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19 mar. 2019

"Mientras escribo". Stephen King descubre sus procedimientos de escritura

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“Escribir no es cuestión de ganar dinero, hacerse famoso, ligar mucho ni hacer amistades. En último término, se trata de enriquecer las vidas de las personas que leen lo que haces, y al mismo tiempo enriquecer la tuya. Es levantarse, recuperarse y superar lo malo. Ser feliz, vaya. Ser feliz”.

Stephen King, "Mientras escribo", Procedimientos de escritura
Este libro se comenzó a escribir en 1997 ["Me llamo Stephen King, y escribo el primer borrador de este texto en mi mesa de trabajo (la que está puesta donde baja el techo) una mañana de nieve de diciembre de 1997", p. 80] aunque por vicisitudes que King explica en su interior lo abandonó en varias ocasiones. Cuando en 1999 el novelista fue arrollado por un vehículo mientras hacía footing y estuvo a un tris de no contarlo decidió, durante el largo período de rehabilitación, retomarlo y darlo a la imprenta al año siguiente. En ese momento el escritor había sacado ya a la luz unas 35 obras y estaba encumbrado en lo más alto de escritores autores de novelas de terror, suspense y fantasía supranormal.

He leído este libro sobre el oficio de escribir a raíz de la satisfacción que hace nada me produjo "Carrie", su primera novela, publicada con éxito arrollador [la reseña que hice sobre esta novela se puede leer aquí]. También debo decir que la recomendación que del mismo me hicieron Conxita Casamitjana del blog "Enredando con las letras" y David Rubio Sánchez del blog "Relatos en su tinta" han hecho que anticipase su lectura (¡gracias, amigos!). Es precisamente del antes, el durante y el después de "Carrie" que versa este breve tratado sobre su manera de abordar la escritura. 

Hay en él mucho de su propia peripecia vital: sus orígenes familiares; ese padre ausente que apenas si llegó Steve a conocer; esa madre esforzada que lo sacó adelante ayudada por hermanas y cuñados; el instituto y cómo la manera de abordar sus escritos escolares llamó la atención de los profesores; el fichaje para la revista escolar; el salto al periódico deportivo de la localidad; los sucesivos rechazos que sus relatos recibían de las editoriales; la Guerra de Vietnam; sus trabajos diversos para contribuir al esfuerzo que su madre hacía para enviarle a la universidad de Maine; los relatos que enviaba a revistas populares y picantes que normalmente le eran devueltos; el primero que le publicaron y le pagaron; el descubrimiento de la que sería su mujer, Tabitha, en la biblioteca de la Universidad de Maine ("Una chica delgada de risa escandalosa, pelo teñido de rojo y unas piernas de impresión, perfectamente a la vista gracias a una minifalda amarilla. [...] Se llamaba Tabitha Spruce. Nos casamos al año y medio. Seguimos juntos.", p. 44); su trabajo como profesor de lengua en colegios e institutos que a punto estuvo de hacerle abandonar definitivamente la escritura; qué elementos de la vida real le sirvieron de inspiración para "Carrie"; cómo decidió arrojar a la papelera los folios en que había escrito la historia de Carrie White, una chica rara con facultades telequinésicas; cómo Tabitha, su mujer pero también su fiel lectora y consejera, le dijo que finalizase esa historia y la enviase a la editorial 'Doubleday'; cómo la editorial aceptó la obra, le dio un adelanto sustancial de dinero y cómo a partir de ese momento todo cambió.

Si lo anterior hace referencia al nacimiento del escritor de éxito, no puedo por menos de señalar otras notas biográficas que desconocía por completo y que me parecen de mucho interés. En primer lugar estaría que a raíz del éxito de "Carrie", King pudo contribuir a sufragar los gastos que la enfermedad de su madre estaba ocasionando a la familia. Pero lo que más me ha impresionado de esta etapa del escritor de éxito que todos los años publicaba otra obra -a veces dos o más- de igual o mayor relevancia ("El resplandor"y "Rabia" en 1977, "La larga marcha" y "La zona muerta" en 1979...) es su caída en el alcoholismo. Es interesantísima esta parte de la obra en la que el autor cuenta que durante bastantes años se engañaba a sí mismo como un imbécil (“Los alcohólicos erigen defensas como diques los holandeses. Yo me pasé los primeros doce años de mi vida matrimonial diciéndome que «sólo me gustaba beber»", pág. 74) y también cómo con mucho esfuerzo logró abandonar la adicción al alcohol y a otras drogas en las que cayó y salvarse él, su matrimonio e hijos... todo.

Tras estos muy interesantes datos biográficos, "Mientras escribo" pasa a hablar ya más concretamente de aquello que promete su título, o sea, de escribir. En este extenso apartado Stephen King hace un recorrido por todo el campo de la escritura y su resultado: los libros. Cuenta aspectos secundarios al propio acto de escribir cuales son que siempre escribe oyendo música ("ponía a Fats Domino, y ahora a Bob Dylan y los Dave Clark Five", p. 69), el escritorio en el que trabaja, y la necesaria rutina empleada para logar sacar los producos que crea y el mercado espera de él:
 “En mi caso el horario está bastante claro. Dedico las mañanas a lo nuevo, la novela o cuento que tenga entre manos, y las tardes a la siesta y la correspondencia. La noche pertenece a la lectura y la familia, a los partidos televisados de los Red Sox y a las revisiones más urgentes. Por lo general, la escritura se concentra en las mañanas.” (p. 116)
La caja de herramientas
Stephen King no comulga con la romántica imagen del escritor que recibe la visita de las musas que le inspiran obras maestras que él tan sólo transcribe. No, para nada. En la escritura, como en cualquier otro oficio es preciso tener una buena caja de herramientas con diversos niveles o cajones. En el primero es donde están vocabulario y gramática. Incide King sobre todo en la necesidad de evitar adverbios y lo que él llama esferoides verbales –swifties, "en referencia a Tom Swift, el valiente héroe-inventor que protagonizó una serie de novelas de aventuras escritas por Victor Appleton II” (pág. 97)-, es decir, esos sustitutos de la forma 'dijo' del estilo 'graznó', 'espetó'... y otros de este jaez.

Nivel esencial en un escrito es el párrafo: “Yo soy del parecer de que la unidad básica de la escritura es el párrafo, no la frase” (pág. 104). Párrafos extensísimos acobardan al lector más entusiasta al igual que las frases muy largas. Pero esto no siempre es una regla que funcione pues a él mismo prefiriendo la sencillez y la frase breve, no engolada, sin embargo “Los puentes de Madison” de Robert James Waller no le gusta por el exceso de brevedad en la frase; por el contrario a veces el exceso de longitud es bueno y el lector se disgusta cuando observa que la larga historia que está leyendo se acaba como así lo sienten “Los lectores de ‘Lo que el viento se llevó’, de Margaret Mitchell, o de ‘Casa desolada’, de Charles Dickens” ( pág. 105) .

¿Por qué sucede lo anterior? Pues simplemente porque en esta caja de herramientas no se puede obviar el nivel del estilo (imágenes frescas y vocabulario sencillo) que es lo que distingue las obras buenas de otras que no lo son tanto. Y en esta diferenciación que se da incluso dentro de la producción de un mismo autor no se puede obviar que además de la carpintería, de las palabras, del estilo personal... hay que "tener presente que también hablamos de magia" (pág. 106)
mis primeros maestros fueron Chandler, Hammett y Ross MacDonald, y es posible que mi respeto por la fuerza del lenguaje descriptivo compacto aumentara al leer a T. S. Eliot y W. C. Williams (como en 'La carretilla roja', con su contraste entre ésta y las gallinas blancas).” (p. 140).
Metido ya en la harina de la propia escritura, el novelista afirma que son tres los elementos que integran una narración: “A mi modo de ver, todos los relatos y novelas constan de tres partes: la narración, que hace que se mueva la historia de A a B y por último hasta Z, la descripción, que genera una realidad sensorial para el lector, y el diálogo, que da vida a los personajes a través de sus voces.” (p. 125)
Tras esta afirmación King se muestra contrario al ‘esquema argumental’: “Para mi, el esquema argumental es el último recurso del escritor, y la opción preferente del bobo.” (p.126). Lo que no quita para que entre su extensísima producción catalogue algunas de sus propias novelas dentro de las de esquema argumental aunque en su opinión no destacan entre las mejores ("'Insomnia' y 'El retrato de Rose Madder' no destacan por su calidad", pág. 131). A él le gusta más que sus narraciones planteen situaciones que según vaya avanzando la escritura de la novela evolucionarán en un sentido o en otro. Así escribió "Carrie", planteando la situación de una chica a la que le viene su primera menstruación en unas duchas colectivas ante el resto de compañeras.
'El juego de Gerald' y 'La chica que amaba a Tom Gordon' son otras dos novelas de situación pura. Si 'Misery' son «dos personajes en una casa», 'El juego de Gerald' es «mujer en un dormitorio», y 'La chica que amaba a Tom Gordon', «niña perdida en el bosque» […] De mis novelas sobre argumento, la única que me gusta es 'La zona muerta' (y es de justicia añadir que muchísimo).” (p. 131).
 A veces en esta clasificación que realiza de su propia producción aflora el humor: “resulta que sí, que has escrito una porquería (y, como autor de 'La rebelión de las máquinas', estoy autorizado para afirmar que es posible)” (p. 173).
Muchas de estas porquerías de novelas él las atribuye a ese período en que estuvo preso en el infierno del alcohol y las drogas.

De todo su proceso de escritura, por encima de otros muchos aspectos, Stephen King destaca la importancia de las revisiones. Dice que al finalizar la escritura de las historias es el momento de las segundas redacciones. Es entonces cuando se detecta o no el tema o temas de la narración, así como diversos simbolismos: "Hay dos ejemplos de la utilidad de las segundas versiones: el simbolismo y el tema" (pág. 156). Es en la segunda versión donde se incide más o menos en ellos siempre que se vea su utilidad para la historia, porque por encima de todo siempre está la historia. Es la revisión un momento de máximo disfrute para el autor:
Si algo adoro de escribir, por encima de todo lo demás, son esos relámpagos de intuición en que se te relaciona todo. Los he oído calificar de «supralógicos», y es lo que son.” (p. 162)
Por último realiza una alabanza de los clubes de lectura y de los blogs literarios por las aportaciones que se hace en ellos cuando comentan la obra:
si el tema está bastante claro, los que comenten la novela podrán proponer su propia moraleja y sus propias conclusiones. Lo cual no tiene nada de malo, porque ese tipo de comentarios son uno de los grandes placeres de la lectura” (p. 164)
Sin embargo se muestra muy cítico con los Cursos de Escritura:
Club de lectura, Taller de escritura
Truquitos y artilugios los hay de sobra: la onomatopeya, la repetición incrementada, el flujo de conciencia, el diálogo interior, las cambios de tiempo verbal (está de moda narrar en presente, sobre todo en el relato breve), la engorrosa cuestión de los precedentes (cómo incluirlos y en qué cantidad), el tema, el ritmo (de los dos últimos hablaremos in extenso) y una docena de cuestiones más, todos los cuales se tratan (a veces hasta el agotamiento) en los cursos y manuales de escritura al uso.” (p. 155). 
Cuando aborda este asunto de los denominados recursos estilísticos manifiesta que
 “Como lector, me interesa más lo que va a suceder que lo que ya ha sucedido. Reconozco que hay buenas novelas que van a contrapelo de esta preferencia (¿o hay que llamarlo prejuicio?): una es 'Rebeca', de Daphne du Maurier.” (p. 180). 
Vuelve luego otra vez al asunto de las clases de escritura a las que sí que reconoce dos ventajas: Una es para los alumnos dado que “Las clases de escritura son de los pocos lugares, si no el único, donde no está mal visto pasar porciones generosas de tiempo libre en un mundo de sueños.” (p. 190); la otra es para quienes las imparten pues “Para muchos escritores mal pagados, la solución es enseñar lo que saben a los demás.” (p. 191).

Y concluye con su peculiar sentido del humor diciendo sobre esta cuestión que
Las clases o seminarios de escritura son tan poco «necesarios» como este libro o cualquier otro sobre el oficio de escribir.” (p. 191)

El Lector Ideal
Importantísimo para él es la valoración que, antes de entregar la novela a la editorial, le hagan algún o algunos lectores en cuyo criterio él confía ciegamente. Afirma que su lector ideal siempre ha sido su mujer Tabitha que además es también escritora. Destaca de ella su sagacidad y buen juicio y recuerda los consejos que le diera para "Carrie", su primer gran éxito. Gracias a los mismos logró dar a esa historia de poderes paranormales verosimilitud y sensación de realidad:
La sensación de realidad es importante en todas las obras de ficción, pero considero que en un relato que trate de fenómenos anormales o paranormales todavía reviste mayor importancia.” (p. 186)
Este ensayo sobre su manera de hacer novelas lo concluye igual que lo comenzó, afirmando que

 "leer y escribir mucho es la verdadera escuela del escritor".

Cierra la obra un epílogo titulado "Coletilla, segunda parte: Una lista de libros" en el que intenta responder a una pregunta recurrente en cuantas presentaciones de libros y conferencias da, la de "¿Usted qué lee?". Su respuesta consiste en un listado de 96 títulos, que cualquiera puede consultar en las páginas finales de este tratado.
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"Mientras escribo" apareció publicado por primera vez en el año 2000. En 2016 hubo una reedición del mismo coincidiendo con los 70 años de edad de su autor


12 mar. 2019

Gerardo Vera pone en escena "El idiota" de Fiodor Dostoievski versionado por José Luis Collado

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Gerardo Vera llevó a las tablas "Los hermanos Karamazov" de Dostoievski hará cosa de, aproximadamente, cuatro años. Cuando acudí a verla dudaba de si una narración que en algunas ediciones alcanza la nada despreciable cifra de 1200 páginas cabría en el formato de una representación teatral. Pues sí, la gesta de tal jibarización la había logrado, y con acierto, José Luis Collado. La puesta en escena de "Los hermanos Karamazov" había corrido por cuenta de Gerardo Vera. La representación en ese ya lejano 2015 fue un rotundo éxito. [en "Reflexiones", mi otro blog, podéis leer mis impresiones sobre esta obra]


Es evidente, pues, que cuando vi que el Teatro Mª Guerrero programaba para esta temporada 2018-2019 otra puesta en escena de Gerardo Vera sobre un texto de Dostoievski en versión dramática de José Luis Collado no me lo pensé dos veces y allí que me planté a ver cómo en esta ocasión había conseguido el adaptador meter unas 800 páginas en una representación de 2 horas. Al decir de los entendidos en la obra del gran reslista ruso, el reto de meter una historia narrativa de 800 páginas en una historia teatral de no más de 60, Collado lo había superado con éxito. A tal logro contribuía, sin duda alguna, la magnífica e interesantísima puesta en escena ideada por Gerardo Vera quien en su cabeza -según confesión suya- llevaba la realización de una trilogía dostoievskiana; pero tal idea se truncó -o al menos se frenó- por culpa de una dolencia cardíaca que lo alejó del Teatro durante un tiempo. "El idiota", pues, supone su reincorporación a la actividad, una reincorporación exitosa por demás.

El mismo Gerardo Vera en el programa de mano que se entrega dice sobre la historia que se cuenta lo siguiente:
El príncipe Myshkin de Dostoievski es el último miembro de una familia noble y arruinada. Padece, como el propio autor y como el Smerdiakov de los Karamázov, ataques epilépticos. Sus pasiones son extremas, tiene una personalidad angustiada y una ardiente necesidad de amor, posee un orgullo sin límites y se deleita la mayoría de las veces en ser humillado. Infinitamente soberbio, se complace en su propia superioridad y en la manifiesta indignidad de los demás. Los que no le conocen se burlan de él; los que sí lo hacen, no pueden evitar temerle. Podría convertirse en un monstruo de rencor y de deseos de venganza, pero el amor le salva, le llena de la más profunda compasión y le enseña a perdonar los errores de los demás, desarrollando así a lo largo de la narración un elevado sentimiento de moralidad.
Todos los personajes que le rodean no pueden evitar dejarse fascinar por él, pero al mismo tiempo sienten un profundo terror ante esa mezcla de orgullo, pasión e inocencia que a todos les desborda. Este es el personaje, este “idiota” que no lo es tanto y que ya forma parte de los grandes personajes de la literatura de todos los tiempos.
Se ve claramente que estamos ante unos personajes en cuya relación la psicología tiene un importante papel. Son unos seres que actúan pero en su actuación su pensamiento interior cumple una función esencial. Al tiempo esos pensamientos interiores están mediatizados por el entorno, una sociedad de alta burguesía en crisis, en cuya actuación la hipocresía es central. Este modo de comportamiento se quiebra cuando aparece un inocente, la bondad personificada, un idiota al decir de todos, en cuyo comportamiento el amor es esencial. La historia tiene a veces claras resonancias -a mí me lo pareció, al menos- de las amables historias de enredo de nuestro teatro clásico. La disputa por el amor del Príncipe Myshkin (Fernando Gil)  entre las dos jóvenes, Aglaya (Vicky Luengo) y Nastasia (Marta Poveda) puede en algunos momentos parecerse a las de las comedias de nuestro Siglo de Oro, si bien hay en "El idiota" una mucho mayor profundidad psicológica y dramática.

CDN, "El idiota", Fiodor Dostoievski, Gerardo Vera, José Luis Collado
La bondad, la verdad inocente, la piedad incluso, es el motor de la representación. El Príncipe no sabe mentir, no es un hipócrita, dice siempre la verdad, y por eso encaja a duras penas en esta sociedad burguesa, urbana, toda ella llena de falsedad. Cuando ve a Nastasia algo en su interior le llama y lo mismo le sucede a ella hacia él. Sin embargo hay una gran diferencia en el curso vital de uno y otro personaje, pues mientras Myshkin es puro y desconocedor de las triquiñuelas y maldades burguesas, Nastasia está de vuelta de todas ellas e incluso implicada en las mismas: amante del adinerado Afanasi (Abel Viton) a quien en el fondo odia, y embaucadora del burdo pero sincero en sus sentimientos Rogozhin (Jorge Kent), a quien casualmente el Príncipe había conocido en el tren que le condujo a Petersburgo. Es, pues, Nastasia, un ser complicado, poliédrico, complejo, que supera su taimada condición cuando decide sacrificar su amor hacia el idiota por el bienestar de éste, quien en verdad será más feliz con Aglaya que con ella, un ser ya quemado por la brutalidad de la sociedad.

Rodeando a este conjunto está el matrimonio formado por el General Epantchin (Ricardo Joven) y su esposa Lizaveta Prokofievna (Yolanda Ulloa), el único familiar que tiene el Príncipe una vez que abandona la clínica suiza donde ha estado tratándose de su epilepsia. Precisamente encontrarse en San Petersburgo se debe a que ha ido a contactar con ella. Es allí en la casa del General donde conocerá a Aglaya y a Gavrila (Alejandro Chaparro) en cuya pensión se alojará Myshkin; en esta pensión también conocerá a Kolia (Fernando Sainz de la Maza), hermano de Gavrila, que cumple en la la obra un poco la función de narrador de la misma.

Si importante e interesante es la historia que cuenta Dostoievski, ésta ve acrecentados tales adjetivos con la magnífica puesta en escena ideada por Gerardo Vera. Un escenario desnudo que en ocasiones se llena de color y movimiento a través de proyecciones cinematográficas que muestran acciones de exteriores (trenes que circulan, noches de ventisca y nieve, etc.) y evoluciones de los rostros de los personajes. Con estas imágenes cinéticas 'entran' en el teatro parte de las numerosas descripciones características de la novela decimonónica. Al tiempo el sonido acompaña estas proyecciones envolviendo en él al espectador. Además en momentos puntuales del espectáculo suenan temas musicales  bellísimos que -confieso- puedo decir cuáles son tras haber leído la estupenda crónica que de la obra hace en El País (suplemento 'Babelia') el crítico y novelista Marcos Ordóñez: "un interludio de 'Lady Macbeth en el Estado de Minsk', de Shostakóvich (durante el baile en la velada central), y la versión rusa de 'Gloomy Sunday' a cargo de la cantante Severija, procedente de la serie alemana 'Berlin Babylon'" (Babelia, 2/3/2019).



Por lo demás quiero destacar la perfecta actuación de todo el elenco. En especial me gustaron dos actores: Fernando Gil (el Príncipe Myshkin) por su magnífica ejecución del papel de inocente, de idiota, de persona fuera de este mundo; y Yolanda Ulloa (la Generala) por la dignidad que da al personaje madre de Aglaya que busca por todos los medios la felicidad de su hija. Todos los personajes se ven arropados, ¡nunca mejor dicho!, por un vestuario de época acorde con sus personalidades. Con estos ropajes los actores se mueven por un escenario abierto, casi desnudo, ocupado puntualmente sólo por elementos como las imágenes ya señaladas, o por escuetos elementos de mobiliario: una mesa y dos sillas, una hermosa e historiada lámpara, y poco más. Pese a esta desnudez ornamental el espacio escénico se agranda al incorporar al mismo en algunos momentos el proscenio y pasillo del patio de butacas. De esta manera la obra gana en dinamismo y evita el posible hieratismo en que la representación podría caer en momentos puntualmente muy narrativos.

La obra estará en cartel en el Teatro María Guerrero hasta el próximo día 7 de abril. Una obra de todo punto recomendable. 

7 mar. 2019

"Los náufragos de la Plaza Mayor" de Fernando Benzo. Una novela distópica

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“No sabemos, no somos capaces de vivir en soledad. Y, frente a esa certeza, aquí estamos tú y yo. Solos. Los únicos. Los últimos. Los elegidos para vivir el destino más aterrador que puede tener un ser humano. La soledad absoluta.”

autores indie, Fantasía distópica, Novela corta
Un fenómeno físico inaudito ocasionado, parece ser, por el acelerador de partículas mayor instalado en el mundo ha provocado un 'fogonazo' que ha dado al traste con la vida humana en el planeta Tierra. Ha ocurrido el "miércoles 10 de septiembre de 2008". Los seres humanos literalmente se han volatilizado, han desaparecido sin dejar huellas. ¿Todos han desaparecido? Evidentemente no, al menos alguien está con vida, concretamente quien está dando cuenta de tan terrible suceso: el narrador de esta novela.
Pasados unos días, en una de sus salidas por Madrid para entrar en algún supermercado a coger alimentos, al pasar por delante de un Corte Inglés este hombre ve, con sorpresa, que una mujer joven, una chica, sale de ese centro comercial. Intercambian apenas unas palabras entre ellos, pero ella, -Alicia se llama-, comienza a seguirle cuando él torna a su apartamento próximo a la Plaza Mayor. Estamos en Madrid.

Toda la historia que cuenta la novela transcurre en apenas dos años. Asistimos en ella a una serie de discusiones entre este hombre y esta mujer, 20 años menor que él; unas discusiones en las que raramente se ponen de acuerdo. Él es más conformista con la nueva situación; ella no quiere aceptarla y quiere moverse para ver si existen otros posibles supervivientes como ellos dos. Si así no fuera aún tienen otra posible opción a añadir a las que representan uno y otro, la de unirse y comportarse como nuevos Adán y Eva.

Múltiples son los asuntos que se plantean esta pareja: la muerte, la soledad, la necesidad o no del Arte en un mundo sin personas, Dios, los sentimientos..., y, evidentemente, el Amor. Este último es el motivo fundamental de todo el relato: ¿Amor o mera necesidad de estar acompañados para evitar la terrible soledad? La novela cuando aborda estos asuntos parece ser más bien un ensayo en el que se enfrentan dos posturas opuestas cuyos sostenedores quieren por todos los medios convencer al otro con argumentos de peso de su razón y verdad.

Por el motivo que pone en marcha la narración -la desaparición de la Humanidad del planeta- creo que la novela cabría encuadrarla dentro del género distópico ("Poco a poco, el mundo al que habíamos pertenecido se iba haciendo más pequeño, se iba encogiendo, y nosotros éramos testigos inertes de aquel lento proceso de pérdidas ante el cual sólo nos quedaba resistir.", pos. 961). Sin embargo, la evolución de la relación en la pareja y el tono amable con el que se muestran sus correrías por un Madrid desierto -¡cuánto me ha recordado este Madrid silencioso al que Amenábar presentó en su film "Abre los ojos"!- me obligan a no ser tajante en la adscripción a esta modalidad narrativa. Tampoco ayuda mucho a hacerlo el que la acción se sitúe seis años antes del momento en que los lectores tienen la novela en sus manos.

Alejandro Amenábar, Abre los ojos,  Fernando Benzo, Politicos del PP escritores
Como ya me sucediera con su siguiente novela creo que Fernando Benzo [para conocer la biografía del escritor pinchar aquí] aprovecha la anécdota que ha imaginado para hacer un canto al Madrid actual, a su ciudad, que en cierto modo se convierte en el tercer personaje de esta, casi deshabitada, novela. Estos dos humanos sobreviven gracias a la ciudad que quedó congelada en el tiempo ese 10 de septiembre de 2008 pero afortunadamente para ellos no destruida. Pueden sobrevivir y cubrir todas sus necesidades materiales porque hay comercios a su entera disposición; y también pueden atender las, llamémoslas, exigencias espirituales porque los parques -en especial el Retiro- ahí están para su esparcimiento; de igual modo los Museos, como el del Prado, les sirven para colmar esa necesidad. A este respecto no se puede obviar que el narrador es artista, ¡de cuadros fractales, sí, pero artista!

Desde el punto de vista formal esta novela corta poco o nada tiene que ver con "Las cenizas de la inocencia" que reseñé hace pocos días [para leer la reseña pinchar aquí]. En mi opinión, la historia situada en la España de los años 40 es en todo superior a ésta que acabo de leer. La verdad es que son dos narraciones muy distintas como se puede ver. Sin embargo es evidente que detrás de ambas está el mismo escritor que como en él es característico hace gala de un humor irónico que sabe utilizar con gracia y soltura:
"Ella también sonrió.
-Dime una. Una sola persona a la que echas de menos.
-Te echaría de menos a ti si no estuvieses.
-No intentes coquetear conmigo. No me gustas nada.
-Por suerte para ti, tienes donde elegir…" (pos. 685)
También creo que hay coincidencia en el culturalismo que el autor vierte en las dos novelas, si bien en este relato gira más bien en los terrenos del Arte:
"Logré reunir a la Maja Vestida con el Descendimiento de Van Der Veyden, el Triunfo de la Muerte de Brueghel con los Chicos en la Playa de Sorolla, el Sueño de Jacobo de Ribera con Venus y Adonis de Veronés y junté sin más criterio histórico ni artístico que mi gusto obras de Patinar, Antonello de Messina, Zurbarán y Tiziano." (pos. 1170). 
Es claro que el escritor usa estas notas culturales al servicio de la caracterización de los personajes: en "Los náufragos..." un artista de cuadros fractales, y en "Las cenizas..." un diletante de la música de jazz en los clubes nocturnos del Madrid de los años 40. En ambos casos el acierto es total y los personajes quedan muy verosímilmente diseñados así.

Aunque no es algo que aparezca con tanta frecuencia como en "Las cenizas..." también aquí hay ocasiones en las que el novelista utiliza el idioma con cierta altura poética:
"Nos quedamos quietos, sin decir nada. Ella sentada y yo de pie y, al lado, Felipe III subido en su caballo. Tres estatuas tornándose naranjas bajo la luz de un atardecer de primavera." (pos, 1340)
Si bien el narrador es ese hombre algo descreído ya de vuelta de muchas cosas a veces el 'yo' deja paso a la 2ª persona narrativa que a veces integra al 'tú' lector en el relato y otras tiene ese sentido generalizador tan habitual en nuestra lengua:
"Tenía esa mirada que te taladraba, como si por mucho que quisieras nunca pudieses ocultarle nada. Y su voz pausada. Y una pizca de ironía en la sonrisa que aparecía siempre en los momentos justos. Y hacía esas preguntas directas cuando menos te lo esperabas." (pos. 808)
Novelas distópicas, género distópico, Fernando Benzo Sáinz
Algo que sí que distingue esta novela de la otra que he leído es el vocabulario desinhibido que utiliza aquí Benzo; un vocabulario lleno de palabras gruesas pero que viene a cuenta dado que a día de hoy se podría decir que hablar así es más bien una característica coloquial:
    • "Si quieres, también puedes darme una hostia…" (pos. 902)
    • "¿Qué coño pasó? Que algo, un acelerador de partículas atómicas o una mierda de mariposa que aleteó a destiempo en la China, alteró las reglas y desencadenó el maldito fogonazo que se cargó a todo bicho viviente menos a ti y a mí. Punto y final." (pos. 427)
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Hasta aquí mi reseña sobre la novela de Fernando Benzo. Lo que viene a continuación es más bien una queja contra ese monstruo que se llama Amazon de cuyo inmenso vientre he tomado esta novela corta de Fernando Benzo. Y mi queja viene dada por deficiencias en la edición que achaco exclusivamente a la multinacional que no repara en otra cosa que en hacer caja y le importa un pimiento confundir la interrogativa 'por qué' con el sustantivo 'porqué', o que suprime, así porque sí, la grafía 'H' de la interjección 'hala' dejando a la pobre convertida en un dios musulmán en minúscula, o también que coloca las tildes donde le da absolutamente la gana. ¡Donde esté el papel...!

3 mar. 2019

Stephen King: "Carrie". Terror y suspense

30 comentarios:
Durante mis años de docencia, muchos alumnos se confesaban entusiastas de las novelas de Stephen King. Yo que probablemente acabaría de hablarles de Galdós, de Clarín, de Unamuno, Garcilaso, Lope o Quevedo, sin desanimarles sí que acogía su fervor y entrega a este autor como una debilidad propia de sus pocos años. Lo importante es que leáis, les decía, eso es lo importante, pero… Y ahí me quedaba. Yo conocía el nombre del escritor sobre todo por las versiones cinematográficas de sus novelas, pese a que el cine de terror no haya sido nunca mi género favorito. Ahora acabo de leerlo y su literatura me ha convencido, y pienso que esos chicos estaban en lo cierto.

literatura norteamericana de suspense y terror,
En una escuela de secundaria de Chamberlain (Maine) una chica es habitual objeto de las chanzas de sus compañeros. La burla llega a su cénit el día en que tras la clase de gimnasia, estando ya en las duchas comunes, Carrie White, que así se llama la protagonista que da título a la novela, nota que la sangre le corre por las piernas. A pesar de sus 16 años la chica aún no había tenido su primera menstruación. Cuando siente la sangre entre sus muslos el miedo y la vergüenza se apoderan de ella, y más cuando sus crueles compañeras entre gritos la zahieren con burlas y lanzamiento de compresas, paños y tampones al tiempo que le chillan para que se tape e interrumpa el flujo sanguinolento.

La situación de incomodidad y desnorte para Carrie aumenta cuando llega a su casa y su madre Margaret, una intransigente y religiosa mujer congregacionista, comienza a insultarla y a culparla de ser responsable de su condición de mujer, siempre nefasta y pecaminosa en su opinión. Ella misma se lamenta de haber tenido relaciones sexuales con quien fuera su marido aunque las mismas hubiesen sido únicas y aisladas. De esa ‘caída’ en la ciénaga del sexo nacería Carrie a quien en varias ocasiones pensó eliminar para así expiar su culpa. Sin embargo nunca pudo hacerlo porque Carrie, sin ser consciente en principio de ello, posee el don de la telequinesia y es en esos momentos de peligro cuando precisamente se le activa.

La edad de la pubertad, de la conversión en mujer, es una época vital llena de inseguridades, de miedos, y también de ilusiones. Carrie White vive subsumida en la absorbente religiosidad enfermiza de su madre que constantemente la obliga a rezar para expiar culpas imaginarias. Pese a esto, Carrie ama a su madre pero también necesita respirar, vivir su propia vida. Son, pues, madre e hija, dos personas en cierto sentido opuestas: Margaret es una enferma, una odiadora del género femenino; Carrie es una insignificante muchacha que lucha por que sus ilusiones no decaigan ante lo que continuamente su madre le predica.

Alrededor de estos dos personajes está Chamberlain, la pequeña ciudad de Maine donde está situada la escuela secundaria Ewen a la que acude Carrie. Es en esta escuela en la que la chica aprende que la vida es dura, que los adolescentes son crueles; pero también conoce allí a personas que la aprecian, que se oponen a la crueldad que algunos ejercen sobre ella. Dos grupos, pues, también entre los adolescentes: los amables como la pareja que forman Sue Snell y Tommy Ross, o algunos adultos como el Sr. Grayle, director de la escuela, o la señorita Rita Desjardin que la protegen en lo posible. Pero son los ‘malos’ quienes se llevan el gato al agua: la pareja formada por Billy Nolan y Chris Hargensen son sin duda los causantes directos del encendido de la mecha que causará la destrucción de la tranquila vida en esta pequeña población. El motivo de su maldad es simplemente vengarse de Carrie quien tras el episodio de las duchas ha recibido la protección de la dirección de la escuela, mientras que Chris ha sido expulsada temporalmente y se le ha prohibido expresamente asistir al baile de graduación.

La novela es de suspense y por ello no debo decir más sobre el argumento. Baste lo dicho hasta aquí, aunque de todas maneras pienso que muchos de los lectores conocerán la historia a través de la versión cinematográfica que de esta novela publicada por Stephen King en 1974 hiciera el director Brian de Palma en 1976 con Sissy Spacek en el papel de Carrie y Piper Laurie en el de su madre Margaret. Sólo decir para finalizar esta parte de la reseña que la acción tiene lugar en un futuro muy próximo a la fecha de escritura -¡y de lectura!-, en 1979. Que algo terrorífico y con tintes muy reales pueda sucederles en el plazo de menos de diez años en una localidad existente a unos jóvenes adolescentes añade sin duda un plus al innegable suspense terrorífico del relato. Concretamente el punto climático de la acción tiene lugar durante la noche que va del 28 al 29 de mayo de 1979, si bien los antecedentes se remontan a unos cuatro o cinco meses atrás.

Adaptaciones cinematográficas, Cine de terror
Literariamente hablando la novela, primera publicada por Stephen King, ha sido toda una sorpresa para mí especialmente por la estructura de la misma. Hay dos elementos claros en esta novela: el primero es el de la pura narración de los acontecimientos sucedidos a Carrie desde su primera menstruación hasta la catástrofe final acontecida en su escuela durante el baile de graduación; el segundo elemento es la inclusión de manera entreverada dentro de la narración anterior de extractos documentales diversos tomados de la prensa local, de libros aparecidos con posterioridad que intentan poner luz a lo acaecido, de estudios científicos sobre la telequinesia y otros fenómenos paranormales, de las declaraciones hechas por testigos y compañeros de Carrie en las comparecencias realizadas ante la Comisión de investigación montada tras los terribles sucesos, de anuncios y documentos del momento… Estos dos elementos compositivos los organiza el novelista en tres grandes apartados que se suceden de manera lineal.

Para la historia de Carrie, el autor utiliza un narrador objetivo en 3ª persona. En lo que podría considerarse como la parte de análisis e investigación de lo sucedido, el narrador varia en función del tipo de documento, nota de prensa, extracto de declaración, ensayo o crónica de que se trate. Cambia así el estilo discursivo y por lo mismo también la figura del narrador que se ausenta en la reproducción del diálogo pregunta-respuesta propio de un interrogatorio, que adopta la neutralidad propia de un teletipo de agencia (“Un desastre de grandes proporciones se ha abatido sobre la ciudad de Chamberlain, Maine”, pág. 187) o que aparece en primera persona en las crónicas escritas por testigos de la tragedia como Susan Snell quien a veces interpela directamente al lector (“Carrie era un ser humano, tan real como tú, lector, que lees estas líneas, con esperanzas, sueños, etc., etc. Supongo que será inútil decirte estas cosas. Nada puede hacer ahora que algo que fue una creación de la prensa vuelva a convertirse en una persona. Pero ella existió y sufrió, probablemente mucho más de lo que sabemos”, pág. 123) y también en los amplios artículos propios del periodismo de investigación que se publicaron tras el suceso intentando aclarar en lo posible la personalidad de Carrie White.
 “De ‘Carrie: El negro amanecer de la telequinesia’, por Jack Garver (publicado por la revista ‘Esquire’ el 12 de septiembre de 1980): ‘[…]  Stella Horan todavía lleva dentro de sí la frágil y difusa marca de su Nueva Inglaterra natal, y cuando habla de Carrie White su rostro adquiere un aspecto pálido y singular que hace pensar más en Lovecraft, en Arkham, que en un Kerouac del sur de California’” (pág. 24)
Es evidente que esta primera novela escrita por este prolífico autor de la literatura de suspense, terror, ciencia ficción y/o literatura fantástica a los 27 años revela al gran escritor que es. Un autor de éxito entre lectores jóvenes que devoran sus historias de terror y misterio, pero no por ello, como a veces se piensa -yo mismo, durante mucho tiempo, así lo hacía-, un autor menor. Hay en Stephen King mucha literatura dentro de sus novelas. En esta primera a la interesantísima composición de la misma vienen a unirse el uso de técnicas narrativas como el perspectivismo o focalización múltiple y el collage al estilo de un John dos Passos, entre otras. Además el novelista de Portland (Maine) toma elementos culturalistas como referentes para sus imágenes literarias. Entre éstos se cuentan referencias propias de la cultura pop como las musicales alusiones al ‘Hey, Jude’ de los Beatles (“Hay un hibachi en el hermosos y cuidado jardín posterior y el carillón que cuelga junto a la puerta hace oír una tintineante frase del estribillo de ‘Hey, Jude’” (pág. 24) o los versos pertenecientes a la popular canción de Bob DylanTombstone blues’: “Quisiera escribirte una melodía tan simple / que te impidiera, querida amiga, enloquecer / que te tranquilizara y extinguiera el dolor / de tu conocimiento inútil y sin sentido…” (pág. 228). También propias de la cultura pop aunque del campo literario son las que realiza a Jack Kerouac, poeta de la generación beat, o a Lovecraft, autor de literatura de terror que se apartó precisamente de la que en "Carrie" aparece: terror sobrenatural (satanismo, religiosidad) y paranormal. Por último también hay referencias culturalistas de alta literatura como las referidas a Shakespeare y su tragedia “Macbeth”.

literatura de terror actual, suspense, fenómenos paranormales
Stephen King toma elementos del terror tradicional que Lovecraft no emplea y los pone en contacto con un elemento esencial en su narración: el sexo. Mejor cabría decir, el sexo y su negación. Sin duda alguna uno de los alicientes de la lectura de esta novela "Carrie" y su indudable éxito entre el público adolescente es la mostración de la práctica sexual en jóvenes apenas alcanzada la pubertad. Es un sexo torpe, impulsivo, y utilizado como elemento de dominación tanto por ellos como por ellas: la pareja de ‘malos’ formada por Billy y Chris es ejemplo característico: ella se lo camela cediendo y prometiéndole sexo, y él se cobrará el trabajo realizado con la correspondiente sesión del mismo. Y digo también el no-sexo en el sentido de su consideración como pecado, fuente de todos los males, tal y como lo entiende la madre de Carrie y en cierto sentido también ella. Cuando esta concepción se impone todo lo relacionado con él adquiere connotaciones claramente terroríficas. Y si el sexo es el Mal, sólo a través del Mal se puede uno defender de él. Y si el sexo aterroriza sólo cabe devolver terror como respuesta.

[Nota: Esta novela es una de 'mis doce pendientes' dentro del Reto promovido por Ana Bolox y también la incluyo como lectura realizada dentro del III Reto 'Nos gustan los clásicos' promovido por Francisco en su blog. "Carrie" entra por poco en los límites de Clásico establecidos por Francisco, pero entra, y sin duda lo es]

1 mar. 2019

Dos noticias sobre Rafael Soler: Una reseña y una entrevista

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poetas españoles actuales, "El último gin-tonic"

Dos noticias sobre este escritor. La primera es la de que en la Revista MoonMagazine hoy aparece una reseña mía sobre "El último gin-tonic", su última novela. Os invito a todos a que os paséis por MoonMagazine para conocer a este magnífico novelista que también -y sobre todo, según sus propias palabras- es poeta.

Juan Carlos Galán, reseñistas literarios, Blogs de Literatura

La segunda noticia es la de una entrevista hecha a este escritor valenciano que ayer mismo publicó la Revista "entreletras". Leyéndola se conoce mejor al hombre que hay tras el autor y se escucha de su propia voz lo que para él supone esta novela que le llevó tres años. También Rafael Soler habla de los proyectos que actualmente tiene en marcha y, además y sobre todo, expone opiniones sobre la Literatura. Os emplazo a que la leáis, creo que os gustará hacerlo.

Revistas literarias, Blogs de literatura



27 feb. 2019

"Las cenizas de la inocencia" de Fernando Benzo

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Conocí esta novela de Fernando Benzo (Madrid, 1965) durante un desplazamiento en coche. Por la emisora de radio que tenía sintonizada en ese momento un periodista mañanero le preguntaba a un escritor cuyo nombre nunca había oído nombrar sobre el libro que acababa de publicar. Me comenzó a interesar la entrevista cuando escuché que en la novela se prestaba mucha atención a la música de jazz; también oí que la acción sucedía en el Madrid de la década de los años 40 del pasado siglo.

El escritor
Políticos y escritores, Fernando BenzoEsas dos informaciones -Madrid, años 40 y música de jazz- hicieron que me interesara vivamente por la novela de ese escritor desconocido. En el curso de la entrevista supe que hasta hacía poco había ocupado el cargo de Secretario de Estado de Cultura habiendo sido con anterioridad Subsecretario de Educación, Cultura y Deporte. ¡Vaya -me dije- un escritor a tiempo parcial. No sé, no sé. Buscaré más información sobre él! 

Al llegar a casa me entero a través de internet de que es un escritor relativamente reciente si bien sus comienzos se remontan a la edad de 24 años cuando publicó su primera novela, "Los años felices", que ganó el Premio Castilla-La Mancha. También leo que cinco años más tarde en 1994 se alzó con el prestigioso premio Kutxa-Ciudad de Irún con la novela "Mary Lou y la vida cómoda", y que desde ese espaldarazo su carrera como novelista ha sido un no parar: "La traición de las sirenas" (1999), "Después de la lluvia" (Premio Ciudad de Majadahonda 2002), "Nunca repetiré tu nombre" (2012) y "Los náufragos de la Plaza Mayor" (2014).

Pero no sólo Fernando Benzo se ha circunscrito a la narrativa, también ha hecho sus pinitos en otros géneros como el teatro, con la obra "Scottie" (Premio de Teatro de la Northeastern Illinois University de Chicago), o el relato de no ficción con "Héroes inesperados". Es, pues, Fernando Benzo Sainz un escritor con una obra literaria consolidada. Yo lo he conocido, como ya he dicho, por una casualidad radiofónica, a la que, además, vino a unirse otra que fue que la editorial Random House a través de 'Edición anticipada' me ofreciera su última novela. Naturalmente me apresuré a aceptar la gentileza pues ardía en deseos de contactar con este escritor. Y la experiencia ha sido muy grata para mí.

“Las cenizas de la inocencia”

Primera novela que leo de Fernando Benzo. Me ha gustado por muchas cosas, en primer lugar por la historia que presenta: la supervivencia de unos seres populares en una España de posguerra que convivía con la hambruna y el estraperlismo. La novela enraíza con la picaresca más auténticamente española. El narrador en primera persona, Emilio 'el Monaguillo', es un chaval de unos diecisiete años que ansía quitarse el hambre y ayudar a su madre, Marita 'la Olorosa'. El azar, la casualidad, viene a hacer que Emilio en una correría infantil, consistente en entrar a robar leche para luego revenderla, tope con Nico, un muchacho mayor que él que tras evitar el robo se hace amigo de Emilio de quien le ha agradado su arrojo y buena disposición para emprender nuevas aventuras. Este Nico, pasados unos meses, pondrá al bueno de Emilio en contacto con Matías Sampedro, auténtico moderno Monipodio, que controla en gran parte el estraperlismo que nutre Madrid en esos años cuarenta de hambre y cartillas de racionamiento en que está situada la anécdota. Emilio comenzará a hacer trabajillos para Nico y poco a poco debido a sus buenas cualidades y buena actitud Sampedro le irá encomendando acciones más arriesgadas. Pero el Madrid de bajos fondos no sólo lo mueve Matías Sampedro; también hay un constructor primerizo lleno de deudas, Jorge Lanza, que va a conseguir reflotar, gracias a la gestión que del estraperlo hará, la empresa de construcción que su mujer, Eulalia Armendáriz ha puesto en sus manos .

Fernando Benzo, "Las cenizas de la inocencia", Novela picaresca moderna
Estos dos personajes vienen a coincidir todas las noches en un club madrileño, el Dixie, que gestiona con acierto y muy buen gusto musical Raimundo Giralda. El Dixie, local totalmente ficticio, se ha hecho un hueco en la noche madrileña de las salas de fiestas dominadas por el Pasapoga gracias, entre otras cosas, al jazz que toca una banda de músicos reclutados con acierto por Giralda, el propietario del local, en el mundillo musical de la época, pero sobre todo su éxito se debe a la cantante, Asia Luján, de esta jazz-band. Matías Sampedro es un enamorado de este estilo musical de procedencia norteamericana y por eso todas las noches ocupa un reservado en el night club. También Jorge Lanza, si bien por motivos más relacionados con la entrepierna, acude a otro de los reservados donde ríe y gestiona sus pillerías, negocios y conquistas amorosas.

En este micromundo que es el night club están todos los constituyentes de la sociedad real española del momento: los delincuentes de cuello blanco (Sampedro y Lanza que en su momento entrarán en conflicto); los secuaces de uno y otro jefecillos provenientes las más de las veces, como Nico, de los repletos orfanatos o sacados del hambre habitual como Emilio (en este grupo de secuaces habría que incluir al Ruso, un sicario sin escrúpulos a las órdenes de Sampedro, y también a Armando Mosquera 'el Tuerto', ejemplo de adaptación al medio: delincuente y asesino, chequista en el Madrid asediado y en el franquista colaborador de los nuevos empresarios como es Jorge Lanza); las pobres chicas que para salir adelante ellas mismas y ayudar a sus familias se convierten en deseadas artistas en la noche madrileña (es el caso de Asia Luján, la cantante del Dixie, que cada noche al abandonar el local de la plaza del Carmen y cambiar su lujoso vestuario vuelve a ser quien es en verdad; Rosita Muñoz, la honesta chica que vive por la zona de Legazpi)… En medio de toda esta fauna variopinta hay un árbitro, una autoridad, que cual camaleón hace creer a unos y a otros que su función sólo es la de estar a su servicio, si bien según avanza la historia veremos que no es tan tonto el comisario Gante como Sampedro y Lanza pensaban.

La novela, por el asunto, es una novela negra que muestra los bajos fondos de la sociedad, la corrupción de quienes debían de vigilar que no se cometiesen delitos, la vida real de la España de esta  segunda mitad de los años 40 llena de hambre, de cartillas de racionamiento de distintos tipos, de falsificaciones, de estraperlo, de palizas, de crímenes, de deseos reprimidos, de abusos de todo tipo... Al tiempo que la trama es soportada por personajes de ficción, éstos corretean por un Madrid real, histórico, un Madrid nocturno y musical en el que compiten estrellas de la canción española como Lilian de Celis, la bella Otero, Conchita Piquer, Carmen Miranda o María Félix, entre las artistas españolas, y Billie Holiday o Ella Fitzgerald entre las extranjeras. No cabe, en mi opinión, calificar este relato de novela histórica al quedar fuera del mismo los personajes históricos propiamente dichos: se sabe que estamos bajo la férula de Franco y su Dictadura, pero no aparece nombrada ninguna autoridad reconocida ni hay interacción alguna entre personajes históricos y de ficción.

Más bien situaría esta narración dentro del realismo costumbrista que tan buenos frutos siempre ha dado en nuestro país. Aparece el Madrid auténtico de la época, y no sólo en sus calles sino también en los negocios que se abrían en ellas:
Nico se había presentado hecho un pincel. Durante los días anteriores, había recorrido los alrededores del Dixie preparándose para la cita. Había estado en Galerías Preciados y en la Camisería Vergara, en Los Pequeños Suizos y en la sombrerería Zapater y ahora estaba allí, hecho un dandi con un traje nuevo, una impecable camisa blanca, zapatos de piel y un elegante sombrero con cinta de raso negra” (147, capítulo. 7) 
También para situar el momento concreto en que la acción sucede el autor nos ofrece datos de época. Así por ejemplo dice que esto sucedía cuando en los cines de la avenida de José Antonio (la Gran Vía) se proyectaba “Los últimos de Filipinas” estrenada en España en 1945. También para calibrar el momento exacto podemos recurrir a que se va a iniciar la remodelación del estadio de Chamartín, que tuvo lugar en 1946, o que Quincoces en el momento era el míster del Real Madrid, algo que tuvo lugar en la temporada 1945/46 ("Manolo le daba una y mil vueltas al indiscutible talento de Quincoces, al parecer antes un jugador excepcional y ahora un entrenador que llevaría a la gloria al Real Madrid, y de unos tales Ipiña, Prudente y Barinaga, unos prodigios con el balón según el barbero.",  pág 241). También puede servir para fijar la época la emisión de billetes de 100 ptas. con la efigie de Goya en su dorso, billetes que vieron la luz en 1946.
"Gante se metió la mano en un bolsillo de la chaqueta, sacó un pequeño fajo de billetes y separó de él dos 'goyas', los nuevos billetes de cien pesetas  emitidos con la imagen del pintor." (pág 242)
Madrid años 40, Las coctelerías, Bar Chicote,
Hay mucho de objetivismo en esta novela a pesar de que la narración esté puesta en boca de una primera persona, Emilio 'el Monaguillo'. Esta 1ª persona narrativa es la predominante, si bien muta a una 3ª objetiva en ocasiones. Asimismo esta narración intradiegética cambia o alterna a la 2ª cuando la integra en ella viéndose el narrador como desde fuera de sí mismo:
Quizá, al principio, cuando viajaban los trenes y cuando descubrí el Dixie y cuando Nico y yo nos hicimos no ya sólo compañeros de correrías sino amigos, habría elegido cualquier color radiante. Un color tan deslumbrante que con solo mirarlo te cegase por completo. Pero ahora ya no estaba tan seguro.
El que la narración sea en 1ª persona es lo propio en una novela como la que Fernando Benzo ha escrito, una novela picaresca moderna. El tono del género es total en algunos momentos como el siguiente: “Y gracias a aquellas charlas en que se mezclaban por igual mentiras y verdades, también pude yo ir enterándome de quiénes eran los dos personajes más admirados e intrigantes de toda aquella exuberante fauna que llenaba noche tras noche el club Dixie.” (p.89). Cualquiera que conozca nuestra novela del siglo de oro reconocerá aquí al mismísimo Lazarillo de Tormes confesándose a ese 'vuesa merced' transformado aquí en el propio lector. Y por seguir con la analogía lazarillesca, al final del capítulo 11 se ve el paso del Emilio niño al Emilio adulto:
"Aquel fue mi primer pensamiento adulto. Mi primera decisión como hombre y no como niño. Y con aquella decisión quedó para siempre atrás la persona que había sido yo hasta entonces y comenzó la vida de ese otro yo, el adulto, que" […]
Estamos, pues, como en la mayoría de novelas picarescas ante una obra de aprendizaje, una novela de iniciación, un bildungsroman característico.

La novela, en mi opinión, tiene vocación de best seller, de buen best seller, me atrevo a decir. Contribuye a su bondad el ritmo que el autor confiere a la historia, con esos finales de capítulo que incitan a leer y leer, a no poder abandonar la lectura a fin de conocer en qué parará todo. Saber dotar de ritmo a una narración y conseguir captar absolutamente la atención del lector es mérito innegable no al alcance de todos. A esta captación del interés contribuyen dos elementos por encima de otros: el primero es el de un culturalismo literario poco complicado como evidencia el que se haga uso de imágenes lindantes con el tópico para caracterizar a algún personaje; en este nivel estaría el considerar al estraperlista Sampedro de ser un Robin Hood, para unos, y un Scrooge, para otros. Como se ve no se precisa ser muy leído para captar el sentido correcto de estas figuras.

De mayor nivel e interés es el culturalismo musical -en especial jazzístico- que Fernando Benzo demuestra y esparce por el relato. Se ve que domina el asunto y que es un diletante de estos ritmos sorprendentes, sin duda alguna, en una España que en esos años 40 musicalmente hablando estaba más por el cuplé y la copla. Es muy interesante la justificación que para aparecer en el relato realiza el autor:  El jazz lo conoció Giralda en París de mano de su amigo americano James quien siguió la estela de Hemingway, Fitzgerald y Stein. Tras la liberación de París, este James le envía a Giralda con cierta regularidad discos de Louis Armstrong, Tommy Dorsey, Jessie Smith, Count Basie, Duke Ellington, las Andrews Sisters, Cab Calloway, la orquesta de Pérez Prado, Charlie Parker... Y él en su night club procura que su cantante, Asia Luján, entone estos temas tan distintos a lo que se podía escuchar en los tablaos, e incluso en el Pasapoga donde a lo más que se llegaba era al foxtrot o al swing tipo Glenn Miller que aunque ambos derivaban del jazz eran ritmos más admitidos por el gran público que los de los artistas citados antes.

Tiene para el novelista tal interés el mundo musical que muestra en "Las cenizas de la inocencia" que él mismo se ha ocupado de crear en Spotify la playlist de la novela. Es una playlist fantástica, que he oído durante la lectura de la narración y que me ha encantado. La coloco a continuación para que quienes, como a mí, os guste este tipo de música disfrutéis con ella.



Final
Para mí Fernando Benzo ha sido un feliz descubrimiento. La lectura de su novela "Las cenizas de la inocencia" me ha resultado agradable, instructiva y muy entretenida. La historia de Emilio, el chico que se hace mayor a lo largo del relato, es muy creíble, y, además, está escrita con altura literaria sin jamás hacer difícil la intelección de la novela. Momentos destacables en el relato son entre otros los siguientes:
Cuando era un niño Marita solía decirme que todos los sueños tienen un color [...] Marita tenía sueños rojos y verdes y rosas y amarillos. Los peores eran los sueños grises, que la ponían de lo más melancólica, y los sueños negros ceniza, como los llamaba ella, que le daban un miedo espantoso.” (pág. 200, cap. 9, Emilio recordando su vida de niño junto a su madre).
Trabajaban para él hasta las ancianas que se solían colocar a la salida de las estaciones de metro para vender por un céntimo a los más desesperados los chuscos, unos repugnantes panes de almorta que amarilleaban y se endurecían hasta quedar como piedras aun antes de haber salido el horno.” (pág. 90, hablando del estraperlo montado por Matías Sampedro])
Paco León, Series de Movistar+, Arde Madrid
"Aún era temprano para que el bar estuviese ya hasta los topes de su clientela habitual, una exótica mezcla de  donjuanes sin fortuna, aristócratas ociosos, políticos en ascenso, crápulas infatigables, chicas de alterne, parejas de amantes clandestinos e imprudentes, toreros pintureros y todo tipo de artistas consagrados o aún por descubrir. A diferencia de los demás locales nocturnos de la avenida de José Antonio, en Chicote no había baile ni actuaciones" (pág. 149). 
Leyendo la anterior descripción de la coctelería Chicote no he podido por menos que recordar la serie televisiva de éxito fulgurante "Arde Madrid" que con acierto y buena mano ha estrenado hace  pocos meses el actor y director Paco León. Está claro que hay olas, tendencias, momentos, en que unos espacios y/o épocas parecen imponerse en la consideración de los creadores. Al respecto pienso que esta novela de Fernando Benzo podría fácilmente verse convertida en imágenes y creo que tendría muy buena acogida entre los seriéfilos.

19 feb. 2019

NoViolet Bulawayo. "Necesitamos nombres nuevos"

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¿Crees que con ver la BBC ya sabes lo que está pasando? No, amiga mía, no lo sabes. Es la herida la que conoce la textura del dolor. Somos nosotros los que nos hemos quedado aquí y los que sentimos el sufrimiento de verdad, así que somos nosotros los únicos que tenemos derecho a hablar de ello, hablar de lo que sea y de quien sea. […] ¿Es tu país, Darling? ¿De verdad es tu país? ¿Estás segura?, me pregunta Chipo” 

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Un grupo de niños juegan y corretean por Paradise, imaginario barrio chabolista de una ciudad de Zimbabue, -quizás Tsholotsho, donde la novelista nació en 1981-, envueltos en la alegría propia de la niñez y acuciados por el hambre que los acosa. Para satisfacerla visitan con frecuencia Budapest, el barrio acomodado de la ciudad donde abundan los chalets en cuyos jardines crecen las guayabas. Pese a lo indigesto que es su fruto lo consumen con fruición movidos más por la necesidad que otra cosa. La historia la cuenta en primera persona Darling, niña de diez años cuya máxima aspiración como la de tantos compatriotas suyos es poder abandonar el país; ella parece que tiene ese momento cercano pues una tía suya, Fostalina, lleva en Detroit ya varios años y le ha prometido llevarla con ella. Junto a Darling crecen y juegan en este suburbio zimbabuense otros niños de nombres algunos tan simbólicos como el suyo: Chipo, Bastardo, Sabediós, Sbho (niña de 9 años), y Stina. Quien, por su atrevimiento, los lidera es Bastardo al que siguen casi ciegamente sus compañeros varones Stina y Sabediós, éste el más pobre de todos ellos.  El resto son chicas y en Chipo, embarazada a sus 11 años, ven anticipado el futuro que les espera. Pese a todo,  los cinco niños, viven felices en medio de una hambruna y pobreza desmesuradas.

Junto a ellos está el mundo de los adultos del que reciben la cultura de su pueblo ancestral mistificada con las aportaciones que durante cien años los colonizadores británicos les impusieron. Entre los adultos está el Profeta Revelaciones Bitchington Mborro, auténtico dirigente de la comunidad a la que se dirige en las celebraciones religiosas; para Darling es importantísima Madre de Huesos, su abuela,  que la cuida  mientras su madre está vendiendo en la frontera; Makhosi es primo de Darling y como el padre de ésta está en Sudáfrica, pero ninguno de ellos da señales de vida hasta que el padre muy enfermo vuelva a morir a casa; el curandero Vodloza es asimismo una personalidad respetada en el barrio de Paradise. Junto a estos mayores, podríamos decir tradicionales, que viven siguiendo las pautas atávicas de su pueblo, se hallan otros seres distintos, diferentes, como MadreAmor, la única persona que no corre a recoger los regalos que la ONG que los visita les lleva cada vez que lo hace; también es muy importante NacidoLibre, hijo de MaDubeNacidoLibre iba siempre junto a Mensajero hasta que fue asesinado y Mensajero tuvo que salir del país para evitar seguir la misma suerte. Estos dos personajes introducen en la novela el asunto de la lucha llevada por la oposición política contra el Anciano Presidente que gobernó dictatorialmente el país desde 1987 (Zimbabue logró su independencia en 1980) hasta su caída en 2017 en que un golpe de estado lo derrocó. Aunque no se le nombre este anciano presidente es Robert Mugabe quien tras conseguir al frente del ZANU la independencia de la antigua Rodesia se perpetuaría en el poder. Contra su falta de democracia y de respeto a los derechos humanos se levantó el Movimiento por el Cambio Democrático del que Mensajero y NacidoLibre, con seguridad, formaban parte. A ellos les pasó como a muchos otros zimbabuenses que creyeron en la Democracia prometida durante la lucha por la Independencia, al negárseles buscaron el Cambio, por lo que fueron perseguidos y algunos como NacidoLibre murieron.

Zimbabwe, Rodhesia, Robert Mugabe, Descolonización
A través de todos estos personajes sabemos de la reciente historia de Zimbabue y también de algunas de sus costumbres más arraigadas. Es a partir de la llegada de Darling a USA cuando, por contraste con las de América, se nos muestran más a las claras las peculiaridades de la cultura del país africano: del bullying infantil Darling toma conciencia por vez primera en Detroit; la obesidad y la anorexia, desconocidos ambos trastornos por la niña hasta verlo en USA; el distinto concepto de sufrimiento en uno y otro lugar: en África sufrir es pasar hambre e incluso morir por su causa, nada que ver con lo que en USA denominan sufrir; la manera de conocer el sexo en uno y otro país; la familia y atención a los mayores en Zimbabue tan distinta a la americana; la educación a los niños aquí y allí; el consumismo feroz frente a la constante escasez; etc.

La novela me ha parecido más una colección de relatos sueltos unidos por un leve hilo conductor que una novela en su pleno sentido. Apareció en 2013 y antes de ella NoViolet Bulawayo sólo había publicado un relato corto en 2011 ganador del Premio Caine para escritores africanos titulado "Hitting Budapest" que está en la base de esta primera obra extensa de la joven escritora zimbabuense afincada desde sus diez u once años en Norteamérica. "Necesitamos nombres nuevos" es una mirada nostálgica a la tierra de sus padres, la de sus antepasados, pero al tiempo también la expresión del convencimiento de haber hecho lo que debía hacer para salir adelante dado que en el país controlado dictatorialmente por el viejo presidente Mugabe no había esperanza de progreso alguno. El hambre era atroz, los abusos de los grupos paramilitares sobre la población blanca acomodada y la clase media productiva negra terribles; precisamente fue la ira contra los antiguos colonos blancos que detentaban los medios de producción y la destrucción de viviendas de la población negra acomodada lo que hizo caer la economía del país a unos niveles ínfimos. Familias como la de la narradora, la niña Darling, hubieron de abandonar sus antiguas casas para vivir en chabolas una existencia terrible. La Revolución se cargó la democracia esperanzadora traída por la independencia. En esta dura contradicción -el amor al país y el odio a sus dirigentes- se mueve la narradora, auténtico trasunto de la novelista.

Feminismo africano, #Metoo en África, Literatura africana
La novela tiene dos partes claramente definidas: una sucede en Zimbabue y la otra en USA. Da la impresión de que la escritora para dar visibilidad al mundo africano hace uso de cierto maniqueísmo que pone a África en el lado de los buenos frente a América, paradójicamente colocada en el lado de los malos. Es la contradicción eterna, ¡muy entendible!, de quien arrastra el sentimiento del desarraigo y evoca el Paraíso de su niñez, feliz pese a todo, en el país donde nació pero al que no desea volver porque las carencias y maneras de vivir allá chocan ya con su nueva mentalidad. 

El capítulo titulado 'Como se marcharon’ (págs. 127-128), que habla de la emigración, está situado justo en la mitad del libro, y sirve de gozne para marcar el inicio de la vida de la narradora en EEUU. Es en mi opinión, junto a los titulados "Cómo vivían" (págs. 204-215 ) y "Esto no es un juego" (págs. 116-126), literariamente hablando, de lo mejor de toda la novela. Es en ese capítulo en el que cuando Darling va a despedirse de su abuela Madre de Huesos ésta le dice unas palabras en mi opinión muy importantes: “qué clase de vida es ésta cuando todos nacéis para marcharos en tropel a otras tierras qué va a ser de este país va a ser una ruina”. En los otros dos capítulos citados hay momentos de verdadera altura literaria, algo que en mi opinión no abunda en esta novela, la cual se centra más en el aspecto denuncia de una situación bastante olvidada por Occidente (la de Zimbabue) y en el emocionado homenaje por parte de la novelista prácticamente ya norteamericana de facto a una cultura en severo peligro de desaparición. Pues bien esos momentos en los que se percibe a la escritora que NoViolet Bulawayo lleva dentro están contenidos en frases como las siguientes:
  • En América, vimos más comida de la que habíamos visto en toda nuestra vida, y estábamos tan contentos que rebuscábamos en los contenedores de nuestras almas para recuperar los trozos rotos y sucios de Dios.” (p. 205)
  • Cuando estábamos solos, llamábamos a los caballos de nuestros idiomas, montábamos sobre sus lomos y galopábamos entre los rascacielos.” (p.206)
De interesante hallazgo me parece la metáfora de las casas que se utiliza en la novela para presentar  la historia del país vista por cada una de las tres generaciones de mujeres que aparecen en ella:  en la perspectiva de Darling, 2 casas: la de ladrillo y la chabola hecha de latas; para la madre de Darling y la tía Fostalina, 3 casas: la casa de antes de la independencia, la de la independencia y la de cuando todo empezó a venirse abajo; y para Madre de Huesos, 4 casas: 'la casa de antes de que los blancos viniesen a apropiarse del país, cuando mandaba un rey; la casa de cuando llegaron los blancos y se apropiaron del país y entonces hubo una guerra; la casa de cuando los negros recuperaron el país, después de la independencia, y luego la casa de ahora' cuando el presidente anciano tiene sojuzgado al país.

Y sin lugar a dudas también hay un muy buen hacer literario cuando la novelista transfigurada en la niña que es Darling usa los tiempos verbales, el tono narrativo y la sintaxis tal y como hacen los niños pasando del pasado al presente visualizado, vívido, actual, que es propio en ellos:
Nos apretujamos en la chabola de MadreAmor como granos de arena, y dentro hace un calor sofocante y huele a sudor de adultos y a sobacos y a licor.” (66) 
Quizás, como escritora novel que es, NoViolet en esta opera prima peque en exceso de acumular en la misma temas y más temas. Cada capítulo, o sea, cada relato, viene a plantear un asunto referenciado siempre a Zimbabue: el sida, las minas de oro, el black power, el animismo, las ONG, el desencanto tras la consecución de la independencia, el cementerio de Heavenway, etc. Como ya he dicho, un capítulo que me ha gustado especialmente y que marca el cambio en la narradora es 'Como se marcharon’ en el que habla de la emigración, asunto importantísimo y emotivo por demás. A partir de aquí, en la parte situada en América, también se acumulan los temas: el bullying escolar (pp.144-145), la obesidad mórbida (p. 148), las bodas de conveniencia para lograr papeles legales de residencia (p. 150), la educación infantil aquí y allí (p. 158), el consumismo (tía Fostalina y sus compras televisivas en p.165), los problemas del emigrante con el idioma (pp. 168-170), internet: el porno y lo snuff (pp. 183-4), la desculturización del emigrado forzoso (capítulo “Cómo vivían” en pp.. 204-215), la anorexia y la bulimia en las chicas jóvenes (228), etc., etc.

Teju Cole, Chimamanda Ngozi Achidie, NoViolet Bulawayo
Sobrevolando toda esta inmensa acumulación de asuntos aparece uno, el de las mujeres, que se alza por encima de todos. Sí, en efecto, en esta obra, como en otras escritas por escritores africanos como los nigerianos Chimamanda Ngozi Adichie o Teju Cole, queda patente que son las mujeres las que llevan a sus espaldas el destino de África. Los hombres están trabajando en las minas, luchando en grupos militares o paramilitares, o bien como el padre de Darling han emigrado a Sudáfrica en busca de un futuro mejor, se supone, para ellos y sus familias... El caso es que son ellas, las mujeres, las que sacan adelante como pueden a los niños que ellos les hacen (el caso de Chipo es lacerante), las que transmiten el saber ancestral, las que se rebelan contra la exhibición de que son objeto por ese lavado de conciencia que en gran medida son las ONG que los visitan, las que dan el paso y abandonan el país en busca de un futuro mejor que piensan devolverle en cuanto puedan (Darling), y también las que se quedan cargando sobre ellas el peso de sacar adelante a las personas y las cosas (Chipo).

Final
Una novela que como ya me ocurriera con "Americanah" de Chimamanda Ngozi que leímos hace ya más de cuatro años en el grupo de lectura "más que palabras..." [crónica de dicha tertulia aquí] toca temas sensibles muy importantes. Son novelas que funcionan muy bien en tertulias por el debate que los asuntos planteados suscitan. Sin embargo, y con esto no quiero desmerecerlas en absoluto, literariamente -es mi opinión sobre estos dos títulos que conozco- no me aportan grandes cosas aparte del testimonio que difunden, importantísimo en su función socio-política de despertar conciencias dormidas y eliminar los tópicos que en Occidente funcionan sobre África y los africanos. Por lo demás en el terreno formal -y me refiero ya a la novela de NoViolet Bulawayo- es una escritura poco atrevida efectuada en primera persona de manera lineal y siguiendo las equilibradas pautas de construcción literaria que suelen darse en las escuelas de escritura creativa. En este sentido es un buen trabajo, y es esperable que la autora se arriesgue formalmente más en futuras creaciones que por ahora y desde 2013, año en que vio la luz "Necesitamos nombres nuevos", no han aparecido.
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