8 sept 2026

"Nada especial" de Nicole Flattery

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«Había cinco o seis pinturas apoyadas en fila contra la pared. Fue la primera vez que las miré en serio. El silencio me lo permitió. Eran colores chillones, eléctricos, como las manchas de la cara de Shelley la noche anterior. Reconocía a la mujer famosa del cuadro. Le había visto la falda levantada, la había visto en una piscina, [...] Su cara se repetía y se repetía, pero mirarla minuciosamente no la hacía más realista; solo la volvía inhumana, como si fuera apenas uno entre un millón de animales que estuvieran mandando al matadero»

Nada especial, Nicole Flattery, literatura irlandesa
Desconocía por completo el nombre y la obra de la autora irlandesa Nicole Flattery (County Westmeath, 1990). Por la solapa de la edición de su novela en Eterna Cadencia Editorial aprendo que es autora de relatos y que uno suyo titulado "Dulces palabras"  publicado en una antología de nombre «Cuentos irlandeses contemporáneos», según muchos de sus lectores, bien merecería convertirse en novela. Pero de hecho su primera incursión en el género lo ha realizado con el título que acabo de leer: Nada especial.

La novela cuenta la experiencia vivida por Mae, una adolescente de diecisiete años que en medio de esta etapa vital de por sí cambiante decide abandonar el colegio y dejar de lado familia y amistades. Es hija de madre soltera, una camarera alcohólica, que convive con Mikey, un buen hombre que ejerce de padrastro con el que Mae se lleva bien. En el colegio Mae se refugia en la amistad de Maud; a ambas les repele la superficialidad de sus compañeras y les hastía el contenido de las clases. Ambas desean experimentar y en concreto Mae comienza a deambular por Nueva York; un día conoce por casualidad a Daniel con quien pasará la noche. A partir de ese encuentro no volverá al colegio y así, no por algo especial, se romperá el vínculo con Maud.

La anterior información la conocemos en dos de los primeros capítulos fechados en 2010, fecha de la muerte de la madre a la que ella visitaba habitualmente durante los últimos años en que estuvo ingresada en una residencia de ancianos. Entre esos capítulos de 2010 se incluye uno de fecha 1966 que sirve de explicación y justificación de todo lo que en la novela vendrá a partir del capítulo cuarto en que de nuevo en 1966 y tras la experiencia con Daniel ella encuentra trabajo como secretaría en The Factory (en la traduccíón de Paula Galíndez, el Estudio). Es esta parte en la que se cuenta cómo Mae y otra chica, Shelley, trabajan en The Factory mecanografiando veintitantas grabaciones en cintas de cassette de vivencias cotidianas y experiencias artísticas de Él (Andy Warhol) y quienes con Él formaban parte de The Factory (Ondine, Edie Sedgwick, Anita y Dolores).  Este trabajo que Shelley y Mae están realizando junto a otras dos chicas más conformará el libro de Andy Warhol titulado A, a novel

Esta parte del mecanografiado de las cintas se cierra con el atentado que el artista pop sufrió en 1968 y la publicación del libro. La novela cierra con un último capítulo fechado en 1985 en el que madre e hija vuelven a contactar después de muchos años sin verse. La muerte o la enfermedad de seres queridos suelen propiciar estos encuentros. En fin, nada especial, por otra parte.

Según he ido repasando la estructura que Nicole Flattery ha dado a su narración ha ido mejorando sustancialmente mi consideración de esta obra. Es verdad que al estar desordenada, con esas anticipaciones de sucesos y esas vueltas al pasado, la novela en una primera lectura me resultó algo confusa; sin embargo ahora, al reflexionar sobre ella, entiendo que la voluntad de estilo prevalece por encima de cualquier otra cosa.

En cuanto a la historia que se nos cuenta si hay algo que desde un principio me agradó de esta novela es que la novelista irlandesa no sitúa el foco central en el Estudio (The Factory) de Andy Warhol, sino que éste aparece de manera tangencial y debido a la peripecia vivida por esta chica anónima, vulgar y corriente que es Mae. El centro de atención no es Drella (uno de los nombres con que se denominaba a Warhol) ni sus producciones cinematográficas experimentales o sus fiestas orgiásticas; la novela pone el foco en cómo dos chicas apenas salidas de la adolescencia van a evolucionar al ser conocedoras de las experiencias habidas en el Estudio neoyorquino y la contemplación y participación en alguna de esas fiestas pasadas de revoluciones. En suma, lo esencial no es tanto conocer la manera de vida del artista pop cuanto ver la evolución vital de una chica que entró a trabajar en The Factory siendo una adolescente y salió de allí convertida en una persona bien distinta.

«Me puse a mirar las fotos de esa época y pensé lo mismo que todo el mundo: las fiestas se veían divertidas. Estaba tan desconectada y distanciada de esas imágenes que parecía que no había estado allí. Debían haber sido buenas épocas. Toda esa gente intentando hacerse reír. No recordaba cómo había sido, en verdad. No tenía permitido recordar. Las fotos de los últimos años eran glamurosas, pero algo no terminaba de cerrar. El buen humor parecía impostado, forzado. La ropa era notoriamente ostentosa: la marca que se ponían decía algo. Las fiestas eran fastuosas, poco convincentes, tenían un aire pesado, como si todos acabaran de llegar de un funeral. Seguro porque era cierto. La atmósfera, los gestos, los insultos. Ya ninguna de esas cosas terminaba de cerrar. O tal vez yo estaba más grande, era menos ingenua.»

Pero lo dicho anteriormente no es óbice para que Nada especial lance también una mirada crítica sobre la manera de hacer arte por parte de algunos artistas pop del siglo pasado. Se cuestiona qué es arte y quién es en realidad el creador de la obra. Mae y Shelley se desencantan totalmente cuando tras el arduo trabajo realizado en The Factory mecanografiando las grabaciones conocen que su nombre no va a aparecer impreso, que no las van a nombrar para nada. Ellas son las que han sabido transcribir los suspiros, los ruidos, los gemidos, los llantos; han sabido crear la atmósfera precisa para poder verter al papel lo escuchado; y pese a eso el mérito de la autoría se lo llevará Andy Warhol. Desde luego la denuncia es clara y pertinente. Y sin embargo, y aun así, Mae no se siente fracasada; ha sido una experiencia enriquecedora que sin duda, al igual que los protagonistas de esas grabaciones, estaría dispuesta a repetir:

«Sabía que de haber tenido que volver al principio, a trabajar con ese libro, lo habría hecho. Habría dejado todo. Habría vuelto a sufrir de cero. Tal vez ellos sentían lo mismo, tal vez siempre lo habían sentido. Todas sus miserias expuestas al servicio del arte. Del tacho de basura al libro.»

La equiparación entre artista famoso y creador anónimo es total en esta frase, pero muy injusta en la realidad. 

¿Qué es lo que más me ha disgustado de la lectura de esta novela? Pues sinceramente lo que más me ha sorprendido y perturbado ha sido la excesiva argentinidad del castellano utilizado en la traducción. Ignoro, claro es, cuál habría sido mi opinión si hubiera leído el original en lengua inglesa. Pero la versión realizada por la traductora Paula Galíndez creo que peca en exceso de vocabulario y modismos argentinos, algo que siendo ella misma argentina no se le puede echar en cara. Mientras leía la novela me parecía estar leyendo a un autor de dicho país y no a una irlandesa. Me ocurrió tal cosa al topar con expresiones que aquí no usamos. He aquí una serie de ellas:

«de a poco», «no me interesa qué le da gracia a él»«ella era filosa y depresiva»«muchas veces no lográbamos decidir cuál programa era más entretenido»«se va así nomás»«yo no sabía pasarla bien»«me interesaba ver si la tienda se retobaba al descubrirme»[pág. 32], «mirar como espiando por una hendija» [pág. 36], «todo se fue al tacho»[pág 46], «me llevó varios días comprender a qué me hacía acordar ese departamento» [pág 100], «una sonrisa enorme, medio zonza» [pág. 111], «me saqué el suéter y quedé en musculosa, nada más» [pág. 152], «fuimos salticando por las calles» [pág 165], «le robaste un tapado» ('tapado': abrigo largo y elegante de invierno para mujer o hombre, generalmente confeccionado en paño, lana o piel sintética) [pág. 183], «el primer avistaje de un solero» ('solero: vestido ligero y fresco, sin mangas y por lo general con tiritas finas (breteles)) [pág. 183], «Tal vez a Shelley le hacía acordar a su casa» [pág 192], «Me metí al lado de ella y nos tapé con las sábanas», etc.

Y que conste que amo la literatura argentina, que me encanta leer a César Aira, a Virginia Higa, a Selva Almada, a Mariana Travacio, a Salomé Esper, a Cortázar, a Piglia, a Borges... a tantos y tantos buenos escritores de esa nacionalidad. Pero cuando tengo en mis manos un libro firmado por una irlandesa y situado además en Nueva York mi mente no está para nada en modo argentino y me perturba bastante un lenguaje que de manera inconsciente lleva mi cabeza española a deambular por el Palermo bonaerense, por la avenida del Libertador, la calle Corrientes, el cementerio de la Chacarita y otros espacios semejantes que en Nueva York, obvio, no existen. Creo que un español más neutro habría sido el oportuno para la edición que se vende en España. Y sí, ya sé que la editorial es argentina. Pero esto es lo que yo he sentido. 


Para finalizar

Nada especial, Nicole Flattery
Cierro esta reseña apuntando dos aspectos que me parecen reseñables y que tienen mucho que ver con el artista famoso y la empleada anónima, o sea, con el momento pop vivido en esa década de los años sesenta. Me refiero primero a la música. Warhol está escuchando rock continuamente tanto cuando está sobrio como cuando está bajo el efecto de las drogas; de igual manera Mae, Maud y Shelley son consumidoras de música pop. Los Four Tops, Joni Mitchell, T. Rex... son algunos de los artistas citados en el escrito.

Luego estaría esa dualidad sorpresiva, paradójica y contradictoria, ese arriba y abajo que en Nada especial representa The Factory. Por un lado estaría el despacho de Drella con todo lo que dentro de él se gesta y sucede; y de otro quedarían los cuartos donde trabajan las mecanógrafas. Ambos espacios están juntos, sí; pero en realidad se sitúan a una distancia infinita. Y este distanciamiento lo plasma Nicole Flattery en afortunadas frases que hacen que la novela resista:

  • «Todos los clientes eran jóvenes uniformemente atractivos, olvidables.» (pag. 58)
  • «Todo el personal era tan atractivo que era tétrico.» (pág 59)
  • «Un camión de basura enorme hacía tiempo sobre la vereda, y cuando ella pasó debajo de su sombra, la hizo parecer aún más chiquita y frágil. Era bajita y compacta, y sin embargo no tenía nada deseable»
  • "Desde el contestador me llegaban los manotazos pegajosos de su amistad" (pag. 108)
  • «Solanas tenía algunas ideas interesantes como muchas mujeres feas», afirma la desinhibida madre de Mae (pag. 28)
  • "Después de eso [de finalizar el mecanografiado de las cintas de cassette] no habría máquina que encender, nada que escuchar, ninguna confesión que oír. Ellos seguirían viviendo sin tener idea de que nosotras nos habíamos creado" 

 

 


26 ago 2026

El ancho mundo (#Los años gloriosos I). Pierre Lemaitre.

11 comentarios:

«—Quería preguntarle una última cosa, señor senador... ¿tiene usted una cuenta a su nombre en los bancos Godard o Hopkins Brothers? [...]
—¡Por supuesto que no!- gritó el senador.
—¿Y nunca la ha tenido?
—Pero, pero... ¿por qué querría usted...?
[...]
Negar la mayor es una actitud frecuente entre los poderosos como el equivalente del argumento de autoridad en una conversación.
—No tengo ni he tenido cuenta alguna en ninguna de esas entidades, ni ahora ni nunca, caballero»
»


Pierre Lemaitre, Los años gloriosos I
A mí Pierre Lemaitre, desde que lo descubrí hará cosa de una docena de años, es un escritor que me encanta, Lo leí por vez primera gracias a mis compañeras de la tertulia "más que palabras..." que en 2014, centenario del inicio de la Gran Guerra, propusieron la lectura de "Nos vemos allá arriba", novela de Lemaitre galardonada en 2013 con el Premio Goncourt.
Desde ese momento mi adhesión al escritor parisino es total. Tras mi entusiasta lectura de su novela premiada con el Goncourt, comencé a leer las novelas que había dado a la luz previamente; me refiero a los cuatro títulos de su serie Camille Verhoeven ("Irene", "Álex", "Rosy & John" y "Camille") de cuyas lecturas dejé constancia en mi blog [pinchando en cada uno de los títulos se puede acceder a las respectivas reseñas].
Disfruté mucho también con la lectura de sus novelas "Vestido de novia" (la única que no tengo reseñada en el blog) y de "Recursos inhumanos", que a plena satisfacción leí y reseñé en febrero del año pasado.

Como se puede ver, pues, mi atracción hacia este autor es total. Por eso cuando un día del pasado mes de mayo, dando un paseo por la hermosa plaza mayor de Salamanca donde se celebraba la 44ª edición de la Feria Municipal del Libro, me topé en una de las casetas con la edición en bolsillo de El ancho mundo (#Los años gloriosos I) no pude resistirme y lo adquirí de inmediato. La edición en bolsillo de la primera novela de la serie se ha lanzado en coincidencia con la aparición en rústica con solapas de Grandes promesas, la última entrega de la serie. 


El ancho mundo (#Los años gloriosos I)
La novela es el inicio de la saga de la familia Pelletier. En El ancho mundo los Pelletier son una familia acomodada que en Beirut regenta una fábrica de jabones. El patriarca es Louis Pelletier quien junto a su mujer Ángele ha formado un grupo familiar cuya vida en 1948 discurre con una característica placidez burguesa; sólo los asuntos amorosos de unos y de otros parecieran alterar dicha tranquilidad, aunque como se verá tal cosa no es simplemente así. Cuatro hijos tienen los Pelletier: el primogénito, Jean, es un hombre mediocre e incapaz para llevar los negocios familiares; el menor es Etiènne, un chico enamorado hasta las trancas de Raymond; François es un muchacho atractivo que en París demuestra tener buenas cualidades como periodista; y por último está Hélène que, recién alcanzada su mayoría de edad, ansía experimentar de todo y con todo.  

Los escenarios donde se desarrolla la acción son tres: Beirut, Indochina y París. El momento en que todo acontece es 1948, con la segunda guerra mundial muy presente aún y el conflicto en Asia, la Guerra de Indochina, en plena efervescencia desde 1946. Beirut en 1948 es la capital de un país, Líbano, independiente de Francia desde 1943, pero con muchos lazos y mucha población francesa en su territorio.

La novela se estructura en tres partes y un epílogo. La primera se desarrolla en Beirut en marzo de 1948: la familia se ha reunido como todos los años para hacer una visita grupal a la fábrica de jabones y luego comer. En esta primera parte se nos presentan todos los asuntos: Étienne marcha a Saigón en busca de su amigo Raymond que desde hace tiempo no responde sus cartas; Jean muestra su ineptitud como director de la fábrica y vemos cómo es incapaz de controlar sus impulsos asesinos; François ha marchado a París, pero en vez de cursar estudios en la Escuela Normal aprovecha la oportunidad de estar en el escenario donde sucede el asesinato de una afamada actriz para ofrecerse a un diario parisino como reportero; y Hélène, aún menor de edad, desea escapar de la férula paterna y volar libre lejos de sus padres.

La segunda parte sucede en Saigón en septiembre de 1948. Lo esencial de este apartado es el descubrimiento por parte de Étienne de la tremenda e inmoral corrupción de la administración francesa en Indochina. Con total impunidad altos dignatarios políticos de la metrópoli en connivencia con los funcionarios de Saigón participan en un tráfico de piastras Saigón-París que sirve para financiar desde el estado francés a la insurgencia del Viet Minh que lucha contra Francia por la independencia
«Gracias a la guerra, los franceses traficaban con la piastra; las empresas y el capitalismo local aprovechaban ese tráfico para enriquecerse, para forrarse, pero eso no era lo peor.
El Viet Minh había conseguido entrar en el sistema.
Y aprovechaba el tráfico de la piastra para equiparse.
Esto solo podía significar una cosa, una cosa terrible y trágica a la vez.
En la guerra que los enfrentaba, Francia, sin saberlo, financiaba al Viet Minh»
Estas dos primeras partes finalizan de manera fantástica. La acción, la tensión y el suspense están presentes en cada una de ellas de un modo magistral. La primera acaba con una terrible y brutal acción de guerra, de muerte, que me ha hecho recordar algunos momentos de crueldad que aparecen en las    novelas de la serie Camille Verhoeven. el final de la 2º parte, con la resolución de la estancia de Étienne en Saigón es sensacional, magnífico; mentalmente me ha hecho evocar, por la tensión y suspense que Pierre Lemaitre sabe transmitir presentando un mundo donde todo conspira contra el ocupante, momentos de la novela "El americano impasible" de Graham Greene . Fantástico.

La tercera parte de El ancho mundo lleva por título Otoño de 1948. En ésta todo se precipita y todos los personajes entran en comunicación y acción conjunta en aras de resolver las muertes sucedidas en Saigón y los extraños asesinatos que han sucedido en Francia en el entorno de algunos personajes de la familia Pelletier. A Saigón acudirán François, Hélène y Ángele; en París, el propio François intentará sacar a la luz la corrupción política y esclarecer de una vez por todas el asesinato de la actriz Mary Thompson investigado por el periódico, policía y judicatura.

Son varios los espectaculares giros argumentales que tienen lugar en el relato. Lemaitre es un maestro para esto. Cuando los lectores creemos tener todo bajo control, de pronto nos hace una llave de judo y nos obliga a echar por tierra cuanto teníamos por seguro. Así nos sucede con los propios Louis y Ángele, fundadores de la dinastía Pelletier, y también con cualquiera de sus cuatro hijos; pero quizás sean los giros que suceden en el enigmático personaje del señor Diem los más sorpresivos. El paupérrimo anamita Diem ("anamita" es la palabra que utilizaban los colonizadores franceses para referirse a los habitantes de Vietnam) lo veremos convertirse en un acaudalado Loan que al poco lo veremos convertido en Papa de la secta Siéu Linh. Se viene a mostrar que en el ámbito de Indochina la impostura, la doble cara, la falsedad eran habituales; así se ve en el señor Qiao, en los compañeros de Étienne en la oficina de la Casa de la Moneda (el director Jeantet, el amigo Gaston, y otros), en los legionarios compañeros de Raymond testigos de su terrible final... Estos giros animan a la lectura, a proseguir en ella con ansias renovadas. 

El ancho mundo se lee —creo ya haberlo dicho— con suma facilidad y agrado. Pierre Lemaitre es un genio para aunar en literatura al tiempo bondad con ligereza. No son cualidades contradictorias y cuando van juntas el producto obtenido es, sin duda alguna, de calidad superior. Es lo que ocurre (a mí siempre me lo ha parecido así) cuando se aborda una novela de este escritor francés. En esta ocasión Lemaitre se ha puesto el traje de folletinista decimonónico y presenta una saga familiar que, por lo que he podido leer en las sinopsis de las siguientes entregas de la serie Los años gloriosos, llegará hasta el año 1964. Como hacían los grandes narradores del XIX en esta primera novela de la serie se realiza una intencionada confusión autor-narrador que, como rasgo estilístico, me ha gustado mucho. Se percibe la misma en el amable paternalismo con que el autor-narrador se dirige al lector, a sus lectores, tal y como lo hacían en las novelas por entregas los grandes escritores del XIX: 
  • «Hélène llevaba un abriguito que estaba bien para Beirut, pero que en París rozaba el ridículo. Parecía la hija de un aparcero. Ahorraremos al lector los "¡Tú estás loca de remate!" y los "Pero bueno, ¿es que no te das cuenta?" que le soltó François, quien siguió con sus preguntas retóricas»
  • «Y ya las tenemos a cada una en su habitación, con la puerta de comunicación cerrada. Hélène solo se nota las piernas un poco pesadas, pero ha subestimado su cansancio. Apenas se echa, se ha quedado dormida.»
Sirven estas llamadas al lector para introducir reflexiones metaliterarias por parte del propio autor a quien, gracias a esto, vemos en su propio proceso creativo.

Novela francesa actual, Francia colonial, Los años gloriosos, El ancho mundo
Sobre la manera de escribir de Pierre Lemaitre creo haber dicho ya bastante en las reseñas de otras novelas suyas que en este blog he publicado. Invito a quien quiera indagar más sobre ella a que las lea. Aquí no quiero repetirme y voy a obviarlas. Sólo señalaré una característica que considero importante en tanto en cuanto forma parte del universo literario, del mundo ficcionalizado construido por el novelista por medio de su producción literaria. Me refiero a la autorreferencialidad que realiza a otras obras literarias suyas. En concreto y a pesar de los años transcurridos desde que realicé su lectura es evidente la referencia que realiza a los personajes de Édouard Péricourt y  Albert Maillard, protagonistas principales de su novela "Nos vemos allá arriba", novela con la que inauguró la trilogía titulada "Los hijos del desastre". Sobre esta referencia no diré nada más para no romper el encanto de la lectura. Los otros dos títulos de la trilogía ('El silencio y la cólera' y 'Un futuro prometedor') no los he leído, ¡habré de cubrir esta laguna!

Sí citaré lo que el propio Pierre Lemaitre dice en el capítulo de agradecimientos que incluye finalizada la historia que nos ha contado. Es una cita del escritor H. G. Wells que, afirma Lemaitre,  toma del prólogo que el propio autor inglés incluyó en una de sus obras. Dice así:
«"Tomas un rasgo de esta persona, otro de aquélla, coges algo prestado de un amigo de toda la vida, o de alguien a quien apenas has visto en el andén de una estación mientras esperas el tren. Aves, incluso aprovechas una frase o una idea de la crónica de sucesos del periódico. Así es como se escribe una novela. No hay otra forma."
Seguramente hay muchas otras formas de escribir, pero resulta que la de Wells es también la mía.»

Sólo me queda una última cosa, y es el porqué del título "El ancho mundo". La respuesta está en Indochina, la colonia francesa que sin duda alguna está en el centro de esta narración. Allí es donde tiene lugar la corrupción política que se denuncia y allí es donde los asuntos emocionales de los Pelletier vienen a confluir. Siendo el nombre de un local de alterne y bajos fondos de Saigón viene a ser metáfora perfecta de lo que ocurría en Francia respecto a toda Indochina.

(El Ancho Mundo) «era un local enorme situado en la rue des Maríns, en el barrio chino de Cholón; una especie de bazar que albergaba salones de juego, salas de espectáculos, restaurantes, bares y tiendas. En ese lugar, al caer la noche, se congregaban todos los jugadores, noctámbulos, putas, malhechores, burgueses, campesinos y coolies de Saigón dispuestos a perder en unas horas lo que habían ganado en una jornada. También acudían algunos funcionarios que derrochaban lo que no habían podido transferir a Francia.»

 

Conclusión
Una interesante novela que pese a sus casi 600 páginas se lee bien y que no se hace pesada en ningún momento. Lemaitre es un genio del ritmo y sabe dosificar perfectamente los sucesos en cada una de las historias que protagonizan los personajes. Son historias con giros inesperados, pero muy creíbles. Hasta Louis y Ángele, fundadores de la jabonería y creadores de la riqueza y estabilidad familiar, esconden secretos que ni sus propios hijos sospechan. La tensión narrativa es total por momentos en cada una de las historias alcanzando un punto álgido en el que confluyen los asuntos diversos de los cuatro hermanos.

Novela muy recomendable. Literatura de calidad y entretenimiento en estado puro. Una gozada de lectura.

12 ago 2026

Arundhati Roy: "Mi refugio y mi tormenta"

9 comentarios:

«Ahora me he acostumbrado y me encanta mi casa. Mi casa de regalías, comprada íntegramente gracias a la literatura. Un sitio peligroso y mío. Un sitio del que nadie puede ordenarme que me vaya. De vez en cuando beso las paredes, hago un brindis y les enseño el dedo corazón a quienes me critican, a quienes piensan que para escribir y decir las cosas que escribo y que digo tengo que vivir en una situación de pobreza aparente y voluntaria.»

Novelas memorialistas, Ficción y no-ficción
Muchos años han pasado desde que leí con enorme satisfacción El dios de las pequeñas cosas, el libro que dio a conocer mundialmente a Arundjati Roy. Desde su aparición en 1997 nada más había leído de la escritora india. Ahora he vuelto a tener un libro de esta autora en mis manos y he de decir que su lectura ha hecho revivir en mí las gratas sensaciones que experimenté mientras leía hace ya nada menos que treinta años su primera novela.

Es Mi refugio y mi tormenta un sentido y sincero homenaje de la escritora hacia su madre, Mary Roy. En esta su tercera novela la muestra como en realidad fue: una mujer libre, estricta con sus hijos, peleona y triunfante en la empresa educativa que fundó y en cuantos pleitos planteó en defensa de sus derechos como mujer. Pero no sólo habla de su madre, en Mi refugio y mi tormenta Arundhati Roy extiende su mirada afectiva a muchos otros miembros del entorno familiar y de su círculo de amistades. 

Afirma en este libro que El dios de las pequeñas cosas lo dedicó a su madre: «"Me quiso tanto como para dejarme marchar". Esto lo escribí en la portadilla de mi primera novela, El dios de las pequeñas cosas, que está dedicada a ella.». En cierto sentido  Mi refugio y mi tormenta es una amplificación, poniendo más acento en la no ficción que en la ficción, del libro que cambió su vida y la de todos cuantos la rodeaban. Ella misma afirma y nos confirma estar escribiendo una obra memorialista. Una obra cuya necesidad le nació a la autora el mismo día que Mary Roy falleció en 2022:
«Salvar el abismo que separa el legado de amor que dejó en aquellos cuyas vidas rozó de algún modo, y las espinas que clavó en mí, [...], es el motivo por el que escribo estas memorias. Escribirlas me resulta tan difícil como no escribirlas.
Quizá más que como hija que llora el fallecimiento de su madre, lloro como escritora que ha perdido su tema más fascinante. En esta páginas, mi madre, mi gánster, vivirá. Ella fue mi refugio y mi tormenta.»

Dice la autora en un momento de esta novela memorialista que fue el escritor británico John Berger quien mejor supo ver el estilo y género de su obra literaria:
«Poco después de que se publicaran mis artículos sobre las presas del Narmada, recibí una carta suya, en realidad un fax, escrito a mano: Tu ficción y tu no ficción... Te llevan por todo el mundo como tus dos piernas. Era una de las pocas personas que no contraponían mi ficción y mi no ficción como si fueran antagonistas.» (la organización Narmada Bachao Andolan {NBA}, luchaba contra la construcción de gigantescas presas en ese y otros ríos de la India).
Efectivamente esa es la manera de escribir de Arundhati Roy, mezclar la ficción y la no ficción. Algunos, a raíz de la lectura de El dios de las pequeñas cosas clasificaron su obra dentro del denominado realismo mágico. Ella misma sabedora de estos encasillamientos reflexiona metaliterariamente en un momento inicial de Mi refugio y mi tormenta cuando dice:
«La ficción es esa cosa extraña, brumosa, que los escritores no poseen del todo, aunque crean que sí. ¿De dónde viene? De nuestro pasado, nuestro presente, nuestras lecturas, nuestra imaginación: sí. Pero ¿quizá también de premoniciones del futuro?»
La historia que se relata, la de la autora en su relación con Mary Roy, su madre, transcurre sobre todo en el estado de Kerala, especialmente en Kottayam, ciudad a la que pertenece el pueblo de Ayemenem, donde dio sus primeros pasos la escritora. Fuera de esta localización en la que se encuentra el colegio fundado por Mary Roy, es Delhi, la capital, y algunos estados del inmenso país que es la India, donde la novelista nos cuenta esta historia desde que a los dieciséis años decidió abandonar la casa familiar para realizar el examen de ingreso en la escuela de arquitectura, su primera vocación.
«Delhi se encontraba a tres días y dos noches en tren de Cochín, que a su vez está a tres horas en coche de nuestra ciudad, Kottayam, que a su vez está a pocos kilómetros de nuestro pueblo, Ayemenem, donde pasé mi primera infancia.»

Como tantas veces sucede en la vida aquello que nos ahoga, paradójicamente también nos libera. Eso es lo que en síntesis viene a decirnos Arundhati Roy de la relación con su madre. Mary Roy, en el colegio que fundó y dirigió con amable mano de hierro, Señora Roy incluso para sus propios hijos, era una mujer que vivía por y para lo que la novelista denomina «su hermano menor», o sea el colegio. A sus dos hijos biológicos, Lalith Kumar Christopher Roy (LKC) y Arundhati, les exigía igual o más que a los demás («Todas las mañanas ayudábamos a la señora Mathews y a mi madre a barrer las colillas y lavar las tazas y los vasos sucios que dejaban los socios del Rotary Club. [Todos hombres, naturalmente. A quienes nunca se les ocurriría limpiar o recoger nada]»). En algunas dependencias del Rotary Club fue donde inicialmente se ubicó el naciente colegio creado por la madre de LKC y Arundathi.  Por si esto fuera poco, luego, en la diaria vida doméstica, esta mujer no se cortaba un pelo a la hora de zaherirles con pullas, insultos y hasta con castigos físicos a LKC:
  • «Cuando mi hermano era adolescente, ella le dijo una vez: "Eres idiota y feo. Yo en tu lugar me mataría"» 
  • «Ojalá te hubiera abandonado en un orfanato», «Eres una rueda de molino que llevo colgada al cuello», «Esta enfermedad es culpa tuya» y, por supuesto, «Perra». (a Arundathi)
Sin embargo, y de ahí el título, la novelista es sabedora de que Mary la ama, de que en ella siempre encontrará refugio y de que si ha triunfado en la vida ha sido indudablemente gracias a ella:
«En casi todas las películas malayalis que veíamos (Arundathi y Kurussammal, la mujer que más cerca siempre estuvo de su madre), a la heroína la violaban [...] yo creía que a todas las mujeres las violaban, que solo era cuestión de cuándo y dónde [...] Rodeadas de estas historias que utilizaban el miedo como instrumento de control para las mujeres de Kottayam, sobre todo para las alumnas jóvenes, la señora Roy era la única esperanza de huida. [...]
A mí la señora Roy me enseñó a pensar y luego despotricaba de mis ideas. Me enseñó a ser libre y luego despotricaba de mi libertad. Me enseñó a escribir y luego no le gustó la escritora en que me convertí.»
En definitiva, esa es una auténtica relación materno-filial. Pocas veces en la misma conviene adular en demasía, so riesgo de equivocar a su destinatario. Mejor es marcar el camino y una vez en él seguir de manera exigente la marcha de quien lo ha emprendido. Eso es amor responsable. No es necesario estar manifestándolo continuamente de palabra; obras son amores que no buenas razones, dice el refrán español. Lo que no es óbice para que en un momento dado, como en el escrito que llega a manos de la autora estando ya su madre seriamente enferma, ésta le confiese con sinceras palabras: «No hay nadie en el mundo a quien haya querido más que a ti».

Rodeando la vida de Mary Roy y de Micky Roy, el hombre con quien la Señora Roy tuvo a sus dos hijos y de quien cuando Arundhati tenía seis años se divorció, está la propia existencia de la narradora, inmersa desde sus dieciséis años en la del propio país: la India. Arundhati, quizás también por herencia materna, ha sido desde su primera juventud una mujer reivindicativa de sus derechos como persona; contraria a la discriminación de la mujer, tan habitual en muchos de los estados de la India; partidaria de la eliminación del sistema de castas; opuesta al nacionalismo hindú triunfante en su país, que ha provocado varios pogromos contra los musulmanes y diversas guerras entre Pakistán y la India... Pero sobre todo la hija de la Señora Roy ha sido una mujer equilibrada e independiente en su pensamiento, lo que le ha hecho chocar con muchos de aquellos con quienes, en teoría, compartía las mismas ideas. Con la publicación de El dios de las pequeñas cosas  muchas críticas le llovieron a su autora. Y es que ser independiente no ha sido nunca bien aceptado por las organizaciones partidistas:
«Había en Kottayam corrientes profundas de tensiones sociales de las que no teníamos conocimiento. El gobierno marxista de Kerala estaba descontento con el libro, en el que veía una crítica inaceptable del partido y su líder legendario E. M. S. Namboodiripad, primer ministro comunista de Kerala. Yo era admiradora suya pero no acólita. La crítica presente en El dios de las pequeñas cosas tenía que ver  con la actitud del partido ante la cuestión de la casta. Me acusaron de anticomunista (aunque no hubiera nada más lejos de la verdad) y por algún tiempo se sopesó la posibilidad de prohibir la novela.»
Reconocer a una verdadera intelectual, como lo es  Arundhati Roy, se comprueba al ver cómo por encima de todo la misma mantiene siempre una actitud crítica cualesquiera sea el asunto de que se trate. Lo mismo da que sea el tema de las castas, tan arraigado en la India incluso entre los comunistas, como el nacionalismo hindú, triunfante desde hace años y gobernando el país durante al menos ya tres legislaturas completas («en mayo de 2014, Narendra Modi juró el cargo de primer ministro»); también se muestra muy crítica con el ascenso del sentimiento religioso cualquiera que sea la creencia que se practique tanto la de su propia familia sirio-cristiano-ortodoxa cuanto la hindú, la musulmana o alguna otra de los cientos que en la India se practican 
«Corría el año 1990. El mundo estaba cambiando. El Muro de Berlín había caído. La Unión Soviética pronto dejaría de existir. No solo India, todo el subcontinente asiático vivía tiempos convulsos. El "sentimiento religioso" era en aquel entonces el viento que hinchaba todas las velas.»
En Mi refugio y mi tormenta Arundhati da muestras de su incontrovertible feminismo nacido seguramente  observar cómo su propia madre luchó contra las injustas leyes que excluían a las mujeres de las herencias, que las tenían siempre en menor consideración que los hombres. Pero no sólo contra las leyes injustas clama Arundhati, la hija de Mary Roy también lucha con todas las fuerzas a su alcance contra el machismo hindú que considera normal abusar de cualquier ser humano que no sea hombre
«en la India ninguna mujer de ninguna religión, clase, casta o ideología tendría alguna vez la seguridad suficiente para cantar a las estrellas en una carretera solitaria mientras su búfalo la llevaba a casa.» (reflexiona la narradora al contar cómo en uno de sus viajes en coche ella y su marido Pradip adelantaron a un carro cuyo conductor, un hombre, iba tranquilamente tumbado cantando a las estrellas)

Muy importante en estas memorias noveladas es la referencia que hace a su actividad como circunstancial actriz cinematográfica y a su mucha más estable ocupación como guionista de películas y series televisivas. Fue allí en el ámbito de Bollywood donde Arundhati conocerá a personas que tendrán mucha relevancia en su vida. De todas ellas la más importante sin duda alguna será Pradip, director y guionista cinematográfico que la hará debutar en un film y con quien escribirá guiones televisivos de éxito para Doordarshan que «era por aquel entonces la única cadena de televisión del país». También tuvo importancia en su actividad cinematográfica su amistad laboral con Sanjay, ayudante de dirección de Pradip. Fue con él con quien acudió a Cachemira a informarse sobre la represión y las matanzas que se estaban produciendo en la zona, De resultas de esta visita fue el rodaje de un documental por parte de Sanjay titulado "Cómo celebramos la libertad"

«Para un ciudadano indio con un mínimo resquicio de conciencia, visitar Cachemira es quedarse sin hogar. Porque después de conocer Cachemira uno no puede volver a las conversaciones, las bromas y la diversión inofensiva de antes. La ignorancia amoral, deliberada y cultivada que manifiestan la mayor parte de los indios sobre lo que allí está ocurriendo, lo que se está haciendo en su nombre, resulta difícil de soportar.»

 Son precisamente informaciones que yo desconocía, como la anterior sobre Cachemira, lo que me ha hecho muy atractiva la lectura de Mi refugio y mi tormenta. Muchas cosas he aprendido sobre el inmenso país que es la India. Un país que vive sometido a diversas «demoniocracias» (dictaduras de corte democrático). La más importante es la impuesta por el BJP, Partido Nacionalista Hindú,  que lleva ya bastantes años en el poder y que tiene vocación de perpetuarse en el mismo fomentando la división en el país a base de arremeter contra la población musulmana

  • «Estábamos bien inmersos en los años oscuros del infierno nacionalista hindú: linchamientos públicos de musulmanes, vídeos de linchamientos públicos, de palizas públicas, de asesinatos en masa y de multitudes armadas con espadas que marchaban por las calles llamando abiertamente al genocidio de los musulmanes.»
  • «El BJP prometía devolver a la India su glorioso pasado hindú, dejando atrás siglos de opresión musulmana»

India, literatura hindú, Pakistán,
Por último debo destacar que la imagen que de sí misma transmite Arundhati Roy en estas memorias es la de una mujer independiente, comprometida con su tiempo, defensora de los derechos de la mujer; una mujer que denuncia las injusticias vengan de donde vengan, por muy tradicionales que éstas sean como el sistema de castas; que sabe cortar amarras con ideologías que en su afán de progreso con frecuencia se convierten en reaccionarias; una mujer que se relaciona con los hombres de igual a igual; una mujer afectiva que comprende la manera de ser de sus mayores (su autoritaria madre; su padre, adicto al alcohol y otras sustancias; su tío G. Isaac que echó a Mary Roy e hijos de la casa familiar al arrogarse el derecho machista de la herencia familiar; su lejano y fallecido abuelo, entomólogo imperial, de quien en definitiva proviene la clase acomodada a la que la familia pertenece; su querido hermano LKC a quien junto a su madre dedica la novela; etc.). Una mujer que, como corresponde a su tiempo, tuvo su época de joven hippie degustadora de la música de los Beatles, Rolling y otros y que en su primera juventud coqueteó en alguna ocasión con las drogas blandas y el amor libre. 




22 jul 2026

«Blonde»: Novela y película sobre Marilyn Monroe (A pares LII)

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Lo normal y lo conveniente es ser ordenado. Este principio, sabido por mí desde niño, es quizás el que más veces he contravenido. En el ámbito de lo narrativo lo lógico es conocer en primer lugar lo que aparece antes y luego lo que haya sido consecuencia de lo anterior. Sí, eso es lo normal y sobre todo lo conveniente. Pues bien, en el caso de Blonde (la biografía de ficción escrita por Joyce Carol Oates el año 2000 y filmada por Andrew Dominik en 2022) he seguido el camino inverso: del biopic fílmico a la biografía novelada escrita. 
Sigo en este A pares el orden en el que, personalmente y en el blog, me he acercado al personaje biografiado: a través del film en 2022 y a través de la novela en este 2026.



"Blonde", la película 
[lo que sigue aquí lo publiqué en El blog de Juan Carlos en diciembre de 2022]

Andrew Dominick, Marilyn Monroe
 Blonde (2022) de Andrew Dominik es la adaptación a la gran pantalla de la novela de mismo título de la novelista norteamericana Joyce Carol Oates. De esta escritora he leído menos libros de los que debiera, aunque los que han caído en mis manos los he disfrutado mucho. Blonde, aparecido el año 2000, era uno de los que tenía en lista de espera. Se me adelantó el australiano Andrew Dominik con su película en la que realiza una versión cinematográfica de bella factura bastante pegada a la novela de la Oates. Saber que el papel de Marilyn Monroe lo hacía con enorme acierto una bellísima Ana de Armas supuso para mí un acicate más para posponer mi deseo lector y anteponer el visionado del film.

La película utiliza el blanco y negro en combinación con el color. La española Ana de Armas se luce en su interpretación de la actriz estadounidense, tanto que su actuación suena bastante para los próximos premios Oscar. Se ha criticado por parte de muchos espectadores que la película no sea exactamente un biopic de la malograda actriz. Y es que efectivamente no lo es; lo que es Blonde es una simple adaptación de la historia literaria creada por Carol Oates quien, aunque se inspira en episodios reales de la vida de la actriz, re-imagina muchos otros lanzando hipótesis a veces muy atrevidas y hasta en ocasiones poco verosímiles.

Los espectadores -y yo entre ellos- censuran el que el film haga hincapié sobre todo en los momentos desafortunados de la vida de la Monroe. El director se excede en mostrar maltratos físicos, abusos sexuales, y violencia psicológica; tanto se excede que la película ha recibido por parte de la industria del cine norteamericana la clasificación NC-17 (no recomendada para menores de 17), la más restrictiva de todas ellas. Afortunadamente Andrew Dominik despliega un abanico de diversas maneras de contar con lo que los espectadores vamos sobrellevando la serie de malos momentos por los que pasó la hermosa actriz. Esto es lo mejor que realiza el director, aunque en mi opinión, la excesiva duración de la cinta (2 horas y 46 minutos) haga que una historia tan sugerente, sin embargo se haga tediosa y algunos -es lo que me ocurrió a mí- llegásemos a ver la película de manera interrumpida a lo largo de varios días, algo que si soy sincero creo que no debería hacerse jamás.

Afortunadamente y para bien, Ana de Armas está para salvar el film. Es una Ana de Armas soberbia, bellísima, casi se diría que es la Marilyn Monroe rediviva. El plantel de actores que la acompañan es de alto nivel (Adrian Brody, Bobby Cannavale, Julianne Nicholson, etc.) pero quedan totalmente oscurecidos ante la fuerza con que irrumpe la actriz española de origen cubano.




"Blonde", la novela 


Joyce Carol Oates, Norma Jeane Baker, Marilyn Monroe
El 1 de junio de este 2026 se cumplieron 100 años del nacimiento de Norma Jeane Baker, conocida en el mundo del Cine como Marilyn Monroe. Joyce Carol Oates  en 2000 fue finalista del premio Pulitzer con Blonde, novela que la editorial Alfaguara recuperó y publicó en España en 2012 al cumplirse 50 años del fallecimiento de la actriz, ocurrido el 3 de agosto de 1962.  En esta novela la escritora estadounidense (Nueva York, 1938) realiza un recorrido en forma de ficción por la vida de esta belleza hollywoodense. A lo largo de sus algo más de 1000 páginas asistimos a los problemas psicológicos que desde su niñez la actriz padeció. Norma Jeane buscó siempre a su desconocido padre del que su madre le hablaba pero al que jamás llegó a conocer. Gladys, la madre de Norma, trabajaba en el departamento de atrezzo de La Productora, una compañía cinematográfica Gladys siempre vivía en Hollywood. En el oeste de Hollywood. Su trabajo en La Productora se lo exigía, porque era una "empleada contratada"»). Su condición de madre soltera y otros problemas que arrastraba por culpa de las adicciones diversas que padecía provocaron que dejase con frecuencia a su hija al cuidado de Della, la abuela. Mientras que Della vivió mal que bien la niña creció dentro de una cierta normalidad. Cuando la abuela murió, Norma fue ingresada en un orfelinato; el deseo mayor de la niña era que alguna de las familias que temporalmente la acogían la adoptasen definitivamente, pero Gladys jamás dio su consentimiento. 

Norma Jeane fue descubierta por Otto Öse, fotógrafo de una revista del ejército estadounidense que en 1944 le hizo unas fotografías cuando ella trabajaba en Radio Plane, una factoría estatal de aviones de combate. 
«Otto Öse, el Príncipe Encantado. La había sorprendido en la sala de pintura de Radio Plane y le había hecho un montón de fotografías para Stars & Stripes 
[...]
 —¿Sabes quién es mi jefe en Stars & Stripes? Ron Reagan. Norma Jeane cabeceó, desconcertada. ¿Reagan? ¿Ronald Reagan, el actor? ¿Un Tyrone Power o Clark Gable de tercera? Le sorprendió que un actor como Reagan tuviera alguna relación con una revista militar.»
Su aparición en esta revista hizo que Hollywood se interesara por ella. Su belleza y frescura hicieron que un productor, tras abusar sexualmente de ella, luego en pago  le diese un papelito secundario en La jungla de asfalto que dirigía John Huston. Marilyn, siempre muy exigente consigo misma, aunque su papel era muy pequeño en esta película destacó por su belleza y buena actuación, lo que provocó que tras este film todos quisiesen contratarla.  Hollywood descubrió que esta joven era un diamante en bruto. Y todos, quien más, quien menos, se aprovecharon de ella cuanto pudieron. Los sueldos que le asignaban, a pesar de ser ella quien arrastraba más gente a las salas, eran ridículos comparados con los de otras estrellas. Todos, como digo, abusaron de ella. Hubo algunos —muchos, según la leyenda— que lo hicieron de su cuerpo; otros, de su capacidad y versatilidad como actriz (agentes suyos como I. E. Shinn, amigos como Cass Chaplin o Edward G. Robinson Jr, (estos dos junto a la actriz formaron un trío estable al que los tres denominaban los Dióscuros), el fotógrafo Otto Öse, quien en un momento de necesidad económica de la futura actriz por sólo 50$ le hizo una serie de desnudos fotográficos en poses muy eróticas y provocativas para un calendario. Estas fotografías la perseguirían durante toda su vida y fueron la base sobre la que se construyeron un sinfín de mentiras y también, por qué no, alguna que otra verdad. 

Joyce Carol Oates al principio de Blonde advierte a los lectores en Nota de la autora que el libro que nos disponemos a leer no es una biografía de Marilyn Monroe, sino una novela. Textualmente dice:
«El lector que desee conocer datos biográficos fidedignos de Marilyn Monroe no debería buscarlos en Blonde, que no pretende ser un documento histórico, sino en biografías autorizadas»
Lo anterior es muy importante tenerlo en cuenta. Efectivamente en Blonde lo literario prima sobre lo biográfico. Que Norma Jeane Baker era adicta a los somníferos, que se aficionó a la codeína para combatir los dolores menstruales, que practicaba el sexo con suma liberalidad, que era bellísima y usó muchas veces su belleza para conseguir lo que más le gustaba: actuar. Sí, todo esto y más lo sabíamos antes de leer la novela. Lo importante en Blonde es cómo lo presenta Joyce Carol Oates, la manera que tiene de irnos mostrando el interior de la persona que es Norma Jeane y el personaje que ella y sobre todo los demás le fabricaron: Marilyn Monroe. Esta dualidad, este desdoblamiento, que representa la Pobre Doncella (Norma Jeane) y la Princesa (Marilyn) conviviendo a duras penas la segunda en la primera lo muestra con maestría y acierto la novelista. Por esto no cabe pensar que en este libro los datos biográficos sean fidedignos. No. La autora los recrea, los amplifica, los imagina, añade y quita a su gusto siempre en pro de lo que está creando: la vida de esta mujer «destilada en forma de ficción». Y por lo tanto son muchas las licencias que se toma, porque no lo olvidemos estamos leyendo ficción y no otra cosa.

En la novela se recorre, de manera desordenada, toda la vida de la actriz: sus tres matrimonios fallidos, sus dos embarazos inconclusos —la leyenda habla de muchos otros más— por voluntad uno y por accidente otro, sus deseos de ser madre, su amor a su madre enferma internada en un sanatorio psiquiátrico, su gran afición al sexo y a las drogas que se fue acentuando —concretamente este último— con el paso del tiempo... Y sobre todo la explotación que de su belleza hicieron todos, fundamentalmente los hombres, desde los menos importantes de la industria del Cine a los más encumbrados del Séptimo Arte hasta llegar a la primera personalidad de los EEUU, el presidente Kennedy —en la imaginación de la Pobre Doncella, convertida en ese momento en Princesa, su Príncipe Encantado— para quien pocos días antes de ella morir le cantaría borracha y obnubilada por la cocaína y otras drogas el famosísimo «"Happy Birthday, Mr President"» que tantas veces habremos visto todos a lo largo de nuestra vida.

Importantísimo en esta novela es observar la fantástica manera que la Oates tiene para penetrar en la cabeza complicada, inestable y llena de dudas de la actriz. Una mujer autoilustrada, muy exigente consigo misma, con miedo a fracasar y a no estar a la altura; una mujer que pensaba que los hombres siempre se reían de ella, de las mujeres en general, pero que también era consciente del enorme poder que tenía sobre ellos gracias a su belleza. Sin embargo esta belleza le produjo también dolor pues le exigía comportarse como la rubia tonta, sensual y provocativa que Hollywood había fabricado. Era una imagen que en definitiva le daba de comer y a la que tenía que rendirse Norma Jeane igual que hacían todos los hombres, tanto los poco formados intelectualmente como Joe DiMaggio o eminencias como Arthur Miller. «Yo no soy ella», decía constantemente la Pobre Doncella siempre en búsqueda de su Príncipe Encantado

Conocemos a Norma / Marilyn a través de ella misma y a través de los demás. El perspectivismo es recurso importante en la novela. A veces quien narra es una primera persona de singular que tuvo relación con ella; a veces cambia al plural pasando a representar a un colectivo como por ejemplo la Productora; pero lo más frecuente es el uso de una tercera persona externa objetiva que da paso con frecuencia a otras a través del estilo directo y también indirecto libre. Esta variada abundancia de narradores la combina Joyce Carol Oates con la presencia de diferentes maneras discursivas presentada con frecuencia en distintas tipografías 

Son muchos los subrayados que durante la lectura he realizado en Blonde. He aquí algunos que me parecen significativos:
  • «¡Era libre! ¡Estaba sola! Por primera vez en su vida estaba verdaderamente sola. No como huérfana. No como hija adoptiva. No como la hija, la nuera o la esposa de alguien. Esto era un lujo para ella.» (cuando Norma Jeane decide abandonar la casa de su primer marido e ir a trabajar a una fábrica militar durante la guerra).
  • «Ese lenguaje grosero disgustaba a Norma Jeane. Ella era una romántica. Porque su amante era hermoso como una mujer y cuando estaban el uno junto al otro frente al espejo, se ruborizaban y sus ojos se dilataban de amor y reían y se acariciaban mutuamente el pelo y habría sido imposible decir cuál de los dos era más bello y cuál de los cuerpos, más deseable. ¡Cass Chaplin! Le encantaba pasear con él y observar cómo las demás mujeres se quedaban prendadas de él (¡y los hombres también! Ah, lo veía).» (fue con Cass Chaplin con quien más feliz se sintió. Luego vendrían las desilusiones, claro. Y es que ella, en el fondo, era una mujer verdaderamente romántica)
  • «En un libro que le había dejado a Norma Jeane —El mundo como voluntad y representación, de Schopenhauer—, la joven había leído que "el suicida quiere la vida y simplemente está descontento con las circunstancias que le han tocado en suerte"». (este libro se lo había prestado su agente I.A. Finn. A Norma Jeane le gustaba leer filosofía, poesía, libros de formación actoral, etc.)
  • «El objetivo del teatro es despertar emociones. No entretener. La telebasura y la prensa amarilla entretienen. El objetivo del teatro es transformar al espectador. Quien no sepa transformar al espectador que se vaya. El objetivo del teatro (Aristóteles fue el primero y el que mejor lo dijo) es producir en el espectador una emoción profunda que suponga una catarsis del alma.» (le dice Max Pearlman a Norma cuando esta se ha trasladado a Nueva York para seguir cursos del método Stalinavski en el Ensemble Theater, que ensayaba una obra de Arthur Miller. Fue entonces cuando ambos se conocieron y al poco se casarían)
  • «Norma Jeane Baker era por naturaleza una joven optimista, o no se habría jurado optimismo eterno acuclillada en el tejado del orfanato, mirando la iluminada torre de RKO, a kilómetros de distancia, en Hollywood: ¡Lo juro! ¡Lo prometo! ¡Nunca, nunca me rendiré!, y ahora comprendía que aquella ignominiosa y desagradable escena era en realidad una escena de cine» (piensa la actriz un momento después de atender a un Marlon Brando completamente borracho).

Para finalizar
Concluyo esta doble reseña veraniega manifestando la inmensa superioridad de la novela de la autora norteamericana sobre la muy digna versión cinematográfica. Cierto es que comprimir 1000 páginas en un metraje de algo más de dos hora y media no es tarea sencilla, que algo —mucho— necesariamente habrá de quedarse  perdido por el camino, y eso a pesar de que la mismísima Oates formase tandem con el propio director como guionista de la cinta.  
He dicho al hablar de la película que la misma incide con profusión en los aspectos negativos de la existencia de la actriz. También, como no podía ser de otra manera, hay negatividad en la novela, pero en la obra escrita estos elementos se conjugan adecuadamente con otros alegres, positivos que, en definitiva, sirven para marcar mejor el contraste y la verosimilitud de la vida mostrada de Norma Jeane y la imagen de Marilyn que le devolvía el espejo.



9 jul 2026

'Los siguientes' de Pedro Simón. 'Michael', biopic sobre Michael Jackson (A pares LI)

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«Lo que da miedo es tener delante de ti al spoiler de lo que acabarás siendo: un hombre de ochenta y nueve años si es que llegas, Darío; en pañales, sin dientes, en un sitio que no es tu casa. Así acabarás tú, así acabaremos todos en el mejor de los casos. Viejos, arrugados, vencidos, reducidos a una bayeta reseca de piel y huesos.»

Trilogía de la Familia, Los ingratos, Los incomprendidos, Pedro Simón
Los siguientes, tercera novela de Pedro Simón,  cierra su denominada Trilogía de la Familia. Está escrita utilizando el mismo tono de cotidianidad de las dos anteriores de la serie: Los ingratos y Los incomprendidos, ambas reseñadas en el blog. Quizás por ello, por ya conocido por mí el asunto y por la manera de presentarlo, esta tercera entrega de la serie me ha resultado por momentos algo tediosa, sensación que no me asaltó durante la lectura de las otras dos. Lo que queda claro en cualquiera de las tres novelas de la serie es que Pedro Simón es un artista a la hora de tocar la fibra sensible del lector: en todas ellas logra -yo creo que lo pretende- que el lector sienta humedecerse el lacrimal.

Si en Los Ingratos es la niñez y en Los Incomprendidos la adolescencia los mundos que se visitan, en Los siguientes es la vejez el ámbito vital que se toca. El personaje central y sobre el que gira todo el relato es Antonio. Antonio es el padre de Carmen, Darío y Gabriel. Los tres hermanos han tenido un éxito desigual en el mundo laboral: Gabriel es un triunfador cuya profesión le lleva a viajar con frecuencia a Miami o Munich; Darío es un vividor que sólo ahora parece haber asentado un poco la cabeza, aunque en trabajos precarios y que apenas si le dan para vivir modestamente; por su parte Carmen es una auxiliar de enfermería que trabaja en una residencia de ancianos. Antes de llevar a Antonio a una Residencia los tres hermanos deciden encargarse del padre viudo por períodos alternos de dos meses. Todo se precipita cuando el deterioro físico y cognitivo de Antonio avanza y los hijos no pueden hacerse cargo del padre por diversas razones: Carmen debe someterse a una operación quirúrgica, Gabriel estará en Miami una temporada larga y Darío ptiene siempre un muy poco fiable horario dada su condición de vigilante privado. Es entonces cuando lo ingresan en una residencia que es la antesala de su final definitivo.

Hay mucha influencia de otros autores que en forma de intertextos se cuelan en esta novela. Algunos de ellos los cita en los agradecimientos que incluye al final del libro y otros resuenan con cierta claridad a poco conocimiento que de la literatura española clásica y actual se tenga. Así Carmen, cuando asea a su padre, reflexiona e imagina esta conversación con Hugo, su hijo de unos diez años o así. Es una reflexión escatológica y metafísica muy quevedesca
«empezamos la vida cagándonos encima y la terminamos de la misma manera.
Pero en vez de decirle esa salvajada, callo.
O le miento.
—¿Pero no te da ni un poco de asco, mamá?
—¿Cómo me va a dar asco, hijo, si es mi padre?
»
Y no sólo la intertextualidad es española, muchas otras literaturas afloran en las páginas de esta novela. El existencialismo de un Albert Camus creo que es patente en momentos como el siguiente:
«la vida era eso que no se para jamás ante la muerte. Eso que no hace duelo. Ni llora. Ni espera un responso. Ni se pone corbata ni traje negro por mucho que haya fallecido tu madre. Eso era la vida: mamá se acababa de morir, mi hijo tenía unos meses y dos niñas se abrazaban entre risas en la calle gritando gol»

Es claro según se avanza en la lectura de Los siguientes que el novelista posee información contrastada  sobre la cruda realidad. La presenta bien por conocerla de primera mano, bien por haber llegado hasta él de boca de compañeros, amigos o familiares.

Lo que sí es inconfundible es el estilo de Pedro Simón, un estilo claramente literario que linda con el del puro periodismo y que es incontestablemente suyo. En esta novela aparecen los mismo recursos estilísticos que ya señalé en las reseñas de las dos anteriores entregas como se puede comprobar volviendo a ellas (semejante número de capítulos, perspectivismo señalado en los títulos de cada capítulo, importancia a la música escuchada, búsqueda del ritmo en la prosa, cotidianidad...). Todos estos rasgos de estilo alejan el texto del periodismo, si bien éste siempre es reconocible en algunos elementos entre los que yo destacaría el culturalismo pop («Si pudiera leer la mente de Carmen y Gabriel, seguro que vería rayos, sapos, calaveras y culebras, igual que se ve en las viñetas de Ibáñez», piensa Darío) y también, ¡y sobre todo!, en la presentación sin ambages de la más absoluta y dura cotidianidad .
«Ahora estoy usando la esponja jabonosa.
Ahora la mojo un poco y sigo.
Ahora lo giro con mucho cuidado.
Ahora tengo a mano el papel secante.
A veces querríamos que la vida fuera otra cosa.
Pero tengo delante de mí el lunar de mi padre.»



oooOooo
"Michael", biopic sobre Michael Jackson
Antoine Fuqua,Michael Jackson, Motown
Me acerqué a una sala de cine para escapar de la primera y tremenda ola de calor del verano. Mucho me habían hablado, y muy bien, sobre esta película dirigida por Antoine Fuqua. Me gustó mucho la cinta y considero que es de esas pelis que piden ser vistas en Sala. ¿Por qué? Pues simple y llanamente porque el sonido y las imágenes que la acompañan -muchas de ellas grupales y de vistas aéreas de conciertos en estadios- se ven mejor en pantallas de varios metros cuadrados que en las más modestas televisivas por muchas pulgadas que estas tengan.

Como imagino que les habrá sucedido a muchos de quienes la hayan visto me sorprendió que la película se quedase en la fase positiva de la existencia del cantante de Gary (Indiana). No se toca el vidrioso tema de su posible pederastia de la que fue acusado en repetidas ocasiones aunque nunca pudo confirmarse o demostrarse. 

El film parte del momento en que el padre de los Jackson, un obrero siderúrgico, reúne a la familia y decide que comenzarán a dar conciertos. Son los Jackson Five cuyo líder y vocalista será Michael, el pequeño de los hermanos que posee una voz que es un auténtico don. Joseph Jackson, el padre, es implacable con sus hijos y los fuerza a ensayar y ensayar; especialmente se muestra muy exigente con Michael al que constantemente pide que le mire a los ojos y que entone de la manera que él considera pertinente. 

Buscando algo de información tras haber visto el film leo que la familia Jackson estableció para autorizar la realización de la película que se obviasen los episodios más espinosos como el de la relación de Michael con los niños. De hecho lo único que vemos de esta relación es positivo: el cantante hace donaciones millonarias al hospital que le atendió a él cuando sufrió un accidente que le quemó el cuero cabelludo y provocó su hospitalización. Allí en el Hospital supo del sufrimiento de los niños con enfermedades incurables. A ellos quiso ayudarles dándoles parte del mucho dinero que poseía. Pero nada más se dice de esta vidriosa cuestión.

Durante mi búsqueda conocí que el actor que da cuerpo al cantante de Indiana es Jaafar Jackson, sobrino suyo. De ahí el enorme parecido físico entre ambos. Jaafar Jackson se mueve de una manera que recuerda muchísimo la de su tío. Viéndole bailar mientras escuchamos los temas de los Jackson Five, de Thriller, de Bad... Es precisamente en la actuación ya en solitario que hace en Londres durante la gira Brad World Tour que finaliza la película con el sorprendente aviso (al menos a mí me lo supuso) de "Su historia continúa". Este mensaje es ambiguo y puede interpretarse como que quizás haya una segunda parte en este biopic -¡permanezcan atentos!, ja, ja, ja- o a que hasta aquí hemos podido contar, amigos. Sea lo que sea la película merece mucho ser vista. De hecho, leo por ahí, que ya es la primera película biográfica más taquillera de todos los tiempos. Y no me extraña. 



27 jun 2026

"Septiembre negro", una novela de Sandro Veronesi

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«Hay dos versos de W. H. Auden que siempre recuerdo desde que los leí por primera vez —estaba en el instituto— y que, en forma de tarjeta de visita, he repartido siempre que he podido entre mis amigos, las chicas a las que he amado, mis alumnos, mi mujer, mis hijos, en las conferencias que he dado. Dicen así: "Aunque no siempre podemos recordar por qué fuimos felices, / no olvidamos que lo fuimos»

Septiembre negro, Juan Salmerón Arjona (traductor)
Hace ya cuatro años leí con gusto El colibrí, novela exitosa de Sandro Veronesi tanto en su país como aquí o en Francia [novela reseñada en este blog]. Tras El colibrí (2019) el escritor italiano publicó Comandante (2023) y por último en 2024 vio la luz en su país Septiembre negro (en 2026 en España). Las tres han sido publicadas por editorial Anagrama y la traducción la ha realizado Juan Manuel Salmerón Arjona.

Al igual que hice en la reseña de El colibrí pensaba colocar aquí la sinopsis ofrecida por la propia editorial. Sin embargo he decidio no hacerlo, pues la sinopsis que ofrecen es tan extensa que apenas si deja espacio a la imaginación del propio lector. Así que no, no la copiaré. No quiero desvelar más de lo necesario, error en el que, creo, insurre la empresa editora.


Mi comentario
Desde la altura de sus 62 años, el narrador y protagonista Gigio Bellandi, trasunto del autor con total seguridad, rememora el lejano verano de 1972 cuando él tenía 12 años y su propio cuerpo y el mundo que habitaba experimentaron un cambio brusco, no esperado, que modificó la trayectoria de ambos. El momento cenital de esta mutación tuvo lugar durante el mes de septiembre cuando se estaban celebrando los Juegos Olímpicos de Múnich  y un grupo terrorista palestino denominado 'Septiembre negro' atentó en los mismos, secuestrando a miembros del equipo olímpico israelí tras haber asesinado a dos de sus integrantes. La resolución del conflicto fue una masacre que aún hoy día es recordada en todo el mundo. Pese al horror y crudeza de estos hechos los JJ OO continuaron como si nada hubiese sucedido. E igual ocurrió con la vida del niño-adulto Bellandi, que continuó como si lo vivido y experimentado personalmente por él durante ese verano del 72 no hubiese sido importante, a pesar de que sí lo fue.

Si el mundo que rodeaba a Gigio se vio sacudido por el suceso terrorista anterior, él mismo, como digo, también vivió transformaciones íntimas en las que entró siendo un niño y salió convertido en otra persona. El cambio que sufre es el propio de la adolescencia. Gigio Bellandi y el resto de su familia como todos los veranos veranea en el Tirreno, en una localidad llamada Fiumetto. Hasta allí se desplazan desde Vinci, pueblecito a unos 30 kilómetros de la zona de veraneo; en la playa coinciden con la familia Raimondi, ésta de alta alcurnia y mayor poder adquisitivo. El preadolescente que el joven Bellandi es se siente atraído por Astel, la hija de los Raimondi, un año maayor que él y con la cabeza ya  ocupada por asuntos más propios de mayores que de niños como Gigio. El acercamiento a Astel que el narrador consideraba casi imposible se verá favorecido precisamente por la afición a la música anglófona de la chica Raimondi. Gigio habla perfectamente inglés gracias a Betty, su madre irlandesa, y Astel le pide ayuda para que le desvele el contenido de las canciones. Por este motivo Gigio y Astel pasarán horas y horas durante ese verano escuchando música, traduciendo letras, bailando y conociéndose cada día más y mejor.

Estamos, pues, ante una novela de iniciación, un bildungsroman, en el que se muestra el muy difícil de aprehender momento de transición del mundo infantil al adulto, o sea, la adolescencia. La literatura lo ha tocado en múltiples ocasiones, aunque también en múltiples ocasiones ha preferido eludirlo por la dificultad de transcribirlo debidamente en palabras. En mi opinión Sandro Veronesi consigue presentarlo debidamente. Gigio Bellandi, el narrador, es un chico que a sus doce años es un enamorado de todos los deportes, especialmente del ciclismo: los éxitos y fracasos de los ciclistas italianos los vive como propios. Así, por ejemplo, que Franco Bittosi perdiese el campeonato del mundo de ciclismo el 6 de agosto de 1972 lo vive Gigio como un fracaso personal:
«¡Ay qué dolor, qué dolor inmenso! Sí, un dolor inmenso nos invade a todos, a sus familiares, a sus fans, a nuestros barrios, a Versilia, a Toscana y a toda Italia, porque todos amamos a Bittosi. Si él hubiera ganado, habríamos ganado todos.
Ya no es cuestión de si era niño o adulto: el 6 de agosto de 1972, el dolor nos destrozó a los dos, como destrozó a mi padre, a Gilda, a mi madre, a todos mis amigos de Bagno Stella y a todos mis amigos de Vinci, a mis compañeros de clase, a los profesores, al director del colegio, al cura.»
Es Gigio más niño que adulto, sin duda alguna, disfruta más contemplando las Olimpiadas por las primeras televisiones en color que han llegado a Italia (una de ellas precisamente está en casa de los Raimondi en Fiumetto), pero la atracción que sobre él ejerce Astel ya le hace dudar, tendrá que elegir. Y es que ser adulto no siempre es satisfactorio. El niño y el adulto luchan en su interior:
«Bailábamos, pero mi cabeza no se vaciaba del todo, siempre sobrevivía un pensamiento que me decía que estaba perdiéndome los récords mundiales de Mark Spitz o de Roland Matthes. Hiciéramos lo que hiciéramos, latía en mí, oculta e inconfesable, la esperanza de que ella se interrumpiera y me propusiera ir al salón a ver las Olimpiadas en color.»
La desazón propia de un adolescente la presenta Veronesi en Septiembre negro con acierto y total verosimilitud. El personaje narrador se siente muy unido a Augusto, su padre, quien gusta de practicar la navegación a bordo de su barquito Tivatú. Siempre que puede lo acompaña, aunque ya en un momento dado preferiría quedarse con Astel y no salir a navegar con el padre. Es enorme la cantidad de términos marineros que Sandro Veronesi presenta en su novela: orza, bolinas, foque, espináker, viento lebeche... y tantos otros más.

Si hablando del padre, Augusto Bellandi, los términos marineros cobran especial importancia, en el mundo de los adolescentes Astel y Gigio es la música la que está en el centro de sus intereses. Todos los temas musicales que se citan en la novela aparecen en una lista de Spotify de un usuario con nick 'Palomew' que al ser pública me he permitido insertar aquí. Espero que os guste tanto como a mí:


Como ya señalara yo en la reseña que hice de El colibrí, también aquí, en Septiembre negro, las referencias a la cultura popular, especialmente la música y el cine, son abusndantes. Las mismas cumplen una importante función en la formación y evolución del carácter e identidad de todos los personajes. Si la música lo hace en los adolescentes y jóvenes, el Cine lo realiza en los padres de éstos. De hecho, muchos de los nombres que los adusltos dan a sus hijos están tomados de filmes que les gustaron o conmovieron por algún motivo:
«a mi hermana la llamaron Gilda por la película de Rita Hayworth. Primer misterio: [...] Mi hermana nació en 1965, y Gilda, la película, es de 1946, mi madre tenía entonces catorce años y mi madre once, y no se conocieron hasta doce años después.[...] Gilda era una vieja película, ¿qué tenía que ver con ellos? A ver: yo también llamé Jimmy a mi primer hijo en honor a Jimmy Rabbitte de la película The Commitments, pero, para empezar, esta película se estrenó un año antes de que naciera mi hijo»
Y al igual que el escritor ya hiciera en El colibrí mucha es la metaliteratura que hay en esta última novela. Así, cuando, como en la cita anterior, el narrador percibe que se ha salido de su línea narrativa interrumpe el discurso y avisa de que no es ese el momento de decir tal cosa o que ni siquiera esa es la intencionalidad que persigue con su narración:
«Pero veo que he empezado a hablar de mí -de mí como soy ahora- y no quiero;no era mi intención y me interrumpo enseguida, porque el único yo que importa en la historia que quiero contar es el de un niño de doce años que aún no sabe nada de nada.»
En otro momento el Gigio adulto, el hombre de 62 años que está escribiendo esta historia, avisa de la finalidad de la misma. En el fondo la está usando como terapia personal. Aviva nuestro interés como lectores al oírle preguntarse si él podría haber hecho algo cuando tenía doce años para que eso no sucediera. Y el suspense se activa en nosotros: ¿Qué ha pasado? ¿Qué ha sucedido que aún no se nos ha contado? ¿Por qué escribe esta historia? ¿Será algo demasiado grave?... Y es gracias a esto que seguimos en la lectura,  porque el suspense Sandro Veronesi ha sabido despertarlo y sabe dosificarlo debidamente.
«La cuestión es saber si, siendo yo como era, podía o no podía oponer resistencia a la fuerza que me las arrebató de esa manera. Es una pregunta que me he hecho muchas veces, y he llegado a la conclusión de que estas respuestas no se pueden obtener directamente: se responde a una pregunta y enseguida surge otra, las respuestas solo son opiniones, y en lugar de acercarnos a la verdad nos alejamos. Me he convencido de que, si hay alguna posibilidad de que la respuesta aparezca, verdadera y esencial, tiene que ser a través de la narración: una narración exacta, detallada y honesta de todo aquello que perdimos»
Y más tarde, ya desde el hoy más actual, confiesa que, dados los años transcurridos, había olvidado muchísimas cosas de las escritas en las páginas anteriores cuando habla de ese verano de su preadolescencia  («el nombe del barco de Agnelli, los minutos que le sacó Merckx a Gimondi en el Tour de Francia, el argumento de El Eternauta»). Y de manera confesa y categórica -¡más confesión metaliteraria imposible!- concluye diciendo:
«Bobby Fischer ha pasado a ser mi ídolo borrando a casi todos los que tenía de niño cuando me gustaban todos los deportes –y cuyos nombres fui olvidando poco a poco y he tenido que buscar en Google para mencionarlos en esta narración–.»

Lo que más me ha agradado
Adolescencia,Bildungsroman
Muchas cosas me han gustado de este Septiembre negro. De todo lo que, aunque sea de pasada, toca (la política, la persecución de los diferentes, el racismo, el sexo, la infidelidad, la amistad, la familia...) para mí lo esencial es la presentación que realiza del proceso de transición hacia la edad adulta de ese niño preadolescente, su entrada en la misma. También cómo ésta se ha producido en un entorno cambiante y confuso tanto en el ámbito familiar (sus padres, los conflictos entre ellos, la relación con su hermana Gilda, la relación con el padre, el curioso tío Giotti que aparece inopinadamente en la casa y del que tanto aprendió, los amigos, el descubrimiento de la atracción física...) como en el mundial (el evidente componente racista existente durante esos años 70 del siglo pasado, el mundo del deporte, las Olimpiadas de 1972, el atentado por parte del grupo terrorista Septiembre Negro, la música rock...).

Pero sin duda alguna el mensaje que en mi opinión deja claro el autor en esta novela es el tremendo desconocimiento que los adultos tienen de aquellos que tienen a su cargo, o sea, sus hijos o sobrinos que poco a poco crecen, se transforman, se enamoran, se ilusionan, se desilisuionan... Y ellos, los padres, los tíos, los responsables, ignoran casi todo lo que les acontece o les preocupa. Tal se observa cuando en Dublín y ya con catorce años de edad Giogi pregunta a su tío Giotti por Astel:
«¿Qué pasaba con Astel? ¿Se sabía algo de ella? [...] La respuesta fue: "¿Astel?" ¿Entendéis? Mi tío Giotti no sabía ni quién era, como tampoco sabía quiénes eran Vincenzo Balestrieri y Jacky Ickx antes de que yo se lo dijera. Es verdad que se marchó de Fiumetto el día antes de que ella llegara, ni siquiera la conocía de vista, y es evidente que mi padre nunca le habló de ella. [...] En aquel momento, con la rabia que sentía, metí a mi tío Giotti en el saco de los adultos egoístas e insensibles, y no me despedí de él como se merecía.»
Una buena novela, muy bien escrita, muy en la línea, tanto en tema como en procedimientos narrativos, de  El colibrí. Un autor recomendable al que se lee con mucho gusto. Muy recomendable.