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19 sept 2021

"Hamnet" de Maggie O'Farrell

18 comentarios:

«La cuestión es no bajar nunca la guardia. No creer nunca que se está salvo. No dar nunca por hecho que el corazón de tus hijos late, que tus hijos beben leche, que respiran, que andan y hablan, sonríen, discuten y juegan. No olvidar ni un momento que pueden desaparecer, que te los pueden robar en un abrir y cerrar de ojos, que se los pueden llevar como leves vilanos.»

Concha Cardeñoso (traductora), Maggie O'Farrell
Es la primera novela que leo de Maggie O'Farrell, autora irlandesa a la que llegué gracias a una elogiosa crónica que escuché en una emisora de radio durante un viaje. Quien la recomendaba era Sergio del Molino, escritor a quien sigo y leo desde hace tiempo. En el programa radiofónico que oía mientras conducía Del Molino hablaba con Concha Cardeñoso, traductora de la novela en la edición de Libros del Asteroide que es quien la ha publicado en España. Mis expectativas sobre ella tras escucharlos eran grandísimas. Sin desvelar nada de lo que ocurría en la narración pero sí aclarando el origen de la misma ambos expusieron algunos extremos de la novela que en 2020 ganó el National Book Critics Circle Award for Fiction y el Women’s Prize for Fiction

Sergio del Molino ensalzó especialmente la traducción de Concha Cardeñoso, extremo que he comprobado y -¡disfrutado!- por mí mismo durante la lectura. Sin duda alguna la precisión lingüística, el cuidado por encontrar el vocablo exacto a cada una de las situaciones es uno de los grandes valores de la novela. 


Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
Agnes, una muchacha peculiar que parece no rendir cuentas a nadie y que es capaz de crear misteriosos remedios con sencillas combinaciones de plantas, es la comidilla de Stratford, un pequeño pueblo de Inglaterra. Cuando conoce a un joven preceptor de latín igual de extraordinario que ella, se da cuenta enseguida de que están llamados a formar una familia. Pero su matrimonio se verá puesto a prueba, primero por sus parientes y después por una inesperada desgracia. 
Partiendo de la historia familiar de Shakespeare, Maggie O’Farrell transita entre la ficción y la realidad para trazar una hipnótica recreación del suceso que inspiró una de las obras literarias más famosas de todos los tiempos. La autora, lejos de fijarse únicamente en los acontecimientos conocidos, reivindica con ternura las inolvidables figuras que habitan en los márgenes de la historia y ahonda en las pequeñas grandes cuestiones de cualquier existencia: la vida familiar, el afecto, el dolor y la pérdida. El resultado es una prodigiosa novela que ha cosechado un enorme éxito internacional y confirma a O’Farrell como una de las voces más brillantes de la literatura inglesa actual


Prosigo con mi comentario. Resulta que la novela se titula "Hamnet", nombre que tuvo uno de los hijos de William Shakespeare. En la Inglaterra de finales del XVI el nombre Hamnet se utilizaba de manera indistinta con el de Hamlet. Y precisamente "Hamlet" es el título de la tragedia shakespeariana más conocida y alabada. Oyéndo hablar a  Del Molino con Cocha Cardeñoso pensé que la novela de Maggie O'Farrell se centraría sobre todo en la figura del dramaturgo isabelino. Y con esta expectativa mental es con la que comencé la lectura de la novela. Según avanzaba en ella con mucho gusto por mi parte, sin embargo en mi cabeza se iban deshaciendo como azucarillos las equivocadas ideas previas con que empecé a leerla. Pensaba -veo que equivocadamente- que la figura de William, el padre de Hamnet, tendría mayor relevancia en el relato, algo que no es así. Bueno, en realidad no es así y sí es así, dado que en el fondo la novelista en este relato muestra, entre otros muchos asuntos, las entrañas ocultas de la creación; en esta ocasión desciende hasta el motivo escondido, ignoto para los demás, por el que, ella imagina, se gestó  la tragedia shakespeariana del Príncipe de Dinamarca: algo tan cotidiano entonces como la muerte de un hijo. Esto, tras reflexionar sobre la lectura recién finalizada, me parece de quitarse el sombrero.

La verdad es que esta magnífica narración va precisamente de eso, de la vida cotidiana en Inglaterra a finales del siglo XVI: la vida, la muerte, la peste, las relaciones familiares, el teatro... El protagonismo recae especialmente en las mujeres y sobre todo en Agnes, la esposa del creador de "Hamlet" y padre de Hamnet. Agnes es quien con su esfuerzo, su magia, sus celos infundados o no, el amor a sus hijos, la mala relación con su madrastra, etc. llena y ocupa todo el relato. Es Agnes Hathaway (en la realidad histórica Anne Hathaway) la figura esencial en este relato. Es una mujer que vive muy en contacto con la Naturaleza de la que conoce todo o casi todo; es en cierta manera algo hechicera pues por transmisión materna sabe de las propiedades de no pocas plantas con las que fabrica remedios sanadores que sus vecinos valoran en lo que valen, motivo por el que la visitan  solicitándoselos. Al tiempo Agnes posee la capacidad de intuir el futuro y penetrar en el interior de la mente de las personas al presionarles con fuerza entre el pulgar y el dedo índice de la mano. Es ella una mujer independiente que no se amilana ante la presión familiar ejercida por su madrastra Joan, que lleva adelante sus propósitos sin arredrarse, y que anima a su marido simplemente por desprendido amor a que haga realidad sus deseos literarios aunque para ello deban de separarse marchando él a Londres y quedando ella a cargo de los hijos en Sttraford Upon Avon.

El marido de Agnes aparece siempre innominado, jamás se le cita por su nombre y mucho menos por su apellido a fin de no oscurecer en nada, de no empequeñecer la inmensa figura de la esposa Agnes y la de los otros personajes, que constituyen la cotidianidad en la que Él también se mueve. Aunque hay algún hombre como John, el suegro de Agnes. o Hamnet, el malhadado hijo, la mayoría de los personajes son mujeres: Judith, la hermana gemela de Hamnet; Susana, la muy responsable hermana mayor; los suegros: Mary, que cuida a Agnes como si fuera hija suya, y John, el guantero bebedor y mal negociante del que el marido de Agnes deberá escapar si quiere hacer algo en la vida; Eliza, Gilbert, Edmond, Richard, Mary que falleció («¿piensas en ella, todavía esperas oír sus pasos, su voz, su respiración por la noche?, porque yo sí, todo el tiempo. Todavía creo que un día me despertaré y estará ahí otra vez, a mi lado; que pasara algo, una arruga o un pliegue en el tiempo, y volveremos a estar donde estábamos cuando ella vivía y respiraba.», le dice Eliza a su madre Mary), y el esposo de Agnes son hijos de John y Mary; Bartholomew, hermano de Agnes; y por último estaría Joan, la segunda madre de Agnes y Bartholomew, que de su matrimonio con el padre de ellos «tiene seis hijos (ocho, contando a la hijastra medio loca y al idiota de su hermano, de los que tuvo que hacerse cargo cuando se casó)». Los seis hijos de Joan: Caterina, Joanie, Margaret, James, Thomas y William (el pequeño) apenas si tienen protagonismo en el relato. 

Es, como se ve, una galería grande de personajes -aún debería nombrar a algún otro como Ned (aprendiz ayudante del abuelo), Hewlands (el terrateniente fallecido al que el abuelo John adeudaba unas pieles que paga con clases de latín a los chicos menores por parte de uno de sus hijos), o Heminge (un amigo del padre de Hamnet, actor de la compañía teatral que éste tiene en Londres)...- en la que jamás, como ya he dicho, se cita por su nombre a William Shakespeare. Pero aunque nunca se le nombre explícitamente de fondo, y al tiempo en un primer plano, aparece su colosal figura abriéndose paso en el mundo de los corrales de comedias. El genio que hoy admiramos por su incontestable altura y nivel literario es mostrado en este relato visto desde la pequeñez de la vida doméstica: las dificultades económicas, la mala relación con el padre, el amor hacia los hijos, la relación con su mujer, la necesidad de la separación respecto a la familia para poder abordar el éxito en la capital...

Teatro isabelino, El Globe, Corrales de comedias
Sin duda alguna el motivo principal de la novela es la muerte de uno de los gemelos, el hijo al que la peste se llevó a pesar de los esfuerzos que la madre puso en impedirlo. En la época, la muerte de un hijo adolescente o de un bebé al poco de haber nacido e incluso, algo muy habitual, de la propia madre en el momento del parto no era algo infrecuente. Sin embargo -y eso es lo que en mi opinión Maggie O'Farrell se esfuerza en transmitirnos, lográndolo plenamente- mostrar el dolor de la madre que le dio la vida, que lo amamantó, que lo cuidó y fantaseó con su futuro no es materia frecuente en un relato. Aquí sí, y este es temáticamente el punto fuerte de esta narración: vemos a Agnes deshecha, desorientada, perturbada por la muerte de su hijo querido. Quizás, quien lea esta reseña pueda pensar en este momento que su marido es un desalmado al no sentir un dolor semejante al de Agnes ante la muerte del hijo. ¿Es así la cosa en verdad? Despejar esta duda es uno más de los alicientes que tiene la lectura de esta novela. Os animo a leerla y a disfrutar con ella.  

La autora, así nos lo indica ella misma al final de la obra, se ha documentado muchísimo. En la documentación que ha manejado no todo está claro. Por ejemplo el nombre de la mujer de Shakespeare aparece casi siempre como Anne y alguna otra vez como Agnes, nombre que ella ha preferido en su ficción. Sin embargo las fechas que se explicitan (matrimonio de Agnes y el padre de Hamnet en 1583; la peste y muerte del hijo en 1596; estreno de la tragedia "Hamlet" en 1601) son todas ciertas, verídicas y debidamente comprobadas.

Estilísticamente el relato avanza en contrapunto temporal en la primera parte de la novela, la cual finaliza con el fallecimiento del hijo adolescente. La distancia temporal es precisamente la marcada por las tres fechas señaladas, con el centro en la de 1596, basculando las otras dos narraciones hacia delante ('flash forward') y hacia atrás ('flash back') respecto a ésta. Conocemos así el noviazgo entre Agnes y «el preceptor de latín». la vida de Agnes antes de casarse, el domicilio anejo a la casa de los suegros, etc.

En la segunda parte el contrapunto es más espacial que temporal. Concretamente en esta parte Maggie O'Farrell juega sobre todo con las localizaciones: en Londres donde Shakespeare intenta abrirse camino en el mundo del teatro y la casa familiar en Strafford Upon Avon donde vive Agnes con los hijos y a la que acude no con la frecuencia debida el dramaturgo. Esta tardanza en regresar a casa despierta en la cabeza de Agnes el fantasma de los celos. 

Si hay algo magnífico por encima del resto en la novela, ello es el lenguaje utilizado. Es un lenguaje pleno de imágenes y metáforas («el dulzor punzante de manzanas caramelizadas», por eso de poner un ejemplo), de una precisión léxica extraordinaria. Se nota que Concha Cardeñoso, la traductora, se ha esforzado muchísimo por hallar el vocablo justo y fiel a la frase, a su contexto. Es un vocabulario preciso y adecuado para la época. Por ejemplo 'carriola' (cama baja con ruedas que se oculta bajo otra cama más alta); 'orillo' (remate de otro color de las telas); 'sebes' (Cercado de estacas altas entretejidas con ramas largas); 'buccino' (Caracol marino de concha pequeña y abocinada, cuya tinta solían mezclar los antiguos con las de las púrpuras y los múrices para teñir las telas); 'crespina' (Cofia o redecilla que usaban las mujeres para recoger el pelo y adornar la cabeza); yegua picaza (Dicho de un caballo o de una yegua: De color blanco y negro mezclados en forma irregular y manchas grandes.), etc.

Algunas citas:
  • «Una mañana de principios de primavera, unos quince años antes de que Hamnet vaya corriendo a casa del médico, un preceptor de latín se encuentra junto a esa misma ventana; ensimismado se tira del aro que lleva en la oreja izquierda.» (ejemplo de traslación en el tiempo. Muy cinematográfico)
  • «Las plantas y las uñas conservan todavía la suciedad que acababa de recoger de la vida: polvo en la calle, tierra del huerto, barrio de la orilla al río, donde se bañaba con sus amigos hace menos de una semana.» (ante el cadáver de un ser recién fallecido)
Mi experiencia de reseñador me dice que si la novela me ha gustado como es el caso no viene a cuento señalar algo negativo respecto a ella, por muy menor que esto sea. Y no viene a cuento ni conviene porque luego parece como si eso fuese lo más destacable del comentario. Y como no deseo provocar confusión alguna y mi intención y deseo es destacar la enorme valía de esta obra, me contendré. Sólo añadiré para finalizar que me encantan los libros que hablan de libros, los libros en los que aparecen autores trabajando sobre sus creaciones, aquellas historias en las que se entremezclan en equilibrada armonía la ficción y la realidad. "Hamnet" de Maggie O'Farrell es una de ellas.

Teatro isabelino, Strafford Upon Avon, Anne Hathaway
El teatro de El Globe de Shakespeare en Londres

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Nota:
Procuro en mis reseñas no incurrir en spoiler a fin de incitar a realizar la lectura del libro reseñado. Por ello, en esta ocasión, para no desvelar un extremo importante de la trama he ocultado esa información tachándola en color negro. Si alguien, pese a todo, deseara conocer dicha información no tiene más que seleccionar la frase tachada y podrá leerla sin problema alguno.

16 sept 2021

Clara Usón: "Noches de San Juan"; "Llévame hasta el cielo" de Nacho A. Llorente (A pares XXII)

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«Y luego esa obligación que parece que tengan todos los mariquitas de ser siempre graciosos, de estar de buen humor, de contar chistes, cuando en realidad están que echan pestes de la vida. Pero es que, si encima de marica fueras serio, la gente de este pueblo te odiaría. La gente de este pueblo y la de todas partes. Te dejan ser mariquita sólo si les diviertes. Si no, no te quieren ni ver.» (Noches de San Juan, capítulo 7)

Premio Femenino Lumen 1998
Es curioso cómo a veces parecen juntarse y casi ponerse en fila lecturas que se antojan escritas con una semejante finalidad. Leyendo "Noches de San Juan", primera novela que escribió Clara Usón en 1998, constantemente me venía a la memoria "La ceguera del cangrejo" de Alexis Ravelo reseñada en este blog hace apenas un mes [lee dicha reseña aquí]. ¿Cómo, siendo tan diferentes ambos relatos, puede haber algo que los relacione? Pues sencillamente porque pareciera que las dos narraciones están escritas con una intencionalidad equivalente: publicitar las bellezas de la localidad donde cada novelista sitúa la acción: Lanzarote en el caso de Ravelo, y Ciutadella (Menorca) en la de Usón. Si en el caso del escritor canario la acción le sirve para recorrer de norte a sur y de izquierda a derecha la isla conejera, la barcelonesa nacida en 1961 utiliza su relato para presentar a los lectores la belleza de las Fiestas de San Juan de Ciutadella. 

Lo llamativo e interesante es que Clara Usón presenta la vivencia de esta fiesta tradicional, cuyo origen se remonta según algunos al siglo XIV, desde la perspectiva de Juani, una chica adolescente de diecisiete años que junto a su hermano Domingo ha venido como feriante a Ciutadella desde Sant Boí en Barcelona. Su negocio en las Ferias de Sant Joan consiste en un humilde carro desde el que vende algodón de azúcar, pipas, cacahuetes, pistolas de agua, matasuegras, globos... A su lado, en la Feria, está la churrería de Aurora y un poco más allá el carrusel de caballitos del señor Antonio. Juani no hace más que hablar con Aurora que será, al tener unos dos o tres años más que ella, quien la introduzca en el sentido de las fiestas, le explique lo que cada uno de los integrantes en la misma significan, y también la lleve de marcha con sus amigos. Todos ellos le hablan de lo simpática que era su prima Mónica que es a quien ella, Juani, ha sustituido este año dado que Mónica se ha casado con «Roger, que es como Rogelio pero en catalán». Juani con su imaginación calenturienta, con lo que le cuenta Aurora  más lo que ella misma va viendo y sintiendo va creándose un mundo en su interior; un mundo equívoco que ella cree que va por un lado cuando la verdadera realidad camina por otro.

En el otro lado de las Fiestas de Sant Joan está el mundo de los clubs, de los garitos de la noche por donde pululan especímenes humanos de todo tipo. Concretamente la novela se centra en un local, el Macho's, un club de homosexuales donde Óscar trabaja de portero y de camarero trabajaba Paquito hasta hacía bien poco en que fue despedido por Roberto, el dueño del local. Óscar está ennoviado con Sandra, una mujer de bandera de la que Paquito le dice a Óscar que era transexual o travestí («José Moreno Rodríguez se llamaba tu Sandra»). En este submundo de garitos, chulos, chaperos y homosexuales se integra como pez en el agua Domingo, el hermano de la Juani.

Es la novela una historia de iniciación, de crecimiento personal, un 'bildungsroman' que dicen los estudiosos de la cosa, o sea, los narratólogos. Quien crece en los pocos días que dura la Fiesta, en esas Noches de San Juan, es Juani que cuando llegó a Ciutadella procedente de un barrio de Sant Boí era una pamema que sólo vivía de los culebrones que veía por televisión y de las imaginaciones que en su cabeza se construía. Era una ingenua. Pero las correrías que emprende con Aurora tomando 'pomadas' -los chupitos de alcohol fuerte típicos de las Fiestas- y presumiendo ante ella y los amigos de ésta de catalanidad:
«yo soy de Sant Boi total. Ahora tengo diecisiete años, o sea que, prácticamente, toda mi vida entera me la he pasado en Cataluña, ¡soy mucho más catalana que cacereña! A Cáceres sólo he vuelto dos veces. Cuando se murió mi abuelo la primera, y luego para la comunión de un primo mío. ¡Hablan de una manera más rara en Cáceres! Se comen las eses, ¿sabes?, como los andaluces. ¡No se les entiende nada! Y mis primos y mis tías de allá, todos me llaman la catalana, y me dicen que tengo mucho acento catalán

y las ilusiones, producto de su ingenuidad, que se hace con haber enamorado nada menos que al Caixer Senyor la llevará a realizar una serie de acciones que jamás había imaginado. No se puede decir más sobre esto; sólo insistir en que no hay cosa peor que construir castillos en el aire, ilusionarse sin base alguna, pues al no poder hacerse realidad, la desilusión sólo trae una cosa positiva: madurar. Efectivamente la Juani de la última página de la novela no tiene ya nada que ver con esa chiquita miope que fantaseaba con tonterías en su soledad; no, la Juani de ahora es una chica astuta e incluso algo cruel.

Caixer Senyor, Sa Capellana, s'home d'es bé
El marco en que acontece la historia de Juani y del resto de personajes es como ya he dicho, la Fiesta de Sant Joan de Ciutadella, una festividad cuyo origen se remonta al siglo XIV, y que, según he podido saber buscando por los entresijos de Internet, seguramente tiene motivaciones religiosas. Con el paso del tiempo se le han añadido algunos actos que difieren de la celebración original para darle un toque diferente. Una de las particularidades más curiosas de la fiesta es la representación de los diferentes estamentos sociales de la sociedad de la época: El Caixer Senyor representa a la nobleza, el Caixer Capellà representa al clero, los Caixers Pagesos representan a los payeses, y los Caixers Menestrals representan a los artesanos. Todos estos elementos de la Fiesta se unen a otros como 's’homo d’es be',  'Sa Capellana', y el 'Fabioler'.
«Estamos esperando a que venga el Caixer Senyor con s’homo d’es be y Sa Capellana, y todos los caixers. ¡Mira, por ahí vienen! ¿Ves? ¡Ese gordo con el tambor es el Fabioler! Y ese otro alto y moreno con el chaleco blanco es el Caixer Fadrí, y aquel con gafas, el Caixer Casat, el Siseo Mesquida, que es primo hermano de mi cuñado, y... ¡el Caixer Senyor!, ¡el Caixer Senyor! ¡Biel, Biel, es Caixer Senyor!»
El colorismo que proporciona este marco, el bullicio de los «caragols»: el Caragol de Santa Clara, el Caragol de Ses Voltes, etc. contrasta con otro bullicio menos elegante aunque quizás mucho más auténtico cual es el de los feriantes venidos de la península que hablan con modismos y vulgarismos propios de un hablante de un nivel cultural escaso:
  • «¡Señora, señora, por favor, que no se vaya, que me tiene que pagarme el globo, que se le ha volado a su niña, que no ha sido culpa mía! —exigió, casi imploró, Juani, ahora sí que de verdad espantada.» (la Juani quejándose a una clienta por no abonarle una compra).
  • «Ya se lo he dicho a la Estefa, le he dicho, digo [...] Te estás unos años currando y, a poco que ahorres, en cuatro o cinco años ya tienes tu montoncito para comprarte tu piso, o hasta para montarte con un par de coleguillas tu empresa tuya de seguridad, ¿me ves por dónde voy?» (le dice a Óscar Miguel Ángel, «el guarda jurado de la Caixa de Pensions que los fines de semana hace doblete y refuerza de noche la plantilla del Macho's»)
Son vulgarimos, agramaticalidades, frecuentes en el habla coloquial, que dan al relato una viveza y una "verdad" extraordinarias. Son frecuentes en el habla, ya digo, de los feriantes peninsulares, de empleados no cualificados como Óscar o Miguel Ángel y también de todo el submundo de homosexuales, mariquitas y chaperos que pululan por clubes como el Macho's y que en la novela están representados por Paquito y Sandra.

Ciutadella (Menorca), Festas de Sant Joan, Noche de San Juan
"Noches de San Juan"
dio a conocer a Clara Usón en 1998, quien a partir de esta novela decidió abandonar el mundo de la abogacía al que hasta ese momento había pertenecido y dedicarse en cuerpo y alma a la escritura. Fruto de esta dedicación son hasta el momento los títulos siguientes: 
  • Noches de San Juan (1998): Premio Femenino Lumen 
  • Primer vuelo (2001) 
  • El viaje de las palabras (2005) 
  • Perseguidoras (2007) 
  • Corazón de napalm (2009): Premio Biblioteca Breve de Seix Barral 
  • La hija del Este (2013): Premio Ciudad de Barcelona 2013 y Premio Nacional de la Crítica 2013 
  • Valor (2015) 
  • El asesino tímido (2018): Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2018
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Nota:
"Noches de San Juan" de Clara Usón entra a formar parte del Reto "Autores de la A a la Z" y del Reto "25 españoles"





"Llévame hasta el CIELO"

Llevaba tiempo queriendo ver actuar en directo a Lolita Flores. Como cantante nunca me gustó; por eso llamaba mucho mi atención leer desde hacía ya años elogiosas reseñas referidas a sus actuaciones teatrales. Lolita parece actriz versátil que tanto puede hacer reír ("Sofocos" en 2012 con Paz Padilla, Fabiola Toledo y Ana Hurtado. Una comedia que plantea en clave cómica el asunto de la menopausia) cuanto hacer vibrar al público con una interpretación desgarradora como según todos los cronistas realizó en "Fedra" de Eurípides (2018). Y al parecer como actriz sabe salir airosa tanto en obras donde sólo actúa ella como en el monólogo de "La plaza del diamante" de Mercé Rodoreda, cuanto en obras de elenco abundante como el "Don Juan Tenorio" que en 2010 representó junto al recientemente desaparecido Jordi Rebellón en el papel de don Juan.

Luis Mottola, Lolita Flores, Juan Carlos Rubio
Por todo lo dicho en el párrafo anterior es por lo que a primeros de este mes decidí acudir al Teatro Galileo hoy rebautizado como Teatro Quique San Francisco para ver por primera vez a Lolita y constatar si en mi opinión los elogios leídos sobre ella como actriz eran auténticos o no. Desde ya quiero confesar mi completa satisfacción al respecto. Tanto ella como su partenaire masculino en esta función, el actor argentino Luis Mottola, saben sostener con clase una obra de teatro escrita con la exclusiva finalidad de entretener al respetable. 

Que una obra persiga exclusivamente entretener al público, hacerle olvidar al menos durante lo que dura la representación sus problemas cotidianos es loable y desde siempre ésta ha sido una de las finalidades del teatro. Naturalmente que la obra adaptada por Nacho A. Llorente a partir de la "cuasi comedia" homónima también suya no pasará a la historia de la dramaturgia española como algo sublime, es evidente. Efectivamente estamos como mucho ante un ligerísimo vodevil planteado a partir de una posible situación: la de dos personas, un hombre y una mujer, que se quedan encerrados en la cabina de un ascensor. La sorpresa es que él se da cuenta de que ella a la que no conoce de nada sabe de él muchas cosas. 

En mi opinión la sinopsis que el programa de mano da al espectador que se dispone a ver la representación es explícito por demás. Creo que hay que dar menos información para que así el espectador disfrute más. No obstante y como creo que la obra ha finalizado por completo sus representaciones por toda España voy a reproducirlo aquí:

Imagina que lo has perdido todo. Imagina que tu vida ha quedado completamente vacía. Imagina que el mundo, las personas y el futuro te han abandonado para siempre. Imagina que no te queda nada por lo que vivir. Nada. 
Marcelo está dispuesto a hacerlo. Va a matar a su mujer. Va a matar a su amigo del alma. Va a subir a ese maldito ático que roza el cielo y va a acribillarlos a balazos. Y, después, va a saltar desde la terraza para marcharse de este mundo y seguir persiguiéndolos en el mismo infierno. Pero alcanzar su destino tiene un precio y Marcelo va a tener que pagarlo. En un asfixiante ascensor que se detiene, sin explicación, a vientos de metros sobre el vacío. 
Encerrado en ese ascensor con una mujer extraña y desquiciada que parece saber demasiadas cosas sobre él, el tiempo corre y parece que no hay salida hacia su libertad…

Tanto Lolita como Luis Mottola sacan adelante sus papeles con oficio. Hay humor en los diálogos equívocos que se cruzan entre sí, especialmente picantes los de ella, más que los de él a quien se le ve mucho más atribulado por la problemática conyugal que le ha llevado hasta ese rascacielos en el que piensa nada menos que matar y suicidarse después. A ella se la ve más relajada como dominando la situación, como estando por encima del bien y del mal. Esta sensación logran transmitirla Mottola y Lolita al público que disfruta con ellos y sus personajes. Muy bien los dos.

La puesta en escena es sobria y muy sencilla. La duración de la obra no supera los 90 minutos. Tanto la duración, como la puesta en escena, los diálogos y una serie de gags muy divertidos me hicieron recordar el Cine. Es más Ángela, el personaje de Lolita, realiza muchas alusiones al cine clásico. En parte el autor del texto realiza en la obra un homenaje al mundo hollywoodense tipo la peli "¡Qué bello es vivir! de Frank Capra o también a esas películas clásicas italianas tipo las de Alberto Sordi. El punto culminante de comicidad en la obra se alcanza cuando Ángela (Lolita) y Marcelo (Luis Mottola) intercambian sus roles con lo que las contradicciones entre ambos seres se multiplican provocando la risa del público. Lolita, momentáneamente en el rol de hombre, y Mottola en el de mujer consiguen la hilaridad gracias a su muy buen saber hacer.

No quiero entrar en más pormenores para no matar el gusanillo de saber más. Animo a que se lea la obra de teatro original de Nacho A. Llorente de la que nace la adaptación actual. 



Nacho A. Llorente
(Madrid, 1968) es filólogo, periodista y escritor. Trabaja como experto en comunicación y como asesor y coach especializado en creatividad, lenguaje, comunicación emocional y persuasión. Además de Llévame hasta el cielo, es autor de otros textos teatrales (Cretinos, Trilogía de la piel) y de ficción.

En el ámbito artístico, ha adaptado, producido y dirigido en teatro El acompañamiento, de Carlos Gorostiza. En 2007, recibió mención especial del jurado en la sección de mercado TV Market del Festival de Cine de Málaga por su formato de televisión multimedia El incidente.

También es cantante y desde 2004 gira con diferentes formaciones de género big band, R&B, góspel, pop y soul; y entre 2011 y 2017, lo hizo con una formación vocal sinfónica con temporada permanente en el Auditorio Nacional de Música de Madrid.
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"LLÉVAME HASTA EL CIELO" es la primera producción de Lolita Flores con la recién formada productora LERELE PRODUCCIÓN. 

12 sept 2021

Eça de Queiroz: "El mandarín".

14 comentarios:

«En lo más remoto de la China existe un mandarín más rico que todos los reyes de que hablan las fábulas o la historia. Nada conoces de él, ni el nombre, ni el semblante, ni la seda de que se viste. Para que heredes su infinita fortuna, basta con que toques esa campanilla, puesta a tu lado sobre un libro. Él dará tan solo un suspiro en los confines de Mongolia. Será entonces un cadáver; y tú verás a tus pies más oro del que puede soñar la ambición de un avaro. Tú, que me lees y eres hombre mortal: ¿tocarás tú la campanilla?»

Creo haber dicho en más de una ocasión que algunas de las lecturas que realizo vienen en parte motivadas por mi participación en algún Reto lector propuesto por blogs amigos. Uno de mis favoritos es el de "Autores de la A a la Z" que promueve Marisa desde su blog "Lecturápolis". Apellidos de autores que comiencen por la letra 'Q' no abundan; repasando listados de autores topé con uno, el del portugués José María Eça de Queiroz, de quien hacía ya unos años que no leía nada. Miel sobre hojuelas, me dije. Así que dicho y hecho. Me puse a leer una de sus novelas menos conocidas: 


"El mandarín"

Cuando estudiaba Literatura y llegábamos al Realismo junto a los grandes novelistas rusos, franceses y españoles se deslizaba, como sin querer molestar a nadie, un portugués: Eça de Queiroz. Naturalmente, aparte de Galdós y Clarín de los españoles; Flaubert, Dostoievski y Tolstoi de los extranjeros, pocos autores más leíamos en esos años de estudio. Ni por soñación se nos ocurría leer a Eça de Queiroz; nos parecía, no sé, como algo menor, alguien insignificante al lado de los anteriores. Hubieron de pasar varios años para que ya en la madurez, sin el agobio de la obligación, leyera con mucho agrado varias novelas del escritor portugués. Pasaron por mis manos "El primo Basilio", "Los Maia", "El crimen del Padre Amaro", "El misterio de la carretera de Sintra"..., todas ellas novelas de corte realista escritas durante las décadas 70 y 80 del siglo XIX.

Literatura portuguesa, Eça de Queiroz,Realismo y Naturalismo
La novela que he leído ahora, "El mandarín" ('O Mandarim') es de 1880 y apareció publicada tras tres de las citadas en el párrafo anterior y antes de la que es tenida por su mejor obra, "Los Maia", que es del año 1888. "El mandarín" es una excepción dentro de la narrativa de Queiroz al ser una obra imaginativa, de fantasía, totalmente alejada de la literatura salida de la observación -Realismo y Naturalismo- que por esos años se estilaba. El mismísimo escritor cuando en 1884 una revista literaria francesa eligió esta novela para incluirla en su publicación como muestra de la literatura que por entonces se estaba haciendo en Portugal escribió al redactor jefe de la misma para explicar la excepcionalidad de la obra elegida dentro del Realismo, la corriente narrativa con la que el escritor portuense se identificaba.

En la novela Teodoro, un joven oficinista que vive de pensión en casa de doña Augusta, lee en un libro adquirido en una librería de viejo que en China vive un mandarín inmensamente rico; si Teodoro tocase una campanilla este mandarín moriría de inmediato y todas sus riquezas serían heredadas por él. Al poco de haber leído tal cosa el Diablo se materializa ante Teodoro y le insta a tocar la campanilla, cosa que el joven escribiente hace. No ocurre nada durante unas semanas de manera que Teodoro llega a olvidar el asunto como si de un sueño se hubiera tratado. Pero un buen día se presenta ante él un hombre que le comunica que en la banca Rothschild de Londres tiene una serie de pagarés a su nombre a cuenta de ser el único heredero de la inmensa fortuna del fallecido mandarín Ti Chin Fu. 

El joven Teodoro una vez que se hace con parte de los millones de los que es poseedor se dedica a ser un 'bon vivant': vivienda lujosa, criados, coches de caballos, amantes, restaurantes... Todo lo que en su pobreza anterior ansiaba lo hace ahora realidad. Sin embargo y de manera recurrente la imagen del mandarín se le muestra inopinadamente en su habitación, en sus sueños, en cualquier lugar haciendo que comience a pensar con gran sentimiento de culpa que su fantástica vida se debe a la pobreza en que habrán quedado sumidos los familiares del mandarín fallecido. Por esto decide viajar a China para en lo posible enmendar esta enorme injusticia. Allí en China ve que mandarines llamados Ti Chin Fu hay varios. Es difícil por no decir imposible devolver los dineros.

Teodoro tras sufrir varios robos en China y vivir la tediosa y lujosa vida de las legaciones europeas en Pekín se refugia en un monasterio desde donde escribe a sus asesores legales en China para que localicen a la viuda del mandarín fallecido por su causa y le entreguen el dinero, algo que estos no pueden realizar. Entonces decide abandonar la China, volver a Lisboa y allí retomar su vida de oficinista y realquilado. En un momento en que de nuevo la imagen de quien le entregó el dinero se le aparece Teodoro le pide encarecidamente que resucite al Mandarín, que no quiere para nada esos dineros. El sentido moral del relato se explicita en una especie de moraleja: 

«Sólo tiene buen sabor el pan que día tras día ganan nuestras manos. ¡No matéis nunca al Mandarín!».

José María Eça de Queiroz vivió de 1845 a 1900. Estudió Derecho, ejerció la abogacía y su principal dedicación aparte de la literatura fue la diplomática ejerciendo funciones consulares en La Habana, Newcastle y Bristol. Muy importantes fueron los muchos viajes que realizó que le permitieron conocer diferentes culturas. Viajó por Egipto, Europa, China, Estados Unidos, Brasil, etc. Precisamente en "El mandarín" es relevante el conocimiento que demuestra de la cultura china y de la variada geografía de este inmenso país oriental. En cuanto a la cultura, la xenofobia de los europeos hacia los chinos queda patente en el relato:
  • «¿Qué hacía allí sino exponerme, por mi riqueza, a los asaltos de un pueblo que desde hace cuarenta y cuatro siglos, piratea en los mares y asola la tierra por la rapiña?​»
  • «¡Qué largos y lúgubres me resultaron los días de navegación desde Tien-Tsin a Tung-Chu, en barcos chatos, nauseabundos por el olor de los remeros chinos!»
El escritor disfruta en esta novela del abandono de la pura realidad sumergiéndose en descripciones que evocan la sensualidad y lujo orientales que tanto gustaba al Parnasianismo francés. Conviene hacer notar que Queiroz como buen hombre ilustrado del momento era un enamorado de Francia, en especial de París, donde por esos años está abriéndose paso con éxito creciente ese movimiento literario que pretendía huir por igual del Posromanticismo cuanto del Realismo literario. 
«Los clientes, en un silencio sepulcral, leves como sombras, van examinando las preciosidades, porcelanas de la dinastía Ming, bronces, esmaltes, marfiles, sedas, armas taraceadas, los maravillosos abanicos de Swa-Ton; a veces, una bella muchacha de ojos rasgados, túnica azul y amapolas de papel en las trenzas, desdobla una pieza de raro brocado ante un obeso chino, que lo contempla religiosamente, con los dedos cruzados sobre el vientre; al fondo, el comerciante presuntuoso e inmóvil escribe con un pincel sobre largas tablillas de sándalo. Un perfume dulzón surge de las cosas, llenándolo todo de melancolía...»
Vecino a este gusto por el orientalismo e incluso inserto en él está el erotismo que en esta novela de Eça de Queiroz aparece tanto en la estadía del joven protagonista en Lisboa cuanto en su viaje por la lejana China. Nada más saberse millonario Teodoro se confiesa a sí mismo que con tal cantidad de dinero «¡Ninguna de las mujeres que veía se negaría a ofrecerme su seno desnudo a una señal de mi deseo!». Y luego ya en China, ante la hermosura de Vladimira, la generala, de la legación rusa en Pekín, que colabora con él para localizar al Mandarín, Teodoro sucumbe a sus encantos y confiesa la emoción, sensualidad y erotismo que lo embarga
«¡Qué bella estaba con sus vestidos de dama china! En sus cabellos recogidos relucían flores de melocotonero y las cejas parecían más puras y negras avivadas con la tinta de Nankín. La blusa de gasa, bordada en soutache de filigrana de oro, cubría sus senos pequeñitos y erguidos; unos amplios y flojos pantalones de foulard color muslo de ninfa, que le daban una gracia de harén, caían sobre sus finos tobillos, cubiertos por unas medias de seda amarilla; en su chinelita apenas cabían tres dedos de mi mano...»
Esta sensualidad, este erotismo subyugante, casa perfectamente con el descreimiento militante que el narrador en primera persona que es Teodoro muestra a lo largo de la novela. Desde el inicio insiste en la superchería que para él son las creencias religiosas, aunque sin embargo en algún momento de máxima dificultad o situación aparentemente irresoluble opte por volver a implorar a las deidades hace nada denunciadas por inútiles y falsas. Quizás en esta aparente contradicción lo que Queiroz quiera mostrar sea, más que irreligiosidad o ateísmo, un acendrado anticlericalismo; y encuentra en la ironía, en el  humor crítico con su patria y cultura portuguesas, la mejor manera de manifestarlo  
  • «Tenían que llegar mejores tiempos, y para adelantarlos yo hacía como portugués y como constitucional todo lo que debía: rezaba todas las noches a Nossa Senhora das Dores y compraba décimos de lotería.»
  • «Rezo, es verdad, a Nossa Senhora das Dores, porque así como solicité clemencia a mi profesor para obtener mi título, así como para conseguir mis veinte mil reis imploré la benevolencia del señor diputado, de igual modo, para librarme de la tuberculosis, de la angina de pecho, del navajazo de algún rufián, de la cáscara de naranja resbaladiza con la que se rompe uno la pierna, de otros males públicos, necesito contar con una protección sobrenatural.»
  • «Por desgracia, yo no creía en Él... Recurrí, pues, a mi antigua divinidad particular, a mi ídolo dilecto y madrina de mi familia, Nossa Senhora das Dores. Pagado magníficamente, un ejército de curas y canónigos, en las catedrales urbanas y en las capillas de las aldeas, pedía a Nossa Senhora das Dores que tendiera su mirada hacia mi mal interior...»
En esa crítica que Eça de Queiroz deja traslucir hacia su país me he sentido como español bastante identificado pues los españoles solemos pensar y obrar de idéntico modo.

Para finalizar no quisiera dejar sin destacar el fuerte culturalismo que muestra el escritor. Por doquier aparecen referencias a autores bien por su nombre como Voltaire o a través del título de alguna de sus obras como hace con el fundador del Naturalismo, Emile Zola, de quien cita sin nombrarlo a él  "L'asommoir". En otros momentos el derroche cultural que hay en esta novela de fantasía lo realiza a través de la figura retórica de la antonomasia, o sea, citando el nombre de personajes de ficción como por ejemplo el de  Trimalción de la novela "Satiricón" del romano Petronio o de personajes históricos reales como por ejemplo el emperador romano Heliogábalo para así transmitir sin citarlas una serie de cualidades o comportamientos presentes en el susodicho personaje. Evidentemente este recurso exige del lector un cierto nivel de conocimientos, algo que por los años en que se escribe "El Mandarín" reivindicaban un buen número de creadores, entre ellos naturalmente los seguidores del Parnasianismo francés.

Con lo anterior no quiero decir que Eça de Queiroz sea un autor seguidor de Gautier o de Leconte de Lisle, no, para nada. Lo que sí intento explicarme a mí mismo es cómo sería que él, que era un autor que se confesaba realista y naturalista, escribiese esta novela de fantasía condimentada con gotas de orientalismo, sensualidad y erotismo. Y la verdad es que me doy por satisfecho con mi elucubración anterior. Naturalmente lo que digo no es dogma, claro, no lo es siquiera para mí mismo; a lo más simplemente es una explicación plausible de la que partir para debatir y disentir. Porque lo claro y definitorio en la literatura general de José María Eça de Queiroz es su militancia estética en el Realismo y el Naturalismo, algo que hasta en esta excepcional novela suya también se puede ver, especialmente en su fuerte anticlericalismo y en la crítica a la injusticia que representa la desigualdad social:
«[...] como si la oración y el reino de los cielos fuesen una conquista y no aquel ficticio consuelo controlado por los poderosos, para aplacar a quienes nada poseen... Soy un burgués y sé que mi clase ofrece paraísos lejanos y deleites indescriptibles para que los pobres no reparen en las riquezas de que disfrutan y las propiedades que las sustentan.»

"El mandarín" es sobre todo una novela que persigue hacer reflexionar. Reflexión que queda encerrada en la siguiente frase dirigida directamente al lector:

«No quedaría ni un solo mandarín vivo si tú pudieses, tan fácilmente como yo, eliminarlo y heredar sus millones, ¡oh, lector!, criatura improvisada por Dios, obra mala de un mal barro, mi semejante y mi hermano!»

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Nota:
Como digo al inicio de la reseña, el autor Eça de Queiroz me sirve además para ir avanzando en la consecución del Reto 'Autores de la A a la Z' del blog Lecturápolis. Al tiempo este clásico viene a sumarse a la consecución, alcanzada ya de sobra, del Reto 'Nos gustan los clásicos' del blog Un lector indiscreto.



José María Eça de Queiroz, Portugal
Ficha técnica de "El Mandarín"


Nº de páginas: 120
Editorial: EL ACANTILADO
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788496834019
Año de edición: 2008
Plaza de edición: BARCELONA
Traductor: JAVIER COCA SENANDE, RODRÍGUEZ AGUI




5 sept 2021

Bohumil Hrabal: "Trenes rigurosamente vigilados"

26 comentarios:

«Ese año, el año cuarenta y cinco, los alemanes ya no dominaban el espacio aéreo de nuestra ciudad. Y menos aún el de toda la región, el del país.Los ataques de la aviación habían desbaratado las comunicaciones de tal manera que los trenes de la mañana pasaban al mediodía, los del mediodía por la tarde y los de la tarde por la noche, así que a veces sucedía que el tren de la tarde llegaba sin un minuto de diferencia, con lo que marcaba el horario, pero eso se debía a que era el tren de pasajeros de la mañana que llevaba cuatro horas de retraso» (Inicio de la novela)

He conocido a Bohumil Hrabal gracias a la reseña que mi amiga Lorena de "El pájaro verde", blog literario que no me cansaré de recomendar a cualquiera que quiera ir sobre seguro en cuestión de lecturas, hizo de "Una soledad demasiado ruidosa", novela que el autor publicó en 1976. El comentario de Lorena sobre esa novela me pareció fascinante y me hizo buscar en las bibliotecas que frecuento obras del escritor checo. No la encontré, pero sí otra de la que se hablaba elogiosamente en varias de las referencias que sobre ella me aparecían por Internet. La he leído con mucho gusto y es la novela que reseño aquí.
 
Bohumil Hrabal (1914-1997) es un escritor checo que vio interrumpida su juventud en 1938 por la entrada de las tropas alemanas en las regiones, entonces checoslovacas, de Bohemia y Moravia. El joven Hrabal contaba por entonces 24 años y le encantó poder abandonar unos tediosos estudios de Derecho y convertirse en obrero como la mayoría de los universitarios dada la necesidad de mano de obra que la maquinaria de guerra alemana precisaba para la guerra en ciernes. Hrabal comenzó su vida laboral con un curso de ferroviario, profesión que ejerció durante los años de la guerra mundial; algunas de sus experiencias en este trabajo están en la base de esta novela. Una novela que es un auténtico bildungsroman, es decir, novela de iniciación en un amplio sentido: iniciación de su autor a la vida real plasmada en la iniciación a la vida adulta de Milos Hrma (narrador protagonista y alter ego del propio escritor) tanto en su faceta amorosa cuanto en su papel de luchador por la libertad de su patria ocupada por los alemanes.

"Trenes rigurosamente vigilados"
"Trenes rigurosamente vigilados"
es una novela dura aunque salpimentada con una serie de gags y humor negro que la hacen digerible y muy agradable de leer. Sé que el concepto de "gag" se aplica especialmente al cine referido a algo que transmite humor a través de imágenes generalmente sin el empleo de las palabras, pero creo que aquí el mismo viene más que pintiparado. Ya en la Presentación de la novela, Monika Zgustova, escritora y traductora checo-española de quien no he leído nada aún, afirma con rotundidad de Bohumil Hrabal que «su obra -novelas, narraciones y poemas-, se inspira especialmente en 'Las aventuras del buen soldado Svejk' de Joroslav Hasek, una novela repleta de gags y humor negro que rezuma sabiduría popular». Quizás también por esto la novela de Hrabal aparecida en 1965 fue rápidamente llevada al cine en una película del director checo Jiri Menzel (1938-2020) que se alzó en 1967 con el Oscar a la mejor película de habla no inglesa.

De la novela, sinópticamente, dice la propia editorial Seix Barral que la publica lo siguiente:
«Una divertida y entrañable historia sobre la resistencia frente al invasor alemán durante la Segunda Guerra Mundial protagonizada por los empleados de la estación de tren de un pequeño pueblo checoslovaco cerca de la frontera con Alemania. El descubrimiento del amor y del deseo están presentes en el despertar al mundo adulto de Miloš, aprendiz y verdadero héroe de la novela, que sigue los pasos del hedonista factor de la estación tras la atractiva telegrafista, y que deberá probar su valor arriesgando la vida para sabotear un tren enemigo cargado de munición

Los personajes más importantes son el factor ferroviario Ladislav Hubička, hombre que triunfa con las mujeres y a quien el chico Hrma ansía parecerse; el propio narrador-protagonista Milos Hrma que acabo de nombrar; Zdenička, la telegrafista Zdenka Svatá, cuya anecdótica relación con Hubička, da aire al relato colocando una sonrisa en los labios del lector; los condes Kinsky que viven de espaldas a la estación ferroviaria en todos los sentidos y por quienes el estrafalario jefe de estación Lánský tiene un desmedido interés; Mása, la chica con la que Milos Hrma tiene su primera y desastrosa experiencia amorosa; el consejero Zedníček que investiga el asunto de unos sellos aparecidos en el trasero de la telegrafista Zdenička; Bohous, terrible ayudante del carnicero; Viktoria Freire, miembro de la Resistencia que entrega un paquete al factor Hubička y da una clase práctica a Milos sobre cómo proceder con una mujer; y otra serie de personajes como el ingeniero Honzik, el jefe de movimiento Slusny, o el ioven soldado alemán que al final del relato muere de un disparo en el vientre y que como a tantos otros jóvenes durante esos terribles años de la IIª Guerra Mundial la suerte no acompañó pese a llevar en su cartera un trébol de cuatro hojas.

Bohumil Hrabal utiliza esta novela para reivindicar el patriotismo de los checos patente en la lucha de estos funcionarios ferroviarios frente al invasor. Es un invasor, en este caso alemán, pero por la fecha en que la novela ve la luz, 1965, la lucha patriótica puede entenderse extendida contra el invasor soviético que de facto ocupó Checoslovaquia en mayo de 1945 al entrar las tropas rusas en Praga liberando al país de los nazis. Contra la pertenencia al Pacto de Varsovia los checoslovacos, al igual que antes los húngaros, se rebelaron pero en ambos casos, unos en 1956 y los compatriotas de Hrabal  definitivamente en 1968, vieron frustradas sus expectativas y hubieron de esperar a la caída de la URSS en 1991 para escapar de su influencia. Desde 1960 los checos iniciaron un proceso de progresiva desestalinización y liberación en todos los aspectos del yugo soviético. Este paulatino ritmo de cambio y abandono de las estrictas reglas de la economía planificada llegó a su cénit en 1968 en la denominada Primavera de Praga que acabó trágicamente con la entrada de los tanques del Pacto de Varsovia en el país igual que 12 años antes había ocurrido en Hungría. "Trenes rigurosamente vigilados" también contiene, pues, en el patriotismo de sus personajes un velado mensaje contrario a esa otra ocupación que, sin verse, sufría el país en esos momentos. Es un patriotismo envuelto en humor como cuando el Jefe de Estación acaba con todas las palomas mensajeras alemanas procedentes de Nuremberg que tenía en el palomar y las sustituye por palomas polacas a las que habla como si fuesen personas.

La novela es corta y se lee muy bien. tiene un estilo muy definido en el que hay abundancia de construcciones coordinadas en polisíndeton, o sea, dicho en 'roman paladino', con abundancia de conjunciones. Esta manera de presentar la hilazón entre proposiciones transmite al lector la sensación de orden de los elementos en el transcurso temporal y de visualización de los sucedidos. También -todo hay que decirlo- al estar el relato narrado en primera persona por un joven, -podríamos decir un ser humano 'en construcción'-, esta manera de contar es reveladora de una inseguridad manifiesta en el personaje durante muchas páginas de la novela. Al final de la misma los acontecimientos se precipitan, el joven Milos Hrma ha crecido exponencialmente en todos los sentidos y el estilo del relato muda pasando a una mayor presencia de construcciones subordinadas y en yuxtaposición, sin tantos nexos conjuntivos. Esta transformación del estilo para marcar la evolución del personaje me parece todo un hallazgo, me encanta.

  • Dureza del relato
    • «[...]Y el último vagón de aquel hospital era un furgón abierto, dos enfermeros desnudaban allí del hábito hospitalario a un cadáver al que después tiraron a un montón de cadáveres rígidos de soldados que habían muerto durante el viaje…, y luego el hospital rodante se alejó, el farol rojo del final brillaba y tintineaba y se estremecía y sonaba.»
    • «cerditos con las patitas heladas, [...] cabritos con las patitas atadas con cordel que se les gangrenaban, [...] una pata de vaca despellejada, inmóvil, azulada [...]»
  • El estilo
    • «Y el jefe de estación salió al andén con aquellas palomas polacas, hizo una reverencia a la condesa, que atravesó las vías y llevo al caballo al galope hasta la estación y bajó del potro con mucha suavidad, su pantalón de montar sólo rozó la silla de cuero, y después el jefe de estación le besó la mano, y rodeado de palomas polacas o andando con ella, y la señora condesa, como si fuera lo más normal del mundo, no se asombró en lo más mínimo por aquellas palomas sino que ella misma les ofreció el guante para que se pasaran mientras hablaba con el jefe de estación.»

En resumen, a mí esta novela corta me parece que está muy bien. Es algo distinto a lo habitual. Pese a escribirse en 1965 en una Checoslovaquia que luchaba por hacer reformas que la permitiesen ir escapando de la férula soviética y basarse en verídicas experiencias vividas por el propio escritor durante la guerra en su país ocupado por los nazis, "Trenes rigurosamente vigilados" contiene momentos ciertamente duros, otros muy simpáticos, y también mucho humor porque la vida hay que afrontarla como nos sobrevenga; exactamente esto es lo que hace su protagonista y narrador, Milos Hrma,  un joven que se asoma a la vida adulta y que en el relato vemos crecer en todos los sentidos. 

Me encanta de esta novela que Bohumil Hrabal trate a los personajes con empatía, incluso a aquellos que por definición debieran de resultarnos odiosos. No en vano, como descubre la prologuista Monika Zgustova, esta narración el autor la construyó a partir de una narración anterior, llamada "La leyenda de Caín", inspirada por "El extranjero" de Albert Camus. En la historia cainita existe fratricidio, en la de Camus, suicidio y en la de "Trenes rigurosamente vigilados" un amable y desprendido homicidio contra uno mismo. Todo esto hace que esta novela corta, presentando situaciones duras por sí mismas, sin embargo sea «un libro sonriente, divertido y travieso». En el escritor, incluso en el final que puso a su vida, también todo es, como patentiza en este  libro, normal, corriente, consciente y lleno de sentido. «Terriblemente humano».


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Nota:
Esta novela es un título más que agrego a la lista de libros clásicos leídos para así ir completando la Vª edición del Reto "Nos gustan los clásicos" del blog "Un lector indiscreto" que administra con criterio y acierto Francisco.


Ficha técnica de "Trenes rigurosamente vigilados"


Nº de páginas: 152
Editorial: SEIX BARRAL
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ASIN:B01N45RE2N
Año de edición: 2017
Plaza de edición: BARCELONA
Traductor:FERNANDO DE VALENZUELA VILLAVERDE








31 ago 2021

George Eliot- "El molino del Floss"

15 comentarios:

«[Maggie Tulliver] podía inventar mundos soñados, aunque ahora ninguno le resultaba satisfactorio. Quería alguna explicación sobre la dura vida real: sobre su taciturno padre, sentado a la triste mesa del desayuno; su madre infantil y desconcertada; las pequeñas tareas sórdidas que llenaban las horas, o el opresivo vacío de un ocio tedioso y sombrío» (Cap. II del Libro Cuarto del Volumen II)

Mary Ann Evans, El molino del Floss, George Eliot
No había leído nada de George Eliot hasta el momento. Sabía, eso sí, que bajo este nombre masculino se escondía una mujer. En la británica sociedad victoriana en la que nació y vivió Mary Ann Evans (1819-1880), auténtico nombre de la escritora, no estaba bien visto que una mujer fuese independiente y viviese de su propio esfuerzo laboral.

La escritora
Mary Ann nació en 1819 en una granja en Nuneaton, Warwickshire, Inglaterra, donde su padre era administrador de fincas. Fue la hija menor y una de las favoritas de su padre, y recibió una buena educación para una mujer joven de su época. Durante su adolescencia se convirtió en una cristiana evangélica muy practicante. Pero según fueron pasando los años y fue realizando decisiones personales muy criticadas por el entorno social y religioso (la principal sin duda fue la "unión" libre con George Henry Lewes, editor de The Leader, quien no pudo divorciarse de su primera esposa. Ambos amantes vivieron armoniosamente juntos durante los siguientes 24 años), el ostracismo social y las dificultades económicas que esta decisión personal les causó propició que ella decidiese ocultarse bajo el seudónimo de George Eliot y publicar obras literarias que de otro modo jamás habrían sido aceptadas por el público británico del momento.

Además de la novela que aquí reseño aparecida en 1860, Eliot publicó otras obras de ficción como "Adam Bede" (1859), "Silas Marner" (1861), "Romola" (1863) y "Middlemarch" (1872). Quizás sea esta última la mejor de todas ellas, aunque al no haberla leído nada puedo añadir de mi propia cosecha, tan sólo hacerme eco de lo dicho por autores tan respetados como Virginia Wolfuna de las pocas novelas escritas para adultos», dijo de ella), Martin Amis y Julian Barnes que describieron esta novela como la mejor escrita en lengua inglesa. Habrá que leerla, es evidente.

Mary Ann Evans realizó traducciones, la principal la que hizo del ensayo de Feuebarch "La esencia del cristianismo". La traducción de esta obra unida a la lectura que realizó en plena adolescencia de "Una investigación sobre los orígenes del cristianismo" de Charles Hennell sirven para comprender su abandono de la fe y la adopción de un agnosticismo respetuoso con las creencias ajenas. 

También la escritora inglesa cultivó la poesía en la que tocó temas importantes para ella, en especial el de la fe y la independencia femenina, asuntos que en muchas de sus obras narrativas quedan diluidos dentro de esa sociedad tradicional que suele mostrar. En español no hace muchos años la editorial Torremozas publicó una antología de su obra poética titulada "La oscuridad radiante".



"El molino del Floss"
Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
Inspirada en gran parte en los recuerdos de la infancia de la autora, El molino del Floss gira en torno al desigual destino de Tom y Maggie Tulliver, los hijos del molinero. A pesar de la inteligencia natural de Maggie, es Tom, por ser varón, quien recibe la educación y en quien el padre de ambos confía para hacer frente al futuro del molino. Cuando los niños se acercan a la juventud la desgracia económica cae sobre los Tulliver, y los hermanos se ven obligados a enfrentarse a las dificultades. Maggie, alter ego de Eliot, es uno de los personajes más fascinantes de toda su producción, una mujer sensible y apasionada encerrada en un ambiente vulgar, monótono y, con frecuencia, ruin.. A pesar del patetismo progresivo de la novela, un fino humor, altamente crítico, está siempre presente. Considerada, después de Middlemarch (1871-1872), la mejor obra de Eliot, El molino del Floss refleja al igual que ésta, a través de los conflictos morales de sus personajes, la preocupación metafísica de la autora.

Mi comentario
La verdad es que si no hubiera sido por la reseña laudatoria realizada por Marta Navarro en su magnífico blog "Cuentos vagabundos" y el Reto 'Serendipia Recomienda 2021' creo que las aguas del río Floss seguirían moviendo la rueda del molino del señor Tulliver sin que yo me hubiese acercado a conocer las vicisitudes de su familia. Pero ver que una buena degustadora de literatura seleccionaba de entre todas sus lecturas del año 2020 ésta y otras dos más para el Reto Serendipia que consiste en recomendar libros que han gustado a quien lo hace por algo especial me animó a llenar esta laguna imperdonable en mi formación literaria. A esto se añadió el verano, época propicia para lecturas extensas, algo que ésta efectivamente lo es, casi 600 páginas.

La novela se estructura en tres grandes apartados (volúmenes) en los que se desarrolla la peripecia de la familia Tulliver. En el volumen I nos enteramos de cómo están las cosas en el mundo que rodea a la niña Maggie Tulliver: la economía familiar, el afecto que siente por su hermano Tom, el distinto nivel económico de su familia materna -los Dodson- y paterna, mucho más humilde. En el II asistimos a la ruina de la familia Tulliver al haber devuelto el padre por puro sentimiento de orgullo un préstamo a los Gleggs, familia de su mujer Bessy. Esto provocó que el molinero tuviese que pedir un préstamo con garantía hipotecaria del molino al señor Waken; en un momento dado al no poder realizar los pagos debidos el señor Tulliver, Waken lo ejecutará dejando a la familia de Tom y Maggie en la ruina. Por último y como no podía ser de otro modo, en el volumen III, los esfuerzos realizados por Tom harán que las aguas vuelvan a su cauce y que los Tulliver recupere el nivel que les corresponde, aunque para ello hayan tenido que aprender en carne propia la lección de que el orgullo nunca es bueno.

En el marco de esta anécdota presentada de manera lineal el narrador omnisciente que cuenta la historia, un narrador que claramente es la propia escritora, quien pese a ocultarse bajo un nombre masculino no puede evitar que se la reconozca cuando al inicio del volumen III en un momento en el que emite juicios y reflexiones a partir de lo que realizan los personajes se le cuela (?) un indefinido generalizador "una" que en mi opinión revelaba -quizás intencionadamente por parte de la autora- que bajo el seudónimo masculino de George Eliot se escondía una mujer: [refiriéndose a Lucy, prima de Maggie, la autora reflexiona] «espero que no consideres, lector, indicio de que la vanidad se imponía sobre otros impulsos más tiernos el que echara algún vistazo al espejo de la chimenea cuando sus pasos la acercaban a éste. El deseo de saber que una no ha tenido aspecto de espantajo  durante las escasas horas de conversación puede considerarse parte de una atención laudable y generosa hacia los demás.»

Es evidente que tras la figura del narrador está la propia Mary Ann Evans que reflexiona y emite juicios sobre los comportamientos de sus personajes tal y como ella misma en la vida real podría hacerlo en animada conversación con sus vecinos o amigos. Son los lectores, o sea nosotros mismos, los receptores de sus razonamientos; así en un momento dado en que Riley, amigo y consejero del padre, censura que Maggie esté leyendo "La historia del Diablo" de Daniel Defoe por considerarlo inadecuado para una niña, la narradora-autora al quedar el asunto sin resolverse adecuadamente comunica que «la llegada de la cena aplazó oportunamente esta dificultad y alivió al señor Riley de la tarea de sugerir alguna solución o compromiso, misión que, sin duda, se habría encomendado porque, como habrás visto, lector, era un hombre muy atento y servicial». E igualmente al ir presentando la vida de los dos hermanos Tulliver ella misma hasta se hace cómplice del sentimiento del lector llegando incluso a disculparse con él como responsable diciéndole «Comparto contigo, lector, esa sensación de estrechez opresiva; pero es necesario que la sintamos si queremos entender cómo actuaba sobre la vida de Tom y Maggie» (cap. I, libro cuarto del volumen II).

George Eliot, Middlemarch, El molino del Floss
Y es que en esta novela la vida real de la autora está presente por doquier. El personaje de Maggie, la hija menor de los Tulliver, está claramente inspirado en ella misma que tal como se ve en la biografía de Mary Ann Evans era la hija predilecta de su padre, quien pese a ello se enfadaba con ella por considerar que ciertas inclinaciones suyas (afición a la lectura y al estudio, su deseo de independencia, y sobre todo su desapego religioso) no la favorecerían en su vida 
«Entiende como nadie todo lo que se dice. Y debería oír cómo lee: de un tirón, como si lo supiera todo de memoria. ¡y está siempre con un libro en la mano! Pero es malo, es malo —añadió el sr Tulliver, entristecido, conteniendo aquella animación culpable—: una mujer no debe ser tan lista, me temo que no le traerá más que problemas.» (cap. 3)

Los deseos de independencia de la escritora quedan plasmados en la ficción en el trabajo como institutriz que Maggie realiza en algunos momentos a fin de asegurar su libertad personal sin necesidad de sometimiento obligado a hombre alguno. La dependencia de la mujer respecto de los hombres se muestra en el relato en muchos momentos: Bessy, la madre de Maggie, no replica ante las decisiones algo ilógicas de su marido; Lucy, la prima y amiga íntima de Maggie, siempre quiere complacer a su enamorado Stephen y critica que ésta no sea complaciente con los piropos que él le dirige

«—Pero, querida Maggie —intervino Lucy—, siempre has dicho que te gusta en exceso la admiración de los demás, y ahora me parece que te enfadas porque alguien te muestra admiración.
—En absoluto —contestó Maggie—; me gusta muchísimo advertir la admiración ajena, pero las fórmulas de cumplido no me hacen sentir nada.
—Entonces, no volveré a dirigirle ninguno, señorita Tulliver —dijo Stephen.
—Gracias, eso será una muestra de respeto.
»

Comportamientos como el que revela este breve diálogo explican que George Eliot sea considerada una mujer precursora del feminismo. Actuaciones como la anterior, incluso hoy, resultan chocantes a muchos; imaginemos, pues, cómo serían recibidas por la puritana y conservadora sociedad victoriana cuando en 1860 la novela vio la luz. Naturalmente no es un feminismo radical de negación del otro sexo o de insurgencia constante. No, Maggie es una joven que sabe construir su independencia y evitar ser tratada como si fuera simplemente un objeto hermoso, pero al tiempo es una hija modelo que obedece en todo a sus padres sin cuestionarlos jamás, y que, incluso, a su hermano Tom cuando se convierte en el hombre de la familia respeta y cumple las promesas que le hace aun cuando le parezcan injustas y desproporcionadas. 

El biografismo contenido en "El molino del Floss" es explícito en el modo como presenta la vivencia de la religión por parte de Maggie. En un momento dado del relato Maggie, lectora voraz, lee con fruición un libro de Tomás de Kempis, seguramente la "Imitación de Cristo", aunque la autora no dé el título. Esta lectura hace que entre en una etapa de misticismo exacerbado en la que el sacrificio y la oración llenan su cabeza. Afortunadamente la explosión de la vida a su alrededor, su juventud y los apremios y atenciones amorosos que los jóvenes Waken y Stephen le prodigan harán que esta efervescencia religiosa baje de nivel y todo vuelva un poco a la normalidad, o sea, a ese agnosticismo que caracterizó la vida de la escritora.

Como cualquier joven de la época la protagonista Maggie está destinada al matrimonio. Su padre piensa que la belleza y las grandes virtudes que atesora la niña no se lo pondrán fácil: «es una pena que no sea más vulgar: la rechazarán. No encontrará a nadie digno de ella para casarse.». A este respecto encuentro una gran distancia entre los personajes femeninos presentes en las novelas de Jane Austen, escritora de la generación anterior, y esta Maggie que anuncia nuevos tiempos. Quizás la unión de ambos tiempos y novelísticas se toquen en el personaje de la prima Lucy quien como la Emma de Austen disfruta ejerciendo de casamentera coincidiendo incluso en los poco  acertados resultados. La distancia se marca evidentemente a través de los personajes de Maggie y también de Philip Waken, ambos jóvenes instruidos y sensibles ante la belleza artística y la propia naturaleza. La relación de amor y amistad que mantienen estos dos seres tan distintos en el físico -ella, una belleza, y él, un tullido- es deudora de la filosofía platónica que está en el cuento de hadas "La bella y la bestia", publicado por vez primera en Francia en 1740 y anunciadora de otra obra magnífica que toca el mismo asunto, "Cyrano de Bergerac" de Edmond de Rostand publicada también en Francia e 1897. 

George Eliot compone una novela con personajes muy bien diseñados. Si nos fijamos especialmente en el de Maggie, por eso de ser el otro yo de la propia escritora, veremos que al tiempo que profesa un amor platónico, idealizado, hacia el petudo pero muy hermoso por dentro Philip Waken, lucha internamente para contener la irrefrenable atracción física que la arrastra sin contemplaciones ni freno racional alguno hacia Stephen, el prometido de su muy buena amiga además de prima, Lucy

La diferencia entre épocas es algo que constantemente se recalca en la novela, señalando la anterior como anticuada en todos los aspectos, especialmente el económico «Estas ideas estrictas sobre las deudas que defendían los anticuados Tulliver tal vez hagan sonreír a muchos lectores de estos tiempos de filosofía más relajada y criterios comerciales menos estrictos, según los cuales todo es equilibrar sin que tengamos que intervenir.», liberalismo puro y duro que en esos momentos está haciendo estragos y creando unas capas burguesas adineradas. Algunos de los miembros de esta nueva clase media proceden muchas veces de estratos sociales bajos pero muy perspicaces para los negocios como es el caso de Bob, el amigo pobre de Tom que sabe ver dónde hay negocio y dónde no. Precisamente la sabiduría práctica de Bob contrasta con la ya algo anticuada de los maridos de las hermanas Dodson, todos ellos (Glegg, Deane y Pullet) con métodos mercantiles muy de otros tiempos. 

En cuanto a las señoras, médicos y la sociedad en general abundan en "El molino del Floss" referencias muy claras respecto a la distancia existente entre ambos períodos: 

 «en aquella época, la ignorancia era mucho más cómoda que ahora, y se acogía con todos los honores en la mejor sociedad sin que fuera necesario disfrazarla con complicados trajes de conocimientos; una época en la que los periódicos baratos no existían y a los médicos rurales y se les ocurría a preguntar a sus pacientes femeninas si les gustaba leer, sino que daban por hecho que preferían chismorrear: unos tiempos en que las damas con ricos trajes de seda llevaban grandes bolsos en los que guardaban un hueso de oveja para protegerse de los calambres.»

Pero si de separaciones hablamos -y aquí la coincidencia con la época y las novelas de Jane Austen es evidente- el mundo de los de arriba (los ricos) y los de abajo (los sirvientes) son distantes con la peculiaridad de que quienes los integran se hayan satisfechos en ellos sin desear mudar de campo ni envidiar a los otros. Parecería que George Eliot, igual que Jane Austen en sus novelas, considera que a este respecto el mundo está bien hecho y que para nada habría que cambiarlo. Así en un momento dado leemos respecto a  Luke, trabajador del molino, lo siguiente: 

«El bueno del Luke sentía, como sienten los hombres satisfechos de haber dedicado toda su vida a servir, que el sistema de clases era adecuado y natural, de modo que la ruina de su amo constituía una tragedia también para él

Estos dos niveles sociales y la constante llegada al estrato económico superior de personas procedentes de estratos más bajos como es el caso de las cuatro familias protagonistas -las creadas por las hermanas Dodson- se marca en el relato mediante una mala utilización de la lengua patente en los frecuentes apócopes y aglutinación de palabras distintas en una sola, provocando auténticos barbarismos y/o vulgarismos lingüísticos:"l'oí", "m'echaría", "d'arbolitos","verdá"...; : «no pienso dar más muselina India a Maggie ni cosas d'esas si se l'ocurre ponerse a servir otra vez, cuando bien podría quedarse conmigo, hacerme compañía y coser para mí, si es que no hace falta en casa de su hermano», escuchamos decir a la señora Pullet, tía de Maggie, cuando conoce la decisión de ésta de marchar a trabajar como institutriz.

Frente a este deficiente nivel cultural de la clase baja y de la nueva clase media burguesa está la alta clase aristócrata representada por los Waken quienes a su riqueza unen loables comportamientos no exentos de exigencia y conocimientos y gustos artísticos elevados. En el libro II del Volumen II Tom Tulliver que ha sido enviado por su padre para estudiar con el clérigo Stelling que es un inepto preparando para la vida práctica y sólo sabe hacerle hacer traducciones del latín para las que Tom es muy lerdo, contrasta con Philip Waken, el contrahecho hijo de los ricos Waken, a quien le encanta el latín, la música y el dibujo, todo lo contrario que a Tom además de ser, en equivocada opinión del Sr. Tulliver, hijo de hombre poco honrado. Tom debería odiarlo pero le atrae su cultura presente en las historias que cuenta.

Y es que si hay algo que llama mucho la atención en esta buena y clásica novela es la literatura que toda ella rezuma. Aparecen muchos títulos de obras, se nombra a autores hoy sólo conocidos por los estudiosos de esa época, y al tiempo se utilizan citas de autores consagrados como argumentos de autoridad para sustentar opiniones por parte de la novelista. Así en el cap. III del Volumen III George Eliot para justificar ante el lector las actitudes de la protagonista dice eso que ya dijera Montesquieu ('las naciones felices tienen su libro de Historia en blanco') o que el mismo Lev Tolstói afirma al inicio de Ana Karenina ('todas las familias felices se parecen, pero entre las desgraciadas cada una lo es a su manera'): «si Maggie hubiera sido esa joven dama, probablemente poco habría sabido de ella el lector; su vida habría tenido tan pocas vicisitudes que difícilmente podría haberse escrito sobre ella; porque las mujeres más felices, como las más felices naciones, carecen de historia.»

En el capítulo de las referencias literarias a autores conocidos, la autora muchas veces recurre a Shakespeare para apoyar sus ideas (con frecuencia nombra a Hamlet por su carácter especulativo) y directamente a Novalis para explicar el comportamiento de algún personaje en esa afirmación del escritor y filósofo: 'el carácter es el destino'

También en ocasiones vemos cómo los personajes por su parte suelen referirse a personajes de obras del momento o del periodo romántico o levemente anterior. Así, por ejemplo, Stephen, prometido de Lucy y que se está sintiendo atraído por Maggie, ante la tozudez de ésta ante ciertas cosas «podía aconsejarle que siguiera el ejemplo de aquella heroína tan encantadora, la señorita Sophia Western, que sentía un gran 'respeto por el juicio de los hombres'» en alusión al personaje de la obra de Fielding "Tom Jones". En el cap. IV del volumen II, transcurrido un año durante el que Maggie y Philips se han visto numerosas veces, vuelven a verse en las Fosas Rojas y allí, de la mano, van a decirse que abandonarán su flirt, algo que les es muy costoso; en el tiempo que dura su encuentro hablan de ellos mismos a través de personajes literarios: la 'Corinne' de Mme de Stäel, las 'Rebecca, Flora Mc-Ivor y Minna' de las novelas "Ivanhoe", "Waverley" y "El pirata" de Walter Scott, etc. 
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Nota:
Esta novela que he leído con mucho agrado me sirve para avanzar en el Reto "Serendipia Recomienda 2021", como ya he dicho, y también para incluir un título clásico más en el Reto "Nos gustan los clásicos (Vª edición)"

Ficha técnica de EL MOLINO DE FLOSS

Nº de páginas: 562
Editorial: ALBA EDITORIAL
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa dura
ISBN:9788484281719
Año de edición: 2003
Plaza de edición: BARCELONA
Traductor: CARMEN FRANCÍ


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