un amor sincero, romántico y civilizado, lejos de los excesos truculentos en que desgraciadamente desembocan otras relaciones que con mayor frecuencia de la debida son noticia en nuestra actualidad. Frances y Theo son al inicio de la narración dos jóvenes de 17 y 19 años respectivamente que se sienten atraídos y luego durante los nueve años de tiempo que dura la historia relatada se aman, se quieren y sobre todo se respetan. Ambos son muy respetuosos con los proyectos vitales de uno y otro: Ella, actriz cinematográfica muy mediática; él, estudioso de la filosofía de ayer y de hoy. Estos dos posicionamientos y trayectorias profesionales suponen una artificiosa vida de relumbrón, excesos y fiestas para Frances, y una humilde vida de búsqueda de becas para el estudio, estancias en universidades en el extranjero y trabajos de investigación intelectual para Theo.

Lo que más me ha llamado y ha hecho que esas 500 páginas no me hayan parecido excesivas es el magnífico estilo del que da muestras Cristina. Especialmente me refiero a su buen hacer descriptivo en el que las imágenes de todo tipo, en especial la metaforización sinestésica, me han ganado para su causa. ¡Qué belleza tan lograda!

Y en el plano meramente narrativo, la figura del narrador me ha tenido constantemente pendiente de ella. Es un narrador en tercera persona que se diluye hasta casi desaparecer en muchas ocasiones prestando su voz a la de los personajes que en EIL (estilo indirecto libre) o expresando pensamientos a través del monólogo interior se hacen dueños de ella y hacen dudar al lector sobre quién es quien conduce el relato. 
Este narrador objetivo en 3ª persona cambia a veces a la primera de plural por el sentido más generalizador que tiene esta persona, además de que así consigue hacer más partícipe en la historia al propio lector a quien, al tiempo, aprovecha para dirigirlo por las sinuosidades de la trama: 
  • «Arnim estaba de viaje en Lisboa, y lo último que necesitaba ahora mismo era tiempo para llenarlo, de modo que se enfundó el chándal y sus zapatillas Clifton y salió a correr por el Bois de Boulogne. Avancemos entonces seis horas para volver a reencontrarnos con ella, que desparramada en el sofá de su casa, y junto a un cuenco de fresas lavadas, repasaba en la tablet el guión de Juliette.»
  • «Después de terminar la licenciatura se tomaron un año sabático.Hubo motivos concretos. Y no sólo concretos, sino de peso, trascendentales, absolutamente justificados e irreprochables. Ya hablaremos de ellos más tarde.
  • (Theo) «aceptará, por ejemplo, la oferta de Robin y compartirán ese piso frente a la Opera donde luego Marion se morirá, desencadenando otra serie de eventos, como el cisma entre los hermanos. Aunque, no adelantemos, para eso faltan aún varios años. Y lo que va a ocurrir mucho antes, dentro de nada, en un par de días, es que los chicos [...]»
 Es un narrador que introspectivamente en su cabeza enjuicia, comenta, y hasta dialoga con los personajes cuya historia y vicisitudes nos está mostrando:
«Pero, bueno, paciencia. Es cierto que ya habían transcurrido ocho días, y que el mayor avance de Theo con la escritura se limitaba a registrar en una libreta sus notas mentales. Sellaba así un pacto con su conciencia. Porque pensar, compilar, esquematizar, todo eso, también es escribir, ¿verdad, Theo?
Pues no señor.
»
Por último, este narrador objetivo, cercano y muy próximo a los personajes en su forma de hablar, parece a veces omnisciente («Vamos, lo mismito que Frances,[...] pensaría Theo si pensase en Frances, cosa que no está ocurriendo, porque lo que está ocurriendo es que Cecilia [...]»); pero, en verdad no sabe más que ellos, sino que camina junto a ellos y duda como ellos («al final de la calle, las luces de un restaurante se activan. Por el tipo de toldos debe de ser italiano.»).

Otro dato importante en el aspecto formal es la organización de la trama a base de saltos temporales hacia adelante (prolepsis) y hacia atrás (analepsis) que indudablemente contribuyen a mantener vivo el interés del lector. La historia, considerada linealmente, se desarrolla como he dicho anteriormente durante 9 años, desde 2010 a 2019 con un punto cenital o central que sucede en 2014-2015, momento de la muerte de Marion, la madre de Frances y de su hermano Robin. Estos nueve años los distribuye la novelista en 33 capítulos que se desarrollan en fechas no ordenadas cronológicamente y en tres espacios diferentes: Lombardía (Italia), Frankfurt y París

Si algo destaca de manera sobresaliente en Distancia de fuga es el desarrollo psicológico de los personajes. Cristina Araújo conoce de primera mano a este tipo de jóvenes -a los estudiantes universitarios como Theo y Cecilia, mucho; a los chicos y chicas de la farándula, mucho menos- y sabe leer el interior de sus mentes: sus deseos, sus frustraciones, sus dudas, sus consecuentes e inconsecuentes decisiones... 
Todos los personajes están muy bien trazados, especialmente Frances y Theo, aunque también otros como Robin, Marion, Arnim Zatonsky o Cecilia (estos dos últimos son las parejas más duraderas de ella y de él, respectivamente). Frances es una muchacha insegura que necesita siempre apoyarse en alguien que sepa asistirla y sacarla de sus momentos de apuro y bajón: aquí destaca su madre Marion, verdadera artífice de su éxito, preparado por ella desde que Frances era niña (clases de baile, equitación, idiomas...). Y junto a Marion, la representante de la actriz, Zadia, que le consigue entrevistas, actuaciones, le programa su presencia en desfiles de modelos, etc. Cuando le fallen estas dos mujeres Frances acudirá a su hermano Robin, pero sobre todo encontrará un sustituto de su madre en Arnim Zantosky. Todo este batiburrillo y conglomerado de cosas que se mueven alrededor de la exitosa Frances provocan que su salud mental corra serios riesgos. 

Frente a la inestable Frances aparece el tranquilo Theo que parece -sólo lo parece- tener las ideas mucho más claras que ella. Es un joven de origen mucho más humilde que los Klemmer, que llega hasta ellos gracias a su amistad con Robin quien lo invita el verano de 2010 a la casa que la familia tiene en Lombardía. Esta casa es central en la historia de amor y en cierto modo abre y cierra la novela. De la familia de Theo no hay tantas noticias como de la de Frances, pero es evidente la humildad de la misma y la certeza por parte del chico de que sólo su esfuerzo será lo que le haga progresar. La irrupción de Theo en el entorno rico y privilegiado de los Klemmer hizo revivir en mi mente en algún momento inicial de la lectura la novela de Scott Fitzgerald "El gran Gatsby". Sin embargo me bastó con avanzar unas cuantas páginas para cerciorarme de que Cristina había elegido en Distancia de fuga una dirección distinta a la del pretencioso Gatsby, si bien en el aspecto sentimental ambos personajes se hallan constantemente atrapados en las arenas movedizas de sus respectivos enamoramientos.

Editorial Tusquets
La autora demuestra en esta buena novela sus progresos literarios respecto a Mira esa chica. Distancia de fuga está magníficamente escrita y a mí me ha gustado más que la anterior. Esta magnificencia debe mucho, además de a lo ya señalado hasta aquí, a lo bien y la suma naturalidad con que los ingentes conocimientos de filosofía, literatura, psicología y demás que posee Cristina aparecen esparcidos en el relato. La escritora se ha documentado mucho. Pero lo que me parece más relevante es que este culturalismo aterriza en el relato de manera natural, nada forzada, no hay sensación alguna de esnobismo ni nada parecido. Por el contrario las alusiones a autores como Salinger y su novela Franny y Zooey que Frances le regala a Theo se entrevera en este caso concreto con la visualización en la cama por parte de la pareja de la película El club de la lucha y con los pensamientos posteriores de él mientras escucha canciones de Finneas O'Connell o Nina Simone.

Esta reseña sería inacabable si en ella destacase la infinidad de méritos que la novela contiene. Voy a cerrarla con una mera alusión al estilo de la prosa de Cristina Araújo Gámir. Es una prosa limpia, poética, con predominio de frases cortas y yuxtapuestas; una prosa en la que narración y descripción se ven interrumpidas por la puntual intrusión, en estilo directo o indirecto libre, de los personajes. Diríase, utilizando una imagen pictórica, que la autora está realizando una pintura de técnica puntillista neoimpresionista. Conviene, pues, una vez acabada la lectura, alejarse del cuadro realizado para mejor contemplarlo y disfrutar de la unidad que los distintos elementos empleados han construido:
✔«El piso callado. Un silencio de claustro. La habitación en penumbra. Pero un derrame de luz en el suelo que la persiana no para y que es prematura y avainillada. Theo dice: está en su cuarto, mientras deja las llaves sobre la mesa. Y la violencia acústica del metal rompe en añicos el aire.»
✔«Sella los labios. ¿Entonces, Frances? ¿Entonces? Entonces todo. La última franja de cielo oleosa, la vegetación hinchada y pulposa como un palpitar de perfumes oscuros y verdes, de piélago y musgo, y césped regado, polen pegado, y frutos abiertos, influorescencias, y humedad ambiental, nervaduras, y savia espesa de pistilos de punta, y cada brote que nace y engorda y revienta en el interior de la tierra, pero también hacia afuera de ella, en tallos duros, botánicos, tiesos y largos, con bulbos y glándulas y saliva, y la exudación animal agarrada a los troncos del bosque, y un chorreo hormonal al caudal de la sangre, el sudor ensuciando los muslos, y después fibra a fibra el vestido, y entre el vestido y la piel, sin oxigenarse, envasada al vacío, tan tenso, tan cerca, que no le da la cárcel torácica para respirar, y Frances se enrosca una hebra de pelo, tira de ella, como si nada, aprieta los dientes y piensa.
Dios.
Porque sabe.
Que él la mira a su vez.
Que se quiere acercar.
Pero cuándo.»

14 dic 2023

Vladimir Nabokov: Desesperación

7 comentarios:

«El mayor sueño del escritor consiste en convertir al lector en espectador; ¿lo consigue alguna vez? Los pálidos organismos de los héroes literarios que se alimentan bajo la supervisión del autor, se hinchan poco a poco con la sangre vital del lector; de modo que la genialidad del escritor consiste en otorgarles la facultad de adaptarse a esa —no muy apetitosa— comida y a medrar con ella»

"Lolita", novela haciéndose, surrealismo, literatura impresionista
Desesperación la escribe Vladimir Nabokov en Berlín en 1932. Pasados dos años «la revista de emigrados Sovremennye Zapiski, de París, publicó la novela por entregas a lo largo de 1934, y la editorial de emigrados Petropolis, de Berlín, publicó el libro en 1936.». Sin embargo la versión que acabo de leer es la que el autor bendijo en 1965 («lo satisfecho y emocionado que me habría sentido yo en 1935 si hubiese podido leer anticipadamente esta versión de 1965.»). Estamos, por fecha y calidad del texto, evidentemente ante un clásico de la literatura universal. Toda esta información que acabo de escribir la da el propio escritor ruso en el prólogo que hizo en Montreux a esa edición de 1965. 


¿De qué va la novela?
En Desesperación un hombre (Hermann Karlovich), de profesión chocolatero en proceso de seria e inminente ruina busca, para intentar escapar de ella o al menos paliarla, una solución. La misma se le presenta en un viaje a Praga donde se topa con un mendigo que, se le ocurre, bien podría ser su doble. Esta persona se llama Félix y con él inicia una serie de comunicaciones y encuentros que según avanza la narración el lector, en este caso, claro, yo mismo, dudará de si es algo real o simple producto de la fantasiosa imaginación de este industrial casado con Lydia una mujer a la que desprecia profundamente.

Junto a la peripecia de este hombre se desarrolla toda una muestra del quehacer literario. Estamos ante una novela haciéndose. El propio Hermann está redactando la novela que estamos leyendo y se la dirige a un editor -ese posible lector que nombra reiteradamente en acotaciones o digresiones que rompen el relato principal- quien así conocerá la "verdad" de lo sucedido. Pero la verdad, eso lo sabemos todos y más cuando nos acercamos a ella a través de una obra artística siempre es huidiza, evanescente. Esta parte de la novela, entreverada artísticamente con el resto del texto, es claramente metaliteraria y en ella percibimos la figura agigantada del autor, Vladimir Nabokov, ruso de nacimiento, escritor en esa lengua pero también en francés e inglés, y poseedor de un inmenso background literario. Dentro de este fondo de armario que posee y exhibe predominan los autores rusos, en especial Turguenev y Dostoievski, pero también Pushkin y varios otros más. De los franceses destacaría a Maupassant. Y, aunque no lo cite nunca por su nombre, la figura y el estilo de Frank Kafka sobrevuela por muchas páginas de esta novela que en algunos momentos me ha parecido ciertamente inmersa en el surrealismo.

En el prólogo, el mismísimo novelista hace referencia a su obra más conocida, "Lolita", aparecida diez años antes de esta edición de 1965 y que desde entonces había levantado un enorme revuelo en Europa y Estados Unidos. El motivo que le lleva a hacerlo es la semejanza por nombre y edad del protagonista masculino de una y otra novelas: Humbert, el de Lolita, y Hermann, el de Desesperación. Nos pide que no los confundamos, pero al tiempo incide en la importancia del psicologismo tanto en uno como en otro. 
«Hermann y Humbert son parecidos solamente en la medida en que puedan serlo dos dragones pintados por el mismo artista en diferentes períodos de su vida. Son un par de sinvergüenzas neuróticos, pero existe en el Paraíso una gran avenida verde por la que, una vez al año, al atardecer, se le permite pasear a Humbert; mas el Infierno no le concederá nunca la libertad condicional a Hermann.»
Asimismo se cura en salud y rechaza la adscripción que algunos críticos hacen de su Obra al inscribirla dentro del impresionismo literario: «los expertos en "escuelas" literarias deberían evitar el precipitarse en esta ocasión a repetir lo de "la influencia de los impresionistas alemanes": no sé alemán ni he leído jamás a los impresionistas, quienesquiera que sean.»

Es frecuente que los autores rechacen estas atribuciones a este o a aquel movimiento artístico. Es lo que revela esta protesta de Nabokov. Pero no deja de ser cierto que él mismo hizo lo propio en un buen número de ocasiones asignando a unos y otros escritores militancia en tal o cual corriente literaria. Y es que no podemos dejar de lado que el novelista ruso fue un consumado crítico literario, condición que cualquiera puede certificar leyendo alguna de sus tres principales obras de crítica: Curso de literatura europea, Curso de literatura rusa y/o Curso sobre El Quijote. Estos libros recogen las conferencias y lecciones que el autor de Desesperación impartió por aquí y por allá, aunque especialmente recogen los cursos de literatura que durante cerca de veinte años dio en las universidades de Wellesley y de Cornell, ambas norteamericanas, en Massachussets y Nueva York respectivamente. 

Quizás a mí esta muestra de conocimientos literarios y de buen saber hacer una obra escrita sea lo que más me ha agradado de esta novela, dejando claro que la anécdota del doble me ha satisfecho suficientemente. Pero, seguramente, mi condición de profesor de literatura durante muchos años ha hecho que haya prestado especial atención a estos para mí interesantísimos momentos metaliterarios esparcidos a lo largo y ancho de todo el relato:
  • «hermano de Ardalion, por tanto primo también de Lydia, que se llamaba Innocent, el cual, no sé por qué razón, fue ejecutado por el pelotón de fusilamiento muy poco después de nuestra partida. (Si he de ser franco, todo esto encajaría mucho mejor al comienzo del primer capítulo que al comienzo del tercero.)» Esta acotación metaliteraria es una manera de cortar el embeleso del lector en la anécdota. Tiene mucho de recurso propio del teatro épico que fundara Bertold Brecht.
  • «Una brevísima digresión de tipo literario: ese ritmo es por completo ajeno a las formas modernas de conversación, pero transmite especialmente bien mi épica calma, y la tensión dramática de la situación.». Así dice en un momento dado el narrador del relato consciente de lo inadecuado del estilo elegido respecto al que en ese momento se estilaba en las novelas.
  • «Pero ten paciencia conmigo, lector. El paseo que daremos a continuación será tu magnífico premio. Estas conversaciones con los lectores son también una bobada. Apartes escénicos.». Reflexiona a propósito de ese involucrar conversacionalmente al lector en el relato.
  • «¿Cómo podría empezar este capítulo? Les brindo unas cuantas variaciones, para que puedan ustedes elegir. La primera (que suele ser adoptada en las novelas donde la narración va siendo conducida por el autor real o ficticio) [...] Esta variación no me sirve, porque yo soy estrictamente sincero. De modo que podríamos pasar a la segunda variación, que consiste en dejar suelto de repente un nuevo personaje, lo que conduce a empezar el nuevo capítulo de la siguiente manera:
    Orlovius se sentía insatisfecho
    » [...]

He citado ya a algunos de los personajes que corretean por esta narración: el industrial chocolatero Hermann, su esposa Lydia, el sosias de Hermann llamado Félix, un artista pictórico llamado Ferebrodov, Ardalion («ese primo suyo, Ardalion, que era pintor: un alma alegre, pero un pintor horrible»), Orlovius... Estos dos últimos cumplen una función interesante: el primero, Ardalion, es primo de Lydia, pintor como su amigo Ferebrodov, inclinado al alcohol y aunque no se diga directamente se deduce que mantiene una equívoca relación con su prima que sobrepasa la condición familiar entrando casi en una intimidad ciertamente ambigua. Por su parte, Orlovius, ese personaje que surge inopinadamente en la narración, no es otra cosa que un abogado o consejero legal de Hermann; y por último estaría el lector anónimo al que se dirige en muchas ocasiones. ¿Quién es ese lector? A lo largo del relato el lector real -ya lo he dicho antes-, o sea yo mismo, va variando de opinión sobre quién pueda ser: cualquiera que lea el relato, el propio autor, un juez o jurista que lea esta novela que sabemos que está escribiendo el propio Hermann... Ya hacia el final, el mismísimo Hermann nos aclarará que el susodicho lector no es otro que el editor al que dirige la novela que está escribiendo: un relato exculpatorio o confesional de lo que ha ocurrido entre él y su doble Félix, quien al final según parece tampoco era tan parecido a él. 

Quisiera cerrar este apartado sobre los personajes con una curiosidad. Desesperación fue llevada a la gran pantalla en 1978 por el director alemán Rainer Werner Fassbinder. En este film el actor que hace el papel del abogado Ortovius es Bernhard Wicki; precisamente este mismo Bernhard Wicki es quien en Los jardines de la memoria, la novela de Michel Quint [leer mi opinión sobre ella aquí] que he leído inmediatamente antes que ésta de Nabokov, dirige la película titulada El puente que  van a ver los personajes del libro y durante cuyo visionado el narrador conoce la verdad sobre su padre. Son meras curiosidades que nos suceden a los amantes de la lectura y de las películas, curiosidades que nos animan a seguir practicando ambas aficiones,

Pero sin duda alguna si algo, junto a la metaliteratura ya señalada, quiero destacar de esta novela de Vladimir Nabokov es el estilo, la depurada forma que practica en ella. El novelista maneja la literatura como nadie, realiza innovaciones sorprendentes para el momento en que la está escribiendo (la novela se escribe en 1932), hace ingeniosos juegos de palabras de gran efecto literario como cuando divagando sobre literatura detectivesca habla de Watson, el compañero de Sherlock Holmes, y dice que ese personaje era «el mismísimo cronista de esas historias criminales: el doctor Watson en persona; Watson, que, por así decirlo, sabía que era Whatson. Una tremenda sorpresa para el lector». Sorpresa, sí, como otras muchas que desgrana por la novela:

  • «El estaba escuchando, seguro. Yo le escuché escuchar. El me escuchó escucharle escuchando» (Juego de palabras)
  • «Tras haber echado la carta al buzón sentí lo mismo que probablemente siente una gruesa hoja de arce, teñida de púrpura y cruzada por venas rojas, durante su lento planear desde la rama hasta el arroyo.» (lenguaje poético)
  • «Se encuentran en mi poder otras dos cartas escritas en papel similar, pero todas las contestaciones han sido destruidas. Si todavía las tuviese, si tuviera, por ejemplo, esa tan idiota que, con despreocupación maravillosamente calculada, le mostré a Orlovius (para después destruirla, como todas las demás), podría adoptar ahora una técnica narrativa epistolar.» (humor metaliterario)
  • «Me volví otra vez y me tendí ahora boca arriba, y entonces, como a través de un cristal ahumado, vi sobre mí la extensión barnizada de un cielo azul negruzco, una faja de cielo rodeada por las formas arbóreas del ébano que iban empequeñeciéndose a ambos lados; pero cuando me tendí boca abajo vi correr a mis pies las piedras y el barro de un camino con briznas de heno, una rodera rebosante de agua de lluvia, y, en ese charco arrugado por el viento, el tembloroso travestí de mi cara; que, según pude notar conmocionado, carecía de ojos.» (surrealismo total, onirismo)

Para finalizar
Cine y Literatura, posmodernismo,
Temáticamente hablando, lo principal es el asunto del desdoblamiento, el cual no queda reducido a la posible existencia de un doble, de un semejante idéntico, algo desde luego bastante improbable, sino que la duplicación el escritor la lleva a todo lo que existe al tiempo que se burla, hace chanza del socialismo soviético que durante toda su existencia Nabokov tanto odió («En mi fantasía alcanzo a visualizar un nuevo mundo en el que todos los hombres se parecerán los unos a los otros, igual que Hermann y Félix; un mundo formado por Helixes y Fermanns; un mundo en el que el obrero que caiga muerto a los pies de su máquina será reemplazado inmediatamente por su doble perfecto, adornado con la serena sonrisa del socialismo perfecto.»). Y de ahí se desplaza hacia reflexiones filosóficas más existenciales en las que afirma la inexistencia de Dios en la vida y la nada a la que el ser vivo accede tras la muerte. Esto es tan así, afirma, que sólo la literatura -el arte en general- puede ser creadora de una realidad que perviva tras la desaparición, una literatura que por ello es muestra de amor («Literatura es Amor»)
«La fuerza del arte creativo es tal que incluso si el criminal fuera a entregarse en persona a la mañana siguiente, nadie le creería, pues la invención artística contiene un grado de verdad intrínseca mucho mayor que la realidad de la vida.»
Desesperación, una novela escrita en 1932, es un verdadero clásico de la literatura cargado de modernidad como demuestra esa novela haciéndose que es y que da una vuelta de tuerca al procedimiento al incidir y mostrar críticamente los procedimientos narrativos utilizados o que piensa utilizar. Es una novela que muestra bien a las claras el enorme conocimiento que Vladimir Nabokov tenía de  la cultura de su tiempo, especialmente de la rusa. Valga como comprobación sólo tener en cuenta que el inspirador del posmodernismo, el ruso Mijaíl Bajtín, está en esos años en plena efervescencia creadora en Rusia a través del denominado Círculo de Bajtín. Aunque Nabokov salió de la URSS junto a su familia en 1919 el hecho de haberse ésta instalado en Alemania en 1922 hizo que con 23 años él se interesase mucho por el grupo intelectual de Mijaíl Bajtín que trabajaba especialmente sobre filosofía alemana. Y todo esto se trasluce en Desesperación.
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Nota:
Con Desesperación de Vladimir Nabokov cumplimento la inicial N del reto Autores de la A a la Z y añado un título más al reto Nos gustan los clásicos.

23 nov 2018

"El corazón es un cazador solitario" de Carson McCullers

17 comentarios:
Mi primer contacto con esta gran escritora norteamericana lo tuve a través de su cuento largo o novela corta "La balada del café triste". Cuando hice su reseña en este mismo blog muchos me dijeron que si ese relato que la autora había escrito en 1943 me había gustado, esperase a leer "El corazón es un cazador solitario" o "Reflejos en un ojo dorado", porque ambos me encantarían. He empezado por "El corazón..." y desde luego los elogios no eran en balde.

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Sobre la autora
No voy a entrar aquí en aspectos que ya señalé en mi anterior acercamiento a esta escritora [ver Carson McCullers: "La balada del café triste"]. Sí quiero redondear lo allí expuesto y añadir algún dato que ahora, tras esta lectura, me parece de sumo interés. El principal es el de que se casó dos veces con su marido Reeves McCullers: la primera en 1937, dos años después de haberle conocido; se divorcia de él en 1940, año en que desde Charlotte en Carolina del Norte donde vivían vuelven a Nueva York, ciudad donde conoce a los hermanos Mann (Klaus y Erika) y al poeta W. H. Auden, marido de Erika en un matrimonio de conveniencia dada su condición de homosexual. En Nueva York, una vez divorciada de Reeves, Carson marcha a Brooklyn a vivir con los Mann. En 1945, al regreso de Reeves de la Guerra herido en el desembarco de Normandía, vuelve a casarse con él.  Durante este interregno matrimonial, 1940 - 1945, Carson tendrá relaciones sentimentales con varias mujeres: con la escritora suiza Annemarie Schwarzenbach, y con la novelista, ensayista y activista texana Katherine Anne Porter. Reeves, su marido, estará con ella en los momentos duros de la enfermedad que  durante toda su vida la acosó con constantes recaídas. En 1953 Reeves se suicida tras haberle anunciado Carson una nueva separación y tras el fracaso del pacto de suicido que ambos habían acordado.

Muchos elementos biográficos de la escritora se pueden percibir y rastrear en sus obras. Así por ejemplo en "La balada del café triste" el pacto suicida es visible y en "El corazón es un cazador solitario" podría decirse que la vida entera de la autora en sus veinte primeros años está ahí, en especial en esa familia Kelly de la que Mick con su pasión por la música  es claro remedo de la novelista.

Mi Comentario
Una pequeña localidad del sur de los Estados Unidos donde la vida discurre monótona bajo un calor abrasador y donde los alicientes vitales brillan por su ausencia es el lugar donde se desarrolla la historia. Una localidad sudista donde la segregación racial es más que evidente; donde una familia negra, la del doctor Copeland, pese a sus méritos y buen hacer a la comunidad sufre los embates del racismo; donde una numerosa familia blanca, los Kelly, se las ve y se las desea para alcanzar el final de mes pese a tener realquilados en casa a unas cinco personas; donde el centro de socialización como en tantos lugares es un Café, el Café Nueva York, en el que Biff Brannon desde la caja registradora vigila a los parroquianos y enjuicia su propia vida; un Café donde un borracho, Jake Blount, lanza constantes peroratas y diatribas contra la explotación del mundo por parte de los que detentan el Capital...

Son cuatro personajes principales los que deambulan por este escenario: Mick, una niña de trece-quince años que está abandonando la infancia y entrando en la pubertad, con la cabeza llena de ideas y propósitos de futuro: la música, el amor, matar a Hitler...; luego estaría el doctor Copeland, hombre bueno donde los haya que se esfuerza por sanar a cualquiera especialmente a los de su raza a quienes predica la paternidad eugenésica; el bueno de Jake Blount, un blanco concienciado de la explotación del hombre por el hombre y que desearía acabar con la misma. Ambos, Copeland y Blount, claman por lo mismo (justicia social, libertad, fin de la explotación...) si bien no coinciden en los medios: Copeland se basa en la instrucción cultural y Blount es más directo, más brutal. Y por último estaría Biff Brannon, un hombre lleno de humanidad pero también de zonas oscuras como cualquiera; Biff lucha porque lo primero prime sobre lo segundo, pero no siempre es fácil.
En medio de estos cuatro seres, cada uno con una trayectoria y vida propias, está Singer, el sordomudo. Singer, nombre judío, es como el Muro de las lamentaciones judío, o como el Dios cristiano: todos acuden a él a contarle sus cuitas y preocupaciones, todos se sienten bien con él, todos lo aman...; sin embargo él ni oye ni habla, sólo lee los labios de sus interlocutores, y lo que es peor nunca responde. Su función es necesaria para los cuatro pero improductiva porque nunca les resuelve nada. Singer se conforma con mover las piezas del juego de ajedrez que tanto le gusta. Todos aguardan sus respuestas, pero él es mudo.

Elvira Lindo, Carson McCullers, novela existencial, existencialismo
Como digo cada personaje vive en su propio micromundo: Mick ocupada en el cuidado de sus hermanos pequeños y asistiendo con sorpresa a su personal despertar sexual; Blount con su propósito de hacer saber a los demás la realidad del mundo y ganándose la vida como mecánico en el tiovivo de Clark Patterson; Biff Brannon vislumbrando la realidad del mundo compuesto de humanidad y amor ("De aquellos que trabajan y de aquellos que —tan sólo una palabra— aman. Su alma se expandió. Pero sólo por un momento. Porque en su interior sintió una advertencia, un rayo de terror. Se hallaba suspendido entre los dos mundos.", pos. 5656); Copeland con su trabajo, sus problemas de salud, el deseo de mejora para los de su raza y solventando como puede el injusto trato personal que recibe por parte de los blancos. Y luego, Singer, el centro del relato, que mantiene una sincera, hermosa y tierna amistad con Spiros Antonapoulos, el  sordomudo compañero suyo desde hace diez años arrebatado de su lado por los problemas físicos y mentales que padece y también por la incomprensión de la sociedad representada en Charles Parker, primo de éste, que no atiende ni entiende el derecho que la larga  relación de diez años de amistad le debiera de dar a Singer para opinar sobre ingresar o no a Antonapoulos en un centro psiquiátrico.

Si la acción sucede en el sur de Estados Unidos, el momento de la misma es el de su escritura. En especial estamos en 1939 pues las alusiones al problema de Hitler en Europa y la posibilidad de una guerra es evidente; concretamente se alude a la crisis de Danzig ("la radio estaba encendida y alguien hablaba de la crisis que Hitler había creado con la excusa de Danzig", pos. 5594), crisis diplomática ocurrida en abril de 1939 que abrió las puertas de la II Guerra Mundial. En este momento podría decirse que es cuando finaliza el relato que ha transcurrido durante un año o algo más.
Muchos asuntos son los que, más que abordarse, aparecen, a veces de modo tangencial, en este relato: segregación racial, desigualdades sociales (blancos pobres - negros - negros pobres), Muerte, Pubertad, Homosexualidad, nazismo y fascismo, judíos, Sexo, Amistad y Amor (suicidio: Singer, al haber muerto Antonapoulos se suicida), Alcoholismo, Vida corriente y sobre todo Ternura, mucha ternura, pese al descubrimiento de la Verdad de la vida: el final de la niñez y también más tarde el de la propia vida.

Una novela existencial
Para mí la novela se inscribe dentro de la corriente de literatura existencial que se da especialmente durante la primera mitad, sobre todo en las décadas treinta y cuarenta, del pasado siglo. Es un existencialismo desarraigado, sin creencia alguna en algo que sirva para dar una explicación a la Vida. Todos la buscan y creen hallarla en Singer, pero se dan cuenta de que no hay tal:
    • "Murmuró algunas palabras en voz alta: «Señor, perdóname, porque no sé lo que hago.» ¿Por qué había pensado en eso? Todo el mundo en los últimos años sabía que no había ningún Dios. Cuando pensaba en Él solía imaginarse que Dios era el señor Singer con una larga y blanca sábana envolviéndole. Dios era el silencio...; quizá por eso, se lo había recordado. Dijo nuevamente las palabras, tal como se las diría al señor Singer: «Dios, perdóname, porque no sé lo que hago.»", (pos. 1913)

    • "Cómo había sido Singer no era importante. Lo que sí contaba era la manera como Blount y Mick le habían convertido en una especie de dios casero. Debido al hecho de que era mudo, podían atribuirle todas las cualidades que querían que tuviera. Sí.", pos. 3673) 

Dios no existe, sólo queda el Amor, lo único que nos puede salvar. Mick contesta a Harry con un escueto "Conforme" cuando él le dice que trabaja en una ciudad. Basta con eso, él ya entiende, la amistad y el amor no precisan grandes aspavientos verbales. 

Es el Amor en su gran abanico de manifestaciones lo que da sentido a la vida. Es aquí, en el amor, en donde radica el meollo de la obra: 
  • Un amor de raza, el que Copeland siente hacia su sufrido pueblo:
"Las caras de su sufrido pueblo se movían ante sus ojos formando una masa cada vez mayor. Y mientras conducía su automóvil, lentamente, calle abajo, en su corazón brotó nuevamente aquel irritado, inquieto amor.", (pos. 3128)
  • De clase, aunque muchas veces los discursos y arengas no sirvan de nada como bien le había advertido Copeland a Jake Blount: 
"Recordó lo que el negro, Copeland, le había dicho: «No intente estar solo»." (pos. 5396)
  • De afecto entre personas: 
    • El afecto entre Mick y Harry tan enriquecedor para ambos que ya he señalado
    • El de Biff hacia su esposa Alice ("Habían transcurrido cuatro meses desde la muerte de su mujer..., y cada uno de ellos le había parecido tan largo y vacío como un año entero" (pos. 3544) 
    • Y sobre todo el de Singer y Antonapoulos que daba sentido a sus vidas: 
"Hoy hace ya cinco meses y veintiún días. Durante todo este tiempo he estado solo, sin ti." […]
"No sirvo para estar solo y sin alguien como tú, que comprende." (pos. 3430)

Tratamiento formal
novela norteamericana, racismo, Carson McCullers, literatura noerteamericana
➠ Si hay algo que me llama vivamente la atención en esta escritora es su modo de escribir. Presenta situaciones muy cotidianas y asequibles a través de un lenguaje sencillo y corriente. En principio estas situaciones poco tienen que ver las unas con las otras salvo que acaecen en el mismo lugar. Diríase que Carson McCullers construye una novela impresionista en el sentido de que no estamos ante una verdadera fábula en el sentido tradicional, sino que nos va dando una serie de elementos aparentemente con escasa conexión entre sí, salvo la que los lectores le demos tomando como base uno o varios elementos unitivos. En este caso el principal  no es otro que el Amor como ya he dicho antes; luego podríamos encontrar otros engarces entre las historias diferentes como es el asunto de la Religión o de Dios más o menos explícito, el de la redención de los pueblos y de la raza negra, etc.

➠ Es una novela que se desarrolla de manera lineal y que emplea la 3ª persona narrativa aunque con esporádicas apariciones del monólogo interior lo que sirve para que como lectores 'entremos' mejor en la interioridad de alguno de los personajes: Entendemos mejor a Mick cuando el narrador que está hablando de ella se echa a un lado para que 'veamos' mejor al personaje: "Hazel y Etta no estaban mal como hermanas. Pero Etta parecía tener el cuerpo lleno de gusanos.", pos. 723.  
También conocemos mejor a Biff cuando desde el observatorio de su Café analiza a su parroquia y el narrador 'nos permite' penetrar en su pensamiento:
"Biff entrecerró los ojos. Cómo había sido Singer no era importante. Lo que sí contaba era la manera como Blount y Mick le habían convertido en una especie de dios casero. Debido al hecho de que era mudo, podían atribuirle todas las cualidades que querían que tuviera. Sí." (pos. 3620)
➠ Las frases cortas y sencillas crean descripciones cargadas de emoción y belleza
  • "Había un retrete en la parte trasera y un grifo en la escalera. En su habitación, las paredes y el suelo despedían un rancio olor de humedad. De la ventana colgaban unas cortinas de encaje, baratas, negras como el hollín. Guardaba su traje bueno en la maleta, y colgaba el mono de un clavo. La habitación carecía de calefacción y electricidad. Sin embargo, una farola de calle situada frente a la ventana esparcía un pálido reflejo verdoso que iluminaba débilmente el interior. Nunca encendía el quinqué que había junto a su cama a menos que quisiera leer." (pos. 2426)

  • "Los niños andaban vacilantes por el pasillo del vagón con goteantes vasos de papel llenos de agua. El viejo vestido con un mono que viajaba en el asiento de delante de Singer bebía de vez en cuando whisky de una botella de cocacola. Entre trago y trago tapaba cuidadosamente la botella con un tapón de papel. A la derecha, una niñita se pasaba por el cabello un pegajoso pirulí rojo. Cajas de zapatos con comida fueron abiertas, y del coche comedor trajeron bandejas con la cena. Singer no comió. Se recostó en el asiento y se dedicó a observar indiferentemente lo que ocurría a su alrededor." (pos. 5128)

Para finalizar
Mientras la leía constantemente venía a mi cabeza la novela "Nada" de Jane Taller [leer reseña aquí], especialmente en el personaje de Mick. Esta adolescente con la que se identifica la autora realiza en este año crucial de su vida un auténtico aprendizaje. Sin saber cómo, diríase que mágicamente, como sucede ocurrirles a los adolescentes, experimentará diversos descubrimientos 
"Aquel verano se dio cuenta de algo sobre su padre que no había observado antes. […] Muchas veces él la llamaba. Mick acudía a la habitación delantera donde él trabajaba, y se quedaba con él unos minutos..., pero mientras le escuchaba su mente no pensaba en las cosas que él le decía. Entonces, una noche, de repente descubrió a su padre. No ocurrió nada extraordinario aquella noche, y ella no sabía qué era lo que la había hecho comprender. Después de eso se sintió mayor, y le pareció que conocía a su padre mejor que a cualquier otra persona en el mundo." (pos. 1580)
Pero sobre todo Mick, como prácticamente todos los personajes de la novela aprenderá a soportar el fracaso, a aceptarlo y no sucumbir ante él, a seguir adelante.

Al leerla he sido consciente de estar ante una novela típicamente norteamericana y más concretamente del Sur de USA. Cuando se lee a McCullers no se puede por menos que rememorar a Faulkner que es uno de los maestros de la autora. Concretamente la marcha del viejo y enfermo Copeland en una carreta desde la ciudad hasta el campo donde lo acogerán sus hijos me ha recordado muy mucho el viaje también en carreta de la madre de los hermanos Bundren en la novela "Mientras agonizo" de William Faulkner [leer reseña aquí]. También Tennessee Williams con sus personajes inadaptados y marginados, así como otros autores meridionales se perciben en esta novela de perdedores de Carson McCullers. Una novela típicamente sureña donde los personajes reducen su universo geográfico a los 13 estados confederados y donde todo (la pulsión sexual, la violencia soterrada, la muerte, la lucha de clases, el alcoholismo, Dios...) es achacable a la tierra donde habitan
"Mientras cruzaba el terreno, vio a un muchacho blanco y a un negro caminando uno alrededor del otro, ambos estaban ebrios. La mitad de la gente estaba ebria aquella tarde, porque era sábado y las hilanderías habían trabajado sin parar aquella semana. El calor y el sol eran opresivos y flotaba un pesado hedor en el aire." (pos. 5325)
Segregación racial, negros en Norteamérica
Por último no puedo por menos que señalar la enorme actualidad que tienen los asuntos -variadísimos como se ha visto- que la McCullers vierte en esta novela. De ellos la injusta segregación racial y la violencia que de ella se desprende periódicamente afloran en muchos de los estados norteamericanos. Esta violencia, este injusto comportamiento de los blancos frente a los negros, este considerar que sólo por su color siempre el culpable de lo que sea son ellos es lamentablemente asunto no superado. Al respecto la novela ha traído también a mi memoria otra magnífica novela, "Violación" de Chester Himes [leer reseña aquí], en la que unos negros son injustamente acusados de haber violado a una mujer blanca y cuya lectura recomiendo siempre vivamente.