El blog de Juan Carlos
22 sept 2026
En recuerdo de Marcos Ordóñez
13 sept 2026
De César Aira leo "El error" y revisito "Las noches de Flores" (A pares LIII)
«En este mural, Pepe Dueñas, Dante sin Virgilio, vengador solitario de las injusticias sociales salvadoreñas, se repetía en un paisaje boscoso; sus distintas apariciones se desplegaban en un arco irregular, o más bien en una espiral alargada, de izquierda a derecha, en el extremo izquierdo huyendo de su aldea natal atacada por el Ejército, dejando atrás los cadáveres de sus padres […], un poco más allá emboscando en un paso montañoso a las fuerzas del gobierno y aniquilándolas, luego haciendo estallar una planta eléctrica, más allá arengando a una población de campesinos; derribando un helicóptero; resistiendo a un cerco de las fuerzas oficiales; […] » ("El error")
Es El error ejemplo de lo que el propio autor suele decir de sus ahora mismo ya más de cien títulos, que son «cuentos de hadas dadaístas» o «juguetes literarios para adultos». Y sí, efectivamente esta novela corta es clara muestra de esto y de su estilo literario. Un estilo que busca romper los moldes estrechos de los géneros impuestos por el propio devenir de la historia. Es amigo César Aira de hacer guiños a otras manifestaciones artísticas, principalmente en la novela que nos ocupa a la pintura, una manera diferente de narrar, sí, pero hermana de la literaria desde la noche de los tiempos.
Dentro de las varias historias, truncadas por el cruce con otras historias, que constituyen El error aparece una, sin duda alguna la principal, que es en sí misma un canto a la narratividad. Es la historia folklórica del bandolero Pepe Dueñas, cuyas incursiones delictivas, sus apariciones y desapariciones fulgurantes constituyen en el imaginario de El Salvador, país donde transcurre la novela, una auténtica leyenda. Las sucesivas y diversas acciones de este delincuente se producen siempre sobre el mismo fondo, el país centroamericano. Es como esos frescos surgidos en la edad media y muy caros a los pueblos hispanoamericanos tras su independencia para explicar su nacimiento e identidad. Quizás el autor más representativo de esto sea el mexicano Diego Rivera y su mural pintado en las paredes de la escalera principal del Palacio Nacional en la Ciudad de México titulado 'Epopeya del pueblo mexicano'. En este mural, al igual que en algunos frescos medievales o renacentistas como los pintados por Masaccio en Capilla Brancacci de la iglesia de Santa María del Carmen de Florencia, vemos al personaje o personajes repetidos de manera sucesiva sobre el mismo fondo de manera que la lectura de izquierda a derecha es para el observador una clara narración continuada.
Efectivamente, esa es la técnica, trasladada al campo de la escritura literaria, que utiliza César Aira en esta 'nouvelle', en este 'juguete literario'. Se abre la novela ya en su misma portada con un simbólico ataúd que anuncia lo que se encontrará el lector adentrándose a través de esa puerta situada bajo el epígrafe de la palabra ERROR. ¿Qué es ello? Evidentemente el sentido del título es simbólico. Y en mi opinión es un juego, un guiño humorístico que Aira hace a los preceptores literarios: quien se adentre en esta novela verá que la misma no se atiene a ningún principio de los establecidos y consagrados por el canon.
Y así lo comprobaremos los lectores: Dos parejas que pasean por un jardín en el que hay una construcción que alberga la obra de un afamado escultor; luego se salta a narrar la relación epistolar entre este escultor famoso y apartado de la vorágine del mundo y una presa encerrada a perpetuidad por asesinato; conoceremos la historia a grandes rasgos de esta mujer que machacó el cráneo de su marido con un lingote irregular de oro y que para evitar ser capturada huye al bosque; en el bosque conoce a un pequeño hombre, una especie de enano que la acoge, cuida y le anticipa que volverá al lugar del crimen; así lo hace y es apresada y condenada a cadena perpetua, condena que cumplirá en a cárcel "La Peña" adonde llega y ella, junto al resto de las presas, leerá la colección de novelas editadas por editorial La Providencia bajo el lema 'Historias que matan'; relata esta serie de novelas la historia legendaria de Pepe Dueñas inmerso en la Selva Cinco en donde se refugia escapando del incendio que él mismo provocó y contribuyó a apagar del Palacio donde estaba Neblinosa, la que sería su esposa; en esta selva correrá la aventura del gel de piedra; posteriormente Neblinosa se empeñará en arreglar la escultura del busto paterno que estaba a la entrada del Palacio de la Ciencia y Pepe Dueñas habrá de ingeniárselas para que tal deseo se haga realidad; y...
Como se ve por lo escrito arriba estamos ante una sucesión narrativa que parece no tener fin ni siquiera cuando llegamos a la última página de la novela. No es que estemos ante un final abierto, estamos más bien ante un final truncado, roto, suspendido... En fin ante algo nuevo, no habitual desde el punto de vista estructural.
Como ya percibí y dejé dicho por escrito en la reseña que en su día hice de Las noches de Flores, también El error, vista la novela desde la propia expresión lingüística utilizada, se acerca -si es que no lo es- al realismo mágico: exuberancia lingüística, referencias a pueblos indígenas (pipiles, mecas...), vocabulario de fauna y flora autóctonas (tero, bagre, porotos...), pero fundamentalmente ruptura de la lógica así como utilización en ocasiones de un lenguaje hiperbólico por demás
- «De una fuente cercana al arroyo, pero independiente de este, brotaba un agua que no apagaba el fuego. Era difícil de creer, tratándose de agua que parecía perfectamente normal y potable, pero Eugenio le hizo una demostración convincente. Recogida de la fuente en un balde y volcada sobre una fogata, se deslizaba sobre las llamas sin oponerse a ellas»
- «cuando quería remendarle una media, encontraba que la aguja era más grande que la media, lo que hacía muy incómoda la costura»
"Esto lo dijo un ser extraño, mitad murciélago, mitad loro, de un metro de alto, que se descolgó de un árbol al paso de los Peyró, y siguió caminando con ellos, con un garbo precario, sobre piernas demasiado cortas y zapatitos de goma roja"
La misma ambientación nocturna con ribetes delictivo-policiales en que se desarrolla la acción me ha llevado a pensar en otro de los grandes autores argentinos, Ernesto Sábato, y en aquellos escritos que presentan historias henchidas de 'pavura'. Los túneles que discurren bajo el barrio de Flores de la ciudad de Buenos Aires me han hecho recordar la novela "El túnel" del magnífico escritor de Rojas en la provincia de Buenos Aires. Y es que -pienso yo- César Aira envuelve esta narración en claros elementos argentinos que van desde la tradición literaria que he señalado antes hasta el propio meollo del asunto que plantea: la búsqueda por parte de una pareja de jubilados -Aldo y Rosa- de fuentes alternativas de ingresos a fin de sobrellevar mejor la crisis en que la Argentina se encontró desde 1998 hasta el 2003, el año en que se sitúa la historia que se relata. Concomitante con esta terrible penuria económica que echó a miles de personas a buscar en los cubos de la basura estuvo el ascenso de la delincuencia, especialmente en forma de secuestros como el del joven Jonathan que está en el centro de esta novela corta.
"hacer coincidir «cualquier cosa» con «cualquier cosa»"
Llevada esta idea al extremo, como sucede en esta narración, todo es un cúmulo de coincidencias cuya disparidad nos hace pensar en errores inexplicables, descuidos, falta de planificación, engaños poco aceptables por parte del narrador... Pero no, yo pienso que el escritor es plenamente consciente de lo que hace y que lo que pretende es, con el producto que está construyendo, hacer realidad aquello que nos quiere exponer, que en definitiva -y a falta de conocer en profundidad sus ideas sobre arte moderno expuestas en su ensayo Sobre el arte contemporáneo que acaba de publicar en Literatura Random House- es que el arte es necesario para comprender la realidad, y no al revés como tantas veces se dice ante una obra de naturaleza conceptual. Para la realización de esta reseña he buscado información en internet y ahí he encontrado un artículo de Javier Rodríguez Marcos publicado el pasado 28 de febrero en el diario EL PAIS que me parece muy clarificador al respecto. En lo esencial, sobre el autor César Aira, Javier Rodríguez escribe:
"A veces, sin embargo, un artista consigue engañar a todo el mundo y se hace pasar por novelista. Es el caso de César Aira. Los que sospechaban que sus libros eran solo una parte de trabajos más propios del arte conceptual que de la ficción al uso verán confirmadas sus sospechas en el ensayo Sobre el arte contemporáneo. Allí cuenta cómo abandonó su primitiva intención de ser Rimbaud y ser Premio Nobel cuando se topó con Marcel Duchamp. Ese día se dio cuenta de la 'inutilidad de escribir libros' y de la necesidad de hacer 'otra cosa'."
"El arte está buscando siempre lo nuevo, y lo nuevo ha terminado identificándose con lo distinto. Se ha producido una reversión de causas y efectos, y ahora basta con que sea distinto. Y la realidad se define por lo distinto. Pero el crecimiento vegetativo de la población, y el aumento relativo de artistas en la sociedad contemporánea, ha multiplicado lo distinto artístico a tal extremo que hoy casi puede asegurarse que cualquier configuración de la realidad ha sido anticipada en el arte."
8 sept 2026
"Nada especial" de Nicole Flattery
«Había cinco o seis pinturas apoyadas en fila contra la pared. Fue la primera vez que las miré en serio. El silencio me lo permitió. Eran colores chillones, eléctricos, como las manchas de la cara de Shelley la noche anterior. Reconocía a la mujer famosa del cuadro. Le había visto la falda levantada, la había visto en una piscina, [...] Su cara se repetía y se repetía, pero mirarla minuciosamente no la hacía más realista; solo la volvía inhumana, como si fuera apenas uno entre un millón de animales que estuvieran mandando al matadero»
La novela cuenta la experiencia vivida por Mae, una adolescente de diecisiete años que en medio de esta etapa vital de por sí cambiante decide abandonar el colegio y dejar de lado familia y amistades. Es hija de madre soltera, una camarera alcohólica, que convive con Mikey, un buen hombre que ejerce de padrastro con el que Mae se lleva bien. En el colegio Mae se refugia en la amistad de Maud; a ambas les repele la superficialidad de sus compañeras y les hastía el contenido de las clases. Ambas desean experimentar y en concreto Mae comienza a deambular por Nueva York; un día conoce por casualidad a Daniel con quien pasará la noche. A partir de ese encuentro no volverá al colegio y así, no por algo especial, se romperá el vínculo con Maud.
La anterior información la conocemos en dos de los primeros capítulos fechados en 2010, fecha de la muerte de la madre a la que ella visitaba habitualmente durante los últimos años en que estuvo ingresada en una residencia de ancianos. Entre esos capítulos de 2010 se incluye uno de fecha 1966 que sirve de explicación y justificación de todo lo que en la novela vendrá a partir del capítulo cuarto en que de nuevo en 1966 y tras la experiencia con Daniel ella encuentra trabajo como secretaría en The Factory (en la traduccíón de Paula Galíndez, el Estudio). Es esta parte en la que se cuenta cómo Mae y otra chica, Shelley, trabajan en The Factory mecanografiando veintitantas grabaciones en cintas de cassette de vivencias cotidianas y experiencias artísticas de Él (Andy Warhol) y quienes con Él formaban parte de The Factory (Ondine, Edie Sedgwick, Anita y Dolores). Este trabajo que Shelley y Mae están realizando junto a otras dos chicas más conformará el libro de Andy Warhol titulado A, a novel.
Esta parte del mecanografiado de las cintas se cierra con el atentado que el artista pop sufrió en 1968 y la publicación del libro. La novela cierra con un último capítulo fechado en 1985 en el que madre e hija vuelven a contactar después de muchos años sin verse. La muerte o la enfermedad de seres queridos suelen propiciar estos encuentros. En fin, nada especial, por otra parte.
Según he ido repasando la estructura que Nicole Flattery ha dado a su narración ha ido mejorando sustancialmente mi consideración de esta obra. Es verdad que al estar desordenada, con esas anticipaciones de sucesos y esas vueltas al pasado, la novela en una primera lectura me resultó algo confusa; sin embargo ahora, al reflexionar sobre ella, entiendo que la voluntad de estilo prevalece por encima de cualquier otra cosa.
En cuanto a la historia que se nos cuenta si hay algo que desde un principio me agradó de esta novela es que la novelista irlandesa no sitúa el foco central en el Estudio (The Factory) de Andy Warhol, sino que éste aparece de manera tangencial y debido a la peripecia vivida por esta chica anónima, vulgar y corriente que es Mae. El centro de atención no es Drella (uno de los nombres con que se denominaba a Warhol) ni sus producciones cinematográficas experimentales o sus fiestas orgiásticas; la novela pone el foco en cómo dos chicas apenas salidas de la adolescencia van a evolucionar al ser conocedoras de las experiencias habidas en el Estudio neoyorquino y la contemplación y participación en alguna de esas fiestas pasadas de revoluciones. En suma, lo esencial no es tanto conocer la manera de vida del artista pop cuanto ver la evolución vital de una chica que entró a trabajar en The Factory siendo una adolescente y salió de allí convertida en una persona bien distinta.
«Me puse a mirar las fotos de esa época y pensé lo mismo que todo el mundo: las fiestas se veían divertidas. Estaba tan desconectada y distanciada de esas imágenes que parecía que no había estado allí. Debían haber sido buenas épocas. Toda esa gente intentando hacerse reír. No recordaba cómo había sido, en verdad. No tenía permitido recordar. Las fotos de los últimos años eran glamurosas, pero algo no terminaba de cerrar. El buen humor parecía impostado, forzado. La ropa era notoriamente ostentosa: la marca que se ponían decía algo. Las fiestas eran fastuosas, poco convincentes, tenían un aire pesado, como si todos acabaran de llegar de un funeral. Seguro porque era cierto. La atmósfera, los gestos, los insultos. Ya ninguna de esas cosas terminaba de cerrar. O tal vez yo estaba más grande, era menos ingenua.»
Pero lo dicho anteriormente no es óbice para que Nada especial lance también una mirada crítica sobre la manera de hacer arte por parte de algunos artistas pop del siglo pasado. Se cuestiona qué es arte y quién es en realidad el creador de la obra. Mae y Shelley se desencantan totalmente cuando tras el arduo trabajo realizado en The Factory mecanografiando las grabaciones conocen que su nombre no va a aparecer impreso, que no las van a nombrar para nada. Ellas son las que han sabido transcribir los suspiros, los ruidos, los gemidos, los llantos; han sabido crear la atmósfera precisa para poder verter al papel lo escuchado; y pese a eso el mérito de la autoría se lo llevará Andy Warhol. Desde luego la denuncia es clara y pertinente. Y sin embargo, y aun así, Mae no se siente fracasada; ha sido una experiencia enriquecedora que sin duda, al igual que los protagonistas de esas grabaciones, estaría dispuesta a repetir:
«Sabía que de haber tenido que volver al principio, a trabajar con ese libro, lo habría hecho. Habría dejado todo. Habría vuelto a sufrir de cero. Tal vez ellos sentían lo mismo, tal vez siempre lo habían sentido. Todas sus miserias expuestas al servicio del arte. Del tacho de basura al libro.»
La equiparación entre artista famoso y creador anónimo es total en esta frase, pero muy injusta en la realidad.
¿Qué es lo que más me ha disgustado de la lectura de esta novela? Pues sinceramente lo que más me ha sorprendido y perturbado ha sido la excesiva argentinidad del castellano utilizado en la traducción. Ignoro, claro es, cuál habría sido mi opinión si hubiera leído el original en lengua inglesa. Pero la versión realizada por la traductora Paula Galíndez creo que peca en exceso de vocabulario y modismos argentinos, algo que siendo ella misma argentina no se le puede echar en cara. Mientras leía la novela me parecía estar leyendo a un autor de dicho país y no a una irlandesa. Me ocurrió tal cosa al topar con expresiones que aquí no usamos. He aquí una serie de ellas:
«de a poco», «no me interesa qué le da gracia a él», «ella era filosa y depresiva», «muchas veces no lográbamos decidir cuál programa era más entretenido», «se va así nomás», «yo no sabía pasarla bien», «me interesaba ver si la tienda se retobaba al descubrirme»[pág. 32], «mirar como espiando por una hendija» [pág. 36], «todo se fue al tacho»[pág 46], «me llevó varios días comprender a qué me hacía acordar ese departamento» [pág 100], «una sonrisa enorme, medio zonza» [pág. 111], «me saqué el suéter y quedé en musculosa, nada más» [pág. 152], «fuimos salticando por las calles» [pág 165], «le robaste un tapado» ('tapado': abrigo largo y elegante de invierno para mujer o hombre, generalmente confeccionado en paño, lana o piel sintética) [pág. 183], «el primer avistaje de un solero» ('solero: vestido ligero y fresco, sin mangas y por lo general con tiritas finas (breteles)) [pág. 183], «Tal vez a Shelley le hacía acordar a su casa» [pág 192], «Me metí al lado de ella y nos tapé con las sábanas», etc.
Y que conste que amo la literatura argentina, que me encanta leer a César Aira, a Virginia Higa, a Selva Almada, a Mariana Travacio, a Salomé Esper, a Cortázar, a Piglia, a Borges... a tantos y tantos buenos escritores de esa nacionalidad. Pero cuando tengo en mis manos un libro firmado por una irlandesa y situado además en Nueva York mi mente no está para nada en modo argentino y me perturba bastante un lenguaje que de manera inconsciente lleva mi cabeza española a deambular por el Palermo bonaerense, por la avenida del Libertador, la calle Corrientes, el cementerio de la Chacarita y otros espacios semejantes que en Nueva York, obvio, no existen. Creo que un español más neutro habría sido el oportuno para la edición que se vende en España. Y sí, ya sé que la editorial es argentina. Pero esto es lo que yo he sentido.
Para finalizar
Luego estaría esa dualidad sorpresiva, paradójica y contradictoria, ese arriba y abajo que en Nada especial representa The Factory. Por un lado estaría el despacho de Drella con todo lo que dentro de él se gesta y sucede; y de otro quedarían los cuartos donde trabajan las mecanógrafas. Ambos espacios están juntos, sí; pero en realidad se sitúan a una distancia infinita. Y este distanciamiento lo plasma Nicole Flattery en afortunadas frases que hacen que la novela resista:
- «Todos los clientes eran jóvenes uniformemente atractivos, olvidables.» (pag. 58)
- «Todo el personal era tan atractivo que era tétrico.» (pág 59)
- «Un camión de basura enorme hacía tiempo sobre la vereda, y cuando ella pasó debajo de su sombra, la hizo parecer aún más chiquita y frágil. Era bajita y compacta, y sin embargo no tenía nada deseable»
- "Desde el contestador me llegaban los manotazos pegajosos de su amistad" (pag. 108)
- «Solanas tenía algunas ideas interesantes como muchas mujeres feas», afirma la desinhibida madre de Mae (pag. 28)
- "Después de eso [de finalizar el mecanografiado de las cintas de cassette] no habría máquina que encender, nada que escuchar, ninguna confesión que oír. Ellos seguirían viviendo sin tener idea de que nosotras nos habíamos creado"
26 ago 2026
El ancho mundo (#Los años gloriosos I). Pierre Lemaitre.
«—Quería preguntarle una última cosa, señor senador... ¿tiene usted una cuenta a su nombre en los bancos Godard o Hopkins Brothers? [...]
—¡Por supuesto que no!- gritó el senador.
—¿Y nunca la ha tenido?
—Pero, pero... ¿por qué querría usted...?
[...]
Negar la mayor es una actitud frecuente entre los poderosos como el equivalente del argumento de autoridad en una conversación.
—No tengo ni he tenido cuenta alguna en ninguna de esas entidades, ni ahora ni nunca, caballero»»
«Gracias a la guerra, los franceses traficaban con la piastra; las empresas y el capitalismo local aprovechaban ese tráfico para enriquecerse, para forrarse, pero eso no era lo peor.
El Viet Minh había conseguido entrar en el sistema.
Y aprovechaba el tráfico de la piastra para equiparse.
Esto solo podía significar una cosa, una cosa terrible y trágica a la vez.
En la guerra que los enfrentaba, Francia, sin saberlo, financiaba al Viet Minh»
- «Hélène llevaba un abriguito que estaba bien para Beirut, pero que en París rozaba el ridículo. Parecía la hija de un aparcero. Ahorraremos al lector los "¡Tú estás loca de remate!" y los "Pero bueno, ¿es que no te das cuenta?" que le soltó François, quien siguió con sus preguntas retóricas»
- «Y ya las tenemos a cada una en su habitación, con la puerta de comunicación cerrada. Hélène solo se nota las piernas un poco pesadas, pero ha subestimado su cansancio. Apenas se echa, se ha quedado dormida.»
«"Tomas un rasgo de esta persona, otro de aquélla, coges algo prestado de un amigo de toda la vida, o de alguien a quien apenas has visto en el andén de una estación mientras esperas el tren. Aves, incluso aprovechas una frase o una idea de la crónica de sucesos del periódico. Así es como se escribe una novela. No hay otra forma."Seguramente hay muchas otras formas de escribir, pero resulta que la de Wells es también la mía.»
Sólo me queda una última cosa, y es el porqué del título "El ancho mundo". La respuesta está en Indochina, la colonia francesa que sin duda alguna está en el centro de esta narración. Allí es donde tiene lugar la corrupción política que se denuncia y allí es donde los asuntos emocionales de los Pelletier vienen a confluir. Siendo el nombre de un local de alterne y bajos fondos de Saigón viene a ser metáfora perfecta de lo que ocurría en Francia respecto a toda Indochina.
(El Ancho Mundo) «era un local enorme situado en la rue des Maríns, en el barrio chino de Cholón; una especie de bazar que albergaba salones de juego, salas de espectáculos, restaurantes, bares y tiendas. En ese lugar, al caer la noche, se congregaban todos los jugadores, noctámbulos, putas, malhechores, burgueses, campesinos y coolies de Saigón dispuestos a perder en unas horas lo que habían ganado en una jornada. También acudían algunos funcionarios que derrochaban lo que no habían podido transferir a Francia.»
12 ago 2026
Arundhati Roy: "Mi refugio y mi tormenta"
«Ahora me he acostumbrado y me encanta mi casa. Mi casa de regalías, comprada íntegramente gracias a la literatura. Un sitio peligroso y mío. Un sitio del que nadie puede ordenarme que me vaya. De vez en cuando beso las paredes, hago un brindis y les enseño el dedo corazón a quienes me critican, a quienes piensan que para escribir y decir las cosas que escribo y que digo tengo que vivir en una situación de pobreza aparente y voluntaria.»
«Salvar el abismo que separa el legado de amor que dejó en aquellos cuyas vidas rozó de algún modo, y las espinas que clavó en mí, [...], es el motivo por el que escribo estas memorias. Escribirlas me resulta tan difícil como no escribirlas.Quizá más que como hija que llora el fallecimiento de su madre, lloro como escritora que ha perdido su tema más fascinante. En esta páginas, mi madre, mi gánster, vivirá. Ella fue mi refugio y mi tormenta.»
«Poco después de que se publicaran mis artículos sobre las presas del Narmada, recibí una carta suya, en realidad un fax, escrito a mano: Tu ficción y tu no ficción... Te llevan por todo el mundo como tus dos piernas. Era una de las pocas personas que no contraponían mi ficción y mi no ficción como si fueran antagonistas.» (la organización Narmada Bachao Andolan {NBA}, luchaba contra la construcción de gigantescas presas en ese y otros ríos de la India).
«La ficción es esa cosa extraña, brumosa, que los escritores no poseen del todo, aunque crean que sí. ¿De dónde viene? De nuestro pasado, nuestro presente, nuestras lecturas, nuestra imaginación: sí. Pero ¿quizá también de premoniciones del futuro?»
«Delhi se encontraba a tres días y dos noches en tren de Cochín, que a su vez está a tres horas en coche de nuestra ciudad, Kottayam, que a su vez está a pocos kilómetros de nuestro pueblo, Ayemenem, donde pasé mi primera infancia.»
- «Cuando mi hermano era adolescente, ella le dijo una vez: "Eres idiota y feo. Yo en tu lugar me mataría"»
- «Ojalá te hubiera abandonado en un orfanato», «Eres una rueda de molino que llevo colgada al cuello», «Esta enfermedad es culpa tuya» y, por supuesto, «Perra». (a Arundathi)
«En casi todas las películas malayalis que veíamos (Arundathi y Kurussammal, la mujer que más cerca siempre estuvo de su madre), a la heroína la violaban [...] yo creía que a todas las mujeres las violaban, que solo era cuestión de cuándo y dónde [...] Rodeadas de estas historias que utilizaban el miedo como instrumento de control para las mujeres de Kottayam, sobre todo para las alumnas jóvenes, la señora Roy era la única esperanza de huida. [...]
A mí la señora Roy me enseñó a pensar y luego despotricaba de mis ideas. Me enseñó a ser libre y luego despotricaba de mi libertad. Me enseñó a escribir y luego no le gustó la escritora en que me convertí.»
«Había en Kottayam corrientes profundas de tensiones sociales de las que no teníamos conocimiento. El gobierno marxista de Kerala estaba descontento con el libro, en el que veía una crítica inaceptable del partido y su líder legendario E. M. S. Namboodiripad, primer ministro comunista de Kerala. Yo era admiradora suya pero no acólita. La crítica presente en El dios de las pequeñas cosas tenía que ver con la actitud del partido ante la cuestión de la casta. Me acusaron de anticomunista (aunque no hubiera nada más lejos de la verdad) y por algún tiempo se sopesó la posibilidad de prohibir la novela.»
En Mi refugio y mi tormenta Arundhati da muestras de su incontrovertible feminismo nacido seguramente observar cómo su propia madre luchó contra las injustas leyes que excluían a las mujeres de las herencias, que las tenían siempre en menor consideración que los hombres. Pero no sólo contra las leyes injustas clama Arundhati, la hija de Mary Roy también lucha con todas las fuerzas a su alcance contra el machismo hindú que considera normal abusar de cualquier ser humano que no sea hombre«Corría el año 1990. El mundo estaba cambiando. El Muro de Berlín había caído. La Unión Soviética pronto dejaría de existir. No solo India, todo el subcontinente asiático vivía tiempos convulsos. El "sentimiento religioso" era en aquel entonces el viento que hinchaba todas las velas.»
«en la India ninguna mujer de ninguna religión, clase, casta o ideología tendría alguna vez la seguridad suficiente para cantar a las estrellas en una carretera solitaria mientras su búfalo la llevaba a casa.» (reflexiona la narradora al contar cómo en uno de sus viajes en coche ella y su marido Pradip adelantaron a un carro cuyo conductor, un hombre, iba tranquilamente tumbado cantando a las estrellas)
Muy importante en estas memorias noveladas es la referencia que hace a su actividad como circunstancial actriz cinematográfica y a su mucha más estable ocupación como guionista de películas y series televisivas. Fue allí en el ámbito de Bollywood donde Arundhati conocerá a personas que tendrán mucha relevancia en su vida. De todas ellas la más importante sin duda alguna será Pradip, director y guionista cinematográfico que la hará debutar en un film y con quien escribirá guiones televisivos de éxito para Doordarshan que «era por aquel entonces la única cadena de televisión del país». También tuvo importancia en su actividad cinematográfica su amistad laboral con Sanjay, ayudante de dirección de Pradip. Fue con él con quien acudió a Cachemira a informarse sobre la represión y las matanzas que se estaban produciendo en la zona, De resultas de esta visita fue el rodaje de un documental por parte de Sanjay titulado "Cómo celebramos la libertad"
«Para un ciudadano indio con un mínimo resquicio de conciencia, visitar Cachemira es quedarse sin hogar. Porque después de conocer Cachemira uno no puede volver a las conversaciones, las bromas y la diversión inofensiva de antes. La ignorancia amoral, deliberada y cultivada que manifiestan la mayor parte de los indios sobre lo que allí está ocurriendo, lo que se está haciendo en su nombre, resulta difícil de soportar.»
Son precisamente informaciones que yo desconocía, como la anterior sobre Cachemira, lo que me ha hecho muy atractiva la lectura de Mi refugio y mi tormenta. Muchas cosas he aprendido sobre el inmenso país que es la India. Un país que vive sometido a diversas «demoniocracias» (dictaduras de corte democrático). La más importante es la impuesta por el BJP, Partido Nacionalista Hindú, que lleva ya bastantes años en el poder y que tiene vocación de perpetuarse en el mismo fomentando la división en el país a base de arremeter contra la población musulmana
Por último debo destacar que la imagen que de sí misma transmite Arundhati Roy en estas memorias es la de una mujer independiente, comprometida con su tiempo, defensora de los derechos de la mujer; una mujer que denuncia las injusticias vengan de donde vengan, por muy tradicionales que éstas sean como el sistema de castas; que sabe cortar amarras con ideologías que en su afán de progreso con frecuencia se convierten en reaccionarias; una mujer que se relaciona con los hombres de igual a igual; una mujer afectiva que comprende la manera de ser de sus mayores (su autoritaria madre; su padre, adicto al alcohol y otras sustancias; su tío G. Isaac que echó a Mary Roy e hijos de la casa familiar al arrogarse el derecho machista de la herencia familiar; su lejano y fallecido abuelo, entomólogo imperial, de quien en definitiva proviene la clase acomodada a la que la familia pertenece; su querido hermano LKC a quien junto a su madre dedica la novela; etc.). Una mujer que, como corresponde a su tiempo, tuvo su época de joven hippie degustadora de la música de los Beatles, Rolling y otros y que en su primera juventud coqueteó en alguna ocasión con las drogas blandas y el amor libre.
- «Estábamos bien inmersos en los años oscuros del infierno nacionalista hindú: linchamientos públicos de musulmanes, vídeos de linchamientos públicos, de palizas públicas, de asesinatos en masa y de multitudes armadas con espadas que marchaban por las calles llamando abiertamente al genocidio de los musulmanes.»
- «El BJP prometía devolver a la India su glorioso pasado hindú, dejando atrás siglos de opresión musulmana»
22 jul 2026
«Blonde»: Novela y película sobre Marilyn Monroe (A pares LII)
La película utiliza el blanco y negro en combinación con el color. La española Ana de Armas se luce en su interpretación de la actriz estadounidense, tanto que su actuación suena bastante para los próximos premios Oscar. Se ha criticado por parte de muchos espectadores que la película no sea exactamente un biopic de la malograda actriz. Y es que efectivamente no lo es; lo que es Blonde es una simple adaptación de la historia literaria creada por Carol Oates quien, aunque se inspira en episodios reales de la vida de la actriz, re-imagina muchos otros lanzando hipótesis a veces muy atrevidas y hasta en ocasiones poco verosímiles.
Los espectadores -y yo entre ellos- censuran el que el film haga hincapié sobre todo en los momentos desafortunados de la vida de la Monroe. El director se excede en mostrar maltratos físicos, abusos sexuales, y violencia psicológica; tanto se excede que la película ha recibido por parte de la industria del cine norteamericana la clasificación NC-17 (no recomendada para menores de 17), la más restrictiva de todas ellas. Afortunadamente Andrew Dominik despliega un abanico de diversas maneras de contar con lo que los espectadores vamos sobrellevando la serie de malos momentos por los que pasó la hermosa actriz. Esto es lo mejor que realiza el director, aunque en mi opinión, la excesiva duración de la cinta (2 horas y 46 minutos) haga que una historia tan sugerente, sin embargo se haga tediosa y algunos -es lo que me ocurrió a mí- llegásemos a ver la película de manera interrumpida a lo largo de varios días, algo que si soy sincero creo que no debería hacerse jamás.
Afortunadamente y para bien, Ana de Armas está para salvar el film. Es una Ana de Armas soberbia, bellísima, casi se diría que es la Marilyn Monroe rediviva. El plantel de actores que la acompañan es de alto nivel (Adrian Brody, Bobby Cannavale, Julianne Nicholson, etc.) pero quedan totalmente oscurecidos ante la fuerza con que irrumpe la actriz española de origen cubano.
Norma Jeane fue descubierta por Otto Öse, fotógrafo de una revista del ejército estadounidense que en 1944 le hizo unas fotografías cuando ella trabajaba en Radio Plane, una factoría estatal de aviones de combate.
«Otto Öse, el Príncipe Encantado. La había sorprendido en la sala de pintura de Radio Plane y le había hecho un montón de fotografías para Stars & Stripes[...]—¿Sabes quién es mi jefe en Stars & Stripes? Ron Reagan. Norma Jeane cabeceó, desconcertada. ¿Reagan? ¿Ronald Reagan, el actor? ¿Un Tyrone Power o Clark Gable de tercera? Le sorprendió que un actor como Reagan tuviera alguna relación con una revista militar.»
Joyce Carol Oates al principio de Blonde advierte a los lectores en Nota de la autora que el libro que nos disponemos a leer no es una biografía de Marilyn Monroe, sino una novela. Textualmente dice:
«El lector que desee conocer datos biográficos fidedignos de Marilyn Monroe no debería buscarlos en Blonde, que no pretende ser un documento histórico, sino en biografías autorizadas»
Importantísimo en esta novela es observar la fantástica manera que la Oates tiene para penetrar en la cabeza complicada, inestable y llena de dudas de la actriz. Una mujer autoilustrada, muy exigente consigo misma, con miedo a fracasar y a no estar a la altura; una mujer que pensaba que los hombres siempre se reían de ella, de las mujeres en general, pero que también era consciente del enorme poder que tenía sobre ellos gracias a su belleza. Sin embargo esta belleza le produjo también dolor pues le exigía comportarse como la rubia tonta, sensual y provocativa que Hollywood había fabricado. Era una imagen que en definitiva le daba de comer y a la que tenía que rendirse Norma Jeane igual que hacían todos los hombres, tanto los poco formados intelectualmente como Joe DiMaggio o eminencias como Arthur Miller. «Yo no soy ella», decía constantemente la Pobre Doncella siempre en búsqueda de su Príncipe Encantado.
- «¡Era libre! ¡Estaba sola! Por primera vez en su vida estaba verdaderamente sola. No como huérfana. No como hija adoptiva. No como la hija, la nuera o la esposa de alguien. Esto era un lujo para ella.» (cuando Norma Jeane decide abandonar la casa de su primer marido e ir a trabajar a una fábrica militar durante la guerra).
- «Ese lenguaje grosero disgustaba a Norma Jeane. Ella era una romántica. Porque su amante era hermoso como una mujer y cuando estaban el uno junto al otro frente al espejo, se ruborizaban y sus ojos se dilataban de amor y reían y se acariciaban mutuamente el pelo y habría sido imposible decir cuál de los dos era más bello y cuál de los cuerpos, más deseable. ¡Cass Chaplin! Le encantaba pasear con él y observar cómo las demás mujeres se quedaban prendadas de él (¡y los hombres también! Ah, lo veía).» (fue con Cass Chaplin con quien más feliz se sintió. Luego vendrían las desilusiones, claro. Y es que ella, en el fondo, era una mujer verdaderamente romántica)
- «En un libro que le había dejado a Norma Jeane —El mundo como voluntad y representación, de Schopenhauer—, la joven había leído que "el suicida quiere la vida y simplemente está descontento con las circunstancias que le han tocado en suerte"». (este libro se lo había prestado su agente I.A. Finn. A Norma Jeane le gustaba leer filosofía, poesía, libros de formación actoral, etc.)
- «El objetivo del teatro es despertar emociones. No entretener. La telebasura y la prensa amarilla entretienen. El objetivo del teatro es transformar al espectador. Quien no sepa transformar al espectador que se vaya. El objetivo del teatro (Aristóteles fue el primero y el que mejor lo dijo) es producir en el espectador una emoción profunda que suponga una catarsis del alma.» (le dice Max Pearlman a Norma cuando esta se ha trasladado a Nueva York para seguir cursos del método Stalinavski en el Ensemble Theater, que ensayaba una obra de Arthur Miller. Fue entonces cuando ambos se conocieron y al poco se casarían)
- «Norma Jeane Baker era por naturaleza una joven optimista, o no se habría jurado optimismo eterno acuclillada en el tejado del orfanato, mirando la iluminada torre de RKO, a kilómetros de distancia, en Hollywood: ¡Lo juro! ¡Lo prometo! ¡Nunca, nunca me rendiré!, y ahora comprendía que aquella ignominiosa y desagradable escena era en realidad una escena de cine» (piensa la actriz un momento después de atender a un Marlon Brando completamente borracho).
Para finalizar







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