La película utiliza el blanco y negro en combinación con el color. La española Ana de Armas se luce en su interpretación de la actriz estadounidense, tanto que su actuación suena bastante para los próximos premios Oscar. Se ha criticado por parte de muchos espectadores que la película no sea exactamente un biopic de la malograda actriz. Y es que efectivamente no lo es; lo que es Blonde es una simple adaptación de la historia literaria creada por Carol Oates quien, aunque se inspira en episodios reales de la vida de la actriz, re-imagina muchos otros lanzando hipótesis a veces muy atrevidas y hasta en ocasiones poco verosímiles.
Los espectadores -y yo entre ellos- censuran el que el film haga hincapié sobre todo en los momentos desafortunados de la vida de la Monroe. El director se excede en mostrar maltratos físicos, abusos sexuales, y violencia psicológica; tanto se excede que la película ha recibido por parte de la industria del cine norteamericana la clasificación NC-17 (no recomendada para menores de 17), la más restrictiva de todas ellas. Afortunadamente Andrew Dominik despliega un abanico de diversas maneras de contar con lo que los espectadores vamos sobrellevando la serie de malos momentos por los que pasó la hermosa actriz. Esto es lo mejor que realiza el director, aunque en mi opinión, la excesiva duración de la cinta (2 horas y 46 minutos) haga que una historia tan sugerente, sin embargo se haga tediosa y algunos -es lo que me ocurrió a mí- llegásemos a ver la película de manera interrumpida a lo largo de varios días, algo que si soy sincero creo que no debería hacerse jamás.
Afortunadamente y para bien, Ana de Armas está para salvar el film. Es una Ana de Armas soberbia, bellísima, casi se diría que es la Marilyn Monroe rediviva. El plantel de actores que la acompañan es de alto nivel (Adrian Brody, Bobby Cannavale, Julianne Nicholson, etc.) pero quedan totalmente oscurecidos ante la fuerza con que irrumpe la actriz española de origen cubano.
Norma Jeane fue descubierta por Otto Öse, fotógrafo de una revista del ejército estadounidense que en 1944 le hizo unas fotografías cuando ella trabajaba en Radio Plane, una factoría estatal de aviones de combate.
«Otto Öse, el Príncipe Encantado. La había sorprendido en la sala de pintura de Radio Plane y le había hecho un montón de fotografías para Stars & Stripes[...]—¿Sabes quién es mi jefe en Stars & Stripes? Ron Reagan. Norma Jeane cabeceó, desconcertada. ¿Reagan? ¿Ronald Reagan, el actor? ¿Un Tyrone Power o Clark Gable de tercera? Le sorprendió que un actor como Reagan tuviera alguna relación con una revista militar.»
Joyce Carol Oates al principio de Blonde advierte a los lectores en Nota de la autora que el libro que nos disponemos a leer no es una biografía de Marilyn Monroe, sino una novela. Textualmente dice:
«El lector que desee conocer datos biográficos fidedignos de Marilyn Monroe no debería buscarlos en Blonde, que no pretende ser un documento histórico, sino en biografías autorizadas»
Importantísimo en esta novela es observar la fantástica manera que la Oates tiene para penetrar en la cabeza complicada, inestable y llena de dudas de la actriz. Una mujer autoilustrada, muy exigente consigo misma, con miedo a fracasar y a no estar a la altura; una mujer que pensaba que los hombres siempre se reían de ella, de las mujeres en general, pero que también era consciente del enorme poder que tenía sobre ellos gracias a su belleza. Sin embargo esta belleza le produjo también dolor pues le exigía comportarse como la rubia tonta, sensual y provocativa que Hollywood había fabricado. Era una imagen que en definitiva le daba de comer y a la que tenía que rendirse Norma Jeane igual que hacían todos los hombres, tanto los poco formados intelectualmente como Joe DiMaggio o eminencias como Arthur Miller. «Yo no soy ella», decía constantemente la Pobre Doncella siempre en búsqueda de su Príncipe Encantado.
- «¡Era libre! ¡Estaba sola! Por primera vez en su vida estaba verdaderamente sola. No como huérfana. No como hija adoptiva. No como la hija, la nuera o la esposa de alguien. Esto era un lujo para ella.» (cuando Norma Jeane decide abandonar la casa de su primer marido e ir a trabajar a una fábrica militar durante la guerra).
- «Ese lenguaje grosero disgustaba a Norma Jeane. Ella era una romántica. Porque su amante era hermoso como una mujer y cuando estaban el uno junto al otro frente al espejo, se ruborizaban y sus ojos se dilataban de amor y reían y se acariciaban mutuamente el pelo y habría sido imposible decir cuál de los dos era más bello y cuál de los cuerpos, más deseable. ¡Cass Chaplin! Le encantaba pasear con él y observar cómo las demás mujeres se quedaban prendadas de él (¡y los hombres también! Ah, lo veía).» (fue con Cass Chaplin con quien más feliz se sintió. Luego vendrían las desilusiones, claro. Y es que ella, en el fondo, era una mujer verdaderamente romántica)
- «En un libro que le había dejado a Norma Jeane —El mundo como voluntad y representación, de Schopenhauer—, la joven había leído que "el suicida quiere la vida y simplemente está descontento con las circunstancias que le han tocado en suerte"». (este libro se lo había prestado su agente I.A. Finn. A Norma Jeane le gustaba leer filosofía, poesía, libros de formación actoral, etc.)
- «El objetivo del teatro es despertar emociones. No entretener. La telebasura y la prensa amarilla entretienen. El objetivo del teatro es transformar al espectador. Quien no sepa transformar al espectador que se vaya. El objetivo del teatro (Aristóteles fue el primero y el que mejor lo dijo) es producir en el espectador una emoción profunda que suponga una catarsis del alma.» (le dice Max Pearlman a Norma cuando esta se ha trasladado a Nueva York para seguir cursos del método Stalinavski en el Ensemble Theater, que ensayaba una obra de Arthur Miller. Fue entonces cuando ambos se conocieron y al poco se casarían)
- «Norma Jeane Baker era por naturaleza una joven optimista, o no se habría jurado optimismo eterno acuclillada en el tejado del orfanato, mirando la iluminada torre de RKO, a kilómetros de distancia, en Hollywood: ¡Lo juro! ¡Lo prometo! ¡Nunca, nunca me rendiré!, y ahora comprendía que aquella ignominiosa y desagradable escena era en realidad una escena de cine» (piensa la actriz un momento después de atender a un Marlon Brando completamente borracho).
Para finalizar









