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28 nov 2021

Almudena Grandes en mi blog (in memoriam)

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Escritores costumbristas actuales, Almudena Grandes

La muerte siempre sorprende y nos sorprende. Cuando ayer por la tarde, en un grupo de wasap de los muchos que uno carga en el móvil, alguien, ahora mismo no sabría decir quién, escribió la triste noticia, apenas si pude dar crédito. Es cierto que ella misma, Almudena Grandes, había escrito no hace mucho en uno de sus artículos que publicaba en EPS (El País Semanal) la presencia de la enfermedad en su organismo, pero también era cierto que la escritora madrileña a renglón seguido quitaba hierro al asunto: "Parece que tiene buen pronóstico", decía.

Comencé a leer a Almudena con Las edades de Lulú novela que me sorprendió, me zarandeó, me perturbó, me dejó k.o. Hasta ese momento no había caído en mis manos una novela tan libre, tan turbulenta, tan inquietante; una novela que me revolviese por dentro, que pusiese en evidencia los peligros que subyacen a la sociedad bien pensante, las cloacas que existen bajo ella y lo que en ellas se cuece. No todo en la novela era puro erotismo, también había dominación, amor confundido con sexo y a la inversa, engaño, etc.

Tras la convulsión de esta primera lectura esperé con expectación la siguiente novela de la joven madrileña. Fue Te llamaré Viernes que me desilusionó bastante, de manera que su siguiente obra Malena es un nombre de tango, aunque me agradó, la leí con mucho menos entusiasmo, y ya su Atlas de geografía humana se quedó sin abrir sus páginas muchos años en mi biblioteca. A partir de este momento de Almudena lo que sí leía y con mucho gusto eran los artículos que publicaba en diversos medios. No volvería a la novelista hasta varios años más tarde, concretamente con sus "Episodios de
Almudena Grandes, Luis García Montero
una guerra interminable"
. De las cinco novelas -de un plan de siete- que hasta el momento de su fallecimiento había publicado de la serie, he leído cuatro (Inés y la alegría, Las tres bodas de Manolita, Los pacientes del doctor García y La madre de Frankestein), sólo me he dejado por ahí -y no sabría explicar por qué- El lector de Julio Verne

En medio de la lectura de las novelas de los Episodios... leí Los besos en el pan. Esta novela me reconcilió ya absolutamente con la gran Almudena Grandes. Es, quizás, de todas las novelas que de ella he leído la que recomendaría más vivamente.

A lo largo de la vida de este blog en cuatro ocasiones he reseñado novelas de la escritora fallecida. Coloco a continuación los títulos de cada una de estas entradas para que pinchando sobre ellas se pueda, si así se desea, leer las reseñas que realicé de las mismas. Son las siguientes:

















 






Descanse en Paz la magnífica escritora que fue y la figura literaria que ha sido, es y será por siempre Almudena Grandes (Madrid, 7 de mayo de 1960 - Madrid, 27 de noviembre de 2021)

27 nov 2021

A pares (nº XXV): Jordi Sierra i Fabra, Plácido Díez Gansert y Jhumpa Lahiri.

2 comentarios:
Este A pares -ya el nº XXV, ¡madre mía y yo con la sensación de que la sección así titulada la inicié ayer mismo!- contiene cuatro lecturas que he hecho en los últimos días y que por una cosa u otra se habían quedado sin reseña alguna, por pequeña que esta fuera. En general han sido lecturas muy desiguales pues muy distintos en calidad, época y procedencia son cada uno de los cuatro. Hacer escalas de calidad sería algo arrogante por mi parte. Sólo diré que los dos nombres que abren y cierran el listado son conocidos por todos o casi todos, ¿no? De Jhumpa Lahiri tengo reseñado en este blog "El buen nombre", novela que me encantó cuando la leí por la manera de narrar que tiene la escritora. A Plácido Díez Gansert lo conocí directamente en la última Feria del Libro de Madrid y mantuve con él una animada conversación resultado de la cual fue la compra de "El profesor", primera novela suya  que él mismo me recomendó. 

Filo de sable, No fotografíes soldados llorando, El profesor, En otras palabras


Jordi Sierra i Fabra
Es autor nacido en Barcelona el año 1947; su producción es inmensa, nada menos que cerca de 400 títulos salidos de su propia mano. Su facilidad para la escritura explica su ingente obra. Yo, como tantos profesores de literatura de Enseñanza Media, conocí a Sierra i Fabra por su narrativa juvenil. Ni sé la de veces que libros suyos los elegimos en el Departamento como lecturas obligatorias o recomendadas para los alumnos. Proponer una obra de Sierra i Fabra fue siempre garantía de éxito. Pocos autores hay que hayan sabido conectar mejor con las inquietudes adolescentes. Más tarde y sobre todo en los últimos años ya libre de la obligación didáctica he leído algunas de sus novelas negras o detectivescas de sus series el Inspector Mascarell y el Comisario Soler. Y también han caído en mis manos otras de tipo biográfico (su conocimiento sobre la música popular contemporánea es muy grande) y alguna de más difícil adscripción.

Dos obritas suyas he leído con gusto y mucha fruición. Una perteneciente a la serie el Comisario Soler (Filo de sable) y otra más difícilmente ubicable (No fotografíes soldados llorando). Ambas, publicadas el año 2017, me han agradado y entretenido muchísimo

Filo de sable
Muy interesante, atrayente y adictiva. Muy bien contada, con un inusitado ritmo. Con la España de Franco a punto de entrar en los 25 años de Paz, las declaraciones catalanistas al diario Le Monde del abad del Monasterio de Montserrat y el asesinato de John Fitzgerald Kennedy en noviembre de 1963 enmarcándola asistimos a una vertiginosa investigación policial del Comisario Soler junto al sub-comisario Quesada.

Sierra i Fabra, Comisario Soler, Novela detectivesca
Soler
es un demócrata en el seno de la policía de una comisaría barcelonesa que ya ha tenido problemas con el caso anterior "La muerte del censor" cerrado con éxito por el escrupuloso comisario tan sólo dos meses antes de iniciar éste. Ahora la pareja de investigadores se las han de ver con el franquismo puro y duro: un general héroe de guerra ya en la reserva, sus hijos que hacen carrera en la política del Régimen y el ambiente hostil de la comisaría dirigida por el comisario García habida cuenta de la denuncia que puso Hilario Soler a su compañero Martín Peláez por mala praxis profesional. Si no logra resolver el caso con éxito sin tocar mucho las narices el establishment Soler se juega el puesto y su profesión.

Junto a lo anterior el mundo íntimo y familiar del policía casado con Roser a la que adora y con dos hijos adolescentes, Montserrat de dieciséis e Ignacio de catorce, está en juego en esta novela. El equilibrio psíquico que ha de mantener Soler, un hombre honesto en un ambiente opresor, es inmenso si es que quiere salir indemne de la prueba a la que le somete este caso de asesinatos múltiples enlazados unos con otros sin que en apariencia ninguno tenga nada que ver con el anterior. 

De la novela destacaría muchas cosas. Por ejemplo la maestría con la que su autor sabe mostrar el color local y de época: 
«Los hombres llevaban las manos introducidas en los bolsillos de los abrigos y, algunos, los cuellos alzados. Las mujeres parecían más menudas, con pañuelos en la cabeza y medias gruesas. Los niños pequeños ya iban forrados de manera inmisericorde, con gorros, bufandas y guantes» 
También la manera directa como presenta datos de tipo sociopolítico 
 «La emigración del sur seguía llegando a Barcelona en oleadas. Trenes llenos. Vidas mejores, o eso intentaban. La ciudad crecía, y crecía. Cada vez se construía más, se abrían nuevas calles o vías, se derribaban casas viejas para levantar las de la nueva Barcelona. 25 años de victoria, como había dicho Escarré.»
Y a veces Sierra i Fabra no puede resistirse a presentar sin ambages su declarado catalanismo militante. Tal sucede cuando de boca del general franquista Fulgencio Aramburu el policía escucha frases como la siguiente:
«Todavía dejamos a demasiados catalanes vivos. Si los hubiéramos matado a todos, nos habríamos ahorrado algún que otro problema futuro, quién sabe, dentro de cien o doscientos años. Pero la generosidad del Caudillo es infinita»
La novela en líneas generales como creo ya haber dicho me ha gustado y entretenido mucho. Me parece una lectura muy recomendable


No fotografíes soldados llorando
«Un soldado llorando resquebraja la moral. Está diciendo que la guerra es una mierda y que se arrepiente de estar en ella»
Jordi Sierra i Fabra, literatura antimilitarista, literatura juvenil
Es una novela muy sencillita. Muy en la línea de otros libros suyos aunque éste no esté dirigido expresamente a adolescentes. Pese a ello se nota el hábito que tiene Sierra i Fabra de tratar temas transversales y tocar valores muy importantes (el amor, el respeto al otro, la identidad cultural, ...). En especial se toca aquí el machismo brutal y violento, la mendacidad, la necesidad de quitarse el fardo de la iniquidad, el abuso sobre la mujer, el autoritarismo desmedido...

Al estar situada la historia en un contexto militar aparecen otros valores: la valentía, el patriotismo, el miedo, la obediencia... Y al estar en este ámbito las faltas y los delitos cobran una importancia de otro nivel. Hay una crítica política que por reiterada ya se convierte en un tópico: «Esto es España, cielo. Aquí los militares aún tienen más peso que en otras partes. Y con la derecha que tenemos...».

 Ciertamente, quizás, más que crítica política lo que hay en el libro es antimilitarismo, si bien el mismo se contextualiza o se identifica sistemáticamente con una ideología concreta. Quizás, pienso, que en esta novela falta una mayor explicación del marco en el que la muerte de Carlos y la foto de Matías se produjeron: la descomposición de la antigua Yugoslavia (país que desde el final de la IIª guerra mundial estuvo en la órbita soviética) en varios países independientes y las guerras que hubo en esos años para conseguirlas. El militarismo serbio era sin duda alguna en 1999 muchísimo más salvaje que el que pudiera darse en un país democrático como España, dentro de los europeos el que menos presupuesto destina a su ejército. 
«Una fotografía capta una fracción de segundo de la vida de una persona. Como un haiku detenido en el tiempo.»



Plácido Díez Gansert
De sí mismo el escritor dice en su página web lo siguiente:

«Nací en Pamplona en 1971. Gracias al mestizaje cultural de mi familia, mi madre es alemana y mi padre español, y a periplos en el extranjero, tuve la suerte de recibir una educación cosmopolita. Estudié en el Colegio Alemán y soy licenciado en Derecho. Tras una trayectoria profesional en el mundo de la empresa trabajando quince años en departamentos internacionales, que me llevó a residir en México, Alemania y Brasil visitando más de sesenta países, abandoné ese entorno para dedicarme a lo que de verdad me seduce: la literatura.»

Con El profesor,  autopublicada en 2009, son ocho las obras salidas de su pluma: Crónica de un rebelde, El Libro de las Caras, Hijos de la Crisis, La ilusión perdida, Mercaderes del Nuevo Siglo, La Montaña Rusa y El Reencuentro.

El profesor
Sinopsis (proporcionada por el propio autor)
Un triángulo amoroso es el tema de mi primera novela, El profesor, que acaba de alcanzar su cuarta edición. Dos hombres muy diferentes – el protagonista, un profesor de filosofía y escritor frustrado, y un banquero de alta posición social – se enamoran de la misma mujer: la sofisticada y elegante pero muy indecisa Paula. 

 La historia me ha parecido poco interesante y nada novedosa. La caracterización de los personajes es flojita: Andrés es un crítico literario feroz, muy duro con la sociedad burguesa, fustigador de las costumbres socialmente admitidas, etc., etc. Antonio, el hombre que eligió Paula, es un conservador de libro escrito para militantes de partidos políticos: cazador, bancario, nada leído, etc., etc. Paula es una mujer insatisfecha por todo, una caprichosa que le gusta jugar porque se sabe guapa pero se aburre.  Alrededor de este trío aparece toda una galería de secundarios diseñados con una o dos características de poca profundidad: Ramiro, el amigo que le aconseja a Andrés con verdad aunque ésta sea cruda; Jacobo Lieberman, el anciano millonario que da oportunidades a Andrés y admite su incomodidad cuando le exige ciertas concesiones si es que quiere disfrutar de todo lo que le va a conseguir: dirección de una revista literaria, cátedra en una universidad, dinero, coches caros, viajes...; Clara Alonso, la joven alumna de Andrés enamorada platónicamente de su profesor; el ciego Zenón que le ilumina en sus indecisiones y le aconseja; Eva y Braulio, hermana y cuñado de Paula, que siempre han visto a Andrés con cierta prevención por su falta de adecuación al sistema social imperante; etc.

Con todo la novela se lee con gusto. Por ser la primera incursión del autor en la novelística creo que algunos despistes son más que disculpables, aunque tratándose de una cuarta edición creo que ya debieran de haber sido subsanados. Con todo para emitir una opinión más fundada sobre la manera de escribir de Plácido Díez Gansert tendré que esperar a leer alguna otra de sus novelas.



Jhumpa Lahiri
Ya hace cuatro años que leí y reseñé "El buen nombre" (de nuevo no me cabe otra exclamación que la de ¡Madre mía cómo pasa el tiempo sin darse uno cuenta!). Aunque invito a pasarse por esa entrada, como sé que muchos no lo harán me permito cortar y pegar los que sobre la escritora allí escribí:
La autora 
«Jhumpa Lahiri es una estadounidense de origen bengalí nacida en Londres en 1967. En 1999 saltó a la fama en el mundo de la narración con "Intérprete de emociones", su primera publicación, una colección de relatos que fue Premio Pulitzer el año 2000. Otros libros suyos además de la novela objeto de esta reseña son "Tierra desacostumbrada", otra colección de relatos aparecida en 2008; y otra novela, última publicación suya por ahora, titulada "La hondonada" del año 2013

En otras palabras

Jhumpa Lahiri, Memorias, Autobiografismo
A Jhumpa Lahiri le persigue desde sus mismos orígenes el problema de la identidad cultural. El hecho de que en su casa se hablase bengalí y en la calle donde interactuaba inglés le ocasionaba no pocos problemas identitarios al preguntarse a sí misma a dónde pertenecía ella, cuál era el mundo de referencias culturales al que pertenecía dado que una lengua siempre es casa y cobijo. Al tiempo, según estudiaba le fue conquistando su amor hacia el latín y la cultura que Roma había desarrollado. Al ubicarse fundamentalmente esta milenaria cultura en Italia pronto la escritora se sintió atraída por la lengua italiana. Pensaba que si quería ir a la ciudad de Roma, o a Venecia, o a Florencia, o a cualquiera de las maravillosas villas que conocieron en el pasado las hazañas del pueblo romano ella debería conocer la lengua de quienes allí ahora habitaban. Así comenzó a estudiar la lengua de Dante porque del amor a la vieja Roma pasó naturalmente al amor hacia la Italia renacentista. 

En este librito, Jhumpa Lahiri cuenta el proceso que siguió para escribirlo en una lengua que no era la suya materna (el bengalí), ni la de la sociedad en la que había crecido (el inglés de Boston). Lo había escrito -en realidad lo iba a escribir. El que lo estemos leyendo es señal de que el proceso finalizó satisfactoriamente- usando otra lengua, de ahí su título, lo había escrito en italiano. Hizo lo que algunos otros escritores hicieron (Nabokov, Agota Kristoff, Conrad, Samuel Beckett...): cambiar de instrumento lingüístico, empresa arriesgada. Ella lo ha conseguido y "En otras palabras" es la prueba de ello.

En esta breve obra Lahiri hace memoria de los pasos seguidos hasta alcanzar la cumbre: el dominio del idioma italiano y poder albergarse dentro de él abandonando identidades (la indobritánica y la estadounidense) en cierto modo prestadas por otros (sus padres, sus amigos...) pero no elegidas completa y libremente por ella misma.

Dos citas que me parecen significativas. La primera va sobre el porqué de volcarse Jhumpa Lahiri en una nueva lengua; y la segunda expresa el viaje interior que la escritura de este libro le ha supuesto a la escritora.

  1. «De jovencita, en Estados Unidos, intentaba hablar bengalí a la perfección, sin acento extranjero, para contentar a mis padres, para sentirme completamente hija suya, pero no era posible; por otro lado, quería que me consideraran estadounidense y, aunque hablaba inglés a la perfección, tampoco era posible. Estaba suspendida entre dos lenguas en vez de arraigada
  2. «Envidio a Pavese, su capacidad para sondear el fondo del idioma italiano. Sin embargo, yo también he hecho un cierto sondeo a través de estas reflexiones: explorando mi descubrimiento de la lengua, me he explorado a mí misma.»

Una lectura deliciosa que gustará a cualquiera que conozca algo de la producción literaria de Jhumpa Lahiri.

18 nov 2021

Javier Moro. "A prueba de fuego"

26 comentarios:

«Las amistades y los amores son temporales; el amor de un padre hacia su hijo, y viceversa, es eterno porque se manifiesta mucho después de la muerte de ambos, en lo que han puesto en marcha mientras vivían y cuyo eco resuena en el tiempo.»(A propósito del amor paterno filial)
«Lo que simboliza aquella bóveda es, ante todo, el potencial que tiene la inmigración para enriquecer un país.» (A propósito de la bóveda del ala central del edificio de registro de Ellis Island)
«Me di cuenta de que el mundo estaba cambiando y de que esos ingenieros [los que usaban el acero y el cristal] acabarían desplazándonos cuando consiguieran abaratar sus costes. La belleza clásica dejaba de ser un argumento.» (reflexión de Rafael Guastavino Jr.)

Biografía, Javier Moro, Arquitectura

Conocí esta novela por boca de mi muy buena amiga Guida quien en "más que palabras...", la tertulia de amigos en la que ambos participamos, la alabó. Guida es persona que ama la literatura y que sabe mucho de arquitectura; así que yo sabía, nada más escucharle hablar, que la última obra de Javier Moro ("A prueba de fuego" , 2020), novela sobre la vida de Rafael Guastavino, arquitecto valenciano emigrado a USA en 1881 tras unos años de éxito en la Barcelona premodernista, no me iba a defraudar. También varios de los blogs literarios que frecuento hablaban de este libro con agrado. Por todo esto cuando el pasado jueves 11 de noviembre, Día de las Librerías, entré en una de ellas y lo vi no dudé un segundo en adquirirlo. Y no me arrepiento.


El autor
Nada había leído de Javier Moro hasta hoy. Miro su biografía literaria y observo que antes de ésta, su última novela, había publicado ya un buen número de títulos entre los que se cuentan Senderos de libertad (1992), El pie de Jaipur (1995), Las montañas de Buda (1997), Era medianoche en Bhopal (2001), en colaboración con Dominique Lapierre, Pasión india (2005), El sari rojo (2008), El imperio eres tú (Premio Planeta 2011) y A flor de piel (2015). 

Tras la lectura de A prueba de fuego del año 2020 no me sorprende que profesionalmente, además de escritor, es o haya sido periodista y que también haya trabajado en el mundo del Cine como guionista y productor; cinco años estuvo viviendo en Hollywood, la meca del séptimo arte. Su manera suelta y aparentemente sencilla de escribir revela, al menos para mí, su faceta de periodista; la disposición del relato en 75 apartados más un epílogo conclusivo me confirma que lleva el Cine en las venas. He denominado a las 75 partes de la narración apartados por no usar el cinematográfico término "secuencias" que es el que creo mejor le iría; mucho mejor que "capítulos" dado que cada uno de estos 75 apartados es como un movimiento de cámara de varias escenas que forman una unidad narrativa. Al estructurar la narración en secuencias en lugar de en capítulos [un capítulo es por regla general más  extenso] el ritmo narrativo es más ágil con cambios más frecuentes de actores y/o de tiempos y/o de lugares. 

Es evidente que Javier Moro sabe de Cine y que esta novela fácilmente podría convertirse en guión cinematográfico de un más que entretenido biopic. El autor de esta biografía novelada es autor de guiones cinematográficos como el de Valentina, adaptación de la novela de Ramón J. Sender Crónica del alba.


Sinopsis
Nueva York 1881: en uno de los barrios más populares malviven el pequeño Rafaelito y su padre, Rafael, un reputado maestro de obras valenciano que lucha por demostrar su talento en la gran urbe. Lo acecha la ruina absoluta. Pero gracias a su genio infatigable, ese hombre alcanzará fama y fortuna al construir los edificios emblemáticos que han dado su perfil a Nueva York.

Javier Moro nos presenta al singularísimo Rafael Guastavino, un auténtico genio de la construcción que deslumbró a los grandes magnates norteamericanos, conquistados por las técnicas que empleaba en sus obras para evitar los incendios, el mayor mal de las megalópolis del siglo XIX. Tuvo una vida jalonada de éxitos: de su estudio salieron construcciones tan «neoyorquinas» como la Estación Central, el gran hall de la isla de Ellis, parte del metro, el Carnegie Hall o el Museo Americano de Historia Natural.


Mi comentario
Conocer las peripecias personales y profesionales vividas por Rafael Guastavino Moreno, nacido en Valencia en 1842 y muerto en Asheville (Carolina del Norte, Estados Unidos) en 1908 a los 65 años de edad me ha resultado una experiencia lectora de lo más entretenida, y ha despertado mi curiosidad por un tipo de construcción arquitectónica que entre nosotros -o al menos en mí- estaba opacada por el enorme prestigio de la arquitectura modernista de Antonio Gaudí y discípulos.

Rafael Guastavino trasladó, cuando emigró de España a USA en 1881, la manera de construir edificios notables que había visto desde bien temprano en su Valencia natal y que luego había redondeado en Barcelona donde estudió en la Escuela de Maestria de Obras, antecedente de lo que luego sería la Escuela de Arquitectura.  En concreto Guastavino utilizó en sus obras barcelonesas de los años 70 la técnica empleada por los musulmanes en su Valencia natal para realizar bóvedas. Eran bóvedas tabicadas construidas con arcillas y ladrillos muchas veces esmaltados, con lo que se evitaba la presencia de la madera, material de construcción tan habitual entonces en Norteamérica y tan peligroso cuando el edificio sufría un incendio.

Su sistema de bóvedas tabicadas conocido como técnica Guastavino que él mismo patentó en España servía para lograr espacios diáfanos grandes, tal y como precisaban fábricas (la fábrica Battló que construyó en Barcelona 
es clara muestra de esta función), iglesias que así podían acoger  a un gran número de fieles en unas naves más amplias (ya en Norteamérica la Catedral católica de San Juan el Divino en New York), teatros como el de La Massa que inició en Vilassart de Dalt (pueblo situado a 25 kilómetros de Barcelona), e incluso bodegas como la que él y otras potentadas familias catalanas empezaron a hacerse en Aragón a raíz de la plaga de filoxera en Francia que al arruinar la producción en el país vecino incentivó el cultivo vitivinícola en nuestro país. 

Todo lo dicho hasta aquí, excepción hecha de la Catedral neoyorquina, lo dejó Guastavino de pronto al salir escopetado en 1881 kacia los Estados Unidos. ¿Por qué? Aquí se inmiscuye la faceta más personal del constructor valenciano. Resulta que nuestro hombre era de carácter alegre y mujeriego, proclive al contacto íntimo con el sexo opuesto entre el que por su condición personal cosechaba no pocos éxitos. Ya a la tempranísima edad de diecisiete años dejó embarazada a su prima Pilar de dieciséis. Se casaron porque Ramón, padre de ella y tío paterno de Rafael, quiso por todos los medios evitar el escándalo dada la buena posición que la familia dedicada a la industria textil ocupaba en la sociedad barcelonesa. 

Aunque Rafael y Pilar tuvieron tres hijos, curiosamente fue otro hijo, Rafaelito, fruto de su relación con Paulina Roig, viuda de un obrero fallecido en una de sus construcciones en Barcelona y que él acogió como empleada en la casa familiar, el que le acompañaría durante toda su vida y heredaría su pasión por la arquitectura. Se llamaban igual, se dedicaron a lo mismo aunque su posición ante la vida y los negocios fue dispar y a favor de quien para diferenciarse firmó sus trabajos como Rafael Guastavino Jr. Paulina tenía dos niñas, Paquita y Engracia, y con Guastavino Sénior tuvo a Rafael. Esta relación extramatrimonial, la muerte del padre de Pilar, la dificultad de financiación que encontró Rafael para llevar a cabo diversas construcciones que tenía en marcha en Barcelona, deudas cuantiosas adquiridas, y el recuerdo de la medalla de bronce que había obtenido en la Exposición Universal de Filadelfia de 1876 por el proyecto que envió sobre "Mejora de las condiciones sanitarias en las ciudades industriales", le llevaron  en 1881 emigrar a Nueva York con Paulina y los tres hijos, las dos niñas de ella y el niño habido en común. 

Pero Paulina no se adaptó a la vida en USA y a los pocos meses de estar allí malviviendo con Guastavino, pues al principio la vida no les fue fácil, tras una tremenda discusión de la pareja, con  que se abre el relato de Javier Moro, él le dice a ella que puede marcharse a España con las niñas porque son suyas  pero que Rafaelito se queda con él. Y así fue como la unión padre-hijo fue muy fuerte y duró hasta el final. Luego, Rafael Guastavino conocerá a otras mujeres pues nunca pudo vivir ajeno a ellas e incluso muchas veces convivió con dos  o tres al tiempo escondiéndose de unas y otras hasta ser habitualmente descubierto y provocar crisis sentimentales que ningún bien hacían a nadie. Además de los desengaños amorosos que su actuación propiciaba, su economía personal y la de la empresa de construcción que con socios americanos había fundado se empobrecía pues algunas de estas mujeres le sacaban los cuartos y él, por su parte, siempre fue un manirroto.

Para finalizar la faceta sentimental sólo me falta decir que de todas las mujeres con las que trató fue la mexicana Francisca la que, pese a períodos de crisis sentimentales, más tiempo estuvo con él. Quizás fue la mujer de la que estuvo más enamorado y fue ella quien mejor lo supo llevar. Pese al gran amor que sentía por ella, Guastavino la engañaba en sus desplazamientos hasta Boston donde la Compañia radicada en Nueva York tenía obras en marcha. Es por este sumidero por el que al exitoso valenciano se le fue muchísimo dinero.

Rafael Guastavino Expósito
La historia está contada por Rafael Guastavino Jr., Rafaelito, que fue educado por su padre casi como lo hacían los artistas de la Edad Media, es decir, comenzando desde abajo. Fue su aprendiz y poco a poco según iba demostrando su pericia en el oficio le dejaba al mando de alguna construcción, primero las de poca importancia y complicación para luego pasar a otras de más enjundia. Este Guastavino hijo también relata su peripecia personal tanto en el terreno arquitectónico como en el sentimental. En el arquitectónico siguió la estela paterna y con un socio americano y la buena mano de la mexicana Francisca supo enderezar la empresa que montaron en USA y mantenerla a flote incluso tras el fallecimiento de su padre. Como sucede en tantas empresas familiares serían los hijos del Guastavino Jr. quienes en 1962 liquidarían la Compañía por su falta de interés por la arquitectura y también porque la técnica de las bóvedas tabicadas cedió el paso al acero y al cristal. 
«Pero las tendencias cambiaban, y antes de que estallase la crisis de 1929, surgió el advenimiento del hormigón armado, el acero y las líneas rectas, sin decoración. La nueva tecnología abarataba los costes, lo que, unido al aumento del precio de la mano de obra, situó la construcción tabicada en una posición precaria. En la Exposición Internacional de Barcelona de 1929, el pabellón alemán de Ludwig Mies van der Rohe fue objeto de admiración porque era lo último en diseño moderno.»

Guastavino que llegó en 1881 a Ellis Island con una mano delante y otra detrás, que se arruinó en más de una ocasión por no prestar la debida atención al dinero de sus inversiones y a los presupuestos de sus obras siempre hechos a la baja para llevárselos cuando competía con otros, sin embargo logró el éxito en la tierra de las oportunidades. Para que tal cosa ocurriese tuvo la suerte de toparse con una serie de naturales del país enfrascados en la fiebre de la construcción que en ese momento se vivía en EEUU: Henry Richardson (muerto el 27 de abril de 1886 a los 47 años y que había puesto de moda en New York en la década 80 -moda que duraría hasta bien entrados los años 90- el estilo 'Renacimiento español', a raíz de un viaje realizado por España del que volvió deslumbrado por la Catedral de Salamanca), Stanford White, Charles Mckim, William Rutherford Mead, Bernard Levy, Saint-Gaudens, T. M. Clark (uno de la s grandes arquitectos de Boston), Richard Morris Hunt… De todos ellos quien más le impulsó introduciéndole en los círculos donde se cocían los proyectos fue Stanford White quien desde el principio admiró su bóveda tabicada ignífuga. Esta característica de resistencia al fuego, que Guastavino demostró en exhibiciones públicas, fue crucial para su éxito dado que por entonces en la mente de todos los americanos estaba el terrible incendio sucedido en Chicago en 1871.

La huella dejada por la actividad arquitectónica de la Guastavino Fireproof Construction Company es más que abundante en Nueva York (Grand Central Terminal, el Great Hall de Ellis Island, zonas del Metro, zonas del puente de Queensboro, catedral de San Juan el Divino, Carnegie Hall, Museo Americano de Historia Natural —en Central Park Oeste—, Templo Emanu El, iglesia de San Bartholomé —en la Quinta Avenida—, City Hall Station del moderno metro de Nueva York, Hospital Monte Sinaí, etc.) y también ciudades próximas (Biblioteca Pública de Boston,​ Museo Nacional de Historia Natural y Edificio de la Corte Suprema de Estados Unidos —ambos en Washington—, etc.). 

Curiosamente bueno, la verdad es que entre nosotros lo que voy a decir a continuación es bastante habitualRafael Guastavino Moreno y su hijo Rafael Guastavino Roig son más conocidos y sobre todo valorados en Estados Unidos que entre nosotros. El año 2010 el Ayuntamiento de la ciudad de Nueva York publicó «un folleto que se llama "New York's Guastavino" e indica un recorrido para visitar lo que permanece de un estilo y unas obras que aportaron belleza a una ciudad que deslumbró al mundo.». 

En nuestro país es ahora -y en ello este libro de Javier Moro está teniendo mucho que ver- cuando se está hablando de la gesta profesional de este valenciano que se inspiró en la Lonja de Valencia, en la Catedral de su ciudad, en la escalinata de la Lonja de Barcelona donde estaba la Escuela de Maestros de Obra, etc. y supo adaptar a las exigencias de una construcción moderna y sólida los materiales tradicionales del área mediterránea, algunos de ellos heredados de bizantinos y árabes. Esa cerámica vidriada en diferentes colores tan característica de la construcción valenciana la llevó a nuevas construcciones en las que exploró las posibilidades de la unión de los ladrillos cerámicos con el novedoso por entonces cemento Portland creando con ello unas superficies ligeras y muy sólidas. 

Para algunos -de entre nosotros, claro- Guastavino fue un pícaro que supo vender como original suyo un sistema que conocíamos aquí desde al menos los musulmanes. No estoy de acuerdo con quienes tal cosa afirman. En la novela hay un momento en que Rafael Guastavino Moreno da una conferencia en la que hablando de su sistema para construir bóvedas recuerda el descubrimiento, la revelación que experimentó al visitar el Monasterio de Piedra  y contemplar la cascada de agua y la gruta inmensa que está bajo ella soportándola tal y como la Naturaleza las había dispuesto. «Entonces comprendí por qué mi distinguido profesor de construcción, don Juan Torras, dijo: "El arquitecto del futuro construirá un día imitando a la naturaleza, ya que es el método más racional, duradero y económico"». Evidentemente en esta reflexión se esconde el inicio, los albores del modernismo arquitectónico de arquitectos como Antonio Gaudí, Lluis Domènech y Muntaner, Joseph Puig i Cadafalch, Francisco Mora Berenguer, Antonio Farrés Aymerich, Eduardo Reynals Toledo, y tantos otros más. 

Diré para finalizar que el autor ha realizado para escribir esta biografía novelada un sesudo trabajo de investigación que le ha llevado a contactar con descendientes de Guastavino en Estados Unidos. Uno de ellos, James Black, le proporcionó al novelista un buen número de cartas inéditas del arquitecto que le sirvieron para adentrarse con pie firme en la vida íntima del arquitecto triunfador en USA. Naturalmente también contactó con descendientes vivos en España, aunque aquí su labor investigadora se centró más en lo arquitectónico y los inicios de su actividad en Barcelona.

A raíz de leer "A prueba de fuego" de Javier Moro e interesarme por la figura del valenciano triunfador en América he podido constatar que en su persona se hace realidad el dicho castellano que dice "De casta le viene al galgo". Digo esto tras leer un interesante artículo firmado por los profesores de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Valencia (ETSAV), Camilla Mileto y Fernando Vegas López-Manzanares. Tal artículo, publicado en la Revista de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Valencia, lleva por título "Guastavino y el eslabón perdido". Merece la pena leerlo con atención para descubrir que Guastavino debía mucho a la actividad de familiares suyos que le precedieron en el tiempo, en especial su tatarabuelo Juan José Nadal que vivió durante la primera mitad del siglo XVIII y al que Rafael Guastavino Moreno tuvo siempre como referente para su arquitectura.

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El libro publicado por Espasa viene ilustrado en el centro con una serie de fotografías a color y en blanco y negro del personaje biografiado y su familia, y también de algunas de sus obras arquitectónicas tanto realizadas en España como en los Estados Unidos. Coloco a continuación algunas de estas imágenes











10 nov 2021

Cuentos de Flannery O'Connor

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«—No tienes que comportarte como si esto fuera el fin del mundo, porque no lo es —prosiguió Julian—. De ahora en adelante tendrás que vivir en un mundo nuevo y enfrentarte por primera vez a algunas cosas» (Cuento Todo lo que asciende tiene que converger)
«—¿Cómo t’atreves a tacharme de mentiroso o de ciego? L’he visto con mis propios ojos. No t’has defendío, le has dejao hacerlo, t’has limitao a agarrarte a ese árbol, bailar un poquitín y lloriquear. Si hubiera sido yo, le habría roto las narices y…» (Cuento Una vista del bosque)
«—Es buen tiempo pa el algodón, si a los negros les da la gana recogerlo —repuso la señora Turpin—, porque los negros ya no quieren coger algodón. No hay forma de conseguir blancos, y ahora encima los negros tampoco quieren… porque no pueden ser menos que los blancos, claro.» (Cuento Revelación)

Últimamente los relatos han entrado a formar parte importante de mis lecturas. Hasta no hace mucho, y no sé por qué, me parecía que un relato era como algo menor, y que un lector no debía de frecuentarlos en exceso so pena de perder un tiempo valioso hurtándoselo a la lectura de novelas.  Rectificar es de sabios y donde Dije Digo, digo Diego. Vamos, que recojo velas y admito ya para siempre y sin cuestionamiento alguno la importancia del relato en mi disfrute literario. Es más, diría que en ocasiones es más complejo y difícil interesar al lector con un relato de escasas páginas que con una novela de varios cientos. Esta afirmación me la corregirán muchos de quienes en este momento la estén leyendo argumentando que el mundo ficticio que se consigue en un breve relato si se desea hacerlo novela hay que dotarlo (implementarlo, se dice ahora) de la pertinente tensión narrativa, algo que no puede realizar cualquiera. Esto es indudable, pero también lo es, -esto ya como mérito del relato-, la poeticidad que éste alberga, mucho mayor y mejor que la que cabe encontrar en una larga y extensa narración. El relato corto, el cuento, posee, cuando es bueno, como ocurre en el caso de los de Flannery O'Connor, una magia que la novela puede también llegar a alcanzar aunque no con la explosividad de la narración breve.




Los "Cuentos completos" de Flannery O'Connor
Flannery O'Connor, Carson McCullers, Faulkner, John Huston
He leído a plena satisfacción los cuentos contenidos en este volumen. Nada había leído de esta escritora norteamericana (1925-1964) aquejada de lupus eritematoso desde los 26 años de edad, enfermedad autoinmunitaria que trece años más tarde la llevaría a la tumba. El libro titulado Cuentos completos contiene 32 relatos, todos ellos sorprendentes, además de un muy buen prólogo realizado por el novelista español Gustavo Martín Garzo. De todos los cuentos a mí los que más me han impactado son los siguientes [Las fechas que figuran detrás de los títulos de los relatos corresponden al año en que vieron la luz por vez primera, normalmente en revistas literarias]:
  • Un hombre bueno es difícil de encontrar (1953): Una familia se encuentra en el transcurso de un viaje al Desequilibrado, un asesino que ha escapado de prisión. El Desequilibrado se muestra educado con la abuela egoísta y miserable que dialoga -más bien monologa- con él. Al tiempo el delincuente y sus secuaces van realizando su cometido. Las reflexiones filosóficas que acompañan a su terrorífico proceder me ha evocado por completo a Tarantino diez años antes de que el director de Pulp Fiction viera la luz.
  • El Río (1953): En este relato el sentimiento religioso de raíces evangélicas está muy vivo. Un niño de unos 5 años de nombre Harry Ashfield, bastante desatendido por sus padres, asiste con su vecina negra, la señora Connin al sermón de un predicador en El Río. El niño le dice que se llama Belvet como el charlatán; es bautizado por éste sintiendo desde ese mismo momento una inmensa y perniciosa  atracción por las aguas de la corriente. 
  • La buena gente de campo (1955): Un falso vendedor de biblias se aprovecha de la ingenuidad de los campesinos para conseguir engañarlos. Y no sólo vende biblias sino que a las personas que se consideran más listas como Joy, la chica coja algo impertinente que se muda el nombre en Hulga, las engaña burlándose o abusando de ellas.
  • Una vista del bosque (1957): Un abuelo que se lleva muy mal con su yerno y muy bien con su nieto va malvendiendo sus propiedades pese a la oposición de su hija y yerno. Su afán por humillar al yerno es tal que no sólo vende la parcela que éste trabajaba quitándoles a todos la hermosa vista del bosque sino que además intenta quitarle el cariño de su propio hijo.
  • Todo lo que asciende tiene que converger (1961): En este cuento una mujer obesa, madre de Julián, un treintañero deseoso de ser escritor y que por ahora debe conformarse con vender máquinas de escribir, vive absorta en un mundo que ya no existe, el de la segregación racial quiérase o no ya definitivamente abolida. 
  • Los lisiados serán los primeros (1962): Junto a El Río es de la selección personal que hago en esta reseña el cuento de mayor impronta religiosa. En éste, Sheppard, un educador psicólogo del Reformatorio desea ayudar a Rufus Johnson, un chico huérfano de 14 años con mal pronóstico para adaptarse a la vida en libertad que pronto le llegará. Sheppard desea ganárselo y para ello sermonea a su propio hijo Norton para que comparta con él lo mucho que tiene. Llega a alojarlo en su casa y pronto las actitudes del chico chocan con sus principios tanto en el plano del comportamiento social cuanto en el de las creencias pues Sheppard es ateo y Johnson posee unas asentadas convicciones religiosas que imbuye en Norton. Como tantos otros cuentos de O'Connor la resolución de éste es brutal y sorprendente.
  • Revelación(1964): Igual que en el relato anterior y en otros cuantos más la buena acción de "ayudar a los demás" se resuelve en recibir un mal pago por ello. Aquí la autora enmarca el asunto en el ámbito de una consulta médica lo que le permite mostrar en un reducto cerrado lo variopinto de la sociedad: «la muchacha fea, zapatos de girl scout y calcetines gruesos. La abuela que calzaba unas zapatillas deportivas, y la madre, típica gentuza blanca», la señora bien, la chica pelirroja que lee revistas... Y por debajo de todos, aunque en esa consulta no haya ninguno estarían los negros. A la Sra, Turpin que asiste con su marido Claud a la consulta le llamaba muchísimo la atención y le desorientaba completamente que «había también negros que tenían casa propia e incluso tierras. Había un dentista negro en la ciudad que tenía dos Lincoln rojos y una piscina y una granja con ganado de pura raza.» Tras un incidente que sufre en esa consulta, al llegar a su propia casa a través de un sueño recibirá una auténtica revelación.
La O'Connor era una mujer muy religiosa, una católica estricta. Su literatura se enmarca dentro de la literatura norteamericana del Sur. Y por su calidad está a la altura de un William Faulkner, a quien admiraba muchísimo, y de una Carson McCullers, a quien detestaba. Desconozco el porqué exacto de la repulsa hacia la McCullers pero por la biografía de esta última intuyo que la desaprobación se debiera más a motivos biográficos que literarios. Efectivamente para una ortodoxa católica como era Flannery, soltera además, que Carson McCullers se casara en dos ocasiones con su marido Reeves McCullers y abocara a éste a la muerte al incumplir el pacto de suicidio que ambos habían acordado, era algo que le debía de resultar repugnante. [en las reseñas que hace ya tres o cuatro años hice de dos títulos de Carson McCullers (La balada del café triste y El corazón es un cazador solitario) expongo más por extenso esta circunstancia vital del matrimonio McCullers]. Por su acendrado catolicismo se la relaciona con autores como Evelyn Waugh o Graham Greene y sobre todo con algunos franceses cuya influencia reconoció: Léon Bloy, François Mauriac y Georges Bernanos

Suele suceder que a veces aspectos secundarios priman sobre los literarios esenciales. Quizás es esto lo que le ha sucedido a esta escritora a la que siempre se le ha achacado como defecto su mostración objetiva del sentimiento norteamericano sudista y su muy fuerte religiosidad. Tal consideración me parece algo injusta pues pasa por alto la enorme calidad de su manera de hacer literatura. Por lo que he podido apreciar en estos relatos la personalidad artística de la escritora es incuestionable. Sirvan de ejemplo de esto que afirmo las tres citas que encabezan esta reseña tomadas de estos cuentos, narraciones duras -realistas, afirmaba ella siempre que se le preguntaba- que sorprenden con giros inesperados. 

Gustavo Martín Garzo en su magnífico prólogo fija su atención en los personajes, siempre seres complejos, contradictorios que sorprenden y perturban al lector. Al respecto dice que «En todos los cuentos de Flannery O’Connor asistimos a una transformación final del personaje, a un cambio que le permite abrirse, aunque sólo sea por un momento, a un instante de libertad incomparable.» y un poco más adelante insiste: «No se trata en suma de seres patológicos, porque la patología no anuncia nada ni comporta conocimiento alguno. El mal es materia de elección, en tanto que la enfermedad no lo es.» Y efectivamente así se comprueba al leer estos relatos. No son enfermos quienes protagonizan sus historias sino seres que están situados dentro de la propia maldad, que viven en ella, y es que, viene a decirnos Flannery O'Connor, el mal existe y aquí tenéis unos ejemplos.

Todo lo anterior y mucho más lo resume Martín Garzo en una frase que sirve para concluir lo que este volumen de los "Cuentos completos" de Flannery O'Connor es:
«Es un libro divertido y terrible a la vez, ante el que no sabremos si reírnos o sentirnos horrorizados. Falsos profetas, niños perversos, criminales visionarios, idiotas, mentirosos inocentes, ancianos perversos, santos que deliran, se dan cita en sus páginas.» 
Sobre la autora
Flannery O'Connor (Savannah, Georgia, 25 de marzo de 1925 - 3 de agosto de 1964). Hija única de una acomodada familia sureña de ascendencia irlandesa. Su acomodada cuna habría de ser una de las pocas gracias que le concediera la suerte. Siendo la futura escritora aún una niña, los O’Connor se trasladarían a Milledgeville, donde la madre poseía una casa y una granja. Allí transcurriría la mayor parte de la breve existencia de Flannery. Licenciada en Ciencias Sociales por el State College for Women de Georgia, obtendría una beca para proseguir estudios en la Universidad de Iowa, donde seguiría un curso de creación literaria.
Relatos góticos sureños, literatura sudista, cuentos norteamericanos

Si bien su primer relato vio la luz en 1946, la revelación literaria de la escritora se produjo en 1952 con la aparición de su novela Sangre sabia que años más tarde, concretamente en 1979, John Huston llevaría al Cine.  La autora pasó los últimos trece años de su vida aquejada de la enfermedad incurable que le afectó los huesos de las piernas y la obligó a andar con muletas. Estos terribles trece años los pasó escribiendo en la granja familiar de Milledgeville; su madre la cuidó y ella además de escribir se dedicó a la cría de pavos, precisamente uno de sus relatos, El pavo, habla de esto.
En 1955 publicó un volumen de relatos bajo el título de uno de ellos, Un hombre bueno es difícil de encontrar; en 1960 vio la luz su segunda y última novela, El cielo es de los violentos; y ya después de su muerte vería la luz en 1965 un segundo volumen de relatos agrupados también bajo el nombre de uno de ellos, Todo lo que asciende tiene que converger. Fue en ese momento que su literatura se consagró definitivamente.


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Nota:
Por la fecha en que aparecen estos relatos, Flannery O'Connor es un auténtico clásico de la Literatura Universal. Por esto la incluyo entre las lecturas de clásicos leídos este año dentro del Reto "Nos gustan los clásicos Vª edición". También su apellido O'Connor me permite ubicarla en la casilla de la letra O dentro del Reto "Autores de la A a la Z".

5 nov 2021

Algunas buenas películas (A pares XXIV)

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De lleno ya en el horario y rutina invernales cuando se auguran -por pura estadística, no por anticipación cual oráculo délfico- días fríos, lluviosos, y noches cerradas, creo que no viene nada mal proponer algunos títulos de películas para ver dentro y/o fuera de casa. Aunque veo más Cine a través de plataformas que directamente en Salas sin embargo sostengo desde siempre, adaptando el dicho, que hablando de Cine como en Salas en ninguna parte. Por eso abro y cierro este 'A pares' con películas que he disfrutado muchísimo en la butaca de un Cinema. Los otros seis títulos los he visto desde el sofá del salón de casa. A ver qué os parece mi selección.



El buen patrón 


Esta película de Fernando León de Aranoa que he visto en Sala no hace ni una semana me ratifica en la idea tan repetida y ya casi proverbial que reza eso de El Cine en el cine. Todo en esta cinta me ha gustado. Pero por encima de la historia, francamente original e interesante, y de la magnífica dirección del madrileño director de BarrioFamiliaLos lunes al solLoving Pablo y tantas más, lo que destaca en ella es esencialmente la actuación de Javier Bardem. ¡Qué pedazo de actor! Compone aquí un personaje bastante alejado de los habituales tipos duros, bárbaros, que le suelen dar debido seguramente a su físico. Por el contrario en El buen patrón Bardem da vida a un hombre afable, amable, que cuida con amor de la empresa de balanzas que heredó así como del bienestar de todos y cada uno de sus empleados. Es, en definitiva, un buen patrón pero, claro, la casa común que es la empresa debe de estar siempre por encima de todos y cada uno; parece razonable, ¿no?

Es la película que España presenta a los Oscar, y ¡ojalá que la nominen! Creo que León de Aranoa, Javier Bardem y todo el elenco -todos magníficos desde luego- bien lo merecen.



La defensa Luzhin  


Película del año 2001 realizada por Marleen Gorris. A raíz de la buena impresión que me dejó la novela de Vladimir Nabokov, "La defensa" de la que es adaptación la busqué y la encontré en Amazon Prime

No siempre (me) ocurre pero en esta ocasión sí que se (me) hace cierta la aseveración, nada científica por otra parte, que reza: "Buenas novelas dan malas películas; malas novelas se transforman en buenas películas". La película no es para nada mala, pero en mi opinión la directora holandesa no consigue transmitir en imágenes la mucha tensión narrativa contenida en el relato de Nabokov. Lo mejor del film sin lugar a dudas la magnífica actuación de John Turturro y de su pareja Emily Watson. El resto..., ¡mucho mejor en la novela!



Blue Jay


La película es la primera incursión en la dirección del director de fotografía Alexandre Lehmann. Se realizó en 2016 y su rodaje duró sólo siete días. Es un drama intimista que narra el reencuentro casual de dos enamorados veinte años después de su romance. Marck Duplass y Sarah Paulson dan cuerpo a estos adultos que en una cafetería, el Blue Jay, recuerdan sus escarceos amorosos del final de su adolescencia. Interesante incursión en las cabezas de estos seres que siempre consideraron que se debían una nueva oportunidad. La película la vi en Netflix por recomendación de Rosana del blog "Soy profesora y más" .




Ammonite 


También en esta ocasión fue la lectura de un libro el motivo de llegar hasta esta película. El libro fue la novela de Tracy Chevalier, "Las huellas de la vida" (año 2009), que presenta la interesante peripecia vital de dos palentólogas, Mary Anning y Elizabeth Philpot, durante una serie de años en una localidad del sur de Inglaterra. Fue tal la buena impresión que me dejó este relato que busqué por internet otras  plasmaciones de la vida de alguna de estas dos mujeres. Y encontré que existía una película del año 2019 firmada por Francis Lee que daba cuenta de una posible relación amorosa nunca comprobada entre una madura Mary Anning y una coleccionista de restos arqueológicos, la joven Charlotte Murchison, que está recuperándose de una fuerte depresión tras haber perdido el hijo que esperaba. La película se ve con satisfacción, como ya dije en la reseña que sobre la novela y el film tengo hecha en este mismo blog [para leer la reseña pinchar aquí], gracias especialmente al buen saber hacer de las dos actrices que dan cuerpo a estas dos mujeres: Kate Winslet para la madura Mary Anning, y Saoirse Ronan para la joven señora Murchison. El film se pasa en Movistar.




El olvido que seremos 


La verdad es que cuando se estrenó en Salas era tal el buen recuerdo que guardaba de la novela de Hector Faciolince de la que el film es adaptación que me negué a ir a verlo. No quería por nada del mundo perturbar la belleza que en mi cabeza conservaba de la historia de ese chico que admiraba a su padre y al que, gracias a su buen manejo de la escritura, habría de perpetuar en esa novela en la que denuncia la barbarie que el doctor Faciolince por su honestidad, independencia y rectitud pagó con la vida. 

Hace nada vi que Netflix la tenía en su catálogo y como recordaba que además Javier Cámara había ganado con ella el Goya al mejor actor me puse a verla. Hacía tiempo que no volvía a la obra cinematográfica de Fernando Trueba al que en una época fui fiel. Dos errores corregí, pues, con esta visualización: uno, vi que el director Fernando Trueba pese a algún desengaño me volvía a enganchar a su buena manera de hacer cine; y dos, Javier Cámara se revela una vez más como el gran actor que es. Debería de haberla visto en una Sala, concluí, porque la actuación del actor que la protagoniza y del resto del elenco creo que en la pantalla grande ganará en todos los sentidos.  




El pan de la guerra 

No suelo ver películas de animación. No sé por qué pero me parecen  propias de niños. Sí, sí, ya sé que estoy muy equivocado pues hay animación para adultos y de mucha calidad. Sin ir más lejos ahora mismo recuerdo el placer con que vi la adaptación en dibujos animados de la novela ilustrada de Marjane Satrapi "Persepolis".

Esta película, El pan de la guerra, la vi  empujado por la caída de Afganistán en manos de los talibanes (¡madre mía, ya casi ni nos acordamos de ello!). La pasaban en Netflix y la promoción que llegó a mi ordenador decía algo así como si quieres conocer cómo vivirán en Afganistán las mujeres a partir de la caída de Kabul tienes que ver esta película Y sí, la verdad es que pese a estar contada en dibujos impresiona y conciencia al espectador del sufrimiento que la población en general, y las mujeres en particular, deben de estar afrontando en estos momentos bajo el imperio de los talibanes. 

La película dirigida por Nora Towmey se realizó en 2017 y es la adaptación de la novela de igual título de la canadiense Deborah Ellis. Desde luego merece la pena verla.




Trenes rigurosamente vigilados 


He visto esta película de Jiri Menzel  en Filmin a raíz de haber leído la novela de mismo título escrita por el autor checo Bohumil Hrabal. Ambas, novela y película, son clásicos en literatura y cinematografía. La novela apareció en 1965 y rápidamente, en 1967, fue adaptada a la gran pantalla obteniendo ese mismo año nada más y nada menos que el Oscar a la mejor película de habla no inglesa. 

En mi opinión la novela ha soportado mucho mejor que la película el paso del tiempo. El humor de tono surrealista presente en la historia quizás lo aguanta más la letra impresa que la imagen. A mí la película me pareció lenta en exceso para una mentalidad actual.




Chavalas 


Esta película, al igual que la de El buen patrón de Fernando León de Aranoa con la que abro la entrada, las he visto en Sala guiado por las magníficas reseñas que sobre ellas leí en el blog de Miguel Pina que no me cansaré de recomendar a cualquiera que le guste el Cine. La dirección es de Carol Rodríguez Colás y es una película de este mismo año. A mí me ha encantado pues me parece muy fresca, muy directa, muy agradable de ver, muy de hoy, dura en parte, y sobre todo muy bien actuada por las cuatro actrices: Vicky Luengo (de las cuatro es la que tiene el papel más difícil, más protagónico y más lucido), Carolina Yuste (me gustó mucho en Carmen y Lola del año 2018 y en la obra de teatro Prostitución [tengo reseña hecha de ella] de la temporada 2020-2021en la que se codeaba sin desmerecer un ápice con Carmen Machi y Natalie Poza), Elizabet Casanovas (la conocía y me gustó mucho en la serie televisiva Merlí) y Angela Cervantes, única actriz desconocida para mí que hace un muy buen papel en el film.

El asunto: las ansias de salir del barrio, lo dura e ingrata que es la vida fuera de él, y cómo lo fundamental es ser fiel al lugar de donde se procede, no renegar jamás de lo que somos ni de donde venimos aunque para triunfar tengamos que desplazarnos lejos.

2 nov 2021

Manuel Vilas. Los besos. Novela

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«Y me di cuenta de que da igual, de que el envejecimiento es la edad de las igualaciones. Si te mienten, es hermoso. Si te dicen la verdad, también es hermoso. Porque los besos sí fueron reales, y eso es la certeza, la única certeza del mundo.»

Supe de Manuel Vilas, como tanta otra gente, a raíz del Premio Nacional de Novela que en 2018 se le concedió por su magnífica "Ordesa". Fue leer esa novela y quedar atrapado en las redes de su peculiar prosa. De "Ordesa" salté a la poesía contenida en su poemario "Amor" y luego ya en 2019 leí su breve pero sustancioso "Nueva teoría de la urbanidad", librito que pese a nacer como regalo por parte del autor a una editorial esconde en su interior la filosofía existencial y nihilista propia del escritor envuelta en la ironía, la guasa, la broma, la agudeza...; en definitiva en ese estilo burlón, chocarrero muchas veces, tan característico en él [de los tres títulos citados tengo reseñas hechas en este blog que se pueden leer haciendo clic en cada uno de los títulos]. De manera que cuando en la muy reciente Feria del Libro de Madrid vi "Los besos" en la mayoría de las casetas y luego leí no pocas reseñas positivas sobre el mismo en los muy fiables blogs literarios que frecuento supe que habría de leerlo. Y eso es lo que acabo de hacer.

Los besos, novela de Manuel Vilas. Literatura de la COVID-19
Sinopsis
. De la novela dice la propia editorial en la contraportada del libro lo siguiente:
Marzo, 2020. Un profesor abandona Madrid por prescripción médica, va hasta una cabaña en la sierra y conoce a una mujer apasionada quince años menor. Él se llama Salvador; ella, Montserrat, y entre los dos crece una confianza plena e inesperada, llena de revelaciones.
Sus encuentros son un gran baño de luz. Salvador se ilusiona y le cambia el nombre, la llama Altisidora, como un personaje del Quijote. Ambos se enamoran y construyen una relación madura, con las prevenciones propias de sus cuerpos y recuerdos: el pasado reaparece constantemente.
Los besos es una novela de amor romántico e idealizado, pero también de piel y amor carnal, de cómo en mitad de una crisis universal dos seres humanos intentan regresar a la patria biológica y atávica del erotismo, ese lugar misterioso donde hombres y mujeres encuentran el sentido más profundo de la vida.

Mi comentario
Los besos es una novela que va in crescendo. Comienza un poco en un tono menor, lento o moderato, para con el paso de sus páginas ir ascendiendo ascendiendo hasta llegar a un tutta orchestra magnífico, espléndido, sonoro, tremendo, humano, necesario, comprensivo, total. Un a tutta orchestra que queda suspendido en el aire, en la nada, tras la experiencia vivida por Montserrat/Altisidora y Salvador, los protagonistas de estos besos a través de los cuales se elevan hasta otra dimensión vital logrando así escapar de la vulgaridad del momento.

Salvador es un profesor de instituto a quien han prejubilado anticipadamente dados los problemas de memoria que últimamente está sufriendo. El sindicato de la enseñanza al que pertenece le ha concedido la estancia durante un tiempo en una cabaña de la sierra de Madrid a donde se desplaza para así huir de la ciudad cuando el confinamiento decretado por el gobierno por culpa de la COVID-19 está a punto de hacerse realidad. Allí, en Sotopeña, nombre ficticio de esta población serrana, Salvador queda prendado nada más verla de Montserrat, una mujer quince años menor que él que trabaja en un supermercado de la localidad a donde él se acerca a por provisiones. Es un flechazo, un amor a primera vista, que lo dejará tocado y que, afortunadamente para él, será recíproco pues Montse se ocupará de llevarle viandas dado que en la cabaña que habita apenas si Salvador tiene algo. 

Salvador es un hombre que necesita pocas cosas. A Sotopeña acude con poco equipaje, dos ediciones de El Quijote y una Biblia. Allí, en Sotopeña, a sus 58 años Salvador encontrará el amor en Montserrat a la que con cervantino ingenio llamará Altisidora. Esta analogía Quijote / Salvador y Montserrat-Altisidora / Aldonza-Dulcinea le servirá para desarrollar la trama. Al tiempo, la línea cronológica de 2020 en que sucede el enamoramiento narrado se cruza en un claro desplazamiento al pasado con la de 1981 cuando el narrador era estudiante en Madrid y vivía en una residencia de nombre Academia donde hizo fuerte amistad con Rafael Puig, amigo con quien hablaba de todo lo humano y lo divino en un ámbito de confianza y sana amistad como nunca jamás volvería a tener. El personaje de Rafael le pone en contacto, comunicación o revelación, con el lado misterioso de la existencia. Rafael es un chico que anticipa el futuro, que sabe con antelación lo que va a suceder e incluso que logra comunicarse con los ya fallecidos. Esta dimensión mágica, inexplicable racionalmente, se denomina en el relato por parte del narrador, que no es otro que el mismísimo Salvador, como Oscuridad

El amor que surge de manera inopinada en esta pareja de seres ya maduros es una auténtica revelación para ambos, en especial para Salvador, un hombre soltero que se veía ya abocado a no vivir una pasión semejante. Salvador a lo largo del relato no quiere caer en el estereotipo masculino, no quiere tener la obligación de dar él el primer paso, no desea hacerlo porque tiene miedo al rechazo, al fracaso, quizás porque se sabe mayor. Montserrat es una mujer con arrestos, decidida; además de cajera en el supermercado donde trabaja es madre de Marc, un niño de ocho o nueve años que vive en Alemania con su padre del que ella está separada. Para Montserrat Marc es lo primero y eso Salvador lo sabe.

En la vorágine existencial y el aislamiento provocados por la decisión gubernamental del confinamiento obligatorio ambos, Salvador y Montserrat, hallan en su relación un salvavidas, una isla donde refugiarse de la sinrazón de la misteriosa pandemia surgida de la propia Oscuridad y de las decisiones de los políticos que bombardean las mentes de los ciudadanos con verborrea incesante y hueca: 
  • «Pongo la televisión y sale el presidente del Gobierno de España, o sea, Narciso, y en su cara brilla el virus de la entropía, pues tarde o temprano perderá unas elecciones y vendrá otro que abominará de él
  • «Narciso está en la tele de nuevo. Yo creo que le gusta. Mueve las manos en señal de una nueva liturgia en donde se comprometen la solidaridad, la eficacia gubernamental, la invocación igualitaria a todos y todas»[...]
  • «A nuestro Narciso le da igual el virus porque también está enamorado, pero de sí mismo. Los enamorados no vemos el virus. Yo estoy enamorado de Altisidora. Narciso lo está de sí mismo
  • «El Narciso de España se acerca a la psicopatía, al cinismo y al sadismo, el de Estados Unidos también.»
Frente a la vulgaridad de la vida cotidiana presente en esas comparecencias televisivas Salvador busca la belleza como único asidero vital. Lo encuentra en el amor a Montserrat a quien convierte en Altisidora, personaje cervantino de "El Quijote" obra que está releyendo y que frente a la Biblia, el otro libro que se ha llevado a la cabaña de la sierra es su auténtica guía vital. Antes que el Dios revelador bíblico, él prefiere el dios revelador humano, Cervantes, con sus contradicciones, sus errores sintácticos a veces y de contenido otras cuantas más. Salvador es un romántico, un idealista, que encuentra el amor en su madurez, que quiere que perdure pero no exclusivamente en un nivel genital o meramente sexual; por eso espiritualiza a Montserrat, la cajera del supermercado y como hiciera don Quijote con Aldonza Lorenzo transformándola en Dulcinea del Toboso, él transmuta a Montse, con el permiso de ella por supuesto, en Altisidora. Y Montserrat se entusiasma ante esta prueba de amor por encima de la mera cópula. Sentirse amado/a y deseado/a es casi más importante que el propio ejercicio de la sexualidad. 

Reflexión, humor, sexo, vejez, amor en Manuel Vilas
"La literatura es la habilidad de un escritor para ponerse en el punto
 de vista de alguien a quien a lo mejor no le cae bien" 
// Clara Rodríguez
Hay en Los besos un claro homenaje al amor romántico; a Cervantes, que puso a recorrer el mundo a don Quijote, un idealista enamorado de un imposible; al amor en la madurez e incluso en la vejez; al ejercicio de la sexualidad en esa edad... En definitiva hay en esta novela una evidente reivindicación de la vida, aunque sin olvidar que es finita y que la entropía -concepto que como el de Oscuridad llena la novela- o sea la incertidumbre, el desorden consustancial a ella, está ahí elevándose por encima de los dioses actuales -en especial de la Ciencia- tal y como la COVID-19 ha venido a demostrar. En un mundo y una sociedad que vive de espaldas a la muerte como si la misma no existiese o ya estuviese vencida dice Manuel Vilas en una magnífica entrevista concedida al diario Voz Pópuli lo siguiente: «Nosotros, los escritores, lo que hacemos muchas veces a través de las novelas o de los ensayos es recordar que la muerte está ahí y tratar de contarla, describirla, precisarla… para que el lector lo recuerde. Hacemos como de recordatorio de los grandes temas de la vida que a veces la sociedad elimina de las pantallas porque son incómodos

Es curioso, pero nada extraño, que en esta respuesta al periodista Carlos H. Vázquez, Vilas convierta casi en términos equivalentes novela y ensayo; y es que mucho de reflexión, de especulación, de introspección, de pensamiento, hay en Los besos. Son pensamientos exclusivos unas veces de Salvador y otras, nacidos a través del diálogo con Montserrat. Salvador está constantemente sometiendo todo a análisis, incluso los elementos más insignificantes o que así pudieran parecerlo. En su proceso introspectivo salta de unos asuntos a otros de manera que a veces da la sensación de perderse en futilidades («Es una bombilla de 75 vatios. Fue una revolución esa bombilla, porque las de 60 vatios eran un tanto débiles y las de 100 eran excesivas. De modo que la de 75 fue un éxito que sí supuso un paso adelante de la humanidad.») aunque siempre hay algo importante en ello, en este caso el paso del tiempo. Esta manera de pensar, de considerar el mundo en derredor, de ver a Montserrat como Altisidora, de no comportarse como quizás se entendería debería actuar un hombre, lleva a Montse a tildarlo de loco, pero de loco maravilloso («Montserrat/Altisidora se ríe, se emociona también, y me dice: Claro que sí, es un nombre hermoso. Bien, ya soy Altisidora. Estás completamente loco, pero mientras no seas el Anthony Perkins de Psicosis me conformo. Porque no estás loco, ¿no?»). 

Lo anterior es muestra de la radical diferencia que existe en esta pareja de solitarios que han encontrado en los besos, manifestación y preludio del amor, un refugio a su soledad. Montserrat sólo es Altisidora en los brazos de Salvador, pues en el resto es una mujer que tiene bien asentados los pies en el suelo. Eso lo intuye o mejor lo sabe Salvador, casi desde el inicio de la relación. Sabe que por encima de todo para Montse está Marc, su hijo; y lo sabe aunque ella jamás lo diga de manera directa:
«cosa que no haré jamás [formularle a Montserrat la pregunta de si sería capaz de dar como prueba de amor su vida por él], porque sé la respuesta, la sé porque su hijo Marc es más importante que yo, y eso también es una obra maestra de la vida, el hecho de que ella esté más enamorada de su hijo que de cualquier hombre que haya existido, exista o existirá. Los misterios son todos profundamente hermosos.»
En la novela la dualidad hombre-mujer es evidente y se muestra sin tapujos porque no es lo mismo ser hombre que ser mujer. Quizás aquí, en el fondo anide el tono burlón e irónico de Vilas que disiente del pensamiento dictado por la superioridad respecto a cuestiones de género. En la invocación televisiva de Narciso a «todos y a todas» ya se percibe el sarcasmo; aunque no hay sarcasmo alguno en la distancia que separa la consideración suya y la de ella sobre lo que están viviendo durante los meses de 2020 que van de marzo a agosto:
«Ahora comprendo que ella en realidad, en el fondo, no pensaba como yo. Ella buscaba un amor en el tiempo, y yo una belleza atemporal. Ella buscaba un ser humano y yo un arquetipo. Ella buscaba el sol y yo una estrella más pequeña.».
En definitiva, Salvador es un romántico y ella una mujer realista que vive el día a día. Quizás de ahí derive la distinta actitud ante el sexo de uno y otra, la erotización y la destrucción del ideal amoroso por cualquier futilidad. 

El estilo es el propio de Manuel Vilas, un estilo reflexivo, introspectivo a veces, dialogado en otras aunque siempre de esa manera indirecta que los narradores fronteros con el ensayo suelen utilizar. El escritor de Barbastro construye una novela interesante que no deja indiferente, que habla de muchas cosas, en especial del Amor, del Tiempo, de la Muerte, del Olvido, del misterio de la vida (la Oscuridad en el relato), del Hombre y la Mujer, del Erotismo, de la Vejez, de la maternidad, etc., etc. Todo muy bien engarzado, sin forzar nada, con una naturalidad que enamora al lector de la literatura del de Barbastro.

Y enamora además porque la novela rezuma poesía, musicalidad, filosofía, trascendencia..., cultura de todo tipo. Como es habitual en el autor la música ocupa un lugar importante en la narración desde la clásica («Lascia Ch’io Pianga» de Haendel) pasando por los clásicos del jazz (John Coltrane, Nina Simone o Amy Winehouse) hasta compositores actuales de música romántica como Franco Battiato.  Vilas y el narrador en primera persona de la novela aman el Cine y eso se percibe en la utilización que hacen de él (con Psicosis de Hitchcock o con Deseando amar de Wong Kar-Wai, por ejemplo) como referente explicativo de su situación:
[Altisidora] «Es el agua frente a la piedra. El agua, como en aquella película que vi una vez, aquella que se titulaba 'Deseando amar', en donde al final de la historia nacía una pequeña planta en medio de las piedras.»  
Para finalizar sólo me quedaría aludir a lo que ya he manifestado al inicio de esta reseña y que es seña de identidad de su manera de hacer literatura. Manuel Vilas posee un estilo nihilista sí, pero que no cae en el desaliento; es consciente de que el capitalismo nos rodea por todos lados y que la ancianidad en la que a sus 58 años -casual o irónicamente la misma edad de Salvador en la novela- está a punto de ingresar no se desarrolla al margen del mismo.
  • «Somos sociedades llenas de ancianos, en España los ancianos son millones. Lo llaman envejecimiento de la población, que es un eufemismo.
  • «La invención de la ancianidad es la esencia de Europa. La tercera edad es un invento del capitalismo social. A veces pienso que el capitalismo tiene sentido del humor.»
Sólo una mirada irónica sobre la vida permite sobrellevar la inmensa contradicción que es la misma. A esto añade Vilas a través de Salvador la incesante búsqueda de la belleza. A la edad en que éste se encuentra sólo la belleza puede ser acicate para perseverar en la vida. En eso Salvador, a las puertas de la ancianidad, difiere de Montserrat quien con 43 años y un hijo aún es joven y vive con avidez el presente temporal y no la belleza atemporal que busca Salvador.
  • «Nos hacen vivir sin belleza, y lloramos en los callejones. Sin belleza, y bien alimentados, con buenos surtidos de antibióticos, con muchos médicos, con muchas escuelas públicas, pero sin belleza, sin un gramo de belleza en ninguna parte.»
  • «Ya sé por qué los ancianos perseveran en la vida. Es por la belleza. Porque el mundo es bello en sí mismo. En la ancianidad se descubre eso. Ya no hay ruido. Ya no está pasando nada. Solo pasan las horas, una detrás de otra.»
  • «"Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío, alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina", escribió el poeta español Luis Cernuda, y esa es la única libertad que cuenta
  • «una cosa maravillosa te regala la madurez es la desactivación de toda vanidad y la activación de la belleza del adiós, sea de la naturaleza que sea ese adiós y tenga la causa que tenga.»
Sólo una sola cosa más para definitivamente finalizar. La novela que ha comenzado con una sorpresa aunque suficientemente intuida por todos, el decreto del Confinamiento obligatorio durante tres meses de toda la población española, se cierra con otra sorpresa igualmente intuida o sospechada por todos, el autoexilio voluntario del Rey Juan Carlos I. Desde luego no ganamos para sorpresas, aunque como digo sean sorpresas de baja intensidad dado que estaban ya en la cabeza de todos. 


Si hay algo que me interesa especialmente en esta ocasión es conocer la opinión de aquellos que hayáis leído Los besos de Manuel Vilas. ¿Qué es lo que más os ha llamado la atención de ella? ¿Os parece una obra distinta a otras del novelista o quizás os parece más de lo mismo? No sé, creo que es una novela que despierta preguntas en quien la lee; una novela, desde luego, apropiada para una tertulia literaria; una novela que, aunque trata de la intimidad de la pareja, estimula la discusión social sobre la misma. Una novela, en definitiva y de cualquier manera, interesante sin duda alguna.

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