23 mar 2026

Leila Slimani: "Canción dulce" y "El país de los otros" (A pares XLIX)

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La escritora
Canción dulce (Chanson douçe)
Leila Slimani
, hija de marroquí y franco-argelina, nació en Marruecos en 1981. Estudió en el Liceo francés de Rabat y con 19 años se trasladó a París a estudiar en el Instituto de Estudios Políticos de París. En París intentará convertirse en actriz de teatro, aunque pronto se decanta por la escritura y en 2008 entra en la redacción de la revista Jeune Afrique. Al tiempo que trabaja de periodista realiza un curso de creación literaria en la editorial Gallimard. En 2012 abandona la revista y se dedica exclusivamente a escribir. Su primera novela, anterior a Canción dulce, es Dans le jardin de l'ogre ('En el jardín del ogro') aparecida en 2014 y versionada al cine en 2025. Esta primera novela, que tuvo una muy buena acogida, plantea el asunto de la adicción sexual en una mujer. No la he leído y por ello nada puedo decir por mí mismo; tan sólo apuntaré que Alejandro Luque hace en la revista 'm'sur' una magnífica reseña sobre la misma. El comentario que allí expone me parece clarificador de la intencionalidad, planteamiento y asunto que Leila Slimani muestra en esa novela. También Canción dulce  ("Chanson douce" en el original francés) conoce versión cinematográfica con el mismo título realizada en 2019.







Canción dulce ("Chanson douce")

«Desconfían de los hombres que se aproximan demasiado, los que se interesan por unas simples mujeres como ellas. Hay que alejar a los que sonríen a los niños, los que observan sus mejillas regordetas y sus piernecitas. Las abuelas se lamentan: "Con todos los pederastas que hay actualmente. En mis tiempos, eso no existía."»


Leila Slimani, Premio Goncourt 2016
Esta novela fue la ganadora del Premio Goncourt 2016. Se trata de una historia inquietante cuya terrible resolución conocemos desde las primeras páginas y que, pese a ello, nos incita a seguir leyendo para entender el motivo de tan horrendo crimen. La novela se basa en un caso real ocurrido el año 2012 en Nueva York donde una niñera asesinó a los dos niños que tenía a su cargo. Nos encontramos ante una especie de thriller psicológico que según avanza va perturbando al lector más y más al observar desde su posición lectora cómo un empleado de la familia se va haciendo con los resortes de poder dentro la misma. Myrian Charfa y Paul Massé, los padres de los niños asesinados, son un matrimonio acomodado, una pareja joven y liberal, que para realizarse debidamente en sus respectivas profesiones (Paul es ingeniero musical y Myriam abogada) se ven en la necesidad de contratar una nanny para cuidar a sus hijos Mila y Adam. Durante los primeros años de MilaMyriam decidió dedicarse a su niña en cuerpo y alma. Estaba feliz cuidando a su hija mientras Paul trabajaba. Según fue creciendo Mila, Myriam sintió que su función de madre iba siendo menos necesaria; por eso decidió, de acuerdo con Paul, volver a quedarse embarazada. Siempre se ha dicho que dos hijos no son el doble, sino mucho más, Y así les ocurrió a ellos. La llegada de Adam a casa hizo que la vida familiar se complicase, mucho más cuando los padres de Paul que durante los primeros años de Mila les habían echado una mano decidieron irse a vivir fuera de París. Según pasan los días Myriam siente que se ahoga, que no puede vivir sólo cambiando pañales, haciendo comidas y saliendo con los niños al parque. «Cada vez odiaba más las salidas al parque infantil. Los días de invierno se le hacían interminables. Las rabietas de Mi la sacaban de quicio, los primeros balbuceos de Adam la dejaban indiferente. Su necesidad de salir a caminar sola iba en aumento. De gritar como una loca en la calle. "Me están comiendo viva", se decía a veces.»

Cuando Myriam acepta la propuesta laboral de su antiguo compañero de estudios Pascal y comienza a trabajar en el despacho de abogados del mismo, la necesidad de buscar una empleada se agudiza. El matrimonio decide realizar una serie de entrevistas porque, naturalmente, no van a dejar a sus niños en las manos de cualquiera. No quieren mandarlos a una guardería, tampoco contratar a una sin papeles; desean una mujer «que no sea demasiado mayor, que no lleve pañuelo y que no fume». Por eso cuando entrevistaron a Louise, una mujer de mediana edad, experimentada en el cuidado de niños, blanca, francesa, y con buenos informes de sus empleadores anteriores se sintieron «como si hubieran encontrado un mirlo blanco». Mucho más cuando Mila se enamoró de Louise y ésta a los pocos días de estar en la casa les cose, zurce, lava los visillos, cambia las sábanas sin que se lo tengan que decir y  cocina de mareo.   

De manera imperceptible según que el matrimonio se cree situado en el mejor de los mundos -felices y progresando en sus trabajos-, la relación empleadores-empleada va mutando. Paul y Myriam están tan contentos de Louise que hasta la llevan con ellos de vacaciones. Louise va sintiéndose más del acomodado barrio donde trabaja que de Bobigny, la banlieu (la barriada) donde ella tiene alquilado un minúsculo estudio.

Paul es el primero en advertir que las cosas están evolucionando de manera equivocada. Advierte de ello a Myriam pero a ambos no les parece para tanto. Pese a todo deciden ir marcando distancias y poner a Louise en su debido lugar. Este año ya no la llevarán con ellos de vacaciones. Todo empieza a deteriorarse. Las ilusiones de Louise de vivir más en el París de Paul y Myriam parecen desvanecerse. Quizás, piensa Louise, haya una solución para que esto no ocurra. Y como se decía en el viejo concurso televisivo del Un, Dos, Tres "hasta aquí puedo leer".
 «Él sabe lo necesaria que es Louise para ellos, pero ya no la soporta. Con su físico de muñeca, su cara de mosquita muerta, lo irrita, le pone nervioso. "Es tan perfecta, tan delicada, que en ocasiones siento una especie de empacho", le confesó un día a Myriam.»
Junto a la historia principal en la novela se tocan muchos temas de tipo social: la inmigración, la presencia de muchos trabajadores ilegales en el país, la segregación, el racismo de la sociedad, los abusos de los caseros, la pederastia, la conciliación familiar, la realización profesional...
«Wafa [una joven musulmana cuidadora de un niño que Louise conoce en el parque] se parece a una especie de felino gordo, poco sutil pero muy desenvuelto. Todavía no tiene los papeles en regla pero eso no parece preocuparla. Llegó a Francia gracias a un señor mayor a quien ella daba masajes en un hotel de dudosa fama de Casablanca. El hombre se encariñó con sus manos, tan suaves, con su boca, sus nalgas y, por último, con todo el cuerpo que ella le entregaba, siguiendo su instinto y los consejos de su madre. Él se la trajo a París, donde vivía en un apartamento miserable y cobraba una pensión del Estado. "Tuvo miedo de dejarme preñada, y sus hijos lo convencieron para que me echara. Pero al viejo le hubiera gustado que yo me quedara con él."»
En cuanto a la forma diré que Canción dulce  se lee con inmenso placer gracias al buen trato que Leila Slimani da al lenguaje («Por la noche, se ha levantado el viento, una brisa marina en la que se adivina el sabor a sal y a utopías.»). Asimismo las abundantes vueltas atrás por las que nos enteramos de la vida de unos y otros personajes las realiza sin brusquedad surgiendo éstos ante nosotros con gran naturalidad. Gracias a estos flash backs conocemos especialmente a Sylvie, la madre de Myriam, que constantemente emite juicios críticos sobre el comportamiento de ella y de Paul («Cuando tenía la edad de ellos, sólo soñaba con hacer la revolución. "También es verdad que éramos algo ingenuos", señala Dominique, su marido, que se entristece al verla descontenta.»); y sabemos de Stephanie, la problemática hija de Louise alejada de su madre desde hace tiempo:
«Stéphanie tuvo mucha suerte. Cuando acabó la enseñanza primaria, Madame Perrin, la señora de la casa donde trabajaba Louise le propuso matricular a su hija en un liceo parisino, mucho mejor considerado que el que le correspondía en Bobigny.
Pero Stéphanie no se mostró a la altura de su generosidad. Unas semanas después de entrar en el liceo comenzaron los líos. Perturbaba la clase. Siempre se estaba riendo, lanzaba objetos, daba malas contestaciones a los profesores. [...] "Quizá Stéphanie se sienta más a gusto en un barrio cerca de su casa -añadió el jefe de estudios- donde tenga puntos de referencia." [...] Louise al llegar a su casa abrió la cancela y apenas la hubo cerrado se puso a moler a palos a Stéphanie .»
Merece muchísimo la pena leer esta novela de Leila Slimani. Os la recomiendo vivamente.

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El país de los otros ("Le pays des autres")

«En ese instante comprendió que era una extranjera, una mujer, una esposa, un ser a merced de los otros. Él ahora estaba en su territorio, él era quien explicaba las normas, quien decía lo que había que hacer, quien trazaba las fronteras del pudor, de la vergüenza y del decoro. En Alsacia, él era un extranjero, un hombre de paso que no debía hacerse notar.»

Leila Slimani,saga familiar,Marruecos y Francia
El país de los otros es el título de la primera entrega de la trilogía de idéntica denominación que Leila Slimani publicó en 2020 (
en España apareció en octubre de 2023). Esta primera novela de la serie lleva el subtítulo de Guerra, guerra, guerra. Las dos partes restantes de la trilogía son Míradnos bailar (febrero, 2021en Francia; 2023 en España) y Me llevaré el fuego (enero de 2025 en Francia; septiembre de 2025 en España). Esta serie de novelas indaga sobre la esencia de la historia marroquí y su cruce con la cultura francesa. Leila Slimani habla de la complejidad que resulta de la confluencia entre colonialismo, familia e identidad y pertenencia.

Desde luego la temática de esta trilogía es bien distinta a la de Canción dulce, pese a ser estos textos de la misma autora. Nos encontramos aquí ante la vida de una pareja formada por un marroquí (Amín Belhach) y una francesa (Mathilde Adam). Se conocieron y se casaron en Mulhouse (Francia) al final de la ocupación nazi de Francia. Acabada la segunda guerra mundial, la pareja se instala en Meknés (Marruecos), protectorado entonces francés. Allí Amin quiere hacer productiva la finca que ha heredado de su padre. La acción en esta primera novela de la saga va desde que llegan a Meknés al poco de acabar la Guerra Mundial hasta el final de agosto de 1955 cuando las revueltas por la independencia del país están ya en su punto álgido. Vemos cómo todos los personajes se sienten extraños en algún momento al lugar que habitan o a la posición que ocupan (marroquíes en Francia; franceses en Marruecos; mujeres occidentales en un mundo machista; niños frente a adultos....). La novela me ha parecido interesantísima, especialmente por el buen desarrollo psicológico de las problemáticas de cada uno de los personajes.

El choque entre ocupantes y ocupados, entre Occidente y Oriente, entre Cristianismo e Islam se evidencia a lo largo de todo la novela. La visión romántica que en Europa se tenía de África es la que Mathilde pretende "vender" a su familia a través de las cartas que les envía («En las cartas que escribía a su hermana, Mathilde mentía. Fingía que su vida se parecía a la de las novelas de Karen Blixen, Alexandra David-Néel o Pearl S. Buck»). No, desde luego la vida de Mathilde en el Protectorado francés de Marruecos no es tan ideal como la vida en África que describe Isak Dinensen en su novela autobiográfica "Memorias de África". En Marruecos las distancias entre culturas estaba más marcada incluso que la que Karen Blixen señalaba en Kenia
«Para Muilala, el mundo estaba atravesado por unas fronteras infranqueables. Entre hombres y mujeres, entre musulmanes, judíos y cristianos, y ella estaba convencida de que para entenderse bien, más valía no cruzarlas. La paz se conseguía si cada cual se quedaba en su sitio.»
Es interesantísimo ver cómo evolucionan los personajes al tiempo que evoluciona la situación política del país. Mathilde se va adaptando a la manera de vivir las mujeres en Marruecos, sujetas a la autoridad del hombre, si bien ella entiende que su entrega es una manera de demostrarle el poder que ella tiene sobre él. Por su parte Amin, que ha luchado contra los nazis en el ejército francés, se siente en un terreno de nadie; por eso su modo de proceder muestra inseguridades que su esposa va limando mediante su plena aceptación de la nueva realidad socio-política del país que está naciendo.

Un ejemplo de lo manifestado en el párrafo anterior se da cuando Amin, tras descubrir una foto de su hermana pequeña Selma con un joven aviador militar francés, enfurece y golpea a Mathilde por no haberla controlado debidamente y prohíbe a Selma asistir al Liceo. Pese a esto el matrimonio sigue haciendo el amor. Es la manera que tiene ella de dominarlo a él: 
«Para avergonzarlo, ella perdió todo pudor, toda compostura. Le arrojó a la cara su lujuria y su belleza de mujer, su vicio y su lubricidad. Mathilde le daba unas órdenes cuya crudeza escandalizaba a Amin y alimentaba su excitación. Ella le demostró que guardaba dentro algo inasible, algo sucio, y que él no era quien lo había ensuciado. Una negrura de la que ella era dueña y que él nunca entendería
Los personajes son abundantísimos. Todos tienen gran interés, aunque quizás sea Aicha, la hija de Amin y Mathilde, la niña mestiza, la que marque la esperanza de futuro. Otro personaje llamativo es el médico francés que atiende a Mathilde durante un episodio de enfermedad complicada que ella sufrió. El facultativo no logra entender a esa familia mixta con una hija mestiza
(el doctor francés que atiende a Mathilde) «sabía que el mundo había cambiado, que la guerra había trastocado todas las reglas, todos los códigos, como si hubieran puesto a las personas en un recipiente y las hubieran removido, entrechocando unos cuerpos de los que opinaba que era indecente que se tocaran. Aquella mujer dormía en los brazos de ese moro velludo, de ese patán que la poseía, le daba órdenes. Todo esto era injusto, no entraba dentro de la norma, esos amores creaban caos y desgracias. Los mestizos anuncian el fin del mundo.»
Por su parte Aicha cuando se sienta en la azotea de la casa junto a sus asustados padres y contempla los incendios de las fincas de los colonos que los revolucionarios marroquíes están realizando en silencio y para sus adentros piensa: «Que ardan. Que se vayan. Que se mueran». Con esto vemos que la niña ya no está en el país de los otros o al menos no se siente en el país de los otros porque los otros a partir de ahora son los colonos franceses y no ellos.

Desde un punto de vista formal quisiera destacar el hermoso vocabulario propio de Marruecos que Leila Slimani incorpora en la novela. El mismo dota de belleza al texto al tiempo que sirve de rasgo identitario del país donde suceden los hechos. Son términos como “patinillo” (patio pequeño),  “almocadén” (autoridad subalterna),  “ataifor” (mesa redonda y pequeña usada por los musulmanes), “jaique” (especie de almalafa, usada por mujeres árabes, que sirve para cubrirse de noche y como vestido de día), “grisgrís” (amuleto protector que trae buena suerte a la vez que ahuyenta al demonio),  “adul” (notario o fedatario público),  “albórbolas” (revuelo, bulla, jaleo, gritería o alboroto ruidoso),  “almozala” (en textos aljamiados y moriscos, tapiz o alfombrilla para la oración), “aljofifa” (trapo o bayeta para fregar, especialmente el suelo), “aduar” (campamento de beduinos, formado por tiendas y chozas), etc. Salvo la palabra grisgrís, vocablo que procede del área subsahariana introducido en Francia en el siglo XVI, el resto forma parte actualmente del repertorio léxico magrebí.

Leila Slimani,literatura francesa,mestizaje cultural
Para finalizar, señalaré algunos datos tomados de la información proporcionada por Penguin Random House en su página web que vienen a completar los elementos biográficos señalados al inicio de esta entrada: la novelista Leila Slimani es la representante personal del presidente francés Emmanuel Macron para la promoción de la lengua y la cultura francesas, y preside el jurado del Premio Booker Internacional 2023. Ocupó el puesto n.º 2 en la lista anual de Vanity Fair Francia de los Cincuenta franceses más influyentes del mundo. Nacida en Rabat, Marruecos, en 1981, divide su tiempo entre Francia y Portugal. 


19 mar 2026

Ana Campoy: El paracaidista

7 comentarios:

«Porque, cuando la Cascas Vieja había vuelto a mirar, cuando abrió las cortinas y salió de la alcoba, solo tuvo ojos para su primer hijo, el Cascas Grande. Y la hija se conformó porque ella no era varón y una mujer siempre tiene que aguantarse. Pero si en todo ese tiempo no hubo nada para ella, tampoco habría atención para otra, y menos para la hija de la tintorera.»

El paracaidista, Ana Campoy
Hasta la aparición de esta novela, la madrileña Ana Campoy era conocida fundamentalmente por sus obras dirigidas a un público infantil. El paracaidista lo publica el año 2024. La historia que se relata está situada en el mundo rural andaluz, seguramente jienense. Según avanzaba en su lectura por momentos venían a mí resonancias lorquianas. Un lenguaje poético con una alta carga metafórica es el que la autora utiliza para presentar un mundo escindido por la mitad entre opresores y oprimidos. Situado en la primera etapa de la posguerra están aún muy presentes las violencias de la Guerra Civil, las venganzas, las denuncias, los tiros dados en las tapias del cementerio, los suicidios por no poder resistir vivir entre tanta pobreza e injusticia, los ajusticiamientos realizados por algunos particulares sabedores de que la justicia no existiría para ellos, las violaciones... Un mundo, en definitiva, en el que la muerte (la 'sombra' en la novela) ronda constantemente.

Es una historia en la que hay cabida para la magia, la creencia en la superchería (los sanadores), el deseo, la huida entre vapores alcohólicos... Un mundo en el que las mujeres se erigen como base firme para hacer viable la vida y hacer que los propios prosigan en ella aunque sea a costa de su propia vida.

Pese a su brevedad (133 páginas) la novela es densa. La lectura no me ha resultado muy fluida al principio, si bien a partir de la mitad parece que cobra ritmo y todo comienza a desarrollarse de manera más ágil. Quizás la sensación de farragosidad deba bastante a los nombres dados a los personajes. Son todos ellos motes o apodos (la Tuerta, los Cascas [el Cascas Viejo, la Cascas Mediana, el Cascas Canijo...], la Berzas, el Chico, la Muda, el Tintorero...) que dificultan la ubicación exacta de los mismos en el universo familiar correspondiente. Este hecho, unido a la frecuente anticipación de sucesos presentados como si ya fuesen por todos sabidos, provoca que el texto en su primera parte dé la sensación de congestión.

Muy importante e interesante en El paracaidista es el lenguaje utilizado. Es un lenguaje cargado de poeticidad. Ana Campoy hace uso de un buen número de metáforas e imágenes que no sólo embellecen el texto sino que hacen que éste penetre de mejor manera en el lector:

  • [las mujeres] Iban de un puesto a otro con sus capazos, cargados de alimentos y de relatos
  • el pavor curvándole la espalda
  • La frase se le fue a Molienda como se le escapa al viejo la orina
  • Desde la alcoba, bajó hasta la cocina con el daño goteando
En ocasiones es la alegoría el recurso que conquista el relato

«Las criadas de los Cascas se buscan en las esquinas. La planta baja con tanta tarea, y ellas venga a darle a la rueca de la lengua. A hilar la retahíla. No atienden a los quehaceres con tal de despistarse. Y es que hay mucha hebra aquella tarde.»

El duende lorquiano invade el texto con fortuna las más de las veces:

  • «la pared encalada. La del patio, que ahora es de luna pero que casi no tiene reflejo.»
  • «El viento baja por la ladera. Congela el monte el rumor del agua que dice, que cuenta, que a la Barda la han apresado y la han llevado al penal.»

La historia la distribuye la autora en cinco apartados que conforman una trama que va de dentro hacia afuera: Desde lo interior doméstico (La Casa y El Pueblo) a lo exterior y último que tiene lugar al salir fuera de la Casa y del Pueblo de manera provisional o definitiva (La Luna y La Sombra). El fiel de la balanza lo constituye el tercer apartado titulado Los Caracoles. Estos moluscos son los auténticos agentes pasivos de la tragedia que en la novela se relata. Porque eso es la novela, una tragedia, más pequeña en tamaño de la que supuso la Guerra Civil pero idéntica en las causas y los efectos. Con razón en un momento del relato se lee:

«los Cascas habían ganado la guerra y todavía seguían ganándola aun sin luchar, que es la mejor manera. Hacerse con las ovejas, las olivas y las tierras. Con el sudor y las manos de los otros. El mejor modo de ganar. Quedarse con todo. Ganar para escribir las reglas.»

Para finalizar quisiera resaltar de nuevo la fuerte raigambre lorquiana de la historia. Además de lo ya dicho respecto al lenguaje, la localización rural andaluza entre olivares y la relación de poder entre personajes remite -al menos a mí así me lo ha sugerido- a Federico. Lo que más me lo parece es esa manera de relacionarse entre la Alcuza y la Cascas Mediana, o sea entre la criada principal de la Casa y la señora de la misma. Algunos diálogos como el mantenido entre ellas sobre una sobrina el día que entierran al Cascas Grande parecen propios de Bernarda Alba y la Poncia:

«—¿A ti te parece bien? ¿Pintada como una cualquiera?
—Yo solo digo que, por muy fuerte que aprietes, la lazada al final se suelta.
—Por eso mejor cuerda de esparto. Nada de hilos de seda.
—No exageres.
—En esta casa somos gente de bien.
—Pero tú por eso no has de temer. Tu hija es de buen linaje. No va a seguir los malos senderos.
»
Me parece interesantísimo la manera que tiene Ana Campoy de presentar la narración. Es un narrador externo en tercera persona que maneja con fruición el estilo indirecto libre logrando que los lectores nos sintamos dentro de los hechos narrados. 
«Los odios antiguos todavía perduran, aunque bastante haya llovido sobre las banderas. Qué sentido tiene mirar hacia lo que ya está pasado, si la guerra quedó lejos y los uniformes se quedaron doblados en los arcones. Que ya nadie lucha ni mata. Ahora el pueblo es otro y la gente solo quiere paz. Y trabajo. Porque lo más decente es ganarse el jornal.» (escribe el narrador diluyéndose en la boca o el pensamiento del Cascas Canijo)
Ana Campoy autora de "El paracaidista"
Efectivamente, Ana Campoy gusta de difuminar la figura del narrador y es por ello que también utiliza con mucha frecuencia el estilo directo libre, o sea, sin verbos introductores; ejemplo de esto último es el diálogo citado poco más arriba entre la Alcuza y la Cascas Mediana. También está presente en el muy vivo diálogo mantenido por la servidumbre de la casa de los Cascas a propósito de la exhibición que la Tuerta elegantemente ataviada realiza por el pueblo. 

Muchos recursos literarios hay en esta novela corta. La suma de todos ellos más la historia narrada dan al relato un tono cercano al realismo mágico. Podrá ser mera casualidad o simple deseo mío, pero leyendo esta historia situada en tierras jienenses su tonalidad, el asunto, ciertos comportamientos de algunos personajes...  por momentos todo ello junto me ha hecho recordar a David Uclés y su renombrada obra La península de las casas vacías a la que dediqué una elogiosa reseña en este blog. Desde luego esta cuestión e incluso la presencia o no de realismo mágico sería tema para un interesante debate.
«Sólo el fuego sabe lo de la niña muda y sus poderes. Eso que la niña entiende y que ve en los demás. Porque la niña muda no solo escucha a las llamas, también tiene visión de todo lo que a los del pueblo les queda por decir. Lo que querrían hablar porque les rebosa de las tripas, y cómo después nunca se atreven y el ardor les quema la frente, y más tarde los sesos. Uno por uno los oye frenar las ideas. Dejarlas al filo de la  boca y dudar si empujarlas o no al vacío.»

El paracaidista es la primera incursión de la novelista madrileña en la narrativa no dirigida para un público infantil. En el campo de la literatura infantil Ana Campoy tiene más de una decena de títulos en las librerías. 

Nota final
Tuve oportunidad ayer mismo de participar en la tertulia que sobre El paracaidista tuvo lugar en en Club de Lectura de La Casa del Libro de la c/ Fuencarral  de Madrid. Sandra, coordinadora de la Tertulia, presentó a Ana Campoy, la autora de la novela, quien con una enorme vitalidad y entusiasmo explicó el proceso de gestación de esta su primera novela dirigida a un público adulto. Todo lo que contó me gustó, pero quizás lo que más me interesó fue la referencia que hizo a la mítica que desde la Grecia antigua hasta hoy permea nuestra cultura y tiene fuerte presencia en su libro. El mito de Aracne y la tragedia de Antígona son a este respecto los elementos más relevantes: el primero en cuanto a la forma dada a la novela y la manera que tienen actores y lectores de conocer los hechos que en ella suceden; el segundo, más en el plano del contenido, referido a la injusticia que representa negar al vencido el descanso eterno en el lugar que le corresponde. También me pareció revelador, referido a la mítica, la importancia que para la escritora tuvo la lectura en El Español de un artículo titulado El triángulo de los suicidas: en los pueblos donde quitarse la vida es una costumbre. Este artículo fue el aldabonazo final que la decidió  ponerse de lleno con El paracaidista.

Ana Campoy
Pero, quizás, lo más llamativo para mí fue contemplar el "making of" que Ana Campoy desplegó ante quienes, encantados, estábamos escuchándola. Contemplamos los elementos del proceso creativo: el cuaderno en el que a lo largo de varios años fue escribiendo relatos que le inspiraban las confesiones de sus abuelos jienenses y donde apuntaba cuantas posibilidades o ideas se le iban ocurriendo para ir conformando una posible novela que aún no tenía decidido escribir; una especie de "evidence board" en el que a base de post-its de colores había ido diseñando la estructura de la historia; y por último la "escaleta" en la que ya aparecía debidamente organizada la trama. 

Tras las palabras de la novelista, los asistentes a la tertulia le transmitimos dudas, le hicimos preguntas, le destacamos aciertos, le pedimos aclaraciones... Y Ana Campoy dio respuesta a todo y a todos. Fue una muy interesante tertulia. Muchas gracias, Ana


15 mar 2026

Selva Almada, novelista argentina

10 comentarios:
Leyendo, como acostumbro hacer todas las semanas, Babelia, me topo con una elogiosa reseña de Leonardo Padura sobre Una casa sola (para leer la crítica de Leonardo Padura pinchar aquí), la novela que Selva Almada, escritora argentina, acaba de dar a la luz en Penguin Randon House. Al hilo de la lectura, el cubano Padura me hace recordar la enorme satisfacción literaria que experimenté leyendo otra novela de Selva Almada titulada Ladrilleros. La realicé hace ya más de cinco años y no resisto la tentación de volver a colgar de nuevo en este blog la reseña que su lectura me inspiró


ooooooOOOoooooo



Selva Almada. "Ladrilleros"
(reseña de 6 de julio de 2020)

"Ninguno recordaba cuál había sido el principio del disturbio. Una noche de esas en que los dos se dejaban estar hasta el amanecer en un bar, se habían desconocido." [los dos son Òscar Tamai y Elvio Miranda, padres respectivos de Pajarito y Marciano] .
"En una de esas tardes calurosas, con el cuerpo veteado por los surcos que deja el sudor en el polvo adherido a las pieles, disfrutando del botín de una pila de naranjas amargas robadas de alguna quinta, Marciano y Pajarito se habrán hecho amigos."

Esta novela corta ha sido para mí toda una sorpresa. De mano, de ella sólo sabía que había sido publicada en 2013 y que era argentina o uruguaya, esto lo tenía claro. De su autor o autora lo desconocía todo. En principio penséa que sería hombre pese a que el nombre era Selva, pero ¡hay tantos seudónimos en los que quienes gustan de escribir se ocultan cambiando de género! Según fui leyendo me fui más y más convenciendo de que quien había creado esta historia no podía más que ser varón, pero cuál no sería mi sorpresa cuando acabada la lectura consulto en Internet y me devuelve la imagen de una agradable mujer de 47 años, argentina, nacida en la provincia de Entre Ríos que ha tocado varios géneros en el mundo de la Literatura: cuento, ensayo, poesía... "Ladrilleros" sería la tercera de sus novelas. La identidad de Selva Almada, es la última de las sorpresas que "Ladrilleros" me ha dado.

Selva Almada, novela corta, bildungsroman
Entré en la novela bajo de expectativas pues personas próximas me habían hablado en negativo de la dificultad del léxico utilizado por la autora. "¡Es imposible leer esta novela de seguido. Cada poco hay que pararse a buscar significados!" En efecto el vocabulario utilizado en la narración es extraño para un español si bien al haberlo leído en mi kindle pudiendo consultar rápido los sentidos correctos de las expresiones en ningún momento vi interrumpido mi disfrute lector. Tan sólo alguna expresión como la de "chaque" se me quedaba en el limbo de los justos durante la lectura; no ha sido hasta ahorita mismo o recién -que diría algún paisano de la escritora- que he podido dilucidar el sentido de la expresión: modismo regional derivado del idioma guaraní propio del nordeste Argentino con el sentido de ¡cuidado! o ¡precaución!. En el fondo esta expresión es una más del grueso de vocablos del mismo origen guaraní presentes en la novela y cuyo uso es muy frecuente entre la población de la provincia de Corrientes en el nordeste de Argentina, zona limítrofe con Paraguay y Brasil, donde suceden los hechos relatados. Así pues vencer y disfrutar de la inmensidad de la lengua viva popular argentina sin perturbar excesivamente mi lectura fue la primera grata sorpresa.  Algunos ejemplos del vocabulario:
Yuyos’: malas hierbas, ‘pispear’: indagar; ‘culear’: realizar el coito; ‘berretín’: deseo, ilusión; ‘chicote’: látigo, trabilla; ‘rebenque’: látigo; ‘afanar mamones. Mantener a raya a los cuzcos’: robar [perrillos] recién nacidos. Controlar a los perros pequeños; ‘carayá’: mono aullador; ‘changas’: chaperones; ‘lauchas’: ratones; ‘gausca’: pene; ‘paspado’: agrietado; ‘chirle‘: blanduzca; ‘percudida’: ensuciada; ‘guacho’: huérfano; ‘atado’: paquete de cigarrillos; ‘potrero’: Terreno inculto y sin edificar donde suelen jugar los muchachos; ‘buchaca’: Bolsa de la tronera de la mesa de billar; etc.
Las siguientes sorpresas vinieron ya todas juntas y solidarias formando la perfecta novela que "Ladrilleros" es. Me refiero especialmente a la estructura que Selva da a esta historia de la amistad y enemistad habida entre dos chicos ('changos') que nacen prácticamente al mismo tiempo, crecen y se educan juntos, pierden su amistad por resquemores típicos de muchachos, y se sienten herederos de la tremenda inquina que en vida existió entre sus padres, aversión que ambos practicarán con resultado tremendo.

En la novela, principio y final se unen cerrando un círculo. Son dos momentos separados por apenas unos minutos o quizá segundos, los que van de sentir unos navajazos a la pérdida de la vida. Es en ese interregno de la agonía cuando pensamientos y recuerdos acuden en desorden a la conciencia de los moribundos, que conocemos la vida y los antecedentes familiares de estos dos chicos, Pajarito y Marciano, que les han llevado inevitablemente a este final fatal.

El texto, pues, es todo un enorme flash back con avances y retrocesos que nos van dando informaciones debidas sobre los avatares de los Tamai (la familia de Pajarito: su padre Óscar, su madre Celina, su hermana Sonia...) y de los Miranda (la familia de Marciano: su padre Elvio, su madre Estela, su hermano Ángel, sus hermanas mellizas). Todo lo iremos sabiendo en perfecta y medida dosificación según establece la autora. Esto es magnífico y me ha gustado mucho. 

Junto a lo anterior está el ritmo vivo, dinámico, real, costumbrista podría decirse aunque de un costumbrismo no urbano ni rural sino más bien de etapa vivencial, la de estos dos niños, luego adolescentes, luego ya muchachos. Son las maneras de ser típicas de estas fases de desarrollo las que se nos muestran en esta novela. Estamos ante unos chicos que sufren a sus padres, violentos a veces con ellos en grado sumo, sobre todo con Pajarito; unos chavales que disfrutan infringiendo pequeñas y muchas veces absurdas prohibiciones paternas como la de no ir a la Feria que se está instalando en la localidad; unos muchachos que comienzan a sentir las urgencias del sexo que en un momento dado es el centro de todo. Tener sexo con ésta o con aquélla, beber hasta perder el sentido, utilizar las conquistas como arma con la que violentar al un día amigo y de un tiempo acá ya enemigo eterno, ocultar al otro las apetencias sexuales si éstas no se atienen a lo establecido en un universo de machos, pelear y gallear dentro del grupo a fin de dejar claro quién lleva la voz cantante... Es en este sentido en el que digo que en la novela hay costumbrismo.

A una mentalidad europea como la mía le sorprende la sexualidad constante en que viven estos chicos junto a sus compañeras del otro sexo, quizás ellas más propensas a la sensualidad y más enraizadas con el sentido telúrico que las lleva a la maternidad, su meta vital, donde se cobijan y a la que, de no haberla conseguido aún, ansían llegar. Una vez allí se sienten realizadas; no así sus partenaires masculinos que viven la necesidad del sexo más como caza y prueba de éxito entre sus iguales que por afán de ser padres. Ellos -es el caso de uno de los personajes- pueden dejar mujer e hijos sin sentir gran pena, no se sienten atados a un hogar, su vida está más fuera que dentro: en los boliches, en el juego, en las tabernas, en los quilombos... Es, evidentemente, una sociedad cien por cien machista donde la única función del varón es la de con el sexo procurarse satisfacción y contribuir, aunque eso ya no le importe mucho, a que ellas sean madres. La propiedad del hombre sobre la mujer e hijas es total. Así al padre de Celina le molesta que ella lleve en su interior un hijo de Tamai y ejerce su derecho a golpearla por ello, algo que Celina entiende pues de siempre los hombres han golpeado a sus mujeres.
Los hombres golpean a sus mujeres alguna vez en la vida. A eso también lo había aprendido. ¿Acaso su padre no la había agarrado con el cinto cuando le dijo que esperaba un hijo de Tamai?
novela argentina actual, sexo en la literatura, machismo, Selva Almada
 Otra cosa que me ha gustado muchísimo es la manera de utilizar los recursos narrativos: el narrador aparece en forma de variadas personas gramaticales dando viveza y también complejidad al relato; otro tanto sucede con los tiempos verbales, usados en combinaciones temporales a veces sorprendentes pero que contribuyen a que el texto no sea jamás pesado ni repetitivo; me ha parecido curiosa la manera frecuente de utilizar sintácticamente el doble Objeto Indirecto (Si Tamai le mató a Miranda…) e incluso en ocasiones el doble Objeto Directo (Se había alejado para no molestarla a Estela con el humo); y desde luego es magistral la manera fluida con que la autora sabe introducir el Estilo Indirecto Libre, el monólogo interior y el soliloquio logrando que el propio lector se vea inmerso en la historia que lee, como si ésta lo hubiese abducido. ¡Fantástico! Por último, a este respecto, hay que destacar muy mucho el lenguaje expresivo, fuerte, sin artificios ñoños, que Selva Almada utiliza y que vuelca en el papel con gran naturalidad
 Agarrar y oler una concha, meterle la lengua hasta el fondo, chuparle todo el jugo a ver si se saca el olor a meo y a mierda del baño de la bailanta, ['bailanta': club donde se escucha normalmente un tipo de música (cumbia, tropical, reguetón...) y que es frecuentado por una clase social baja, de escaso poder instructivo]
Leyendo esta novela he sentido que la escritora 'proviene de' y 'pertenece a' el enorme mar del buen hacer literario hispanoamericano. La gran literatura del subcontinente americano subyace en esta obra, novelita por su tamaño y gran narración por su historia y forma. En especial dos autores constantemente se me venían a la cabeza mientras la leía. Uno era Gabriel García Márquez y su "Crónica de una muerte anunciada" pues de parecida manera a lo acontecido en la historia del colombiano la inevitabilidad del encuentro mortal ronda por nuestras cabezas desde bien temprano. El otro autor que continuamente se me aparecía, sin duda alguna por la historia y sobre todo por las técnicas narrativas empleadas, era el mejicano Carlos Fuentes en su genial novela "La muerte de Artemio Cruz" publicada el año 1962. Ese ir y venir del ámbito de lo real a lo irreal, esas visiones alucinatorias propias del estado agónico de una persona, esa confusión como de duermevela en la que sueño y fantasía onírica invaden y hasta llegan a suplir el orden propio del mundo racional, son el eje formal y estructural del relato de Selva Almada
Aunque hayan pasado diez años, Elvio Miranda todavía no pudo entrar a la tierra de los finados. Está varado en esos pocos minutos antes de ser asesinado; no se resigna a abandonar el mundo de los vivos.
Este buen hacer procedimental, además de en la genial novela de Carlos Fuentes, últimamente también lo he disfrutado -si bien no es idéntico pero sí semejante- leyendo "Lincoln en el Bardo", novela del año 2017 escrita por otro americano, aunque en esta ocasión anglo y no hispano, llamado George Saunders; este relato lo leí hace bien poco y lo tengo reseñado en este blog [para acceder a la reseña pinchar aquí

En el capítulo de las evocaciones ha habido también momentos en que frases o situaciones se me hacían como muy lorquianas. En especial he tenido esta sensación al leer cómo ella se quedaba con el corazón en la boca hasta que él volvía, temiendo lo peor. Ella es Celina, la madre de Pajarito, angustiada al ver que su marido Óscar marcha a la taberna y temiendo que cuando se emborrache pueda tirar de navaja. Y es que las navajas en manos de hombres es un elemento frecuente en poemas y tragedias de Federico García Lorca. El momento en que más he sentido la presencia del poeta granadino ha sido en la frase "Los filos hambrientos buscaron la carne enemiga". Poesía total la que derrocha Selva Almada aquí y en muchos otros momentos de esta bella novela.

Para finalizar
En cierto modo esta novela podría encuadrarse dentro de las llamadas novelas de aprendizaje, iniciación o con palabra germánica 'bildungsroman'. Efectivamente en esta narración asistimos al proceso de la educación del carácter de Pajarito Tamai y Marciano Miranda por sus respectivos padres. Ambos niños, amigos en su tierna infancia, se verán conducidos al enfrentamiento inexorable a través de los actos de sus padres, de sus propias madres y también del ambiente de la comunidad en la que viven que casi sin sentirlo los empujará a ello

Antes de concluir quisiera aclarar algo respecto al título que de seguro muchos se estarán preguntando. ¿Por qué "Ladrilleros"? ¿Es que acaso el asunto va sobre industrias cerámicas que fabrican materiales de construcción? Bueno, no exactamente. La razón del título obedece sólo a que los dos personajes centrales y sus familias respectivas trabajan en sendas fábricas de ladrillos. Pero en la historia no hay que buscar asuntos propios de la construcción de casas ni cosas por el estilo. 'Ladrillero' sólo es la profesión que tienen Pajarito y Marciano. Nada más.

Nota
Esta novela de Selva Almada ha sido  el libro que este mes de julio hemos comentado en la Tertulia "más que palabras...". Con ella cerramos el año lector. Si queréis leer nuestras divagaciones y las aportaciones que unos y otros hicimos sobre ella no tenéis más que hacer clic aquí.


5 mar 2026

Joyce Carol Oates: El señor Fox

19 comentarios:

«Él es el titiritero, él es quien elige. Las niñas de las que Francis se enamora son exclusivamente suyas, pues uno de sus atractivos es que son preadolescentes, es decir, presexuales.
No son crías, porque a Francis Fox no le interesan los niños pequeños. De todas las perversiones, la pedofilia le resulta la más ofensiva, como a cualquier ser humano decente. Además, los niños pequeños son aburridos.
Tiene cero interés en las niñas menores de doce años. Catorce es el límite máximo; quince es ya imposible»

Joyce Carol Oates, Ismael Belda Sanchís (traductor)
Agradezco a mi muy buena amiga bloguera Rosa Berros, del blog Cuéntame una historia, la recomendación de esta novela. La verdad es que Rosa es una magnífica experta en Joyce Carol Oates. Cualquiera que pasee por su blog se encontrará con más de una docena de reseñas de novelas de esta escritora norteamericana. Junto a Rosa vinieron a avivar mi deseo por leer esta novela Mariana, del blog Los libros de Mava, y Marian, del blog Marian lee más libros; las tres forman un club de lectura conjunta que denominan Debate a tres en el que de vez en cuando  reseñan, cada una en su blog, un mismo libro. Ha sido el caso de El señor Fox de Joyce Carol Oates, publicada por Alfaguara en 2025 en traducción de Ismael Belda Sanchís. Leí las tres reseñas y todas ellas me impactaron y me condujeron a leer esta novela. Por si estos motivadores impulsos fueran poca cosa, durante los dos últimos meses no he hecho más que encontrarme por las redes sociales de literatura que frecuento alabanza tras alabanza sobre la última novela de esta autora norteamericana de 87 años que cuenta en su haber con más de cien libros publicados, la mayoría novelas y relatos, aunque también ha escrito ensayo, poesía y teatro. 

Las novelas de Joyce Carol Oates suelen ser extensas en su mayoría. Esta desde luego lo es, 760 páginas. Pero pese a ello su lectura se realiza con rapidez dado que el estilo de la novelista es directo, fluido, sin enmarañamientos lingüísticos o temáticos que hagan penoso el avance del lector por entre sus páginas. Personalmente he realizado la lectura en pocos días. La novela presenta el asunto de la pedofilia desde muchos de sus ángulos: el del depredador protagonista, un profesor de literatura de un centro escolar de secundaria; el de las niñas víctimas; el de los policías investigadores; el de los padres que en gran medida viven ignorantes del problema que tienen en casa; el de los educadores que no actúan con la debida contundencia ante la primera sospecha; etc.

La manera de escribir de la autora norteamericana es magnífica, como ya sabemos. En esta ocasión la trama se presenta en una especie de suaves oleadas de información sobre el asunto; estas olas que van y vienen depositan en la orilla donde nos encontramos los lectores materiales diversos que según avanzamos en la lectura van configurando la historia que se nos relata, El asunto es brutal y la manera como actúa el depredador odiosa y despreciable. La autora no ahorra palabras ni esconde la barbarie con la que actúa un pedófilo. En este sentido la novela es también un ejercicio de denuncia de algo que existe en mayor medida de la que se imagina y que está extendida dentro de la sociedad bien pensante mucho más de lo que uno puede pensar.

Fiel a su estilo, en El señor Fox asistimos a la presentación, que no justificación, de la manera de obrar de un pedófilo. Fox (Frank Farrell antes de dar clases en la Academia Langhorne) es un pedófilo que no cree serlo, que se sorprende cuando es perseguido por la comunidad escolar del centro donde trabajaba antes de hacerlo en Langhorne. El se siente atraído por las niñas preadolescentes que aún no han tenido la menarquia. Como a Balthus, su pintor favorito, le encanta la inocencia perturbadora que adivina en estas niñas. Sin embargo considera que Humbert Humbert, el protagonista de Lolita de Nabokov es un enfermo. 
«De hecho, si existe lo opuesto a un pedófilo, ¡ese es Frank Farrell! Aunque tampoco es un pedófobo, desde luego. Por ejemplo, Farrell siempre ha despreciado Lolita, de Nabokov. Sabe que esa famosa novela es una especie de manual para pedófilos, pero a él le pareció aburrida, pretenciosa y ofensiva, cuando no ridícula y punto.
Sólo un pervertido enfermo se comportaría como Humbert Humbert. Estúpido nombre, estúpido estilo literario. Obligar a una niña de omce años a tener relaciones sexuales..., repugnante.»
Él lo que es, lo que cree ser, es un romántico. Pero Fox/Farrell sabe que lo que hace no está bien, que la sociedad lo persigue y que él debe esconderse. Por eso tiene su protocolo de actuación para atraer a las niñas: es un profesor guay, se gana a sus alumnos, realiza actividades con ellos fuera del horario escolar, realiza tutorías personalizadas a puerta cerrada, les hace regalos, lee sus trabajos con empatía y les dice que en ellos y con él pueden hablar de lo que quieran siempre que a sus padres nada les cuenten... El resultado es que una serie de chicas preadolescentes creen enamorarse de él. Prueba superada por parte de Fox. Ahora lo que tiene que conseguir es que nada de esto trascienda.

Cuando por la desaparición de Francis Fox la policía, el inspector Zwender y el joven agente Odom, comienza a investigar la vida y milagros de este docente tan aclamado se irá descubriendo lo que en verdad es. El descubrimiento lo realizan los policías a base de conversaciones mantenidas con quienes lo trataron: la bibliotecaria del centro, Imogene Hood, que se cree enamorada de él; la directora, Paige Cady, que le habría gustado tener una relación con el atractivo profesor; la sobrina de ésta, Katy Cady, a la que Fox usó para conseguir ser contratado en la Academia Langhorne; las niñas abusadas o en vías de serlo: Mary Ann Healy, Eunice Pfenning, Miranda...; la familia Healy: el padre Lemuel, sus hijos Demetrius y Marcus, Blake Healy que es hermano de Lemuel y padre de Mary Ann; algunos de los 105 profesores de la Academia Langhorne; etc. 

La novelista utiliza muchos recursos literarios que sirven para penetrar en la psicología de los personajes protagonistas: cursivas para mostrar pensamientos que no salen al exterior; avances y retrocesos en el tiempo; técnica del perspectivismo: distintos personajes cuentan un mismo suceso según su experiencia o su propio punto de vista; textos entre paréntesis que muestran juicios del propio narrador respecto a lo que se está contando; combinación de tipos discursivos como textos de diarios personales o la inclusión de noticias periodísticas de modo semejante a lo que John Dos Passos realizara ya en Manhattan Transfer (año 1925); narrador en primera, segunda y tercera personas saltando de una a otra a veces sin previo aviso logrando de esta manera un acercamiento-alejamiento de la figura del narrador, que se diluye en el propio hecho narrado de modo semejante al débil pero constante y pertinaz oleaje que poco a poco se acerca-se aleja a la orilla hasta irla cubriendo toda ella:
«Llorando como si se le fuera a romper el corazón porque Fox le había hecho daño. Y él, Demetrius, no quiso ser testigo, pero fue testigo. No se puede borrar lo que han visto tus ojos y lo que han escuchado tus oídos y el asco y la vergüenza que has sentido. Que su prima estaba enamorada de Fox y Fox no la amaba ni se preocupaba por ella ni lo más mínimo excepto para aprovecharse de ella.»
Muchos otros recursos narrativos pone en juego esta magnífica escritora. Imposible señalar todos. Pero no quiero dejar sin resaltar la abundante utilización del estilo indirecto libre (EIL) ya sea aislado o en combinación con otros estilos narrativos; gracias a este procedimiento el narrador objetivo logra penetrar en la subjetividad del personaje y hace que los lectores nos sintamos "dentro" de la propia narración:
«Mary Ann no parece oírlo. Echa a correr, cojeando. El autobús escolar espera en una plaza cercana. Demetrius la mira de lejos y aprieta los puños.
Maldito sea ese hijo de puta de Fox, piensa matar a ese cabrón con sus propias manos.»

pintura erótica,
Todo en esta novela es excelente, magnífico, superior. En primer lugar, el tratamiento dado al vidrioso y perturbador asunto de la pedofilia presentado en toda su crudeza, sin melindres en su abyección; luego estarían las cínicas excusas que el personaje de Francis Fox pone para su injustificable y vil comportamiento. Como profesor de literatura que es, Fox echa mano de biografías y obras de autores consagrados como Edgar Allan Poe por la relación que mantuvo con su prima Virginia Clemm de trece años que, según algunos estudiosos, reflejó en el poema Annabel Lee; asimismo utiliza  textos de otros muchos autores para apoyar su desviada conducta. Y junto a la literatura, la pintura: Fox vive obsesionado por la imagen de Thérèse, la preadolescente que Balthus retratara en posturas claramente eróticas. Este culturalismo le sirve a Joyce Carol Oates para mostrar la doblez del protagonista de la novela
  • «¡Balthus!, pensó. Una de las chicas preadolescentes del pintor, una belleza pálida, soñadora, como una sonámbula. Grandes ojos de parpadeo lento, labios entreabiertos. Thérèse soñando, Katia leyendo. Los años dorados.»
  • «Francis decía que éramos almas gemelas…, una hermosa tradición romántica. Como Percy Shelley y Mary Godwin. Heathcliff y Catherine. Edgar Allan Poe y… ¿cómo se llamaba? ¿Violet? Virginia. Francis sentía una gran admiración por Poe y Virginia.»
Quiero finalizar el comentario de esta novela señalando cómo Joyce Carol Oates pone en solfa el comportamiento de la sociedad actual. Una sociedad que vive ensimismada, unos padres que no conocen a la personita que habita en la habitación aneja a la suya, unos adultos que se aprovechan de las carencias afectivas de los preadolescentes, unos padres que creen solucionar todo satisfaciendo los deseos de compra de sus hijos... Y luego en el ámbito laboral la necesidad que todos sienten de tapar los asuntos que se consideran "feos" y más si en el fondo el abusador también abusó de los mayores que se rindieron a sus encantos. Y una pregunta final muy interesante que se plantea: ¿es conveniente destapar todo todo o mejor vivir en la ignorancia, en el no querer enterarse de lo que a nuestro alrededor ocurre?

En fin, ya digo, El señor Fox es una novela muy, pero que muy, recomendable. Una novela que además se lee con facilidad porque los buenos autores son aquellos que presentan historias interesantes con tramas complejas por las que se transita con facilidad. Quienes tal cosa logran -Joyce Carol Oates es sin duda una de ellas- son merecedores de los máximos galardones. De ahí que desde aquí me pregunte si  esta escritora de 87 años con más de 100 obras a sus espaldas no será merecedora ya del Premio Nobel. Si no ella, ¿quién? ¿Otro Bob Dylan?

Autoras norteamericanas, Pedofilia, "El Señor Fox"


 

20 feb 2026

"El bueno de Oliver", novela de la irlandesa Liz Nugent

12 comentarios:

«Resulta que al final sí soy un hombre violento. Para mí ha sido un shock. Me han sometido a una evaluación psicológica. He decidido contarlo casi todo. Por lo visto, llevo desde la infancia albergando amargura, rencor y frustración. Una sorpresa.»

«No es necesario amar a una persona. Sino que puedes amar el concepto de una persona. Puedes idealizarla y convertirla en la persona que necesitas.»

Liz Nugent, Novelistas irlandesas actuales

El bueno de Óliver lo escribe una autora irlandesa, Liz Nugent (Dublín, 1967). Desconocía completamente el nombre de la escritora y, naturalmente, nada sabía de este título, que es su primera novela. Con ella se alzó en 2014 con el Premio a la mejor Novela Negra irlandesa del año. Personalmente es una historia que me captó desde la primera página y que me ha resultado muy entretenida.

El asunto que mantiene atento al lector desde el primer instante es el de conocer exactamente quién es en realidad este tal Óliver, del que la sinopsis de la propia editorial dice: 

Oliver Ryan es la personificación del éxito y el carisma. Vive en el mejor barrio residencial de Dublín, los libros infantiles que escribe no dejan de recibir premios y su mujer, Alice, le ama y admira incondicionalmente. Toda su vida es una envidiable sucesión de privilegios y comodidades. Hasta que una noche después de cenar Oliver ataca a Alice y la golpea hasta dejarla en coma.

Desentrañar el verdadero ser de este hombre es el objetivo de quien lee la novela. Con razón el libro apareció en Irlanda con el titulo de Unravelling Oliver, cuyo significado literal en español sería el de Desenredando a Oliver. Quizás el título original sea más preciso que el irónico de El bueno de Óliver con el que apareció entre nosotros para resaltar así la hipocresía e impostura con la que vive el protagonista prácticamente toda su existencia. Será a través de los testimonios de unas y otras personas que tuvieron contacto con él que iremos descubriendo al auténtico Óliver. El perspectivismo, pues, es la técnica narrativa fundamental en esta novela coral. Los personajes masculinos (Óliver, sus amigos Barney, Michael, Stanley, Philip, Eugene), los femeninos (Laura, Moya, Veronique) hablan desde su propio ángulo vital del protagonista, la peculiar personalidad del mismo, su relación con las mujeres, etc. 

Óliver, como dice la sinopsis editorial, un exitoso escritor de novelas infantiles, ha golpeado salvajemente a Alice, su mujer, que además era la ilustradora de los textos que él producía. ¿Por qué ha hecho tal cosa? ¿Quién es en verdad el bueno de Óliver? ¿Y su familia: por qué nunca da noticias de ella?... Esta y muchas otras cuestiones llenan la mente del lector según avanza en la lectura.

La novela es un auténtico puzle que avanza y retrocede según los distintos actores nos cuentan su experiencia con Óliver, su visión de Óliver, la bondad y maldad de Óliver, el compañerismo de Óliver... Según se lee la novela nos surgen dudas, preguntas, huecos que quedan en blanco durante varias páginas, pero que según avanzamos se van rellenando hasta llegar al final de las mismas y comprobar que todo encaja perfectamente. 

El bueno de Óliver  es en cierta manera un thriller que mantiene en tensión al lector, atento a los giros que en las apenas 200 páginas que tiene la novela se suceden de manera sorpresiva. Liz Nugent sabe finalizar los capítulos avivando en el lector, al que el narrador interpela directamente siempre, el deseo de seguir leyendo para seguir desvelando lo que en verdad ocurrió para que ese hombre pacífico y exitoso desarrollara un comportamiento tan violento contra su esposa. Poco se puede decir de la trama si se quiere no desvelar la intriga. Y yo no quiero desvelarla de ninguna manera. Por ello sólo diré que la novela tiene repartidos a lo largo de ella algunos toques de humor crítico hacia comportamientos propios de nuestro hoy:
 «Los periódicos la llaman "La casa del terror". Me parece que hoy en día, si te haces daño en un dedo del pie estando en casa, también la llaman «La casa del terror». Están haciendo su agosto.»
En cuanto a la manera de escribir de Liz Nugent diré que, a pesar de ser irlandesa, en líneas generales su estilo me ha recordado vivamente a la novelística norteamericana contemporánea. Una prosa escueta, ágil, desnuda, precisa... con en ocasiones rasgos humorísticos algo fríos y distantes. Según la leía El bueno de Óliver me evocaba, me llevaba mentalmente a la manera de escribir de, por ejemplo, un J. D. Salinger en El guardián entre el centeno (The cátcher in the Rye) y en general a otros autores y otras novelas USA actuales.
«El sábado lavé el coche y fui a cortarme el pelo. Lo recuerdo porque el barbero me hizo un corte en la oreja izquierda. Nunca he vuelto a ese barbero desde entonces. En el coche, con Alice, me sentí como un tonto del culo, intentando entablar conversación y con una tirita en la oreja. Ella se había pintado los labios y llevaba un vestido marrón con estampado de flores. Muy bonito.»
Novela irlandesa actual
Finalizaré esta breve nota sobre esta entretenida novela diciendo que aparte del del amor y la impostura la autora toca diversos temas muy actuales como son el de la libertad sexual, la diversidad racial, el machismo, la religión, etc. Al ir y venir El bueno de Óliver del momento actual (año 2013) hasta el más lejano en el pasado (año 1953), Liz Nugent puede marcar la distinta percepción de estos asuntos en unas y otras épocas. Así por ejemplo se resalta que en 1973, año en que los jóvenes amigos que eran Oliver Ryan y los hermanos Condell, Michael y Laura) van en verano a vendimiar a Francia, en Irlanda no se admitía fácilmente la homosexualidad, tampoco se veía en sus ciudades población de origen africano, por esos años empezaban las mujeres y hombres jóvenes a liberarse sexualmente y los seminarios religiosos, al mejorar las condiciones económicas del país, se comenzaban a vaciar de aquellos jóvenes que sin vocación religiosa sólo habían sido internados en ellos para que, al carecer de medios económicos, pudiesen estudiar. 

Por último hay que resaltar la enorme importancia que tiene la literatura en esta novela. Además de que la historia va sobre un exitoso autor de cuentos infantiles ilustrados son frecuentes las alusiones a obras literarias (Jane Eyre, Cyrano de Bergerac...) y a autores (Keats, Joyce, Lawrence...).

12 feb 2026

La segunda venida de Hilda Bustamante (Salomé Esper)

8 comentarios:

«Cayó una gota y después dos hasta convertirse en una tormenta que parecía un diluvio, una mezcla de tiempos evangélicos que amenazaba recomponer ese apocalipsis con las vendas de un antiguo testamento. Hay ciclos también en lo profético y lo misterioso. El orden que guía al universo y a sus formas descansa en cada venida de la muerte, cada langosta y cada vidrio explotado. Adentro de ellos, la explicación que nadie alcanza.»

Salomé Esper, Realismo mágico
La novela de Salomé Esper (Jujuy, 1984), La segunda venida de Hilda Bustamante (2023) presenta el caso imposible de la resurrección de una mujer, Hilda Bustamante, al año de haber fallecido. Hilda era al fallecer una mujer de 79 años de edad, uno más de los que en ese momento tenía Álvaro, su marido. Este suceso, que alguien pueda regresar después de muerto, es la mar de extraño y chocante.

Cuando Hilda, tras salir de la tumba y vagar por las calles del pueblo, llega a su casa es recibida con muchísimo cariño y también mucha naturalidad por su nietita Amelia que la había echado mucho de menos durante el tiempo que ella faltó. Aunque el matrimonio  formado por Hilda y Álvaro, pese a sus inmensos deseos, no tuvo hijos, sin embargo de hecho tuvieron uno; se trata de Gabriela, mujer joven que con una hija de pocos meses a su cargo fue recibida, acogida y ayudada con mucho cariño por la pareja. De ahí que Amelia, la hija de Gabriela, se considere nieta e incluso casi hija de Hilda que la colmó de cariño en vida.

La reaparición de Hilda causa extrañeza, pero también aceptación, en el pueblo. Su resurrección levantará no pocos secretos de los miembros de la localidad: En el grupo de las Devotas, mujeres que asistían a la iglesia con mucha frecuencia, se verá que el curita joven se timaba con Nora; que Susana, que tanto leía en la iglesia, siempre lo hacia de novelas de suspense; que Clara se apuntó al grupo más como cosa social que religiosa; que Carmen es muy amiga de Hilda pero sospecha que algo raro se trae Nora con el curita Roberto, también la relación a tres bandas Hilda - Genaro -Álvaro...

Y así sigue esta historia contada linealmente en capítulos-secuencias de muy desigual extensión unos de otros. La estructuración dada a la trama pretende resaltar lo sorpresivo, imposible, increíble, mágico... del suceso acaecido. Una historia que dura ocho días: cuatro que estuvo Hilda de resucitada y otros cuatro que hubo de velorio hasta que Álvaro decide, sin levantar ruido, llevarla de nuevo al cementerio a re-enterrarla. Cuando tal cosa ocurre ambos tienen la misma edad:
«Cuando Hilda murió, Álvaro tenía 78 años. No hubo palabras para describir su dolor.
Cuando se volvieron a ver, y el reloj reinició, tenían ya la misma edad.
Después, el tiempo no importó.
»
Hay mucho de inexplicable, de irracional pero sin embargo aceptado, de realidad mágica, en esta resurrección imposible de la protagonista. Si resucita como el Cristo, ¿también ella será divina como él? Difícil cuestión la que se le plantea al padre Néstor que debe de dar homilía en la iglesia. La sorpresa surge cuando Néstor llega a decir que a veces Dios se equivoca. ¿Cómo? Hasta este punto llega lo surreal del suceso. El inexplicable hecho de la resurrección y todos los acontecimientos que le acompañaron o sucedieron (las imparables campanadas, la explosión de los vidrios de todas las casas, la plaga de langostas, el segundo velorio que hubo que darle a Hilda...) provocan que el cura suplente Néstor venga a replantearse todo:
«La huida del padre Roberto era algo inédito para él, las langostas cubriendo las paredes de la iglesia eran algo inédito para él, consolar al viudo de una resucitada era algo inédito para él. Y descubrió, en esa inauguración de las cosas, un alivio que no había sentido en mucho tiempo. Donde antes había tensión, ahora había algo real que palpitaba, la experiencia de la que hablaba en misa, esas palabras repetidas eran ahora agua sucia. Esto, esto ante sus ojos era un manantial, y dios estaba ahí, solo que deforme y espantoso, hiriente y burlón [...] preparado para saltar con sus patas traseras de langosta, para usar su poder sin lógica en otros infelices.»
Un suceso inexplicable que al meterse en él exige una distinta manera de comunicarlo. Y para ello la novelista no puede servirse del lenguaje habitual. De ahí que la argentina Salomé Esper eche mano de un lenguaje distinto, superrreal, que rompa con lo por todos admitido. Si Hilda Bustamante ha venido de nuevo a su casa tras un año de estar enterrada, si nos posicionamos en esta irrealidad, la manera de presentarla también ha de aproximarse a ella. Aparecen utilizados recursos como la presentación coincidente de acciones sucedidas en un mismo tiempo pero en espacios distantes, la utilización de elementos reales cargados de simbolismo: campanadas, plaga de langostas, tierra removida en el cementerio, la bicicleta de Álvaro transportando a Hilda...
«La tercera ronda de siete campanadas comenzaba justo cuando Amelia se subía al asiento de atrás de la bici. Ya se había agarrado fuerte de la camisa de Álvaro, como un gato, dejando como siempre en la tela esas dos marcas estrelladas de miedo a caerse. Ya se había puesto el vestido el cura. Álvaro comenzaba a pedalear. El cura se retocaba los labios y el rímel. Amelia pedía ir a la librería a comprar una goma porque la había perdido de nuevo. La séptima campanada los encontró pasando la plaza relucientemente verde»
Algo importante es comprobar cómo este acontecimiento que muchos califican de paranormal desata en el pueblo una controversia entre quienes lo consideran cierto y quienes, apoyados en la ciencia, lo desechan por completo. Así se comprueba en el diálogo mantenido por dos personajes innominados acerca de los fenómenos y la concatenación de causas:
«el cura suplente dijo algo en contra de Dios y cuando salieron ahí estaban las langostas, no fue tan así, no fue contra Dios del todo solo dijo que no era tan perfecto, si Dios fuera perfecto no se le hubiera escapado un muerto, qué hacés llamando a la radio, cortá, la Biblia anunció las plagas hace un montón.la plaga es porque están fumigando en los campos del norte y los bichos se escapan, es tremendo cómo la gente no se acuerda de esto y siempre pasa lo mismo, todos los años lo mismo, de la señora esa que hablan yo no sé nada, solo digo que no es algo de los demonios ni de los santos, es algo del campo, lo de las langostas, no lo de los muertos, pero están en la ciudad las langostas y eso es un mensaj
Poetas y novelistas argentinas actuales
Como se ve en el texto anterior las intervenciones de los interlocutores se presentan de manera no convencional. 

Para mí la belleza del texto reside también en muchos de los términos y expresiones utilizadas por la novelista. Son vocablos propios de su tierra, la Argentina, que aquí —al menos para mí— resultan llamativos y que cargan a La segunda venida de Hilda Bustamante de una realidad mágica. Algunos ejemplos serían: «andar como bola sin manija» (andar perdido o desorientado); «petiso» (persona baja, de poca estatura); «compró facturas» (bollería dulce); «tacho» (tarro); «Álvaro comía cada vez menos, se iba apagando de a poco» (se iba apagando poco a poco); «viernes de truco» (fin de semana para jugar al truco, juego de naipes muy famoso en la Argentina); «pava de agua» (recipiente de metal con asa y tapa usado para calentar agua); y algunos otros más 

Sobre Salomé Esper dice la propia editorial Sigilo que publica esta interesante novela lo siguiente: «Salomé Esper nació en Jujuy (Argentina) en 1984. Es poeta, narradora y editora. Estudió Comunicación Social en la Universidad Nacional de Córdoba. Publicó dos libros de poemas, Sobre todo (2010, Intravenosa) y Paisaje (2014, Tres tercios), y una novela, La segunda venida de Hilda Bustamante (2023, Sigilo), que ha sido traducida al italiano y al portugués.»