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15 oct 2020

"Manhattan Beach", novela de Jennifer Egan:

17 comentarios:

Rose no había acertado con lo de que el mundo volvería a ser un lugar pequeño; por lo menos no volvería a ser el mundo pequeño que había sido antes de la guerra. Demasiadas cosas habían cambiado. Y entre aquellos cambios y deslizamientos Anna se había colado por una grieta y se había escapado.

Tras el clamoroso éxito obtenido por la autora con "El tiempo es un canalla", -novela que comenté aquí no hará ni quince días [leer reseña]-, enfrentarse de nuevo con el público con otra y que ésta no desmerezca en absoluto de la anterior, es empresa no fácil de la que con frecuencia se sale malparado por no cubrir las expectativas con que los lectores acuden. Para mi sorpresa y satisfacción Jennifer Egan supera con nota la prueba y aunque no mejora a la que obtuvo el Pullitzer en 2011 mantiene un nivel más que aceptable con esta historia que para mi sorpresa abandona el espacio puramente urbano para llevarnos al mar, a su orilla playera y portuaria, y también al tremendo océano embravecido que tantas y tantas novelas de aventuras ha albergado en su seno.

Jennifer Egan, Manhattan Beach, Nueva York, IIª Guerra Mundial, Gangsters
"Manhattan beach"
se publica en 2017. Supone en cierto modo una vuelta al modo tradicional de narrar. Aquí no hay saltos temporales tan arriesgados como los que practica en su novela anterior ni tampoco estamos ante una obra de personaje coral. No, aquí aunque con ciertos flash backs muy bien medidos (hay que decir que Jennifer Egan maneja a la perfección los recursos cinematográficos), predomina la linealidad temporal,  un narrador externo objetivo en 3ª persona, y una acción centrada en las vicisitudes de tres personajes: Eddie Kerrington, su hija Anne y el mafioso Dexter Styles. En torno a estos tres que dan inicio a la novela orbita el resto de seres, cada uno con su personalidad e individualidad propias.

Eddie es un irlandés casado con Agnes, antes bailarina en Follies, con quien tiene dos hijas: Anne y Lydia. Anne está muy unida a su padre quien la lleva a cualquier cita que tenga, incluso a realizar los 'encargos' para el Sindicato con los que entre dificultades económicas se gana la vida. Estamos en el Nueva York de 1937. Un día Eddie lleva a su  hija Anne a visitar a Dexter Styles, propietario de no pocos clubes, casinos y salas de fiesta. El encuentro de Anne que entonces tiene 12 años con el gánster Dexter será muy  importante para ella y lo recordará siempre. Cuando cinco o seis años más tarde, ya con USA en plena Guerra Mundial, vuelvan a encontrarse, Anne relacionará rápidamente en su cabeza la desaparición cinco años atrás de su padre con ese hombre que pertenece al clan mafioso de los 'spaghettis'.

La Segunda Guerra Mundial en que los Estados Unidos está inmerso es el marco histórico en el que sucede esta historia. Concretamente Anne desea colaborar al esfuerzo bélico y anhela entrar en el grupo de buceo que el ejército tiene, entrena y prepara en los muelles. Su condición de mujer hará que su entrada en esta agrupación le sea muy difícil. La conseguirá pese a la oposición y burlas que el Tte. Álex, encargado de la misma, practique en su contra. Afortunadamente otros seres también desplazados socialmente como el negro Marle y el miope Bascombe serán su apoyo en ese mundo laboral machista en el que se integra. Su realización personal la logra a través de su trabajo de buceadora aunque su condición de mujer le ocasionará por razones simplemente naturales no pocas dificultades y quebraderos de cabeza. En los quebraderos de cabeza tendrá una importante participación el mafioso Styles al que se siente peligrosamente atraída. 

Este personaje, Dexter, que abandonó su apellido italiano para mejor entremezclarse con los angloamericanos y así pasar más desapercibido tiene en su entorno un mundo doble: el familiar que le lleva a relacionarse con personas influyentes de la sociedad americana a través de su suegro Arthur Berringer. Arthur, dado su origen aristocrático y sus contactos con políticos del país, es importante para que los negocios de Dexter y de su jefe el señor Q vayan bien. Harriet es la esposa de Styles. Sus hermanos: Bitsy, Regina, y Arthur son seres con vida propia cada uno que coinciden con Dexter en las conmemoraciones familiares. Quizás estas vidas propias y las coincidencias, diríase, azarosas, entre personajes sean uno de los parecidos mayores con "El tiempo es un canalla".

Quedaría por último Eddie cuyas andanzas previas a su inexplicada desaparición, parece que voluntaria, las iremos conociendo a lo largo del relato. El mar en su caso, así como en el de Anne e incluso en el de su propia hija Lydia, hermosísima chica postrada en una silla de ruedas por una parálisis cerebral incurable de nacimiento fruto de una negligencia médica, tiene un papel más que relevante. Anne estará empeñada durante todo el relato en saber el motivo de la desaparición paterna así como hallar el lugar donde sus restos se encuentran dadas las sospechas que tiene de lo que le debió de ocurrir. Su profesión de buceadora le va a resultar muy útil en esta indagación.

Estos tres núcleos narrativos avanzan a la par y en contrapunto. Cada uno de ellos se expande en un sinnúmero de personajes secundarios que enriquecen la novela y le dan más y más verosimilitud al relato. Sin duda alguna es Anna quien se yergue sobre todos ellos. Su vida es el centro de la narración: sus amistades (la descocada Nell; la amable Rose; León, que fue su primer amor; su madre Agnes, su tía paterna, Brionne, que la ayudará siempre que lo precise), sus ilusiones, sus decisiones, sus reencuentros, sus despedidas... Y con ella el mar.

Desde siempre para mí, y pienso que para tantos y tantos lectores, en literatura el mar ha sido sinónimo de aventura, de acción, de libertad. También me ha parecido así en "Mahattan Beach". La novela se abre con un lema tomado de "Moby Dick" de Herman Melville ("Sí, como todos saben, la meditación y el agua están emparejadas para siempre"). Esta novela es el clásico estadounidense que cuenta la historia alegórica y épica de esa ballena blanca cuya libertad y su temible poder simbolizará junto al capitán Ahab variados aspectos de los propios Estados Unidos. Y en USA estamos, concretamente en Manhattan, ciudad que se homenajea constantemente en el relato. De manera semejante a Woody Allen en la mayoría de sus filmes, también Jennifer Egan muestra su amor a esta ciudad. Muchas zonas neoyorquinas y de sus alrededores son citados, pero especialmente es el mar, la costa, el océano, los astilleros navales, el Arsenal, los soldados de Marina, la Marina mercante, la guerra submarina... los protagonistas de estas descripciones y localizaciones. Esta mirada marinera que realiza la novelista proporciona una vista inédita de la metrópolis: 
se acercaron a los Narrows, la entrada de la bahía Lower, controlados por Fort Hamilton al este y por Fort Wadsworth en Staten Island al oeste. [...] Pasados los Narrows, la gabarra viró al este y pronto la silueta vaga del Parachute Drop se materializó a mano izquierda, junto con otros esqueletos del parque de atracciones: la Wonder Wheel y el Cyclone.”
Desde un punto de vista estrictamente literario, fantásticos me han parecido aquellos momentos en que la narración recala en aspectos puramente marineros como los naufragios producto de la guerra que también en los mares se mantenía: 
El mar en la literatura, Guerra Mundial, Navíos
A través del chaparrón Eddie vio la popa del Elizabeth Seaman sumergida hasta la mitad del palo de mesana, las olas rompiendo por encima de la toldilla. En la parte de sotavento había una balsa de pontón que se había soltado automáticamente de su estante deslizante y ahora flotaba sobre la cubierta.
A quienes hayan leído "El tiempo es un canalla" esta incursión marinera de la escritora seguramente que sorprenderá. No es fácil -es mi honesta opinión- salir airoso de estas lides cuando con tremenda  equivocación se viene a entender que el mar es lugar para aventura propias de adolescentes. Enorme error, semejante a aquel que demoniza ciertos títulos tildándolos de juveniles, de femeninos, o de cualesquiera otra cosa. No, no hay tales tipos de obras, en literatura lo que hay es simplemente buenas o malas obras, sean estas apreciadas por estos o aquellos lectores. La novelista organiza todo su relato en torno al mar. Incluso los ocho apartados en que estructura la novela se titulan con términos relacionados con este medio: 'La orilla', 'El mundo de las sombras', 'Mira el mar', 'La oscuridad', 'El viaje', 'La inmersión', 'El mar, el mar', 'La niebla'.

Lo que Egan demuestra en "Manhattan beach" es que su mundo narrativo no concluyó con o está acotado al de la contemporaneidad más absoluta, ni que siempre va a ser el Tiempo objeto de su reflexión, o que constantemente va a estar indagando en la experimentación literaria. No, la Literatura es una carretera amplia de muchos carriles y no siempre se ha de circular por uno por muy elogiado que sea éste. Un escritor de raza no lo es sólo por atenerse a unos postulados por más que fuera el mismísimo Italo Calvino quien los propusiese. Para nada. Un autor de nivel -autora en este caso-  lo es aquel que siempre sabe manejar el instrumento, la paleta de colores, con soltura y adaptabilidad; aquel que no quiere hace siempre la misma novela, que no quiere repetirla cual papagayo, por muchos elogios que aquella recibiera en su momento. Jennifer Egan, en mi opinión, demuestra  con esta novela tradicional en la forma pero profunda en la indagación de la personalidad de los personajes y en la presentación y evolución de caracteres que es una novelista de raza y de enorme altura.

Frases destacables de la novela
  • [Anna desde que se ha despedido de su madre en Pensilvania Station] había notado, por primera vez el poder de succión de la oscuridad y sus peligro. Desde entonces había estado eludiendo aquel peligro. ‘Otra clase de chica’. ¿Cómo podías saber qué clase de chica eras si no tenías a nadie a tu alrededor? A lo mejor ‘esa clase de chicas' eran simplemente chicas que no tenían a nadie que les dijera que no eran esa clase de chicas"
  • Las tareas que requiere fuerza física o soportar condiciones extremas les están estrictamente vedadas. En el resto de los empleos las chicas son lo que denominamos ‘asistentas': ayudan a un hombre que es su superior. Y tienen prohibido subir a los barcos.”  [le dice el Tte Alex a Anna]
  • El pisito, abarrotado, era sofocante. Todas las superficies rezuman feminidad, incluido el revestimiento de madera barato de las paredes. Perfume, pelo de mujer, uñas, el periodo: todo concentrado en una nube íntima y densa que lo envolvió haciendo que la cabeza le diera vueltas
  • El mar, tan extraño, tan violento y hermoso: aquello era lo que Anna quería que Lydia viera
  • Compró una maleta grande de cartón tipo ‘por favor que no llueva' (como solía llamarlas su padre), la llenó de ropa, artículos de tocador y libros de Ellery Queen, se terminó lo que quedaba en la botella de leche y envolvió la mantequilla con un trapo de cocina.



2 oct 2020

Jennifer Egan: "El tiempo es un canalla". Pullitzer 2011

23 comentarios:

- Susan, la mujer de Ted, le dice un día "Tenemos que procurar que sea siempre así"... y no porque estuviese achispada o hubiesen hecho el amor esa mañana sino porque "acababa de notar el paso del tiempo"
Bennie le recuerda a Scotty su anterior encuentro: "fue hace veintipico años. ¿Puedes creer que haya pasado tanto tiempo? Me trajiste un pescado."
• "Alex se había rendido ante Bennie Salazar sin casi oponer resistencia. ¿Por qué?" […] "¿se trataba de la extraña simetría de haber oído hablar por primera vez de Bennie Salazar de boca de una chica perdida con la que había salido una vez, al principio de todo, para terminar conociendo a Bennie una década y media más tarde, por la guardería de su hija?"

Conocí esta novela gracias a la reseña que en su blog, "Cuéntame una historia", publicó Rosa Berros hace exactamente un mes. Fue una reseña subyugante, que me atrapó inmediatamente, como casi todas las suyas. En el interior de la misma agradecía a Gerardo Vázquez del blog "Varado en la llanura" haberle dado a conocer a Jennifer Egan, y a Juan Carlos Montag del blog "El fuego de Montag" haberle recordado, hace tan sólo dos meses, con una reseña sobre "El tiempo es un canalla" que ya habían pasado dos años desde que leyó por primera vez en el blog de Gerardo la referencia a novela y autora. Es maravillosa la capacidad que tienen las redes sociales, en especial los blogs literarios, de transmitir informaciones útiles y placenteras como la de la novela que me propongo reseñar.

Jennifer Egan, "El tiempo es un canalla"


"El tiempo es un canalla"
apareció publicada en 2011 alzándose nada menos que con el Pullitzer aquel año. En la lucha por este galardón desbancó incluso a "Libertad" de Jonathan Franzen, una novela que leí hace tiempo con mucho agrado y que desde luego tras hacer lo propio con la de Jennifer Egan entiendo que no se alzase con el Premio. Y lo comprendo porque mientras que Franzen presenta una obra interesante pero dentro de parámetros constructivos que podríamos definir como tradicionales, Jennifer Egan realiza una novedosa obra distinta a muchas otras. Esto, unido a ser en cierto sentido una crónica de toda una generación, aquella que se inicia en los últimos años 60 o primeros 70 del siglo pasado para llegar hasta la década de los años 20 del siglo XXI en que nos encontramos, o sea, más de diez años después del momento de escritura y/o de lectura, explica por qué ganó no sólo el Pullitzer 2011 sino también el Premio del Círculo de Críticos en 2010. En la justificación de ambas concesiones se puso en valor, además del tema del tiempo como elemento destructivo, la novedosa construcción del relato.

Recomiendo a quien lea esta novela que haga la lectura a buen ritmo si es que quiere disfrutar de la misma. Es un libro que por su construcción a base de capítulos situados cada uno en un tiempo distinto -hacia adelante o hacia atrás- y narrado por un personaje diferente, parece en ciertos momentos más una colección de relatos cortos que una novela en el sentido acostumbrado. Pero no, sí es una novela, y lo reconocemos si la leemos del modo que recomiendo, sin pausarla mucho, porque aunque los personajes que aparecen en unos y otros capítulos son recurrentes, -y aquí el punto de vista, la perspectiva adoptada por cada narrador es muy importante-, mientras en unos son auténticos protagonistas en otros aparecen simplemente como secundarios llegando incluso  hasta a olvidarnos de alguno en el baile temporal que es esta novela.

La estructura que Egan da a la novela es la horma adecuada al Tema que se propone: la maldición que el Tiempo vierte sobre aquellas generaciones del rock, que deificaron la juventud como si ésta fuese a durar eternamente. Pero no, claro, esto no es posible, somos contingentes, temporales, nos arrugamos, envejecemos, perdemos la libido con el paso de los años, tenemos hijos e incluso nietos que en su sinceridad e inocencia nos echan/rán a la cara nuestra vejez o nuestro deterioro... "¿Cómo he pasado de ser una estrella de rock a ser un jodido gordo inútil?", dice Bosco, un artista sobre el que el tiempo ha hecho estragos.

El tiempo todo lo muda, incluso aquello que nos pueda parecer inamovible. En un capítulo Alison Blake, hija de 12 años de Sasha y de Drew, su marido, en un año de la década de los 20 del siglo actual escribe utilizando de soporte la aplicación Power Point, o sea, escribe una narración en diapositivas a base de cuadros sinópticos, esquemas, gráficos, diagramas... utilizados normalmente en otras actividades socio-laborales, al menos en nuestro hoy. Por más que su padre le pide que utilice el papel para hacerlo a la manera tradicional de la literatura Alison no lo hace. Y lo mismo le sucede a su hermano Lincoln quien analiza la música, campo profesional y pasión en la que viven y han vivido todos los personajes de la novela, de una manera singular: fijándose en las pausas, algo que a su padre también desconcierta. 

Siempre que los humanos reflexionamos sobre nuestra existencia finita, sobre los inevitables estragos que el tiempo produce sobre cualquier ser vivo y los constatamos en nosotros mismos, se entra en un bucle de sombrío pesimismo. ¿Diría, pues, que esta narración es decididamente oscura, desesperanzada? Sinceramente, yo diría que no. Y es que una cosa es ser realista, objetivo, y otra muy distinta ver sólo el lado penoso de la vida. Contra lo inevitable nada cabe hacer y menos lamentarse; sólo nos queda echar mano del latino 'carpe diem' y procurar disfrutar de lo que la existencia nos procura en cada una de las etapas por las que pasamos: la amistad entregada durante la primera juventud; las ilusiones de todo tipo (amores, triunfos profesionales...) durante ese período; los hijos, aunque sean testigos demoledores del discurrir de la Vida; los viajes (el de Ted Hollande por Nápoles en busca de su sobrina Sasha es fantástico; por contra el que Doll y Steph realizan a Sudamérica, aunque hermoso en sí mismo, es horrendo por la finalidad que persigue: mejorar la imagen de un General genocida); el disfrute del Arte -música, pintura, literatura- por servir para regocijarse en el  momento actual con el mundo:… "Ella [Sasha] no respondió. Estaba observando el sol. Ted lo miró también, contempló el derroche de colores polvorientos a través de la ventana. Turner, pensó,. O'Keefe, Paul Klee." (pág. 291); etc.

La revelación de la belleza de la vida, la necesidad de disfrutar de ella pese a lo inevitable que nos espera a todos, es importante para Sasha y para Bennie, quizás los dos personajes principales dentro del círculo que es el personaje colectivo que en torno a ellos se configura a base de amigos, clientes profesionales, relaciones familiares, compañeros de trabajo, compañeros de estudios, relaciones amorosas transitorias... Este personaje colectivo del que forman parte también ellos mismos es el auténtico protagonista del relato. Es un personaje informe que crece con las interconexiones que unos y otros establecen entre sí y con otros nuevos. Los cuadros sinópticos del capítulo en que Alison cuenta la historia de su familia a base de flechas, círculos y esquemas es representación formal de lo que la Vida actual es: una compleja red de relaciones que se mueve por el tiempo y el espacio de manera diríase desordenada, en un intento, quizás, de doblegar al monstruo, al canalla: el Tiempo. 

Esta presentación de Power Point es el registro más novedoso utilizado en la novela
Nuestra vida particular, la vida de cada uno está formada por nuestras acciones pero también por la de aquellos con los que nos relacionamos. Esto es lo que Jennifer Egan nos transmite con esa estructura formal que ha dado a su novela a base de capítulos que se dirían independientes por su distinto narrador en 1ª persona pero en los que los otros personajes aparecen en un papel secundario. Al hacerlo así, cambiando el foco, con una perspectiva diferente, vemos a los actores desde dentro de ellos mismos pero también desde fuera, o sea, tal y como los otros los ven. Incluso cuando emplea un narrador en 2ª la escritora parece querer subrayar esta idea: "Queda claro al instante que Kitty Jackson pertenece más al grupo de estrellas simpáticas (Matt Damon) que al de las estrellas difíciles (Ralph Fiennes). Las estrellas de la categoría simpática actúan como si fueran como tú (o sea, como yo) para caerte bien y así lograr que escribas cosas halagüeñas sobre ellas", cuenta Jules entrevistando a Kitty la actriz en horas bajas que usarán Steph. y Doll para rehabilitar en lo posible la imagen del general genocida. Esta focalización externa y/o ['y' en el caso de Jules dada su bipolaridad] interna en mi opinión es un rasgo fundamental de la novela.

Decía antes que no se puede luchar contra lo inevitable -el paso del tiempo- pero tampoco dejarse anímicamente vencer por él. En un momento del relato cuando un Scotty fracasado socialmente se presenta ante el exitoso productor discográfico Bennie Salazar mantienen un diálogo que dice:
"El tiempo es un canalla, ¿no? ¿Vas a dejar que un canalla te vacile?
Scotty sacudió la cabeza.
—El canalla ha ganado
".

Veremos que aunque la batalla definitiva esté perdida de antemano, sin embargo hay victorias parciales que nos reconcilian con la existencia como se ve en ese concierto condenado en principio al fracaso que el ajado y deprimido Scotty dará, o en esa producción musical que un fracasado Bennie promueve, o en los hijos que Sasha y Drew tengan tras una vida movidita por parte de ambos allá en su lejana juventud... Y siempre siempre el recuerdo imborrable de las ilusiones puras, auténticas, que durante la adolescencia-primera juventud todos tenemos y que en la novela se ven reflejadas en la pugna habida entre Scotty y Bennie por Alice; en el cariño de Sasha hacia Rob; en el no correspondido de Rob hacia Drew; en la ansiada y nunca producida relación de Bennie con Sasha; en la fugaz habida entre Alex y Sasha; etc. Y por medio de A a B, es decir, de entonces acá, la vida transcurrida, el ineluctable decurso temporal. 

Precisamente la novela se divide en dos grandes apartados titulados así, A y B. 'A' está formado por 6 capítulos (o relatos, como he dicho antes) y 'B' por 7, aunque el primero de éstos, o sea, el 7º es una especie de relato bisagra constituido a su vez por cinco secuencias narrativas. Significativamente este capítulo se denomina "De A a B" y contrariamente al resto está narrado en 3ª persona. Muestra el porqué de la disolución del matrimonio de Stephanie y Bennie y sirve para dar entrada a una serie de personajes de la órbita de Steph que tendrán importancia en los capítulos siguientes: los vecinos del matrimonio en la zona exclusiva de Crandale (Nueva York), en especial Kathy con la que Steph juega al tenis; Jules, el hermano bipolar de Steph, que acaba de salir de la prisión donde ha cumplido condena por intento de violación; Doll, la jefa de Steph, con la que emprenderá en capítulos siguientes el blanqueo de un general genocida; también Chris, el hijo de ambos; etc.

Novela posmodernista, literatura norteamericana
Es una novela muy bien ejecutada, que no descuida detalle alguno. Al presentar en desorden el decurso temporal se hace algo complicado ubicar debidamente en el tiempo los diferentes sucedidos. Lo que sí es cierto es que iniciándose aproximadamente en 1973 la novela finalizaría 50 años después, en 2023 , con un punto de no retorno, una bisagra temporal, que se insinúa en el capítulo 7 y que se viene a situar en los días o meses próximos al 11 de septiembre de 2001. 

He leído, como no podía ser menos, las  interesantísimas opiniones que sobre la novela escriben en sus blogs Rosa Berros, Gerardo Vázquez y Juan Carlos, Montag, los tres amigos que cito al principio de esta reseña. He seguido la recomendación que Gerardo hace al final de la suya de leer lo que sobre esta narración dice José Martínez Ros en el blog 'Estandarte' y he leído esa reseña de pe a pa. Me ha parecido soberbia y me ha servido para comprender y aprender que es lo que desde siempre busco en este mundo de los blogs literarios. Os aconsejo leerla [pinchad aquí para acceder a ella] en especial por esa adecuación que -dice- cumple "El tiempo es un canalla" respecto a los seis rasgos que la literatura del siglo XXI debería poseer según lo que el gran escritor italiano Italo Calvino dejó escrito en 1985 poco antes de morir. Son los siguientes: 

  • levedad (el inicio lo cumple sin duda alguna)
  • rapidez  ritmo visual y vertiginoso. Es fácil que pronto la veamos convertida en serie o film)
  • exactitud (el ritmo se atiene a ubicaciones temporales y espaciales precisas)
  • visibilidad (deja ver el hueco dejado por las Torres Gemelas, un concierto punk con sus bailes peculiares, un intento de violación, la asesoría de imagen a un dictador, un safari en África, etc.)
  • multiplicidad (colección de relatos comprimidos en uno solo, variabilidad de registros narrativos, perspectivismo, épocas y lugares distintos, etc.)
  • consistencia (lo más complicado, sin duda alguna: que todo lo anterior se vea como formando parte, verosímilmente, de un todo, que se lea con gusto y que en muchos momentos sea una novela divertida).
Como se ve Italo Calvino estaba señalando, consciente o inconscientemente ,los principios que conforman lo que ha venido en llamarse novela posmoderna que en mayor o menor grado informa gran parte de la literatura norteamericana de los últimos tiempos.

Para finalizar
Todos los personajes son importantes, todos tienen interés, pero en el grupo destacan dos: Sasha y Bennie; y de esta pareja el fundamental en mi opinión es Sasha que personifica aunque en sentido opuesto al título, el paso del tiempo. Al inicio de la historia vemos a Sasha con unos 30 años en la consulta del psicólogo al que cuenta su último episodio de cleptomanía que tuvo una noche que estuvo en una cita a ciegas con Alex; más tarde en el capítulo 9 conocemos la búsqueda que Ted Hollande hizo en Nápoles a donde ella huyó con sólo 17 años:
"Sasha había huido de una adolescencia cuyo catálogo de tragedias incluía el consumo de drogas, innumerables detenciones por hurto, una tendencia a rodearse de músicos de rock (según había explicado Beth con impotencia), cuatro psicólogos, terapia familiar, terapia de grupo y tres intentos de suicidio"

Y veinte años más tarde encontramos a una Sasha totalmente integrada: casada y con dos hijos; y a un Ted ya abuelo y divorciado de su mujer. Ambos verán juntos el atardecer en la casa de ella en el desierto de California y al ver al sol "atrapado en el interior del círculo de alambre" Sasha mirando a su tío y al sol le dice: "¿Lo ves? Es mío" (pág. 292). En definitiva ha conseguido dominar su vida tras unos tiempos algo confusos. Ignora la impronta que su persona dejó en los seres que tuvieron relación con ella como Bennie y Alex que en un momento dado de la novela la buscan, esfuerzo inútil pues lo que en verdad ellos pretenden es recuperar el pasado, y eso es simplemente imposible. 

Una novela que merece ser leída. Yo quiero leer algo más de esta autora que descubierto gracias a los amigos del ciberespacio (ja, ja...). En España de ella se ha publicado al menos otro título, "Manhattan Beach", Lo buscaré qué duda cabe.