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12 ago 2026

Arundhati Roy: "Mi refugio y mi tormenta"

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«Ahora me he acostumbrado y me encanta mi casa. Mi casa de regalías, comprada íntegramente gracias a la literatura. Un sitio peligroso y mío. Un sitio del que nadie puede ordenarme que me vaya. De vez en cuando beso las paredes, hago un brindis y les enseño el dedo corazón a quienes me critican, a quienes piensan que para escribir y decir las cosas que escribo y que digo tengo que vivir en una situación de pobreza aparente y voluntaria.»

Novelas memorialistas, Ficción y no-ficción
Muchos años han pasado desde que leí con enorme satisfacción El dios de las pequeñas cosas, el libro que dio a conocer mundialmente a Arundjati Roy. Desde su aparición en 1997 nada más había leído de la escritora india. Ahora he vuelto a tener un libro de esta autora en mis manos y he de decir que su lectura ha hecho revivir en mí las gratas sensaciones que experimenté mientras leía hace ya nada menos que treinta años su primera novela.

Es Mi refugio y mi tormenta un sentido y sincero homenaje de la escritora hacia su madre, Mary Roy. En esta su tercera novela la muestra como en realidad fue: una mujer libre, estricta con sus hijos, peleona y triunfante en la empresa educativa que fundó y en cuantos pleitos planteó en defensa de sus derechos como mujer. Pero no sólo habla de su madre, en Mi refugio y mi tormenta Arundhati Roy extiende su mirada afectiva a muchos otros miembros del entorno familiar y de su círculo de amistades. 

Afirma en este libro que El dios de las pequeñas cosas lo dedicó a su madre: «"Me quiso tanto como para dejarme marchar". Esto lo escribí en la portadilla de mi primera novela, El dios de las pequeñas cosas, que está dedicada a ella.». En cierto sentido  Mi refugio y mi tormenta es una amplificación, poniendo más acento en la no ficción que en la ficción, del libro que cambió su vida y la de todos cuantos la rodeaban. Ella misma afirma y nos confirma estar escribiendo una obra memorialista. Una obra cuya necesidad le nació a la autora el mismo día que Mary Roy falleció en 2022:
«Salvar el abismo que separa el legado de amor que dejó en aquellos cuyas vidas rozó de algún modo, y las espinas que clavó en mí, [...], es el motivo por el que escribo estas memorias. Escribirlas me resulta tan difícil como no escribirlas.
Quizá más que como hija que llora el fallecimiento de su madre, lloro como escritora que ha perdido su tema más fascinante. En esta páginas, mi madre, mi gánster, vivirá. Ella fue mi refugio y mi tormenta.»

Dice la autora en un momento de esta novela memorialista que fue el escritor británico John Berger quien mejor supo ver el estilo y género de su obra literaria:
«Poco después de que se publicaran mis artículos sobre las presas del Narmada, recibí una carta suya, en realidad un fax, escrito a mano: Tu ficción y tu no ficción... Te llevan por todo el mundo como tus dos piernas. Era una de las pocas personas que no contraponían mi ficción y mi no ficción como si fueran antagonistas.» (la organización Narmada Bachao Andolan {NBA}, luchaba contra la construcción de gigantescas presas en ese y otros ríos de la India).
Efectivamente esa es la manera de escribir de Arundhati Roy, mezclar la ficción y la no ficción. Algunos, a raíz de la lectura de El dios de las pequeñas cosas clasificaron su obra dentro del denominado realismo mágico. Ella misma sabedora de estos encasillamientos reflexiona metaliterariamente en un momento inicial de Mi refugio y mi tormenta cuando dice:
«La ficción es esa cosa extraña, brumosa, que los escritores no poseen del todo, aunque crean que sí. ¿De dónde viene? De nuestro pasado, nuestro presente, nuestras lecturas, nuestra imaginación: sí. Pero ¿quizá también de premoniciones del futuro?»
La historia que se relata, la de la autora en su relación con Mary Roy, su madre, transcurre sobre todo en el estado de Kerala, especialmente en Kottayam, ciudad a la que pertenece el pueblo de Ayemenem, donde dio sus primeros pasos la escritora. Fuera de esta localización en la que se encuentra el colegio fundado por Mary Roy, es Delhi, la capital, y algunos estados del inmenso país que es la India, donde la novelista nos cuenta esta historia desde que a los dieciséis años decidió abandonar la casa familiar para realizar el examen de ingreso en la escuela de arquitectura, su primera vocación.
«Delhi se encontraba a tres días y dos noches en tren de Cochín, que a su vez está a tres horas en coche de nuestra ciudad, Kottayam, que a su vez está a pocos kilómetros de nuestro pueblo, Ayemenem, donde pasé mi primera infancia.»

Como tantas veces sucede en la vida aquello que nos ahoga, paradójicamente también nos libera. Eso es lo que en síntesis viene a decirnos Arundhati Roy de la relación con su madre. Mary Roy, en el colegio que fundó y dirigió con amable mano de hierro, Señora Roy incluso para sus propios hijos, era una mujer que vivía por y para lo que la novelista denomina «su hermano menor», o sea el colegio. A sus dos hijos biológicos, Lalith Kumar Christopher Roy (LKC) y Arundhati, les exigía igual o más que a los demás («Todas las mañanas ayudábamos a la señora Mathews y a mi madre a barrer las colillas y lavar las tazas y los vasos sucios que dejaban los socios del Rotary Club. [Todos hombres, naturalmente. A quienes nunca se les ocurriría limpiar o recoger nada]»). En algunas dependencias del Rotary Club fue donde inicialmente se ubicó el naciente colegio creado por la madre de LKC y Arundathi.  Por si esto fuera poco, luego, en la diaria vida doméstica, esta mujer no se cortaba un pelo a la hora de zaherirles con pullas, insultos y hasta con castigos físicos a LKC:
  • «Cuando mi hermano era adolescente, ella le dijo una vez: "Eres idiota y feo. Yo en tu lugar me mataría"» 
  • «Ojalá te hubiera abandonado en un orfanato», «Eres una rueda de molino que llevo colgada al cuello», «Esta enfermedad es culpa tuya» y, por supuesto, «Perra». (a Arundathi)
Sin embargo, y de ahí el título, la novelista es sabedora de que Mary la ama, de que en ella siempre encontrará refugio y de que si ha triunfado en la vida ha sido indudablemente gracias a ella:
«En casi todas las películas malayalis que veíamos (Arundathi y Kurussammal, la mujer que más cerca siempre estuvo de su madre), a la heroína la violaban [...] yo creía que a todas las mujeres las violaban, que solo era cuestión de cuándo y dónde [...] Rodeadas de estas historias que utilizaban el miedo como instrumento de control para las mujeres de Kottayam, sobre todo para las alumnas jóvenes, la señora Roy era la única esperanza de huida. [...]
A mí la señora Roy me enseñó a pensar y luego despotricaba de mis ideas. Me enseñó a ser libre y luego despotricaba de mi libertad. Me enseñó a escribir y luego no le gustó la escritora en que me convertí.»
En definitiva, esa es una auténtica relación materno-filial. Pocas veces en la misma conviene adular en demasía, so riesgo de equivocar a su destinatario. Mejor es marcar el camino y una vez en él seguir de manera exigente la marcha de quien lo ha emprendido. Eso es amor responsable. No es necesario estar manifestándolo continuamente de palabra; obras son amores que no buenas razones, dice el refrán español. Lo que no es óbice para que en un momento dado, como en el escrito que llega a manos de la autora estando ya su madre seriamente enferma, ésta le confiese con sinceras palabras: «No hay nadie en el mundo a quien haya querido más que a ti».

Rodeando la vida de Mary Roy y de Micky Roy, el hombre con quien la Señora Roy tuvo a sus dos hijos y de quien cuando Arundhati tenía seis años se divorció, está la propia existencia de la narradora, inmersa desde sus dieciséis años en la del propio país: la India. Arundhati, quizás también por herencia materna, ha sido desde su primera juventud una mujer reivindicativa de sus derechos como persona; contraria a la discriminación de la mujer, tan habitual en muchos de los estados de la India; partidaria de la eliminación del sistema de castas; opuesta al nacionalismo hindú triunfante en su país, que ha provocado varios pogromos contra los musulmanes y diversas guerras entre Pakistán y la India... Pero sobre todo la hija de la Señora Roy ha sido una mujer equilibrada e independiente en su pensamiento, lo que le ha hecho chocar con muchos de aquellos con quienes, en teoría, compartía las mismas ideas. Con la publicación de El dios de las pequeñas cosas  muchas críticas le llovieron a su autora. Y es que ser independiente no ha sido nunca bien aceptado por las organizaciones partidistas:
«Había en Kottayam corrientes profundas de tensiones sociales de las que no teníamos conocimiento. El gobierno marxista de Kerala estaba descontento con el libro, en el que veía una crítica inaceptable del partido y su líder legendario E. M. S. Namboodiripad, primer ministro comunista de Kerala. Yo era admiradora suya pero no acólita. La crítica presente en El dios de las pequeñas cosas tenía que ver  con la actitud del partido ante la cuestión de la casta. Me acusaron de anticomunista (aunque no hubiera nada más lejos de la verdad) y por algún tiempo se sopesó la posibilidad de prohibir la novela.»
Reconocer a una verdadera intelectual, como lo es  Arundhati Roy, se comprueba al ver cómo por encima de todo la misma mantiene siempre una actitud crítica cualesquiera sea el asunto de que se trate. Lo mismo da que sea el tema de las castas, tan arraigado en la India incluso entre los comunistas, como el nacionalismo hindú, triunfante desde hace años y gobernando el país durante al menos ya tres legislaturas completas («en mayo de 2014, Narendra Modi juró el cargo de primer ministro»); también se muestra muy crítica con el ascenso del sentimiento religioso cualquiera que sea la creencia que se practique tanto la de su propia familia sirio-cristiano-ortodoxa cuanto la hindú, la musulmana o alguna otra de los cientos que en la India se practican 
«Corría el año 1990. El mundo estaba cambiando. El Muro de Berlín había caído. La Unión Soviética pronto dejaría de existir. No solo India, todo el subcontinente asiático vivía tiempos convulsos. El "sentimiento religioso" era en aquel entonces el viento que hinchaba todas las velas.»
En Mi refugio y mi tormenta Arundhati da muestras de su incontrovertible feminismo nacido seguramente  observar cómo su propia madre luchó contra las injustas leyes que excluían a las mujeres de las herencias, que las tenían siempre en menor consideración que los hombres. Pero no sólo contra las leyes injustas clama Arundhati, la hija de Mary Roy también lucha con todas las fuerzas a su alcance contra el machismo hindú que considera normal abusar de cualquier ser humano que no sea hombre
«en la India ninguna mujer de ninguna religión, clase, casta o ideología tendría alguna vez la seguridad suficiente para cantar a las estrellas en una carretera solitaria mientras su búfalo la llevaba a casa.» (reflexiona la narradora al contar cómo en uno de sus viajes en coche ella y su marido Pradip adelantaron a un carro cuyo conductor, un hombre, iba tranquilamente tumbado cantando a las estrellas)

Muy importante en estas memorias noveladas es la referencia que hace a su actividad como circunstancial actriz cinematográfica y a su mucha más estable ocupación como guionista de películas y series televisivas. Fue allí en el ámbito de Bollywood donde Arundhati conocerá a personas que tendrán mucha relevancia en su vida. De todas ellas la más importante sin duda alguna será Pradip, director y guionista cinematográfico que la hará debutar en un film y con quien escribirá guiones televisivos de éxito para Doordarshan que «era por aquel entonces la única cadena de televisión del país». También tuvo importancia en su actividad cinematográfica su amistad laboral con Sanjay, ayudante de dirección de Pradip. Fue con él con quien acudió a Cachemira a informarse sobre la represión y las matanzas que se estaban produciendo en la zona, De resultas de esta visita fue el rodaje de un documental por parte de Sanjay titulado "Cómo celebramos la libertad"

«Para un ciudadano indio con un mínimo resquicio de conciencia, visitar Cachemira es quedarse sin hogar. Porque después de conocer Cachemira uno no puede volver a las conversaciones, las bromas y la diversión inofensiva de antes. La ignorancia amoral, deliberada y cultivada que manifiestan la mayor parte de los indios sobre lo que allí está ocurriendo, lo que se está haciendo en su nombre, resulta difícil de soportar.»

 Son precisamente informaciones que yo desconocía, como la anterior sobre Cachemira, lo que me ha hecho muy atractiva la lectura de Mi refugio y mi tormenta. Muchas cosas he aprendido sobre el inmenso país que es la India. Un país que vive sometido a diversas «demoniocracias» (dictaduras de corte democrático). La más importante es la impuesta por el BJP, Partido Nacionalista Hindú,  que lleva ya bastantes años en el poder y que tiene vocación de perpetuarse en el mismo fomentando la división en el país a base de arremeter contra la población musulmana

  • «Estábamos bien inmersos en los años oscuros del infierno nacionalista hindú: linchamientos públicos de musulmanes, vídeos de linchamientos públicos, de palizas públicas, de asesinatos en masa y de multitudes armadas con espadas que marchaban por las calles llamando abiertamente al genocidio de los musulmanes.»
  • «El BJP prometía devolver a la India su glorioso pasado hindú, dejando atrás siglos de opresión musulmana»

India, literatura hindú, Pakistán,
Por último debo destacar que la imagen que de sí misma transmite Arundhati Roy en estas memorias es la de una mujer independiente, comprometida con su tiempo, defensora de los derechos de la mujer; una mujer que denuncia las injusticias vengan de donde vengan, por muy tradicionales que éstas sean como el sistema de castas; que sabe cortar amarras con ideologías que en su afán de progreso con frecuencia se convierten en reaccionarias; una mujer que se relaciona con los hombres de igual a igual; una mujer afectiva que comprende la manera de ser de sus mayores (su autoritaria madre; su padre, adicto al alcohol y otras sustancias; su tío G. Isaac que echó a Mary Roy e hijos de la casa familiar al arrogarse el derecho machista de la herencia familiar; su lejano y fallecido abuelo, entomólogo imperial, de quien en definitiva proviene la clase acomodada a la que la familia pertenece; su querido hermano LKC a quien junto a su madre dedica la novela; etc.). Una mujer que, como corresponde a su tiempo, tuvo su época de joven hippie degustadora de la música de los Beatles, Rolling y otros y que en su primera juventud coqueteó en alguna ocasión con las drogas blandas y el amor libre. 




29 abr 2025

Lea Ypi en la Albania socialista, una "Alicia en el país de las maravillas"(A pares XLV)

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Lewis Carroll. 160 aniversario de la aparición de Alicia en el país de las maravillas
Quizás algunos de quienes frecuentemente pasáis por aquí os preguntéis: «¿Pero cómo es que este JC une en una misma entrada a dos autores tan distintos como Lewis Carroll y Lea Ypi?». Sí, sí, el interrogante me parece de lo más pertinente, y como ocurre tantísimas veces la respuesta es de lo más sencilla y prosaica que pueda existir: "Pues simplemente porque la tertulia 'más que palabras...' de la que formo parte decidió visitar, justo el día que habíamos establecido para comentar el libro de la albanesa Lea Ypi, la exposición que Caixa Forum Madrid dedica actualmente a las dos obras de Lewis Carroll ". Pero, fíjate, todo en este mundo tiene posibilidad de relacionarse y leyendo a ambos autores me di cuenta de que Albania, socialista desde 1946 hasta 1990, no fue menos surrealista en su realidad que en la ficción las aventuras de Alicia. El dicho tantas veces repetido, atribuido a Óscar Wilde, de que la realidad supera a la ficción creo que se convierte en verdad tras la lectura de las aventuras de Lea Ypi en Albania durante esos años y de Alicia en la madriguera del Conejo Blanco. 

Pero vayamos por partes. Comenzaré por Alicia, la creación de Lewis Carroll, y Los mundos de Alicia, la magnífica exposición que Caixa Forum ha traído a Madrid desde Barcelona para celebrar los casi 160 años transcurridos desde la aparición del libro de Alicia en el país de las maravillas

De las dos entregas que de las aventuras de Alicia hizo Lewis Carroll —Alicia en el país de las maravillas y A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, su continuación— sorprende comprobar cómo la fantasía ideada por el profesor de matemáticas, fotógrafo, diácono y magnífico cuentacuentos que fue Charles Lutwidge Dodgson ha influido tantísimo en el mundo desde que esas dos obras fueron publicadas. Todos conocemos estos libros por lectura directa de los originales o por versiones abreviadas y/o cinematográficas que sobre ellos se han hecho. En mi caso en esta ocasión he releído la historia de Alicia a través de la edición anotada y comentada que en 1960 publicara el también matemático Martin Gardner. Las explicaciones y aclaraciones que da, a lo largo de ambos libros, de acertijos, temas musicales, poemas o cuestiones matemáticas esparcidas por ambas obras, me han ayudado muchísimo a degustar debidamente la fantasía ideada por Lewis Carroll; además, la excelente traducción que para la edición española hizo Francisco Torres Oliver ayuda no poco a este propósito. 

Alicia en el país de las maravillas. A través del espejo y lo que Alicia encontró allí
Si durante la lectura de las dos obras sobre Alicia muchas cuestiones de tipo existencial, surreal, onírico, social, identitario, etc. se agolpan en nuestra mente según vemos a la niña protagonista entrar en, salir de o superar diversas aventuras, visitar la exposición de Caixa Forum es su complemento ideal y perfecto. En la misma podemos comprobar cómo la literatura, el cine, la filosofía, los movimientos artísticos, el teatro, etc. se han visto sacudidos por la enorme fuerza que emana de la historia de fantasía ideada por el fotógrafo y profesor de matemáticas que fue Lewis Carroll. Todo queda debidamente ilustrado y justificado. En la muestra Los mundos de Alicia se pueden contemplar fotografías originales realizadas por el propio escritor, ediciones primeras de los cuentos, versiones cinematográficas (desde las del cine mudo hasta las últimas actuales protagonizadas por Johnny Deep y dirigidas por Tim Burton y James Bobin pasando, naturalmente, por el mundo Disney y su conocidísima película de animación); se puede comprobar la impronta dejada por el cuento en el surrealismo (Louis Aragon, André Breton, Salvador Dali...); la utilización del cuento para cuestiones tan variopintas y aparentemente tan alejadas del mismo como la publicidad, la política real, e incluso la gastronomía; y un largo etcétera que no es el caso enumerar aquí. 
«Lo primero que pensó fue que había estado soñando con el León y el Unicornio, y con aquellos extraños Mensajeros anglosajones. Sin embargo, aún tenía a sus pies la gran fuente sobre la que había tratado de cortar el bizcocho: "Así que, en definitiva, no estaba soñando", se dijo, "a menos…, a menos que todos formemos parte del mismo sueño. ¡Pero espero que sea mi sueño, no el del Rey Rojo! No me hace gracia pertenecer al sueño de otra persona"»
El León y el Unicornio que aparecen en la cita anterior serán figuras utilizadas, a favor y en contra, dentro de la campaña del referéndum por la independencia de Escocia; en la expo se puede visualizar un corto de unos 10 minutos de duración en el que ambos personajes dialogan en clave sobre el futuro de Escocia. También el sueño, la ensoñación, la dependencia o no de un ser superior, la propia identidad... son esenciales en Lewis Carroll

Al final de cada una de las dos entregas de Alicia vemos que la niña despierta en el regazo de una de sus dos hermanas Lidell. En el mundo real el diácono Charles Lutwidge Dodgson entretenía a las tres niñas en sus paseos en barca por el lago o en las calurosas tardes de verano haciéndolas soñar y evadirse de la realidad a través de los cuentos que él inventaba para ellas. Así nació Alicia en el país de las maravillas; su continuación, Alicia a través del espejo, finaliza con la coronación de la niña como reina tal y como les sucede a los peones en el juego de ajedrez. Lewis Carroll adoraba a las niñas -no así a los niños, que le parecían brutos y salvajes- a las que fotografiaba, paseaba, dibujaba y para las que inventaba historias como estas narraciones. En este amor a las niñas se ha querido ver una cierta inclinación pedófila por parte de Charles Dodgson. El comentarista Martin Gardner no ve tal cosa por parte alguna. Hoy quizás la valoración sería muy distinta, pues vemos cómo se producen cancelaciones de personas y obras antiguas por no atenerse a postulados hoy vigentes. Sin embargo creo que a Lewis Carroll le salva de esta injusta criba el surrealismo 'avant la lettre', la cuestión existencial que se muestra en estas aventuras, la crítica social y política a los poderosos (la Reina de corazones, la Reina Blanca, la Reina Roja, el Caballero Blanco, etc.) y la ausencia absoluta de sexo.





"Libre", de la albanesa Lea Ypi
 
Memorias, bildungsroman, libro iniciático de la albanesa Lea Ypi
Digo en el título de esta entrada que Lea Ypi me parece, especialmente durante la primera parte del libro, una pequeña e inocente Alicia. Y lo digo porque Libre, de la albanesa Lea Ypi, es una especie de memorias, de biografía novelada sobre su evolución personal dentro
de la Albania socialista en la que nació en 1979 pasando por la caída del sistema político en 1990, la guerra civil en 1997 hasta llegar a la salida de la joven de Albania para estudiar filosofía en Italia. En la citada primera parte la niña que es Lenuska vive con sincera entrega la vida que le relatan las profesoras de su colegio; ella cree a pies juntillas todo lo que le dicen: la envidia que toda Europa siente hacia Albania, la maldad del capitalismo, la bondad del socialismo, la preeminencia del Partido sobre cualquier otra cosa («Por algún motivo, yo asociaba la sede del Partido con Dios y con la idea del más allá»). La inocente Lea vivía en un mundo muy distinto al real de sus padres que más o menos transigían con sus deseos infantiles para no verse señalados como disidentes del Sistema.

Es Libre un bildungsroman, una novela de iniciación, de crecimiento personal, de evolución de la propia autora. Personalmente a mí la historia que relata no me ha sorprendido para nada. Quienes hemos vivido bajo dictaduras férreas hemos conocido esa manera de sobrevivir en una sociedad represora, esa manera de disimular, esos chistes nerviosos sobre los opresores, ese cinismo cuando oficialmente había que hablar sobre el Partido único, etc., etc. 

En esta novela lmás encantador es ver la inocencia que muestra la niña-narradora que vive 'engañada' por su familia durante el período socialista, el enfado de ella cuando lo descubre, su posicionamiento decidido respecto a su amiga Elona a la que busca sin descanso cuando de la noche a la mañana un día desaparece y el tremendo desencanto que sufre cuando descubre el trabajo que realiza en Italia a donde marchó con el chico que le gustaba... De entre los personajes, además de la autora-narradora, hay que destacar sobre cualquier otro a la abuela Nini sostenedora auténtica de la identidad familiar. La familia sufrió la expropiación de sus bienes a manos del gobierno socialista albanés igual que anteriormente en Tesalónica (Grecia) el padre de Nini y bisabuelo de Lea sufrió la confiscación de muchas de sus propiedades; Nini será quien a la caída del socialismo luchará sin descanso para recuperar lo que les pertenecía y era constitutivo de su razón de ser familiar. 

Respecto a otros personajes llama bastante la atención la  actuación y personalidad de la madre de Lea tanto durante la vigencia del Partido único como a la caída del mismo. Por su parte, la del padre resulta mucho más creíble, si bien no por ello menos sorprendente. Ambos cónyuges a la llegada de la democracia participarán activamente en política, pero el desencanto y la dinámica de la misma se los llevará por delante. 

Al final vemos a Lea estudiando filosofía en Italia y especializándose, curiosamente, en filosofía marxista. Esta deriva profesional no será bien entendida por sus padres: 
«como si estudiar las ideas de un sistema que destruyó tantas vidas en mi familia ya bastara para convertirme en la persona responsable de apretar el gatillo. Yo sabía que eso era lo que mi madre pensaba en el fondo. Siempre quise explicárselo, pero no sabía por dónde empezar.»
Tampoco sus compañeros de estudio, italianos que jamás vivieron bajo el yugo totalitario de un Partido único, aunque defendían y se manifestaban a favor del socialismo no logran comprender a Lea cuando ella les cuenta lo vivido personalmente en su país. El contraste entre el socialismo real -el que ella había vivido en Albania- y el socialismo de los países occidentales -una socialdemocracia en la que la palabra Libertad, el consumo, el libre mercado y tal coexisten dentro de un sistema claramente capitalista- es de lo más interesante en el libro:
«Muchos de mis amigos se declaraban socialistas: es decir, socialistas occidentales. Hablaban de Rosa Luxemburgo, León Trotski, Salvador Allende o Ernesto «Che» Guevara como si fuesen santos laicos. [...] Sus rostros se exhibían en pósteres, camisetas y tazas igual que lo hacían las fotos de Enver Hoxha en el salón de las casas albanesas cuando yo era niña. [...] Que me apropiara de la etiqueta socialista para describir mis experiencias y, al mismo tiempo, asimilarlas a su compromiso político era algo que a veces les parecía una provocación sospechosa a mis amigos universitarios. Solíamos ir a un gran concierto al aire libre en Roma que se celebraba todos los Primeros de Mayo y yo no podía evitar que aquello me recordase a los desfiles del Día de los Trabajadores de mi niñez. "Lo que vosotros teníais no era un verdadero socialismo", me decían casi sin poder disimular su irritación.»
Albania bajo el socialismo
Lea Ypi
al final de Libre muestra y se decanta, igual que hiciera su padre a lo largo de su vida, por una equidistancia mental puramente racional respecto a los dos sistemas políticos que ha vivido. Ambos, en su opinión, contienen aspectos salvables. Nada es malo absolutamente, al igual que nada es bueno siempre totalmente. Esa falta de visceralidad, de encono, de inquina, de crispación entre ideas distintas es, quizá, uno de los principales mensajes de esta obra. Tampoco esta manera de pensar, este comportamiento será muy entendible para muchos de sus amigos y miembros de su familia. Y ello, en palabras de la propia autora-narradora está, en la base del nacimiento de la obra:
«Pensaba que aclararlo me iba a llevar un libro entero. Este es ese libro. Al principio iba a ser un libro filosófico sobre la superposición de las ideas de libertad en las tradiciones liberal y socialista. Pero cuando comencé a escribir, igual que cuando empecé a leer Das Kapital, las ideas se convirtieron en personas; en las personas que me hicieron ser quien soy. Se amaban y se peleaban, tenían diferentes conceptos de sí mismos y de sus obligaciones para con los demás.» 

8 ago 2024

Antes de que llegue el olvido. Novela de Ana Rodríguez Fisher

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«No, nada importaba que tú estuvieras en Moscú y yo en Petrogrado cuando el miedo y el dolor y la angustia y la muerte nos igualó a todos. Hasta entonces sabíamos que la miel silvestre huele a libertad; a violetas, los labios de una joven; y a manzanas, el amor. Pero entonces aprendimos para siempre que solo la sangre huele a sangre. Y que la historia puede empuñar la más terrible de las guadañas. En realidad, nuestra generación apenas saboreó la miel:fueron contadas nuestras horas, quedó truncada y rota nuestra obra, y dos guerras crueles abrasaron nuestro breve o largo camino. Fuimos dispersados por la tierra como naipes de una baraja, alejados unos de otros, recluidos en guaridas que se hundían en el subsuelo o desterrados a los más recónditos confines del mundo, […] Por eso, quienes hemos logrado llegar hasta el final debemos acopiar fuerzas y escribir nuestros recuerdos. Para devolver a la historia a quienes fuisteis devorados por ella.»»

Ana Rodríguez Fisher, Premio de Novela Café Gijón 2023

He llegado hasta esta novela de Ana Rodríguez Fisher directamente a través de la fantástica reseña que de la misma hizo Lorena Álvarez en su blog El pájaro verde. Como suele ocurrirme cuando la leo, Lorena inyectó en mí el deseo de ir lo antes posible a Antes de que llegue el olvido que, además, se había alzado con el Premio de Novela Café Gijón en 2023. El jurado formado para esa convocatoria por Mercedes Monmany, Marcos Giralt Torrente, Pilar Adón, Antonio Colinas y José María Guelbenzu dice de la novela en el acta de su concesión lo siguiente:
 «La novela es una larga carta que Anna Ajmátova escribe a Marina Tsvietáieva, tras conocer el suicidio de ésta, y que nos sitúa en una etapa crucial de la historia de Rusia y de Europa, cuando la despiadada represión estalinista truncó los destinos de ambas escritoras y de otros muchos personajes relevantes de la cultura rusa de aquel tiempo.
El jurado quiere hacer notar que se trata de una apuesta apasionada e intimista que nos acerca a dos mujeres excepcionales.»
Además de Lorena me impulsó a hacerme cuanto antes con esta novela el hecho de que la misma transcurriese en la URSS fundamentalmente durante el estalinismo, una época especialmente convulsa para esa unión de Repúblicas. Varias de mis lecturas recientes y no tan recientes se desarrollaban durante esos años de represión, terror, encarcelamiento y exilio voluntario u obligado; me refiero a "Un caballero en Moscú" de Amor Towles, a "Los Zelmenianos" de Moyshe Kulbak, o a "Zuleijá abre los ojos" de Guzel Yájina. También la posterior evolución de la Rusia resultante de la descomposición de la URSS a partir de 1991 ha ocupado parte de mis lecturas como por ejemplo "Operación Kazán" de Vicente Vallés, "El mago del Kremlin" de Giuliano da Empoli, "Limónov" de Emmanuelle Carrere, "Piedra, papel, tijera" de Maxim Ósipop o "Las vacas de Stalin" de Sofi Oksanen. Todos estos libros los tengo reseñados en este blog. A lo ya dicho yo añadiría lo mucho que desde siempre me ha gustado la literatura rusa y, cómo no, el actual conflicto bélico entre Rusia y Ucrania que tan preocupada tiene a la población mundial, en especial a la europea. 

Todo esto me llevó hasta esta novela de esta autora de origen asturiano, aunque afincada en Galicia, que no conocía. Su manera de escribir me ha sorprendido mucho, para bien. Según la leía me parecía estar oyendo hablar directamente a Anna Ajmátova, y para nada a una española que imitara el ritmo y el tono de la lengua rusa. Quiero con esto señalar la enorme 'verdad' que rezuman las páginas de esta obra. Verdad es que las anécdotas de las vidas de estas dos mujeres sucedieron, pero más importante es, estando como estamos dentro de una creación literaria, lograr que el lector haga suya esta 'verdad', incluso con los añadidos de ficción que, quieras que no, la autora habrá debido de realizar para dar consistencia y redondez a lo que relata.

Estamos ante un libro que rompe los marcos que tradicionalmente imponen los géneros literarios. ¿Es una novela? Sí, claro que sí. ¿Es un ensayo literario? Naturalmente. ¿Es una obra epistolar? Pues sí, por qué no. ¿Una elegía? Sí, desde luego, pues el impulso que mueve a Ajmátova es el del homenaje póstumo a la amiga desaparecida. ¿Podría decirse, pues, que es una obra poética? Efectivamente, en muchas ocasiones la poesía impregna totalmente la prosa de la supuesta carta que Anna está escribiendo, pensando escribir o lo que sea, a Marina Tsvetáyeva; incluso hay momentos en que versos tomados de obras líricas de una u otra poeta se entreveran con la prosa surgida de la pluma de Ana Rodríguez Fisher. Y no sólo de ellas dos sino también de algunos de los muchos poetas amigos que se citan en esas páginas: Ossip Mandelstan, creador del movimiento poético denominado «Taller de los Poetas que fue la cuna del acmeísmo»; Gumiliov, marido de Anna y padre de Lev Gumiliov, hijo de ambos; Max Voloshin «quien fue considerado el modernista francés de la lírica rusa, un poeta visionario, un verdadero mito viviente»;  además de otros, antiguos y modernos, reverenciados por ambas amigas poetas: Boris Pasternack, Apollinaire, Cocteau, Pushkin...

La novela tiene un alto grado de colorismo, plasticidad, poeticidad, y no sólo por los  muchos poetas que se nombran; también abundan los pintores, pues en los círculos de amistades de Ajmátova y Tsvetáyeva los hubo en gran cantidad. Basta decir que Marina Tsvetáyeva salió de Rusia en 1925, huyendo de los arrestos y deportaciones sufridos por muchos intelectuales, y se instaló en París hasta 1939, momento en que con una Francia amenazada por los nazis decide volver a Rusia con su hijo para además interceder por su marido, Serguei Efron, acusado de espionaje. En esa ciudad, como también hizo Anna Ajmátova en las muchas ocasiones en las que residió en ella, ambas -cada una por separado, pues hasta esas dos tardes de 1941 no se vieron físicamente- estuvieron en contacto con los círculos de pintores, de intelectuales y de literatos que por esos años (1910, 1925, 1930...) pululaban, vagabundeaban y rompían los postulados artísticos creativos. Es especialmente la principal protagonista de esta novela, Anna Ajmátova, quien recuerda esos años de frenesí personal, de activismo cultural, de innovación creativa, de amistades, de amores...:
  • «La Rotonde acogía a un variopinto grupo de jóvenes estrafalarios que maquinaban la manera de agenciarse cinco francos o discutían a voz en cuello de pintura y poesía, riñendo y peleando unos con otros, para después enseguida hacer las paces bajo la atenta mirada de su propietario, Libion. Este había comprado aquel pequeño café sin sospechar que acabaría convirtiéndose en el cuartel general de los Apollinaire, Cocteau, Picasso, Gris, Jacob, Léger, y de nuestros Soutine y Chagall, que ya se había llevado allí a su mágico Vitebsk, y a donde también acudían tu querida Natalia Goncharova y Max Voloshin, que siempre recalaba en La Rotonde cuando andaba por París.»
  • «Entonces Modigliani desplegaba un paraguas negro, enorme y viejo: un paraguas de aldeano. Il pleure dans ma coeur comme il pleut dans la ville, il pleut doucement..., musitaba porque caía una lluvia tibia, casi estival, que dejaba París envuelto en un polvillo dorado. Allí, apretujados bajo el paraguas y sentados en un frío banco de piedra del jardín de Luxemburgo, porque no teníamos dinero para pagar una de las sillas de alquiler, recitábamos a Verlaine, Rimbaud, Mallarmé o Baudelaire. Hasta que moría la tarde en crepúsculos de ópalo, anaranjados.»
Poetas rusas purgadas por el estalinismo
Tomado de https://es.buypopart.com/
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Modigliani, con quien la Ajmatova mantuvo una relación, -le dice ella a Marina en la supuesta carta que le está escribiendo- continuamente estaba esbozando retratos suyos, quizás «porque en esa época Modi deliraba por el antiguo arte egipcio y yo era para él "su" Nefertiti». Sin embargo el retrato más conocido de la poeta rusa es el que le realizó el pintor Nathan Altman; mientras Anna posaba para él, el poeta Ossip Mandelstam asistía a esas sesiones como espectador. Mandelstam también fue amigo intimo de Marina. Este hecho no es más que una de las muchas coincidencias que existieron entre ambas mujeres y que a Ana Rodríguez Fisher le sirven para ir en su novela de la una a la otra, moviéndose hacia adelante y hacia atrás en el tiempo de manera rítmica, delicada, poética, encantadora.

Pero lo que se relata en la novela tiene en sí mismo poco de encantador, desde luego. Asistimos a muertes, suicidios, arrestos, deportaciones, exilios obligados, confinamientos en Siberia. Comienza con el suicidio de Marina Tsvetáyeva y prosigue con el absurdo terror promovido por los soviéticos especialmente durante el estalinismo. Es terrible ver cómo la burocracia soviética fue eliminando o acallando a lo más granado de la cultura rusa en todos los ámbitos: Maiakovski, Boris Pasternak, Eisenstein, Bulgakov... También terrible porque toda Europa se convierte en un hervidero de muerte y destrucción que surge, paradójicamente, de la nación más apreciada por las dos amigas y más fuerte intelectualmente («¿Qué sentías al ver tu querida Alemania convertida en un país enemigo, al ver cómo la cuna de los poetas, de los músicos y de los filósofos era vilipendiada por todos; al ver a algunos de nuestros espíritus más selectos convertidos en vulgares patanes y ardorosos patriotas?»). Esta paradoja, la del máximo refinamiento artístico unido a la máxima crueldad e inhumanidad sigue ocupando las mentes de analistas y estudiosos del comportamiento humano sin encontrar aún explicación satisfactoria.

Una novela sobre la vida de dos mujeres escrita por una mujer tiene por fuerza muchas líneas de conexión con el papel de la mujer en el mundo, con su condición en un mundo regido esencialmente por hombres. Marina Tsvetáyeva había criticado con dureza unos poemas de Anna y ésta se había sentido dolida por ello. Como justificación en el memorial elegíaco novelado que está escribiendo le dice: «lamento la primera imagen que te forjaste de mí: Anna Ajmátova, la musa del llanto. Pero tú bien sabes que cuando una mujer escribe, lo hace para todas las que han callado miles de años, siguen callando aún, y callarán por siempre jamás». Esto es feminismo en estado puro, sin duda.

Las dos poetas rusas protagonistas son mujeres avanzadas, libres, libérrimas en ocasiones, que saben moverse en un mundo que normalmente marginaba a las de su sexo. Estas intelectuales me han hecho recordar a las Sinsombrero españolas (Ernestina de Champourcín, María Teresa León, Concha Méndez, Maruja Mallo, María Zambrano, Rosa Chacel,y otras) que por esos mismos años también están participando en el mundo intelectual de nuestro país. Son mujeres todas ellas que supieron estar a la altura de las circunstancias -¡muy duras circunstancias!- y que por ello, sólo por el hecho de ser mujeres, en muchas ocasiones sufrieron más vejaciones que sus compañeros varones.

Para finalizar esta reseña sólo me queda por hacer una pequeña referencia al título del libro. Leo en el comentario que Lorena hace en su blog que la autora presentó la novela al concurso literario con el de "Ljuv", palabra rusa que significa 'Amor'. Al contrario que en un principio Lorena yo soy más partidario del que finalmente la editorial o la autora misma eligió, "Antes de que llegue el olvido". Dentro del desarrollo de la trama aparece como una mera recomendación que a Anna Ajmatova le hace el poeta Joseph Brodsky; para mí es un mensaje de vida que todos debemos de tener muy presente: conviene hablar, decir, ver, o lo que sea, antes de que sea demasiado tarde, antes de que llegue el olvido y por no haberlo dicho, visto o hablado quede como si no hubiese existido:
«Le consulté a Joseph Brodsky lo que me obsesionaba desde hacía tiempo, y le leí uno de los «Bocetos de Komarovo», el que va dedicado a ti. Y también otro poema más antiguo, escrito después de nuestro encuentro. Además, le recité los que tú me habías enviado. La respuesta del joven me dejó algo aturdida, y un tanto preocupada, pues dijo que debería haber compuesto mi elegía a Marina mucho antes, porque es importante decirlo todo cuando el otro aún no ha acabado de marchar, antes de que llegue el olvido. Es lo que tú misma habías hecho con Rainer Maria Rilke.»

Para concluir
Antes de que llegue el olvido es sin duda alguna de lo mejor y más diferente que haya leído este año. Ana Rodríguez Fisher presenta de manera impecable una relación de amistad entre dos poetas rusas que en persona sólo se vieron dos tardes de 1941. Al conocer Anna Ajmatova que Marina Tsvetáyeva había muerto solo dos o tres meses después de su único encuentro decide escribirle una carta en la que rememora su propia vida, también la de Marina, y a través de cada una de ellas la de Rusia desde 1905 hasta 1962 momento en que la Ajmatova decide a instancia del joven poeta Joseph Brodsky hacer este repaso memorístico que homenajea no sólo a la amiga sino a todos aquellos compañeros artistas (escritores y pintores) que vivieron en su entorno y que como ellas sufrieron las alegrías de la Revolución primera y las angustias y terrores de la represión, en especial durante el estalinismo. Y todo esto nos lo cuenta esta novelista española que consigue imbuirse del estilo y tono propios de la literatura rusa de esas primeras décadas del siglo XX. Novela muy recomendable.

Citas textuales
  • «Del amor entre hombre y mujer, nacen los hijos. Del calor que irradia la amistad, del coloquio y las confidencias compartidas a lo largo de una vida, nacen las obras: hijos espirituales.» A propósito de la amistad de Anna con Boris Pasternak.
  • «No me gusta hablar de la infancia porque es demasiado fácil hacerlo. Mas, a la vez, reconozco que puede resultar muy difícil describir esos años. Es fácil porque la infancia es estática: es el lugar donde todo se quedó así y ahí. Cuando adquirimos conciencia, vemos que nos rodea un mundo acabado e inmóvil, y lo más natural es creer que antes de nosotros todo era igual. De esa ingenua creencia nacen los relatos felices, que a menudo resultan empalagosos. Y, sin embargo, también puede ocurrir que desconfiemos de toda esa felicidad porque en parte nos aburre. En tales ocasiones, es natural darse a imaginar que ese mundo había sido distinto, que antes no era así. Es entonces cuando algunos aprovechan para urdir relatos oscuros, llenos de desdichas y tormentos, que tampoco nos convencen.» Reflexión literaria de lo más interesante, más bien metaliteraria, que realiza la protagonista cuando disponiéndose a realizar el escrito que tiene en su cabeza duda sobre cómo enfocarlo.
poesía rusa de la primera mitad del siglo XX
A la izquierda de la imagen: Marina Tsvietáieva en 1925, fotografía de Pyotr Ivanovich Shumov en dominio público.
A la derecha: Anna Ajmátova en 1921, fotografía de M. Nappelbaum bajo licencia CC BY-SA 4.0 DEED.  (tomado del blog 'El pájaro verde')

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Nota:
Esta lectura me sirve para rellenar la letra F en el Reto "Autores de la A a la Z" y para añadir un título más al Reto 25 españoles.

 

9 nov 2023

"La historia que había que contar" por Francisco Coronel

7 comentarios:

«Entre Carol y Javier, el médico del 600 y primera cita de Mia, surge una atracción que acaba en una primera salida a cenar. ¡Que casualidad! Carol pide a Mia que la acompañe en su primera salida llevando un amigo para ella. Esta vez, el idioma dio menos problemas y el nuevo acompañante, Fernando, se defendía mejor en ingles y Mia en español.» (Pág. 120)

El blog de Juan Carlos, Hungría, Francisco Coronel
Tras leer La historia que había que contar no he podido menos que recordar alguna de las veladas pasadas en compañía de Francisco Coronel, buen amigo, a quien conocí a raíz de las reseñas que hice a los dos libros que anteceden a éste, que acaba de publicar. En esas amenas reuniones, Francisco con su natural gracejo y desparpajo desgranaba anécdotas de todo tipo vividas por él y/o allegados a lo largo de los años. Se colaban entre ellas algunas situadas en Hungría, la patria de Ami, su mujer. Me interesó sobre manera lo que relató sobre la invasión de Hungría por los tanques soviéticos en 1956, las penalidades que muchos húngaros, unos más y otros menos, sufrieron para escapar del país y las vicisitudes que una vez fuera hubieron de afrontar para salir a flote. «Ahí hay, Francisco, una auténtica novela, que debías de escribir», recuerdo que le dije. Y parece que mi sugerencia dio sus frutos.

¿Qué historia es ésta que, según reza el título del libro, Francisco Coronel dice que tenía necesidad de contar? Ato cabos y entiendo que para él era imperioso dar forma, conformar en una unidad clara y con sentido toda una serie de hechos más o menos curiosos y peculiares conocidos en sus visitas a Hungría, país al que está muy unido entre otros motivos porque su mujer es aquincense, o sea, nacida en Budapest. Son las múltiples amistades húngaras que a lo largo de su vida ha cosechado las que, unas por aquí, otras por allí, le han ido contando historias, aconteceres, sucedidos, que desde luego, como se ve por esta publicación, no han caído en saco roto. Para Coronel resultaba imperioso, pues, tras haber escrito un libro sobre sus experiencias médicas (Las experiencias de un médico para todo) y otro sobre sus pinitos musicales (Medicina & Rock 'n Roll), contar en forma de novela todo lo que sobre Hungría bullía en su memoria.

Círculo Rojo, la editorial en la que el autor ha publicado esta historia húngara, resume el contenido del libro en estos términos:
La historia que había que contar es una novela basada en hechos reales, sobre una familia húngara residente en Budapest en los tiempos del dominio soviético y la revuelta de 1956, con la entrada masiva de los tanques rusos. Se trata de una familia noble con una posición de alto nivel, con el cabeza de familia como Director General de Bosques y Minería del país, a pesar de sus ideas anticomunistas. Interviene en la revolución del 56 y es detenido y enviado a Siberia. Su mujer y su hija tratan de salir de Hungría a través de Austria y, cuando él escapa del tren donde le llevan a Siberia y vuelve a Budapest, los tres miembros de la familia lo vuelven a intentar, logrando salir del país. Lo hacen emigrando a Estados Unidos, transportados por el mismísimo vicepresidente Richard Nixon en su avión. Viven en USA varios años con múltiples peripecias, acabando la hija estudiando en España y visitando, ya como mujer, la todavía Hungría comunista. Sus padres regresan a Budapest tras la caída del muro de Berlín y la vuelta de Hungría a la democracia. Es una novela con importantes referencias históricas y cargada de valores humanos, que será muy entretenida para el posible lector.

A esta sinopsis yo añadiría -y así lo señalo en el prólogo que he tenido el gusto de escribir a la novela-  que La historia que había que contar es también en cierta manera un anecdotario. Con acierto Francisco Coronel ha sabido entreverar, atribuyéndoselas a los seres de ficción salidos de su pluma, algunas de esas historietas y anécdotas que a lo largo de su vida le han contado o ha conocido y vivido personalmente. Del universo de personajes son la hija de los Bartok y sus padres, Pal y Mária, sobre quienes recae el peso de la narración; y de los tres es Mia la que protagoniza en mayor número las principales y curiosas vicisitudes. 

Aunque en los primeros capítulos, como es lógico, la obra se centra en el papel del cabeza de familia en Budapest, sus problemas allí y cómo logra resolverlos, en los 15 últimos (el libro distribuye su contenido en 29) es la hija de Pal y de Mária, es decir, Babszi, Mia o Mária Tereza, que de las tres maneras es denominada, sobre quien, como digo, pivota la narración: la niña Babszi de 11 años de edad y su vida escolar en Omaha apenas llegados a los Estados Unidos; la vida universitaria de la joven; su estancia primera en España como estudiante; su trabajo como educadora de adolescentes difíciles en Omaha; de nuevo en España; una visita de Mia a Budapest en 1968; el noviazgo de ella con un chico médico; etc. 

La historia que había que contar, Juan Carlos Galán, El blog de Juan Carlos
¿Podría decirse que esta novela es fundamentalmente una colección de anécdotas? Decididamente, no. La novela es mucho más que eso, pues además de narrar curiosidades y sucedidos a unos y otros protagonistas del relato, la narración contiene información fidedigna sobre la historia reciente de Europa, desde la derrota de las potencias del Eje en 1945 hasta hoy mismo, pasando por la caída de la URSS en 1989, que cambió el mundo. Asimismo, la novela de Francisco Coronel no esquiva la critica social y política. Ésta es clara en el caso del sistema comunista en Hungría y la URSS, pero también se evidencia en el caso americano respecto al racismo allí existente, especialmente durante las décadas de los años 60 y 70 del siglo pasado. También la hay referida a España, aunque en tono menos áspero, más amable, pero no por ello menos firme. Me refiero, por ejemplo, a la censura moral y de costumbres practicada en nuestro país en los 60 y sufrida por el personaje de Mia cuando al poco de llegar a España, en una playa alicantina una pareja de guardias civiles las obligaron, a ella y a su amiga Carol, a cubrirse el cuerpo dado que el bikini parecíales a los agentes demasiado atrevido.

En definitiva, esta obra confirma a Francisco Coronel como lo que literariamente es: un buen, animado y entretenido relator. Si en sus dos libros anteriores centraba la narración en curiosidades, anécdotas o episodios protagonizados por sí mismo o por personas de su entorno, bien en el ejercicio de su profesión médica, bien en la práctica de su hobby musical, en esta su tercera publicación da el salto de las meras historietas, de las sencillas anécdotas, a una narración más cumplida, a una auténtica historia novelesca. No otra cosa es La historia que había que contar.
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AVISO:
El próximo día 30 de noviembre La historia que había que contar será presentada por su autor, Francisco Coronel, en la Biblioteca Leon Tolstoi de Las Rozas a las 19:00 horas. Acompañará al autor en dicho acto quien esto escribe, Juan Carlos Galán, prologuista de la novela.
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Del autor y en este mismo blog:




"Las experiencias de un médico para todo"






elblogdejcgc, El blog de Juan Carlos


 
"Medicina & Rock 'n Roll"                      

                









21 sept 2023

Francisco Umbral: "Las ninfas", premio Nadal.

22 comentarios:

«El río y la acequia tenían un agua terrosa, sucia, marrón, embarrada, y esto contribuía a la sensación de Ganges purificador…Porque la otra purificación, la de la iglesia y la confesión, ya había descubierto yo que era también más física que espiritual... En las aguas oscuras de la iglesia había que bañarse con unas cuantas viejas que habían ido a confesarse, mientras en las aguas de la acequia se bañaba uno solo, rodeado de mujeres tersas e imaginarias, esas mujeres únicas que entrevé uno ya sin deseo, y que son las más frescas y puras»

Premio Nadal 1975, Las ninfas, Francisco Umbral
Entre los varios Retos literarios a los que me he apuntado a lo largo de la existencia de El blog de Juan Carlos había -o hay, no lo sé con certeza- uno que consiste en leer unos cuantos libros de esos que llevan aparcados en nuestra biblioteca un largo número de años. Las ninfas de Francisco Umbral era, sin duda alguna en mi caso, uno de ellos. No lo tenía en mi residencia habitual, sino en otra a la que acudo con frecuencia. Siempre parecía que, debidamente alineado junto a otros de igual suerte, me miraba desde su posición vertical, e igualmente yo, sin oírme ni el cuello de  mi camisa, me decía eso tan frecuente en los lectores de "a ver si un día de estos lo leo". Y por fin ese día llegó. El acicate para sacarlo de su encierro no ha sido otro que el Reto de Serendipia recomienda, un reto que me encanta realizar y que consiste en elegir unas lecturas de entre las que otros lectores por alguna razón han destacado. De las tres que hay que hacer para superarlo una de las elegidas por mí este año ha sido la de esta novela de Francisco Umbral señalada por Mar, del blog Leyendo con Mar.
 
No sé qué adjetivo ponderativo elegir para transmitir la satisfacción que su lectura me ha producido. Quizás el mejor, aunque suene algo cursi o relamido, sea el de 'preciosa'. Sí, me quedo con él. Su lectura ha sido más que satisfactoria para mí, me ha producido inmenso placer entrar en la prosa cargada de lirismo de este enorme escritor que por culpa de la estúpida simplificación que adorna nuestra época se le tiene ubicado dentro de una localidad titulada 'es que yo he venido a hablar de mi libro y veo, Mercedes, que aquí no se habla de mi libro', frase que comunicadores que poco o nada han leído de Umbral, repiten hasta el aburrimiento. Y la gente ríe, pero la gente, quizás por esto, no acude a su rica literatura, a los buenos libros de este magnífico escritor castellano que yo he disfrutado mucho. El lirismo contenido en Las ninfas me ha retrotraído al existente en otra de sus novelas memorialistas, quizás la mejor y más sentida de todas ellas, el diario escrito durante la mortal  enfermedad padecida por su hijo PinchoMortal y rosa, aparecida en 1975, un año antes de la que acabo de leer [en la reseña que hace unos años hice de La hora violeta de Sergio del Molino hablé del mágico lirismo contenido en Mortal y rosa].

Las ninfas es, como digo, una novela lírica, una novela memorialista en la que el autor relata su adolescencia en una ciudad de provincias que no es otra que el Valladolid de donde era su madre, si bien ella se desplazó a Madrid -según algunos biógrafos- para dar a luz y así evitar habladurías, ya que era madre soltera. Pero se puede decir sin temor a decir mentira que Francisco Umbral es vallisoletano, pues su nacimiento madrileño fue algo meramente accidental. En biografías escritas sobre el escritor se desvela el nombre del padre, Alejandro Urrutia, un abogado cordobés padre del poeta Leopoldo de Luis; también el de la madre, Ana María Pérez Martínez, secretaria de éste. De lo sucedido a su madre, de la reacción de la familia ante la preñez sobrevenida, de qué hacer para evitar murmuraciones, en Las ninfas nada se dice; es otra novela anterior (Los males sagrados, 1973) la que se centra en ese momento y primerísima niñez del escritor.

Es Las ninfas una novela perteneciente a la serie Francesillo (alter ego de Umbral), grupo de ocho novelas en las que el autor ficcionaliza su propia biografía. De las ocho yo había leído antes de Las ninfas y ya hace tiempo dos: Los helechos arborescentes (1980) y Leyenda del César visionario (1991); guardo más recuerdos de la segunda, en la que el autor pone su mirada en las contradicciones de los intelectuales falangistas respecto al general Franco, que de la primera, más centrada en las vivencias duplicadas y algo irracionales de un niño durante la guerra civil; pero la sensación que me devuelve mi memoria es la de también plena satisfacción y disfrute con la prosa desplegada en ellas. 

En la novela que nos ocupa el adolescente narrador siente la llegada del ardor y la llamada y/o necesidad de mujer para aplacarlo. El chico, antes de descubrirlas a ellas, inalcanzables, misteriosas, mágicas y sensuales ninfas, se apaña consigo mismo anticipando en él los futuros placeres que encontrará en ellas
  • «La insinuación, el deseo, la progresión erótica, el hastío, la depresión, todo eso lo vive el adolescente en su cuerpo, como reflejo que le viene del futuro, de lo que luego va a sentir con las mujeres»
  • «Los poetas hablan de crisálida, cuando se refieren a la adolescencia. Yo prefiero hablar de retrete.»
El descubrimiento de las ninfas lo realizará Francesillo en la plaza de San Miguel, donde corren chicos y chicas, cuando, jugando a las prendas, María Antonieta, la hija de la pescadera, cumple el mandado  de besar al chico que le guste acercándose a él para besarlo en la frente. Desde ese momento el futuro entrevisto en su solitario erotismo se hace patente. Junto a su amigo Miguel San Julián, que va para obrero manual y que es pareja de Jesusita la vinatera, explorarán el amor, se divertirán con ellas, se enamorarán de ellas. La otra ninfa es Tati, tenida por la chica más fácil de la plazuela; el otro amigo es Cristo-Teodorito, niño muy religioso con el que Francisco conoce la Congregación, donde los frailes tenían un espacio para que los adolescentes jugasen a los juegos que había en la ciudad pero sin los peligros que los acompañaban (apuestas y otros riesgos). En esta congregación está el padre Tagoro que dirige unos Ejercicios Espirituales a los que Cristo-Teodorito intenta atraer a su amigo al verlo perdido en las redes de la sensual pescaderita. Pero Cristo-Teodorito también es humano y se siente muy atraído por Tati, la ninfa más sensual de las tres. Francisco se da cuenta de que no hay seguridades ni valores seguros en este mundo, que todo es mudable, que la religión no aísla de nada ni protege de nada.
«Tati era otra devoradora de hombres -como mi María Antonieta, como Jesusita, las tres ninfas malas del barrio-, y Cristo-Teodorito lo sabía. Tati se había enamorado o se había encaprichado de Cristo-Teodorito como María Antonieta de mí, como Jesuita de Miguel San Julián.»
Su adolescencia, como se ve, gira en torno a la búsqueda de la mujer, al deseo de estar con ellas, de hacerles el amor. Pero en Paco hay otra muy fuerte atracción, que es la que siente hacia la literatura. Desde siempre, en especial desde que la tisis lo alejara por un tiempo de su amigo Miguel San Julián, la literatura (su lectura y escritura) lo tienen cautivo. A esta captación ha contribuido muy mucho uno de los primos con los que vive en esa «habitación azul» que es la España de sus años adolescentes
«Nuestras almas nadaban como barbos líricos en las aguas azules y mediocres de la habitación, porque al otro extremo de la misma, junto a la ventana enrejada, estaba mi primo, alguno de mis primos, con su laúd, sus versos, su bigote temprano y sus amores, haciendo música, haciendo poesía, haciendo romanticismo, sentimentalismo, erotismo blanco y sonetos malos»
Y fuera de la casa, en el barrio, en la ciudad, su introductor al mundo literario es el poeta de su misma edad, Darío Álvarez Alonso, a quien él tiene en un pedestal cuando le escucha recitar versos en el Círculo Académico a donde lo lleva. Como espíritu en formación, en esos recitales Francisco no sabe si lo que oye, los versos que los rapsodas declaman son buenos o son malos («"Tanta soledad me inclina a abandonarme en el viento"... ¿Era aquello bueno o malo? Todavía hoy no lo sé»). Qué enorme sinceridad hay en esta frase.

Valladolid,poesía
Entre estas dos aguas, María Antonieta y la Literatura, navega el alma y el cuerpo del adolescente. Ella le atrae mucho, pero ve que quedarse con ella equivale a convertirse en mero contable del negocio de la pescadería, actividad que lo alejará de su verdadero amor que no es otro que la Literatura. Una literatura que a nivel provinciano representa Darío Álvarez Alonso a quien él tiene en muy alta consideración y estima. Pero no existen tales alturas inaccesibles, todos somos humanos, incluso el amigo hacedor de versos a quien un día se encuentra en la carbonería a donde sus padres lo han enviado, igual que le sucede a él, a buscar «cisco picón de encina para alimentar el brasero». El divino, el ejemplo literario al que él quiere emular, se viene abajo igual que la ninfa María Antonieta se cae de su hornacina cuando le propone una relación más estable, con una proyección de futuro nada sublime.

Francisco conoce los entresijos literarios de la mano de Álvarez Alonso quien lo acerca al periódico donde Darío escribe alguna vez, aunque nunca le paguen. Los talleres, la maquinaria, el olor de la tinta, todo lo enamora y despierta en él una vertiente de su insobornable vocación literaria, el periodismo. También con Darío acude al café cantante donde actúa Carmencita María, y donde toca el violín Empédocles, un viejo bujarrón que hace sus intentos con Francesillo. Empédocles toca al violín piezas de Mozart o Beethoven y al ser preguntado por si con el stradivarius que dice tener en casa toca a Chopin responde que «Chopin es una máquina de coser», frase que al narrador le maravilla aunque no llega a comprender del todo su alcance.

En este limbo provinciano de amor a las mujeres y a la literatura vive Francisco, el narrador y autor de este libro. Podría haberse eternizado en esa situación común a muchos seres humanos. Pero hay factores, sucesos que propiciarán su evolución. En el terreno de los misterios femeninos descubrir un día a dos devoradoras de hombres (Tati y María Antonieta) devorándose mutuamente; en el de la literatura la pérdida de la sublimidad que creía haber encontrado en su faro literario, el poeta Darío Álvarez Alonso, y no sólo por el caso de la carbonería sino por otras cuestiones que no es el caso desvelar aquí. También en su toma de decisión los consejos desinteresados de unos y de otros (de Carmencita María, de Empédocles, de la misma María Antonieta) tendrán peso definitivo.

Para finalizar
Auténtica novela de iniciación que marca el final de la adolescencia, con sus anclajes familiares, y la entrada en la edad adulta, con la ruptura de estos amarres y la toma de decisiones personales. La principal de ellas es la de triunfar en la literatura. Cuando finaliza la narración el narrador aún no ha triunfado pero ya se deja ver que gracias a las experiencias vividas y a los consejos recibidos por parte de unos y de otros los cimientos del éxito ya están echados. La novela, que se abre bajo el epígrafe de Baudelaire «Hay que ser sublime sin interrupción», cierra con la confirmación de dicho lema al verlo plasmado, en su carencia, en las carnes de su amigo Álvarez Alonso
«Tampoco la cultura era verdad. La cultura podía ser el trámite hacia una pescadería. El propio Darío me había descubierto recientemente, por fin, las palabras de Baudelaire: Hay que ser sublime sin interrupción.»
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Nota
Esta novela de Francisco Umbral, ganadora del Premio Nadal 1975 fue publicada el año siguiente. Al haber aparecido, pues, antes de 1980 la incluyo dentro de los clásicos que he leído dentro del Reto Nos gustan los clásicos.
Asimismo Las ninfas viene a engrosar el cupo de los libros escritos en español (Reto 25 españoles).

10 jun 2023

André Aciman. Memorias de la niñez. "Lejos de Egipto"

9 comentarios:
Lejos de Egipto, Novela memorialista
Acabo de leer Lejos de Egipto de André Aciman, un libro memorialista en el que de forma novelada el autor relata las peripecias vividas por su familia, judía de origen turco que, valiéndose de las relaciones entabladas por dos de los tíos abuelos del autor, Isaac y Vili, en 1905 abandonó Constantinopla para instalarse en Alejandría (Egipto). El tío Isaac aprovechó para ello la amistad que, mientras estudiaba en Turín, había entablado con su compañero Fuad, futuro rey de Egipto. Este golpe de fortuna se vería acompañado de otros muchos propiciados por Vili, exsoldado fanfarrón de la primera guerra mundial, fascista italiano de convicción y espía británico de conveniencia durante la segunda contienda mundial. 

Es con el tío Vili, de ya más de ochenta años, en la propiedad que éste tiene en Surrey (Inglaterra), con quien al inicio del libro el autor dialoga. Las lagunas que André Aciman tiene sobre lo acaecido a su familia antes de que él naciera en 1951, así como atar debidamente algunos cabos sueltos de la historia familiar es el motivo por el que el autor narrador está en Surrey hablando con este hombre proteico, multifacético, camaleónico, conquistador..., que a las preguntas sobre Alejandría, la familia, la tía Flora y tal, le dice: 
«Tonterías. Yo vivo el presente, Siamo o non siamo?»
La familia de André Aciman es una familia judía bien situada, con posibles. Una familia a la que no se le caen los anillos por tener que ponerse a practicar oficios poco avenidos a su condición si es que hay que levantarse de alguna operación fallida, salir de una mala época. Así los abuelos de André se dedicarán  a su llegada a Alejandría a un negocio de billares, el paterno, y de bicicletas, el materno. 
«el degenerado turc barbare llamó al juif árabe sucio judío sinvergüenza. Atónito, el dueño de la tienda de bicicletas, que era bastante devoto, dijo gracias, gracias, que era la manera en que el insultado le daba al insultador una lección de buenos modales y le recordaba al dueño de la sala de billares que estaba en verdad tentado de devolverle el insulto, pero había decidido no hacerlo, en vistas de que la propia esposa del turco, tal como el barrio entero podía oír con claridad cuando la princesa perdía los estribos, lo hacía mejor que nadie en el mundo.»
Fueron precisamente las esposas de estos dos judíos de distinto origen -turco, el uno, y sirio, el otro- aunque misma ascendencia -las dos familias eran sefarditas- las que entablarían en 1944 relación en Alejandría. Esta amistad daría paso al matrimonio entre Henri (hijo de Esther y de Albert, el turc barbare) y Gigi, la hija sorda de Adèle y de Jacques, el juif árabe. Estas dos mujeres se odian y simpatizan a partes iguales. Esther es apodada «la princesa» por su comportamiento y cultura elevada que la lleva a considerarse más que otros; por su parte Adèle es denominada «la santa» dado que la familia es más practicante de la religión, aunque su cultura es similar a la de Esther. Las dos mujeres se saben comunicar, o al menos farfullar, en seis idiomas, amén del ladino que se les escapa en cuanto se salen de sus casillas y que revela su origen español. Las dos, por este motivo, se dicen italianas, dado que muchos judíos europeos para esconder su origen se decían de Liorna (Livorno), ciudad portuaria próxima a Pisa a la que arribaron a finales del XV e inicios del XVI muchos judíos expulsados de España.
«—Pero nosotros somos de Liorna.
—¡Y nosotros también! Qué maravillosa coincidencia.
El mundo era de veras un pañuelo, dijeron en ladino (las dos se empeñaban en llamarlo español), una lengua que ambas habían descubierto que la otra hablaba porque, en el puesto del pescado, cuando una intentó explicar por qué ese día los salmonetes no estaban frescos, a las dos les pasó que de los seis o siete idiomas  que cada una hablaba de modo fluido ninguna supo decir "salmonete" más que en ladino.»
La novela es muy entretenida y contiene puntos de humor indudables. El primero, sin lugar a dudas viene de la dispar procedencia cultural que tienen los padres de André: Henri es judío con una familia practicante y muy numerosa (su madre Esther, sus tíos Vili, Nessim, tía Elsa,…) y Gigi, su madre, es judía árabe y además es sorda. Esta dispar condición cultural y auditiva provoca una serie de situaciones la mar de simpáticas especialmente en la relación suegra - nuera. También hay mucho humor en comentarios y actitudes de los hombres de la familia. Así Albert, el abuelo de André y marido de la `princesa', le dice a Flora que lo visita: 
«Me estoy haciendo mayor —dijo él—. Paso mucho tiempo en casa. Me aburro cuando me quedo en casa, me aburro cuando salgo. Voilà. Y duermo mucho —agregó, como si hubiese olvidado un detalle importante—. Cuando me llegue la hora de dar la cara allá arriba, me acercaré a san Pedro y le diré, "Disculpe, Santo Padre, pero estas últimas semanas he dormido tanto que me resulta imposible dormir más. Tal vez puedo volver dentro de unas semanas"».
A propósito de Albert, muerto y enterrado en Egipto, Jacques, el abuelo materno de André, le dice a éste:
«Odiaba Egipto y está enterrado en Egipto. A menudo me preguntaba, "¿Hay algo peor que el hecho de que a uno lo entierren en un cementerio donde no conoce a nadie, monsieur Jacques?"»
Y aunque actualmente no todo el mundo estaría de acuerdo conmigo hay clara intención humorística en las palabras que el tío Vili pronuncia a propósito de su consumada y habitual infidelidad a su esposa Lola:
  • «Convertido ya en un ciudadano respetable, volvió a lo que más le gustaba: las mujeres casadas. Se dice que algunas de sus amantes quedaban tan destrozadas cuando las dejaba que se presentaban ante su esposa para suplicarle que intercediera por ellas, algo a lo que la pobre tía Lola, cuyo corazón era el órgano más grande de su cuerpo, accedía a veces.»
  • «¿Somos o no somos hombres que comparten —dice el tío Vili amusgando los ojos—, hombres que exigen los máximos sacrificios, hombres a los que las mujeres adoran?»
La familia en Egipto siempre vivió bien. No se puede decir que pasase penurias de ningún tipo, salvo las derivadas de las comunes a todos durante los años de la primera y segunda guerras mundiales en que vivirán todos en el apartamento de la bisabuela, así como de las propias del momento de nacionalismo egipcio exacerbado de Nasser y la crisis de Suez. A la nacionalización del canal siguió la expulsión de extranjeros europeos, considerados colonialistas, y judíos, considerados enemigos. A la familia de André le venían los ataques por los dos lados. Por ello tras el final de la Guerra de Suez: 
«Una semana después, varios miembros de la familia fueron expulsados de Egipto.
Tres meses más tarde, otros cuatro se marcharon voluntariamente.
Seis más los siguieron casi de inmediato. Todos ellos se establecieron en Francia.
Dieciocho meses más tarde, la santa y su marido también partieron en dirección a Francia,
Para entonces sólo quedábamos ocho: la tía Elsa, la tía Flora, la princesa, el tío Nessim, mi bisabuela y nosotros.»
Como digo, el nivel de la familia era elevado. En la novela se percibe el "arriba y abajo" vivido en las casas familiares, en especial en la de la 'princesa'. Junto a los miembros de la familia vive el  mundo de la servidumbre con la que se establecen fuertes lazos. Estos lazos son especialmente visibles en la relación del narrador con criadas y sirvientes. El sentido elitista de la abuela Esther no aprobaba esta relación con los miembros del servicio. Ella quería que su nieto pasase más tiempo en su casa porque así se puliría y además escaparía de la casa de los padres llena de tullidos, según decía aludiendo con muy mala idea a Gigi, sorda, y a varios de los criados de ésta: Hisham, manco; Abdou, con lepra en la pierna; la planchadora Margherita, algo retrasada; o Fatma, la recadera, coja.
«Cada vez que vengo aquí es como si entrara en un asilo. Siempre me topo con algún deforme. Que esto no es un bestiario, es la casa de mi hijo.»
Igual que existe este "arriba y abajo" que acabo de señalar, también en la novela se percibe un estar en el mundo distinto de los hombres respecto de las mujeres. Los hombres viven sus relaciones con ellas siempre buscando sus satisfacción personal, mientras que las mujeres se comportan con los hombres casi siempre movidas por alguna intención más o menos altruista como la protección, la enseñanza, el mero afecto. Esta distinta actitud es patente en la relación de la tía Flora, hermanastra de Aldo, el marido de la tía Martha. Cuando ella llega a la casa procedente de Francia donde los alemanes los persiguen por judíos, los hombres se sienten atraídos por ella y quien más quien menos echará su cuarto a espadas para conseguir sus favores. Flora, por su parte, lo que quiere es hacerles la vida más agradable a través de la música que toca al piano, aunque luego sea complaciente con ellos sabedora de los intereses masculinos
«no había sido mi abuelo sino mi padre quien había amado a Flora aquellas noches del verano de 1942.
—Deberías habernos visto entonces —prosiguió [el tío Vili que habla con André adulto]—, todos le pedíamos que tocara el piano, todos bebíamos más coñac de lo habitual con la esperanza de que los demás se cansaran y se fueran a dormir»

En realidad si consideramos la narración desde el punto de vista del yo narrador estamos ante una novela de iniciación, de paso de la niñez a la madurez del propio escritor-narrador. Y es que además de conocer los hechos más relevantes acaecidos a la familia antes del nacimiento de André, lo nuclear del relato está en lo vivido por el niño narrador hasta su acceso —prematuro, sin duda alguna— a responsabilidades propias de la madurez. Hasta que llegue ese momento, ya hacia el final de la obra, vemos el modo como los mayores le ocultan no pocas situaciones a fin de no traumatizarlo o herirlo. Para André la vida en Alejandría es grata: se baña en la Corniche, come en casa de sus abuelas, habla y juega con la servidumbre, participa en las celebraciones judaicas, va al cine con mucha frecuencia, escucha las conversaciones de los adultos aunque muchas veces no las entienda, y disfruta escuchando a la tía Flora tocar al piano composiciones musicales. 

Todo comienza a torcerse para el niño con el antisemitismo e hipernacionalismo instaurado por Nasser. En especial le empieza a ir mal en el colegio que, pese a ser el mismo para extranjeros al que antes asistía, ahora está inmerso en una enseñanza muy ideologizada que se le hace cuesta arriba: aprendizaje obligatorio del árabe, contenidos antijudíos, y castigos físicos, muchos castigos por cualquier cosa. Sólo su madre se opondrá a los mismos e irá al centro a protestar; el padre reconoce que es lo que hay, que  en ese momento histórico no hay vuelta de hoja. Para enfrentar el problema los padres le pondrán varios profesores particulares (Monsieur Al-Malek, Madame Nicole, madame Marie, signor Dall’Abaco...) de los que el niño aprenderá no pocas cosas que le servirán en el futuro. 

Y así hasta alcanzar la madurez cuando con sólo catorce años su padre que es detenido temporalmente por la policía le encarga una serie de acciones que André ejecutará como el adulto en que prácticamente se ha convertido ya. Estamos en 1965. André con du hermano Robert y su madre salen de Egipto hacia Roma. Su padre se reencontrará más tarde con ellos en París. Egipto ya queda sólo en el recuerdo, está lejos definitivamente.

Para finalizar
escritores judíos sefarditas
Si algo me ha gustado especialmente de Lejos de Egipto es el sabor mediterráneo que desprenden sus páginas. Olores, sabores, colores, tiempo bonancible, noches apacibles, viento agradable, la playa, el sol... Todo esto es lo que más destacaría de la novela. André Aciman logra transmitir al lector este cúmulo de sensaciones que son vida, que animan a vivir, a disfrutar del momento que nos ha tocado vivir por duro que este pueda parecer. Especialmente el colorido, la sensualidad, el amor y la alegría que emana de estas páginas me han hecho evocar el Cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell y la Trilogía de Corfú de su hermano Gerald, que inspiró la serie televisiva Los Durrell que con tanto gusto vi hace unos dos años.  

Es un libro del que se aprenden muchas cosas: cómo se vivió el nasserismo en el propio Egipto; la maldición secular que parece perseguir a los judíos desde hace cinco mil años, aunque siempre están dispuestos a levantarse como sea («Al final, también [los alemanes] se llevaron todo lo demás. Y nosotros dejamos que ocurriera, como los judíos siempre han dejado que ocurrieran estas cosas, porque, en el fondo, sabemos que perderemos cuanto poseemos al menos dos veces en la vida.»); la progresiva secularización de no pocos judíos... 

Pero sobre todo he disfrutado mucho con toda esa serie de términos que designan prendas de vestir (galabiya), dulces (halawa), vientos (jamsin), cargos políticos (jedive, bajá...), tipos de personas (alborayco, goyim, catamito...), celebraciones hebreas (Séder, Janucá, Pésaj...), arquitectura (hassiras), tipos de lenguas (pidgin, ladino...). Por todas estas cosa Lejos de Egipto es una obra la mar de interesante.

Solo pondría un "pero" a esta novela memorialista de André Aciman: Que es tal el número de nombres propios y de relaciones entre los muchos miembros que componen esta extensa familia que a veces se produce en el lector aturullamiento, incomprensión o equívoco a la hora de adjudicar determinada acción a este o a aquel personaje. Es cierto que en cualquier obra memorialista como ésta suele ocurrir lo mismo, lo que no quita para que el autor se hubiese esforzado un poquito para solucionar esta cuestión.