29 abr 2026

James Baldwin: "Ve y dilo en la montaña" (2ª 1/2 del A pares L: Dos autores, dos novelas, dos tertulias)

2 comentarios:
A la semana exacta de la 1ª 1/2 de este A pares L publico su 2ª 1/2. Como ya dije en la presentación del  mismo el de esta entrada corresponde al título sobre el que hacemos tertulia en el Club de Lectura Fuencarral de la Casa del Libro un día de la última semana del mes en que nos encontramos.  Respecto a Comerás flores de Lucía Solla Sobral que protagonizaba la entrada anterior sólo advertiré aquí de la sustancial diferencia entre ambos libros. Tales diferencias deben mucho, si no todo, a la enorme distancia que hay entre una obra publicada en 2025 (la de Lucía Solla Sobral) y otra aparecida el año 1953 en el contexto de una Norteamérica racista, hostigadora de cualquier identidad sexual distinta a la admitida y muy refugiada en el ámbito de la religiosidad.

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(oculto los posibles spoilers para no destrozar el gusto lector a quienes no la hayan leído. Aquellos que, pese a 
todo, deseen leerlos no tienen más que seleccionar con el cursosr el texto subrayado)
James Baldwin: "Ve y dilo en la montaña"

«Erraban por siempre por el valle; y golpeaban por siempre la roca; y las aguas manaban, perpetuamente, en el desierto perpetuo. Clamaban por siempre al Señor, y alzaban por siempre la vista, y eran por siempre abatidos, y Él por siempre los alzaba. No, el fuego no podía dañarlos, y sí, las fauces del león fueron aplacadas; la serpiente no era su señora, la tumba no era su lugar de reposo, la tierra no era su hogar. Job era testigo de todos ellos, y Abraham era su padre, Moisés había elegido sufrir con ellos y no deleitarse en el pecado durante años. Sadrac, Mesac y Abdenego habían pasado antes que ellos por el fuego, y David había cantado su dolor, y Jeremías había llorado por ellos.»


Novela de James Baldwin


Conocía desde mi época universitaria el nombre de James Baldwin (1924-1987), pero hasta el día de hoy nada suyo había leído. Sabía por quienes fueron profesores de anglística en mi Facultad de Letras, los hermanos Coy Ferrer (Javier y Juan José), que era de color y homosexual, y que por ambas condiciones había luchado contra la segregación en la que se encontraban él y quienes eran como él. Los temas principales que trata Baldwin en sus obras tienen mucho que ver con la relación que él mantenía con la religión, el racismo y la homosexualidad en el contexto de los Estados Unidos de mediados del siglo XX,

Ve y dilo en la montaña es la primera novela publicada por este neoyorquino, hijo de madre soltera y con padre adoptivo predicador. Apareció en 1953 y es una semiautobiografía suya. En la novela hay un personaje, John, que como él a los 14 años sufre una crisis religiosa que le llevará a convertirse en predicador. Ambos nacen en Harlem y son hijos de madres solteras. El de la novela es hijo de Elizabeth quien se casa con Gabriel, diácono predicador de la Iglesia del Templo del Fuego Bautizado, una iglesia protestante pentecostal situada en Harlem. Aunque Gabriel acepta al niño, la relación entre ambos será conflictiva. Gabriel es muy estricto con John y éste al sentirse odiado devuelve ese mismo odio soñando con escapar de la férula paterna, algo que no realizará jamás. 

Es una novela de personajes en la que especialmente destaca Gabriel, el predicador. Proyecta en él James Baldwin su desengaño hacia la religión que sufriría por la época en que se encuentra escribiendo el libro. Gabriel es un hombre, borracho y disoluto de joven, que se convertirá en predicador del estricto cristianismo pentecostal al conocer a Deborah, mujer muy devota amiga de Florence, hermana suya. Pese a estar casado con Deborah, Gabriel no puede resistir la tentación y durante nueve días tendrá relaciones con Esther, trabajadora en la misma casa de blancos donde él trabaja. A los nueve días decide dejarla, pero ella quedará embarazada y él se encargará de sufragar los gastos que ocasionará el que Esther marche a Chicago a tener a su hijo, Royal, hijo que ella no llegará a conocer por fallecer en el parto.

La novela se estructura en tres partes de las que la segunda es la más importante por contener las llamadas «Oraciones de los devotos». Son las siguientes: «La Oración de Florence», «La Oración de Gabriel» y «La oración de Elizabeth». La primera parte se titula «El Séptimo Día» o sea, el sábado día del oficio religioso cuando los fieles de la iglesia acuden a ella para santificar y bendecir la creación del mundo por Dios. Quien prepara la sala para esta celebración es John ayudado por su amigo Elisha. Por último, el tercer apartado lleva por título «El Suelo de la Revelación» y en ella John ve a su amigo Elisha que está en el suelo recibiendo en éxtasis una revelación divina; él mismo también la recibirá.  Si bien la acción lineal ocupa sólo un día que es el sábado de 1935 en que John cumple años, en los tres apartados se nos cuentan desordenadamente los antecedentes de la familia Grimes, las relaciones de parentesco entre ellos, las infidelidades, los malos comportamientos, la vida de estos negros en una Nueva York donde son los blancos quienes llevan la batuta y mantienen segregados a las personas de color...

La novela ciertamente está muy cargada de elementos religiosos. Concretamente es el Antiguo Testamento el que más importancia tiene en ella. Se habla mucho de Noé, a quien se atribuye el descubrimiento del vino y su poder embriagador. También se habla mucho de su hijo Cam que descubrió la desnudez de su padre y por eso fue maldito. De la estirpe de Cam, dice la leyenda, que procede la raza africana, los negros, una raza por ello maldita desde su origen. La religión mezclada con la segregación racial es un aspecto muy relevante en la novela. Gabriel constantemente advierte a sus hijos contra los blancos. John, que es el alter ego de James Badwin, se rebela algo contra ello, aunque admite la parte de razón que tiene el padre. La religión y los pasajes bíblicos junto a citas de himnos adventistas son utilizados como imágenes expresas o sobreentendidas que ayudan a comprender la vida de la comunidad de esta iglesia pentecostal. Me parece muy reveladora la escena en la que John el día de su 14 cumpleaños es invitado por su madre a comprarse algo y en Central Park sube hasta un montículo desde el que se divisa el perfil de la ciudad:
«Distinguió el perfil de Nueva York. No supo por qué, pero brotó en él un júbilo y una sensación de poder, y subió la cuesta a todo correr como si fuera un motor, o un loco, dispuesto a tirarse de cabeza sobre la ciudad que resplandecía ante él. [...]
Al llegar a la cima se detuvo [...] se sintió como un gigante capaz de arrasar la ciudad con su furia; se sintió como un tirano capaz de aplastar la ciudad con el pie; se sintió como un conquistador largo tiempo esperado [...]
Entonces se acordó de su padre y su madre, y de todos los brazos extendidos para retenerlo, para salvarlo de esa ciudad en la que, según decían, su alma hallaría la perdición.»
A mí esta visión de Nueva York desde ese montículo, esa montaña, me ha recordado el episodio evangélico de las tentaciones que sufrió Jesucristo en el desierto cuando fue llevado a lo alto de una montaña y el Diablo le dijo aquello de "Todo esto te daré, si postrado me adorares". Creo que este es el intertexto que subyace en este fragmento, aunque vuelto del revés. Y pienso que quizás ese sea el mensaje que la novela quiere dar: cuidado con los salvadores que quieren hacernos perder el gozo de la vida, cuidado con esos predicadores falsos, hipócritas, que predican lo contrario de lo que practican. Esta va a ser la revelación que recibirá John cuando en la Iglesia ese séptimo día caiga al suelo y se vea liberado:
«Yo, John, vi una ciudad, en lo alto y en medio del aire, esperando, esperando, esperando en lo alto»
Y muy próximo a la cuestión religiosa que incita al temor de Dios está el otro temor que Gabriel se esfuerza por inocular en sus hijos, en especial en John, hijo al que ve como más proclive a relacionarse con los blancos. En un Nueva York en el que la segregación racial estaba más que instaurada, Gabriel no hace nada para mejorar la convivencia entre los blancos y los negros. Por eso previene a John frente a ellos cuando el conflictivo hermano Roy vuelve herido a casa tras haber sido agredido por ellos:
«¿Lo ves? –añadió ahora su padre–. Han sido los blancos, algunos de esos blancos que tan bien te caen, los que han intentado rebanarle el pescuezo a tu hermano.»
En esta novela que tiene muchísimo de autobiográfica no aparece de manera explícita la condición homosexual del autor. Sin embargo creo que puede atisbarse en su relación con Elisha. Más que en su relación, en la manera como Elisha es observado por John en la Iglesia, en los pensamientos que su presencia le suscitan:
«Y se fijó en Elisha, un joven que seguía al Señor; un sacerdote de la Orden de Melquisedec al que se le había concedido el poder de vencer la muerte y el Infierno. El Señor lo había elevado, lo había transformado, y lo había situado en la senda luminosa. ¿En qué pensaba Elisha cuando llegaba la noche y se quedaba solo donde nadie podía verlo, donde ninguna lengua podía dar cuenta de él, excepto la lengua de las trompetas de Dios? ¿Cómo eran sus pensamientos, su cama, su cuerpo vil? ¿Cómo eran sus sueños?»
Muy interesante en esta novela es el papel que tienen las mujeres. Son muchas las que hay en la historia: Deborah, la primera mujer de Gabriel; Florence, la hermana de Gabriel; Estephanie, la madre soltera de John que casará con Gabriel; Esther, la aventura de Gabriel que dará como consecuencia un hijo, Royal; Ella Mae, la chica pareja de Elisha que se verá separada de él por culpa del predicador James; la Hermana Washington, abuela de Ella Mae, la Hermana McDonald, madre de Esther... En general todas ellas cargan con una condena, con una maldición, la de estar sometidas a los hombres, la de que el amor sea el señuelo para este sometimiento, la de ser engañadas y abandonadas por ellos... Así piensa Florence a propósito de su fallida relación con Frank«a veces le venía la idea de que todas las mujeres cargaban con una maldición desde la cuna; a todas, de un modo u otro, se las había abocado al mismo destino cruel, habían nacido para aguantar el peso de los hombres.». Y en otro momento, la misma Florence, la mujer más concienciada del grupo, al conocer las circunstancias de Elizabeth y lo sucedido al padre de John concluye:
«Sí –dijo Florence, acercándose a la ventana– los hombres se mueren, eso es verdad. Y somos las mujeres las que nos quedamos, como dice la Biblia, y los lloramos. Los hombres mueren, para ellos se acaba todo, pero nosotras tenemos que seguir viviendo e intentar olvidar lo que nos han hecho. Ay, Señor.»
En lo formal es importante el desarrollo de la trama a base de ese perspectivismo centrado en esas cuatro o cinco figuras esenciales de la narración: John, alter ego del propio James Baldwin; Gabriel, alter ego del padrastro del autor, al que siempre llamó padre; y las mujeres Elizabeth, alter ego de la propia madre soltera del novelista llamada Emma Berdis Jones; y Florence, hermana de Gabriel. Gracias a sus distintos puntos de vista vamos conociendo la historia que se nos relata.

Si en lo formal no es una novela sencilla, esta dificultad se ve acrecentada a día de hoy por el excesivo contenido evangélico que contiene. En una sociedad secularizada y tan desacralizada como la nuestra las referencias bíbicas y religiosas resultan a veces muy difíciles de desentrañar; mucho más cuando en ocasiones van anejas a maneras poco habituales de presentarlas. Tal me ha parecido a mí, por ejemplo, el frecuente uso catafórico (anticipar el pronombre a su referente) que realiza (ejemplo: «Él no la sentía, esa dicha que experimentaban ellos»). Tampoco es fácil la interpretación de los momentos oníricos que les suceden a los devotos cuando reciben la revelación. No es sencilla porque en esa ensoñación que sufren, los pasajes bíblicos y religiosos que perciben o pasan por su mente son confusos, aparecen en desorden o exigen gran conocimiento por parte del lector para realizar debidamente la precisa exégesis religiosa. El momento esencial de esta revelación es la de John cuando en el oficio de ese Séptimo Día, día de su 14 cumpleaños, recibe el anuncio divino de que seguirá los pasos religiosos de predicador de su padre. En parte, así John se salvará del peligroso mundo delicuencial al que igual que su hermano Roy o su medio hermano Royal estaba abocado.


Para finalizar
escritores afroamericanos,Religión,
James_Baldwin (foto de Allan_Warren)
Una novela tan densa como Ve y dilo en la montaña, que toca tantos aspectos de la biografía de James Baldwin, es difícil de agotar en una simple reseña como ésta. Me felicito irónicamente a mí mismo por haberla leído durante las fechas de la Semana Santa. ¡Ojalá, que la espiritualidad de esas fiestas me hayan hecho entender mejor a James Baldwin! Pero no estoy seguro de que así haya sido.

Cuando voy a cerrar esta entrada caigo en la cuenta de que nada he dicho acerca del aspecto físico del escritor que tanto le preocupó íntimamente a lo largo de su vida. Me refiero a su fealdad. Sí, él mismo, con frecuencia aludía a ella, a cómo su padre (su padrastro) lo criticaba por ello y así él también se percibe en esta novela:
«John destacaba en los estudios aunque, a diferencia de Elisha, no en matemáticas ni en baloncesto, y se decía que le aguardaba un Gran Futuro. Podría llegar a ser un Gran Guía de Los Suyos. A John no le interesaban mucho los suyos, pero la expresión tantas veces repetida aparecía en su mente como una gran puerta de latón, que se le abría para darle paso a un mundo en el que la gente no vivía en la oscuridad de la casa de su padre [...] En este mundo John, que según decía su padre era feo, que siempre era el chico más bajo de la clase, y que no tenía amigos, se volvía de inmediato guapo, alto y popular. 
[...]
Su padre siempre había dicho que el rostro de John era el rostro del Demonio..., ¿y acaso no había algo -en el arco de la ceja, en el modo en que su pelo áspero le formaba una uve en la frente- que confirmaba las palabras de su padre?»
En resumen, son cuestiones centrales en Ve y dilo en la montaña las siguientes:  la hipocresía, la distancia entre predicar y dar trigo, la discriminación racial, la lucha hombres-mujeres, el empoderamiento femenino, la ocultación de la condición sexual... Novela muy autobiográfica. 

No me cansaré de advertir una y otra vez que el conocimiento bíblico es muy importante para una buena intelección de esta primera novela de James Baldwin. Y recuerdo que hoy día estos conocimientos son pocos y no gozan de mucho prestigio en el mundo que nos ha tocado vivir.


22 abr 2026

Dos autores, dos novelas, dos tertulias (A pares L, 1ª 1/2): "Comerás flores" de Lucía Solla Sobral

7 comentarios:
Hay ocasiones en las que a uno parece juntársele todo. Es lo que esta segunda mitad del mes de abril parece haberme sucedido. Y es que entre obligaciones familiares, viajes y las variadas aficiones y ocupaciones literarias voluntariamente adquiridas, el tiempo no me llega para todo. En lo que se refiere al objeto principal de este blog, el comentario de libros leídos, resulta que los encuentros de las dos tertulias literarias en que participo han venido a situarse en fechas muy próximas la una de la otra: El grupo de lectura "más que palabras...", el primero y más antiguo de las dos tertulias, es  este mes el primero en celebrarse; comentaremos en él la novela de Lucía Solla Sobral Comerás flores. Es por esto que la reseña sobre esta novela abre este A pares. La segunda reunión lectora, la del Club de Lectura Fuencarral, que también una vez al mes se celebra en La Casa del Libro de la calle Fuencarral de Madrid el último miércoles de cada mes tendrá lugar, pues, más tarde y por ello la novela "Ve y cuéntalo en la montaña" de James Baldwin que protagonizará el encuentro la comentaré en segundo lugar. Ambas reseñas serán en esta ocasión más minirreseñas que otra cosa. El tiempo no da para más..
 


Lucía Solla Sobral: "Comerás flores"

«He fallado. Soy imbécil. ¿Cómo me pudo pasar esto a mí? ¿Por qué yo no lo vi? Sé que tú te estabas dando cuenta. ¿De qué me sirvieron todas esas charlas, los debates y los libros? Fui a la universidad, hice un máster, tengo trabajo y una hermana activista.»

Maltrato psicológico, Violencia de género, Machismo, Romanticismo tóxico

Una primera novela de una escritora nacida en Marín, Pontevedra, en 1989. Con el título Comerás flores  Lucía Solla Sobral se alzó con el Premio Ojo Crítico de narrativa 2025. Es una novela escrita con mucha frescura y naturalidad que trata el tema del enamoramiento romántico, de las trampas que pueden encontrarse en él. La protagonista es Marina, una joven de 24 años que se enamora perdidamente de un hombre de unos 45 que fácilmente podría ser su padre; concretamente este hombre, Jaime, tiene una hija, Jimena, de la misma edad que Marina, algo que a ella incomoda y que es un handicap importante para que la relación llegue a buen puerto.


La novela, pues, presenta a un hombre maduro que poco a poco va anulando a esa joven que antes de conocerlo tenía una vida propia, vivía con Diana, una íntima amiga a la que él comienza a desprestigiar y que poco a poco va apartando de Marina. Es un hombre muy atento, que se anticipa a los deseos de ella, que la colma de atenciones. Pero ¿son las atenciones del enamorado manifestación clara de sincero amor o las mismas no son más que reflejo del afán de control y de dominio de éste? Llega un momento en que la chica se ve abrumada por él. Muchos aspectos del enamoramiento se tocan en este libro. Uno de ellos, el fundamental, es el de la atracción de una mujer joven por un hombre maduro. La experiencia, el saber estar de éste, la protección que emana de su figura, su éxito, incluso el remedo de figura paterna que puede representar para la chica son detalles esenciales en esta narración que la autora conduce con acierto. Ante el control que representa el exceso de atenciones de Jaime sobre Marina, su amiga Diana, auténtico Pepito Grillo suyo, le dice:
«—No sé, tía, parece un padre en vez de tu novio. —Cortó la pizza en cuatro y la repartió en dos platos—. Un padre chungo.»
Es una novela que toca el tema de la violencia de género. En este caso es una violencia blanda, apenas perceptible, cual lo es la violencia psicológica que en ocasiones puede llegar a ser tan mala o hasta peor que la física. No es necesario golpear para sentirse maltratado, basta con gritar, con mirar aviesamente, con durante días condenar al silencio al otro... Intentar hacerse perdonar los brotes violentos con regalos y atenciones viene a ser una manera de cosificar al otro, de ignorarlo como portador de emociones, de anularle la voluntad mercantilizando sus enfados.

Pero hay también otros muchos asuntos que se tratan en esta narración, si bien todos ellos están interrelacionados con el prinicpal que he señalado antes. Uno de ellos, muy importante, es el de la violencia que se infringe a sí misma Marina simplemente para satisfacer a quienes la rodean, bien sea su madre Bea y sobre todo su novio Jaime. Jaime es carnivoro y constantemente critica a Marina su veganismo. Ella para no incomodarlo, para satisfacerlo, para evitar discusiones, acepta comer alimentos que no quiere y por eso de inmediato y a escondidas se provoca el vómito. Esta aceptación por parte de Marina de los deseos de los otros (metafóricamente en el caso de la comida comer esto o aquello sólo por satisfacerlos) es lo que se desprende de la expresión que da título a la novela y que se repite en varias ocasiones a lo largo de ella: «Comerás flores». Es decir, tendrás que tragar y hacer o admitir cosas que no te satisfacen, pero que deberás soportar porque el amor es tan hermoso y tú estás tan enamorada... 

Otro asunto muy importante es el del comportamiento de Jaime. Él es un triunfador en su campo («compositor de atmósferas»), es un maestro de la diglosia, o sea, sabe cuando conviene hablar en gallego y cuando en castellano, no admite que se le contradiga, que se le pongan objeciones a no ser que éstas procedan de alguna de sus clientes como Mercedes a las que satisfacer. Y Marina no es ninguna clienta, es su chica, su novia, su enamorada. Por eso cuando no le da la razón o le comunica algo que no le satisface, él se pone hecho un basilisco y grita, grita, grita. Y después se marcha sin avisar, la abandona por un tiempo y cuando vuelve es como si nada hubiera sucedido. Quizás este asunto sea el más importante porque este es el comportamiento de un maltratador, es el comportamiento de un amante tóxico que es lo que Jaime es. A Marina le costará percatarse de ello porque aún por su cabeza circulan historias de amor romántico tipo la de Jane Eyre que tanto hacía llorar a su madre Bea. En ese ambiente se educó y liberarse de ello es difícil. A ella le costará concretamente casi tres años, desde los 24 que tenía cuando se enamoró de Jaime hasta los 27 que tiene cuando está escribiendo este relato.

El tema del duelo por la muerte del padre también tiene gran importancia en Comerás flores. ¿No encuentra Marina en Jaime sin ser muy consciente de ello a un sustituto del padre fallecido? Su amiga Diana lo supo ver desde el primer momento. Pero el amor, ya lo dice el saber popular, es ciego.
 
La novela me ha gustado, pero no todo en ella me ha gustado. A veces, demasiadas en mi opinión, cae en un infantilismo que considero fuera de lugar («Con la segunda patata me dio una arcada. No podía más. Me llené la boca con el siguiente bocado de hamburguesa. Nadie me había enseñado a comer estando triste.» o «Cuando Jaime quería llevarnos otra vez a un sitio elegante y caro y nosotras queríamos pedir pizza con los bordes gorditos, nos convertíamos en la misma niña malcriada.»). También, aunque no incurre en ello más que una vez, la escritora cede a las consignas de lo políticamente correcto, de las denominadas cuotas identitarias cuando, pienso yo, no había necesidad ninguna. Pero con todo es una novela equilibrada, y, esto lo quiero destacar, en mi opinión toca con acierto el tema de la amistad, de la verdadera amistad. La relación entre Diana y Marina es fantástica, es sincera, es auténtica, son dos magníficas amigas, dos personas que se valoran mutuamente, que se ayudan, que se aconsejan, que se quieren.

Formalmente han llamado mucho mi atención esas repeticiones, normalmente triadas (tricolon) en las que el término —a veces no es el mismo término sino una secuencia fónica— se repite tres veces. Con estas repeticiones se intenta transmitir la intensidad con que el personaje vive lo que la palabra significa. Lo curioso es que a veces realiza la repetición utilizando signos de puntuación («Lloro. Lloro. Lloro») y otras los omite totalmente («también la odiaba. La odiaba la odiaba la odiaba. Odiaba [...]» o «Jaime me adoraba me quería me despertaba todas las mañanas con los ojos como plumas»). Ambos usos, con y sin signos de puntuación, tienen clara intención de estilo.

Radios culturales, escritores gallegos
Hay variedad de intertextos bien en forma de citaciones («Yo sabía que salir del amor era como salir de una catástrofe aérea porque se lo leí a Peri Rossi, pero no sabía yo lo difícil que era hablar del amor sin que a una se le llenasen los mofletes de miga de pan y se le pegase el calor a la piel como un pijama de franela.») cuanto simplemente de los nombres de artistas y personajes («Quería casarme, por supuesto que quería casarme, porque apoyada en los muslos de mamá, con sus dedos recorriendo mi oreja, Elizabeth Bennet se casó con Mr. Darcy y Jane Eyre con el señor Rochester y Harry con Sally y Anna Scott con William Thacker.»). 

También en lo formal me ha gustado mucho ese final en el que no todo se cierra, en el que algunos flecos quedan ahí flotando al viento tal y como sucede en la vida, en la que no todo está proyectado, cerrado, en la que el azar tiene un importante protagonismo, en la que el qué pasará hace que la vida sea toda una aventura hermosa de vivir.

 
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En unos días la 2ª 1/2 de este  A pares L: Dos autores, dos novelas, dos tertulias



15 abr 2026

"Una casa sola", novela de Selva Almada

9 comentarios:

«Abrí los ojos a una mañana que presentaba poca novedad. El aguaribay florecido ardía de abejas. Las gallinas escarbaban el suelo buscando lombrices. Una pollita joven desenterró un cordón de zapatilla y armó tal alboroto que las otras la persiguieron para robarle el botín. La Miní apareció entre los pastos; tan blanca y con las costillas marcadas, la galga, que si no fuera la pura luz del día, diría que no era un perro sino el ánima de un perro. Arrastraba un lagarto overo y el olor a sangre atrajo a sus cachorros. Pero la capitana rancha sola: les tiró unos tarascones y comió triturando cuero, huesos, carne, hasta hartarse. Después se echó a la sombra del tala y dejó que los hijos se prendieran a las tetas»

Novela argentina última, Prosa poética, novela lírica
 Llegué a la última y magnífica novela de la argentina Selva Almada vía Leonardo Padura y la espectacular reseña que de la obra publicó el mes pasado en Babelia - El País. Esta vez la lectura la he realizado en un soporte distinto al habitual, la he realizado escuchándola. No suelo practicar esta modalidad de lectura, pero resulta que al bajar en préstamo la obra en eBiblio no me di cuenta de que el formato era audio. Bueno, en fin, me dije, no es la primera vez que escucho una novela en lugar de leerla, así que admití el préstamo. Y lo admití entre otros motivos porque la novela Una casa sola de Selva Almada está solicitadísima. Yo mismo tuve que esperar cerca de dos meses para que mi petición fuera atendida. Así que lo tenía claro, esta vez iba a escuchar en vez de leer. Y así lo he hecho.

Habría mucho que decir sobre las ventajas e inconvenientes de esta modalidad lectora hoy tan en auge. Todo, pienso, es cuestión de hábito y gusto. Tengo conocidos que me confiesan usar este formato con frecuencia, que les agrada. Vale. En mi caso no me convence demasiado porque no me permite detenerme, regodearme en las propias palabras, disfrutarlas, volver  atrás de inmediato en la frase recién leída si deseo volver a leerla y cosas así. Tampoco me convence en el caso de los audio-libros la pérdida (al menos yo la pierdo o me pierdo), o no constatación, del fin de una secuencia e inicio de la siguiente al no tener el texto escrito delante.

Cuando comencé la audición de Una casa sola  tuve una sensación negativa porque en la novela abundan los argentinismos, algunos de fonética desconocida para mí, cuyo sentido muchas veces se me hacía por demás difícil de encontrar. La primera secuencia o capítulo de la obra es además de las que tienen más duración (19 minutos). Puse voluntad y ganas de encontrarme a gusto porque la autora es una de mis favoritas y, sin haberme enterado en su totalidad, sobreviví a este primer contacto con el contenido de la obra. Volví a "leer" los 19 minutos del primer capítulo y ya me fui encontrando mejor y mejor. A mi satisfacción contribuía mucho la dicción perfecta de la locutora de la novela, Mara Campanelli, mujer argentina como Selva Almada, que sabe dar la entonación justa a las distintas frases que conforman el texto. La voz de Mara le va a la historia como anillo al dedo. Si al principio se me hizo algo difícil la intelección, el ritmo, el tono, la musicalidad tan argentina de la actriz de voz, según que avanzaba la historia y pasaban las secuencias narrativas (30), me iba gustando más y más. Yo tenía la ventaja de ya ser conocedor del estilo narrativo de Selva Almada (leí y reseñé 'Ladrilleros' hará cosa de seis años) y los argentinismos que pueblan el relato, los nombres de animales y plantas tan de allá, y otras cuestiones semejantes, aun sorprendiéndome, no me han impedido disfrutar muchísimo de la novela.

 Estamos ante una voz narrativa en primera persona a la que no estaba yo acostumbrado y pienso que al igual que yo tampoco lo estarán muchas otras personas. Y es que quien protagoniza el relato, quien nos cuenta su propia historia es un ser inanimado, una cosa, concretamente la Casa. Es una casa en medio del bosque (el espinal) que se ha ido haciendo por unos y por otros desde tiempos muy antiguos (se habla del asesinato de un general y dictador del país que se produciría -no se identifica el momento aunque sí el lugar, la Posta de San José, en la novela- en 1870. Ya por entonces, cuando el asesinato del general Justo José de Urquiza, cuyo nombre no aparece, la casa que protagoniza el relato ya estaba en pie, si bien sólo era un chamizo, un refugio en el bosque, apenas cuatro paredes y una techumbre hecha de ramas. Luego quienes la fueron habitando y usando la hicieron crecer a lo alto y a lo ancho según sus necesidades. Especialmente se habla de una familia -los Lucero- que la habitó varios años mientras que el hombre Damián, trabajaba de peón para un patrón y la mujer, Lorena, limpiaba en la casa de la Maestra y luego atendió a la mujer enferma del propio patrón. Esta familia estuvo en ella al menos cuatro años durante los cuales nacieron sus hijos y la Casa fue más casa que nunca, un verdadero hogar, pues albergó por primera y única vez a una familia.

Junto a los Lucero transitan por Una casa sola otros personajes: soldados (milicos), policías (canas), una banda de hombres desarrapados y hambrientos, aparecidos que en la noche deambulan por la casa y las habitaciones donde duermen los gurici (los chicos) de Damián y Lorena. Pero también hay personajes que tienen individualidad propia como la Grinja que aunque como otros sea un personaje fantasmagórico del pasado en el relato cumple la función de evocar la tragedia y el dolor en contraste con la vida cotidiana de los Lucero; el Cortito, así llamado por haber perdido las piernas en la guerra de las Malvinas, es un personaje de la actualidad que está al volante de una de las máquinas que, en torno a lo que queda de la casa, está desbrozando el lugar, allanándolo, seguramente para abrir claros en el bosque y dedicarlos a la agricultura [a punto de publicar esta reseña leo una entrevista con la escritora que habla del proyecto frustrado de construcción de un aeropuerto]; la Curandera a la que visita el Cortito con frecuencia entra a conformar y abundar en ese aspecto mágico y de fábula que desde antiguo acompaña a la Casa y a todo lo que la rodea; y la Tata, madre de la Lorena y abuela de los niños, que al desaparecer toda la familia se presenta en la casa con policías e investigadores para intentar dilucidar qué fue lo que pasó, algo que no se llega a conocer. Es esta Tata un referente claro a esas otras mujeres de la plaza de Mayo, madres y abuelas, que incansables buscaron a sus hijos y nietos desaparecidos.

Importante, muy importante, es también el tiempo, el cual transcurre en Una casa sola de manera imperceptible, pero implacable. En la novela Selva Almada no establece una cronología clara, tan sólo proporciona  apuntes indiciarios (muerte de un general y dictador, soldados que hablan de Malvinas, máquinas que desbrozan, leñadores que con sus hachas tumbaban árboles en el espinal cuando la Casa no era más que cuatro paredes...). Esta temporalidad imprecisa, inasible, contribuye a crear un ambiente narrativo que en gran medida, y como comenta Leonardo Padura, recuerda bastante a Juan Rulfo. Con todo vemos, aunque sin saber con precisión cuándo, que la casa comienza a existir, que crece, que un día alberga una familia en su interior, que de la noche a la mañana se queda vacía, que comienza a ser invadida por las plantas del bosque y finalmente que apenas si se la distingue 
«Sigo en pie como esas viejas muy viejas: de pura empecinada no más [...] Vista desde arriba, ya nadie podría distinguirme».
Es la naturaleza la que marca el decurso temporal. Concretamente en la obra no son los humanos quienes dan más información sobre el tiempo transcurrido, sino los perros durante la época de los Lucero: la galga Miní que a la Casa le recuerda a la Sultana que tanto gustaba a los gurici de los Lucero y que precisamente es la que nota la falta de éstos en la casa; y luego también es el Tala (árbol) quien según la estación («el tala se expurga las hojas muertas con disimulo») junto a la Casa marcan el paso del tiempo   («el tala y yo somos hermanos de leche [...] aunque hace ya tiempo que me pasó en altura»). Siempre un tiempo impreciso («un chaperío relumbrante es todo lo que queda de un galpón que ha sucumbido a las tormentas, cuánto hace, quién sabe, [...]»). Un tiempo que pasa, que vuelve, que parece acabarse, pero que de nuevo renueva lo que semejaba estar muerto. El eterno retorno, la sensación de siempre lo mismo, lo inacabable y a la vez finito, la anulación del tiempo...
«El aire tibio se perfuma de pomeas. Nadie viene ya, ni siquiera la Tata. Sigo en píe, sola, desde que se fueron los Lucero.»

Una casa sola, fábula, novela mágica
(fotografía tomada de Babelia-El País del 12/3/2026)
La prosa de Selva Almada rebosa poesía por sus cuatro costados. Es de una belleza increíble. A las imágenes atrevidas se suman los vocablos propios del habla popular de la zona donde se ubica de manera imprecisa la acción, o sea la provincia argentina de Corrientes colindante con el Paraguay. Al ser audible el formato en que he leído Una casa sola no me ha sido fácil tomar apuntes claros de términos utilizados. Muchos vocablos son semejantes a los que ya señalé en mi reseña sobre "Ladrilleros" (ver reseña aquí), pero otros muchos son propios de la zona (el litoral) donde viene a situarse esta protagonista sorprendente, la Casa, que está siendo asfixiada por la Naturaleza de la zona.

A continuación algunas frases hermosas que he podido retener en la memoria:
  • Las alarás cavando sus túneles en la madera
  • La madrugada se llenó de olor a sangre y calostros 
  • Despelote de estrellas en la noche. La luna poniendo a parir a las bestias del monte.
  • ¡Pucha, que eres arisca!
  • Pavor de las madres a la muerte blanca
  • Olor a bicho enojado y corrupto
  • El gurí chico creció como un chucho guacho
  • El patrón a Lucero le pagaba de a puchitos
Final
Una novela muy interesante en estructura, lenguaje, asunto, y procedimientos narrativos que a los buenos lectores, aquellos que no se conforman con la mera historia sino que buscan en los libros algo más (mucho más en ésta), entusiasmará.




8 abr 2026

"El alumno" de José Antonio Lucero

8 comentarios:

«Sabe el maestro que los libros que uno tiene, los que ha leído y los que tiene por leer son su medida del mundo y, también, de cuánto del mundo hay dentro de uno. Tal vez su trabajo como docente se limite a agrandar el mundo de sus alumnos proponiéndoles libros como vehículos.»

José Antonio Lucero, Autores andaluces
Si el libro de mi reseña anterior llegó hasta mí por la vía de la amistad, también El alumno de José Antonio Lucero ha seguido un camino similar. Esta vez ha sido mi magnífica, buena y desde antiguo, amiga Lupe quien me habló de este título, diciéndome cuando me lo prestó para que lo leyera: 
«Te gustará, estoy segura. Va de un profesor como tú. Hay muchas referencias a libros y a literatura en él»
A mí, los libros que hablan de libros o que dialogan con autores del pasado y sus creaciones literarias me gustan. Fue por eso que sin dilación alguna tome a El alumno en mis manos y comencé a leerlo.

El autor
José Antonio Lucero es un roteño de 38 años, licenciado en Historia y profesor de Geografía e Historia y Lengua y Literatura en un colegio de su localidad natal.  Como educador mantiene abierto desde 2015 un canal en You Tube, La cuna de Halicarnaso, que —dice él mismo en su pagina web— «uso como base para aplicar en el día a día de mis clases el modelo pedagógico Flipped Classroom y el Aprendizaje Basado en Proyectos con el objetivo de motivar a mis alumnos y hacer de su aprendizaje algo mucho más significativo»

Desde muy pronto José Antonio Lucero se sintió atraído por la creación de narraciones. En 2012 autopublicó Mariela, 1972. Un asesinato en Rota. Pero fue a partir de  2021 cuando su carrera literaria despegó con fuerza; ese año publicó La vida en un minuto, novela que había sido finalista del Premio Ateneo Joven de Sevilla en 2018. Al año siguiente, en 2022, vio la luz La madrina de Guerra y en 2024 La maestra. Todas estas novelas, al igual que la que aquí reseño han sido publicadas por Editorial B del grupo Penguin Random House. 

Mi comentario
En El alumno e imagino que también en La maestra que publicó en 2024 Lucero realiza un homenaje al gremio de los enseñantes, concretamente al cuerpo de Maestros que tanto bien han hecho en varios momentos de su historia a España. Mucho bien y por ello, paradójicamente, también han sufrido mucha represión y muerte; así lo refleja esta novela cuando en el pasado siglo los levantados en armas contra el gobierno legítimo se hicieron con el poder y a muchos docentes encarcelaron, echaron del Cuerpo o por sus ideas políticas los fusilaron.

Sinopsis de la novela (realizado por la propia editorial)
Septiembre de 1955. Roque, un joven maestro que en el pasado fue un alumno difícil, llega a una escuela de la sierra de Sevilla con el deseo de que los niños puedan soñar con un futuro mejor, lejos del estruendo de la violencia y la lacra de la dictadura.
Poco a poco conseguirá sembrar en los pequeños la curiosidad por el conocimiento y descubrirles la belleza de las palabras a través de la poesía.
Sin embargo, sus inquietudes pedagógicas, heredadas de la maestra de su infancia, Lali, no casan con el estricto engranaje educativo del régimen ni con los ideales del director del centro, quien pronto empezará a sospechar de él. Y es que Roque esconde un secreto del pasado: busca algo que le arrebataron cuando era un niño, tras la detención de su profesora y su ingreso en un siniestro internado franquista, donde, a pesar de todo, descubrió que enseñar puede ser un acto de resistencia.

El novelista presenta la historia de Roque, maestro de Encinar de la Sierra (pueblo ficticio de Sevilla) en e1 curso 1955-56, en contrapunto temporal con el curso de 1939-40 durante el que él mismo cursa estudios en un Colegio religioso de élite situado en Madrid. En este centro educativo ingresa Roque por expreso deseo de su padre, importante gerifalte de la Falange. La relación entre Roque y Javier, su padre, es muy mala por algo sucedido entre ellos al poco de haber estallado el Golpe de Estado de 1936. Nela, la madre de Roque, poco ha podido hacer para enderezar la situación entre ellos en un momento en que las mujeres en España apenas tenían visibilidad y eran sistemáticamente ninguneadas por el varón, mucho más si éste, Javier Ramírez, ocupaba una importante posición en el Partido único.

En el contexto de la inmediatísima posguerra vemos a un alumno que es educado en un colegio religioso de élite y de estricta disciplina donde sufre algunas vejaciones o es conocedor de otras más graves sufridas por algunos de sus compañeros. A este chico, cuya vida escolar durante el curso 39-40 conocemos, volvemos a encontrarlo ya convertido en maestro nacional en un pueblo sevillano el año de 1955. Estos dos momentos, separados entre sí quince años, se van alternando en contrapunto temporal a lo largo de los capítulos que componen las cinco partes más un epílogo (éste de 1972) que forman la novela.
  • Primera Parte lleva por título "Un mago". En esta parte se suceden en contrapunto el ingreso en el curso 39-40 de Roque niño en la escuela madrileña de San Miguel y la llegada de Roque ya maestro a la escuela de Encinar de la Sierra en 1955.
  • La segunda Parte se titula "Un calambur". Bajo el nombre de esta figura literaria que Roque enseña a sus alumnos se crea el 'Club de los Calambures', reunión de cinco o seis alumnos con Roque en su casa donde éste les lee poesías, algunas prohibidas en esos años, y los anima a componerlas. Uno de estos chicos, Saúl, se revela como un buen creador. En esta misma parte hay una importante vuelta a sus experiencias en el Colegio San Miguel durante el curso 1939-1940 al tomar el maestro en sus manos el libro "Sombras agrestes" de Justo Rebollo, quien fuera amigo íntimo en esa época lejana. 
  • La Tercera Parte se rotula como "La libertad de enseñar" y en ella Roque pretende ejercer en libertad la enseñanza, algo difícil en la España franquista del momento.
  • La Cuarta Parte se titula "Un amanecer" y en ella es cuando se producen los hechos más relevantes de todo el relato, que, como es lógico, no pienso revelar para no destrozar el placer de la lectura. 
  • La Quinta parte por último aparece bajo el epígrafe de "Una confesión". En ella se resuelve toda la novela con algún que otro giro imprevisto y sorprendente.
La novela me ha gustado por muchas cosas. Una de ellas, quizás la más importante para mí, ha sido la gran cantidad de referencias a obras y autores de nuestra historia literaria. Son alusiones a autores conocidos por su papel relevante en la España anterior a la Guerra Civil y que, acabada ésta, fueron borrados, eliminados del imaginario colectivo, en un vano intento de reescribir la Historia. Afortunadamente siempre hubo algunos maestros que como Roque, jugándose el puesto y el tipo, se afanaron por mantener viva su memoria:
«No puede decirlo porque la Generación del 27 es un espejismo, es un paréntesis, es gente que no existió. Federico García Lorca, que no escribió. Pedro Salinas, que nunca pensó que podía cambiar España con sus rimas. Rafael Alberti, alguien que no soñó con alumbrar con sus letras a los desheredados. Tampoco Manuel Altolaguirre. Como tampoco existieron Maruja Mallo y Concha Méndez, mujeres que no entendieron que ellas pudieron habitar un espacio de reivindicación, o Rosa Chacel, que no quiso hacer su revolución obrera, la suya, la feminista, como Josefina de la Torre y tantas otras.»
La maestra, El alumno
No puedo dejar sin citar el manejo que José Antonio Lucero hace del recurso de la intertextualidad. Predomina la machadiana («tarde suave y mansa», p. 149; «la mayor parte del día se escenifica la función de charanga y pandereta, cerrado y sacristía que escribiría el poeta exiliado», p. 224; «ligero de equipaje», p. 265; «monotonía de la lluvia tras los cristales», en otro momento...). Pero también la hay referida a otros autores: Bécquer («las golondrinas de Bécquer anidando en el balcón de Lola», p.226); Miguel Hernández (su poema «Tristes guerras»), en otro momento; etc.

Este culturalismo no es sólo literario sino que invade también otros espacios como el de la pedagogía y el del cine. Aparecen citados con cierta reiteración nombres de pedagogos como María Montessori, Célestin Freinet, Ferrer i Guardia... Asimismo, ya cuando la acción se sitúa a mediados de la década de los cincuenta del siglo XX, las referencias culturales tiran más por los derroteros del Cine y algo menos, aunque también las haya, de la Literatura. No se puede obviar que en 1956, momento en que finaliza la novela, se está produciendo un cierto aperturismo en el Régimen que busca el abandono de la autocracia por la tecnocracia. Este aperturismo se notará en la literatura y queda reflejado en la novela en esa novela ficticia, "Sombras agrestes", del también ficticio Justo Rebollo, así como en los poetas que en el Club de los Calambures comienzan a leer a partir de esa fecha («Y recibirá nuevos miembros y otros se irán, y junto a los clásicos leerán a poetas nuevos -Gabriel Celaya, Gloria Fuertes, Blas de Otero, Ángela Figuera Aymerich-, en cuyos versos, al resonar en esas boquitas ávidas, habrá un arma cargada de futuro»)
«En la España de mediados de los cincuenta no era difícil que esa novela pasara la censura [...] la cultura española vivía una especie de resurgimiento al que no le tardaron en salir las ovejas negras: Berlanga con su Bienvenido, mister Marshall (¿cómo diablos pudo pasar la censura aquel guion?, señorita Lali), Bardem con Muerte de un ciclista, y algo más tarde, Luis Martín Santos con Tiempo de silencio, por poner algunos ejemplos a los que también podríamos sumar la obra de mi amigo»

Pero sin duda alguna lo más llamativo e importante para mí es que El alumno es una novela muy emotiva, que aunque contiene algunos giros sorprendentes y hasta quizás en el límite de la verosimilitud, la maestría del autor hace que esos flashes de inverosimilitud cedan en pro de la credibilidad que viene de la mano de la emotividad sacudida por las relaciones familiares del protagonista con sus padres, con sus amigos y con sus amores. 

Es una novela que, estoy seguro, a cualquiera que la lea le resultará muy, pero que muy, entretenida. Especialmente la disfrutarán los enseñantes, que se verán bastante reflejados en ella. El gusto y la vocación por la enseñanza los expresa José Antonio Lucero en variados momentos con enorme conocimiento y satisfacción personal. Los que la hemos ejercido y no pocos de quienes actualmente la profesan estoy seguro que harán suya frases como la siguiente:
 «Yo siempre digo que para esta profesión hay que tener algo que se tiene o que no se tiene. y ese algo consiste en la habilidad de plantarse delante de todos esos chicos y, sin que se sepa en realidad cómo, lograr secuestrar su atención, ¿sabéis?»



30 mar 2026

"No entiendo el mundo árabe" de Tahar Ben Jelloun

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«Los iraquíes son en principio gente normal: un muchacho iraquí tiene las mismas ilusiones que uno sirio o egipcio. Le gustaría vivir y divertirse, ir a la Universidad, tener una historia de amor, trabajar... ¿Cuál es el impulso que los lleva a cruzar el Rubicón? ¿Que su foto de mártir aparezca en los carteles pegados en algunas calles? O quizá verdaderamente cree en el paraíso dado que su vida es un infierno, y para merecer entrar en ese lugar idílico, debe lanzarse a una intrépida acción en la que entrega su cuerpo matando otros cuerpos, pues dos ángeles lo esperan para trasladarlo hacia un mundo dulce, bello y maravilloso.»

Tahar Ben Jalloun, Marruecos en Europa
Dado el momento bélico y político que vivimos actualmente recibí con gran satisfacción el regalo que Juan Luis, magnífico y excelente buen amigo mío, me hizo hará cosa de tres meses. Se trataba de un libro titulado No entiendo el mundo árabe firmado por Tahar Ben Jelloun. En mi opinión se trata de un libro de no ficción a pesar de que en la introducción el propio autor hable de él y lo presente como una novela; en todo caso, pienso, sería una novela de no ficción. El escritor, periodista de profesión, imagina en esta reflexión sobre el mundo árabe una conversación epistolar entre cuatro chicas adolescentes que marchan camino de la edad adulta. Efectivamente, estamos ante la propia hija del escritor con nombre ficticio, Meriem (hija de musulmanes marroquíes de cultura francesa que viven en Francia); Lydia (una chica italiana, de padres católicos: madre francesa y padre siciliano); Fattuma (muchacha musulmana integrista, prima de Meriem); y María (española de Barcelona). Las cuatro se intercambian durante cuatro años (de octubre de 2003 a noviembre de 2007) correos electrónicos en los que comentan la actualidad formulándose unas a otras preguntas y cuestiones que por edad y formación aún no tienen demasiado claras. Meriem, que es hija del propio autor, en ocasiones introduce en el relato, como argumento de autoridad, algunos de los artículos periodísticos publicados por el padre en diversos medios franceses; son artículos referidos al terrorismo musulmán, a la integración de la inmigración en Europa (especialmente en Francia), a la laicidad del Estado y su convivencia con las diferentes culturas religiosas, a las actuaciones de los políticos en estos terrenos, a la guerra de Irak... Es sobre estos mismos asuntos sobre los que las cuatro chicas dialogan y descubren su distinta personalidad.

Tahar Ben Jelloun, en la introducción del libro, bajo el grito optimista de «¡Viva la literatura!» advierte al lector que se encuentra ante una obra que es «en cierto modo una novela» pero no como las que él acostumbra a escribir:
«no es una ficción con intriga y sobresaltos [...]. Es algo aparte [...], otra cosa distinta, es un objeto literario alimentado por la actualidad que transforma bruscamente el mundo.»
Para mí lo mejor de este librito es que se lee con gusto y a gran velocidad, cual si fuera simplemente un compendio, una colección, un fajo, de las páginas volanderas de un periódico o de una de esas revistas dominicales que acompañan a los diarios en nuestro país. Pero en realidad, he de afirmar que no me ha descubierto nada nuevo ni he salido de su lectura con las ideas sobre el mundo árabe más claras.

Las cuatro amigas en sus intercambios epistolares dan su opinión sobre los hechos noticiosos de la actualidad que están viviendo. De ellos los más importantes son la Guerra de Irak en 2003, los atentados islámicos en Madrid del 11M de 2004, e incluso los asaltos a las vallas fronterizas de Melilla y Ceuta ocurridas en octubre de 2005. La opinión del escritor respecto a estos y otros sucesos es la propia de un musulmán de cultura occidental: no los comparte en absoluto, aunque él mismo, ahondando en el pensamiento musulmán profundo, puede llegar a atisbar las causas que los animan, si bien sus consecuencias él no justifica en absoluto. La cita que abre esta breve reseña creo que es clara respecto al primero y segundo de los hechos. En cuanto al tercero, el del asalto a las vallas fronterizas, el autor (nacido en Fez, Marruecos, en 1947) critica el comportamiento de las fuerzas de seguridad, especialmente el de la Guardia Civil española. Su opinión frente a la pervivencia en el tiempo (más de 500 años ya) de estas dos ciudades españolas en territorio marroquí la expresa con claridad cuando dice que las mismas son «tierra marroquí convertida en Europea por la ocupación por España desde hace cinco siglos». Y algo más adelante vuelve a insistir sobre el asunto:
«sólo quisiera aclararte una cosa: Ceuta y Melilla no son unas ciudades españolas en tierra africana, son unas ciudades marroquíes ocupadas por España desde hace más de 500 años. Sé que es un tema delicado para unos y otros. [...] Algún día España y Marruecos tendrán que ponerse de acuerdo sobre ese problema.»
Normalmente es la equidistancia sobre los temas el criterio mantenido por Tahar Ben Jelloun en No entiendo el mundo árabe. Esta neutralidad es muy cuestionada cuando las cuatro amigas plantean el asunto del uso del velo en Francia, polémica que en los años que cubre el libro (2003 a 2007) estaba muy viva en la sociedad francesa. La equidistancia viene a decir el autor hay veces que no es fácil mantenerla ni suficiente para resolver los problemas:
«¿Recuerdas el caso de Alma y Lila, las dos hermanas francesas, judías, con una abuela musulmana convertida al catolicismo, que se habían convertido al Islam y las expulsaron del Lycée Henri-Wallon de Aubervilliers en octubre de 2003 porque se negaron a quitarse el pañuelo para ir a clase?»
La conclusión que saco al finalizar la lectura de este librito es que sigo sin entender del todo bien el mundo árabe. Pero no sólo no entiendo ahora mismo el mundo árabe. Desde hace ya tiempo tampoco entiendo nada el mundo occidental que porta en su frontal ese MAGA (Make America Great Again) como divisa; y mucho menos, desde hace ya años, entiendo al pueblo judío que de perseguido irredento ha pasado a perseguidor implacable. Parafraseando un título lopesco cada villano permanece fijo en su rincón sin hacer amago alguno de entender al otro. Si no nos entendemos lo de matarnos los unos a los otros siempre será más fácil y admisible. Pues en estas estamos. Si los enemigos leyesen a Lope de Vega seguro que unos y otros al comprenderse mutuamente depondrían las armas. Pero desgraciadamente no creo que lo vayan a hacer.


Sobre Tahar Ben Jelloun
Marroquíes en Francia,
Nace en Fez (Marruecos) en 1947. Hasta los seis años asiste a la escuela coránica del barrio; posteriormente realiza sus estudios primarios en una escuela bilingüe franco-árabe; y  a los once años pasa a estudiar la secundaria en el Liceo de Tánger. Ya en Rabat estudiará Filosofía en la Universidad Mohammed V. En 1971 se traslada a París al conseguir una beca para estudiar Psicología. La arabización del sistema universitario en Marruecos es un motivo más para salir de su país. En Francia se licencia en Psicología Social y durante los años que duran sus estudios comienza a cultivar su verdadera vocación: la Literatura. Tocará todos los géneros: poesía, narrativa, ensayo, articulismo periodístico, teatro...

En 1985 logra reconocimiento internacional con su novela El niño de arena y su continuación La noche sagrada que ganó el Premio Goncourt en 1987. Estas dos novelas unidas a El racismo explicado a mi hija son tres obras traducidas a más de cuarenta idiomas en el mundo. En cierto modo el tercero de estos libros es una especie de anticipo de lo que es No entiendo el mundo árabe. En ambos Tahar Ben Jelloun, preocupado por la islamofobia despertada en el mundo por los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos en uno y los acaecidos en España el 11 de marzo de 2004, decidió explicar a niños y adolescentes, de una forma sencilla y comprensible qué es el Islam.



23 mar 2026

Leila Slimani: "Canción dulce" y "El país de los otros" (A pares XLIX)

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La escritora
Canción dulce (Chanson douçe)
Leila Slimani
, hija de marroquí y franco-argelina, nació en Marruecos en 1981. Estudió en el Liceo francés de Rabat y con 19 años se trasladó a París a estudiar en el Instituto de Estudios Políticos de París. En París intentará convertirse en actriz de teatro, aunque pronto se decanta por la escritura y en 2008 entra en la redacción de la revista Jeune Afrique. Al tiempo que trabaja de periodista realiza un curso de creación literaria en la editorial Gallimard. En 2012 abandona la revista y se dedica exclusivamente a escribir. Su primera novela, anterior a Canción dulce, es Dans le jardin de l'ogre ('En el jardín del ogro') aparecida en 2014 y versionada al cine en 2025. Esta primera novela, que tuvo una muy buena acogida, plantea el asunto de la adicción sexual en una mujer. No la he leído y por ello nada puedo decir por mí mismo; tan sólo apuntaré que Alejandro Luque hace en la revista 'm'sur' una magnífica reseña sobre la misma. El comentario que allí expone me parece clarificador de la intencionalidad, planteamiento y asunto que Leila Slimani muestra en esa novela. También Canción dulce  ("Chanson douce" en el original francés) conoce versión cinematográfica con el mismo título realizada en 2019.







Canción dulce ("Chanson douce")

«Desconfían de los hombres que se aproximan demasiado, los que se interesan por unas simples mujeres como ellas. Hay que alejar a los que sonríen a los niños, los que observan sus mejillas regordetas y sus piernecitas. Las abuelas se lamentan: "Con todos los pederastas que hay actualmente. En mis tiempos, eso no existía."»


Leila Slimani, Premio Goncourt 2016
Esta novela fue la ganadora del Premio Goncourt 2016. Se trata de una historia inquietante cuya terrible resolución conocemos desde las primeras páginas y que, pese a ello, nos incita a seguir leyendo para entender el motivo de tan horrendo crimen. La novela se basa en un caso real ocurrido el año 2012 en Nueva York donde una niñera asesinó a los dos niños que tenía a su cargo. Nos encontramos ante una especie de thriller psicológico que según avanza va perturbando al lector más y más al observar desde su posición lectora cómo un empleado de la familia se va haciendo con los resortes de poder dentro la misma. Myrian Charfa y Paul Massé, los padres de los niños asesinados, son un matrimonio acomodado, una pareja joven y liberal, que para realizarse debidamente en sus respectivas profesiones (Paul es ingeniero musical y Myriam abogada) se ven en la necesidad de contratar una nanny para cuidar a sus hijos Mila y Adam. Durante los primeros años de MilaMyriam decidió dedicarse a su niña en cuerpo y alma. Estaba feliz cuidando a su hija mientras Paul trabajaba. Según fue creciendo Mila, Myriam sintió que su función de madre iba siendo menos necesaria; por eso decidió, de acuerdo con Paul, volver a quedarse embarazada. Siempre se ha dicho que dos hijos no son el doble, sino mucho más, Y así les ocurrió a ellos. La llegada de Adam a casa hizo que la vida familiar se complicase, mucho más cuando los padres de Paul que durante los primeros años de Mila les habían echado una mano decidieron irse a vivir fuera de París. Según pasan los días Myriam siente que se ahoga, que no puede vivir sólo cambiando pañales, haciendo comidas y saliendo con los niños al parque. «Cada vez odiaba más las salidas al parque infantil. Los días de invierno se le hacían interminables. Las rabietas de Mi la sacaban de quicio, los primeros balbuceos de Adam la dejaban indiferente. Su necesidad de salir a caminar sola iba en aumento. De gritar como una loca en la calle. "Me están comiendo viva", se decía a veces.»

Cuando Myriam acepta la propuesta laboral de su antiguo compañero de estudios Pascal y comienza a trabajar en el despacho de abogados del mismo, la necesidad de buscar una empleada se agudiza. El matrimonio decide realizar una serie de entrevistas porque, naturalmente, no van a dejar a sus niños en las manos de cualquiera. No quieren mandarlos a una guardería, tampoco contratar a una sin papeles; desean una mujer «que no sea demasiado mayor, que no lleve pañuelo y que no fume». Por eso cuando entrevistaron a Louise, una mujer de mediana edad, experimentada en el cuidado de niños, blanca, francesa, y con buenos informes de sus empleadores anteriores se sintieron «como si hubieran encontrado un mirlo blanco». Mucho más cuando Mila se enamoró de Louise y ésta a los pocos días de estar en la casa les cose, zurce, lava los visillos, cambia las sábanas sin que se lo tengan que decir y  cocina de mareo.   

De manera imperceptible según que el matrimonio se cree situado en el mejor de los mundos -felices y progresando en sus trabajos-, la relación empleadores-empleada va mutando. Paul y Myriam están tan contentos de Louise que hasta la llevan con ellos de vacaciones. Louise va sintiéndose más del acomodado barrio donde trabaja que de Bobigny, la banlieu (la barriada) donde ella tiene alquilado un minúsculo estudio.

Paul es el primero en advertir que las cosas están evolucionando de manera equivocada. Advierte de ello a Myriam pero a ambos no les parece para tanto. Pese a todo deciden ir marcando distancias y poner a Louise en su debido lugar. Este año ya no la llevarán con ellos de vacaciones. Todo empieza a deteriorarse. Las ilusiones de Louise de vivir más en el París de Paul y Myriam parecen desvanecerse. Quizás, piensa Louise, haya una solución para que esto no ocurra. Y como se decía en el viejo concurso televisivo del Un, Dos, Tres "hasta aquí puedo leer".
 «Él sabe lo necesaria que es Louise para ellos, pero ya no la soporta. Con su físico de muñeca, su cara de mosquita muerta, lo irrita, le pone nervioso. "Es tan perfecta, tan delicada, que en ocasiones siento una especie de empacho", le confesó un día a Myriam.»
Junto a la historia principal en la novela se tocan muchos temas de tipo social: la inmigración, la presencia de muchos trabajadores ilegales en el país, la segregación, el racismo de la sociedad, los abusos de los caseros, la pederastia, la conciliación familiar, la realización profesional...
«Wafa [una joven musulmana cuidadora de un niño que Louise conoce en el parque] se parece a una especie de felino gordo, poco sutil pero muy desenvuelto. Todavía no tiene los papeles en regla pero eso no parece preocuparla. Llegó a Francia gracias a un señor mayor a quien ella daba masajes en un hotel de dudosa fama de Casablanca. El hombre se encariñó con sus manos, tan suaves, con su boca, sus nalgas y, por último, con todo el cuerpo que ella le entregaba, siguiendo su instinto y los consejos de su madre. Él se la trajo a París, donde vivía en un apartamento miserable y cobraba una pensión del Estado. "Tuvo miedo de dejarme preñada, y sus hijos lo convencieron para que me echara. Pero al viejo le hubiera gustado que yo me quedara con él."»
En cuanto a la forma diré que Canción dulce  se lee con inmenso placer gracias al buen trato que Leila Slimani da al lenguaje («Por la noche, se ha levantado el viento, una brisa marina en la que se adivina el sabor a sal y a utopías.»). Asimismo las abundantes vueltas atrás por las que nos enteramos de la vida de unos y otros personajes las realiza sin brusquedad surgiendo éstos ante nosotros con gran naturalidad. Gracias a estos flash backs conocemos especialmente a Sylvie, la madre de Myriam, que constantemente emite juicios críticos sobre el comportamiento de ella y de Paul («Cuando tenía la edad de ellos, sólo soñaba con hacer la revolución. "También es verdad que éramos algo ingenuos", señala Dominique, su marido, que se entristece al verla descontenta.»); y sabemos de Stephanie, la problemática hija de Louise alejada de su madre desde hace tiempo:
«Stéphanie tuvo mucha suerte. Cuando acabó la enseñanza primaria, Madame Perrin, la señora de la casa donde trabajaba Louise le propuso matricular a su hija en un liceo parisino, mucho mejor considerado que el que le correspondía en Bobigny.
Pero Stéphanie no se mostró a la altura de su generosidad. Unas semanas después de entrar en el liceo comenzaron los líos. Perturbaba la clase. Siempre se estaba riendo, lanzaba objetos, daba malas contestaciones a los profesores. [...] "Quizá Stéphanie se sienta más a gusto en un barrio cerca de su casa -añadió el jefe de estudios- donde tenga puntos de referencia." [...] Louise al llegar a su casa abrió la cancela y apenas la hubo cerrado se puso a moler a palos a Stéphanie .»
Merece muchísimo la pena leer esta novela de Leila Slimani. Os la recomiendo vivamente.

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El país de los otros ("Le pays des autres")

«En ese instante comprendió que era una extranjera, una mujer, una esposa, un ser a merced de los otros. Él ahora estaba en su territorio, él era quien explicaba las normas, quien decía lo que había que hacer, quien trazaba las fronteras del pudor, de la vergüenza y del decoro. En Alsacia, él era un extranjero, un hombre de paso que no debía hacerse notar.»

Leila Slimani,saga familiar,Marruecos y Francia
El país de los otros es el título de la primera entrega de la trilogía de idéntica denominación que Leila Slimani publicó en 2020 (
en España apareció en octubre de 2023). Esta primera novela de la serie lleva el subtítulo de Guerra, guerra, guerra. Las dos partes restantes de la trilogía son Míradnos bailar (febrero, 2021en Francia; 2023 en España) y Me llevaré el fuego (enero de 2025 en Francia; septiembre de 2025 en España). Esta serie de novelas indaga sobre la esencia de la historia marroquí y su cruce con la cultura francesa. Leila Slimani habla de la complejidad que resulta de la confluencia entre colonialismo, familia e identidad y pertenencia.

Desde luego la temática de esta trilogía es bien distinta a la de Canción dulce, pese a ser estos textos de la misma autora. Nos encontramos aquí ante la vida de una pareja formada por un marroquí (Amín Belhach) y una francesa (Mathilde Adam). Se conocieron y se casaron en Mulhouse (Francia) al final de la ocupación nazi de Francia. Acabada la segunda guerra mundial, la pareja se instala en Meknés (Marruecos), protectorado entonces francés. Allí Amin quiere hacer productiva la finca que ha heredado de su padre. La acción en esta primera novela de la saga va desde que llegan a Meknés al poco de acabar la Guerra Mundial hasta el final de agosto de 1955 cuando las revueltas por la independencia del país están ya en su punto álgido. Vemos cómo todos los personajes se sienten extraños en algún momento al lugar que habitan o a la posición que ocupan (marroquíes en Francia; franceses en Marruecos; mujeres occidentales en un mundo machista; niños frente a adultos....). La novela me ha parecido interesantísima, especialmente por el buen desarrollo psicológico de las problemáticas de cada uno de los personajes.

El choque entre ocupantes y ocupados, entre Occidente y Oriente, entre Cristianismo e Islam se evidencia a lo largo de todo la novela. La visión romántica que en Europa se tenía de África es la que Mathilde pretende "vender" a su familia a través de las cartas que les envía («En las cartas que escribía a su hermana, Mathilde mentía. Fingía que su vida se parecía a la de las novelas de Karen Blixen, Alexandra David-Néel o Pearl S. Buck»). No, desde luego la vida de Mathilde en el Protectorado francés de Marruecos no es tan ideal como la vida en África que describe Isak Dinensen en su novela autobiográfica "Memorias de África". En Marruecos las distancias entre culturas estaba más marcada incluso que la que Karen Blixen señalaba en Kenia
«Para Muilala, el mundo estaba atravesado por unas fronteras infranqueables. Entre hombres y mujeres, entre musulmanes, judíos y cristianos, y ella estaba convencida de que para entenderse bien, más valía no cruzarlas. La paz se conseguía si cada cual se quedaba en su sitio.»
Es interesantísimo ver cómo evolucionan los personajes al tiempo que evoluciona la situación política del país. Mathilde se va adaptando a la manera de vivir las mujeres en Marruecos, sujetas a la autoridad del hombre, si bien ella entiende que su entrega es una manera de demostrarle el poder que ella tiene sobre él. Por su parte Amin, que ha luchado contra los nazis en el ejército francés, se siente en un terreno de nadie; por eso su modo de proceder muestra inseguridades que su esposa va limando mediante su plena aceptación de la nueva realidad socio-política del país que está naciendo.

Un ejemplo de lo manifestado en el párrafo anterior se da cuando Amin, tras descubrir una foto de su hermana pequeña Selma con un joven aviador militar francés, enfurece y golpea a Mathilde por no haberla controlado debidamente y prohíbe a Selma asistir al Liceo. Pese a esto el matrimonio sigue haciendo el amor. Es la manera que tiene ella de dominarlo a él: 
«Para avergonzarlo, ella perdió todo pudor, toda compostura. Le arrojó a la cara su lujuria y su belleza de mujer, su vicio y su lubricidad. Mathilde le daba unas órdenes cuya crudeza escandalizaba a Amin y alimentaba su excitación. Ella le demostró que guardaba dentro algo inasible, algo sucio, y que él no era quien lo había ensuciado. Una negrura de la que ella era dueña y que él nunca entendería
Los personajes son abundantísimos. Todos tienen gran interés, aunque quizás sea Aicha, la hija de Amin y Mathilde, la niña mestiza, la que marque la esperanza de futuro. Otro personaje llamativo es el médico francés que atiende a Mathilde durante un episodio de enfermedad complicada que ella sufrió. El facultativo no logra entender a esa familia mixta con una hija mestiza
(el doctor francés que atiende a Mathilde) «sabía que el mundo había cambiado, que la guerra había trastocado todas las reglas, todos los códigos, como si hubieran puesto a las personas en un recipiente y las hubieran removido, entrechocando unos cuerpos de los que opinaba que era indecente que se tocaran. Aquella mujer dormía en los brazos de ese moro velludo, de ese patán que la poseía, le daba órdenes. Todo esto era injusto, no entraba dentro de la norma, esos amores creaban caos y desgracias. Los mestizos anuncian el fin del mundo.»
Por su parte Aicha cuando se sienta en la azotea de la casa junto a sus asustados padres y contempla los incendios de las fincas de los colonos que los revolucionarios marroquíes están realizando en silencio y para sus adentros piensa: «Que ardan. Que se vayan. Que se mueran». Con esto vemos que la niña ya no está en el país de los otros o al menos no se siente en el país de los otros porque los otros a partir de ahora son los colonos franceses y no ellos.

Desde un punto de vista formal quisiera destacar el hermoso vocabulario propio de Marruecos que Leila Slimani incorpora en la novela. El mismo dota de belleza al texto al tiempo que sirve de rasgo identitario del país donde suceden los hechos. Son términos como “patinillo” (patio pequeño),  “almocadén” (autoridad subalterna),  “ataifor” (mesa redonda y pequeña usada por los musulmanes), “jaique” (especie de almalafa, usada por mujeres árabes, que sirve para cubrirse de noche y como vestido de día), “grisgrís” (amuleto protector que trae buena suerte a la vez que ahuyenta al demonio),  “adul” (notario o fedatario público),  “albórbolas” (revuelo, bulla, jaleo, gritería o alboroto ruidoso),  “almozala” (en textos aljamiados y moriscos, tapiz o alfombrilla para la oración), “aljofifa” (trapo o bayeta para fregar, especialmente el suelo), “aduar” (campamento de beduinos, formado por tiendas y chozas), etc. Salvo la palabra grisgrís, vocablo que procede del área subsahariana introducido en Francia en el siglo XVI, el resto forma parte actualmente del repertorio léxico magrebí.

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Para finalizar, señalaré algunos datos tomados de la información proporcionada por Penguin Random House en su página web que vienen a completar los elementos biográficos señalados al inicio de esta entrada: la novelista Leila Slimani es la representante personal del presidente francés Emmanuel Macron para la promoción de la lengua y la cultura francesas, y preside el jurado del Premio Booker Internacional 2023. Ocupó el puesto n.º 2 en la lista anual de Vanity Fair Francia de los Cincuenta franceses más influyentes del mundo. Nacida en Rabat, Marruecos, en 1981, divide su tiempo entre Francia y Portugal.