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7 dic 2024

"Laberintos de la noche" (Detective William Monk 21) de Anne Perry

18 comentarios:
Cuando en el mes de julio de 2017 reseñé Los crímenes de Cater Street, su autora, Anne Perry, a sus 79 años gozaba de una salud excelente. Cuando ahora, finalizando ya 2024, vuelvo a reencontrarme con ella leo que Juliet Hulme, verdadero nombre de la escritora, falleció en abril de 2023 en Los Ángeles (USA) a los 84 años de edad. Vuelvo a recordar por ello la azarosa vida de esta londinense nacida en 1938 que pasó cinco años en la cárcel por haber cometido a los quince junto a su amiga Pauline Parker el asesinato de la madre de esta última. Fue al salir de la cárcel en 1959 que cambió de nombre y, tras una serie de distintos trabajos entre los que destaca el de azafata de vuelo, literariamente se dio a conocer en 1979 con la novela que hace siete años leí con agrado. 

Como habrá comprobado quien se haya detenido a leer la reseña que hice de Los crímenes de Cater Street esa novela inaugura la serie de 30 entregas protagonizadas por el inspector Pitt. La otra serie importante dentro de los más de 70 títulos que la escritora produjo en vida es la de detective amnésico William Monk a la que se adscribe la novela que acabo de leer. Dentro de las pertenecientes al universo Monk, Laberintos de la noche ocupa el lugar 21 de las 23 que forman dicha serie novelesca. 

Una de las cosas que menos me agrada de las narraciones que forman parte de una serie de títulos es la conveniencia, si no la necesidad, de leer las distintas entregas siguiendo el orden de aparición. Es cierto que los autores, sabedores de los cientos de lectores que no van a hacerlo así, introducen en unos y otros títulos referencias y/o pertinentes aclaraciones a sucesos o personajes que tuvieron importancia en publicaciones anteriores a fin de evitar que el lector poco fiel se pierda o se confunda. Es lo que en algún momento me ha ocurrido a mí cuando leyendo este relato he topado con personajes ahora en otro estadio de su vida a los que Monk o alguien de su entorno se refiere con inquina, afecto o lo que sea. Afortunadamente, como digo, Anne Perry antes o después aporta una información pertinente para situar debidamente a cada cual en su lugar. 

 Centrándome ya en Laberintos de la noche diré que en esta ocasión el inspector William Monk, estando presente, ocupa un lugar secundario, dado que es su esposa, la enfermera Hester Monk, quien soporta el peso principal de la trama. La vemos de enfermera sustituta en un hospital al este de Greenwich («Hester trabajaba de enfermera en el hospital, todavía a la espera de que Jenny Solway se reincorporase»). El director del mismo, el doctor Magnus Rand le pide que se ocupe de un paciente especial muy adinerado, Bryson Radnor, enfermo de leucemia. Ella ve que algo extraño sucede en ese hospital al descubrir lo que les sucede a unos niños que hay en él. Por culpa de su interés por esas criaturas verá comprometida su libertad e incluso su vida. 

La novela está claramente organizada en dos partes. En la primera se produce el acto delictivo y en la segunda los abogados Ardal Juster y sir Oliver Rathbone pugnan en los tribunales por hacer que Hamilton Rand, un químico investigador hematólogo, sea castigado por realizar sus experimentos sin consentimiento de los donantes. En la novela todos los personajes valoran la importancia de sus investigaciones sobre la sangre, pero se deplora la comisión de delitos por muy loable que sea la finalidad de las mismas.   

Cruz Roja, Convención de Ginebra
https://es.wikipedia.org/wiki/
Archivo:Florence_Nightingale_
(H_Hering_NPG_x82368).jpg
Al igual que en la serie Charlotte y Thomas Pitt, de la que como he dicho leí hará cosa de siete años el primero de la misma, la acción se sitúa en la Inglaterra victoriana del siglo XIX. Concretamente en Laberintos de la noche se cita con reiteración la guerra de Crimea en la que Hester Monk ha participado como enfermera de guerra. Sus conocimientos sobre pérdidas de sangre, amputación de miembros y trato con seres moribundos son los que la hacen competente a ojos de los hermanos Rand para participar en sus trabajos médicos. Enfermería, sangre y siglo XIX sirven para ensalzar la figura de la real enfermera británica Florence Nightingale a la que Anne Perry homenajea en esta novela al hacer que la protagonista Hester Monk coincida con ella en la guerra de Crimea. Florence Nightingale es considerada la precursora de la enfermería profesional; asimismo sus trabajos en la asistencia a heridos durante la guerra e Crimea sirvieron de inspiración  a Henri Dunant en la fundación de la Cruz Roja y en sus propuestas humanitarias adoptadas por la Convención de Ginebra.

Anne Perry en la primera parte de la narración muestra en contrapunto la actividad de cada uno de los miembros del matrimonio Monk: Hester, dedicada a la enfermería en el hospital de Magnus Rand; el comisario de la policía fluvial William Monk con sus trabajos policiales luchando concretamente contra el contrabando de armas. En un momento dado William y sus compañeros de comisaría (Hooper, Laker, Orme...) a los que se unirá Scuff, el hijo adoptivo de la pareja Monk, investigarán la desaparición de Hester Monk y los niños del hospital. Es aquí donde confluyen ambas líneas narrativas. Tras su resolución se inicia el juicio contra el antagonista, el químico Hamilton Rand

En esta parte, diríamos, judicial, la novela me ha hecho recordar los relatos de John Grisham que con tanto agrado he leído siempre (algunos títulos suyos reseñados por mí en este blog son: Un abogado rebelde, El estafador, El soborno, Los guardianes...). Sin llegar a la profundidad jurídica de los del novelista norteamericano, en la preparación del juicio por Ardal Juster nos enteramos de pormenores en la vida de sir Oliver Rathbone al que vemos ahora apartado del foro por culpa de insidias anteriores protagonizadas, seguramente en entregas anteriores de la serie, por el juez Ingram York, en esta novela ingresado ahora en una clínica para perturbados mentales. Rathbone se siente atraído por Beata York, esposa de Ingram. Como se ve, sería necesario haber pasado por momentos novelescos anteriores para tener toda la información, aunque la que aquí se da es suficiente, aunque sea escasa
«Ingram York solo era importante porque existía, y mientras estuviera vivo, Rathbone no podría pedir a Beata que se casara con él. Tenía muy claro que lo haría en cuanto ella fuese libre. Tal vez era mejor que no fuese tan pronto... y, sin embargo, ¡cuánto lo ansiaba!»
Una novela detectivesca como ésta no consiente dar mayores explicaciones. Baste pues con lo dicho hasta aquí. 

Novela detectivesca inglesa, Mujeres escritoras de novela negra
Para cerrar, sólo añadiré que Anne Perry presenta en Laberintos de la noche a mujeres valerosas que luchan por un puesto en la sociedad victoriana con decisión. Frente al arrojo de Hester Monk, Florence Nightingale y otras, la autora denuncia el apartamiento que el género femenino sufría en la clasista Inglaterra de la segunda mitad del siglo XIX
  • «Cómo voy a demostrar que me quedé porque no podía dejar a los niños solos allí? ¿Quizás algún miembro del jurado lo habría hecho? ¡Todos serán hombres! Los jurados siempre eran hombres.»
  • «Las mujeres no cumplían los requisitos legales y no se consideraban aptas intelectual o emocionalmente para aquella tarea.»
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Con Laberintos de la noche de Anne Perry cumplimento la letra P del reto Autores de la A a la Z  

31 ago 2021

George Eliot- "El molino del Floss"

17 comentarios:

«[Maggie Tulliver] podía inventar mundos soñados, aunque ahora ninguno le resultaba satisfactorio. Quería alguna explicación sobre la dura vida real: sobre su taciturno padre, sentado a la triste mesa del desayuno; su madre infantil y desconcertada; las pequeñas tareas sórdidas que llenaban las horas, o el opresivo vacío de un ocio tedioso y sombrío» (Cap. II del Libro Cuarto del Volumen II)

Mary Ann Evans, El molino del Floss, George Eliot
No había leído nada de George Eliot hasta el momento. Sabía, eso sí, que bajo este nombre masculino se escondía una mujer. En la británica sociedad victoriana en la que nació y vivió Mary Ann Evans (1819-1880), auténtico nombre de la escritora, no estaba bien visto que una mujer fuese independiente y viviese de su propio esfuerzo laboral.

La escritora
Mary Ann nació en 1819 en una granja en Nuneaton, Warwickshire, Inglaterra, donde su padre era administrador de fincas. Fue la hija menor y una de las favoritas de su padre, y recibió una buena educación para una mujer joven de su época. Durante su adolescencia se convirtió en una cristiana evangélica muy practicante. Pero según fueron pasando los años y fue realizando decisiones personales muy criticadas por el entorno social y religioso (la principal sin duda fue la "unión" libre con George Henry Lewes, editor de The Leader, quien no pudo divorciarse de su primera esposa. Ambos amantes vivieron armoniosamente juntos durante los siguientes 24 años), el ostracismo social y las dificultades económicas que esta decisión personal les causó propició que ella decidiese ocultarse bajo el seudónimo de George Eliot y publicar obras literarias que de otro modo jamás habrían sido aceptadas por el público británico del momento.

Además de la novela que aquí reseño aparecida en 1860, Eliot publicó otras obras de ficción como "Adam Bede" (1859), "Silas Marner" (1861), "Romola" (1863) y "Middlemarch" (1872). Quizás sea esta última la mejor de todas ellas, aunque al no haberla leído nada puedo añadir de mi propia cosecha, tan sólo hacerme eco de lo dicho por autores tan respetados como Virginia Wolfuna de las pocas novelas escritas para adultos», dijo de ella), Martin Amis y Julian Barnes que describieron esta novela como la mejor escrita en lengua inglesa. Habrá que leerla, es evidente.

Mary Ann Evans realizó traducciones, la principal la que hizo del ensayo de Feuebarch "La esencia del cristianismo". La traducción de esta obra unida a la lectura que realizó en plena adolescencia de "Una investigación sobre los orígenes del cristianismo" de Charles Hennell sirven para comprender su abandono de la fe y la adopción de un agnosticismo respetuoso con las creencias ajenas. 

También la escritora inglesa cultivó la poesía en la que tocó temas importantes para ella, en especial el de la fe y la independencia femenina, asuntos que en muchas de sus obras narrativas quedan diluidos dentro de esa sociedad tradicional que suele mostrar. En español no hace muchos años la editorial Torremozas publicó una antología de su obra poética titulada "La oscuridad radiante".



"El molino del Floss"
Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
Inspirada en gran parte en los recuerdos de la infancia de la autora, El molino del Floss gira en torno al desigual destino de Tom y Maggie Tulliver, los hijos del molinero. A pesar de la inteligencia natural de Maggie, es Tom, por ser varón, quien recibe la educación y en quien el padre de ambos confía para hacer frente al futuro del molino. Cuando los niños se acercan a la juventud la desgracia económica cae sobre los Tulliver, y los hermanos se ven obligados a enfrentarse a las dificultades. Maggie, alter ego de Eliot, es uno de los personajes más fascinantes de toda su producción, una mujer sensible y apasionada encerrada en un ambiente vulgar, monótono y, con frecuencia, ruin.. A pesar del patetismo progresivo de la novela, un fino humor, altamente crítico, está siempre presente. Considerada, después de Middlemarch (1871-1872), la mejor obra de Eliot, El molino del Floss refleja al igual que ésta, a través de los conflictos morales de sus personajes, la preocupación metafísica de la autora.

Mi comentario
La verdad es que si no hubiera sido por la reseña laudatoria realizada por Marta Navarro en su magnífico blog "Cuentos vagabundos" y el Reto 'Serendipia Recomienda 2021' creo que las aguas del río Floss seguirían moviendo la rueda del molino del señor Tulliver sin que yo me hubiese acercado a conocer las vicisitudes de su familia. Pero ver que una buena degustadora de literatura seleccionaba de entre todas sus lecturas del año 2020 ésta y otras dos más para el Reto Serendipia que consiste en recomendar libros que han gustado a quien lo hace por algo especial me animó a llenar esta laguna imperdonable en mi formación literaria. A esto se añadió el verano, época propicia para lecturas extensas, algo que ésta efectivamente lo es, casi 600 páginas.

La novela se estructura en tres grandes apartados (volúmenes) en los que se desarrolla la peripecia de la familia Tulliver. En el volumen I nos enteramos de cómo están las cosas en el mundo que rodea a la niña Maggie Tulliver: la economía familiar, el afecto que siente por su hermano Tom, el distinto nivel económico de su familia materna -los Dodson- y paterna, mucho más humilde. En el II asistimos a la ruina de la familia Tulliver al haber devuelto el padre por puro sentimiento de orgullo un préstamo a los Gleggs, familia de su mujer Bessy. Esto provocó que el molinero tuviese que pedir un préstamo con garantía hipotecaria del molino al señor Waken; en un momento dado al no poder realizar los pagos debidos el señor Tulliver, Waken lo ejecutará dejando a la familia de Tom y Maggie en la ruina. Por último y como no podía ser de otro modo, en el volumen III, los esfuerzos realizados por Tom harán que las aguas vuelvan a su cauce y que los Tulliver recupere el nivel que les corresponde, aunque para ello hayan tenido que aprender en carne propia la lección de que el orgullo nunca es bueno.

En el marco de esta anécdota presentada de manera lineal el narrador omnisciente que cuenta la historia, un narrador que claramente es la propia escritora, quien pese a ocultarse bajo un nombre masculino no puede evitar que se la reconozca cuando al inicio del volumen III en un momento en el que emite juicios y reflexiones a partir de lo que realizan los personajes se le cuela (?) un indefinido generalizador "una" que en mi opinión revelaba -quizás intencionadamente por parte de la autora- que bajo el seudónimo masculino de George Eliot se escondía una mujer: [refiriéndose a Lucy, prima de Maggie, la autora reflexiona] «espero que no consideres, lector, indicio de que la vanidad se imponía sobre otros impulsos más tiernos el que echara algún vistazo al espejo de la chimenea cuando sus pasos la acercaban a éste. El deseo de saber que una no ha tenido aspecto de espantajo  durante las escasas horas de conversación puede considerarse parte de una atención laudable y generosa hacia los demás.»

Es evidente que tras la figura del narrador está la propia Mary Ann Evans que reflexiona y emite juicios sobre los comportamientos de sus personajes tal y como ella misma en la vida real podría hacerlo en animada conversación con sus vecinos o amigos. Son los lectores, o sea nosotros mismos, los receptores de sus razonamientos; así en un momento dado en que Riley, amigo y consejero del padre, censura que Maggie esté leyendo "La historia del Diablo" de Daniel Defoe por considerarlo inadecuado para una niña, la narradora-autora al quedar el asunto sin resolverse adecuadamente comunica que «la llegada de la cena aplazó oportunamente esta dificultad y alivió al señor Riley de la tarea de sugerir alguna solución o compromiso, misión que, sin duda, se habría encomendado porque, como habrás visto, lector, era un hombre muy atento y servicial». E igualmente al ir presentando la vida de los dos hermanos Tulliver ella misma hasta se hace cómplice del sentimiento del lector llegando incluso a disculparse con él como responsable diciéndole «Comparto contigo, lector, esa sensación de estrechez opresiva; pero es necesario que la sintamos si queremos entender cómo actuaba sobre la vida de Tom y Maggie» (cap. I, libro cuarto del volumen II).

George Eliot, Middlemarch, El molino del Floss
Y es que en esta novela la vida real de la autora está presente por doquier. El personaje de Maggie, la hija menor de los Tulliver, está claramente inspirado en ella misma que tal como se ve en la biografía de Mary Ann Evans era la hija predilecta de su padre, quien pese a ello se enfadaba con ella por considerar que ciertas inclinaciones suyas (afición a la lectura y al estudio, su deseo de independencia, y sobre todo su desapego religioso) no la favorecerían en su vida 
«Entiende como nadie todo lo que se dice. Y debería oír cómo lee: de un tirón, como si lo supiera todo de memoria. ¡y está siempre con un libro en la mano! Pero es malo, es malo —añadió el sr Tulliver, entristecido, conteniendo aquella animación culpable—: una mujer no debe ser tan lista, me temo que no le traerá más que problemas.» (cap. 3)

Los deseos de independencia de la escritora quedan plasmados en la ficción en el trabajo como institutriz que Maggie realiza en algunos momentos a fin de asegurar su libertad personal sin necesidad de sometimiento obligado a hombre alguno. La dependencia de la mujer respecto de los hombres se muestra en el relato en muchos momentos: Bessy, la madre de Maggie, no replica ante las decisiones algo ilógicas de su marido; Lucy, la prima y amiga íntima de Maggie, siempre quiere complacer a su enamorado Stephen y critica que ésta no sea complaciente con los piropos que él le dirige

«—Pero, querida Maggie —intervino Lucy—, siempre has dicho que te gusta en exceso la admiración de los demás, y ahora me parece que te enfadas porque alguien te muestra admiración.
—En absoluto —contestó Maggie—; me gusta muchísimo advertir la admiración ajena, pero las fórmulas de cumplido no me hacen sentir nada.
—Entonces, no volveré a dirigirle ninguno, señorita Tulliver —dijo Stephen.
—Gracias, eso será una muestra de respeto.
»

Comportamientos como el que revela este breve diálogo explican que George Eliot sea considerada una mujer precursora del feminismo. Actuaciones como la anterior, incluso hoy, resultan chocantes a muchos; imaginemos, pues, cómo serían recibidas por la puritana y conservadora sociedad victoriana cuando en 1860 la novela vio la luz. Naturalmente no es un feminismo radical de negación del otro sexo o de insurgencia constante. No, Maggie es una joven que sabe construir su independencia y evitar ser tratada como si fuera simplemente un objeto hermoso, pero al tiempo es una hija modelo que obedece en todo a sus padres sin cuestionarlos jamás, y que, incluso, a su hermano Tom cuando se convierte en el hombre de la familia respeta y cumple las promesas que le hace aun cuando le parezcan injustas y desproporcionadas. 

El biografismo contenido en "El molino del Floss" es explícito en el modo como presenta la vivencia de la religión por parte de Maggie. En un momento dado del relato Maggie, lectora voraz, lee con fruición un libro de Tomás de Kempis, seguramente la "Imitación de Cristo", aunque la autora no dé el título. Esta lectura hace que entre en una etapa de misticismo exacerbado en la que el sacrificio y la oración llenan su cabeza. Afortunadamente la explosión de la vida a su alrededor, su juventud y los apremios y atenciones amorosos que los jóvenes Waken y Stephen le prodigan harán que esta efervescencia religiosa baje de nivel y todo vuelva un poco a la normalidad, o sea, a ese agnosticismo que caracterizó la vida de la escritora.

Como cualquier joven de la época la protagonista Maggie está destinada al matrimonio. Su padre piensa que la belleza y las grandes virtudes que atesora la niña no se lo pondrán fácil: «es una pena que no sea más vulgar: la rechazarán. No encontrará a nadie digno de ella para casarse.». A este respecto encuentro una gran distancia entre los personajes femeninos presentes en las novelas de Jane Austen, escritora de la generación anterior, y esta Maggie que anuncia nuevos tiempos. Quizás la unión de ambos tiempos y novelísticas se toquen en el personaje de la prima Lucy quien como la Emma de Austen disfruta ejerciendo de casamentera coincidiendo incluso en los poco  acertados resultados. La distancia se marca evidentemente a través de los personajes de Maggie y también de Philip Waken, ambos jóvenes instruidos y sensibles ante la belleza artística y la propia naturaleza. La relación de amor y amistad que mantienen estos dos seres tan distintos en el físico -ella, una belleza, y él, un tullido- es deudora de la filosofía platónica que está en el cuento de hadas "La bella y la bestia", publicado por vez primera en Francia en 1740 y anunciadora de otra obra magnífica que toca el mismo asunto, "Cyrano de Bergerac" de Edmond de Rostand publicada también en Francia e 1897. 

George Eliot compone una novela con personajes muy bien diseñados. Si nos fijamos especialmente en el de Maggie, por eso de ser el otro yo de la propia escritora, veremos que al tiempo que profesa un amor platónico, idealizado, hacia el petudo pero muy hermoso por dentro Philip Waken, lucha internamente para contener la irrefrenable atracción física que la arrastra sin contemplaciones ni freno racional alguno hacia Stephen, el prometido de su muy buena amiga además de prima, Lucy

La diferencia entre épocas es algo que constantemente se recalca en la novela, señalando la anterior como anticuada en todos los aspectos, especialmente el económico «Estas ideas estrictas sobre las deudas que defendían los anticuados Tulliver tal vez hagan sonreír a muchos lectores de estos tiempos de filosofía más relajada y criterios comerciales menos estrictos, según los cuales todo es equilibrar sin que tengamos que intervenir.», liberalismo puro y duro que en esos momentos está haciendo estragos y creando unas capas burguesas adineradas. Algunos de los miembros de esta nueva clase media proceden muchas veces de estratos sociales bajos pero muy perspicaces para los negocios como es el caso de Bob, el amigo pobre de Tom que sabe ver dónde hay negocio y dónde no. Precisamente la sabiduría práctica de Bob contrasta con la ya algo anticuada de los maridos de las hermanas Dodson, todos ellos (Glegg, Deane y Pullet) con métodos mercantiles muy de otros tiempos. 

En cuanto a las señoras, médicos y la sociedad en general abundan en "El molino del Floss" referencias muy claras respecto a la distancia existente entre ambos períodos: 

 «en aquella época, la ignorancia era mucho más cómoda que ahora, y se acogía con todos los honores en la mejor sociedad sin que fuera necesario disfrazarla con complicados trajes de conocimientos; una época en la que los periódicos baratos no existían y a los médicos rurales y se les ocurría a preguntar a sus pacientes femeninas si les gustaba leer, sino que daban por hecho que preferían chismorrear: unos tiempos en que las damas con ricos trajes de seda llevaban grandes bolsos en los que guardaban un hueso de oveja para protegerse de los calambres.»

Pero si de separaciones hablamos -y aquí la coincidencia con la época y las novelas de Jane Austen es evidente- el mundo de los de arriba (los ricos) y los de abajo (los sirvientes) son distantes con la peculiaridad de que quienes los integran se hayan satisfechos en ellos sin desear mudar de campo ni envidiar a los otros. Parecería que George Eliot, igual que Jane Austen en sus novelas, considera que a este respecto el mundo está bien hecho y que para nada habría que cambiarlo. Así en un momento dado leemos respecto a  Luke, trabajador del molino, lo siguiente: 

«El bueno del Luke sentía, como sienten los hombres satisfechos de haber dedicado toda su vida a servir, que el sistema de clases era adecuado y natural, de modo que la ruina de su amo constituía una tragedia también para él

Estos dos niveles sociales y la constante llegada al estrato económico superior de personas procedentes de estratos más bajos como es el caso de las cuatro familias protagonistas -las creadas por las hermanas Dodson- se marca en el relato mediante una mala utilización de la lengua patente en los frecuentes apócopes y aglutinación de palabras distintas en una sola, provocando auténticos barbarismos y/o vulgarismos lingüísticos:"l'oí", "m'echaría", "d'arbolitos","verdá"...; : «no pienso dar más muselina India a Maggie ni cosas d'esas si se l'ocurre ponerse a servir otra vez, cuando bien podría quedarse conmigo, hacerme compañía y coser para mí, si es que no hace falta en casa de su hermano», escuchamos decir a la señora Pullet, tía de Maggie, cuando conoce la decisión de ésta de marchar a trabajar como institutriz.

Frente a este deficiente nivel cultural de la clase baja y de la nueva clase media burguesa está la alta clase aristócrata representada por los Waken quienes a su riqueza unen loables comportamientos no exentos de exigencia y conocimientos y gustos artísticos elevados. En el libro II del Volumen II Tom Tulliver que ha sido enviado por su padre para estudiar con el clérigo Stelling que es un inepto preparando para la vida práctica y sólo sabe hacerle hacer traducciones del latín para las que Tom es muy lerdo, contrasta con Philip Waken, el contrahecho hijo de los ricos Waken, a quien le encanta el latín, la música y el dibujo, todo lo contrario que a Tom además de ser, en equivocada opinión del Sr. Tulliver, hijo de hombre poco honrado. Tom debería odiarlo pero le atrae su cultura presente en las historias que cuenta.

Y es que si hay algo que llama mucho la atención en esta buena y clásica novela es la literatura que toda ella rezuma. Aparecen muchos títulos de obras, se nombra a autores hoy sólo conocidos por los estudiosos de esa época, y al tiempo se utilizan citas de autores consagrados como argumentos de autoridad para sustentar opiniones por parte de la novelista. Así en el cap. III del Volumen III George Eliot para justificar ante el lector las actitudes de la protagonista dice eso que ya dijera Montesquieu ('las naciones felices tienen su libro de Historia en blanco') o que el mismo Lev Tolstói afirma al inicio de Ana Karenina ('todas las familias felices se parecen, pero entre las desgraciadas cada una lo es a su manera'): «si Maggie hubiera sido esa joven dama, probablemente poco habría sabido de ella el lector; su vida habría tenido tan pocas vicisitudes que difícilmente podría haberse escrito sobre ella; porque las mujeres más felices, como las más felices naciones, carecen de historia.»

En el capítulo de las referencias literarias a autores conocidos, la autora muchas veces recurre a Shakespeare para apoyar sus ideas (con frecuencia nombra a Hamlet por su carácter especulativo) y directamente a Novalis para explicar el comportamiento de algún personaje en esa afirmación del escritor y filósofo: 'el carácter es el destino'

También en ocasiones vemos cómo los personajes por su parte suelen referirse a personajes de obras del momento o del periodo romántico o levemente anterior. Así, por ejemplo, Stephen, prometido de Lucy y que se está sintiendo atraído por Maggie, ante la tozudez de ésta ante ciertas cosas «podía aconsejarle que siguiera el ejemplo de aquella heroína tan encantadora, la señorita Sophia Western, que sentía un gran 'respeto por el juicio de los hombres'» en alusión al personaje de la obra de Fielding "Tom Jones". En el cap. IV del volumen II, transcurrido un año durante el que Maggie y Philips se han visto numerosas veces, vuelven a verse en las Fosas Rojas y allí, de la mano, van a decirse que abandonarán su flirt, algo que les es muy costoso; en el tiempo que dura su encuentro hablan de ellos mismos a través de personajes literarios: la 'Corinne' de Mme de Stäel, las 'Rebecca, Flora Mc-Ivor y Minna' de las novelas "Ivanhoe", "Waverley" y "El pirata" de Walter Scott, etc. 
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Nota:
Esta novela que he leído con mucho agrado me sirve para avanzar en el Reto "Serendipia Recomienda 2021", como ya he dicho, y también para incluir un título clásico más en el Reto "Nos gustan los clásicos (Vª edición)"

Ficha técnica de EL MOLINO DE FLOSS

Nº de páginas: 562
Editorial: ALBA EDITORIAL
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa dura
ISBN:9788484281719
Año de edición: 2003
Plaza de edición: BARCELONA
Traductor: CARMEN FRANCÍ


3 jul 2019

Graham Greene. "Viajes con mi tía"

10 comentarios:
Novela itinerante, novela filosófica, novela político-costumbrista, Humor
Había pospuesto su lectura durante mucho tiempo. La apunté en mi interminable lista de lecturas pendientes por recomendación de David de "Las lecturas de Mr. Davidmore", blog que me encantaba pero del que desde hace ya dos o tres años no tengo noticia alguna. Es una lástima que los amigos virtuales se desvanezcan en el aire igual que se nos aparecieron por primera vez: sorpresivamente. Llega uno a creer que ciertamente la relación entre personas en la blogoesfera es idéntica a la real, pero no, estas disoluciones, estos desvanecimientos virtuales nos hacen tomar conciencia de lo que de verdad es la realidad y lo que no lo es. Como digo las opiniones de David las tengo yo en muy alta consideración y al leerle en una ocasión que con esta novela de Graham Greene él tanto se había divertido, me propuse emularlo. Lástima que hayan transcurrido fácilmente cinco años desde su propuesta y mi lectura.

El caso es que la he leído y que me ha entretenido mucho hacerlo, pero si he de ser sincero -¡y he de serlo, claro que sí!- me ha parecido algo viejuna, algo antigua, como si el tiempo no hubiese sido amable con ella. Con todo y con eso la novela 'me ha divertido de a ratos', que suele decirse. En mi consideración global sobre ella pesa y mucho la alta estima en que tengo a "El americano impasible", esa estupenda novela de Graham Greene, una de las mejores, si no la mejor, de las escritas por él. Diré que entre ambas no hay mucha relación, salvo una cierta conexión geográfica entre el viaje a Vientiane en la Indochina francesa de la joven Tooney, uno de los personajes de la que aquí reseño, y la localización de la aventura del peligroso e impasible amigo americano. Por lo demás "Viajes con mi tía" publicada en 1969 y "El americano impasible" de 1955 poco o nada tienen que ver entre sí. Como comenté en la entrada que dediqué a este relato [leer mi reseña  aquí] el novelista lo que hizo fue dar en forma novelada noticia del cambio de potencia colonizadora en la zona, que en 1955 pasó de Francia a Estados Unidos quien bajo la disculpa de evitar que la zona cayese como las fichas de un supuesto dominó en la órbita soviética se enfangó en una contienda de la que no saldría bien librado jamás.

"Viajes con mi tía" es una novela más light, menos política que otras del autor, menos pegada al aquí y ahora. La única nota de actualidad en este relato de puro entretenimiento viene dada por las alusiones a los asesinatos de los Kennedy, dato que a los lectores nos sirve para situar el momento de la acción en los años sesenta, más bien al final de esta década dado que Robert Kennedy fue abatido por los disparos de un palestino en junio de 1968. Este detalle unido a la conexión con el nazismo de algún personaje de la novela como Visconti y el refugio que para cientos de ellos representó Sudamérica (Brasil, Argentina y Paraguay principalmente) es lo más político de esta obra. Parece poca cosa, pero sin embargo no lo es tanto.

'El poder y la gloria', 'Viajes con mi tía', 'El tercer hombre'
Por otra parte es evidente que el autor inglés muestra en esta narración un cambio de época: un mundo viejo que muere representado en el espía de la CIA O'Toole, padre de Tooney, que persigue al huidizo nazi que es Visconti y ese mundo nuevo que alborea en la figura de Tooney, joven libre que viaja sola por el mundo, que decide libremente sobre su sexualidad y que junto a tantos otros jóvenes del 68 levanta su voz contra esa guerra inútil y perdida -Vietnam- que está causando infinidad de muertos.

Los personajes están bien construidos aunque a veces sus vicisitudes resulten un tanto inverosímiles. La tía Augusta es mucho más avanzada que su sobrino Harry, hombre maduro de 50 años, que aún no ha tomado una decisión personal y libre por sí solo. A esta ya avanzada edad él sigue aún dándole vueltas a la cabeza sobre si debería haberse casado con Keene, la hija de un antiguo cliente del banco donde trabajaba el cual había amasado una importante fortuna con el cemento. Keene, al no obtener respuesta a sus requerimientos había partido con su padre hacía Sudáfrica. ¿Es creíble un 'joven' de esta edad cuya única preocupación, jubilado ya de su trabajo en el banco, sean las dalias? Es evidentemente un hombre fuera de su tiempo. Henry es un victoriano, tradicionalista, cumplidor de sus obligaciones religiosas y sociales, un hombre que confiesa al final del relato "—He sido muy feliz. Pero me he aburrido tanto...". Ahora, fuera de este mundo caduco, en Paraguay donde su tía y Visconti, el amor de toda su vida, se han establecido puede que Henry sea feliz de otra manera junto a una joven mujer  de sólo 14 años (¡excesivo para mi credulidad!) que como él ama la poesía inglesa: el poema 'Maud' de Tennyson, la poesía de Robert Browning, etc.
"Me había llevado, junto con otros libros más efímeros, el Golden Treasure de Palgrave, los poemas completos de Tennyson y Browning. A último momento, había agregado Rob Roy" (pág. 201)
También con los datos referidos a la literatura se marca en esta novela una evolución generacional. Así mientras que a la tía Augusta y al propio padre de Henry les gustaba la literatura romántica (el poeta Wordsworth a ella, toda la obra de sir Walter Scott a él) Henry, victoriano por los cuatro costados, amaba la obra de los posrománticos citados antes. Quizás Henry haya perdido el tren de la modernidad al no haberse decidido a pedir en matrimonio la mano de la hija del rey del cemento, pero a cambio junto a la belleza victoriana haya ganado la de la juventud presente en María.

Ambos personajes, tía y sobrino, parecen haber decidido parar de viajar. Para ellos viajar no es más que una huida de la certidumbre de la muerte que es la última pared a la que se llega. La vida se hace más larga, más extensa, de mayor duración cuando se viaja... El primer viaje largo que tía y sobrino realizan es a Estambul en el famosos y literario "Orient Express". Cuando tras tantos días de viaje, la estancia en Estambul va a ser de apenas 24 horas, Henry protesta airado a su tía. Ésta por toda contestación dice: "Lo que importa es el viaje" (p. 63). Con razón el propio novelista al hablar sobre este libro lo calificaba de "triste e incluso trágico que trata de la muerte". No obstante si lo que importa es el viaje, yo pienso que tía Augusta tiene razón cuando lo dice porque lo esencial es eso: vivir y no la estación término.

papistas vs anglicanos, escritores católicos
El autor soportó durante toda su vida el marbete de escritor católico, una adscripción de la que él renegaba continuamente diciendo que no era un escritor católico sino un católico que escribía. Quizás desde nuestra cultura española no se entienda muy bien la importancia de la presencia de referencias al catolicismo habida cuenta de que éste es entre nosotros la confesión religiosa mayoritaria; pero no es así en Gran Bretaña país en el que la diferencia entre protestantes y católicos tiene desde la constitución de la iglesia anglicana importantes significados. Greene se sirve de las características atribuidas a uno y otro grupo para marcar las peculiaridades de ciertos personajes. Así cuando Visconti comenta que la cerveza tomada con pajita emborracha mantienen este diálogo Henry y él:
"—Ha de ser un invento... [le contradice Henry]
—Ya habla el protestante —dijo el señor Visconti—. Cualquier católico sabe que cuando se tiene fe en una leyenda, vale tanto como la verdad. Tenga en cuenta el culto de los santos." (pág. 281)
Y también sabemos de la confesión acomodaticia de tía Augusta, unas veces católica y otra incluso fundadora de una iglesia protestante ¡para perros!:
"— ¿Qué religión profesas? —pregunté—. ¿No me dijiste que eras católica?
— Sólo digo que lo soy por comodidad —dijo—. [...] Me imagino que te sorprenderás si te digo que Curran y yo fundamos una iglesia aquí, en Brighton." (pág. 41)
Pero si hay algo que caracterice más a esta novela de Graham Greene eso es el humor que el autor británico esparce por todo el relato. Es un humor inglés, como no podía ser de otro modo. Un humor que juega mucho con el doble sentido de las palabras ('ashes' [cenizas] que en en contexto del juego del criquet significa la supremacía por la que luchan los equipos contendientes), con la proximidad fonética de ciertos vocablos ('cannabis' y 'cannibals'), con la atribución silenciosa del sentido metafórico de un nombre común al nombre propio de un personaje cuando todos sabemos que los nombres propios están vacíos de significado ('comfort station' [baño público] y el nombre de un personaje, 'Comfort' [Consuelo]), e incluso con los elementos propios de las religiones ('cross' [cruz] y 'double-cross' [traición]), etc.

Naturalmente penetrar en estos elementos humorísticos en una novela traducida es poco menos que imposible. Afortunadamente el encargado de la traducción que he manejado, el argentino Enrique Pezzoni, los aclara al lector a través de una serie de notas al pie. Esto, quizás, explique que la novela no sea por lo que leo por ahí en blogs y redes sociales muy del agrado de muchos lectores españoles actuales si es que estas anotaciones no aparecen. También puede hacer dificultosa la lectura, si la edición manejada sigue la traducción de Pezzoni, el abultado número de términos propios de esa zona lingüística: 'valijas' por maletas, 'changadores' por porteadores de maletas y/o bultos, 'altoparlante' por altavoz, 'douanier' por policía de fronteras, etc., etc.

Pero a mí sinceramente la novela me ha divertido porque no todo el humor es de ese tipo que exige aclaración. También hay notas humorísticas muy a la vista como cuando al referirse a un tipo de muchachas dice de ellas que "Tenían lo que en mi generación se llamaba una mirada "sexy", aunque eso tal vez se debiera a la miopía o al estreñimiento." (pág. 95) o cuando para justificar el posible error en el cálculo de la edad de Mario, hijo de Visconti, dice lo siguiente:
"—No puede tener más de cuarenta y cinco años. O cuarenta y seis. Tengo una memoria atroz para las fechas. 
—Pues aparenta mucho más. Quizá sea por la poesía...
" (pág. 111)
La literatura aparece por todo el relato y también la utiliza como base del humor. Así se burla del excesivo empleo de citas literarias porque son muy generalizadoras y esto no cambia  aunque la cita sea de Shakespeare de quien la tía Augusta llega a decir que "A veces, Shakespeare es muy mal escritor" (?¡). Es interesante y no deja de tener su punto de humor que el narrador, durante toda la novela el propio Henry, llegue a comparar su unión con la tía Augusta a la que va a seguir en ese viaje, en principio absurdo, que le propone hacer hasta Estambul, a la unión de Sancho Panza con Don Quijote:
"Me sentí como arrastrado tras ella hacia una absurda empresa de caballeros andantes, como Sancho Panza tras Don Quijote, sólo que en pos de lo que ella llamaba diversión, en vez de hidalguía" (pág. 88)
El Quijote, Cervantes, Graham Greene, España en Graham Greene
Diré que a Graham Greene siempre le atrajo España, y que la obra cumbre de nuestra literatura formaba parte intrínseca de su bagaje cultural como demuestra que en 1982 le sirviese para dar título a una de sus creaciones, "Monseñor Quijote", amén del juego que en esta novela pero también en "El americano impasible" [leer mi reseña de esta novela aquí] o en "El tercer hombre" le dieron los personajes cervantinos en la construcción de algunos de sus personajes.

En cierto sentido "Viajes con mi tía" es, como El Quijote, una novela itinerante que va engarzando en torno a la figura central del relato  -la tía Augusta-, verdadero hilo conductor del mismo toda una serie de historias secundarias que como la novelas intercaladas que Cervantes inserta en su novela van dando consistencia y entidad a la narración.

La novela, por último, es un homenaje a la literatura que aparece en los nombres de los autores y fragmentos citados de sus obras, pero también y sobre todo un canto a la literatura haciéndose. La tía Augusta es, como si de una encantadora de serpientes se tratase, una creadora de mundos a través de la palabra. Muchos de los personajes que aparecen citados en el relato sólo los conocemos porque ella cuenta retazos de la historia que, si la creemos, vivió a su lado:
  • "Ya comenzaba a reconocer el brillo en los ojos de mi tía. Se lo había visto en Brighton, cuando me había contado la historia de la iglesia para perros, y en París, cuando me había contado su aventura con Monsieur Dambreuse, y en el Orient Express, cuando me había descrito la huida del señor Visconti... Estaba totalmente absorbida por su relato. Mi padre, admirador de Walter Scott, no habría sido capaz de contar la historia de los Curlew con tanto dramatismo." (pág. 158)
  • "Quizá tuviera razón en despreciar a la señorita Paterson. Pensé en Curran y en Monsieur Dambreuse y en el señor Visconti: vivían en mi imaginación como si ella los hubiese creado. Hasta el pobre Jo, esforzándose por llegar al lavatorio, era una creación suya. Era una mujer capaz de dar vida. Hasta la señorita Paterson había vuelto a la vida, acuciada por la crueldad de sus preguntas." (pág. 171)
Esta novela, al igual que tantas otras del escritor británico, fue llevada al Cine bajo la dirección de Georges Cukor en el año de 1972. La película tiene la peculiaridad para los españoles de que el ayudante de dirección fue Miguel Gil y que uno de los actores fue el inolvidable José Luis López Vázquez que interpretó el personaje de Achille Dambreuse, hombre casado y con dos hijos, que tenía por amante a tía Augusta. Lo que ella no sabía es que su condición de amante la compartía con otra mujer, Louise, mucho más joven que ella ignorante también de esta doble vida de amante de Dambreuse. Lo más curioso de todo esto, además, era que las dos amantes vivían en el mismo hotel.
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Nota: Esta novela leída en el mes de junio me sirve para ir completando los dos retos en los que durante este 2019 participo: el de "12 libros pendientes" auspiciado por Ana Bolox y el de "Nos gustan los clásicos, IIIª edición" del blog 'Un lector indiscreto'




18 oct 2018

Edmund de Waal: "La liebre con ojos de ámbar - Una herencia oculta"

22 comentarios:
Desconocía por completo tanto el título de la obra como el nombre de su autor antes de que una compañera de tertulia literaria los pusiese sobre la mesa como propuesta de lectura. Me puse a leer la novela editada por Acantilado en 2012 sin buscar ninguna información sobre quien la escribió. Ha sido al finalizarla, aún impregnado por la agradable atmósfera que el escritor logra crear en su relato, cuando decidí echar un vistazo por Internet a ver qué se decía de él.


Edmund de Waal, Novela de las cosas, Cerámica
El autor
Al indagar en internet sobre Edmund de Waal vemos que se le considera -él mismo en entrevistas sobre sus libros también lo hace- más como artista cerámico que como escritor. Confiesa que su amor por las piezas de porcelana comenzó a muy temprana edad cuando percibió que con sus manos podía dar forma a cacharros, a objetos, que podía crear. Luego, prosigue, empecé a escribir, pero no me encontré a mí mismo en la escritura hasta que escribí "La liebre con ojos de ámbar". Descubrió entonces que si entraba él a formar parte de la historia ésta cobraba un tono y un color diferentes. Al hacerlo e ir colocando palabra tras palabra se sintió igual que el alfarero que aplica más o menos arcilla según que desee sacar un objeto u otro.

De Waal nace en Nottingham en 1964. Su dedicación principal es la cerámica de porcelana, sobre todo de color blanco, aunque también ha realizado piezas en otros colores. Dice que hasta el momento habrán salido de sus manos más de 100.000 objetos. En cuanto a su obra literaria ésta por el momento está formada por sólo dos títulos: el que aquí me propongo reseñar escrito en 2010 y "El oro blanco" del año 2015 publicado por Seix Barral en 2016.


La liebre con ojos de ámbar - Una herencia oculta 
El autor protagoniza toda una indagación sobre los distintos lugares donde había parado la colección de 'netsuke' (pequeñas piezas de porcelana japonesas) que han llegado a su poder gracias a la herencia que le deja Jiro, el compañero durante más de cuarenta años de su tío abuelo Iggie Ephrussi, que tras muchas vueltas dadas por el mundo se instaló en Tokio (Japón) en 1952 donde fallecería en 1994.

Es esta investigación sobre estas 264 figurillas de porcelana que compnen la colección lo que le sirve de disculpa a Edmund de Waal para hacer la Crónica de la saga familiar de los Ephrussi desde su salida de Odessa (Ucrania) en 1857 hasta el momento en que a él llegan estos 'bibelots'. Es, pues, un viaje por la historia de Europa desde ese momento hasta concretamente 2009 fecha en que culmina la "Coda" que cierra esta obra distribuida en cuatro grandes apartados, uno por cada una de las paradas que tuvo esta colección de miniaturas japonesas en porcelana.

Al ser los Ephrussi una familia judía la obra recala con frecuencia, como no puede ser de otra manera, en esas fases de antisemitismo que tanto daño han hecho a Europa y en general al resto del mundo. Observamos que junto al afán por seguir agrandando el negocio de grano que la familia Ephrussi tenía en Odessa otro motivo importantísimo y no menor para salir de allí era el arrinconamiento en que el imperio ruso tenía a esta etnia a la que sólo permitía realizar actividades mercantiles con cierta libertad en esa zona ucraniana. Todos los males del Imperio se adjudicaban en el imaginario popular ruso a los judíos. En 1859 tendrá lugar el pogromo de Odesa que hará que no pocas familias abandonen la zona buscando asentamientos donde la predisposición en contra de ellas no sea muy grande.

Es así como los Ephrussi llegan a Viena, capital del imperio austrohúngaro; y pocos años más tarde también a París, auténtico centro de Europa. En ambas capitales construirán casas que sean dignas de la riqueza que desde hace tiempo atesoran: el Palacio Ephrussi en la Ringstrasse vienesa y el Hôtel Ephrussi en la parisina rue Monceau. Son las zonas capitalinas donde están instaladas las familias más adineradas de ambas ciudades:
 "Diez edificios más abajo del de los Ephrussi, en el número 61, está la casa de Abraham Camondo; la de su hermano Nissim, en el 63, y la de su hermana Rebecca, en el 60. Los Camondo, como los Ephrussi, financieros judíos, habían llegado a París desde Constantinopla, pasando por Venecia. Junto al parque, en helada magnificencia con sus tesoros japoneses, vivía el banquero Henri Cernuschi, un defensor plutocrático de la Comuna de París, que había venido de Italia. En el número 55 está el Hôtel Cattaui, casa de una familia de banqueros judíos de Egipto. En el 43 está el palacio de Adolphe de Rothschild, comprado a Eugène Péreire y reconstruido con una sala de techo de cristal destinada a alojar la colección de arte renacentista de su dueño. Pero nada se compara con la mansión construida por el magnate chocolatero Émile-Justin Menier" (pág. 25)
He hecho esta larga cita porque me parece muy significativa para entender la gestación de los bellos edificios que aún hoy día constituyen el alma de estas ciudades, y el lujo y elevado nivel cultural que los detentadores de estas inmensas fortunas tenían. Precisamente uno de ellos es Charles Ephrussi quien siendo el tercer hermano de la saga no está muy comprometido con la empresa familiar, ahora ya más en el campo bancario que en otra cosa, y se dedica a viajar por Europa en busca de arte en especial pintura. Charles se hará en París con la propiedad de la 'Gazette', una revista cultural  donde hará crítica de arte; al tiempo será protector de muchos de los jóvenes impresionistas a quienes comprará cuadros cuando la gente respetable de su entorno despreciaba esta tendencia pictórica. Pese a esto cuando estalle el caso Dreyfus y se desate una ola de antisemitismo muchos de sus protegidos (Renoir, Monet y algún otro) renegarán de su amistad por miedo a ser confundidos con él.
"Entre los artistas amigos de Charles, uno de los antidreyfusianos más desatados fue Degas, que dejó de hablarles a él y al judío Pissarro. También Cézanne estaba convencido de que Dreyfus era culpable, y Renoir se hizo enemigo activo de Charles y su «arte judío»." (pág. 90)
Es Charles el primer poseedor de estos bibelots que adquiere en Sichet, un anticuario francés que aprovechó el aperturismo hacia el exterior que emprendió el país nipón a partir de 1859 para traer de allá inmensas cantidades de 'japonaiseries' que se pusieron de moda durante varios años. Es a este anticuario a quien Charles compra esas 264 bellísimas miniaturas. El segundo propietario de las mismas será Viktor, el primo vienés de Charles, a quien éste se las regala por sus esponsales con Emmy. Esta pareja sufrirá en Viena durante la época nazi el brutal hostigamiento que se desató contra los judíos. Viktor es el padre de Iggie, el tío abuelo del escritor. Las historias de Iggie y de sus hermanas Elisabeth y Gisela tienen mucho interés, así como conocer cómo se salvaron las piececillas del expolio nazi y finalmente llegaron a manos de Iggie. Pero para eso se debe de leer el libro que es muy entretenido y en mi opinión está bien escrito.
Dentro de las bondades que aprecio en la obra está la de la propia consideración de qué sea ésta. El conocimiento de las vicisitudes sufridas por las porcelanas le han llegado a su actual propietario por una infinidad de fuentes: el tío abuelo Iggie; la abuela Elizabeth; sus propios padres, Esther y Víctor de Waal; también a través de documentos consultados en archivos y bibliotecas; así como a través de un sinfín de obras literarias que con mayor o menor acercamiento a la realidad citan, se inspiran o introducen como personajes a miembros de la saga Ephrussi. Concretamente el autor hace referencias frecuentes  a Marcel Proust ("Las vidas de mis parientes de Viena quedaron refractadas en libros, como la del parisino Charles en los de Proust. De las novelas surge una y otra vez un desagrado por los Ephrussi", pág. 131) , a Joseph Roth ("Es en la irreprochable banca Efrussi -Roth lo escribe a la manera rusa- donde Trotta deposita su fortuna en 'Radetzkymarsch' [...] En 'Das Spinnennetz' ['La tela de araña'] el propio Ignace Ephrussi aparece retratado como rico joyero: 'alto y enjuto; siempre iba vestido de negro, con un chaleco subido de color negro, por cuya abertura apuntaba sólo la chalina negra, adornada con una perla del tamaño de una avellana'. Su mujer, la bella Frau Efrussi, es 'toda una una señora, judía, pero toda una señora'", pág. 131), a Edmond de Goncourt, Emile Zola..., y a otros autores menos conocidos, al menos por mí, como Jakob Wassermann ("Pips aparece por entonces como protagonista de una novela sumamente exitosa del escritor judío alemán Jakob Wassermann", pág. 124).
Con todo ese cúmulo variopinto y desordenado de informaciones Edmund de Waal confiesa abiertamente las dudas por las que pasa a la hora de dar forma a esta historia:
"Creo que esa historia podría escribirse sola. Un puñado de anécdotas lánguidas bien cosidas, una más sobre el Expreso de Oriente, claro, algún vagabundeo por Praga u otro lugar igualmente fotogénico, unos recortes de Google sobre salas de baile de la Belle Époque. Resultaría un libro nostálgico; y tenue. Y no estoy autorizado" (pág. 15)
No, no lo hará así, sino que se centrará en los que por un tiempo tuvieron en su poder esos 264 bellos objetos. Fueron cuatro y de ahí la división en cuatro partes de la obra.

Una de las cuestiones que a mí se me plantean tras leer el libro es la de su género literario. Es evidente que "Novela" tiene las espaldas muy anchas y todo lo soporta. Pero, ¿verdaderamente es una novela? Creo que al tratarse de unos seres históricos en un tiempo real sin contaminación alguna de personajes ficticios o inventados, Edmund de Waal se posiciona en el ámbito de los textos ensayísticos, académicos, históricos, periodísticos y/o de investigación. Pienso que los cinco adjetivos que acabo de dar sirven adecuadamente para intentar situar en su debido lugar este escrito.

Es una obra que se lee bien, que está bien construida con movimientos hacia adelante y hacia atrás en el tiempo como corresponde a un ejercicio investigador. Lo que más me ha agradado del mismo es esa ubicación 'in situ' que el autor-indagador imagina cuando aborda un cuadro donde aparece retratado por Renoir, cuando relata la anécdota del cuadro 'Manojo de espárragos' que Charles comprase a Manet, o cuando contempla en la National Gallery de Londres el cuadro 'Les bains de la Grenouillère' que Charles compró a Monet por más de lo que el artista le pedía: "
Hace el calor justo para meterse en el agua, se nos ocurre, pero un poquito de frío para salir. Uno se siente vivo mirando el cuadro" (pág. 68)
Impresionistas en la literatura, Pintura y literatura, Pissarro, Cezanne
También es frecuente que el autor eche mano del presente histórico y/o actual para fijar en el tiempo la escena y ser él el introductor de la misma al estilo de esos narradores televisivos que sin ser vistos muestran la vida de las criaturas animales ignorantes de que sus comportamientos están siendo investigados y analizados. Es lo que me ha sugerido el modo de presentar la vitrina donde Charles situó sus 'netsuke':
Es la primera parada de los netsuke en esta historia. Están cerca de las cajas de laca, cerca de los grandes tapices que trajo de Italia, cerca de la alfombra dorada. Me pregunto si podrá resistirse a salir al pasillo y doblar a la izquierda para contarle a su hermano Ignace lo que acaba de comprar” (57)
Creo que se percibe perfectamente en esta obra la sensibilidad del escritor que no puede por menos que emocionarse -¡y transmitírnoslo!- ante las obras de los pintores que cita. Abundan estos momentos de hiperestesia sobre todo al hablar de los impresionistas (además de los tres ya citados el autor nombra y se demora en Berthe Morisot, Degas, Caillebotte, Pissarro, Sisley y algunos otros). Es un auténtico síndrome de Sthendal el que De Waal logra hacernos sentir.

El esteticismo unido a la erudición caminan de la mano en esta obra. El escritor holandés se extasía ante los cuadros de los impresionistas o habla con pasión de la obra escrita por escritores coetáneos de miembros de la saga Ephrussi, la mayoría lo hicieron -salvo raras excepciones como la de los poetas Laforgue, Paul Valéry o Rainer María Rilke- siempre en tono crítico contra ellos como ya he dicho antes.  Si esto es así en los campos pictórico y literario qué no será cuando De Waal, ceramista por encima de todo, hable de estas piececillas de porcelana. Es en esos momentos cuando su prosa alcanza altas cotas de belleza
"Después del almuerzo abría las puertas correderas de la larga vitrina que ocupaba casi toda una pared de la sala y uno a uno iba sacando los 'netsuke'. La liebre de ojos de ámbar. El muchacho con espada y casco de samurái. Un tigre, todo paletas y patas, volviéndose para rugir. Iggie me pasaba uno, lo mirábamos juntos y luego yo volvía a ponerlo con cuidado entre las docenas de animales y figuras de los estantes de cristal" (pág. 6)
"Tomo uno y le doy vueltas en la mano: lo sopeso en la palma. Es de madera de castaño u olmo, más liviana aún que el marfil […] Los de marfil son de diversos tonos del crema; de hecho, todos los colores, menos blanco. Unos pocos tienen ojos incrustados de ámbar o de asta […] La mayoría están firmados; constancia de ese momento de posesión entre el acabado y el desprendimiento. Hay un 'netsuke' de madera de un hombre sentado que sujeta una calabaza entre los pies. […] Hay otro de un tonelero trabajando con una azuela en un barril a medio hacer. El hombre está sentado dentro, con el ceño fruncido de concentración, y el barril lo enmarca. Es una talla en marfil sobre la talla de la madera. Las dos piezas tratan del acabado de algo sobre el tema de lo inacabado" (pág. 11)
Para finalizar
Este libro me ha recordado a esas grandes obras del pasado siglo XX escritas por autores centroeuropeos como Joseph Roth, Thomas Mann o Stefan Zweig que se pasean con parsimonia y elegante prosa por la Europa burguesa que emergió a finales del XIX en gran parte gracias a la llegada desde el este de numerosas familias judías que escapaban de los pogromos que en Rusia y Ucrania (Oriente europeo) se produjeron, especialmente el del año 1859 en Odessa. Estos judíos llevaban consigo una cultura que les hacía emprender negocios que con trabajo, dedicación y con seguridad ciertos comportamientos usureros conseguían levantar y hacerlos exitosos.

La saga Ephrussi me ha recordado a la novela "Los Buddenbrook" de Thomas Mann leer reseña aquí] si bien en el caso del escritor alemán no estamos ante una familia judía sino protestante. En ambas obras asistimos al ascenso, triunfo y desmoronamiento de una estirpe por culpa de sus propias acciones pero también por las circunstancias socio-políticas del momento. En "La liebre con ojos de ámbar" conocemos las terribles dificultades por las que pasarán tres generaciones de una familia judía acostumbrada a convivir con ese antisemitismo ancestral de las sociedades occidentales en cuyo seno, pese a ello, habían logrado hacerse con enormes fortunas. La envidia de sus coetáneos y la evolución política: pogromos, caída del imperio austrohúngaro, depresión alemana, ascenso del III Reich, despojo de cualquier tipo de bienes, campos de concentración, muerte, y acomodación a las nuevas circunstancias surgidas tras la II guerra mundial, provocarán que en el siglo XXI a los descendientes de estos Efrussi sólo les reste de aquello algunos objetos como estas miniaturas de porcelana, marfil y madera. Pero así como Eneas a su llegada a Cartago lloraba la caída de Troya, en la caída de los Ephrussi se puede decir como él "'Sunt lacrimae rerum'", "Hay lágrimas en las cosas". Y estas cosas, los 'netsuke', esconden en su interior de objetos los sufrimientos vividos por sus antiguos poseedores.

27 jul 2017

Anne Perry crea al inspector Pitt en "Los crímenes de Cater Street"

29 comentarios:
Primera novela de la autora londinense nacida en 1938 como Juliet Marion Hulme, nombre que se cambió tras cumplir una sentencia de cinco años de reclusión por asesinato.


Anne Perry es hasta la fecha autora de más de 70 novelas y varios relatos. De entre sus novelas destacan dos series: una que tiene como protagonista al detective de policía William Monk, y otra cuyo personaje principal es un inspector de policía de la Inglaterra victoriana llamado Pitt. "Los crímenes de Cater Street" es la primera novela de la escritora y la que inaugura la serie del inspector Pitt que ya va por la entrega número 30. La otra serie, la del detective de policía William Monk, la inició en 1990 y por ahora ha publicado 23 entregas de la misma.

Sinopsis (de la propia editorial)
Thomas Pitt es un discreto policía lodinense destinado a desentrañar, en plena época victoriana, los horrendos crímenes engendrados por una sociedad reprimida e hipócrita. En esta ocasión un barrio de clase acomodada se ve sacudido por un sanguinario asesino. Las víctimas son siempre mujeres jóvenes y aparecen brutalmente estranguladas. En su investigación, Pitt encuentra el apoyo de Charlotte Ellison, una encantadora muchacha disconforme con las rígidas actitudes de su clase social.

Mis impresiones
Las primeras cuarenta o cincuenta páginas del relato me han recordado muchísimo las novelas de Jane Austen, especialmente cuando describe el ambiente de la casa de la familia Ellison formada por el Sr. Edward y su mujer Caroline que cuentan con tres hijas: SarahCharlotte y Emily. De las tres sólo la mayor, Sarah, se ha casado; las otras dos, aún no. Ambas, Charlotte y Emily, viven enfocadas esencialmente a cazar un buen partido. La más pequeña, Emily, es una chica pragmática y ha echado el ojo a lord George Ashworth, joven bien parecido, rico y divertido; la otra, Charlotte, es de carácter más independiente, una auténtica feminista avant la lèttre, y desdeña este papel secundario al que la machista sociedad victoriana tiene relegadas a las mujeres. Por si este carácter no le supusiera ya un problema, además Charlotte está enamorada -si bien, en secreto- de su cuñado Dominic Corde, el marido de su hermana Sarah.
En la casa de los Ellison existe un arriba y abajo muy claro: los de arriba apenas si saben algo de los de abajo, el personal de servicio comandado por el mayordomo Maddock y la cocinera Dunphy, del que forman parte Lily, Millie y alguna que otra criada más.

Este tranquilo panorama social se va a ver perturbado por una serie de crímenes que se están produciendo en el barrio donde ellos viven: la avenida de Cater Street. A la resolución de estos crímenes se dedica el inspector Pitt ayudado en cierto modo en sus pesquisas por Charlotte, la hermana díscola que representa en el relato el papel de mujer que asume ya un cambio de época y estilo.

En la novela aparecen todos los ingredientes de esa sociedad victoriana: el vicario triste que habla siempre de la muerte y de la condenación eterna; los dandys metidos en sus fiestas y desenfrenos; los respetables señores que cumplen con la esposa pero que sistemáticamente tienen amantes fijas o dan de comer a no pocos prostíbulos; los policías de Scottland Yard que conocen el mundo de los señores y el de la pobreza de donde procede la mayoría de los agentes; el personal de servicio de las casas acomodadas como el de la familia Ellison, que se pueden dar con un canto en los dientes por la seguridad que representa para ellos tener comida y alojamiento asegurados si bien, en especial, las jóvenes criadas, deban soportar -a veces con total aceptación- los requiebros y contactos sexuales con los señores del respetable domicilio familiar.

E indudablemente (por eso pongo punto y aparte) están las mujeres, un mundo en sí mismo que vive ajeno a las libertades masculinas, aunque las conoce y admite con muda aquiescencia. Son dos varas de medir sociales: permitido todo a los varones, criticado y censurado todo a las mujeres. Aparte del thriller consistente en la búsqueda del autor de estos crímenes, el asunto más destacable del relato es el de la hipocresía e injusticia social que supone el lugar que los hombres han asignado a las mujeres en este mundo: ser simplemente dulces compañeras y madres que admiten todos los devaneos de sus parejas. Y no sólo los admiten sino que en cierto sentido los entienden pues "los hombres tienen necesidades que una mujer no puede llegar a comprender". Sin embargo si una de ellas incurre en algo semejante a las acciones habituales de un hombre el descrédito, el deshonor, la crítica inmisericorde, la muerte social caerá sobre ella. Injusto, sí, muy injusto.
"Todo el mundo sabe lo que hacen los demás, lo que importa es que no te vean. Que te descubran resulta inaceptablemente vulgar. Uno queda en ridículo. Un divorcio no tiene demasiada trascendencia en cuanto al hombre se refiere, pero a la mujer la arruina totalmente. Después de todo, una cosa es divertirse un poco y otra cosa convertirse en el hazmerreír porque tu mujer prefiere estar con otro hombre" (pág. 206)

Lo mejor
Es una novela muy entretenida semejante a las escritas por Agatha Christie. Quiero decir con esto que la autora hábilmente insinúa al lector quién puede ser el sospechoso, mantiene el suspense sobre él, y luego inopinadamente, con agradable sorpresa para quien lee, lo descarta y dirige la sospecha sobre otro de los actuantes en el relato. 
La novela, un thriller en toda regla, toca tangencialmente varios géneros narrativos lo que en mi opinión contribuye a aumentar el gusto por su lectura. Así se acerca a la novela gótica en las descripciones terroríficas que en algún momento hace el inspector Pitt
"-Es fácil juzgar, señor Corde, cuando se es hijo de un caballero y se tiene ropa con que vestirse y comida con que alimentarse cada día. El padre de William era resurrecionista...
-¿Un religioso? -Dominic se quedó perplejo.
Pitt sonrió con tristeza.
-No, señor Corde, se ganaba la vida robando cadáveres para las academias de medicina, cuando la ley prohibía las prácticas, antes de los años treinta...
-¡Válgame Dios!
-Bueno, lo cierto es que había muchos cadáveres abandonados en los barrios bajos de aquellos tiempos. Era un crimen, por supuesto, y hacía falta mucha habilidad y sangre fría para llevarlos desde allí hasta los lugares que indicaban los compradores. En ciertas ocasiones los vestían y los colocaban para que pareciesen pasajeros de un caruaje.
-¡Cállese!"  [...]  (pág. 213)
y a la novela romántica o del corazón tipo Jane Austen como al principio de esta reseña ya he dicho:
"Charlotte fue hasta la puerta y se volvió antes de salir.
Dominic la miraba sin comprender. A Charlotte le dolía el alma. Quería abrazarlo, consolarlo y borrar el miedo que lo embargaba, pero el amor que sentía por él había cambiado. Ya no se trataba de una pasión romántica e irrefrenable. Se sentía mayor que él y más fuerte" (pág. 251)
Lo peor
No me ha gustado nada que en una edición, por barata que ésta sea -la que he leído se incluye con el número 3 en la colección 'Novela Thriller' que el diario El País está sacando durante este verano-, se incurra en errores, subsanables a nada que se ponga un poco de atención durante el proceso editorial. Son sobre todo errores de tipo ortográfico: "alagada" (sic, en pág. 136), confusiones entre "porque" conjunción y "por que" preposición + pronombre relativo (en pág. 228), entre "sino" conjunción adversativa y "si no" conjunción condicional más adverbio de negación, concordancia de número errónea en "habrían problemas" (pág. 150); también de tipo sintáctico: imperdonable laísmo en "La dio pena dejarles marchar" (pág. 299); o simplemente de escritura o traducción: "No le gustaba nada aquel hombre, y del cual pensaba que estaba jugando con Emily" (pág. 235); etc. 


La serie de Charlotte y Thomas Pitt está formada hasta ahora por los siguientes títulos  (tomo el listado y la imagen que antecede del blog de Sonia López "Generación papel" que desde aquí os invito a visitar)

1. The Cater Street Hangman – Los crímenes de Cater Street (1979)
2. Callander Square – Los cadáveres de Callander Square (1980)
3. Paragon Walk – La secta de Paragon Walk (1981)
4. Resurrection Row – El callejón de los resucitados (1981)
5. Rutland Place – Los robos de Rutland Place (1983)
6. Bluegate Fields – El ahogado del Támesis (1984)
7. Death in the Devil’s Acre – Venganza en Devil’s Acre (1985)
8. Cardington Crescent – Envenenado en Cardington Crescent (1987)
9. Silence in Hanover Close – Silencio en Hanover Close (1988)
10. Bethlehem Road – Los asesinatos de Bethlehem Road (1990)
11. Highgate Rise – Incendios en Highgate Rise (1991)
12. Belgrave Square – Chantaje en Belgrave Square (1992)
13. Farrier’s Lane – El caso de Farrier’s Lane (1993)
14. The Hyde Park Headsman – El degollador de Hyde Park (1994)
15. Traitors Gate – El cadáver de Traitors Gate (1995)
16. Pentecost Alley – La prostituta de Pentecost Alley (1996)
17. Ashworth Hall – La conspiración de Ashworth Hall (1997)
18. Brunswick Gardens – El misterio de Brunswick Gardens (1998)
19. Bedford Square – La amenaza de Bedford Square (1999)
20. Half Moon Street – Los escándalos de Half Moon Street (2000)
21. The Whitechapel Conspiracy – El complot de Whitechapel (2001)
22. Southampton Row – La médium de Southampton Row (2002)
23. Seven Dials – Los secretos de Connaught Square (2003)
24. Long Spoon Lane – Los anarquistas de Long Spoon Lane (2005)
25. Buckingham Palace Gardens – Un crimen en Buckingham Palace (2008)
26. Betrayal at Lisson Grove – Traición en Lisson Grove (2011)
27. Dorchester Terrace – Conjura en Dorchester Terrace (2012)
28. Midnight at Marble Arch – Medianoche en Marble Arch (2012)
29. Death on Blackheath – Muerte en Blackheath (2014)
30. The Angel Court Affair – Un misterio en Toledo (2015)
31. Treachery at Lancaster Gate (2016)
32. Murder on the Serpentine (2016)
Datos del libro
Nº de páginas: 328 págs.
Encuadernación: Tapa blanda bolsillo
Editorial: DEBOLSILLO
Lengua: CASTELLANO
ISBN: 9788497595872
Precio:
En papel: 9'90€
Ebook: 1'99€