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10 oct 2024

"Distintas formas de mirar el agua". Julio Llamazares

19 comentarios:

«Pero en fin, así es el progreso, esa gran rueda que mueve la historia y que siempre gira hacia delante por más que les duela a muchos a los que como a mi familia les cambió la vida. Gracias a ello mi abuelo se convirtió en Ulises y yo soy la que soy ahora. ¿Cómo habría sido mi vida de no haberse cruzado en la trayectoria de mi familia la orden de un ingeniero que decidió detener el río como el que decide detener el tiempo? Ni siquiera habría existido...»

Distintas formas de mirar el agua, Julio Llamazares
León es una provincia grande en extensión y también grande en creación literaria. Muchos son los escritores leoneses, hasta el punto de que ya en 1982 Francisco Martínez García publicó una Historia de la literatura leonesa que no sé si se ha vuelto a reeditar. Si ya en 1982 Martínez García consideraba necesario lanzar una mirada a la literatura producida por leoneses a lo largo del tiempo, desde los siglos más lejanos hasta ese 1982, hoy sería más necesario que nunca una actualización de la misma dado el numeroso grupo de autores nacidos en esa zona de España. Escritores actuales leoneses son muchos: José María Merino, Luis Mateo Díez, Julio Llamazares, Andrés Trapiello, Carlos Fidalgo... [una relación más completa puede verse en este Listado de escritoras y escritores actuales de León]. La mayoría de ellos, como es ya una constante -¡y una maldición!- en la zona oeste de la Comunidad de Castilla y León, reside fuera de su provincia de origen, sobre todo en Madrid. 

Si bien entre estos autores los hay que hablan de su provincia de origen (sus leyendas, sus gentes, sus tierras variopintas: la Montaña, el Páramo...; sus comarcas: Babia, Laciana, los Ancares, Boñar...), sin duda alguna es Julio Llamazares quien ha construido una obra más centrada en la nostalgia por la pérdida de un mundo que él llegó a vivir durante su niñez y adolescencia. Un mundo que a partir de la década de los 60 fue desapareciendo, transformándose, de manera inadvertida unas veces y otras, como lo que se cuenta en Distintas formas de mirar el agua, de modo brusco, impuesto por los gobernantes y técnicos del momento aun en contra del sentir de los afectados.

En esta novela corta encontramos a una familia que un día de otoño llega hasta el embalse del Porma en León para esparcir sobre sus aguas las cenizas de Domingo, el abuelo. Domingo junto a Virginia, su mujer, y los cuatro chiquillos fruto de su matrimonio, tuvieron que abandonar Ferreras, su pueblo, por orden de la superioridad antes de que junto a otros cinco o seis más fuera anegado por las aguas del río Porma que iba a ver detenido su curso. La presa que embalsaría sus aguas llevaba construyéndose desde hacía cinco años y en breve iba a ser inaugurada. Esa lejana salida del pueblo, evocada por la abuela Virginia, dista del ahora en que se desarrolla la novela nada menos que cuarenta y cinco años.
«Durante los cuarenta y cinco años que han pasado desde el día en el que, con la casa a cuestas, abandonamos estas montañas camino de la llanura, Domingo nunca volvió a hablar del pueblo, como tampoco lo hizo de Valentín, el pobre hijo que se nos murió tan pronto. [...] Yo, al contrario, mientras más hacía por olvidar, más recordaba y me dolía el recuerdo.»
Estamos ante un tiempo detenido. La verdad es que eso es lo que supone la muerte para quien la sufre; aunque en este caso también el tiempo se detuvo en vida para el fallecido y Virginia 45 años atrás, pues pese a haber vivido físicamente esas cuatro décadas lejos de allí, concretamente en unas fértiles tierras  palentinas surgidas de una laguna desecada, mentalmente siempre estuvieron en Ferreras, su pueblo leonés hoy sumergido en el embalse que ellos llaman la laguna.

La desaparición del decurso temporal también sucede en el relato de Llamazares escrito a base de monólogos interiores y soliloquios coincidentes en el tiempo de los distintos miembros del grupo familiar: la abuela Virginia, sus cuatro hijos (Teresa, José Antonio, Virginia y Agustín), las parejas de los tres primeros (respectivamente Miguel, Elena y Emilio), y los hijos de cada una de estas parejas, o sea los nietos del abuelo fallecido (Raquel y Susana; Daniel con su novia italiana Maria Rosaria y Alex; Laura, Jesús y Virginia). Todos ellos esperan que Teresa, la hija mayor de Domingo, esparza las cenizas del abuelo sobre las aguas; mientras lo hacen cada uno evoca en sus pensamientos la vida y el comportamiento del abuelo Domingo y del resto de miembros de la familia.

Son tres generaciones meditando sobre un mismo hecho en un mismo instante. Paradójicamente este tiempo parado sirve para ver cómo en esos cuarenta y cinco años el mundo ha cambiado pasando de una sociedad cerrada y machista, en la que la mujer estaba sometida al varón, a una sociedad en la que la mujer es dueña de su cuerpo, actos y decisiones («Mi madre pertenece, como yo, a esa clase de mujeres acostumbradas a obedecer, primero a nuestros padres y luego a nuestros maridos. ¡Qué distintas de las jóvenes de hoy!», piensa Teresa). Lo curioso es ver cómo todos, viejos y jóvenes, enjuician de manera comprensiva estas actitudes tan dispares en unos y en otros («Lo que no me gustaba de él era su machismo, aunque comprendo que también eso se lo enseñaron en casa, aparte de que la abuela se lo reforzase luego como mi madre ha hecho con mi padre»). 

La transformación en la manera de vivir se percibe también en la dispersión de la familia por la geografía peninsular; se diría que así como Ferreras se perdió en las profundidades del embalse, la familia creada por Virginia y Domingo se ha disuelto diseminándose unos y otros por España: en Barcelona vive José AntonioTeresa lo hace en Valladolid; y Virginia en Santander. Agustín es el único que, en la laguna palentina, permanece en la casa de los abuelos, quienes por su edad hubieron de marchar a una residencia en la ciudad; pero a Agustín todos lo tienen por loco o algo retrasado 

Es Distintas formas de mirar el agua fundamentalmente una historia de amor; una historia de amor por parte de Julio Llamazares a su tierra, León, Castilla y León, una tierra de gentes sencillas, aparentemente duras, que no buscan enriquecerse, sino sólo ser felices. Así lo piensa Miguel, marido de Virginia hija y separado de ella desde hace ya seis años: 
«¿No será que el secreto de la felicidad es conformarte con lo que tienes, con lo que a base de esfuerzo vas consiguiendo por ti mismo, con el amor de unas pocas personas que la vida puso a tu lado, con la tranquilidad que dan la fidelidad y la compañía de una mujer a la que conociste un día y que, si entonces te pareció la mejor del mundo, quizá fue porque lo era?»
 Por su parte Daniel, uno de los nietos de Domingo y Virginia piensa que sus abuelos vivieron «una gran historia de amor sin duda ninguna: la de dos personas humildes, dos campesinos sin casi estudios ni pretensiones, pero con un corazón que lo compensaba todo, que se quisieron toda la vida sin decírselo posiblemente ni una sola vez.»

escritores leoneses vivos, Andrés Trapiello, Luis Mateo Díez
Julio Llamazares; fotografia: jeosm
 (httpswww.zendalibros.com)
Como nota anecdótica diré que el ingeniero que planificó y ejecutó el embalse del Porma que se recrea en esta novela fue Juan Benet. Habría que investigar el asunto, pero el libro se cierra con una cita de Juan Benet que textualmente dice: «Todo el aire de esa región queda reducido a bien poco: una sierra al fondo, una carretera tortuosa y un monte bajo en primer plano». La intencionalidad de Llamazares al incluirla la veo ambigua, pues por una parte parece criticar al ingeniero también escritor, y por otra también podría ser una especie de elogio. Y digo elogio porque en Distintas formas de mirar el agua el personaje de Daniel es ingeniero de Caminos como Benet y para defender obras públicas como el embalse, que dan progreso y confort, lanza reflexiones como la siguiente:
«Porque lo que no puede hacerse es oponerse a ellas sin más como hacen los ecologistas y algunos grupos de afectados (a éstos los comprendo aún), que luego, eso sí, quieren tener electricidad y agua en sus domicilios.»
Son el nieto Daniel y su novia italiana María Rosaria quienes, dada su lejanía, mejor pueden enjuiciar  la realidad de la familia y de lo sucedido en su vida por culpa de esa obra que al tiempo que es bella también supuso algo terrible para la pareja de ancianos que concebía su existencia apegada a su pueblo de origen. La muerte, como ocurre siempre, ha llegado y ha echado por tierra cualquier planteamiento vital. Por eso, piensa Maria Rosaria:
«Es ley de vida, como se dice. Unos se van y otros vienen, unos desaparecen y otros los sustituimos y así será mientras haya mundo. Por eso hay que disfrutar de la primavera, y de las nubes, y de los pájaros, y hasta de la belleza de este pantano que esconde, como todo, algo siniestro, pero que es una maravilla como paisaje, y por eso hay que aprovechar cada minuto de nuestro tiempo, que se va a toda velocidad, en lugar de regodearse en el dolor de lo que perdemos.»
___________________
En 2016 Julio Llamazares quedó finalista del Premio de la Crítica de Castilla y León con Distintas formas de mirar el agua publicada el año anterior. Seguramente se iba a alzar con el galardón, pero previamente él ya había advertido que de ganarlo no lo aceptaría ni iría a recogerlo.  
 

19 mar 2023

Este martes, día 21 de marzo, es el Día de la poesía

13 comentarios:
Algo tendrá que ver el cine, Poemarios de Ezequías Blanco

Me gusta leer poesía. No leo la suficiente, pero vuelvo con frecuencia a mis poetas preferidos. Son muchos entre los clásicos y entre los más recientes y actuales me decanto por José Hierro, por Brines, por Angel González... Pero vayamos a los vivos. Hay tantos y tan buenos que me sería incómodo nombrar unos y que los no citados pareciera que en mi opinión no lo merecieran. Por eso he tomado una drástica determinación que espero a nadie moleste. Voy a citar en esta jornada de exaltación de la poesía a un amigo, candidato junto a otros nueve coterráneos castellano-leoneses al Premio de la Crítica de Castilla y León 2023; me refiero a mi amigo y excelente poeta Ezequías Blanco que opta al galardón por su obra Algo tendrá que ver el cine (Los Libros del Mississippi) [reseñado por mí en este blog]. 

En mi reseña, claro, hablo del poemario y digo cosas como que los 43 poemas que forman el libro se distribuyen en cinco apartados, y que uno de ellos da título a todo el volumen
 «En cinco secciones y un epílogo distribuye Ezequías sus composiciones poéticas: de las cinco es precisamente la última, Algo tendrá que ver el cine, la que da título a todo el volumen.»
Pero en un día dedicado a la exaltación de la poesía no cabe pararse en elucubraciones teóricas; lo que toca en esta ocasión es ir a la poesía misma, a los poemas en concreto, para leerlos, degustarlos, disfrutarlos, aprehenderlos, gozarlos...

De los poemas que forman este delicioso poemario escrito por Ezequías, merecedor sin duda alguna del Premio de la Crítica de Castilla y León 2023 para el que está nominado y que se falla precisamente el próximo 21 de marzo, selecciono como muestra antológica uno o dos de cada una de las cinco partes en que estructura el poemario:
Yo doy fe de que tiene el infinito
silencio de Dios y al mirar
una foto de un viejo
ha exclamado: ¡pero qué niño
más guapo! ¡Qué guapo es este niño!

Su mente es una grieta
donde no existen los dones
sólo la certidumbre del destino.
Donde no hay más presencia
que la ausencia
de los senderos hacia el cielo.
No hay nada suficiente que los rayos
no iluminen. Uno es lo que ama
y lo que será capaz de amar:
una celebración de ruiseñores
nostalgia de lugares sin dolor
que no ha visto en la vida
confundidos con un desbordamiento
de sueños y una riada
de emociones revueltas.
La sonrisa de mi madre (en Unos cuántos al origen)



Con ansia de infinito hoy me levanto
y veo con asombro la explosión
de los nelumbos… La gente no quiere
la justicia sino las mentiras convincentes.
A lomos del amor cabalga el odio
por nuestra piel de toros o de bueyes
como si el río no tuviese
o nacimiento o desembocadura

La muerte nunca llega a tiempo
a pesar de que siempre comparezca
a la hora convenida
En plena pandemia (El cuenco de manteca)

No hay pensamiento sin voz.
No hay límite sin espacio.
No hay ciudad con más amor
en su nombre que Z(amor)a.
A Zamora (El cuenco de manteca)


Te gustaría ser ese pájaro que canta.
Te gustaría ser ese gato que bosteza
o esa culebra deslizándose…
Cantar bostezar deslizarse
sin ninguna culpa ni responsabilidad.
Tú sólo quieres la alegría
de las gotas de lluvia
para ir construyendo las quimeras
poco a poco en el barro.
Tú sólo quieres globos plateados
para con lentitud poder salvarte
de tu muerte amenzada de vida
Cantar bostezar deslizarse (en Autoayuda / Autoamparo)



Estaba el bosque y vino el mar
a anegar con su sal el pobre suelo
a quebrar con su furia los silencios
a matar con amor todos los sueños.
Violencia de género (en Vetavena social)



Curiosa e incierta es nuestra tarea:
lo mismo significa defender a la patria
que escribir un poema.
Resulta duro en la apariencia
pero cuando nada hay tan importante
como la pureza allí estamos
haciendo experimentos
como en el matraz de un laboratorio…
Nos ponemos los nuevos uniformes
y nos retratamos debajo de cerezos en flor
en el futuro falso puesto el ojo
a la espera de ser bien entendidos
y sin saber por qué o por quién.
Carta de Yukio Mishima a la novia de
Mochimaru (en Algo tendrá que ver el cine)

"Antología de las mejores poesías de Amor en lengua española"

Para completar jornada tan merecidamente dedicada a la Poesía y al estar esta tan próxima al denominado Día del Padre casualmente en casa me sorprenden con una antología poética. Su título exacto es Antología de las mejores poesías de Amor en lengua española. La recopilación corre a cargo de Luis María Ansón. Aunque existe edición actual renovada y aumentada, la que me han hecho llegar a mis manos es la que por primera vez publicara el periodista y escritor en el año 2000, al poco de ser recibido como académico de la española. La verdad es que cualquier regalo que la familia te haga es satisfactorio más que nada por el detalle. Pero además, en este caso, me gusta tener en un volumen muy bien editado una muy bien construida selección de poemas de asunto amoroso que van desde las primitivas jarchas hasta poetas actuales de enorme altura como Carmen Jodra o Felipe Benítez Reyes, sin olvidar naturalmente a los autores clásicos de la Edad Media, el Siglo de Oro, la Ilustración, los románticos, los realistas y todas las generaciones poéticas del siglo XX tan fecundas líricamente.


Desde aquí, con esta entrada, quiero animar a todos a leer más poesía y a celebrarla como se merece.




Otras entradas en el blog en El Día Mundial de la Poesía 
 Si quieres leer las entradas que los tres últimos años escribí en el blog para celebrar el Día mundial de la Poesía no tienes más que pinchar en la imagen o en la fecha del año:































8 may 2016

"Sarna con gusto" de César Pérez Gellida

29 comentarios:
Llevaba tiempo queriendo leer algo de César Pérez Gellida. De  la primera novela que escribió, "Memento mori", no sabría decir cuántos posts leería, la mayoría de ellos favorables a autor y obra. Tantos fueron que decidí comprarla, pero como tantas veces ocurre, allá que se quedó arrumbada junto a otras en esa interminable lista de 'próximas lecturas'. 

"Refranes, canciones y rastros de sangre" I, "Sarna con gudsto"

Con esto quiero confesar desde ya que "Sarna con gusto" es mi primera incursión en esto que algunos críticos de renombre han venido en denominar "género Gellida". La verdad es que no creo incurrir en grave falta pues veo que el título es el primero de una nueva trilogía denominada "Refranes, Canciones y rastros de sangre", mientras que las tres novelas anteriores: "Memento mori", "Dies irae" y "Consummatum est" aparecían bajo otro subtítulo, "Versos, Canciones y trocitos de carne", en numeración ordinal romana I, II y III. Pero con todo y con eso, tras esta primera placentera experiencia lectora, confieso que, seguro, repetiré, pues no hay nada mejor que reincidir en aquello que da gusto, ¿no?

El autor
Nació en Valladolid (España) en 1974. Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valladolid y máster en Dirección Comercial y Marketing por la Cámara de Comercio de Valladolid. Trabajó hasta 2011 en empresas vinculadas con el mundo de las telecomunicaciones y la industria audiovisual. Ese año decidió trasladarse a Madrid y dedicarse en exclusiva a su carrera de escritor. Desde febrero de 2014 colabora con el diario “El Norte de Castilla” con una columna semanal en su sección de cultura llamada "In vino veritas". Actualmente está afincado en Buenos Aires.
Distinciones
Racimo de Oro de Literatura, Premio Lee Misterio 2013 a la mejor novela nacional por "Memento Mori", Premio Lee Misterio 2013 a Ramiro Sancho por mejor personaje masculino. En noviembre de 2014 le otorgaron el Premio Piñón de Oro como vallisoletano ilustre.

“Sarna con gusto”
Sinopsis
Tras los sucesos acontecidos en el caso de Augusto Ledesma, sus superiores decidieron que lo mejor era meterlo una temporada en la nevera y para ello nada mejor que abrirle un expediente disciplinario por insubordinación a los mandos: dieciocho meses de suspensión de empleo y sueldo, aunque gracias a su brillante hoja de servicios, quedaron reducidos a seis.
El tiempo pasa rápido y Sancho y se va a reincorporar a su puesto de trabajo, por lo que decide tomarse durante las fiestas locales unas cervezas con sus compañeros antes de reincorporarse. Será el último momento que tenga de tranquilidad, porque durante las fiestas han secuestrado a la hija del concejal delegado general del área de infraestructuras y Vivienda del Ayuntamiento de Valladolid y de la hija de un rico empresario.

Mi comentario
Título: Sarna con gusto
Autor: César Pérez Gellida
Editorial: SUMA de letras, 2016
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788483658512
Páginas: 512
PVP: 18'90€
Muchas cosas me han gustado de "Sarna con gusto". En primer lugar la utilización de refranes como título de los distintos capítulos. Aunque, como ya he dicho al inicio de esta entrada, no he leído "Memento mori" me he acercado a ese volumen al sospechar que sus capítulos vendrían encabezados por versos habida cuenta del nombre que recibe esta primera trilogía. Y sí, en efecto, así es y además lo declara el propio escritor en la "Nota del autor" que cierra la novela donde da las gracias "a Enrique Bunbury por extraer de sus canciones los títulos con los que están nombrados estos capítulos". Bien, bien, parece que no iba mal encaminado en mis suposiciones. También desde el principio llamó mucho mi atención el símbolo, siempre el mismo, que antecede en los capítulos al respectivo refrán,. Ese compás y ese cartabón me dirigían desde el principio hacia algo relacionado con la Masonería, pero habría / hay que avanzar en la lectura para despejar tal incertidumbre.

Respecto a los personajes, desde un primer instante me percaté de que Ramiro Sancho es el protagonista de todas las novelas escritas hasta ahora por Pérez Gellida. Ya al inicio de la misma lo vemos saliendo de una suspensión de empleo y sueldo consecuencia de haberse "pasado" con un delincuente, Augusto Ledesma que habrá tenido papel importante en la trilogía anterior. Ramiro Sancho, pues, arrastra ya una historia desde el comienzo de este relato; una historia sabida y admitida  por todos sus compañeros, excepto por la inspectora Sara Robles, nueva en la comisaría vallisoletana de las Delicias donde está centralizada la investigación, que se hará muy pronto con la sincera amistad de Sancho. Luego estarían el gallego Peteira que tan grave problema familiar arrastra consigo, el desafortunado de Garrido, el prepotente y perdonavidas de Fajardo y el resto de mandos superiores de Sancho que aunque admiran las dotes policiales de Ramiro Sancho al tiempo temen su espontaneidad que le ha procurado ya más de un disgusto.
Sancho es un hombre que está ya de vuelta de casi todo, un cínico que no cree en nada ni en nadie de los palos personales y profesionales que la vida le ha ido dando. Es muy amigo de un policía jubilado, el excomisario islandés  Ólafur Olafsson del que al haber leido sólo esta novela únicamente he sacado en claro que padece una grave adicción alcohólica de la que intentará salir gracias a la amistad que mantiene con Ramiro Sancho.

La novela tiene dos asuntos principales: Uno es el  del secuestro de la adolescente Margarita Zúñiga, hija de un concejal del Ayuntamiento pucelano y nieta de un acaudalado industrial; el otro es el de la Corporación de los Hombres Puros, grupo de estructura masónica que no sabremos hasta el final del relato qué pinta en el mismo y por qué persigue al comisario Sancho.
En la primera historia del relato se distinguen dos tramas: la de la familia Zúñiga y la de los  raptores. Ambas se unen a través de Margarita, la niña secuestrada. Estas dos tramas llegan a término -que no declararé cuál es para no destripar la novela (vulgo, 'spoiler')-; sin embargo la de la organización secreta queda abierta a una clara continuación que, a buen seguro, se nos dará en las siguientes novelas  de la trilogía.
En el primer asunto estamos ante un thriller construido con muy buen ritmo para descubrir a los autores del secuestro y conseguir liberar a la pobre Margarita. En el otro asunto es el suspense lo que prima pues Gellida dosifica a la perfección la información a fín de provocarlo debidamente.

Estamos ante una novela negra centrada en la investigación policial llevada a cabo por Sancho y sus compañeros. Para desentrañar los porqués del delito estos policías deberán entrar de lleno en los entresijos político-empresariales de estos Zúñiga, que se creen más que nadie y que con su soberbio e inadecuado comportamiento ocasionarán serios problemas a los profesionales policiales. Es una elegante manera que tiene el novelista de hacer crítica social: los pobres (los policías) al servicio de los poderosos (los Zúñiga). Estos policías se verán atosigados por los políticos (no olvidemos que el padre de Margarita es concejal)  y deberán abstraerse de sus propios problemas personales procurando que éstos no interfieran en un trabajo tan delicado como liberar a una niña de sus peligrosos secuestradores.

Ya he dicho antes que de "Sarna con gusto" me gustan muchas cosas. Una de ellas, sin lugar a dudas, es el espacio donde se desarrolla la acción principal, un escenario ya habitual en este autor vallisoletano: el de su propia ciudad y provincia de Valladolid. Me ha agradado especialmente ver que en el curso de la investigación aparecen lugares muy queridos para mí de la provincia de Salamanca y de la ciudad y comunidad de Madrid, las dos localidades a las que  me encuentro más unido, por nacimiento una y por residencia, la segunda.

Pero no sólo estamos ante una novela situada en España. La segunda historia, la de la Corporación de los Hombres Puros, es más cosmopolita y nos da un periplo de lo más variado que nos lleva por Plentzia, en Vizcaya (España), Lieja y Bruselas en Bélgica, Reikiavik (Islandia), Amsterdam (Países Bajos), etc. dejando como ya he dicho antes las puertas abiertas para desarrollar en una próxima novela esta trama, mucho más internacional sin lugar a dudas.
Sarna con gusto, Castilla y León, Salamanca, Valladolid

En cuanto al tiempo, hay que decir que el episodio estricto del secuestro tiene una duración de nueve días si bien se añade luego un capítulo que transcurre casi dos meses más tarde para hacernos ver cómo ha quedado de tocado el protagonista de la historia, Ramiro Sancho. También la otra línea argumental, la de la sociedad secreta, se inicia medio mes antes del estallido del secuestro de la niña y transcurre en coincidencia temporal con éste. En ambos asuntos la linealidad temporal es la norma.

El narrador en tercera persona, externo y objetivo, nos lleva de la mano sin sobresalto temporal alguno por los 25 capítulos que forman el relato salvo ya digo ese capítulo inicial, separado quince días del siguiente, y el último, acaecido dos meses más tarde, y que en su brevedad es el que da título a toda la novela pues en el fondo podríamos decir que el relato de la novela se iniciaría aquí. Estamos, pues, ante un relato circular que deja unas vetas abiertas (relación Sara - Sancho; la secta secreta, el excomisario islandés, etc) para tirar de ellas en un futuro relato. A esto se llama dominar el arte del suspense; yo, como lector, quedo en ascuas ante estas lineas argumentales no cerradas del todo y espero y deseo que llegue pronto a las librerías la siguiente novela de César Pérez Gellida, por eso de ver qué pasa.

Lo más destacable
Hay tres aspectos en esta narración que me parecen dignos de ser destacados. Son: la música, el humor y un estilo personal muy atractivo.

Ø La música es importante en esta novela, como, por otra parte, supongo debe de suceder en todo lo escrito por Gellida habida cuenta de los epígrafes puestos a los capítulos de "Memento morí" como ya dije antes. Según iba leyendo esta novela fui tomando nota de los temas que aparecían a fin de luego buscarlos y poderlos escuchar tranquilamente; no supe hasta el final que el autor había realizado por mí esta labor enumerando los títulos y autores de los temas musicales citados a lo largo del relato presentándo la "banda sonora" de la novela.  Bueno, como el trabajo ya estaba hecho aquí os dejo mi listado -que difiere [¡¡será posible!!] en tres o cuatro temas con los apuntados por el propio autor- con indicación de la página, así os será más fácil  localizarlos en el libro:

  • En pág. 41: 'November rain' de Gun's and Roses. 
  • En pág. 43 se cita a los grupos Bunbury, Placebo, Rammstein, Muse y Depeche Mode (eran los grupos que gustaban al delincuente Augusto Ledesma, curiosamente los mismos que le encantan a Ramiro Sancho).Como es lógico, dada su edad, a Margarita Zúñiga, joven de quince años, la música que le gusta es la de  Calle 13.
  • En pág. 154 Sancho canta y escucha 'Ángel exterminador' de los Ilegales. 
  • En pág. 190 se cita aThe Smiths: 'There is a light that never goes out'-
  • En pág. 234:The Rolling Stones, 'Sympathy for The Devil'
  • En 281 el tema 'Malos tiempos para la lírica' de Golpes Bajos y su cantante Germán Coppini. 
  • En pág. 308, el Chimuelo canta "Altar de muertos", ¿un corrido mexicano? ¿Un narco-corrido? No lo sé con exactitut pues he sido incapaz de localizar este tema.
  • En pág. 314 'Livin' on The edge' de Aerosmith. 
  • En pág. 391 se cita la canción 'La senda del tiempo' de Celtas Cortos, curiosamente no incluida por Pérez Gellida en su Banda Sonora. Sí aparece en mi playlist.
  • En pág. 419 se cita a El Último de la Fila: 'Lápiz y tinta'. No he logrado localizarla en spotify. 
  • En pág. 442 'El estanque', del " Tour 2006" de Héroes del Silencio. 
  • En pág. 446 'Lonely boy' de The Black Keys. Tampoco incluida por Gellida en la Banda Sonora. Sí en mi playlist.
  • En pág. 495 'Coge el viento' de La Dama se Esconde.
[En la página "Música que me gusta escuchar" he colocado una playlist con los temas anteriores. Pinchar aquí]

Se ve que el autor, de 42 años de edad, es gran conocedor de la música popular de la década de los 90, precisamente la que le encanta escuchar a ese servidor público que es Ramiro Sancho.

Ø El humor.  El humor que rezuma en muchas partes de la novela va de la mano de un excelente manejo de la lengua. Una lengua llena de coloquialismos que se mueve en un nivel familiar habitual entre los que ya hemos salvado la década de los treinta (¡y bastante más!), como demuestra la magnífica profusión de refranes que a mí personalmente me han encantado. Pienso además que Gellida hace con esta novela una excelente contribución al mantenimiento de este acervo común que corre serio peligro de desaparición entre nuestros jóvenes. El refrán que encabeza cualquier capítulo contrasta muchas veces con el asunto allí desarrollado en un elegante ejercicio humorístico. En otras ocasiones el humor va de la mano de la sincera amistad como se percibe en la frase de Sancho a Olafsson: "-En serio, no tienes buen aspecto. No serás tan cabrón de morirte en mi casa, ¿no?" (p. 392). También hay momentos en que el humor surge del choque de realidades muy conocidas por los lectores: "La mezcla visual de uniformados y civiles dentro del templo se antojaba entre incompatible e imposible, como un traje de Armani con riñonera." (p. 412). Del mismo modo el juego que hace el autor con el nombre real del policía inspector de homicidios Urtzi, que hace el prólogo de la novela, y su uso como apodo de Sancho por uno de los delincuentes me parece una muestra de sano y amistoso humor.

Ø El estilo Gellida. Pues me ha encantado. He visto mucha referencia a cine negro y policial ( "el mexicano hablaba como Benicio del Toro en 'Traffic', una de las películas del top de Marga", p. 349), a la pintura (Azucena estaba "como un autorretrato de Frida Kalho; hermética, solemne", p.397), a la literatura popular cuando compara a Fajardo con el Llanero Solitario...; y ya en triple salto mortal sin red me ha parecido lo más de lo más la comparación que hace de Sancho con el referente extraído de una frase de un afanado novelista, ¡increíble! ("El inspector sellaba cada interrogante con los nudillos del puño izquierdo haciendo buena la sentencia de Pérez Reverte: 'No hay nada más peligroso que un español acorralado'").

Y me ha gustado muchísimo el léxico que se cuela por entre las líneas de este relato como sin querer, añadiendo unas notas de cultismo muy interesantes en una narración que circula, como es lógico, por raíles muy coloquiales. Algunos ejemplos: Uno de los secuestradores padecía "ptosis palpebral" (= caída del párpado superior), el polifacético Peteira se expresa en vigués y "castrapo" (=  Hablado por el 90% de la población. Es el gallego moderno),  a Margarita Zúñiga le sobrevino un "himpado" (= gemido con hipo)... Habría que incluir también en este apartado cultista toda la referencia a la mitología popular castellana por haber caído en el olvido cuando no en el desprecio del ignorante: Sancho le habla a su compañero Peteira, gallego él, sobre la mitología castellana: el Tragaldabas, el Sacamantecas, los malismos, los ojancos, los trasgos, el Bú, el Diablo Cojuelo, el Martinillo la tía Melitona...

Conclusión
En definitiva, una novela muy recomendable, que se lee muy bien, con un estilo magnífico, que muestra el auténtico día a día de la Policía sin que por ello el relato pierda fuerza alguna. Si se comienza a leer no se puede abandonar y cuando se finaliza se buscan más dosis "Gellida". Yo, por ejemplo, ya me estoy inyectando "Memento mori", así que os dejo.