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26 oct 2016

"Patria" - Fernando Aramburu

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"Soy tan cobarde como él y como tantos otros que a estas horas, en mi pueblo, estarán diciendo bajito para que no les oigan: esto es una salvajada, un derramamiento inútil de sangre, así no se construye una patria. Pero nadie moverá un dedo. A estas horas ya habrán limpiado la calle con una manguera para que no quede rastro del crimen. Y mañana habrá murmullos en el aire, pero en el fondo todo seguirá igual. La gente acudirá a la siguiente manifestación en favor de ETA, sabiendo que conviene dejarse ver en la manada. Es el tributo que se paga para vivir con tranquilidad en el país de los callados."

Fernando Aramburu presenta en este relato cómo viven realmente los integrantes de una pequeña localidad vasca la violencia terrorista. Es la historia de dos familias enfrentadas por culpa de la injerencia ideológica pese a haber estado antaño muy unidas, es una plasmación cierta -o, al menos, muy verosímil- de lo sucedido en el País Vasco durante los años más duros de la lucha armada. Esas dos familias viven en uno cualquiera de los pueblos de Euskadi, concretamente de la provincia de Gipuzkoa. Allí la presión social es fuerte por lo que es difícil sustraerse a la cotidiana participación en las manifestaciones, concentraciones, quema de contenedores y acciones varias que conforman el día a día de la Lucha. Los jóvenes, en especial varones, se ven impelidos a participar en las diversas ekintzas (acciones) programadas por los dirigentes, los cuales son conscientes, como dice un personaje, de que "ETA debe actuar sin interrupción. No le queda otro remedio. Hace tiempo que ha caído en el automatismo de la actividad ciega. Si no hace daño, no es, no existe, no cumple ninguna función. Este modo mafioso de funcionamiento está por encima de la voluntad de sus integrantes. Ni siquiera sus jefes pueden sustraerse a él. Sí, bien, toman decisiones, pero eso es sólo aparente. En ningún caso pueden no tomarlas porque la máquina del terror, una vez que ha cogido velocidad, no se puede detener. ¿Me entiendes?". (pág. 390)

5 feb 2016

El Regionalismo literario. Una reflexión

6 comentarios:
Comúnmente solemos oír y nosotros mismos a su vez decimos eso de “Fulanito tiene muchas lecturas” o “Menganito ha leído mucho”; también cuando un joven acude a su profesor universitario favorito para transmitirle el deseo de que le dirija el trabajo de final de carrera, éste, amable y condescendiente, suele en principio quitárselo de encima con un sencillo “¡Vaya usted leyendo!”. ¿Por qué se dice o nos dicen esto? ¿Qué se quiere significar con ello? Pienso que lo que se esconde tras estas expresiones es la idea de que las lecturas son la fuente de la que surgen las ideas, la manera de relacionar y unir entre sí asuntos que en principio parecen diversos y muy ajenos unos de otros.

Regionalismo literario, bases literarias de los nacionalismos

Lo anterior viene a propósito de lo siguiente: Hace poco finalicé “Cañas y barro” [leer reseña aquí], una sencilla novela que el escritor Vicente Blasco Ibáñez publicó en 1902. Blasco Ibáñez (1867-1928), un valenciano que participó activamente en política (siete veces diputado por Valencia en el Parlamento nacional), fue un periodista y escritor de novelas que vertía en sus relatos, poniéndolos virtualmente en pie, los ideales socio-políticos que defendía desde su escaño de diputado. Su ideario político consistía en el republicanismo regionalista valencianista (organizó y lideró en Valencia un movimiento de masas, al estilo de los que comenzaban a implantarse en Europa, cuyas bases eran el nuevo proletariado industrial y el antiguo artesanado). La lectura de esta novelita me ha hecho reflexionar sobre lo poco que se ha avanzado en los asuntos de la organización político-social española, en el ‘apalancamiento’ en que unos y otros están/mos instalados en nuestro país. Pero no sólo”Cañas y barro” me ha llevado a pensar en nuestro país. Su lectura me ha provocado una reflexión sobre este regionalismo que viene de antiguo, que parecía superado por la globalización y los actuales movimientos asociacionistas supranacionales de todo tipo y que, sin embargo, renace con fuerza inusitada.

Vivimos tiempos convulsos. El domingo 6 de diciembre de 2015 en la liberal y abierta Francia las candidaturas reaccionarias del Frente Nacional ganaron la primera ronda de las elecciones en seis de las 13 regiones donde éstas se celebraban. Resulta paradójico observar que en el país considerado más centralista y unificado exista una cierta inercia centrífuga que lleva al ciudadano a refugiarse en la periferia regional donde todos se conocen y existen unas coercitivas reglas de comportamiento muy claras. Frente al anonimato e innovación procedimentales propios de las grandes urbes, en momentos de crisis como los vividos últimamente por ese país diríase que los ciudadanos quieren que los miembros de la comunidad sean homogéneos, marquen todos el mismo paso a fin de detectar al ajeno, al de fuera, al posible agresor.

¿Y todo esto tiene algo que ver con la literatura?, se preguntarán algunos. Pues todo y nada;  nada y todo. No hay que pensar que la literatura es inocente, que los autores y/o lectores viven en una torre de marfil alejados de las contingencias mundanas cual si de practicantes integristas de una religión se tratase. En España no es nueva esta lucha entre fuerzas centrípetas y fuerzas centrífugas, aunque sí es diferente. En mi país desde hace tiempo (mucho mucho tiempo: algunos lo llevan hasta la época de la alta edad media o más lejos todavía)  han existido tendencias contrarias a la unificación en un proyecto común. Pese a ello hubo momentos en que la marcha conjunta de todas las tierras (“Las tierras, las tierras, las tierras de España" a las que cantaba Rafael Alberti) fue total; me refiero a los siglos XVI, XVII y XVIII en los que poco a poco fueron cayendo regalías, portazgos y aranceles separadores en pro de una comunidad hispana común. Pero fue sobre todo el racionalismo dieciochesco con sus anhelos de progreso el que más hizo por la eliminación de particularismos anquilosantes. Ahora bien la historia nos enseña que todo en el mundo es pendular, todo es de ida y vuelta, a grandes inundaciones siguen enormes sequías, a hambrunas brutales hartazgos mortales…

Eso será lo que suceda en el XIX, siglo de reflujo en el que –los franceses de nuevo- los ideales teóricos y los avances científicos manifestados durante la Ilustración se pretendió ponerlos en pie, materializarlos y hacerlos realidad extendiéndolos “filantrópicamente” por el universo mundo. Las fuerzas conservadoras e inmovilistas reaccionaron refugiándose en los valores antiguos –los “fueros viejos”- que resistieron el empuje del Progreso que venía impuesto “manu militari” por los ejércitos napoleónicos.

Sabino Arana, Vidal i Valenciano, Victor Balaguer, Antonio Trueba, Navarro Villoslada, Arturo Campión

 Vencido el Progreso por la Reacción ésta buscó argumentación válida en el movimiento romántico que por esas fechas triunfaba vigoroso en  Alemania y Francia. Era preciso buscar munición justificatoria en el pasado al que los reaccionarios enemigos de la igualdad, libertad y fraternidad se aferraban. Literariamente ésta se encontró en la prosa histórico-legendaria romántica que en España realizaron vascos como Antonio Trueba (“Cuentos populares”), Francisco Navarro Villoslada (“Amaya o los vascos en el siglo VIII”), el mismo Sabino Arana (“Los últimos íberos” ), o Arturo Campión (“Don García Almorabid”), mitificando todos ellos el antiguo ruralismo de la zona y  convirtiéndolo en falsa realidad dado que el País Vasco se había metido de lleno en una industrialización sin vuelta atrás. Del mismo modo en Cataluña surgieron en esa época autores como Ramón López Soler (“El caballero del cisne”) o Antoni de Bofarull (“L'orfeneta de Menargues” ['La huerfanita de Menargues']) que novelaban historias legendarias de la zona. Pero será el teatro al que la burguesía catalanista acudía habitualmente el que más difundirá en esta región esos aspectos costumbristas locales rescatándolos con frecuencia del pozo de la historia. Autores importantes en esta senda fueron  Víctor Balaguer (“Don Joan de Serrallonga”, 1868) o Eduard Vidal i Valenciano (“Tal faràs, tal trobaràs” ['Quien mal anda, mal acaba'], 1865).

El Costumbrismo que surge durante el Romanticismo será la veta originaria de la que saldrá el Realismo-Naturalismo en el que se refugiarán no pocos autores como Blasco Ibáñez para difundir, como ya he dicho antes, sus ideales socio-políticos regionalistas.

 Es evidente que la lectura siempre tiene interés y que leer sirve para reflexionar “una mica sobretot[un poco sobre cualquier cosa]. ¿Sirve de prueba este artículo? 
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ACLARACIÓN.- El artículo anterior es reproducción exacta del aparecido en el pasado número de enero de la revista "EmblOgriuM", de cuyo contenido ya hablé aquí hará cosa de un mes o así, Me parece que el momento que estamos viviendo justifica reflexiones como la anterior. 

2 ene 2016

"Emblogrium" nos desea Feliz Año Nuevo 2016

2 comentarios:
Puntual como nunca a su cita, el día primero de este recién estrenado 2016 ha salido el número 29 de "EmblogriuM" correspondiente al mes de enero. 





En esta ocasión, R, su editor, ha optado por una escueta, simple y elegante presentación en blanco y negro que él mismo justifica en el editorial que abre el ejemplar. Al haber dejado los artículos que se basaban en el colorido para el siguiente mes, el "EmblogriuM" de enero ha adelgazado bastante aunque, en mi opinión, su contenido es de enjundia.

 En este número aparece una colaboración mía:
que desde aquí os invito a leer. 

Los títulos y autores del resto de artículos son los que aparecen en la foto de la derecha.

Espero que disfrutéis mucho de este número de la revista. 

13 dic 2015

"CAÑAS y BARRO" de Vicente Blasco Ibàñez

16 comentarios:
Sorolla, Blasco Ibáñez, "Cañas y barro", Valencia, Naturalismo
El escritor valenciano tuvo una agitada vida como polìtico, primero dentro del partido Republicano Federal de Pi i Margall y luego, cuando abandonó este, en el fundado por él mismo con el nombre de "blasquismo",  uno de cuyos antecedentes se puede encontrar en los 'sans-culottes' de la Revolución Francesa, defensores del principio roussoniano de que la soberanía popular no se delega, sino que se ejerce, de ahí la movilización continua en la calle de los blasquistas. Con este movimiento valenciano autonomista y republicano ganarìa todas las elecciones. Esta actividad politica, que le llevó a las Cortes como diputado por la Union Republicana en seis legislaturas, la abandonò en 1908, cuando contaba 41 años.

Vicente Blasco Ibàñez pertenece, literariamente hablando, al movimiento realista-naturalista. El naturalismo lo conoció en Francia donde pasó el invierno de 1890 a 1891 y fue el molde literario perfecto donde verter sus ideales político-sociales. Por eso nada tiene de extraño que el período de móxima dedicacion política sea aquel en el que escribió sus novelas valencianas (Arroz y tartana, 1894; Flor de Mayo, 1895; La barraca, 1898; Entre naranjos, 1900; Cañas y barro, 1902) y algunas de las sociales (La catedral, 1903; El intruso, 1904; La bodega, 1905; La horda, 1906). Sin embargo en las obras de ficción de su última época como "Los jinetes del Apocalipsis" (1914); la novela sobre la guerra en el mar, "Mare Nostrum" (1918); y otra sobre la retaguardia, "Los enemigos de la mujer" (1919), que completaría la trilogía sobre la "Gran Guerra", asi como "Sangre y arena" (1922), "El papa del mar" (1925) y en otras muchas más el texto sirve como evasión de la realidad, no como en las novelas naturalistas que la afrontan, asignando a la política el papel de transformarla. Se podría decir que la política blasquista parte de la realidad descrita en las novelas y sobre ella pretende construir la verdadera historia.


Comentario de "CAÑAS y BARRO"

Resumen del argumento (para evitar incurrir en spoiler he ocultado parte del argumento. Para verlo basta con seleccionar ese texto)

28 ene 2015

Fulgencio Argüelles: "El palacio azul de los ingenieros belgas"

4 comentarios:
He leído esta novela de Fulgencio Argüelles, Premio Café Gijón de Novela 2003, por recomendación de mi amiga, y excelente lectora, Eugenia Ruiz. El autor me era un completo desconocido (¡mejor, -me dije- así conozco algo diferente!). Puesto a leerla, desde el primer momento me atrapó por... todo: por la historia que contaba, por el momento histórico en que la situaba, por la manera de presentarla, por el magnífico léxico que utilizaba, por… Para mí ha supuesto una entrada de aire fresco en la novela que se está haciendo en España.
Palacio de Figaredo en Mieres que inspira el relato
Al acabar de leerla quise saber algo más sobre el autor. Resulta que Fulgencio Argüelles es un psicólogo asturiano de 60 años, especializado en psicología del trabajo y de las organizaciones. Con esta preparación no me ha extrañado nada saber que es concejal socialista en el Ayuntamiento de Mieres, lugar donde pasó infancia y juventud. Argüelles, además, trabaja su asturianeidad, esto es, ama tanto a su tierra que todo lo que ha escrito lo ha situado en ella, llegando incluso a utilizar como lengua en algunos de sus cuentos el bable o 'asturianu' (el libro de relatos “Seronda” lo hizo en este antiquísimo dialecto del latín que acérrimos asturianos como Fulgencio califican de “llingua”). También la novela que comentamos sucede en tierra asturiana durante el período anterior e inmediatamente posterior a la Revolución de Asturias del año 34.


Sinopsis (proporcionada por la propia editorial “El acantilado”)
Un día de septiembre de 1927, Nalo entró a trabajar en el palacio azul de los ingenieros belgas como aprendiz de jardinero. Las primaveras y las revoluciones llegaron al palacio antes que a ningún otro lugar e iniciaron al joven en la amistad y el amor, en la comprensión y el análisis. Fulgencio Argüelles, a través de un narrador certero que observa con ternura, nos acerca a los avatares personales e históricos de quienes vivieron y trabajaron en el palacio azul, y conforma un mundo particular que trasciende a lo universal.