La muerte siempre sorprende y nos sorprende. Cuando ayer por la tarde, en un grupo de wasap de los muchos que uno carga en el móvil, alguien, ahora mismo no sabría decir quién, escribió la triste noticia, apenas si pude dar crédito. Es cierto que ella misma, Almudena Grandes, había escrito no hace mucho en uno de sus artículos que publicaba en EPS (El País Semanal) la presencia de la enfermedad en su organismo, pero también era cierto que la escritora madrileña a renglón seguido quitaba hierro al asunto: "Parece que tiene buen pronóstico", decía.
Comencé a leer a Almudena con Las edades de Lulú novela que me sorprendió, me zarandeó, me perturbó, me dejó k.o. Hasta ese momento no había caído en mis manos una novela tan libre, tan turbulenta, tan inquietante; una novela que me revolviese por dentro, que pusiese en evidencia los peligros que subyacen a la sociedad bien pensante, las cloacas que existen bajo ella y lo que en ellas se cuece. No todo en la novela era puro erotismo, también había dominación, amor confundido con sexo y a la inversa, engaño, etc.
Tras la convulsión de esta primera lectura esperé con expectación la siguiente novela de la joven madrileña. Fue Te llamaré Viernes que me desilusionó bastante, de manera que su siguiente obra Malena es un nombre de tango, aunque me agradó, la leí con mucho menos entusiasmo, y ya su Atlas de geografía humana se quedó sin abrir sus páginas muchos años en mi biblioteca. A partir de este momento de Almudena lo que sí leía y con mucho gusto eran los artículos que publicaba en diversos medios. No volvería a la novelista hasta varios años más tarde, concretamente con sus "Episodios de
una guerra interminable". De las cinco novelas -de un plan de siete- que hasta el momento de su fallecimiento había publicado de la serie, he leído cuatro (Inés y la alegría, Las tres bodas de Manolita, Los pacientes del doctor García y La madre de Frankestein), sólo me he dejado por ahí -y no sabría explicar por qué- El lector de Julio Verne.
En medio de la lectura de las novelas de los Episodios... leí Los besos en el pan. Esta novela me reconcilió ya absolutamente con la gran Almudena Grandes. Es, quizás, de todas las novelas que de ella he leído la que recomendaría más vivamente.
A lo largo de la vida de este blog en cuatro ocasiones he reseñado novelas de la escritora fallecida. Coloco a continuación los títulos de cada una de estas entradas para que pinchando sobre ellas se pueda, si así se desea, leer las reseñas que realicé de las mismas. Son las siguientes:
Descanse en Paz la magnífica escritora que fue y la figura literaria que ha sido, es y será por siempre Almudena Grandes (Madrid, 7 de mayo de 1960 - Madrid, 27 de noviembre de 2021)
“Comprendí que las jaulas no siempre estaban fuera, en las amenazas y los chantajes de las personas que tenían el poder. También podían estar dentro, incrustadas en el cuerpo, en el espíritu de todas las mujeres perdidas que asumían mansamente un destino que no habían elegido”.
Tras haber leído con sumo gusto las dos entregas anteriores de los "Episodios de una guerra interminable" -"Las tres bodas de Manolita" y "Los pacientes del doctor García"- tenía ganas de hacerlo con "La madre de Frankenstein". Mi acercamiento a esta quinta entrega de la serie venía algo condicionada por la lectura de una serie de reseñas en las que esta novela de Almudena Grandes era considerada como inferior a las anteriores. Así pues mis expectativas no eran tan altas como las que tuve con las otras de la serie.
La verdad es que tras finalizarla mi impresión general en comparación con las dos que la precedieron es la de que "La madre de Frankenstein" está algo por debajo de aquellas. Cualquier comparación es odiosa, se dice habitualmente, pero cuando tenemos varios productos bien realizados por una misma creadora que los presenta como partes de una serie, es decir, al servicio de un proyecto más amplio, sí que es oportuno hacerla. Como paliativo de lo anterior conviene decir y recordar que, literariamente hablando, "Las tres bodas de Manolita" y "Los pacientes del doctor García" rayaban a una altura que se alcanza muy pocas veces.
La novela
La razón del título viene dada por ser Aurora Rodríguez Carballeira, personaje real, el motivo que abre el relato. Aurora es la madre de Hildegart Rodríguez Carballeira, una joven superdotada, a la que su madre en un ejercicio de autoritarismo y soberbia impensables asesina en 1933 al considerar que igual que le había dado la vida podía quitársela. El caso fue considerado propio de una mente enferma y Aurora fue encerrada de por vida en el manicomio de mujeres de Ciempozuelos (Madrid) donde el personaje de ficción, el doctor Germán Velázquez Martín, la encontrará en 1954 cuando entra a trabajar en este establecimiento.
"La madre de Frankestein" como el resto de novelas de la serie es una novela histórica que mezcla personajes reales como el de Aurora, el obispo Leopoldo Eijo Garay, los psiquiatras Juan José López Ibor y Antonio Vallejo Nájera, el abogado Juan Botella Asensi o el periodista Eduardo de Guzmán… con otros, la mayoría, puramente ficticios salidos de la mente de la escritora. Los más relevantes de los inventados son: el doctor Germán Velázquez; la auxiliar de enfermería María Castejón; Pastora, compañera de Rita, la hermana de Germán, en el taller de reparación de medias donde trabajan ambas; Eduardo Méndez, colega de Germán en el Hospital; y otros más.
La acción se vertebra en torno a tres personajes: dos de ficción, Germán y María; y uno real que es quien propicia el encuentro de los anteriores, me refiero a Aurora, la madre de Hildegart. Cada uno de estos tres seres sirve a la autora para desarrollar otros tantos círculos actorales a su alrededor.
El doctor Germán Velázquez logra salir en 1939 de España desde el puerto de Alicante a bordo del 'Stanbrook', barco real comandado por el también real capitán inglés Archibald Dickson. Se dirige hacia Suiza donde será acogido por el doctor Samuel Goldstein gran amigo de su padre al que debió la vida durante la guerra civil española en la que participó dentro de las brigadas internacionales. Gracias a este psiquiatra judío refugiado en Neuchatel Germán estudiará y se hará con un nombre en la aplicación de un fármaco nuevo que mejora mucho la calidad de vida de los esquizofrénicos. Esta fama será la que provocará que Germán sea invitado por el doctor Robles del psiquiátrico de Ciempozuelos a trabajar en España a fin de ensayar aquí ese fármaco.
La auxiliar de enfermería María Castejón abre al lector una panorámica más popular de la vida española del momento. Ella trabaja como chica de servir en una casa acomodada de la burguesía madrileña, la de doña Prudencia Molina. Allí es compañera de Rosarito mayor que ella y más antigua en la casa que la introduce en los secretos de la vida. También ahí conoce a Alfonso Molina, sobrino de los señores de la casa, de quien se enamorará perdidamente durante los tres meses de un verano que él residió en la casa de la calle General Mola de Madrid. También María sirve para abrir el abanico actoral hacia los trabajadores no sanitarios del Manicomio de Ciempozuelos donde además de trabajar ella reside desde siempre en la casa del jardinero, su abuelo. Juan Donato, importante en la vida de María, es otro trabajador no sanitario del manicomio donde hace arreglos y servicios de todo tipo en una especie de chico para todo.
Aurora Rodríguez Carballeira es en torno a quien se articula un tercer núcleo actoral en que están también integrados Germán y María como auxiliar de enfermería y amiga de la interna. A este grupo de personajes pertenecen el doctor Robles, director del psiquiátrico; el doctor Eduardo Méndez, amigo de Germán y de gran ayuda para María; la hermana Belén, superiora de la Comunidad de las Hermanas Hospitalarias, propietarias y gestoras del manicomio de mujeres de Ciempozuelos, que apoya en todo los proyectos innovadores del joven psiquiatra Germán Velázquez; Pedro Armenteros, sacerdote integrista contrario a las innovaciones que promueve Germán en el Hospital y cuyo afán es conseguir captar al doctor para el grupo de asistentes a los Cursillos de Cristiandad que se celebran bajo la dirección del obispo Eijo Garay.
Como se ve la galería de personajes que Almudena Grandes presenta en ésta y en las otras novelas de la serie es inmensa. Muchos de los personajes de las novelas precedentes aparecen aquí aunque con un papel menor o simplemente nombrados: el padre de Germán, doctor en psiquiatría Andrés Velázquez, es quizás el que más papel tiene sobre todo al inicio de la novela; Rita, hermana de Pastora, y su marido Rafael Cuesta, al igual que el marido de Pastora, el teniente de la Guardia Civil Miguel Sanchís, fueron muy importantes en las anteriores dos novelas y aquí salen de refilón; etc., etc.
Todos ellos son seres con personalidad propia, distintos los unos de los otros. Destaca especialmente el grupo de las mujeres, la mayoría de ellas, como dice la propia escritora en la promoción de su novela, mujeres empoderadas que buscan realizarse por sí mismas sin dependencias injustas de los hombres ni de nadie. Son mujeres que al igual que algunos de los personajes masculinos (Germán Velázquez o el doctor Eduardo Méndez) buscan la felicidad y son capaces de burlar las barreras impuestas por el Régimen nacional-católico a la sociedad española. En este grupo sobresale especialmente Pastora, viuda de un militante comunista, María Castejón, la hermana Belén que busca la felicidad de las internadas en el psiquiátrico, y ya en otra dimensión ciertamente equivocada pero para ella real y cierta Aurora Rodríguez Carballeira.
Una novela, como las del resto de la serie, de personajes, una novela coral en la que el actor principal es Madrid: la vida durante los años 50 de un Madrid oscuro, gris, sin alegría, desilusionado, donde todo atisbo de felicidad es visto como pecaminoso, donde la psiquiatría oficial -la de los doctores el coronel Vallejo Nájera y su enemigo acérrimo dentro del bando franquista el opusdeísta Juan José López Ibor- practica con los enfermos métodos crueles como las camisas de fuerza, los baños en hielo, las descargas eléctricas... como terapias adecuadas para curar las dolencias del alma entre las que incluían la homosexualidad.
Las historias que se muestran van entreverándose unas con otras, avanzan y retroceden en el tiempo, y se estructuran en cuatro apartados de significativos títulos:
I. El asombro (1954): muestra la sorpresa que Germán Velázquez se lleva en su reencuentro con la España franquista quince años después de haberla dejado y su asombro al encontrarse en el psiquiátrico de Ciempozuelos con una enferma que rompe todos los estereotipos, la madre de Hildegart.
II. La compañía (1955): No es bueno que el hombre esté solo, diríamos que la autora viene a pensar y por ello da compañía a unos y a otros personajes: a Aurora, a Germán, a María, a Eduardo, a Pastora...
III. La soledad (1956): En esta parte los personajes principales se enfrentan a la soledad, cada uno a la suya. Germán rememora aquella que en 1950 lo llevó a casarse con una de las hijas de su protector Samuel Goldstein ("el 25 de agosto de 1950 me casé con Herta Rebecca Goldstein”) y luego su soledad en España que Pastora y María vendrían a paliar. María, por su parte, dada la diferencia de clase social existente entre ella y Germán piensa que entre ellos no hay nada que hacer y que más le valdría, si de verdad quiere no quedarse sola, dirigir sus ojos hacia alguien de su nivel como ese tal Juan Donato porque "las cosas como son, el doctor Velázquez nunca me rescataría de Juan Donato de la única manera posible, o sea, casándose conmigo."
IV. La madre de Frankenstein: Aunque a lo largo del relato hemos sabido y comprendido el porqué del título de la novela es ahora cuando viene a hacerse explícito en esta parte situada ya en período democrático, más de veinte años después de fallecida Aurora en 1955. El doctor Velázquez presenta en Madrid un libro sobre la fallecida con ese título proveniente de la afición que la parricida tenía durante su encierro de fabricar muñecos de tela a los que en su desvarío quería insuflar vida tal como -decía- ella había hecho con su propia hija Hildegart, razón por la que ésta no era dueña de la misma en absoluto pues se la debía a ella.
La historia de Germán (Nota de la autora). Sigue al apartado IV una quinta sección, ya sin número de orden donde la propia Almudena Grandes viene a contar cómo se gestó en ella este relato. Cómo desde 1989 llevaba rondando en su cabeza la idea de escribir algo sobre la madre de Hildegart a raíz de haber leído por esas fechas -en 1989 la novelista acababa de publicar con gran éxito "Las edades de Lulú"- un libro titulado “'El manuscrito encontrado en Ciempozuelos' del psiquiatra y ensayista asturiano Guillermo Rendueles Olmedo”. En ese momento estaba en auge la novela gótica que a la novelista, dice aquí, mucho le agradaba, y este libro "en la portada, junto con una fotografía de una mujer sobre la que se superponía otra de una señora con cara de general romano, aparecía un fotograma de una antigua adaptación cinematográfica de 'Frankenstein', inspirada en la novela de Mary Shelley que también había leído"
En esta parte final -una especie de epílogo- la novelista muestra bien a las claras sus intenciones:
“La madre de Frankenstein es una novela de ficción construida sobre hechos reales. Mi inspiración original fue, desde luego, la vida y la muerte de Aurora Rodríguez Carballeira, una realidad que parece un alucinante, incluso delirante, argumento de ficción. Porque alrededor de la madre de Hildegart, de su vida, de su crimen y su destino, se fueron trenzando un buen número de historias, algunas falsas y muy hermosas, otras ciertas y mucho más feas” (p. 463)
La novela está contada por estos tres personajes principales en primera persona. Muchas veces sobre todo cuando quien narra es María el discurso va dirigido a una segunda persona que es difícil de identificar en ocasiones -quizás a veces sea ella misma la que se interpela en forma de soliloquio- si bien en otras queda claro el receptor de esas llamadas de aquiescencia en forma de reiterativos 'fíjate' aunque no siempre sea el mismo:
"Por mucho que hubiera vivido en Suiza, por mucho que no entendiera España, por muy amable que fuera conmigo y aunque yo le gustara, porque sabía que le gustaba, las cosas como son, el doctor Velázquez nunca me rescataría de Juan Donato de la única manera posible, o sea, casándose conmigo. Eso era lo único en lo que se parecía al doctor Molina, fíjate” (p. 273)
En este aspecto formal, aparte de lo habitual en la autora y ya señalado por mí en las otras reseñas de novelas de estos "Episodios de una guerra interminable" [ver reseñas de "Las tres bodas de Manolita" y de "Los pacientes del doctor García"] quisiera destacar lo mucho que me ha gustado el divagar de la mente enferma de la asesina de Hildegart. Lo bien que Almudena Grandes utiliza el flujo de conciencia y el monólogo interior en ese ir y venir torpe, roto, desordenado, de los pensamientos por una cabeza superdotada pero completamente destrozada la hilazón lógica entre ellos:
"¿Ya es de noche? ¡Qué barbaridad, cómo pasa el tiempo! ¿Y en qué mes estaré? Pues no lo sé, cómo voy a saberlo, si estoy todo el tiempo durmiendo. A lo mejor, Germán engendró a nuestro hijo mientras yo dormía. Claro, eso sería, le parecería más delicado, querría ahorrarme esa asquerosidad, y yo se lo agradezco pero, claro, ahora no sé cuánto me falta... ¡Qué frío hace de repente! Me han puesto una manta, pero tengo la nariz helada. Yo creo que fue una mujer la que me besó, ¿pero quién? Hilde... ¡Ay, pobrecita Hilde!" (p. 399)
Para finalizar
Como en las otras de la serie el homenaje que Almudena Grandes hace a Benito Pérez Galdós en esta novela es más que evidente. Madrid, sus calles, la vida de sus gentes populares, la indiferencia de los poderosos, el abuso por el abuso ejercido dobre los débiles, la demostración del poder por encima de cualquier otra consideración están presentes en "La madre de Frankenstein"
"Esto es un pulso por el poder, porque ahora mismo la clorpromazina es poder, y el poder, en España, es un derecho exclusivo de quienes ganaron la guerra. Y, aunque a mí me obligan a agradecerles todo el tiempo que me hayan perdonado, yo no la gané, y tú menos” (p. 302)
Es un ejercicio de repaso de la historia reciente tal como hizo Galdós en sus Novelas contemporáneas y en los Episodios Nacionales más próximos a su momento vital. Ambos, don Benito y Almudena, colocan siempre en primer término como hacedores de la Historia al pueblo; de ahí el innegable costumbrismo que permea las narraciones de uno y otra.
Una novela que se lee con muchísimo gusto gracias al estilo desarrollado por la novelista que logra captar al lector, meterle dentro del relato, hacer que se identifique con ese personaje colectivo que en distintos tipos y figuras deambula por el Madrid de esos años 50. Una manera de conocer la vida real de las gentes durante esos años de miseria y sufrimiento dentro de la España franquista en la que, naturalmente, también las personas vivieron o al menos buscaron historias de placer, de felicidad y alegría. Y entre estas personas, Almudena Grandes, se fija especialmente en esta narración -y también en las otras de la Serie- en las mujeres, sufridoras por partida doble de la represión y falta de libertades del momento en nuestro país.
No sé por qué motivo se me había metido en la cabeza que esta cuarta
entrega de la serie "Episodios
de una guerra interminable" de Almudena
Grandes iba sobre el robo de bebés y entrega de los mismos a familias
franquistas estériles. El tema me atraía por la actualidad que el mismo está
teniendo hoy día por el juicio a que ha sido sometido (¡¡y quedado en
libertad!!) el doctor Vela que junto a instituciones sanitarias y servidores de
la Iglesia (Sor María, entre otras) traficó y robó a diversas madres no pocos
bebés recién nacidos que, adultos hoy, buscan a sus padres biológicos
Como tantas veces nos sucede a los lectores mis expectativas sobre esta novela se revelaron, afortunadamente esta vez, completamente infundadas. Digo afortunadamente porque si positiva fue la sorpresa argumental ésta se vio acrecentada al ir acompaña de una calidad narrativa que aunque conocida por mí y ya saboreada en otras recientes lecturas de la escritora madrileña, -"Los besos en el pan" [leer reseña aquí] y "Las tres bodas de Manolita" [leer reseña aquí]-, no me trasladó a ese peligroso espacio mental del 'bueno, sí, está bien escrito, pero ya conocía yo esta manera de decir que tiene esta autora'. Sí, claro que sé lo bien que escribe Almudena Grandes, pero lo que no sabía hasta hace muy poco es el inmenso placer que la lectura de sus novelas me produce. Son novelas dinámicas, vivas, en las que el lenguaje del pueblo corre con libertad, en las que los recursos narrativos -complicados y novedosos en ocasiones- discurren por el texto como si se tratase de artificios verbales al alcance de cualquiera. Y no, para nada, la cosa tiene extrema dificultad, y el manejo del idioma que muestra la novelista no está al alcance de cualquiera. De ahí el placer máximo que la lectura de la historia del doctor García me ha producido y que ya sin más demora paso a comentar.
"Los pacientes del doctor García"
Esta novela, por la que su autora ha sido distinguida con el Premio Nacional de Narrativa 2018, cronológicamente comienza en plena guerra civil, en Madrid, donde un joven doctor, Guillermo García Medina, se esfuerza por salvar la vida de aquellos que por cientos son trasladados al hospital clínico de San Carlos donde trabaja junto al Doctor Norman Bethune, médico voluntario canadiense que ha arribado a España con las Brigadas Internacionales de apoyo a la República. De él Guillermo aprenderá a conservar en frigorífico la sangre donada para luego transfundirla y así lograr salvar muchas vidas. En este mismo hospital trabajan el Doctor Quintanilla, director del San Carlos y jefe de Guillermo, y Andrés Velázquez, médico superior de Quintanilla. Al doctor Velázquez lo conocimos en la novela anterior de la Serie.
El doctor García salvará empleando el método de la transfusión sanguínea a varios jóvenes que luego tendrán mucha importancia en su vida El primero es José Moya, un jienense que tras su retorno a la vida le estará plenamente agradecido. Si a Pepe Moya Guillermo le salva la vida en enero de 1937, diez meses más tarde, en noviembre, el mismísimo José Moya pondrá al doctor García en contacto con otro hombre al borde de la muerte quien tras prácticamente volver a la vida por obra y gracia del médico le va a complicar a éste bastante la existencia en un futuro. Este hombre era Manuel Arroyo Medina.
Estos dos personajes son los palos sobre los que la novelista construye esta historia mucho más cosmopolita que la anterior que tanto me agradó -"Las tres bodas de Manolita"- y que indudablemente es mucho más costumbrista, más madrileñista, pues toda ella transcurre en la capital de España sin traspasar en ningún momento sus fronteras.
En "Los pacientes..." la acción transcurre esencialmente durante los últimos años de la década de los 40 y los 50 completos cuando los republicanos derrotados por los autodenominados 'nacionales' ilusionada e ilusamente esperaban que los países democráticos que habían vencido a los nazis en la II Guerra Mundial recién concluida hicieran lo propio con quien desde España los había apoyado: Franco. Sin embargo como sabemos por la Historia los vencidos fueron nuevamente derrotados en sus ilusiones y esperanzas por la nueva geopolítica que la denominada Guerra fría entre la URSS y Occidente había dibujado. En este nuevo mapa mundial España venía muy bien a los aliados como portaviones terrestre desde donde tener controlado el Mediterráneo, Africa y el estrecho de Gibraltar. Ante tal estado de cosas las democracias occidentales dieron una vez más la espalda a España y concretamente en 1953 se fragua un acuerdo España-Estados Unidos que fue definitivamente bendecido en 1959 con la visita oficial a España del presidente Eisenhower. Por este acuerdo España cedía a USA terreno suficiente para cuatro bases militares.
Lo anterior, como digo, todos a día de hoy y desde hace ya mucho tiempo lo sabemos. Lo que no nos podíamos imaginar es el denodado y desgraciadamente baldío esfuerzo que algunas personas derrocharon para tratar de expulsar en vano al Caudillo. Esta desilusión, terrible e inhumana, es la que Almudena Grandes nos relata en las páginas de esta novela. Nos la cuenta del modo que ella acostumbra hacer y que ya hemos comprobado en anteriores novelas de la serie. La escritora lo declara explícitamente en la "Nota de la autora" que añade al finalizar la novela en sí:
“Como todos los libros de la serie 'Episodios de una guerra interminable’, 'Los pacientes del doctor García’ es una novela de ficción edificada alrededor de hechos reales" Estamos, pues, ya lo sabíamos, es cierto, ante una novela histórica. Una novela histórica construida al modo que Almudena Grandes ha utilizado en las otras novelas de la serie, o sea, intercalando en el relato sin previo aviso breves piezas de no ficción en las que presenta objetivamente "los hilos que tejieron la coyuntura histórica en la que se apoya mi relato", declara ella misma. Y en esa 'Nota de la autora' termina diciendo: "Estos textos, narrados en presente histórico, cuentan acontecimientos rigurosamente auténticos, pero no más que otros hechos y figuras que interactúan con mis personajes inventados en los capítulos de ficción.”
He aquí, pues, bien a las claras -en estas novelas de la serie se comprueba a las mil maravillas- la idoneidad y supremacía de la novela histórica sobre la propia Historia al dejarnos ver el funcionamiento "real" (sus sentimientos, sus pasiones, sus temores, sus anhelos...) de los seres que hacen la Historia pero que en los manuales y tratados históricos se ven relegados a un plano secundario ante el torbellino y fuerza del hecho sufrido o realizado por ellos mismos. Estos personajes, en especial Manuel Arroyo y Guillermo García, inventados ambos, son completamente verosímiles en sus afectos y relaciones amorosas: Guillermo con Amparo Priego con quién intima durante los años de guerra y a quien utiliza luego en los cuarenta y cincuenta para entrar en contacto con las esferas falangistas que facilitaban la salida hacia Argentina a través de España de cualificados asesinos nazis (personajes totalmente reales éstos) como Otto Skorzeny, el héroe de las Arenas, oculto bajo la identidad de Rolf Steinbauer, o Josef Hans Lazar (Bam Lazar) que fuera agregado en la embajada de Hitler en España. Es durante estos años cuarenta y primeros de los cincuenta cuando Rafael Cuesta (nombre falso que utiliza Guillermo acabada la contienda para pasar desapercibido) vierte sus afectos sobre Rita Velázquez, comunista hija del doctor Velázquez a quien conocimos en "Las tres bodas de Manolita" y que murió en la cárcel de Porlier. Es con ella con quien Rafael formará una familia y se establecerá definitivamente.
Al igual que sabemos de Guillermo, conocemos las vicisitudes por las que pasa Manuel Arroyo desde sus humildes orígenes leoneses hasta verle convertido en un auténtico agente secreto a las órdenes directas de personajes españoles reales como Pablo Azcárate o el doctor Juan Negrín, presidente de la República española en el exilio, infiltrado en las filas enemigas a fin de poder conocer de primera mano las acciones que la red dirigida por Clara Stauffer (personaje histórico, segunda en el escalafón de la Sección Femenina falangista) realizaba ayudando a que nazis criminales eludiesen sus responsabilidades penales. Manuel Arroyo llegará a hurtar la identidad de un combatiente español de la División Azul partícipe en acciones criminales de lesa humanidad para, bajo esa falsa personalidad, viajar a Buenos Aires donde finalmente, al ser España dejada a su suerte por los estados democráticos, fijará residencia y emprenderá una nueva vida con Simona Gaytán, mujer viuda que acogerá en su seno a este hombre desprotegido de todo y de todos.
Según leía las vicisitudes corridas por el personaje Manuel Arroyo Benítez venía a mi cabeza otro agente secreto, otro infiltrado como él, que está actualmente viviendo su historia y vida de ficción en las novelas de la Serie Falcó de Arturo Pérez-Reverte. Me refiero evidentemente a Lorenzo Falcó cuya última aventura novelesca titulada "Sabotaje", 3ª entrega de la serie, está teniendo el éxito que acostumbra acompañar a todo cuanto sale de la mano del escritor de Cartagena. No es cosa ahora de establecer aquí comparaciones entre uno y otro agentes infiltrados, baste con decir que militan en bandos opuestos durante la contienda civil y que el talante personal de uno y otro son diferentes en extremo, ganando por goleada en cinismo e hipocresía Falcó.
Pero volvamos a la novela de Almudena Grandes. Desde el punto de vista formal ya en la reseña de "Las tres bodas de Manolita" destaqué algunas cosas. Ahora a las allí señaladas sólo me cabe añadir algunas cosillas más. En primer lugar diré que la narración se organiza en cinco apartados titulados con frases que nos llevan al mundo médico y hospitalario en lógica derivación del título de la novela: I. Hospital de sangre; II. Procesos infecciosos; III. Tumores infiltrados; IV.Puntos de sutura; y V. Las cicatrices duelen con los cambios de tiempo. Como suele hacer, la escritora madrileña aprovecha la titulación de estos cinco apartados para rendir homenaje a don Benito Pérez Galdós que solía intitular de manera parecida las secciones de las cinco series que componen sus "Episodios nacionales". El homenaje al escritor canario es evidente no sólo en el título genérico de la Serie,"Episodios de una guerra interminable", sino también en los apartados o secciones que vienen a componer cada una de las novelas de la serie; y desde luego lo es, y mucho, en esa manera que tiene la autora madrileña de nominar las diversas y numerosas secuencias que conforman cada una de las cinco partes. Estas secuencias sirven para que el lector sitúe debidamente el momento histórico concreto en que sucede la acción que se relata a continuación.
El desordenado puzle que en definitiva es la novela se organiza con estas referencias mucho mejor en la cabeza de los lectores que si no estaríamos perdidos en esta historia de personajes reales y ficticios cuyas relaciones son abundantísimas y duraderas en el tiempo. Por ello, al final de la obra y como suelen hacer los escritores clásicos de la literatura sobre todo policíaca, ofrece la relación de personajes agrupados por espacios ('En la capital del General Perón', 'En un hospital del Madrid sitiado', 'En una trinchera de la Wilhenstrasse', etc.).
No quisiera alejarme mucho de la referencia que he hecho a Galdós sin anotar una sensación que de manera muy pasajera me ha forzado a hacer algún que otro mohín de disgusto. Advierto de lo pasajero de la sensación y aclaro que, por si alguien aún no lo ha percibido, esta novela me ha gustado mucho y recomiendo su lectura a cualquiera que tope con ella. Pero dado que me he puesto exquisito señalaré estas fugaces sensaciones de disgusto. Una de ellas es ésta: En un momento dado en que la narradora está hablando del marido de María Eugenia León, para marcar la vida matrimonialmente separada que llevaba la pareja se nos dice que los cónyuges se habían distribuido la vivienda de manera que “su marido ocupaba el ala izquierda, aunque cuando quería compañía se instalara en el ático, una vivienda que limpiaba una asistenta a la que su mujer no conocía y de la que sólo sabía que contaba con una terraza que era espectacular.” Se le hace preciso al lector un ejercicio de desambiguación dada la dificultad de adscribir un elemento sintáctico a uno u otro referentes: Sí, claro, las asistentas no tienen pisos con terraza, pero ¿es pretendida está ambigüedad inicial o es sólo consecuencia de una escritura veloz?
La pregunta anterior yo la resolvería del lado de la velocidad y aquí vuelvo a juntar a Almudena Grandes con Galdós a quien sus críticos le achacaban ciertos errores y omisiones producto de la premura con que escribía. Creo que a nuestra escritora le sucede a veces o mismo en ésta y las anteriores novelas de la serie, todas ellas de una extensión grandísima y con un universo de personajes imposible de controlar por su magnitud. Por ello a veces cae en contradicciones evidentes como la que a continuación señalo producto a buen seguro de premura y rapidez en la escritura: el narrador acaba de decir que a las mujeres se las fusiló por la mañana y que luego ”llegó el turno de los hombres” pero a renglón seguido leemos:
“Aquella noche, cuando volvió a montarse en el camión que lo devolvería al frente de Narva, Adrián Gallardo Ortega había participado en la matanza de doscientas personas desarmadas, cien hombres por la mañana, cien mujeres por la tarde.”
Son pequeñísimos borrones en una obra plena de aciertos. Y digo llena de aciertos porque los anacronismos, tan frecuentes en las novelas históricas, que la escritora introduce como comer palomitas en un cine el año 1968, considerar que los mesones que bordean el subsuelo de la Plaza Mayor de Madrid fuesen ocupados en 1948 esencialmente por turistas o que en 1946-1947 alguien considerase como una posibilidad al alcance de la mano alquilarse un coche en España creo que son deslices intencionados por parte de la autora para atraer al relato a ese tipo de lector joven que no vivió esa época y a quien hablarle con referentes de su presente es lo más oportuno para atraparle en el relato. Y es que yo no puedo creer que Almudena Grandes no haya reparado en estos detalles por nimios que parezcan a no ser que de nuevo la velocidad de escritura le haya jugado una mala pasada..
La novela está narrada a dos voces, en primera persona las secuencias en las que es el doctor García quien cuenta y el resto en una tercera persona, externa y objetiva, que en ocasiones viene a confundirse con la propia autora al declarar decididamente su presencia ella misma como cuando hablando el narrador de la inmensa capacidad de trabajo de Clara Stauffer leemos: "Pero como ya se sabe que las mujeres somos capaces de hacer varias cosas a la vez".
La escritora crea unos personajes psicológicamente muy bien perfilados y los presenta en su vivir, siendo a través de sus acciones que alcanzamos a conocer su verdadero ser interior. Esto me parece una muestra de estilo maravillosa que la novelista maneja a las mil maravillas. Un ejemplo se da cuando el personaje de María Eugenia León visita a Pilar Primo de Rivera para abogar por Fernando Villa preso en la cárcel por haber apoyado a Manuel Hedilla y haberse opuesto al decreto de Unificación dictado por Franco en Salamanca durante la guerra. Al ser preguntada la Primo de Rivera por si conoce a ese hombre, la dirigente falangista dice: "-Claro que lo conozco […] El camarada más guapo de Navarra". E imperturbable, Mª Eugenia le contesta: “-Bueno -¿y qué sabrás tú?, Si a ti no te gustan los hombres, hija de puta-, eso no importa ahora…”
También me ha gustado muchísimo la frecuente utilización que la escritora hace de la técnica del contrapunto. Con este recurso asistimos a anticipaciones entrecortadas que se van intercalando en un momento situado dentro del pasado. Cuando Negrín en Valencia donde está el Gobierno republicano le pide a Manolo que se piense si acepta o no realizar una misión peligrosa en la zona franquista, al mismo tiempo ya estamos asistiendo a los primeros movimientos de Manuel en dicha zona. Y la misma técnica emplea cuando también Negrín, pero esta vez en Londres, donde está el Gobierno de la España republicana en el exilio, conversa con Manuel durante unos párrafos y sin aviso alguno en otros intercalados leemos ya sobre su estancia en el hotel de Gibraltar donde se alojará.
Sin ser exactamente contrapunto, pero teniendo muchas concomitancias con él, el estado agónico entre la vida y la muerte en que el personaje de Manuel en un momento del relato se encuentra es presentado con gran maestría por la novelista al describir cómo en la cabeza del personaje se mezcla lo que desde fuera llega hasta sus oídos con el recuerdo de las conversaciones mantenidas con Negrín sobre el nombre de Rafael Cuesta que le han dado para la misión. Escribir sobre estos estados y salir airoso del intento no es fácil. En mi opinión es en estas lides donde se percibe a los buenos escritores. Y Almudena Grandes lo borda.
A diferencia de en la anterior entrega en "Los pacientes del doctor García" creo que hay una mayor desnudez, una mayor desinhibición a la hora de tratar las relaciones personales, en especial, al abordar el sexo: “Nada me abrumó tanto como la renovada evidencia de que si yo había venido al mundo para algo era para follar con Amparo Priego Martínez”, se confiesa a sí mismo el personaje central del relato, el doctor Guillermo García.
Para finalizar
De una novela tan extensa y densa cabe hablar sin fin. Pero cumple ya acabar esta reseña no sin antes añadir que aparte del asunto central -el fracaso de unos españoles vencidos en la Guerra Civil por los franquistas, luego abandonados y engañados por las democracias occidentales en los años cuarenta y cincuenta- muchos otros asuntos y motivos surcan esta novela: la complicidad de Occidente con los prófugos nazis; el machismo que percibimos en Renato Bley, marido de Simona, que no quiere asumir que la esterilidad en su matrimonio viene de su parte y no de la de su mujer; el feminismo presente y actuante en la enorme fuerza con que las mujeres en situaciones límite se enfrentan con los problemas; la amistad a prueba del tiempo y la distancia que siempre unirá los dos hombres protagonistas y a sus familias; la dignidad del Partido en la clandestinidad; etc., etc.
Una novela, como en realidad todas las novelas de la serie publicadas hasta ahora, en la que se homenajea a esos hombres, algunos anónimos como Manuel Arroyo o el doctor García, que imperceptiblemente, casi sin hacer ruido lucharon por derrocar a la Dictadura y que, inexplicablemente, al fallecer el Dictador, fueron ignorados por la sociedad española. Y junto a estos seres anónimos otros históricos como Jesús Monzón, Pablo Azcárate, Juan Negrín... a los que se manifiesta respeto, y otros cuyo recuerdo es necesario por lo deleznable y odiosa que fue su actuación en vida: los nazis alemanes Otto Skorzeny, Josef Hans Lazar, Walter Kutschmann, etc.; León Degrelle (líder del Partido Rexista belga), Pierre Laval (presidente francés del gobierno de Vichy), la cuñada de Mussolini: Petaci; los ministros franquistas Martín-Artajo, Lequerica; las dirigentes falangistas Pilar Primo de Rivera, Clara Stauffer; el matrimonio Perón, etc. etc. Por en medio esos políticos norteamericanos como el congresista Saúl Bernstein que hicieron abrigar no pocas esperanzas a los republicanos españoles para luego dejar todo en agua de borrajas y a ellos en la estacada.
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Datos del libro Autora: ALMUDENA GRANDES Título: “Los pacientes del doctor García” Nº de páginas: 768 págs (en papel). Encuadernación: Tapa blanda Editorial: Tusquets Editores S.A.; Edición: 01 (12 de septiembre de 2017)
Lengua: CASTELLANO ISBN-13: 978-8490664322 Precio: En papel: 21,75€ Ebook: 12,34€
Cuando reseñé "Los besos en el pan" dije que llevaba una serie de años alejado de la literatura de esta escritora madrileña. El motivo no sabría muy bien explicarlo, quizás la en ocasiones sobreexposición pública de la novelista propiciase en mí una especie de hartazgo que me hizo reacio a leer sus libros. Pero afortunadamente eso pasó y la reconciliación con ella a partir de su penúltima novela ha sido total.
Es la tercera novela del proyecto "Episodios de una guerra interminable" que inició Almudena Grandes en 2010 con "Inés y la alegría"; lo continuó en 2012 con "El lector de Julio Verne"; luego, en 2014, publicó la que acabo de leer; y la aparecida en 2017, "Los pacientes del doctor García", es por ahora la última de la serie. La escritora ya ha avanzado los títulos de las dos últimas entregas aunque aún no hayan salido de su mano: "La madre de Frankestein" será la quinta entrega, y con "Mariano en el Bidasoa" se cerrará la serie.
La historia y los personajes "Las tres bodas de Manolita" es la primera de las novelas que leo de su ambicioso proyecto y he de
decir que me ha gustado mucho por varias razones. Quizás la primera sea la de la historia que presenta: la peripecia personal y colectiva de un grupo de amigos y conocidos del barrio madrileño de Antón Martín que en las difíciles circunstancias de la
República, Guerra Civil y primeros diez años de franquismo van a ver cómo sus
vidas divergen y cómo la guerra, la traición, el amor, la delación, la miseria, la
explotación vil, la corrupción de todo tipo... entran a degüello en sus vidas
por activa o por pasiva. Todos los personajes tienen una individualidad clara, los caracteres que diseña la autora son magníficos, las relaciones
entre ellos plenamente verosímiles... Aunque podría hablarse de personaje colectivo, de novela coral, la verdad es que como se deduce del propio título del volumen es ella, Manolita, quien vertebra a su alrededor al resto de seres que habitan el relato.
Manolita cuenta en primera persona su historia y en tercera conocemos la de ese grupo variopinto de personas del barrio madrileño de Antón Martín constituido por seres históricos y otros totalmente inventados. Estamos, pues, ante una novela por la que corren seres de realidad histórica junto a otros de pura ficción. Manolita es uno de estos últimos aunque ella como otros muchos ficticios -así lo cuenta la propia escritora al final de la novela propiamente dicha- hayan surgido en la imaginación de la novelista a partir de personas reales como Isabel Perales cuya peripecia vital conoció la autora. Esta Manolita asegura que su padre, guardia de asalto durante la República, nunca hizo mal a nadie aunque como todos los vencidos, y más él habiendo pertenecido al Cuerpo, sufrió en sus carnes la severidad vengativa de los vencedores. Manolita es junto a Toñito, Isabel y Pilarín, todos ellos hijos de Antonio, quien se encargará en la nueva situación surgida tras el encarcelamiento del padre de visitarle en la cárcel y procurar como el resto de mujeres que se encuentra en la fila de acceso a la cárcel de Porlier que Antonio Perales, su padre, no desfallezca bajo esa sentencia monstruosa a muerte y mantenga la ilusión de verla conmutada por la de 30 años, algo que no ocurría con frecuencia y menos en la primera hora de la que llamaban Nueva España.
A partir de Manolita iremos conociendo al resto de personajes: su madrastra, María Pilar, los mellizos Juan y Pablo de sólo 4 años, hijos de ésta y su padre; los amigos de su hermano Antonio apodado por ellos como el Guapo: Silverio el Manitas, Roberto el Orejas, Julián el Lechero, Vicente el Puñales... Alrededor de Toñito, que triunfaba entre las mujeres, aparece Eladia la Carmelilla de Jérez, las compañeras de baile de ésta en el tablao flamenco donde actúa, y sobre todo Palmera, un homosexual sevillano venido a Madrid que está prendado del 'requesón' como llama él al hermano de Manolita. Siguiendo el hilo de Palmera nos topamos con el marqués Antonio de Hoyos y Vinent, con el pianista Claudio, con Pepito Zamora, etc.
Otro núcleo importantísimo de figuras de este relato se origina, también a partir de Manolita, en esas filas de mujeres que se formaban ante la cárcel de hombres de Porlier o la de mujeres de Yeserías, pues ambos establecimientos habrá de visitar esta sufrida chica, de sólo 17 años al inicio de la historia, que madurará por fuerza con rapidez. Aquí aparece Encarna, mujer de un médico allí preso; la hija de ésta, Rita, que se hará íntima amiga de Manolita; Martina, novia del preso Tasio y compañeros ambos en los vis a vis carcelarios de Silverio y Manolita; Julita, Juani, Luisa, Emilia, Reme... y otra serie de mujeres más. También en el ámbito carcelario se mueven sanguijuelas que se enriquecen a costa del sufrimiento de los que allí penan. Entre estos destaca por encima de todos ellos el Capellán de la Cárcel que a cambio de unos cientos de pesetas casa a los presos o les consigue Libros de Familia. Así, de este modo, será que Manolita se case por vez primera con Silverio el Manitas.
El número de personajes en esta 'novela de personajes' es amplísimo -afortunadamente al final del relato, agrupados por círculos narrativos, la novelista hace relación de todos ellos especificando el vínculo entre los mismos- y aunque todos ellos de una u otra forma orbitan en torno a Manolita cada uno tiene vida propia y en más de una ocasión el lector se ve sorprendido por la deriva que toman algunos según cambia el contexto político del país. Pero, en definitiva, a lo que asistimos en este relato es al actuar de una colectividad, que es el Madrid de los vencidos que vive incrustado en ese Madrid de los vencedores. Por extensión, naturalmente, podríamos decir que es la vida de la España sometida dentro de la España franquista.
Por lo anterior, -el contexto temporal y la ubicación geográfica de la historia-, la novela me ha recordado mucho, como ya me sucediera con "Los besos en el pan" [leer su reseñaaquí], a "La Colmena" de Cela. Pero es evidente que Almudena Grandes a quien literariamente celebra en este relato y en realidad en toda su serie, es a don Benito Pérez Galdós. Varias veces se refiere a él, bien nombrando diversos títulos de sus Episodios Nacionales, bien utilizando su nombre como argumento de autoridad ("En las
letras de las coplas y los argumentos de las películas, en los cuentos de mi
madre y en las novelas de Galdós, había aprendido que el amor hace mejores a
las personas.”, pág. 397). Pero aunque no lo hubiera hecho es evidente que esa agilidad constructiva, la viveza que imprime a los diálogos, el costumbrismo madrileñista exhibido y el protagonismo dado al pueblo llano, a los sin nombre, son características muy galdosianas.
La construcción Si la denuncia que realiza en la historia relatada de los abusos sufridos por los republicanos derrotados ya de por sí justificaría la novela, la grandeza de ésta crece y se agiganta al ver la manera como está construida y la voluntad de estilo presente en ella. En cuanto a la construcción diría que ésta es muy cinematográfica. Los cuatro grandes apartados que conforman la historia se enmarcan entre otros dos sin numeración que cuentan en tercera persona episodios de no ficción. El período temporal contemplado es muy amplio de manera que la escritora para dirigir mejor al lector subtitula la novela del modo siguiente: "El cura de Porlier, el Patronato de Redención de Penas y el nacimiento de la resistencia clandestina contra el franquismo". Como se ve, estos tres subtítulos recuerdan muy mucho la manera como Galdós rotulaba los distintos episodios que forman las cuatro series de sus Episodios Nacionales; e incluso a mí me han evocado algunos títulos de Valle Inclán dedicados a las guerras carlistas y también algunas de las entregas de las "Memorias de un hombre de acción" de Pío Baroja. Entronca, pues, Almudena Grandes, con estos Episodios de una guerra interminable, con la gran tradición de la novela realista española inaugurada por Galdós durante el último cuarto del siglo XIX.
Desde el punto de vista formalmuchas cosas me han agradado de esta novela. Las vidas y vicisitudes de este inmenso grupo humano se presenta no linealmente sino con avances y retrocesos de manera que muchos de los sucedidos los conocemos desde varias miradas (perspectivismo) y las vidas de unos y otros, simultáneas
en el tiempo, debido a la linealidad obligatoria del discurso verbal se encabalgan unas en otras como las escamas de los peces o como las olas del mar sucesivamente llegan pausadas a la playa y superponiéndose se montan y se confunden, pero todas ellas, escamas u olas, conforman el mismo mar.
De los muchos procedimientos empleados por la novelista que me han gustado destacaría uno que me parece muy cinematográfico. Es ese anticipar un suceso (flash forward) al ponerlo en boca de unos personajes sin que los lectores estemos avisados de ello; la sorpresa que provoca en el lector tal acción le lleva a leer lo que sigue con suma atención a fin de encajar las novedades dentro del puzle que es la novela.
También me ha gustado muchísimo cómo a través de la introspección, el empleo del monólogo
interior o del flujo de conciencia, la narradora realiza entradas y salidas de la realidad inmediata. Un ejemplo claro es cuando la protagonista lava un vestido mientras los niños juegan a su alrededor y recuerda fragmentariamente su visita a la cárcel.
"Los
mellizos jugaban al escondite, con los hijos de Margarita y yo los oía, una,
dos, tres, reconocía la voz del que se la llevaba, cuatro, cinco, seis,
escuchaba el silencioso estrépito de los que se escurrían bajo las camas,
siete, ocho, nueve, veía a Pablo pasar a mi lado con un dedo encima de la boca,
y diez, ¡voy!, y volvía a meter el vestido en lejía mientras seguía su juego a
distancia, ¡por mí y por todos mis compañeros y por mí el primero!, y a pesar
de las grietas del techo, la extrañeza de aquel hogar ajeno de habitaciones sin
puertas, cortinas caseras y esteras de esparto, no vale, había cogido a Marga,
me daba cuenta de que el juego de los
niños en aquella tarde de mayo, tan plácida que parecía otra, era real, lo que
no vale es lo tuyo, ha sido trampa, la única realidad auténtica, ¡tramposa tú!,
la realidad de Manolita Perales García, que no, que te la vuelves a llevar, una
chica que lavaba un vestido blanco y no tenía nada que ver con el cuartucho siniestro
y maloliente, ¡pues ya no juego, hala!, donde dos extraños se sostenían en un
equilibrio imposible, sí que juegas, Juanito, te la vuelves a llevar, para
cultivar un olor ácido y dulce que sacudía mi nariz como un puñetazo, no, se la
lleva Marga que la he cogido, y solo un rato antes yo había estado allí pero no
me lo creía, me has cogido pero no vale
porque tu hermano me había salvado ya, yo también me había salvado, estaba en
casa." (pág. 268)
Esta técnica de entreverar dos momentos distintos dentro del mismo instante narrativo la realiza también tomando de la memoria fragmentos literarios leídos mezclándolos con otros elementos de la realidad próxima o inmediata. Un ejemplo claro y magnífico es el trenzado que realiza del recuerdo del contenido de la novela de Daniel Defoe, "Robinson Crusoe", con el proyecto de una construcción que Silverio planea realizar:
"Un día al
salir de su cabaña, Robinson Crusoe se fijó en un tallo verde, frágil, que
apenas asomaba de la tierra, muy cerca de la puerta. El cuadrilátero exterior
mide ocho por ocho metros, es demasiado grande, pero el interior, el que
hicieron para anclar la torre tiene veinticinco metros cuadrados y esa
superficie es asequible… Aquel tallo le
resultó familiar pero no supo explicarse por qué, y se limitó a estudiarlo día tras día hasta
que distinguió las yemas de las que brotarían unas hojas muy finas, casi
plumas. Matías dice que con vigas de madera tenemos de sobra para levantar un
edificio de una sola planta" […] (pág. 641)
Un estilo fluido y colorista, aunque no necesariamente alegre, propio del costumbrismo, es el que predomina en las narraciones y descripciones del ambiente que se vive en ese Madrid de esa guerra interminable. Un Madrid contradictorio porque, pese a la dureza de la vida, la ilusión y la esperanza iluminan el día a día de sus afanosos habitantes:
“la mañana
siguiente, más que un día frío o cálido, borrascoso o despejado, amaneció
martes, una jornada tranquila, rutinaria, de trabajo y descanso programados, veinticuatro horas de monotonía sin sustos, sin emoción, sin sorpresas, como el miércoles
que vendría después para dejar tras de sí un jueves igual de aburrido.” (pág. 286)
"Tardé unos minutos en encontrar las botellas porque ni siquiera me acordaba de dónde las había guardado. Encontré tres, pero sólo cogí dos, y al salir de la cocina con una en cada mano, me paré un momento en la puerta del salón para mirarlos a todos, mis hijos, mis nietos, y aquellos viejos amigos que eran también mi familia. Me gustó mucho lo que vi. Me gustó tanto que me sentí una mujer afortunada, a pesar de todo." (pág. 740)
La narración abandona la primera persona según que conozcamos las vicisitudes pasadas por Toñito el Guapo; por Eladia, su enamorada; por Roberto el Orejas; por Silverio el Manitas; por Isa, la hermana de Manolita... Cuando son ellos y no Manolita los protagonistas, la narración cambia a la tercera persona siendo un narrador omnisciente quien toma las riendas del relato y nos cuenta las peripecias personales de éstos; peripecias que no voy a contar aquí, naturalmente. Sólo diré que la historia de Isabel, la hermana de Manolita, es muy dura y que la sufre sin conocimiento de ésta durante su estancia en el colegio Zabalbide de Bilbao regentado por monjas donde hijas de presas, bajo el señuelo de la educación, eran prácticamente esclavizadas en trabajos de lavandería y planchado sin sueldo, sólo por ser hijas de republicanos encarcelados. Cuando Manolita entra en conocimiento de estas historias las hace suyas y las integra bajo la férula de su primera persona narrativa.
Final
Una novela que reivindica el sufrimiento de infinidad de mujeres que durante la larga posguerra, y aún hoy día, hubieron de penar por sus familiares presos, fusilados, enterrados Dios sabe dónde. Una novela que
homenajea la fortaleza de esas mujeres que sufrieron en sus propias carnes su
pertenencia a una familia vencida y que incluso algunas hubieron de penar con
trabajos sin sueldo o soportando abusos y vejaciones sexuales por los delitos
que sin haberlos cometido adjudicaban a los hombres de sus familias. Una novela que habla de la traición que se esconde donde menos se sospecha. Una novela
que me incita a seguir con el resto de la serie porque es francamente literatura
de alta calidad. Una novela que habla de la fuerza del amor que al final puede con todo y sin el que nada se logra. Una novela que es un homenaje a una serie de personajes históricos como Jesús Monzón, Heriberto Quiñones, Eugenio Mesón, Matilde Landa, Luis Sendín, Manuel Azcárate, Carmen de Pedro y otros dirigentes del PCE que se jugaron el tipo levantando el Partido en el interior durante esos años tan ásperos, pagando no pocos de ellos con su vida ante el pelotón de fusilamiento entrega tan desinteresada. Una novela que presenta un duro panorama pero en el que siempre hay un resquicio para la esperanza, aunque ésta tarde a veces hasta décadas en verse satisfecha. Una novela que muestra una España en la que
“Las pequeñas vilezas individuales engrosaban día tras día
la vileza colectiva de un país donde se hacía de todo por unos cuantos
billetes, pero donde también vivían personas capaces de entregar cuánto tenían
sin exigir recibos de ningún tipo.” (pág. 636)
Datos del libro Autor: ALMUDENA GRANDES Título: “Las tres bodas de Manolita” Nº de páginas: 768 páginas. Encuadernación: Tapa blanda Editorial: Tusquets, col. Maxi. 2ª Edición (10/ 2017)
Lengua: CASTELLANO ISBN-13: 978-8490664193 ISBN: 978-84-8383-836-5 Precio: En papel: 10,95€ Ebook: 9,49€