19 mar 2026

Ana Campoy: El paracaidista

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«Porque, cuando la Cascas Vieja había vuelto a mirar, cuando abrió las cortinas y salió de la alcoba, solo tuvo ojos para su primer hijo, el Cascas Grande. Y la hija se conformó porque ella no era varón y una mujer siempre tiene que aguantarse. Pero si en todo ese tiempo no hubo nada para ella, tampoco habría atención para otra, y menos para la hija de la tintorera.»

El paracaidista, Ana Campoy
Hasta la aparición de esta novela, la madrileña Ana Campoy era conocida fundamentalmente por sus obras dirigidas a un público infantil. El paracaidista lo publica el año 2024. La historia que se relata está situada en el mundo rural andaluz, seguramente jienense. Según avanzaba en su lectura por momentos venían a mí resonancias lorquianas. Un lenguaje poético con una alta carga metafórica es el que la autora utiliza para presentar un mundo escindido por la mitad entre opresores y oprimidos. Situado en la primera etapa de la posguerra están aún muy presentes las violencias de la Guerra Civil, las venganzas, las denuncias, los tiros dados en las tapias del cementerio, los suicidios por no poder resistir vivir entre tanta pobreza e injusticia, los ajusticiamientos realizados por algunos particulares sabedores de que la justicia no existiría para ellos, las violaciones... Un mundo, en definitiva, en el que la muerte (la 'sombra' en la novela) ronda constantemente.

Es una historia en la que hay cabida para la magia, la creencia en la superchería (los sanadores), el deseo, la huida entre vapores alcohólicos... Un mundo en el que las mujeres se erigen como base firme para hacer viable la vida y hacer que los propios prosigan en ella aunque sea a costa de su propia vida.

Pese a su brevedad (133 páginas) la novela es densa. La lectura no me ha resultado muy fluida al principio, si bien a partir de la mitad parece que cobra ritmo y todo comienza a desarrollarse de manera más ágil. Quizás la sensación de farragosidad deba bastante a los nombres dados a los personajes. Son todos ellos motes o apodos (la Tuerta, los Cascas [el Cascas Viejo, la Cascas Mediana, el Cascas Canijo...], la Berzas, el Chico, la Muda, el Tintorero...) que dificultan la ubicación exacta de los mismos en el universo familiar correspondiente. Este hecho, unido a la frecuente anticipación de sucesos presentados como si ya fuesen por todos sabidos, provoca que el texto en su primera parte dé la sensación de congestión.

Muy importante e interesante en El paracaidista es el lenguaje utilizado. Es un lenguaje cargado de poeticidad. Ana Campoy hace uso de un buen número de metáforas e imágenes que no sólo embellecen el texto sino que hacen que éste penetre de mejor manera en el lector:

  • [las mujeres] Iban de un puesto a otro con sus capazos, cargados de alimentos y de relatos
  • el pavor curvándole la espalda
  • La frase se le fue a Molienda como se le escapa al viejo la orina
  • Desde la alcoba, bajó hasta la cocina con el daño goteando
En ocasiones es la alegoría el recurso que conquista el relato

«Las criadas de los Cascas se buscan en las esquinas. La planta baja con tanta tarea, y ellas venga a darle a la rueca de la lengua. A hilar la retahíla. No atienden a los quehaceres con tal de despistarse. Y es que hay mucha hebra aquella tarde.»

El duende lorquiano invade el texto con fortuna las más de las veces:

  • «la pared encalada. La del patio, que ahora es de luna pero que casi no tiene reflejo.»
  • «El viento baja por la ladera. Congela el monte el rumor del agua que dice, que cuenta, que a la Barda la han apresado y la han llevado al penal.»

La historia la distribuye la autora en cinco apartados que conforman una trama que va de dentro hacia afuera: Desde lo interior doméstico (La Casa y El Pueblo) a lo exterior y último que tiene lugar al salir fuera de la Casa y del Pueblo de manera provisional o definitiva (La Luna y La Sombra). El fiel de la balanza lo constituye el tercer apartado titulado Los Caracoles. Estos moluscos son los auténticos agentes pasivos de la tragedia que en la novela se relata. Porque eso es la novela, una tragedia, más pequeña en tamaño de la que supuso la Guerra Civil pero idéntica en las causas y los efectos. Con razón en un momento del relato se lee:

«los Cascas habían ganado la guerra y todavía seguían ganándola aun sin luchar, que es la mejor manera. Hacerse con las ovejas, las olivas y las tierras. Con el sudor y las manos de los otros. El mejor modo de ganar. Quedarse con todo. Ganar para escribir las reglas.»

Para finalizar quisiera resaltar de nuevo la fuerte raigambre lorquiana de la historia. Además de lo ya dicho respecto al lenguaje, la localización rural andaluza entre olivares y la relación de poder entre personajes remite -al menos a mí así me lo ha sugerido- a Federico. Lo que más me lo parece es esa manera de relacionarse entre la Alcuza y la Cascas Mediana, o sea entre la criada principal de la Casa y la señora de la misma. Algunos diálogos como el mantenido entre ellas sobre una sobrina el día que entierran al Cascas Grande parecen propios de Bernarda Alba y la Poncia:

«—¿A ti te parece bien? ¿Pintada como una cualquiera?
—Yo solo digo que, por muy fuerte que aprietes, la lazada al final se suelta.
—Por eso mejor cuerda de esparto. Nada de hilos de seda.
—No exageres.
—En esta casa somos gente de bien.
—Pero tú por eso no has de temer. Tu hija es de buen linaje. No va a seguir los malos senderos.
»
Me parece interesantísimo la manera que tiene Ana Campoy de presentar la narración. Es un narrador externo en tercera persona que maneja con fruición el estilo indirecto libre logrando que los lectores nos sintamos dentro de los hechos narrados. 
«Los odios antiguos todavía perduran, aunque bastante haya llovido sobre las banderas. Qué sentido tiene mirar hacia lo que ya está pasado, si la guerra quedó lejos y los uniformes se quedaron doblados en los arcones. Que ya nadie lucha ni mata. Ahora el pueblo es otro y la gente solo quiere paz. Y trabajo. Porque lo más decente es ganarse el jornal.» (escribe el narrador diluyéndose en la boca o el pensamiento del Cascas Canijo)
Ana Campoy autora de "El paracaidista"
Efectivamente, Ana Campoy gusta de difuminar la figura del narrador y es por ello que también utiliza con mucha frecuencia el estilo directo libre, o sea, sin verbos introductores; ejemplo de esto último es el diálogo citado poco más arriba entre la Alcuza y la Cascas Mediana. También está presente en el muy vivo diálogo mantenido por la servidumbre de la casa de los Cascas a propósito de la exhibición que la Tuerta elegantemente ataviada realiza por el pueblo. 

Muchos recursos literarios hay en esta novela corta. La suma de todos ellos más la historia narrada dan al relato un tono cercano al realismo mágico. Podrá ser mera casualidad o simple deseo mío, pero leyendo esta historia situada en tierras jienenses su tonalidad, el asunto, ciertos comportamientos de algunos personajes...  por momentos todo ello junto me ha hecho recordar a David Uclés y su renombrada obra La península de las casas vacías a la que dediqué una elogiosa reseña en este blog. Desde luego esta cuestión e incluso la presencia o no de realismo mágico sería tema para un interesante debate.
«Sólo el fuego sabe lo de la niña muda y sus poderes. Eso que la niña entiende y que ve en los demás. Porque la niña muda no solo escucha a las llamas, también tiene visión de todo lo que a los del pueblo les queda por decir. Lo que querrían hablar porque les rebosa de las tripas, y cómo después nunca se atreven y el ardor les quema la frente, y más tarde los sesos. Uno por uno los oye frenar las ideas. Dejarlas al filo de la  boca y dudar si empujarlas o no al vacío.»

El paracaidista es la primera incursión de la novelista madrileña en la narrativa no dirigida para un público infantil. En el campo de la literatura infantil Ana Campoy tiene más de una decena de títulos en las librerías. 

Nota final
Tuve oportunidad ayer mismo de participar en la tertulia que sobre El paracaidista tuvo lugar en en Club de Lectura de La Casa del Libro de la c/ Fuencarral  de Madrid. Sandra, coordinadora de la Tertulia, presentó a Ana Campoy, la autora de la novela, quien con una enorme vitalidad y entusiasmo explicó el proceso de gestación de esta su primera novela dirigida a un público adulto. Todo lo que contó me gustó, pero quizás lo que más me interesó fue la referencia que hizo a la mítica que desde la Grecia antigua hasta hoy permea nuestra cultura y tiene fuerte presencia en su libro. El mito de Aracne y la tragedia de Antígona son a este respecto los elementos más relevantes: el primero en cuanto a la forma dada a la novela y la manera que tienen actores y lectores de conocer los hechos que en ella suceden; el segundo, más en el plano del contenido, referido a la injusticia que representa negar al vencido el descanso eterno en el lugar que le corresponde. También me pareció revelador, referido a la mítica, la importancia que para la escritora tuvo la lectura en El Español de un artículo titulado El triángulo de los suicidas: en los pueblos donde quitarse la vida es una costumbre. Este artículo fue el aldabonazo final que la decidió  ponerse de lleno con El paracaidista.

Ana Campoy
Pero, quizás, lo más llamativo para mí fue contemplar el "making of" que Ana Campoy desplegó ante quienes, encantados, estábamos escuchándola. Contemplamos los elementos del proceso creativo: el cuaderno en el que a lo largo de varios años fue escribiendo relatos que le inspiraban las confesiones de sus abuelos jienenses y donde apuntaba cuantas posibilidades o ideas se le iban ocurriendo para ir conformando una posible novela que aún no tenía decidido escribir; una especie de "evidence board" en el que a base de post-its de colores había ido diseñando la estructura de la historia; y por último la "escaleta" en la que ya aparecía debidamente organizada la trama. 

Tras las palabras de la novelista, los asistentes a la tertulia le transmitimos dudas, le hicimos preguntas, le destacamos aciertos, le pedimos aclaraciones... Y Ana Campoy dio respuesta a todo y a todos. Fue una muy interesante tertulia. Muchas gracias, Ana


15 mar 2026

Selva Almada, novelista argentina

10 comentarios:
Leyendo, como acostumbro hacer todas las semanas, Babelia, me topo con una elogiosa reseña de Leonardo Padura sobre Una casa sola (para leer la crítica de Leonardo Padura pinchar aquí), la novela que Selva Almada, escritora argentina, acaba de dar a la luz en Penguin Randon House. Al hilo de la lectura, el cubano Padura me hace recordar la enorme satisfacción literaria que experimenté leyendo otra novela de Selva Almada titulada Ladrilleros. La realicé hace ya más de cinco años y no resisto la tentación de volver a colgar de nuevo en este blog la reseña que su lectura me inspiró


ooooooOOOoooooo



Selva Almada. "Ladrilleros"
(reseña de 6 de julio de 2020)

"Ninguno recordaba cuál había sido el principio del disturbio. Una noche de esas en que los dos se dejaban estar hasta el amanecer en un bar, se habían desconocido." [los dos son Òscar Tamai y Elvio Miranda, padres respectivos de Pajarito y Marciano] .
"En una de esas tardes calurosas, con el cuerpo veteado por los surcos que deja el sudor en el polvo adherido a las pieles, disfrutando del botín de una pila de naranjas amargas robadas de alguna quinta, Marciano y Pajarito se habrán hecho amigos."

Esta novela corta ha sido para mí toda una sorpresa. De mano, de ella sólo sabía que había sido publicada en 2013 y que era argentina o uruguaya, esto lo tenía claro. De su autor o autora lo desconocía todo. En principio penséa que sería hombre pese a que el nombre era Selva, pero ¡hay tantos seudónimos en los que quienes gustan de escribir se ocultan cambiando de género! Según fui leyendo me fui más y más convenciendo de que quien había creado esta historia no podía más que ser varón, pero cuál no sería mi sorpresa cuando acabada la lectura consulto en Internet y me devuelve la imagen de una agradable mujer de 47 años, argentina, nacida en la provincia de Entre Ríos que ha tocado varios géneros en el mundo de la Literatura: cuento, ensayo, poesía... "Ladrilleros" sería la tercera de sus novelas. La identidad de Selva Almada, es la última de las sorpresas que "Ladrilleros" me ha dado.

Selva Almada, novela corta, bildungsroman
Entré en la novela bajo de expectativas pues personas próximas me habían hablado en negativo de la dificultad del léxico utilizado por la autora. "¡Es imposible leer esta novela de seguido. Cada poco hay que pararse a buscar significados!" En efecto el vocabulario utilizado en la narración es extraño para un español si bien al haberlo leído en mi kindle pudiendo consultar rápido los sentidos correctos de las expresiones en ningún momento vi interrumpido mi disfrute lector. Tan sólo alguna expresión como la de "chaque" se me quedaba en el limbo de los justos durante la lectura; no ha sido hasta ahorita mismo o recién -que diría algún paisano de la escritora- que he podido dilucidar el sentido de la expresión: modismo regional derivado del idioma guaraní propio del nordeste Argentino con el sentido de ¡cuidado! o ¡precaución!. En el fondo esta expresión es una más del grueso de vocablos del mismo origen guaraní presentes en la novela y cuyo uso es muy frecuente entre la población de la provincia de Corrientes en el nordeste de Argentina, zona limítrofe con Paraguay y Brasil, donde suceden los hechos relatados. Así pues vencer y disfrutar de la inmensidad de la lengua viva popular argentina sin perturbar excesivamente mi lectura fue la primera grata sorpresa.  Algunos ejemplos del vocabulario:
Yuyos’: malas hierbas, ‘pispear’: indagar; ‘culear’: realizar el coito; ‘berretín’: deseo, ilusión; ‘chicote’: látigo, trabilla; ‘rebenque’: látigo; ‘afanar mamones. Mantener a raya a los cuzcos’: robar [perrillos] recién nacidos. Controlar a los perros pequeños; ‘carayá’: mono aullador; ‘changas’: chaperones; ‘lauchas’: ratones; ‘gausca’: pene; ‘paspado’: agrietado; ‘chirle‘: blanduzca; ‘percudida’: ensuciada; ‘guacho’: huérfano; ‘atado’: paquete de cigarrillos; ‘potrero’: Terreno inculto y sin edificar donde suelen jugar los muchachos; ‘buchaca’: Bolsa de la tronera de la mesa de billar; etc.
Las siguientes sorpresas vinieron ya todas juntas y solidarias formando la perfecta novela que "Ladrilleros" es. Me refiero especialmente a la estructura que Selva da a esta historia de la amistad y enemistad habida entre dos chicos ('changos') que nacen prácticamente al mismo tiempo, crecen y se educan juntos, pierden su amistad por resquemores típicos de muchachos, y se sienten herederos de la tremenda inquina que en vida existió entre sus padres, aversión que ambos practicarán con resultado tremendo.

En la novela, principio y final se unen cerrando un círculo. Son dos momentos separados por apenas unos minutos o quizá segundos, los que van de sentir unos navajazos a la pérdida de la vida. Es en ese interregno de la agonía cuando pensamientos y recuerdos acuden en desorden a la conciencia de los moribundos, que conocemos la vida y los antecedentes familiares de estos dos chicos, Pajarito y Marciano, que les han llevado inevitablemente a este final fatal.

El texto, pues, es todo un enorme flash back con avances y retrocesos que nos van dando informaciones debidas sobre los avatares de los Tamai (la familia de Pajarito: su padre Óscar, su madre Celina, su hermana Sonia...) y de los Miranda (la familia de Marciano: su padre Elvio, su madre Estela, su hermano Ángel, sus hermanas mellizas). Todo lo iremos sabiendo en perfecta y medida dosificación según establece la autora. Esto es magnífico y me ha gustado mucho. 

Junto a lo anterior está el ritmo vivo, dinámico, real, costumbrista podría decirse aunque de un costumbrismo no urbano ni rural sino más bien de etapa vivencial, la de estos dos niños, luego adolescentes, luego ya muchachos. Son las maneras de ser típicas de estas fases de desarrollo las que se nos muestran en esta novela. Estamos ante unos chicos que sufren a sus padres, violentos a veces con ellos en grado sumo, sobre todo con Pajarito; unos chavales que disfrutan infringiendo pequeñas y muchas veces absurdas prohibiciones paternas como la de no ir a la Feria que se está instalando en la localidad; unos muchachos que comienzan a sentir las urgencias del sexo que en un momento dado es el centro de todo. Tener sexo con ésta o con aquélla, beber hasta perder el sentido, utilizar las conquistas como arma con la que violentar al un día amigo y de un tiempo acá ya enemigo eterno, ocultar al otro las apetencias sexuales si éstas no se atienen a lo establecido en un universo de machos, pelear y gallear dentro del grupo a fin de dejar claro quién lleva la voz cantante... Es en este sentido en el que digo que en la novela hay costumbrismo.

A una mentalidad europea como la mía le sorprende la sexualidad constante en que viven estos chicos junto a sus compañeras del otro sexo, quizás ellas más propensas a la sensualidad y más enraizadas con el sentido telúrico que las lleva a la maternidad, su meta vital, donde se cobijan y a la que, de no haberla conseguido aún, ansían llegar. Una vez allí se sienten realizadas; no así sus partenaires masculinos que viven la necesidad del sexo más como caza y prueba de éxito entre sus iguales que por afán de ser padres. Ellos -es el caso de uno de los personajes- pueden dejar mujer e hijos sin sentir gran pena, no se sienten atados a un hogar, su vida está más fuera que dentro: en los boliches, en el juego, en las tabernas, en los quilombos... Es, evidentemente, una sociedad cien por cien machista donde la única función del varón es la de con el sexo procurarse satisfacción y contribuir, aunque eso ya no le importe mucho, a que ellas sean madres. La propiedad del hombre sobre la mujer e hijas es total. Así al padre de Celina le molesta que ella lleve en su interior un hijo de Tamai y ejerce su derecho a golpearla por ello, algo que Celina entiende pues de siempre los hombres han golpeado a sus mujeres.
Los hombres golpean a sus mujeres alguna vez en la vida. A eso también lo había aprendido. ¿Acaso su padre no la había agarrado con el cinto cuando le dijo que esperaba un hijo de Tamai?
novela argentina actual, sexo en la literatura, machismo, Selva Almada
 Otra cosa que me ha gustado muchísimo es la manera de utilizar los recursos narrativos: el narrador aparece en forma de variadas personas gramaticales dando viveza y también complejidad al relato; otro tanto sucede con los tiempos verbales, usados en combinaciones temporales a veces sorprendentes pero que contribuyen a que el texto no sea jamás pesado ni repetitivo; me ha parecido curiosa la manera frecuente de utilizar sintácticamente el doble Objeto Indirecto (Si Tamai le mató a Miranda…) e incluso en ocasiones el doble Objeto Directo (Se había alejado para no molestarla a Estela con el humo); y desde luego es magistral la manera fluida con que la autora sabe introducir el Estilo Indirecto Libre, el monólogo interior y el soliloquio logrando que el propio lector se vea inmerso en la historia que lee, como si ésta lo hubiese abducido. ¡Fantástico! Por último, a este respecto, hay que destacar muy mucho el lenguaje expresivo, fuerte, sin artificios ñoños, que Selva Almada utiliza y que vuelca en el papel con gran naturalidad
 Agarrar y oler una concha, meterle la lengua hasta el fondo, chuparle todo el jugo a ver si se saca el olor a meo y a mierda del baño de la bailanta, ['bailanta': club donde se escucha normalmente un tipo de música (cumbia, tropical, reguetón...) y que es frecuentado por una clase social baja, de escaso poder instructivo]
Leyendo esta novela he sentido que la escritora 'proviene de' y 'pertenece a' el enorme mar del buen hacer literario hispanoamericano. La gran literatura del subcontinente americano subyace en esta obra, novelita por su tamaño y gran narración por su historia y forma. En especial dos autores constantemente se me venían a la cabeza mientras la leía. Uno era Gabriel García Márquez y su "Crónica de una muerte anunciada" pues de parecida manera a lo acontecido en la historia del colombiano la inevitabilidad del encuentro mortal ronda por nuestras cabezas desde bien temprano. El otro autor que continuamente se me aparecía, sin duda alguna por la historia y sobre todo por las técnicas narrativas empleadas, era el mejicano Carlos Fuentes en su genial novela "La muerte de Artemio Cruz" publicada el año 1962. Ese ir y venir del ámbito de lo real a lo irreal, esas visiones alucinatorias propias del estado agónico de una persona, esa confusión como de duermevela en la que sueño y fantasía onírica invaden y hasta llegan a suplir el orden propio del mundo racional, son el eje formal y estructural del relato de Selva Almada
Aunque hayan pasado diez años, Elvio Miranda todavía no pudo entrar a la tierra de los finados. Está varado en esos pocos minutos antes de ser asesinado; no se resigna a abandonar el mundo de los vivos.
Este buen hacer procedimental, además de en la genial novela de Carlos Fuentes, últimamente también lo he disfrutado -si bien no es idéntico pero sí semejante- leyendo "Lincoln en el Bardo", novela del año 2017 escrita por otro americano, aunque en esta ocasión anglo y no hispano, llamado George Saunders; este relato lo leí hace bien poco y lo tengo reseñado en este blog [para acceder a la reseña pinchar aquí

En el capítulo de las evocaciones ha habido también momentos en que frases o situaciones se me hacían como muy lorquianas. En especial he tenido esta sensación al leer cómo ella se quedaba con el corazón en la boca hasta que él volvía, temiendo lo peor. Ella es Celina, la madre de Pajarito, angustiada al ver que su marido Óscar marcha a la taberna y temiendo que cuando se emborrache pueda tirar de navaja. Y es que las navajas en manos de hombres es un elemento frecuente en poemas y tragedias de Federico García Lorca. El momento en que más he sentido la presencia del poeta granadino ha sido en la frase "Los filos hambrientos buscaron la carne enemiga". Poesía total la que derrocha Selva Almada aquí y en muchos otros momentos de esta bella novela.

Para finalizar
En cierto modo esta novela podría encuadrarse dentro de las llamadas novelas de aprendizaje, iniciación o con palabra germánica 'bildungsroman'. Efectivamente en esta narración asistimos al proceso de la educación del carácter de Pajarito Tamai y Marciano Miranda por sus respectivos padres. Ambos niños, amigos en su tierna infancia, se verán conducidos al enfrentamiento inexorable a través de los actos de sus padres, de sus propias madres y también del ambiente de la comunidad en la que viven que casi sin sentirlo los empujará a ello

Antes de concluir quisiera aclarar algo respecto al título que de seguro muchos se estarán preguntando. ¿Por qué "Ladrilleros"? ¿Es que acaso el asunto va sobre industrias cerámicas que fabrican materiales de construcción? Bueno, no exactamente. La razón del título obedece sólo a que los dos personajes centrales y sus familias respectivas trabajan en sendas fábricas de ladrillos. Pero en la historia no hay que buscar asuntos propios de la construcción de casas ni cosas por el estilo. 'Ladrillero' sólo es la profesión que tienen Pajarito y Marciano. Nada más.

Nota
Esta novela de Selva Almada ha sido  el libro que este mes de julio hemos comentado en la Tertulia "más que palabras...". Con ella cerramos el año lector. Si queréis leer nuestras divagaciones y las aportaciones que unos y otros hicimos sobre ella no tenéis más que hacer clic aquí.


5 mar 2026

Joyce Carol Oates: El señor Fox

19 comentarios:

«Él es el titiritero, él es quien elige. Las niñas de las que Francis se enamora son exclusivamente suyas, pues uno de sus atractivos es que son preadolescentes, es decir, presexuales.
No son crías, porque a Francis Fox no le interesan los niños pequeños. De todas las perversiones, la pedofilia le resulta la más ofensiva, como a cualquier ser humano decente. Además, los niños pequeños son aburridos.
Tiene cero interés en las niñas menores de doce años. Catorce es el límite máximo; quince es ya imposible»

Joyce Carol Oates, Ismael Belda Sanchís (traductor)
Agradezco a mi muy buena amiga bloguera Rosa Berros, del blog Cuéntame una historia, la recomendación de esta novela. La verdad es que Rosa es una magnífica experta en Joyce Carol Oates. Cualquiera que pasee por su blog se encontrará con más de una docena de reseñas de novelas de esta escritora norteamericana. Junto a Rosa vinieron a avivar mi deseo por leer esta novela Mariana, del blog Los libros de Mava, y Marian, del blog Marian lee más libros; las tres forman un club de lectura conjunta que denominan Debate a tres en el que de vez en cuando  reseñan, cada una en su blog, un mismo libro. Ha sido el caso de El señor Fox de Joyce Carol Oates, publicada por Alfaguara en 2025 en traducción de Ismael Belda Sanchís. Leí las tres reseñas y todas ellas me impactaron y me condujeron a leer esta novela. Por si estos motivadores impulsos fueran poca cosa, durante los dos últimos meses no he hecho más que encontrarme por las redes sociales de literatura que frecuento alabanza tras alabanza sobre la última novela de esta autora norteamericana de 87 años que cuenta en su haber con más de cien libros publicados, la mayoría novelas y relatos, aunque también ha escrito ensayo, poesía y teatro. 

Las novelas de Joyce Carol Oates suelen ser extensas en su mayoría. Esta desde luego lo es, 760 páginas. Pero pese a ello su lectura se realiza con rapidez dado que el estilo de la novelista es directo, fluido, sin enmarañamientos lingüísticos o temáticos que hagan penoso el avance del lector por entre sus páginas. Personalmente he realizado la lectura en pocos días. La novela presenta el asunto de la pedofilia desde muchos de sus ángulos: el del depredador protagonista, un profesor de literatura de un centro escolar de secundaria; el de las niñas víctimas; el de los policías investigadores; el de los padres que en gran medida viven ignorantes del problema que tienen en casa; el de los educadores que no actúan con la debida contundencia ante la primera sospecha; etc.

La manera de escribir de la autora norteamericana es magnífica, como ya sabemos. En esta ocasión la trama se presenta en una especie de suaves oleadas de información sobre el asunto; estas olas que van y vienen depositan en la orilla donde nos encontramos los lectores materiales diversos que según avanzamos en la lectura van configurando la historia que se nos relata, El asunto es brutal y la manera como actúa el depredador odiosa y despreciable. La autora no ahorra palabras ni esconde la barbarie con la que actúa un pedófilo. En este sentido la novela es también un ejercicio de denuncia de algo que existe en mayor medida de la que se imagina y que está extendida dentro de la sociedad bien pensante mucho más de lo que uno puede pensar.

Fiel a su estilo, en El señor Fox asistimos a la presentación, que no justificación, de la manera de obrar de un pedófilo. Fox (Frank Farrell antes de dar clases en la Academia Langhorne) es un pedófilo que no cree serlo, que se sorprende cuando es perseguido por la comunidad escolar del centro donde trabajaba antes de hacerlo en Langhorne. El se siente atraído por las niñas preadolescentes que aún no han tenido la menarquia. Como a Balthus, su pintor favorito, le encanta la inocencia perturbadora que adivina en estas niñas. Sin embargo considera que Humbert Humbert, el protagonista de Lolita de Nabokov es un enfermo. 
«De hecho, si existe lo opuesto a un pedófilo, ¡ese es Frank Farrell! Aunque tampoco es un pedófobo, desde luego. Por ejemplo, Farrell siempre ha despreciado Lolita, de Nabokov. Sabe que esa famosa novela es una especie de manual para pedófilos, pero a él le pareció aburrida, pretenciosa y ofensiva, cuando no ridícula y punto.
Sólo un pervertido enfermo se comportaría como Humbert Humbert. Estúpido nombre, estúpido estilo literario. Obligar a una niña de omce años a tener relaciones sexuales..., repugnante.»
Él lo que es, lo que cree ser, es un romántico. Pero Fox/Farrell sabe que lo que hace no está bien, que la sociedad lo persigue y que él debe esconderse. Por eso tiene su protocolo de actuación para atraer a las niñas: es un profesor guay, se gana a sus alumnos, realiza actividades con ellos fuera del horario escolar, realiza tutorías personalizadas a puerta cerrada, les hace regalos, lee sus trabajos con empatía y les dice que en ellos y con él pueden hablar de lo que quieran siempre que a sus padres nada les cuenten... El resultado es que una serie de chicas preadolescentes creen enamorarse de él. Prueba superada por parte de Fox. Ahora lo que tiene que conseguir es que nada de esto trascienda.

Cuando por la desaparición de Francis Fox la policía, el inspector Zwender y el joven agente Odom, comienza a investigar la vida y milagros de este docente tan aclamado se irá descubriendo lo que en verdad es. El descubrimiento lo realizan los policías a base de conversaciones mantenidas con quienes lo trataron: la bibliotecaria del centro, Imogene Hood, que se cree enamorada de él; la directora, Paige Cady, que le habría gustado tener una relación con el atractivo profesor; la sobrina de ésta, Katy Cady, a la que Fox usó para conseguir ser contratado en la Academia Langhorne; las niñas abusadas o en vías de serlo: Mary Ann Healy, Eunice Pfenning, Miranda...; la familia Healy: el padre Lemuel, sus hijos Demetrius y Marcus, Blake Healy que es hermano de Lemuel y padre de Mary Ann; algunos de los 105 profesores de la Academia Langhorne; etc. 

La novelista utiliza muchos recursos literarios que sirven para penetrar en la psicología de los personajes protagonistas: cursivas para mostrar pensamientos que no salen al exterior; avances y retrocesos en el tiempo; técnica del perspectivismo: distintos personajes cuentan un mismo suceso según su experiencia o su propio punto de vista; textos entre paréntesis que muestran juicios del propio narrador respecto a lo que se está contando; combinación de tipos discursivos como textos de diarios personales o la inclusión de noticias periodísticas de modo semejante a lo que John Dos Passos realizara ya en Manhattan Transfer (año 1925); narrador en primera, segunda y tercera personas saltando de una a otra a veces sin previo aviso logrando de esta manera un acercamiento-alejamiento de la figura del narrador, que se diluye en el propio hecho narrado de modo semejante al débil pero constante y pertinaz oleaje que poco a poco se acerca-se aleja a la orilla hasta irla cubriendo toda ella:
«Llorando como si se le fuera a romper el corazón porque Fox le había hecho daño. Y él, Demetrius, no quiso ser testigo, pero fue testigo. No se puede borrar lo que han visto tus ojos y lo que han escuchado tus oídos y el asco y la vergüenza que has sentido. Que su prima estaba enamorada de Fox y Fox no la amaba ni se preocupaba por ella ni lo más mínimo excepto para aprovecharse de ella.»
Muchos otros recursos narrativos pone en juego esta magnífica escritora. Imposible señalar todos. Pero no quiero dejar sin resaltar la abundante utilización del estilo indirecto libre (EIL) ya sea aislado o en combinación con otros estilos narrativos; gracias a este procedimiento el narrador objetivo logra penetrar en la subjetividad del personaje y hace que los lectores nos sintamos "dentro" de la propia narración:
«Mary Ann no parece oírlo. Echa a correr, cojeando. El autobús escolar espera en una plaza cercana. Demetrius la mira de lejos y aprieta los puños.
Maldito sea ese hijo de puta de Fox, piensa matar a ese cabrón con sus propias manos.»

pintura erótica,
Todo en esta novela es excelente, magnífico, superior. En primer lugar, el tratamiento dado al vidrioso y perturbador asunto de la pedofilia presentado en toda su crudeza, sin melindres en su abyección; luego estarían las cínicas excusas que el personaje de Francis Fox pone para su injustificable y vil comportamiento. Como profesor de literatura que es, Fox echa mano de biografías y obras de autores consagrados como Edgar Allan Poe por la relación que mantuvo con su prima Virginia Clemm de trece años que, según algunos estudiosos, reflejó en el poema Annabel Lee; asimismo utiliza  textos de otros muchos autores para apoyar su desviada conducta. Y junto a la literatura, la pintura: Fox vive obsesionado por la imagen de Thérèse, la preadolescente que Balthus retratara en posturas claramente eróticas. Este culturalismo le sirve a Joyce Carol Oates para mostrar la doblez del protagonista de la novela
  • «¡Balthus!, pensó. Una de las chicas preadolescentes del pintor, una belleza pálida, soñadora, como una sonámbula. Grandes ojos de parpadeo lento, labios entreabiertos. Thérèse soñando, Katia leyendo. Los años dorados.»
  • «Francis decía que éramos almas gemelas…, una hermosa tradición romántica. Como Percy Shelley y Mary Godwin. Heathcliff y Catherine. Edgar Allan Poe y… ¿cómo se llamaba? ¿Violet? Virginia. Francis sentía una gran admiración por Poe y Virginia.»
Quiero finalizar el comentario de esta novela señalando cómo Joyce Carol Oates pone en solfa el comportamiento de la sociedad actual. Una sociedad que vive ensimismada, unos padres que no conocen a la personita que habita en la habitación aneja a la suya, unos adultos que se aprovechan de las carencias afectivas de los preadolescentes, unos padres que creen solucionar todo satisfaciendo los deseos de compra de sus hijos... Y luego en el ámbito laboral la necesidad que todos sienten de tapar los asuntos que se consideran "feos" y más si en el fondo el abusador también abusó de los mayores que se rindieron a sus encantos. Y una pregunta final muy interesante que se plantea: ¿es conveniente destapar todo todo o mejor vivir en la ignorancia, en el no querer enterarse de lo que a nuestro alrededor ocurre?

En fin, ya digo, El señor Fox es una novela muy, pero que muy, recomendable. Una novela que además se lee con facilidad porque los buenos autores son aquellos que presentan historias interesantes con tramas complejas por las que se transita con facilidad. Quienes tal cosa logran -Joyce Carol Oates es sin duda una de ellas- son merecedores de los máximos galardones. De ahí que desde aquí me pregunte si  esta escritora de 87 años con más de 100 obras a sus espaldas no será merecedora ya del Premio Nobel. Si no ella, ¿quién? ¿Otro Bob Dylan?

Autoras norteamericanas, Pedofilia, "El Señor Fox"


 

20 feb 2026

"El bueno de Oliver", novela de la irlandesa Liz Nugent

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«Resulta que al final sí soy un hombre violento. Para mí ha sido un shock. Me han sometido a una evaluación psicológica. He decidido contarlo casi todo. Por lo visto, llevo desde la infancia albergando amargura, rencor y frustración. Una sorpresa.»

«No es necesario amar a una persona. Sino que puedes amar el concepto de una persona. Puedes idealizarla y convertirla en la persona que necesitas.»

Liz Nugent, Novelistas irlandesas actuales

El bueno de Óliver lo escribe una autora irlandesa, Liz Nugent (Dublín, 1967). Desconocía completamente el nombre de la escritora y, naturalmente, nada sabía de este título, que es su primera novela. Con ella se alzó en 2014 con el Premio a la mejor Novela Negra irlandesa del año. Personalmente es una historia que me captó desde la primera página y que me ha resultado muy entretenida.

El asunto que mantiene atento al lector desde el primer instante es el de conocer exactamente quién es en realidad este tal Óliver, del que la sinopsis de la propia editorial dice: 

Oliver Ryan es la personificación del éxito y el carisma. Vive en el mejor barrio residencial de Dublín, los libros infantiles que escribe no dejan de recibir premios y su mujer, Alice, le ama y admira incondicionalmente. Toda su vida es una envidiable sucesión de privilegios y comodidades. Hasta que una noche después de cenar Oliver ataca a Alice y la golpea hasta dejarla en coma.

Desentrañar el verdadero ser de este hombre es el objetivo de quien lee la novela. Con razón el libro apareció en Irlanda con el titulo de Unravelling Oliver, cuyo significado literal en español sería el de Desenredando a Oliver. Quizás el título original sea más preciso que el irónico de El bueno de Óliver con el que apareció entre nosotros para resaltar así la hipocresía e impostura con la que vive el protagonista prácticamente toda su existencia. Será a través de los testimonios de unas y otras personas que tuvieron contacto con él que iremos descubriendo al auténtico Óliver. El perspectivismo, pues, es la técnica narrativa fundamental en esta novela coral. Los personajes masculinos (Óliver, sus amigos Barney, Michael, Stanley, Philip, Eugene), los femeninos (Laura, Moya, Veronique) hablan desde su propio ángulo vital del protagonista, la peculiar personalidad del mismo, su relación con las mujeres, etc. 

Óliver, como dice la sinopsis editorial, un exitoso escritor de novelas infantiles, ha golpeado salvajemente a Alice, su mujer, que además era la ilustradora de los textos que él producía. ¿Por qué ha hecho tal cosa? ¿Quién es en verdad el bueno de Óliver? ¿Y su familia: por qué nunca da noticias de ella?... Esta y muchas otras cuestiones llenan la mente del lector según avanza en la lectura.

La novela es un auténtico puzle que avanza y retrocede según los distintos actores nos cuentan su experiencia con Óliver, su visión de Óliver, la bondad y maldad de Óliver, el compañerismo de Óliver... Según se lee la novela nos surgen dudas, preguntas, huecos que quedan en blanco durante varias páginas, pero que según avanzamos se van rellenando hasta llegar al final de las mismas y comprobar que todo encaja perfectamente. 

El bueno de Óliver  es en cierta manera un thriller que mantiene en tensión al lector, atento a los giros que en las apenas 200 páginas que tiene la novela se suceden de manera sorpresiva. Liz Nugent sabe finalizar los capítulos avivando en el lector, al que el narrador interpela directamente siempre, el deseo de seguir leyendo para seguir desvelando lo que en verdad ocurrió para que ese hombre pacífico y exitoso desarrollara un comportamiento tan violento contra su esposa. Poco se puede decir de la trama si se quiere no desvelar la intriga. Y yo no quiero desvelarla de ninguna manera. Por ello sólo diré que la novela tiene repartidos a lo largo de ella algunos toques de humor crítico hacia comportamientos propios de nuestro hoy:
 «Los periódicos la llaman "La casa del terror". Me parece que hoy en día, si te haces daño en un dedo del pie estando en casa, también la llaman «La casa del terror». Están haciendo su agosto.»
En cuanto a la manera de escribir de Liz Nugent diré que, a pesar de ser irlandesa, en líneas generales su estilo me ha recordado vivamente a la novelística norteamericana contemporánea. Una prosa escueta, ágil, desnuda, precisa... con en ocasiones rasgos humorísticos algo fríos y distantes. Según la leía El bueno de Óliver me evocaba, me llevaba mentalmente a la manera de escribir de, por ejemplo, un J. D. Salinger en El guardián entre el centeno (The cátcher in the Rye) y en general a otros autores y otras novelas USA actuales.
«El sábado lavé el coche y fui a cortarme el pelo. Lo recuerdo porque el barbero me hizo un corte en la oreja izquierda. Nunca he vuelto a ese barbero desde entonces. En el coche, con Alice, me sentí como un tonto del culo, intentando entablar conversación y con una tirita en la oreja. Ella se había pintado los labios y llevaba un vestido marrón con estampado de flores. Muy bonito.»
Novela irlandesa actual
Finalizaré esta breve nota sobre esta entretenida novela diciendo que aparte del del amor y la impostura la autora toca diversos temas muy actuales como son el de la libertad sexual, la diversidad racial, el machismo, la religión, etc. Al ir y venir El bueno de Óliver del momento actual (año 2013) hasta el más lejano en el pasado (año 1953), Liz Nugent puede marcar la distinta percepción de estos asuntos en unas y otras épocas. Así por ejemplo se resalta que en 1973, año en que los jóvenes amigos que eran Oliver Ryan y los hermanos Condell, Michael y Laura) van en verano a vendimiar a Francia, en Irlanda no se admitía fácilmente la homosexualidad, tampoco se veía en sus ciudades población de origen africano, por esos años empezaban las mujeres y hombres jóvenes a liberarse sexualmente y los seminarios religiosos, al mejorar las condiciones económicas del país, se comenzaban a vaciar de aquellos jóvenes que sin vocación religiosa sólo habían sido internados en ellos para que, al carecer de medios económicos, pudiesen estudiar. 

Por último hay que resaltar la enorme importancia que tiene la literatura en esta novela. Además de que la historia va sobre un exitoso autor de cuentos infantiles ilustrados son frecuentes las alusiones a obras literarias (Jane Eyre, Cyrano de Bergerac...) y a autores (Keats, Joyce, Lawrence...).

12 feb 2026

La segunda venida de Hilda Bustamante (Salomé Esper)

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«Cayó una gota y después dos hasta convertirse en una tormenta que parecía un diluvio, una mezcla de tiempos evangélicos que amenazaba recomponer ese apocalipsis con las vendas de un antiguo testamento. Hay ciclos también en lo profético y lo misterioso. El orden que guía al universo y a sus formas descansa en cada venida de la muerte, cada langosta y cada vidrio explotado. Adentro de ellos, la explicación que nadie alcanza.»

Salomé Esper, Realismo mágico
La novela de Salomé Esper (Jujuy, 1984), La segunda venida de Hilda Bustamante (2023) presenta el caso imposible de la resurrección de una mujer, Hilda Bustamante, al año de haber fallecido. Hilda era al fallecer una mujer de 79 años de edad, uno más de los que en ese momento tenía Álvaro, su marido. Este suceso, que alguien pueda regresar después de muerto, es la mar de extraño y chocante.

Cuando Hilda, tras salir de la tumba y vagar por las calles del pueblo, llega a su casa es recibida con muchísimo cariño y también mucha naturalidad por su nietita Amelia que la había echado mucho de menos durante el tiempo que ella faltó. Aunque el matrimonio  formado por Hilda y Álvaro, pese a sus inmensos deseos, no tuvo hijos, sin embargo de hecho tuvieron uno; se trata de Gabriela, mujer joven que con una hija de pocos meses a su cargo fue recibida, acogida y ayudada con mucho cariño por la pareja. De ahí que Amelia, la hija de Gabriela, se considere nieta e incluso casi hija de Hilda que la colmó de cariño en vida.

La reaparición de Hilda causa extrañeza, pero también aceptación, en el pueblo. Su resurrección levantará no pocos secretos de los miembros de la localidad: En el grupo de las Devotas, mujeres que asistían a la iglesia con mucha frecuencia, se verá que el curita joven se timaba con Nora; que Susana, que tanto leía en la iglesia, siempre lo hacia de novelas de suspense; que Clara se apuntó al grupo más como cosa social que religiosa; que Carmen es muy amiga de Hilda pero sospecha que algo raro se trae Nora con el curita Roberto, también la relación a tres bandas Hilda - Genaro -Álvaro...

Y así sigue esta historia contada linealmente en capítulos-secuencias de muy desigual extensión unos de otros. La estructuración dada a la trama pretende resaltar lo sorpresivo, imposible, increíble, mágico... del suceso acaecido. Una historia que dura ocho días: cuatro que estuvo Hilda de resucitada y otros cuatro que hubo de velorio hasta que Álvaro decide, sin levantar ruido, llevarla de nuevo al cementerio a re-enterrarla. Cuando tal cosa ocurre ambos tienen la misma edad:
«Cuando Hilda murió, Álvaro tenía 78 años. No hubo palabras para describir su dolor.
Cuando se volvieron a ver, y el reloj reinició, tenían ya la misma edad.
Después, el tiempo no importó.
»
Hay mucho de inexplicable, de irracional pero sin embargo aceptado, de realidad mágica, en esta resurrección imposible de la protagonista. Si resucita como el Cristo, ¿también ella será divina como él? Difícil cuestión la que se le plantea al padre Néstor que debe de dar homilía en la iglesia. La sorpresa surge cuando Néstor llega a decir que a veces Dios se equivoca. ¿Cómo? Hasta este punto llega lo surreal del suceso. El inexplicable hecho de la resurrección y todos los acontecimientos que le acompañaron o sucedieron (las imparables campanadas, la explosión de los vidrios de todas las casas, la plaga de langostas, el segundo velorio que hubo que darle a Hilda...) provocan que el cura suplente Néstor venga a replantearse todo:
«La huida del padre Roberto era algo inédito para él, las langostas cubriendo las paredes de la iglesia eran algo inédito para él, consolar al viudo de una resucitada era algo inédito para él. Y descubrió, en esa inauguración de las cosas, un alivio que no había sentido en mucho tiempo. Donde antes había tensión, ahora había algo real que palpitaba, la experiencia de la que hablaba en misa, esas palabras repetidas eran ahora agua sucia. Esto, esto ante sus ojos era un manantial, y dios estaba ahí, solo que deforme y espantoso, hiriente y burlón [...] preparado para saltar con sus patas traseras de langosta, para usar su poder sin lógica en otros infelices.»
Un suceso inexplicable que al meterse en él exige una distinta manera de comunicarlo. Y para ello la novelista no puede servirse del lenguaje habitual. De ahí que la argentina Salomé Esper eche mano de un lenguaje distinto, superrreal, que rompa con lo por todos admitido. Si Hilda Bustamante ha venido de nuevo a su casa tras un año de estar enterrada, si nos posicionamos en esta irrealidad, la manera de presentarla también ha de aproximarse a ella. Aparecen utilizados recursos como la presentación coincidente de acciones sucedidas en un mismo tiempo pero en espacios distantes, la utilización de elementos reales cargados de simbolismo: campanadas, plaga de langostas, tierra removida en el cementerio, la bicicleta de Álvaro transportando a Hilda...
«La tercera ronda de siete campanadas comenzaba justo cuando Amelia se subía al asiento de atrás de la bici. Ya se había agarrado fuerte de la camisa de Álvaro, como un gato, dejando como siempre en la tela esas dos marcas estrelladas de miedo a caerse. Ya se había puesto el vestido el cura. Álvaro comenzaba a pedalear. El cura se retocaba los labios y el rímel. Amelia pedía ir a la librería a comprar una goma porque la había perdido de nuevo. La séptima campanada los encontró pasando la plaza relucientemente verde»
Algo importante es comprobar cómo este acontecimiento que muchos califican de paranormal desata en el pueblo una controversia entre quienes lo consideran cierto y quienes, apoyados en la ciencia, lo desechan por completo. Así se comprueba en el diálogo mantenido por dos personajes innominados acerca de los fenómenos y la concatenación de causas:
«el cura suplente dijo algo en contra de Dios y cuando salieron ahí estaban las langostas, no fue tan así, no fue contra Dios del todo solo dijo que no era tan perfecto, si Dios fuera perfecto no se le hubiera escapado un muerto, qué hacés llamando a la radio, cortá, la Biblia anunció las plagas hace un montón.la plaga es porque están fumigando en los campos del norte y los bichos se escapan, es tremendo cómo la gente no se acuerda de esto y siempre pasa lo mismo, todos los años lo mismo, de la señora esa que hablan yo no sé nada, solo digo que no es algo de los demonios ni de los santos, es algo del campo, lo de las langostas, no lo de los muertos, pero están en la ciudad las langostas y eso es un mensaj
Poetas y novelistas argentinas actuales
Como se ve en el texto anterior las intervenciones de los interlocutores se presentan de manera no convencional. 

Para mí la belleza del texto reside también en muchos de los términos y expresiones utilizadas por la novelista. Son vocablos propios de su tierra, la Argentina, que aquí —al menos para mí— resultan llamativos y que cargan a La segunda venida de Hilda Bustamante de una realidad mágica. Algunos ejemplos serían: «andar como bola sin manija» (andar perdido o desorientado); «petiso» (persona baja, de poca estatura); «compró facturas» (bollería dulce); «tacho» (tarro); «Álvaro comía cada vez menos, se iba apagando de a poco» (se iba apagando poco a poco); «viernes de truco» (fin de semana para jugar al truco, juego de naipes muy famoso en la Argentina); «pava de agua» (recipiente de metal con asa y tapa usado para calentar agua); y algunos otros más 

Sobre Salomé Esper dice la propia editorial Sigilo que publica esta interesante novela lo siguiente: «Salomé Esper nació en Jujuy (Argentina) en 1984. Es poeta, narradora y editora. Estudió Comunicación Social en la Universidad Nacional de Córdoba. Publicó dos libros de poemas, Sobre todo (2010, Intravenosa) y Paisaje (2014, Tres tercios), y una novela, La segunda venida de Hilda Bustamante (2023, Sigilo), que ha sido traducida al italiano y al portugués.»





5 feb 2026

Carmen Martín Gaite: Nubosidad variable

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Nubosidad variable, Realismo social español
En Salamanca, mi ciudad natal, me cruzo cada vez que paseo por sus calles con la escultura que la artista Narcisa Vicente Rodríguez hizo de la escritora Carmen Martín Gaite el año 2000, con motivo de su fallecimiento. El año pasado se cumplía el centenario del nacimiento de la novelista en Salamanca. Desde el primer día de ese 2025 me propuse rendir alguna clase de personal homenaje, por humilde que el mismo fuera, a mi paisana. Lo hice en abril con una entrada sobre la adaptación teatral de su novela "El cuarto de atrás" en el Teatro de la Abadía [leer dicha entrada aquí]; y también, acabando el año, realicé la lectura de su obra, quizás, más emblemática, Nubosidad variable, lectura que protagoniza esta breve reseña. La autora dedicó nada menos que ocho años Martín Gaite a la escritura de esta novela publicada en 1992.  

Sinopsis (promoción editorial de la novela)
La novela narra el reencuentro de Sofía Montalvo y Mariana León, dos amigas de juventud que cruzan los relatos de sus vidas. Mientras Sofía se halla en el desencanto y la frustración por un matrimonio infeliz, Mariana sufre una pasión tóxica.

Nubosidad variable es una novela epistolar en la que dos mujeres, amigas durante su etapa escolar en el instituto, se reencuentran casualmente tras muchos años sin tener contacto. Durante su no premeditado encuentro en una exposición de pintura, ambas recuerdan su etapa de estudios y deciden recuperar el gusto por la escritura poniéndose «deberes» tal y como, recuerdan, les ponía en el instituto su profesor de Literatura, Pedro Larroque. Se imponen la "obligación", como les sucedía en su época escolar, de escribirse.

 Es así como ambas escriben y en este proceso, cada una por su lado, rememoran y/o evocan experiencias y sucedidos ocurridos en su entorno. Las alusiones que en sus escritos aparecen referidos a una y otra son importantes. Conoceremos dos versiones sobre el porqué de su distanciamiento y cómo ese motivo -la relación con un chico de nombre Guillermo- planea y planeó muchos años sobre ellas. 

Estas dos mujeres son: por un lado, Sofía Montalvo, madre de tres hijos (Encarna, Lorenzo y Santiago) y mujer de Eduardo; por el otro, Mariana León, psiquiatra de éxito en Madrid, a cuya consulta acuden sobre todo mujeres aquejadas de soledad. De la vida y milagros de todos estos personajes nos enteramos por esos deberes de escritura que, cumplidora, realiza Sofía y por las cartas que, salvo la primera, Mariana le escribe aunque nunca le envía. 

En el momento del reencuentro ambas mujeres viven en Madrid. Como seres adultos que son cada una ha vivido su vida y tenido experiencias amatorias diferentes, aunque con resultados muy parejos. Tras el encuentro y ya con las cartas y escritos realizados, ambas amigas decidirán ponerlos en común para así conformar cada una el cuadro de su vida y rellenar los huecos que hubiera en ellas. Eso es, en definitiva, la novela que tenemos en nuestras manos. La novela que hemos leído, la misma que estamos leyendo al tiempo que vemos cómo se hace, es la que les sirve a ellas para recobrar su amistad, para recuperar la alegría de vivir, la fe en el futuro, y tirar para adelante.

Los capítulos de Nubosidad variable van alternándose de manera que cada uno de ellos corresponde a una narradora: los impares a Sofía Montalvo y los pares a Mariana León. En estos capítulos vemos el proceso de escritura de estas dos amanuenses, sus dudas de escritora, las decisiones a la hora de primar o relegar a unos personajes frente a otros; en definitiva asistimos a una novela haciéndose, lo que ciertamente es algo muy interesante y en mi opinión uno de los grandes méritos de esta obra.
  • Tengo que atender a este flash back, lo tengo que pegar en el collage, aunque sea con saliva. (Sofía)
  • Se inicia la pesquisa. Ahora apártate a escuchar, ¿te importa?, porque estoy hablando de ti con otra persona. Veremos lo que sale. (Sofía)
  • Acabé hablándole no sólo de ti y de las cartas que te escribo y no te mando, sino dirigiéndome también a ti cuando venía a cuento, y a Raimundo y a Silvia, y a Manolo, con lo cual cada vez se llenaba de más presencias fantasmales la terraza y mi monólogo tomaba un sesgo delirante, quizá una buena idea para pedir una beca de teatro al Centro de Nuevas Tendencias Escénicas; aunque puede que ya esté inventado esto del interlocutor múltiple. (Mariana)
  • Bastaba oírlo hablar para descartarlo como protagonista real de una aventura romántica. De todas maneras es una escena que puede aprovecharse para la novela, aunque cambiando el diálogo. Y también, claro, el tono de la voz y la intención de la mirada. Porque, en la novela, D. R. ya ha recibido la carta de Marta Lucena. (Mariana)
También muy destacable en el relato es la enorme cantidad de referencias literarias explícitas e/o implícitas que en el mismo aparecen. Quizás la que enmarca toda la novela sea la referencia a Cumbres borrascosas de Emily Bronté. Sofía Montalvo la lee una y otra vez, como si estuviera en bucle. Ella se viene a identificar con la pasional protagonista de esta obra romántica, como bien le dice en un momento dado Mariana León: «Ni Catherine ni Heathcliff necesitaron nunca que los perdonara el mesurado Linton. La novela no puede acabar de otra manera, igual que tampoco pudo tener happy end la tuya con Guillermo»
Pero las referencias literarias no se quedan aquí, sino que son múltiples: tanto a autores clásicos (Manrique, Quevedo, San Juan de la Cruz, Machado...) cuanto a contemporáneos al momento de escritura de la novela («estuve leyendo una novela policiaca de Ruth Rendell, "Hablar con desconocidos"»). La propia actividad literaria de Martín Gaite se refleja en ese ensayo que Mariana está haciendo sobre el erotismo [la autora había escrito años atrás dos ensayos en los que estudiaba el erotismo en España: Usos amorosos del dieciocho en España (1973) y Usos amorosos de la Postguerra española (1981)]. Incluso la literatura popular asoma la cabecita en esta novela en esa referencia que se hace al Cuento de la Buena Pipa. Y es que, en definitiva, quizás esto que estamos leyendo no sea más que eso, un cuento de nunca acabar.

Es Nubosidad variable una novela en la que Carmen Martín Gaite se muestra de manera escondida. Lo hace escindiéndose a partes iguales entre  sus dos protagonistas. En el aspecto amoroso quizás se la vea más en Sofía Montalvo y en el literario en Mariana León. Ella, Martín Gaite, estuvo casada con Rafael Sánchez Ferlosio y tuvo hijos con él: un niño, Miguel, que murió en 1955 de meningitis con sólo ocho meses; y una niña, Marta, que falleció con 28 años en 1985, víctima del sida. Esta pérdida acompañará constantemente a la escritora y muchas vivencias y experiencias tenidas entre ella y Marta se colarán en sus novelas. En esta, concretamente, el hecho de que las dos protagonistas se escriban mutuamente puede que recoja el hábito que madre e hija tenían  en vida  de dialogar a través de los cuadernos en los que una y otra escribían. 
«Eduardo era práctico, seguro de sí mismo. Practicaba la política de los hechos consumados. No paró hasta arrancarme el apetecido «sí» pero antes ya me había dejado embarazada. «Ya me querrás —dijo—, siempre conviene que el hombre quiera más que la mujer. Yo te voy a querer por los dos». Y aquello me gustó oírlo. Yo estaba deseando irme de casa cuanto antes. Y tener hijos.»
"Nubosidad variable", Novelistas españolas de la generación del 50, Narcisa Vicente Rodríguez (escultora)
Es en el propio acto de escritura, como he dicho, que van surgiendo evocaciones de tiempos pasados de una y otra. De todos los sucedidos destacan las rupturas amorosas. De hecho, el distanciamiento de las dos mujeres se debió -es algo conocido desde el principio- a un problema amoroso al estar ambas en relación, en los meses finales de instituto, con un tal Guillermo. Este personaje flota como un fantasma en el escrito, especialmente para Sofía, cuyo encuentro con él en Londres, ya casada ella y madre de tres hijos, le servirá para tomar conciencia de que su vida anodina con Eduardo no puede seguir así. Por su parte, a Mariana, soltera ella, le sucederá con Raimundo otro tanto de lo mismo. 

Personalmente, de la novela me ha gustado el colorido del sur, de Cádiz y sus pueblos magníficos en los que se refugia Mariana para reflexionar sobre su propia vida. El encuentro allí, en el sur, con el personaje de Manolo Reina, que tanto le gustó en un momento dado, le servirá para salir del pozo. Por otra parte, los momentos en que la acción se centra en las vivencias de una y otra en Madrid se me han revelado como algo viejos, pasados, caducos. Fugazmente, durante la lectura de algunos pasajes de la novela no he podido por menos que pensar que esta generación de novelistas realistas de los años 50 del siglo pasado a la que Martín Gaite pertenece, siendo estilísticamente magníficos, sin embargo corren el peligro de verse sobrepasados por la vorágine del tiempo. Me ha pasado ya leyendo alguna novela del gran Miguel Delibes (¡no todas, que conste!) lo que achacaba yo a que el vallisoletano estaba más imbuido por el existencialismo arraigado o desarraigado de finales de los años 40. Pero me temo que los que comenzaron a publicar a mediados de los años 50 también están en riesgo. 



30 ene 2026

Paloma Celada: "El legado de Circe"

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«Mi familia decidió que pasara de mujer a mujer porque mujer fue su primera propietaria. El origen es algo más extraño y hasta difícil de creer —contestó sonriendo y encogiéndose de hombros añadió—: Según la leyenda perteneció a una guerrera de una etnia a la que llamaban “las amazonas”. […] La tradición dice que aquella extranjera procedía de un lugar donde las mujeres gobernaban sin la presencia de ningún hombre»

Paloma Celada, Brujería
Al comienzo de El legado de Circe nos encontramos a finales del siglo III a.C.,  año 202 a.C., con idas y venidas hacia atrás y hacia adelante de 17 años en algunos de los capítulos siguientes. La historia que se relata alcanza su final en el año 160 a.C., casi a mediados del siguiente siglo II. Es una época en la que los pueblos prerromanos que habitaban la península ibérica irán siendo sometidos por diversos pueblos conquistadores, especialmente por los cartagineses de Aníbal y luego por los romanos que en persecución de los anteriores llegarán a la península. 

La acción se centra en una serie de mujeres pertenecientes a una familia que habita en un castro galaico durante casi los 20 últimos años del siglo III. En esta localidad encontramos a tres mujeres fundamentales en la historia: Nala, la curandera del castro, mujer que tiene fama de hechicera y que es muy conocedora de las propiedades de muchas plantas que sola o en compañía de su hija Xure se dedica a recoger para en su cabaña molerlas, mezclarlas, molturarlas y con ellas crear bebedizos y emplastos cuyas propiedades curativas son muy apreciadas por la mayoría de los habitantes del castro. La tranquila vida de esta localidad del noroeste peninsular se verá alterada cuando arriba a ella un joven jefe militar carpetano, Hilerno, que está huyendo de los cartagineses que derrotaron a su grupo de combatientes. Es recogido por Nala que lo llevará al castro y lo curará. 

Durante el tiempo que dura su estancia en el castro Hilerno es feliz, especialmente porque se ve atraído y muy bien atendido por la jovencísima y bellísima Xure. La madre de ésta nota esta atracción mutua y pide ayuda al druida de la localidad, Gael, para que vigile a la pareja durante sus ausencias. Y ocurre lo inevitable. Para corregir su yerro Gael convencerá a Hilerno para que tras los meses pasados en el castro galaico regrese al suyo carpetano. Pero como dice el dicho popular, nunca mejor traído a cuenta en esta ocasión, "de esos polvos, estos lodos", y un miembro nuevo nacerá de la breve unión habida entre Xure e Hilerno. Se llamará Aloia. Su padre es desconocedor de su existencia y la niña será educada por Nala dado el fallecimiento de la madre en el parto. Ella, Aloia, es la auténtica protagonista de esta novela de la que ya no cabe decir más. Creo que con lo dicho hasta aquí cualquier amante de la literatura entretenida y bien escrita se habrá ya sentido atraído y deseará conocer cómo se desarrolla y concluye todo esto. 


Paloma Celada, la autora, por su profesión de farmacéutica es conocedora de buen número de plantas de cuyas propiedades curativas y/o mortíferas hace sabio uso en esta su primera novela. Pebrazo, adormidera, siemprevivas, corteza de abedul, malvavisco, flor de gordolobo, lengua de ciervo, palo dulce, romero, pico de cigüeña, cornezuelo del centeno, tarraguillo, acónito, beleño y muchas otras plantas más tienen protagonismo en el relato al utilizarse como remedios sanadores en sus debidas dosis. Las mujeres conocedoras de los beneficios y perjuicios de las plantas eran tenidas antaño, mucho más en la época en que se sitúa la narración, por brujas hechiceras. No pocas de ellas acabaron quemadas en la hoguera acusadas de ser las causantes de cuantos problemas tuviera la comunidad. Reivindica Paloma el lugar que estas mujeres debieran de ocupar en la Historia, dado que su papel habría que considerarlo con toda certeza como protociencia. Paradójica y penosamente, quienes las quemaban públicamente, acusándolas de superstición y tratos con el Maligno, ellos eran los auténticos cultivadores de supersticiones varias.

En la novela se enfrenta la sabiduría más o menos experimentada, o sea, científica que se diría hoy, con la fe en creencias y espíritus del más allá. Así, estas mujeres chocan con el papel reservado a los druidas, sacerdotes que en la época y lugares donde sucede la acción se encargaban de atender a los heridos y enfermos simplemente a base de sahumerios y plegarias a los dioses. Es El legado de Circe un auténtico alegato en contra del anticientifismo y en defensa del papel activo de la mujer en la vida comunitaria.


Para quien no conozca a la autora diré que Paloma es mujer amantísima de Madrid, su Comunidad, donde habita desde que nació. Conocedora de todos los rincones de ésta hay uno por el que -esto es pura apreciación mía- siente más afecto. Me refiero a Alcalá de Henares, en cuya universidad cursó los estudios de Farmacia. Esta localidad yo la he querido ver en el castro de Combouto al que Aloia llegará al alcanzar su mayoría de edad en busca de su padre Hilerno. Esa zona y la de los ríos que la riegan hasta desembocar en el gran río Taio (Tajo) es la que en la novela se nombra como Carpetania. Carpetanos, vacceos, turdetanos, iberos, galaicos, cartagineses... son algunos de los pueblos que se nombran en el relato. Son los nombres antiguos de las comarcas limítrofes con lo que actualmente es la Comunidad de Madrid. Por esto considero que esta novela es también un homenaje de Paloma a la tierra que habita: Madrid.


Se nota que la autora se ha documentado mucho lo que contribuye a la verosimilitud, exigible siempre en literatura, pero mucho más cuando la acción se sitúa en una época oscura y poco conocida como son los siglos anteriores a la plena implantación de Roma en nuestra península. Ejemplo de lo que digo son los patronímicos (nombres propios) que aparecen en el relato:  Aloia (nieta de Nala, la curandera del castro), Xure (hija de Nala),Vecco y Umarbeles (los gemelos hijos de Aloia), Aunia (nieta de Vecco y bisnieta de Aloia), Gael (druida del castro galaico), Elin (la prometida de Cadoc, hermano de Gael), Aníbal (general cartaginés), Maharbal (lugartenientes de Aníbal), Sosilos (preceptor de Aníbal), Hilerno (comandante de la coalición de tribus que se enfrenta a los cartagineses y padre de Aloia), Sileko (druida en Combouto), etc.  En Combouto, el castro carpetano que lidera Hilerno están Corbis, Thurro (marido de Aloia), Tibaste (padre de Thurro), Leukón, Kompalko, Retogeno y su hijo Abblon, el viejo Letondon, Buntalos (su esposa es Stena), Orsua, Ambón. Caciro, Likinos… La verdad es que el listado de nombres propios es inmenso y todos ellos están bien traídos. 

El legado de cIRCE, Paloma Celada
Situación aproximada de Carpetania en la Península Ibérica  
Para finalizar sólo quedaría explicar un poco el porqué del título de la novela, El legado de Circe. Paloma Celada siente una enorme simpatía por esta diosa y hechicera griega con conocimientos de herboristería, brujería y medicina. En la Odisea Circe transforma en animales a los guerreros con sus poderes mágicos. Pues bien, la novela se  abre  con un prólogo o preámbulo situado temporalmente en el siglo XIV a.C., final de la Guerra de Troya, y ubicado geográficamente en el Cerro del Viso, Alcalá de Henares. En este preámbulo vemos a unos fugitivos de la guerra que arriban hasta la meseta central de la península. Llegados a este lugar muere Asteria, la mujer de Tehuero, jefe del grupo huido. Antes de morir, Asteria ha entregado a su marido una medalla de bronce con la efigie de la diosa Circe. Dicha medalla es un auténtico talismán que concede dones sobrenaturales a su poseedora, poderes que jamás puede dar a conocer a nadie salvo a la mujer de su estirpe que ella elija como siguiente detentadora de la misma. Esta medalla la tiene en su poder, al inicio de la novela, Nala, la sanadora hechicera del castro galaico a la que ha llegado por herencia desde esa otra mujer, lejanísima en el tiempo, Asteria

En el mundo bloguero, Paloma Celada utiliza el nick de Kirke en homenaje a Circe. Al igual que la diosa griega ella, salvando la enorme distancia en tiempo y realidad que las separa, es amante y conocedora de plantas y de los remedios sanadores que se obtienen de ellas. Es esta novela, pues, un homenaje a esos antiquísimos hacedores de emplastos y remedios botánicos anteriores a la aparición de la farmacopea.


El legado de Circe  contiene, todo ello en su debida proporción, amor, herboristería, aventuras guerreras, historia, superstición y protociencia. Se lee con tanto agrado y está tan bien escrita que parece mentira que sea la primera de una autora a la que hasta el momento yo sólo conocía por sus excelentes relatos. ¿Para cuándo la siguiente novela, Paloma?