27 jun 2026

"Septiembre negro", una novela de Sandro Veronesi

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«Hay dos versos de W. H. Auden que siempre recuerdo desde que los leí por primera vez —estaba en el instituto— y que, en forma de tarjeta de visita, he repartido siempre que he podido entre mis amigos, las chicas a las que he amado, mis alumnos, mi mujer, mis hijos, en las conferencias que he dado. Dicen así: "Aunque no siempre podemos recordar por qué fuimos felices, / no olvidamos que lo fuimos»

Septiembre negro, Juan Salmerón Arjona (traductor)
Hace ya cuatro años leí con gusto El colibrí, novela exitosa de Sandro Veronesi tanto en su país como aquí o en Francia [novela reseñada en este blog]. Tras El colibrí (2019) el escritor italiano publicó Comandante (2023) y por último en 2024 vio la luz en su país Septiembre negro (en 2026 en España). Las tres han sido publicadas por editorial Anagrama y la traducción la ha realizado Juan Manuel Salmerón Arjona.

Al igual que hice en la reseña de El colibrí pensaba colocar aquí la sinopsis ofrecida por la propia editorial. Sin embargo he decidio no hacerlo, pues la sinopsis que ofrecen es tan extensa que apenas si deja espacio a la imaginación del propio lector. Así que no, no la copiaré. No quiero desvelar más de lo necesario, error en el que, creo, insurre la empresa editora.


Mi comentario
Desde la altura de sus 62 años, el narrador y protagonista Gigio Bellandi, trasunto del autor con total seguridad, rememora el lejano verano de 1972 cuando él tenía 12 años y su propio cuerpo y el mundo que habitaba experimentaron un cambio brusco, no esperado, que modificó la trayectoria de ambos. El momento cenital de esta mutación tuvo lugar durante el mes de septiembre cuando se estaban celebrando los Juegos Olímpicos de Múnich  y un grupo terrorista palestino denominado 'Septiembre negro' atentó en los mismos, secuestrando a miembros del equipo olímpico israelí tras haber asesinado a dos de sus integrantes. La resolución del conflicto fue una masacre que aún hoy día es recordada en todo el mundo. Pese al horror y crudeza de estos hechos los JJ OO continuaron como si nada hubiese sucedido. E igual ocurrió con la vida del niño-adulto Bellandi, que continuó como si lo vivido y experimentado personalmente por él durante ese verano del 72 no hubiese sido importante, a pesar de que sí lo fue.

Si el mundo que rodeaba a Gigio se vio sacudido por el suceso terrorista anterior, él mismo, como digo, también vivió transformaciones íntimas en las que entró siendo un niño y salió convertido en otra persona. El cambio que sufre es el propio de la adolescencia. Gigio Bellandi y el resto de su familia como todos los veranos veranea en el Tirreno, en una localidad llamada Fiumetto. Hasta allí se desplazan desde Vinci, pueblecito a unos 30 kilómetros de la zona de veraneo; en la playa coinciden con la familia Raimondi, ésta de alta alcurnia y mayor poder adquisitivo. El preadolescente que el joven Bellandi es se siente atraído por Astel, la hija de los Raimondi, un año maayor que él y con la cabeza ya  ocupada por asuntos más propios de mayores que de niños como Gigio. El acercamiento a Astel que el narrador consideraba casi imposible se verá favorecido precisamente por la afición a la música anglófona de la chica Raimondi. Gigio habla perfectamente inglés gracias a Betty, su madre irlandesa, y Astel le pide ayuda para que le desvele el contenido de las canciones. Por este motivo Gigio y Astel pasarán horas y horas durante ese verano escuchando música, traduciendo letras, bailando y conociéndose cada día más y mejor.

Estamos, pues, ante una novela de iniciación, un bildungsroman, en el que se muestra el muy difícil de aprehender momento de transición del mundo infantil al adulto, o sea, la adolescencia. La literatura lo ha tocado en múltiples ocasiones, aunque también en múltiples ocasiones ha preferido eludirlo por la dificultad de transcribirlo debidamente en palabras. En mi opinión Sandro Veronesi consigue presentarlo debidamente. Gigio Bellandi, el narrador, es un chico que a sus doce años es un enamorado de todos los deportes, especialmente del ciclismo: los éxitos y fracasos de los ciclistas italianos los vive como propios. Así, por ejemplo, que Franco Bittosi perdiese el campeonato del mundo de ciclismo el 6 de agosto de 1972 lo vive Gigio como un fracaso personal:
«¡Ay qué dolor, qué dolor inmenso! Sí, un dolor inmenso nos invade a todos, a sus familiares, a sus fans, a nuestros barrios, a Versilia, a Toscana y a toda Italia, porque todos amamos a Bittosi. Si él hubiera ganado, habríamos ganado todos.
Ya no es cuestión de si era niño o adulto: el 6 de agosto de 1972, el dolor nos destrozó a los dos, como destrozó a mi padre, a Gilda, a mi madre, a todos mis amigos de Bagno Stella y a todos mis amigos de Vinci, a mis compañeros de clase, a los profesores, al director del colegio, al cura.»
Es Gigio más niño que adulto, sin duda alguna, disfruta más contemplando las Olimpiadas por las primeras televisiones en color que han llegado a Italia (una de ellas precisamente está en casa de los Raimondi en Fiumetto), pero la atracción que sobre él ejerce Astel ya le hace dudar, tendrá que elegir. Y es que ser adulto no siempre es satisfactorio. El niño y el adulto luchan en su interior:
«Bailábamos, pero mi cabeza no se vaciaba del todo, siempre sobrevivía un pensamiento que me decía que estaba perdiéndome los récords mundiales de Mark Spitz o de Roland Matthes. Hiciéramos lo que hiciéramos, latía en mí, oculta e inconfesable, la esperanza de que ella se interrumpiera y me propusiera ir al salón a ver las Olimpiadas en color.»
La desazón propia de un adolescente la presenta Veronesi en Septiembre negro con acierto y total verosimilitud. El personaje narrador se siente muy unido a Augusto, su padre, quien gusta de practicar la navegación a bordo de su barquito Tivatú. Siempre que puede lo acompaña, aunque ya en un momento dado preferiría quedarse con Astel y no salir a navegar con el padre. Es enorme la cantidad de términos marineros que Sandro Veronesi presenta en su novela: orza, bolinas, foque, espináker, viento lebeche... y tantos otros más.

Si hablando del padre, Augusto Bellandi, los términos marineros cobran especial importancia, en el mundo de los adolescentes Astel y Gigio es la música la que está en el centro de sus intereses. Todos los temas musicales que se citan en la novela aparecen en una lista de Spotify de un usuario con nick 'Palomew' que al ser pública me he permitido insertar aquí. Espero que os guste tanto como a mí:


Como ya señalara yo en la reseña que hice de El colibrí, también aquí, en Septiembre negro, las referencias a la cultura popular, especialmente la música y el cine, son abusndantes. Las mismas cumplen una importante función en la formación y evolución del carácter e identidad de todos los personajes. Si la música lo hace en los adolescentes y jóvenes, el Cine lo realiza en los padres de éstos. De hecho, muchos de los nombres que los adusltos dan a sus hijos están tomados de filmes que les gustaron o conmovieron por algún motivo:
«a mi hermana la llamaron Gilda por la película de Rita Hayworth. Primer misterio: [...] Mi hermana nació en 1965, y Gilda, la película, es de 1946, mi madre tenía entonces catorce años y mi madre once, y no se conocieron hasta doce años después.[...] Gilda era una vieja película, ¿qué tenía que ver con ellos? A ver: yo también llamé Jimmy a mi primer hijo en honor a Jimmy Rabbitte de la película The Commitments, pero, para empezar, esta película se estrenó un año antes de que naciera mi hijo»
Y al igual que el escritor ya hiciera en El colibrí mucha es la metaliteratura que hay en esta última novela. Así, cuando, como en la cita anterior, el narrador percibe que se ha salido de su línea narrativa interrumpe el discurso y avisa de que no es ese el momento de decir tal cosa o que ni siquiera esa es la intencionalidad que persigue con su narración:
«Pero veo que he empezado a hablar de mí -de mí como soy ahora- y no quiero;no era mi intención y me interrumpo enseguida, porque el único yo que importa en la historia que quiero contar es el de un niño de doce años que aún no sabe nada de nada.»
En otro momento el Gigio adulto, el hombre de 62 años que está escribiendo esta historia, avisa de la finalidad de la misma. En el fondo la está usando como terapia personal. Aviva nuestro interés como lectores al oírle preguntarse si él podría haber hecho algo cuando tenía doce años para que eso no sucediera. Y el suspense se activa en nosotros: ¿Qué ha pasado? ¿Qué ha sucedido que aún no se nos ha contado? ¿Por qué escribe esta historia? ¿Será algo demasiado grave?... Y es gracias a esto que seguimos en la lectura,  porque el suspense Sandro Veronesi ha sabido despertarlo y sabe dosificarlo debidamente.
«La cuestión es saber si, siendo yo como era, podía o no podía oponer resistencia a la fuerza que me las arrebató de esa manera. Es una pregunta que me he hecho muchas veces, y he llegado a la conclusión de que estas respuestas no se pueden obtener directamente: se responde a una pregunta y enseguida surge otra, las respuestas solo son opiniones, y en lugar de acercarnos a la verdad nos alejamos. Me he convencido de que, si hay alguna posibilidad de que la respuesta aparezca, verdadera y esencial, tiene que ser a través de la narración: una narración exacta, detallada y honesta de todo aquello que perdimos»
Y más tarde, ya desde el hoy más actual, confiesa que, dados los años transcurridos, había olvidado muchísimas cosas de las escritas en las páginas anteriores cuando habla de ese verano de su preadolescencia  («el nombe del barco de Agnelli, los minutos que le sacó Merckx a Gimondi en el Tour de Francia, el argumento de El Eternauta»). Y de manera confesa y categórica -¡más confesión metaliteraria imposible!- concluye diciendo:
«Bobby Fischer ha pasado a ser mi ídolo borrando a casi todos los que tenía de niño cuando me gustaban todos los deportes –y cuyos nombres fui olvidando poco a poco y he tenido que buscar en Google para mencionarlos en esta narración–.»

Lo que más me ha agradado
Adolescencia,Bildungsroman
Muchas cosas me han gustado de este Septiembre negro. De todo lo que, aunque sea de pasada, toca (la política, la persecución de los diferentes, el racismo, el sexo, la infidelidad, la amistad, la familia...) para mí lo esencial es la presentación que realiza del proceso de transición hacia la edad adulta de ese niño preadolescente, su entrada en la misma. También cómo ésta se ha producido en un entorno cambiante y confuso tanto en el ámbito familiar (sus padres, los conflictos entre ellos, la relación con su hermana Gilda, la relación con el padre, el curioso tío Giotti que aparece inopinadamente en la casa y del que tanto aprendió, los amigos, el descubrimiento de la atracción física...) como en el mundial (el evidente componente racista existente durante esos años 70 del siglo pasado, el mundo del deporte, las Olimpiadas de 1972, el atentado por parte del grupo terrorista Septiembre Negro, la música rock...).

Pero sin duda alguna el mensaje que en mi opinión deja claro el autor en esta novela es el tremendo desconocimiento que los adultos tienen de aquellos que tienen a su cargo, o sea, sus hijos o sobrinos que poco a poco crecen, se transforman, se enamoran, se ilusionan, se desilisuionan... Y ellos, los padres, los tíos, los responsables, ignoran casi todo lo que les acontece o les preocupa. Tal se observa cuando en Dublín y ya con catorce años de edad Giogi pregunta a su tío Giotti por Astel:
«¿Qué pasaba con Astel? ¿Se sabía algo de ella? [...] La respuesta fue: "¿Astel?" ¿Entendéis? Mi tío Giotti no sabía ni quién era, como tampoco sabía quiénes eran Vincenzo Balestrieri y Jacky Ickx antes de que yo se lo dijera. Es verdad que se marchó de Fiumetto el día antes de que ella llegara, ni siquiera la conocía de vista, y es evidente que mi padre nunca le habló de ella. [...] En aquel momento, con la rabia que sentía, metí a mi tío Giotti en el saco de los adultos egoístas e insensibles, y no me despedí de él como se merecía.»
Una buena novela, muy bien escrita, muy en la línea, tanto en tema como en procedimientos narrativos, de  El colibrí. Un autor recomendable al que se lee con mucho gusto. Muy recomendable.


9 jun 2026

Juan Maíllo: "El palacio de nitrógeno"

12 comentarios:
Juan Maíllo, Poesía elegíaca
Gentilmente, Juan Maíllo me ha enviado no hace muchos días este poemario suyo. Desconocía yo hasta este momento que el profesor lucentino practicase también el arte de Erato, quiero decir, que escribiese poesía, y dentro de ésta en el libro que nos ocupa el canto elegíaco. 

A mí los los libros de poesía lírica como El palacio de nitrógeno siempre me han atraído. Parece mentira cómo, a pesar de la habitual delgadez de los mismos, pueden contener en su interior tal cantidad de sentimientos y sensibilidad. Los veintidós poemas que componen este poemario me reafirman completamente en lo que acabo de decir. 

Abre Juan Maíllo este hermoso librito con tres epígrafes referidos al asunto que va a tocar y que son muy reveladores de sus gustos literarios. Los textos de los mismos pertenecen, por este orden, a  Charles BukowskiWislawa Szymborska y Jack Kerouac. Entiendo que aluden, yendo de lo general a lo particular, a la necesidad de ser fuerte para superar la adversidad, reflexionar sobre el luctuoso suceso acaecido, y al final aludir a que la bondad de un hombre es merecedora de todos los elogios. Y este hombre es, sin duda alguna, aquel al que con palabra amorosa dedica este bello y gran libro: «Papá». Sigue a estas cuatro páginas una quinta en la que informa de qué es la criogenia, la criogenización, esto es, la paralización de «procesos biológicos y químicos. Indefinidamente»

 Confieso que tras leer los cuatro primeros poemas tuve que parar la lectura, pues la verdad y el sentimiento que los mismos transmiten me embargaron por completo. La realidad de la muerte del padre, las palabras del oficio fúnebre, el lugar concreto donde reposan los restos, sus datos personales... insistentemente resuenan en la cabeza del poeta. El aciago suceso ocurrió además un 19 de marzo, Día del Padre, y el hijo lamenta la marcha precisamente ese día en que él («papá, / mi papá, / papaíto») debía de haber sido obsequiado. El regalo van a ser estos poemas construídos con «palabras espolvoreadas de nitrógeno» y de esta manera, dice Juan Maíllo, dirigiéndose a su padre fallecido:
«te mantendré así,
vivo,
hasta que llegue mi muerte,
esté ya a tu lado
y no tenga que viajar más
para verte.»
  Entre el primer poema, precisamente el que da título al libro («El palacio de nitrógeno»), y el último («Criogenia»), que explicita el porqué de haberlo compuesto, hay veinte poemas escritos en verso libre en los que el poeta da rienda suelta a sus recuerdos: momentos vividos con el padre («Palabras féretros», «El tesoro» o «Las treinta monedas de plata») mezclados con el presente actual («Letras negras sobre fondo blanco») o con lo ya finalizado, pero aún muy  reciente («Sentado en el filo de la cama»). 

Hay mucha verdad en esta obra, tanta que, sin saberlo a ciencia cierta, me atrevo a decir que los nombres familiares que en algunos poemas aparecen se corresponden con los auténticos de la familia del poeta (mujer e hijos) y de otros familiares y amigos, en especial compañeros de trabajo, que han vivido y acompañado al poeta en el proceso luctuoso por el que está pasando o acaba de pasar. Son «Mónica, Víctor y Paula» que, mientras él está despierto en la madrugada, duermen en la casa; son sus compañeras de trabajo «Mapi» y «Rocío» del poema ¿Cómo estás? («"¿Cómo estás?", / me dice Mapi / mi compañera / [...] / "¿Cómo estás?", / me dice Rocío, / otra de mis compañeras, »).

Creo haber percibido un auténtico sentimiento de religiosidad respirando en algunos poemas,. «Dios nos prueba», dice en el poema «La avaricia»; el poeta es un hombre que cree, un hombre religioso a su manera, un hombre que busca consuelo, pero no es un beato ni nada parecido. Estamos más ante un panteísmo que enlaza con un amor a la naturaleza (en «Gotas de lluvia» aparece la idea de la muerte que da vida).Y también varios de los poemas traslucen junto a hermosos recuerdos la mancilla de la vulgar realidad («La avaricia» o el hermosíssimo «Letras negras sobre fondo blanco»).
                         

(De “LA AVARICIA”)

Dios nos prueba
afortunado quien no codicia
y ofende a sus hermanos
afortunado quien codicia lo invisible
porque está arraigándose en la tierra
[del desarraigo
está tejiendo una red de palomas
[blancas
y está cavando una tumba bajo el
[mar en calma.

 


(De “LETRAS NEGRAS SOBRE FONDO BLANCO”)

Nadie puede bajar aquí
es imposible
solo yo puedo
nadie podrá robármelos
ni mancharlos de codicia
por la herencia
entre hermanos


[…]
En cuanto a lo formal destacaría cómo en algunos poemas Juan Maíllo hace un uso liberalísimo de los signos de puntuación, llegando casi a prescindir de ellos («Letras negras sobre fondo blanco», «Tejo milenario y los truenos», «Anuncio»). También es abundante el polisindeton y las repeticiones para marcar con ese ritmo redundante y monótono la incomprensión que nos genera la muerte («Mis ojos muertos» o «Primavera»). En el primero de estos dos poemas la secuencia conjunción copulativa 'Y' más gerundio 'LLORANDO' aparece repetida ocho veces referida a Paula. En «Primavera» el polisindeton también es de conjunción copulativa, en este caso la 'NI', más sintagma nominal; es una reiteración rítmica puesta en la boca o en el pensamiento de Noelia y el poeta. 

Las secuencias nominales rítmicamente repetidas de este último poema me han evocado durante su lectura poemas de Juan Ramón Jiménez. Y es que en El palacio de nitrógeno de Juan Maíllo afloran muchas de sus lecturas y se perciben muchos de sus poetas favoritos, sin necesidad de que él los nombre. Así el perito en lunas de Miguel Hernández («perito en grillos» leemos en una ocasión); pero sobre todo me evoca al poeta oriolano y también a José Hierro la manera directa, imperiosa, que tiene de dirigirse al receptor de esta elegía que en definitiva es El palacio de nitrógeno:
«Estas palabras para
honrarte 
[...]
palabras que deambulan,
como espíritus, 
te invocan
[...]
Es imposible que 
desaparezcas
del todo.»
[...]
(Palabras féretros)
Cuando se refiere al cadáver en proceso de descomposición y agusanamiento es evidente la asimilación e influjo en el poeta de la Elegía a Ramón Sijé de Miguel Hernández:
«Ya habrán empezado los gusanos
a reírse a carcajadas 
en su banquete
[...]
Si pudiera quitar la lápida,
si pudiera abrir tu féretro, 
si pudiera entrar en él, 
dormir a tu lado, 
abrazarte,»
[...]
(Mis ojos muertos
  He disfrutado mucho leyendo los hermosos poemas de este libro de Juan Maíllo. Habita en él un hacedor de imágenes, de belleza literaria, que ya había visto en sus novelas pero que ahora aparecen en mayor cantidad y densidad. La disolución del tiempo, su detención, su aniquilación como consecuencia de la muerte es elemento central en este canto elegíaco a la figura de «Antonio Muñoz Cañete», el padre de Juan José Muñoz Maíllo, el autor y creador del poemario.

UN SUEÑO
Anoche anduve en un sueño.
Recortaba las fotografías 
de tu cara y de mamá y
luego las pegaba
una junto a la otra
en una hoja en blanco.
Las fotografías tenían el color del tiempo, 
el mismo tiempo que os separó
y os reunió
el el cementerio:
el color blanco.»
________________________

Otros libros de Juan Maíllo leídos y reseñados por mí en este blog son:

Caronte (2017) 


4 jun 2026

"Los sorrentinos". Novela de Virginia Higa

10 comentarios:

«El sorrentino no tenía el borde de masa de los pansotti, ni el relleno de carne de los agnolotti, ni llevaba ricota como los cappeletti. Era una media esfera con cuerpo, hecha con una masa secreta, suave como una nube, rellena de queso y jamón.»

LIteratura argentina actual, Cocina,
La escritora Virginia Higa (Bahía Blanca, Argentina, 1983) sólo tiene publicados, que yo sepa, esta novela y un libro del género ensayo. Acabo de encontrar el título del mismo ("El hechizo del verano") y la verdad es que me parece un título muy novelístico, casi más que el de la única novela que ha escrito hasta ahora.

Los sorrentinos es la historia de una familia argentina de origen napolitano (los abuelos emigraron desde Sorrento hasta la Argentina a finales del siglo XIX,  época de fuerte emigración italiana). El personaje central es el Chiche, el menor de cinco hermanos ([los padres del Chiche] «Tuvieron cinco hijos: Umberto, Electra, Totó, Carmela,  y Argentino, el Chiche, todos nacidos en Mar del Plata») que se hará cargo del restaurante que sus padres abrieron en Mar del Plata, ciudad turística de la provincia de Buenos Aires. Aunque él no tenía afición excesiva por este gremio al morir Umberto, su hermano mayor, se hizo cargo del negocio. Un negocio que debía gran parte de su éxito a la creación de un plato de pasta llamado 'sorrentinos' como homenaje al lugar de procedencia familiar.

Son, pues, los sorrentinos y el restaurante de la familia Vespolini, regentado por el Chiche Vespolini, el eje sobre el que gira la novela. Una novela que da cuenta de la vida del Chiche, de sus hermanas Carmela y Electra, y de sus hermanos Umberto y Totó. Pero siempre teniendo como punto de referencia al Chiche; de ahí que en gran medida algunos apartados o secuencias en que se estructura esta novela corta (apenas 150 páginas) me hayan parecido más una serie de anécdotas, cuyos relatos al engavillarse han formado esta novela.

Por lo dicho entiendo que la autora lo que ha pretendido hacer es rendir homenaje a este personaje que le había llegado a ella en forma de relato familiar. Cierto es que si este era el propósito, Virginia lo ha logrado con nota.

En el homenaje ocupa lugar preeminente el vocabulario utilizado por el Chiche y sus familiares. También es muy importante en el apartado de las aficiones del personaje, el Cine. Y en cuanto a su identidad, su condición sexual es elemento central.


El Vocabulario
No domino, como es evidente, el habla de la Argentina, pero por lo que he investigado en la novela Virginia Higa utiliza muchas palabras procedentes del lunfardo o del lunfardo modificadas por el personaje protagonista, y también muchas otras palabras o expresiones propias de su familia italo-argentina. Son términos como 'mishadura' (pobreza extrema, miseria, indigencia o falta de dinero);  'catrosha' (mujer que disfruta de salir con muchos hombres), calificativo que el Chiche dedicaba a Adela, empleada del restaurante («¡Sí serás catrosha!»). En masculino, la palabra 'catrosho', se usa para designar al hombre homosexual; 'chinaso' (se aplica a las personas, objetos o costumbres de extraordinario mal gusto); 'morfando' (comiendo);  'mersa' y 'mersada' en la expresión que Pepè le dirige a su amigo Chiche («catrosho mersada») por no querer, estando en Roma, ir a escuchar el saludo dominical del Papa: 'mersa' se utiliza como adjetivo para describir a una persona, comportamiento o cosa de mal gusto, vulgar o con costumbres poco refinadas, se asocia despectivamente con lo "ordinario" o lo "barato". Hay también palabras que surgen de la  mezcla entre el italiano y el lunfardo, como por ejemplo "sciaquada" (pronunciado shacuada) se utiliza coloquialmente para referirse a una persona desgarbada, descuidada, desaliñada, sin gracia o de aspecto endeble). Propiamente italiana parece la palabra 'munaciello
[el munaciello era un] «espíritu doméstico napolitano que, al parecer, había seguido a la familia desde Sorrento hasta Mar del Plata. La figura del munaciello era la de un monje de baja estatura, vestida con el hábito de la orden de los dominicos»
En otros casos el vocablo o la expresión es una pura invención o creación del protagonista de la novela. Tal ocurre con 'papocchia' (de mala calidad), o en otro ligar del relato con 'spaccone de porquería' («un spaccone era una persona que se daba aires, que creía ser más de lo que era o que exhibía con soberbia lo que poseía o creía poseer.»).

Ni que decir tiene que siendo el vocabulario uno de los méritos de la novela, también es una de las dificultades que para hablantes de este lado del atlántico presenta. Con todo, en mi opinión, los pros superan con creces a los contras.


Los Personajes
Además del Chiche, protagonista y centro de todo el relato, en Los sorrentinos hay multitud de personajes. Además de ser muchos, las relaciones familiares entre ellos también son grandes y diversas. Esto, pienso, no es más que una traslación al papel de la realidad habitual en las comunidades de origen italiano, que vienen a reproducir los comportamientos culturales propios de la lejana patria en la que la familia (aquí la de los Vespolini) es un pilar esencial, fundamental. 

Están los cuatro hermanos del Chiche: Umberto, Electra, Totó y Carmela. Y luego vendrían los primos de éstos, menos en número, pero también importantes como por ejemplo la prima Dorita o el primo Ernesto. Los sobrinos como Honorio, Manuel, o Virginia, hijo el primero de Totó y los dos últimos de Carmela. Las parejas de unos y de otros, como por ejemplo Elvio, marido de Carmela; Lucinda, mujer de Totó; la 'Coca', mujer del primo Ernesto; la  Gorda Montero, casada con el sobrino Honorio; la prima Dorita y su casorio con Valdemar del sector ("rubro") de vendedores de aspiradoras; etc. Y por si esto fuera poco, las familias creciendo por parte de los más jóvenes («Ernesto y la Coca habían tenido dos hijas: Teresa -la que trabajaba en la rotiseria- y "la Matilde nuestra" -que era la madre de la bailarina de la televisión-) y extinguiéndose por arriba: Electra por enfermedad, Umberto por accidente laboral, otros por voluntad propia... ¡En fin, la vida!

Por si el enrevesado panorama familiar fuera poco, en Los sorrentinos aparece también un buen número de personajes secundarios como el bioquímico Pepé, 'catrosho' como Chiche y amante de las telenovelas; Corina, antigua novia de Umberto; Facha Farina, la veterana cocinera transmisora de los secretos gastronómicos de la trattoria; el cura Adelfi, 'catrosho' como Pepé y el Chiche; el psiquiatra doctor Kavafis, comensal habitual en la trattoría, que representa al típico personaje humorístico de la comedia italiana que en el fondo es la novela; la señora Baldi, maga y profetisa, que acompaña a Carmela a visitar a una modista vidente; el joven mozo Mario al que el Chiche llamaba Carpi, personaje que atiende al Chiche, especialmente leyéndole noticias del periódico haciéndole protagonista de alguna de ellas, y que abre y cierra la novela; Valdemar, el marido de la prima Dorita que para Ernesto no era más que un 'spaccone', o sea, una persona fanfarrona, presumida, bravucona o jactanciosa; y así otros tantos más.

Estamos, pues, ante una novela de personajes. Cada uno aporta sus anécdotas, sus vivencias, y la suma de todo ello da como resultado esta novela, Los sorrentinos


El Cine
En la época en que se desarrolla lo esencial de la novela, mediados del siglo pasado, el Cine era sin liugar a dudas la diversión popular por antonomasia. Actores y actrices eran auténticos modelos de comportamiento y fetiches que provocaban adhesiones y rechazos de tal grado que a veces producían enemistades y encontronazos entre familiares y amigos. Tal les ocurrió al Chiche y Virginia, la hija mayor de Carmela, quienes se enfadaron por discrepar acerca de la intervención o no de Steve McQueen en la película Los siete magníficos (año 1960).

Pero son las películas italianas o protagonizadas por actores y actrices de ese país las más aludidas en la novela. Así, a Umberto, hermano mayor y creador de la exitosa receta de los sorrentinos, le gustaba muchísimo Sofía Loren en una película cuyo título no da pero que era una versión contemporánea del cuento de la Cenicienta. Al Chiche también le gustaba mucho Sofía Loren y otras actrices italianas como Silvana Mangano o Anna Magnani; entre otras cosas le gustaban porque no eran 'sciquadas': 
«actrices no sciquadas eran, por supuesto, Sofía Loren, Anna Magnani, Silvana Mangano y muchas más. Esta última era su favorita, sobre todo en el papel de Anna, en esa película en la que ella, la Mangano, es una monja que atiende a los enfermos en un convento y un día llega un hombre que le hace recordar su pasado de cantante un poco catrosha en un cabaret.» 
En sentido contrario y como medio para caracterizar a Elvio, italiano del norte y en consecuencia serio marido de Carmela, apareece el odio que éste sentía hacia Alberto Sordi por ser éste un actor cómico, con la comicidad propia del sur. También sin citar el título [¿quizás sea "Prionero de honor" (1959)] se dice:
(Elvio) «Odiaba sobre todo una película de Alberto Sordi en la que él interpreta a un soldado que cae prisionero de los ingleses durante la campaña de Africa.Decía que hacía quedar como unos cobardes a los italianos con eso de que "soldado que escapa sirve para otra guerra"»
 Pero sin lugar a dudas mucho más interesante me parece la referencia a la argumentación que sobre Ugo Tognazzi en la película Belleza americana  el Chiche y familia hacen en la sobremesa de una de sus comidas en la trattoría. En esa ocasión hablaban sobre la diferencia existente entre ser catrosho, como lo eran él, Pepé, y el resto de sus amigos, y hacer alarde de ello: 
«Ser catrosho y ser marica reventada eran dos cosas completamente diferentes: ser marica reventada era una provocación innecesaria, mientras que ser catrosho se había convertido, para la familia, en una especie de título honorífico»


La Cocina
Novela "Los sorrentinos"
Y, naturalmente, el gran elemento que se cita y es homenajeado en la novela por Virginia Higa  es el de la cocina y la gastronomía. El trabajo en la cocina, el cuidado en las elaboraciones, la preocupación por que la satisfacción de los clientes sea máxima, la competencia existente entre la Trattoria Napolitana Vespolini y otros establecimientos como el ristorante Montecarlini que también los elaboraba... Era una competencia sana y colaborativa  a veces; así cuando en alguno de los dos establecimientos se acababa el pan, el uno o el otro enviaba un mozo al establecimiento de la competencia solicitándoselo; éste, solidariamente, preparaba el mandado.

Las alusiones a platos y especialidades, comenzando por la que da título a la novela son muchísimas. Qué sea un sorrentino se explica con la claridad que exige mantener en secreto la fórmula que los hace tan especiales; así se puede ver en la cita que encabeza esta entrada.

Todos los elementos, como no podía ser de otra forma en una buena novela como Los sorrentinos, están relacionados. La cocina, los alimentos, las recetas de platos, etc. más que ninguna otra cosa. Los personajes actúan por motivos casi siempre relacionados con la restauración. Dorita abre su negocio para competir con la Trattoría, Carmela cuando se enfada con el Chiche se niega a volver a cocinar sorrentinos, y así el resto.
«con la muerte de Electra se perdieron muchas de las recetas tradicionales que ella guardaba en su memoria, como la pasta e fagioli, la pastiera o el babá, y la preparación de las salsas para los sorrentinos quedó sin supervisión.»
Y luego están los infinitos nombres de platos e ingredientes: fagioli, scones, babá, martelitos, pansotti, agnolotti...

Nota final
Tuvimos la suerte en el Club de lectura Fuencarral celebrado ayer mismo (3 / 6 / 2026) de contar con la presencia en la reunión de Virginia Higa, la autora de la novela. Amablemente, Virginia despejó dudas y aclaró aquellos extremos que la novela había suscitado en algunos de quienes allí nos encontrábamos. Ella había venido a Madrid desde Buenos Aires, donde actualmente reside, llamada por la organización de la Feria del Libro de Madrid que este año dedica los actos centrales al Humor en la Literatura. 

Sobre si el libro de Los sorrentinos es humorístico se habló largo y tendido. Me pareció muy interesante lo que Virginia dijo sobre el humor en la literatura, sobre si ella se propuso escribir un libro para suscitar la risa en sus lectores. No, aclaró, yo no buscaba la risa por la risa porque el humor en literatura surge de la mirada, del tono que se dé a la narración. Muy intereante también fue la reflexión que sobre la memoria (la novela se considera memorialista por parte de muchos lectores) realizó. Realidad, ficción, recuerdo, memoria, verdad, creación literaria... todos estos ingredientes forman parte de Los sorrentinos, explicó.

Le preguntamos sobre la recepción de su novela en Argentina cuando se publicó hace nueve años (ocho en España). Dijo que, tras el momento de su lanzamiento (entrevistas, presentaciones, firmas y tal), el libro tuvo una acogida modesta; con el paso del tiempo fue el boca a boca de los propios lectotres lo que  engrandeció el libro y logró hacerlo popular. Es, declaró, una obra de éxito sostenido en el tiempo, más exitosa durante los últimos años que cuando vio  la luz. Es un libro, concluímos la mayoría de los allí presentes, muy regalable porque es una obra tierna, auténtica, que presenta la vida y a sus personajes tal cuales son con sus aristas, bondades y sus opuestos. 

29 may 2026

Música que me gusta. Una explicación

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En mi perfil en RR SS y también en Blogger al describir el blog escribo: «Blog sobre Literatura, Cine y Música que me gusta». De mis dos primeras atracciones (el Cine y la Literatura) hay sobrada muestra en todas las Redes, incluido naturalmente en la que me encuentro ahora: Blogger. Pero a quien quiera que haya tenido la curiosidad de seguir El blog de Juan Carlos durante un cierto tiempo se le hará difícil considerar mi afición musical. Sí, así es, y soy muy consciente de ello. Diré en mi defensa que la descripción inicial la hice hace ya mucho tiempo y que los años transcurridos dejaron mi gusto por la música recluído en un aposento de mi interior más personal.

 Pop

Es por lo dicho antes que he decidido dedicar esta entrada a este tercer pie tan poco tratado por mí. Diré para empezar que en el arte de Euterpe (musa griega de la música) soy de amplio espectro. Quiero decir que me agrada desde el rock de los ochenta y noventa hasta los compositores clásicos, especialmente los románticos. Lógicamente, dados los años que llevo por estos lares de la vida, he asistido a más de un concierto popular, esos que agrupan a miríadas de personas, en su mayoría jóvenes, en estadios o amplios espacios. Son reuniones para ver en directo a grupos o intérpretes que gustan, aunque habitualmente haya que conformarse con seguir las evoluciones por el escenario de los mismos a través de pantallas enormes cual si de transmisiones televisivas gigantes y en vivo se tratase. De los conciertos de música moderna a los que he asistido los que más me han agradado han estado protagonizados por los Rolling Stones, uno y por Carlos Santana, otro. Haciendo un buen ejercicio memorístico y trasladándome muchos años atrás, a mi primera juventud, diré que disfruté muchísimo en mi Salamanca natal viendo en directo (no se estilaban por entonces estos montajes audiovisuales tan hiperbólicos) a los Pekenikes, los Bravos y hasta a, por entonces, unos recién estrenados Juan y Junior.

Jazz

Según ha ido transcurriendo la vida y cayendo las hojas del calendario la música popular dejó paso a mi afición por el jazz. De los artistas de jazz me encantan grandes clásicos como Stan Getz, Sonny Rollins (fallecido hace solo unos días), Louis Armstrong, Ella Fitzgerald, Billie Hoolyday, B.B. King, Duke Ellington, Charlie Parker... y muchos otros más. La lista sería interminable. De entre todos los no citados destacaría a Glenn Miller especialmente por haberlo recibido en herencia paterna. De entre los españoles no puedo olvidar a Pedro Iturralde, a Jorge Pardo, a Tete Monteliu... y otros cuyo nombre he olvidado, aunque no la emoción que experimento al escucharlos en disco y a alguno (no muchos, la verdad sea dicha) en directo. En vivo recuerdo con enorme gusto actuaciones de muchos de los españoles realizadas en el Festival de Galapajazz (Galapagar), festival que este año alcanzará la edición número XXV. En Salamanca especialmente recuerdo lo mucho que disfruté viendo en directo al pianista Chick Corea; también en esa mi ciudad mi satisfacción fue plena escuchando en la hermosa Plaza Mayor a la pareja de pianistas cubanos Bebo Valdés y su hijo Chucho Valdés. Ha habido más, muchos más, cuyos nombres se me escapan por la gatera del olvido que, compruebo, cada vez es más grande.

Clásica

Y por último la denominada música clásica. Quizás sea ésta la que desde hace años más escucho. Del amplio abanico de épocas y compositores mi gusto musical se decanta especialmente por los románticos (Chaikovski, Debussy, Brahms, Chopin, Dvorack, Liszt, Smetana... ), sin dejar de lado a los grandes compositores del clasicismo (Mozart, Haydn, Gluck, Beethoven...). Y sin olvidarme, claro está, de maestros del barroco, especialmente el grande y genial Juan Sebastian Bach. Cuando puedo asisto a conciertos. Últimamente he disfrutado muchísimo en dos de ellos, los cuales son los que me han movido a escribir esta entrada. Han sido La pasión segun san Mateo de Juan Sebastian Bach y la Sinfonía núm. 5 en Mi menor de Piotr Ilich Chaikovski.

Ambos conciertos me gustaron, pero sin lugar a dudas esta vez, como tantas otras, el gato al agua se lo llevó Bach. ¡Qué maravilla de concierto coral el que en vísperas de la Semana Santa pasada ofreció la Orquesta y Coro de RTVE en su sede del Teatro Monumental de Madrid! Dirigió Christoph König. Los personajes de la Pasión de Cristo revivieron en las voces de los solistas Jone Martínez (soprano), Lucía Caihuela (mezzosoprano), Juan Sancho (tenor), Ferrán Albrich (barítono), Esteban Jesús Serrano (barítono), Julieta Navarro (mezzosoprano), Lore Agustí (soprano) y Miguel Ángel Ariza (tenor). A este magnífico plantel se sumó el Coro de Niños de la Comunidad de Madrid, dirigido por Ana Fernández Vega.

La Sinfonía número 5 de Chaikovski es fantástica en su monumentalidad y claro que me gustó, pero no aguanta la comparación con la barbaridad artística que supone La Pasión según san Mateo y sus casi tres horas de duración. De la obra de Chaikovski todos los movimientos, cada uno de los cuatro que la componen, se justifica por sí mismo. Pero a mí el que más me agradó fue el 3º, el Valse. Allegro moderato. ¡Una preciosidad! Y es que la OCNE (Orquesta y Coro Nacionales de España) dirigida en la actualidad por el tinerfecño Pablo González hace música como los auténticos dioses.

Como precuela a la Sinfonia de Chaikovski el Concierto celebrado en el Auditorio Nacional se completó con dos antecedentes a la música del compositor sanpeterburgués: Dos Salmos, el 24 y el 129, de la compositora francesa Lili Boulanger y la obra La doncella elegida de Claude Debussy quien no se sabe si conocía la obra de la Boulanger fallecida con sólo 24 años. Pero lo que sí puedo atestiguar como oyente de este concierto es que hay grandes similitudes o inferencias entre ambas obras. E incluso, me atrevería a decir que la monumentalidad sonora que existe en muchas partes de la sinfonía de Chaikovski también se asemeja mucho a lo escuchado en los Salmos de Lili Boulanger.



Nota:
En esta entrada las ilustraciones al texto escrito son musicales, como no podía ser de otro modo. En video abre el post el Preludio de La Pasión según San Mateo interpretado por una orquesta y un coro que no son los de RTVE, pero que valen para ver la magnificiencia de la pieza. Cierro con otro video en el que Pablo González, director de la OCNE, explica el Concierto que el pasado fin de semana (23 de mayo) tuve ocasión de escuchar en el Auditorio Nacional, en Madrid. 
Utilizo en cada uno de los tres apartados en que estructuro la entrada (Pop, Jazz y Clásica) un tema ilustrativo de cada uno de los géneros musicales: Para Pop he elegido la canción "Mediterráneo" de Joan Manuel Serrat; para Jazz he seleccionado un tema de Duke Ellington&John Coltrane titulado "Take John Coltrane"; y finalmente para Clásica he colocado el IIIº movimiento (Rondo - Allegro non troppo) del Concierto Núm. 1 en Re menor de Johannes Brahms interpretado por la pianista francesa Hélène Grimaud. 





22 may 2026

"Distancia de fuga", segunda novela de Cristina Araújo Gámir

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«La distancia de fuga, pensó, es la distancia a la que un animal te tolera, y no se mide en longitud sino en riesgo. Hay cuerpos errantes que se desplazan a miles de kilómetros y resulta que pueden chocar. Calculan sus arcos, sus desplazamientos. Otros cuerpos cercanos no se cruzan ni por asomo. Depende de su dirección, de tantos factores. Hay un margen de error. Son datos que Theo apunta en sus notas. Al lado de una cita de Kierkegaard, que para eso es el filósofo de la angustia: “la resignación es la forma de decirle sí al sufrimiento y hallar de ese modo una paz paradójica"»

"Distancia de fuga", segunda novela de Cristina Araújo Gámir
He disfrutado mucho leyendo la segunda novela escrita por Cristina Araújo Gámir. Leo y oigo a mi alrededor críticas acerca del excesivo número de páginas (casi 500) que tiene Distancia de fuga, pero confieso que a mí tal cosa no me ha supuesto impedimento alguno para una lectura gozosa, disfrutona. Es más, ese medio millar de páginas me ha servido para sumergirme en la buena literatura de esta madrileña que se dio a conocer literariamente con Mira a esa chica hará cosa de cuatro años, novela que se alzó con el Premio Tusquets de novela 2022 (tengo reseña hecha de ella en este blog).

Distancia de fuga presenta una relación romántica actual, muy creíble, entre dos jóvenes que se quieren, pero a quienes las circunstancias van a mantener lo suficientemente separados como para no poder hacer realidad un proyecto de vida en común. Serán dos magníficos amigos que se verán y se relacionarán esporádicamente, pero que siempre estarán atentos a las vidas de uno y otro. Es un amor sincero, romántico y civilizado, lejos de los excesos truculentos en que desgraciadamente desembocan otras relaciones que con mayor frecuencia de la debida son noticia en nuestra actualidad. Frances y Theo son al inicio de la narración dos jóvenes de 17 y 19 años respectivamente que se sienten atraídos y luego durante los nueve años de tiempo que dura la historia relatada se aman, se quieren y sobre todo se respetan. Ambos son muy respetuosos con los proyectos vitales de uno y otro: Ella, actriz cinematográfica muy mediática; él, estudioso de la filosofía de ayer y de hoy. Estos dos posicionamientos y trayectorias profesionales suponen una artificiosa vida de relumbrón, excesos y fiestas para Frances, y una humilde vida de búsqueda de becas para el estudio, estancias en universidades en el extranjero y trabajos de investigación intelectual para Theo.

Lo que más me ha llamado y ha hecho que esas 500 páginas no me hayan parecido excesivas es el magnífico estilo del que da muestras Cristina. Especialmente me refiero a su buen hacer descriptivo en el que las imágenes de todo tipo, en especial la metaforización sinestésica, me han ganado para su causa. ¡Qué belleza tan lograda!

Y en el plano meramente narrativo, la figura del narrador me ha tenido constantemente pendiente de ella. Es un narrador en tercera persona que se diluye hasta casi desaparecer en muchas ocasiones prestando su voz a la de los personajes que en EIL (estilo indirecto libre) o expresando pensamientos a través del monólogo interior se hacen dueños de ella y hacen dudar al lector sobre quién es quien conduce el relato. 
Este narrador objetivo en 3ª persona cambia a veces a la primera de plural por el sentido más generalizador que tiene esta persona, además de que así consigue hacer más partícipe en la historia al propio lector a quien, al tiempo, aprovecha para dirigirlo por las sinuosidades de la trama: 
  • «Arnim estaba de viaje en Lisboa, y lo último que necesitaba ahora mismo era tiempo para llenarlo, de modo que se enfundó el chándal y sus zapatillas Clifton y salió a correr por el Bois de Boulogne. Avancemos entonces seis horas para volver a reencontrarnos con ella, que desparramada en el sofá de su casa, y junto a un cuenco de fresas lavadas, repasaba en la tablet el guión de Juliette.»
  • «Después de terminar la licenciatura se tomaron un año sabático.Hubo motivos concretos. Y no sólo concretos, sino de peso, trascendentales, absolutamente justificados e irreprochables. Ya hablaremos de ellos más tarde.
  • (Theo) «aceptará, por ejemplo, la oferta de Robin y compartirán ese piso frente a la Opera donde luego Marion se morirá, desencadenando otra serie de eventos, como el cisma entre los hermanos. Aunque, no adelantemos, para eso faltan aún varios años. Y lo que va a ocurrir mucho antes, dentro de nada, en un par de días, es que los chicos [...]»
 Es un narrador que introspectivamente en su cabeza enjuicia, comenta, y hasta dialoga con los personajes cuya historia y vicisitudes nos está mostrando:
«Pero, bueno, paciencia. Es cierto que ya habían transcurrido ocho días, y que el mayor avance de Theo con la escritura se limitaba a registrar en una libreta sus notas mentales. Sellaba así un pacto con su conciencia. Porque pensar, compilar, esquematizar, todo eso, también es escribir, ¿verdad, Theo?
Pues no señor.
»
Por último, este narrador objetivo, cercano y muy próximo a los personajes en su forma de hablar, parece a veces omnisciente («Vamos, lo mismito que Frances,[...] pensaría Theo si pensase en Frances, cosa que no está ocurriendo, porque lo que está ocurriendo es que Cecilia [...]»); pero, en verdad no sabe más que ellos, sino que camina junto a ellos y duda como ellos («al final de la calle, las luces de un restaurante se activan. Por el tipo de toldos debe de ser italiano.»).

Otro dato importante en el aspecto formal es la organización de la trama a base de saltos temporales hacia adelante (prolepsis) y hacia atrás (analepsis) que indudablemente contribuyen a mantener vivo el interés del lector. La historia, considerada linealmente, se desarrolla como he dicho anteriormente durante 9 años, desde 2010 a 2019 con un punto cenital o central que sucede en 2014-2015, momento de la muerte de Marion, la madre de Frances y de su hermano Robin. Estos nueve años los distribuye la novelista en 33 capítulos que se desarrollan en fechas no ordenadas cronológicamente y en tres espacios diferentes: Lombardía (Italia), Frankfurt y París

Si algo destaca de manera sobresaliente en Distancia de fuga es el desarrollo psicológico de los personajes. Cristina Araújo conoce de primera mano a este tipo de jóvenes -a los estudiantes universitarios como Theo y Cecilia, mucho; a los chicos y chicas de la farándula, mucho menos- y sabe leer el interior de sus mentes: sus deseos, sus frustraciones, sus dudas, sus consecuentes e inconsecuentes decisiones... 
Todos los personajes están muy bien trazados, especialmente Frances y Theo, aunque también otros como RobinMarion, Arnim Zatonsky o Cecilia (estos dos últimos son las parejas más duraderas de ella y de él, respectivamente). Frances es una muchacha insegura que necesita siempre apoyarse en alguien que sepa asistirla y sacarla de sus momentos de apuro y bajón: aquí destaca su madre Marion, verdadera artífice de su éxito, preparado por ella desde que Frances era niña (clases de baile, equitación, idiomas...). Y junto a Marion, la representante de la actriz, Zadia, que le consigue entrevistas, actuaciones, le programa su presencia en desfiles de modelos, etc. Cuando le fallen estas dos mujeres Frances acudirá a su hermano Robin, pero sobre todo encontrará un sustituto de su madre en Arnim Zantosky. Todo este batiburrillo y conglomerado de cosas que se mueven alrededor de la exitosa Frances provocan que su salud mental corra serios riesgos. 

Frente a la inestable Frances aparece el tranquilo Theo que parece -sólo lo parece- tener las ideas mucho más claras que ella. Es un joven de origen mucho más humilde que los Klemmer, que llega hasta ellos gracias a su amistad con Robin quien lo invita el verano de 2010 a la casa que la familia tiene en Lombardía. Esta casa es central en la historia de amor y en cierto modo abre y cierra la novela. De la familia de Theo no hay tantas noticias como de la de Frances, pero es evidente la humildad de la misma y la certeza por parte del chico de que sólo su esfuerzo será lo que le haga progresar. La irrupción de Theo en el entorno rico y privilegiado de los Klemmer hizo revivir en mi mente en algún momento inicial de la lectura la novela de Scott Fitzgerald "El gran Gatsby". Sin embargo me bastó con avanzar unas cuantas páginas para cerciorarme de que Cristina había elegido en Distancia de fuga una dirección distinta a la del pretencioso Gatsby, si bien en el aspecto sentimental ambos personajes se hallan constantemente atrapados en las arenas movedizas de sus respectivos enamoramientos.

Editorial Tusquets
La autora demuestra en esta buena novela sus progresos literarios respecto a Mira esa chicaDistancia de fuga está magníficamente escrita y a mí me ha gustado más que la anterior. Esta magnificencia debe mucho, además de a lo ya señalado hasta aquí, a lo bien y la suma naturalidad con que los ingentes conocimientos de filosofía, literatura, psicología y demás que posee Cristina aparecen esparcidos en el relato. La escritora se ha documentado mucho. Pero lo que me parece más relevante es que este culturalismo aterriza en el relato de manera natural, nada forzada, no hay sensación alguna de esnobismo ni nada parecido. Por el contrario las alusiones a autores como Salinger y su novela Franny y Zooey que Frances le regala a Theo se entrevera en este caso concreto con la visualización en la cama por parte de la pareja de la película El club de la lucha y con los pensamientos posteriores de él mientras escucha canciones de Finneas O'Connell o Nina Simone.

Esta reseña sería inacabable si en ella destacase la infinidad de méritos que la novela contiene. Voy a cerrarla con una mera alusión al estilo de la prosa de Cristina Araújo Gámir. Es una prosa limpia, poética, con predominio de frases cortas y yuxtapuestas; una prosa en la que narración y descripción se ven interrumpidas por la puntual intrusión, en estilo directo o indirecto libre, de los personajes. Diríase, utilizando una imagen pictórica, que la autora está realizando una pintura de técnica puntillista neoimpresionista. Conviene, pues, una vez acabada la lectura, alejarse del cuadro realizado para mejor contemplarlo y disfrutar de la unidad que los distintos elementos empleados han construido:
✔«El piso callado. Un silencio de claustro. La habitación en penumbra. Pero un derrame de luz en el suelo que la persiana no para y que es prematura y avainillada. Theo dice: está en su cuarto, mientras deja las llaves sobre la mesa. Y la violencia acústica del metal rompe en añicos el aire.»
✔«Sella los labios. ¿Entonces, Frances? ¿Entonces? Entonces todo. La última franja de cielo oleosa, la vegetación hinchada y pulposa como un palpitar de perfumes oscuros y verdes, de piélago y musgo, y césped regado, polen pegado, y frutos abiertos, influorescencias, y humedad ambiental, nervaduras, y savia espesa de pistilos de punta, y cada brote que nace y engorda y revienta en el interior de la tierra, pero también hacia afuera de ella, en tallos duros, botánicos, tiesos y largos, con bulbos y glándulas y saliva, y la exudación animal agarrada a los troncos del bosque, y un chorreo hormonal al caudal de la sangre, el sudor ensuciando los muslos, y después fibra a fibra el vestido, y entre el vestido y la piel, sin oxigenarse, envasada al vacío, tan tenso, tan cerca, que no le da la cárcel torácica para respirar, y Frances se enrosca una hebra de pelo, tira de ella, como si nada, aprieta los dientes y piensa.
Dios.
Porque sabe.
Que él la mira a su vez.
Que se quiere acercar.
Pero cuándo.»

14 may 2026

"Abril o nunca", novela de Juan Gómez Bárcena

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«Lo único que puedo deciros es que la repetición es importante. Que extinguir los deseos es importante. Que estar desnudos de tu opinión e incluso desnudos de nosotros mismos es importante. Que el silencio es importante. Solo puedo repetiros lo que decía Miguel de Molinos: que hay tres maneras de silencio, el silencio de palabras, el silencio de deseos y el silencio de pensamiento. Todos ellos son importantes. Así que callad mucho, desead poco y pensad nada. Y repetid, repetid, repetid.»

Juan Gómez Bárcena. Novelistas españoles del siglo XXI
Durante semanas he escuchado voces que hablan de la excelencia de Abril o nunca, la última novela de Juan Gómez Bárcena. Del autor nada sabía hasta ahora. Tras leer con agrado y sorpresa su novela he buscado información sobre él, información que añado a continuación.

Acerca del escritor
Juan Gómez Bárcena es santanderino. Nació en 1984 y desde 2007, gracias a una beca de la  Fundación Antonio Gala que recibió para seguir escribiendo, se dedica en exclusiva a la escritura como escritor, como critico literario y también como profesor en talleres literarios.
Entre los muchos premios que a lo largo de su carrera ha obtenido destacan los siguientes:
  • El héroe de Duranza (2002): Premio Nacional de Narrativa Juvenil Rúa Nova 
  • Premio de Relato José Hierro (2003)
  • Doctrina de los ciclos (2007): Premio de Poesía José Hierro
  • Ensayos de realidad (2008): Finalista del XII Premio Mario Vargas Llosa NH de Libro de Relatos.
  • Los que duermen (2012): Su primer libro de relatos fue galardonado con el Premio Tormenta al Mejor Autor Revelación.
  • El cielo de Lima (2014): Obtuvo el Premio Ojo Crítico de Narrativa 2014 y el Premio Ciudad de Alcalá de Narrativa 2015.
  • Kanada (2017): Galardonada con el Premio Ciudad de Santander 2017 y el Premio Cálamo Otra Mirada 2017. También fue finalista del Premio Internacional Tigre Juan.
  • Ni siquiera los muertos (2020): Finalista del premio concedido por el gremio de Libreros de Madrid
  • Lo demás es aire (2023): Ganadora del Premio Ciutat de Barcelona de Literatura.
Además de todo lo señalado hasta aquí, Juan Gómez Bárcena ha publicado las novelas Mapa de soledades (2023) y la que comento en esta reseña: Abril o nunca (2026)

Mi opinión
Esta última novela, tan merecidamente elogiada, va sobre el paso del duelo, el tiempo, el amor paternal e indaga sobre la inverosímil posibilidad de regresar a un momento del tiempo pasado para evitar lo que en ese instante ocurrió. Pese a este deseo de regreso al pasado, en la novela no hay elementos que permitan hablar de ciencia ficción. 

Estamos en abril de 2024, Teresa, la hija de Daniel y Patricia, va a celebrar por segunda vez su décimotercer cumpleaños.  Desde que la pareja se divorciara, Teresa cada quince días viaja de Alicante a Benidorm donde actualmente reside Daniel para pasar el finde con él. En esta ocasión Daniel le tiene preparada una sorpresa como regalo de cumpleaños: le enseñará a bucear, que es lo que él, desde que  decidió dejar su trabajo de abogado en Madrid y trasladarse a Benidorm, hace diariamente. La lleva a la Cala de los Amarillos, el lugar que a él más le gusta para la práctica del buceo. 
Una circunstancia trágica sucedida allí trastocará todos los planes. Desde ese instante la vida de Daniel se paraliza. Todo lo que hacía hasta entonces queda en suspenso. No acepta el hecho de que Teresa ya no esté y se refugia en la soledad e incomunicación con los demás a quienes no revela, o lo hace a medias, lo que le ha ocurrido a su hija. 

La crisis de los cuarenta años hizo a Daniel y Patricia separarse, aunque ambos ahora se llevan bien. Pese a esto Daniel es consciente -y quizás Patricia también- de que si criar a los hijos es complicado, mucho más lo es estando separados («Ver a un hijo en fines de semana alternos es no conocer del todo a la persona que se está subiendo a tu coche»); y si esta persona es una adolescente aún es más difícil («Teresa contesta con monosílabos, porque los niños no est´n hechos para las respuestas sino para las preguntas»). Pese a esto los hijos saben que tienen padres y desean poder recurrir a ellos si lo precisan
«Quieren que los dejemos en paz de una vez, piensa y pensará Daniel, que nos ocupemos de nuestros asuntos, pero no perdonan el momento en que los padres tienen efectivamente asuntos donde ellos no caben. Quieren que dejemos de mirarlos, pero que esa interrupción no sea verdadera.»
Daniel a sus cuarenta años, con gran sorpresa de todos, abandonó también el bufete donde trabajaba en Madrid y se instaló en Benidorm en una actividad nueva para él que ejerce durante seis meses al año, la de monitor de buceo. En la ciudad levantina coincide con Mario, un antiguo compañero de instituto, y con Rosa, la mujer de éste. Ambos regentan un bar para giris. Durante el año que dura el tiempo de la historia relatada conoce a Natalia, una mujer que es cardióloga en el hospital y que le quiere sinceramente, si bien él no se comporta abiertamente con ella manteniendo oculta su circunstancia vital.

Ciertamente la trama es muy original. Daniel no acepta la nueva realidad que sigue a la desaparición de Teresa, desearía volver a vivir el momento del pasado en que sucedió la tragedia. Es algo imposible, naturalmente. En el variopinto mundo de las redes sociales de Internet Daniel encontrará un apoyo a su irrealizable y quimérica pretensión: en Reddit, red social a la que entra para matar su soledad, encuentra a un usuario, John1419 ya fallecido pero aún con muchos seguidores (johnists), el cual entre la infinidad de cosas dispares de las que hablaba (la Guía espiritual de Miguel de Molinos, Albert Einstein, Las chicas de oro,  los preceptos del bushido... ) creía cierta la posibilidad de viajar atrás en el tiempo («see you yesterday, folks», era su despedida habitual); en definitiva, John1419 planteaba la posibilidad del viaje en el tiempo, pero no hacia el futuro (que suele ser la utopía más habitual) sino hacia el pasado.

 Al tiempo que lee los innumerables posts dejados por  John1419, Daniel comienza a interactuar con otro usuario de la red llamado Johanness Schneider con quien llega a mantener una conversación fluida en un hilo llamado #diversintime. Es esta comunicación la que marcará el comportamiento de Daniel durante ese año. 
«Cuando no está jugando a They are Billions o contemplando Benidorm desde la terraza, Daniel está leyendo a John1.419. Leyendo, también, a Johanness Schneider. Escribiéndole incluso. Porque de un tiempo a esta parte, Schneider y él intercambian mensajes. Hasta ahora, Daniel nunca había sentido deseos de participar en ninguno de los hilos de #diversintime.»
Se mueve, pues, el protagonista de Abril o nunca en una doble realidad: la virtual marcada por estas participaciones en Reddit y la física que mantiene con Mario y Rosa. De esta pareja, el primero le sirve de engarce con el mundo digital en su afición al videojuego They Are billions, mientras que Rosa es la que le pone los pies en el suelo animándole a superar a través del llanto la etapa de duelo en la que se encuentra instalado. Y es que Daniel no llora nunca y a pesar de todo lo sucedido él aún no ha llorado. En este mundo real también se sitúa Natalia, que bien podría representar para él el gancho al que aferrarse para poder seguir adelante, aunque... 

Este juego entre lo real y lo deseable, pero imposible, lo estructura el novelista de manera circular en seis partes; tanto la primera como la sexta se titulan igual: «ABRIL». Es una especie de retorno al pasado -¡imposible e irrealizable, ya lo sabemos!- y una superación de la etapa de dolor que Daniel ha vivido a lo largo de esas cuatro partes, una por cada una de las estaciones. A partir de ahora, imaginamos, será ya otra cosa. O quizás no. Ya se verá.

Al tratarse de una historia que sucede fundamentalmente en el interior del personaje, se transita constantemente del hoy al ayer, del presente al recuerdo de ese día de la Cala de los Amarillos, de todo cuanto ese fatídico día sucedió. Es el desorden habitual de una mente atormentada por un acontecimiento.

Aparte de los asuntos que se tocan en esta narración, Juan Gómez Bárcena destaca por el estilo que muestra en la novela. Me ha agradado mucho la manera que tiene a veces de introducir el estilo directo ¿libre? en medio de un fragmento meramente descriptivo:
«Pueblecitos blancos discurriendo al otro lado del cristal. Un camino de terracería que desemboca en un poste eléctrico derribado —es aquí; ¿aquí?; bueno, no exactamente aquí, todavía hay que caminar un poco—. Polvo amarillo, rocas grises, gafas de sol oscuras protegiendo los ojos castaños de Natalia —¿falta mucho?; ya no queda nada—. Ahí, centellando a lo lejos, la cinta azul del mar»
Pero muchos otros elementos estilísticos cabría destacar en Abril o nunca. Señalaré algunos de ellos con afán de no resultar prolijo: 
  • Fuerte culturalismo, tanto de prestigio como propio de la cultura pop: 
«Recordad lo que dice Ibn Arabi: Hay que aniquilar nuestra propia alma. Recordad lo que dice el Pseudo Dionisio: Quien nada sabe, está por encima de toda inteligencia. Y sobre todo, recordad lo que dice el Maestro Yoda: Hacedlo o no lo hagáis, pero no lo intentéis."
  • Citaciones. Intertextos como los que aparecen en la cita anterior se encuentran por doquier en la novela. A veces la combinación de citas cultas y populares llegan a incluir con clara intención humorística al mismísimo narrador, en la cita siguiente el locutor es el tal John1419:
«Olvidad esta promesa y todo lo demás. Y sobre todo repetid, repetid, repetid. Intentadlo otra vez. Fracasad de nuevo. Fracasad mejor (Eso lo dijo Samuel Beckett en 'Rumbo a peor').Yo solo puedo enseñaros la puerta, pero vosotros tendréis que cruzarla (Eso lo dijo Morfeo en 'Matrix'). Nos veremos en el pasado, folks (Eso lo digo yo).»

  • Alegorización. El videojuego They Are Billions aparece utilizado con clara intención metafórica. En dicho juego aparecen 'snipers' (francotiradores). Para Daniel, que gusta de ir superando las distintas ventanas del juego, el mismo es una auténtica alegoría de su propia situación: los snipers es su voluntad; la ciudad es su fe; los zombis son los recuerdos, fragmentos de realidad que «tienden a destruir la belleza de nuestras teorías»...
  • Jóvenes narradores españoles. Novelistas españoles del siglo XXI
    Gusto por las etimologías
    . A Daniel -e imagino que también a Juan Gómez Bárcena, licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, en Historia y también en Filosofía- le encanta la filología. En su constante reflexión mental muchas veces para aclararse a sí mismo indaga en el sentido primero de las palabras que utiliza. Así la expresión «echar de menos» la relaciona con el gallego «achar menos (hallar menos). Es decir "hallar la ausencia"»; la palabra «añorar» sabe que proviene «del catalán enyorar, y esta del latín ignorare. "Ignorar, no saber."». Pero quizás es la palabra «Recordar» la que más le sobresalta, aquella que más quiere condenar a su desaparición, incluso aunque esta acción equivalga a llevarse por delante a Natalia cuando ésta ante su silencio le escriba pidiéndole verse para poder hablar de los buenos momentos pasados juntos:
«Buenos recuerdos. Recordar, recuerda Daniel: del latín recordarí: re ("de nuevo") y cordis ("corazón"). Volver a pasar por el corazón.»
La novela es en esencia un ejercicio introspectivo sobre el tiempo. Durante el breve tiempo que dura una siesta sucedió la tragedia; las bombonas de aire para bucear duran un tiempo; la vida para Daniel y para Teresa se paró en Abril, de ahí el deseo de retornar a ese tiempo o de desaparecer del todo. Muchas reflexiones, muchas frases sobre el tiempo, aparecen en el relato pensadas, dichas o evocadas por Daniel:
  •  «Si el pasado enseña algo es que no enseña nada» 
  •  «Daniel ha aprendido lo que todos los demás ignoran: que el tiempo no siempre va hacia adelante, sino que puede invertir los pasos, como los cangrejos que Teresa y él vieron en la Cala de los Amarillos. Que el tiempo de algunos hombres no es un río, sino una ciénaga inmóvil. Un bloque de hielo.»
  • «La memoria quiere convencernos de que hubo un tiempo en que fuimos felices, pero también lo bastante idiotas como para no darnos cuenta. No es así, claro. Si en efecto no nos dábamos cuenta es por la sencilla razón de que no éramos felices en absoluto: solo lo creemos para explicarnos por qué no somos felices ahora.»
En definitiva, los seres humanos como los personajes de Abril o nunca estamos atados al tiempo. Somos tiempo, vivimos en el tiempo, nacemos y morimos inaugurándolo y clausurándolo. Pero hay muchos tiempos, muchas clases de tiempo, muchas vivencias temporales, muchas distintas duraciones y percepciones del tiempo. En la novela Daniel en su afán por desandar el tiempo reflexiona sobre las distintas clases de tiempo. Distingue cuatro tipos:el tiempo de los relojes; el tiempo de los vínculos o tiempo de la vida («no puede revertirse»); el tiempo del límite; y el tiempo que no gira no avanza, no retrocede. Este último es 
«El tiempo de las tartas congeladas. El tiempo de las profundidades del mar [...]. El tiempo de los sueños [...]. El tiempo de los muertos.»).
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Nota:
Poco antes de publicar esta reseña he tenido oportunidad de asistir a un Taller de Lectura sobre esta novela celebrado en La Casa del Libro de la calle Fuencarral de Madrid. Al mismo ha asistido el autor Juan Gómez Bárcena y la experiencia ha sido magnífica. He descubierto a un escritor de proyección internacional con un bagaje intelectual tremendo, simpático, profundo, que no ha rehuído ninguna pregunta, que ha dado respuesta a todo y que además tuvo el detalle de comentar con nosotros sus hábitos de escritura. Fue una reunión de lo más agradable. Gracias a Juan Gómez Bárcena y a Sandra Herranz, la coordinadora de estas tertulias literarias.