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19 nov 2024

Cristina Sánchez-Andrade: "Alguien bajo los párpados"

18 comentarios:

«Llegar a la rúa del Vilar no era sólo un cambio de espacio sino también y, sobre todo, de estado de ánimo. Olvido empezaba a sentirse mejor nada más pasar por debajo de los primeros soportales, de las platerías y las boticas, con sus grandes frascos en el escaparate, con sus olores penetrantes y ricos, atenta a las miradas buscadoras y simulando huir de aproximaciones y roces, ajena al siseo de las gabardinas y al crujir de la espuma de las alcantarillas. A la altura del Casino, la tarde olía a lluvia y a castañas asadas.»

Alguien bajo los párpados. Cristina Sánchez-Andrade
La escritora gallega Cristina Sánchez-Andrade, (Santiago de Compostela, La Coruña, 5 de abril de 1968), según leo en su biografía literaria, comenzó en la narrativa, tanto en la dirigida a todos los públicos como en la enfocada especialmente a niños y jóvenes, pronto, concretamente lo hizo escribiendo relatos con los que ganó varios premios. Su primera novela suficientemente conocida es del año 1999 (Las lagartijas huelen a hierbas). A partir de esa fecha sus libros se verán reconocidos con premios variados. Entre sus novelas destaca "Las inviernas" que, publicada en 2014, quedó finalista en el Premio Herralde de novela de ese año y fue distinguida con dos PEN Award, uno para la traducción y otro para la promoción de la misma. Antes, en 2003, había ganado el Premio Sor Juana Inés de la Cruz en la Feria de Guadalajara (Mexico) con su novela "Ya no pisa la tierra tu rey".
Será en 2017 cuando vea la luz Alguien bajo los párpados, la novela que acabo de leer. Es una historia situada en la zona de Santiago de Compostela donde dos ancianas (Olvido y su criada Bruna) deciden iniciar un definitivo y final viaje en coche. La acción se sitúa el año, día y mes en que Álvaro Cunqueiro dejó este mundo, o sea, el 28 de febrero de 1981. Mientras viajan, ambas mujeres recuerdan, evocan y hablan sobre sus vidas en el pasado situado durante los años de la Segunda República, la Guerra Civil y los primeros años de la dictadura franquista. Los dos momentos narrativos -el hoy del viaje y el ayer de la vida de ambas- discurren en contrapunto uno con otro a lo largo de toda la novela.
 
Estamos ante una historia sorprendente que situada en Galicia parece rendir homenaje a los esperpentos de Valle Inclán. Hay muchas situaciones surrealistas y dentro de este marco surreal parece que los personajes disfrutan con lo raro, lo extraño, lo casi mágico, y también con lo escatológico. Los personajes y las relaciones entre ellos, si bien al inicio parecen algo inexplicables, con el paso de las páginas van adquiriendo sentido y desvelando a los lectores aquellos puntos oscuros que durante todo el relato e intencionadamente la escritora mantiene en suspenso.

La historia y la manera de desenvolverse de los personajes me ha hecho recordar un poco algunas películas de Álex de la Iglesia como 'El día de la bestia' o 'La comunidad'. En ocasiones me parecía estar asistiendo a escenas propias del film de José Luis Cuerda "Amanece que no es poco" y también, y casi más, a momentos propios de "El bosque animado" del novelista y periodista también gallego Wenceslao Fernández Flórez.

La novela está considerada como de humor, si bien yo la incluiría en la subcategoría de humor negro. Dos ancianas que deciden liarse la manta a la cabeza y salir por ahí siempre producen risa, no es nuevo. Ya don Quijote de la Mancha, que frisaba la edad de los cincuenta años, produjo hilaridad entre sus contemporáneos cuando en pleno uso de su libertad optó por la extravagancia de ir a desfacer entuertos a esa avanzada edad. A los ancianos -más aún si cabe cuando se trata de mujeres- no se les toma en serio. Por eso que Bruna, el ama de cría de la casa de los Gondollín, vaya vestida de novia a su provecta edad no resulta llamativo para nadie, a lo más es una manifestación de la pérdida de capacidad mental atribuida a los mayores. Es verdad que las explicaciones que Olvido, viuda esposa de Benigno Gondollín, da a quienquiera que habla con ella sobre lo temprano que adquirió el carnet de conducir  («Querían entrevistarme por tener el carnet femenino de conducir más antiguo de España. ¿Qué le parece? ¡Y sigo conduciendo a la perfección!») no propician que los interlocutores abandonen la convicción de que estas dos mujeres que circulan en un Volkswagen escarabajo están chifladas. 

Olvido y Bruna, que parecen haber perdido el oremus, son el medio que Cristina Sánchez-Andrade utiliza para que, con las remembranzas de ambas sobre el pasado, conozcamos la historia de Galicia en esos años conflictivos de la República, la Guerra Civil y los primeros años de la dictadura. Vemos cómo los personajes, en especial Benigno, el marido de Olvido, irán adaptándose a las circunstancias. Don Benigno es hijo de doña Pelagia y hermano de Conchita y Cristino. Es de toda la familia el más cuerdo y el que, cuando llega la Guerra Civil y tras ella la victoria franquista, deberá reposicionarse ideológicamente, transitando del galleguismo estatutario que defendía durante los años de la República al falangismo que desde hacía tiempo lo tenía entre ojo y ojo. Esta aparente cordura, si bien carente del todo de sentido ético, cede unos cuantos grados si consideramos el aprecio desorbitado que siente por la gata Larpeira. Benigno tiene 25 años más que Olvido, que contaba sólo con 19 cuando se casaron. La llegada de Olvido a la casa familiar de Santiago de Compostela no es muy bien vista por Pelagia, Conchita y Cristino. Cada uno de ellos esconde un secreto, algo muy oculto que el lector deberá de ir descubriendo según va pasando las páginas. El más chocante es el caso de Cristino, hermano menor de Benigno y de Conchita que, aficionado a las muñecas y a pintarse las uñas, cada cierto tiempo deberá de visitar París. 
«Decía que tenía que regresar: Fíjate tú qué bobo, mamá —y en ese momento se golpeaba la frente dos veces con la palma haciendo que el moco verde saliera y volviera a entrar—; porque se había olvidado del paraguas y del cepillo de dientes en París.»
En la cita anterior se observa de manera magnífica una de las características presentes en Alguien bajo los párpados: el buen estilo literario de Cristina Sánchez-Andrade. Es una perfecta muestra de la imbricación de distintos estilos narrativos de los que se sirve la autora en la novela. Un estilo, el de la novelista gallega, en el que hay mucha presencia de la naturaleza gallega, tanto urbana como propia de la fraga. Son frecuentes las ocasiones en que la fraga (el casi impenetrable bosque atlántico) aparece. Se diría que Sánchez-Andrade evoca con cierta nostalgia una seña identitaria gallega hoy prácticamente desaparecida. Eran precisamente estos bosques gallegos los que dieron lugar a diversas leyendas propias de estas tierras, entre ellas y fundamentalmente, el de las meigas (brujas) y los meigallos (hechizos o embrujamientos). Es aquí, en este contexto fragoso, que acontece la acción de Serafina, la costurera que iba al pazo a departir con Bruna y ayudar a la confección de vestidos. Su función en el relato es el de servir de comunicadora respecto a los acontecimientos que suceden en la ciudad desde que la familia, con la guerra civil ya iniciada, decidió abandonarla. Su relación con lo mágico y oculto es también importante, así como la sororidad más que afectuosa que muestra con Conchita.

Hay mucho de magia en este relato, casi yo diría de realismo mágico. La propia historia, los personajes, muy peculiares cada uno de ellos, la niña Candela que sólo mamará de Bruna y no de su madre, el ambiente telúrico y fantástico que rodea las acciones de los personajes, la suciedad de los mismos, especialmente de Serafina y también de Bruna 
«La Larpeira, que dormitaba en una esquina, al verla se erizó, soltó un bufido y salió a toda velocidad por la puerta con el rabo enhiesto. Serafina soltó una risotada y, mientras esperaba, comenzó a airearse las faldas, propagando por la estancia un hedor concentrado, como de sardinas enlatadas.»
En Bruna la suciedad y casi yo diría que el gusto en rebozarse en la misma mierda constituye una de sus señas de identidad:
«Mierda. Mierda de Bruna trepando la pared, por el váter, por el suelo. Mierda de Bruna por la cara y los brazos de Bruna, por la ropa, por el papel higiénico que sostenía mientras se afanaba en limpiar el inodoro de rodillas. El ventanuco que daba al exterior también tenía pegotes de mierda, ¿cómo habría llegado hasta ahí? Doña Olvido se llevó la mano a la nariz y ahogó un grito.»
En todo el relato parece existir una cierta tendencia por lo escatológico, referido fundamentalmente a la suciedad corporal. Estas referencias a la suciedad en Bruna recalan a veces en lo humorístico como cuando preguntada por Olvido sobre cuánto tiempo hace que no se lava, Bruna le responde que 42. ¿Días?, inquiere Olvido. Años, concluye la criada.  

Hay en todo lo anteriormente referido una clara inclinación hacia la exageración, hacia lo hiperbólico, en definitiva, hacia lo esperpéntico. Lo fantástico junto a lo hiperbólico son características propias de lo gallego. En la novela se cita a Álvaro Cunqueiro y se sitúa la acción precisamente el día de su muerte. Es Álvaro Cunqueiro, autor que cultivó con excelencia la literatura fantástica. Muchos autores gallegos han transitado por esa senda de la fantasía, de la exageración, especialmente Valle Inclán, el creador del esperpento. Pero desde él hasta Cristina Sánchez-Andrade muchos otros nombres cultivaron en mayor o menor medida esta tendencia: Eduardo Blanco Amor, Torrente Ballester.., y más próximos a la autora de Alguien bajo los párpados yo incluiría a Laura Gallego o a Ledicia Costas. 

escritores gallegos actuales
Dentro de la galleguidad o del galleguismo que emana de este relato no se puede dejar de citar la pulsión sexual, esa fuerza a veces incontrolable que trasciende lo puramente humano de manera irracional. En los esperpentos y en el teatro mítico de Valle Inclán el sexo era importante y en esta «novela chiflada con toques macabros mezcla de esperpento y road movie senil», tal y como se la define en el prólogo de la historia, el mismo está latente y/o presente por doquier. Se percibe con claridad en las relaciones de Bruna con el afilador (otro arquetipo gallego) o con el carnicero, en el miedo que la propia Olvido le tuvo desde que de niña lo percibió en dos de sus tías, en los acercamientos de ella a su amigo médico don Ángelo de la Pena a raíz del tratamiento que éste le prescribió para que pudiera dar de mamar a su hija Candela, en la persecución a las criadas del 'niño' Cristino...

También aparece con claridad el poder de la iglesia en las zonas rurales de Galicia durante los años posteriores a la Guerra Civil. Así se observa en la comida que Benigno da en el pazo a las fuerzas vivas entre las que se encuentra naturalmente el párroco de Sobrado, localidad próxima, y el arzobispo de Santiago. Si ya la misma cena ofrecida por los Gondellín a falangistas y eclesiásticos es de por sí esperpéntica, no lo son menos las monjas morfinómanas del convento que atiende don Ángelo, unas monjas más almodovarianas que otra cosa.

Por último me gustaría cerrar esta reseña con algunos fragmentos de Alguien bajo los párpados que sirvan de muestra de la manera que Cristina Sánchez-Andrade tiene de escribir:
  • «Le odiaba por su tibieza y su debilidad. Por la falta de compromiso consigo mismo y con sus compañeros de partido. Por la cobardía. Por el miedo que le había empujado a abandonar sus ideales (sí, a ella siempre le habían gustado las ideas de su marido) y a decir que nunca había estado metido en política. Por el miedo que le había llevado a sentar a su mesa a la Iglesia y a dos falangistas y a reír la mojigatería con ellos. Su marido era peor que ellos, ¡sí! Porque ellos al menos tenían ideales...» (Olvido sobre su marido Benigno)
  • «La madre de Bruna siguió limpiando el pescado. Introducía la uña en las agallas de la faneca, arrancaba la cabeza de cuajo y la lanzaba al suelo. De vez en cuando removía un poco el trasero, se sorbía groseramente los mocos, lanzaba un escupitajo al montón de vísceras y se limpiaba la boca con la manga.» (gusto por lo escatológico)
  • «—Y su amiga Pura..., ¿dice que la palmó? No lo sabía.
    —La palmó. Estuvo en el asilo hasta convertirse en cadáver. María Jesús, ¿te acuerdas?, la que venía a merendar los jueves y siempre traía los polvorones mohosos que le habían sobrado de la Navidad, se ha quedado prácticamente ciega. Remedios no puede andar. Cuca, ¿te acuerdas de Cuca?, la pobre está chocha. Pepita de los Santos ni siquiera me reconoció cuando la llamé el otro día por teléfono, ¿Olvido?, ¿qué Olvido? Más nos vale que sigamos adelante con nuestro plan, Bruna.
    »
    (un plan para evitar las sevicias propias del envejecimiento).

Una novela diferente, fresca, novedosa, de una autora que no conocía y que de ahora en adelante tendré  muy en cuenta.


15 jun 2024

Bibiana Candia. "Azucre"

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«José no contestó, nunca hay que contestar a las mujeres cuando piden cosas, ni cuando lloran. Carmen se recompuso. Mañana en cuanto amanezca me levantaré y te prepararé unos huevos, puede ser lo último que haga para ti. José volvió a callarse, no vale de nada discutir con las mujeres, bastante tienen con lo suyo de no entender, de no valer para ser hombres y de tener que parir hijos que mueren cualquier día o a los que se los come un cerdo. Bastante tienen ellas.»"

Bibiana Candia Becerra, Novela premiada
Acabo de leer Azucre de Bibiana Candia. Es una novela dura, pero cargada de notas líricas. La historia es real: en el XIX el dueño de un ingenio en Cuba, aprovechando la situación de necesidad de la población gallega sumida en la hambruna y diezmada por una epidemia de cólera, llevó jóvenes gallegos a la isla para el cultivo y la zafra de la caña de azúcar. Hasta aquí todo normal, bien: se les prometía un jornal a estos rapaces que veían así cómo escapar del hambre que los diezmaba en su Galicia natal. Pero todo era una mentira. Nada más llegar eran obligados a trabajar en jornadas agotadoras, dormir sólo cuatro horas, y estar siempre al dictado del  amo que con el látigo los tenía a raya. No eran trabajadores, eran auténticos esclavos.

Orestes, el Rañeta, José el Comido, Amador el Tísico, Manuel Trasdelrío... junto a otros trescientos y pico rapaces más de apenas 17 años formaron parte en 1853 de esos «mil setecientos jóvenes que viajaron a Cuba para trabajar y terminaron vendidos como esclavos por obra de Urbano Feijóo de Sotomayor, un gallego afincado en la isla»
La historia es real, auténtica, y fue descubierta por Bibiana Candia en los archivos del Congreso de los Diputados. Le sorprendió que una aventura tan siniestra no hubiera alcanzado más resonancia popular en Galicia y el resto de España. Es por esto que esta escritora decidió escribirla, darla a conocer. El propio editor dice en la contraportada del libro 
«Estas páginas estremecedoramente hermosas, hipnóticas y evocadoras, alejadas de informes oficiales y fríos análisis, dan voz a los silenciados de este terrible suceso que en su momento constituyó un auténtico escándalo y que la memoria no puede ignorar.»
La novela histórica aventaja a la Historia con mayúscula en esto: en dar voz y vida propia a los auténtico hacedores de la misma, al pueblo anónimo que construye la Historia de un país, de una nación, sin pasar a las páginas impresas de la misma. La literatura tiene la virtualidad de que los adolescentes Orestes, el Tísico, el Rañeta y Trasdelrío, el Comido, Tomás el de Coruña y muchos otros rapaces se adueñen de estas páginas y nos cuenten en primera persona la terrible historia que padecieron. También las mujeres aparecen en la novela, si bien en un segundo plano, siempre sometidas al varón y bastante despreciadas por estos.

Bibiana Candia es escritora primeramente de poesía  (La rueda del hámster -Torremozas, 2013- y Las trapecistas no tenemos novio -Torremozas, 2016-), también de relatos (El pie de Kafka -Torremozas, 2015-), y de lo que ella misma denomina 'artefacto literario' (Fe de erratas -Franz ediciones, 2018-). Azucre (editorial Pepitas de Calabaza, 2021) es su primera novela. Desde su aparición se ha alzado con multitud de reconocimientos: Premio Nollegiu al mejor libro de narrativa en castellano 2021, el V Premio de las Librerías de Navarra al mejor libro en castellano de 2021, el Premio a la mejor obra escrita en castellano en el 35 Festival du Premier Roman du Chambèry, el Premio Espartaco 2022 a la mejor novela histórica en la Semana Negra de Gijón y el I Premio Novel Almudena Grandes que otorga el Gremio de Librerías de Madrid.

Ser poeta y adentrarse en la narrativa tiene consecuencias evidentes, la verdad es que todas ellas en mi opinión gratas. El lirismo invade el relato en forma de hermosos términos muchos de ellos referidos al mar y la marinería: beque (retrete de la marinería), bao (viga), marmitón (ayudante de cocina de un buque mercante); abanearse (moverse), batey  (lugar ocupado por las viviendas en un ingenio antillano)...; otros son propios de la 'terra galega' que vio nacer y crecer a la novelista (La Coruña, 1977) : brona (pan de maíz). cruceiro (característica cruz de piedra que se coloca en Galicia en la intersección de caminos), abarrotes (tienda que vende diversos productos alimenticios), ferrados (medida agraria usada en Galicia)...

Muchos recursos líricos aparecen y enriquecen este breve relato de apenas 80 páginas. Son los principales las repeticiones fónicas y los  paralelismos que contribuyen a dotar de ritmo y musicalidad a la narración. Estos procedimientos rítmicos aparecen tanto en períodos oracionales sucesivos [1] cuanto al inicio de una serie de párrafos que encabezan distintas secuencias o incluso en el interior de las mismas repitiéndose cual salmodia recordatoria [2]
  • «Ahí van, coitados, ahí van ellos, déjalos ir en paz, Señor, cuídalos, Señor, que nada malo les pase, Señor, no los dejes enfermar, Señor, que curen el hambre de su madre, Señor, que lleguen sanos y salvos, Señor, nuestro Señor.»  [1]
  • «con aperos nuevos de labranza, sachos, hoces y machetes» [2]
  • « Arrea, corta, dale.» [2]
El carácter lírico de Azucre se ve realzado con la recurrente utilización de la prosopopeya o personificación. Con la misma aplicada fundamentalmente a la naturaleza propia de Galicia y también a la de Cuba, la novela crece en magia y logra encantar al lector al introducirle en un medio natural de características animadas: 
  • «Los árboles pasan a su lado casi sin verlo»
  • «A la piedra nadie le pidió responsabilidades, no es fácil reponerse de ser utilizada como arma.»
La imaginería poética abunda en la novela de Bibiana Candia:
  • «Cierra los ojos y el estómago se le convulsiona otra vez en una náusea seca como el grito de un sordomudo.»
  • «la muerte del hijo mayor de sus padres lo ascendió de categoría y tomó heredada también la memoria.»

A todo lo señalado hasta aquí viene a unirse una estructura narrativa construida a base de breves secuencias, cual si se tratara de relatos cortísimos e incluso en algunas, que apenas si alcanzan las diez líneas de extensión, de auténticos microrrelatos. Diríase que más que una novela completamente desarrollada estuviéramos ante un esbozo de la misma.

Por último, volviendo al asunto que presenta y denuncia la autora, los personajes protagonistas de la novela, son víctimas de un engaño, de un terrible fraude humano, que produce en ellos un extrañamiento completo, total. El mismo llega incluso a la propia denominación de los objetos, de las cosas. La frase «COMO A ESTE LADO todo cambia, las palabras para llamar a las mismas cosas son otras» se repite con mucha frecuencia en Azucre. No hay mayor sensación de destierro, de deportación, de sentirse perdido en un mundo ajeno que la de estar ante una lengua extraña, distinta, diferente. Esto es lo que les sucede a Orestes, al Rañeta,  a José el Comido, a Amador el Tísico, a Manuel Trasdelrío... al llegar a Cuba. Es por esto que las riñas, los desencuentros y las peleas protagonizadas anteriormente en Galicia por estos jóvenes pierden en este contexto todo el sentido; ya no más se sentirán enfrentados, ahora todos ellos son compañeros solidarios ante la adversidad a la que se ven abocados. 

Galicia en el XIX, Cuba y los ingenios de azúcar
El látigo que el negro Jeremías hace restallar sobre sus espaldas si paran de trabajar o se rebrincan, la sangre que mana de sus manos destrozadas por el trabajo de cortar caña, el cepo al que son castigados por su conducta levantisca, incluso la muerte por extenuación.  Todos estos horrores me han hecho recordar la brutal novela El corazón de las tinieblas de Josep Conrad que un lejano día leyera y que el año pasado en este mismo blog revisité y reseñé. Naturalmente he de decir que Azucre no alcanza ni de lejos el nivel de terror, de tremenda inhumanidad, de la novela conradiana. 

Como conclusión diría que Bibiana Candia ha escrito una novela corta trabajada lo justo, necesitada quizás de más estudio y documentación, con una estructura muy equilibrada: 50% de vida de los chicos y sus familias en Galicia y durante el trayecto en el barco Villa de Neda hasta Cuba (los muchachos mantienen la ilusión, pese a las dificultades por las que pasan), un cuarto más -del 50 al 75%- en el que vemos a estos rapaces sometidos a la condición terrible de esclavitud, y por último el cuarto final del relato en el que se esboza la resolución de la trama. En mi opinión la novela daba para mucho más, el asunto que desarrolla en ella tiene un enorme potencial. Es por eso que en cierta manera la novela se me ha quedado un poquito corta. 

10 nov 2022

Manuel Jabois: "Miss Marte"

17 comentarios:

«Me gusta tener mucho metraje, con muchas entrevistas, recursos y planos, sobre un par de horas, menos que eso, un par de minutos, pero un par de minutos importantes. Un par de minutos es todo lo que vive alguien durante una vida. Lo que pasa es que nadie se entera porque existe la creencia de que vivir mucho es que te pasen muchas cosas, pero yo creo que vivir mucho es saber qué cosas te están pasando. Y suelen ser pocas, ¿no?»

Manuel Jabois, Miss Marte, Novela
Es el primer libro que leo de este periodista, articulista y novelista. Sabía de Manuel Jabois por su labor en periódicos como El Mundo o El País; también, como digo en la nota biográfica que sigue, interviene en programas radiofónicos de la SER, pero la verdad es que yo escucho poco la radio dado que ésta me exige atención y me impide leer; en radio me inclino por las emisoras musicales que no perturban mi lectura.

El escritor
Manuel Jabois nació en Sanxenxo (Pontevedra) en 1978 y empezó su carrera como periodista en Diario de Pontevedra. Tras pasar por El Mundo, desde 2015 escribe reportajes, crónicas y columnas en el diario El País; también tiene un espacio diario en el programa Hoy por Hoy de la cadena SER. Como escritor, ha publicado la recopilación de artículos Irse de Madrid (2011), las breves memorias Grupo salvaje (2012) y Manu (2013), un largo trabajo sobre el el 11-M titulado Nos vemos en esta vida o en la otra (2016) y las novelas Malaherba (2019) y la que reseño aquí, Miss Marte (2021). Malaherba lo consagró como uno de los escritores en español más populares de su generación.



Miss Marte

Miss Marte, como tantas y tantas obras hechas por periodistas en ejercicio, tiene por cuasi protagonista o personaje muy central a un periodista de nombre Nico que sirve de introductor en su pueblo, Xaxebe, a una periodista de unos 27 años que está grabando un documental sobre la desaparición, hace 25 años en esa localidad, de una niña llamada Yulia Lavinia. La desaparición que investiga Berta Soneira, que así se llama la realizadora del documental, tuvo lugar la misma noche en que la madre de la niña, Mai Lavinia, se casaba con un joven del lugar, Santi Galvache, tras una relación de un año.

La acción transcurre en Galicia, concretamente en la Costa da Morte, cerca de Fisterra. El ambiente gallego, sus brumas, el carácter de sus gentes, la magia, la confusión entre lo vivido en realidad y lo recordado, siempre entreverado de cierta invención y falsedad... Todo esto aparece en esta novela que está bien escrita, aunque en ocasiones me haya generado cierta confusión la proliferación de nombres de personajes y sus diversas relaciones.

La estructura es la típica de una investigación periodística. Entrevistas y grabaciones, una por capítulo, a las diversas personas que ese día estuvieron cerca de Mai y de su hija Yulia. Al final, en un capítulo, diríamos conclusivo, se produce una anagnórisis al estilo de lo que sucede en las novelas detectivescas; es por esto que cabe calificar el relato de thriller. Naturalmente no cabe desvelar aquí lo que sólo se alcanza a saber al llegar a esa altura de la lectura. Sólo diré que el giro, el desvelamiento que se produce, no es demasiado sorprendente si se han leído con gusto y atención las páginas anteriores.

Estamos ante una historia de historias. En cada capítulo, un personaje distinto cuenta a Berta su relación con Mai durante el año que ella estuvo en Xaxebe, desde que apareció allí de manera sorpresiva, hasta el fatídico día de la desaparición de la niña de poco más de tres años con la que arribó a la localidad. Mai es una joven de apenas diecisiete años cuyos orígenes son confusos, brumosos, mágicos, como el ambiente gallego. Quizás por esto no sorprende demasiado a los chicos de la pandilla en que se integra (Santi, Novás, Nico...), tampoco a las autoridades de la localidad (el policía Sardina o el alcalde Francisco Girón), y mucho menos al resto de personajes (Mago Sampedro, director del periódico de sucesos en que trabaja Berta; Lola, la asistenta en casa de los Galvache y verdadera madre efectiva de los Galvachitos; Máximo Girón, padre del actual alcalde Girón; el padre de Mai; etc.). Todos estos seres conforman el universo cerrado de Xaxebe, donde hace un cuarto de siglo se produjo el extraño fenómeno de la desaparición de una criatura que quedó sin explicación. Fue en 1993 cuando Yulia Lavinia desapareció y es 2018 cuando la periodista Berta Soneira está realizando la investigación.

Nico es quien nos está relatando la historia. Lo hace en primera persona, si bien él no es el protagonista de la misma; cede el protagonismo a Mai Lavinia y sobre todo a Berta Soneira a la que ayuda en la realización del documental, proponiéndole el orden de las entrevistas y tomando notas en las conversaciones que mantiene con otros personajes. Tras esto Nico debe dar un orden a todo este maremágnum, crear un relato lógico 

«Las utilizo, las notas y las grabaciones, cuando la historia lo requiere, de tal manera que hay momentos en los que se exige el punto de vista de alguien antes de relatar su entrevista, y al contrario, retrasar algunos datos para cuando tengan sentido
articulistas de El País, Manuel Jabois y el diario El Mundo
Como se ve son reflexiones 'metaliterarias 'propias de un escritor, de un autor. Nico, en el fondo, no es más que el alter ego de Manuel Jabois; el periodista y escritor que anida en él se hace estas preguntas durante la confección de la historia que tenemos en nuestras manos. E idénticos razonamientos se hace Berta Soneira, la realizadora del documental:
«Vamos a tener que refinarlo todo de tal manera que el documental se ciña a cuatro minutos concretos, los que se tardan aproximadamente en sacar a una niña de tres años recién cumplidos de la cama y meterla en el coche. Para eso reconstruimos la vida de su madre y la vida de todos vosotros, y la vida del pueblo, para el momento en que alguien abra una puerta y meta a una niña dentro de un coche, y a esa niña no se la vuelva a ver nunca más. Todas vuestras vidas y recuerdos de hace veinticinco años para contar un agujero. Pero el agujero será verdad.»
Además de estas cuestiones metaliterarias, en la novela, radicada en Galicia, aparecen elementos muy asociados a esa región, especialmente durante los años que se investigan, los que van de 1993 a 1995, años que marcaron un hito en el tráfico de drogas en Galicia de la mano de narcotraficantes como Sito Miñanco quien en esa época había sido detenido por introducir en España 2'5 toneladas de cocaína y más de seis de hachis. La mafia del narcotráfico gallego creció exponencialmente durante y a partir de esas fechas. Estas consideraciones venían a mi cabeza cuando en la novela leía frases como
 «"Aquí, en el norte, si un hijo le da un beso a un padre es porque tiene pensado matarlo"»

Para finalizar
La lectura de Miss Marte de Manuel Jabois me ha entretenido suficientemente. No obstante llegué a ella con expectativas más altas que las que finalmente han resultado cumplidas. Creo que hay en este buen escritor más un periodista que un novelista. Su fabulación está, en mi opinión, demasiado prendida en el mundo real al que constantemente hace referencia. Son alusiones directas, como las presentes en los recortes de prensa que Mai Lavinia hacía y que, encontrados en el curso de la investigación, nos hablan tanto de acontecimientos reales sucedidos en esas fechas (el atleta Carl Lewis y su curioso peinado, una reforma del código de familia proyectada en Cataluña, etc.), así como de otros más metafóricos: por ejemplo, la referencia  que el policía Julio Sardina hace, en tono simpático, a la desaparecida niña inglesa Madeleine McCann cuando habla de su función policial el día de la desaparición de la pequeña Yulia 
«Yo regulo el tráfico en el cruce de la Santiña, allí me puede ver todas las mañanas en la entrada y salida del colegio. Si yo veo a Madeleine McCann, lo primero que hago es parar un coche y darle paso para que cruce la acera»
Lo que más me ha gustado de la novela, sin duda alguna, es el clima que logra transmitir de Galicia y sus habitantes. Vemos personajes metidos hacia adentro, amigables entre ellos, con un peculiar sentido del humor, y envueltos en una bruma de relaciones acorde con el paisaje que habitan.


Datos técnicos del libro

TítuloMiss Marte

Autor: Manuel Jabois

Editorial: DeBolsillo

Año de edición: 2022

Páginas: 200

ISBN978-84-66359924