7 oct 2026

"El silencio y la cólera" (#Los años gloriosos 2). Pierre Lemaitre

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Esta segunda entrega de la serie Los años gloriosos de Pierre Lemaitre me ha gustado bastante menos que el volumen que la antecede, El ancho mundo, reseñada por mí en este blog a finales del mes de agosto de este año. Lemaitre en El silencio y la colera sigue llevando a la par las peripecias de cada uno de los miembros de la familia Lemaitre: los padres Louis y Angéle en Beirut y en París, interesado el primero en el boxeo de su empleado Lulu, y la segunda en su accidentada nieta Colette ingresada por esta causa en un hospital parisino; François, periodista exitoso en Le Journal du Soir, y su relación con Nine de quien en esta entrega va a conocer sus orígenes y la causa de su sordera; Jean, el mayor de todos los hermanos, aparece embarcado en la aventura empresarial de unos grandes almacenes de tejidos en París; Hélène, la hermna menor, es fotógrafa y redactora de éxito en el mismo periódico que François, y en esta novela vive los problemas derivados de su relación con dos hombres muy distintos entre sí.

La acción en este volumen se concentra en sólo dos meses del año 1952, de principios de febrero al 29 de marzo. Los asuntos principales que se dirimen en esta entrega son dos: 1) el aborto y las leyes que lo tenían prohibido en esa época; y 2) la construcción de presas que anegaban poblaciones rurales con los problemas que ocasionaban a los habitantes. Es en la confluencia de estos dos grandes marcos contextuales donde se desarrollan las peripecias personales de los integrantes de la familia Pelletier.

Hay asuntos planteados en la primera novela de la serie que en ésta quedan un tanto en el olvido, si bien el autor de vez en cuando los cita siquiera sea de pasada para mantenerlos vivos. También hay algunos giros que son autenticos "deus ex machina" como la muerte de un testigo importantísimo en el caso Mary Lampson, la actriz asesinada en la primera entrega, con lo que queda aún abierta y en suspenso la resolución de ese asesinato; también la muerte del niño Petit Louis; y algún otro.

La manera habitual de hacer literatura de Pierre Lemaitre está, lógicamente, presente en El silencio y la cólera. En las reseñas que he hecho en el blog de otras novelas suyas se pueden consultar la mayoría de sus procedimientos estilísticos. Es marca de la casa también aquí por ejemplo giros argumentales en el comportamiento de personajes o ese humor tan suyo que en esta novela aparece en dos o tres ocasiones:
  • «Conozco a Boildieu, el dueño de las Galerías: hace veinte años estuvo tirándose a mi mujer y esas cosas crean vínculos.» [le dice a François un viejo periodista de Le Journal du soir en respuesta a sus preguntas]
  • «—Es el padre Lacroix —dijo Lambert—. Está a cargo de la parroquia desde la muerte del viejo cura. La puntualidad no es lo suyo. Cuando nació, debió de retrasarse veinte minutos y ya no los ha recuperado.» [le dice a Helene su compañero de investigación periodística en el pueblo de Chevrigny, que va a desaparecer bajo las aguas de una presa]
Lógicamente está presente en El silencio y la cólera, segunda entrega de la serie, la manera de escribir típica del folletín del siglo XIX que el escritor utiliza como formato literario de Los años gloriosos:
  • «Al cubrir el antiguo pueblo, las aguas acabarían borrando los momentos dolorosos.
    Algo parecido podría decirse de nuestros personajes.»
  • «Nos encantaría decir que Jean tuvo el acierto, pero sólo tuvo la suerte de quedarse sin aliento justo ante la puerta rotatoria de unos grandes almacenes en los que se metió.»
Igual que en El ancho mundo y muchas otras de sus novelas, en esta segunda de la serie, el autor rompe más de una lanza en favor de la mujer. Tal hecho es evidente en el asunto del aborto que contextualiza gran parte del relato, pero especialmente es visible en el personaje de Helene, la pequeña de los Pelletier que se revela como una feminista 'avant la lettre' en comportamientos y en frases como la que dirige a su jefe Denissov:
«Cuento con tu elegancia. No quiero que me asciendas porque te sientes culpable ni que me degrades por incomodidad: no me conviertas ni en una santa ni en una fulana.» [Helene a Denissov tras haberle dicho que la dejó embarazada]
Hay también ciertas novedades. Así me lo parece la interesante manera de entreverar la lectura del texto escrito de una carta con la recepción de su contenido en la conciencia del lector:
«[…] Sé que estás molesto conmigo…
"¡Para nada!"
... sí, lo sé.
"Vale, de acuerdo."
Sé que no te di suficientes explicaciones, pero soy supersticiosa: aun ahora tengo la sensación de que, si hablo del tema, aunque sea contigo, fracasaré... ¿Te has acordado de las toallas del señor Lombard?
"Ya estamos..."
¡No olvides que tiene una discapacidad important, Louis! En cuanto a la alimentación, debes…»
[carta de Angele que desde París escribe a su marido Louis quien la está leyendo en Beirut]
Por último quiero señalar la mucha literatura que alberga en su interior Pierre Lemaitre. Una literatura que bien explícitamente o implícitamente vierte en sus relatos. Él mismo confiesa en los agradecimientos la deuda que tiene con no pocos autores (por ejemplo con Annie Ernaux a propósito del aborto y su novela El acontecimiento). La deuda con la literatura queda explicitada en el propio relato varias veces; así se ve cuando la joven reportera de Le Journal y su compañero Lambert están esperando hablar con el ingeniero Destouches, encargado de coordinar la evacuación del pueblo que va a ser engullido por las aguas de la presa que se ha construido:
  • «—¿Qué ingeniero?
    —Aún lo están esperando, como a Godot —respondió Lamberrt»
  • «Hélène se sorprendió pensando en el Pedro Bezújov de Guerra y paz, con quien le encontraba un curioso parecido» [referido a Destouches]
Me quedaría sólo para finalizar hacer hincapié en el preciso y especializado vocabulario utilizado por el escritor. La traducción al español desde el francés la firma José Antonio Soriano Marco, traductor de muchas obras del novelista francés, entre ellas las cuatro que forman la serie de Los años gloriosos. Son términos que llaman la atención por ser poco utilizados en el lenguaje cotidiano. Debo advertir que no son muchos, aunque sí muy hermosos, al menos en mi opinión. He aquí algunos de ellos que me han resultado llamativos:
  • Balasto: capa de grava o piedra machacada que se coloca sobre las vías del tren para sostener los rieles y las traviesas
  • cubiertas y sobrecubiertas, guardas, cintas de cabezada, tarlatanas: vocablos propios de la encuadernación.
  • acetre: caldero pequeño con asa que se utiliza principalmente en la liturgia católica para llevar el agua bendita y realizar las aspersiones con el hisopo.
  • Jab: en boxeo es un golpe directo, rápido y corto ejecutado con la mano delantera (la que está más avanzada en la guardia). Como verbo, significa lanzar dicho golpe.
  • polipastos de cabrestante: dispositivo mecánico híbrido que combina la capacidad de arrastre horizontal de un cabrestante convencional con el sistema de frenado automático de seguridad propio de un polipasto para levantar cargas verticalmente.
  • Epectasis: concepto teológico cristiano que describe el progreso espiritual infinito del alma hacia Dios, caracterizado por un deseo constante de crecer y acercarse a la divinidad sin llegar a un punto final de perfección estática.
  • ...y algunos otros más.
Es una delicia leer una entretenida historia como ésta y al tiempo aprender cosas y palabras desconocidas. Conquistar al lector no está al alcance de todos los autores, pero Pierre Lemaitre lo logra en la mayoría de sus libros. Al menos conmigo.



22 sept 2026

En recuerdo de Marcos Ordóñez

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Mis rutinas matutinas incluyen, mientras desayuno, leer, más bien echar una ojeada, unos cuantos periódicos digitales. A las noticias habituales que por repetitivas ya me han formado callo: corrupciones varias, asaltos a vallas, el "y tú más" cotidiano, las defensas numantinas de lo indefendible por parte de unos y otros, la guerra de Ucrania, la guerra de Trump, los precios desatados, los pisos desatados, etc., etc., ha venido a unirse hoy una que me ha impactado: el profesor, columnista cultural y crítico teatral del diario “El País”, Marcos Ordóñez, falleció ayer a la edad de 69 años. 

Siempre que leía “El País”, especialmente el suplemento "Babelia" de los sábados, miraba si el articulista cultural catalán reseñaba algún libro o si como era su especialidad hacía la crítica de algún espectáculo teatral. Me fiaba mucho de su fino olfato literario y pocas veces quedé defraudado tras acudir a alguna representación elogiada por él. 

Pero Marcos Ordóñez no sólo practicaba el periodismo. También fue autor de basatntes libros: biografías, relatos, memorias, coleciones de críticas teatrales y unas cuantas novelas, concretamente ocho títulos. Su muerte me hahecho recordar la satisfacción que sentí leyendo una de ellas. Han pasado muchos años, concretamente catorce, desde que la leí, pero aún está viva en mi memoria. Se trata de "Detrás del hielo".

En este personal homenaje que hago en el blog al para mí importante escritor barcelonés quiero reproducir aquí la reseña que en enero del año 2016 escribí dedicada a esta novela leída por mí cuatro años antes, concretamente en 2012.



In memoriam de Marcos Ordóñez (Barcelona, 25 de marzo de 1957-Barcelona, 21 de septiembre de 2026)




Detrás del hielo es la 6ª novela escrita en 2006 por el profesor, columnista cultural y crítico teatral del diario “El País”, Marcos Ordóñez, cuya obra literaria es extensa comprendiendo la misma, amén de novelas, cuentos, ensayos, crónicas, etc.

Marcos Ordóñez, Babelia, "Detrás del hielo"

El relato que nos ocupa se estructura en cuatro partes y un epílogo. La primera (La ciudad perdida) y la cuarta (la ciudad incendiada) enmarcan a las partes segunda (Oskar y Jan) y tercera (Nosotros tres). Aunque en las cuatro partes los personajes principales (Klara, Oskar y Jan) se mueven y se mezclan con los demás habitantes de la ciudad, es en las que llevan sus nombres donde más les vemos en sus relaciones personales.

Tema: Como bien reza la contraportada del ejemplar novelístico, el asunto que se novela es la educación sentimental de Klara Liboch y de toda una generación, la suya, en un país imaginario, Moira, cuyas ciudades reciben nombres que evocan los que podrían ser de algunos países de la Europa oriental (Porlock, Joschka, Najdorft, Niort, etc). Aquí está la primera broma del autor porque todos los nombres existen en la realidad siéndolo bien de ciudades de países muy diversos como por ejemplo Niort (Francia), Porlock (Gran Bretaña), o de apellidos de personajes más o menos conocidos Najdorft (Miguel Najdorft, polaco), Moira (nombre propio de origen irlandés), y así.

13 sept 2026

De César Aira leo "El error" y revisito "Las noches de Flores" (A pares LIII)

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«En este mural, Pepe Dueñas, Dante sin Virgilio, vengador solitario de las injusticias sociales salvadoreñas, se repetía en un paisaje boscoso; sus distintas apariciones se desplegaban en un arco irregular, o más bien en una espiral alargada, de izquierda a derecha, en el extremo izquierdo huyendo de su aldea natal atacada por el Ejército, dejando atrás los cadáveres de sus padres […], un poco más allá emboscando en un paso montañoso a las fuerzas del gobierno y aniquilándolas, luego haciendo estallar una planta eléctrica, más allá arengando a una población de campesinos; derribando un helicóptero; resistiendo a un cerco de las fuerzas oficiales; […] » ("El error")


Me gusta entrar en las tiendas Re-Read que cada vez proliferan más en nuestras ciudades. Por poco dinero se puede encontrar en ellas libros interesantes en un más que aceptable buen estado de conservación. Hará cosa de cinco o seis meses estando en Salamanca, en una de mis habituales visitas a una de esas tiendas topé allí entre otros con este título de César Aira. Hacía mucho que no volvía al escritor argentino del que guardaba un desigual sabor de boca tras mi primer acercamiento a él con la lectura de Las noches de Flores, novela corta que leí en 2016 (¡hace ya diez años! Es increíble la velocidad a la que se pasan los años). 

Lo anterior explica esta entrada 'A pares' en la que reseño El error, publicada en 2010, y vuelvo a publicar (revisito) Las noches de Flores que el escritor argentino (Coronel Pringles, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1949) dio a luz en 2004. En ambas novelas hay elementos que permiten unirlas en una misma entrada. De ellas la principal, quizás sea la consideración del arte en sentido literario y pictórico que ambas nouvelles exponen. Pero vale ya de prolegómenos. Comenzaré por la novela recién leída.



El error
Estamos ante un auténtico experimento literario. César Aira me ha sorprendido con esta novela que en el fondo me ha parecido estar construida a base de relatos que como el discurrir de la vida se suceden unos a otros sin solución de continuidad. En el fondo esta manera de obrar es mostración de la propia realidad, de la propia vida en la que vamos topando con otras personas cada una de las cuales encierra una materialidad tanto o más interesante que la de aquel o aquello que propició el encuentro. Y así ad infinitum...

Es El error ejemplo de lo que el propio autor suele decir de sus ahora mismo ya más de cien títulos, que son «cuentos de hadas dadaístas» o «juguetes literarios para adultos». Y sí, efectivamente esta novela corta es clara muestra de esto y de su estilo literario. Un estilo que busca romper los moldes estrechos de los géneros impuestos por el propio devenir de la historia. Es amigo César Aira de hacer guiños a otras manifestaciones artísticas, principalmente en la novela que nos ocupa a la pintura, una manera diferente de narrar, sí, pero hermana de la literaria desde la noche de los tiempos.

Dentro de las varias historias, truncadas por el cruce con otras historias, que constituyen El error aparece una, sin duda alguna la principal, que es en sí misma un canto a la narratividad. Es la historia folklórica del bandolero Pepe Dueñas, cuyas incursiones delictivas, sus apariciones y desapariciones fulgurantes constituyen en el imaginario de El Salvador, país donde transcurre la novela, una auténtica leyenda. Las sucesivas y diversas acciones de este delincuente se producen siempre sobre el mismo fondo, el país centroamericano. Es como esos frescos surgidos en la edad media y muy caros a los pueblos hispanoamericanos tras su independencia para explicar su nacimiento e identidad. Quizás el autor más representativo de esto sea el mexicano Diego Rivera y su mural pintado en las paredes de la escalera principal del Palacio Nacional en la Ciudad de México titulado 'Epopeya del pueblo mexicano'. En este mural, al igual que en algunos frescos medievales o renacentistas como los pintados por Masaccio en Capilla Brancacci de la iglesia de Santa María del Carmen de Florencia, vemos al personaje o personajes repetidos de manera sucesiva sobre el mismo fondo de manera que la lectura de izquierda a derecha es para el observador una clara narración continuada.

Efectivamente, esa es la técnica, trasladada al campo de la escritura literaria, que utiliza César Aira en esta 'nouvelle', en este 'juguete literario'. Se abre la novela ya en su misma portada con un simbólico ataúd que anuncia lo que se encontrará el lector adentrándose a través de esa puerta situada bajo el epígrafe de la palabra ERROR. ¿Qué es ello? Evidentemente el sentido del título es simbólico. Y en mi opinión es un juego, un guiño humorístico que Aira hace a los preceptores literarios: quien se adentre en esta novela verá que la misma no se atiene a ningún principio de los establecidos y consagrados por el canon.

Literatura argentina,
Y así lo comprobaremos los lectores: Dos parejas que pasean por un jardín en el que hay una construcción que alberga la obra de un afamado escultor; luego se salta a narrar la relación epistolar entre este escultor famoso y apartado de la vorágine del mundo y una presa encerrada a perpetuidad por asesinato; conoceremos la historia a grandes rasgos de esta mujer que machacó el cráneo de su marido con un lingote irregular de oro y que para evitar ser capturada huye al bosque; en el bosque conoce a un pequeño hombre, una especie de enano que la acoge, cuida y le anticipa que volverá al lugar del crimen; así lo hace y es apresada y condenada a cadena perpetua, condena que cumplirá en a cárcel "La Peña" adonde llega y ella, junto al resto de las presas, leerá la colección de novelas editadas por editorial La Providencia bajo el lema 'Historias que matan'; relata esta serie de novelas la historia legendaria de Pepe Dueñas inmerso en la Selva Cinco en donde se refugia escapando del incendio que él mismo provocó y contribuyó a apagar del Palacio donde estaba Neblinosa, la que sería su esposa; en esta selva correrá la aventura del gel de piedra; posteriormente Neblinosa se empeñará en arreglar la escultura del busto paterno que estaba a la entrada del Palacio de la Ciencia y Pepe Dueñas habrá de ingeniárselas para que tal deseo se haga realidad; y...

Como se ve por lo escrito arriba estamos ante una sucesión narrativa que parece no tener fin ni siquiera cuando llegamos a la última página de la novela. No es que estemos ante un final abierto, estamos más bien ante un final truncado, roto, suspendido... En fin ante algo nuevo, no habitual desde el punto de vista estructural.

Como ya percibí y dejé dicho por escrito en la reseña que en su día hice de Las noches de Flores, también El error, vista la novela desde la propia expresión lingüística utilizada, se acerca -si es que no lo es- al realismo mágico: exuberancia lingüística, referencias a pueblos indígenas (pipiles, mecas...), vocabulario de fauna y flora autóctonas (tero, bagre, porotos...), pero fundamentalmente ruptura de la lógica así como utilización en ocasiones de un lenguaje hiperbólico por demás

  • «De una fuente cercana al arroyo, pero independiente de este, brotaba un agua que no apagaba el fuego. Era difícil de creer, tratándose de agua que parecía perfectamente normal y potable, pero Eugenio le hizo una demostración convincente. Recogida de la fuente en un balde y volcada sobre una fogata, se deslizaba sobre las llamas sin oponerse a ellas» 
  • «cuando quería remendarle una media, encontraba que la aguja era más grande que la media, lo que hacía muy incómoda la costura»



Las noches de Flores
(reseña de 14 de septiembre de 2016)


César Aira, arte conceptual, muerte de la novela

Que el mercado del arte se utiliza de tapadera de la corrupción es “muy difícil probarlo dadas las características del arte en la actualidad. Y lo es. Dificilísimo. ¿Qué existe y qué no existe en el arte? Pero al mismo tiempo es facilísimo, basta con hacer coincidir «cualquier cosa» con «cualquier cosa»…?”

La frase anterior sirve de cierre de este relato de César Aira aparecido por vez primera en 2004 y vuelto a reeditar ahora por Random House. Si, como en mi caso,  es la primera vez que se lee algo de este prolífico escritor y traductor argentino, sorprende su manera de hacer literatura. Leer "Las noches de Flores" ha sido para mí toda una experiencia literaria. Desde el principio esta novela corta de tan sólo 144 páginas destila argentinidad por todos los poros: Jorge Luis Borges, sin duda, parece entreverse en más de un momento; a mí, especialmente, me ha parecido presente en el personaje de Aldo quien dice que "aun siendo un gran olvidadizo, él podría recuperar, si se pusiera, todo lo que le había pasado en su vida", para a continuación, como hace el personaje de "Funes, el memorioso" en el cuento borgiano, desgranar el sistema utilizado para hacer tal cosa. También la atmósfera mágico-fantástica en que se mueven los personajes de este relato, y, especialmente, el personaje de Malvón-Nardo, tiene mucho de los Cronopios de Julio Cortázar. Véase si no la descripción que se hace de Nardo la primera vez que se manifiesta:
"Esto lo dijo un ser extraño, mitad murciélago, mitad loro, de un metro de alto, que se descolgó de un árbol al paso de los Peyró, y siguió caminando con ellos, con un garbo precario, sobre piernas demasiado cortas y zapatitos de goma roja"
Ernesto Sábato, literatura argentina La misma ambientación nocturna con ribetes delictivo-policiales en que se desarrolla la acción me ha llevado a pensar en otro de los grandes autores argentinos, Ernesto Sábato, y en aquellos escritos que presentan historias henchidas de 'pavura'. Los túneles que discurren bajo el barrio de Flores de la ciudad de Buenos Aires me han hecho recordar la novela "El túnel" del magnífico escritor de Rojas en la provincia de Buenos Aires. 

Y es que -pienso yo- César Aira envuelve esta narración en claros elementos argentinos que van desde la tradición literaria que he señalado antes hasta el propio meollo del asunto que plantea: la búsqueda por parte de una pareja de jubilados -Aldo y Rosa- de fuentes alternativas de ingresos a fin de sobrellevar mejor la crisis en que la Argentina se encontró desde 1998 hasta el 2003, el año en que se sitúa la historia que se relata. Concomitante con esta terrible penuria económica que echó a miles de personas a buscar en los cubos de la basura estuvo el ascenso de la delincuencia, especialmente en forma de secuestros como el del joven Jonathan que está en el centro de esta novela corta.

Y como "piolín" [modismo argentino que significa 'cordel delgado de algodón, cáñamo o de otra fibra'] que soporta todo el planteamiento literario anterior estaría el vocabulario popular de la Argentina, de la ciudad de Buenos Aires y de Flores, el barrio donde nació y vive el escritor, y en donde ocurren los acontecimientos de esta historia. Son términos como 'bailantero', 'rubro', 'estada', 'chanchada', 'perspectivístico', 'vereda', 'chacra'..; pero también cambios en la modalidad verbal cual es la utilización del modo condicional en vez del subjuntivo: “Claro está que ese policía no estaría cumpliendo con su función, con el trabajo por el que le pagan, lo que no impide que tendría razón.”.

Las características señaladas hasta aquí son las que me han hecho más agradable esta novela. Luego hay otra importantísima, que no se puede dejar pasar, pero que a mi modesto entender César Aira no logra plasmar apropiadamente o si lo hace a propósito, como estoy comenzando a creer, aún yo no alcanzo a disfrutarla como debiera. Me refiero a materializar en el escrito que estamos leyendo la profunda reflexión que sobre el arte contemporáneo expone al final del mismo y que encabeza este post: 
"hacer coincidir «cualquier cosa» con «cualquier cosa»" 
Mallarmé, Rimbaud, Baudelaire, CopiLlevada esta idea al extremo, como sucede en esta narración, todo es un cúmulo de coincidencias cuya disparidad nos hace pensar en errores inexplicables, descuidos, falta de planificación, engaños poco aceptables por parte del narrador... Pero no, yo pienso que el escritor es plenamente consciente de lo que hace y que lo que pretende es, con el producto que está construyendo, hacer realidad aquello que nos quiere exponer, que en definitiva -y a falta de conocer en profundidad sus ideas sobre arte moderno expuestas en su ensayo Sobre el arte contemporáneo que acaba de publicar en Literatura Random House- es que el arte es necesario para comprender la realidad, y no al revés como tantas veces se dice ante una obra de naturaleza conceptual.

Para la realización de esta reseña he buscado información en internet y ahí he encontrado un artículo de Javier Rodríguez Marcos publicado el pasado 28 de febrero en el diario EL PAIS que me parece muy clarificador al respecto. En lo esencial, sobre el autor César Aira, Javier Rodríguez escribe:
"A veces, sin embargo, un artista consigue engañar a todo el mundo y se hace pasar por novelista. Es el caso de César Aira. Los que sospechaban que sus libros eran solo una parte de trabajos más propios del arte conceptual que de la ficción al uso verán confirmadas sus sospechas en el ensayo Sobre el arte contemporáneo. Allí cuenta cómo abandonó su primitiva intención de ser Rimbaud y ser Premio Nobel cuando se topó con Marcel Duchamp. Ese día se dio cuenta de la 'inutilidad de escribir libros' y de la necesidad de hacer 'otra cosa'."
Curiosamente y en contra de lo que el escritor (o artista simplemente) argentino manifiesta sobre su abandono de la escritura, jamás ha dejado de escribir siendo uno de los autores más prolíficos, con más de sesenta novelas a sus espaldas. Si bien, también es cierto que en su faceta de conferenciante y ensayista los temas sobre la vanguardia plástica (Marcel Duchamp, el dibujante Copi), la vanguardia literaria (es especialista en la poeta argentina Alejandra Pizarnik) o los poetas impresionistas decadentistas franceses Rimbaud o Mallarmé han ocupado gran parte de su tiempo. Esto nos revela a un autor que entiende la creación artística no en compartimentos estancos sino como algo más extenso, más envolvente, más incluyente. De ahí que el autor de "Las correspondencias" [el soneto "Correspondances" de Baudelaire y su sentido se puede leer aquí muy bien explicado] sea uno de los poetas a los que él quiere parecerse ("Como todos los escritores, quiero ser un buen escritor, quiero ser Baudelaire", El País, 13 del XI de 2010).

Final
Con esta novela corta de César Aira me ha sucedido algo no muy frecuente en mí pero que cuando me acaece me gratifica y llena de satisfacción. Ello ha sido que tras una lectura fácil y ágil, me pareció percibir en la historia contada una ración de incongruencias superior a mi nível de permisividad (ciegos que ven, mujeres que son hombres, monjas que no lo son, hombres de orden que son delincuentes peligrosos, escritores que no lo son en absoluto, etc., etc.). No, me dije, esto no puede ser, por Dios. Pero como todo aquello que esconde más que lo aparente, al dejar reposar la lectura, ésta se me ha ido haciendo algo más inteligible, más motivadora..., y me han surgido deseos de leer más de este escritor para entenderle mejor, para ver si como él mismo dice es un escritor que no quiere serlo o si lo que desea es hacer algo distinto en línea con lo que otro personaje escritor del relato, Ricardo Mamaní, dice del arte en un momento de esta narración de manera "pedante y seguro de sí mismo":
"El arte está buscando siempre lo nuevo, y lo nuevo ha terminado identificándose con lo distinto. Se ha producido una reversión de causas y efectos, y ahora basta con que sea distinto. Y la realidad se define por lo distinto. Pero el crecimiento vegetativo de la población, y el aumento relativo de artistas en la sociedad contemporánea, ha multiplicado lo distinto artístico a tal extremo que hoy casi puede asegurarse que cualquier configuración de la realidad ha sido anticipada en el arte."
Algo lioso, sí. Pero como a mí ¿no os atrae saber por qué piensa así César Aira?

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Nota:
Han pasado diez años desde que escribiera la reseña sobre Las noches de Flores y aún no he leído el ensayo del autor "Sobre arte contemporáneo". Hay que ver cuántas cosas afirmamos que haremos para luego olvidarlas durante años y años. A ver si esta vez no me sucede así.


8 sept 2026

"Nada especial" de Nicole Flattery

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«Había cinco o seis pinturas apoyadas en fila contra la pared. Fue la primera vez que las miré en serio. El silencio me lo permitió. Eran colores chillones, eléctricos, como las manchas de la cara de Shelley la noche anterior. Reconocía a la mujer famosa del cuadro. Le había visto la falda levantada, la había visto en una piscina, [...] Su cara se repetía y se repetía, pero mirarla minuciosamente no la hacía más realista; solo la volvía inhumana, como si fuera apenas uno entre un millón de animales que estuvieran mandando al matadero»

Nada especial, Nicole Flattery, literatura irlandesa
Desconocía por completo el nombre y la obra de la autora irlandesa Nicole Flattery (County Westmeath, 1990). Por la solapa de la edición de su novela en Eterna Cadencia Editorial aprendo que es autora de relatos y que uno suyo titulado "Dulces palabras"  publicado en una antología de nombre «Cuentos irlandeses contemporáneos», según muchos de sus lectores, bien merecería convertirse en novela. Pero de hecho su primera incursión en el género lo ha realizado con el título que acabo de leer: Nada especial.

La novela cuenta la experiencia vivida por Mae, una adolescente de diecisiete años que en medio de esta etapa vital de por sí cambiante decide abandonar el colegio y dejar de lado familia y amistades. Es hija de madre soltera, una camarera alcohólica, que convive con Mikey, un buen hombre que ejerce de padrastro con el que Mae se lleva bien. En el colegio Mae se refugia en la amistad de Maud; a ambas les repele la superficialidad de sus compañeras y les hastía el contenido de las clases. Ambas desean experimentar y en concreto Mae comienza a deambular por Nueva York; un día conoce por casualidad a Daniel con quien pasará la noche. A partir de ese encuentro no volverá al colegio y así, no por algo especial, se romperá el vínculo con Maud.

La anterior información la conocemos en dos de los primeros capítulos fechados en 2010, fecha de la muerte de la madre a la que ella visitaba habitualmente durante los últimos años en que estuvo ingresada en una residencia de ancianos. Entre esos capítulos de 2010 se incluye uno de fecha 1966 que sirve de explicación y justificación de todo lo que en la novela vendrá a partir del capítulo cuarto en que de nuevo en 1966 y tras la experiencia con Daniel ella encuentra trabajo como secretaría en The Factory (en la traduccíón de Paula Galíndez, el Estudio). Es esta parte en la que se cuenta cómo Mae y otra chica, Shelley, trabajan en The Factory mecanografiando veintitantas grabaciones en cintas de cassette de vivencias cotidianas y experiencias artísticas de Él (Andy Warhol) y quienes con Él formaban parte de The Factory (Ondine, Edie Sedgwick, Anita y Dolores).  Este trabajo que Shelley y Mae están realizando junto a otras dos chicas más conformará el libro de Andy Warhol titulado A, a novel. 

Esta parte del mecanografiado de las cintas se cierra con el atentado que el artista pop sufrió en 1968 y la publicación del libro. La novela cierra con un último capítulo fechado en 1985 en el que madre e hija vuelven a contactar después de muchos años sin verse. La muerte o la enfermedad de seres queridos suelen propiciar estos encuentros. En fin, nada especial, por otra parte.

Según he ido repasando la estructura que Nicole Flattery ha dado a su narración ha ido mejorando sustancialmente mi consideración de esta obra. Es verdad que al estar desordenada, con esas anticipaciones de sucesos y esas vueltas al pasado, la novela en una primera lectura me resultó algo confusa; sin embargo ahora, al reflexionar sobre ella, entiendo que la voluntad de estilo prevalece por encima de cualquier otra cosa.

En cuanto a la historia que se nos cuenta si hay algo que desde un principio me agradó de esta novela es que la novelista irlandesa no sitúa el foco central en el Estudio (The Factory) de Andy Warhol, sino que éste aparece de manera tangencial y debido a la peripecia vivida por esta chica anónima, vulgar y corriente que es Mae. El centro de atención no es Drella (uno de los nombres con que se denominaba a Warhol) ni sus producciones cinematográficas experimentales o sus fiestas orgiásticas; la novela pone el foco en cómo dos chicas apenas salidas de la adolescencia van a evolucionar al ser conocedoras de las experiencias habidas en el Estudio neoyorquino y la contemplación y participación en alguna de esas fiestas pasadas de revoluciones. En suma, lo esencial no es tanto conocer la manera de vida del artista pop cuanto ver la evolución vital de una chica que entró a trabajar en The Factory siendo una adolescente y salió de allí convertida en una persona bien distinta.

«Me puse a mirar las fotos de esa época y pensé lo mismo que todo el mundo: las fiestas se veían divertidas. Estaba tan desconectada y distanciada de esas imágenes que parecía que no había estado allí. Debían haber sido buenas épocas. Toda esa gente intentando hacerse reír. No recordaba cómo había sido, en verdad. No tenía permitido recordar. Las fotos de los últimos años eran glamurosas, pero algo no terminaba de cerrar. El buen humor parecía impostado, forzado. La ropa era notoriamente ostentosa: la marca que se ponían decía algo. Las fiestas eran fastuosas, poco convincentes, tenían un aire pesado, como si todos acabaran de llegar de un funeral. Seguro porque era cierto. La atmósfera, los gestos, los insultos. Ya ninguna de esas cosas terminaba de cerrar. O tal vez yo estaba más grande, era menos ingenua.»

Pero lo dicho anteriormente no es óbice para que Nada especial lance también una mirada crítica sobre la manera de hacer arte por parte de algunos artistas pop del siglo pasado. Se cuestiona qué es arte y quién es en realidad el creador de la obra. Mae y Shelley se desencantan totalmente cuando tras el arduo trabajo realizado en The Factory mecanografiando las grabaciones conocen que su nombre no va a aparecer impreso, que no las van a nombrar para nada. Ellas son las que han sabido transcribir los suspiros, los ruidos, los gemidos, los llantos; han sabido crear la atmósfera precisa para poder verter al papel lo escuchado; y pese a eso el mérito de la autoría se lo llevará Andy Warhol. Desde luego la denuncia es clara y pertinente. Y sin embargo, y aun así, Mae no se siente fracasada; ha sido una experiencia enriquecedora que sin duda, al igual que los protagonistas de esas grabaciones, estaría dispuesta a repetir:

«Sabía que de haber tenido que volver al principio, a trabajar con ese libro, lo habría hecho. Habría dejado todo. Habría vuelto a sufrir de cero. Tal vez ellos sentían lo mismo, tal vez siempre lo habían sentido. Todas sus miserias expuestas al servicio del arte. Del tacho de basura al libro.»

La equiparación entre artista famoso y creador anónimo es total en esta frase, pero muy injusta en la realidad. 

¿Qué es lo que más me ha disgustado de la lectura de esta novela? Pues sinceramente lo que más me ha sorprendido y perturbado ha sido la excesiva argentinidad del castellano utilizado en la traducción. Ignoro, claro es, cuál habría sido mi opinión si hubiera leído el original en lengua inglesa. Pero la versión realizada por la traductora Paula Galíndez creo que peca en exceso de vocabulario y modismos argentinos, algo que siendo ella misma argentina no se le puede echar en cara. Mientras leía la novela me parecía estar leyendo a un autor de dicho país y no a una irlandesa. Me ocurrió tal cosa al topar con expresiones que aquí no usamos. He aquí una serie de ellas:

«de a poco», «no me interesa qué le da gracia a él», «ella era filosa y depresiva», «muchas veces no lográbamos decidir cuál programa era más entretenido», «se va así nomás», «yo no sabía pasarla bien», «me interesaba ver si la tienda se retobaba al descubrirme»[pág. 32], «mirar como espiando por una hendija» [pág. 36], «todo se fue al tacho»[pág 46], «me llevó varios días comprender a qué me hacía acordar ese departamento» [pág 100], «una sonrisa enorme, medio zonza» [pág. 111], «me saqué el suéter y quedé en musculosa, nada más» [pág. 152], «fuimos salticando por las calles» [pág 165], «le robaste un tapado» ('tapado': abrigo largo y elegante de invierno para mujer o hombre, generalmente confeccionado en paño, lana o piel sintética) [pág. 183], «el primer avistaje de un solero» ('solero: vestido ligero y fresco, sin mangas y por lo general con tiritas finas (breteles)) [pág. 183], «Tal vez a Shelley le hacía acordar a su casa» [pág 192], «Me metí al lado de ella y nos tapé con las sábanas», etc.

Y que conste que amo la literatura argentina, que me encanta leer a César Aira, a Virginia Higa, a Selva Almada, a Mariana Travacio, a Salomé Esper, a Cortázar, a Piglia, a Borges... a tantos y tantos buenos escritores de esa nacionalidad. Pero cuando tengo en mis manos un libro firmado por una irlandesa y situado además en Nueva York mi mente no está para nada en modo argentino y me perturba bastante un lenguaje que de manera inconsciente lleva mi cabeza española a deambular por el Palermo bonaerense, por la avenida del Libertador, la calle Corrientes, el cementerio de la Chacarita y otros espacios semejantes que en Nueva York, obvio, no existen. Creo que un español más neutro habría sido el oportuno para la edición que se vende en España. Y sí, ya sé que la editorial es argentina. Pero esto es lo que yo he sentido. 


Para finalizar

Nada especial, Nicole Flattery
Cierro esta reseña apuntando dos aspectos que me parecen reseñables y que tienen mucho que ver con el artista famoso y la empleada anónima, o sea, con el momento pop vivido en esa década de los años sesenta. Me refiero primero a la música. Warhol está escuchando rock continuamente tanto cuando está sobrio como cuando está bajo el efecto de las drogas; de igual manera Mae, Maud y Shelley son consumidoras de música pop. Los Four Tops, Joni Mitchell, T. Rex... son algunos de los artistas citados en el escrito.

Luego estaría esa dualidad sorpresiva, paradójica y contradictoria, ese arriba y abajo que en Nada especial representa The Factory. Por un lado estaría el despacho de Drella con todo lo que dentro de él se gesta y sucede; y de otro quedarían los cuartos donde trabajan las mecanógrafas. Ambos espacios están juntos, sí; pero en realidad se sitúan a una distancia infinita. Y este distanciamiento lo plasma Nicole Flattery en afortunadas frases que hacen que la novela resista:

  • «Todos los clientes eran jóvenes uniformemente atractivos, olvidables.» (pag. 58)
  • «Todo el personal era tan atractivo que era tétrico.» (pág 59)
  • «Un camión de basura enorme hacía tiempo sobre la vereda, y cuando ella pasó debajo de su sombra, la hizo parecer aún más chiquita y frágil. Era bajita y compacta, y sin embargo no tenía nada deseable»
  • "Desde el contestador me llegaban los manotazos pegajosos de su amistad" (pag. 108)
  • «Solanas tenía algunas ideas interesantes como muchas mujeres feas», afirma la desinhibida madre de Mae (pag. 28)
  • "Después de eso [de finalizar el mecanografiado de las cintas de cassette] no habría máquina que encender, nada que escuchar, ninguna confesión que oír. Ellos seguirían viviendo sin tener idea de que nosotras nos habíamos creado" 

 

 


26 ago 2026

El ancho mundo (#Los años gloriosos I). Pierre Lemaitre.

12 comentarios:

«—Quería preguntarle una última cosa, señor senador... ¿tiene usted una cuenta a su nombre en los bancos Godard o Hopkins Brothers? [...]
—¡Por supuesto que no!- gritó el senador.
—¿Y nunca la ha tenido?
—Pero, pero... ¿por qué querría usted...?
[...]
Negar la mayor es una actitud frecuente entre los poderosos como el equivalente del argumento de autoridad en una conversación.
—No tengo ni he tenido cuenta alguna en ninguna de esas entidades, ni ahora ni nunca, caballero»
»


Pierre Lemaitre, Los años gloriosos I
A mí Pierre Lemaitre, desde que lo descubrí hará cosa de una docena de años, es un escritor que me encanta, Lo leí por vez primera gracias a mis compañeras de la tertulia "más que palabras..." que en 2014, centenario del inicio de la Gran Guerra, propusieron la lectura de "Nos vemos allá arriba", novela de Lemaitre galardonada en 2013 con el Premio Goncourt.
Desde ese momento mi adhesión al escritor parisino es total. Tras mi entusiasta lectura de su novela premiada con el Goncourt, comencé a leer las novelas que había dado a la luz previamente; me refiero a los cuatro títulos de su serie Camille Verhoeven ("Irene", "Álex", "Rosy & John" y "Camille") de cuyas lecturas dejé constancia en mi blog [pinchando en cada uno de los títulos se puede acceder a las respectivas reseñas].
Disfruté mucho también con la lectura de sus novelas "Vestido de novia" (la única que no tengo reseñada en el blog) y de "Recursos inhumanos", que a plena satisfacción leí y reseñé en febrero del año pasado.

Como se puede ver, pues, mi atracción hacia este autor es total. Por eso cuando un día del pasado mes de mayo, dando un paseo por la hermosa plaza mayor de Salamanca donde se celebraba la 44ª edición de la Feria Municipal del Libro, me topé en una de las casetas con la edición en bolsillo de El ancho mundo (#Los años gloriosos I) no pude resistirme y lo adquirí de inmediato. La edición en bolsillo de la primera novela de la serie se ha lanzado en coincidencia con la aparición en rústica con solapas de Grandes promesas, la última entrega de la serie. 


El ancho mundo (#Los años gloriosos I)
La novela es el inicio de la saga de la familia Pelletier. En El ancho mundo los Pelletier son una familia acomodada que en Beirut regenta una fábrica de jabones. El patriarca es Louis Pelletier quien junto a su mujer Ángele ha formado un grupo familiar cuya vida en 1948 discurre con una característica placidez burguesa; sólo los asuntos amorosos de unos y de otros parecieran alterar dicha tranquilidad, aunque como se verá tal cosa no es simplemente así. Cuatro hijos tienen los Pelletier: el primogénito, Jean, es un hombre mediocre e incapaz para llevar los negocios familiares; el menor es Etiènne, un chico enamorado hasta las trancas de Raymond; François es un muchacho atractivo que en París demuestra tener buenas cualidades como periodista; y por último está Hélène que, recién alcanzada su mayoría de edad, ansía experimentar de todo y con todo.  

Los escenarios donde se desarrolla la acción son tres: Beirut, Indochina y París. El momento en que todo acontece es 1948, con la segunda guerra mundial muy presente aún y el conflicto en Asia, la Guerra de Indochina, en plena efervescencia desde 1946. Beirut en 1948 es la capital de un país, Líbano, independiente de Francia desde 1943, pero con muchos lazos y mucha población francesa en su territorio.

La novela se estructura en tres partes y un epílogo. La primera se desarrolla en Beirut en marzo de 1948: la familia se ha reunido como todos los años para hacer una visita grupal a la fábrica de jabones y luego comer. En esta primera parte se nos presentan todos los asuntos: Étienne marcha a Saigón en busca de su amigo Raymond que desde hace tiempo no responde sus cartas; Jean muestra su ineptitud como director de la fábrica y vemos cómo es incapaz de controlar sus impulsos asesinos; François ha marchado a París, pero en vez de cursar estudios en la Escuela Normal aprovecha la oportunidad de estar en el escenario donde sucede el asesinato de una afamada actriz para ofrecerse a un diario parisino como reportero; y Hélène, aún menor de edad, desea escapar de la férula paterna y volar libre lejos de sus padres.

La segunda parte sucede en Saigón en septiembre de 1948. Lo esencial de este apartado es el descubrimiento por parte de Étienne de la tremenda e inmoral corrupción de la administración francesa en Indochina. Con total impunidad altos dignatarios políticos de la metrópoli en connivencia con los funcionarios de Saigón participan en un tráfico de piastras Saigón-París que sirve para financiar desde el estado francés a la insurgencia del Viet Minh que lucha contra Francia por la independencia
«Gracias a la guerra, los franceses traficaban con la piastra; las empresas y el capitalismo local aprovechaban ese tráfico para enriquecerse, para forrarse, pero eso no era lo peor.
El Viet Minh había conseguido entrar en el sistema.
Y aprovechaba el tráfico de la piastra para equiparse.
Esto solo podía significar una cosa, una cosa terrible y trágica a la vez.
En la guerra que los enfrentaba, Francia, sin saberlo, financiaba al Viet Minh»
Estas dos primeras partes finalizan de manera fantástica. La acción, la tensión y el suspense están presentes en cada una de ellas de un modo magistral. La primera acaba con una terrible y brutal acción de guerra, de muerte, que me ha hecho recordar algunos momentos de crueldad que aparecen en las    novelas de la serie Camille Verhoeven. el final de la 2º parte, con la resolución de la estancia de Étienne en Saigón es sensacional, magnífico; mentalmente me ha hecho evocar, por la tensión y suspense que Pierre Lemaitre sabe transmitir presentando un mundo donde todo conspira contra el ocupante, momentos de la novela "El americano impasible" de Graham Greene . Fantástico.

La tercera parte de El ancho mundo lleva por título Otoño de 1948. En ésta todo se precipita y todos los personajes entran en comunicación y acción conjunta en aras de resolver las muertes sucedidas en Saigón y los extraños asesinatos que han sucedido en Francia en el entorno de algunos personajes de la familia Pelletier. A Saigón acudirán François, Hélène y Ángele; en París, el propio François intentará sacar a la luz la corrupción política y esclarecer de una vez por todas el asesinato de la actriz Mary Thompson investigado por el periódico, policía y judicatura.

Son varios los espectaculares giros argumentales que tienen lugar en el relato. Lemaitre es un maestro para esto. Cuando los lectores creemos tener todo bajo control, de pronto nos hace una llave de judo y nos obliga a echar por tierra cuanto teníamos por seguro. Así nos sucede con los propios Louis y Ángele, fundadores de la dinastía Pelletier, y también con cualquiera de sus cuatro hijos; pero quizás sean los giros que suceden en el enigmático personaje del señor Diem los más sorpresivos. El paupérrimo anamita Diem ("anamita" es la palabra que utilizaban los colonizadores franceses para referirse a los habitantes de Vietnam) lo veremos convertirse en un acaudalado Loan que al poco lo veremos convertido en Papa de la secta Siéu Linh. Se viene a mostrar que en el ámbito de Indochina la impostura, la doble cara, la falsedad eran habituales; así se ve en el señor Qiao, en los compañeros de Étienne en la oficina de la Casa de la Moneda (el director Jeantet, el amigo Gaston, y otros), en los legionarios compañeros de Raymond testigos de su terrible final... Estos giros animan a la lectura, a proseguir en ella con ansias renovadas. 

El ancho mundo se lee —creo ya haberlo dicho— con suma facilidad y agrado. Pierre Lemaitre es un genio para aunar en literatura al tiempo bondad con ligereza. No son cualidades contradictorias y cuando van juntas el producto obtenido es, sin duda alguna, de calidad superior. Es lo que ocurre (a mí siempre me lo ha parecido así) cuando se aborda una novela de este escritor francés. En esta ocasión Lemaitre se ha puesto el traje de folletinista decimonónico y presenta una saga familiar que, por lo que he podido leer en las sinopsis de las siguientes entregas de la serie Los años gloriosos, llegará hasta el año 1964. Como hacían los grandes narradores del XIX en esta primera novela de la serie se realiza una intencionada confusión autor-narrador que, como rasgo estilístico, me ha gustado mucho. Se percibe la misma en el amable paternalismo con que el autor-narrador se dirige al lector, a sus lectores, tal y como lo hacían en las novelas por entregas los grandes escritores del XIX: 
  • «Hélène llevaba un abriguito que estaba bien para Beirut, pero que en París rozaba el ridículo. Parecía la hija de un aparcero. Ahorraremos al lector los "¡Tú estás loca de remate!" y los "Pero bueno, ¿es que no te das cuenta?" que le soltó François, quien siguió con sus preguntas retóricas»
  • «Y ya las tenemos a cada una en su habitación, con la puerta de comunicación cerrada. Hélène solo se nota las piernas un poco pesadas, pero ha subestimado su cansancio. Apenas se echa, se ha quedado dormida.»
Sirven estas llamadas al lector para introducir reflexiones metaliterarias por parte del propio autor a quien, gracias a esto, vemos en su propio proceso creativo.

Novela francesa actual, Francia colonial, Los años gloriosos, El ancho mundo
Sobre la manera de escribir de Pierre Lemaitre creo haber dicho ya bastante en las reseñas de otras novelas suyas que en este blog he publicado. Invito a quien quiera indagar más sobre ella a que las lea. Aquí no quiero repetirme y voy a obviarlas. Sólo señalaré una característica que considero importante en tanto en cuanto forma parte del universo literario, del mundo ficcionalizado construido por el novelista por medio de su producción literaria. Me refiero a la autorreferencialidad que realiza a otras obras literarias suyas. En concreto y a pesar de los años transcurridos desde que realicé su lectura es evidente la referencia que realiza a los personajes de Édouard Péricourt y  Albert Maillard, protagonistas principales de su novela "Nos vemos allá arriba", novela con la que inauguró la trilogía titulada "Los hijos del desastre". Sobre esta referencia no diré nada más para no romper el encanto de la lectura. Los otros dos títulos de la trilogía ('El silencio y la cólera' y 'Un futuro prometedor') no los he leído, ¡habré de cubrir esta laguna!

Sí citaré lo que el propio Pierre Lemaitre dice en el capítulo de agradecimientos que incluye finalizada la historia que nos ha contado. Es una cita del escritor H. G. Wells que, afirma Lemaitre,  toma del prólogo que el propio autor inglés incluyó en una de sus obras. Dice así:
«"Tomas un rasgo de esta persona, otro de aquélla, coges algo prestado de un amigo de toda la vida, o de alguien a quien apenas has visto en el andén de una estación mientras esperas el tren. Aves, incluso aprovechas una frase o una idea de la crónica de sucesos del periódico. Así es como se escribe una novela. No hay otra forma."
Seguramente hay muchas otras formas de escribir, pero resulta que la de Wells es también la mía.»

Sólo me queda una última cosa, y es el porqué del título "El ancho mundo". La respuesta está en Indochina, la colonia francesa que sin duda alguna está en el centro de esta narración. Allí es donde tiene lugar la corrupción política que se denuncia y allí es donde los asuntos emocionales de los Pelletier vienen a confluir. Siendo el nombre de un local de alterne y bajos fondos de Saigón viene a ser metáfora perfecta de lo que ocurría en Francia respecto a toda Indochina.

(El Ancho Mundo) «era un local enorme situado en la rue des Maríns, en el barrio chino de Cholón; una especie de bazar que albergaba salones de juego, salas de espectáculos, restaurantes, bares y tiendas. En ese lugar, al caer la noche, se congregaban todos los jugadores, noctámbulos, putas, malhechores, burgueses, campesinos y coolies de Saigón dispuestos a perder en unas horas lo que habían ganado en una jornada. También acudían algunos funcionarios que derrochaban lo que no habían podido transferir a Francia.»

 

Conclusión
Una interesante novela que pese a sus casi 600 páginas se lee bien y que no se hace pesada en ningún momento. Lemaitre es un genio del ritmo y sabe dosificar perfectamente los sucesos en cada una de las historias que protagonizan los personajes. Son historias con giros inesperados, pero muy creíbles. Hasta Louis y Ángele, fundadores de la jabonería y creadores de la riqueza y estabilidad familiar, esconden secretos que ni sus propios hijos sospechan. La tensión narrativa es total por momentos en cada una de las historias alcanzando un punto álgido en el que confluyen los asuntos diversos de los cuatro hermanos.

Novela muy recomendable. Literatura de calidad y entretenimiento en estado puro. Una gozada de lectura.

12 ago 2026

Arundhati Roy: "Mi refugio y mi tormenta"

10 comentarios:

«Ahora me he acostumbrado y me encanta mi casa. Mi casa de regalías, comprada íntegramente gracias a la literatura. Un sitio peligroso y mío. Un sitio del que nadie puede ordenarme que me vaya. De vez en cuando beso las paredes, hago un brindis y les enseño el dedo corazón a quienes me critican, a quienes piensan que para escribir y decir las cosas que escribo y que digo tengo que vivir en una situación de pobreza aparente y voluntaria.»

Novelas memorialistas, Ficción y no-ficción
Muchos años han pasado desde que leí con enorme satisfacción El dios de las pequeñas cosas, el libro que dio a conocer mundialmente a Arundjati Roy. Desde su aparición en 1997 nada más había leído de la escritora india. Ahora he vuelto a tener un libro de esta autora en mis manos y he de decir que su lectura ha hecho revivir en mí las gratas sensaciones que experimenté mientras leía hace ya nada menos que treinta años su primera novela.

Es Mi refugio y mi tormenta un sentido y sincero homenaje de la escritora hacia su madre, Mary Roy. En esta su tercera novela la muestra como en realidad fue: una mujer libre, estricta con sus hijos, peleona y triunfante en la empresa educativa que fundó y en cuantos pleitos planteó en defensa de sus derechos como mujer. Pero no sólo habla de su madre, en Mi refugio y mi tormenta Arundhati Roy extiende su mirada afectiva a muchos otros miembros del entorno familiar y de su círculo de amistades. 

Afirma en este libro que El dios de las pequeñas cosas lo dedicó a su madre: «"Me quiso tanto como para dejarme marchar". Esto lo escribí en la portadilla de mi primera novela, El dios de las pequeñas cosas, que está dedicada a ella.». En cierto sentido  Mi refugio y mi tormenta es una amplificación, poniendo más acento en la no ficción que en la ficción, del libro que cambió su vida y la de todos cuantos la rodeaban. Ella misma afirma y nos confirma estar escribiendo una obra memorialista. Una obra cuya necesidad le nació a la autora el mismo día que Mary Roy falleció en 2022:
«Salvar el abismo que separa el legado de amor que dejó en aquellos cuyas vidas rozó de algún modo, y las espinas que clavó en mí, [...], es el motivo por el que escribo estas memorias. Escribirlas me resulta tan difícil como no escribirlas.
Quizá más que como hija que llora el fallecimiento de su madre, lloro como escritora que ha perdido su tema más fascinante. En esta páginas, mi madre, mi gánster, vivirá. Ella fue mi refugio y mi tormenta.»

Dice la autora en un momento de esta novela memorialista que fue el escritor británico John Berger quien mejor supo ver el estilo y género de su obra literaria:
«Poco después de que se publicaran mis artículos sobre las presas del Narmada, recibí una carta suya, en realidad un fax, escrito a mano: Tu ficción y tu no ficción... Te llevan por todo el mundo como tus dos piernas. Era una de las pocas personas que no contraponían mi ficción y mi no ficción como si fueran antagonistas.» (la organización Narmada Bachao Andolan {NBA}, luchaba contra la construcción de gigantescas presas en ese y otros ríos de la India).
Efectivamente esa es la manera de escribir de Arundhati Roy, mezclar la ficción y la no ficción. Algunos, a raíz de la lectura de El dios de las pequeñas cosas clasificaron su obra dentro del denominado realismo mágico. Ella misma sabedora de estos encasillamientos reflexiona metaliterariamente en un momento inicial de Mi refugio y mi tormenta cuando dice:
«La ficción es esa cosa extraña, brumosa, que los escritores no poseen del todo, aunque crean que sí. ¿De dónde viene? De nuestro pasado, nuestro presente, nuestras lecturas, nuestra imaginación: sí. Pero ¿quizá también de premoniciones del futuro?»
La historia que se relata, la de la autora en su relación con Mary Roy, su madre, transcurre sobre todo en el estado de Kerala, especialmente en Kottayam, ciudad a la que pertenece el pueblo de Ayemenem, donde dio sus primeros pasos la escritora. Fuera de esta localización en la que se encuentra el colegio fundado por Mary Roy, es Delhi, la capital, y algunos estados del inmenso país que es la India, donde la novelista nos cuenta esta historia desde que a los dieciséis años decidió abandonar la casa familiar para realizar el examen de ingreso en la escuela de arquitectura, su primera vocación.
«Delhi se encontraba a tres días y dos noches en tren de Cochín, que a su vez está a tres horas en coche de nuestra ciudad, Kottayam, que a su vez está a pocos kilómetros de nuestro pueblo, Ayemenem, donde pasé mi primera infancia.»

Como tantas veces sucede en la vida aquello que nos ahoga, paradójicamente también nos libera. Eso es lo que en síntesis viene a decirnos Arundhati Roy de la relación con su madre. Mary Roy, en el colegio que fundó y dirigió con amable mano de hierro, Señora Roy incluso para sus propios hijos, era una mujer que vivía por y para lo que la novelista denomina «su hermano menor», o sea el colegio. A sus dos hijos biológicos, Lalith Kumar Christopher Roy (LKC) y Arundhati, les exigía igual o más que a los demás («Todas las mañanas ayudábamos a la señora Mathews y a mi madre a barrer las colillas y lavar las tazas y los vasos sucios que dejaban los socios del Rotary Club. [Todos hombres, naturalmente. A quienes nunca se les ocurriría limpiar o recoger nada]»). En algunas dependencias del Rotary Club fue donde inicialmente se ubicó el naciente colegio creado por la madre de LKC y Arundathi.  Por si esto fuera poco, luego, en la diaria vida doméstica, esta mujer no se cortaba un pelo a la hora de zaherirles con pullas, insultos y hasta con castigos físicos a LKC:
  • «Cuando mi hermano era adolescente, ella le dijo una vez: "Eres idiota y feo. Yo en tu lugar me mataría"» 
  • «Ojalá te hubiera abandonado en un orfanato», «Eres una rueda de molino que llevo colgada al cuello», «Esta enfermedad es culpa tuya» y, por supuesto, «Perra». (a Arundathi)
Sin embargo, y de ahí el título, la novelista es sabedora de que Mary la ama, de que en ella siempre encontrará refugio y de que si ha triunfado en la vida ha sido indudablemente gracias a ella:
«En casi todas las películas malayalis que veíamos (Arundathi y Kurussammal, la mujer que más cerca siempre estuvo de su madre), a la heroína la violaban [...] yo creía que a todas las mujeres las violaban, que solo era cuestión de cuándo y dónde [...] Rodeadas de estas historias que utilizaban el miedo como instrumento de control para las mujeres de Kottayam, sobre todo para las alumnas jóvenes, la señora Roy era la única esperanza de huida. [...]
A mí la señora Roy me enseñó a pensar y luego despotricaba de mis ideas. Me enseñó a ser libre y luego despotricaba de mi libertad. Me enseñó a escribir y luego no le gustó la escritora en que me convertí.»
En definitiva, esa es una auténtica relación materno-filial. Pocas veces en la misma conviene adular en demasía, so riesgo de equivocar a su destinatario. Mejor es marcar el camino y una vez en él seguir de manera exigente la marcha de quien lo ha emprendido. Eso es amor responsable. No es necesario estar manifestándolo continuamente de palabra; obras son amores que no buenas razones, dice el refrán español. Lo que no es óbice para que en un momento dado, como en el escrito que llega a manos de la autora estando ya su madre seriamente enferma, ésta le confiese con sinceras palabras: «No hay nadie en el mundo a quien haya querido más que a ti».

Rodeando la vida de Mary Roy y de Micky Roy, el hombre con quien la Señora Roy tuvo a sus dos hijos y de quien cuando Arundhati tenía seis años se divorció, está la propia existencia de la narradora, inmersa desde sus dieciséis años en la del propio país: la India. Arundhati, quizás también por herencia materna, ha sido desde su primera juventud una mujer reivindicativa de sus derechos como persona; contraria a la discriminación de la mujer, tan habitual en muchos de los estados de la India; partidaria de la eliminación del sistema de castas; opuesta al nacionalismo hindú triunfante en su país, que ha provocado varios pogromos contra los musulmanes y diversas guerras entre Pakistán y la India... Pero sobre todo la hija de la Señora Roy ha sido una mujer equilibrada e independiente en su pensamiento, lo que le ha hecho chocar con muchos de aquellos con quienes, en teoría, compartía las mismas ideas. Con la publicación de El dios de las pequeñas cosas  muchas críticas le llovieron a su autora. Y es que ser independiente no ha sido nunca bien aceptado por las organizaciones partidistas:
«Había en Kottayam corrientes profundas de tensiones sociales de las que no teníamos conocimiento. El gobierno marxista de Kerala estaba descontento con el libro, en el que veía una crítica inaceptable del partido y su líder legendario E. M. S. Namboodiripad, primer ministro comunista de Kerala. Yo era admiradora suya pero no acólita. La crítica presente en El dios de las pequeñas cosas tenía que ver  con la actitud del partido ante la cuestión de la casta. Me acusaron de anticomunista (aunque no hubiera nada más lejos de la verdad) y por algún tiempo se sopesó la posibilidad de prohibir la novela.»
Reconocer a una verdadera intelectual, como lo es  Arundhati Roy, se comprueba al ver cómo por encima de todo la misma mantiene siempre una actitud crítica cualesquiera sea el asunto de que se trate. Lo mismo da que sea el tema de las castas, tan arraigado en la India incluso entre los comunistas, como el nacionalismo hindú, triunfante desde hace años y gobernando el país durante al menos ya tres legislaturas completas («en mayo de 2014, Narendra Modi juró el cargo de primer ministro»); también se muestra muy crítica con el ascenso del sentimiento religioso cualquiera que sea la creencia que se practique tanto la de su propia familia sirio-cristiano-ortodoxa cuanto la hindú, la musulmana o alguna otra de los cientos que en la India se practican 
«Corría el año 1990. El mundo estaba cambiando. El Muro de Berlín había caído. La Unión Soviética pronto dejaría de existir. No solo India, todo el subcontinente asiático vivía tiempos convulsos. El "sentimiento religioso" era en aquel entonces el viento que hinchaba todas las velas.»
En Mi refugio y mi tormenta Arundhati da muestras de su incontrovertible feminismo nacido seguramente  observar cómo su propia madre luchó contra las injustas leyes que excluían a las mujeres de las herencias, que las tenían siempre en menor consideración que los hombres. Pero no sólo contra las leyes injustas clama Arundhati, la hija de Mary Roy también lucha con todas las fuerzas a su alcance contra el machismo hindú que considera normal abusar de cualquier ser humano que no sea hombre
«en la India ninguna mujer de ninguna religión, clase, casta o ideología tendría alguna vez la seguridad suficiente para cantar a las estrellas en una carretera solitaria mientras su búfalo la llevaba a casa.» (reflexiona la narradora al contar cómo en uno de sus viajes en coche ella y su marido Pradip adelantaron a un carro cuyo conductor, un hombre, iba tranquilamente tumbado cantando a las estrellas)

Muy importante en estas memorias noveladas es la referencia que hace a su actividad como circunstancial actriz cinematográfica y a su mucha más estable ocupación como guionista de películas y series televisivas. Fue allí en el ámbito de Bollywood donde Arundhati conocerá a personas que tendrán mucha relevancia en su vida. De todas ellas la más importante sin duda alguna será Pradip, director y guionista cinematográfico que la hará debutar en un film y con quien escribirá guiones televisivos de éxito para Doordarshan que «era por aquel entonces la única cadena de televisión del país». También tuvo importancia en su actividad cinematográfica su amistad laboral con Sanjay, ayudante de dirección de Pradip. Fue con él con quien acudió a Cachemira a informarse sobre la represión y las matanzas que se estaban produciendo en la zona, De resultas de esta visita fue el rodaje de un documental por parte de Sanjay titulado "Cómo celebramos la libertad"

«Para un ciudadano indio con un mínimo resquicio de conciencia, visitar Cachemira es quedarse sin hogar. Porque después de conocer Cachemira uno no puede volver a las conversaciones, las bromas y la diversión inofensiva de antes. La ignorancia amoral, deliberada y cultivada que manifiestan la mayor parte de los indios sobre lo que allí está ocurriendo, lo que se está haciendo en su nombre, resulta difícil de soportar.»

 Son precisamente informaciones que yo desconocía, como la anterior sobre Cachemira, lo que me ha hecho muy atractiva la lectura de Mi refugio y mi tormenta. Muchas cosas he aprendido sobre el inmenso país que es la India. Un país que vive sometido a diversas «demoniocracias» (dictaduras de corte democrático). La más importante es la impuesta por el BJP, Partido Nacionalista Hindú,  que lleva ya bastantes años en el poder y que tiene vocación de perpetuarse en el mismo fomentando la división en el país a base de arremeter contra la población musulmana

  • «Estábamos bien inmersos en los años oscuros del infierno nacionalista hindú: linchamientos públicos de musulmanes, vídeos de linchamientos públicos, de palizas públicas, de asesinatos en masa y de multitudes armadas con espadas que marchaban por las calles llamando abiertamente al genocidio de los musulmanes.»
  • «El BJP prometía devolver a la India su glorioso pasado hindú, dejando atrás siglos de opresión musulmana»

India, literatura hindú, Pakistán,
Por último debo destacar que la imagen que de sí misma transmite Arundhati Roy en estas memorias es la de una mujer independiente, comprometida con su tiempo, defensora de los derechos de la mujer; una mujer que denuncia las injusticias vengan de donde vengan, por muy tradicionales que éstas sean como el sistema de castas; que sabe cortar amarras con ideologías que en su afán de progreso con frecuencia se convierten en reaccionarias; una mujer que se relaciona con los hombres de igual a igual; una mujer afectiva que comprende la manera de ser de sus mayores (su autoritaria madre; su padre, adicto al alcohol y otras sustancias; su tío G. Isaac que echó a Mary Roy e hijos de la casa familiar al arrogarse el derecho machista de la herencia familiar; su lejano y fallecido abuelo, entomólogo imperial, de quien en definitiva proviene la clase acomodada a la que la familia pertenece; su querido hermano LKC a quien junto a su madre dedica la novela; etc.). Una mujer que, como corresponde a su tiempo, tuvo su época de joven hippie degustadora de la música de los Beatles, Rolling y otros y que en su primera juventud coqueteó en alguna ocasión con las drogas blandas y el amor libre.