15 abr 2026

"Una casa sola", novela de Selva Almada

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«Abrí los ojos a una mañana que presentaba poca novedad. El aguaribay florecido ardía de abejas. Las gallinas escarbaban el suelo buscando lombrices. Una pollita joven desenterró un cordón de zapatilla y armó tal alboroto que las otras la persiguieron para robarle el botín. La Miní apareció entre los pastos; tan blanca y con las costillas marcadas, la galga, que si no fuera la pura luz del día, diría que no era un perro sino el ánima de un perro. Arrastraba un lagarto overo y el olor a sangre atrajo a sus cachorros. Pero la capitana rancha sola: les tiró unos tarascones y comió triturando cuero, huesos, carne, hasta hartarse. Después se echó a la sombra del tala y dejó que los hijos se prendieran a las tetas»

Novela argentina última, Prosa poética, novela lírica
 Llegué a la última y magnífica novela de la argentina Selva Almada vía Leonardo Padura y la espectacular reseña que de la obra publicó el mes pasado en Babelia - El País. Esta vez la lectura la he realizado en un soporte distinto al habitual, la he realizado escuchándola. No suelo practicar esta modalidad de lectura, pero resulta que al bajar en préstamo la obra en eBiblio no me di cuenta de que el formato era audio. Bueno, en fin, me dije, no es la primera vez que escucho una novela en lugar de leerla, así que admití el préstamo. Y lo admití entre otros motivos porque la novela Una casa sola de Selva Almada está solicitadísima. Yo mismo tuve que esperar cerca de dos meses para que mi petición fuera atendida. Así que lo tenía claro, esta vez iba a escuchar en vez de leer. Y así lo he hecho.

Habría mucho que decir sobre las ventajas e inconvenientes de esta modalidad lectora hoy tan en auge. Todo, pienso, es cuestión de hábito y gusto. Tengo conocidos que me confiesan usar este formato con frecuencia, que les agrada. Vale. En mi caso no me convence demasiado porque no me permite detenerme, regodearme en las propias palabras, disfrutarlas, volver  atrás de inmediato en la frase recién leída si deseo volver a leerla y cosas así. Tampoco me convence en el caso de los audio-libros la pérdida (al menos yo la pierdo o me pierdo), o no constatación, del fin de una secuencia e inicio de la siguiente al no tener el texto escrito delante.

Cuando comencé la audición de Una casa sola  tuve una sensación negativa porque en la novela abundan los argentinismos, algunos de fonética desconocida para mí, cuyo sentido muchas veces se me hacía por demás difícil de encontrar. La primera secuencia o capítulo de la obra es además de las que tienen más duración (19 minutos). Puse voluntad y ganas de encontrarme a gusto porque la autora es una de mis favoritas y, sin haberme enterado en su totalidad, sobreviví a este primer contacto con el contenido de la obra. Volví a "leer" los 19 minutos del primer capítulo y ya me fui encontrando mejor y mejor. A mi satisfacción contribuía mucho la dicción perfecta de la locutora de la novela, Mara Campanelli, mujer argentina como Selva Almada, que sabe dar la entonación justa a las distintas frases que conforman el texto. La voz de Mara le va a la historia como anillo al dedo. Si al principio se me hizo algo difícil la intelección, el ritmo, el tono, la musicalidad tan argentina de la actriz de voz, según que avanzaba la historia y pasaban las secuencias narrativas (30), me iba gustando más y más. Yo tenía la ventaja de ya ser conocedor del estilo narrativo de Selva Almada (leí y reseñé 'Ladrilleros' hará cosa de seis años) y los argentinismos que pueblan el relato, los nombres de animales y plantas tan de allá, y otras cuestiones semejantes, aun sorprendiéndome, no me han impedido disfrutar muchísimo de la novela.

 Estamos ante una voz narrativa en primera persona a la que no estaba yo acostumbrado y pienso que al igual que yo tampoco lo estarán muchas otras personas. Y es que quien protagoniza el relato, quien nos cuenta su propia historia es un ser inanimado, una cosa, concretamente la Casa. Es una casa en medio del bosque (el espinal) que se ha ido haciendo por unos y por otros desde tiempos muy antiguos (se habla del asesinato de un general y dictador del país que se produciría -no se identifica el momento aunque sí el lugar, la Posta de San José, en la novela- en 1870. Ya por entonces, cuando el asesinato del general Justo José de Urquiza, cuyo nombre no aparece, la casa que protagoniza el relato ya estaba en pie, si bien sólo era un chamizo, un refugio en el bosque, apenas cuatro paredes y una techumbre hecha de ramas. Luego quienes la fueron habitando y usando la hicieron crecer a lo alto y a lo ancho según sus necesidades. Especialmente se habla de una familia -los Lucero- que la habitó varios años mientras que el hombre Damián, trabajaba de peón para un patrón y la mujer, Lorena, limpiaba en la casa de la Maestra y luego atendió a la mujer enferma del propio patrón. Esta familia estuvo en ella al menos cuatro años durante los cuales nacieron sus hijos y la Casa fue más casa que nunca, un verdadero hogar, pues albergó por primera y única vez a una familia.

Junto a los Lucero transitan por Una casa sola otros personajes: soldados (milicos), policías (canas), una banda de hombres desarrapados y hambrientos, aparecidos que en la noche deambulan por la casa y las habitaciones donde duermen los gurici (los chicos) de Damián y Lorena. Pero también hay personajes que tienen individualidad propia como la Grinja que aunque como otros sea un personaje fantasmagórico del pasado en el relato cumple la función de evocar la tragedia y el dolor en contraste con la vida cotidiana de los Lucero; el Cortito, así llamado por haber perdido las piernas en la guerra de las Malvinas, es un personaje de la actualidad que está al volante de una de las máquinas que, en torno a lo que queda de la casa, está desbrozando el lugar, allanándolo, seguramente para abrir claros en el bosque y dedicarlos a la agricultura [a punto de publicar esta reseña leo una entrevista con la escritora que habla del proyecto frustrado de construcción de un aeropuerto]; la Curandera a la que visita el Cortito con frecuencia entra a conformar y abundar en ese aspecto mágico y de fábula que desde antiguo acompaña a la Casa y a todo lo que la rodea; y la Tata, madre de la Lorena y abuela de los niños, que al desaparecer toda la familia se presenta en la casa con policías e investigadores para intentar dilucidar qué fue lo que pasó, algo que no se llega a conocer. Es esta Tata un referente claro a esas otras mujeres de la plaza de Mayo, madres y abuelas, que incansables buscaron a sus hijos y nietos desaparecidos.

Importante, muy importante, es también el tiempo, el cual transcurre en Una casa sola de manera imperceptible, pero implacable. En la novela Selva Almada no establece una cronología clara, tan sólo proporciona  apuntes indiciarios (muerte de un general y dictador, soldados que hablan de Malvinas, máquinas que desbrozan, leñadores que con sus hachas tumbaban árboles en el espinal cuando la Casa no era más que cuatro paredes...). Esta temporalidad imprecisa, inasible, contribuye a crear un ambiente narrativo que en gran medida, y como comenta Leonardo Padura, recuerda bastante a Juan Rulfo. Con todo vemos, aunque sin saber con precisión cuándo, que la casa comienza a existir, que crece, que un día alberga una familia en su interior, que de la noche a la mañana se queda vacía, que comienza a ser invadida por las plantas del bosque y finalmente que apenas si se la distingue 
«Sigo en pie como esas viejas muy viejas: de pura empecinada no más [...] Vista desde arriba, ya nadie podría distinguirme».
Es la naturaleza la que marca el decurso temporal. Concretamente en la obra no son los humanos quienes dan más información sobre el tiempo transcurrido, sino los perros durante la época de los Lucero: la galga Miní que a la Casa le recuerda a la Sultana que tanto gustaba a los gurici de los Lucero y que precisamente es la que nota la falta de éstos en la casa; y luego también es el Tala (árbol) quien según la estación («el tala se expurga las hojas muertas con disimulo») junto a la Casa marcan el paso del tiempo   («el tala y yo somos hermanos de leche [...] aunque hace ya tiempo que me pasó en altura»). Siempre un tiempo impreciso («un chaperío relumbrante es todo lo que queda de un galpón que ha sucumbido a las tormentas, cuánto hace, quién sabe, [...]»). Un tiempo que pasa, que vuelve, que parece acabarse, pero que de nuevo renueva lo que semejaba estar muerto. El eterno retorno, la sensación de siempre lo mismo, lo inacabable y a la vez finito, la anulación del tiempo...
«El aire tibio se perfuma de pomeas. Nadie viene ya, ni siquiera la Tata. Sigo en píe, sola, desde que se fueron los Lucero.»

Una casa sola, fábula, novela mágica
(fotografía tomada de Babelia-El País del 12/3/2026)
La prosa de Selva Almada rebosa poesía por sus cuatro costados. Es de una belleza increíble. A las imágenes atrevidas se suman los vocablos propios del habla popular de la zona donde se ubica de manera imprecisa la acción, o sea la provincia argentina de Corrientes colindante con el Paraguay. Al ser audible el formato en que he leído Una casa sola no me ha sido fácil tomar apuntes claros de términos utilizados. Muchos vocablos son semejantes a los que ya señalé en mi reseña sobre "Ladrilleros" (ver reseña aquí), pero otros muchos son propios de la zona (el litoral) donde viene a situarse esta protagonista sorprendente, la Casa, que está siendo asfixiada por la Naturaleza de la zona.

A continuación algunas frases hermosas que he podido retener en la memoria:
  • Las alarás cavando sus túneles en la madera
  • La madrugada se llenó de olor a sangre y calostros 
  • Despelote de estrellas en la noche. La luna poniendo a parir a las bestias del monte.
  • ¡Pucha, que eres arisca!
  • Pavor de las madres a la muerte blanca
  • Olor a bicho enojado y corrupto
  • El gurí chico creció como un chucho guacho
  • El patrón a Lucero le pagaba de a puchitos
Final
Una novela muy interesante en estructura, lenguaje, asunto, y procedimientos narrativos que a los buenos lectores, aquellos que no se conforman con la mera historia sino que buscan en los libros algo más (mucho más en ésta), entusiasmará.




8 abr 2026

"El alumno" de José Antonio Lucero

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«Sabe el maestro que los libros que uno tiene, los que ha leído y los que tiene por leer son su medida del mundo y, también, de cuánto del mundo hay dentro de uno. Tal vez su trabajo como docente se limite a agrandar el mundo de sus alumnos proponiéndoles libros como vehículos.»

José Antonio Lucero, Autores andaluces
Si el libro de mi reseña anterior llegó hasta mí por la vía de la amistad, también El alumno de José Antonio Lucero ha seguido un camino similar. Esta vez ha sido mi magnífica, buena y desde antiguo, amiga Lupe quien me habló de este título, diciéndome cuando me lo prestó para que lo leyera: 
«Te gustará, estoy segura. Va de un profesor como tú. Hay muchas referencias a libros y a literatura en él»
A mí, los libros que hablan de libros o que dialogan con autores del pasado y sus creaciones literarias me gustan. Fue por eso que sin dilación alguna tome a El alumno en mis manos y comencé a leerlo.

El autor
José Antonio Lucero es un roteño de 38 años, licenciado en Historia y profesor de Geografía e Historia y Lengua y Literatura en un colegio de su localidad natal.  Como educador mantiene abierto desde 2015 un canal en You Tube, La cuna de Halicarnaso, que —dice él mismo en su pagina web— «uso como base para aplicar en el día a día de mis clases el modelo pedagógico Flipped Classroom y el Aprendizaje Basado en Proyectos con el objetivo de motivar a mis alumnos y hacer de su aprendizaje algo mucho más significativo»

Desde muy pronto José Antonio Lucero se sintió atraído por la creación de narraciones. En 2012 autopublicó Mariela, 1972. Un asesinato en Rota. Pero fue a partir de  2021 cuando su carrera literaria despegó con fuerza; ese año publicó La vida en un minuto, novela que había sido finalista del Premio Ateneo Joven de Sevilla en 2018. Al año siguiente, en 2022, vio la luz La madrina de Guerra y en 2024 La maestra. Todas estas novelas, al igual que la que aquí reseño han sido publicadas por Editorial B del grupo Penguin Random House. 

Mi comentario
En El alumno e imagino que también en La maestra que publicó en 2024 Lucero realiza un homenaje al gremio de los enseñantes, concretamente al cuerpo de Maestros que tanto bien han hecho en varios momentos de su historia a España. Mucho bien y por ello, paradójicamente, también han sufrido mucha represión y muerte; así lo refleja esta novela cuando en el pasado siglo los levantados en armas contra el gobierno legítimo se hicieron con el poder y a muchos docentes encarcelaron, echaron del Cuerpo o por sus ideas políticas los fusilaron.

Sinopsis de la novela (realizado por la propia editorial)
Septiembre de 1955. Roque, un joven maestro que en el pasado fue un alumno difícil, llega a una escuela de la sierra de Sevilla con el deseo de que los niños puedan soñar con un futuro mejor, lejos del estruendo de la violencia y la lacra de la dictadura.
Poco a poco conseguirá sembrar en los pequeños la curiosidad por el conocimiento y descubrirles la belleza de las palabras a través de la poesía.
Sin embargo, sus inquietudes pedagógicas, heredadas de la maestra de su infancia, Lali, no casan con el estricto engranaje educativo del régimen ni con los ideales del director del centro, quien pronto empezará a sospechar de él. Y es que Roque esconde un secreto del pasado: busca algo que le arrebataron cuando era un niño, tras la detención de su profesora y su ingreso en un siniestro internado franquista, donde, a pesar de todo, descubrió que enseñar puede ser un acto de resistencia.

El novelista presenta la historia de Roque, maestro de Encinar de la Sierra (pueblo ficticio de Sevilla) en e1 curso 1955-56, en contrapunto temporal con el curso de 1939-40 durante el que él mismo cursa estudios en un Colegio religioso de élite situado en Madrid. En este centro educativo ingresa Roque por expreso deseo de su padre, importante gerifalte de la Falange. La relación entre Roque y Javier, su padre, es muy mala por algo sucedido entre ellos al poco de haber estallado el Golpe de Estado de 1936. Nela, la madre de Roque, poco ha podido hacer para enderezar la situación entre ellos en un momento en que las mujeres en España apenas tenían visibilidad y eran sistemáticamente ninguneadas por el varón, mucho más si éste, Javier Ramírez, ocupaba una importante posición en el Partido único.

En el contexto de la inmediatísima posguerra vemos a un alumno que es educado en un colegio religioso de élite y de estricta disciplina donde sufre algunas vejaciones o es conocedor de otras más graves sufridas por algunos de sus compañeros. A este chico, cuya vida escolar durante el curso 39-40 conocemos, volvemos a encontrarlo ya convertido en maestro nacional en un pueblo sevillano el año de 1955. Estos dos momentos, separados entre sí quince años, se van alternando en contrapunto temporal a lo largo de los capítulos que componen las cinco partes más un epílogo (éste de 1972) que forman la novela.
  • Primera Parte lleva por título "Un mago". En esta parte se suceden en contrapunto el ingreso en el curso 39-40 de Roque niño en la escuela madrileña de San Miguel y la llegada de Roque ya maestro a la escuela de Encinar de la Sierra en 1955.
  • La segunda Parte se titula "Un calambur". Bajo el nombre de esta figura literaria que Roque enseña a sus alumnos se crea el 'Club de los Calambures', reunión de cinco o seis alumnos con Roque en su casa donde éste les lee poesías, algunas prohibidas en esos años, y los anima a componerlas. Uno de estos chicos, Saúl, se revela como un buen creador. En esta misma parte hay una importante vuelta a sus experiencias en el Colegio San Miguel durante el curso 1939-1940 al tomar el maestro en sus manos el libro "Sombras agrestes" de Justo Rebollo, quien fuera amigo íntimo en esa época lejana. 
  • La Tercera Parte se rotula como "La libertad de enseñar" y en ella Roque pretende ejercer en libertad la enseñanza, algo difícil en la España franquista del momento.
  • La Cuarta Parte se titula "Un amanecer" y en ella es cuando se producen los hechos más relevantes de todo el relato, que, como es lógico, no pienso revelar para no destrozar el placer de la lectura. 
  • La Quinta parte por último aparece bajo el epígrafe de "Una confesión". En ella se resuelve toda la novela con algún que otro giro imprevisto y sorprendente.
La novela me ha gustado por muchas cosas. Una de ellas, quizás la más importante para mí, ha sido la gran cantidad de referencias a obras y autores de nuestra historia literaria. Son alusiones a autores conocidos por su papel relevante en la España anterior a la Guerra Civil y que, acabada ésta, fueron borrados, eliminados del imaginario colectivo, en un vano intento de reescribir la Historia. Afortunadamente siempre hubo algunos maestros que como Roque, jugándose el puesto y el tipo, se afanaron por mantener viva su memoria:
«No puede decirlo porque la Generación del 27 es un espejismo, es un paréntesis, es gente que no existió. Federico García Lorca, que no escribió. Pedro Salinas, que nunca pensó que podía cambiar España con sus rimas. Rafael Alberti, alguien que no soñó con alumbrar con sus letras a los desheredados. Tampoco Manuel Altolaguirre. Como tampoco existieron Maruja Mallo y Concha Méndez, mujeres que no entendieron que ellas pudieron habitar un espacio de reivindicación, o Rosa Chacel, que no quiso hacer su revolución obrera, la suya, la feminista, como Josefina de la Torre y tantas otras.»
La maestra, El alumno
No puedo dejar sin citar el manejo que José Antonio Lucero hace del recurso de la intertextualidad. Predomina la machadiana («tarde suave y mansa», p. 149; «la mayor parte del día se escenifica la función de charanga y pandereta, cerrado y sacristía que escribiría el poeta exiliado», p. 224; «ligero de equipaje», p. 265; «monotonía de la lluvia tras los cristales», en otro momento...). Pero también la hay referida a otros autores: Bécquer («las golondrinas de Bécquer anidando en el balcón de Lola», p.226); Miguel Hernández (su poema «Tristes guerras»), en otro momento; etc.

Este culturalismo no es sólo literario sino que invade también otros espacios como el de la pedagogía y el del cine. Aparecen citados con cierta reiteración nombres de pedagogos como María Montessori, Célestin Freinet, Ferrer i Guardia... Asimismo, ya cuando la acción se sitúa a mediados de la década de los cincuenta del siglo XX, las referencias culturales tiran más por los derroteros del Cine y algo menos, aunque también las haya, de la Literatura. No se puede obviar que en 1956, momento en que finaliza la novela, se está produciendo un cierto aperturismo en el Régimen que busca el abandono de la autocracia por la tecnocracia. Este aperturismo se notará en la literatura y queda reflejado en la novela en esa novela ficticia, "Sombras agrestes", del también ficticio Justo Rebollo, así como en los poetas que en el Club de los Calambures comienzan a leer a partir de esa fecha («Y recibirá nuevos miembros y otros se irán, y junto a los clásicos leerán a poetas nuevos -Gabriel Celaya, Gloria Fuertes, Blas de Otero, Ángela Figuera Aymerich-, en cuyos versos, al resonar en esas boquitas ávidas, habrá un arma cargada de futuro»)
«En la España de mediados de los cincuenta no era difícil que esa novela pasara la censura [...] la cultura española vivía una especie de resurgimiento al que no le tardaron en salir las ovejas negras: Berlanga con su Bienvenido, mister Marshall (¿cómo diablos pudo pasar la censura aquel guion?, señorita Lali), Bardem con Muerte de un ciclista, y algo más tarde, Luis Martín Santos con Tiempo de silencio, por poner algunos ejemplos a los que también podríamos sumar la obra de mi amigo»

Pero sin duda alguna lo más llamativo e importante para mí es que El alumno es una novela muy emotiva, que aunque contiene algunos giros sorprendentes y hasta quizás en el límite de la verosimilitud, la maestría del autor hace que esos flashes de inverosimilitud cedan en pro de la credibilidad que viene de la mano de la emotividad sacudida por las relaciones familiares del protagonista con sus padres, con sus amigos y con sus amores. 

Es una novela que, estoy seguro, a cualquiera que la lea le resultará muy, pero que muy, entretenida. Especialmente la disfrutarán los enseñantes, que se verán bastante reflejados en ella. El gusto y la vocación por la enseñanza los expresa José Antonio Lucero en variados momentos con enorme conocimiento y satisfacción personal. Los que la hemos ejercido y no pocos de quienes actualmente la profesan estoy seguro que harán suya frases como la siguiente:
 «Yo siempre digo que para esta profesión hay que tener algo que se tiene o que no se tiene. y ese algo consiste en la habilidad de plantarse delante de todos esos chicos y, sin que se sepa en realidad cómo, lograr secuestrar su atención, ¿sabéis?»



30 mar 2026

"No entiendo el mundo árabe" de Tahar Ben Jelloun

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«Los iraquíes son en principio gente normal: un muchacho iraquí tiene las mismas ilusiones que uno sirio o egipcio. Le gustaría vivir y divertirse, ir a la Universidad, tener una historia de amor, trabajar... ¿Cuál es el impulso que los lleva a cruzar el Rubicón? ¿Que su foto de mártir aparezca en los carteles pegados en algunas calles? O quizá verdaderamente cree en el paraíso dado que su vida es un infierno, y para merecer entrar en ese lugar idílico, debe lanzarse a una intrépida acción en la que entrega su cuerpo matando otros cuerpos, pues dos ángeles lo esperan para trasladarlo hacia un mundo dulce, bello y maravilloso.»

Tahar Ben Jalloun, Marruecos en Europa
Dado el momento bélico y político que vivimos actualmente recibí con gran satisfacción el regalo que Juan Luis, magnífico y excelente buen amigo mío, me hizo hará cosa de tres meses. Se trataba de un libro titulado No entiendo el mundo árabe firmado por Tahar Ben Jelloun. En mi opinión se trata de un libro de no ficción a pesar de que en la introducción el propio autor hable de él y lo presente como una novela; en todo caso, pienso, sería una novela de no ficción. El escritor, periodista de profesión, imagina en esta reflexión sobre el mundo árabe una conversación epistolar entre cuatro chicas adolescentes que marchan camino de la edad adulta. Efectivamente, estamos ante la propia hija del escritor con nombre ficticio, Meriem (hija de musulmanes marroquíes de cultura francesa que viven en Francia); Lydia (una chica italiana, de padres católicos: madre francesa y padre siciliano); Fattuma (muchacha musulmana integrista, prima de Meriem); y María (española de Barcelona). Las cuatro se intercambian durante cuatro años (de octubre de 2003 a noviembre de 2007) correos electrónicos en los que comentan la actualidad formulándose unas a otras preguntas y cuestiones que por edad y formación aún no tienen demasiado claras. Meriem, que es hija del propio autor, en ocasiones introduce en el relato, como argumento de autoridad, algunos de los artículos periodísticos publicados por el padre en diversos medios franceses; son artículos referidos al terrorismo musulmán, a la integración de la inmigración en Europa (especialmente en Francia), a la laicidad del Estado y su convivencia con las diferentes culturas religiosas, a las actuaciones de los políticos en estos terrenos, a la guerra de Irak... Es sobre estos mismos asuntos sobre los que las cuatro chicas dialogan y descubren su distinta personalidad.

Tahar Ben Jelloun, en la introducción del libro, bajo el grito optimista de «¡Viva la literatura!» advierte al lector que se encuentra ante una obra que es «en cierto modo una novela» pero no como las que él acostumbra a escribir:
«no es una ficción con intriga y sobresaltos [...]. Es algo aparte [...], otra cosa distinta, es un objeto literario alimentado por la actualidad que transforma bruscamente el mundo.»
Para mí lo mejor de este librito es que se lee con gusto y a gran velocidad, cual si fuera simplemente un compendio, una colección, un fajo, de las páginas volanderas de un periódico o de una de esas revistas dominicales que acompañan a los diarios en nuestro país. Pero en realidad, he de afirmar que no me ha descubierto nada nuevo ni he salido de su lectura con las ideas sobre el mundo árabe más claras.

Las cuatro amigas en sus intercambios epistolares dan su opinión sobre los hechos noticiosos de la actualidad que están viviendo. De ellos los más importantes son la Guerra de Irak en 2003, los atentados islámicos en Madrid del 11M de 2004, e incluso los asaltos a las vallas fronterizas de Melilla y Ceuta ocurridas en octubre de 2005. La opinión del escritor respecto a estos y otros sucesos es la propia de un musulmán de cultura occidental: no los comparte en absoluto, aunque él mismo, ahondando en el pensamiento musulmán profundo, puede llegar a atisbar las causas que los animan, si bien sus consecuencias él no justifica en absoluto. La cita que abre esta breve reseña creo que es clara respecto al primero y segundo de los hechos. En cuanto al tercero, el del asalto a las vallas fronterizas, el autor (nacido en Fez, Marruecos, en 1947) critica el comportamiento de las fuerzas de seguridad, especialmente el de la Guardia Civil española. Su opinión frente a la pervivencia en el tiempo (más de 500 años ya) de estas dos ciudades españolas en territorio marroquí la expresa con claridad cuando dice que las mismas son «tierra marroquí convertida en Europea por la ocupación por España desde hace cinco siglos». Y algo más adelante vuelve a insistir sobre el asunto:
«sólo quisiera aclararte una cosa: Ceuta y Melilla no son unas ciudades españolas en tierra africana, son unas ciudades marroquíes ocupadas por España desde hace más de 500 años. Sé que es un tema delicado para unos y otros. [...] Algún día España y Marruecos tendrán que ponerse de acuerdo sobre ese problema.»
Normalmente es la equidistancia sobre los temas el criterio mantenido por Tahar Ben Jelloun en No entiendo el mundo árabe. Esta neutralidad es muy cuestionada cuando las cuatro amigas plantean el asunto del uso del velo en Francia, polémica que en los años que cubre el libro (2003 a 2007) estaba muy viva en la sociedad francesa. La equidistancia viene a decir el autor hay veces que no es fácil mantenerla ni suficiente para resolver los problemas:
«¿Recuerdas el caso de Alma y Lila, las dos hermanas francesas, judías, con una abuela musulmana convertida al catolicismo, que se habían convertido al Islam y las expulsaron del Lycée Henri-Wallon de Aubervilliers en octubre de 2003 porque se negaron a quitarse el pañuelo para ir a clase?»
La conclusión que saco al finalizar la lectura de este librito es que sigo sin entender del todo bien el mundo árabe. Pero no sólo no entiendo ahora mismo el mundo árabe. Desde hace ya tiempo tampoco entiendo nada el mundo occidental que porta en su frontal ese MAGA (Make America Great Again) como divisa; y mucho menos, desde hace ya años, entiendo al pueblo judío que de perseguido irredento ha pasado a perseguidor implacable. Parafraseando un título lopesco cada villano permanece fijo en su rincón sin hacer amago alguno de entender al otro. Si no nos entendemos lo de matarnos los unos a los otros siempre será más fácil y admisible. Pues en estas estamos. Si los enemigos leyesen a Lope de Vega seguro que unos y otros al comprenderse mutuamente depondrían las armas. Pero desgraciadamente no creo que lo vayan a hacer.


Sobre Tahar Ben Jelloun
Marroquíes en Francia,
Nace en Fez (Marruecos) en 1947. Hasta los seis años asiste a la escuela coránica del barrio; posteriormente realiza sus estudios primarios en una escuela bilingüe franco-árabe; y  a los once años pasa a estudiar la secundaria en el Liceo de Tánger. Ya en Rabat estudiará Filosofía en la Universidad Mohammed V. En 1971 se traslada a París al conseguir una beca para estudiar Psicología. La arabización del sistema universitario en Marruecos es un motivo más para salir de su país. En Francia se licencia en Psicología Social y durante los años que duran sus estudios comienza a cultivar su verdadera vocación: la Literatura. Tocará todos los géneros: poesía, narrativa, ensayo, articulismo periodístico, teatro...

En 1985 logra reconocimiento internacional con su novela El niño de arena y su continuación La noche sagrada que ganó el Premio Goncourt en 1987. Estas dos novelas unidas a El racismo explicado a mi hija son tres obras traducidas a más de cuarenta idiomas en el mundo. En cierto modo el tercero de estos libros es una especie de anticipo de lo que es No entiendo el mundo árabe. En ambos Tahar Ben Jelloun, preocupado por la islamofobia despertada en el mundo por los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos en uno y los acaecidos en España el 11 de marzo de 2004, decidió explicar a niños y adolescentes, de una forma sencilla y comprensible qué es el Islam.



23 mar 2026

Leila Slimani: "Canción dulce" y "El país de los otros" (A pares XLIX)

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La escritora
Canción dulce (Chanson douçe)
Leila Slimani
, hija de marroquí y franco-argelina, nació en Marruecos en 1981. Estudió en el Liceo francés de Rabat y con 19 años se trasladó a París a estudiar en el Instituto de Estudios Políticos de París. En París intentará convertirse en actriz de teatro, aunque pronto se decanta por la escritura y en 2008 entra en la redacción de la revista Jeune Afrique. Al tiempo que trabaja de periodista realiza un curso de creación literaria en la editorial Gallimard. En 2012 abandona la revista y se dedica exclusivamente a escribir. Su primera novela, anterior a Canción dulce, es Dans le jardin de l'ogre ('En el jardín del ogro') aparecida en 2014 y versionada al cine en 2025. Esta primera novela, que tuvo una muy buena acogida, plantea el asunto de la adicción sexual en una mujer. No la he leído y por ello nada puedo decir por mí mismo; tan sólo apuntaré que Alejandro Luque hace en la revista 'm'sur' una magnífica reseña sobre la misma. El comentario que allí expone me parece clarificador de la intencionalidad, planteamiento y asunto que Leila Slimani muestra en esa novela. También Canción dulce  ("Chanson douce" en el original francés) conoce versión cinematográfica con el mismo título realizada en 2019.







Canción dulce ("Chanson douce")

«Desconfían de los hombres que se aproximan demasiado, los que se interesan por unas simples mujeres como ellas. Hay que alejar a los que sonríen a los niños, los que observan sus mejillas regordetas y sus piernecitas. Las abuelas se lamentan: "Con todos los pederastas que hay actualmente. En mis tiempos, eso no existía."»


Leila Slimani, Premio Goncourt 2016
Esta novela fue la ganadora del Premio Goncourt 2016. Se trata de una historia inquietante cuya terrible resolución conocemos desde las primeras páginas y que, pese a ello, nos incita a seguir leyendo para entender el motivo de tan horrendo crimen. La novela se basa en un caso real ocurrido el año 2012 en Nueva York donde una niñera asesinó a los dos niños que tenía a su cargo. Nos encontramos ante una especie de thriller psicológico que según avanza va perturbando al lector más y más al observar desde su posición lectora cómo un empleado de la familia se va haciendo con los resortes de poder dentro la misma. Myrian Charfa y Paul Massé, los padres de los niños asesinados, son un matrimonio acomodado, una pareja joven y liberal, que para realizarse debidamente en sus respectivas profesiones (Paul es ingeniero musical y Myriam abogada) se ven en la necesidad de contratar una nanny para cuidar a sus hijos Mila y Adam. Durante los primeros años de MilaMyriam decidió dedicarse a su niña en cuerpo y alma. Estaba feliz cuidando a su hija mientras Paul trabajaba. Según fue creciendo Mila, Myriam sintió que su función de madre iba siendo menos necesaria; por eso decidió, de acuerdo con Paul, volver a quedarse embarazada. Siempre se ha dicho que dos hijos no son el doble, sino mucho más, Y así les ocurrió a ellos. La llegada de Adam a casa hizo que la vida familiar se complicase, mucho más cuando los padres de Paul que durante los primeros años de Mila les habían echado una mano decidieron irse a vivir fuera de París. Según pasan los días Myriam siente que se ahoga, que no puede vivir sólo cambiando pañales, haciendo comidas y saliendo con los niños al parque. «Cada vez odiaba más las salidas al parque infantil. Los días de invierno se le hacían interminables. Las rabietas de Mi la sacaban de quicio, los primeros balbuceos de Adam la dejaban indiferente. Su necesidad de salir a caminar sola iba en aumento. De gritar como una loca en la calle. "Me están comiendo viva", se decía a veces.»

Cuando Myriam acepta la propuesta laboral de su antiguo compañero de estudios Pascal y comienza a trabajar en el despacho de abogados del mismo, la necesidad de buscar una empleada se agudiza. El matrimonio decide realizar una serie de entrevistas porque, naturalmente, no van a dejar a sus niños en las manos de cualquiera. No quieren mandarlos a una guardería, tampoco contratar a una sin papeles; desean una mujer «que no sea demasiado mayor, que no lleve pañuelo y que no fume». Por eso cuando entrevistaron a Louise, una mujer de mediana edad, experimentada en el cuidado de niños, blanca, francesa, y con buenos informes de sus empleadores anteriores se sintieron «como si hubieran encontrado un mirlo blanco». Mucho más cuando Mila se enamoró de Louise y ésta a los pocos días de estar en la casa les cose, zurce, lava los visillos, cambia las sábanas sin que se lo tengan que decir y  cocina de mareo.   

De manera imperceptible según que el matrimonio se cree situado en el mejor de los mundos -felices y progresando en sus trabajos-, la relación empleadores-empleada va mutando. Paul y Myriam están tan contentos de Louise que hasta la llevan con ellos de vacaciones. Louise va sintiéndose más del acomodado barrio donde trabaja que de Bobigny, la banlieu (la barriada) donde ella tiene alquilado un minúsculo estudio.

Paul es el primero en advertir que las cosas están evolucionando de manera equivocada. Advierte de ello a Myriam pero a ambos no les parece para tanto. Pese a todo deciden ir marcando distancias y poner a Louise en su debido lugar. Este año ya no la llevarán con ellos de vacaciones. Todo empieza a deteriorarse. Las ilusiones de Louise de vivir más en el París de Paul y Myriam parecen desvanecerse. Quizás, piensa Louise, haya una solución para que esto no ocurra. Y como se decía en el viejo concurso televisivo del Un, Dos, Tres "hasta aquí puedo leer".
 «Él sabe lo necesaria que es Louise para ellos, pero ya no la soporta. Con su físico de muñeca, su cara de mosquita muerta, lo irrita, le pone nervioso. "Es tan perfecta, tan delicada, que en ocasiones siento una especie de empacho", le confesó un día a Myriam.»
Junto a la historia principal en la novela se tocan muchos temas de tipo social: la inmigración, la presencia de muchos trabajadores ilegales en el país, la segregación, el racismo de la sociedad, los abusos de los caseros, la pederastia, la conciliación familiar, la realización profesional...
«Wafa [una joven musulmana cuidadora de un niño que Louise conoce en el parque] se parece a una especie de felino gordo, poco sutil pero muy desenvuelto. Todavía no tiene los papeles en regla pero eso no parece preocuparla. Llegó a Francia gracias a un señor mayor a quien ella daba masajes en un hotel de dudosa fama de Casablanca. El hombre se encariñó con sus manos, tan suaves, con su boca, sus nalgas y, por último, con todo el cuerpo que ella le entregaba, siguiendo su instinto y los consejos de su madre. Él se la trajo a París, donde vivía en un apartamento miserable y cobraba una pensión del Estado. "Tuvo miedo de dejarme preñada, y sus hijos lo convencieron para que me echara. Pero al viejo le hubiera gustado que yo me quedara con él."»
En cuanto a la forma diré que Canción dulce  se lee con inmenso placer gracias al buen trato que Leila Slimani da al lenguaje («Por la noche, se ha levantado el viento, una brisa marina en la que se adivina el sabor a sal y a utopías.»). Asimismo las abundantes vueltas atrás por las que nos enteramos de la vida de unos y otros personajes las realiza sin brusquedad surgiendo éstos ante nosotros con gran naturalidad. Gracias a estos flash backs conocemos especialmente a Sylvie, la madre de Myriam, que constantemente emite juicios críticos sobre el comportamiento de ella y de Paul («Cuando tenía la edad de ellos, sólo soñaba con hacer la revolución. "También es verdad que éramos algo ingenuos", señala Dominique, su marido, que se entristece al verla descontenta.»); y sabemos de Stephanie, la problemática hija de Louise alejada de su madre desde hace tiempo:
«Stéphanie tuvo mucha suerte. Cuando acabó la enseñanza primaria, Madame Perrin, la señora de la casa donde trabajaba Louise le propuso matricular a su hija en un liceo parisino, mucho mejor considerado que el que le correspondía en Bobigny.
Pero Stéphanie no se mostró a la altura de su generosidad. Unas semanas después de entrar en el liceo comenzaron los líos. Perturbaba la clase. Siempre se estaba riendo, lanzaba objetos, daba malas contestaciones a los profesores. [...] "Quizá Stéphanie se sienta más a gusto en un barrio cerca de su casa -añadió el jefe de estudios- donde tenga puntos de referencia." [...] Louise al llegar a su casa abrió la cancela y apenas la hubo cerrado se puso a moler a palos a Stéphanie .»
Merece muchísimo la pena leer esta novela de Leila Slimani. Os la recomiendo vivamente.

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El país de los otros ("Le pays des autres")

«En ese instante comprendió que era una extranjera, una mujer, una esposa, un ser a merced de los otros. Él ahora estaba en su territorio, él era quien explicaba las normas, quien decía lo que había que hacer, quien trazaba las fronteras del pudor, de la vergüenza y del decoro. En Alsacia, él era un extranjero, un hombre de paso que no debía hacerse notar.»

Leila Slimani,saga familiar,Marruecos y Francia
El país de los otros es el título de la primera entrega de la trilogía de idéntica denominación que Leila Slimani publicó en 2020 (
en España apareció en octubre de 2023). Esta primera novela de la serie lleva el subtítulo de Guerra, guerra, guerra. Las dos partes restantes de la trilogía son Míradnos bailar (febrero, 2021en Francia; 2023 en España) y Me llevaré el fuego (enero de 2025 en Francia; septiembre de 2025 en España). Esta serie de novelas indaga sobre la esencia de la historia marroquí y su cruce con la cultura francesa. Leila Slimani habla de la complejidad que resulta de la confluencia entre colonialismo, familia e identidad y pertenencia.

Desde luego la temática de esta trilogía es bien distinta a la de Canción dulce, pese a ser estos textos de la misma autora. Nos encontramos aquí ante la vida de una pareja formada por un marroquí (Amín Belhach) y una francesa (Mathilde Adam). Se conocieron y se casaron en Mulhouse (Francia) al final de la ocupación nazi de Francia. Acabada la segunda guerra mundial, la pareja se instala en Meknés (Marruecos), protectorado entonces francés. Allí Amin quiere hacer productiva la finca que ha heredado de su padre. La acción en esta primera novela de la saga va desde que llegan a Meknés al poco de acabar la Guerra Mundial hasta el final de agosto de 1955 cuando las revueltas por la independencia del país están ya en su punto álgido. Vemos cómo todos los personajes se sienten extraños en algún momento al lugar que habitan o a la posición que ocupan (marroquíes en Francia; franceses en Marruecos; mujeres occidentales en un mundo machista; niños frente a adultos....). La novela me ha parecido interesantísima, especialmente por el buen desarrollo psicológico de las problemáticas de cada uno de los personajes.

El choque entre ocupantes y ocupados, entre Occidente y Oriente, entre Cristianismo e Islam se evidencia a lo largo de todo la novela. La visión romántica que en Europa se tenía de África es la que Mathilde pretende "vender" a su familia a través de las cartas que les envía («En las cartas que escribía a su hermana, Mathilde mentía. Fingía que su vida se parecía a la de las novelas de Karen Blixen, Alexandra David-Néel o Pearl S. Buck»). No, desde luego la vida de Mathilde en el Protectorado francés de Marruecos no es tan ideal como la vida en África que describe Isak Dinensen en su novela autobiográfica "Memorias de África". En Marruecos las distancias entre culturas estaba más marcada incluso que la que Karen Blixen señalaba en Kenia
«Para Muilala, el mundo estaba atravesado por unas fronteras infranqueables. Entre hombres y mujeres, entre musulmanes, judíos y cristianos, y ella estaba convencida de que para entenderse bien, más valía no cruzarlas. La paz se conseguía si cada cual se quedaba en su sitio.»
Es interesantísimo ver cómo evolucionan los personajes al tiempo que evoluciona la situación política del país. Mathilde se va adaptando a la manera de vivir las mujeres en Marruecos, sujetas a la autoridad del hombre, si bien ella entiende que su entrega es una manera de demostrarle el poder que ella tiene sobre él. Por su parte Amin, que ha luchado contra los nazis en el ejército francés, se siente en un terreno de nadie; por eso su modo de proceder muestra inseguridades que su esposa va limando mediante su plena aceptación de la nueva realidad socio-política del país que está naciendo.

Un ejemplo de lo manifestado en el párrafo anterior se da cuando Amin, tras descubrir una foto de su hermana pequeña Selma con un joven aviador militar francés, enfurece y golpea a Mathilde por no haberla controlado debidamente y prohíbe a Selma asistir al Liceo. Pese a esto el matrimonio sigue haciendo el amor. Es la manera que tiene ella de dominarlo a él: 
«Para avergonzarlo, ella perdió todo pudor, toda compostura. Le arrojó a la cara su lujuria y su belleza de mujer, su vicio y su lubricidad. Mathilde le daba unas órdenes cuya crudeza escandalizaba a Amin y alimentaba su excitación. Ella le demostró que guardaba dentro algo inasible, algo sucio, y que él no era quien lo había ensuciado. Una negrura de la que ella era dueña y que él nunca entendería
Los personajes son abundantísimos. Todos tienen gran interés, aunque quizás sea Aicha, la hija de Amin y Mathilde, la niña mestiza, la que marque la esperanza de futuro. Otro personaje llamativo es el médico francés que atiende a Mathilde durante un episodio de enfermedad complicada que ella sufrió. El facultativo no logra entender a esa familia mixta con una hija mestiza
(el doctor francés que atiende a Mathilde) «sabía que el mundo había cambiado, que la guerra había trastocado todas las reglas, todos los códigos, como si hubieran puesto a las personas en un recipiente y las hubieran removido, entrechocando unos cuerpos de los que opinaba que era indecente que se tocaran. Aquella mujer dormía en los brazos de ese moro velludo, de ese patán que la poseía, le daba órdenes. Todo esto era injusto, no entraba dentro de la norma, esos amores creaban caos y desgracias. Los mestizos anuncian el fin del mundo.»
Por su parte Aicha cuando se sienta en la azotea de la casa junto a sus asustados padres y contempla los incendios de las fincas de los colonos que los revolucionarios marroquíes están realizando en silencio y para sus adentros piensa: «Que ardan. Que se vayan. Que se mueran». Con esto vemos que la niña ya no está en el país de los otros o al menos no se siente en el país de los otros porque los otros a partir de ahora son los colonos franceses y no ellos.

Desde un punto de vista formal quisiera destacar el hermoso vocabulario propio de Marruecos que Leila Slimani incorpora en la novela. El mismo dota de belleza al texto al tiempo que sirve de rasgo identitario del país donde suceden los hechos. Son términos como “patinillo” (patio pequeño),  “almocadén” (autoridad subalterna),  “ataifor” (mesa redonda y pequeña usada por los musulmanes), “jaique” (especie de almalafa, usada por mujeres árabes, que sirve para cubrirse de noche y como vestido de día), “grisgrís” (amuleto protector que trae buena suerte a la vez que ahuyenta al demonio),  “adul” (notario o fedatario público),  “albórbolas” (revuelo, bulla, jaleo, gritería o alboroto ruidoso),  “almozala” (en textos aljamiados y moriscos, tapiz o alfombrilla para la oración), “aljofifa” (trapo o bayeta para fregar, especialmente el suelo), “aduar” (campamento de beduinos, formado por tiendas y chozas), etc. Salvo la palabra grisgrís, vocablo que procede del área subsahariana introducido en Francia en el siglo XVI, el resto forma parte actualmente del repertorio léxico magrebí.

Leila Slimani,literatura francesa,mestizaje cultural
Para finalizar, señalaré algunos datos tomados de la información proporcionada por Penguin Random House en su página web que vienen a completar los elementos biográficos señalados al inicio de esta entrada: la novelista Leila Slimani es la representante personal del presidente francés Emmanuel Macron para la promoción de la lengua y la cultura francesas, y preside el jurado del Premio Booker Internacional 2023. Ocupó el puesto n.º 2 en la lista anual de Vanity Fair Francia de los Cincuenta franceses más influyentes del mundo. Nacida en Rabat, Marruecos, en 1981, divide su tiempo entre Francia y Portugal. 


19 mar 2026

Ana Campoy: El paracaidista

7 comentarios:

«Porque, cuando la Cascas Vieja había vuelto a mirar, cuando abrió las cortinas y salió de la alcoba, solo tuvo ojos para su primer hijo, el Cascas Grande. Y la hija se conformó porque ella no era varón y una mujer siempre tiene que aguantarse. Pero si en todo ese tiempo no hubo nada para ella, tampoco habría atención para otra, y menos para la hija de la tintorera.»

El paracaidista, Ana Campoy
Hasta la aparición de esta novela, la madrileña Ana Campoy era conocida fundamentalmente por sus obras dirigidas a un público infantil. El paracaidista lo publica el año 2024. La historia que se relata está situada en el mundo rural andaluz, seguramente jienense. Según avanzaba en su lectura por momentos venían a mí resonancias lorquianas. Un lenguaje poético con una alta carga metafórica es el que la autora utiliza para presentar un mundo escindido por la mitad entre opresores y oprimidos. Situado en la primera etapa de la posguerra están aún muy presentes las violencias de la Guerra Civil, las venganzas, las denuncias, los tiros dados en las tapias del cementerio, los suicidios por no poder resistir vivir entre tanta pobreza e injusticia, los ajusticiamientos realizados por algunos particulares sabedores de que la justicia no existiría para ellos, las violaciones... Un mundo, en definitiva, en el que la muerte (la 'sombra' en la novela) ronda constantemente.

Es una historia en la que hay cabida para la magia, la creencia en la superchería (los sanadores), el deseo, la huida entre vapores alcohólicos... Un mundo en el que las mujeres se erigen como base firme para hacer viable la vida y hacer que los propios prosigan en ella aunque sea a costa de su propia vida.

Pese a su brevedad (133 páginas) la novela es densa. La lectura no me ha resultado muy fluida al principio, si bien a partir de la mitad parece que cobra ritmo y todo comienza a desarrollarse de manera más ágil. Quizás la sensación de farragosidad deba bastante a los nombres dados a los personajes. Son todos ellos motes o apodos (la Tuerta, los Cascas [el Cascas Viejo, la Cascas Mediana, el Cascas Canijo...], la Berzas, el Chico, la Muda, el Tintorero...) que dificultan la ubicación exacta de los mismos en el universo familiar correspondiente. Este hecho, unido a la frecuente anticipación de sucesos presentados como si ya fuesen por todos sabidos, provoca que el texto en su primera parte dé la sensación de congestión.

Muy importante e interesante en El paracaidista es el lenguaje utilizado. Es un lenguaje cargado de poeticidad. Ana Campoy hace uso de un buen número de metáforas e imágenes que no sólo embellecen el texto sino que hacen que éste penetre de mejor manera en el lector:

  • [las mujeres] Iban de un puesto a otro con sus capazos, cargados de alimentos y de relatos
  • el pavor curvándole la espalda
  • La frase se le fue a Molienda como se le escapa al viejo la orina
  • Desde la alcoba, bajó hasta la cocina con el daño goteando
En ocasiones es la alegoría el recurso que conquista el relato

«Las criadas de los Cascas se buscan en las esquinas. La planta baja con tanta tarea, y ellas venga a darle a la rueca de la lengua. A hilar la retahíla. No atienden a los quehaceres con tal de despistarse. Y es que hay mucha hebra aquella tarde.»

El duende lorquiano invade el texto con fortuna las más de las veces:

  • «la pared encalada. La del patio, que ahora es de luna pero que casi no tiene reflejo.»
  • «El viento baja por la ladera. Congela el monte el rumor del agua que dice, que cuenta, que a la Barda la han apresado y la han llevado al penal.»

La historia la distribuye la autora en cinco apartados que conforman una trama que va de dentro hacia afuera: Desde lo interior doméstico (La Casa y El Pueblo) a lo exterior y último que tiene lugar al salir fuera de la Casa y del Pueblo de manera provisional o definitiva (La Luna y La Sombra). El fiel de la balanza lo constituye el tercer apartado titulado Los Caracoles. Estos moluscos son los auténticos agentes pasivos de la tragedia que en la novela se relata. Porque eso es la novela, una tragedia, más pequeña en tamaño de la que supuso la Guerra Civil pero idéntica en las causas y los efectos. Con razón en un momento del relato se lee:

«los Cascas habían ganado la guerra y todavía seguían ganándola aun sin luchar, que es la mejor manera. Hacerse con las ovejas, las olivas y las tierras. Con el sudor y las manos de los otros. El mejor modo de ganar. Quedarse con todo. Ganar para escribir las reglas.»

Para finalizar quisiera resaltar de nuevo la fuerte raigambre lorquiana de la historia. Además de lo ya dicho respecto al lenguaje, la localización rural andaluza entre olivares y la relación de poder entre personajes remite -al menos a mí así me lo ha sugerido- a Federico. Lo que más me lo parece es esa manera de relacionarse entre la Alcuza y la Cascas Mediana, o sea entre la criada principal de la Casa y la señora de la misma. Algunos diálogos como el mantenido entre ellas sobre una sobrina el día que entierran al Cascas Grande parecen propios de Bernarda Alba y la Poncia:

«—¿A ti te parece bien? ¿Pintada como una cualquiera?
—Yo solo digo que, por muy fuerte que aprietes, la lazada al final se suelta.
—Por eso mejor cuerda de esparto. Nada de hilos de seda.
—No exageres.
—En esta casa somos gente de bien.
—Pero tú por eso no has de temer. Tu hija es de buen linaje. No va a seguir los malos senderos.
»
Me parece interesantísimo la manera que tiene Ana Campoy de presentar la narración. Es un narrador externo en tercera persona que maneja con fruición el estilo indirecto libre logrando que los lectores nos sintamos dentro de los hechos narrados. 
«Los odios antiguos todavía perduran, aunque bastante haya llovido sobre las banderas. Qué sentido tiene mirar hacia lo que ya está pasado, si la guerra quedó lejos y los uniformes se quedaron doblados en los arcones. Que ya nadie lucha ni mata. Ahora el pueblo es otro y la gente solo quiere paz. Y trabajo. Porque lo más decente es ganarse el jornal.» (escribe el narrador diluyéndose en la boca o el pensamiento del Cascas Canijo)
Ana Campoy autora de "El paracaidista"
Efectivamente, Ana Campoy gusta de difuminar la figura del narrador y es por ello que también utiliza con mucha frecuencia el estilo directo libre, o sea, sin verbos introductores; ejemplo de esto último es el diálogo citado poco más arriba entre la Alcuza y la Cascas Mediana. También está presente en el muy vivo diálogo mantenido por la servidumbre de la casa de los Cascas a propósito de la exhibición que la Tuerta elegantemente ataviada realiza por el pueblo. 

Muchos recursos literarios hay en esta novela corta. La suma de todos ellos más la historia narrada dan al relato un tono cercano al realismo mágico. Podrá ser mera casualidad o simple deseo mío, pero leyendo esta historia situada en tierras jienenses su tonalidad, el asunto, ciertos comportamientos de algunos personajes...  por momentos todo ello junto me ha hecho recordar a David Uclés y su renombrada obra La península de las casas vacías a la que dediqué una elogiosa reseña en este blog. Desde luego esta cuestión e incluso la presencia o no de realismo mágico sería tema para un interesante debate.
«Sólo el fuego sabe lo de la niña muda y sus poderes. Eso que la niña entiende y que ve en los demás. Porque la niña muda no solo escucha a las llamas, también tiene visión de todo lo que a los del pueblo les queda por decir. Lo que querrían hablar porque les rebosa de las tripas, y cómo después nunca se atreven y el ardor les quema la frente, y más tarde los sesos. Uno por uno los oye frenar las ideas. Dejarlas al filo de la  boca y dudar si empujarlas o no al vacío.»

El paracaidista es la primera incursión de la novelista madrileña en la narrativa no dirigida para un público infantil. En el campo de la literatura infantil Ana Campoy tiene más de una decena de títulos en las librerías. 

Nota final
Tuve oportunidad ayer mismo de participar en la tertulia que sobre El paracaidista tuvo lugar en en Club de Lectura de La Casa del Libro de la c/ Fuencarral  de Madrid. Sandra, coordinadora de la Tertulia, presentó a Ana Campoy, la autora de la novela, quien con una enorme vitalidad y entusiasmo explicó el proceso de gestación de esta su primera novela dirigida a un público adulto. Todo lo que contó me gustó, pero quizás lo que más me interesó fue la referencia que hizo a la mítica que desde la Grecia antigua hasta hoy permea nuestra cultura y tiene fuerte presencia en su libro. El mito de Aracne y la tragedia de Antígona son a este respecto los elementos más relevantes: el primero en cuanto a la forma dada a la novela y la manera que tienen actores y lectores de conocer los hechos que en ella suceden; el segundo, más en el plano del contenido, referido a la injusticia que representa negar al vencido el descanso eterno en el lugar que le corresponde. También me pareció revelador, referido a la mítica, la importancia que para la escritora tuvo la lectura en El Español de un artículo titulado El triángulo de los suicidas: en los pueblos donde quitarse la vida es una costumbre. Este artículo fue el aldabonazo final que la decidió  ponerse de lleno con El paracaidista.

Ana Campoy
Pero, quizás, lo más llamativo para mí fue contemplar el "making of" que Ana Campoy desplegó ante quienes, encantados, estábamos escuchándola. Contemplamos los elementos del proceso creativo: el cuaderno en el que a lo largo de varios años fue escribiendo relatos que le inspiraban las confesiones de sus abuelos jienenses y donde apuntaba cuantas posibilidades o ideas se le iban ocurriendo para ir conformando una posible novela que aún no tenía decidido escribir; una especie de "evidence board" en el que a base de post-its de colores había ido diseñando la estructura de la historia; y por último la "escaleta" en la que ya aparecía debidamente organizada la trama. 

Tras las palabras de la novelista, los asistentes a la tertulia le transmitimos dudas, le hicimos preguntas, le destacamos aciertos, le pedimos aclaraciones... Y Ana Campoy dio respuesta a todo y a todos. Fue una muy interesante tertulia. Muchas gracias, Ana


15 mar 2026

Selva Almada, novelista argentina

10 comentarios:
Leyendo, como acostumbro hacer todas las semanas, Babelia, me topo con una elogiosa reseña de Leonardo Padura sobre Una casa sola (para leer la crítica de Leonardo Padura pinchar aquí), la novela que Selva Almada, escritora argentina, acaba de dar a la luz en Penguin Randon House. Al hilo de la lectura, el cubano Padura me hace recordar la enorme satisfacción literaria que experimenté leyendo otra novela de Selva Almada titulada Ladrilleros. La realicé hace ya más de cinco años y no resisto la tentación de volver a colgar de nuevo en este blog la reseña que su lectura me inspiró


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Selva Almada. "Ladrilleros"
(reseña de 6 de julio de 2020)

"Ninguno recordaba cuál había sido el principio del disturbio. Una noche de esas en que los dos se dejaban estar hasta el amanecer en un bar, se habían desconocido." [los dos son Òscar Tamai y Elvio Miranda, padres respectivos de Pajarito y Marciano] .
"En una de esas tardes calurosas, con el cuerpo veteado por los surcos que deja el sudor en el polvo adherido a las pieles, disfrutando del botín de una pila de naranjas amargas robadas de alguna quinta, Marciano y Pajarito se habrán hecho amigos."

Esta novela corta ha sido para mí toda una sorpresa. De mano, de ella sólo sabía que había sido publicada en 2013 y que era argentina o uruguaya, esto lo tenía claro. De su autor o autora lo desconocía todo. En principio penséa que sería hombre pese a que el nombre era Selva, pero ¡hay tantos seudónimos en los que quienes gustan de escribir se ocultan cambiando de género! Según fui leyendo me fui más y más convenciendo de que quien había creado esta historia no podía más que ser varón, pero cuál no sería mi sorpresa cuando acabada la lectura consulto en Internet y me devuelve la imagen de una agradable mujer de 47 años, argentina, nacida en la provincia de Entre Ríos que ha tocado varios géneros en el mundo de la Literatura: cuento, ensayo, poesía... "Ladrilleros" sería la tercera de sus novelas. La identidad de Selva Almada, es la última de las sorpresas que "Ladrilleros" me ha dado.

Selva Almada, novela corta, bildungsroman
Entré en la novela bajo de expectativas pues personas próximas me habían hablado en negativo de la dificultad del léxico utilizado por la autora. "¡Es imposible leer esta novela de seguido. Cada poco hay que pararse a buscar significados!" En efecto el vocabulario utilizado en la narración es extraño para un español si bien al haberlo leído en mi kindle pudiendo consultar rápido los sentidos correctos de las expresiones en ningún momento vi interrumpido mi disfrute lector. Tan sólo alguna expresión como la de "chaque" se me quedaba en el limbo de los justos durante la lectura; no ha sido hasta ahorita mismo o recién -que diría algún paisano de la escritora- que he podido dilucidar el sentido de la expresión: modismo regional derivado del idioma guaraní propio del nordeste Argentino con el sentido de ¡cuidado! o ¡precaución!. En el fondo esta expresión es una más del grueso de vocablos del mismo origen guaraní presentes en la novela y cuyo uso es muy frecuente entre la población de la provincia de Corrientes en el nordeste de Argentina, zona limítrofe con Paraguay y Brasil, donde suceden los hechos relatados. Así pues vencer y disfrutar de la inmensidad de la lengua viva popular argentina sin perturbar excesivamente mi lectura fue la primera grata sorpresa.  Algunos ejemplos del vocabulario:
Yuyos’: malas hierbas, ‘pispear’: indagar; ‘culear’: realizar el coito; ‘berretín’: deseo, ilusión; ‘chicote’: látigo, trabilla; ‘rebenque’: látigo; ‘afanar mamones. Mantener a raya a los cuzcos’: robar [perrillos] recién nacidos. Controlar a los perros pequeños; ‘carayá’: mono aullador; ‘changas’: chaperones; ‘lauchas’: ratones; ‘gausca’: pene; ‘paspado’: agrietado; ‘chirle‘: blanduzca; ‘percudida’: ensuciada; ‘guacho’: huérfano; ‘atado’: paquete de cigarrillos; ‘potrero’: Terreno inculto y sin edificar donde suelen jugar los muchachos; ‘buchaca’: Bolsa de la tronera de la mesa de billar; etc.
Las siguientes sorpresas vinieron ya todas juntas y solidarias formando la perfecta novela que "Ladrilleros" es. Me refiero especialmente a la estructura que Selva da a esta historia de la amistad y enemistad habida entre dos chicos ('changos') que nacen prácticamente al mismo tiempo, crecen y se educan juntos, pierden su amistad por resquemores típicos de muchachos, y se sienten herederos de la tremenda inquina que en vida existió entre sus padres, aversión que ambos practicarán con resultado tremendo.

En la novela, principio y final se unen cerrando un círculo. Son dos momentos separados por apenas unos minutos o quizá segundos, los que van de sentir unos navajazos a la pérdida de la vida. Es en ese interregno de la agonía cuando pensamientos y recuerdos acuden en desorden a la conciencia de los moribundos, que conocemos la vida y los antecedentes familiares de estos dos chicos, Pajarito y Marciano, que les han llevado inevitablemente a este final fatal.

El texto, pues, es todo un enorme flash back con avances y retrocesos que nos van dando informaciones debidas sobre los avatares de los Tamai (la familia de Pajarito: su padre Óscar, su madre Celina, su hermana Sonia...) y de los Miranda (la familia de Marciano: su padre Elvio, su madre Estela, su hermano Ángel, sus hermanas mellizas). Todo lo iremos sabiendo en perfecta y medida dosificación según establece la autora. Esto es magnífico y me ha gustado mucho. 

Junto a lo anterior está el ritmo vivo, dinámico, real, costumbrista podría decirse aunque de un costumbrismo no urbano ni rural sino más bien de etapa vivencial, la de estos dos niños, luego adolescentes, luego ya muchachos. Son las maneras de ser típicas de estas fases de desarrollo las que se nos muestran en esta novela. Estamos ante unos chicos que sufren a sus padres, violentos a veces con ellos en grado sumo, sobre todo con Pajarito; unos chavales que disfrutan infringiendo pequeñas y muchas veces absurdas prohibiciones paternas como la de no ir a la Feria que se está instalando en la localidad; unos muchachos que comienzan a sentir las urgencias del sexo que en un momento dado es el centro de todo. Tener sexo con ésta o con aquélla, beber hasta perder el sentido, utilizar las conquistas como arma con la que violentar al un día amigo y de un tiempo acá ya enemigo eterno, ocultar al otro las apetencias sexuales si éstas no se atienen a lo establecido en un universo de machos, pelear y gallear dentro del grupo a fin de dejar claro quién lleva la voz cantante... Es en este sentido en el que digo que en la novela hay costumbrismo.

A una mentalidad europea como la mía le sorprende la sexualidad constante en que viven estos chicos junto a sus compañeras del otro sexo, quizás ellas más propensas a la sensualidad y más enraizadas con el sentido telúrico que las lleva a la maternidad, su meta vital, donde se cobijan y a la que, de no haberla conseguido aún, ansían llegar. Una vez allí se sienten realizadas; no así sus partenaires masculinos que viven la necesidad del sexo más como caza y prueba de éxito entre sus iguales que por afán de ser padres. Ellos -es el caso de uno de los personajes- pueden dejar mujer e hijos sin sentir gran pena, no se sienten atados a un hogar, su vida está más fuera que dentro: en los boliches, en el juego, en las tabernas, en los quilombos... Es, evidentemente, una sociedad cien por cien machista donde la única función del varón es la de con el sexo procurarse satisfacción y contribuir, aunque eso ya no le importe mucho, a que ellas sean madres. La propiedad del hombre sobre la mujer e hijas es total. Así al padre de Celina le molesta que ella lleve en su interior un hijo de Tamai y ejerce su derecho a golpearla por ello, algo que Celina entiende pues de siempre los hombres han golpeado a sus mujeres.
Los hombres golpean a sus mujeres alguna vez en la vida. A eso también lo había aprendido. ¿Acaso su padre no la había agarrado con el cinto cuando le dijo que esperaba un hijo de Tamai?
novela argentina actual, sexo en la literatura, machismo, Selva Almada
 Otra cosa que me ha gustado muchísimo es la manera de utilizar los recursos narrativos: el narrador aparece en forma de variadas personas gramaticales dando viveza y también complejidad al relato; otro tanto sucede con los tiempos verbales, usados en combinaciones temporales a veces sorprendentes pero que contribuyen a que el texto no sea jamás pesado ni repetitivo; me ha parecido curiosa la manera frecuente de utilizar sintácticamente el doble Objeto Indirecto (Si Tamai le mató a Miranda…) e incluso en ocasiones el doble Objeto Directo (Se había alejado para no molestarla a Estela con el humo); y desde luego es magistral la manera fluida con que la autora sabe introducir el Estilo Indirecto Libre, el monólogo interior y el soliloquio logrando que el propio lector se vea inmerso en la historia que lee, como si ésta lo hubiese abducido. ¡Fantástico! Por último, a este respecto, hay que destacar muy mucho el lenguaje expresivo, fuerte, sin artificios ñoños, que Selva Almada utiliza y que vuelca en el papel con gran naturalidad
 Agarrar y oler una concha, meterle la lengua hasta el fondo, chuparle todo el jugo a ver si se saca el olor a meo y a mierda del baño de la bailanta, ['bailanta': club donde se escucha normalmente un tipo de música (cumbia, tropical, reguetón...) y que es frecuentado por una clase social baja, de escaso poder instructivo]
Leyendo esta novela he sentido que la escritora 'proviene de' y 'pertenece a' el enorme mar del buen hacer literario hispanoamericano. La gran literatura del subcontinente americano subyace en esta obra, novelita por su tamaño y gran narración por su historia y forma. En especial dos autores constantemente se me venían a la cabeza mientras la leía. Uno era Gabriel García Márquez y su "Crónica de una muerte anunciada" pues de parecida manera a lo acontecido en la historia del colombiano la inevitabilidad del encuentro mortal ronda por nuestras cabezas desde bien temprano. El otro autor que continuamente se me aparecía, sin duda alguna por la historia y sobre todo por las técnicas narrativas empleadas, era el mejicano Carlos Fuentes en su genial novela "La muerte de Artemio Cruz" publicada el año 1962. Ese ir y venir del ámbito de lo real a lo irreal, esas visiones alucinatorias propias del estado agónico de una persona, esa confusión como de duermevela en la que sueño y fantasía onírica invaden y hasta llegan a suplir el orden propio del mundo racional, son el eje formal y estructural del relato de Selva Almada
Aunque hayan pasado diez años, Elvio Miranda todavía no pudo entrar a la tierra de los finados. Está varado en esos pocos minutos antes de ser asesinado; no se resigna a abandonar el mundo de los vivos.
Este buen hacer procedimental, además de en la genial novela de Carlos Fuentes, últimamente también lo he disfrutado -si bien no es idéntico pero sí semejante- leyendo "Lincoln en el Bardo", novela del año 2017 escrita por otro americano, aunque en esta ocasión anglo y no hispano, llamado George Saunders; este relato lo leí hace bien poco y lo tengo reseñado en este blog [para acceder a la reseña pinchar aquí

En el capítulo de las evocaciones ha habido también momentos en que frases o situaciones se me hacían como muy lorquianas. En especial he tenido esta sensación al leer cómo ella se quedaba con el corazón en la boca hasta que él volvía, temiendo lo peor. Ella es Celina, la madre de Pajarito, angustiada al ver que su marido Óscar marcha a la taberna y temiendo que cuando se emborrache pueda tirar de navaja. Y es que las navajas en manos de hombres es un elemento frecuente en poemas y tragedias de Federico García Lorca. El momento en que más he sentido la presencia del poeta granadino ha sido en la frase "Los filos hambrientos buscaron la carne enemiga". Poesía total la que derrocha Selva Almada aquí y en muchos otros momentos de esta bella novela.

Para finalizar
En cierto modo esta novela podría encuadrarse dentro de las llamadas novelas de aprendizaje, iniciación o con palabra germánica 'bildungsroman'. Efectivamente en esta narración asistimos al proceso de la educación del carácter de Pajarito Tamai y Marciano Miranda por sus respectivos padres. Ambos niños, amigos en su tierna infancia, se verán conducidos al enfrentamiento inexorable a través de los actos de sus padres, de sus propias madres y también del ambiente de la comunidad en la que viven que casi sin sentirlo los empujará a ello

Antes de concluir quisiera aclarar algo respecto al título que de seguro muchos se estarán preguntando. ¿Por qué "Ladrilleros"? ¿Es que acaso el asunto va sobre industrias cerámicas que fabrican materiales de construcción? Bueno, no exactamente. La razón del título obedece sólo a que los dos personajes centrales y sus familias respectivas trabajan en sendas fábricas de ladrillos. Pero en la historia no hay que buscar asuntos propios de la construcción de casas ni cosas por el estilo. 'Ladrillero' sólo es la profesión que tienen Pajarito y Marciano. Nada más.

Nota
Esta novela de Selva Almada ha sido  el libro que este mes de julio hemos comentado en la Tertulia "más que palabras...". Con ella cerramos el año lector. Si queréis leer nuestras divagaciones y las aportaciones que unos y otros hicimos sobre ella no tenéis más que hacer clic aquí.