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9 may 2019

Gómez de la Serna. "El caballero del hongo gris"

18 comentarios:
Greguerías, Vanguardias españolas, Ramonismo
Ramón Gómez de la Serna (Madrid, 1888, - Buenos Aires, 1963) fue una vanguardia en sí mismo. Su novela "El caballero del hongo gris" es, de las 18 que escribió, la que toca el tema del mundo financiero satirizando su vana superficialidad y apariencia. La novela en cuestión aparece en 1928, momento en que las vanguardias artísticas están en plena ebullición. Concretamente en España es el momento en que los miembros de la denominada Generación del 27 vienen de realizar el homenaje a Góngora en el Ateneo de Sevilla y en que los cafés son los lugares de reunión de jóvenes intelectuales que viven entusiasmados dentro del mundo artístico de la literatura, la música y la pintura. En estos cafés se organizan tertulias en torno a un maestro, un líder creador intelectual. Gómez de la Serna es el oficiante de algunos intelectuales que se reúnen en torno a él en el famoso Café de Pombo hoy desaparecido del que Gutiérrez Solana, partícipe en él, dejó reflejado en cuadro inmortal.  

En esta novela encontramos a Leonardo, un joven vividor, que decide comprarse un sombrero, en concreto un hongo gris, a fin de adoptar un aspecto de caballero respetable que le sirva para mejor ejecutar los timos, engaños y fraudes que practica. Además de su aspecto respetable, Leonardo tiene un criado de toda la vida llamdo Julio que a ojos de los demás reduplica la imagen de persona honorable de la que vive; y por si esto fuera poco, físicamente Leonardo es un hombre muy bien parecido que encandila a las mujeres. En definitiva estos dosson los  impulsos que mueven a este hombre: la conquista del sexo débil y hacerse con fuertes cantidades de dinero.

El dinero vendrá hacia él gracias al innegable ingenio que posee y que pone en práctica proyectando negocios de supuestas enormes ganancias que harán que inversionistas ajenos a él, convencidos por su labia y buenas maneras, le entreguen dinero a espuertas con el convencimiento de que se trata de negocios sin riesgo alguno y con considerables beneficios. En la novela vemos a este hombre proyectando zoos, de representante de coches de importación, promoviendo la denominada 'Gran Sociedad del Chimpancé' para que la ciencia experimente con ellos en los hospitales, creando consorcios bancarios de nombres extraños como el 'Consorcio bancario Técnico y de Comisiones', de manager de boxeadores, de importador de billetes falsos, e incluso promoviendo un negocio legal de intermediación en la importación de carne que, como no podía ser de otra manera, al ser legal no le seduce mucho y decide abandonarlo.

Novela intelectual española, Humor novecentista, Ramonismo
La novela es una novela cosmopolita como es propio del Novecentismo, movimiento al que por actitud y época se adscribe su autor. La historia que Gómez de la Serna presenta transcurre en diferentes e importantes ciudades europeas: Barcelona, París, Génova, Roma, Lisboa, Londres... La justificación para que Leonardo, bajo esta identidad o cualquiera de las que va adoptando en su deriva europea, pero siempre bajo ese hongo gris que parece protegerle de cualquier eventualidad, visite tal variedad de capitales europeas es la necesidad de huir de las distintas ciudades donde se encuentra a fin de evitar ser apresado por las fuerzas del Orden. Al motivo de la huida por los engaños económico-financieros practicados se viene a unir en ocasiones la perentoria necesidad de escapar de los brazos de alguna mujer que se está mostrando posesiva en exceso con él. 

Todo el relato está construido bajo la férula del Humor que lo impregna todo. Al innegable humor de corte surrealista viene a sumarse el manejo poético que Ramón daba con frecuencia al lenguaje. No se puede obviar que Gómez de la Serna durante la década anterior ha ido dando forma a su creación literaria más importante: la Greguería, que venía a ser la mezcla de una imagen literaria audaz (metáfora) con el añadido del humor. Estas greguerías le nacían a Gómez de la Serna de manera casi casi natural y, lógicamente, también entran y con mucha fuerza en sus narraciones. En ésta en la que satiriza el mundo financiero europeo, el Humor es esencial. Es un humor cargado de lenguaje  poético, en el que las greguerías muchas veces vienen a ser auténticos versículos.

Al hablar del otro asunto que moviliza al personaje, la consecución de sexo, no se puede olvidar el momento en que se sitúa la acción y la consideración que en esos tiempos la sociedad tenía de la Mujer. Ramón muestra su ingeniosidad moviéndose dentro de esos parámetros que en esencia eran fundamentalmente machistas. Así frivoliza con esas 'mujeres modernas' que fumaban, iban solas o con amigas a cabarets nocturnos, no dependían de hombre alguno...[el concepto de 'mujer moderna' lo aborda Elena Fortún con muchísima claridad en su biografía novelada "Oculto sendero" reseñada por mí en este blog no hace mucho tiempo]  a las que él se acercaba
Estas conejas, con sus sedas que apenas visten de visillos sus cuerpos, son agradables, tienen la silueta de todas las mujeres que piden toda la vida por un amor, y, sin embargo, ellas no cuentan apenas una hora con la fidelidad de los hombres, pues como tienen que estar aquí hasta las 4 de la mañana, se les van antes los enamorados.” (101)
El humor que hay en el texto anterior a veces se tiñe de cierto sentimentalismo cuando viene a decirnos que todas las mujeres de esos cabarets nocturnos eran madres o Leonardo las veía como tales pues “todas ellas paseaban un niño por las mañanas”.

Los personajes, en especial las mujeres, son presentados con óptica muy machista, muy  de la época:
  • Aquella mujer de los ojos implorantes, gachones, [...] se había quedado viuda, y viuda porque su esposo se había suicidado por no poder sostener sus perfumes y quizá los volantes de seda bordada que movía con denguería excepcional, como si estuviese embarazada de mimo y de voluptuosidad” (dice sobre Aurora en la pág 23)
  • Con aquellos ojos entre risa y azules, tan grandes, no podría tener vejez [...]. Sus largos brazos al aire caían como dos largas cintas a ambos lados de su figura” (dice poéticamente sobre Alicia en pág.45)
El blog de Juan Carlos, Mujeres, Ramón Gómez de la Serna
A veces las mujeres no tienen individualidad propia, siendo englobadas en un colectivo como el de las cabareteras lisboetas. En uno de ellos, una de estas chicas, muy filósofa ella, le espeta la siguiente profunda reflexión  a este joven vividor, que le dará mucho de pensar: “Una noche es toda la vida... Lo que no es verdad es que muchas noches sean toda la vida.” (pág 81)

Según avanza la historia vemos a Leonardo evolucionar en su relación con las mujeres de manera cada vez más odiosa y aberrante llegando a decir el narrador respecto al comportamiento del joven con Gaby, una mujer que reeencuentra en su segunda visita a Roma que “Leonardo había sido desde joven el hombre al que quieren los perros, primera condición para que le quisieran las mujeres,” (pág 169)

Si así son las mujeres, los hombres entroncan con la tradición literaria española más arraigada: Son pícaros, son criado y amo (Leonardo y Julio González), están constantemente  aprendiendo y dándose mutuamente lecciones de vida (Leonardo y su secretario Valentín).  Esta última pareja es remedo de la de Quijote y Sancho. Así tenemos a Leonardo, enseñando a Valentín a vivir sin dar golpe; éste a su vez cual fiel Sancho no deja de lanzar serias advertencias a Leonardo al ver la frivolidad con la que actúa. Son Leonardo y Valentín, en efecto, como el caballero y su escudero. El caballero es idealista y el escudero tiene los pies en el suelo cuando a propósito de la velocidad le dice que sí, que tiene razón y “que así es como hay que adelantarse a lo que ha de sucedernos al fin.” A lo que Leonardo le inquiere:”¿Y qué es eso que ha de sucedernos al fin?” Y Valentín responde: “El morir” (123)

En el personaje de Leonardo, en cuyo fondo se esconde el ingenio creativo del propio autor, se atisba a un auténtico precursor, un anticipador de fenómenos que con los años llegarían y que hoy son una realidad en nuestro mundo:
  • Publicidad: “Hay que gastar más en propaganda [...] Todo consiste en la propaganda. ¡Propaganda! ¡Propaganda! ¡Propaganda!” (pág. 47)
  • Velocidad: “La velocidad lo es todo… ofrecer velocidad es alcanzar un éxito entre las gentes del mundo moderno… velocidad para poder triunfar, velocidad para arruinarse, velocidad para vender, velocidad para no pensar en nada. Así creo que la velocidad es la que cohesiona el mundo…” (pág. 123)
  • Nuevas energías: Su negocio 'Sol artificial’ premoniza la tecnificación actual: “Países encharcados y arroceros querían curarse de toda su humedad gracias a aquel sol artificial que iba a telefonear sus rayos merced a un nuevo sistema de ondas” (46)
  • El automóvil y los desastres que el mismo ocasionará se vislumbra en una reflexión sobre la velocidad y el automóvil digna de un Marinetti futurista. De premonitorio cabe calificar el anuncio de la catástrofe que el automóvil ocasionará “cuando se ponga en circulación un automóvil más de los que aguanta el mundo…”(pág. 122) .
 Con razón -pienso para mí- este hombre polifacético y trabajador incansable tenía fama de chiflado entre sus contemporáneos. Pero no, para nada lo era, pues como se ve el mundo ha confirmado prácticamente todo lo que él imaginaba.

Pero esencialmente Ramón Gómez de la Serna es un maestro en el manejo del idioma que con él se hace poesía, crece y evoluciona. Es creador de atrevidos neologismos como son los anglicismos presentados con fonética castellana ('polisman', 'jiut su') y hace uso de palabras poco utilizadas ('guluzmeando', 'hopalandas') en línea con movimientos literarios del momento como el modernismo que buscaban la sonoridad, la plasticidad idiomáticas.

De las palabras aisladas Ramón pasa a la frase atrevida, hermosa, poética, aguda, con esa punta de humor en ocasiones que sólo él sabía darle y que le nacía de manera casi natural. Me refiero a las Greguerías:
  • El 22 son los dos cisnes que llevan cada mes al mar…” (pág. 84), 
  • La alfombra es la bandera de los suelos” (pág. 94), 
  • Un carillón ponía andamiajes de notas al cielo” (pág. 107), 
  • Las flores del cabaret son las flores más tristes del mundo, son flores alcahuetas, que ni agradecidas ni pagadas…” (pág. 114)
  • Las corbatas eran melenas del armario” (pág. 170)
Todo lo referido a su estilo característico puede resumirse en la expresión lenguaje poético, el cual le sirve para conformar una novela intelectual de tono humorístico. Los ejemplos de esta prosa poética en la que en definitiva está realizada esta peculiar novela son abundantísimos. Sirvan los siguientes de pequeña muestra:
  • Los cálices de cristal recibieron el oporto y el madera como tisana de la medianoche para curar la carraspera de las gargantas desgañitadas.” (pág. 97)
  • su puro se iba consumiendo como una serpiente moribunda” (pág. 99) 
  • En Génova (cap. XXIX) Leonardo le propone a Valentín hacerse “representante de automóviles y así podré estar todo el día dedicado a la velocidad con los lentes de talco de picapedrero de las distancias” (pág. 121)
  • Los ojos azules de Alicia le sumergían como grutas azules llenas de negras focas de pensamientos rebeldes” (pág. 52)
Revista MoonMagazine, Novela humorística

Para finalizar
He leído esta novela de este escritor por dos motivos: el primero, por el buen sabor de boca que me dejó la visita a la recreación que de su despacho de trabajo existe en el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid; visita de la que dejé constancia en una reseña que publiqué, hace cosa de año y medio, en la revista MoonMagazine [para leerla pinchar aquí]. La segunda motivación ha sido doble: cumplir con el reto propuesto por Ana Bolox, "Doce pendientes", y añadir un título más para ir avanzando en el Reto "Nos gustan los clásicos" propuesto por Francisco en su blog "Un lector indiscreto".

Además de haberme servido para ir cumpliendo con los retos dichos antes, esta lectura me ha parecido muy interesante desde el punto de vista de la Historia de nuestra Literatura, pero, en mi opinión, a la novela en cuestión se le notan los años. Creo que el humor de los escritores del primer tercio e incluso casi de la primera mitad del siglo pasado ha envejecido bastante. Ya no hace tanta gracia a los lectores actuales pese al empeño de muchas personas y alguno que otro grupo político por mantenerlos siempre en candelero -y en cartelera- como si el tiempo no pasase por ellos. ¿Son estas 'arrugas' demérito? En mi opinión, no. Pero sí, un problema para que nuevos lectores se acerquen a estos autores. Sin embargo yo sí que recomendaría su lectura a todos aquellos que gustan de escribir pues el manejo que hacen (Gómez de la Serna, Jardiel Poncela, Miguel Mihura, etc.) del instrumento lingüístico es impresionante. Son una auténtica escuela. Por esta razón están ahí.

13 dic 2016

"Cuentos españoles de Navidad". De ayer a hoy.

25 comentarios:

Siempre que se acercan las fiestas navideñas me asalta la idea de lo mucho que han cambiado estas jornadas de ayer a hoy. Dado que mi blog es literario pienso que, si bien del hoy soy testigo, el ayer no puedo conocerlo más que a través de los textos literarios que a lo largo y ancho del tiempo han tocado este tema. Por otra parte, como la Navidad es por tradición una fiesta familiar en la que los niños tienen un especial protagonismo, he fijado mi atención en los relatos breves con que se les suele asociar, o sea, los cuentos de temática navideña. He encontrado estos dos tomos que, aunque pensados para adultos, muestran aspectos de estas fiestas que en la actualidad no subsisten o que, quizás, aún luchan por la supervivencia. Vamos a ver algunos:



Cuentos navideños, Navidad y los Niños, Literatura navideña
Antología preparada por Rafael Alarcón Sierra publicada en 1998 por "Clan Editorial" y reeditada en 2004 y 2016 

🔼Comidas y bebidas. Estas fiestas discurren en torno a la mesa en la que se toman productos típicos de estas fechas

  • Pedro Antonio de Alarcón ("La nochebuena del poeta", 1855) escribe: “Todo era bullicio; todo era contento. Los roscos, los mantecados, el alajú, los dulces hechos por las monjas, el rosolí, el aguardiente de guindas circulaban de mano en mano…” El “alajú” es / era un postre dulce de Cuenca; el “rosolí”, un aguardiente con canela, azúcar y otros ingredientes olorosos. 
  • Luis Bonafoux, ‘Aramis’ ("La Nochebuena en el mar", 1887): “Para esta noche, besugo y castañas, como en Madrid”. 
  • Luis Taboada ("El pavo de Navidad o la falta de costumbre", 1895) presenta a un empleado de segunda que recibe por Navidad un pavo vivo como regalo de su acomodada hermana. 
  • Joaquín Dicenta ("Nochebuena", 1897) ya cita el champagne (sic) como bebida con la que se festejan estas fiestas. 
  • Benito Pérez Galdós ("La mula y el buey", 1876) crea a Celinina, una niña muy enferma ya próxima a morir que mezcla en su cabecita realidades y puras ensoñaciones. Así el escritor canario escribe: “Celinina sintió el afán de las poéticas fiestas que más alegran a los niños, las fiestas de Navidad. Ya se sabe con cuánta ansia desean la llegada de estos días y cómo les trastorna el febril anhelo de los regalitos, de los nacimientos y las esperanzas del mucho comer y atracarse de pavo, mazapán, peladillas y turrón. […] en la esfera tenebrosa que rodeaba su mente no había sino pavos haciendo ‘clau, clau’; pollos que gritaban ‘pío, pío’; nacimientos llenos de luces y que tenían cincuenta mil millones de figuras; árboles cargados de juguetes; el estanque del Retiro lleno de sopa de almendras; besugos que miraban a las cocineras con sus ojos cuajados; naranjas que llovían del cielo, y otros mil prodigios que no tienen número ni medida”.  
  • Dª Emilia Pardo Bazán ("Instinto", 1916) pone en la mesa de las monjitas de la Santa Espina “Un pedazo de turrón, muy rico… Y mazapán, y peladillas, y naranja china”.

🔽Lotería. El sorteo de la lotería de Navidad y el deseo popular de salir de la pobreza gracias al primer premio, el Gordo de Navidad, es asunto no sólo de hoy día sino que aparece de manera recurrente en muchos de los cuentos. 

  • Vicente Blasco Ibáñez ("El premio gordo", 1887) pone a Jacintito, su popular personaje, a soñar literalmente sobre lo que será su vida cuando le toque la lotería. 
  • Eduardo del Palacio ("El premio grueso", 1894) muestra la tradicional costumbre entre los más humildes de compartir el número o décimo jugado quitándose los dineros para adquirirlo hasta de lo más necesario: “¡Cuántos sacrificios para jugar a la lotería de navidad! Hasta ‘quitárselo de su comer’, que dicen las gentes. ¡Qué emoción cuando se oye pegonar […]: ¡La lista grandeeee! […] ¡Qué tristeza en todos los círculos! ¡Qué desengaño! Por fin consuela el consabido suelto de la prensa: ‘El premio mayor se ha repartido entre la clase obrera de…’. A lo que dicen los desgraciados: -¡Cielos! ¡No ser yo clase obrera!


Portal de Belén, el misterio,

🔼Los Reyes Magos. Este asunto va habitualmente en los relatos navideños muy unido a los niños. El consensuado secretismo de la sociedad para que los niños ignoren quiénes son los que realmente les hacen los regalos es, sin duda alguna, una de las más bonitas tradiciones que con cierto vigor se mantiene entre nosotros, a pesar de que desde siempre espíritus que presumen de racionalismo e ideas avanzadas abogan –y hoy aún lo siguen haciendo- por desvelar cuanto antes la incógnita a los niños.  

  • José María Pemán en el muy simpático cuento de "El republicano y los Reyes Magos" (1925), narra que por más que un padre progresista y muy racionalista quiera que su hijo no crea en la quimera del regalo recibido de manos de los Reyes Magos, no lo logra pues el niño quiere ciegamente creer en ella.  
  • José Francés trata el descubrimiento por los niños de la identidad de los Reyes de una manera muy simpática ("Por qué Maruja no cree en los Reyes Magos", 1916) cuando una niña en su ingenuidad llama sin conocimiento de sus padres al teléfono que un anuncio en el periódico dice que es el de los Reyes Magos y a renglón seguido la juguetería de la que se trata vuelve a llamar para confirmar “el pedido increíble que una niña, su hija seguramente, nos acaba de hacer”. 
  • José Bergamín ("Navidad", 1923) presenta a unos Reyes Magos que son capturados por Herodes, quien antes de dejarlos marchar les permite que hagan entrega de los regalos a todos los niños. Este Herodes compasivo repentinamente vuelve a su ser: “ordenó la degollación de los niños, que murieron con los primeros juguetes de su inocencia”. 
  • Ricardo León ("Los tres reyes de oriente"en Diciembre de 1916 hace un tratamiento más profundo de esta figura navideña cuando los presenta cruzando la Europa en guerra con su cargamento de regalos. Los soldados de uno y otro bando capturan a los Magos, los despojan de los juguetes que transportan y les hacen volver sin nada a Oriente, igual que el Niño Dios recién nacido. 1916, desde luego, debió de ser un muy mal año para los niños europeos.


🔽La Misa del Gallo. Si hay alguna tradición que hoy está en franco retroceso debido a la secularización de la sociedad y a la  primacía que ésta da al aspecto mercantil de estas fiestas por encima del religioso que está en su origen, ello es la Misa del Gallo. Es una costumbre, la de asistir al oficio religioso para celebrar a las cero horas del día 25 el nacimiento de Jesús, que está en franca retirada pues hoy las familias se reúnen en torno al hechicero social que es la televisión que, además, entre otra infinidad de posibilidades, retransmite en directo esta Misa oficiada por el pope máximo de la Iglesia, SS el Papa. ¿Para qué entonces salir de casa?

Este abandono de la costumbre también se percibe en los cuentos navideños consultados.
  • Gustavo Adolfo Bécquer. En el escritor sevillano esta celebración es el eje sobre el que gira la leyenda de "Maese Pérez el organista" (1861). Pero a partir de él esta celebración se va adelgazando en los relatos más contemporáneos hasta quedar excluida de los mismos. 
  • Ramón Gómez de la Serna ("Navidad", 1917). Aunque se intuye su realización en la preparación que en el relato de  hace de la iglesia una monjita dado que se acerca ya la celebración; el creador de las greguerías mediante uno de sus acostumbrados giros humorísticos hace coincidir la hora de la misa con el depósito en el torno del convento de un recién nacido. ¡Genial!


🔼El Nacimiento, la familia y los niños.  
  • Por don Benito Pérez Galdós venimos a saber que prácticamente desde siempre el Nacimiento ha sido nexo de unión entre la inicial representación religiosa que es y el juego de figuritas que para los niños supone. Así en su cuento de esta selección, (La mula y el buey, 1876), leemos que “El nacimiento no es una obra de arte a los ojos de los adultos”, debido en parte al eclecticismo que en él reina pues aparte de los elementos esenciales del mismo –Portal de Belén, Castillo de Herodes, figuras de los Reyes Magos y riachuelo- los niños colocan “paveros y polleros conduciendo sus manadas; un guardia civil que lleva dos granujas presos; caballeros que pasean en lujosas carretelas junto al camello de un rey mago, y Perico el ciego tocando su guitarra en un corrillo. […] “Por medio a medio, pasa un tranvía lo mismito que el del barrio de Salamanca, y como tiene dos ‘rails’ y sus ruedas, a cada instante le hacen correr de oriente a occidente con gran asombro del rey negro, que no sabe qué endiablada máquina es aquella.” 
  • También Tomás Borrás ("Nacimiento", 1931) incide en esta mezcolanza: “Nacimiento de arcaísmos ingenuos y de anacronismos conmovedores”. Y concretando más en el nacimiento español escribe: “En el Nacimiento popular español castellanos de Toledo y extremeños aportan la razón pastoril y agrícola, como los vascos el ritmo de égloga bailada. Y los catalanes vienen con sentido marinero, opulencia mediterránica, espíritu fraternal, de gente que cuando festeja se da la mano”.
La habitual queja por la pérdida de la tradición o del buen hacer que hoy tanto repetimos no es cosa novedosa, pues. En el cuento galdosiano citado también podemos leer semejante queja por parte de los mayores cuando comentan: 
No valen nada los nacimientos de este año… ¡Cuando uno recuerda aquellos tiempos!”.

🔽Los villancicos, la música y los instrumentos con que se hace. 
  • José Ortega y Munilla (Noche de Reyes, 1880): “Sonaban panderos, chirriaban rabeles, vibraban hierros, atronaban sartenes y cazos”;  
  • Luis Bonafoux, ‘Aramis’ ("La Nochebuena en el mar", 1894): “Recordé los rabeles,
    Instrumentos navideños tradicionales con que se cantan villancicos:
    panderetas, carraca, tamboril, botella de anís, rabel, almirez,
    crótalos, hueseras y zambombas
    las zambombas y las chulas
    ”. Estas últimas, en el sentido de instrumento musical, en mi vida he sabido qué eran, y tampoco he encontrado referencia a ellas por parte alguna. En el cuento más moderno de la selección consultada, el de Tomás Borrás (Nacimiento, 1931), podemos leer: “Música de villancicos, cuyo encanto consiste en que se interpretó al nacer, en instrumentos improvisados, los que había en la cocina cuando llegaron al atardecer los pastores: almireces, panderos, una sartén sonajas, hierrecillos, tamboriles, zambombas, vidrios (También el ‘jazz-band’ ha empezado en Castilla)”. Esta alusión a la música ya no tan popular como la de jazz es una nota de modernidad que habla muy a las claras de cómo la tradición debe competir y contemporizar con la actualidad.

En cuanto a los villancicos en España se cantan en el ámbito familiar durante la Nochebuena pero encontrando hoy un serio competidor en el televisor que enmudece a la familia. Con todo, prácticamente seguimos cantando los mismos de siempre, algunos de los cuales se citan en muchos de estos cuentos. 
  • Así Pedro Antonio de Alarcón, en su relato, introduce profundísimas filosofías sobre el popularísimo: 
  • Esta noche es nochebuena, / y mañana navidad; / saca la bota, María, / que me voy a emborrachar. // La nochebuena se viene, / la nochebuena se va, / ¡y nosotros nos iremos / y no volveremos más! // Esta noche es nochebuena / y no es noche de dormir, / que está la Virgen de parto / y a las doce ha de parir.
  • También Pardo Bazán ("Instinto", 1916) cita letras de villancicos cantados por las monjitas de su convento de la Santa Espina: “En el portal de Belén / hay una piedra redonda…”, villancico que al no agradar mucho a las sores cambian por este otro: “En el portal de Belén / todos a juntar en leña, / para calentar al niño / que nació en la nochebuena…”.
🔼La ciudad en Navidad. Por estas fechas la ciudad se transforma mostrando con luces y adornos la alegría de las fiestas. Siempre ha sido una manera de incitar al consumo, aunque hoy día la intención no se esconde para nada. No así antes, como vemos en el bellísimo cuento de Juan Ramón Jiménez ("Jijoneses de Navidad", 1916-1920) en el que se fija en los turroneros procedentes de Jijona (Alicante) que todas las Navidades  venden su producto –y aún hoy lo siguen haciendo aunque en menor número-  bajo los soportales de la Plaza Mayor. Su lirismo le lleva a comparar las cajitas de madera donde se empaqueta el turrón con su propia vida “muerta en pedacitos”.  También el tradicional mercadillo de la Plaza Mayor de Madrid, que aún hoy subsiste, es el lugar en el que el padre de Celinina, en el cuento de Galdós, compra las figurillas del nacimiento que tanto gustaban a la niña: “Trájole un día una manada de de pavos, tan al vivo hechos, que no les faltaba más que graznar; otro día sacó de sus bolsillos la mitad de la sacra familia, y al siguiente a san José con el pesebre y portal de Belén”.

Por último, decir, -y aquí es donde yo veo en parte el motivo de la pérdida de algunos elementos tradicionales de estas fiestas-, que las celebraciones navideñas nacieron en una sociedad rural que veía la ciudad como elemento de pecado y de peligro. Muchos de los relatos más secularizados transcurren en la ciudad cosmopolita, como vemos en Gómez de Baquero, ‘Andrenio’ ("Noche de recuerdos", 1913) que desde una ciudad española pone a sus personajes a recordar al amigo borracho que en París decía a la pareja, hoy separada y sin hijos: “La familia está cimentada en una cuna, símbolo augusto, trono de la maternidad”. También en el cuento de Joaquín Dicenta vemos cómo la ciudad ha matado con sus vicios la ternura y el amor familiar, consustanciales a estas fiestas... 

Según se impone el relato urbano, los cuentos se van por la senda del escepticismo y pesimismo filosóficos viendo en la festividad de la Navidad más un motivo de reflexión existencial sobre el inexorable destino humano que una ocasión para el regocijo y la alegría.
Mercadillo navideño, Madrid en Navidad, Plaza mayor de Madrid

¡¡FELIZ NAVIDAD!!