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5 mar 2026

Joyce Carol Oates: El señor Fox

19 comentarios:

«Él es el titiritero, él es quien elige. Las niñas de las que Francis se enamora son exclusivamente suyas, pues uno de sus atractivos es que son preadolescentes, es decir, presexuales.
No son crías, porque a Francis Fox no le interesan los niños pequeños. De todas las perversiones, la pedofilia le resulta la más ofensiva, como a cualquier ser humano decente. Además, los niños pequeños son aburridos.
Tiene cero interés en las niñas menores de doce años. Catorce es el límite máximo; quince es ya imposible»

Joyce Carol Oates, Ismael Belda Sanchís (traductor)
Agradezco a mi muy buena amiga bloguera Rosa Berros, del blog Cuéntame una historia, la recomendación de esta novela. La verdad es que Rosa es una magnífica experta en Joyce Carol Oates. Cualquiera que pasee por su blog se encontrará con más de una docena de reseñas de novelas de esta escritora norteamericana. Junto a Rosa vinieron a avivar mi deseo por leer esta novela Mariana, del blog Los libros de Mava, y Marian, del blog Marian lee más libros; las tres forman un club de lectura conjunta que denominan Debate a tres en el que de vez en cuando  reseñan, cada una en su blog, un mismo libro. Ha sido el caso de El señor Fox de Joyce Carol Oates, publicada por Alfaguara en 2025 en traducción de Ismael Belda Sanchís. Leí las tres reseñas y todas ellas me impactaron y me condujeron a leer esta novela. Por si estos motivadores impulsos fueran poca cosa, durante los dos últimos meses no he hecho más que encontrarme por las redes sociales de literatura que frecuento alabanza tras alabanza sobre la última novela de esta autora norteamericana de 87 años que cuenta en su haber con más de cien libros publicados, la mayoría novelas y relatos, aunque también ha escrito ensayo, poesía y teatro. 

Las novelas de Joyce Carol Oates suelen ser extensas en su mayoría. Esta desde luego lo es, 760 páginas. Pero pese a ello su lectura se realiza con rapidez dado que el estilo de la novelista es directo, fluido, sin enmarañamientos lingüísticos o temáticos que hagan penoso el avance del lector por entre sus páginas. Personalmente he realizado la lectura en pocos días. La novela presenta el asunto de la pedofilia desde muchos de sus ángulos: el del depredador protagonista, un profesor de literatura de un centro escolar de secundaria; el de las niñas víctimas; el de los policías investigadores; el de los padres que en gran medida viven ignorantes del problema que tienen en casa; el de los educadores que no actúan con la debida contundencia ante la primera sospecha; etc.

La manera de escribir de la autora norteamericana es magnífica, como ya sabemos. En esta ocasión la trama se presenta en una especie de suaves oleadas de información sobre el asunto; estas olas que van y vienen depositan en la orilla donde nos encontramos los lectores materiales diversos que según avanzamos en la lectura van configurando la historia que se nos relata, El asunto es brutal y la manera como actúa el depredador odiosa y despreciable. La autora no ahorra palabras ni esconde la barbarie con la que actúa un pedófilo. En este sentido la novela es también un ejercicio de denuncia de algo que existe en mayor medida de la que se imagina y que está extendida dentro de la sociedad bien pensante mucho más de lo que uno puede pensar.

Fiel a su estilo, en El señor Fox asistimos a la presentación, que no justificación, de la manera de obrar de un pedófilo. Fox (Frank Farrell antes de dar clases en la Academia Langhorne) es un pedófilo que no cree serlo, que se sorprende cuando es perseguido por la comunidad escolar del centro donde trabajaba antes de hacerlo en Langhorne. El se siente atraído por las niñas preadolescentes que aún no han tenido la menarquia. Como a Balthus, su pintor favorito, le encanta la inocencia perturbadora que adivina en estas niñas. Sin embargo considera que Humbert Humbert, el protagonista de Lolita de Nabokov es un enfermo. 
«De hecho, si existe lo opuesto a un pedófilo, ¡ese es Frank Farrell! Aunque tampoco es un pedófobo, desde luego. Por ejemplo, Farrell siempre ha despreciado Lolita, de Nabokov. Sabe que esa famosa novela es una especie de manual para pedófilos, pero a él le pareció aburrida, pretenciosa y ofensiva, cuando no ridícula y punto.
Sólo un pervertido enfermo se comportaría como Humbert Humbert. Estúpido nombre, estúpido estilo literario. Obligar a una niña de omce años a tener relaciones sexuales..., repugnante.»
Él lo que es, lo que cree ser, es un romántico. Pero Fox/Farrell sabe que lo que hace no está bien, que la sociedad lo persigue y que él debe esconderse. Por eso tiene su protocolo de actuación para atraer a las niñas: es un profesor guay, se gana a sus alumnos, realiza actividades con ellos fuera del horario escolar, realiza tutorías personalizadas a puerta cerrada, les hace regalos, lee sus trabajos con empatía y les dice que en ellos y con él pueden hablar de lo que quieran siempre que a sus padres nada les cuenten... El resultado es que una serie de chicas preadolescentes creen enamorarse de él. Prueba superada por parte de Fox. Ahora lo que tiene que conseguir es que nada de esto trascienda.

Cuando por la desaparición de Francis Fox la policía, el inspector Zwender y el joven agente Odom, comienza a investigar la vida y milagros de este docente tan aclamado se irá descubriendo lo que en verdad es. El descubrimiento lo realizan los policías a base de conversaciones mantenidas con quienes lo trataron: la bibliotecaria del centro, Imogene Hood, que se cree enamorada de él; la directora, Paige Cady, que le habría gustado tener una relación con el atractivo profesor; la sobrina de ésta, Katy Cady, a la que Fox usó para conseguir ser contratado en la Academia Langhorne; las niñas abusadas o en vías de serlo: Mary Ann Healy, Eunice Pfenning, Miranda...; la familia Healy: el padre Lemuel, sus hijos Demetrius y Marcus, Blake Healy que es hermano de Lemuel y padre de Mary Ann; algunos de los 105 profesores de la Academia Langhorne; etc. 

La novelista utiliza muchos recursos literarios que sirven para penetrar en la psicología de los personajes protagonistas: cursivas para mostrar pensamientos que no salen al exterior; avances y retrocesos en el tiempo; técnica del perspectivismo: distintos personajes cuentan un mismo suceso según su experiencia o su propio punto de vista; textos entre paréntesis que muestran juicios del propio narrador respecto a lo que se está contando; combinación de tipos discursivos como textos de diarios personales o la inclusión de noticias periodísticas de modo semejante a lo que John Dos Passos realizara ya en Manhattan Transfer (año 1925); narrador en primera, segunda y tercera personas saltando de una a otra a veces sin previo aviso logrando de esta manera un acercamiento-alejamiento de la figura del narrador, que se diluye en el propio hecho narrado de modo semejante al débil pero constante y pertinaz oleaje que poco a poco se acerca-se aleja a la orilla hasta irla cubriendo toda ella:
«Llorando como si se le fuera a romper el corazón porque Fox le había hecho daño. Y él, Demetrius, no quiso ser testigo, pero fue testigo. No se puede borrar lo que han visto tus ojos y lo que han escuchado tus oídos y el asco y la vergüenza que has sentido. Que su prima estaba enamorada de Fox y Fox no la amaba ni se preocupaba por ella ni lo más mínimo excepto para aprovecharse de ella.»
Muchos otros recursos narrativos pone en juego esta magnífica escritora. Imposible señalar todos. Pero no quiero dejar sin resaltar la abundante utilización del estilo indirecto libre (EIL) ya sea aislado o en combinación con otros estilos narrativos; gracias a este procedimiento el narrador objetivo logra penetrar en la subjetividad del personaje y hace que los lectores nos sintamos "dentro" de la propia narración:
«Mary Ann no parece oírlo. Echa a correr, cojeando. El autobús escolar espera en una plaza cercana. Demetrius la mira de lejos y aprieta los puños.
Maldito sea ese hijo de puta de Fox, piensa matar a ese cabrón con sus propias manos.»

pintura erótica,
Todo en esta novela es excelente, magnífico, superior. En primer lugar, el tratamiento dado al vidrioso y perturbador asunto de la pedofilia presentado en toda su crudeza, sin melindres en su abyección; luego estarían las cínicas excusas que el personaje de Francis Fox pone para su injustificable y vil comportamiento. Como profesor de literatura que es, Fox echa mano de biografías y obras de autores consagrados como Edgar Allan Poe por la relación que mantuvo con su prima Virginia Clemm de trece años que, según algunos estudiosos, reflejó en el poema Annabel Lee; asimismo utiliza  textos de otros muchos autores para apoyar su desviada conducta. Y junto a la literatura, la pintura: Fox vive obsesionado por la imagen de Thérèse, la preadolescente que Balthus retratara en posturas claramente eróticas. Este culturalismo le sirve a Joyce Carol Oates para mostrar la doblez del protagonista de la novela
  • «¡Balthus!, pensó. Una de las chicas preadolescentes del pintor, una belleza pálida, soñadora, como una sonámbula. Grandes ojos de parpadeo lento, labios entreabiertos. Thérèse soñando, Katia leyendo. Los años dorados.»
  • «Francis decía que éramos almas gemelas…, una hermosa tradición romántica. Como Percy Shelley y Mary Godwin. Heathcliff y Catherine. Edgar Allan Poe y… ¿cómo se llamaba? ¿Violet? Virginia. Francis sentía una gran admiración por Poe y Virginia.»
Quiero finalizar el comentario de esta novela señalando cómo Joyce Carol Oates pone en solfa el comportamiento de la sociedad actual. Una sociedad que vive ensimismada, unos padres que no conocen a la personita que habita en la habitación aneja a la suya, unos adultos que se aprovechan de las carencias afectivas de los preadolescentes, unos padres que creen solucionar todo satisfaciendo los deseos de compra de sus hijos... Y luego en el ámbito laboral la necesidad que todos sienten de tapar los asuntos que se consideran "feos" y más si en el fondo el abusador también abusó de los mayores que se rindieron a sus encantos. Y una pregunta final muy interesante que se plantea: ¿es conveniente destapar todo todo o mejor vivir en la ignorancia, en el no querer enterarse de lo que a nuestro alrededor ocurre?

En fin, ya digo, El señor Fox es una novela muy, pero que muy, recomendable. Una novela que además se lee con facilidad porque los buenos autores son aquellos que presentan historias interesantes con tramas complejas por las que se transita con facilidad. Quienes tal cosa logran -Joyce Carol Oates es sin duda una de ellas- son merecedores de los máximos galardones. De ahí que desde aquí me pregunte si  esta escritora de 87 años con más de 100 obras a sus espaldas no será merecedora ya del Premio Nobel. Si no ella, ¿quién? ¿Otro Bob Dylan?

Autoras norteamericanas, Pedofilia, "El Señor Fox"


 

29 oct 2020

"La romana" de Alberto Moravia

18 comentarios:

“Alguien pensará que es muy cómodo aceptar una suerte innoble, pero fructífera, en vez de rechazarla. Pero yo misma me he preguntado a menudo por qué la tristeza y la rabia conviven tantas veces en el ánimo de quienes quieren vivir según ciertos preceptos o adaptarse a determinados ideales, y por qué, en cambio, quienes aceptan la propia vida, que es sobre todo nulidad, oscuridad y pequeñez, viven tantas veces alegres y despreocupados.”

Alberto Moravia, Luigi Zampa, Realismo social

Impresionante novela es "La romana", ejemplo del realismo social -mejor, neorrealismo- italiano de la primera mitad del siglo XX. Su autor, Alberto Moravia, la publicó el año 1947, momento en Italia de ilusión ante el porvenir, pero también de inmensas dificultades a raíz de la Guerra ya acabada que había dejado grandes zonas devastadas y una población depauperada aunque vital y animosa. 

El recuerdo del fascismo reciente pervive en esta magnífica novela cuya acción el escritor sitúa años antes del inicio de la Guerra con el país totalmente en manos del régimen de Mussolini.

Alberto Moravia nació en Roma el año 1907 en el seno de una familia burguesa acaudalada. Su padre, judío no practicante, era arquitecto y pintor; su madre, católica practicante, se dedicaba a sus labores. El escritor y periodista se casó en 1941 con la también novelista Elsa Morante y el matrimonio fijó su residencia en Capri. La pareja se separó 21 años más tarde y Moravia se fue a vivir con la escritora Dacia Maraini. Por último se casó en 1986 con la española Carmen Llera. Falleció en Roma el 26 de septiembre de 1990.

Su Obra es copiosa y comenzó a publicarla a edad muy temprana, en 1929, con Los indiferentes, novela que le lanzó a la fama. Bajo el régimen fascista el periodista Moravia que militaba en el Partido Comunista sufrió censura frecuente de obras y publicaciones; de hecho el triunfo no le llegaría hasta finalizada la Guerra con novelas tan famosas como La romana (1947), La desobediencia (1948), El amor conyugal (1949) y El conformista (1951). Esta fama se vio incrementada con las versiones cinematográficas que desde 1954 se hicieron de muchos de sus  títulos comenzando preciosamente por el de la novela que he leído, "La romana", llevada a la pantalla por Luigi Zampa en admirable interpretación del personaje de Adriana por parte de la bella Gina Lollobrigida. Otros directores como Bertolucci, Dacia Maraini, Tinto Bras, etc., adaptarían otros títulos suyos al cinematógrafo.




Mi comentario sobre "La romana"
Una chica bondadosa con deseos muy normales se ve arrojada a la vida, a hacer la calle, por su origen social y por el impulso que quienes la rodean, en especial su madre y su amiga Gisella, alimentan en ella desde bien temprano. Todos le dicen que es tontería desperdiciar la belleza que Dios le ha dado. Comienza así a sus 17 años a ejercer de modelo en talleres de pintores. Se habitúa a su desnudez y empieza a ser consciente de su poderío: 
Fueron aquellas miradas, además de las oscuras alusiones de mi madre, las que despertaron mi coquetería y, al mismo tiempo, me dieron conciencia de mi belleza y del provecho que de ella podía sacar.
Gisella es compañera de profesión y la incita a tener relaciones con señores que le pagarán, lo que hará que ella y su madre vivan mejor. Adriana no quiere pero en una encerrona a la que la conducen en Viterbo Gisella y Ricardo, amigo de ésta, será seducida por Astarita, importante miembro de la policía política (la acción sucede en 1937, en plena época mussoliniana). Antes de esto Adriana, que así se llama el personaje principal de la novela, se ha enamorado perdidamente de Gino, un chofer del que su madre quiere alejarla por entender que con él nada prosperará. Con Gino hace el amor y se da cuenta de que disfruta de ello. Desde ese momento Adriana sentirá la tensión que le ocasionan por igual el placer del sexo (la naturaleza, en suma) y los propósitos de una vida ordenada (matrimonio, casa organizada e hijos; o sea, la moralidad imperante). Lejos de desquiciarla, estas dos tendencias  conviven en ella a las mil maravillas. Aunque practique el oficio más viejo del mundo para ella el placer, para de verdad acercarse al ideal, ha de ir acompañada del amor; y esto ella sólo lo sentirá por activa o por pasiva con cuatro personas: Gino, su primer amor; Astarita, quien hacia ella siente un amor total; Sanzogno, el delincuente que le hace sentir el sexo como nunca jamás le había ocurrido ni le sucederá; y Giacomo (Mino) hacia quien ella se siente especialmente atraída a pesar del continuo rechazo que él le manifiesta en un ejercicio hipócrita consustancial a la clase burguesa de la que procede.

Ella se da cuenta de que el dinero -obtenerlo, ganarlo, guardarlo, gastarlo...- es otro de sus placeres. Cuando por vez primera recibe dinero a cambio de sexo su sentimiento, como casi siempre todo en ella, es ambivalente: le produce placer recibirlo pero al tiempo sabe que la acción no es correcta. Para conseguirlo ella se dirige a la calle y se insinúa a hombres de los que tras hacer el amor recibe dinero que entrega a su madre, auténtica Celestina que asiente y consiente lo que su hija practica. Estos hombres son anónimos y para ella son simplemente instrumentos, objetos, para su oficio de prostituta. 

Los hombres que tienen importancia en su vida son los cuatro ya señalados: AstaritaGinoGiacomo y Sonzogno. Los dos últimos provienen de sus relaciones anteriores. El primero, Giacomo, es un chico que junto a Gisella conoce una noche. Él iba junto a Giancarlo y ellas deciden ligárselos: Giancarlo se enrolla con Gisella y Giacomo se muestra reticente a hacer el amor con Adriana quien se encela y quiere saber qué le sucede. Poco a poco ella irá enamorándose de este chico al que llamará Mino. Al otro, Sonzogno, autentico hacedor del desastroso rumbo que tomará la historia, lo conoce vía Gino. Es un delincuente con quien mantendrá relaciones sexuales muy gratificantes. Sonzogno es el tipo de hombre que atemoriza y atrae al tiempo. Dador de inmenso placer a la par que terror.

Franco Fabrizi, Daniel Gelin, Renato Tontini, Raymond Pellegrin
De izda a dcha los 4 hombres que rodean a Adriana:
Giacomo, Sonzogno, Gino y Astarita

En la galería de tipos humanos que aparecen en la narración hay dos grandes grupos: el de los burgueses Giacomo y Astarita, y el de los humildes Gino y Sonzogno. Adriana y las mujeres de su entorno forman parte del de los humildes. Ella por inducción y propio convencimiento quiere salir de la miseria en que nació y aspira a una vida acorde con los ideales del grupo primero. El salto es difícil, si no imposible; sólo el dinero puede crear un remedo de satisfacción, de ahí el placer que ella experimenta cuando sus servicios sexuales son retribuidos debidamente. Cualidad sobresaliente en Adriana es su bondad. Ella se percibe así aunque es crítica consigo misma (acababa de descubrir que no era yo tan buena como siempre había creído). Pese a su oficio es creyente practicante y busca auxilio a sus problemas en la religión. Ella se confiesa y pide a la Virgen ayuda y consuelo. Sobre todo Adriana es una mujer buena en un sentido natural y no impostado; pero también lo quiere ser en el de la moral social y religiosa imperantes. Lo que ocurre es que conciliar ambas moralidades es difícil cuando no imposible
Sentí un gran deseo de encontrarme en regla en todo sentido. En regla con la moral que no me permitía un oficio como el mío; en regla con la naturaleza que quería que a mi edad una mujer tuviera hijos; en regla con el gusto de vivir entre objetos hermosos, con vestidos nuevos y agradables, en casas luminosas, limpias y cómodas. Sólo que una cosa excluía a la otra y si deseaba estar en regla con la moral no podría estarlo con la naturaleza

Además de mostrarnos a la perfección la psicología de esta mujer sencilla y la de los personajes que la rodean, en el relato se tocan temas muy importantes. Quizás la hipocresía en que vive la sociedad pudiente sea uno de los principales. En dos personajes es muy visible ésta: en Astarita, funcionario público al servicio del fascismo, que por contra demanda elevadas y sinceras manifestaciones amorosas en su vida privada; y naturalmente en Giacomo (Mino) que vive en una completa desazón existencial al odiar su origen acaudalado familiar que intenta tapar con un activismo político y una valentía no del todo comprobable. Ambos se debaten en un sinvivir que les hará odiarse a sí mismos y a pensar incluso en soluciones finales. Concretamente Giacomo al estar frente a Astarita percibe la falsedad en que personalmente él se mueve: Me he dado cuenta de que era yo quien le pagaba, yo a quien él defendía, yo quien estaba tras él como amo, aunque estaba ante él como acusado.

La religión y su función ancilar también tiene un espacio importante en este relato. Para Adriana es una ayuda fantástica, sin embargo para Giacomo al no ser creyente no representa nada, no existe, y esto le quita un posible asidero, un refugio a su problemática vital
—Así, pues, yo debería aceptar lo hecho y no rebelarme, debería aceptar lo que he llegado a ser y no juzgarme… ¡Bah! Tal vez en la iglesia pueden ocurrir ciertas cosas, pero fuera de la iglesia…
—Pues ve a la iglesia —propuse agarrándome a esta nueva esperanza.
—No, no iré. No soy un creyente y en la iglesia me aburro…
Asunto de naturaleza social es el de las familias vergonzantes que en España tanto y tan bien mostró Galdós en sus novelas contemporáneas [ver reseña en este blog de una de ellas]. Alberto Moravia lo presenta en la persona de la Sra. Medolaghi e hija en cuya casa vive de realquilado Giacomo: Las Medolaghi no eran ricas, desde luego, pues de lo contrario, no alquilarían habitaciones. Sintiéndose pobres y no queriendo admitirlo, les parecía un peligro y un insulto mi presencia de pobre sin máscara.

Contrariamente a lo esperado el fascismo mussoliniano bajo el que en 1937 vivía Italia no aparece en primer plano y como elemento nuclear, sino como telón de fondo que todo lo envuelve, no se cuestiona, se da por supuesto, y al que sin referirse explícitamente siempre todo queda vinculado. Esto, en oposición a la versión fímica que de la novela se hizo en 1954 por Luigi Zampa en la que se muestra una escena inexistente en el relato de un noticiario cinematográfico donde se ve desfilar a las fuerzas mussolinianas, me parece un gran acierto por parte del escritor. En la novela Giacomo junto a sus amigos y correligionarios Tullio y Tommaso combaten al fascismo desde la clandestinidad.

La novela se inscribe dentro de la corriente literaria del realismo social practicado en el continente y especialmente en Italia durante esos años. En Italia, especialmente en el mundo del cine en el que Moravia participaría siempre activamente, se conoció como neorrealismo, quizás para diferenciarse del Realismo decimonónico. Es un realismo de corte existencial también muy usual en esos años cuarenta en toda Europa, donde conocerá las dos direcciones de existencialismo arraigado (existencialismo cristiano) y desarraigado (existencialismo ateo); en "La romana" predomina este último, pues Adriana, único ser al que vemos buscar apoyo religioso, no padece personalmente la angustia existencial de otros personajes aunque sí tenga en ocasiones reflexiones de este cariz (Salían después de sus casas como yo, e iban de un lado para otro representando sinceramente sus papeles que no tenían nada de sinceros. Y ese pensamiento me confirmaba en la convicción de que todos los hombres, sin excepción, son dignos de compasión, aunque no sea más que porque viven.)

Formalmente es una novela de corte tradicional contada en primera persona por la protagonista. La narración en muchas ocasiones me ha hecho recordar nuestra novela picaresca clásica especialmente en alguna reflexión inicial que Adriana hace desde el momento en que está escribiendo el relato (cinco años después de lo que nos cuenta en ese instante) para justificar ante sí misma su trayectoria vital: 
A mí, nacida en la casa de los empleados del ferrocarril, aquella villa me hacía el mismo efecto, probablemente, que a los habitantes de la villa que yo envidiaba podrían hacerles las casas más ricas y grandes de los barrios acomodados de la ciudad. Así, cada uno pone su propio paraíso en el infierno de los demás.
Es una narración de tipo lineal que se inicia con el personaje teniendo 17 años y acaba cuando cuenta 22. No hay ningún salto de tipo temporal. Está distribuida la historia en dos partes: una primera con 9 capítulos que acaba cuando su relación con Gino finaliza. La segunda parte, de 11 capítulos, está dedicada en esencia toda ella a su relación con el otro gran amor de su vida, Giacomo. Lógicamente en el transcurso de la trama elementos de la primera parte aparecen en esta segunda y ayudan a su desarrollo realizando así una novela, nunca mejor dicho, redonda.

La novela no presenta dificultad lectora alguna, lo que lejos de ser demérito es uno de los valores de la obra que queda así al alcance de cualquier lector. Moravia al realizar una novela nada elitista con las palabras usuales del mundo que les ha tocado en suerte a la protagonista y al resto de personajes logra así hacer realidad uno de los postulados del realismo socialista: poner al alcance del pueblo, sin perder por ello calidad, una de las grandes artes, la Literatura, considerada siempre propiedad de la burguesía ilustrada. 

En esta historia dramática de la joven ingenua corrompida por su madre y una amiga íntima que me ha hecho recordar a "Las amistades peligrosas" del francés Choderclos de Laclos, todo es entendible. Que así sea no quiere decir que Moravia renuncie a introducir en ciertos momentos bellas, duras, hermosas y muy gráficas imágenes (de todo lo ocurrido no me quedaban más que el olor dulzón del amor en los dedos y las huellas saladas y secas de las lágrimas en las mejillas.). A la par, el autor, conocedor como nadie de la tradición literaria, hace uso de académicas descripciones físicas y de carácter que ya son junto a las de clásicos de otros siglos ejemplos a seguir:
Encontré a Gisella en el bar con un hombre de mediana edad, un viajante de comercio, al que me presentó con el nombre de Giacinti. Sentado, parecía de estatura normal, en parte porque sus hombros eran muy anchos, pero, una vez de pie, me pareció un enano, y la misma anchura de sus hombros contribuía a hacerlo más bajo de lo que en realidad era. Su cabello era abundante y blanco, limpio como la plata, en corte de cepillo sobre la cabeza, quizá para parecer más alto. El rostro era rojo y lleno de salud, de rasgos regulares y nobles como los de una estatua: una bella frente serena, unos ojos grandes y negros, una nariz recta y una boca bien dibujada. Pero una expresión antipática de vanidad, de suficiencia y falsa benevolencia, hacía aquel rostro a primera vista atractivo y majestuoso, decididamente repulsivo
¿Cabe hacer un retrato mejor? Al leerlo lo emparejaba en mi cabeza con el del Dómine Cabra del  mismísimo Quevedo. Creo que como muestra para escolares de qué es y cómo se hace un retrato literario no hay  otra. ¿No lo veis así vosotros?

expresionismo italiano, pintura social italiana
Por último, no puedo dejar pasar, hablando de forma pero también de fondo, claro, decir algo del Cine. Alberto Moravia que en su faceta de periodista escribió artículos sobre el séptimo arte y más de una crítica de películas también formó parte de este mundo fundamentalmente como guionista. En varias de las adaptaciones de sus novelas intervino trabajando en el guion de las mismas bien en solitario o junto a otros. En la de "La romana", película de 1954 que he visto nada más finalizar la lectura del relato y que en mi opinión queda muy por debajo de la novela, fue compañero de los guionistas Giorgio Bassani, Ennio Flaiano y del propio Luigi Zampa. Trabajó codo con codo con directores tan esenciales en el siglo pasado como Pier Paolo Passolini, Jean Luc Godard, Zampa o el propio Vittorio de Sica. Y dado, si no en todas, el sesgo erótico presente en sus novelas -"La romana" entre ellas, claro está- tuvo también peticiones de adaptaciones por parte de directores de cine erótico como Tinto Bras con quien trabajó en el guion de la versión cinematográfica de su novela "El hombre que mira". Y es que efectivamente en el éxito popular de Alberto Moravia no hay que minusvalorar el erotismo, muy presente en la novela leída dada la dedicación profesional de Adriana quien en varias ocasiones ve la realidad cual si de una secuencia fílmica se tratase:
Mi fantasía me proponía una y otra vez la escena de los disparos y acariciaba voluptuosa sus detalles y, sin duda, en el contraste entre los agentes y Sonzogno, me ponía con todo el ánimo de parte de Sonzogno. Me estremecía de júbilo viendo al agente herido en tierra, exhalaba un suspiro de alivio al ver que Sonzogno huía, lo seguía con ansiedad escaleras abajo, no me sentía tranquila hasta que lo veía desaparecer en la oscura lejanía de la amplia calle. Por último, me cansé de esa especie de cinematografía y decidí apagar la luz.
Cerraría esta reseña y este apartado del Cine y Moravia señalando el inmenso canto de amor a Roma que "La romana" es. Un canto que pese a todo a mí me parece ilusionado ante el porvenir que desde luego nunca podría ser peor del presente que en esos momentos se estaba viviendo. La ciudad de Roma aparece sobre todo en la vitalidad de sus habitantes de distintos tipos, ideologías, clases sociales, niveles culturales, oficios... que juntos y pese a todo se ayudan y colaboran en gran medida en ese tirar para adelante que es la vida en suma.

Una novela que es un verdadero clásico y que recomiendo a cualquiera que no la haya leído aún. Como clásico que es la incluyo dentro de la IVª edición del reto 'Nos gustan los clásicos' en el que durante este 2020 estoy participando. También es la lectura elegida durante este mes de octubre por la Tertulia Literaria "más que palabras..." en la que participo; estoy seguro de que propiciará una sesión de lo más entretenida cuando la realicemos. 

10 sept 2020

"Soledad" de Carlos Bassas del Rey. "La fórmula preferida del profesor" de Yoko Ogawa (A pares XIV)

15 comentarios:
"Soledad"

Busqué esta novela de Carlos Bassas a raíz de una incentivadora reseña realizada por Rosa Berros en su blog. Antes de hacerlo leí "Justo", la novela con la que Carlos Bassas del Rey se alzó con el premio Dashiell Hammett el año 2019 y que me gustó mucho [leer reseña aquí]. Tenía, pues, que hacerme con "Soledad", como así he hecho.


"Soledad", Novela negra, emigración, machismo

"Soledad"
es una sencilla novela desde el punto de vista de la trama: una niña de 14 años aparece muerta. Todo ha ocurrido la noche en que ella celebraba su cumpleaños que ha ido a celebrar con permiso de su madre a "La Bachata", una discoteca próxima a su casa. El inspector Romero con el subinspector Mendoza se hace cargo de la investigación del homicidio que parece tener un fuerte tirón mediático. 

En el curso del desarrollo de la historia conocemos la vida de soledad de dos seres fundamentales en el relato: Soledad, la madre de Abigail, la niña muerta; y Romero, el inspector que arrastra una problemática vida privada y profesional por dejar en ambos ámbitos lugar importante a la ley de la venganza que rige muchas veces los comportamientos humanos; por su manera de enfrentar los asuntos, Romero es visto con recelo por sus superiores policiales y lleva una extraña vida con su mujer.

No cabe decir como ya hiciera en la reseña que dediqué a "Justo" mucho más pues en este tipo de novelas es muy importante el decurso de los acontecimientos. Me parece más interesante que la trama la manera como el escritor presenta la obra. Dos narradores son los que aparecen, cada uno de ellos centrado en los dos personajes principales.
Para Soledad, la madre de Abigail, el narrador es una 2° persona, ella misma con seguridad, que dialoga consigo misma en un soliloquio muy adecuado a una persona que se siente anulada y despreciada por todos los miembros de su familia (marido: un energúmeno machista donde los haya; su suegra: una despreciable mujer dedicada sólo a devorar culebrones y otras bazofias televisivas; e incluso por quien fuera la única razón de su vida: su hermosa hija Abigail, una dictadora que la chantajea emocionalmente). Para Romero el narrador toma la 3° persona, dando presencia así a un narrador externo que ve y cuenta sus acciones con objetividad, aunque con frecuencia abandona el plano puramente ficcional para invadir el que corresponde al autor. 
"Romero echa un vistazo a las nubes. Como el día en el que comenzó a morir de esta enfermedad morosa [cuándo y de cuál, el lector lo sabrá más adelante], se sitúan sobre su cabeza y descargan de improviso."
Pero además de la figura del narrador hay en este relato procedimientos narrativos que han llamado poderosamente mi atención. Uno es la mezcla de géneros literarios tal y como ya observé en la otra novela que de él he leído. Es muy interesante esta hibridacion entre géneros que realiza frecuentemente entre el propiamente novelístico y el teatral: "DUEÑO: «No soy el guardián de mi hermano.» ROMERO: «No me jodas, Elmer, que la Biblia te viene grande.»"

Tampoco puedo pasar por alto el peculiar uso que hace de los corchetes para dar informaciones escuetas, telegráficas, que sirven para sintetizar descripciones narrativas que si no serían más extensas; diríase en línea con la hibridación de géneros antes comentada que en estos espacios entre corchetes el autor realiza una especie de acotaciones teatrales procedimiento normalmente ajeno a  la propia función de un narrador. Tan es así que hay momentos en que quien habla no es ninguna figura propia de la narración sino, en mi opinión, el propio autor: "El taxista [cincuenta, calvo, hace tiempo que no ama a su mujer, ella tampoco lo quiere, se aguantan, aunque eso no importa para esta historia]", o sea, Carlos Bassas. Véase este más extenso, curioso y más literario precisamente por la extrañeza que introduce en el lector:
"Ha comenzado entonces la rutina legal, una coreografía eficaz, un baile reglado de pasos, de gestos precisos, de piruetas medidas. Ha bailado la policía alrededor del cuerpo; han bailado la jueza y el secretario al llegar [a ella, treinta y dos, le gusta el 'Nightclub two step'; a él, cincuenta, el 'Lindy hop']; ha bailado el forense mientras varios curiosos observaban acodados en la barra."
Violencia machista, adolescencia, incesto,
El tercer procedimiento que me ha impactado y que creo contribuye muy mucho a mantener con adecuada altura la narración es la repetición de vocablos o sintagmas con una clara finalidad de sentido, es decir, contribuir así a una mejor transmisión del contenido que se quiere expresar. Dos o tres expresiones y/o frases recorren toda la novela contribuyendo a esto: "Yo tengo la culpa", "¡No!" y alguna más. Con algo de excesiva imaginación arábiga por mi parte me atrevería a decir que esta reiteración en columnas sucesivas o en series de líneas diríase casi infinitas es una especie de traslación a la prosa de la vanguardia del Creacionismo que tanto sorprendió a los europeos de los años 20 del siglo pasado cuando el poeta Guillaume Apollinaire o el chileno Vicente Huidobro los popularizaran entre los escritores de su época dándole a sus creaciones la denominación de caligramas. Ya digo que quizás sea excesiva esta analogía, pero en mi opinión creo que se justifica a fin de mejor transmitir aquello que quiero decir.

Por otro lado en la novela se tocan una serie de asuntos que tienen interés aunque ya no sorprenden por no ser novedosa su aparición en nuestra última literatura. Me refiero a la inmigración: la familia de Abigail es de procedencia sudamericana y los comportamientos machistas y abusivos de todo tipo sobre Soledad son tremendos. También, muy relacionado con esta procedencia cultural, estaría el asunto del desvalimiento religioso en el que se precipita Soledad pese a sus acendradas creencias iniciales. "Dios es sordo. Dios es mudo. A Dios le importas una mierda.​"

Luego estaría el tema de la culpa, quizás el asunto que vertebra y recorre la novela en los ámbitos de cada uno de los dos personajes principales, Soledad y el inspector Romero. Ambos se sienten o/y les hacen sentirse culpables de lo que les acontece e incluso en el caso de Soledad de lo que le ha sucedido a otros, concretamente a su hija:
"«Es culpa tuya»
«Es culpa tuya»
«Es culpa tuya»
«Es culpa tuya»
«Es culpa tuya»
«Es culpa tuya»
«Es culpa tuya»
«Es culpa tuya»
«Es culpa tuya»
«Es culpa tuya»
«Es culpa tuya»
«Es culpa tuya»
Eso te dice la lluvia
"

Como se ve, otra manifestación más de la hibridación entre géneros que existe en la novela. En esta ocasión por disposición, ritmo y sonoridad, la narrativa invade el terreno de la lírica. Muy interesante, como todo lo que aparece en esta novela.




"La fórmula preferida del profesor"

Yoko Ogawa, literatura japonesa, matemáticas y literatura
Conocí esta novela de Yoko Ogawa por el blog de Lorena, amiga virtual que administra un blog enorme en todo: en calidad de lecturas de las que siempre me fío y en calidad de escritura porque cada vez disfruto más y más leyendo sus muy personales reseñas. Creía que había sido a través de Marian, otra buena amiga bloguera ("MarianLEEmásLIBROS"), que yo había sabido de la existencia de este relato y así se lo hice saber a ella misma. Lógicamente Marian se quedó sorprendida porque la reseña que hizo de esta narración de Yoko Ogawa tenía nada menos que diez años. Al decírmelo yo también me extrañé porque es verdad que suelo tardar en seguir las recomendaciones pero ¿diez años?; desde luego era mucho tiempo. Más tarde pude comprobar mi equivocación: Fue en el blog de Lorena, "El pájaro verde", donde había leído una reseña sobre "La piscina", novela de esta escritora japonesa; allí fue donde precisamente Marian le recomendaba en un comentario este título, "La fórmula preferida del profesor", recomendación que como muchas de Marian y también de Lorena no echo nunca en saco roto y suelo apuntar. No habían pasado, pues, diez años desde mi anotación, habían pasado sólo dos. ¡Ah, bueno, esto ya es otra cosa!

Mi comentario
Una empleada de hogar que trabaja para una agencia de servicio doméstico es enviada a atender a un cliente en cuya casa no paran las asistentas. Sin embargo esta mujer casa bien con este hombre, un anciano de sesentaitantos años que en 1975 sufrió un accidente automovilístico a consecuencia del cual perdió la memoria de todo aquello anterior a 80 minutos, excepción hecha de lo acaecido y conocido por él hasta el año 1975. Dados su elevados conocimientos de matemáticas y su afición a las mismas ocupa sus días resolviendo problemas planteados por el Journal o Mathematics, que una vez resueltos envía regularmente a esta Revista especializada.

A propuesta del Profesor al que atiende, la asistenta comienza a llevar a su hijo de 10 años a la casa del matemático al finalizar la jornada escolar pues el anciano opina que un hijo debe de estar siempre con su madre. La relación entre el matemático y Root (así llama al niño el profesor por su cabeza plana que le recuerda al signo de la raíz cuadrada) es fuerte y sobre todo se refiere al mundo del béisbol, si bien es el beisbol anterior a 1975 cuya figura principal era un tal Enatsu.

Es una novela que a mí me ha dejado sensaciones contrapuestas. Por un lado me ha agradado el que las matemáticas sea el asunto sobre el que gira el relato, concretamente sobre la Teoría de los números naturales. No es muy frecuente leer reflexiones y elucubraciones sobre el Teorema de Fermat, la Fórmula de Euler o la Conjetura de Arlir. Yo, que no poseo formación alguna en matemáticas, he leído con cierta atención -al menos al principio- los nombres de matemáticos ilustres desde Erastótenes hasta Andrew Wiles ("EL PERIÓDICO DEL 24 DE JUNIO DE 1993 publicó un artículo que decía que el Último Teorema de Fermat había sido demostrado por Andrew Wiles, nacido en Gran Bretaña, catedrático de la Universidad de Princeton."), e igualmente me han agradado los juegos que partiendo de cosas cotidianas como la fecha de nacimiento,  la edad o el número de calzado el profesor utiliza para transmitir a su interlocutor (la asistenta o el hijo de ésta) qué es un número primo, un número amigo, uno perfecto, uno triangular, e incluso el número pi. 

Confieso que al tiempo que me ha sorprendido esta inclusión del pensamiento matemático en la relación cotidiana entre un eminente matemático y su asistenta también me ha cansado un poco la continuada reiteración en lo mismo que hay en la narración, haciendo que en parte mi cabeza me llevara a pensar en la cierta inverosimilitud de aquello que estaba leyendo. Quizás haya que tener muy en cuenta que estamos ante una obra de literatura japonesa cultura que tiene muchas diferencias con la europea en general y más aún con la nuestra en particular. Tal y como afirma en el 'Postfacio' de la novelita el profesor de Ciencias de la Computación León González Sotos, Catedrático de la Universidad de Alcalá, "Japón tiene sus tradiciones, nosotros las nuestras. La desatención de lo mucho que sus letras importan, doblada con el desdén por la cultura matemática, están entre las más asentadas por estos pagos."

Junto al asunto de las matemáticas aparece el de la afición al beisbol por parte del niño y del Profesor, si bien dada la problemática mental del matemático ambos hablan y fabulan sobre 'ligas diferentes', Root sobre la correspondiente a su edad (Root es un niño de 1o años al inicio y tiene 22 cuando finaliza la novela) y el Profesor sobre la de Enatsu, la estrella del beisbol japonés durante los años 1968-1973, aunque su carrera profesional se alargó hasta 1985. La cabeza del Profesor recuerda al Enatsu de 1968 cuando fue el mejor jugador de la Liga japonesa batiendo cualquier récord existente hasta ese momento. 

La afición al beisbol de los personajes introduce en el relato una infinidad de tecnicismos propios de este deporte: "Yagi, con dos outs, bateó un game ending home run hacia la izquierda. El árbitro de la tercera base levantó una vez el brazo indicando home run, y el marcador digital se encendió con 2x, y sin embargo, el home run fue anulado tras rectificarse como hit de 2.ª base, pues había entrado en las gradas tras chocar la pelota con la valla." (pág. 180). A mi incultura matemática se une además mi desconocimiento y nula afición al beisbol, deporte, por otra parte, que una y otra vez aparece en otras literaturas en especial la norteamericana y, por lo que aquí veo, también en la japonesa. Quizás también el deporte del que el tal Enatsu fue figura indiscutible haya influido en que mi entusiasmo por este relato no haya sido excesivo.

literatura japonesa actual, mujeres escritoras
En el apartado de elementos a favor está sin duda alguna la delicadeza con la que Yoko Ogawa (Okayama, Japón, 1962) presenta esta relación humana, llena toda ella de afectos sinceros a pesar de que el Profesor apenas pueda expresarlos dados sus problemas de memoria. Este asunto el de los problemas de memoria (alzheimer, senilidad, deterioro cognitivo, etc.) propios de algunos mayores es también cuestión importante en la narración. De la americana del Profesor penden una infinidad de tarjetas y notas escritas a fin de poder salvar el injusto límite de 80 minutos de caducidad de su memoria; en esas notas apunta sus intereses y se perciben los afectos de este hombre que no sabe comunicar bien sus emociones: 
  • "En la nota se leía; 'Mi memoria sólo dura 80 minutos'"
  • "'La nueva asistenta ... y su hijo de 10 años √'"
El éxito de Yoko Ogawa en su país es inmenso desde su primera incursión en la narrativa con "Desntegración de la mariposa" en 1988 y el best seller "El embarazo de mi hermana" en 1990. Si estos dos primeros títulos fueron distinguidos con sendos premios (el Premio Kayen y el Premio Akutagawa, respectivamente), la novela que acabo de leer publicada en 2004, tras varios títulos aparecidos entre medias, ha ganado un importante abanico de Premios según dice la Nota que sobre la autora aparece al final del relato leído: "el Yomiuri, el de las Librerías Japonesas y el de la Sociedad Nacional de Matemáticas, 'por haber mostrado la belleza de esta disciplina'". 

La novela ha tenido tal éxito dentro y fuera de su país que a los dos años de su publicación, o sea, en 2006, la misma fue adaptada al cine, a la radio y al cómic. Buscaré la película e intentaré verla pues esa relación de cariño establecida entre estas dos clases de personas tan distintas por formación y clase social -el Profesor y la asistenta y su hijo- me gustará ver cómo el director del film, Takashi Koizumi, la ha vertido en imágenes.