29 oct 2026

Julian Barnes: "El sentido de un final"

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«Cuando empiezas a olvidar cosas —no me refiero al alzhéimer, sino sólo a la previsible consecuencia de envejecer—, hay varias formas de reaccionar. Puedes empeñarte en obligar a la memoria a que revele el nombre de aquel conocido, aquella flor, estación de tren, astronauta… O admites el fracaso y tomas medidas prácticas como consultar internet o libros de referencia. O puedes desistir —olvidar lo de recordar— y a veces descubres que el hecho extraviado aflora una hora o un día después, a menudo durante una de esas largas noches de vigilia que impone la edad. Bueno, todos los que olvidamos cosas aprendemos esto.»

editorial Anagrama, "El sentido de un final", cáncer de sangre
Comienzo a escribir esta reseña imbuido aún por el magnífico discurso que Julian Barnes dejó el viernes pasado (23 de febrero de 2026) en el acto de entrega de los Premios Princesa de Asturias 2026. El autor de El sentido de un final construyó su comunicación en torno a la circularidad del arte frente al sentido de progreso, avance y evolución con que el mismo, en todas sus manifestaciones, se suele enseñar. En definitiva, habló  Barnes sobre el tiempo, dimensión que abordamos en el momento de nacer, sobre la que viajamos a lo largo de nuestra existencia hasta que la misma temporalidad viene a descabalgarnos de ella con la muerte. Él mismo se encuentra ya en cercano diálogo con ese cese de la existencia biológica, que afronta con estoicismo y el habitual talante irónico que lo caracteriza. La Princesa de Asturias señaló que el escritor inglés padece desde hace unos años cáncer de sangre, razón por la que ha decidido cerrar su etapa de escritor con una última obra titulada "Despedidas".

El sentido de un final es la primera obra que leo del autor británico (Leicester, 19 de enero de 1946). No sabría decir cuál ha sido el motivo de esta ausencia mía. Creo que equivocadamente pensaba que su obra, aunque sabía de su calidad, sería de enorme dificultad y eso me hacía posponer su lectura. Afortunadamente mis compañeras de la Tertulia más que palabras... y la inestimable ayuda del Premio Princesa de Asturias de las Letras 2026 que el escritor el viernes de la semana pasada recibió en Oviedo hicieron que para el encuenro tertuliano de este mes de octubre lleváramos este título. Nunca es tarde si la dicha es buena, dice el refrán, y he de decir que mi satisfacción con esta novela ha sido total, por lo que desde ya me considero adepto a la literatura de Julian Barnes.

Tony Webster a sus más de sesenta años, separado de su esposa Margaret y ya retirado de la vida activa, recibe un día la carta de un abogado: Sarah Ford, la madre de Verónica, la novia que tuvo en la universidad por un tiempo, al morir le ha legado 500 libras y un sobre con un manuscrito. El dinero lo recibe con prontitud, pero el manuscrito no llega a sus manos. Se pone a investigar y descubre que el manuscrito es el Diario de su amigo Adrián, que como él bien sabía puso fin a su vida hace unos cuarenta años. El diario, descubre Tony gracias a los abogados, está en manos de Verónica quien fuera pareja de Adrián tras abandonar ella a Tony. Webster se pone en contacto con ella por correo electrónico solicitándole la entrega dado que ese era el deseo de su madre fallecida. 

Al volver a ver a Verónica, Tony rememora su època de instituto junto a sus amigos Colin y Alex a los que vino a unirse Adrian Finn, muchacho muy inteligente que pronto sorprendió a sus profesores. Frente a Adrián, Tony demuestra una inteligencia mediocre. Y no sólo en el instituto, donde en contraste con la profundidad interpretativa que demuestra Adrián ante un poema o al definir el concepto de "Historia", él exhibe bastantes limitaciones. También en la Universidad, cuando conoce a Verónica, ésta al ver cómo Tony repite ideas de otros le dice:«Bueno, ahora que estás en la universidad, debemos hacer que pienses por ti mismo, ¿no?»

Y es que en verdad Tony no es muy avispado. Cuando en busca del diario de Adrián en alguna ocasión logra citarse con Veronica  y dialogar con ella sobre lo sucedido al amigo común, ésta le reprocha  su incapacidad para comprender los acontecimientos del pasado, las circunstancias que llevaron al suicidio al amigo de la escuela. Varias veces a lo largo de la novela le lanza esta frase:  
«Simplemente no lo entiendes, ¿verdad? Nunca lo has entendido, y nunca lo harás.»
El tema del tiempo, de la historia, de la comprensión del pasado es central en el relato. Ya en el instituto cuando el profesor de Historia Old Joe Hunt lanza a la clase la pregunta «¿Qué es la historia?» se desarrolla un interesante diálogo entre el profesor y los alumnos; primero con Tony Webster:
«—La historia son las mentiras de los vencedores —contesté, precipitándome un poco. 
—Sí, ya me temía que dijeras eso. Bien, siempre que recuerdes que es también los autoengaños de los derrotados.»
Luego, tras esta definición más o menos académica el profesor y Adrian Finn dialogan. Este último plantea la dificultad que tiene el historiador para hablar de un hecho sucedido cuarenta o cincuenta años atrás cuando ya no quedan testigos del mismo y la documentación es escasa o inexistente del todo. Adrián ejemplifica su teoría con el suicidio reciente de Robson, un compañero de curso, que a todos ha dejado muy impresionados. Argumenta Adrián: «¿Cómo podría alguien escribir la historia de Robson dentro de cincuenta años, cuando sus padres hayan muerto y su novia haya desaparecido y, de todos modos, no quiera recordarle?»

En esta diatriba escolar entre profesor y alumno se esconden las claves para desentrañar más o menos lo que más adelante encontraremos en la novela: la explicación del suicidio precisamente de Adrián, el porqué del mismo; la búsqueda del sentido de este final investigado exactamente cuarenta años después de haberse producido.

Junto a la Historia —el Tiempo—, otro aspecto esencial en la novela es la importancia que el autor, a través del narrador en primera persona que es Tony Webster, da a la Poesía, o mejor, a los poetas: T.  S. Eliot, Ted Hughes y un tercero cuyo nombre nunca aparece expresado. No da su nombre, pero aludir a él como argumento de autoridad, revela lo importante que es para Julian Barnes este poeta innominado. Ejemplos de esta falta de atribución son estas frases: 
  • «lo que el poeta denominó "una disputa por un anillo"».
  • «Y como ha señalado el poeta, hay una diferencia entre suma y aumento»
  • «Ojalá seas corriente, como el poeta deseó una vez al bebé recién nacido»  
Al leerlas se ha despertado mi curiosidad y he buscado y rebuscado quien se escondía bajo esa atribución anónima de «como dice el poeta». Estoy convencido de que los lectores ingleses quizás conozcan el nombre del autor simplemente al escuchar sus versos, pero los lectores españoles lo tenemos más difícil. Afortunadamente hoy tenemos casi todo a un clic y así he encontrado que las tres frases que he destacado pertenecen al poeta inglés Philip Larkin (9 de agosto de 1922 – 2 de diciembre de 1985). Es evidente que su obra es muy del gusto de Barnes y que por eso lo utiliza de manera intertextual como apoyo a las ideas que aparecen en el desarrollo de la trama.

La ubicación exacta en la Obra del poeta inglés de estas frases la he encontrado en El blog de Adrian Barlow. Leo allí que la primera frase evoca el texto que Larkin escribiera en 1963, época en la que se están produciendo los noviazgos de Veronica primero con Tony y luego con Adrián; con ese texto se refería a la dificultad que en esos años tenían los jóvenes para tener relaciones sexuales completas, razón por la que muchas parejas optaban por casarse. La segunda frase también la escribió Larkin en 1963 y proviene de un célebre poema suyo titulado Dockery and Son (Dockery e hijo), en el que, al enterarse de que su antiguo compañero de universidad ya tiene un hijo estudiando allí, reflexiona sobre las elecciones de vida, la acumulación de los años y la paternidad. Finalmente, la última frase, también de Philip Larkin, está extraída de su poema titulado Born Yesterday («Nacida ayer»), escrito en 1954. Larkin escribió este poema dedicado a Sally Amis, la hija recién nacida de su gran amigo y también escritor Kingsley Amis.

Estas alusiones a Philip Larkin sin dar su nombre revelan la dificultad que el ser humano tiene para, con el paso del tiempo, recordar lo aprendido, contar lo sucedido e incluso lo ejecutado por uno mismo en el pasado. La memoria no es fiable, reflexiona para sí mismo el propio narrador:
«Vivimos con suposiciones muy fáciles, ¿no? Por ejemplo, que la memoria es igual a sucesos más tiempo. Pero es algo mucho más extraño. ¿Quién dijo que la memoria es lo que creíamos que habíamos olvidado? Y debería ser obvio que el tiempo no actúa como un fijador, sino más bien como un disolvente.» 
Sin duda alguna la novela es una extensa y lúcida reflexión sobre el Tiempo, sobre el paso del mismo, sobre el vano intento de pararlo y detenerlo a través de la memoria, de fosilizarlo por medio del arte; sobre la llegada de la vejez, sobre la diferencia entre juventud y vejez...
  • «¿quién dijo lo de "la pequeñez de la vida que el arte exagera"?»  (esta frase es una autocita que Julian Barnes hace de lo expresado por él mismo en su obra “El ruido del tiempo”.)
  • «una de las diferencias entre la juventud y la vejez: cuando somos jóvenes, nos inventamos futuros distintos para nosotros mismos; cuando somos viejos, inventamos pasados distintos para los demás.»

Novela británica posmoderna, "El sentido de un final"
La belleza de esta novela radica en que estas reflexiones filosóficas sobre el tiempo, sobre el paso de la vida, sobre la memoria como recurso para inventarse el pasado, sobre la memoria como medio para escapar de lo que hicimos y de lo que nos sentimos culpable, las expresa el autor con un lenguaje sencillo pero muy literario. La profundidad que expresan los personajes fluye de manera natural en espacios descritos de manera muy pictórica, simple, impresionista
«Miré por la ventanilla. Tiendas de barrio, restaurantes baratos, un local de apuestas, gente haciendo cola delante de un cajero, mujeres a las que asomaban tiras de piel entre las junturas de sus vestidos, un cenagal de basura, un demente gritando, una madre obesa con tres niños obesos, caras de todas las etnias: una calle principal multiuso, el Londres normal.»
A esta sencillez lingüística se añade la ironía y el humor que despliega Julian Barnes en la novela. 
  • «Robson había dejado embarazada a su novia y se había ahorcado en el desván; tardaron dos días en encontrarle. 
            —Nunca habría imaginado que supiese cómo ahorcarse. 
            —Estaba en ciencias.»
  • «En aquella época, los libros en rústica tenían tapas de colores tradicionales: Penguins anaranjados para la narrativa, Pelicans azules para los ensayos. Tener más azul que anaranjado en tus estanterías indicaba seriedad.»
  • «Algún inglés dijo una vez que el matrimonio es una larga comida insulsa en que te sirven primero el postre»
Son respiros que sientan muy bien y que el lector agradece. Igual que se agradecen las referencias a la realidad popular de esos años 60 del siglo pasado que vivían los jóvenes protagonistas; en especial a la música pop de los Rolling Stone, Frank Sinatra, Ned o los Moody Blues.


En El sentido de un final es claramente perceptible la pertenencia de Julian Barnes al pomodernismo literario. A las características de esta tendencia ya comentadas en esta entrada sólo me restaría añadir:
  1.  El diálogo del autor con los lectores en una especie de metarreferencialidad que le sirve para romper la separación entre realidad y creación de ficción
  • «Yo no era exactamente virgen, por si los lectores se lo están preguntando»
  • «Después de la ruptura se acostó conmigo. Supongo que los lectores están pensando: el pobre infeliz, ¿cómo no lo vio venir? Pues no lo vi.»
  • «Los lectores podrían pensar que esto son patrañas, patrañas de sermón y justificaciones de uno mismo.»
   2.  La hibridación de géneros que claramente hay en la novela: ensayo, novela, autoficción, filosofía...
   3.  La ironía como distanciamiento y manera de relativizar la vida y sus consideradas grandes verdades. Los dos suicidios que suceden en la obra son relatados y sobre ellos se reflexiona con un enorme sentido irónico. Y lo mismo sucede al hablar de la relación de los jóvenes protagonistas con sus propios padres:
«Sí, desde luego que éramos pretenciosos: ¿para qué otra cosa sirve la juventud? [...] Nuestros padres veían las cosas de una manera distinta, y describían a sus hijos como inocentes súbitamente expuestos a influencias nocivas. [...] por entonces nos negábamos a reconocer que alguna vez habían sido como nosotros, y sabíamos que nuestra comprensión de la vida —y de la verdad, la moralidad y el arte— era mucho más clara que la de nuestros comprometidos mayores.»
Final
Como colofón a esta reseña repito lo dicho al principio de la misma: Me he hecho adepto a la narrativa de Julian Barnes, y no sé si en el futuro mutaré en adicto, es fácil que así sea. Tras haber disfrutado leyendo El sentido de un final leeré El loro de Flaubert, novela que el propio escritor citó en la ceremonia de los Premios Princesa de Asturias como ejemplo de su diálogo con la literatura anterior a él, a su tiempo y al  movimiento posmodernista en el que él mismo se encuadró. Larga vida al novelista inglés, inmortal ya en lo referido a su Obra, cuyas creaciones son literatura con mayúscula. 

22 oct 2026

La vida imaginada. Novela de Andrew Porter

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«Era un pensamiento raro, pero a poco más de diez kilómetros al norte, al otro lado de la bahía, estaba Sausalito, donde Stevie y el resto de Fleetwood Mac grabaron Rumours en 1976, y al este, a unos veinte kilómetros, estaba Berkeley, donde ese mismo año vivíamos mi padre, mi madre y yo, en un pequeño estudio pegado a la avenida College, mientras mi padre terminaba su tesis y solicitaba su primer puesto como profesor titular. Era allí donde Alison, Finn y yo vivíamos ahora, aunque temporalmente, y donde nos habíamos labrado una vida como familia. En cierto sentido, parecía que en mi vida todo regresaba siempre a ese lugar, a esos 25 o 50 km cuadrados, y sin embargo, en cuestión de semanas, nos iríamos, nos iríamos para siempre»

La vida imaginada del norteamericano Andrew Porter, nacido en Lancaster (Pensilvania) hace 51 años, me ha parecido una interesante novela, aunque en mi opinión algo extensa. Según la leía reconocía en ella (o eso me ha parecido a mí) el típico estilo de la actual narrativa norteamericana. La verdad es que no sabría cómo describir esto, cómo traducir en palabras la positiva sensación  que me transmite la lectura de la prosa de autores como Johnatan Franzen, como Colson Whitehead, como James Salter, como Richard Ford, incluso como Philip Roth y tantos otros cuyas obras me atraen por demás. Hay en ellas naturalidad, fluidez, aparente facilidad y mucha profundidad a la que el lector accede como sin querer. Y eso, a mí me lo parece, es magnífico. 

En la trama de La vida imaginada de Andrew Porter,  al igual que en creaciones de muchos novelistas norteamericanos actuales como los antes citados, es muy relevante el papel dado a la música pop contemporánea, especialmente la de los años 70 y 80 del siglo pasado, la que escuchaban los jóvenes y adolescentes en esos años. Es en la sociedad burguesa norteamericana del bienestar, concretamente la conformada en torno a las universidades, donde la acción de esta novela se desarrolla. 
El narrador protagonista de la historia es Steven Mills, un hombre que está en la cincuentena. Steve lleva 40 años sin saber nada de su padre, quien abandonó a su mujer e hijo sin previo aviso. Tenía por entonces el narrador doce años y sentía por su padre veneración absoluta.  Steven se dedica a la literatura y la escritura creativa como su padre. Este, que nunca aparece citado por su nombre, era un popular profesor de Literatura en la universidad de Saint Agnes que luchaba por conseguir plaza de profesor titular en la misma. ¿Qué pasó el curso que Steven recuerda de fiestas en casa, ese año en que la afición a la bebida de su padre se desató sin medida, en que éste y sus amigos pareció que desconectaron de la realidad, en que la madre, Mava la denomina el padre en un momento dado, de Steven sufríó en silencio como nunca?  El narrador está pasando por un período de problemas en casa con su mujer Alison y con Finn, el hijo de ambos. Por indicación de su terapeuta, Steven decide visitar a amigos y familiares de su padre para así intentar conocer los motivos que llevaron a éste a desaparecer. Y es que Steve carga desde el momento de la desaprición del padre en 1984 con una mochila que contiene un enorme peso de culpa y el deseo de no parecerse a él, de no ser como él, de no padecer los problemas que él padeció y el daño que ocasionó a su mujer e hijo.

Asistimos, pues, en la novela a dos acciones en paralelo. Una sucede en el momento actual: Steven Mills viajando por California en busca de testimonios sobre su padre; la otra está referida a las informaciones que de manera desordenada le van transmitiendo aquellos personas con las que contacta y que le hacen revivir en él sucesos y anécdotas de ese curso, en especial de las fiestas algo desorbitadas que su padre celebraba junto a la piscina de la casa con su mujer y amigos. La novela es un puzzle que el narrador ha de resolver situando las piezas (los datos que cada entrevistado le proporciona) en su lugar correspondiente, a fin de revelar una imagen lo más fiel posible de su padre y sus motivos para desaparecer. Descubrirá así Steven la personalidad y razones del padre, al tiempo que el ejercicio de escritura terapéutica que es la novela que estamos leyendo le servirá para reencontrarse consigo mismo. 
  • «Ojalá pudiera decirte que mi padre me reconoció, que entendió quién era yo». (pág. 305)
  • «Si te parece que esta parte de la historia está incompleta, que no está terminada, es porque así existe en mi cabeza, como una serie de fragmentos, de imágenes fijas, vagas.» (pág. 306)
¿Quién es esta segunda persona a la que en frases como las anteriores se dirige el narrador? A lo largo de mi lectura esta pregunta no me abandonaba en ningún momento. Poco a poco descubrí que efectivamente la novela es el resultado del ejercicio que el terapeuta al que Steve acude le ha recomendado. Es el mejor medio para desprenderse de la pesada carga que durante los últimos cuarenta años ha representado la figura del padre para él.

La acción, al desarrollarse en un ambiente universitario, incide mucho en elementos culturales, si bien los mismos son los propios de la cultura pop. Cine y música son motivo frecuente de conversación entre personajes. La propia crisis que sufre el padre del narrador tiene mucho que ver con la amistad entre él y un joven profesor de su departamento en Saint Agnes, Deryck Evanson. Ambos disfrutan de su amistad construida sobre aficiones comunes: la música de los Fleetwood Mac, en especial de su disco 'Rumours';  y también su amplio conocimiento del Cine, especialmente del cine clásico del que el protagonista innominado de la novela gustaba: títulos como Encadenados de Alfred Hitchkock, El tercer hombre de Carol Reed, El sueño eterno de Hawks; actores como Humphrey Bogart, Edward G. Robinson o Raymond Burr; etc.
«Le atraía cualquier película con una femme fatale, un narrador de moralidad dudosa y una sensibilidad fatalista, y obviamente sentía especial predilección por las películas de Nicholas Ray y Fritz Lang y cualquiera interpretada por Robert Mitchum o Lauren Bacall» (en pág. 16)
Y lógicamente al tratarse de una novela protagonizada por profesores de Literatura hay muchas referencias literarias en la obra. Steven Mills lee con mucho interés las anotaciones que su padre hiciera en su momento en libros que leía, cartas escritas a su esposa cuando novios o lo escrito en un diario personal. Fundamentales me han parecido las siguientes: una de Soren Kierkegaard («la vida se vive hacia delante, pero solo se entiende hacia atrás») que en el fondo es lo que está realizando el narrador: entender a su padre desaparecido, imaginar la vida que realmente vivió y la que él mismo con él podría haber vivido; otras, centrales en La vida imaginada pertenecen a Marcel Proust, autor sobre el que el profesor desaparecido estaba preparando un libro con el que optar a la titularidad de la plaza en la universidad de Saint Agnes. Todas las citas de Marcel Proust están tomadas de "En busca del tiempo perdido". De ellas destaco las tres siguientes:
  • «Los verdaderos paraísos son los paraísos que hemos perdido»
  • «Sólo curamos el sufrimiento a condición de sufrirlo plenamente»
  • «Para nosotros, las personas no mueren unmediatamente. sino que permanecen sumergidas en una suerte de aura que no guarda ninguna relación con la verdadera inmortalidad, pero gracias a la cual continúan ocupando nuestros pensamientos de manera idéntica a cuando estaban vivas. Es como si estuviesen de viaje en el extranjero.»
Por último me parece muy destacable la figura del propio Steven Mills adolescente de doce años, ese momento vital en el que el niño empieza a dejar de serlo sin aún llegar a la adultez. Así vemos cómo Steven alberga dudas sobre su propia sexualidad debido a su inmensa amistad hacia su amigo Chau; vemos cómo comienza a flirtear con las  drogas, a escuchar música, a sentirse atraido por las fiestas de chicas y chicos de pocos años más que él, a observar a su propio padre con ojos que ya no son infantiles sino muy críticos... En definitiva, observamos a un humano mutando, metamorfoseándose en adulto. Pero en esta metamorfosis no se ha visto debidamente acompañado por su padre y de ahí el trauma psicológico que arrastra e intenta curar o superar a través de la escritura.
 
Las fichas del puzzle que conforman la novela transmiten datos sobre intrigas universitarias, envidias dentro del propio Departamento de Literatura, indubitable alcoholismo y consumo de drogas por parte de mayores y pequeños, amores y relaciones heterosexuales y homosexuales, ocultación y mostración de la condición sexual, adolescencia e indefinición sexual, enfermedad mental, condición femenina... Todo esto y más aparece en esta novela aparecida en USA en 2025 y publicada entre nosotros por la editorial 'Muñeca infinita'. 


11 oct 2026

Anne Carson, Premio Nobel de Literatura 2026

4 comentarios:
Hace sólo tres días que Anne Carson (Toronto, Canadá, 21 de junio de 1950), profesora de Literatura Clásica y Comparada de la Universidad de Michigan, poeta, ensayista y traductora ha sido distinguida por la Academia Sueca con el Premio Nobel de Literatura de este año. Cuando escuché su nombre no sé por qué mi cabeza se fue a Carson McCullers, norteamericana autora de una buena cantidad de títulos en prosa, cuentos y novelas, y también algúna obra poética y de teatro. ¿Por qué me fui a una Carson que no era la Carson ganadora? Seguramente por la impronta que dejó en mí la lectura de su novela "El corazón es un cazador solitario" y de su cuento "La balada del café triste". títulos que leí con inmensa satisfacción hará cosa de ocho o nueve años. Pronto caí en la cuenta de que el Nobel sólo se da a autores vivos y que la prosista norteamericana falleció ya hace bastantes años, concretamente en 1967. 

Al llegar a casa busqué en este blog el listado de obras firmadas por alguna Carson que tuviese reseñadas. «Ah, vaya, me dije, resulta que he leído obras de ambas autoras». De ahí mi confiusión. Así que he leído la reseña que dediqué a la poeta canadiense experta en cultura clásica y creo que siendo la única obra suya que conozco y he disfrutado debía volverla a presentar en 'El blog de Juan Carlos' como personal homenaje a esta insigne escritora que ya  en 2020 distinguimos en España con el Premio Princesa de Asturias. Precisamente fue a raíz de este reconocimiento que en noviembre de 2020 leí y reseñé en el blog "La belleza del marido", considerada por muchos la mejor de sus obras .

oooooOooooo

La autora del poemario "La belleza del marido", la poeta canadiense Anne Carson, fue distinguida por toda su Obra con el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2020 


Editorial Lumen, "La belleza del marido, 'Un ensayo narrativo en 29 tangos'"

Mucha belleza es la contenida en este extenso poema narrativo, reflexión íntima hecha al modo de los ensayos aunque siempre con ese fondo rítmico de tango bonaerense típico de las historias de amor rotas y sin embargo supervivientes pese a todo lo esperable. Y es que el abandono, la huida, la marcha, la ruptura física no son capaces de acabar con todo ese tiempo vivido en comunión con la belleza. Sí, la belleza y el amor que a su través llega es -lo dice Anne Carson en uno de sus versos- uno de los riesgos de la vida. Hay que sobrellevar la vida con todos ellos, hay que aguantar la Belleza.

Una preciosidad de libro. Una calidad literaria impresionante. Enlaza con la cultura clásica en cuyos mitos se apoya para expresar sentimientos difíciles de exponer; pero también echa la autora la vista alrededor del mundo que habita en la actualidad y ahí el ritmo del Tango, por los motivos que en el mismo se suelen tratar, es el que encuentra adecuado para manifestar su desazón con lo ocurrido en esa relación con el marido infiel; pero pese a ello atractivo, atrayente, encantador...

Mucha cultura hay en este poemario. A la ya aludida del mundo clásico griego y romano habría que añadir el marco en que los XXIX poemas parten: la poesía del romántico John Keats; algunos de cuyos versos son el punto de partida, la esencia poética, de lo que como lectores nos aguarda dentro de cada uno de los XXIX poemas narrativos de Anne Carson que les siguen a continuación; pero también otros escritores: Jonathan Swift, Shakespeare, y más que el bardo inglés su adaptador en 1681 de "El Rey Lear", Nahum Tate; y ya más cerca de nuestra actualidad Kafka, Beckett, hasta llegar al 'Homo ludens' de Johan Huizinga.

Impresionante esta escritora que partiendo de una cotidianidad diríase cuasi vulgar (un divorcio, una serie de reiteradas infidelidades, unos intentos de retomar la relación por parte del infiel, etc.) logra elevarse a terrenos estéticos y poético-filosóficos excelsos. 

La mezcla de géneros literarios (ensayo, lírica, narración...), la hibridación de los mismos, la mezcla de estilos discursivos poéticos (poema en prosa, prosa poética, versolibrismo, uso del versículo...), la titulación extensa y compendiadora de cada poema, y también el magnífico uso de la lengua literaria con uso adecuado de recursos retóricos apropiados al asunto: antítesis, oxímoron, imágenes poéticas variadas, metáforas, símbolos, aliteraciones, concatenaciones, etc. Todo ello da como resultado una más que sobresaliente obra poética. En mi experiencia lectora es de lo mejor que ha caído en mis manos últimamente. Como todo poemario, una lectura, por muy cuidadosa que se pretenda hacerla, no agota la obra, pues es casi obligado seguir leyendo una y otra vez el libro, picoteando aquí y allá en este o aquel poema pues ,aunque existe un cierto discurrir cronológico en la narración propiamente dicha, se puede degustar cada poema por sí solo. En fin, ya digo, una maravilla.

Luego estaría el tango. Es para mí, quizás, lo más complicado de entender dado que no soy para nada experto en esta música canalla y barriobajera bonaerense. Sólo sé que el tango cuenta historias de amor y que -nos lo dice la misma poeta en el poema- "un tango, como el matrimonio, es algo que uno tiene que bailar hasta el final." Por eso Ray, el confidente, el amigo -que no amante-, es "un tango malo"; aunque muchas veces lo malo sirva para resolver situaciones que se consideraban magníficas y no lo eran. Quizás también como ocurre en el Tango la figura de la mujer no salga especialmente empoderada como gusta hoy decir al Feminismo. No, verdaderamente en "La belleza del marido" no hay ninguna clase de feminismo simplón o ramplón, de feminismo de manual; lo que hay es, como dice Ángel Rupérez en la crítica que del poemario hace en el diario El País 'un conocimiento femenino del mundo en el que se incluyen sutilezas inaccesibles a los hombres pero no abominación de estos.' En efecto, así es. Estamos ante una mujer que ama al hombre, que lo desea, que lo idealiza, que sufre por verse relegada, que lo perdona una y otra vez, hasta que finalmente lo abandona, pese a ella, en un auténtico ejercicio de racionalidad. Sí, quizás el nombre de tango, el ritmo del tango, el fondo del tango, le vaya como anillo al dedo a esta obra.

Dejo fuera de mi análisis pues entiendo que no viene al caso, la mucha o poca independencia de Ella respecto de Él; tampoco entro a valorar el comportamiento del hombre y tampoco el de las otras mujeres con las que El se acuesta, hecho que Ella conoce y sin embargo en principio soporta. Creo que no es esta la cuestión ni el momento. Sólo me pararé en la figura de Ray, el amigo pintor de ambos, seguramente homosexual -también esto no es dato importante aquí- que le sirve de apoyatura a Ella y de conciencia o Pepito Grillo a Él. Cuando su figura desaparece es el momento en que ya Ella determina hacer tabla rasa de su relación y de esa cierta dependencia emocional respecto de El. Seguramente poderse confesar con Ray le servía a Ella para proseguir en su afecto activo hacia Él pese a las reiteradas advertencias de Ray.

En un poemario magnífico como es éste destacar este o aquel verso no es fácil y tampoco sé si pertinente pues fuera de contexto la poeticidad se escapa, quizás desaparece; pero no me resisto a dejar en esta reseña una serie de momentos que por lo que sea durante la lectura me han impactado. Pero ya digo, para disfrutar de Anne Carson, de este poemario de una sinceridad rayana en la desnuda intimidad no cabe sino leerlo.

"La belleza del marido", poesía narrativa y ensayística, Premio Nobel de Literatura 2026

  • "La represión dice más sobre el sexo que cualquier otra forma de discurso" (VIII)
  • "La meta de cualquier madre es abolir la seducción" (IX)
  • “Si pudiera matarte lo haría luego tendría que hacer otro igual que tú” (XII)
  • "Ha salido dice ella
    Juntos
    observan cómo gotas sueltas de ese hecho se condensan en el aire entre ellos
    Algunos lo llaman amo
    r" [...] (XVI)
  • "Vosotros los casados os tomáis demasiado en serio las cosas, demasiado a pecho" (XVII)
  • En XX se reflexiona sobre la sinapsis, las asociaciones que se producen al buscar contenidos en la memoria. Es fácil "pasar rápidamente de muñeca a esclavo cuando trataba de recordar esposa" Y cuando va camino del juzgado a pedir el divorcio Ella piensa en Aristóteles- "que no tenía marido, /raramente menciona la belleza.".
  • En XXI:
    "No se equivocaba aquel triste antropólogo que nos dijo que la principal función de la escritura era esclavizar a los seres humanos. Los usos intelectuales y estéticos vinieron luego."
  • "Si un marido tira el dado de su belleza una vez más, ¿quién tiene la culpa?" (XXII)
  • "El alba estaba levantando el cielo nocturno como una persiana veneciana" (XXIII)
  • En XXVI es el tiempo, su inexorable discurrir y el querer se marcha con él:
    Había una rama que solía mirar desde la ventana de mi cocina trasera
    y poco a poco empecé a guardar recuerdo de ella
    casi cada día
    en dísticos elegíacos
    por ejemplo

    Espumando contra su propia mejilla verde se enfría de
    pronto o parece enfriar cada envés

    (esto era en primavera, o
    aquí uno de octubre temprano:)
  • "Palabras, trigo, condiciones, oro, más de treinta años, todo eso burbujeando a mi alrededor
    ahí
    lo dejo para que descanse
    ." (XXIX)
  • "Bien la vida implica riesgos. El amor es uno de ellos. Terribles riesgos. [...]
    Aquí tenéis mi consejo, aguantad.


    Aguantad la belleza.
    ” (XXIX)
Para finalizar
En definitiva, Anne Carson, que coloca todos los poemas del libro "La belleza del marido" bajo la advocación de versos de diversas obras de John Keats ("Oda a la indolencia" y "Otón el Grande: una tragedia en cinco actos", sobre todo; pero también anotaciones personales suyas al "Paraíso perdido" de Milton y a otros libros que el poeta leía), cierra el poemario con el Keats romántico más rotundo. El poeta inglés que apenas vivió 26 años (Londres ,1795 - Roma, 1821) concluye su hermosísimo poema "A una urna griega" con dos versos en los que viene a justificar la razón de vivir. 
“la belleza es la verdad, la verdad belleza”; esto es todo
lo que sabes de la tierra, y todo lo que saber necesitas.

 A partir de este Keats comprendemos perfectamente a Anne Carson que en el poema II de "La belleza del marido" escribe:

La belleza. No es ningún secreto. No me avergüenza decir
[
que lo amé por su belleza.
Como volvería a hacerlo
si se acercara. La belleza convence. Ya sabes que la belleza hace posible el sexo.
La belleza hace el sexo sexo.

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Biografía de Anne Carson
(tomado de www.fnac.es/Anne-Carson/ia137600/biografia)
La canadiense Anne Carson (Toronto, 21 de junio de 1950) es una de las principales poetas de la literatura contemporánea.
Poesía estadounidense actual, Poetas canadienses
Es una escritora extremadamente celosa de su intimidad, por lo que se conocen pocos datos biográficos acerca de su vida.
Si ha comentado que, cuando era una adolescente y estaba en el instituto de educación secundaria, su profesor de latín le pidió que leyera un libro con las traducciones de la poeta clásica griega Safo. Esta lectura supuso toda una revelación y, pasado el tiempo, le llevaría a la literatura.
También decidió estudiar filología clásica, si bien en un primer momento, al matricularse en la Universidad de Toronto, tuvo problemas con sus docentes, y dejó en dos ocasiones de la carrera. Finalmente, se doctoró en 1981, presentado una tesis con el título de Odi et Amo Ergo Sum, que se publicó cinco años más tarde.
Posteriormente, se dedicaría a la enseñanza, tanto en Estados Unidos como en Canadá, en la Universidad McGill, en la de Michigan y en la prestigiosa facultad de literatura clásica de Pricenton. Su creciente reputación literaria la hizo acreedora de la beca Guggenheim en 1998 y de la beca MacArthur en el 2000, dos de las distinciones más importantes que puede recibir un artista norteamericano.
En su poesía es capaz de combinar un tono coloquial con una gran profundidad psicológica y elementos surrealistas o irracionales. Se ha citado la influencia de autoras como Simone Weil, Virginia Woolf y Emily Bronte en sus obras líricas.
Hay que destacar libros como Tipos de agua (escrito con motivo de una visita a España para recorrer el Camino de Santiago), Decreación, Autobiografía en rojo o, sobre todo, La belleza del marido, considerado a menudo uno de los libros de poesía más importantes publicados en las últimas décadas.
Asimismo es una reconocida traductora de literatura clásica al inglés. Varias de sus traducciones de dramaturgos de la Antigua Grecia como Esquilo o Sófocles han sido llevadas a escena.

Este 2020, se le concedió el Premio Princesa de Asturias de las Letras.

 (actualización): El jueves 8 de octubre de este año 2026 fue distinguida con el Premio Nobel de Literatura

7 oct 2026

"El silencio y la cólera" (#Los años gloriosos 2). Pierre Lemaitre

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«El oficio de encuadernador era bastante misterioso para Hélène. Apreciaba el resultado, claro, pero se le escapaba el placer que podía encerrar el proceso. Nine se puso a hablarle de cueros, telas y papeles, de cubiertas y sobrecubiertas, de guardas, cintas de cabezada y tarlatanas. Hélène no pudo contener la risa y terminó contagiándola»

Pierre Lemaitre, Novela francesa
Esta segunda entrega de la serie Los años gloriosos de Pierre Lemaitre me ha gustado bastante menos que el volumen que la antecede, El ancho mundo, reseñada por mí en este blog a finales del mes de agosto de este año. Lemaitre en El silencio y la colera sigue llevando a la par las peripecias de cada uno de los miembros de la familia Pelletier: los padres Louis y Angéle en Beirut y en París, interesado el primero en el boxeo de su empleado Lulu, y la segunda en su accidentada nieta Colette ingresada por esta causa en un hospital parisino; François, periodista exitoso en Le Journal du Soir, y su relación con Nine de quien en esta entrega va a conocer sus orígenes y la causa de su sordera; Jean, el mayor de todos los hermanos, aparece embarcado en la aventura empresarial de unos grandes almacenes de tejidos en París; Hélène, la hermna menor, es fotógrafa y redactora de éxito en el mismo periódico que François, y en esta novela vive los problemas derivados de su relación con dos hombres muy distintos entre sí.

La acción en este volumen se concentra en sólo dos meses del año 1952, de principios de febrero al 29 de marzo. Los asuntos principales que se dirimen en esta entrega son dos: 1) el aborto y las leyes que lo tenían prohibido en esa época; y 2) la construcción de presas que anegaban poblaciones rurales con los problemas que ocasionaban a los habitantes. Es en la confluencia de estos dos grandes marcos contextuales donde se desarrollan las peripecias personales de los integrantes de la familia Pelletier.

Hay asuntos planteados en la primera novela de la serie que en ésta quedan un tanto en el olvido, si bien el autor de vez en cuando los cita siquiera sea de pasada para mantenerlos vivos. También hay algunos giros que son autenticos "deus ex machina" como la muerte de un testigo importantísimo en el caso Mary Lampson, la actriz asesinada en la primera entrega, con lo que queda aún abierta y en suspenso la resolución de ese asesinato; también la muerte del niño Petit Louis; y algún otro.

La manera habitual de hacer literatura de Pierre Lemaitre está, lógicamente, presente en El silencio y la cólera. En las reseñas que he hecho en el blog de otras novelas suyas se pueden consultar la mayoría de sus procedimientos estilísticos. Es marca de la casa también aquí por ejemplo giros argumentales en el comportamiento de personajes o ese humor tan suyo que en esta novela aparece en dos o tres ocasiones:
  • «Conozco a Boildieu, el dueño de las Galerías: hace veinte años estuvo tirándose a mi mujer y esas cosas crean vínculos.» [le dice a François un viejo periodista de Le Journal du soir en respuesta a sus preguntas]
  • «—Es el padre Lacroix —dijo Lambert—. Está a cargo de la parroquia desde la muerte del viejo cura. La puntualidad no es lo suyo. Cuando nació, debió de retrasarse veinte minutos y ya no los ha recuperado.» [le dice a Helene su compañero de investigación periodística en el pueblo de Chevrigny, que va a desaparecer bajo las aguas de una presa]
Lógicamente está presente en El silencio y la cólera, segunda entrega de la serie, la manera de escribir típica del folletín del siglo XIX que el escritor utiliza como formato literario de Los años gloriosos:
  • «Al cubrir el antiguo pueblo, las aguas acabarían borrando los momentos dolorosos.
    Algo parecido podría decirse de nuestros personajes.»
  • «Nos encantaría decir que Jean tuvo el acierto, pero sólo tuvo la suerte de quedarse sin aliento justo ante la puerta rotatoria de unos grandes almacenes en los que se metió.»
Igual que en El ancho mundo y muchas otras de sus novelas, en esta segunda de la serie, el autor rompe más de una lanza en favor de la mujer. Tal hecho es evidente en el asunto del aborto que contextualiza gran parte del relato, pero especialmente es visible en el personaje de Helene, la pequeña de los Pelletier que se revela como una feminista 'avant la lettre' en comportamientos y en frases como la que dirige a su jefe Denissov:
«Cuento con tu elegancia. No quiero que me asciendas porque te sientes culpable ni que me degrades por incomodidad: no me conviertas ni en una santa ni en una fulana.» [Helene a Denissov tras haberle dicho que la dejó embarazada]
Hay también ciertas novedades. Así me lo parece la interesante manera de entreverar la lectura del texto escrito de una carta con la recepción de su contenido en la conciencia del lector:
«[…] Sé que estás molesto conmigo…
"¡Para nada!"
... sí, lo sé.
"Vale, de acuerdo."
Sé que no te di suficientes explicaciones, pero soy supersticiosa: aun ahora tengo la sensación de que, si hablo del tema, aunque sea contigo, fracasaré... ¿Te has acordado de las toallas del señor Lombard?
"Ya estamos..."
¡No olvides que tiene una discapacidad important, Louis! En cuanto a la alimentación, debes…»
[carta de Angele que desde París escribe a su marido Louis quien la está leyendo en Beirut]
Por último quiero señalar la mucha literatura que alberga en su interior Pierre Lemaitre. Una literatura que bien explícitamente o implícitamente vierte en sus relatos. Él mismo confiesa en los agradecimientos la deuda que tiene con no pocos autores (por ejemplo con Annie Ernaux a propósito del aborto y su novela El acontecimiento). La deuda con la literatura queda explicitada en el propio relato varias veces; así se ve cuando la joven reportera de Le Journal y su compañero Lambert están esperando hablar con el ingeniero Destouches, encargado de coordinar la evacuación del pueblo que va a ser engullido por las aguas de la presa que se ha construido:
  • «—¿Qué ingeniero?
    —Aún lo están esperando, como a Godot —respondió Lamberrt»
  • «Hélène se sorprendió pensando en el Pedro Bezújov de Guerra y paz, con quien le encontraba un curioso parecido» [referido a Destouches]
Me quedaría sólo para finalizar hacer hincapié en el preciso y especializado vocabulario utilizado por el escritor. La traducción al español desde el francés la firma José Antonio Soriano Marco, traductor de muchas obras del novelista francés, entre ellas las cuatro que forman la serie de Los años gloriosos. Son términos que llaman la atención por ser poco utilizados en el lenguaje cotidiano. Debo advertir que no son muchos, aunque sí muy hermosos, al menos en mi opinión. He aquí algunos de ellos que me han resultado llamativos:
  • Balasto: capa de grava o piedra machacada que se coloca sobre las vías del tren para sostener los rieles y las traviesas
  • cubiertas y sobrecubiertas, guardas, cintas de cabezada, tarlatanas: vocablos propios de la encuadernación.
  • acetre: caldero pequeño con asa que se utiliza principalmente en la liturgia católica para llevar el agua bendita y realizar las aspersiones con el hisopo.
  • Jab: en boxeo es un golpe directo, rápido y corto ejecutado con la mano delantera (la que está más avanzada en la guardia). Como verbo, significa lanzar dicho golpe.
  • polipastos de cabrestante: dispositivo mecánico híbrido que combina la capacidad de arrastre horizontal de un cabrestante convencional con el sistema de frenado automático de seguridad propio de un polipasto para levantar cargas verticalmente.
  • Epectasis: concepto teológico cristiano que describe el progreso espiritual infinito del alma hacia Dios, caracterizado por un deseo constante de crecer y acercarse a la divinidad sin llegar a un punto final de perfección estática.
  • ...y algunos otros más.
El silencio y la cólera
Es una delicia leer una entretenida historia como ésta y al tiempo aprender cosas y palabras desconocidas. Conquistar al lector no está al alcance de todos los autores, pero Pierre Lemaitre lo logra en la mayoría de sus libros. Al menos conmigo.



22 sept 2026

En recuerdo de Marcos Ordóñez

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Mis rutinas matutinas incluyen, mientras desayuno, leer, más bien echar una ojeada, unos cuantos periódicos digitales. A las noticias habituales que por repetitivas ya me han formado callo: corrupciones varias, asaltos a vallas, el "y tú más" cotidiano, las defensas numantinas de lo indefendible por parte de unos y otros, la guerra de Ucrania, la guerra de Trump, los precios desatados, los pisos desatados, etc., etc., ha venido a unirse hoy una que me ha impactado: el profesor, columnista cultural y crítico teatral del diario “El País”, Marcos Ordóñez, falleció ayer a la edad de 69 años. 

Siempre que leía “El País”, especialmente el suplemento "Babelia" de los sábados, miraba si el articulista cultural catalán reseñaba algún libro o si como era su especialidad hacía la crítica de algún espectáculo teatral. Me fiaba mucho de su fino olfato literario y pocas veces quedé defraudado tras acudir a alguna representación elogiada por él. 

Pero Marcos Ordóñez no sólo practicaba el periodismo. También fue autor de basatntes libros: biografías, relatos, memorias, coleciones de críticas teatrales y unas cuantas novelas, concretamente ocho títulos. Su muerte me hahecho recordar la satisfacción que sentí leyendo una de ellas. Han pasado muchos años, concretamente catorce, desde que la leí, pero aún está viva en mi memoria. Se trata de "Detrás del hielo".

En este personal homenaje que hago en el blog al para mí importante escritor barcelonés quiero reproducir aquí la reseña que en enero del año 2016 escribí dedicada a esta novela leída por mí cuatro años antes, concretamente en 2012.



In memoriam de Marcos Ordóñez (Barcelona, 25 de marzo de 1957-Barcelona, 21 de septiembre de 2026)




Detrás del hielo es la 6ª novela escrita en 2006 por el profesor, columnista cultural y crítico teatral del diario “El País”, Marcos Ordóñez, cuya obra literaria es extensa comprendiendo la misma, amén de novelas, cuentos, ensayos, crónicas, etc.

Marcos Ordóñez, Babelia, "Detrás del hielo"

El relato que nos ocupa se estructura en cuatro partes y un epílogo. La primera (La ciudad perdida) y la cuarta (la ciudad incendiada) enmarcan a las partes segunda (Oskar y Jan) y tercera (Nosotros tres). Aunque en las cuatro partes los personajes principales (Klara, Oskar y Jan) se mueven y se mezclan con los demás habitantes de la ciudad, es en las que llevan sus nombres donde más les vemos en sus relaciones personales.

Tema: Como bien reza la contraportada del ejemplar novelístico, el asunto que se novela es la educación sentimental de Klara Liboch y de toda una generación, la suya, en un país imaginario, Moira, cuyas ciudades reciben nombres que evocan los que podrían ser de algunos países de la Europa oriental (Porlock, Joschka, Najdorft, Niort, etc). Aquí está la primera broma del autor porque todos los nombres existen en la realidad siéndolo bien de ciudades de países muy diversos como por ejemplo Niort (Francia), Porlock (Gran Bretaña), o de apellidos de personajes más o menos conocidos Najdorft (Miguel Najdorft, polaco), Moira (nombre propio de origen irlandés), y así.

13 sept 2026

De César Aira leo "El error" y revisito "Las noches de Flores" (A pares LIII)

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«En este mural, Pepe Dueñas, Dante sin Virgilio, vengador solitario de las injusticias sociales salvadoreñas, se repetía en un paisaje boscoso; sus distintas apariciones se desplegaban en un arco irregular, o más bien en una espiral alargada, de izquierda a derecha, en el extremo izquierdo huyendo de su aldea natal atacada por el Ejército, dejando atrás los cadáveres de sus padres […], un poco más allá emboscando en un paso montañoso a las fuerzas del gobierno y aniquilándolas, luego haciendo estallar una planta eléctrica, más allá arengando a una población de campesinos; derribando un helicóptero; resistiendo a un cerco de las fuerzas oficiales; […] » ("El error")


Me gusta entrar en las tiendas Re-Read que cada vez proliferan más en nuestras ciudades. Por poco dinero se puede encontrar en ellas libros interesantes en un más que aceptable buen estado de conservación. Hará cosa de cinco o seis meses estando en Salamanca, en una de mis habituales visitas a una de esas tiendas topé allí entre otros con este título de César Aira. Hacía mucho que no volvía al escritor argentino del que guardaba un desigual sabor de boca tras mi primer acercamiento a él con la lectura de Las noches de Flores, novela corta que leí en 2016 (¡hace ya diez años! Es increíble la velocidad a la que se pasan los años). 

Lo anterior explica esta entrada 'A pares' en la que reseño El error, publicada en 2010, y vuelvo a publicar (revisito) Las noches de Flores que el escritor argentino (Coronel Pringles, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1949) dio a luz en 2004. En ambas novelas hay elementos que permiten unirlas en una misma entrada. De ellas la principal, quizás sea la consideración del arte en sentido literario y pictórico que ambas nouvelles exponen. Pero vale ya de prolegómenos. Comenzaré por la novela recién leída.



El error
Estamos ante un auténtico experimento literario. César Aira me ha sorprendido con esta novela que en el fondo me ha parecido estar construida a base de relatos que como el discurrir de la vida se suceden unos a otros sin solución de continuidad. En el fondo esta manera de obrar es mostración de la propia realidad, de la propia vida en la que vamos topando con otras personas cada una de las cuales encierra una materialidad tanto o más interesante que la de aquel o aquello que propició el encuentro. Y así ad infinitum...

Es El error ejemplo de lo que el propio autor suele decir de sus ahora mismo ya más de cien títulos, que son «cuentos de hadas dadaístas» o «juguetes literarios para adultos». Y sí, efectivamente esta novela corta es clara muestra de esto y de su estilo literario. Un estilo que busca romper los moldes estrechos de los géneros impuestos por el propio devenir de la historia. Es amigo César Aira de hacer guiños a otras manifestaciones artísticas, principalmente en la novela que nos ocupa a la pintura, una manera diferente de narrar, sí, pero hermana de la literaria desde la noche de los tiempos.

Dentro de las varias historias, truncadas por el cruce con otras historias, que constituyen El error aparece una, sin duda alguna la principal, que es en sí misma un canto a la narratividad. Es la historia folklórica del bandolero Pepe Dueñas, cuyas incursiones delictivas, sus apariciones y desapariciones fulgurantes constituyen en el imaginario de El Salvador, país donde transcurre la novela, una auténtica leyenda. Las sucesivas y diversas acciones de este delincuente se producen siempre sobre el mismo fondo, el país centroamericano. Es como esos frescos surgidos en la edad media y muy caros a los pueblos hispanoamericanos tras su independencia para explicar su nacimiento e identidad. Quizás el autor más representativo de esto sea el mexicano Diego Rivera y su mural pintado en las paredes de la escalera principal del Palacio Nacional en la Ciudad de México titulado 'Epopeya del pueblo mexicano'. En este mural, al igual que en algunos frescos medievales o renacentistas como los pintados por Masaccio en Capilla Brancacci de la iglesia de Santa María del Carmen de Florencia, vemos al personaje o personajes repetidos de manera sucesiva sobre el mismo fondo de manera que la lectura de izquierda a derecha es para el observador una clara narración continuada.

Efectivamente, esa es la técnica, trasladada al campo de la escritura literaria, que utiliza César Aira en esta 'nouvelle', en este 'juguete literario'. Se abre la novela ya en su misma portada con un simbólico ataúd que anuncia lo que se encontrará el lector adentrándose a través de esa puerta situada bajo el epígrafe de la palabra ERROR. ¿Qué es ello? Evidentemente el sentido del título es simbólico. Y en mi opinión es un juego, un guiño humorístico que Aira hace a los preceptores literarios: quien se adentre en esta novela verá que la misma no se atiene a ningún principio de los establecidos y consagrados por el canon.

Literatura argentina,
Y así lo comprobaremos los lectores: Dos parejas que pasean por un jardín en el que hay una construcción que alberga la obra de un afamado escultor; luego se salta a narrar la relación epistolar entre este escultor famoso y apartado de la vorágine del mundo y una presa encerrada a perpetuidad por asesinato; conoceremos la historia a grandes rasgos de esta mujer que machacó el cráneo de su marido con un lingote irregular de oro y que para evitar ser capturada huye al bosque; en el bosque conoce a un pequeño hombre, una especie de enano que la acoge, cuida y le anticipa que volverá al lugar del crimen; así lo hace y es apresada y condenada a cadena perpetua, condena que cumplirá en a cárcel "La Peña" adonde llega y ella, junto al resto de las presas, leerá la colección de novelas editadas por editorial La Providencia bajo el lema 'Historias que matan'; relata esta serie de novelas la historia legendaria de Pepe Dueñas inmerso en la Selva Cinco en donde se refugia escapando del incendio que él mismo provocó y contribuyó a apagar del Palacio donde estaba Neblinosa, la que sería su esposa; en esta selva correrá la aventura del gel de piedra; posteriormente Neblinosa se empeñará en arreglar la escultura del busto paterno que estaba a la entrada del Palacio de la Ciencia y Pepe Dueñas habrá de ingeniárselas para que tal deseo se haga realidad; y...

Como se ve por lo escrito arriba estamos ante una sucesión narrativa que parece no tener fin ni siquiera cuando llegamos a la última página de la novela. No es que estemos ante un final abierto, estamos más bien ante un final truncado, roto, suspendido... En fin ante algo nuevo, no habitual desde el punto de vista estructural.

Como ya percibí y dejé dicho por escrito en la reseña que en su día hice de Las noches de Flores, también El error, vista la novela desde la propia expresión lingüística utilizada, se acerca -si es que no lo es- al realismo mágico: exuberancia lingüística, referencias a pueblos indígenas (pipiles, mecas...), vocabulario de fauna y flora autóctonas (tero, bagre, porotos...), pero fundamentalmente ruptura de la lógica así como utilización en ocasiones de un lenguaje hiperbólico por demás

  • «De una fuente cercana al arroyo, pero independiente de este, brotaba un agua que no apagaba el fuego. Era difícil de creer, tratándose de agua que parecía perfectamente normal y potable, pero Eugenio le hizo una demostración convincente. Recogida de la fuente en un balde y volcada sobre una fogata, se deslizaba sobre las llamas sin oponerse a ellas» 
  • «cuando quería remendarle una media, encontraba que la aguja era más grande que la media, lo que hacía muy incómoda la costura»



Las noches de Flores
(reseña de 14 de septiembre de 2016)


César Aira, arte conceptual, muerte de la novela

Que el mercado del arte se utiliza de tapadera de la corrupción es “muy difícil probarlo dadas las características del arte en la actualidad. Y lo es. Dificilísimo. ¿Qué existe y qué no existe en el arte? Pero al mismo tiempo es facilísimo, basta con hacer coincidir «cualquier cosa» con «cualquier cosa»…?”

La frase anterior sirve de cierre de este relato de César Aira aparecido por vez primera en 2004 y vuelto a reeditar ahora por Random House. Si, como en mi caso,  es la primera vez que se lee algo de este prolífico escritor y traductor argentino, sorprende su manera de hacer literatura. Leer "Las noches de Flores" ha sido para mí toda una experiencia literaria. Desde el principio esta novela corta de tan sólo 144 páginas destila argentinidad por todos los poros: Jorge Luis Borges, sin duda, parece entreverse en más de un momento; a mí, especialmente, me ha parecido presente en el personaje de Aldo quien dice que "aun siendo un gran olvidadizo, él podría recuperar, si se pusiera, todo lo que le había pasado en su vida", para a continuación, como hace el personaje de "Funes, el memorioso" en el cuento borgiano, desgranar el sistema utilizado para hacer tal cosa. También la atmósfera mágico-fantástica en que se mueven los personajes de este relato, y, especialmente, el personaje de Malvón-Nardo, tiene mucho de los Cronopios de Julio Cortázar. Véase si no la descripción que se hace de Nardo la primera vez que se manifiesta:
"Esto lo dijo un ser extraño, mitad murciélago, mitad loro, de un metro de alto, que se descolgó de un árbol al paso de los Peyró, y siguió caminando con ellos, con un garbo precario, sobre piernas demasiado cortas y zapatitos de goma roja"
Ernesto Sábato, literatura argentina La misma ambientación nocturna con ribetes delictivo-policiales en que se desarrolla la acción me ha llevado a pensar en otro de los grandes autores argentinos, Ernesto Sábato, y en aquellos escritos que presentan historias henchidas de 'pavura'. Los túneles que discurren bajo el barrio de Flores de la ciudad de Buenos Aires me han hecho recordar la novela "El túnel" del magnífico escritor de Rojas en la provincia de Buenos Aires. 

Y es que -pienso yo- César Aira envuelve esta narración en claros elementos argentinos que van desde la tradición literaria que he señalado antes hasta el propio meollo del asunto que plantea: la búsqueda por parte de una pareja de jubilados -Aldo y Rosa- de fuentes alternativas de ingresos a fin de sobrellevar mejor la crisis en que la Argentina se encontró desde 1998 hasta el 2003, el año en que se sitúa la historia que se relata. Concomitante con esta terrible penuria económica que echó a miles de personas a buscar en los cubos de la basura estuvo el ascenso de la delincuencia, especialmente en forma de secuestros como el del joven Jonathan que está en el centro de esta novela corta.

Y como "piolín" [modismo argentino que significa 'cordel delgado de algodón, cáñamo o de otra fibra'] que soporta todo el planteamiento literario anterior estaría el vocabulario popular de la Argentina, de la ciudad de Buenos Aires y de Flores, el barrio donde nació y vive el escritor, y en donde ocurren los acontecimientos de esta historia. Son términos como 'bailantero', 'rubro', 'estada', 'chanchada', 'perspectivístico', 'vereda', 'chacra'..; pero también cambios en la modalidad verbal cual es la utilización del modo condicional en vez del subjuntivo: “Claro está que ese policía no estaría cumpliendo con su función, con el trabajo por el que le pagan, lo que no impide que tendría razón.”.

Las características señaladas hasta aquí son las que me han hecho más agradable esta novela. Luego hay otra importantísima, que no se puede dejar pasar, pero que a mi modesto entender César Aira no logra plasmar apropiadamente o si lo hace a propósito, como estoy comenzando a creer, aún yo no alcanzo a disfrutarla como debiera. Me refiero a materializar en el escrito que estamos leyendo la profunda reflexión que sobre el arte contemporáneo expone al final del mismo y que encabeza este post: 
"hacer coincidir «cualquier cosa» con «cualquier cosa»" 
Mallarmé, Rimbaud, Baudelaire, CopiLlevada esta idea al extremo, como sucede en esta narración, todo es un cúmulo de coincidencias cuya disparidad nos hace pensar en errores inexplicables, descuidos, falta de planificación, engaños poco aceptables por parte del narrador... Pero no, yo pienso que el escritor es plenamente consciente de lo que hace y que lo que pretende es, con el producto que está construyendo, hacer realidad aquello que nos quiere exponer, que en definitiva -y a falta de conocer en profundidad sus ideas sobre arte moderno expuestas en su ensayo Sobre el arte contemporáneo que acaba de publicar en Literatura Random House- es que el arte es necesario para comprender la realidad, y no al revés como tantas veces se dice ante una obra de naturaleza conceptual.

Para la realización de esta reseña he buscado información en internet y ahí he encontrado un artículo de Javier Rodríguez Marcos publicado el pasado 28 de febrero en el diario EL PAIS que me parece muy clarificador al respecto. En lo esencial, sobre el autor César Aira, Javier Rodríguez escribe:
"A veces, sin embargo, un artista consigue engañar a todo el mundo y se hace pasar por novelista. Es el caso de César Aira. Los que sospechaban que sus libros eran solo una parte de trabajos más propios del arte conceptual que de la ficción al uso verán confirmadas sus sospechas en el ensayo Sobre el arte contemporáneo. Allí cuenta cómo abandonó su primitiva intención de ser Rimbaud y ser Premio Nobel cuando se topó con Marcel Duchamp. Ese día se dio cuenta de la 'inutilidad de escribir libros' y de la necesidad de hacer 'otra cosa'."
Curiosamente y en contra de lo que el escritor (o artista simplemente) argentino manifiesta sobre su abandono de la escritura, jamás ha dejado de escribir siendo uno de los autores más prolíficos, con más de sesenta novelas a sus espaldas. Si bien, también es cierto que en su faceta de conferenciante y ensayista los temas sobre la vanguardia plástica (Marcel Duchamp, el dibujante Copi), la vanguardia literaria (es especialista en la poeta argentina Alejandra Pizarnik) o los poetas impresionistas decadentistas franceses Rimbaud o Mallarmé han ocupado gran parte de su tiempo. Esto nos revela a un autor que entiende la creación artística no en compartimentos estancos sino como algo más extenso, más envolvente, más incluyente. De ahí que el autor de "Las correspondencias" [el soneto "Correspondances" de Baudelaire y su sentido se puede leer aquí muy bien explicado] sea uno de los poetas a los que él quiere parecerse ("Como todos los escritores, quiero ser un buen escritor, quiero ser Baudelaire", El País, 13 del XI de 2010).

Final
Con esta novela corta de César Aira me ha sucedido algo no muy frecuente en mí pero que cuando me acaece me gratifica y llena de satisfacción. Ello ha sido que tras una lectura fácil y ágil, me pareció percibir en la historia contada una ración de incongruencias superior a mi nível de permisividad (ciegos que ven, mujeres que son hombres, monjas que no lo son, hombres de orden que son delincuentes peligrosos, escritores que no lo son en absoluto, etc., etc.). No, me dije, esto no puede ser, por Dios. Pero como todo aquello que esconde más que lo aparente, al dejar reposar la lectura, ésta se me ha ido haciendo algo más inteligible, más motivadora..., y me han surgido deseos de leer más de este escritor para entenderle mejor, para ver si como él mismo dice es un escritor que no quiere serlo o si lo que desea es hacer algo distinto en línea con lo que otro personaje escritor del relato, Ricardo Mamaní, dice del arte en un momento de esta narración de manera "pedante y seguro de sí mismo":
"El arte está buscando siempre lo nuevo, y lo nuevo ha terminado identificándose con lo distinto. Se ha producido una reversión de causas y efectos, y ahora basta con que sea distinto. Y la realidad se define por lo distinto. Pero el crecimiento vegetativo de la población, y el aumento relativo de artistas en la sociedad contemporánea, ha multiplicado lo distinto artístico a tal extremo que hoy casi puede asegurarse que cualquier configuración de la realidad ha sido anticipada en el arte."
Algo lioso, sí. Pero como a mí ¿no os atrae saber por qué piensa así César Aira?

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Nota:
Han pasado diez años desde que escribiera la reseña sobre Las noches de Flores y aún no he leído el ensayo del autor "Sobre arte contemporáneo". Hay que ver cuántas cosas afirmamos que haremos para luego olvidarlas durante años y años. A ver si esta vez no me sucede así.


8 sept 2026

"Nada especial" de Nicole Flattery

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«Había cinco o seis pinturas apoyadas en fila contra la pared. Fue la primera vez que las miré en serio. El silencio me lo permitió. Eran colores chillones, eléctricos, como las manchas de la cara de Shelley la noche anterior. Reconocía a la mujer famosa del cuadro. Le había visto la falda levantada, la había visto en una piscina, [...] Su cara se repetía y se repetía, pero mirarla minuciosamente no la hacía más realista; solo la volvía inhumana, como si fuera apenas uno entre un millón de animales que estuvieran mandando al matadero»

Nada especial, Nicole Flattery, literatura irlandesa
Desconocía por completo el nombre y la obra de la autora irlandesa Nicole Flattery (County Westmeath, 1990). Por la solapa de la edición de su novela en Eterna Cadencia Editorial aprendo que es autora de relatos y que uno suyo titulado "Dulces palabras"  publicado en una antología de nombre «Cuentos irlandeses contemporáneos», según muchos de sus lectores, bien merecería convertirse en novela. Pero de hecho su primera incursión en el género lo ha realizado con el título que acabo de leer: Nada especial.

La novela cuenta la experiencia vivida por Mae, una adolescente de diecisiete años que en medio de esta etapa vital de por sí cambiante decide abandonar el colegio y dejar de lado familia y amistades. Es hija de madre soltera, una camarera alcohólica, que convive con Mikey, un buen hombre que ejerce de padrastro con el que Mae se lleva bien. En el colegio Mae se refugia en la amistad de Maud; a ambas les repele la superficialidad de sus compañeras y les hastía el contenido de las clases. Ambas desean experimentar y en concreto Mae comienza a deambular por Nueva York; un día conoce por casualidad a Daniel con quien pasará la noche. A partir de ese encuentro no volverá al colegio y así, no por algo especial, se romperá el vínculo con Maud.

La anterior información la conocemos en dos de los primeros capítulos fechados en 2010, fecha de la muerte de la madre a la que ella visitaba habitualmente durante los últimos años en que estuvo ingresada en una residencia de ancianos. Entre esos capítulos de 2010 se incluye uno de fecha 1966 que sirve de explicación y justificación de todo lo que en la novela vendrá a partir del capítulo cuarto en que de nuevo en 1966 y tras la experiencia con Daniel ella encuentra trabajo como secretaría en The Factory (en la traduccíón de Paula Galíndez, el Estudio). Es esta parte en la que se cuenta cómo Mae y otra chica, Shelley, trabajan en The Factory mecanografiando veintitantas grabaciones en cintas de cassette de vivencias cotidianas y experiencias artísticas de Él (Andy Warhol) y quienes con Él formaban parte de The Factory (Ondine, Edie Sedgwick, Anita y Dolores).  Este trabajo que Shelley y Mae están realizando junto a otras dos chicas más conformará el libro de Andy Warhol titulado A, a novel. 

Esta parte del mecanografiado de las cintas se cierra con el atentado que el artista pop sufrió en 1968 y la publicación del libro. La novela cierra con un último capítulo fechado en 1985 en el que madre e hija vuelven a contactar después de muchos años sin verse. La muerte o la enfermedad de seres queridos suelen propiciar estos encuentros. En fin, nada especial, por otra parte.

Según he ido repasando la estructura que Nicole Flattery ha dado a su narración ha ido mejorando sustancialmente mi consideración de esta obra. Es verdad que al estar desordenada, con esas anticipaciones de sucesos y esas vueltas al pasado, la novela en una primera lectura me resultó algo confusa; sin embargo ahora, al reflexionar sobre ella, entiendo que la voluntad de estilo prevalece por encima de cualquier otra cosa.

En cuanto a la historia que se nos cuenta si hay algo que desde un principio me agradó de esta novela es que la novelista irlandesa no sitúa el foco central en el Estudio (The Factory) de Andy Warhol, sino que éste aparece de manera tangencial y debido a la peripecia vivida por esta chica anónima, vulgar y corriente que es Mae. El centro de atención no es Drella (uno de los nombres con que se denominaba a Warhol) ni sus producciones cinematográficas experimentales o sus fiestas orgiásticas; la novela pone el foco en cómo dos chicas apenas salidas de la adolescencia van a evolucionar al ser conocedoras de las experiencias habidas en el Estudio neoyorquino y la contemplación y participación en alguna de esas fiestas pasadas de revoluciones. En suma, lo esencial no es tanto conocer la manera de vida del artista pop cuanto ver la evolución vital de una chica que entró a trabajar en The Factory siendo una adolescente y salió de allí convertida en una persona bien distinta.

«Me puse a mirar las fotos de esa época y pensé lo mismo que todo el mundo: las fiestas se veían divertidas. Estaba tan desconectada y distanciada de esas imágenes que parecía que no había estado allí. Debían haber sido buenas épocas. Toda esa gente intentando hacerse reír. No recordaba cómo había sido, en verdad. No tenía permitido recordar. Las fotos de los últimos años eran glamurosas, pero algo no terminaba de cerrar. El buen humor parecía impostado, forzado. La ropa era notoriamente ostentosa: la marca que se ponían decía algo. Las fiestas eran fastuosas, poco convincentes, tenían un aire pesado, como si todos acabaran de llegar de un funeral. Seguro porque era cierto. La atmósfera, los gestos, los insultos. Ya ninguna de esas cosas terminaba de cerrar. O tal vez yo estaba más grande, era menos ingenua.»

Pero lo dicho anteriormente no es óbice para que Nada especial lance también una mirada crítica sobre la manera de hacer arte por parte de algunos artistas pop del siglo pasado. Se cuestiona qué es arte y quién es en realidad el creador de la obra. Mae y Shelley se desencantan totalmente cuando tras el arduo trabajo realizado en The Factory mecanografiando las grabaciones conocen que su nombre no va a aparecer impreso, que no las van a nombrar para nada. Ellas son las que han sabido transcribir los suspiros, los ruidos, los gemidos, los llantos; han sabido crear la atmósfera precisa para poder verter al papel lo escuchado; y pese a eso el mérito de la autoría se lo llevará Andy Warhol. Desde luego la denuncia es clara y pertinente. Y sin embargo, y aun así, Mae no se siente fracasada; ha sido una experiencia enriquecedora que sin duda, al igual que los protagonistas de esas grabaciones, estaría dispuesta a repetir:

«Sabía que de haber tenido que volver al principio, a trabajar con ese libro, lo habría hecho. Habría dejado todo. Habría vuelto a sufrir de cero. Tal vez ellos sentían lo mismo, tal vez siempre lo habían sentido. Todas sus miserias expuestas al servicio del arte. Del tacho de basura al libro.»

La equiparación entre artista famoso y creador anónimo es total en esta frase, pero muy injusta en la realidad. 

¿Qué es lo que más me ha disgustado de la lectura de esta novela? Pues sinceramente lo que más me ha sorprendido y perturbado ha sido la excesiva argentinidad del castellano utilizado en la traducción. Ignoro, claro es, cuál habría sido mi opinión si hubiera leído el original en lengua inglesa. Pero la versión realizada por la traductora Paula Galíndez creo que peca en exceso de vocabulario y modismos argentinos, algo que siendo ella misma argentina no se le puede echar en cara. Mientras leía la novela me parecía estar leyendo a un autor de dicho país y no a una irlandesa. Me ocurrió tal cosa al topar con expresiones que aquí no usamos. He aquí una serie de ellas:

«de a poco», «no me interesa qué le da gracia a él», «ella era filosa y depresiva», «muchas veces no lográbamos decidir cuál programa era más entretenido», «se va así nomás», «yo no sabía pasarla bien», «me interesaba ver si la tienda se retobaba al descubrirme»[pág. 32], «mirar como espiando por una hendija» [pág. 36], «todo se fue al tacho»[pág 46], «me llevó varios días comprender a qué me hacía acordar ese departamento» [pág 100], «una sonrisa enorme, medio zonza» [pág. 111], «me saqué el suéter y quedé en musculosa, nada más» [pág. 152], «fuimos salticando por las calles» [pág 165], «le robaste un tapado» ('tapado': abrigo largo y elegante de invierno para mujer o hombre, generalmente confeccionado en paño, lana o piel sintética) [pág. 183], «el primer avistaje de un solero» ('solero: vestido ligero y fresco, sin mangas y por lo general con tiritas finas (breteles)) [pág. 183], «Tal vez a Shelley le hacía acordar a su casa» [pág 192], «Me metí al lado de ella y nos tapé con las sábanas», etc.

Y que conste que amo la literatura argentina, que me encanta leer a César Aira, a Virginia Higa, a Selva Almada, a Mariana Travacio, a Salomé Esper, a Cortázar, a Piglia, a Borges... a tantos y tantos buenos escritores de esa nacionalidad. Pero cuando tengo en mis manos un libro firmado por una irlandesa y situado además en Nueva York mi mente no está para nada en modo argentino y me perturba bastante un lenguaje que de manera inconsciente lleva mi cabeza española a deambular por el Palermo bonaerense, por la avenida del Libertador, la calle Corrientes, el cementerio de la Chacarita y otros espacios semejantes que en Nueva York, obvio, no existen. Creo que un español más neutro habría sido el oportuno para la edición que se vende en España. Y sí, ya sé que la editorial es argentina. Pero esto es lo que yo he sentido. 


Para finalizar

Nada especial, Nicole Flattery
Cierro esta reseña apuntando dos aspectos que me parecen reseñables y que tienen mucho que ver con el artista famoso y la empleada anónima, o sea, con el momento pop vivido en esa década de los años sesenta. Me refiero primero a la música. Warhol está escuchando rock continuamente tanto cuando está sobrio como cuando está bajo el efecto de las drogas; de igual manera Mae, Maud y Shelley son consumidoras de música pop. Los Four Tops, Joni Mitchell, T. Rex... son algunos de los artistas citados en el escrito.

Luego estaría esa dualidad sorpresiva, paradójica y contradictoria, ese arriba y abajo que en Nada especial representa The Factory. Por un lado estaría el despacho de Drella con todo lo que dentro de él se gesta y sucede; y de otro quedarían los cuartos donde trabajan las mecanógrafas. Ambos espacios están juntos, sí; pero en realidad se sitúan a una distancia infinita. Y este distanciamiento lo plasma Nicole Flattery en afortunadas frases que hacen que la novela resista:

  • «Todos los clientes eran jóvenes uniformemente atractivos, olvidables.» (pag. 58)
  • «Todo el personal era tan atractivo que era tétrico.» (pág 59)
  • «Un camión de basura enorme hacía tiempo sobre la vereda, y cuando ella pasó debajo de su sombra, la hizo parecer aún más chiquita y frágil. Era bajita y compacta, y sin embargo no tenía nada deseable»
  • "Desde el contestador me llegaban los manotazos pegajosos de su amistad" (pag. 108)
  • «Solanas tenía algunas ideas interesantes como muchas mujeres feas», afirma la desinhibida madre de Mae (pag. 28)
  • "Después de eso [de finalizar el mecanografiado de las cintas de cassette] no habría máquina que encender, nada que escuchar, ninguna confesión que oír. Ellos seguirían viviendo sin tener idea de que nosotras nos habíamos creado"