.header .widget { text-align:center;} .header img {margin:0 auto;}

19 sept 2022

Francisco Coronel Díaz: "Medicina & Rock 'n Roll"

4 comentarios:

«A la espera de que desapareciera la terrible pandemia y de que pudiéramos volver a una actividad normal, me puse a escribir estas líneas de medicina y R & R como una continuación de lo anteriormente escrito, con anécdotas musicales de una época de esplendor del pop-rock en España y de otras de mi profesión médica, que para mí también fue esplendorosa»

Francisco Coronel Díaz, Historia del pop español
Tras la profunda y muy gratificante lectura que me proporcionó 'Noches azules' de Joan Didion  necesitaba algo de más fácil digestión. Recordé que hacía poco más de un año había disfrutado mucho con el primer libro de relatos de Francisco Coronel titulado "Las experiencias de un médico para todo" [mi reseña se puede leer aquí]. Tuve la enorme fortuna de que el autor en conversación telefónica me hablase de la existencia de una especie de segunda parte del mismo y de que me lo hiciese llegar con prontitud. Desde aquí, Francisco, muchas gracias por tu envío y por la referencia que haces a mi blog en el último capítulo.

El volumen que acabo de terminar es, efectivamente, una especie de continuación de la colección de anécdotas que en definitiva es el anterior. La diferencia entre ambos estriba en que este segundo, titulado"Medicina & Rock 'n Roll", especializa sus anécdotas, historias y chascarrillos del lado de la afición del autor -la música- mientras que el anterior las centraba en el ejercicio profesional de la medicina.


Inicia Francisco Coronel el anecdotario relatando cómo anidó en él la afición musical. Cuenta que en el colegio donde estudió el bachillerato fue compañero de Tony Martínez quien contaba a Francisco sus pinitos musicales en los grupos de los que formaba parte: Los Titanes y Los Sonor, apenas hoy recordados, y más tarde nada menos que Los Bravos.  En el caso del autor de este libro habría que decir lo de que "de casta le viene al galgo", pues el padre de nuestro médico nefrólogo «tocaba el trombón muy bien, con el que destacaba como músico profesional y era además un buen ejecutor del bombardino». Vamos, que su infección por 'la dulce filomena' la traía ya de casa el muchacho, quien junto a otros amigos y compañeros del Colegio donde estudiaba formó un grupo al que llamaron Los Vanguards. Con este grupo Coronel cantó en el Festival anual que el Colegio realizaba. Tal fue el éxito cosechado que él y sus amigos Long, Tony Rebelo y Félix decidieron persistir en el cultivo de su afición.

La afección musical la proseguiría el autor durante sus estudios de medicina en los que coincidió con un amigo de colegio, Manolo Moreno. Está claro que un hobby compartido tiene más visos de durabilidad que cuando se practica en solitario. Comenzaron con Los Vanguards a actuar en garitos y pequeños clubs, así como en algunas emisoras de radio en las que nuestros jóvenes y melómanos estudiantes conocieron a otros jóvenes que como ellos acudían a esos lugares. Algunos de estos chicos, desconocidos en ese momento, se llamaban Manuel Alejandro, Alfonso Sainz o un tal Raphael. Durante los estudios de medicina quizás lo más relevante musicalmente hablando fueron las actuaciones que Los Vanguards realizaban en el hall de la Facultad de Medicina, lo que consiguieron gracias a las pillerías,  propias de estudiantes avispados, que se gastaban.

Ya médico hecho y derecho, nuestro escritor hubo de apartarse algo de la práctica musical para lograr situarse debidamente dentro de la profesión médica. Sin embargo, en cuanto tenía ocasión de cantar o actuar en compañía de otros (Los Diablos Rojos fue el nombre que a partir de este momento tomó su agrupación) Coronel lo hacía, tanto si estaba en la mili haciendo las prácticas de las milicias universitarias como si estaba de médico en el Hospital militar o, ya lograda la especialidad de Nefrología, en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid en su famoso Clinirock

«Con los Diablos Rojos, o en los últimos años solo con mi presencia, ha sido importante nuestra colaboración con el gran espectáculo que organiza el Hospital Clínico San Carlos de Madrid todas las navidades: el Clinirock»

Si algo ha hecho la mar de bien este médico amante de la música ha sido introducirla, motu propio o movido por otros, en muchos de los simposios, congresos y reuniones de Nefrología a los que acudía como moderador, ponente o director. En la clausura de los mismos era frecuente que Francisco Coronel se marcase alguna canción propia del lugar, solo o junto a los miembros de su grupo. Ser serio en la práctica médica no es óbice para mostrar el amor por la música

Quien conozca al buen nefrólogo que es el doctor Coronel sabrá de su bonhomía, de su buen carácter y del amable trato con sus pacientes, quienes muchas veces salían del hospital convertidos en amigos suyos. Y es que nuestro autor es muy buen amigo de sus amigos que le recuerdan siempre con cariño, y él a ellos. Cabría decir que a Francisco, además de para contar amables sucedidos que le ocurrieron alrededor de la música y de la medicina, le sirve este libro para homenajear en cierto sentido a sus amigos, tanto médicos

  • «mi compañera la Dra. Ana Sánchez Fructuoso, gran especialista en trasplante renal»
  • «El Dr. Nolph y la Dra. Saphiro»
  • «mi buena amiga y jefa del Servicio de Nefrología del hospital de Almería, la Dra. María Dolores del Pino»
  • «el nefrólogo norteamericano Dr. Twardowski»
  • «el Dr. Fernando Anaya, jefe de sección del Hospital Gregorio Marañón»
  • «mi amigo Pablo Amair, nefrólogo venezolano»
  • y muchos otros más
como del mundo de la música (más abundantes en este libro, claro)
  • «el gran teclista José Luis González, "Joe". Con su piano había formado parte de los formidables Los Pasos»
  • «Joaquín Torres. Joaquín había sido junto con Guillermo Polo componente inicial de Los Diablos Rojos, al que luego se unió Javier Navarro
  • «Recuerdo de forma especial la que nos hizo José Ramón Pardo» [la entrevista]
  • «Adolfo de Los Iberos (y no olvidarse de Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán) volvió a hacer actuar al grupo y enroló a Marcos García-Montes, el famoso abogado que había estado en sus comienzos en el grupo Trébol»
  • «mi admiración por un artista tan completo como José Luis Campuzano "Sherpa". A su faceta más popular de cantante de Barón Rojo, añade otras tan importantes como la pintura, la escritura y hace sus pinitos como escritor»
  • «Asociación de Pioneros Madrileños del Pop […] nos juntábamos para hacer actuaciones en plan colaborativo, organizado por Rafael Laviada con su conjunto Los Hook y cantantes como Buddy, Pepe El Stuka, Vicente Figaredo y El Coronel»
  • y otros tantos más
El tiempo no perdona y su inexorable decurso hace que la nómina de amistades vaya en ocasiones acompañada entre paréntesis de las siglas q.e.p.d. Así es la vida.


Para finalizar
José Ramón Pardo, Pop y Rock en España
Personalmente lo que más me ha atraído de este Medicina & Rock 'n Roll de mi amigo Francisco Coronel es que, junto al personal y vital ejercicio memorístico que realiza, da un paseo por lo que fue la música pop en España durante las cuatro últimas décadas del siglo pasado. En cierta manera ha traído a mi memoria la muy buena Historia del Pop español (1958-1986) escrita por José Ramón Pardo y en la que a buen seguro -ahora no puedo asegurarlo- aparecerán citados Los Vanguards y Los Diablos Rojos. Recordar nombres de cantantes y de los grupos musicales que los mismos hacían y deshacían me ha hecho disfrutar mucho. Tanto he disfrutado que no he podido resistir la tentación de buscar en Spotify algunos de los temas citados por el propio escritor en el libro [quizás una de mis quejas al autor sería la de que sólo en dos o tres ocasiones da títulos concretos de canciones]. Esa búsqueda es la que dejo en esta reseña para que la escuchen y se recreen con ella los lectores mientras leen el libro, esta reseña, o los dos prólogos -uno firmado por Marcos García-Montes y otro por Sherpa- que destaca en portada Francisco Coronel

Para saber, pues, cómo un médico esforzado e investigador prestigioso y reconocido ha podido compatibilizar profesión y afición sólo existe una manera: leer este librito con el que seguro seguro que echaréis más de una risa.




Del autor y en este mismo blog:




"Las experiencias de un médico para todo"









12 sept 2022

"Noches azules" de Joan Didion

13 comentarios:

«Cuando empecé a escribir estas páginas, yo creía que iban a tratar de los hijos, de los que tenemos y de los que desearíamos tener, de las formas en que dependemos del hecho de que nuestros hijos dependan de nosotros, de las formas en que los animamos a que sigan siendo niños, de las formas en que ellos siempre nos resultan más desconocidos para nosotros que para sus conocidos más casuales.»

No Ficción, Ensayo, literatura norteamericana
En varios de los comentarios que me dejaron en la reseña que hace nada hiciera de El año del pensamiento mágico amablemente algunos visitantes a mi blog me recomendaban vivamente la lectura de este otro libro de la Didion. Dado que la lectura del ensayo que la autora norteamericana escribiera a raíz de la muerte de su marido John Gregory Dunne fue para mí una experiencia literaria gozosa, decidí seguir los consejos de mis lectores y sin demora me hice con las Noches azules, el libro en el que Joan Didion rememoró la vida de su hija Quintana fallecida unos años antes. 

El título
El libro que distribuye su contenido en 35 capítulos o apartados dedica el primero de ellos a justificar el título, a explicar qué son, y por qué ella lo titula así, las "noches azules". En mi opinión ya el mero sintagma destila belleza. Pero, ¿qué son las noches azules? Resulta que en ciertas latitudes y en ciertos momentos del año, concretamente al aproximarse el verano, es cuando los crepúsculos se vuelven largos y azules. «Las noches azules son lo contrario de la muerte de la luz, pero al mismo tiempo son su premonición».
«Este libro se titula "Noches azules" porque en la época en que lo empecé a escribir sorprendí a mi mente volviéndose cada vez  más hacia la enfermedad, hacia la muerte de las promesas, el acortamiento de los días, lo inevitable del apagamiento, la muerte de la luz.»
Como se ve, pues, ya desde el inicio, la obra que tenemos en nuestras manos avisa de lo que va a hablar: de final, de acabamiento, de la inevitabilidad de la muerte; pero también de esperanza, de negación de lo evidente, de promesa de sanar. En esta dicotomía, absurda e infranqueable, nos debatimos todos cuando la noche definitiva se acerca, se intuye, o siquiera se percibe en su lejanía. Las noches azules son luz que declina, oscuridad que se quiere retardar, esperanza de lo imposible, fe irracional en las posibilidades humanas.


Mi impresión
En el apunte realizado a vuela pluma en Facebook nada más finalizar la lectura de la obra, como tenía en mi cabeza tan vívida la favorable impresión que me había producido El año del pensamiento mágico, escribí textualmente lo siguiente: «Si comparo ambas obras, a pesar de la semejanza en el asunto, gana por goleada en mi consideración "El año del pensamiento mágico". No sé si haré comentario más extenso que éste, pero si lo hago ahí explicaré los motivos de mi favoritismo.». A ver si logro hacerlo.

Lo primero es que el asunto y tono de la obra que dedica a su hija Quintana ya no sorprende dado que cinco años antes de que las Noches azules apareciesen, es decir, en 2005 Joan Didion sorprendió a la lomunidad literaria universal con El año del pensamiento mágico del que hace apenas diez días di mi opinión aquí, en este mismo blog. Ambos libros parten de un hecho luctuoso, una muerte. El año..., de la del marido y la necesidad de la viuda de retornar a la senda de la vida, de proseguir en el camino; la segunda, de la de la hija, si bien es mucho más el lapso de tiempo que Didion dejó pasar entre el fallecimiento y la escritura. Si en el que dedicó a John Dunne sólo habían pasado unos meses (diez cuando comenzó a escribirlo, doce cuando lo finalizó), en el dedicado a rememorar a Quintana Roo son seis los años transcurridos desde la desaparición de ésta en agosto de 2005. Por otra parte, en El año... tocaba vivamente la enfermedad, entonces activa, de la hija al tiempo que intentaba superar el dolor y la pena por la muerte de su marido; en Noches azules ya no hay tanto dolor por la pérdida concreta sino más bien por lo que simboliza de pérdida universal. 

Los dos libros pertenecen al género de la no-ficción. Si el primero lo hizo motu propio casi como terapia para poder salir del abatimiento personal en que la había confinado la pena y el dolor causados por la inesperada muerte del marido, las Noches azules fueron más una apuesta, un reto al que la sometió su editor y que ella rehuyó largo tiempo. Pero en un momento, cuando ya no se esperaba, se presentó con el manuscrito ante él y se lo entregó. Así al menos es como ella misma lo cuenta en la película documental que sobre su figura dirigió su sobrino Griffin Dunne en 2017. Este documental es muy interesante pues en él es la misma escritora quien responde a las preguntas del sobrino. Los dos libros de no ficción que aquí comentamos son el vórtice sobre el que gira el film. En el mismo se ve a una Joan Didion algo ajada por la esclerosis múltiple que desde 1970 arrastraba, pero sobre todo por la enfermedad de Parkinson que al fin y a la postre será la que causará su muerte en noviembre del pasado año 2021. Este interesante documental se puede ver actualmente en la plataforma Netflix y no sé si también en otras.

Muchos aspectos de la enfermedad de Quintana, como he dicho, ya los trató la escritora en El año del pensamiento mágico. En él nos cuenta sus airadas reacciones ante las explicaciones que los médicos le daban sobre el desarrollo de la enfermedad de Quintana, enfermedad que la había llevado a la UCI de varios hospitales. En el fondo la escritora contraponía la muerte sorpresiva de John que ella no pudo predecir y por lo tanto evitar con la enfermedad de Quintana en la que ella quería involucrarse activamente a fin de evitar la fatalidad. No pudo ser y quizás por ello dejó pasar Joan Didion varios años hasta que decidió volver a Quintana, a hablar de ella, a rememorarla, a reivindicarla, a festejarla.

El libro sobre su hija no es un libro centrado en su muerte, en la pena y dolor que esto le causó. No, no sólo es esto; el libro, como acabo de decir, es un recordatorio de lo hermoso que fue pasar esos 39 años junto a Quintana, los momentos de felicidad que desde su adopción la niña y luego la mujer proporcionó a ambos, a John y a ella, Joan. Naturalmente este viaje por los años de convivencia vividos juntos lleva inevitablemente a Didion a consideraciones genéricas sobre el envejecimiento, las enfermedades y la muerte
«Pero a medida que las páginas avanzaban se me ocurrió que su tema real no era para nada los hijos, o por lo menos no los hijos en sí, por lo menos no los hijos en tanto que hijos: su tema real era esta negativa a abordar dicha consideración, la negativa a afrontar las certidumbres del envejecimiento, la enfermedad y la muerte.»
Esa adversativa con la que se abre la cita anterior enlaza con otra proposición -precisamente la que encabeza esta reseña- en la que expone su intención inicial. Está claro que, como tantas veces dicen muchos escritores, los libros tienen vida propia y es durante el mismo proceso de escritura que van diseñando su propio camino.

Noches azules es, en mi opinión, una obra menos profunda que El año... Esto no debe de entenderse necesariamente como peor. No, para nada. Simplemente es un libro distinto, diferente. Si algo me atrae de Joan Didion y en mi consideración la convierte en escritora imprescindible es su saber abordar asuntos diversos y cuando, como en este caso, son similares hacerlo con perspectivas diferentes. A eso llamo yo tener cintura, ser una cualificada artista, una escritora merecedora de todos los reconocimientos. 

El libro me ha parecido menos oscuro que el dedicado al marido. Quiero decir que no se ceba, si bien tampoco los elude, en los aspectos terribles de la enfermedad y fallecimiento de Quintana, sino que dedica buen número de páginas a la rememoración más o menos gozosa de su vida. Así ocupa un lugar destacado en la novela la adopción de la niña, sin duda alguna un episodio de vital importancia para el matrimonio. También son importantes las relaciones de la familia Dunne Didion con actores, directores, guionistas, productores y demás componentes del mundo cinematográfico en el que ellos dos participaron como guionistas de no pocos filmes. Nombres como Martin Scorsesse, Warren Betty, Steven Spielberg... aparecen en su vida cotidiana, en fiestas celebradas en su casa californiana, en viajes promocionales de películas por todo el país y también por Europa, etc.

Nuevo periodismo, Noches azules
Al ser ambos cónyuges periodistas, los asuntos de actualidad más importantes entraban a formar parte de la cotidianidad familiar. El mundo hippy, la música y los músicos, las drogas, el alcohol... Todo esto aparece en Noches azules a veces con pesar por parte de la madre escritora al culpabilizarse en cierta manera de la caída en las drogas y el alcohol de Quintana Visto desde la distancia, todos bebíamos más de la cuenta, pero en 1966 esto no se nos ocurría a ninguno. Solo cuando leí mis primeras novelas, en las que siempre había alguien abajo preparando una copa y cantando «Big Noise blew in from Winnetka», me di cuenta»). Analizando el decurso de la vida de su hija, la madre contrapone el miedo y la enorme preocupación que tuvo por ella desde el mismo momento que la tomó en sus brazos con la 'sana' despreocupación de sus propios padres. Este hecho paradójicamente, reflexiona la autora, introduce miedos y/o irresponsabilidad en los hijos. El miedo paterno los niños lo ven y lo absorben como propio, y cuando no sucede así, la irresponsabilidad más absoluta los envuelve sabedores de la superprotección paterna en la que viven. Por otra parte, Quintana siempre tuvo un miedo propio, distinto al de otros niños: el miedo al abandono que es frecuente en aquellos que saben que son niños adoptados.
«Tengo entendido que todos los hijos adoptados temen que sus padres adoptivos los vayan a abandonar igual que los abandonaron sus padres naturales. Por culpa de las circunstancias extraordinarias en que fueron introducidos en la estructura familiar, están programados para ver el abandono como su rol, su destino, el futuro que les aguarda a menos que ellos lo puedan dejar atrás.»
Todas estas reflexiones sobre su hija desaparecida y sobre la existencia en general se le suscitan a Joan Didion en Noches azules revisando pertenencias de Quintana, en especial fotografías de la niña sola o en compañía de amigas o de ellos mismos, sus padres Joan y John. Al observarlas desde el presente es consciente la autora de la fugacidad de la vida, del paso del tiempo. En definitiva, del envejecimiento que se ha adueñado de ella sin haber sido consciente del mismo a pesar de que «El envejecimiento y sus evidencias constituyen los acontecimientos más previsibles de la vida, y sin embargo siguen siendo asuntos que preferimos dejar sin mencionar, sin explorar». Joan Didion se da cuenta de que ha perdido «empuje» que es lo que mantiene a uno vivo; ella es consciente de su deterioro físico y cognitivo;  además la ausencia de Quintana («Ayer mismo Quintana estaba viva») le hace recalar en otras ausencias presentes en su propia persona
«Fue ayer mismo cuando todavía sabía hacer cuentas, me acordaba de los números de teléfono, alquilaba un coche en el aeropuerto y lo sacaba del aparcamiento sin quedarme paralizada en el momento crucial, con los pies ya en los pedales pero inmovilizada por la pregunta de cuál era el acelerador y cuál el freno.»
Por último y a modo de colofón de esta especie de análisis comparado realizado entre estos dos libros de No-ficción tan íntimos y personales, sólo añadiré que he detectado más presencia de la música y de referencias literarias en Noches azules que en El año del pensamiento mágico. Quizás, ya lo he señalado antes, la razón se deba a que El año... nace estando ella muy tocada por el duelo, el dolor y la pena de la muerte de John Dunne; algo que en Noches azules, al existir mayor distanciamiento y asimilación de lo inevitable dada la duración de la enfermedad durante meses, no se da. Esto hace que se pueda explayar en detalles aparentemente más nimios e insignificantes como aquellos temas musicales que escuchaba Quintana y que le sirven a ella para evocarla. Esencialmente son cuatro: 


En una familia de escritores es normal que cuando uno de ellos crea una obra la literatura de otros ocupe lugar preferente. Así ocurría en vida de ellos y así Quintana fue despedida por su madre y por su marido Gerry, con la lectura de poemas de autores que a ella en vida le gustaban 
«Gerry leyó un poema de Galway Kinnell que a ella le gustaba, Patti Smith le cantó una nana que había escrito para su propio hijo. Yo leí los poemas de Wallace Stevens y de T.S. Eñiot "Dominio del negro" y "New Hampsfire", con los cuales la solía poner a dormir cuando era un bebé
Hay alusiones a autores como Pablo Neruda, Karl Shapiro y otros que gustaban a la hija fallecida. Pero de cara a la personalidad de Quintana la principal referencia es a un verso del poema Endimion de Keats que dice «Adentrarse en la nada». Para la madre ese verso y la importancia que en su diario le daba Quintana tenía un gran significado.


Frases relevantes en el texto
Además de las citas que incluyo en la reseña me parecen relevantes frases como las siguientes:
  • «El padre de la novia muerto mientras cenaba. La novia en un coma inducido, viva únicamente gracias a la respiración asistida y con los médicos de la unidad de cuidados intensivos convencidos de que no sobreviviría a la noche. La primera de una cascada de crisis médicas que terminaría con su muerte veinte meses más tarde.»
  • «Seguíamos pensando que la felicidad y la salud y el amor y la suerte y los hijos hermosos son "bendiciones comunes y corrientes"
  • «Un día estamos mirando la fotografía de Magnum en que aparece Sophia Loren en el desfile de Christian Dior en París en 1968 y pensando que sí, que podría ser yo, yo podría llevar ese vestido, yo estaba en París aquel año; y un instante minúsculo más tarde estamos en la consulta de algún médico que nos está contando lo que ya ha fallado y por qué nunca volveremos a llevar las sandalias de ante rojo con tacones de diez centímetros»

4 sept 2022

“Roseanna” de Maj Sjöwall y Per Wahlöö

18 comentarios:

«Ella volvió a su estado normal. El momento pasó. Algunas frases desgastadas y la conversación acabó. Todavía distraído, se quedó con el auricular del teléfono pegado al oído hasta que la escuchó colgar. Un clic y un silencio vacío. Era como si ella se encontrara a miles de kilómetros. Hacía años que no hablaban.»

Maj Sjöwall y Per Wahlöö, novela negra nórdica
Gracias a los blogs literarios amigos que frecuento he conocido la existencia de esta pareja de suecos, Maj Sjöwall y Per Wahlöö, que en 1965 dieron a la imprenta esta entretenidísima novela. Roseanna fue -y lo sigue siendo, claro- la primera de una serie de diez conocida como Serie Martín Beck por el nombre del policía protagonista de la misma.



Los autores
Maj Sjöwall y Per Wahlöö fueron pareja desde 1962 hasta 1975, año en que, con sólo 48 años, murió Per de cáncer de pancreas. Maj le sobrevivió  45 años muriendo en 2020 a la edad de 85. Mientras estuvieron juntos tuvieron dos hijos y escribieron las diez novelas protagonizadas por el inspector de la Brigada Criminal Central Martin Beck. Con la muerte de Per la serie se interrumpió y Maj no la continuó, dedicándose ella desde ese momento fundamentalmente a la traducción al sueco de obras escritas en danés, inglés y noruego. También es autora de algunos relatos y de una exitosa novela negra que publicó en 1990 titulada La mujer que se parecía a Greta Garbo inédita aún en español.




Roseanna

Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
Una tarde de julio aparece el cuerpo de una joven en el lago Vattern, en Suecia. Tres meses después, todo lo que sabe el inspector de policía Martin Beck es que el nombre de la chica es Roseanna, que vino de Lincoln, Nebraska, y que pudo ser estrangulada por cualquiera de las ochenta y cinco personas que viajaban con ella en una excursión en barco.


En la novela se trata de resolver un complicado asesinato sucedido en el lago Boren en un barco de pasajeros que pasea turistas por esa zona de lagos suecos gracias al amplio sistema de esclusas que permiten navegar pese a la distinta altitud existente entre unos y otros. La novela es claramente de corte psicológico e inaugura la que décadas más tarde será la exitosa novela criminal escandinava con autores tan conocidos y leídos hoy como Henning Mankell, Stieg Larsson, Jö Nesbo, Asa Larsson, Arnaldur Indridason, y otros tantos más. 

Que el criminal y principal sospechoso posea una mente fuerte que ponga difícil a los policías que lo investigan hacerle confesar no es algo excesivamente novedoso respecto a la novela negra anterior encuadrada en el 'hard boiled' norteamericano fundamentalmente [sobre el hard boiled tengo escritas cosas en este blog: aquí, aquí y aquí]. Con Maj Sjöwall y Per Wahlöö la novela negra europea dio un salto cualitativo importante al incorporar a sus tramas, profundizando lo que se intuía ya en Chandler o en Hammett,  el cuestionamiento de la sociedad -o al menos de algunos estamentos de la misma- en la que el crimen se ha `roducido. Este hecho es de grandísima importancia en el momento en que la serie Martin Beck aparece en Suecia, un país que en 1965 estaba considerado como un auténtico paraíso en la tierra en el que las diferencias sociales eran mínimas, la igualdad entre los sexos óptima y el socialismo sueco digno de ser imitado. 

Martin Beck es un esforzado y magnífico policía cuya vida matrimonial transita por zonas pantanosas. Este policía de estómago delicado vive su matrimonio y paternidad de manera peculiar. A lo que parece no se le ve muy satisfecho con su vida privada aunque tampoco da la sensación de que quiera romper con ella. Son muchos los momentos en los que su mujer entra en sospecha por las muchas horas y noches que el policía dedica a su trabajo
«Su mujer no le dijo nada, pero el destello de duda de sus ojos era cada vez más patente cuando él la miraba. Hacía ya mucho tiempo que desconfiaba de esa extraña misión que nunca daba resultado, pero que mantenía alejado a su marido de casa noche tras noche
A él estas sospechas lo tienen hastiado y las mismas vienen a sumarse a actitudes mantenidas por su mujer que nada le satisfacen
«Desde que los niños se habían hecho mayores y no la necesitaban tanto como antes, su esposa, con entusiasmo fervoroso e inoportunidad enfermiza, había asumido el papel de enfermera del hogar y los recurrentes períodos gripales de su marido constituían para ella eventos tan importantes como los cumpleaños y períodos festivos.»
Respecto a las mujeres, cuando se lee la novela, se percibe a veces, en palabras y gestos de algunos personajes masculinos, un cierto machismo presente en esa sociedad sueca que a los de por aquí, quiero decir, a los españolitos de esos y siguientes años, nos parecía tan avanzada en todo. Así se observa, por ejemplo, cuando el detective principal y su jefe hablan sobre quiénes investigarán el caso
«—¿A quien llevarás contigo?
—Sólo hay ocho hombres en comisaría. Contaba con los dedos.
—Bueno, de los cuales una es mujer. Y alguien debe de ocuparse del resto de las tareas.
»
Al igual que con este machismo, existente en las mentes aunque negado habitualmente en las declaraciones, Maj Sjöwall y Per Wahlöö ponen el dedo en la llaga al citar la colaboración con Alemania de la oficialmente Suecia neutral  durante la IIª Guerra Mundial. Así se cita con elogio, por parte de algunos personajes secundarios con los que Martin Beck habla en el curso de la investigación, el papel realizado por la División Azul española en esa contienda
«El comandante Jentsch vio bastante en la guerra. Bastante, bastante. Durante nueve meses, quizá llegaron a once, bueno, de todas maneras fue oficial de enlace en la División Azul, ¿conocen la División Azul? Las tropas españolas de élite que Franco mandó para luchar contra los bolcheviques. Y debo decir que aquí, a menudo, medimos a italianos, griegos, españoles y demás... Bueno, a ver si me entienden, los medimos a todos por el mismo rasero, pero tengo que decir que aquellos chavales, o sea, los de la División Azul, esos sí que sabían...»
Es, pues, una novela en la que vemos comportamientos y conversaciones normales de personajes muy normales. Seres que no se comportan con falsedad y que declaran sin remilgos lo que en verdad piensan; de ahí que no se corten un pelo al elogiar a la División Azul o al opinar sobre hombres y mujeres. Quizás, pienso desde el momento presente, aún en 1965 no se había impuesto el concepto de lo políticamente correcto y menos aún el del pensamiento único; nadie tenía miedo de que sus palabras u opiniones le condenasen al ostracismo de la cancelación en que son alojados aquellas personas que hablan de manera libérrima.

El prólogo a la edición de Roseanna que he leído lo firma Henning Mankell. Magnífico prólogo el que en 2010 escribió el escritor sueco desaparecido en 2017. En él destaca aspectos importantísimos como el de que  Per Wahlöö, militante comunista, antes de estar con Maj Sjöwall hubiese escrito una novela situada en la España de Franco («Antes de 1965, había leído varias novelas de Per Wahlöö. Recuerdo especialmente El camión, que se desarrollaba en la España fascista.»). Pero lo esencial de las palabras de Mankell queda referido a aspectos literarios de la novela: así, señala que «En Roseanna, los investigadores de homicidios emergen como personas normales. No hay nada heroico en ellos» y algo más adelante dice que «es una de las primeras novelas policíacas en las que el tiempo juega claramente un papel principal.». Este uso del tiempo -la acción dura seis meses y medio, pero en los tres primeros la investigación policial apenas avanza- sirve para imprimir un ritmo idóneo de suspense y de tensión al relato.

Novela negra nórdica, novela criminal escandinava
También, aunque no en exceso, hay humor en el relato. Un humor, todo hay que decirlo, a la sueca, o sea, nada estruendoso, sin carcajadas que rompan el hielo de esa sociedad nórdica: así en la narración del descubrimiento del cadáver leemos que «La mañana del cinco de julio la draga amarró en Borenshult ante la admiración de los niños del pueblo y de un turista vietnamita» ¿Un turista vietnamita en Suecia, en 1965, cuando la Guerra de Vietnam estaba en su apogeo? Evidentemente estamos ante un sarcasmo, humor irónico, una velada crítica por esa guerra inacabable contestada por la izquierda sueca en la que militaban los dos escritores. Más humorístico y literariamente más funcional me parece el uso que hace del mismo para caracterizar personajes: «—Atención a la elección del verbo enrolarse —puntualizó mirando con orgullo a Martin Beck.», le dice el inspector Kollberg a su inmediato superior que poco antes le había corregido una palabra. El mismo Kollberg y su compañero Melander hablando con Martin Beck quedan caracterizados por su vocabulario:
«—¿Y de dónde vas a sacar a una mujer?
—Tiene que haber alguna en el cuerpo.
—Mejor búscala antes.
Diez minutos más tarde, Kollberg preguntó: —¿Y dónde piensas encontrar a una tía?
»
Otros momentos de tono humorístico en mi opinión dignos de ser destacados se ven en frases como las que siguen:
  • «El tradicional asesinato de Nochevieja sucedió en Gotemburgo y se esclareció en menos de veinticuatro horas.»
  • «Doce alemanes, cuatro daneses, cuatro ingleses, un escocés, dos franceses, dos sudafricanos —a éstos habrá que buscarlos con un tam-tam—, cinco holandeses y dos turcos.»
Quizás hoy, esa sarcástica alusión a los sudafricanos sometidos por entonces al cruel apartheid no superaría el listón de lo políticamente correcto. Y quizás hoy, si los vigilantes de la ortodoxia se empeñasen, veríamos desaparecer las novelas de esta pareja de suecos de los anaqueles de las librerías. Corregir el pasado es, como denunciara George Orwell, pretensión de todos los absolutistas. Afortunadamente la pareja formada por Maj Sjöwall y Per Wahlöö no tiene la fama universal alcanzada por la dama de la narrativa detectivesca, Agatha Christie, cuya novela Diez negritos en las últimas ediciones figura ya con el título de Eran diez a fin de evitar la palabra estigmatizada. No se sabe qué opinaría de este cambio la autora británica si estuviera viva.

Para finalizar
Los escenarios en los que se desarrolla la trama novelesca son totalmente reales: «Motala es una ciudad sueca de tamaño medio. Está situada en la provincia de Östergötland, en la parte norte del lago Vättern, y tiene unos 27.000 habitantes.». El lugar donde aparece el cadáver de la mujer asesinada es bien conocido por todos los suecos que hayan pasado por la escuela: «—El lago Boren —dijo—. Boren, Roxen y Glan. Que yo recuerde, eso es más o menos lo único que aprendimos en el colegio».

También, leída desde el siglo XXI, ha llamado mucho mi atención observar la enorme dificultad que habían de tener las pesquisas policiales durante los años del siglo XX en que aún no existían los ordenadores. Repasar la vida y localizar a los 85 pasajeros que viajaban en ese barco donde se cometió el crimen desde luego no debía de ser trabajo fácil de realizar.

Por último, sólo me resta decir que leeré alguna novela más de esta serie al haberme satisfecho mucho "Roseanna" de Maj Sjöwall y Per Wahlöö, un auténtico clásico de este género narrativo. Saber en qué parará la relación del personaje con su mujer es para mí ya un verdadero acicate para buscar el siguiente título de la serie, El hombre que se esfumó, de por sí ya más que intrigante, ¿no os parece? 

Nota:
La novela es un titulo más para incorporarlo al listado de novelas clásicas leídas dentro de la VIª edición del Reto Nos gustan los clásicos

31 ago 2022

Joan Didion. El año del pensamiento mágico

22 comentarios:

«Esto es un intento por encontrar sentido al tiempo que siguió, a las semanas y meses que desbarataron cualquier idea previa que yo tuviera sobre la muerte, la enfermedad, la probabilidad y la suerte, la buena o la mala fortuna, sobre el matrimonio y los hijos y el recuerdo; sobre el dolor y los modos en que la gente se plantea o no el hecho de que la vida acaba; sobre la precariedad de la cordura y sobre la vida misma.»

No Ficción, Ensayo, literatura norteamericana
Es el tercer libro que leo de la escritora estadounidense Joan Didion (Sacramento, 5 de diciembre de 1934-Manhattan, 23 de diciembre de 2021). Los dos anteriores fueron dos novelas suyas: Río revuelto, que leí en 2020 durante el encierro pandémico, y Según venga el juego, que leí durante las navidades del año pasado a raíz de la muerte de la autora. Las dos novelas me gustaron y no sé por qué -me lo sigo preguntando ahora mismo- no las reseñé en el blog. Quizás el cúmulo de lecturas realizadas durante la pandemia y durante las fechas navideñas hiciera que se quedarán allá, relegados en el pozo de los libros buenos pero complicados y exigentes a la hora de escribir una reseña satisfactoria. Bueno, sea lo que fuere y como reza el dicho popular «a la tercera va la vencida».

Con la reseña de El año del pensamiento mágico quiero rendir un sentido homenaje a esta excelente periodista, autora de guiones cinematográficos en solitario o en tándem con su marido, el también periodista y novelista John Gregory Dunne, y potentísima escritora de obras de ficción y de no ficción fallecida el 23 de diciembre de 2021 por problemas derivados de la enfermedad de Parkinson que padecía desde hacía unos años.




El año del pensamiento mágico

Poco antes de la Navidad de 2003, concretamente el 25 de noviembre de 2003, Quintana, hija adoptiva de Joan Didion y de su marido, repentinamente cae enferma; lo que al principio se creyó era una simple gripe evolucionó rápidamente a neumonía finalizando en un choque séptico. Al borde de la muerte, la chica de poco más de treinta años será mantenida en coma inducido y con respiración asistida durante varias semanas. Joan Didion  y John Gregory Dunne, sus padres, van a visitarla al hospital de manera habitual; la víspera de Nochebuena, de vuelta a la casa tras haberla visitado y poco antes de la cena, John Dunne sufre un infarto cerebral y muere. En un instante la vida cambió: 
«Te sientas a cenar y la vida que conocías se acaba».
Joan Didion, a los ocho meses de la muerte de su marido con quien había vivido durante  cuarenta años, decide escribir este libro para -así lo manifiesta en la cita que encabeza esta reseña-intentar poner orden en su cabeza tras lo que vivió y encauzar en algún sentido el dolor y el duelo que siguieron
«Hasta entonces sólo había podido experimentar dolor, no duelo. El dolor era pasivo. El dolor ocurría. El duelo, el acto de manejar ese dolor, requería atención.»

 Leyendo el ensayo que es El año del pensamiento mágico conocemos cómo la viuda que es ella se enfrentó al inopinado acontecimiento de la muerte del esposo: primero tuvo sentimiento de culpa por no haber advertido ciertas señales o mensajes («Dijo estas cosas en el taxi que nos llevaba del Berth Israel North a nuestro apartamento tres horas antes de morir o veintisiete horas antes de morir: intento recordarlo y no puedo») luego, como hiciera durante la larga enfermedad de su hija Quintana, acudió a los libros en busca de soluciones pues siempre lo había hecho así («En épocas difíciles, me habían enseñado desde niña, lee, aprende, prepárate, recurre a la literatura.»). Si en referencia a Quintana, Didion se empapó de literatura médica hasta el punto de ser reconvenida en más de una ocasión por los facultativos que trataban a su hija. ahora serán los libros que tocaban el asunto de la pena, del dolor y del duelo los que estarán en su mesilla y a los que se asirá por ver de entender y manejar en lo posible su situación anímica.

De las lecturas que realiza sobre el tema es «el diario que C. S.Lewis escribió tras la muerte de su esposa, A Grief Observed» donde más analogías o similitudes con su estado encontró. Este ensayo escrito por el autor de Las Crónicas de Narnia es impresionante y desde aquí lo recomiendo a quien quiera acercarse a una experiencia fidedigna de la vivencia del dolor y del duelo provocados por la pérdida de un ser amado. En España la obra está publicada por Anagrama con el título de Una pena en observación. Para aquellos que sean algo remisos a lecturas de este tipo pueden ver la versión fílmica, ¡magnífica también!, que con el título de Tierras de penumbra dirigió en 1993 Richard Attenborough y que está protagonizada por Anthony Hopkins y Debra Winger.

La muerte de su pareja fue tan repentina que, durante los ocho meses siguientes, no pocas veces en sus reflexiones y pensamientos aparecía la idea de qué era la muerte para los occidentales de hoy, o sea, para ella misma. La conclusión a la que llega con aporte bibliográfico suficiente es la de que desde hace ya casi un siglo o incluso más vivimos de espaldas a la misma. Me llamó mucho la atención leyendo este magnífico ensayo la siguiente cavilación que no puedo por menos que corroborar:

«alrededor de 1930, en la mayoría de países occidentales y sobre todo en Estados Unidos, se inicia una revolución de las actitudes aceptadas frente a la muerte. "La muerte —escribió— tan omnipresente en el pasado que resultaba familiar, se borraría, desaparecería. Se convertiría en algo vergonzoso o prohibido."» (el entrecomillado lo toma de un libro que Philippe Aries había escrito en 1973 titulado Historia de la muerte en Occidente: desde la Edad Media hasta nuestros días)
Pero sin lugar a dudas a mí lo que más me ha gustado de este libro es comprobar una vez más lo bien que escribe esta mujer que sin duda alguna habría merecido recibir en vida más premios que los que se le dieron. Quizás, el primero de todos fuera precisamente el que en 2005 recibió por El año del pensamiento mágico, distinguido con el Premio Nacional de Estados Unidos a la Mejor Obra de No-ficción de ese año (The National Book Award). 

Dentro de las múltiples reflexiones que la escritora realiza en la obra y que la llevan a recordar momentos de su vida junto a John Dunne hay una frase que veinticinco noches ante de morir le dijo él a propósito de su manera de escribir, precisamente la manera que en esta obra ella utiliza, con acierto y frecuencia, pese a su dificultad. La situación es la siguiente: está John Gregory Dunne releyendo una secuencia de la novela de A Book of Common Prayer de Joan Didion
«La secuencia es complicada (en realidad, esa era la que John había querido releer para ver cómo funcionaba técnicamente) y está interrumpida por otra acción que obliga al lector a retomar el contexto al que Leonard Douglas y Grace Strasser-Mendana se refieren.
—Maldita sea —me dijo John cuando cerró el libro—. No se te ocurra volver a decirme que no sabes escribir. Ese es mi regalo de cumpleaños

Ejemplo clarividente de su excelencia literaria, precisamente la que le elogia su marido John Dunne en la cita anterior, creo que se patentiza en lo que sigue: El 30 de agosto de 2004, por vez primera en ocho meses, Joan Didion aceptará cubrir para su periódico la convención demócrata igual que hiciera en el pasado. Según accede a la Torre C del Madison Square Garden donde se desarrolla el evento una serie de pensamientos, de recuerdos del pasado, la asaltan sacándola mentalmente del momento presente

«Mientras subía la escalera mecánica de la torre C, reflexionaba en todo aquello y de repente se me ocurrió: llevaba uno o dos minutos en aquella escalera pensando en la noche de noviembre de 2003 antes de volar a París, en las calurosas noches de julio de 1992 en las que cenábamos en Coco Pazzo y en aquella tarde que habíamos dado vueltas por la Calle 125 esperando el acto de Louis Farrakhan que finalmente no se celebró.»

En definitiva, Joan Didion, ocho meses después del inesperado suceso, llega a la conclusión de que lo único que ha hecho durante ese tiempo ha sido escapar, huir del presente, refugiarse en el pasado para así no asumir la realidad, en un mágico e infantil intento de «que el tiempo retrocediera, de rebobinar la película». Ciertamente hay que asumir lo que en la teoría y cuando la muerte no nos ronda hemos afirmado una y mil veces, que somos mortales y que algún día habremos de morir. Y si esto es así, ¿por qué cuando la muerte nos toca de cerca la negamos y no la aceptamos? De nuevo la escritora se da -y nos da- una explicación, dura sin duda, pero bien lógica y plausible:

«Somos imperfectos mortales, conscientes de nuestra mortalidad aun cuando tratemos de eludirla, vencidos ante nuestra propia complejidad, tan acorralados que cuando nos dolemos por los que hemos perdido, también nos dolemos, para bien o para mal, por nosotros mismos. Por lo que fuimos. Por lo que ya no somos. Por la nada absoluta que un día seremos.»

El título

Nuevo periodismo, El año del pensamiento mágico
(foto tomada de Babelia, El País de 1 del IX de 2006) 
Aunque pienso que en gran medida la razón del título ha quedado suficientemente clara en alguno de los párrafos anteriores, es natural que nos hagamos la pregunta de por qué la escritora tituló así este ensayo. La verdad es que muy pronto, desde sus primeras páginas Joan Didion nos va dejando piedrecitas explicativas en el camino. La primera es cuando cuenta que la noche que John Dunne falleció ella sintió el irreprimible deseo de estar sola para así dejar abierta la posibilidad de que él volviera («necesitaba aquella primera noche para estar sola. Necesitaba estar sola para que él pudiera volver. Este fue el comienzo de mi año del pensamiento mágico.»). Y no es que de manera absurda ella pensase que en realidad él no había fallecido sino que «Pensaba como los niños pequeños, como si mis pensamientos y deseos tuvieran el poder de alterar la narración, cambiar el desenlace.» Este, en cierto sentido, infantilismo pensante también lo practicará en innumerables ocasiones durante la larga enfermedad, con las recaídas y mejorías correspondientes, de su hija Quintana. Así, al contarnos cómo vivió esos meses, tras la muerte de Dunne, atendiendo a la hija enferma son frecuentes los "Y si..." («Qué pasaría si...», «Si no le hacían la tráqueo», etc.) en un absurdo deseo de controlar lo imposible: el azaroso constituyente de la vida. Este absurdo se lo declarará a ella directamente alguno de los médicos encargados de la supervivencia de Quintana, aunque a Joan Didion -tal era su estado emocional- le fuera completamente indiferente: «("Si quiere llevar usted el caso, yo dimito", dijo uno finalmente), pero me hacían sentirme menos impotente. Recuerdo que en el UCLA aprendí el nombre de muchos tests y escalas.»).

Como ella bien a las claras declara había llegado a creerse portadora del poder mágico que a su hija, cuando ésta era pequeña, le decía poseer:
«No dejes que Camuñas me coja, decía Quintana cuando se despertaba de una pesadilla,
Estás a salvo. Estoy aquí. Me había llegado a creer que nosotros teníamos ese poder»
Para finalizar
Hacia el final, la autora, ya viuda de ocho meses, es consciente, tras el repaso que ha dado en las páginas del libro a ese lapso de tiempo, de que la vida continúa, de que 
«si hemos de continuar viviendo llega un momento en que debemos abandonar a los muertos, dejarlos marchar, mantenerlos muertos.»

Muchas frases contenidas en este libro son dignas de ser citadas y/o recordadas. Me conformo, para no aburrir más con estas tres:

  • «me doy cuenta de lo receptivos que somos al persistente mensaje de que podemos evitar la muerte.»
  • «Todo iba como siempre y, de repente, va y cae toda esa mierda»
  • «Un día normal. "Y de repente... se acabó."»
En definitiva, un libro que me ha gustado mucho, sin duda alguna una de mis mejores lecturas de este 2022. Creo que Joan Didion es una escritora magnífica pero, aviso, El año del pensamiento mágico es un libro durillo, no es una lectura para pasar el tiempo sin más. 

24 ago 2022

El Círculo del Alba. Luisa Ferro

16 comentarios:

«Ninguna de las víctimas fue reclamada por sus familias. Jamás se encontró una conexión entre ellas, salvo la de ser hijas de la miseria. Bastardas de una sociedad que no veía más allá de su propio bienestar; la misma que luego exigía justicia y pan para los más necesitados mientras, noche tras noche, cenaban faisán y acudían a la opera o al teatro sin girar la cabeza hacia el mendigo que estaba a las puertas implorando las sobras de sus mesas.»

El Círculo del Alba, Luisa Ferro,Novela negra histórica,Madrid
Leí hace poco con muchísimo gusto la bilogía de Luisa Ferro titulada "Donde mueren los dragones de Jade" [leer reseña de la misma aquí]. La acción de los dos libros que la componen transcurre durante el siglo XIII en la China de la dinastía Song. Tras la inmensa satisfacción que me  produjeron las dos novelas de que consta la bilogía, El pozo de las luciérnagas y La sanadora del emperador, amablemente Luisa, viendo que había disfrutado mucho con ellas, especialmente con las partes más dinámicas de la segunda entrega, me hizo llegar a través de Planeta, la editorial que publica sus obras, «El Círculo del Alba», la novela que a la madrileña residente en Fuenlabrada ha dado hasta ahora más satisfacciones.


Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
Madrid, 1903. Bruno Moreto se enfrenta a una gran encrucijada. Su tutor, Ernesto Olmedo, médico forense, asesor de la policía y propietario de una funeraria, ha muerto en extrañas circunstancias. Todo apunta a un suicidio. Su muerte deja un negocio hipotecado, con deudas que comprometen gravemente el futuro de Bruno.El hermano del difunto, Hugo Bonaventura, un conde italiano con fama de vividor, llega a Madrid para hacerse cargo de la situación, pero los acontecimientos darán un giro inesperado. Bruno y Bonaventura se verán inmersos en la investigación de varios asesinatos rituales de niñas, cuyas raíces se sumergen en el pasado más oscuro de Olmedo. Ambos, pese a sus diferencias iniciales, tendrán que aliarse para destapar un misterio que ha dormido agazapado tras décadas de silencio


La lectura de esta novela que Luisa Ferro publicó en 2016 me ha hecho recordar la serie televisiva Vienna Blood que desde hace unos meses veo ocasionalmente. Naturalmente, quiero dejar bien claro que la novela de la Ferro nada debe a la serie televisiva dadas las fechas en que una y otra ven la luz, la serie en 2019 y la novela en 2016. Ignoro si las novelas de Liebermann, escritas por el inglés Frank Tallis entre los años 2005 y 2018 eran conocidas por nuestra novelista, pero sea como fuere la unión de detective aficionado en la forma que sea e investigador profesional hace tiempo que la novela negra la viene utilizando. También lo hace en la suya la autora de El Circulo del Alba y como en las novelas de Frank Tallis el protagonismo principal viene a recaer en el ayudante más que en el detective profesional.

Me ha parecido interesante y novedoso en esta novela la duplicación de la estructura argumental con una distancia temporal entre una y otra de nada menos que 25 años. En efecto, al inicio del relato nos topamos con un joven estudiante de medicina, Ernesto Olmedo, que colabora con el jefe de policía Arturo del Romo en la resolución de crímenes que están sucediendo en Madrid en los años que van de enero de 1878 a 1903, fecha en que de manera sorprendente el médico forense Ernesto Olmedo, dueño de la funeraria La Luz de Helios, se suicida. Bruno Moreto, su joven discípulo, al que Olmedo acogió con sólo seis años de edad y con quien se portó como si de un padre se tratara, no cree que haya sido suicidio sino más bien homicidio. A esclarecer esta duda se dedicará en compañía de un personaje sorprendente, el hermano gemelo de Olmedo desaparecido de España hace nada menos que casi treinta años y que regresa a Madrid al ser el beneficiario de casi la totalidad de la herencia del fallecido Olmedo. Hugo Bonaventura, conde del Drago, que así se llama, se irá ganando la confianza de Bruno y en compañía del comisario Antonio del Romo, hijo del jefe de policía con el que colaboró su hermano Olmedo, irán intentando aclarar este caso, así como otros sospechosos suicidios de médicos de la promoción de Olmedo y también una serie de asesinatos de niñas secuestradas previamente. Son, como se ve, líneas de investigación aparentemente independientes que irán convergiendo en el curso de la novela.

Junto a la propia trama detectivesca se desarrolla en paralelo otra más cotidiana o familiar que como todo lo que forma parte de un relato al fin y a la postre también confluirá con la principal. Se trata de la vida en el seno de la casa que mantenía el doctor Olmedo mientras vivió: un núcleo familiar constituido en torno a la funeraria La Luz de Helios conformado por lady Amber Doyle, cuñada de Olmedo, por el aya hindú Uma Vunda, y por los empleados de la casa como el matrimonio formado por el cochero y mozo de cuadras Pedro y su mujer Mercedes que se encarga de la cocina. Al ser lady Amber aficionada al espiritismo y hacer reuniones en la casa sobre el tema, muchos otros personajes se asomarán así a la historia central. Entre estos personajes abundan los femeninos quienes en mayor o menor grado se sienten atraídos por la buena presencia y educadas maneras de Bruno Moreto; en este sentido la atracción entre Sofía Mendoza, una de las jóvenes, y Moreto es mutua. También hay que destacar otra relación que en este contexto de estudio y práctica del espiritismo, de la hipnosis e incluso del sonambulismo desarrollado en la casa de lady Amber Doyle, surge: me refiero a la que se establece entre Cora Steiner, joven muy atractiva, y Bruno. Estas dos mujeres, Sofía y Cora, son objeto de deseo por parte de Bruno, si bien ellas prefieren, a lo que parece, ser dependientes de hombres que no les profesan verdadero amor.

Estas relaciones amorosas del joven Moreto, especialmente la mantenida con Anna Cohen, la joven sobrina del anticuario Samuel Cohen, sirven para poner en contacto directo la trama de los asesinatos con la de las desapariciones y asesinatos de niñas; el vínculo entre ambas tramas surge al haber visitado Olmedo a Cohen el mismo día de su muerte. El vínculo Anna - Bruno sirve de nexo de unión entre la investigación policial y la trama más sentimental de este entretenido relato.

Sistema turnante de gobierno
Es El Círculo del Alba una novela histórica de trama detectivesca situada la misma en 1903, año en que cae el gobierno de Silvela. En cuanto a hechos acaecidos en los 25 años que van de los esponsales reales de 1878 con que abre la novela a esa fecha del siglo XX, hay alusiones a sucesos que durante ese cuarto de siglo tuvieron relevancia como el famoso crimen de la calle de Fuencarral, la estafa del Cantinero y otros timos de este jaez protagonizados por mujeres que se hicieron populares por su maestría en estos engaños. 

En mi opinión es, sin lugar a dudas, en la pintura que Luisa Ferro hace del Madrid costumbrista de principios de siglo XX, que la novela gana en matices historicistas al recrear una ciudad que existió, y que hoy, ya para bien, está bastante desaparecida,
«El barrio de Ventas del Espíritu Santo estaba muy cerca de La Luz de Helios y también era un arrabal, aunque fuese punto de encuentro de señoritos de provincias en busca de diversión y donde medio Madrid se daba cita los fines de semana. A lo largo de la carretera de Aragón surgían ventorros donde servían lustrosas raciones  aderezadas con el "chapurreao", a base de vino con limón, pero no era menos cierto que en ambas veredas del arroyo Abroñigal se asentaban nidos de chabolas y se palpaba la misma miseria que en las Injurias
Dentro de este Madrid existente o que existió me han interesado vivamente, por vivir yo en esa zona, todas las secuencias narrativas que la novelista ubica en la Dehesa de la Villa. De manera magistral la escritora mezcla realidad y ficción en la conformación del lugar: el cerro de las balas, que sí existió y actualmente ahí está aunque con el nombre de cerro de los locos; y las cavernas a las que se accede a su través, pura creación imaginativa nacida a partir de la pequeña oquedad que allí existe, pero que crece y crece gracias a la inventiva magnífica de nuestra autora. 

Al no ser la primera novela que leo de Luisa Ferro para nada me ha sorprendido el gusto y conocimiento que muestra respecto a la medicina. Ya en la bilogía citada al inicio de esta reseña hacía gala de su enorme saber sobre el tema. En esta obra su conocimiento se hace explícito en las descripciones al detalle de los cuerpos de los asesinados, de las niñas halladas muertas y abandonadas, así como en las pruebas que, tomadas del escenario del crimen, Bruno realizaba en La Luz de Helios:
«Echó mano de las tijerillas más pequeñas del instrumental y se dispuso a cortar la laña. La sacó de una sola pieza y la depositó en una tablilla de hueso y lámina de mica para estudiar el hilo en profundidad bajo el microscopio. Era catgut, un filamento de origen animal de uso frecuente en cirugía.» 
Como me ocurriera durante la lectura de La sanadora del emperador y El pozo de las luciérnagas me ha gustado mucho la manera como la novelista, en El Círculo del Alba, dosifica la información y da entrada a la misma en la novela. Lo hace de manera natural, al hilo de las conversaciones mantenidas por los propios personajes; incluso la introduce sin previo aviso para luego ir clarificándola con aportes sencillos y diáfanos. Es lo que sucede, por ejemplo, con la larga nómina de personajes que, lejos de causar confusión en el lector, al hacerlo de la manera descrita es asumida por éste con naturalidad. La profusión de nombres es grande en general y muy notoria en el ámbito del anticuario Samuel Cohen. Estos últimos nombres y las relaciones existentes entre ellos son muy relevantes en el curso de la trama novelesca y esenciales para la resolución de la misma.

Para finalizar
En El Círculo del Alba hay una decidida crítica a las clases altas sólo pendientes de su propia satisfacción importándoles un comino, aunque en voz alta digan lo contrario, cómo vivan las clases pobres. La cita inicial con que abro la reseña es buena muestra de esta hipocresía.

No quiero dejar sin señalar el acierto y la maestría con que la novelista sabe presentar y resolver los momentos de acción: persecuciones nocturnas y sobre carruajes de caballos por las calles de Madrid, enfrentamientos violentos entre personas, luchas, peleas, tiroteos... El cine de héroes  y aventuras venía a mi mente mientras con sumo gusto los leía. 

Asimismo es impresionante, y en mi opinión digno de ser destacado por la dificultad que entraña, ese saber moverse, que Luisa Ferro demuestra, por los distintos espacios y momentos requeridos por la historia. Una novela de 600 páginas como El Círculo del Alba da para contener escenas y secuencias  de todo tipo; lo único que se debe evitar es caer en el aburrimiento y desde aquí os puedo asegurar que si de algo carece este libro es de aburrido. Se lee con mucho agrado y desde sus primeras páginas resulta adictivo quedando el lector atrapado en su lectura. Por todo lo dicho hasta aquí, y muchas razones más que quedan en el tintero, os lo recomiendo vivamente.

16 ago 2022

"Sueño de una noche de teatro", novela de Mónica Gutiérrez Artero

14 comentarios:

«Media docena de ojerosos organizadores del Festival Fringe de Edimburgo discutían acaloradamente sobre la conveniencia de estrenar Macbeth a las seis de la tarde o a las siete y media, dependiendo de la hora de inicio del concierto que U2 iba a ofrecer en el castillo.»

Mónica Gutiérrez Artero, Sueño de una noche de teatro
Sueño de una noche de teatro es un libro alegre y desenfadado en la más pura línea 'Serendipia', o sea, Mónica Gutiérrez Artero, mujer a la que tengo un aprecio literario bárbaro y de la que disfruto mucho sus novelas. Con ésta me he divertido un montón. Mónica sabe unir en una misma historia humor, amor, literatura, disfrute de la vida, alegría..., en definitiva feelgood en estado puro.

Recomiendo esta lectura a todos aquellos que gusten del teatro, conozcan y amen un poquito a Shakespeare -no hace falta ser experto en el bardo inglés- , y quieran darse un amable paseo por Barcelona y por Edimburgo de la mano de esta autora que ama los libros, le gusta escribir novelas habitadas por libros y que hablan de libros y en esta ocasión también, claro, de teatro con T mayúscula. Al centrarse la novela en la representación de una tragedia shakespeariana -Macbeth concretamente- el Cine tiene asimismo su cuota en esta amable y muy entretenida novela que sin ninguna duda me atrevo a recomendar a cualquiera que desee pasar dos tardes divertidas, entretenidas e instructivas.

Sinopsis
Max Borges es un director de teatro barcelonés que conduce una pequeña y excéntrica compañía. El día del estreno de Macbeth, la obra de Shakespeare, Max está al borde del colapso. Todo parece que va a salir mal en la función que debería ser su salto a la fama más sublime: las brujas son demasiado bellas, al rey Duncan se le ha roto la corona y su Macbeth huele sospechosamente a whisky escocés.
Sin embargo, como suele recordarle su inteligente asistente de dirección, Elsa Soler, el espectáculo siempre debe continuar. Sorprendentemente, el duende del teatro parece haberles rociado con su suerte y la función es un éxito absoluto, tanto que son invitados a representar la obra en el Festival Fringe de Edimburgo, el más importante del mundo. La divertida compañía pone rumbo a una aventura en una ciudad llena de magia. Será allí donde, al caer el telón, el amor y la amistad se conviertan en los verdaderos protagonistas de esta historia.

Durante su lectura he disfrutado mucho con las alusiones que realiza a obras literarias y a películas. Entre las primeras destacan, evidentemente, las múltiples referencias a la dramaturgia shakespeariana: La comedia Sueño de una noche de verano se lleva la palma, comenzando por el propio titulo de la novela, una mera modificación de la obra de William. Como en la obra de 1595 en la de 'Serendipia' hay amor, casualidades que cabría tildar de mágicas, desencuentros, equívocos... y humor, mucho humor.  También, esto es obvio, la tragedia de Macbeth que representa la compañía del personaje Max Borges ocupa el centro de la novela; y junto a ella, Hamlet, la obra que Borges querría haber representado pero  no pudo hacer por habérsele anticipado su enemigo profesional de siempre, Dereck B. Plum.

Los personajes de la novela utilizan para referirse a su vida real referentes shakespearianos, lo que añade notas de humor a ésta, ya de por sí, divertidísima novela. Así la mujer de Max se fugó con el actor que hacía de Oberón, el rey de las hadas en Sueño de una noche de verano. («Me he quedado sin Oberón. Se ha fugado con mi mujer»); de igual manera al hacer una reflexión sobre el Afganistan que en el momento en que se desarrolla la acción está libre de la dictadura talibán leemos que «la primera obra teatral que volvió a representarse en Afganistán después de los talibanes, que mostró triunfante por vez primera a mujeres y hombres actuando juntos sobre un escenario, fue Trabajos de amor perdidos. Una obra de Will

Shakespeare, como se ve, es el dueño de esta novela. Pero no sólo el Shakespeare teatral sino también el Shakespeare que, ¡seguro!, a muchos de los lectores de la novela ha llegado a través del Cine. La frase que, imperturbable, en medio del caos y del miedo que precede a un estreno teatral, pronuncia la ayudante de dirección Elsa Soler, «—Todo saldrá bien.» en respuesta al lamento, también muy shakespeariano, del director Max Borges, «Soy un juguete de la fortuna», me ha llevado mentalmente a la magnífica película de John Madden del año 1998, "Shakespeare in love", en la que de manera análoga a la de esta novela la compañía teatral de Will está preparando el estreno de una representación en The Globe. 

Otros ejemplos de referentes cinematográficos usados en la novela podrían ser los siguientes: 
  • «Le sonrió con una calidez que hubiese envidiado el propio Frodo Bolsón en los últimos fotogramas de la película El retorno del rey de Peter Jackson» que dice la narradora refiriéndose al personaje de Anna López (Lady Macduff en la obra de Macbeth) y la atracción que siente ésta por el asesor literario Enzo Pooh.
  • «Su enigmática sonrisa le recordaba al Atticus Finch de Gregory Peck» que según nos refiere la narradora pensaba Elsa Soler del director Max Borges.

Inevitablemente, hay que destacar en la novelística de Mónica Gutiérrez Artero las alusiones metaliterarias, que realiza habitualmente, a su propio quehacer de creadora. También las hay aquí, por supuesto, y como casi siempre vienen envueltas en ese tono humorístico que es una característica primordial en su narrativa:
 «Elsa era inteligente, pragmática, curiosa, pelirroja y guapa, pero todo personaje que se precie de aportar protagonismo a la acción debe cometer, como mínimo, un grave error. El error de Elsa era dentista y se llamaba Ramón»
Desde luego el sentido del humor y el buen rollo que desprende la lectura de las novelas de Gutiérrez Artero es de agradecer, mucho más en los aciagos tiempos que corren.

La novelista es barcelonesa y en esta obra muestra de manera patente el amor a su ciudad. Además de proporcionarme un rato agradable leyendo esta historia de amores, encuentros y desencuentros de los personajes de ficción, el marco barcelonés en que se desarrolla la primera parte de la historia me ha permitido conocer aspectos de la capital catalana que ignoraba completamente. Así la existencia en Barcelona del teatro Goya donde la compañía estaba representando Las mujeres sabias de Moliére antes del proyecto de Macbeth en que se centra la obra o esa biblioteca Arús cuya existencia yo desconocía y que debe de ser realmente hermosa:
«una de las dependencias históricas más encantadoras de Barcelona. La Biblioteca Arús había sido fundada en 1895 por Rossend Arús, un activista republicano, filántropo y masónico»
Para finalizar
Festivales de teatro
Una novela para disfrutar del acto de leer. Una novela que esconde en su interior más de lo que aparenta. Una novela en la que la autora, que ya va por su octava novela, muestra el universo ficticio que desde hace diez viene creando; así hay referencias a alguna obra suya, especialmente a la que le ha dado más fama y que desde aquí recomiendo a todos su lectura: La librería del Sr. Livingstone. En un momento de la obra, Max Borges, que desde siempre odia los musicales, entra en Edimburgo en una librería buscando un regalo para Elsa; el diálogo que mantienen Max y la librera es ciertamente muy divertido y autorreferencial:
«—Esto le encantará. Son los libretos originales de El Mi­kado, de Gilbert y Sullivan.
Horrorizado, el señor Borges dio un paso atrás para poner distancia entre cualquier pieza teatral musical y su persona. 

[...] 
su librería no se parece en nada a Moonlight Books. Y usted tampoco me recuerda a Edward Livingstone.»
Es una novela que encarna el género feelgood de principio a fin. Una novela, como ya he dicho, muy divertida, muy entretenida y muy adecuada para estas interminables tardes agosteñas llenas de calor y sopor..

 
Otros títulos de Mónica Gutiérrez Artero reseñados en el blog

10 ago 2022

Alexis Ravelo: Un tío con una bolsa en la cabeza.

11 comentarios:

«Yo no sé nunca, cuando veo un billete, si está limpio o sucio. Yo sólo sé que es un billete y que sirve para pagar cosas. Esta casa, los coches del garaje, los sueldos que les sigo pasando a Sol, a mi cuñada, la residencia de mi viejota, los estudios de mi hijo y mis sobrinos, las comidas y los viajes y las fiestas.»

Un tío con una bolsa en la cabeza
Gabrielo, un auténtico capo político insular canario, se encuentra al inicio del relato amordazado, atado de pies y manos y con una bolsa de plástico en la cabeza. Su situación es ciertamente comprometida. Nadie va a pasar por su casa donde se encuentra al menos hasta dentro de dos o más horas cuando se le eche de menos en alguna reunión. Además, reflexiona, es probable que quien haya ideado esta manera de asustarle, darle una lección o, lo que es más probable, deshacerse de él no tenga intención alguna de acudir a desatarle. No, desde luego está en un momento difícil, el más difícil de toda su existencia, y eso que la vida que ha llevado hasta este momento ha tenido de todo..

Precisamente es de ese todo que ha sido su vida de lo que nos vamos a ir enterando según que Gabrielo, vaya meditando, pensando, reflexionando, de manera más o menos desordenada sobre sus  posibles agresores, su llegada y ascensión en la vida política de la localidad, su familia, sus amores, sus desatenciones a Maru, la madre de su hijo y la mujer a la que más ha querido y sigue queriendo, aunque para hacer el amor Sol sea especial, una hembra espectacular. Pero una cosa es eso y otra muy distinta amar de verdad... Todos estos pensamientos se le hacinan al narrador, a Gabrielo, en su cerebro que cada vez oxigena peor porque la bolsa de plástico que dos hombres le colocaron en su cabeza antes de marcharse -uno de ellos olía a ron que echaba para atrás y por eso él lo llama el ronero- no tiene ni un maldito agujerito por el que el aire pueda reponerse. En su ofuscación y confusión mental las reflexiones le llevan hasta a pensar en Dios y en lo que pueda haber al otro lado. 

Según leía esta novela de Alexis Ravelo, a mi cabeza acudía el recuerdo vívido que desde que la leí hace ya una pila de años, y precisamente en la isla de Gran Canaria, ¡enorme casualidad!, tengo de "La muerte de Artemio Cruz" del mexicano Carlos Fuentes. Como digo, no podía quitarme de la cabeza esa enorme novela en la que en su lecho de muerte Artemio Cruz rememora sus 71 años de vida por la que pasa prácticamente un siglo de la historia de México. Desde su orfandad de un hacendado caído en desgracia y unos inicios duros Artemio se elevará socialmente hasta convertirse en uno de los hombres más ricos e influyentes del país, a costa de negocios despiadados y corruptos. Hasta aquí la similitud entre ambas novelas: la corrupción es tema esencial en Un tío con una bolsa en la cabeza, así como el ascenso desde abajo hasta una elevada posición social y política por parte de ambos protagonistas. Pero el resto, o sea, la manera de presentar esta vida en progresión hacia arriba, es bien diferente en uno y otro escritor. No cabe comparación entre ambos y no la voy a realizar por entender que es inapropiada y absurda. Eso sí, animo a quien haya llegado hasta aquí a que lea esa magnífica novela del escritor mexicano Premio Miguel de Cervantes en 1988 y Premio Princesa de Asturias en 1994.

Dos asuntos principales aparecen en Un tío con una bolsa en la cabeza. Uno es el de la corrupción política: Gabrielo se arrimó a Colacho, el Viejo, y éste lo colocó primero de asesor y luego ya en las listas electorales al ayuntamiento de San Expósito, la ficticia localidad canaria donde sucede la historia. Desde allí y tras dar el Viejo un paso al lado, él ocupará su lugar y seguirá sus procedimientos corruptos a la hora de realizar recalificaciones de terrenos, dar concesiones a constructoras, permisos de cambios de actividad a unos sí y a otros no, primacía en las licitaciones y concursos públicos a unos frente a otros, y así. Ese es el uso que el narrador hace del poder, porque para él eso es el poder y por eso quiso llegar hasta él.
«El poder no corrompe. Al poder se llega ya corrompido. Corrupto hasta la médula. O desde la médula. Nadie que no sea un miserable moral desea el poder. Yo lo sé porque yo lo soy. Porque he andado siempre entre poderosos y no he conocido a ninguno de quien no se pueda decir exactamente lo mismo. Y cuando quien anhela poder no llega a obtenerlo, la frustración se lo come por dentro y acaba por pudrirlo del todo.»
El otro asunto principal es el de la investigación que desde su incómoda y terminal situación Gabrielo realiza sobre quien será el inductor o realizador de la agresión que ha sufrido. «"Estoy aquí investigando mi propio asesinato"». Todos sus amigos (el Tano, Saulo, Alfredo, Carlos, Chago...), sus mujeres (Maru y Sol principalmente), sus fuentes de ingreso (Aguilar, Boris...), los miembros de su familia (la madre ingresada en una residencia, su hermano Feluco, su cuñada Encarna)... Todos estos seres pasan por la cabeza de Gabrielo en este recorrido vital que realiza en busca de posibles inductores o realizadores de la agresión que ha sufrido.

Además de los asuntos, en Alexis Ravelo es fundamental la manera de contar, o sea, el estilo. Ya en otras novelas suyas que he reseñado en este blog ("Tres funerales para Eladio Monroy", "La ceguera del cangrejo" o "Los milagros prohibidos") he hablado sobre ello, por lo que os animo, además de a leer las novelas del autor canario, a pasaros por las reseñas. Lo fundamental para mí es esa escritura tan suya que mana de manera fluida, espontánea y natural de su pluma. Es un estilo coloquial, muy próximo al modo de hablar, popular y natural, entre nosotros; esto hace que leyendo a Ravelo uno se sienta bien, confortable, se reconozca en su sintaxis, en su manera de decir y de referirse a personas y cosas. 

Quizás resulte algo más difícil captar el sentido preciso de alguno de los localismos (canarismos) propios de sus islas, a las que aquí como en todos sus libros declara el autor, sin manifestarlo explícitamente, su inmenso amor. Son términos como 'sachar', 'maúro', 'gavia', 'fotingo', y otros de esta guisa. Más fácil, desde luego, es captar el significado que albergan algunas creaciones léxicas que realiza el escritor para transmitir de mejor manera, no exenta de humor en algunos casos, su alcance. Son palabras como 'miseriento', 'bobomierda' o 'muertosdehambre' que para quienes estamos familiarizados con su literatura no nos sorprenden al ser en él habituales.

En cuanto al punto de vista del narrador, éste siempre es el del amordazado Gabrielo que cuenta, reflexiona, rememora y se desespera dentro de esa bolsa de plástico que de no evitarlo él mismo, algo o alguien, puede llevarle a la muerte. Hay algún momento en que cede la voz narrativa a la 2ª persona en un sentido generalizador o impersonal como cuando habla sobre los amigos que hoy día uno se encuentra por las redes sociales y con ellos «te cuentas cómo te va, te cambias chistes, quedas para echarte cañas que nunca te echarás». También hay algún momento en que sin dejar la primera persona narrativa cambia al plural para incluir en ella a las personas de las que está hablando, en el ejemplo que pongo a continuación la incluida es su amante Sol: «Mandábamos dinero, pero no era tanto. Y ella iba para allá una vez al año. [...] Viajábamos mucho, con Sol».

Que Alexis Ravelo es una biblioteca andante y que ha leído a un amplio número de escritores que sin duda alguna, como no podría ser de otro modo, le han influido, es algo que leyéndole se percibe a las primeras de cambio. Pero, por si acaso no hubiéramos sido conscientes de ello, es el mismo autor quien en el capítulo de los agradecimientos, al final de la novela, dice textualmente lo siguiente: 
 «A lo largo de la novela se citan, directa o indirectamente, las obras de Rafael Chirbes, Juan Rulfo, John Berger, Descartes, David Foster Wallace, John Fowles, Cormac McCarthy, Nicolás Maquiavelo, Juan Gelman, Immanuel Kant, Ludwig Wittgenstein, Martin Heidegger, Adela Cortina, Marguerite Yourcenar, Baruch Spinoza, Federico J. Silva e Italo Calvino, además de los cantautores Rafael Amor y Javier Krahe. Creo oportuno consignar aquí esas deudas.»
La muerte de Artemio Cruz, Boom de la novela hispanoamericana, Realismo fantástico
Sí, está bien. Todo lo que dice en esas líneas es claro y se le agradece. Pero yo personalmente, ya lo digo al inicio de esta reseña, hecho en falta alguna referencia, siquiera de pasada, a "La muerte de Artemio Cruz" de Carlos Fuentes, una novela que constantemente he tenido en mi cabeza en el curso de la lectura. También esta novela de Alexis Ravelo me ha hecho recordar otra, de más reciente lectura. Me refiero a  "Lincoln en el Bardo" de George Saunders [leer reseña sobre ella aquí]. No doy más aclaraciones del porqué para no destrozar el enorme disfrute que supone leer la novela de Ravelo.

Para finalizar diré que Un tío con una bolsa en la cabeza me ha parecido una novela curiosa por el planteamiento aunque en cierta manera el método se me ha hecho algo repetitivo según transcurría la misma. Cierto es que al final hay un giro procedimental curioso y muy interesante que hace que la novela repunte y la cierres con un magnífico sabor de boca. 



Otros títulos de Alexis Ravelo reseñados en el blog:


Nota:
He leído este libro de Alexis Ravelo, además de por la satisfacción que me produce su literatura, por recomendación de Rosa Berros quien la incluye entre los tres títulos que propone dentro del Reto "Serendipia recomienda 2022".  

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...