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11 dic 2020

Los chicos de la Nickel. Colson Whitehead

25 comentarios:

"Los chicos podrían haber sido muchas cosas si la Nickel no los hubiera echado a perder. Médicos que curan enfermedades, o neurocirujanos, o de los que inventan algo que salva vidas. Candidatos a presidente. Tantos genios echados a perder"

Los chicos de la Nickel, Colson Whitehead

Colson Whitehead
ha logrado algo insólito, ganar dos veces seguidas el Premio Pulitzer, algo sólo conseguido en los más de 100 años de existencia del galardón por William Faulkner. Desde luego es sorprendente y muy poco frecuente que un mismo autor se alce en sus dos últimas publicaciones con un galardón tan prestigioso como éste. Podríamos preguntarnos el porqué. Pienso que la razón podría estar en que el tema del racismo y de la segregación racial que en ambos relatos se toca desgraciadamente sigue de actualidad en gran parte del mundo pero especialmente en USA de donde es el autor y donde se concede el galardón. Además creo que el estilo literario y la personalidad del escritor casan a la perfección con la finalidad que figura en las bases del Premio: premiar la excelencia en el periodismo, la literatura, el teatro y la educación. Habiendo obtenido el correspondiente a la literatura es evidente tras leer la novela que Whitehead  sabe mucho de periodismo y que sus libros encierran también una clara finalidad educativa.

Mi comentario

[He ocultado frases para no desvelar partes importantes.
Si quisieras leerlas no tienes más que pasar el ratón sobre esas 
frases como haces cuando quieres seleccionar texto] 

abusos a la infancia, racismo, segregación racial
La novela, corta en extensión -poco más de 200 páginas-, está dividida en tres partes más un Prólogo y un Epílogo. Prólogo y Epílogo se sitúan en el momento actual y sirven de marco a la historia que a continuación se cuenta perfectamente estructurada en tres secciones que obedecen al clásico planteamiento, nudo y desenlace de cualquier obra tradicional. 

En la primera parte conocemos la infancia y adolescencia del personaje central Elwood Curtis, criado por su abuela Harriet, tras la sorprendente marcha de sus padres (Percy y Evelyn) a California. Esta parte finaliza cuando ilusionadamente Elwood, siempre buen estudiante y con un afán tremendo por aprender pese a las dificultades que un negro tiene sólo por el hecho de serlo, con 16 años hace autostop para ir hasta la Universidad donde ha sido admitido para realizar un curso preuniversitario sobre literatura inglesa. La policía para el coche al que ha subido hace escasos momentos y para desgracia suya resulta que el conductor negro que lo conduce hacía nada que lo acababa de robar. Elwood es considerado cómplice y tachado de ladrón por lo que es condenado a pasar dos años en la Escuela Reformatorio para chicos Nickel. Aquí acabaron todas sus ilusiones y todo su esfuerzo y amor al estudio se ve seriamente comprometido.

En la Segunda Parte ya vemos a El en la Academia Nickel. Aprender los códigos que allí dentro funcionan le ocasionará tener que pasar por la Casa Blanca, viejo almacén donde los supervisores encabezados por Spencer azotaban a los chicos negros o blancos para hacerles entender todos los puntos no escritos del manual de conducta. de la institución.

En la Nickel, Elwood que vive en la residencia Cleveland se hará amigo de Turner, de Desmond, de Jaimie y con ellos aprenderá a sobrevivir allí dentro. Con Turner logrará participar en un servicio que sale del centro una vez por semana. Acompañan en coche al supervisor Harper para repartir entre ciertos ciudadanos de Eleanor los donativos que diversas instituciones, el Estado de Florida, el Ayuntamiento o simples particulares hacían a la Nickel para mejorar la calidad de vida de los allí confinados. La corrupción, pues, junto a la violencia es norma en este Reformatorio.
En esta parte conocemos la manera cómo se las gastan los trabajadores de la Nickel con los chicos a su cargo. Son éstos objeto de crueles palizas, de frecuentes abusos sexuales, utilizados como obreros sin salario e incluso objeto de desapariciones físicas enmascaradas con el argumento de escapadas del Centro. Escapadas que, si algunas -muy pocas en verdad- existieron, eran en su mayoría meras disculpas para ocultar la muerte y el apresurado enterramiento de los chicos en el denominado por ellos mismos cementerio de Boot Hill. 

La tercera parte es quizás la más variada pues comienza con el personaje en el Nueva York de hoy. Es un próspero empresario de mudanzas que posee una flota de camiones capitoné y un nutrido grupo de empleados. Ha triunfado. Esta es la primera sorpresa que Colson Whitehead nos da. Una sorpresa que en los capítulos que forman esta sección IIIª de la novela nos irá desvelando. En una especie de alternado hoy – ayer, o vueltas atrás (flash backs) esclarecedoras de lo sucedido hasta aquí, nos enteramos de lo que aconteció a esta pareja de compañeros (Turner y Elwood) para que ahora pasado el tiempo el que atiende por el nombre de Elwood sea empresario de una empresa de mudanzas con varios empleados en plantilla y una importante flota de camiones. Ocurrió que Elwood aprovechando una visita de inspección a las instalaciones de la Nickel entregó a uno de los tres inspectores una carta en la que denunciaba los abusos sufridos por los chicos a manos de sus ‘educadores’ y la corrupción de todo el establecimiento que desviaba fondos y productos a ciertos vecinos de Eleanor dejando la comida y las instalaciones del Reformatorio en un estado lamentable. A consecuencia de esta denuncia sufrirá castigo en la celda oscura. Afortunadamente Turner escucha que a Elwood lo van a sacar para llevarlo a Boot Hill (el cementerio) y decide que el momento de escapar juntos de la Escuela Nickel ha llegado.

Como digo, alternando los capítulos del hoy con los del ayer, vamos atando cabos y vemos cómo la pareja de fugitivos fueron perseguidos por la ciénaga, fueron tiroteados y uno cayó. Un encuentro casual en Nueva York con un compañero de la escuela reformatorio sirve de disculpa para recordar penosos
Premio Pulitzer 2020, Colson Whitehead
sucesos allí vividos; luego el descubrimiento que en el Prólogo leímos de restos humanos en los terrenos que ocupara la Nickel hace al Elwood empresario que vive satisfactoriamente con su mujer Mollie plantearse que ya es llegado el momento de participar activamente con su testimonio en desvelar la verdadera cara de este establecimiento y de pedir responsabilidades de lo sucedido aunque hayan pasado 42 años desde que él saliese de allí. Son varias las sorpresas que nos llevamos en esta tercera parte si bien la mayor es la que leemos en el Epílogo que cierra el relato y que, naturalmente, no voy a desvelar aquí. 

La verdad es que "Los chicos de la Nickel" es una novela que aunque cuenta una historia dura y cruel inspirada en una auténtica escuela reformatorio, la Escuela Dozier para Chicos de Marianna (Florida) que funcionó hasta el año 2011, me ha sorprendido menos que "El tren subterráneo", novela de Colson Whitehead que al igual que ésta obtuvo el Premio Pulitzer el año de su publicación. Como digo en la reseña que de ella hice en septiembre de este año [leer la reseña aquí] la historia de la organización clandestina urdida por los antiesclavistas estadounidenses y los terribles castigos inflingidos a los esclavos en los estados del Sur me sorprendió por su increíble dureza y por el desconocimiento total que yo tenía sobre grupos humanos que hubiesen luchado jugándose el tipo por que otros seres humanos alcanzasen la libertad.

Es "Los chicos de la Nickel" una novela que presenta el asunto del Racismo y de la segregación racial  existente de facto en no pocas personas de los Estados Unidos. Desgraciadamente lo que se cuenta en este relato me ha sorprendido menos al ser una historia más cercana a nuestro hoy, más conocida, por verla con indeseada frecuencia en los informativos diarios. Me refiero a abusos sobre personas de color por parte de fuerzas policiales que rápidamente tiran de pistola para defenderse de un supuesto ataque de un indefenso ciudadano.de color. Este asunto del racismo y de la segregación racial no es exclusivo de USA; también en la culta Europa asistimos con cierta periodicidad a revueltas ocasionadas por discriminaciones de esta clase (Francia  ha conocido no pocos casos de estos por segregación respecto a su población de origen magrebí) aunque sin duda la palma se la lleva Estados Unidos donde localidades como Ferguson (en Misuri), Charleston (en Carolina del Sur), Minneapolis (en Minnesota) o Filadelfia (en Pensilvania) han conocido, sólo fijándonos en los últimos cinco años, disturbios sonados provocados por la violencia policial. 

Es por esto que digo que la sorpresa de "Los chicos de la Nickel" ha sido para mí menor. Pero sí que creo que es una historia necesaria la que Colson Whitehead con un estilo ágil, muy próximo al de la crónica periodística (conviene recordar que el escritor es o ha sido habitual reseñista de libros, música y televisión en revistas populares americanas como 'Village Voice') presenta en esta novela. Sin lugar a dudas esta novela es un homenaje al pastor Martin Luther King Jr. asesinado en 1968 por su lucha por los derechos civiles de los afroamericanos. Precisamente esa lucha pacífica, en forma de escritos y cartas denunciando abusos y vejaciones de la población de color, es lo que emulándole realiza el protagonista de esta narración, Elwood Curtis. Es El un chico estudioso, trabajador, idealista, crédulo, que quiere hacer realidad las ideas del pastor King que escucha en el único disco que tiene, 'Martin Luther King at Zion Hill', que le regaló en 1962 su abuela Harriet y del que habiéndolo oído tantas veces ha interiorizado sus palabras: 
«Tenemos que creer con toda nuestra alma que somos alguien, que somos importantes, que valemos, y tenemos que caminar a diario por las calles de la vida con este sentido de dignidad y este sentido de ser alguien.»

Martin Luther King, Premio Nobel de la Paz 1964
Elwood será fiel a estas palabras del Premio Nobel de la Paz 1964 así como a su propia tradición familiar: su padre Percy condecorado por su papel como soldado en la Guerra Mundial que escribió a sus superiores denunciando el trato desigual dado a los soldados de color; el abuelo Monty que pagó cara su intervención en una pelea con afán de separar a los contendientes; o su bisabuelo, el padre de la abuela Harriet, castigado con dureza por no apartarse del camino de una señora blanca en Tennessee Avenue. También, educadores como su profesor en el instituto Lincoln, Hill, que le puso en contacto con obras escritas por autores afroamericanos que denunciaban la desigualdad entre norteamericanos: «Los negros son estadounidenses y su destino es el destino del país.» (James Baldwin, Notes of a Native Son) serán muy importantes en la formación de su conciencia reivindicativa por la igualdad entre negros y blancos.

Una mente abierta como la de Elwood asimila todo lo anterior y durante su estancia en el Reformatorio se sentirá minusvalorado como ser humano, ninguneado por supervisores -supuestos 'educadores'- de una ignorancia supina, y finalmente castigado con una crueldad inusitada simplemente por haber querido socorrer a un chico débil que estaba siendo agredido por dos mayores abusones. El castigo pretendidamente educativo se iniciaba con frases muy reveladoras por parte de los supervisores encargados del castigo, Spencer y Earl: «Como te oiga quejarte una sola vez, tendrás propina.» «Cierra la puta boca, negro de mierda.»; seguía con una tanda de unos setenta latigazos en nalgas y piernas; y finalizaba como en el caso de El en la enfermería si, también como en su caso, el castigado tenía la suerte de sobrevivir al correctivo: "De resultas de los correazos, fragmentos del pantalón viejo se le habían incrustado en la piel y el médico había necesitado dos horas para extraerle las fibras.". Brutal, como se ve.

Para Elwood el único refugio era la amistad tejida con Turner, Jaimie o Desmond; juntos idean e imaginan venganzas contra estos crueles supervisores que casi nunca realizan. Sobre todo es con Turner con quien los lazos serán más estrechos a consecuencia de ser ellos dos quienes ayudan al supervisor Harper a dar salida bajo cuerda a muchos de los productos y donaciones recibidas por la escuela, o sea, serán mano de obra gratuita en la corrupción practicada por los miembros del Reformatorio a costa de la salud de los adolescentes allí internados.

La historia de la Nickel, trasunto de la Escuela Dozier para Chicos de Marianna (Florida), se presenta de manera muy cinematográfica con el descubrimiento en 2014 por parte de unos alumnos de arqueología de unos restos humanos, la indagación en los archivos de la institución desaparecida ya hace tres años de lo que allí existió y la salida a la luz periodística del infierno que allí se consintió durante tantas décadas. A partir de aquí particulariza en la historia de uno de los internos, Elwood en el relato, y avanza en su peripecia vital hasta el final en que de nuevo se vuelve al momento de 2014 en que en Tallahassee (Florida) se está realizando una especie de convención de antiguos alumnos de la escuela que aportan testimonios sobre lo allí vivido. Habida cuenta de las sorpresas que en el desarrollo de la trama se producen, no me extrañaría nada que viéramos esta novela convertida en película. Desde luego todo conduce a ello: el ritmo vivo, el juego presente-pasado, y sobre todo el relato del racismo tan arraigado en algunas partes y seres humanos de los Estados Unidos.

En mi opinión uno de los grandes méritos de esta narración es ver cómo una historia particular, la de un chico que por azar ve quebrarse su futuro, la vemos convertida en algo más amplio, de alcance más universal: la defensa de la dignidad humana, la lucha contra la violencia gratuita, la resistencia pasiva al estilo de Mahatma Gandhi para así denunciar la maldad indiscriminada, la universalidad de lo predicado por el doctor Martin Luther King y la pervivencia de su legado:

 «Metednos en la cárcel y nosotros os seguiremos amando. Arrojad bombas contra nuestras casas y amenazad a nuestros hijos, y nosotros, por muy difícil que sea, os seguiremos amando. Enviad a vuestros criminales encapuchados para que entren en nuestras comunidades al amparo de la noche y se nos lleven a rastras a un camino apartado y nos abandonen allí tras darnos una paliza de muerte, y nosotros os seguiremos amando. Pero tened por seguro que nuestra capacidad de sufrimiento acabará por agotaros, y que un día ganaremos nuestra libertad.»


La novela fue la lectura elegida por la tertulia "más que palabras..." para la reunión del mes de noviembre y tuvo un rendimiento fantástico. En mi opinión es una lectura muy adecuada para debatir en grupos de lectura o lecturas colectivas. 

2 oct 2020

Jennifer Egan: "El tiempo es un canalla". Pullitzer 2011

23 comentarios:

- Susan, la mujer de Ted, le dice un día "Tenemos que procurar que sea siempre así"... y no porque estuviese achispada o hubiesen hecho el amor esa mañana sino porque "acababa de notar el paso del tiempo"
Bennie le recuerda a Scotty su anterior encuentro: "fue hace veintipico años. ¿Puedes creer que haya pasado tanto tiempo? Me trajiste un pescado."
• "Alex se había rendido ante Bennie Salazar sin casi oponer resistencia. ¿Por qué?" […] "¿se trataba de la extraña simetría de haber oído hablar por primera vez de Bennie Salazar de boca de una chica perdida con la que había salido una vez, al principio de todo, para terminar conociendo a Bennie una década y media más tarde, por la guardería de su hija?"

Conocí esta novela gracias a la reseña que en su blog, "Cuéntame una historia", publicó Rosa Berros hace exactamente un mes. Fue una reseña subyugante, que me atrapó inmediatamente, como casi todas las suyas. En el interior de la misma agradecía a Gerardo Vázquez del blog "Varado en la llanura" haberle dado a conocer a Jennifer Egan, y a Juan Carlos Montag del blog "El fuego de Montag" haberle recordado, hace tan sólo dos meses, con una reseña sobre "El tiempo es un canalla" que ya habían pasado dos años desde que leyó por primera vez en el blog de Gerardo la referencia a novela y autora. Es maravillosa la capacidad que tienen las redes sociales, en especial los blogs literarios, de transmitir informaciones útiles y placenteras como la de la novela que me propongo reseñar.

Jennifer Egan, "El tiempo es un canalla"


"El tiempo es un canalla"
apareció publicada en 2011 alzándose nada menos que con el Pullitzer aquel año. En la lucha por este galardón desbancó incluso a "Libertad" de Jonathan Franzen, una novela que leí hace tiempo con mucho agrado y que desde luego tras hacer lo propio con la de Jennifer Egan entiendo que no se alzase con el Premio. Y lo comprendo porque mientras que Franzen presenta una obra interesante pero dentro de parámetros constructivos que podríamos definir como tradicionales, Jennifer Egan realiza una novedosa obra distinta a muchas otras. Esto, unido a ser en cierto sentido una crónica de toda una generación, aquella que se inicia en los últimos años 60 o primeros 70 del siglo pasado para llegar hasta la década de los años 20 del siglo XXI en que nos encontramos, o sea, más de diez años después del momento de escritura y/o de lectura, explica por qué ganó no sólo el Pullitzer 2011 sino también el Premio del Círculo de Críticos en 2010. En la justificación de ambas concesiones se puso en valor, además del tema del tiempo como elemento destructivo, la novedosa construcción del relato.

Recomiendo a quien lea esta novela que haga la lectura a buen ritmo si es que quiere disfrutar de la misma. Es un libro que por su construcción a base de capítulos situados cada uno en un tiempo distinto -hacia adelante o hacia atrás- y narrado por un personaje diferente, parece en ciertos momentos más una colección de relatos cortos que una novela en el sentido acostumbrado. Pero no, sí es una novela, y lo reconocemos si la leemos del modo que recomiendo, sin pausarla mucho, porque aunque los personajes que aparecen en unos y otros capítulos son recurrentes, -y aquí el punto de vista, la perspectiva adoptada por cada narrador es muy importante-, mientras en unos son auténticos protagonistas en otros aparecen simplemente como secundarios llegando incluso  hasta a olvidarnos de alguno en el baile temporal que es esta novela.

La estructura que Egan da a la novela es la horma adecuada al Tema que se propone: la maldición que el Tiempo vierte sobre aquellas generaciones del rock, que deificaron la juventud como si ésta fuese a durar eternamente. Pero no, claro, esto no es posible, somos contingentes, temporales, nos arrugamos, envejecemos, perdemos la libido con el paso de los años, tenemos hijos e incluso nietos que en su sinceridad e inocencia nos echan/rán a la cara nuestra vejez o nuestro deterioro... "¿Cómo he pasado de ser una estrella de rock a ser un jodido gordo inútil?", dice Bosco, un artista sobre el que el tiempo ha hecho estragos.

El tiempo todo lo muda, incluso aquello que nos pueda parecer inamovible. En un capítulo Alison Blake, hija de 12 años de Sasha y de Drew, su marido, en un año de la década de los 20 del siglo actual escribe utilizando de soporte la aplicación Power Point, o sea, escribe una narración en diapositivas a base de cuadros sinópticos, esquemas, gráficos, diagramas... utilizados normalmente en otras actividades socio-laborales, al menos en nuestro hoy. Por más que su padre le pide que utilice el papel para hacerlo a la manera tradicional de la literatura Alison no lo hace. Y lo mismo le sucede a su hermano Lincoln quien analiza la música, campo profesional y pasión en la que viven y han vivido todos los personajes de la novela, de una manera singular: fijándose en las pausas, algo que a su padre también desconcierta. 

Siempre que los humanos reflexionamos sobre nuestra existencia finita, sobre los inevitables estragos que el tiempo produce sobre cualquier ser vivo y los constatamos en nosotros mismos, se entra en un bucle de sombrío pesimismo. ¿Diría, pues, que esta narración es decididamente oscura, desesperanzada? Sinceramente, yo diría que no. Y es que una cosa es ser realista, objetivo, y otra muy distinta ver sólo el lado penoso de la vida. Contra lo inevitable nada cabe hacer y menos lamentarse; sólo nos queda echar mano del latino 'carpe diem' y procurar disfrutar de lo que la existencia nos procura en cada una de las etapas por las que pasamos: la amistad entregada durante la primera juventud; las ilusiones de todo tipo (amores, triunfos profesionales...) durante ese período; los hijos, aunque sean testigos demoledores del discurrir de la Vida; los viajes (el de Ted Hollande por Nápoles en busca de su sobrina Sasha es fantástico; por contra el que Doll y Steph realizan a Sudamérica, aunque hermoso en sí mismo, es horrendo por la finalidad que persigue: mejorar la imagen de un General genocida); el disfrute del Arte -música, pintura, literatura- por servir para regocijarse en el  momento actual con el mundo:… "Ella [Sasha] no respondió. Estaba observando el sol. Ted lo miró también, contempló el derroche de colores polvorientos a través de la ventana. Turner, pensó,. O'Keefe, Paul Klee." (pág. 291); etc.

La revelación de la belleza de la vida, la necesidad de disfrutar de ella pese a lo inevitable que nos espera a todos, es importante para Sasha y para Bennie, quizás los dos personajes principales dentro del círculo que es el personaje colectivo que en torno a ellos se configura a base de amigos, clientes profesionales, relaciones familiares, compañeros de trabajo, compañeros de estudios, relaciones amorosas transitorias... Este personaje colectivo del que forman parte también ellos mismos es el auténtico protagonista del relato. Es un personaje informe que crece con las interconexiones que unos y otros establecen entre sí y con otros nuevos. Los cuadros sinópticos del capítulo en que Alison cuenta la historia de su familia a base de flechas, círculos y esquemas es representación formal de lo que la Vida actual es: una compleja red de relaciones que se mueve por el tiempo y el espacio de manera diríase desordenada, en un intento, quizás, de doblegar al monstruo, al canalla: el Tiempo. 

Esta presentación de Power Point es el registro más novedoso utilizado en la novela
Nuestra vida particular, la vida de cada uno está formada por nuestras acciones pero también por la de aquellos con los que nos relacionamos. Esto es lo que Jennifer Egan nos transmite con esa estructura formal que ha dado a su novela a base de capítulos que se dirían independientes por su distinto narrador en 1ª persona pero en los que los otros personajes aparecen en un papel secundario. Al hacerlo así, cambiando el foco, con una perspectiva diferente, vemos a los actores desde dentro de ellos mismos pero también desde fuera, o sea, tal y como los otros los ven. Incluso cuando emplea un narrador en 2ª la escritora parece querer subrayar esta idea: "Queda claro al instante que Kitty Jackson pertenece más al grupo de estrellas simpáticas (Matt Damon) que al de las estrellas difíciles (Ralph Fiennes). Las estrellas de la categoría simpática actúan como si fueran como tú (o sea, como yo) para caerte bien y así lograr que escribas cosas halagüeñas sobre ellas", cuenta Jules entrevistando a Kitty la actriz en horas bajas que usarán Steph. y Doll para rehabilitar en lo posible la imagen del general genocida. Esta focalización externa y/o ['y' en el caso de Jules dada su bipolaridad] interna en mi opinión es un rasgo fundamental de la novela.

Decía antes que no se puede luchar contra lo inevitable -el paso del tiempo- pero tampoco dejarse anímicamente vencer por él. En un momento del relato cuando un Scotty fracasado socialmente se presenta ante el exitoso productor discográfico Bennie Salazar mantienen un diálogo que dice:
"El tiempo es un canalla, ¿no? ¿Vas a dejar que un canalla te vacile?
Scotty sacudió la cabeza.
—El canalla ha ganado
".

Veremos que aunque la batalla definitiva esté perdida de antemano, sin embargo hay victorias parciales que nos reconcilian con la existencia como se ve en ese concierto condenado en principio al fracaso que el ajado y deprimido Scotty dará, o en esa producción musical que un fracasado Bennie promueve, o en los hijos que Sasha y Drew tengan tras una vida movidita por parte de ambos allá en su lejana juventud... Y siempre siempre el recuerdo imborrable de las ilusiones puras, auténticas, que durante la adolescencia-primera juventud todos tenemos y que en la novela se ven reflejadas en la pugna habida entre Scotty y Bennie por Alice; en el cariño de Sasha hacia Rob; en el no correspondido de Rob hacia Drew; en la ansiada y nunca producida relación de Bennie con Sasha; en la fugaz habida entre Alex y Sasha; etc. Y por medio de A a B, es decir, de entonces acá, la vida transcurrida, el ineluctable decurso temporal. 

Precisamente la novela se divide en dos grandes apartados titulados así, A y B. 'A' está formado por 6 capítulos (o relatos, como he dicho antes) y 'B' por 7, aunque el primero de éstos, o sea, el 7º es una especie de relato bisagra constituido a su vez por cinco secuencias narrativas. Significativamente este capítulo se denomina "De A a B" y contrariamente al resto está narrado en 3ª persona. Muestra el porqué de la disolución del matrimonio de Stephanie y Bennie y sirve para dar entrada a una serie de personajes de la órbita de Steph que tendrán importancia en los capítulos siguientes: los vecinos del matrimonio en la zona exclusiva de Crandale (Nueva York), en especial Kathy con la que Steph juega al tenis; Jules, el hermano bipolar de Steph, que acaba de salir de la prisión donde ha cumplido condena por intento de violación; Doll, la jefa de Steph, con la que emprenderá en capítulos siguientes el blanqueo de un general genocida; también Chris, el hijo de ambos; etc.

Novela posmodernista, literatura norteamericana
Es una novela muy bien ejecutada, que no descuida detalle alguno. Al presentar en desorden el decurso temporal se hace algo complicado ubicar debidamente en el tiempo los diferentes sucedidos. Lo que sí es cierto es que iniciándose aproximadamente en 1973 la novela finalizaría 50 años después, en 2023 , con un punto de no retorno, una bisagra temporal, que se insinúa en el capítulo 7 y que se viene a situar en los días o meses próximos al 11 de septiembre de 2001. 

He leído, como no podía ser menos, las  interesantísimas opiniones que sobre la novela escriben en sus blogs Rosa Berros, Gerardo Vázquez y Juan Carlos, Montag, los tres amigos que cito al principio de esta reseña. He seguido la recomendación que Gerardo hace al final de la suya de leer lo que sobre esta narración dice José Martínez Ros en el blog 'Estandarte' y he leído esa reseña de pe a pa. Me ha parecido soberbia y me ha servido para comprender y aprender que es lo que desde siempre busco en este mundo de los blogs literarios. Os aconsejo leerla [pinchad aquí para acceder a ella] en especial por esa adecuación que -dice- cumple "El tiempo es un canalla" respecto a los seis rasgos que la literatura del siglo XXI debería poseer según lo que el gran escritor italiano Italo Calvino dejó escrito en 1985 poco antes de morir. Son los siguientes: 

  • levedad (el inicio lo cumple sin duda alguna)
  • rapidez  ritmo visual y vertiginoso. Es fácil que pronto la veamos convertida en serie o film)
  • exactitud (el ritmo se atiene a ubicaciones temporales y espaciales precisas)
  • visibilidad (deja ver el hueco dejado por las Torres Gemelas, un concierto punk con sus bailes peculiares, un intento de violación, la asesoría de imagen a un dictador, un safari en África, etc.)
  • multiplicidad (colección de relatos comprimidos en uno solo, variabilidad de registros narrativos, perspectivismo, épocas y lugares distintos, etc.)
  • consistencia (lo más complicado, sin duda alguna: que todo lo anterior se vea como formando parte, verosímilmente, de un todo, que se lea con gusto y que en muchos momentos sea una novela divertida).
Como se ve Italo Calvino estaba señalando, consciente o inconscientemente ,los principios que conforman lo que ha venido en llamarse novela posmoderna que en mayor o menor grado informa gran parte de la literatura norteamericana de los últimos tiempos.

Para finalizar
Todos los personajes son importantes, todos tienen interés, pero en el grupo destacan dos: Sasha y Bennie; y de esta pareja el fundamental en mi opinión es Sasha que personifica aunque en sentido opuesto al título, el paso del tiempo. Al inicio de la historia vemos a Sasha con unos 30 años en la consulta del psicólogo al que cuenta su último episodio de cleptomanía que tuvo una noche que estuvo en una cita a ciegas con Alex; más tarde en el capítulo 9 conocemos la búsqueda que Ted Hollande hizo en Nápoles a donde ella huyó con sólo 17 años:
"Sasha había huido de una adolescencia cuyo catálogo de tragedias incluía el consumo de drogas, innumerables detenciones por hurto, una tendencia a rodearse de músicos de rock (según había explicado Beth con impotencia), cuatro psicólogos, terapia familiar, terapia de grupo y tres intentos de suicidio"

Y veinte años más tarde encontramos a una Sasha totalmente integrada: casada y con dos hijos; y a un Ted ya abuelo y divorciado de su mujer. Ambos verán juntos el atardecer en la casa de ella en el desierto de California y al ver al sol "atrapado en el interior del círculo de alambre" Sasha mirando a su tío y al sol le dice: "¿Lo ves? Es mío" (pág. 292). En definitiva ha conseguido dominar su vida tras unos tiempos algo confusos. Ignora la impronta que su persona dejó en los seres que tuvieron relación con ella como Bennie y Alex que en un momento dado de la novela la buscan, esfuerzo inútil pues lo que en verdad ellos pretenden es recuperar el pasado, y eso es simplemente imposible. 

Una novela que merece ser leída. Yo quiero leer algo más de esta autora que descubierto gracias a los amigos del ciberespacio (ja, ja...). En España de ella se ha publicado al menos otro título, "Manhattan Beach", Lo buscaré qué duda cabe.

19 sept 2020

Colson Whitehead. "El ferrocarril subterráneo"

20 comentarios:

- “ La prensa gustaba de publicitar la fantasía de la plantación feliz y el esclavo que cantaba y bailaba y quería a su amo. A la gente gustaban estas historias y políticamente resultaban útiles dado el enfrentamiento con los Estados norteños y el movimiento antiesclavista.
-“Una plantación era una plantación; podías pensar que tus desgracias eran particulares, pero el auténtico horror radicaba en su universalidad.
- “ El esclavista había pedido algodón Sea Island para sus tierras, pero mezcladas entre sus semillas llegaron también las de la violencia y la muerte, un cultivo que crece rápido. Los blancos tenían motivos para estar asustados. Un día la sangre derrumbaria el sistema.

Los informativos de toda índole pero en especial los televisivos dan a la cultura el papel de puro relleno al final de los mismos, antes o incluso después del deporte rey. Fue así como oí por primera vez el nombre de Colson Whitehead puesto en  boca de la periodista Ana Blanco quien para cerrar el Telediario de no recuerdo ahora qué día habló de la última novela de ese escritor norteamericano titulada "Los chicos de la Nickel"


novela afroamericana, abolición de la esclavitud

Me puse a buscar dicha novela y a recabar información sobre su autor. Sobre el novelista  supe que se trata de un afroamericano nacido en 1969 en Nueva York. Que se formó en la Universidad de Harvard y que muy pronto comenzó a hacer colaboraciones en revistas escribiendo sobre películas, libros, música y televisión. A gran velocidad se hizo asiduo a los Premios literarios siendo finalista en 1999 del PEN/Hemingway por su primera novela y del Pullitzer por "John Henry Days", su segunda publicación. Desde ese momento estaba claro que Whitehead se haría acreedor de múltiples distinciones con sus obras de ficción. Mientras iba cuajando una sólida y exitosa popularmente carrera literaria (su novela distópica "Zona Uno" fue superventas en USA durante varias semanas) el escritor no dejó -no ha dejado, más bien- de publicar artículos, reseñas y relatos de ficción en prestigiosas publicaciones estadounidenses como The New Yorker, The New York Times, New Yok Magazine, etc.

Mi búsqueda en bibliotecas de "Los chicos de la Níckel", el libro promocionado por Ana Blanco, fue infructuosa. Aún no ha llegado a sus anaqueles. Sí vi sin embargo otros títulos suyos: "Zona Uno", 2011; "El coloso de Nueva York", 2003; "El ferrocarril subterráneo", 2017; y "La intuicionista", 1999. De los cuatro me llamó especialmente la atención "El ferrocarril subterráneo" al haber sido distinguido ese año con el Pullitzer, algo que también le ha ocurrido con "Los chicos de la Níckel" en 2020 y que seguramente era el motivo que justificó su aparición en el telediario. Caramba, me dije, dos Pullitzer seguidos; dado que no está el último leeré el anterior. 

Como es normal antes de hacerme con el libro me fijé en el asunto que trataba la ficción: la lucha contra la esclavitud en la Norteamérica del siglo XIX, especialmente durante su primera mitad. Esto aún me inclinó más a esta lectura dado que no hacía mucho -concretamente durante el mes de marzo pasado- había leído con gusto por mi parte "Lincoln en el Bardo", novela de George Saunders [tengo reseña hecha en mi blog] que tocaba muy directamente el tema de la abolición de la esclavitud declarada en plena Guerra de Secesión por parte del presidente estadounidense Abraham Lincoln. Sí, estaba claro, leería "El ferrocarril subterráneo"

Mi comentario
Sinopsis (dada por la propia editorial)
Cora es una joven esclava de una plantación de algodón en Georgia. Abandonada por su madre, vive sometida a la crueldad de sus amos. Cuando César, un joven de Virginia, le habla del ferrocarril subterráneo, ambos deciden iniciar una arriesgada huida hacia el Norte para conseguir la libertad. 
El ferrocarril subterráneo convierte en realidad una fábula de la época e imagina una verdadera red de estaciones clandestinas unidas por raíles subterráneos que cruzan el país. En su huida, Cora recorrerá los diferentes estados, y en cada parada se encontrará un mundo completamente diferente, mientras acumula decepciones en el transcurso de una bajada a los infiernos de la condición humana... Aun así, también habrá destellos de humanidad que le harán mantener la esperanza.

Premios Pullitzer, literatura norteamericana
Cora nació en la plantación algodonera de los Randall. Es hija de Mabel y nieta de Ajarry. No ha conocido jamás la libertad. Desaparecidas de su vida su madre y su abuela, Cora toma conciencia de su soledad y decide aferrarse a lo único que su madre antes de fugarse le dejó, una ínfima parcela de 3 metros cuadrados donde cultiva verduras y hortalizas. Cuando Blake, un esclavo recién llegado a la propiedad de los hermanos Randall, decide instalar la caseta del perro sobre ese terruño Cora se encorajina y con un hacha destruye la caseta. Todos piensan que está loca y como tal la confinan en la Cabaña de Hob, una especie de lazareto dentro de la plantación donde radican a las mujeres lelas, retrasadas o tullidas. Cora está encariñada con las mujeres de Hob, con Sybil , con Evelyn y con algunos de los niños que, inocentes, corretean por la plantación a la espera sin saberlo del primer latigazo que les propine Connolly, el salvaje capataz que disfruta haciendo surcos en las espaldas de los esclavos con el 'gato de las nueve colas'. 

De vez en cuando la "magnanimidad" de los blancos permitía que los negros celebrasen fiestas que ellos muchas veces interrumpían y, borrachos, trocaban en orgías de sangre y castigos. Así fue como Caesar, un esclavo venido del norte se fijó en Cora cuando ella defendió del látigo a un  niño que había manchado sin querer a Terrance Randall. Caesar propondrá a Cora escaparse igual que hiciera cuando ella era pequeña su madre Mabel. Remisa al principio, sin embargo pronto aceptará la propuesta y una noche iniciarán la gran aventura que les llevará a contactar con toda una serie de personas blancas y de color implicadas en la causa abolicionista que forman parte de una organización clandestina denominada 'El ferrocarril subterráneo'.

Los participantes en este ferrocarril (jefes de estación, maquinistas, guardagujas...) son muchos: los blancos Fletcher y Lumbly en Georgia y Carolina del Sur, el matrimonio blanco formado por Martin y Ethel en Carolina del Norte, los negros Royal, Justin y Red en Tennessee, etc. Y frente a ellos, de antagonistas, toda la sociedad sureña que disfruta realizando fiestas los viernes en los que cuelgan en la denominada Senda de la Libertad a los esclavos fugados y a quienes, blancos o negros, hayan colaborado en su huida. Los linchamientos están a la orden del día porque para mantener ese injusto sistema legal sólo existe el miedo. Dentro de este grupo de mantenedores del statu quo están los cazadores de esclavos, cazarrecompensas que viven de su captura y entrega a sus amos legales. Destaca Arnold Ridgeway el cazanegros, y su socio Tom Bird que fracasaron en la captura de Mabel, la madre de Cora, razón por la que cuando ésta huye Ridgeway se toma su captura como un reto personal. El cazanegros va acompañado ahora por Homer, un niño negro manumitido por él mismo, y Boseman, un buscavidas que había trabajado de todo hasta entrar en la banda y que se distingue por lucir un collar de orejas humanas que ganó al indio Strong una noche de juego. 

La novela se centra en un caso particular, el de los esclavos negros y la lucha por su liberación, pero lo trasciende y cuando se lee estamos 'viendo' luchas similares habidas en otros momentos de la historia. Así las fugas de los campos de concentración nazis durante la segunda guerra mundial o las realizadas del Gulag soviético e incluso las protagonizadas en nuestro país durante los años duros del Franquismo se me pasaban por la cabeza durante la lectura. 

Cuando una anécdota particular se eleva a categoría universal es signo inequívoco de que estamos ante una obra de arte indiscutible. Naturalmente esto tiene que tener el acompañamiento formal adecuado. ¿Sucede tal cosa en esta novela? Pues sí, siendo además uno de los motivos que propician su grata lectura. En términos generales la novela es una gran metáfora de la Resistencia ante la opresión y de la lucha por la Libertad y dignidad del ser humano. Colson Whitehead toma en su literalidad el lenguaje codificado a base de términos propios del ámbito ferroviario que utilizaban para comunicarse los miembros de la  organización que era el Ferrocarril Subterráneo y fabula como si tal creación mental hubiese sido verdad. 

Red clandestina antiesclavista, Colson Whitehead
Cualquier lector avisado -sobre todo si es norteamericano- conoce el significado del Ferrocarril Subterráneo y de los términos a él asociados (estaciones, andenes, maquinistas, máquinas de vapor, jefes de estación, etc.). Y pese a ello el novelista logra transfundir en el lector una sensación de verosimilitud traspasada de poeticidad. Un escondrijo en el suelo al que se accede a través de una trampilla para llegar a un túnel excavado y unas vías que se pierden en la oscuridad. Las preguntas que hace Cora y que como lectores también nos hacemos es el de quiénes lo han construido, cómo se ha hecho, a dónde conduce... Y las respuestas no pueden venir más que de mano de la fe en los otros y en la ilusión por el futuro. Lumbly, uno de los jefes de estación con los que topan Caesar y Cora en su escapada, se lo dice claramente a ambos cuando incrédulos en el andén aguardan la llegada del tren: 
Si queréis saber de qué va este país, siempre digo lo mismo, tenéis que viajar en tren. Mirad afuera mientras avanzáis a toda velocidad y descubriréis el verdadero rostro de América.
Esta frase es reiterativa a lo largo del relato y esconde la clave para la intelección del mismo. Dentro de la inmensa alegoría que es la novela el tren es el ansia de libertad de cada persona que no debe de frenarse jamás sino avanzar pese a los impedimentos externos (leyes injusta en diversos Estados, segregación racial, castigos...) para así construir la Nación.  

Cora en su viaje hacia la Libertad pasa por diferentes Estados, contacta con diversas personas, pierde a un buen número de ellas, deberá luchar contra unos y otros así como confiar en algunos y siempre deberá mantener viva su ilusión por reencontrarse consigo misma como persona y cuando lo logre -si es que lo logra- colaborar para que otros también alcancen ese objetivo. En su deambular por el país son innumerables los personajes que aparecen, todos ellos muy bien construidos. Es una gozada leer la novela por el inmenso abanico de seres humanos que presenta.

La novela se construye en capítulos alternando los titulados con el nombre de un personaje importante (Ethel, Ajarry, Mabel, Caesar...) con los encabezados con el nombre del Estado por donde se encuentran en ese momento los fugitivos (Tennessee, Carolina del Sur, Carolina del Norte, Indiana...). Los capítulos, aunque muestran la historia de Cora en un sentido lineal de avance temporal, sirven también para dar noticia de los antecedentes de este o aquel personaje que gira alrededor o tuvo alguna relación con ella (Mabel, Caesar, Ridgeway, Royal...) de manera que Whitehead no deja cabos sueltos que puedan perturbar la comprensión del lector.

El núcleo de la historia sucede durante los años que van de 1830 a 1860, años en los que el Ferrocarril Subterráneo tuvo su momento álgido de actividad coincidente con el avance de la abolición de la esclavitud en varios Estados norteños que se anticiparon a la abolición total de la misma para todo el país dictada por el presidente Abraham Lincoln tras el término de la Guerra de Secesión en 1865. En el último capítulo Amanda, hija de Mingo, un personaje importante en la Granja de John Valentine donde se refugia Cora durante su estancia en Tennessee, hablará muchos años después de sucedida la historia de Cora de la Gran Guerra europea que está teniendo lugar en ese momento con estas palabras: 
El conflicto europeo era terrible y violento, le contó a su marinero, pero discrepaba del nombre. La Gran Guerra siempre había sido entre los blancos y los negros. Y siempre lo sería
Esta frase de Amanda desgraciadamente es de una terrible actualidad como bien se sigue comprobando hoy día en los abusos policiales sobre población negra con frecuente resultado de muerte. El conflicto racial en USA a pesar de los años transcurridos desde la abolición de la esclavitud sigue aún muy vivo. Es una realidad penosa. Quizás en el éxito de esta novela haya tenido mucho que ver la persistencia del conflicto. 

Berry Jenkins, "Moonlight"
"El ferrocarril subterráneo" rápidamente, se dijo, tendría versión cinematográfica que dirigiría Berry Jenkins, un director negro especializado en filmar problemas típicos de la población afroamericana. Puesto a buscar la película por internet  sólo he podido descubrir la existencia de una serie televisiva de once episodios que aún no ha llegado a nuestro país. De la película de Berry Jenkins nada de nada por ahora. Me tuve que conformar con volver a ver "Moonlight" película de 2016 que se alzó con el Oscar a la mejor película en la edición de 2017. Desde luego si este director finalmente filmara la adaptación de la novela estoy convencido de que hará un buen producto pues "Moonlight" de la que no voy a hablar aquí es un filme magnífico y que desde ya os recomiendo si es que aún no la habéis visto o como me ocurrió a mí no la recordáis dado el tiempo transcurrido desde el momento de su estreno. 

¿Conocíais a Colson Whitehead y habéis leído alguno de sus títulos?

7 feb 2018

"Pastoral americana". Philip Roth y Ewan McGregor. (Va de cine II)

17 comentarios:
No es frecuente en mí reseñar al tiempo una novela y su adaptación cinematográfica. Sin embargo leo con gusto secciones o páginas de blogs que lo hacen. Especialmente me gusta la sección "Al Alimón" de los blogs "Leer, el remedio del alma" de Kirke Buscapina -mi amiga Paloma- y "El blog de Chelo" de Chelo Ferrer, amiga cinéfila valenciana. Desde aquí recomiendo que leáis lo bien que analizan novelas y películas de ellas emanadas. Es una gozada. Por mi parte, pido benevolencia dado que no practico mucho esta modalidad.


Dreamers, Racismo en USA, judíos vs gentiles, Roth

Vi por televisión la adaptación al cine de "Pastoral americana", la novela que Philip Roth escribió en 1997 y que junto a "Me casé con un comunista" (1998), y "La mancha humana" (2000) forman su denominada 'Trilogía americana'. La película la firma y protagoniza Ewan McGregor quien con ella da el salto a la dirección sin abandonar la interpretación. En USA se estrenó a finales de 2016, pero en España el estreno no tuvo lugar hasta el mes de junio del año pasado. No pude verla en salas, así que cuando trasteando por ahí vi que Movistar+ la tenía en su catálogo no me lo pensé más. La vi y me gustó. Vamos, lo diré mejor: el drama humano que se le presenta a Seymour, el personaje interpretado por Ewan McGregor, al ver cómo todas las ilusiones vertidas sobre Merry su única hija se vienen abajo dada la deriva vital que ella toma, es de los que no se olvidan.

El film tiene una duración de 126 minutos y se centra en el comportamiento de Merry (Dakota Fanning), una niña criada entre algodones por sus padres, Dawn (Jennifer Connelly)  y Seymour Levov. Merry de tan sólo dieciséis años desaparece tras un hecho que conmociona a la pequeña localidad de Old Rimrock situada a sesenta kilómetros de Newark (Nueva Jersey). Sus padres, especialmente Seymour, la buscan denodadamente. En el curso de esta búsqueda que dura más de cinco años el  Sueco, sobrenombre por el que Seymour es conocido en la ciudad desde sus tiempos de brillante deportista en el instituto, enfrenta sus arraigadas convicciones en las que fue educado y educó a su hija Merry con la nueva realidad social que se iba abriendo camino en unos Estados Unidos enfangados en la Guerra de Vietnam.

Jennifer Connelly, Dakota Fanning,
La película presenta la historia de desesperación de estos padres de manera lineal con pequeños flash backs puntuales que remiten bien a momentos importantes de la vida de alguno de sus personajes: el éxito como reina de la belleza de New Jersey que a los 19 años tuvo Dawn; lo buen jugador, hijo, y amigo de sus amigos que siempre fue Seymour; el endiablado y fuerte carácter de Lou Levov (Peter Rieger), el abuelo y creador de la empresa familiar; y sobre todo, cuando el drama ya está en marcha, la placidez de algunas escenas campestres vividas junto a su hija cuando era sólo una niña evocadas por el Sueco en contraposición a la dura realidad que ahora la familia está viviendo.

Como digo la película me impactó especialmente por la dureza del tema planteado que va más allá del habitual choque generacional padres-hijos. Me parece una excelente película muy bien interpretada por los actores, todos ellos de reconocida valía: Ewan McGregorJennifer ConnellyDakota FanningPeter Riegert, Rupert Evans (es Jerry, el hermano de Seymour), David Strathairn (es Nathan Zuckerman, un antiguo compañero de clase del hermano de Seymour, Jerry), Valorie Curry (es Rita Cohen, una mujer joven que le da pistas a Seymour para localizar a Merry), etc. En cuanto a la dirección de Ewan McGregor yo la  calificaría de muy correcta (buena contextualización con imágenes documentales, temas musicales del momento, perfecta ambientación...).

Una película que me atrevo a recomendar a cualquiera por todo lo dicho hasta aquí, pero sobre todo porque en la base del film hay una potentísima historia, la que Philip Roth escribió en 1997 en forma de novela.

"Pastoral americana" de Philip Roth
Como he dicho al inicio de este post, tan impresionado quedé por lo que había visto en formato cine que rebusqué en mis estanterías para localizar la novela sobre la que John Romano construyó el guion cinematográfico; un guion, todo hay que decirlo, que fue supervisado por el propio novelista.

Cuando empecé a leer la novela en seguida fui consciente de la importancia que en la construcción de una película tiene el guionista. Y de paso, claro es, percibí la enorme distancia que separa la narración literaria de la cinematográfica. La primera gran diferencia es de tamaño pues una historia contenida en 470 páginas ha de condensarse en dos horas. Con este jibarismo propio del cine innumerables aspectos contenidos en la novela original se pierden, se sugieren muy levemente, o incluso simplemente se cambian por otro u otros que se consideran más propios de un relato en imágenes.
Pastoral americana, Philip Roth, Premio Pulitzer 1998

Como no es mi intención destripar la enorme historia que Roth ofrece no entraré a pormenorizar lo que sí está y lo que no. Menos aún desvelaré los finales de una y otra, aunque ya con sólo lo que acabo de decir cualquiera entenderá que son diferentes lo que para mí supuso una indudable sorpresa pues, dejando a un lado los aspectos de la novela desechados para la película, en líneas generales el film de Ewan McGregor es muy respetuoso con la narración escrita por Philip Roth.

Sí diré que Philip Roth entrega al lector en forma de ficción el cambio trascendental vivido en América durante la década de los 60 y los 70. Dicho cambio vino en USA de la mano de la interminable y agotadora guerra de Vietnam. El año 1968 fue trascendental en todo el mundo (Mayo del 68 parisino, Primavera de Praga, el movimiento de las Panteras Negras en USA, el asesinato de Robert Kennedy ese año, etc.) pero en Estados Unidos marcó un antes y un después en las relaciones familiares, en la música (el festival de Woodstock de 1969), en la extensión del consumo de estupefacientes, en el antimilitarismo de los jóvenes hippies, en el nacimiento de múltiples sectas que abogaban por otro tipo de sociedad alejada del consumismo en que se había centrado el sueño americano...

Para mostrar este cambio radical Philip Roth echa mano de una tradicional familia norteamericana de Newark (New Jersey) formada por un apuesto joven deportista de familia judía (Seymour Levov, el 'Sueco') y una bellísima chica de familia católica (Dawn Dwyer Levov). Si en tiempos de Lou Levov, el padre de Seymour, esta disparidad religiosa constituía un conflicto enorme, en nada va a quedarse cuando la muy querida criaturita (Merry Levov), nacida en el seno de esta familia propietaria de una fábrica de guantes que da trabajo a muchos habitantes de color de la localidad, empiece a pensar por sí misma y venga a romper todo el crisol de seguridades en que sus padres vivieron hasta entonces.

Philip Roth, drogas, hippies, Música contra la guerra
Creo ya haber dicho suficientemente que sí, que la película me agradó. Pero la novela..., la novela me  parece una de las grandes realizaciones literarias del siglo pasado, el siglo XX. Literariamente la novela es magnífica. El escritor distribuye la historia que nos ofrece en tres grandes apartados (I. Paraíso recordado; II. La Caída, III. Paraíso perdido). Cada uno de estos apartados está formado a su vez por tres extensos capítulos. Los títulos de las tres partes tienen mucho que ver con quién está narrando en cada momento. Así en "I. Paraíso recordado" quien está recordando -y narrando- es Nathan Zuckerman, alter ego del propio escritor, que en una fiesta por el 45º aniversario de la promoción de 1950 del Instituto donde estudió, al contacto con los antiguos compañeros rememora la historia del Sueco, auténtico protagonista de la historia que se nos va a relatar. En II. La Caída el relato se hace en 3ª pero con frecuencia es el propio Seymour quien se hace dueño de la narración como cuando se dirige al auditorio para contarles su experiencia como marine ("Fui licenciado el 2 de junio de 1947. Me casé con una guapa chica llamada Dwyer. Dirigí un negocio que había levantado mi padre, un hombre cuyo padre no sabía hablar inglés. Viví en el lugar más bonito del mundo.»). Con el entrecomillado se nos quiere informar de la 'textualidad' de lo que se nos dice, una textualidad fruto del recuerdo de lo que el propio Sueco habló con Zuckerman o con Jerry, el hermano médico a quien se confía cuando los problemas arrecian.

Si la anterior es la estructura externa, internamente la historia diríamos que circula constantemente alrededor de la desaparición de Merry. Seymour intenta encontrar una explicación razonable dentro de su mentalidad conservadora sobre cuál haya podido ser el detonante que explique las actitudes de una niña tan lista, guapa e inteligente como desde siempre fue Merry. Haga lo que haga, todo le lleva a pensar en su hija; podría decirse que está atrapado en la tela de araña que su desaparición ha tejido sobre él. Por contra Dawn sufre el conflicto con frecuentes caídas mentales que provocan su ingreso en el Hospital. Allí, durante esas estancias se rebela contra su vida abominando de su reinado de belleza que, pese a ella, siempre la ha acompañado y la ha marcado. En realidad todo lo que en su vida ha elegido hacer es consecuencia de este deseo de escapar de la tela de araña que su premiada belleza le ha tendido de cara a su comunidad... y a su hija. Y es que sí, también en sus relaciones con Merry su belleza y las inseguridades de la niña -era tartamuda- ha sido un factor determinante. También Merry tiene su propia tela de araña que la aprisiona: ésta viene determinada por radical choque entre el confortable nido familiar en que ha crecido y la dureza del exterior de la que su familia quiere protegerla pero que ella captó muy pronto, en 1963, con sólo 11 años, cuando quedó anonadada al ver por televisión cómo un monje budista mostraba su oposición a la guerra del Vietnam quemándose a  lo bonzo. A partir de esta terrible escena que sus padres querrían haberle evitado, Merry se sensibiliza con el sufrimiento que esta intervención armada está provocando y decide luchar, como tantos otros jóvenes del momento, contra ella.

Angela Davis, Martin Luther King, John F. Kennedy
La psicología de los personajes -de todos, no sólo del trío protagonista- la presenta Roth en toda su complejidad y variedad de matices mediante el empleo de variados recursos y procedimientos: narrador interno o externo, según quien cuente y qué; variedad en los estilos discursivos (directo, indirecto, indirecto libre...), monólogo interior y flujo de conciencia que cíclicamente envuelve la mente de los personajes, en especial la de Seymour; perspectivismo; avances y retrocesos según convenga; empleo de elementos culturalistas: temas musicales ("saliendo de la escuela al ritmo estimulante de Iolanthe, la música final que tocaba un sintetizador e imitaba a Nat «King» Cole, Frankie Laine y Sinatra…", o también las referencias a artistas concretos ("Fue Mendy Gurlik (ahora Garr) quien me llevó al Teatro Adams para oír a Illinois Jacquet, Buddy Johnson y Sarah Vaughan […] me llevó con él a oír a Mr. B, Billy Eckstine, en un concierto",  "De ordinario escuchaba Caravana Musical, el programa de Bill Cook, los sábados por la noche, en la oscuridad de mi dormitorio. El tema de la sintonía era Caravan de Ellington, […] Glenn Miller y Tommy Dorsey […]Louis Jordan y su Tympany Five […]Frankie Laine cantando Mule Train […]", etc.), películas del momento ("Garganta profunda" de Linda Lovelace da un juego fantástico para entender el concepto de moralidad y la moralina de algunos de los personajes); uso de referencias políticas concretas que, unidas a la diversidad de elementos culturalistas, contextualizan debidamente la historia: el presidente Lyndon B. Johnson, los papeles del Watergate, Richard Nixon y sus terribles engaños...; el enfrentamiento moral pública versus comportamiento privado, quizás uno de los grandes asuntos que se dirimen en esta novela (a este respecto es de máximo interés observar lo bien que Philip Roth muestra la hipocresía con que la sociedad americana trata el sexo y el fortísimo influjo que el mismo tiene en todos los aspectos vitales de los personajes. Especialmente es un factor que carga sobre los hombros de los personajes un enorme sentimiento de culpa y que se elude tratar en público aunque siempre sobrevuela todo lo que se hace). Y muchísimos otros más.

Final
Imagino que muchos os estaréis preguntando la razón del título. Ciertamente es una incógnita que durante la lectura de la novela y la visualización del film uno quiere despejar. Quizás no habría necesidad de que el autor explicitase el sentido de su elección; desde luego en el film, centrado mucho más en el asunto de la desaparición de Merry y los problemas que ello genera en sus padres, no hay tal necesidad. Sin embargo, en la novela, mucho más extensa y con una infinidad de asuntos más planteados el motivo de tal elección quizás pudiera perderse o difuminarse. Preocupado por ello, durante la lectura he prestado mucha atención al asunto y he visto que sólo hay dos momentos en que se explicita el sentido del mismo. La primera vez aparece inmerso en una de las múltiples reflexiones que al principio del relato hace Zuckerman pensando en su amigo Seymour y el problema por el que debió de pasar con su hija ("La hija que le llevaba fuera de la ansiada pastoral americana para conducirle a cuanto era su antítesis y su enemigo, a la furia, la violencia y la desesperación de lo contrario a la pastoral, a la fiera americana indígena."). La otra, se da casi al final de la historia, cuando ésta ya ha concluido casi, en una referencia a la festividad del Día de Acción de Gracias del que se dice que "Es la pastoral americana por excelencia y dura veinticuatro horas." .

Es una novela inmensa que no se agota en sí misma y que da un durísimo repaso a la civilización occidental, aunque personificando en Estados Unidos. Tras leerla muchos de los valores tenidos por inamovibles en nuestra cultura se ven ciertamente violentados: el comportamiento de los adultos respecto a los menores; el famoso 'hogar, dulce hogar' ("Todos tenemos hogar. Es ahí donde todo sale mal."); la doblez sistemática: menores dulces y brutales, cónyuges tan cívicos y adúlteros; y en el caso de quien escribe el choque judíos-gentiles que constantemente le constriñe y del que también constantemente quiere evadirse al tiempo que desea, sí y no, integrarse en la sociedad de esos locos gentiles que en definitiva es América:

"Apretar un gatillo y disparar un arma para «divertirse». Aquellos gentiles estaban locos."