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21 mar. 2019

Día de la Poesía 2019. Florilegio poético II: Las poesías de "más que palabras..." (continuación)

1 comentario:
Poesía, Blogs de poesía

En 2017 muy cerca del día 21 de marzo en que de unos años para acá viene celebrándose el Día de la Poesía publiqué una entrada titulada Florilegio poético. Las poesías de "más que palabras...". Quise con ese post dar visibilidad a una de las actividades que en "más que palabras...", -la tertulia literaria que desde hace ya 10 años mantenemos contra viento y marea un grupo de amigos-, realizamos: el recitado, por parte de uno de los tertulianos designado por riguroso turno, de uno o varios poemas de su elección. Con Poesía, pues, cerramos -si no se nos echa encima el tiempo, cosa que en ocasiones nos sucede- las reuniones mensuales. Entendemos que Literatura es mucho más que leer Novelas, la actividad que es central en nuestra tertulia y me atrevería a decir que en la mayoría de las tertulias.

Entiendo que es un buen homenaje a la Poesía en este su Día leer y escuchar los textos de diversos poemas compuestos por diferentes poetas (Juan Ramón Jiménez, Luis Alberto de Cuenca, Dámaso Alonso, Emily Dickinson, Elvira Sastre, Manuel Vilas, Rubén Darío, etc., etc.) seleccionados, a su libre albedrío, por los miembros de la tertulia. Siempre que puedo acompaño el texto del recitado del mismo en mi voz. Como suelo decirles a mis contertulios pido benevolencia en vuestros juicios. Otras veces he colocado un video de la recitación que del poema haya hecho alguien que me haya seducido especialmente. Espero, en definitiva, que os guste la entrada

Mayo de 2017
Caballos
(José Luis Puerto)


Que vuelvan los caballos
Del tiempo a mi jardín,
Que pasten en las hondas
Praderas de mi pecho.
Nutre como la sangre
La roja hierba de mi corazón
. Siento aún el galope velocísimo
De esos latidos que me llevan siempre
A aquel jardín lejano,
A aquel espacio virgen
Lleno de castañares, de granito
De enciclopedias que atesoran
Los enigmas del tiempo.
Que vuelvan los caballos,
Tengo caminos para su galope
Que llevan a un jardín, a mi jardín
Con rosas de inocencia, con aromas
Que atraen las caracolas del recuerdo,
Tengo praderas en el mapa mudo
De la niñez,
Allí qué pastos hallarán, qué arroyos
En que abrevar felices,
En que calmar la sed
Del pasado, tan lejos;
Aún tienen hierba mis laderas prístinas
Y el agua de la vida aún las riega.
Que vuelvan los caballos
Del tiempo a mi memoria,
Que traigan los recuerdos
En alforjas de magia;
Hace tiempo que espero su galope
Por las secretas vías de mi infancia,
Hace tiempo que esperan mis oídos
Escuchar su galope;
Están de mi jardín las puertas bien abiertas
Y en las altas planicies de mi pecho
No existe ningún muro
Para impedir su paso.
Si vienen les daré las rosas de mi sangre.
(“Un jardín al olvido”, 1987)
Life vest under your seat,
(Luis García Montero)


Señores pasajeros buenas tardes
y Nueva York al fondo todavía,
delicadas las torres de Manhattan
con la luz sumergida en una muchacha
triste,
buenas tardes señores pasajeros,
mantendremos en vuelo doce mil pies de
altura,
altos como su cuerpo en el pasillo
de la Universidad, una pregunta,
podría repetirme el título del libro,
cumpliendo normas internacionales,
las cuatro ventanillas de emergencia,
pero habrá que cenar, tal vez alguna copa,
casi vivir sin vínculo y sin límites,
modos de ver la noche y estar en los
cristales
del alba, regresando,
y muchas otras noches regresando
bajo edificios de temblor acuático,
a una velocidad de novecientos
kilómetros, te dije
que nunca resistí las despedidas,
al aeropuerto no,
prefiero tu recuerdo por mi casa,
apoyado en el piano del Bar Andalucía,
bajo el cielo violeta
de los amaneceres de Manhattan,
igual que dos desnudos en penumbra
con Nueva Cork al fondo, todavía
al aeropuerto no,
rogamos hagan uso
del cinturón, no fumen
hasta que despeguemos,
cuiden que estén derechos los respaldos,
me tienes que llamar, de sus asientos.
(“Habitaciones separadas”, 1994)
El desayuno
(Luis Alberto de Cuenca)

Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».
(De “El hacha y la rosa”, 1993)

Junio de 2017
Día de las Matemáticas, Dís del Número Pi
El número Pi

(Wislawa Szymborska)


El número Pi es digno de admiración
tres coma uno cuatro uno,
todas sus cifras siguientes también son iniciales,
cinco nueve dos, porque nunca se termina.
No permite abarcarlo con la mirada seis cinco tres cinco,
con un cálculo ocho nueve,
con la imaginación siete nueve
o en broma tres dos tres, es decir, por comparación
ocho cuatro seis con cualquier otra cosa
dos seis cuatro tres en el mundo.
La más larga serpiente después de varios metros se interrumpe,
Igualmente hacen, aunque un poco más tarde, las serpientes fabulosas.
El cortejo de cifras que forman el número Pi
no se detiene en el margen de un folio,
es capaz de prolongarse por la mesa, a través del aire,
a través del muro, de una hoja, del nido de un pajaro,
de las nubes, directamente al cielo
a través de la total hinchazón e inmensidad del cielo.
¡Oh, que corta es la cola del cometa, como la de un raton!
¡Que frágil el rayo de la estrella que se encorva en cualquier espacio!
Pero aquí dos tres quince trescientos noventa
mi número de télefono la talla de tu camisa,
año mil novecientos setenta y tres sexto piso
número de habitantes sesenta y cinco céntimos
la medida de la cadera dos dedos la charada y el código
en el que mi ruiseñor vuela y canta
y pide un comportamiento tranquilo,
tambien transcurren la tierra y el cielo
pero no el numero Pi, este no,
el es todavia un buen cinco,
no es un ocho cualquiera,
ni el último siete
metiendo prisa, oh, metiendo prisa a la perezosa eternidad
para la permanencia. 


Septiembre de 2017

Lo fatal 

(Rubén Darío)
Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...



 

Octubre de 2017

¿TE BAÑAS CONMIGO EN ESTE MAR...?
(Marta Sanz)


¿Te bañas conmigo en este mar
ahora que es de noche
y el agua está furiosa
y es muy probable
que tengamos que abrazarnos
para sobrevivir a la galerna?

Me lo pregunta
un hombre borracho
que lleva sobre el pelo
una cresta de gallina.


Noviembre de 2017

Rima LXIX
(Gustavo Adolfo Bécquer)


Al brillar un relámpago nacemos
y aún dura su fulgor cuando morimos;
¡tan corto es el vivir!

La Gloria y el Amor tras que corremos
sombras de un sueño son que perseguimos;
¡despertar es morir!
PROVERBIOS Y CANTARES - XV,
(Antonio Machado)


Cantad conmigo a coro: Saber, nada sabemos,
de arcano mar venimos, a ignota mar iremos...
Y entre los dos misterios está el enigma grave;
tres arcas cierra una desconocida llave.
La luz nada ilumina y el sabio nada enseña.
¿Qué dice la palabra? ¿Qué el agua de la peña?

Entre dos oscuridades, un relámpago
Vicente Aleixandre
¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...
RUBÉN DARÍO
Sabemos adónde vamos y de dónde venimos.
Entre dos oscuridades, un relámpago.
Y allí, en la súbita iluminación, un gesto, un único gesto,
una mueca más bien, iluminada por una luz de estertor.
Pero no nos engañemos, no nos crezcamos. Con humildad,
con tristeza, con aceptación, con ternura,
acojamos esto que llega. La conciencia súbita de una compañía, allí en el desierto.
Bajo una gran luna colgada que dura lo que la vida, el instante del darse cuenta entre dos infinitas oscuridades,
miremos este rostro triste que alza hacia nosotros sus grandes ojos humanos,
y que tiene miedo, y que nos ama.
Y pongamos los labios sobre la tibia frente y rodeemos
con nuestros brazos el cuerpo débil, y temblemos,
temblemos sobre la vasta llanura sin término donde sólo brilla la luna del estertor.

Como en una tienda de campaña
que el viento furioso muerde, viento que viene de las hondas profundidades de un caos,
aquí la pareja humana, tú y yo, amada, sentimos las arenas largas que nos esperan.
No acaban nunca, ¿verdad ? En una larga noche, sin saberlo, las hemos recorrido;
quizá juntos, oh, no, quizá solos, seguramente solos, con un invisible rostro cansado desde el origen, las hemos recorrido.
Y después, cuando esta súbita luna colgada bajo la que nos hemos reconocido se apague,
echaremos de nuevo a andar. No sé si solos, no sé si acompañados.
No sé si por estas mismas arenas que en una noche hacia atrás de nuevo recorreremos.

Pero ahora la luna colgada, la luna como estrangulada, un momento brilla.
Y te miro. Y déjame que te reconozca.
A ti, mi compañía, mi sola seguridad, mi reposo instantáneo, mi reconocimiento expreso donde yo me siento y me soy.
Y déjame poner mis labios sobre tu frente tibia - oh, cómo la siento -.
Y un momento dormir sobre tu pecho, como tú sobre el mío,
mientras la instantánea luna larga nos mira y con piadosa luz nos cierra los ojos.

(Poema perteneciente a “Historia del Corazón” publicado en 1955)

Enero de 2018

I tie my Hat—I crease my Shawl / Me ato el Sombrero – doblo el Chal
Emily Dickinson, 1830 - 1886

(En Inglés)
I tie my Hat—I crease my Shawl—
Life’s little duties do—precisely—
As the very least
Were infinite—to me—

I put new Blossoms in the Glass—
And throw the old—away—
I push a petal from my gown
That anchored there—I weigh
The time ‘twill be till six o’clock
I have so much to do—
And yet—Existence—some way back—
Stopped—struck—my ticking—through—

We cannot put Ourself away
As a completed Man
Or Woman—When the errand’s done
We came to Flesh—upon—
There may be—Miles on Miles of Nought—
Of Action—sicker far—
To simulate—is stinging work—
To cover what we are
From Science—and from Surgery—
Too Telescopic Eyes
To bear on us unshaded—
For their—sake—not for Ours—

Therefore—we do life’s labor—
Though life’s Reward—be done—
With scrupulous exactness—
To hold our Senses—on—
(En castellano)
Me ato el Sombrero - doblo el Chal –
Hago los pequeños deberes de la Vida - con precisión –
Como si el más mínimo
Fuera infinito - para mí –

Cambio las Flores del Jarrón –
Y tiro las Viejas –
Quito un pétalo de mi vestido
Que ancló allí – Sopeso
El tiempo hasta que sean las seis –
Tengo tanto que hacer –
Y sin embargo - la existencia - tiempo atrás –
Se paró – atravesó - mi tic-tac –

No podemos apartarNos –
Como Hombre consumado
O Mujer - Cuando está hecho el recado
Con el que nos Encarnamos –
Puede haber - Millas sobre Millas de Nada –
De Acción - con mucho más enferma –
Que simular - es trabajo punzante –
Encubrir lo que somos
De la Ciencia - y de la Cirugía –
Ojos Demasiado Telescópicos
Para apuntarnos al descubierto –
Por Su - bien - No por el Nuestro –

Por eso - hacemos la labor de la vida –
Aunque la Recompensa de la vida - haya terminado –
Con escrupulosa exactitud –
Para - mantener - nuestros Sentidos



Febrero de 2018

QUIERO HACER CONTIGO TODO LO QUE LA POESÍA AÚN NO HA ESCRITO
(Elvira Sastre)



Cualquiera diría al verte
que los catastrofistas fallaron:
no era el fin del mundo lo que venía,
eras tú.

Te veo venir por el pasillo
como quien camina dos centímetros por encima del aire
pensando que nadie le ve.
Entras en mi casa
—en mi vida—
con las cartas y el ombligo boca arriba,
con los brazos abiertos
como si esta noche
me ofrecieras barra libre de poesía en tu pecho,
con las manos tan llenas de tanto
que me haces sentir que es el mundo el que me toca
y no la chica más guapa del barrio.

Te sientas
y lo primero que haces es avisarme:
No llevo ropa interior
pero a mi piel le viste una armadura.
Te miro
y te contesto:
Me gustan tanto los hoy
como miedo me dan los mañana.

Y yo sonrío
y te beso la espalda
y te empaño los párpados
y tu escudo termina donde terminan las protecciones:
arrugado en el cubo de la basura.
Y tú sonríes
y descubres el hormigueo de mi espalda
y me dices que una vida sin valentía
es un infinito camino de vuelta,
y mi miedo se quita las bragas
y se lanza a bailar con todos los semáforos en rojo.

Beso
uno a uno
todos los segundos que te quedas en mi cama
para tener al reloj de nuestra parte;
hacemos de las despedidas
media vuelta al mundo
para que aunque tardemos
queramos volver;
entras y sales siendo cualquiera
pero por dentro eres la única;
te gusta mi libertad
y a mí me gusta sentirme libre a tu lado;
me gusta tu verdad
y a ti te gusta volverte cierta a mi lado.

Tienes el pelo más bonito del mundo
para colgarme de él hasta el invierno que viene;
gastas unos ojos que hablan mejor que tu boca
y una boca que me mira mejor que tus ojos;
guardas un despertar que alumbra las paredes
antes que la propia luz del sol;
posees una risa capaz de rescatar al país
y la mirada de los que saben soñar con los ojos abiertos.

Y de repente pasa,
sin esperarlo ha pasado.
No te has ido y ya te echo de menos,
te acabo de besar
y mi saliva se multiplica queriendo más,
cruzas la puerta
y ya me relamo los dedos para guardarte,
paseo por Madrid
y te quiero conmigo en cada esquina.

Si la palabra es acción
entonces ven a contarme el amor,
que quiero hacer contigo
todo lo que la poesía aún no ha escrito.

Marzo de 2018

J. A. G. H.
(Joan Margarit)

Te imagino bebiendo el vino áspero
del bar de ese poblacho desde el que me [escribiste
tu última carta. Digo muy despacio:
Hice una inmensa finta y viví veinte años.
Es el único verso tuyo
que puedo recordar de tantas noches
en el Café de la Ópera.
Siempre pensé que, de los dos, serías tú el [poeta,
Un seco Baudelaire de Extremadura.
Amigo, extraviado desde hace tanto[tiempo,
una voz al teléfono que a veces
surgía de las viejas esperanzas.
De pronto sé que somos uno solo
Y que has detenido aquella noria
Del poema funesto que no acababas nunca.




elblogdejcgc, El blog de Juan Carlos
Aquella amiga suicida.
(José Antonio González-Haba)

Estás en la amplitud de la ventana
que cálida y pacífica me mira,
observando aún el cotidiano
desenvolvimiento de la estancia:
las viejas sillas, la cama sobre el suelo,
el nuevo libro, la revolución
que amaste y prosiguen las canciones.
Estás en el fondo de aquel espejo
como en un pozo muy profundo
esperando que asomen otros rostros.
En la percha, donde demenciales
a veces aparecen tus vestidos.
En el armario que te quiso tanto.
Estás vagando, tenue, por la casa:
cada crepúsculo una sombra cruza
hacia el lavabo donde te peinabas
y sonaban puertas, grifos, pájaros.
Estás en el retrato de Van Gogh
que salvaje contempla las paredes.
En las sucias cazuelas y sartenes.
Estás bellísima en el tragaluz
que en la cocina canta el esplendor
de viejas cenas a la media noche.
No sé. Pero en algún lugar estás.
Vagas sonriente por todas las buhardillas.
Tú, que sin decir nada a los vencejos
decidiste un día cambiar de abismos
y me dejaste a solas con las puertas.
Solitario,
desde la más alta terraza,
he de encaramarme una noche a las [estrellas
y saber de la sonrisa
con que, para siempre,
desde algún lugar me miras.


Abril de 2018

"GRAN VILAS"
Manuel Vilas, poemario "Gran Vilas"

Cómo me gusta el dinero,
cómo me gustaría
ser uno de los hombres
más ricos del planeta.

Me gusta ese momento en que la gente te paga por lo que sea.

Creo que lo que me mataría de verdad es no tener dinero.
Eso mató a mis antepasados: no tener nada.

Me gusta recibir transferencias bancarias.

Pero no me estoy haciendo rico,
sólo me hago viejo.

Se acerca el momento final
Y sigo igual de pobre que siempre,
Igual de pobre que mi padre y el padre de mi padre,
raza negra de negros españoles,
y eso me mete mala y negra sangre en la cabeza.

Muy viejo e igual de pobre que todos los viejos de la tierra.

Mira que era pobre mi padre y mira que yo amaba
esa pobreza, los pobres elegantes españoles
con la frente llena del sol del Mediterráneo.
Mi padre era un Woody Guthrie de las montañas de
Huesca.
Era el mejor, siempre guapo, siempre radiante.
Pero se murió, así fue, se murió.

¿Por qué no soy rico si soy el mejor de los hombres,
si soy un santo,
si soy San Vilas,
muy colega de mis colegas,
un vitalista cordial?

Pagan mal en todas partes. Pagan mal en todo el planeta.
Pronto ya no pagarán nada, y volveremos adonde siempre
estuvo la gente com o yo, allí abajo, quemados,
enloquecidos,
ajusticiados, esclavizados, rotos.

¿Has visto cómo bajan los ríos de la tierra, llenos de cadáveres flotantes,
llenos de moscas que se posan en los labios
de los cadáveres golpeados por la tiranía universal?

No soporto envejecer,
dejar de ser la criatura más resplandeciente de la tierra.

Ser pobre y joven era tolerable

Ser pobre y viejo será un martirio.
Me comeré la pobreza y la vejez con ardiente mala sangre.
Y haré milagros, partiré el mar por la mitad
y me beberé las olas, los peces
y me beberé a todo el alto mando
de la marina de guerra norteamericana

Beberé almirantes, capitanes y delfines.
Beberé ballenas.

También me beberé al alto mando
de la marina mercante de los Estados Unidos.
Me beberé los portaviones de la OTAN.

Necesito cambiar de sangre,
de órganos,
de vísceras,
de cuerpo,
pero no de alma.

Mi alma estará bien siempre

“Hay días cueva y días abismo”
Roy Galán.

Hay días cueva y días abismo.

Hay días que pasan sin más, en los que el invierno te pilla aún con la sal en la espalda y días que tardan más de mil días en llegar.

Hay días mudos y días ruido.

Hay días gota que contienen la memoria de los días lluvia.

Hay días en los que otros rompen contigo y días a los que tú les pegas un puntapié acostándote antes de que anochezca.

Hay días clave y días arpegios y días en los que una canción te salva, de nuevo.

Hay días esclavos de celdas de excel y días libres de vuelos sin cobertura.

Hay días en que dormiste por primera vez con un extraño y días en los que te despertaste al lado de uno al que creías conocer.

Hay días en los que te rompieron la nariz de un puñetazo y días en los que dijiste nunca más.

Hay días en los que te traicionaste a más no poder y días en los que le gritaste a una silla a la que le reprochaste que no te hubiera abrazado lo suficiente.

Hay días que son isla y días que son marca antes de taladrar.

Hay días en los que te comes una y cuentas veinte y días casita en los que te gustaría no tener que tirar de nuevo el dado.

Hay días y díazos y el día que me quieras y vendrán días, han de venir, y los días raros que bailan como un lazo en un ventilador.

Hay días en los que querrás no haber nacido y días en los que sentirás que tus poros atraviesan firmamentos.

Hay días en los que enterraste a tu perro y días en que viste por primera vez una palmera.

Hay días en que fuimos juntos, días en que todavía eras tú solo y días en los que tan solo fui yo a medias.

Hay días en los que estaban todos y días en los que fue imposible que lo estuvieran.

Hay días máscara y días en los que la cara te tiembla.

Hay días trampa para la mente, para sentir que has hecho algo, que hemos estado, que seguimos siendo, aquí.

Hay días en los que el deshielo de los polos casi inunda los pies de tu cama.

Días en los que otros, simplemente, dejaron de latir.

Hay días sin ti y días después de ti.

Y sin embargo, aquí seguimos.

Días vivos.

Nos quedan tantos días, o tal vez solo uno.

Por si hoy fuera mi último día.

Gracias.

Y perdón.



“Insomnio”

de Dámaso Alonso

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas).
A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de la luna.
Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como un perro enfurecido, fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.
Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.
Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día, las tristes azucenas letales de tus noches?
“Primavera amarilla”

de Juan Ramón Jiménez

Abril venía, lleno
todo de flores amarillas:
amarillo el arroyo,
amarillo el vallado, la colina,
el cementerio de los niños,
el huerto aquel donde el amor vivía.

El sol unjía de amarillo el mundo,
con sus luces caídas;
¡ay, por los lirios áureos,
el agua de oro, tibia;
las amarillas mariposas
sobre las rosas amarillas!

Guirnaldas amarillas escalaban
los árboles; el día
era una gracia perfumada de oro,
en un dorado despertar de vida.
Entre los huesos de los muertos,
abría Dios sus manos amarillas.

Poemas Májicos y Dolientes (1909)

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THE END
Manuel Vilas, poemario "Gran Vilas"

Era noviembre del año 2051
Y el escritor Manuel Vilas agonizaba
En una habitación del hospital
La Paz de Madrid.

Tenía 89 años

Sus hijos y sus amigos estaban con él en la habitación.
Hijos y amigos sostenían las manos de Vilas.
Manos que no recordaban haber cogido el mundo.
Vilas estaba lúcido.
Se moría de viejo,
Pero hablaba.

Veo una fiesta, veo gente bailando –dijo-,
Una gran fiesta tropical.
Yo tengo 19 años y no 89.
La gente se baña en el mar.
Vuelvo a ser joven y estoy enamorado.
Soy un ángel perfecto.
Soy inmortal.
Vuelvo a sentir el futuro como una puñalada
De alegría en el corazón.

Vilas expiró en ese momento,
Lleno de besos, de abrazos fuertes
Y de emocionados apretones de manos.

La tierra tembló y se abrieron los palacios celestiales.

Vilas estaba muerto.

Pensé que acabaría pegándome un tiro
O saltando por la ventana, pero he acabado como todos.

Habían estado besando a un muerto hediondo,
Pero no les importaba eso,
Eran los hijos y los amigos de Vilas.
Amaban a Vilas y Vilas les amaba.

En efecto, el médico de planta confirmó el fallecimiento.
Había algunos periodistas y algunos personajes imprecisos.

Mira que fui feliz, pero aún podía haberlo sido más
Y eso me está matando mucho más que esta muerte real.
Un fantasma más enamorado que el hombre
Muy enamorado que lo inspiró.’ 

Vilas parecía una momia.
Daba bastante asco.
Un cuerpo replegado sobre cuatro huesos.
Una boca aplastada.
Unos ojos gastados hasta lo indecible.
La frente era una arruga escandalosa.
Las manos eran pura podredumbre,
Los dedos no tenían forma,
Falanges vivas, en ingrávido retorcimiento.

Esto fue el Gran Vilas, finalmente.
El hombre más bondadoso de la tierra, finalmente.
El hombre más enamorado de la historia, finalmente.
Su paso por el mundo estaba consumado.

Gran Vilas, ¿regresarás?
Los grandes vuelven.
Pero para qué volver.

Seguid besándolo, los besos son nuestras rosas.


Mayo de 2018
Intelijencia
(de “Eternidades”,
Juan Ramón Jiménez)


Intelijencia, dame
el nombre esacto de las cosas!
Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas...
¡Intelijencia, dame
el nombre esacto, y tuyo,
y suyo, y mío, de as cosas!

La Amapola,
(Segunda Antología Poética, 
Juan Ramón Jiménez)

¡Amapola, sangre de la tierra;
amapola, herida del sol;
boca de la primavera azul;
amapola de mi corazón!

¡Cómo ríes por la viña verde,
por el trigo, por la jara, por
la pradera del arroyo de oro;
amapola de mi corazón!

¡Novia alegre de los labios granas;
mariposa de carmín en flor;
amapola, gala de la vida;
amapola de mi corazón!

Valle nuevo a través de la cristalería
Juan Ramón Jiménez

Valle nuevo a través de la cristalería
de colores. Trastorna su lizz y sus colores.
Cristal rojo, azul, verde. Oh qué policromía
falsa, brillante y lírica de hojas y de flores.

La hora, en él, está más distante y más pura.
Lo mismo, de otro modo, ilusión desbordante,
esponja el corazón. Qué encanto, qué ventura
de brisa carmesí y de sol verdeante.

El azahar es celeste; los redondos claveles
de sangre, son morados; los moriscos jazmines
amarillos son cobres; los lustrosos laureles
son naranjas; las Cándidas magnolias son carmines.
(Poema 239 de la “Segunda Antolojía (sic) Poética” publicada en 1920) 


Creo que para celebrar a la Poesía como se debe bastan estos 22 poemas que reúno hoy aquí creando este Segundo Florilegio poético para que así no queden desperdigados a lo largo y ancho del blog "más que palabras...". Confío en que os hayan gustado.

19 mar. 2019

"Mientras escribo". Stephen King descubre sus procedimientos de escritura

24 comentarios:
“Escribir no es cuestión de ganar dinero, hacerse famoso, ligar mucho ni hacer amistades. En último término, se trata de enriquecer las vidas de las personas que leen lo que haces, y al mismo tiempo enriquecer la tuya. Es levantarse, recuperarse y superar lo malo. Ser feliz, vaya. Ser feliz”.

Stephen King, "Mientras escribo", Procedimientos de escritura
Este libro se comenzó a escribir en 1997 ["Me llamo Stephen King, y escribo el primer borrador de este texto en mi mesa de trabajo (la que está puesta donde baja el techo) una mañana de nieve de diciembre de 1997", p. 80] aunque por vicisitudes que King explica en su interior lo abandonó en varias ocasiones. Cuando en 1999 el novelista fue arrollado por un vehículo mientras hacía footing y estuvo a un tris de no contarlo decidió, durante el largo período de rehabilitación, retomarlo y darlo a la imprenta al año siguiente. En ese momento el escritor había sacado ya a la luz unas 35 obras y estaba encumbrado en lo más alto de escritores autores de novelas de terror, suspense y fantasía supranormal.

He leído este libro sobre el oficio de escribir a raíz de la satisfacción que hace nada me produjo "Carrie", su primera novela, publicada con éxito arrollador [la reseña que hice sobre esta novela se puede leer aquí]. También debo decir que la recomendación que del mismo me hicieron Conxita Casamitjana del blog "Enredando con las letras" y David Rubio Sánchez del blog "Relatos en su tinta" han hecho que anticipase su lectura (¡gracias, amigos!). Es precisamente del antes, el durante y el después de "Carrie" que versa este breve tratado sobre su manera de abordar la escritura. 

Hay en él mucho de su propia peripecia vital: sus orígenes familiares; ese padre ausente que apenas si llegó Steve a conocer; esa madre esforzada que lo sacó adelante ayudada por hermanas y cuñados; el instituto y cómo la manera de abordar sus escritos escolares llamó la atención de los profesores; el fichaje para la revista escolar; el salto al periódico deportivo de la localidad; los sucesivos rechazos que sus relatos recibían de las editoriales; la Guerra de Vietnam; sus trabajos diversos para contribuir al esfuerzo que su madre hacía para enviarle a la universidad de Maine; los relatos que enviaba a revistas populares y picantes que normalmente le eran devueltos; el primero que le publicaron y le pagaron; el descubrimiento de la que sería su mujer, Tabitha, en la biblioteca de la Universidad de Maine ("Una chica delgada de risa escandalosa, pelo teñido de rojo y unas piernas de impresión, perfectamente a la vista gracias a una minifalda amarilla. [...] Se llamaba Tabitha Spruce. Nos casamos al año y medio. Seguimos juntos.", p. 44); su trabajo como profesor de lengua en colegios e institutos que a punto estuvo de hacerle abandonar definitivamente la escritura; qué elementos de la vida real le sirvieron de inspiración para "Carrie"; cómo decidió arrojar a la papelera los folios en que había escrito la historia de Carrie White, una chica rara con facultades telequinésicas; cómo Tabitha, su mujer pero también su fiel lectora y consejera, le dijo que finalizase esa historia y la enviase a la editorial 'Doubleday'; cómo la editorial aceptó la obra, le dio un adelanto sustancial de dinero y cómo a partir de ese momento todo cambió.

Si lo anterior hace referencia al nacimiento del escritor de éxito, no puedo por menos de señalar otras notas biográficas que desconocía por completo y que me parecen de mucho interés. En primer lugar estaría que a raíz del éxito de "Carrie", King pudo contribuir a sufragar los gastos que la enfermedad de su madre estaba ocasionando a la familia. Pero lo que más me ha impresionado de esta etapa del escritor de éxito que todos los años publicaba otra obra -a veces dos o más- de igual o mayor relevancia ("El resplandor"y "Rabia" en 1977, "La larga marcha" y "La zona muerta" en 1979...) es su caída en el alcoholismo. Es interesantísima esta parte de la obra en la que el autor cuenta que durante bastantes años se engañaba a sí mismo como un imbécil (“Los alcohólicos erigen defensas como diques los holandeses. Yo me pasé los primeros doce años de mi vida matrimonial diciéndome que «sólo me gustaba beber»", pág. 74) y también cómo con mucho esfuerzo logró abandonar la adicción al alcohol y a otras drogas en las que cayó y salvarse él, su matrimonio e hijos... todo.

Tras estos muy interesantes datos biográficos, "Mientras escribo" pasa a hablar ya más concretamente de aquello que promete su título, o sea, de escribir. En este extenso apartado Stephen King hace un recorrido por todo el campo de la escritura y su resultado: los libros. Cuenta aspectos secundarios al propio acto de escribir cuales son que siempre escribe oyendo música ("ponía a Fats Domino, y ahora a Bob Dylan y los Dave Clark Five", p. 69), el escritorio en el que trabaja, y la necesaria rutina empleada para logar sacar los producos que crea y el mercado espera de él:
 “En mi caso el horario está bastante claro. Dedico las mañanas a lo nuevo, la novela o cuento que tenga entre manos, y las tardes a la siesta y la correspondencia. La noche pertenece a la lectura y la familia, a los partidos televisados de los Red Sox y a las revisiones más urgentes. Por lo general, la escritura se concentra en las mañanas.” (p. 116)
La caja de herramientas
Stephen King no comulga con la romántica imagen del escritor que recibe la visita de las musas que le inspiran obras maestras que él tan sólo transcribe. No, para nada. En la escritura, como en cualquier otro oficio es preciso tener una buena caja de herramientas con diversos niveles o cajones. En el primero es donde están vocabulario y gramática. Incide King sobre todo en la necesidad de evitar adverbios y lo que él llama esferoides verbales –swifties, "en referencia a Tom Swift, el valiente héroe-inventor que protagonizó una serie de novelas de aventuras escritas por Victor Appleton II” (pág. 97)-, es decir, esos sustitutos de la forma 'dijo' del estilo 'graznó', 'espetó'... y otros de este jaez.

Nivel esencial en un escrito es el párrafo: “Yo soy del parecer de que la unidad básica de la escritura es el párrafo, no la frase” (pág. 104). Párrafos extensísimos acobardan al lector más entusiasta al igual que las frases muy largas. Pero esto no siempre es una regla que funcione pues a él mismo prefiriendo la sencillez y la frase breve, no engolada, sin embargo “Los puentes de Madison” de Robert James Waller no le gusta por el exceso de brevedad en la frase; por el contrario a veces el exceso de longitud es bueno y el lector se disgusta cuando observa que la larga historia que está leyendo se acaba como así lo sienten “Los lectores de ‘Lo que el viento se llevó’, de Margaret Mitchell, o de ‘Casa desolada’, de Charles Dickens” ( pág. 105) .

¿Por qué sucede lo anterior? Pues simplemente porque en esta caja de herramientas no se puede obviar el nivel del estilo (imágenes frescas y vocabulario sencillo) que es lo que distingue las obras buenas de otras que no lo son tanto. Y en esta diferenciación que se da incluso dentro de la producción de un mismo autor no se puede obviar que además de la carpintería, de las palabras, del estilo personal... hay que "tener presente que también hablamos de magia" (pág. 106)
mis primeros maestros fueron Chandler, Hammett y Ross MacDonald, y es posible que mi respeto por la fuerza del lenguaje descriptivo compacto aumentara al leer a T. S. Eliot y W. C. Williams (como en 'La carretilla roja', con su contraste entre ésta y las gallinas blancas).” (p. 140).
Metido ya en la harina de la propia escritura, el novelista afirma que son tres los elementos que integran una narración: “A mi modo de ver, todos los relatos y novelas constan de tres partes: la narración, que hace que se mueva la historia de A a B y por último hasta Z, la descripción, que genera una realidad sensorial para el lector, y el diálogo, que da vida a los personajes a través de sus voces.” (p. 125)
Tras esta afirmación King se muestra contrario al ‘esquema argumental’: “Para mi, el esquema argumental es el último recurso del escritor, y la opción preferente del bobo.” (p.126). Lo que no quita para que entre su extensísima producción catalogue algunas de sus propias novelas dentro de las de esquema argumental aunque en su opinión no destacan entre las mejores ("'Insomnia' y 'El retrato de Rose Madder' no destacan por su calidad", pág. 131). A él le gusta más que sus narraciones planteen situaciones que según vaya avanzando la escritura de la novela evolucionarán en un sentido o en otro. Así escribió "Carrie", planteando la situación de una chica a la que le viene su primera menstruación en unas duchas colectivas ante el resto de compañeras.
'El juego de Gerald' y 'La chica que amaba a Tom Gordon' son otras dos novelas de situación pura. Si 'Misery' son «dos personajes en una casa», 'El juego de Gerald' es «mujer en un dormitorio», y 'La chica que amaba a Tom Gordon', «niña perdida en el bosque» […] De mis novelas sobre argumento, la única que me gusta es 'La zona muerta' (y es de justicia añadir que muchísimo).” (p. 131).
 A veces en esta clasificación que realiza de su propia producción aflora el humor: “resulta que sí, que has escrito una porquería (y, como autor de 'La rebelión de las máquinas', estoy autorizado para afirmar que es posible)” (p. 173).
Muchas de estas porquerías de novelas él las atribuye a ese período en que estuvo preso en el infierno del alcohol y las drogas.

De todo su proceso de escritura, por encima de otros muchos aspectos, Stephen King destaca la importancia de las revisiones. Dice que al finalizar la escritura de las historias es el momento de las segundas redacciones. Es entonces cuando se detecta o no el tema o temas de la narración, así como diversos simbolismos: "Hay dos ejemplos de la utilidad de las segundas versiones: el simbolismo y el tema" (pág. 156). Es en la segunda versión donde se incide más o menos en ellos siempre que se vea su utilidad para la historia, porque por encima de todo siempre está la historia. Es la revisión un momento de máximo disfrute para el autor:
Si algo adoro de escribir, por encima de todo lo demás, son esos relámpagos de intuición en que se te relaciona todo. Los he oído calificar de «supralógicos», y es lo que son.” (p. 162)
Por último realiza una alabanza de los clubes de lectura y de los blogs literarios por las aportaciones que se hace en ellos cuando comentan la obra:
si el tema está bastante claro, los que comenten la novela podrán proponer su propia moraleja y sus propias conclusiones. Lo cual no tiene nada de malo, porque ese tipo de comentarios son uno de los grandes placeres de la lectura” (p. 164)
Sin embargo se muestra muy cítico con los Cursos de Escritura:
Club de lectura, Taller de escritura
Truquitos y artilugios los hay de sobra: la onomatopeya, la repetición incrementada, el flujo de conciencia, el diálogo interior, las cambios de tiempo verbal (está de moda narrar en presente, sobre todo en el relato breve), la engorrosa cuestión de los precedentes (cómo incluirlos y en qué cantidad), el tema, el ritmo (de los dos últimos hablaremos in extenso) y una docena de cuestiones más, todos los cuales se tratan (a veces hasta el agotamiento) en los cursos y manuales de escritura al uso.” (p. 155). 
Cuando aborda este asunto de los denominados recursos estilísticos manifiesta que
 “Como lector, me interesa más lo que va a suceder que lo que ya ha sucedido. Reconozco que hay buenas novelas que van a contrapelo de esta preferencia (¿o hay que llamarlo prejuicio?): una es 'Rebeca', de Daphne du Maurier.” (p. 180). 
Vuelve luego otra vez al asunto de las clases de escritura a las que sí que reconoce dos ventajas: Una es para los alumnos dado que “Las clases de escritura son de los pocos lugares, si no el único, donde no está mal visto pasar porciones generosas de tiempo libre en un mundo de sueños.” (p. 190); la otra es para quienes las imparten pues “Para muchos escritores mal pagados, la solución es enseñar lo que saben a los demás.” (p. 191).

Y concluye con su peculiar sentido del humor diciendo sobre esta cuestión que
Las clases o seminarios de escritura son tan poco «necesarios» como este libro o cualquier otro sobre el oficio de escribir.” (p. 191)

El Lector Ideal
Importantísimo para él es la valoración que, antes de entregar la novela a la editorial, le hagan algún o algunos lectores en cuyo criterio él confía ciegamente. Afirma que su lector ideal siempre ha sido su mujer Tabitha que además es también escritora. Destaca de ella su sagacidad y buen juicio y recuerda los consejos que le diera para "Carrie", su primer gran éxito. Gracias a los mismos logró dar a esa historia de poderes paranormales verosimilitud y sensación de realidad:
La sensación de realidad es importante en todas las obras de ficción, pero considero que en un relato que trate de fenómenos anormales o paranormales todavía reviste mayor importancia.” (p. 186)
Este ensayo sobre su manera de hacer novelas lo concluye igual que lo comenzó, afirmando que

 "leer y escribir mucho es la verdadera escuela del escritor".

Cierra la obra un epílogo titulado "Coletilla, segunda parte: Una lista de libros" en el que intenta responder a una pregunta recurrente en cuantas presentaciones de libros y conferencias da, la de "¿Usted qué lee?". Su respuesta consiste en un listado de 96 títulos, que cualquiera puede consultar en las páginas finales de este tratado.
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"Mientras escribo" apareció publicado por primera vez en el año 2000. En 2016 hubo una reedición del mismo coincidiendo con los 70 años de edad de su autor


12 mar. 2019

Gerardo Vera pone en escena "El idiota" de Fiodor Dostoievski versionado por José Luis Collado

18 comentarios:
Gerardo Vera llevó a las tablas "Los hermanos Karamazov" de Dostoievski hará cosa de, aproximadamente, cuatro años. Cuando acudí a verla dudaba de si una narración que en algunas ediciones alcanza la nada despreciable cifra de 1200 páginas cabría en el formato de una representación teatral. Pues sí, la gesta de tal jibarización la había logrado, y con acierto, José Luis Collado. La puesta en escena de "Los hermanos Karamazov" había corrido por cuenta de Gerardo Vera. La representación en ese ya lejano 2015 fue un rotundo éxito. [en "Reflexiones", mi otro blog, podéis leer mis impresiones sobre esta obra]


Es evidente, pues, que cuando vi que el Teatro Mª Guerrero programaba para esta temporada 2018-2019 otra puesta en escena de Gerardo Vera sobre un texto de Dostoievski en versión dramática de José Luis Collado no me lo pensé dos veces y allí que me planté a ver cómo en esta ocasión había conseguido el adaptador meter unas 800 páginas en una representación de 2 horas. Al decir de los entendidos en la obra del gran reslista ruso, el reto de meter una historia narrativa de 800 páginas en una historia teatral de no más de 60, Collado lo había superado con éxito. A tal logro contribuía, sin duda alguna, la magnífica e interesantísima puesta en escena ideada por Gerardo Vera quien en su cabeza -según confesión suya- llevaba la realización de una trilogía dostoievskiana; pero tal idea se truncó -o al menos se frenó- por culpa de una dolencia cardíaca que lo alejó del Teatro durante un tiempo. "El idiota", pues, supone su reincorporación a la actividad, una reincorporación exitosa por demás.

El mismo Gerardo Vera en el programa de mano que se entrega dice sobre la historia que se cuenta lo siguiente:
El príncipe Myshkin de Dostoievski es el último miembro de una familia noble y arruinada. Padece, como el propio autor y como el Smerdiakov de los Karamázov, ataques epilépticos. Sus pasiones son extremas, tiene una personalidad angustiada y una ardiente necesidad de amor, posee un orgullo sin límites y se deleita la mayoría de las veces en ser humillado. Infinitamente soberbio, se complace en su propia superioridad y en la manifiesta indignidad de los demás. Los que no le conocen se burlan de él; los que sí lo hacen, no pueden evitar temerle. Podría convertirse en un monstruo de rencor y de deseos de venganza, pero el amor le salva, le llena de la más profunda compasión y le enseña a perdonar los errores de los demás, desarrollando así a lo largo de la narración un elevado sentimiento de moralidad.
Todos los personajes que le rodean no pueden evitar dejarse fascinar por él, pero al mismo tiempo sienten un profundo terror ante esa mezcla de orgullo, pasión e inocencia que a todos les desborda. Este es el personaje, este “idiota” que no lo es tanto y que ya forma parte de los grandes personajes de la literatura de todos los tiempos.
Se ve claramente que estamos ante unos personajes en cuya relación la psicología tiene un importante papel. Son unos seres que actúan pero en su actuación su pensamiento interior cumple una función esencial. Al tiempo esos pensamientos interiores están mediatizados por el entorno, una sociedad de alta burguesía en crisis, en cuya actuación la hipocresía es central. Este modo de comportamiento se quiebra cuando aparece un inocente, la bondad personificada, un idiota al decir de todos, en cuyo comportamiento el amor es esencial. La historia tiene a veces claras resonancias -a mí me lo pareció, al menos- de las amables historias de enredo de nuestro teatro clásico. La disputa por el amor del Príncipe Myshkin (Fernando Gil)  entre las dos jóvenes, Aglaya (Vicky Luengo) y Nastasia (Marta Poveda) puede en algunos momentos parecerse a las de las comedias de nuestro Siglo de Oro, si bien hay en "El idiota" una mucho mayor profundidad psicológica y dramática.

CDN, "El idiota", Fiodor Dostoievski, Gerardo Vera, José Luis Collado
La bondad, la verdad inocente, la piedad incluso, es el motor de la representación. El Príncipe no sabe mentir, no es un hipócrita, dice siempre la verdad, y por eso encaja a duras penas en esta sociedad burguesa, urbana, toda ella llena de falsedad. Cuando ve a Nastasia algo en su interior le llama y lo mismo le sucede a ella hacia él. Sin embargo hay una gran diferencia en el curso vital de uno y otro personaje, pues mientras Myshkin es puro y desconocedor de las triquiñuelas y maldades burguesas, Nastasia está de vuelta de todas ellas e incluso implicada en las mismas: amante del adinerado Afanasi (Abel Viton) a quien en el fondo odia, y embaucadora del burdo pero sincero en sus sentimientos Rogozhin (Jorge Kent), a quien casualmente el Príncipe había conocido en el tren que le condujo a Petersburgo. Es, pues, Nastasia, un ser complicado, poliédrico, complejo, que supera su taimada condición cuando decide sacrificar su amor hacia el idiota por el bienestar de éste, quien en verdad será más feliz con Aglaya que con ella, un ser ya quemado por la brutalidad de la sociedad.

Rodeando a este conjunto está el matrimonio formado por el General Epantchin (Ricardo Joven) y su esposa Lizaveta Prokofievna (Yolanda Ulloa), el único familiar que tiene el Príncipe una vez que abandona la clínica suiza donde ha estado tratándose de su epilepsia. Precisamente encontrarse en San Petersburgo se debe a que ha ido a contactar con ella. Es allí en la casa del General donde conocerá a Aglaya y a Gavrila (Alejandro Chaparro) en cuya pensión se alojará Myshkin; en esta pensión también conocerá a Kolia (Fernando Sainz de la Maza), hermano de Gavrila, que cumple en la la obra un poco la función de narrador de la misma.

Si importante e interesante es la historia que cuenta Dostoievski, ésta ve acrecentados tales adjetivos con la magnífica puesta en escena ideada por Gerardo Vera. Un escenario desnudo que en ocasiones se llena de color y movimiento a través de proyecciones cinematográficas que muestran acciones de exteriores (trenes que circulan, noches de ventisca y nieve, etc.) y evoluciones de los rostros de los personajes. Con estas imágenes cinéticas 'entran' en el teatro parte de las numerosas descripciones características de la novela decimonónica. Al tiempo el sonido acompaña estas proyecciones envolviendo en él al espectador. Además en momentos puntuales del espectáculo suenan temas musicales  bellísimos que -confieso- puedo decir cuáles son tras haber leído la estupenda crónica que de la obra hace en El País (suplemento 'Babelia') el crítico y novelista Marcos Ordóñez: "un interludio de 'Lady Macbeth en el Estado de Minsk', de Shostakóvich (durante el baile en la velada central), y la versión rusa de 'Gloomy Sunday' a cargo de la cantante Severija, procedente de la serie alemana 'Berlin Babylon'" (Babelia, 2/3/2019).



Por lo demás quiero destacar la perfecta actuación de todo el elenco. En especial me gustaron dos actores: Fernando Gil (el Príncipe Myshkin) por su magnífica ejecución del papel de inocente, de idiota, de persona fuera de este mundo; y Yolanda Ulloa (la Generala) por la dignidad que da al personaje madre de Aglaya que busca por todos los medios la felicidad de su hija. Todos los personajes se ven arropados, ¡nunca mejor dicho!, por un vestuario de época acorde con sus personalidades. Con estos ropajes los actores se mueven por un escenario abierto, casi desnudo, ocupado puntualmente sólo por elementos como las imágenes ya señaladas, o por escuetos elementos de mobiliario: una mesa y dos sillas, una hermosa e historiada lámpara, y poco más. Pese a esta desnudez ornamental el espacio escénico se agranda al incorporar al mismo en algunos momentos el proscenio y pasillo del patio de butacas. De esta manera la obra gana en dinamismo y evita el posible hieratismo en que la representación podría caer en momentos puntualmente muy narrativos.

La obra estará en cartel en el Teatro María Guerrero hasta el próximo día 7 de abril. Una obra de todo punto recomendable. 

7 mar. 2019

"Los náufragos de la Plaza Mayor" de Fernando Benzo. Una novela distópica

14 comentarios:
“No sabemos, no somos capaces de vivir en soledad. Y, frente a esa certeza, aquí estamos tú y yo. Solos. Los únicos. Los últimos. Los elegidos para vivir el destino más aterrador que puede tener un ser humano. La soledad absoluta.”

autores indie, Fantasía distópica, Novela corta
Un fenómeno físico inaudito ocasionado, parece ser, por el acelerador de partículas mayor instalado en el mundo ha provocado un 'fogonazo' que ha dado al traste con la vida humana en el planeta Tierra. Ha ocurrido el "miércoles 10 de septiembre de 2008". Los seres humanos literalmente se han volatilizado, han desaparecido sin dejar huellas. ¿Todos han desaparecido? Evidentemente no, al menos alguien está con vida, concretamente quien está dando cuenta de tan terrible suceso: el narrador de esta novela.
Pasados unos días, en una de sus salidas por Madrid para entrar en algún supermercado a coger alimentos, al pasar por delante de un Corte Inglés este hombre ve, con sorpresa, que una mujer joven, una chica, sale de ese centro comercial. Intercambian apenas unas palabras entre ellos, pero ella, -Alicia se llama-, comienza a seguirle cuando él torna a su apartamento próximo a la Plaza Mayor. Estamos en Madrid.

Toda la historia que cuenta la novela transcurre en apenas dos años. Asistimos en ella a una serie de discusiones entre este hombre y esta mujer, 20 años menor que él; unas discusiones en las que raramente se ponen de acuerdo. Él es más conformista con la nueva situación; ella no quiere aceptarla y quiere moverse para ver si existen otros posibles supervivientes como ellos dos. Si así no fuera aún tienen otra posible opción a añadir a las que representan uno y otro, la de unirse y comportarse como nuevos Adán y Eva.

Múltiples son los asuntos que se plantean esta pareja: la muerte, la soledad, la necesidad o no del Arte en un mundo sin personas, Dios, los sentimientos..., y, evidentemente, el Amor. Este último es el motivo fundamental de todo el relato: ¿Amor o mera necesidad de estar acompañados para evitar la terrible soledad? La novela cuando aborda estos asuntos parece ser más bien un ensayo en el que se enfrentan dos posturas opuestas cuyos sostenedores quieren por todos los medios convencer al otro con argumentos de peso de su razón y verdad.

Por el motivo que pone en marcha la narración -la desaparición de la Humanidad del planeta- creo que la novela cabría encuadrarla dentro del género distópico ("Poco a poco, el mundo al que habíamos pertenecido se iba haciendo más pequeño, se iba encogiendo, y nosotros éramos testigos inertes de aquel lento proceso de pérdidas ante el cual sólo nos quedaba resistir.", pos. 961). Sin embargo, la evolución de la relación en la pareja y el tono amable con el que se muestran sus correrías por un Madrid desierto -¡cuánto me ha recordado este Madrid silencioso al que Amenábar presentó en su film "Abre los ojos"!- me obligan a no ser tajante en la adscripción a esta modalidad narrativa. Tampoco ayuda mucho a hacerlo el que la acción se sitúe seis años antes del momento en que los lectores tienen la novela en sus manos.

Alejandro Amenábar, Abre los ojos,  Fernando Benzo, Politicos del PP escritores
Como ya me sucediera con su siguiente novela creo que Fernando Benzo [para conocer la biografía del escritor pinchar aquí] aprovecha la anécdota que ha imaginado para hacer un canto al Madrid actual, a su ciudad, que en cierto modo se convierte en el tercer personaje de esta, casi deshabitada, novela. Estos dos humanos sobreviven gracias a la ciudad que quedó congelada en el tiempo ese 10 de septiembre de 2008 pero afortunadamente para ellos no destruida. Pueden sobrevivir y cubrir todas sus necesidades materiales porque hay comercios a su entera disposición; y también pueden atender las, llamémoslas, exigencias espirituales porque los parques -en especial el Retiro- ahí están para su esparcimiento; de igual modo los Museos, como el del Prado, les sirven para colmar esa necesidad. A este respecto no se puede obviar que el narrador es artista, ¡de cuadros fractales, sí, pero artista!

Desde el punto de vista formal esta novela corta poco o nada tiene que ver con "Las cenizas de la inocencia" que reseñé hace pocos días [para leer la reseña pinchar aquí]. En mi opinión, la historia situada en la España de los años 40 es en todo superior a ésta que acabo de leer. La verdad es que son dos narraciones muy distintas como se puede ver. Sin embargo es evidente que detrás de ambas está el mismo escritor que como en él es característico hace gala de un humor irónico que sabe utilizar con gracia y soltura:
"Ella también sonrió.
-Dime una. Una sola persona a la que echas de menos.
-Te echaría de menos a ti si no estuvieses.
-No intentes coquetear conmigo. No me gustas nada.
-Por suerte para ti, tienes donde elegir…" (pos. 685)
También creo que hay coincidencia en el culturalismo que el autor vierte en las dos novelas, si bien en este relato gira más bien en los terrenos del Arte:
"Logré reunir a la Maja Vestida con el Descendimiento de Van Der Veyden, el Triunfo de la Muerte de Brueghel con los Chicos en la Playa de Sorolla, el Sueño de Jacobo de Ribera con Venus y Adonis de Veronés y junté sin más criterio histórico ni artístico que mi gusto obras de Patinar, Antonello de Messina, Zurbarán y Tiziano." (pos. 1170). 
Es claro que el escritor usa estas notas culturales al servicio de la caracterización de los personajes: en "Los náufragos..." un artista de cuadros fractales, y en "Las cenizas..." un diletante de la música de jazz en los clubes nocturnos del Madrid de los años 40. En ambos casos el acierto es total y los personajes quedan muy verosímilmente diseñados así.

Aunque no es algo que aparezca con tanta frecuencia como en "Las cenizas..." también aquí hay ocasiones en las que el novelista utiliza el idioma con cierta altura poética:
"Nos quedamos quietos, sin decir nada. Ella sentada y yo de pie y, al lado, Felipe III subido en su caballo. Tres estatuas tornándose naranjas bajo la luz de un atardecer de primavera." (pos, 1340)
Si bien el narrador es ese hombre algo descreído ya de vuelta de muchas cosas a veces el 'yo' deja paso a la 2ª persona narrativa que a veces integra al 'tú' lector en el relato y otras tiene ese sentido generalizador tan habitual en nuestra lengua:
"Tenía esa mirada que te taladraba, como si por mucho que quisieras nunca pudieses ocultarle nada. Y su voz pausada. Y una pizca de ironía en la sonrisa que aparecía siempre en los momentos justos. Y hacía esas preguntas directas cuando menos te lo esperabas." (pos. 808)
Novelas distópicas, género distópico, Fernando Benzo Sáinz
Algo que sí que distingue esta novela de la otra que he leído es el vocabulario desinhibido que utiliza aquí Benzo; un vocabulario lleno de palabras gruesas pero que viene a cuenta dado que a día de hoy se podría decir que hablar así es más bien una característica coloquial:
    • "Si quieres, también puedes darme una hostia…" (pos. 902)
    • "¿Qué coño pasó? Que algo, un acelerador de partículas atómicas o una mierda de mariposa que aleteó a destiempo en la China, alteró las reglas y desencadenó el maldito fogonazo que se cargó a todo bicho viviente menos a ti y a mí. Punto y final." (pos. 427)
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Hasta aquí mi reseña sobre la novela de Fernando Benzo. Lo que viene a continuación es más bien una queja contra ese monstruo que se llama Amazon de cuyo inmenso vientre he tomado esta novela corta de Fernando Benzo. Y mi queja viene dada por deficiencias en la edición que achaco exclusivamente a la multinacional que no repara en otra cosa que en hacer caja y le importa un pimiento confundir la interrogativa 'por qué' con el sustantivo 'porqué', o que suprime, así porque sí, la grafía 'H' de la interjección 'hala' dejando a la pobre convertida en un dios musulmán en minúscula, o también que coloca las tildes donde le da absolutamente la gana. ¡Donde esté el papel...!
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