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31 jul. 2013

JOËL DICKER: "La verdad sobre el caso Harry Quebert" o ¿Cómo se fabrica un best-seller?

4 comentarios:

Esta novela de Joël Dicker no deja indiferente a nadie y capta la atención e interés del lector. De lo más llamativo de la obra es que cada uno de los 31 capítulos en que se distribuye la historia vaya precedido a modo de cita inicial, cual si de un recetario se tratara, de un consejo dado por el profesor y afamado escritor (Harry Quebert) a su brillante alumno (Marcus Goldman) sobre cómo construir relatos para triunfar en el difícil mundo de la literatura; pero no para lograr un triunfo pequeño (publicar por fin algo), sino para alzarse con el cetro literario durante el tiempo suficiente de conseguir hacerse con los media y que esto se traduzca en éxito de ventas. De ahí el subtítulo de esta reseña: ¿Cómo se fabrica un best-seller? Pero la expresión 'best-seller' no debe llevar a pensar en 'calidad deleznable' porque este relato, en mi opinión, no es nada mediocre y muestra todo cuanto existe y rodea al autor de novelas: la búsqueda de un estilo propio, la necesidad de crear con perfección, las presiones del mundo editorial que sólo busca hacer caja, la existencia de modelos o maestros a los que seguir en un principio para luego superarlos, los miedos del creador, el poder del autor, el mundo real y su transmutación en ficción ("paraíso de los escritores" ).
Como si de cajas chinas se tratase, Dicker inserta las historias unas dentro de las otras de manera que en ocasiones resulta difícil diferenciar los distintos niveles de escritura. Así no es sencillo deslindar al autor de la figura del narrador en primera persona, Marcus Goldman; y a este diferenciarle de su  maestro y centro del relato que está escribiendo, Harry Quebert. Por ello los tres momentos fundamentales durante los que suceden los acontecimientos (1975: el crimen; 1995: el proceso educativo de Goldman; y 2008: la investigación y la escritura de la novela) se suceden sin orden aparente aumentando esa sensación de indistinción y naturalidad que el novelista pretende. De estas tres grandes líneas temporales surgen las distintas anécdotas que protagonizan los diversos personajes: Los hay que atraviesan los tres momentos (Harry Quebert, Stern, los Quinn, los Dawn, el jefe Pratt, y otros), los que viven solo uno de ellos (Luther Caleb, Nola Kellergan) y quien sirve de eslabón entre los dos grupos anteriores: el propio Goldman.
La anterior estructura temporal se mantiene en cada una de las tres partes que forman el volumen, cuyos títulos aluden al tema que -según confesión del propio novelista suizo- más le preocupaba durante la redacción del relato a él mismo y también en la historia narrada a sus replicantes literarios Marcus Goldman y Harry Quebert: la sospecha de no valer como escritor, el deseo de triunfar en el proceloso mundo de la escritura aplicando los procedimientos para conseguirlo, y, finalmente, instalarse en "el paraíso de los escritores": facultad que tiene quien escribe algo de modificar a su antojo cuanto le rodea y convertirlo en pura ficción.

¿Por qué "La verdad sobre el caso Harry  Quebert" es un best seller?  Fundamentalmente  porque busca atraer al mayor número de lectores y retenerlos ("Algunos se sentirán celosos, otros interesados. No es para ellos para quienes escribe usted, Marcus. Sino para todos los que en su vida diaria, habrán pasado un buen momento gracias a Marcus Goldman", pág. 544, cap.5). Y para lograrlo utiliza procedimientos propios de los géneros novelísticos -hasta no hace mucho 'subgéneros'-  más populares: la novela negra y la novela rosa.
De la primera hace uso de gran parte de su aparataje narratológico: resúmenes recopilatorios cada cierto número de páginas; algo de sexo y de bajas pasiones; interrogatorios que favorecen el perspectivismo y provocan sensación de totalidad; revelaciones sorprendentes que echan por tierra lo que ya para el avisado lector parecía cantado; detalles sociopolíticos inteligentemente distribuidos que sirven para ubicar temporalmente el relato (2008: campaña de Barack Obama, 1975: fin de la guerra de Vietnam , un año antes el escándalo Watergate, etc, etc); algo de humor que sirve de descanso del 'guerrero' (= lector) y que recae en la figura de la madre de Marcus pendiente de lo que tópicamente se presume es preocupación de esta figura familiar, un humor que ya está contenido en el propio apellido del narrador: Goldman, o sea, el Formidable.
La novela rosa le sirve fundamentalmente para sostener la historia de amor central con fraseología propia de estos relatos  ("Era una mujer magnífica, se hubiese convertido en una esposa  modelo, y ella no pedía más. Se hubiese casado con ella al día siguiente sin dudarlo: una mujercomo Jenny era el sueño de muchos hombres. Pero en su corazón había cuatro letras que ocupaban todo el sitio: N-O-L-A.", pág. 228, cap. 19)
Junto a estos recursos literarios, familiares para el gran público, el autor suizo evita elevarse mucho cuando echa mano de otros considerados más minoritarios: por eso exhibe un culturalismo fácil que no le pueda robar lectores (las alusiones literarias que aparecen son bastante manidas: Hemingway, Melville y así); y da al relato un ritmo semejante al del serial televisivo o del thriller cinematográfico [la versión para el cine está ya en fase de realización] con cambios temporales rápidos a través de secuencias introducidas mediante el procedimiento de la evocación ('flash back' en términos cinematográficos).

Pero hay que decir que el novelista suizo no nos engaña, sino que al igual que los asesinos de su relato muestra sus armas constantemente a través de esos 31 consejos enumerados en sentido inverso que pone en práctica en la novela que está escribiendo y que como sucede en el campo de las competiciones deportivas preceden al pistoletazo de salida de una carrera que tiene visos de ser exitosa. Joël Dicker -en el relato Marcus Goldman, su alter ego- al igual que los malos de su relato sabe que la mejor manera de que algo pase desapercibido es no ocultarlo, en su caso no mentir sobre los fines perseguidos: lograr escribir un éxito de ventas, un best-seller. Y lo ha logrado además con calidad.

Nota: Como hablo de 'best-seller' podría ser de interés releer el  post del ya lejano mes de mayo de 2010 titulado "Éxito de ventas y calidad literaria"

14 jul. 2013

JUAN TORREGROSA PISONERO: "Ocaso en Shanghai"

2 comentarios:
Estamos ante una corta novela de anticipación en la que su autor nos presenta un posible mundo situado  en una hipotética China del año 2037. En esta ubicación  y tiempo unos robots fabricados en Japón, los androides Shikuza, han alcanzado un nivel de autoconsciencia tal que ha llevado a algunos de los 19, que se encuentran  en esta situación y que han logrado escapar a la desprogramacion de diciembre 2036,  a rebelarse frente a los humanos del país en que trabajan. La situación es de tal gravedad que las autoridades están controlando a todos los androides Shikuza por ser potenciales enemigos.
Un C3 innominado es el protagonista de esta historia. Este C3 lleva una existencia fría y rutinaria que ese 7 de noviembre de 2037  no va a ser diferente a la de otros días. Pero a partir de ese día el C3 de la historia va a alcanzar un nivel de autoconsciencia que le deparará un sufrimiento superior al saberse distinto no sólo a los humanos sino incluso a los otros Shikuza que se han levantado frente a la opresión y que han logrado escapar de ese mundo que los esclavizaba. ¿Y él? Sólo al final sabremos que también  él  ha sabido escapar de su situación, pero ¿es esa la forma adecuada?, nos preguntamos cuando  acabamos la lectura del relato. Sinceramente yo pienso que no, y quiero creer que Juan Torregrosa también piensa así.
Además de este componente ciertamente existencial la segunda novela de Torregrosa [la primera es de 2012 y lleva por título  "Un autorretrato de una mente"] bebe directamente -algo que él  declara en varias ocasiones- en la novela expresionista de Herman  Hesse "El lobo estepario" (1927); y también, y sobre todo, en el cine, especialmente en el film de Ridley Scott "Blade  Runner", adaptación de la novela de Philip K. Dick "Cuando los androides sueñan con ovejas eléctricas", película mítica en el género de ciencia ficción y especialmente inquietante con sus replicantes; asimismo  el relato "Yo, robot" de Isaac Asimov, y, casi me atrevo a asegurar, la versión cinematográfica realizada por Alex Pruyas en 2004, es reconocible en esos androides que como Espartaco (aludido a través de la película de Kubrick) no quieren por más tiempo seguir así.
En definitiva, "Ocaso en Shanghai" es la historia de un derrotado que se da cuenta de que la libertad está  dentro de uno mismo y de que no cabe culpar a otros (gobierno, resto de humanos, etc.) de no alcanzarla; y menos aún refugiarse en música, alcohol o drogas como manera de obviar los problemas. Resulta llamativo que el novelista, que a lo largo de toda la historia alude a la música de Bach, de Mozart, de Allegri e incluso de artistas contemporáneos –ficticios o reales, da igual- como la tibetana Zhuema Li, equipare esta manifestación cultural con los consumos de drogas o alcohol; sin duda creo que hay que entender a Torregrosa en el sentido al que se refiere Gabriel Celaya en su poema La poesía es un arma cargada de futuro y no en el descalificador de tal actividad cultural.
También tiene interés, aunque en mi opinión es asunto menor, el contexto político-geográfico, China, en que vive este lobo estepario: un país supercontaminado, esclavizado, supercontrolado por el Partido único ("prohíben la objetividad", pág 62), un país en el que "los sindicatos no paran fábricas y sí  reciclan parados absurdamente" (pág 91).
A mí lo que más me ha gustado de esta novelita de ciencia ficción es el estilo. Torregrosa deja caer a lo largo de ella, y le surgen de un modo muy natural, una serie de magníficas  frases que bien justificarían por sí  solas la lectura de Ocaso en Shanghai. Por ejemplo:
- "Sentí un sabor ácido recorriendo mis pensamientos" (pág  27)
- “Las facciones vulgares de un hombre hecho a sí mismo" (pág 51)
-" Parecía un intelectual jubilado, mezcla de arte sin alma y profesor sin ilusión" (cap. 3)
Juan Torregrosa Pisonero
- "En el horizonte se veía el sol entre una bruma de polución sedosa y el cielo enriquecido por las partículas densas apuñaladas por la luz estelar" (pág 115)
Pero, ya lo he dicho, ese final brutal,  en el que el autor nos hace entrega del nombre del personaje cuando ya nombrarlo  no tiene objeto, junto a ciertas reflexiones de este C3 (sobre el amor del que tanto hablan los poetas: no es más que un "olvidarse de uno mismo a base de abrazar"; sobre las relaciones humanas: "siempre la misma conversación [...] para no tener que estar en mi casa apresado entre las cuatro paredes", etc.), da a la novela un aura nihilista que anuncia un futurible mundo inquietante en el que las pasiones y sentimientos no tendrán ya cabida. ¿Sucederá? Ojalá, no.


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