Mostrando entradas con la etiqueta literatura argentina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta literatura argentina. Mostrar todas las entradas

4 jun 2026

"Los sorrentinos". Novela de Virginia Higa

10 comentarios:

«El sorrentino no tenía el borde de masa de los pansotti, ni el relleno de carne de los agnolotti, ni llevaba ricota como los cappeletti. Era una media esfera con cuerpo, hecha con una masa secreta, suave como una nube, rellena de queso y jamón.»

LIteratura argentina actual, Cocina,
La escritora Virginia Higa (Bahía Blanca, Argentina, 1983) sólo tiene publicados, que yo sepa, esta novela y un libro del género ensayo. Acabo de encontrar el título del mismo ("El hechizo del verano") y la verdad es que me parece un título muy novelístico, casi más que el de la única novela que ha escrito hasta ahora.

Los sorrentinos es la historia de una familia argentina de origen napolitano (los abuelos emigraron desde Sorrento hasta la Argentina a finales del siglo XIX,  época de fuerte emigración italiana). El personaje central es el Chiche, el menor de cinco hermanos ([los padres del Chiche] «Tuvieron cinco hijos: Umberto, Electra, Totó, Carmela,  y Argentino, el Chiche, todos nacidos en Mar del Plata») que se hará cargo del restaurante que sus padres abrieron en Mar del Plata, ciudad turística de la provincia de Buenos Aires. Aunque él no tenía afición excesiva por este gremio al morir Umberto, su hermano mayor, se hizo cargo del negocio. Un negocio que debía gran parte de su éxito a la creación de un plato de pasta llamado 'sorrentinos' como homenaje al lugar de procedencia familiar.

Son, pues, los sorrentinos y el restaurante de la familia Vespolini, regentado por el Chiche Vespolini, el eje sobre el que gira la novela. Una novela que da cuenta de la vida del Chiche, de sus hermanas Carmela y Electra, y de sus hermanos Umberto y Totó. Pero siempre teniendo como punto de referencia al Chiche; de ahí que en gran medida algunos apartados o secuencias en que se estructura esta novela corta (apenas 150 páginas) me hayan parecido más una serie de anécdotas, cuyos relatos al engavillarse han formado esta novela.

Por lo dicho entiendo que la autora lo que ha pretendido hacer es rendir homenaje a este personaje que le había llegado a ella en forma de relato familiar. Cierto es que si este era el propósito, Virginia lo ha logrado con nota.

En el homenaje ocupa lugar preeminente el vocabulario utilizado por el Chiche y sus familiares. También es muy importante en el apartado de las aficiones del personaje, el Cine. Y en cuanto a su identidad, su condición sexual es elemento central.


El Vocabulario
No domino, como es evidente, el habla de la Argentina, pero por lo que he investigado en la novela Virginia Higa utiliza muchas palabras procedentes del lunfardo o del lunfardo modificadas por el personaje protagonista, y también muchas otras palabras o expresiones propias de su familia italo-argentina. Son términos como 'mishadura' (pobreza extrema, miseria, indigencia o falta de dinero);  'catrosha' (mujer que disfruta de salir con muchos hombres), calificativo que el Chiche dedicaba a Adela, empleada del restaurante («¡Sí serás catrosha!»). En masculino, la palabra 'catrosho', se usa para designar al hombre homosexual; 'chinaso' (se aplica a las personas, objetos o costumbres de extraordinario mal gusto); 'morfando' (comiendo);  'mersa' y 'mersada' en la expresión que Pepè le dirige a su amigo Chiche («catrosho mersada») por no querer, estando en Roma, ir a escuchar el saludo dominical del Papa: 'mersa' se utiliza como adjetivo para describir a una persona, comportamiento o cosa de mal gusto, vulgar o con costumbres poco refinadas, se asocia despectivamente con lo "ordinario" o lo "barato". Hay también palabras que surgen de la  mezcla entre el italiano y el lunfardo, como por ejemplo "sciaquada" (pronunciado shacuada) se utiliza coloquialmente para referirse a una persona desgarbada, descuidada, desaliñada, sin gracia o de aspecto endeble). Propiamente italiana parece la palabra 'munaciello
[el munaciello era un] «espíritu doméstico napolitano que, al parecer, había seguido a la familia desde Sorrento hasta Mar del Plata. La figura del munaciello era la de un monje de baja estatura, vestida con el hábito de la orden de los dominicos»
En otros casos el vocablo o la expresión es una pura invención o creación del protagonista de la novela. Tal ocurre con 'papocchia' (de mala calidad), o en otro ligar del relato con 'spaccone de porquería' («un spaccone era una persona que se daba aires, que creía ser más de lo que era o que exhibía con soberbia lo que poseía o creía poseer.»).

Ni que decir tiene que siendo el vocabulario uno de los méritos de la novela, también es una de las dificultades que para hablantes de este lado del atlántico presenta. Con todo, en mi opinión, los pros superan con creces a los contras.


Los Personajes
Además del Chiche, protagonista y centro de todo el relato, en Los sorrentinos hay multitud de personajes. Además de ser muchos, las relaciones familiares entre ellos también son grandes y diversas. Esto, pienso, no es más que una traslación al papel de la realidad habitual en las comunidades de origen italiano, que vienen a reproducir los comportamientos culturales propios de la lejana patria en la que la familia (aquí la de los Vespolini) es un pilar esencial, fundamental. 

Están los cuatro hermanos del Chiche: Umberto, Electra, Totó y Carmela. Y luego vendrían los primos de éstos, menos en número, pero también importantes como por ejemplo la prima Dorita o el primo Ernesto. Los sobrinos como Honorio, Manuel, o Virginia, hijo el primero de Totó y los dos últimos de Carmela. Las parejas de unos y de otros, como por ejemplo Elvio, marido de Carmela; Lucinda, mujer de Totó; la 'Coca', mujer del primo Ernesto; la  Gorda Montero, casada con el sobrino Honorio; la prima Dorita y su casorio con Valdemar del sector ("rubro") de vendedores de aspiradoras; etc. Y por si esto fuera poco, las familias creciendo por parte de los más jóvenes («Ernesto y la Coca habían tenido dos hijas: Teresa -la que trabajaba en la rotiseria- y "la Matilde nuestra" -que era la madre de la bailarina de la televisión-) y extinguiéndose por arriba: Electra por enfermedad, Umberto por accidente laboral, otros por voluntad propia... ¡En fin, la vida!

Por si el enrevesado panorama familiar fuera poco, en Los sorrentinos aparece también un buen número de personajes secundarios como el bioquímico Pepé, 'catrosho' como Chiche y amante de las telenovelas; Corina, antigua novia de Umberto; Facha Farina, la veterana cocinera transmisora de los secretos gastronómicos de la trattoria; el cura Adelfi, 'catrosho' como Pepé y el Chiche; el psiquiatra doctor Kavafis, comensal habitual en la trattoría, que representa al típico personaje humorístico de la comedia italiana que en el fondo es la novela; la señora Baldi, maga y profetisa, que acompaña a Carmela a visitar a una modista vidente; el joven mozo Mario al que el Chiche llamaba Carpi, personaje que atiende al Chiche, especialmente leyéndole noticias del periódico haciéndole protagonista de alguna de ellas, y que abre y cierra la novela; Valdemar, el marido de la prima Dorita que para Ernesto no era más que un 'spaccone', o sea, una persona fanfarrona, presumida, bravucona o jactanciosa; y así otros tantos más.

Estamos, pues, ante una novela de personajes. Cada uno aporta sus anécdotas, sus vivencias, y la suma de todo ello da como resultado esta novela, Los sorrentinos


El Cine
En la época en que se desarrolla lo esencial de la novela, mediados del siglo pasado, el Cine era sin liugar a dudas la diversión popular por antonomasia. Actores y actrices eran auténticos modelos de comportamiento y fetiches que provocaban adhesiones y rechazos de tal grado que a veces producían enemistades y encontronazos entre familiares y amigos. Tal les ocurrió al Chiche y Virginia, la hija mayor de Carmela, quienes se enfadaron por discrepar acerca de la intervención o no de Steve McQueen en la película Los siete magníficos (año 1960).

Pero son las películas italianas o protagonizadas por actores y actrices de ese país las más aludidas en la novela. Así, a Umberto, hermano mayor y creador de la exitosa receta de los sorrentinos, le gustaba muchísimo Sofía Loren en una película cuyo título no da pero que era una versión contemporánea del cuento de la Cenicienta. Al Chiche también le gustaba mucho Sofía Loren y otras actrices italianas como Silvana Mangano o Anna Magnani; entre otras cosas le gustaban porque no eran 'sciquadas': 
«actrices no sciquadas eran, por supuesto, Sofía Loren, Anna Magnani, Silvana Mangano y muchas más. Esta última era su favorita, sobre todo en el papel de Anna, en esa película en la que ella, la Mangano, es una monja que atiende a los enfermos en un convento y un día llega un hombre que le hace recordar su pasado de cantante un poco catrosha en un cabaret.» 
En sentido contrario y como medio para caracterizar a Elvio, italiano del norte y en consecuencia serio marido de Carmela, apareece el odio que éste sentía hacia Alberto Sordi por ser éste un actor cómico, con la comicidad propia del sur. También sin citar el título [¿quizás sea "Prionero de honor" (1959)] se dice:
(Elvio) «Odiaba sobre todo una película de Alberto Sordi en la que él interpreta a un soldado que cae prisionero de los ingleses durante la campaña de Africa.Decía que hacía quedar como unos cobardes a los italianos con eso de que "soldado que escapa sirve para otra guerra"»
 Pero sin lugar a dudas mucho más interesante me parece la referencia a la argumentación que sobre Ugo Tognazzi en la película Belleza americana  el Chiche y familia hacen en la sobremesa de una de sus comidas en la trattoría. En esa ocasión hablaban sobre la diferencia existente entre ser catrosho, como lo eran él, Pepé, y el resto de sus amigos, y hacer alarde de ello: 
«Ser catrosho y ser marica reventada eran dos cosas completamente diferentes: ser marica reventada era una provocación innecesaria, mientras que ser catrosho se había convertido, para la familia, en una especie de título honorífico»


La Cocina
Novela "Los sorrentinos"
Y, naturalmente, el gran elemento que se cita y es homenajeado en la novela por Virginia Higa  es el de la cocina y la gastronomía. El trabajo en la cocina, el cuidado en las elaboraciones, la preocupación por que la satisfacción de los clientes sea máxima, la competencia existente entre la Trattoria Napolitana Vespolini y otros establecimientos como el ristorante Montecarlini que también los elaboraba... Era una competencia sana y colaborativa  a veces; así cuando en alguno de los dos establecimientos se acababa el pan, el uno o el otro enviaba un mozo al establecimiento de la competencia solicitándoselo; éste, solidariamente, preparaba el mandado.

Las alusiones a platos y especialidades, comenzando por la que da título a la novela son muchísimas. Qué sea un sorrentino se explica con la claridad que exige mantener en secreto la fórmula que los hace tan especiales; así se puede ver en la cita que encabeza esta entrada.

Todos los elementos, como no podía ser de otra forma en una buena novela como Los sorrentinos, están relacionados. La cocina, los alimentos, las recetas de platos, etc. más que ninguna otra cosa. Los personajes actúan por motivos casi siempre relacionados con la restauración. Dorita abre su negocio para competir con la Trattoría, Carmela cuando se enfada con el Chiche se niega a volver a cocinar sorrentinos, y así el resto.
«con la muerte de Electra se perdieron muchas de las recetas tradicionales que ella guardaba en su memoria, como la pasta e fagioli, la pastiera o el babá, y la preparación de las salsas para los sorrentinos quedó sin supervisión.»
Y luego están los infinitos nombres de platos e ingredientes: fagioli, scones, babá, martelitos, pansotti, agnolotti...

Nota final
Tuvimos la suerte en el Club de lectura Fuencarral celebrado ayer mismo (3 / 6 / 2026) de contar con la presencia en la reunión de Virginia Higa, la autora de la novela. Amablemente, Virginia despejó dudas y aclaró aquellos extremos que la novela había suscitado en algunos de quienes allí nos encontrábamos. Ella había venido a Madrid desde Buenos Aires, donde actualmente reside, llamada por la organización de la Feria del Libro de Madrid que este año dedica los actos centrales al Humor en la Literatura. 

Sobre si el libro de Los sorrentinos es humorístico se habló largo y tendido. Me pareció muy interesante lo que Virginia dijo sobre el humor en la literatura, sobre si ella se propuso escribir un libro para suscitar la risa en sus lectores. No, aclaró, yo no buscaba la risa por la risa porque el humor en literatura surge de la mirada, del tono que se dé a la narración. Muy intereante también fue la reflexión que sobre la memoria (la novela se considera memorialista por parte de muchos lectores) realizó. Realidad, ficción, recuerdo, memoria, verdad, creación literaria... todos estos ingredientes forman parte de Los sorrentinos, explicó.

Le preguntamos sobre la recepción de su novela en Argentina cuando se publicó hace nueve años (ocho en España). Dijo que, tras el momento de su lanzamiento (entrevistas, presentaciones, firmas y tal), el libro tuvo una acogida modesta; con el paso del tiempo fue el boca a boca de los propios lectotres lo que  engrandeció el libro y logró hacerlo popular. Es, declaró, una obra de éxito sostenido en el tiempo, más exitosa durante los últimos años que cuando vio  la luz. Es un libro, concluímos la mayoría de los allí presentes, muy regalable porque es una obra tierna, auténtica, que presenta la vida y a sus personajes tal cuales son con sus aristas, bondades y sus opuestos. 

15 abr 2026

"Una casa sola", novela de Selva Almada

9 comentarios:

«Abrí los ojos a una mañana que presentaba poca novedad. El aguaribay florecido ardía de abejas. Las gallinas escarbaban el suelo buscando lombrices. Una pollita joven desenterró un cordón de zapatilla y armó tal alboroto que las otras la persiguieron para robarle el botín. La Miní apareció entre los pastos; tan blanca y con las costillas marcadas, la galga, que si no fuera la pura luz del día, diría que no era un perro sino el ánima de un perro. Arrastraba un lagarto overo y el olor a sangre atrajo a sus cachorros. Pero la capitana rancha sola: les tiró unos tarascones y comió triturando cuero, huesos, carne, hasta hartarse. Después se echó a la sombra del tala y dejó que los hijos se prendieran a las tetas»

Novela argentina última, Prosa poética, novela lírica
 Llegué a la última y magnífica novela de la argentina Selva Almada vía Leonardo Padura y la espectacular reseña que de la obra publicó el mes pasado en Babelia - El País. Esta vez la lectura la he realizado en un soporte distinto al habitual, la he realizado escuchándola. No suelo practicar esta modalidad de lectura, pero resulta que al bajar en préstamo la obra en eBiblio no me di cuenta de que el formato era audio. Bueno, en fin, me dije, no es la primera vez que escucho una novela en lugar de leerla, así que admití el préstamo. Y lo admití entre otros motivos porque la novela Una casa sola de Selva Almada está solicitadísima. Yo mismo tuve que esperar cerca de dos meses para que mi petición fuera atendida. Así que lo tenía claro, esta vez iba a escuchar en vez de leer. Y así lo he hecho.

Habría mucho que decir sobre las ventajas e inconvenientes de esta modalidad lectora hoy tan en auge. Todo, pienso, es cuestión de hábito y gusto. Tengo conocidos que me confiesan usar este formato con frecuencia, que les agrada. Vale. En mi caso no me convence demasiado porque no me permite detenerme, regodearme en las propias palabras, disfrutarlas, volver  atrás de inmediato en la frase recién leída si deseo volver a leerla y cosas así. Tampoco me convence en el caso de los audio-libros la pérdida (al menos yo la pierdo o me pierdo), o no constatación, del fin de una secuencia e inicio de la siguiente al no tener el texto escrito delante.

Cuando comencé la audición de Una casa sola  tuve una sensación negativa porque en la novela abundan los argentinismos, algunos de fonética desconocida para mí, cuyo sentido muchas veces se me hacía por demás difícil de encontrar. La primera secuencia o capítulo de la obra es además de las que tienen más duración (19 minutos). Puse voluntad y ganas de encontrarme a gusto porque la autora es una de mis favoritas y, sin haberme enterado en su totalidad, sobreviví a este primer contacto con el contenido de la obra. Volví a "leer" los 19 minutos del primer capítulo y ya me fui encontrando mejor y mejor. A mi satisfacción contribuía mucho la dicción perfecta de la locutora de la novela, Mara Campanelli, mujer argentina como Selva Almada, que sabe dar la entonación justa a las distintas frases que conforman el texto. La voz de Mara le va a la historia como anillo al dedo. Si al principio se me hizo algo difícil la intelección, el ritmo, el tono, la musicalidad tan argentina de la actriz de voz, según que avanzaba la historia y pasaban las secuencias narrativas (30), me iba gustando más y más. Yo tenía la ventaja de ya ser conocedor del estilo narrativo de Selva Almada (leí y reseñé 'Ladrilleros' hará cosa de seis años) y los argentinismos que pueblan el relato, los nombres de animales y plantas tan de allá, y otras cuestiones semejantes, aun sorprendiéndome, no me han impedido disfrutar muchísimo de la novela.

 Estamos ante una voz narrativa en primera persona a la que no estaba yo acostumbrado y pienso que al igual que yo tampoco lo estarán muchas otras personas. Y es que quien protagoniza el relato, quien nos cuenta su propia historia es un ser inanimado, una cosa, concretamente la Casa. Es una casa en medio del bosque (el espinal) que se ha ido haciendo por unos y por otros desde tiempos muy antiguos (se habla del asesinato de un general y dictador del país que se produciría -no se identifica el momento aunque sí el lugar, la Posta de San José, en la novela- en 1870. Ya por entonces, cuando el asesinato del general Justo José de Urquiza, cuyo nombre no aparece, la casa que protagoniza el relato ya estaba en pie, si bien sólo era un chamizo, un refugio en el bosque, apenas cuatro paredes y una techumbre hecha de ramas. Luego quienes la fueron habitando y usando la hicieron crecer a lo alto y a lo ancho según sus necesidades. Especialmente se habla de una familia -los Lucero- que la habitó varios años mientras que el hombre Damián, trabajaba de peón para un patrón y la mujer, Lorena, limpiaba en la casa de la Maestra y luego atendió a la mujer enferma del propio patrón. Esta familia estuvo en ella al menos cuatro años durante los cuales nacieron sus hijos y la Casa fue más casa que nunca, un verdadero hogar, pues albergó por primera y única vez a una familia.

Junto a los Lucero transitan por Una casa sola otros personajes: soldados (milicos), policías (canas), una banda de hombres desarrapados y hambrientos, aparecidos que en la noche deambulan por la casa y las habitaciones donde duermen los gurici (los chicos) de Damián y Lorena. Pero también hay personajes que tienen individualidad propia como la Grinja que aunque como otros sea un personaje fantasmagórico del pasado en el relato cumple la función de evocar la tragedia y el dolor en contraste con la vida cotidiana de los Lucero; el Cortito, así llamado por haber perdido las piernas en la guerra de las Malvinas, es un personaje de la actualidad que está al volante de una de las máquinas que, en torno a lo que queda de la casa, está desbrozando el lugar, allanándolo, seguramente para abrir claros en el bosque y dedicarlos a la agricultura [a punto de publicar esta reseña leo una entrevista con la escritora que habla del proyecto frustrado de construcción de un aeropuerto]; la Curandera a la que visita el Cortito con frecuencia entra a conformar y abundar en ese aspecto mágico y de fábula que desde antiguo acompaña a la Casa y a todo lo que la rodea; y la Tata, madre de la Lorena y abuela de los niños, que al desaparecer toda la familia se presenta en la casa con policías e investigadores para intentar dilucidar qué fue lo que pasó, algo que no se llega a conocer. Es esta Tata un referente claro a esas otras mujeres de la plaza de Mayo, madres y abuelas, que incansables buscaron a sus hijos y nietos desaparecidos.

Importante, muy importante, es también el tiempo, el cual transcurre en Una casa sola de manera imperceptible, pero implacable. En la novela Selva Almada no establece una cronología clara, tan sólo proporciona  apuntes indiciarios (muerte de un general y dictador, soldados que hablan de Malvinas, máquinas que desbrozan, leñadores que con sus hachas tumbaban árboles en el espinal cuando la Casa no era más que cuatro paredes...). Esta temporalidad imprecisa, inasible, contribuye a crear un ambiente narrativo que en gran medida, y como comenta Leonardo Padura, recuerda bastante a Juan Rulfo. Con todo vemos, aunque sin saber con precisión cuándo, que la casa comienza a existir, que crece, que un día alberga una familia en su interior, que de la noche a la mañana se queda vacía, que comienza a ser invadida por las plantas del bosque y finalmente que apenas si se la distingue 
«Sigo en pie como esas viejas muy viejas: de pura empecinada no más [...] Vista desde arriba, ya nadie podría distinguirme».
Es la naturaleza la que marca el decurso temporal. Concretamente en la obra no son los humanos quienes dan más información sobre el tiempo transcurrido, sino los perros durante la época de los Lucero: la galga Miní que a la Casa le recuerda a la Sultana que tanto gustaba a los gurici de los Lucero y que precisamente es la que nota la falta de éstos en la casa; y luego también es el Tala (árbol) quien según la estación («el tala se expurga las hojas muertas con disimulo») junto a la Casa marcan el paso del tiempo   («el tala y yo somos hermanos de leche [...] aunque hace ya tiempo que me pasó en altura»). Siempre un tiempo impreciso («un chaperío relumbrante es todo lo que queda de un galpón que ha sucumbido a las tormentas, cuánto hace, quién sabe, [...]»). Un tiempo que pasa, que vuelve, que parece acabarse, pero que de nuevo renueva lo que semejaba estar muerto. El eterno retorno, la sensación de siempre lo mismo, lo inacabable y a la vez finito, la anulación del tiempo...
«El aire tibio se perfuma de pomeas. Nadie viene ya, ni siquiera la Tata. Sigo en píe, sola, desde que se fueron los Lucero.»

Una casa sola, fábula, novela mágica
(fotografía tomada de Babelia-El País del 12/3/2026)
La prosa de Selva Almada rebosa poesía por sus cuatro costados. Es de una belleza increíble. A las imágenes atrevidas se suman los vocablos propios del habla popular de la zona donde se ubica de manera imprecisa la acción, o sea la provincia argentina de Corrientes colindante con el Paraguay. Al ser audible el formato en que he leído Una casa sola no me ha sido fácil tomar apuntes claros de términos utilizados. Muchos vocablos son semejantes a los que ya señalé en mi reseña sobre "Ladrilleros" (ver reseña aquí), pero otros muchos son propios de la zona (el litoral) donde viene a situarse esta protagonista sorprendente, la Casa, que está siendo asfixiada por la Naturaleza de la zona.

A continuación algunas frases hermosas que he podido retener en la memoria:
  • Las alarás cavando sus túneles en la madera
  • La madrugada se llenó de olor a sangre y calostros 
  • Despelote de estrellas en la noche. La luna poniendo a parir a las bestias del monte.
  • ¡Pucha, que eres arisca!
  • Pavor de las madres a la muerte blanca
  • Olor a bicho enojado y corrupto
  • El gurí chico creció como un chucho guacho
  • El patrón a Lucero le pagaba de a puchitos
Final
Una novela muy interesante en estructura, lenguaje, asunto, y procedimientos narrativos que a los buenos lectores, aquellos que no se conforman con la mera historia sino que buscan en los libros algo más (mucho más en ésta), entusiasmará.




15 mar 2026

Selva Almada, novelista argentina

10 comentarios:
Leyendo, como acostumbro hacer todas las semanas, Babelia, me topo con una elogiosa reseña de Leonardo Padura sobre Una casa sola (para leer la crítica de Leonardo Padura pinchar aquí), la novela que Selva Almada, escritora argentina, acaba de dar a la luz en Penguin Randon House. Al hilo de la lectura, el cubano Padura me hace recordar la enorme satisfacción literaria que experimenté leyendo otra novela de Selva Almada titulada Ladrilleros. La realicé hace ya más de cinco años y no resisto la tentación de volver a colgar de nuevo en este blog la reseña que su lectura me inspiró


ooooooOOOoooooo



Selva Almada. "Ladrilleros"
(reseña de 6 de julio de 2020)

"Ninguno recordaba cuál había sido el principio del disturbio. Una noche de esas en que los dos se dejaban estar hasta el amanecer en un bar, se habían desconocido." [los dos son Òscar Tamai y Elvio Miranda, padres respectivos de Pajarito y Marciano] .
"En una de esas tardes calurosas, con el cuerpo veteado por los surcos que deja el sudor en el polvo adherido a las pieles, disfrutando del botín de una pila de naranjas amargas robadas de alguna quinta, Marciano y Pajarito se habrán hecho amigos."

Esta novela corta ha sido para mí toda una sorpresa. De mano, de ella sólo sabía que había sido publicada en 2013 y que era argentina o uruguaya, esto lo tenía claro. De su autor o autora lo desconocía todo. En principio penséa que sería hombre pese a que el nombre era Selva, pero ¡hay tantos seudónimos en los que quienes gustan de escribir se ocultan cambiando de género! Según fui leyendo me fui más y más convenciendo de que quien había creado esta historia no podía más que ser varón, pero cuál no sería mi sorpresa cuando acabada la lectura consulto en Internet y me devuelve la imagen de una agradable mujer de 47 años, argentina, nacida en la provincia de Entre Ríos que ha tocado varios géneros en el mundo de la Literatura: cuento, ensayo, poesía... "Ladrilleros" sería la tercera de sus novelas. La identidad de Selva Almada, es la última de las sorpresas que "Ladrilleros" me ha dado.

Selva Almada, novela corta, bildungsroman
Entré en la novela bajo de expectativas pues personas próximas me habían hablado en negativo de la dificultad del léxico utilizado por la autora. "¡Es imposible leer esta novela de seguido. Cada poco hay que pararse a buscar significados!" En efecto el vocabulario utilizado en la narración es extraño para un español si bien al haberlo leído en mi kindle pudiendo consultar rápido los sentidos correctos de las expresiones en ningún momento vi interrumpido mi disfrute lector. Tan sólo alguna expresión como la de "chaque" se me quedaba en el limbo de los justos durante la lectura; no ha sido hasta ahorita mismo o recién -que diría algún paisano de la escritora- que he podido dilucidar el sentido de la expresión: modismo regional derivado del idioma guaraní propio del nordeste Argentino con el sentido de ¡cuidado! o ¡precaución!. En el fondo esta expresión es una más del grueso de vocablos del mismo origen guaraní presentes en la novela y cuyo uso es muy frecuente entre la población de la provincia de Corrientes en el nordeste de Argentina, zona limítrofe con Paraguay y Brasil, donde suceden los hechos relatados. Así pues vencer y disfrutar de la inmensidad de la lengua viva popular argentina sin perturbar excesivamente mi lectura fue la primera grata sorpresa.  Algunos ejemplos del vocabulario:
Yuyos’: malas hierbas, ‘pispear’: indagar; ‘culear’: realizar el coito; ‘berretín’: deseo, ilusión; ‘chicote’: látigo, trabilla; ‘rebenque’: látigo; ‘afanar mamones. Mantener a raya a los cuzcos’: robar [perrillos] recién nacidos. Controlar a los perros pequeños; ‘carayá’: mono aullador; ‘changas’: chaperones; ‘lauchas’: ratones; ‘gausca’: pene; ‘paspado’: agrietado; ‘chirle‘: blanduzca; ‘percudida’: ensuciada; ‘guacho’: huérfano; ‘atado’: paquete de cigarrillos; ‘potrero’: Terreno inculto y sin edificar donde suelen jugar los muchachos; ‘buchaca’: Bolsa de la tronera de la mesa de billar; etc.
Las siguientes sorpresas vinieron ya todas juntas y solidarias formando la perfecta novela que "Ladrilleros" es. Me refiero especialmente a la estructura que Selva da a esta historia de la amistad y enemistad habida entre dos chicos ('changos') que nacen prácticamente al mismo tiempo, crecen y se educan juntos, pierden su amistad por resquemores típicos de muchachos, y se sienten herederos de la tremenda inquina que en vida existió entre sus padres, aversión que ambos practicarán con resultado tremendo.

En la novela, principio y final se unen cerrando un círculo. Son dos momentos separados por apenas unos minutos o quizá segundos, los que van de sentir unos navajazos a la pérdida de la vida. Es en ese interregno de la agonía cuando pensamientos y recuerdos acuden en desorden a la conciencia de los moribundos, que conocemos la vida y los antecedentes familiares de estos dos chicos, Pajarito y Marciano, que les han llevado inevitablemente a este final fatal.

El texto, pues, es todo un enorme flash back con avances y retrocesos que nos van dando informaciones debidas sobre los avatares de los Tamai (la familia de Pajarito: su padre Óscar, su madre Celina, su hermana Sonia...) y de los Miranda (la familia de Marciano: su padre Elvio, su madre Estela, su hermano Ángel, sus hermanas mellizas). Todo lo iremos sabiendo en perfecta y medida dosificación según establece la autora. Esto es magnífico y me ha gustado mucho. 

Junto a lo anterior está el ritmo vivo, dinámico, real, costumbrista podría decirse aunque de un costumbrismo no urbano ni rural sino más bien de etapa vivencial, la de estos dos niños, luego adolescentes, luego ya muchachos. Son las maneras de ser típicas de estas fases de desarrollo las que se nos muestran en esta novela. Estamos ante unos chicos que sufren a sus padres, violentos a veces con ellos en grado sumo, sobre todo con Pajarito; unos chavales que disfrutan infringiendo pequeñas y muchas veces absurdas prohibiciones paternas como la de no ir a la Feria que se está instalando en la localidad; unos muchachos que comienzan a sentir las urgencias del sexo que en un momento dado es el centro de todo. Tener sexo con ésta o con aquélla, beber hasta perder el sentido, utilizar las conquistas como arma con la que violentar al un día amigo y de un tiempo acá ya enemigo eterno, ocultar al otro las apetencias sexuales si éstas no se atienen a lo establecido en un universo de machos, pelear y gallear dentro del grupo a fin de dejar claro quién lleva la voz cantante... Es en este sentido en el que digo que en la novela hay costumbrismo.

A una mentalidad europea como la mía le sorprende la sexualidad constante en que viven estos chicos junto a sus compañeras del otro sexo, quizás ellas más propensas a la sensualidad y más enraizadas con el sentido telúrico que las lleva a la maternidad, su meta vital, donde se cobijan y a la que, de no haberla conseguido aún, ansían llegar. Una vez allí se sienten realizadas; no así sus partenaires masculinos que viven la necesidad del sexo más como caza y prueba de éxito entre sus iguales que por afán de ser padres. Ellos -es el caso de uno de los personajes- pueden dejar mujer e hijos sin sentir gran pena, no se sienten atados a un hogar, su vida está más fuera que dentro: en los boliches, en el juego, en las tabernas, en los quilombos... Es, evidentemente, una sociedad cien por cien machista donde la única función del varón es la de con el sexo procurarse satisfacción y contribuir, aunque eso ya no le importe mucho, a que ellas sean madres. La propiedad del hombre sobre la mujer e hijas es total. Así al padre de Celina le molesta que ella lleve en su interior un hijo de Tamai y ejerce su derecho a golpearla por ello, algo que Celina entiende pues de siempre los hombres han golpeado a sus mujeres.
Los hombres golpean a sus mujeres alguna vez en la vida. A eso también lo había aprendido. ¿Acaso su padre no la había agarrado con el cinto cuando le dijo que esperaba un hijo de Tamai?
novela argentina actual, sexo en la literatura, machismo, Selva Almada
 Otra cosa que me ha gustado muchísimo es la manera de utilizar los recursos narrativos: el narrador aparece en forma de variadas personas gramaticales dando viveza y también complejidad al relato; otro tanto sucede con los tiempos verbales, usados en combinaciones temporales a veces sorprendentes pero que contribuyen a que el texto no sea jamás pesado ni repetitivo; me ha parecido curiosa la manera frecuente de utilizar sintácticamente el doble Objeto Indirecto (Si Tamai le mató a Miranda…) e incluso en ocasiones el doble Objeto Directo (Se había alejado para no molestarla a Estela con el humo); y desde luego es magistral la manera fluida con que la autora sabe introducir el Estilo Indirecto Libre, el monólogo interior y el soliloquio logrando que el propio lector se vea inmerso en la historia que lee, como si ésta lo hubiese abducido. ¡Fantástico! Por último, a este respecto, hay que destacar muy mucho el lenguaje expresivo, fuerte, sin artificios ñoños, que Selva Almada utiliza y que vuelca en el papel con gran naturalidad
 Agarrar y oler una concha, meterle la lengua hasta el fondo, chuparle todo el jugo a ver si se saca el olor a meo y a mierda del baño de la bailanta, ['bailanta': club donde se escucha normalmente un tipo de música (cumbia, tropical, reguetón...) y que es frecuentado por una clase social baja, de escaso poder instructivo]
Leyendo esta novela he sentido que la escritora 'proviene de' y 'pertenece a' el enorme mar del buen hacer literario hispanoamericano. La gran literatura del subcontinente americano subyace en esta obra, novelita por su tamaño y gran narración por su historia y forma. En especial dos autores constantemente se me venían a la cabeza mientras la leía. Uno era Gabriel García Márquez y su "Crónica de una muerte anunciada" pues de parecida manera a lo acontecido en la historia del colombiano la inevitabilidad del encuentro mortal ronda por nuestras cabezas desde bien temprano. El otro autor que continuamente se me aparecía, sin duda alguna por la historia y sobre todo por las técnicas narrativas empleadas, era el mejicano Carlos Fuentes en su genial novela "La muerte de Artemio Cruz" publicada el año 1962. Ese ir y venir del ámbito de lo real a lo irreal, esas visiones alucinatorias propias del estado agónico de una persona, esa confusión como de duermevela en la que sueño y fantasía onírica invaden y hasta llegan a suplir el orden propio del mundo racional, son el eje formal y estructural del relato de Selva Almada
Aunque hayan pasado diez años, Elvio Miranda todavía no pudo entrar a la tierra de los finados. Está varado en esos pocos minutos antes de ser asesinado; no se resigna a abandonar el mundo de los vivos.
Este buen hacer procedimental, además de en la genial novela de Carlos Fuentes, últimamente también lo he disfrutado -si bien no es idéntico pero sí semejante- leyendo "Lincoln en el Bardo", novela del año 2017 escrita por otro americano, aunque en esta ocasión anglo y no hispano, llamado George Saunders; este relato lo leí hace bien poco y lo tengo reseñado en este blog [para acceder a la reseña pinchar aquí

En el capítulo de las evocaciones ha habido también momentos en que frases o situaciones se me hacían como muy lorquianas. En especial he tenido esta sensación al leer cómo ella se quedaba con el corazón en la boca hasta que él volvía, temiendo lo peor. Ella es Celina, la madre de Pajarito, angustiada al ver que su marido Óscar marcha a la taberna y temiendo que cuando se emborrache pueda tirar de navaja. Y es que las navajas en manos de hombres es un elemento frecuente en poemas y tragedias de Federico García Lorca. El momento en que más he sentido la presencia del poeta granadino ha sido en la frase "Los filos hambrientos buscaron la carne enemiga". Poesía total la que derrocha Selva Almada aquí y en muchos otros momentos de esta bella novela.

Para finalizar
En cierto modo esta novela podría encuadrarse dentro de las llamadas novelas de aprendizaje, iniciación o con palabra germánica 'bildungsroman'. Efectivamente en esta narración asistimos al proceso de la educación del carácter de Pajarito Tamai y Marciano Miranda por sus respectivos padres. Ambos niños, amigos en su tierna infancia, se verán conducidos al enfrentamiento inexorable a través de los actos de sus padres, de sus propias madres y también del ambiente de la comunidad en la que viven que casi sin sentirlo los empujará a ello

Antes de concluir quisiera aclarar algo respecto al título que de seguro muchos se estarán preguntando. ¿Por qué "Ladrilleros"? ¿Es que acaso el asunto va sobre industrias cerámicas que fabrican materiales de construcción? Bueno, no exactamente. La razón del título obedece sólo a que los dos personajes centrales y sus familias respectivas trabajan en sendas fábricas de ladrillos. Pero en la historia no hay que buscar asuntos propios de la construcción de casas ni cosas por el estilo. 'Ladrillero' sólo es la profesión que tienen Pajarito y Marciano. Nada más.

Nota
Esta novela de Selva Almada ha sido  el libro que este mes de julio hemos comentado en la Tertulia "más que palabras...". Con ella cerramos el año lector. Si queréis leer nuestras divagaciones y las aportaciones que unos y otros hicimos sobre ella no tenéis más que hacer clic aquí.


12 feb 2026

La segunda venida de Hilda Bustamante (Salomé Esper)

8 comentarios:

«Cayó una gota y después dos hasta convertirse en una tormenta que parecía un diluvio, una mezcla de tiempos evangélicos que amenazaba recomponer ese apocalipsis con las vendas de un antiguo testamento. Hay ciclos también en lo profético y lo misterioso. El orden que guía al universo y a sus formas descansa en cada venida de la muerte, cada langosta y cada vidrio explotado. Adentro de ellos, la explicación que nadie alcanza.»

Salomé Esper, Realismo mágico
La novela de Salomé Esper (Jujuy, 1984), La segunda venida de Hilda Bustamante (2023) presenta el caso imposible de la resurrección de una mujer, Hilda Bustamante, al año de haber fallecido. Hilda era al fallecer una mujer de 79 años de edad, uno más de los que en ese momento tenía Álvaro, su marido. Este suceso, que alguien pueda regresar después de muerto, es la mar de extraño y chocante.

Cuando Hilda, tras salir de la tumba y vagar por las calles del pueblo, llega a su casa es recibida con muchísimo cariño y también mucha naturalidad por su nietita Amelia que la había echado mucho de menos durante el tiempo que ella faltó. Aunque el matrimonio  formado por Hilda y Álvaro, pese a sus inmensos deseos, no tuvo hijos, sin embargo de hecho tuvieron uno; se trata de Gabriela, mujer joven que con una hija de pocos meses a su cargo fue recibida, acogida y ayudada con mucho cariño por la pareja. De ahí que Amelia, la hija de Gabriela, se considere nieta e incluso casi hija de Hilda que la colmó de cariño en vida.

La reaparición de Hilda causa extrañeza, pero también aceptación, en el pueblo. Su resurrección levantará no pocos secretos de los miembros de la localidad: En el grupo de las Devotas, mujeres que asistían a la iglesia con mucha frecuencia, se verá que el curita joven se timaba con Nora; que Susana, que tanto leía en la iglesia, siempre lo hacia de novelas de suspense; que Clara se apuntó al grupo más como cosa social que religiosa; que Carmen es muy amiga de Hilda pero sospecha que algo raro se trae Nora con el curita Roberto, también la relación a tres bandas Hilda - Genaro -Álvaro...

Y así sigue esta historia contada linealmente en capítulos-secuencias de muy desigual extensión unos de otros. La estructuración dada a la trama pretende resaltar lo sorpresivo, imposible, increíble, mágico... del suceso acaecido. Una historia que dura ocho días: cuatro que estuvo Hilda de resucitada y otros cuatro que hubo de velorio hasta que Álvaro decide, sin levantar ruido, llevarla de nuevo al cementerio a re-enterrarla. Cuando tal cosa ocurre ambos tienen la misma edad:
«Cuando Hilda murió, Álvaro tenía 78 años. No hubo palabras para describir su dolor.
Cuando se volvieron a ver, y el reloj reinició, tenían ya la misma edad.
Después, el tiempo no importó.
»
Hay mucho de inexplicable, de irracional pero sin embargo aceptado, de realidad mágica, en esta resurrección imposible de la protagonista. Si resucita como el Cristo, ¿también ella será divina como él? Difícil cuestión la que se le plantea al padre Néstor que debe de dar homilía en la iglesia. La sorpresa surge cuando Néstor llega a decir que a veces Dios se equivoca. ¿Cómo? Hasta este punto llega lo surreal del suceso. El inexplicable hecho de la resurrección y todos los acontecimientos que le acompañaron o sucedieron (las imparables campanadas, la explosión de los vidrios de todas las casas, la plaga de langostas, el segundo velorio que hubo que darle a Hilda...) provocan que el cura suplente Néstor venga a replantearse todo:
«La huida del padre Roberto era algo inédito para él, las langostas cubriendo las paredes de la iglesia eran algo inédito para él, consolar al viudo de una resucitada era algo inédito para él. Y descubrió, en esa inauguración de las cosas, un alivio que no había sentido en mucho tiempo. Donde antes había tensión, ahora había algo real que palpitaba, la experiencia de la que hablaba en misa, esas palabras repetidas eran ahora agua sucia. Esto, esto ante sus ojos era un manantial, y dios estaba ahí, solo que deforme y espantoso, hiriente y burlón [...] preparado para saltar con sus patas traseras de langosta, para usar su poder sin lógica en otros infelices.»
Un suceso inexplicable que al meterse en él exige una distinta manera de comunicarlo. Y para ello la novelista no puede servirse del lenguaje habitual. De ahí que la argentina Salomé Esper eche mano de un lenguaje distinto, superrreal, que rompa con lo por todos admitido. Si Hilda Bustamante ha venido de nuevo a su casa tras un año de estar enterrada, si nos posicionamos en esta irrealidad, la manera de presentarla también ha de aproximarse a ella. Aparecen utilizados recursos como la presentación coincidente de acciones sucedidas en un mismo tiempo pero en espacios distantes, la utilización de elementos reales cargados de simbolismo: campanadas, plaga de langostas, tierra removida en el cementerio, la bicicleta de Álvaro transportando a Hilda...
«La tercera ronda de siete campanadas comenzaba justo cuando Amelia se subía al asiento de atrás de la bici. Ya se había agarrado fuerte de la camisa de Álvaro, como un gato, dejando como siempre en la tela esas dos marcas estrelladas de miedo a caerse. Ya se había puesto el vestido el cura. Álvaro comenzaba a pedalear. El cura se retocaba los labios y el rímel. Amelia pedía ir a la librería a comprar una goma porque la había perdido de nuevo. La séptima campanada los encontró pasando la plaza relucientemente verde»
Algo importante es comprobar cómo este acontecimiento que muchos califican de paranormal desata en el pueblo una controversia entre quienes lo consideran cierto y quienes, apoyados en la ciencia, lo desechan por completo. Así se comprueba en el diálogo mantenido por dos personajes innominados acerca de los fenómenos y la concatenación de causas:
«el cura suplente dijo algo en contra de Dios y cuando salieron ahí estaban las langostas, no fue tan así, no fue contra Dios del todo solo dijo que no era tan perfecto, si Dios fuera perfecto no se le hubiera escapado un muerto, qué hacés llamando a la radio, cortá, la Biblia anunció las plagas hace un montón.la plaga es porque están fumigando en los campos del norte y los bichos se escapan, es tremendo cómo la gente no se acuerda de esto y siempre pasa lo mismo, todos los años lo mismo, de la señora esa que hablan yo no sé nada, solo digo que no es algo de los demonios ni de los santos, es algo del campo, lo de las langostas, no lo de los muertos, pero están en la ciudad las langostas y eso es un mensaj
Poetas y novelistas argentinas actuales
Como se ve en el texto anterior las intervenciones de los interlocutores se presentan de manera no convencional. 

Para mí la belleza del texto reside también en muchos de los términos y expresiones utilizadas por la novelista. Son vocablos propios de su tierra, la Argentina, que aquí —al menos para mí— resultan llamativos y que cargan a La segunda venida de Hilda Bustamante de una realidad mágica. Algunos ejemplos serían: «andar como bola sin manija» (andar perdido o desorientado); «petiso» (persona baja, de poca estatura); «compró facturas» (bollería dulce); «tacho» (tarro); «Álvaro comía cada vez menos, se iba apagando de a poco» (se iba apagando poco a poco); «viernes de truco» (fin de semana para jugar al truco, juego de naipes muy famoso en la Argentina); «pava de agua» (recipiente de metal con asa y tapa usado para calentar agua); y algunos otros más 

Sobre Salomé Esper dice la propia editorial Sigilo que publica esta interesante novela lo siguiente: «Salomé Esper nació en Jujuy (Argentina) en 1984. Es poeta, narradora y editora. Estudió Comunicación Social en la Universidad Nacional de Córdoba. Publicó dos libros de poemas, Sobre todo (2010, Intravenosa) y Paisaje (2014, Tres tercios), y una novela, La segunda venida de Hilda Bustamante (2023, Sigilo), que ha sido traducida al italiano y al portugués.»





26 jul 2023

Mariana Travacio. Dos novelas: 'Como si existiese el perdón' y 'Quebrada' (A pares XXXVII)

16 comentarios:
Si algo me encanta del mundo libresco en que habito y me muevo, es el contacto con excelentes lectores. De ellos aprendo continuamente cosas que no conocía o que simplemente me habían pasado desapercibidas. Con ellas -en este caso me es obligado particularizar en femenino el género del pronombre al no caber inclusividad alguna- literariamente me enriquezco de manera continua. Con este "ellas" apunto directamente a mis muy buenas amigas de la Tertulia literaria más que palabras..., mujeres conocedoras y degustadoras de la buena literatura. Hoy, aquí, en esta reseña doble, quiero agradecer a Margarita (Marga) la recomendación que, como si de una nadería se tratara, nos hizo en una de nuestras últimas reuniones. «Os recomiendo 'Quebrada' de Mariana Travacio. Creo que os gustará», dijo. Y al poco apostilló que también había leído con mucho agrado otra novela de la misma escritora titulada  'Como si existiese el perdón' . Como las recomendaciones que mis amigas tertulianas hacen en nuestros encuentros nunca se me olvidan, busqué estos dos títulos y sin más los he leído. Qué gozada, qué gustazo. Ahora diré por qué. Cierro esta entradilla con un "¡Muchas gracias, Marga!" 

Lo primero que hice cuando tuve ante mí los dos títulos fue comprobar sus fechas de publicación, pues quienes ya los habían leído o estaban leyéndolos me habían dicho que ambos estaban muy relacionados. Al hacerlo vi que Como si existiese el perdón apareció en 2016, mientras que Quebrada era mucho más reciente, concretamente del año 2022. Habrá que comenzar en orden, dije para mí.

➢«El calor trae malos humores, y el viento norte, allá, nos traía estas cosas. Loprete acabó malherido, y nosotros, sin remedio a la mano. Agonizó toda la noche. Lo enterramos poco antes del amanecer. Juancho hizo el pozo. Yo sostenía la lámpara. Y el Tano vigilaba que el cadáver no tuviera otro ataque de ira.» (‘Como si existiese el perdón')
«La única certeza que tengo hoy, padre, es que muy pronto nos iremos de esta tierra. Y me cuesta, porque esta tierra será poca cosa, pero acá nacimos y acá somos quienes somos. Si nos vamos, tendremos que ir por ahí explicando que de dónde venimos y para dónde vamos. Y eso no da mucho aliento.» (‘Quebrada’)



COMO SI EXISTIESE EL PERDÓN

Editorial Las afueras. Mariana Travacio, Como si existiese el perdón
He leído de una sentada esta novela corta o relato largo de la argentina Mariana Travacio (Rosario, Argentina, 1967). Me ha gustado y me ha recordado mucho esa buena literatura sudamericana del tipo de la de Juan Rulfo, pero con menos magia, menos sorpresiva, quizás, precisamente, porque estos jóvenes autores -ya no tan jóvenes, ¡vive Dios!- hayan asimilado perfectísimamente la prosa del mexicano ilustre. 

La publica en España por primera vez la editorial Las afueras en una bonita edición de 144 páginas. De la historia proporciona el editor la sinopsis siguiente:

Como si existiese el perdón es una historia de venganza y redención. Mariana Travacio nos conduce a través de un mundo desolado, que traerá inevitablemente a la memoria las mejores páginas de Juan Rulfo, hasta un final inevitable que tiene sabor de venganza antigua. Inevitable decíamos, porque todos los personajes de esta historia parecen marcados por la fatalidad, pero también porque la autora no nos da la oportunidad de apartar la mirada de este libro duro y memorable, con un estilo tan desnudo y poético como los paisajes que describe.

Nos encontramos en un espacio inhóspito, dentro de una naturaleza despiadada que provoca que en el lugar apenas si quedan personas. El narrador es Manoel, huérfano. Sus padres, cuando él era chiquito, marcharon a lejanas tierras productivas; su intención no era otra que procurarle una mejor vida al hijo que quedó a cargo de su abuela Luisa, quien poco tiempo después falleció. Fue el Tano, que tenía una pulpería, quien lo acogió y ejerció de padre de Manoel

La novela comienza de manera muy intensa con la llegada de uno de los hermanos Loprete «a lo del Tano» (nótese ya mismo en esta brevísima cita la peculiaridad del estilo literario de la autora). El tal Loprete pregunta por Pepa. Todos piensan que es una mujer; en especial, así lo cree el Tano cuya amada tiene tal nombre. Esta creencia y las muchas ginebras que los personajes ingerirán derivarán en el hecho trágico que condiciona todo el relato: José, que así se llama el Loprete inquiridor, muere desangrado por una cuchillada que le da Tano al defenderse de una suya. La tragedia provocará la venganza de los hermanos Loprete. Para evitarlos JuanchoTano, Manoel y los demás pedirán auxilio a Miranda, hombre rico amigo desde antiguo de Tano, que habita en una estancia y tiene a su servicio un buen número de peones. Con diez hombres de Miranda, Tano Manoel se aprestarán a cobrarse a su vez venganza porque los Loprete, cuando los buscaban, habían matado a Juancho y quemado el rancho de Tano

Como se verá todo desemboca en una auténtica balacera, con muertos por todas partes. Estamos ante un auténtico western en terrenos de la Pampa argentina concretamente en aquella en que la sequedad al cabo de unos kilómetros da paso a la humedad, a las lluvias, a fuertes avenidas de agua tras épocas de intensa sequía. El contexto en que se desarrolla la acción está conformado especialmente por un clima desorbitado, irracional, de locura. Un clima que en las personas de los Loprete se materializa en cuatro hermanos locos, las Furias, y los demás, éstos con una racionalidad sanguinaria y también demencial.

 

QUEBRADA

El asunto mostrado en la novela anterior hizo que nada más finalizarla no pudiese resistir la tentación de leer el otro libro de la escritora argentina recomendado por Marga. De él la editorial Las Afueras da en su página web la siguiente sinopsis:

Novela corta "Quebrada" de Mariana Travacio
Quebrada es la palabra que define un paso estrecho entre dos montañas. Así, como una hendidura que atraviesa dos historias, discurre la nueva novela de Mariana Travacio. Una obra atemporal en la que sentimientos como el amor y la lealtad conviven con el desarraigo y la pérdida que imponen las migraciones.
Conducidos por una prosa precisa y sobria, acompañaremos a Lina, una mujer que parte en busca del mar y un hijo perdido, desde un paisaje seco y agrietado en donde la vida se ha hecho imposible, hasta unas tierras húmedas y fértiles en las que todo es excesivo. También la locura de los personajes y fantasmas que las habitan.

Como ya he dicho, es Quebrada, hasta el momento, el último libro publicado por Mariana Travacio. Curiosamente, yo diría que es una especie de precuela del otro que tanto me gustó y con el que me  estrené con la novelista. En esta novela la historia se presenta en dos partes: en la primera los capítulos -breves como es característico en la escritora- son narrados, alternativamente en primera persona, por Lina Ramos y por Relicario Cruz, esposos y padres del Tala, un niño que hace ya catorce años o así marchó con su tío Camilo Ramos a las tierras fértiles que se decía había allá lejos, pasadas las montañas. Comienzan, pues, ya aquí las similitudes entre la historia de Quebrada y la de Como si existiese el perdón. En ambas, un matrimonio pierde por acción u omisión un hijo, mejor dicho, el hijo. Y en ambas también, las tierras fértiles, donde crecen los frutos, donde existe el verdor y el agua las visita con frecuencia inusitada, son las de los Loprete. La historia de los Ramos que vemos en Quebrada se entrevera en la historia de la venganza de los Loprete por la desaparición de José Loprete en la novela de 2016. Las lagunas argumentales de la primera van siendo rellenadas en cierto modo por los sucesos vividos por Lina Ramos y por su marido Relicario Cruz. La segunda parte de Quebrada, sin embargo cambia a otro narrador en primera persona. Su nombre es Rulfino, quien guarda enorme similitud con el caso del Manoel del otro relato. Ambos sienten un odio acendrado hacia el patriarca y hermano mayor de los Loprete. Como se ve, pues, argumentalmente existen entre ambas narraciones concomitancias, analogías, coincidencias y similitudes.

Si hay claras correspondencias en el plano argumental, las existentes en el plano formal son mucho más  evidentes. Y es que, como la misma escritora sostiene en alguna entrevista suya que he podido leer, en su literatura prima, por encima de los temas que vienen a ser -dice- los habituales (amor, vida, muerte), la forma con la que se presentan y el lenguaje empleado para mostrarlos. De su estilo seco, desnudo, con escasa florituras, lo que más ha llamado mi atención es el muy frecuente empleo de los pronombres en posición anticipada a sus referentes (los estudiosos denominan 'prolepsis' este uso): «Estaba empapada, esa mujer, pero más me impresionó su tamaño» o «empezó a decirles, a los hijos»; el vocabulario argentino propio de de la Pampa y de los gauchos en general: hamacar (dar al cuerpo un movimiento como de vaivén), bolear (arrojar las boleadoras a las patas o al cuello de un animal), arrevesada (difícil), petiso (pequeño o de poca estatura), tranquera (puerta rústica hecha con trancas), matambres (capa de carne que se saca de entre la piel y el costillar de vacuno y porcino), etc. Pero lo mejor, lo que por encima de todo me ha llegado más de la manera que tiene de escribir Mariana Travacio, es la hermosa imaginería que utiliza. Y lo hace de esa manera tan suya, como si nada hiciera, como si no le costase ningún trabajo ni esfuerzo crearlas, producirlas. He aquí dos citas a modo de ejemplos:
  • «Así comimos esa noche, antes de ponernos a descansar. El Laucha se ofreció a hacer de campana. Todos aceptamos. Nos pareció que el Laucha estaba más entero que cualquiera de nosotros. Nos tiramos alrededor de la carreta y alcanzamos a ver un cielo acribillado de estrellas antes de que nos venciera el cansancio.» (en Como si existiese el perdón)
  • «No se vaya a agobiar, doña, con tanta cosa. Si le llegara a pasar que le agarra el agobio, siempre mire para afuera y vea, bien. Va a ver que está lleno de tierra, todo alrededor. No se olvide de eso, doña. Siempre mire afuera, todo lo lejos que pueda, y recuerde que usted busca el mar.» (en Quebrada)
A medio camino de los planos formal y argumental, siendo claramente cuestión de estilo, estarían los comportamientos de algunos personajes. Quizás uno de los más característicos sea en Quebrada Relicario Cruz, quien, muy en la línea del mexicano Juan Rulfo con quien más de una vez se ha relacionado a Mariana Travacio, es incapaz de abandonar a sus muertos por lo que cuando abandona el lugar se los lleva en dos cajones y dialoga con ellos de una manera muy natural, igual que también habla con Jumento, el burro con el que ha emprendido la travesía. Es este Cruz un ser que parece salido de la Comala rulfiana o, más próximo a nosotros en el tiempo, del condado de Yoknawpatapha faulkneriano de 'Mientras agonizo', o hasta del "bardo" del cementerio donde el presidente Abraham Lincoln deambula y quiere retener a su recién fallecido hijo Willi [leer reseña de "Lincoln en el bardo" de George Saunders aquí]. Mucha literatura, pues, contenida en estas pocas páginas de la Travacio.

También es rasgo estilístico la ambientación, el paisaje opresor y desubicado en el tiempo y el espacio, donde estos seres se sienten atrapados de una manera casi kafkiana, con pocas posibilidades de abandonarlo y cuando lo hacen como Lina yendo a parar a otro pozo de los horrores de donde también les  es muy difícil salir.  

Para concluir
Relatos, Cuentos argentinos de hoy
Literatura, la de Mariana Travacio, de alto voltaje, de muchos quilates, y de -elija cada uno el término al finalizar su lectura- la imagen magnificente que le apetezca colocar aquí. En ambas narraciones hay un universo de personajes muy bien caracterizados y un estilo breve, conciso, sin ampulosidad ninguna, pero que llega con fuerza al lector por contener dentro de su brevedad una enorme belleza. Así es, en efecto, y así he podido comprobarlo en las dos novelas cortas que he leído. Desde el principio cada una de ellas consiguió captarme, casi abducirme dentro de la belleza y la rotundidad con que la escritora argentina presenta unos asuntos muy duros, muy fuertes, como son la pérdida de un hijo para unos padres, la pérdida de los padres para un hijo, la emigración obligada por la imposibilidad de vivir en una naturaleza hostil, el amor a la tierra de nacimiento donde nuestros padres y abuelos se dejaron la vida para sacarnos adelante, la demencia mental, la venganza, la brutalidad masculina en los enfrentamientos violentos, el sexo y el deseo siempre agazapados que a la menor saltan y abren las puertas de la barbarie... Pero también, especialmente en Quebrada, es elemento destacable el empoderamiento femenino que muestra Lina al decidir dejar esposo y terruño para afrontar una aventura en busca del mar, que en sí mismo y en este relato no es más que un deseo de libertad inalcanzable, una utopía. Y además allí mismo somos testigos del inmenso amor del esposo de Lina, quien, frente a la violencia y machismo mostrado en Como si existiese el perdón por los de su género, permite la marcha de su mujer y luego henchido de amor sale tras ella, casi casi me atrevería a decir recordando a Juan de Yepes «como el ciervo herido».

En definitiva, Mariana Travacio ha escrito dos novelas cortas que me han sorprendido muy gratamente al no ser frecuente, en mi experiencia lectora, ese modo directo de mostrar los asuntos sin perder un ápice de belleza literaria. En otras palabras, muy muy satisfecho tras su lectura.