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6 ene 2019

Stefan Zweig: "Ardiente secreto"

24 comentarios:
Mi primera reseña de este 2019 va sobre un valor seguro: Stefan Zweig. Tras seis años de blog aún no había hecho ninguna de este grandísimo autor del siglo pasado. Ya era hora, pues. La literatura de este judío austriaco, muerto en 1942 por su propia mano y su inmenso sentido ético en Petrópolis (Brasil), reconcilia con el arte de la palabra si es que alguna duda sobre el mismo despiertan algunas producciones actuales.

El escritor
Es un escritor de obra abundante y variada. Escribió biografías, entre las que destacan la de "María Estuardo", "Fouché" o "María Antonieta". En teatro hizo sus pinitos con menos fortuna, si bien hay que destacar su autoría del libreto de la ópera de Richard Strauss, "La mujer silenciosa", escrita en pleno ascenso del nazismo en Alemania y Austria cuando él ya había sido señalado como 'no ario', pese a lo cual el compositor se negó a eliminar su nombre del programa de mano. Pero es la novela, con veintidós títulos, el género más cultivado por el escritor. Además, hoy son reconocidísimas su autobiografía titulada "El mundo de ayer" y sus obras de no ficción "Momentos estelares de la Humanidad" y "Brasil: Un país de futuro". Esta última obra, aparecida en 1941, está muy presente en el biopic cinematográfico que en 2016 dirigió Maria Schrader titulado "Stefan Zweig: 'Adiós a Europa'" ('Stefan Zweig: Farewell to Europe') en el que se muestran las dificultades que el escritor pasó en Europa por ser judío y el cobijo hospitalario que le dio Brasil, país en el que, paradójicamente, puso fin a sus días al estimar que el ascenso y triunfo del nazismo en el mundo era imparable.


La novela "Ardiente secreto"
Sinopsis
Como resumen del contenido de la narración, la editorial Acantilado que la publica coloca en la contraportada del libro una cita extraída de la propia novela que resume con nitidez el asunto que en ella se presenta:
 «Se encontraba en esa edad decisiva en la que una mujer empieza a lamentar el hecho de haberse mantenido fiel a un marido al que al fin y al cabo nunca ha querido, y en la que el purpúreo crepúsculo de su belleza le concede una última y apremiante elección entre lo maternal y lo femenino. La vida, a la que hace tiempo parece que se le han dado ya todas las respuestas, se convierte una vez más en pregunta, por última vez tiembla la mágica aguja del deseo, oscilando entre la esperanza de una experiencia erótica y la resignación definitiva. Una mujer tiene entonces que decidir entre vivir su propio destino o el de sus hijos, entre comportarse como una mujer o como una madre. Y el barón, perspicaz en esas cuestiones, creyó notar en ella aquella peligrosa vacilación entre la pasión de vivir y el sacrificio.»
Mi opinión sobre la novela
Stefan Zweig, noela eurpoea de entreguerras, novelistas alemanes
Me ha encantado. Es un fantástico relato en el que un niño, que desea ser visto como mayor, al intentar penetrar en los secretos de los adultos provoca un seísmo en la relación con su madre. El choque con Mathilde, la madre, cuando Edgard, que así se llama el adolescente de doce años, quiere impedir que ella culmine una aventura amorosa con un depredador, un 'cazador de mujeres', es muy grande. Lo mejor de esta breve novela de prácticamente sólo tres personajes es observar la magnífica y profunda evolución psicológica de cada uno de ello: Edgard, Mathilde y el cazador de mujeres. Cada uno de ellos presenta una personalidad propia, cada uno de ellos en su relación con los otros dos actúa conforme a sus principios: Mathilde, como la mujer a la que su marido no atiende lo suficiente y que fantasea con posibles escapadas amorosas; el niño Edgard que busca en el hombre adulto que se hace pasar por su amigo lo que éste no es y vierte sobre él el desamparo y soledad que vive dentro de su acomodada familia; y el joven barón, cuya única finalidad en esta vida es divertirse, flirtear y conquistar mujeres. Todo contado con la prosa exquisita, magnífica, de Stefan Zweig.

Contribuye a la inmensa satisfacción que me ha procurado esta lectura la traducción que presenta Acantilado debida a la mano de Berta Vías Mahou, novelista y ensayista además de traductora del alemán. Su don para la escritura que le ha merecido ya varios premios y el manejo del idioma que tiene esta madrileña nacida en 1961 hace que la lectura de la prosa de Stefan Zweig sea un auténtico placer. 

novela española última, traductoras españolas,
En definitiva, una joyita, una preciosidad de novela que apareció en 1911 en plena eclosión de la teoría del psicoanálisis freudiano y que fue recibida con entusiasmo siendo reeditada en cuantos recopilatorios de lo mejor de la obra del escritor se hicieron desde entonces. Al respecto es inevitable relacionar el asunto que se plantea en el relato, el de la aventura extramatrimonial de la madre, con el que se desarrolla en otra interesantísima novela de Zweig, "Veinticuatro horas en la vida de una mujer", publicada dieciocho años más tarde, en 1929, lo que quiere decir que el tema de la infidelidad y su resolución le atraía mucho al autor.

 La literatura actual -y nosotros, los lectores, claro- debería/-mos mirar con más frecuencia hacia atrás y encontrar en estos centroeuropeos del período de entreguerras el ejemplo a imitar. Stefan Zweig, como Joseph Roth, Robert Walser, Thomas Mann, Frank Kafka, Robert Musil… y tantos y tantos otros son la piedra de toque a la que hay que acudir para dar el valor debido a los escritos de hoy día.

Para finalizar
En estos días primeros de año en que todos nos ponemos objetivos y metas a alcanzar, por mi parte me propongo leer varios de los libros de este escritor dado que todos los suyos que hasta ahora he leído siempre me han proporcionado un inmenso placer. O sea que obligaciones así son las que yo desearía tener siempre.

9 ago 2018

Cine de verano 2. Michael Haneke, "Happy End"

14 comentarios:
Michael Haneke, el director.
Cine intimista, Cinema de la crueldad
Las películas que he visto de Michael Haneke siempre me han resultado duras. El director austriaco de 76 años nunca ha intentado ser amable o condescendiente con los espectadores. Con esta última, Haneke ha realizado hasta el momento catorce filmes; de ellos, antes de "Happy End", yo había visto al menos tres: "La pianista", "La cinta blanca" y "Amor". En mi opinión y a falta de ver el resto son tres películas fundamentales en su filmografía. Con "La pianista" ganó el Gran Premio en el Festival de Cannes de 2001 e Isabelle Huppert, la protagonista, el Premio de Mejor Actriz en el mismo festival; con "La cinta blanca" consiguió la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 2009, así como el Globo de Oro a la Mejor Película en  lengua no inglesa en 2010 siendo nominada al Oscar como mejor Película Extranjera y al Oscar por Mejor Fotografía ese mismo año; por último "Amor" supuso para Haneke alcanzar todo tipo de reconocimientos: Oscar por la Mejor Película Extranjera 2012, Globo de Oro y Premio BAFTA mejor película en lengua no inglesa 2012, Palma de Oro en el Festival de Cannes en 2012; y otros premios en diversos países: Premio Goya a la mejor película extranjera en España, Premio César en Francia, etc. Personalmente, Michael Haneke fue distinguido en nuestro país en 2013 con el Premio Princesa de Asturias de las Artes.

"Happy End", la película
Quizás sean esas tres películas las esenciales en su filmografía. Pero tras haber visto "Happy End" se ha despertado en mí la necesidad de ver las más posibles de las otras habida cuenta de que en esta última el director construye una historia con muchos de los mimbres anteriores. Pero vayamos por partes.

Sinopsis (proporcionado por la distribuidora Golem)
El largometraje presenta a una familia de la alta burguesía europea que está presenciando el final de la vida del patriarca George, quien se dedica a recordar tiempos pasados y que considera mejores mientras el resto de los miembros se enfrentan a sus propios retos y problemas. A su vez, en esos momentos está teniendo lugar una crisis de refugiados y un debate en torno a la migración, relacionado parcialmente con los campamentos de inmigrantes, entre los que se encuentra el situado en Calais, junto a la empresa que dirige esta familia, una importante promotora inmobiliaria. 


Mi Opinión
Lo primero que debo señalar es mi desacuerdo con la sinopsis proporcionada por Golem. Es verdad que en un momento puntual del film el asunto de los refugiados aparece pero para nada es, en mi opinión, el asunto central. Es en todo caso el marco externo en el que se desarrolla el verdadero asunto que no es otro que la crisis (cambio) que está sufriendo esta familia de la alta burguesía francesa dedicada a la construcción; una familia que se elevó como ninguna otra en los tiempos del patriarca George (Jean Louis Trintignant), y que ahora los negocios familiares son llevados con mano férrea por su hija Anne (Isabelle Huppert), negocios que están entrando en barrena por el cambio de época en que nos encontramos y los problemas personales del hijo de ésta, Pierre (Franz Rogowski), incapaz de llevar una empresa como la construida por el abuelo en tiempos convulsos como los que se viven en Calais donde sucede la acción y a donde no dejan de llegar inmigrantes deseosos de una vida mejor. 

Cine alemán actual, Cine filosófico
Todo lo anterior es visto y contado por Eve (Fantine Harduin) desde el aislamiento de su niñez y el distanciamiento que imponen hoy día las nuevas tecnologías -Eve está constantemente filmando la realidad de lo que acontece a su alrededor- que nos aíslan a los unos de los otros pero que con su frialdad dan testimonio fiel de lo que sucede.  Eve ve el mundo a través de su teléfono móvil. Desde el principio de la película ella filma con su smartphone todo lo que de importante hay a su alrededor desde el ritual protocolo diario de su madre antes de acostarse que sirve de fondo para los títulos de crédito iniciales, hasta la decisión tomada por su abuelo George que ella conoce y que para nada intenta evitar sino todo lo más dejar constancia de ella filmándola. 

Por eso creo que la película es más una historia intimista que un planteamiento social como viene a querer decirnos la sinopsis anterior. Sí, es verdad que la familia vive ajena a lo que ocurre a su alrededor. Al inicio del film un accidente en la obra que están realizando en las proximidades del puerto de Calais pone a prueba la entereza de Pierre a quien Anne desea, al menos en apariencia, ir pasando el testigo de las responsabilidades empresariales. Pierre es un ser débil  ninguneado siempre por sus mayores, que se identifica con los débiles que ve a su alrededor. Por esto se vengará de sus mayores -madre y abuelo especialmente- arrojándoles a su ensimismada cara el problema que afronta la sociedad donde ellos viven pero que con desdén olímpico ignoran. Y este problema no es otro que el de los inmigrantes que viven hacinados en las proximidades del Paso de Calais a la espera de poder pasar a Gran Bretaña.

Entre los aspectos más interesantes de esta película destaca el ya dicho del aislamiento que paradójicamente imponen los teléfonos móviles y ordenadores que lejos de acercarnos nos separan sumergiéndonos en un mundo virtual lleno de irrealidad que nos hace creer que la realidad forma parte de la ficción y no al revés. Así parece creerlo la niña Eve que ve el mundo a través del falso cristal de su móvil, pero también el padre de ésta, Thomas Laurent (Mathieu Kassovitz) que es infiel a su mujer manteniendo una relación virtual con otra a través de su ordenador. Lo que en la realidad nunca diría a esta mujer lo manifiesta a través de la impersonalidad y el alejamiento que los medios tecnológicos facilitan.

Con Thomas, pues, se toca en el film el sexo, su vivencia, la insatisfacción, el deseo de vivirlo de otro modo, las perversiones sexuales..., de todo ello hay referencias en la película. Pero ahora el mismo sigue el signo de los tiempos y se realiza de modo virtual a través de un chat en el ordenador, un chat subidito de tono que Thomas cree que sólo conoce él pero que, como todo en Internet, al salir de nosotros corre el riesgo de caer en otras manos y ser leído por otras personas quedando al descubierto el personaje.

Otro aspecto esencial que en cierta manera sirve de justificación al sorprendente título de "Happy End" -y digo sorprendente porque en Haneke que algo pueda calificarse así ya es novedoso- es sin duda alguna el de la eutanasiaJean Louis Trintignant es el mismo George de "Amor" la anterior  cinta del director. En ella el octogenario George que vivía plácidamente junto a Anne, su amada esposa de la misma edad que él, se ve abocado a darle una prueba extrema de su amor cuando ella sufra un infarto cerebral que la deje convertida en un vegetal. En "Happy End" encontramos a George solo, sentado en una silla de ruedas, ausente del mundo que lo rodea y tan sólo deseoso de que alguien le ayude para ir a unirse con su esposa. Solicita a sus hijos y nietos que le faciliten la marcha, en la calle se lo pide a quienquiera que encuentra y, claro, ante tamaña petición las personas se apartan de él tomándolo por loco; pero, nada, nadie se apiada de él. ¿Quizás Eve sea más receptiva? Surgen aquí como fogonazos rasgos de comicidad, sin duda alguna de humor negro. Son pequeños momentos, pequeños detalles de humor, que en Haneke son todo un mundo.

La autoridad ejercida por los padres sobre los hijos que puede llegar a ser castrante se evidencia en la relación entre Anne y su hijo Pierre. La rigidez en las normas es asunto que el director ha tocado en algunos de sus filmes anteriores. De los que yo le he visto recuerdo la dureza de esa relación padres-hijos en la maravillosa "La cinta blanca".
Burguesía enfrentada a sus propias contradicciones, Haneke
La inmadurez de ciertos jóvenes incapaces de enfrentarse a la realidad al haber crecido arropados en un mundo superprotector que todo les consentía se toca también aquí. Y junto a ella, quizás como el causante de que el pañuelo que les tapaba los ojos caiga definitivamente aparece otra juventud, la de esa masa de jóvenes inmigrantes africanos que sí que conocen lo que es la vida al sufrir la dureza de la misma en sus propias carnes. Hay un momento culmen en la película, reflejado en el cartel anunciador de la misma, en que se ve la sorpresa reflejada en la cara de esa familia burguesa que vive en su torre de marfil y observa que la por ellos considerada hez de la tierra acaba de llamar a sus puertas.  

Luego está la manera de rodar de Haneke, desde el principio sorpresiva, novedosa. La mezcla de imágenes con smartphone y sin él que abre y cierra el film es magnífica; los primeros planos de esas caras duras que esconden una psicología difícil, en especial quiero destacar la expresión seria, adulta, reconcentrada, madura de la niña de doce años, Eve, el miembro más próximo a su abuelo al que entiende en todos sus extremos incluido, naturalmente, las ideas suicidas de ambos. La conversación que mantienen abuelo y nieta es de lo mejor de la cinta y justifica por sí misma las secuencias finales. En esta conversación hay claras referencias a dos cintas anteriores del director: "Amor" (2012) y "El video de Benny" (1992). Sin coincidir plenamente en esta última también una adolescente graba en imágenes los prolegómenos de una muerte. En fin, algo durillo resulta ver a una encantadora niña metida de lleno en estos asuntos.

En esta manera de rodar y frente a otras opciones como el empleo del blanco y negro que hace en "La cinta blanca", en "Happy End" el color todo lo inunda. Los asuntos como hemos visto son duros, terribles, incluso el deseo de morir o darse muerte sobrevuela en esta historia continuamente, pero paradójicamente y en magnífica contraposición toda esta inmisericorde realidad sucede bajo un sol radiante, con unos personajes que visten ropas alegres aunque por dentro cultiven ideas funestas.

También, lógicamente, las claves del film se ocultan en los otros filmes del realizador que como han hecho frecuentemente los grandes directores (Ingmar Bergman, Passolini y muchos otros más) hace en éste una especie de resumen de toda su filmografía, ordenando temas y asuntos cual si de la anagnórisis en una novela negra se tratara. Y en parte así es, salvo que aquí esa novela negra es la propia vida que con Haneke salta del celuloide virtual a la realidad de los espectadores que desde las butacas nos vemos perturbados, incomodados, por lo que se nos lanza envuelto en la belleza de las imágenes. Así es Michael Haneke: incómodo, perturbador, pero al tiempo un inmenso creador de Arte.

Conclusión
Con "Happy End" mi cómputo de productos Haneke llega a cuatro. No me siento ya hastiado de sus creaciones sino que muy al contrario me encanta tanto ver sus películas que buscaré otros títulos suyos que no he tenido aún ocasión de degustar. En especial me apetece mucho "Caché" (2005)porque buenos amigos y grandes cinéfilos me la recomiendan desde hace tiempo. Luego, por eso de la coincidencia de la niña que graba todo todo, quisiera ver "El video de Benny". Y eso que el director muniqués no construye productos amables para la satisfacción del público, sino películas cuya severidad y aspereza temáticas remueve en quien las ve aspectos y facetas presentes en todos o en la mayoría pero ocultos y silenciados bajo la losa que es la educación que, afortunadamente, los reprime.

Por eso por ahora me daré un descanso porque, en coincidencia con Fernando Savater, pienso que ya está bien de ver pelis que constantemente nos hablan del deterioro inevitable del ser humano. Y otra cita de otro grande de las letras, José Luis Sampedro, para apoyar el descanso que pienso darme de pelis de este tenor: una cosa es la plácida vejez y otra muy distinta la jodida vejez. De la segunda "Amor" y "Happy End" son ejemplos claros; hoy por hoy me quedo con realizaciones que aborden la amable vejez y no la otra.

21 ago 2016

Zhang Yimou, Giuseppe Tornatore, Edoardo María Falcone... En Cine, un verano bueno y malo.

6 comentarios:
Durante este caluroso verano uno de los mejores lugares donde cobijarme han sido las salas refrigeradas de los cines de mi ciudad. Durante el mes que pasé en ella tuvieron lugar episodios de altas temperaturas. Consecuencia: quizás este mes haya sido el mes que con más frecuencia he ido al Cine. Las películas que he visto han sido las siguientes: "La correspondencia", "Malas madres", "Si Dios quiere", "Regreso a casa" y "Mi vida a los sesenta".



De estas cinco películas sólo dos me han gustado verdaderamente: "Regreso a casa" del chino Zhang Yimou y "Si Dios quiere" del italiano Edoardo Maria Falcone; hay una que fui a ver sobre todo por los nombres de sus intérpretes (Jeremy Irons y Olga Kurylenko), de su director (Giuseppe Tornatore) y del encargado de la banda sonora (Ennio Morricone), pero de la que esperaba mucho más: "La Correspondencia"; y dos que no me han gustado nada: "Malas madres" y "Mi vida a los sesenta". Y como en la decepción también hay grados, la alemana "Mi vida a los sesenta" dirigida por Sigrid Hoerner gana por goleada a la norteamericana "Malas madres" del director Jon Lucas.

Dejo aquí los trailers de cada una de ellas con un breve comentario previo. Comenzaré por las que menos me han gustado, pata continuar en orden ascendente por las que más me han agradado. Por eso dejaré la magnífica "Regreso a casa" para el final.

"Mi vida a los sesenta"
Dado el estadio vital en que me encuentro, el título de esta cinta me atrapó desde que lo escuché por primera vez. Si a ello añado alguna crítica -publicidad más que análisis serio, es evidente- que leí en el momento de su estreno, es entendible que me desplazase bajo el rigor de la canícula salmantina para verla, pero la decepción fue total. La historia es tonta: mujer prejubilada a los sesenta que decide en ese instante tener un hijo; frente a ella, hombre de la misma edad que se niega a asumirla y que se aferra como a un clavo ardiendo a su poder seductor de jovencitas a fin de ignorar su propia realidad. Si bien el punto de salida, aunque tópico, es admisible, el desarrollo de la trama es absurdo, inexplicable e intragable. Además el humor falla estrepitosamente. Una pena de película.


"Malas madres"
Es el típico producto americano dirigido al público adolescente. Pero, claro, me diréis, cómo si va de madres va a referirse a adolescentes. Os lo diré: pues simplemente porque el tiempo no se detiene, es imparable, y quienes hace unos años fueron adolescentes ahora mismo ya son madres de hermosos niños. Y ahí está ya puesto en marcha el planteamiento de la historia: Sí, nos encontramos ante tres madres treintañeras con niños de poco más de 7 ú 8 años que viven con angustia su condición de mujeres de hoy (magnífica profesional, una; madre y esposa amantísima, otra; y mujer liberada y mal mirada, la tercera). Esta condición se tensiona especialmente en las reuniones del AMPA del colegio al que llevan a sus niños, hasta que el 'statu quo' se rompe estrepitosamente y aflora la realidad no sólo de ellas tres sino también del resto.

En comparación con la película alemana anterior he de decir que en ésta hubo momentos en que la sonrisa afloró en mis labios. Sí, tiene sus golpes, pero... es una pequeña tontería de película que, sin lugar a dudas, entretiene. Un buen producto para la televisión más que para una sala de proyección.


"La Correspondencia"
Para mí estos tres nombres: Ennio Morricone, Giuseppe Tornatore y Jeremy Irons son sinónimo de calidad. Creo que los tres realizan en este film un trabajo correcto, pero nada más. En este sentido salí de la sala un tanto decepcionado pues esperaba más, y es que ¡he disfrutado tanto con otros trabajos en los que intervenía alguno de estos tres artistazos!
Me permitiré recordar al Giuseppe Tornatore de 'Cinema Paradiso' (1988) -¡una maravilla!-, 'Están todos bien' (1990) -¡con un magnífico Marcello Mastroiani!- o incluso 'Malena' (2000) -¡qué sensualidad la de la hermosa Monica Bellucci!-.
¿Qué decir de Jeremy Irons? Basta con recordar algunos títulos magistrales que sin él no nos los imaginaríamos: 'Tren de noche a Lisboa' [reseñada en este blog. Pinchar aquí] de Bille August (2013), series históricas de TV como 'Enrique IV' (2012) o 'Elizabeth I' (2005) 'Herida' de Louis Malle con Juliette Binoche (1992) o su memorable encarnación del personaje de Humbert en la 'Lolita' de Adrian Lyne (1997).
¿Y del compositor Ennio Morricone? Todos recordamos las bandas sonoras que compuso en la década de los sesenta del siglo pasado para los westerns de Sergio Leone pasando por films como 'El Decamerón' o 'Los cuentos de Canterbury' de Pier Paolo Passolini en los setenta, hasta llegar a 'Sostiene Pererira' de  Roberto Faenza (1995) o la muy reciente 'Django Desencadenado' de  Quentin Tarantino (2012).

Es evidente que con estos tres mimbres cabía esperar una película sublime. Pues no es así. "La Correspondencia" plantea el clásico asunto del amor más allá de la muerte muy tratado por la literatura (recuérdese el famoso y bellísimo soneto de Quevedo) y también por el cine. Más que cine creo que la historia que se presenta quedaría muy bien en una obra de teatro dado el intimismo de la ficción que se plasma en el film en unos bellísimos planos cortos de Olga Kurylenko y de Jeremy Irons quien, dada su edad, no los soporta tan bien como su partenaire.

Durante toda la película recordé la película que la española Isabel Coixet hizo en 2003 titulada 'Mi vida sin mí'. En mi opinión el film de la Coixet interpretado por Sarah Polley (Ann), Deborah Harry (madre), Scott Speedman (Don), Amanda Plummer (Laurie), y Leonor Watling (vecina), entre otros, supera con creces éste de Tornatore. A favor de la directora y escritora catalana está que confiesa su fuente de inspiración; Tornatore simplemente firma el guión, sin más.


"Si Dios quiere"
Tras haber visto otras dos comedias, la alemana "Mi vida sin mí" y la americana "Malas madres", ésta del italiano Edoardo Maria Falcone las gana por goleada. Hacía tiempo que no me reía tanto y con tantas ganas en un cine. "Si Dios quiere" me ha hecho recordar a grandes actores cómicos del cine italiano clásico como Alberto Sordi o Vittorio Gassman.

La historia es sencilla: Tommaso (Marco Giallini), un cardiólogo de prestigio, es un hombre de firmes creencias ateas y liberales. Está casado y tiene dos hijos. Uno de ellos, Andrea (Enrico Oetiker), prometedor estudiante de medicina, revoluciona a la familia cuando les anuncia que quiere hacerse cura.

Lo que Falcone plantea en su película es algo tan auténtico como que la realidad no siempre acompaña a las palabras. Es decir que muchas personas que presumen de abiertas, democráticas y liberales, en realidad son totalmente incapaces de debatir sobre un tema, con lo que demuestran ser exactamente lo contrario de aquello de lo que se jactan. Así, el presumido y prestigiado Tommaso ve tamabalearse sus convicciones cuando conoce a don Pietro (Alessandro Gassman), un sacerdote muy peculiar.

Esta película, aunque el asunto que plantea es también un clásico (creyentes vs no creyentes) lo aborda desde un prisma de cinceridad y relajo tal, que satisface plenamente a unos y a otros. Contribuyen a esta satisfacción general el buen hacer de los actores en especial de Alessandro Gassman, hijo de Vittorio Gassman, que hace verdad el dicho "De casta le viene al galgo". Una gran actuación la suya que junto al resto del plantel de actores, todos ellos encarnando a la perfección sus personajes tópicos y estereotipados, producen un film cómico en la línea de los clásicos italianos.


"Regreso a casa"

Y por fin la mejor de las cinco películas que he visto durante este último mes. Desde que mi compañero Rafa me descubrió a Zhang Yimou he visto cuantas películas del director chino se me han puesto a tiro desde "Sorgo rojo" (1988) sobre un relato de Mo Yan hasta esta última pasando por otras más épicas como "La casa de las dagas voladoras" (2004), "La maldición de la flor dorada" (2006) o la titulada "El camino a casa" (1999)  basada en una novela de Bao Shi. También "Regreso a casa" se inspira en una obra literaria, en este caso en la novela 'Yan Geling' de Zhou Jingzhi que junto a Yimou es autor también del guión.


Estamos ante una película alejada del tono épico legendario de las grandes producciones de Zhang Yimou. "Regreso a casa" adopta un tono intimista muy literario y aunque al inicio del film ubicamos la historia en un contexto muy determinado, el del final de la Revolución Cultural, la denuncia política, tal y como es práctica común en estos intelectuales chinos apoyados y soportados por el Régimen, se soslaya y sirve al relato fílmico simplemente de nota de identificación temporal, sin más.



En síntesis estamos ante el regreso a casa procedente de un campo de trabajo de Lu Yanshi (Chen Daoming), un intelectual represaliado por la Revolución Cultural. En su regreso no será reconocido por Feng Wanyu (Gong Li), su esposa, que ha perdido la memoria y seguirá, imperturbable, esperando el regreso de su joven esposo. Lu Yanshi, convertido en extraño en el seno de su propia familia, decidirá resucitar el pasado con Feng Wanyu para lograr que ésta recupere la memoria.

En este ejercicio de recuperación de la memoria colaborarán junto a Lu Yanshi, Dan Dan (Zhang Huiwen), la hija del matrimonio, la Camarada Liu (Liu Peiqi) y otros miembros de la vecindad.


Al igual que en una película anterior,  "Amor bajo el espino blanco" (2011), la Revolución Cultural China de 1966 a 1976 le sirve al director para poner en tensión máxima los comportamientos individuales ante lo que el colectivo, -el Pueblo o/y el Partido-, exige y espera de la persona. Los sentimientos corren en estas situaciones el peligro de ser laminados por la maquinaria del poder. Atender a cómo los individuos se enfrentan y resuelven estos conflictos es lo que Zhang Yimou muestra en este tipo de filmes.  En concreto "Regreso a casa" se caracteriza por tratar con una enorme sensibilidad y a través de unas magníficas calidades cinematográficas temas humanos como la familia, la lealtad, el exilio, la espera, la esperanza... siempre en un clima de gran emotividad.




Para finalizar la reseña de esta magnífica película sólo me resta añadir que Gong Li, que hace aquí una actuación magistral, es actriz reconocida con premios importantes por sus papeles en películas tan emblemáticas como "Memorias de una geisha" (2005) de Rob Marshall o  "Adiós a mi concubina" (1993) de Chen Kaige. Por su parte la joven actriz Zhang Huiwen ha sido galardonada por su actuación en este film como mejor actriz revelación en los Premios del Cine asiático.

¿Qué peliculas habéis visto vosotros? ¿De estas cinco habéis visto alguna? 

16 jul 2015

"Phoenix" de Christian Petzold (Alemania).

4 comentarios:
Aunque es cierto que el verano no es la mejor estación para ver cine, últimamente he visto dos películas que me parecen muy, pero que muy, recomendables. Se trata de productos que no pertenecen a la factoría hollywoodense, sino a productoras más modestas de países menores dentro de la gran industria que es el Cine. El primero, del que voy a hablar en este post, viene de Alemania. En la entrada que publicaré la semana próxima hablaré del otro, cuya procedencia es brasileira.

"PHOENIX"
El guionista de esta historia -más bien el adaptador para la pantalla de la novela "Le retour des cendres" de Hubert Monteilhet en que se basa el film- es también su director. Se trata de Christian Petzold, que antes de esta película firmó "Bárbara" (2012), una cinta que recibió los parabienes de la crítica y que trata en cierta manera el mismo asunto que "Phoenix": la asunción del sentimiento de culpa del pueblo alemán ante la historia nazi vivida por este país pero enterrada en un olvido comunitario. Si bien en "Bárbara" la trama se desarrolla en 1978 en pleno período de la existencia de la RDA y en ésta, "Phoenix" transcurre en los meses inmediatos al final de la II Guerra Mundial, concretamente en junio de 1945, en el Berlín ocupado por los aliados, cuando aún están reapareciendo personas que se creían muertas o desaparecidas.

La historia que se presenta en esta película es la del retorno de una mujer, Nelly Lenz (Nina Hoss), procedente de un campo de concentración alemán donde le desfiguraron el rostro por lo que ha debido someterse a cirugía estética lo que hará que resulte irreconocible para sus familiares más allegados. Esta circunstancia explica que cuando encuentra a su marido, Johnny (Ronald Zehrfeld), del que está profundamente enamorada éste no la reconozca (la llamará Esther) pero sí encuentre en ella una cierta semejanza con la para él su fallecida mujer. Por esto Johnny la entrenará para simular un retorno y solicitar a las autoridades los bienes que están a nombre de ella.

Lo más interesante de esta historia es la mostración de las iniquidades cometidas por no pocos alemanes duarante la contienda (en este caso fue el mismo marido quien para obtener un misérrimo beneficio denunció a su mujer a la Gestapo). Lo más endeble de la misma es su verosimilitud: ¿Cómo es posible que un marido, por mucho que haya cambiado el aspecto físico de la que fue su mujer no la reconzca?

Phoenix, Christian PetzoldMuy sugerente es también la relación que existe entre Nelly Lenz y Lene Winter (Nina Kunzendorf), la mujer del Comisariado para la Recuperación de judíos que han sufrido bajo los nazis. Existe cierta ambigüedad en los sentimientos de Lene hacia Nelly. Lene la ayuda y consigue que Nelly acceda a marchar a Israel pero antes ha de convencerla de que la operación a la que ha sido sometida no ha sido para 'reconstruir', algo imposible sino para 'recrear' su cara. Esta sutil diferencia marca todo el relato y Nelly habrá de aceptar que eso es así a lo largo del mismo.

Hay momentos cinematográficos sublimes en esta cinta de Petzold como la visita que hace Nelly acompañada por Lene a lo que fue su hogar y se ve reflejada en un espejo roto que descubre entre las ruinas; o el ambiente sórdido del club "Phoenix" donde Johnny trabaja y al que el film debe su título, que en España ha conservado mientras que en otros países de habla hispana se ha titulado de manera muy orientativa como "Ave Fénix"; e indudablemente la memorable escena final en la que Nelly le pide a Johnny que toque al piano la hermosa canción “Speak low” de Kurt Weill que ella cantaba en el Berlín de 1943 antes de que la confinasen en el campo de exterminio. La música y letra de esta canción recorre el relato fílmico durante toda la proyección estallando al final en una escena que es de lo más impactante de la película [este tema y otros jazzísticos semejantes interpretados por Juana Rodríguez los podéis escuchar en la pág. "Música que me gusta escuchar"]

Por último sólo señalar la maestría del director que ha rodado una historia de amor profundo de un modo realista lindante con la irrealidad. También la construcción por Nina Hoss del personaje de Nelly contribuye a hacer creíble esta historia increíble: una mujer misteriosa, profundamente enamorada de su marido al tiempo que ella es también objeto de irresistible atracción para otras personas.

Este filme obtuvo el Premio de la Crítica (premio FIPRESCI) en la última edición del Festival de San Sebastián.

Os dejo el trailer para que os animéis y vayáis a verla.