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19 nov 2020

"Juan Belmonte, matador de toros". Manuel Chaves Nogales

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La figura de Manuel Chaves Nogales siempre me ha atraído. Su independencia y más en los tiempos convulsos que le tocó vivir me parece digna de elogio. Hace siete u ocho años reseñé en este blog su colección de relatos cortos "A sangre y fuego" que, prueba de la inquina que le tenían las dos Españas de Machado, no se publicó en nuestro país hasta ¡¡el año 2011!! cuando había aparecido publicado por vez primera el año 1937 en Chile.


Desde que leí esos relatos me interesé por su Obra. El libro que reseño aquí es una biografía cuyo título completo es: "Juan Belmonte, matador de toros; su vida y sus hazañas". Se publicó en 1935 y es considerada por muchos como su obra literaria más representativa. Apareció por entregas semanales en la revista "Estampa" desde el mes de junio de 1935, para ya a finales de ese año salir en formato de libro.


La forma narrativa que le da Chaves Nogales al cúmulo de anécdotas que el torero trianero le debió de contar en las entrevistas que el periodista le hizo para la confección de la obra es la de una serie de escritos al estilo de los artículos periodísticos que agrupó en 25 capítulos. Cada artículo va precedido de una frase que es la sustancia de lo que en él se dice. Este procedimiento me parece muy propio del periodismo. La maestría del autor se percibe en la manera como logra dar continuidad cronológica al conjunto de anécdotas creando así lo que ha venido a definirse como una "biografía novelada", "novela vivida" o "novela de la realidad". Como se ve, pues, el periodista sevillano está en la base de la aparición en España del Nuevo Periodismo, de la no-novela o novela de no ficción

Cuando el periodista, de criterio siempre independiente, elige para este su mayor proyecto literario la figura de Juan Belmonte no lo hace sin intención. Juan Belmonte había nacido en el seno de una familia muy humilde -su padre tenía un puesto de quincallería en los mercadillos- y en el momento de la redacción del libro el torero ya era un propietario rural con reses en su cortijo y con servidumbre en casa. Todo lo había ganado a fuerza de trabajo y, por su profesión, muchas cornadas. Por esos años (1934 y 1935) en España están sucediéndose expropiaciones de fincas por parte de Sindicatos Obreros que muchas veces eran claramente abusivas pues no a todos la riqueza les había caído del cielo, y tampoco todos los dueños de cortijos y de reses eran explotadores de sus trabajadores. Como siempre, Manuel Chaves Nogales se posiciona en ese lugar intermedio que no contenta a nadie y que por definición ocupa quien al final se lleva todas las tortas de uno y otro lado.

Literariamente los artículos que componen la novelita me han recordado mucho a los de Larra por el pintoresquismo que hay en muchos de ellos y a la tradición de la novela picaresca española, presente sobre todo en aquellos capítulos iniciales en los que Juan Belmonte junto a otros siete chaveas se las ingenia para de noche ir a tentar a los toros que pastan en las dehesas, sobre todo en la de la Tablada. Se muestra la  innegable afición al toreo del futuro matador y cómo, respetando las normas y el orden establecido en función de la categoría torera adquirida dentro del grupo de maletillas, Juan, que comenzó siendo el último en dar un capotazo al toro, vaquilla o churrato, poco a poco va ascendiendo en el escalafón hasta ocupar el segundo puesto por detrás sólo de Riverito, el líder del grupo de maletas que se reunía junto a la fuente en la sevillana plazuela de San Jacinto.

Frente a los toreros triunfantes, Bombita y Machaquito, la pandilla de la plazuela de San Jacinto, anarquistas del toreo, admiraban a Antonio Montes. También eran anarquistas de los tentaderos donde los señoritos solían reírse de los torerillos; por eso ellos prefieren en las noches de luna llena hacerlo a campo abierto toreando por estricto orden de méritos: primero Rivero, el mejor, a quien ninguno cuestionaba, y luego el resto.

Hay mucho costumbrismo taurino andaluz, que me ha recordado muchísimo también la poesía de García Lorca: los toros, los guardas, los zagales torerillos apartando la res de la manada, la guardia civil caminera, incluso la muerte del torerillo por disparos de la benemérita o la herida por la cogida del animal son motivos muy lorquianos. La afición que tienen los chicos es tal que llegan a torear sin luz de luna para evitar a los guardas. En una noche así auxiliados sólo por candilejas de acetileno Belmonte sufre un empellón del  becerro que le estropea el traje que estrenaba por Pascua: “Me palpé. Apenas podía incorporarme. Tenía la cara desollada, el cuerpo magullado y el traje hecho trizas. ¡Mi traje italiano de Semana Santa! ¡Qué iba a ser de mi!” ¡Que costumbre tan arraigada era hasta no hace tanto estrenar algo nuevo el Domingo de Ramos!

Juan trabaja para ayudar a la familia que las está pasando canutas, pero el toro le tira por demás. Hasta el punto de que en un momento se da cuenta de que él podría ayudar a su familia si de verdad consigue que le den alguna oportunidad. Comienza así a relacionarse con señores de Sevilla que acuden a las capeas y ya se han fijado en él. Al comienzo las condiciones son onerosas, sólo le falta tener que pagar por torear, pero poco a poco logrará llamar la atención y que algún empresario lo contrate. Su valor y sobre todo su innovadora manera de torear le ganará adeptos y comenzará a participar en novilladas sin picadores para ya en 1913 dar el campanazo en Barcelona con un éxito tan grande que llegó hasta ser criticado por el seny catalán: 
 "Empecé a torear al año siguiente en el mes de febrero. Fui a Barcelona, donde tomé parte en dos novilladas, en las que me ayudó la suerte. Me pasearon en hombros por las Ramblas, y algún periódico protesto contra el hecho de que un pueblo culto como el catalán hubiese dado aquel espectáculo, a su juicio bochornoso." (en el cap. 11, "Halago y tormento de la popularidad")

Estos capítulos, que cuentan el difícil acceso de Belmonte a la torería, están plagados de gracia andaluza, de la belleza del lenguaje popular, visible sobre todo en un vocabulario chispeante y penosamente hoy olvidado o en vías de extinción. He aquí algunos ejemplos: 
  • garbear' (robar al descuido, pillar dinero), 
  • catrecillo' (silla de tijera), 
  • despejados (con los pies maltratados de tanto andar), ‘
  • vestido de distintos (con traje nuevo o o de domingo), 
  • aguaducho' (pequeño puesto o establecimiento en el que se vende agua, refrescos y otras bebidas)
  • consumeros (funcionarios que controlaban la aplicación cotidiana de una tasa que gravaba directamente los artículos de primera necesidad, las cosas 'de comer, beber y quemar', como se decía en aquel entonces.) 
  • regatón' (Casquillo , cuento o virola que se pone en el extremo inferior de las lanzas , bastones , etc., para mayor firmeza)
  • manijero' (Hombre encargado de contratar obreros para ciertas faenas del campo )
  • arregostado (Según la última edición del DRAE, significa ‘engolosinarse, aficionarse a algo’ y es un verbo pronominal. ‘malacostumbrarse')
  • chicolear' (decir chicoleos:Dicho o donaire dirigido por un hombre a una mujer por galantería)
  • espurrear' (Rociar algo con agua u otro líquido expelido por la boca)
  • rehilete' (dardo)
  • echarse al surco" en el sentido de ‘abandonarse (‘mi padre se echó al surco')
  • hule" [“partidarios del hule"] en tauromaquia mesa de operaciones por tener una pieza de hule sobre ella
  • ratimago' (Artería, engaño, artimaña.)
El anecdotario es muy grande y se lee muy bien aunque hoy, quizás, este mundo está en franco retroceso. Aunque el momento en que vivió podría decirse que son los años de oro del toreo, sin embargo otras diversiones populares como el fútbol e incluso el Cine se estaban abriendo camino hurtándole público a las plazas de toros. Pero con todo y con ello Juan Belmonte triunfa rodeado de  compañeros de lidia tajgién muy populares. ¿Por qué en medio de este extraordinario plantel Belmonte se hizo hueco? Pues simple y llanamente porque hizo su gran aportación al toreo que fue "saber conducir al toro y no al revés. Según los mejores revisteros taurinos de la época como yo toreaba no habían toreado jamás Lagartijo, Frascuelo, Guerrita, Espartero, Fuentes, Bombita, Machaco, los Gallo... ."

Ramón Menéndez Pidal, Américo Castro y Claudio Sánchez Albornoz; los escritores Pérez de Ayala, Gómez de la Serna, José María de Cossío, Salvador de Madariaga y Juan Ramón Jiménez,
Belmonte formó tándem en muchas plazas con Joselito. Era una sana competencia que les servía a ambos para crecerse en los momentos de bajón que también sufrían. También toreó varias veces con Sánchez Mejías. Al igual que Ignacio, Juan Belmonte era amigo de frecuentar tertulias de intelectuales del momento. Desde muy pronto por su manera de torear captó el interés de artistas y escritores quienes,  siendo aún novillero, le realizarán en Madrid un homenaje en el que participan Valle-Inclán, Romero de Torres, Julio Antonio, Sebastián Miranda y Pérez de Ayala. Incluso retirado de las plazas mantendría relación con el doctor Marañón y hasta con un joven José Luis Pinillos.

Fue un torero que leía mucho, que se interesaba por lo que sucedía a su alrededor. Tuvo a lo largo de su vida algunas crisis depresivas y sufrió tendencias suicidas. Cuando Manuel Chaves Nogales publica el libro en 1935 al torero aún le restaban muchos años de vida. Murió, -nos dice Felipe Benítez Reyes en el estupendo prólogo que escribió para la edición que he manejado, la de Libros del Asteroide del año 2009-, el año 1962 de un tiro que se pegó en una de las múltiples cicatrices que en su cara daban fe de su arrojo y valor. Las tendencias suicidas de las que le habló a Chaves Nogales en las charlas que precedieron a la confección del libro quizás se intensificaran con la enfermedad que padeció su mujer, la peruana Julia Cossío, que le hizo ir a Suiza a tratarla y con las muertes de compañeros de profesión en especial la de Joselito el año 1920 en la Plaza de Talavera de la Reina; también la propia Guerra Civil, así como el miedo que decía sentir previamente a salir a torear; pero sobre todo su pundonor y torería eran incompatibles con la vejez que a punto de cumplir 70 años se le echaba encima. Fue gran amigo del humorista Julio Camba a quien conoció vivir sus últimos años entre terribles padecimientos. Él no quería eso para sí mismo. Arregló todos sus asuntos (testamento, dinero en mano a su última relación amorosa, escrituras en orden...) y se descerrajó un tiro por encima de la oreja derecha. Como se ve todo muy torero.

Final
Para finalizar quiero destacar algunos momentos del libro que me parecen especialmente significativos. Juan Belmonte no eludía asunto alguno. Muy interesante y literariamente magníficamente resuelto por el escritor es el tema de la pervivencia futura o no de la fiesta de los toros. En el capítulo 15, "Supersticiones taurinas" se lee un diálogo alegórico entre el Miedo y Belmonte en el que el primero le dice al torero: "Dentro de unos años, a lo mejor, no hay ni aficionados a los toros, ni siquiera toros. ¿Estás seguro de que las generaciones venideras tendrán en alguna estima el valor de los toreros? ¿Quién te dice que algún día no han de ser abolidas las corridas de toros y desdeñada la memoria de sus héroes? Precisamente, los gobiernos socialistas…" Estábamos en 1935 y ya la Fiesta comenzaba a ser muy cuestionada por algunos sectores sociales.

Más rotundo y mucho más profundo es lo que en el epílogo del libro dice Belmonte sobre "la decadencia del toreo":
"La lidia se convertirá fatalmente en un espectáculo de circo al modo moderno, es decir, desustanciado. Subsiste la belleza de la fiesta; pero el elemento de la dramático, la emoción, la angustia sublime de la lucha salvaje se ha perdido. Y la fiesta está en decadencia."
De política poco se habla en esta biografía. En el fondo porque Juan Belmonte nacido en 1892 en la calle de Feria en el barrio de la Alameda, y enseguida vecino del barrio de Triana a donde las familia se trasladó, vive la vida tal como viene. Por eso cuando llega la República él que jamás se había significado políticamente y que era un ídolo de multitudes no tiene miedo de correr peligro alguno pese a ser rico y vivir en Andalucía donde el anarquismo del campo estaba creciendo mucho. Es en el último capítulo donde aparece alguna consideración sobre el asunto:
"El 14 de abril no marcaba la hora del soñado reparto, y cuando desde Madrid intentaron convencer a los braceros andaluces de que era sí, los ánimos se ensombrecieron, y la lucha entre los pobres y los ricos se hizo más dura y enconada. Creció el odio al propietario, bueno o malo, sólo por ser propietario, y al socaire de las teorías anticapitalistas invadieron el campo cuadrillas de expropiadores, que no eran otros que los tradicionales algarines, los raterillos rurales, que siempre habían andado a salto de mata, y ahora tornaban un aire altivo de ejecutores de la justicia social. Ladrones de campo y cuatreros siempre ha habido en Andalucía; pero nunca, ni en la época del bandolerismo legendario, se ha considerado el robar como un timbre de orgullo."
Un periodista independiente

En cuanto al escritor es prueba de su inquebrantable independencia y soberanía intelectual que por las famosas dos Españas de las que hablaba Machado fuese cuestionado y expulsado. Decir la verdad siempre es lo que tiene y ser partidario de un movimiento no equivale a ser feligrés cual si de una religión o de una iglesia se tratase. Así el sevillano Manuel Chaves Nogales que saludó con entusiasmo la llegada de la República en 1931 no por eso cerraría los ojos a los excesos y abusos que observaba se estaban produciendo. De igual manera procedió cuando estallada la Guerra Civil denunció con fuerza las masacres franquistas realizadas en las localidades en las que los golpistas entraban a sangre y fuego, precisamente tal cual reza el título de su colección de relatos cortos sobre la guerra civil española, cuya lectura recomiendo a cualquiera.

9 abr 2019

"Sabotaje" (Falcó 3). Arturo Pérez Reverte

13 comentarios:
“—Es una guerra de clases... Si la ganamos, se fortalecerá la causa del pueblo en el mundo entero. Encajó Falcó aquel plural con una ácida mueca interior. Picasso no había pisado España en muchos años, ni mostraba intención de hacerlo. Era fácil, se dijo, hablar de ganar guerras del pueblo desde un estudio a orillas del Sena” (‘Sabotaje’, pág. 178)

Serie Falcó, literatura de la guerra civil, "Sabotaje"
Varias semanas, si no meses, llevaba "Sabotaje" esperando que yo lo leyese. Pero unas veces por H y otras por B el caso es que no me ponía con esta tercera aventura de Lorenzo Falcó. Bueno, pues por fin le llegó el turno. Como me sucedió con "Falcó" y con "Eva" la lectura ha sido rápida, veloz, muy grata. Diríase que últimamente la literatura producida por cartageneros me tiene abducido -ja, ja...-. Digo tal cosa porque mi lectura anterior fue de otra cartagenera ilustre, Carmen Conde [leer reseña aquí], natural también de esa ciudad murciana y asimismo académica de la española como Arturo Pérez Reverte el autor de esta, por ahora, última entrega de la Serie Falcó.

En esta ocasión Lorenzo Falcó ha de viajar a París para una arriesgada operación: neutralizar a Leo Bayard, un rico aviador norteamericano que ayudó a la República con una escuadrilla de aviones comprados por él mismo meses atrás; las tripulaciones de los aparatos las conformó también él mismo con voluntarios internacionales. La expresión 'neutralizar' abarca un amplio campo significativo que va de la simple maledicencia a la desaparición física. ¿Qué sucederá en la novela? En segundo lugar deberá impedir que Picasso cree el cuadro que el gobierno republicano le ha encargado y para el que le ha pagado una buena cantidad de dinero. Ese cuadro tiene por objeto denunciar ante el resto de la naciones el salvaje bombardeo que los alemanes colaboradores con Franco han hecho de la población de Guernica con el resultado de 900 civiles muertos.

Al principio del relato encontramos al agente del bando nacional en plena acción en el casino de Biarritz donde, bajo la apariencia de un español amigo del juego, él y la agente Malena vigilan al matrimonio Sologastúa, vascos adinerados de Neguri que financian y arman a los gudaris vascos afectos a la República. La misión es secuestrar al industrial vasco y llevarlo a San Sebastián ciudad recién caída en poder de los nacionales. Para efectuar el secuestro Falcó utiliza su sangre fría y con método expeditivo elimina a los guardaespaldas que protegían -mal, es evidente, a la vista de lo sucedido- a Tasio Sologastúa y a su esposa, Edurne Lambarri de Sologastúa

Esta  manera de comenzar una nueva entrega es ya un clásico en la narrativa detectivesca o de agentes secretos tanto en su versión escrita como en las cinematográficas. Tras la aventura recién finalizada el agente ha de recalar en su base de operaciones donde dará el informe de la misión realizada y recibirá el encargo de la nueva que ocupará el resto de la novela que tenemos en nuestras manos: sabotear la obra pictórica de Picasso encargada por el gobierno de Valencia para la Exposición Internacional de París de 1937 y anular la actividad del activo norteamericano Leo Bayard.

No debo contar más para no perturbar el disfrute de la la lectura. Sólo diré que en esta ocasión Lorenzo Falcó sigue fiel a sí mismo: agente al servicio de quien mejor pague -ahora mismo los Nacionales; antes los Republicanos- y en asuntos de faldas siempre deseoso de satisfacer y satisfacerse.  En "Eva" vimos a Falcó literalmente colgado, quizás podríamos decir que hasta enamorado de Eva Neretva - Eva Rangel - Luisa Gómez ("Pensaba Falcó en Eva Neretva, alias Luisa Gómez, alias Eva Rengel, alias Dios o el diablo sabrían qué. En aquel tiempo, se dijo, a diferencia de otros aún recientes, sobrevivían las hembras más duras, inteligentes y tenaces", pág. 104). Eva es la única mujer con la que Falcó ha experimentado algo parecido a un enamoramiento. No la ha podido olvidar y el futuro de personaje al final de la segunda entrega no quedó muy claro. En esta tercera de la serie creía yo que por fin el asunto Eva quedaría completamente liquidado, pero acabada la lectura no puedo afirmarlo ni tampoco negarlo. Creo que Pérez Reverte disfruta con lo que en el relato se denomina "estilo soviético":
[habla el Almirante] "-Estilo soviético, ya sabes. Dejar la cosa ambigua, insinuando una fuga, un retiro dorado. Es marca de la casa. Acaban de hacerlo en Barcelona con un trotskista que dicen se ha pasado a nuestro bando, Andrés Nin, y que a estas horas estará más muerto que mi abuela..." (pág. 321)
 En su relación con las mujeres me ha parecido ver a un Falcó más libre, más divertido, menos comprometido. La nómina femenina en la narración es amplia: la rica norteamericana Nelly Mindelheim; la amiga de ésta, Maggie; Eddie Mayo, la fotógrafa inglesa amante de Leo Bayard; María Onitsha, la cantante de color que Falcó conocía desde sus tiempos en Berlín; Malena, la agente del principio... Si en "Eva" el erotismo ya era mayor que en "Falcó", tengo  la asensación de que "Sabotaje" crece también en este aspecto. Hay sexo más explícito que en las dos anteriores aunque el escritor sabe no traspasar las líneas rojas que separan con precisión el erotismo de lo que deja de serlo por caer en la procacidad y el mal gusto. Sigue Pérez Reverte en esta entrrega disfrutando con la estética pulp o hard boiled tan popular en la época en la que se sitúa el relato.
[puro hard boiled] "De pronto se sintió en plena forma: contento de estar vivo y de que nadie lo hubiera quitado de enmedio todavía. Con muchos kilómetros de tren por delante. Aún de rodillas sobre la alfombra junto a la litera, se despojó despacio de la ropa y luego, con toda calma, tenso y dispuesto al combate, se deslizó junto al cuerpo cálido de Nelly, rozándolo con una una prolongada caricia pero encaminándose hacia la amiga, que retrocedió un poco para recostarse en el mamparo, mecida por el traqueteo del tren y el sonido rítmico de los bogies mientras le ofrecía. oscuros, entreabiertos y desamparados entre las medias negras, sus secretos insondables." (pág. 68)
"Falcó", "Eva", "Sabotaje", Arturo Pérez Reverte, agentes secretos en la España de Franco
Prosiguen en este relato todas aquellas características del thriller y de la novela negra clásica que ya señalé en los análisis de "Eva" y "Falcó".[leer reseñas de una y otra novelas aquí y aquí] Por ello no voy a repetirlas ahora. Me parece más interesante señalar aquellos aspectos desconocidos por mí que la novela me ha mostrado. Señalaré algunos:
  • Detalles de la Guerra Civil sobre los que poco o nada se dice: Desconocía por completo que
"El SNIO estaba al corriente de que el 4 de enero, después de un bombardeo nacional sobre Bilbao, al gobierno autónomo vasco se le había escapado la situación de las manos. Milicias de la UGT y la CNT, enviadas a las cárceles para proteger a los prisioneros, se habían dedicado a fusilarlos en masa ante la pasividad de gudaris y ertzainas: doscientos presos asesinados a sólo diez minutos de la sede del gobierno." (pág. 23)
  • Tampoco había llegado a mis oídos noticia alguna de lo que fuera la Cagoule. Me he topado con esta organización fascista francesa cuando Falcó dialoga con el personaje de Verdier perteneciente a la misma. Y así con más cosas.
Siendo interesantes estos detalles bélico-políticos a mí personalmente me han  interesado mucho más las alusiones, referencias o citas literarias que por toda la novela esparce el autor. Las hay de autores bien conocidos por mí como cuando Leo Bayard dice tener al día siguiente una reunión con Gide y Mauriac, o cuando el mismo Bayard hablando con Falcó sobre la Guerra de España le dice: "«Es asombroso que los seres humanos, que viven tan poco tiempo, se esfuercen en causarse mutuamente tantos dolores»... Lo escribió Somerset Maugham" (pág. 96). Me ha llamado mucho la atención la opinión que sobre el poeta Rafael Alberti deja caer Sánchez, un agente radicado en París al servicio del gobierno de Franco que facilita la comunicación de Falcó con sus jefes. Es una opinión drástica que ya he leído en muchos otros lugares y que yo comparto con salvedades importantes (me refiero a dos o tres de sus primeros libros publicados: "Sobre los ángeles", "Marinero en tierra" y quizás "El alba del alhelí", poemarios todos ellos aparecidos en la década de los 20 antes de su radical posicionamiento y activismo político):
"—Por no hablar de ese Alberti —añadió, ácido—. Un mal poeta comunista que se pasea por Valencia pistolón al cinto, del brazo de su mujer, denunciando a gente honrada y pavoneándose en los cafés sin haber visto el frente más que de visita, para arengar a los camaradas proletarios... Si mi pluma valiera tu pistola, ha escrito el muy sinvergüenza." (pág. 277)
Foto tomada de http://elpais.com (4/5/2013)
Otro escritor muy conocido, valorado y apreciado por mí [leer reseña en mi blog sobre "A sangre y fuego"] es Manuel Chaves Nogales, hoy tan citado por un sector de nuestros políticos, de quien se toma una novela como base para codificar y descodificar las comunicaciones que se transmiten en clave Falcó y sus jefes en Salamanca:
"—¿Qué clave usaré?
—La Soria 8, que es nueva y aún no la manejan los rojos. El libro código es 'La bolchevique enamorada', de Chaves Nogales... Es una novelita corta del año treinta" (pág. 52)
Pero también ha habido autores desconocidos para mí cuyo nombre he aprendido. Concretamente dos han llamado mi atención: Joaquín Belda, novelista también de Cartagena, muy popular en ese momento ("más sobada que una novela de Joaquín Belda", dice el personaje de Sánchez hablando con sarcasmo de una agente secreta italiana capturada meses antes); y Guido de Verona, novelista italiano, al que alude el Jabalí, jefe de los Servicios Secretos de la zona nacional de quien orgánicamente depende Falcó, viendo la tranquilidad que se respiraba en la playa de la Concha en la que "había niños que jugaban en la playa, familias y ociosos paseando como si la guerra no existiera" (pág. 27)
"—Mecanógrafas que leen a Guido da Verona y dependientes de comercio que escriben cartas de amor a Claudette Colbert... -emitió una risita agria, entre dientes-. Creen que la vida es divertida, los muy estúpidos. Ignoran que sólo es divertida para desaprensivos como tú" (pág. 27)
Igual que con la literatura sucede con el cine al que el novelista alude con frecuencia citando nombres de artistas populares como se ve en la cita anterior cuando nombra a Claudette Colbert y también títulos de películas que por entonces arrasaban en taquilla como "Tres lanceros bengalíes". Hay que tener en cuenta que en el momento en que se sitúa la novela el Cine era sin duda alguna la diversión más popular.

Si hay algo que Pérez Reverte emplea magníficamente para situar la historia debidamente en el tiempo, ello es la música. Son varios los títulos de temas y los nombres de artistas que se citan creando de esta manera el pretendido canalla aspecto de los clubes de alterne parisinos de los años 30, concretamente de 1937, en que se desarrolla la acción:


Por último no quisiera cerrar este post sin incluir una muestra de las descripciones que hace el autor en "Sabotaje" y en general en todas las novelas de la Serie Falcó. Creo que es en las descripciones donde un escritor de narrativa se la juega. Cuando las descripciones fluyen, se leen con sumo gusto, y crean debidamente la atmósfera en que se produce la acción la novela conquista al lector, lo atrapa, lo hace suyo. Es lo que logra Arturo Pérez Reverte y hace que sea un novelista popular hacedor de libros best sellers de calidad contrastada. Sirvan estas dos descripciones de ambiente nocturno, -uno canallesco y el otro refinado y de alta sociedad-, de ejemplo de lo que digo:
  1. "Asintió Falcó, nostálgico, recordando el club de Acajou en la Jägerstrasse: las lesbianas que bailaban emparejadas, los travestis a los que había que separar para que no se arrancaran el pelo cuando discutían, los reservados con infiernillos para hervir jeringuillas y coquetas cajitas de preservativos. Y en torno a la pista y el escenario donde bailaban coristas semidesnudas, entre la música y los taponazos de champaña, trajes de etiqueta, seda, perlas, cigarrillos egipcios y abrigos de visón que al entreabrirse mostraban medias y ligas negras en cuerpos de mujeres que —al menos en el caso de Falcó, o de Juan Ortiz— nunca decían que no." (pág. 144)
  2. "Música, humo de tabaco, conversaciones. Mucho atuendo informal mezclado con corbatas y chaquetas oscuras con hombreras americanas. Traficantes de cocaína, blanqueadores de cheques, diputados gubernamentales que olían el vino antes de probarlo arrugando la nariz como si hubieran nacido en un château, compartían ambiente con individuos vestidos de etiqueta que hablaban de jazz, automóviles rápidos y fluctuaciones de moneda, y con mujeres que habían dejado su armiño en el guardarropa" (pág. 204)




14 ago 2013

Manuel Chaves Nogales: "A sangre y fuego"

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El periodista sevillano Manuel Chaves Nogales presenta en los nueve relatos que forman este volumen el ninguneo al que de siempre se ha sometido a la Tercera España que, atónita, observaba, observa y,-¡quiera Dios que no!-, observará cómo las otras dos ( vid. Antonio Machado: Españolito que vienes al mundo te guarde Dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón) se las ingenian para pasar de ella y, sin embargo, vivir de ella  y justificar su existencia por ella.
Como quiera que la independencia de criterio nunca es del todo bien acogida en nuestro país, es evidente que el periodista-escritor molestó tanto a los dos sectores en liza que ninguno lo adoptó como propio y por ello sufrió temprano exilio (en 1936 se instalará en París) y también  madrugadora muerte (morirá en mayo de 1944, víctima de una septicemia ocasionada por una peritonitis).
 Las nueve narraciones transcurren en plena Guerra Civil, año de 1936. De la lectura de ellas se desprende una valiente denuncia de la barbarie que suponía la guerra española (¡y apenas acababa de comenzar!). Chaves Nogales no se inclina por ninguno de los bandos en conflicto. A pesar de ser republicano confeso como Ortega y Gasset, Lorca o Sender, tras no justificar el golpe franquista, arremete contra el desorden con que la República se enfrentó a los militares sublevados. Sirva de ejemplo el siguiente texto extraído del cuento titulado 'Los guerreros marroquíes' en el que ante la captura de un moro enemigo se entabla la siguiente discusión dentro del comité revolucionario local sobre qué hacer con el prisionero. No tiene desperdicio:
En el seno del comité se entabló entonces un largo debate sobre lo que debía hacerse en aquel caso insólito. Los delegados republicanos eran partidarios de que el prisionero fuera conducido hasta Madrid y entregado al gobierno; los anarquistas creían que lo lógico era dejarlo en completa libertad, para que se redimiera de su pasada servidumbre y se convirtiese en un libre y digno ciudadano de la libre Iberia; los comunistas estimaban que lo más razonable era curarle primero y luego inscribirle en las milicias y mandarle al campo para que luchase contra los rebeldes, debidamente vigilado, claro es. Y, finalmente, la voz del pueblo, expresada a gritos por el vecindario y los milicianos y responsables que se aglomeraban en la plaza, pedía unánimemente que se le entregase al prisionero para darse la satisfacción de matarlo. Era lo menos que se podía pedir.
Ejemplos similares aparecen situados en el campo de los fascistas. Véase si no la siguiente "gracia" realizada por los "novios de la muerte" en Valladolid y que aparece en el cuento '¡Viva la muerte!':
"[...] los legionarios entre otras pueriles demostraciones, habían sustituido el asta de su bandera por una hecha con tibias de seres humanos engarzadas y aquel airón macabro escalofriaba a los tenderos, los oficinistas, las muchachitas y los niños"
O también cuando en el cuento 'La tropa de los caballistas' se cuenta la manera de actuar que tenían las tropas franquistas cuando entraban en una localidad recién tomada:
"Las tropas victoriosas entraban razziando por las calles del pueblo. [...] La lucha había sido dura y el castigo tenía que ser ejemplar. Las patrullas de falangistas entraban en las casas y se llevaban a los hombres que encontraban en ellas. A los que se cogía con las armas en la mano se les fusilaba en el acto. Un sargento moro de estatura gigantesca que iba abrazado a un fusil ametrallador, a una simple señal de sus jefes regaba de plomo a los prisioneros que le llevaban, pespunteándolos de arriba abajo con el simple ademán de abatir el cañón del arma"
Chaves Nogales en Madrid en 1936
 En definitiva, al leer ahora estos relatos de Chaves Nogales "comprendemos" (?) por qué a este precursor de la corriente narrativa del Nuevo-Periodismo se le arrojó por unos y  otros al hueco del olvido. La verdad es siempre el primer damnificado de las guerras. Lástima que la memoria sea tan lábil.

NOTA: "A sangre y fuego" apareció publicado por vez primera en 1937 en Chile. No se volverá a hablar de él hasta que en 1994 Andrés Trapiello en su obra "Las armas y las letras" aluda elogiosamente al periodista Chaves Nogales; pero no será hasta 2011 que alguien -la editorial Libros del Asteroide- se decida a su publicación.