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12 ago 2023

Lecturas de verano: De la poesía dieciochesca a las novelas de Lee Child (A pares XXXVIII)

4 comentarios:

«[Reacher] contó su biografía condensada. Fácil de entender al principio, luego difícil más adelante. Hijo de un marine, infancia en cincuenta lugares distintos, después West Point, después la Policía Militar en cien lugares distintos, después las reducciones en la fuerza cuando terminó la Guerra Fría, que llevaron directamente a su precipitada y repentina introducción a la vida civil.»

Lee Child, Serie de Jack Reacher
Luna azul ha sido mi primera lectura completa durante este agosto de calor; de su autor, escritor de novela negra británico, es la segunda que hago. La anterior, titulada Noche caliente, la realicé hace ya dos o tres años. La verdad es que de esta última apenas si recuerdo algo; tan sólo que la protagonizaba Jack Reacher, igual que en Luna azul

Sinopsis de la novela
Aaron Shevick se baja de un autobús con un abultado sobre en el bolsillo de su chaqueta. Jack Reacher se ha percatado de que está lleno de dinero, pero no ha sido el único. Un hombre ve la oportunidad de hacerse con el paquete. Reacher les sigue y logra evitar el atraco, pero Shevick termina magullado y dolorido. Y tiene prisa: debe estar en un sitio antes de las doce o el sobre no será suficiente. Habrá consecuencias. Intereses. Reacher le sirve de muleta y llegan a tiempo pero el destinatario no se presenta. En el lugar del encuentro le indican que regrese por la tarde, y sin saber muy bien cómo los destinos de los dos hombres se enlazarán hasta extremos muy peligrosos. 

Antes de entrar en materia me referiré al porqué del título. Se denomina Luna azul (traducción del inglés blue moon) a la segunda luna llena ocurrida durante un mismo mes del calendario gregoriano (el usado habitualmente en Occidente), lo que sucede aproximadamente (en promedio) cada 2,5 años. Haciendo traslación de este fenómeno, el autor da este título a su relato al presentarnos en una misma ciudad a dos bandas que la oprimen, una -los ucranianos- en la zona oeste y la otra -los albaneses- en la zona este; les separa una gran avenida, la calle Central. 

Así, como primera impresión, diré que la novela de Lee Child es una historia en la que el héroe, Jack Reacher, un auténtico Superman, mata con una soltura increíble. Es, ya lo sabemos desde la primera novela de la serie (Zona peligrosa), un antiguo y duro miembro de la Policía Militar norteamericana, que desde que dejó el ejército vagabundea por los Estados Unidos sin domicilio, teléfono ni tarjeta de crédito. Jack Reacher era especialista en la Policía Militar en prever ataques, de ahí que el análisis psicológico de las posibles reacciones de los 'malos' sea esencial en su trabajo. 

Su trabajo, al menos en esta novela, me parece desmesurado, pues el héroe, de unos 50 años de edad, logra por sí solo cargarse nada menos que a dos bandas de delincuentes (los ucranianos y los albaneses) que controlaban el mundo delincuencial de todo tipo (drogas, préstamos onerosos, prostitución, armas...) de una gran ciudad norteamericana. Físicamente el grandote Jack Reacher («un metro noventa y cinco de hueso y músculo y ciento quince kilos de masa en movimiento») está en plena forma, incluso en el aspecto sexual pues es capaz de satisfacer más que debidamente a Abby, una 'jovencita' de 32 años o así. 

Un máquina este Reacher. Algo exagerado en todo: en las balaceras, en su rendimiento sexual, en su bondad exagerada con los 'buenos' (el matrimonio Shevick, Abby, los músicos Barton y Hogan, el especialista militar en idiomas de los países excomunistas Guy Vantresca...), en su superioridad absoluta cual si de un Superman se tratara... Y también exagerado, demasiado exagerado, en su implacable comportamiento con los 'malos' (las bandas, los colaboradores de las mismas como el hacker Trulenko propagador de fake news rusas, pornografía, engaños bancarios,,,).

Por todo lo dicho hasta aquí concluyo sobre esta novela que cojea mucho en verosimilitud. Por este lado patina un montón. Pero, como lectura de verano, sí que me parece muy adecuada para hacerla bajo la sombrilla y sobre la toallita que limita por todas partes con las de otros veraneantes y bañistas que parecen competir en chillidos a sus niños y/o música estridente lanzada a todo trapo sin que nadie la haya solicitado... Sí, para esto es fantástica, pues aísla y entretiene. Pero eso si, no se pretenda buscar en ella más de lo que hay, que no me parece mucho.
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"Poetas de la escuela salmantina del siglo XVIII"
De paseo por Salamanca, mi ciudad natal, compré en la tienda de su Universidad este librito de poco más de 100 páginas que presenta una selección de poetas dieciochescos adscritos a lo que se dio en llamar, ya en su tiempo Escuela de Menéndez o Escuela de Cadalso, y definitivamente en el siglo XX Escuela salmantina del siglo XVIII. Concretamente -nos dice César Real Ramos, su antólogo-, fue César Real de la Riva quien en 1948 probó a aplicar sobre el conglomerado de poetas que se agrupaban al calor de la universidad salmantina las premisas establecidas en 1930 por el crítico literario alemán Julius Petersen para poder hablar en literatura de Generación o Escuela. En el prólogo que Real Ramos redacta como preámbulo al listado de poetas y composiciones elegidos recuerda esta aplicación. Sí, efectivamente, los ocho requisitos de Petersen se adaptan al grupo salmantino; quizás tan sólo se resista a su aplicación, sensu stricto, el de la coetaneidad dado que entre Meléndez Valdés, maestro y jefe del grupo, y algunos de los miembros hay una importante diferencia de años («más de veinte años separan a Meléndez de fray Diego y casi cincuenta a éste de Somoza»).

César Real Ramos, Universidad de Salamanca, Ilustración, Poesía del XVIII
Once poetas son los seleccionados, cada uno de ellos con un número desigual de composiciones. Destacan por su número José Cadalso con seis y José Iglesias de la Casa con siete; el resto, a excepción de Meléndez Valdés con cuatro, aparecen con dos o sólo una composición.

No todos los poemas han sido de mi agrado. Algunos, como la larga carta de Jovellanos a sus amigos de Salamanca me ha parecido pesados, falsos por sus tópicos anacreónticos y pastoriles, muy poco verosímiles y apenas interesantes. Sin embargo otros, como la también extensa elegía que Francisco Sánchez Barbero escribe "En la muerte de la duquesa de Alba" me han gustado mucho y me han mostrado el papel de puente que esta generación o escuela poética tiene entre los poetas barrocos y los románticos que ya se atisban en los versos de Sánchez Barbero.
Sólo el Albano sucesor [...] / /«De una pálida luz a los reflejos / Sigue, y alzarse una pesada losa, / Y luego incorporarse / A la duquesa de Alba ve de lejos, / Asómbrase; el cabello se le eriza; / Ni hablar puede, ni huir, ni adelantarse. / Una voz cariñosa / Acércate, le dice, y se estremece; / Otra voz imperiosa / Acércate, le grita, y obedece.»
De los once poetas que aparecen en el librito me fijaré en tres por ser estos poco conocidos o, al menos, poco nombrados hoy. Me refiero al Sánchez Barbero de la elegía a la duquesa de Alba citada antes, a Nicasio Álvarez de Cienfuegos y a Manuel José Quintana:

De Francisco Sánchez Barbero, además del prerromanticismo que se atisba en su poema, quisiera destacar la versificación utilizada en él: versos de 7 y 11 sílabas (una silva) que, con frecuencia, se quiebran con un encabalgamiento en el heptasílabo. El ritmo que de tal manera de proceder resulta es bello por demás. Me han recordado a Jorge Manrique esas interrogaciones retóricas que no aguardan respuestas («¿Qué será de vosotros, oh leales / Vasallos? Vuestra vida / ¿Quién asegurará? ¿Quién vuestros hijos / Defenderá?  La paz y regocijos / [...]»). También me ha llevado en prolepsis retórica (ja, ja...) al Miguel Hernández de la Elegía a Ramón Sijé; es fácil que entre los libros que el canónigo Luis Almarcha, vicario general de la diócesis de  Orihuela prestaba al cabrero hubiera alguno de este poeta salmantino.

El poema que de Nicasio Álvarez de Cienfuegos ha elegido el antólogo, aunque me ha parecido largo en exceso y excesivamente amanerado, recreador de aquella poesía pastoril del XVI que ya en el XVIII estaba fuera de sitio, lo destaco por referirse de modo hermoso a las aguas que riegan Salamanca. Se dirige a Batilo (Meléndez Valdés) evocando los días de la adolescencia cuando de él recibió enseñanzas junto al  río Tormes. Poetiza de manera muy idealista los arroyos Zurguén y Otea, especialmente este ultimo proveedor de lechugas y verduras a la ciudad. Jamás había leído alusiones tan poéticas a estos dos arroyuelos hoy casi sepultados por el crecimiento urbano.
«¿[...] volar con mi Batilo / A buscarle del Tormes en la orilla? / Le encontrara; allí está: por siempre inmóvil / Entre sus ondas deleznables yace / Mi adolescencia; por doquier mis ojos / hallarán restos de sus frescas flores. / Del Otea, el Zurguén, de la enriscada / Aspereza que mira amenazando [...]» 
De los dos poemas de Manuel José Quintana, "A Dafne en sus días" tiene el ritmo y la gracia de la poesía andaluza. Utiliza el octosílabo asonantado en los pares, pero no siempre. Tiene ese regusto de coplilla andaluza que con tanto gusto y brío divulgarán en el siglo XX poetas y autores de canciones populares como Quintero, León y Quiroga, e incluso Carlos Cano. El poema "A Meléndez" que lleva el subtitulo de «Cuando la publicación de sus poesías» lo escribe en estancias. Es un clásico poema laudatorio al magisterio de Meléndez Valdés.

Por último sólo quiero recordar cómo, en el juego de recuperación poética que estos poetas realizaban para acercarse más a su predilección, esto es, la poesía del primer renacimiento español del siglo XVI, adoptan pseudónimos poéticos de naturaleza pastoril: «Dalmiro (Cadalso), Batilo (Meléndez), Delio (Fray Diego), Arcadio (Iglesias), Aminta (Forner), Etc. Incluso los ajenos a la escuela como Jovellanos  cuando a ellos se dirigen divertidamente se disfrazan de idealizados pastores, en su caso, 'Jovino'.
___________________
Nota.- Esta antología, realizada por César Real Ramos, me sirve para ir completando el Reto "Nos gustan los clásicos" y el Reto "25 españoles".


7 ago 2021

La cerveza, los bares, la poesía (Antología). Jesús García Sánchez

6 comentarios:

«Muchos intelectuales y numerosos escritores, han considerado que los bares, las cervecerías o los cafés han sido sus verdaderas universidades, incluso han defendido enérgicamente que sin su contribución, aún estática y pasiva, la formación de las vanguardias artísticas quizás hubiera sido muy diferente; […] Miguel de Unamuno apuntaba que eran una verdadera Universidad […] Valle Inclán afirmaba que el Café de Levante, de Madrid, casi su segunda casa, había ejercido más influencia en la literatura que dos o tres universidades. Balzac llegó más lejos al atestiguar que eran el verdadero Parlamento del Pueblo.». (Tomado del Prólogo escrito por el propio antólogo)

Editorial Visor, Jesús García Sánchez


La Colección Visor de Poesía cumplió sus primeros 50 años de existencia el pasado mes de octubre de 2019. Poco después la Colección publicó el volumen número 1100. Es costumbre de la editorial al alcanzar cada una de las centenas  (100, 200, 300, 400...), celebrarlo con la publicación de un título especial. A ,veces ha sido el homenaje a poetas señeros y muchas otras, como esta vez, antologías poéticas de la más diversa índole.  Dicen los editores en la nota que abre el volumen que la coincidencia en el tiempo de los diez lustros  de existencia con la redondez cabalística del dígito 1100 les  pedía en esta ocasión algo más festivo, más propio del ocio, más relacionado con la vida misma. Fue así como en marzo de 2020 vio la luz esta Antología titulada "La cerveza, los bares, la poesía".


Personalmente computo la lectura de la misma como libro finalizado en junio del año actual aunque haya sido un ejemplar que llevo leyendo desde enero en que me lo regalaron hasta hoy mismo y que, ¡seguro!, seguiré leyendo durante los meses venideros. Los libros de poesía -mucho más las Antologías- jamás se finalizan. Yo, técnicamente, la doy por concluida hoy por eso de reseñarla en el blog, pero como digo antes es una  afirmación que tanto puede considerarse verdadera como falsa. 


Lo importante no es la culminación de su lectura sino la impresión que el conjunto de poemas que contiene me han producido. ¿Me han satisfecho o no? Decididamente, sí. Tengo que decir que es una buena antología, que el antólogo Jesús García Sánchez -poeta él mismo para más señas- ha realizado una muy buena selección desde el lejanísimo en el tiempo Gilgamesh datado en el siglo X a. de C. hasta un poema del costarricense Juan Carlos Olivas nacido en Turrialba en 1986.

POEMA DE GILGAMESH
(“Columna III”)

La leche de las bestias salvajes
solía él mamar.
Le pusieron ahora pan ante él;
entornó los ojos, lo miró
y lo examinó con desconfianza.
Él, Enkidu, no sabía
comer el pan;
a beber cerveza
nadie le había enseñado

[…] 
Abriendo la boca, la hieródula
dijo así a Enkidu:
−«¡Come pan, Enkidu,
es necesario para vivir!.
¡Bebe cerveza, es la costumbre del país!»
Enkidu comió el pan.
¡Hasta saciar su hambre!
Bebió cerveza,.
¡Siete cántaras!

[…]
JUAN CARLOS OLIVAS
“A quien honor merece”
(Bitácora de los hechos consumados, 2011)

Honor a aquellos que vieron
a la ciudad arder
y en cobardía se escondieron en los sótanos.
A aquellos que callaron cargados de razón.
y aceptaron ser la oveja del matadero;
a aquellos que vendieron a su Cristo
por treinta cervezas
y predicaron de su vida entre los bares.


Honor al payador de los toros del hambre,
que en sus lomos recibe la impronta del [destino,
a aquellos que no tenían oráculos
y aún así escucharon a un ángel hablar
desde el fondo de un vaso
y después siguieron sus caminos.


[…]
Hay poemas que se me han quedado clavados en el corazón y muchos otros que me han dejado marcas como las huellas que la espuma de la cerveza deja en el vaso que la contiene. Esta Antología es muy buena pues son muchas las marcas que deja en quien la lee. Calificar una antología poética es empresa difícil. A mí esta que Jesús García Sánchez hace agrupando autores y poemas desde los inicios de la literatura hasta nuestro hoy más próximo siempre atendiendo al tema que los convoca (el alcohol, en especial la cerveza) me ha gustado mucho.

Comienza el antólogo por referencias a la cerveza, a la cebada de donde se extrae y a su uso litúrgico por los sacerdotes egipcios. Prosigue luego con el producto y su consumo en Grecia y Roma. Pasa por la Edad Media, y de la Edad Moderna entre otros textos incluye una referencia en prosa del isabelino John Taylor (1578-1653) sobre las cualidades de la cerveza que parece escrita ayer mismo por no decir hoy. 
«[...] la "ale" [...] es agradable al olfato, resulta un placer para el paladar; su textura y su alegre tono verdoso son una delicia para la vista; es una caricia para el cerebro y el corazón, y además (para deleite de todos los sentidos) incita al hombre a la risa y al canto, es un placer para el oído. Beberla reconforta la mente preocupada, le procura la risa a una viuda desconsolada, haciéndole olvidar la tristeza por su difunto marido...»
Los clásicos barrocos, los poetas ilustrados y los románticos ingleses y franceses aparecen el el libro y sirven de preámbulo a los norteamericanos que ya en el XIX (Poe, Whitman y otros) se perdían en las nieblas alcoholizantes de la cerveza y los establecimientos que las expendían: los bares.

Quizás sean los siglos XIX y XX los que se llevan la parte del león en esta más que interesante antología que yo he disfrutado y degustado a la manera como se hace con el frío oro líquido que  contiene la jarra que sirve el camarero. Quiero decir que he leído este libro con calma, mucha calma, a sorbos que según los realizaba han ido dejando en mí señales como las que la cerveza bien tirada deja en las jarras de los bebedores. Las marcas a las que me refiero son las de aquellos poemas y/o poetas que más me han impactado: Cavafis Era pobre y sórdida la alcoba, / escondida encima de la equívoca taberna / [...] / Y allí en una cama mísera y vulgar / poseí el cuerpo del amor, poseí los labios / sensuales y sonrosados por el vino»), Manuel MachadoYo, poeta decadente / español del siglo veinte, / que los toros he elogiado , / y cantado / las golfas y el aguardiente..., / y la noche de Madrid, / [...] / ya estoy malo, y ya no bebo / lo que han dicho que bebía.»), Arnold Silcock, Carl Sandburg, Rafael de León en su conocidísimo poema "Tatuaje" («Era hermoso y rubio como la cerveza, / el pecho tatuado con un corazón, / en su voz amarga / había la tristeza / doliente y cansada / del acordeón. // Y ante dos copas de aguardiente, / sobre el manchado mostrador, / él fue contándome entre dientes / la vieja historia de su amor.»), el 'dirty' Bukowsky en su poema "Cerveza" («no sé cuántas botellas de cerveza / me habré bebido esperando que las cosas / mejoraran. no sé cuánto vino y whisky / y cerveza / sobre todo cerveza / habré bebido tras / separarme de mujeres... / esperando que sonara el teléfono, / esperando oír sus pasos,»), la bellísima "Canción triste" de Marilyn Monroe que ya coloqué en una entrada sobre Poesía y que quien quiera puede volver a leer pinchando en el título citado, la popularísima canción de Joaquín Sanbina escrita por Benjamín Prado que dio título a su exitoso LP: "19 días y 500 noches", el propio Benjamín Prado elogiando la cerveza mexicana mientras piensa en Raymond Carver («En la autopista, mientras oímos la emisora, / bebo cerveza mexicana y miro la oscuridad. / —Las banderas de los hoteles —dices—, restaurantes / azules y terrazas con grandes ventiladores.», etc., etc. 
Pero no quisiera cerrar esta breve relación de seleccionados entre los selectos sin traer a esta reseña dos poemas de dos jóvenes poetas españoles en plena producción literaria: Pablo García Casado (Córdoba, 1972) y Antonio Lucas (Madrid, 1975):

ANTONIO LUCAS
“Amistad”
(De Los desnudos)

Cómo será mi vida cuando alguno falte,
cuando yo abrace sus pasos y no quiera marchar.
Cuando no ajuste mi huella en sus zapatos.
Cuando alguien hable entonces de cielos por hacer
y viaje yo hasta el centro de ese miedo.
Un día no habrá nada.
Ni siquiera aquello en lo que tanto existí.
El libro abierto, la escritura,
el inhóspito azul y la montaña.
El fuego sin rodeos de pasarlo bien.
Vosotros. Vosotros.
Las terrazas coronadas de cerveza.
La amistad desgobernada que era así.


PABLO GARCÍA CASADO
“BAR”
(De Dinero)

Llegan con los hombros curtidos. Empiezan temprano, la mano fuerte que aprieta, la palmada en la espalda. Cómo estás campeón, ponme una copa. Todos tienen una historia que contar, todos tocaron la gloria con la punta de los dedos. Pero luego los hijos, la mala suerte y esa gente que no tiene palabra. Aquí se detienen a tomar fuerzas para subir a casa. Los más jóvenes aún confían en las oportunidades, el resto sobrelleva como puede los minutos de la basura

[…]

Relevancia especial quiero dar al poema "Felicidad" del norteamericano Carl Sandburg, cuyo nombre he incluido en la relación anterior. El poema espero que os guste tanto como a mí. Es el siguiente:

FELICIDAD
(De Poemas de Chicago)

Pedí a los profesores que enseñan el sentido de la vida que me dijeran qué es la felicidad.

Fui a ver a los afamados ejecutivos que comandan el trabajo de miles de hombres.

Todos menearon la cabeza y me sonrieron como si yo tratase de engatusarlos.

Y un domingo por la tarde fui a pasear por la orilla del río Desplaines.

Y vi a un grupo de húngaros bajo los árboles, con sus mujeres y sus hijos, un barril de cerveza y un acordeón.



Miguel García Posada, Vicente Gaos, Luis Alberto de Cuenca, Joaquín Benito de Lucas,

Los textos y los autores que he señalado no equivale a que desdeñe los que he callado. Entre los omitidos hay poemas que he disfrutado muchísimo, pero que han quedado subsumidos entre otros más impactantes que han dejado huella más fuerte en mí. Un libro de poemas nunca se agota, nunca se acaba, se ha de volver a él reiteradamente. Con esta antología me sucede como con otras que tengo en casa. De vez en cuando vuelvo a ellas buscando ese verso, esa cita, esa poesía, ese nombre de autor, ese tono, esa época que se me grabó en el alma pero a los que mi mala memoria ha dejado casi en el olvido, algo a lo que me niego. Por esto me gustan tanto este tipo de libros, son como una extensión de la fragilidad memorística que con los años aumenta. 
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Ficha del libro:

Título: La cerveza, los bares, la poesía
Antólogo: Jesús García Sánchez
Editorial: Visor
Colección Visor de Poesía
Año de publicación: 2020
Nº de páginas: 398
ISBN: 978-84-9895-400-5












13 dic 2016

"Cuentos españoles de Navidad". De ayer a hoy.

25 comentarios:

Siempre que se acercan las fiestas navideñas me asalta la idea de lo mucho que han cambiado estas jornadas de ayer a hoy. Dado que mi blog es literario pienso que, si bien del hoy soy testigo, el ayer no puedo conocerlo más que a través de los textos literarios que a lo largo y ancho del tiempo han tocado este tema. Por otra parte, como la Navidad es por tradición una fiesta familiar en la que los niños tienen un especial protagonismo, he fijado mi atención en los relatos breves con que se les suele asociar, o sea, los cuentos de temática navideña. He encontrado estos dos tomos que, aunque pensados para adultos, muestran aspectos de estas fiestas que en la actualidad no subsisten o que, quizás, aún luchan por la supervivencia. Vamos a ver algunos:



Cuentos navideños, Navidad y los Niños, Literatura navideña
Antología preparada por Rafael Alarcón Sierra publicada en 1998 por "Clan Editorial" y reeditada en 2004 y 2016 

🔼Comidas y bebidas. Estas fiestas discurren en torno a la mesa en la que se toman productos típicos de estas fechas

  • Pedro Antonio de Alarcón ("La nochebuena del poeta", 1855) escribe: “Todo era bullicio; todo era contento. Los roscos, los mantecados, el alajú, los dulces hechos por las monjas, el rosolí, el aguardiente de guindas circulaban de mano en mano…” El “alajú” es / era un postre dulce de Cuenca; el “rosolí”, un aguardiente con canela, azúcar y otros ingredientes olorosos. 
  • Luis Bonafoux, ‘Aramis’ ("La Nochebuena en el mar", 1887): “Para esta noche, besugo y castañas, como en Madrid”. 
  • Luis Taboada ("El pavo de Navidad o la falta de costumbre", 1895) presenta a un empleado de segunda que recibe por Navidad un pavo vivo como regalo de su acomodada hermana. 
  • Joaquín Dicenta ("Nochebuena", 1897) ya cita el champagne (sic) como bebida con la que se festejan estas fiestas. 
  • Benito Pérez Galdós ("La mula y el buey", 1876) crea a Celinina, una niña muy enferma ya próxima a morir que mezcla en su cabecita realidades y puras ensoñaciones. Así el escritor canario escribe: “Celinina sintió el afán de las poéticas fiestas que más alegran a los niños, las fiestas de Navidad. Ya se sabe con cuánta ansia desean la llegada de estos días y cómo les trastorna el febril anhelo de los regalitos, de los nacimientos y las esperanzas del mucho comer y atracarse de pavo, mazapán, peladillas y turrón. […] en la esfera tenebrosa que rodeaba su mente no había sino pavos haciendo ‘clau, clau’; pollos que gritaban ‘pío, pío’; nacimientos llenos de luces y que tenían cincuenta mil millones de figuras; árboles cargados de juguetes; el estanque del Retiro lleno de sopa de almendras; besugos que miraban a las cocineras con sus ojos cuajados; naranjas que llovían del cielo, y otros mil prodigios que no tienen número ni medida”.  
  • Dª Emilia Pardo Bazán ("Instinto", 1916) pone en la mesa de las monjitas de la Santa Espina “Un pedazo de turrón, muy rico… Y mazapán, y peladillas, y naranja china”.

🔽Lotería. El sorteo de la lotería de Navidad y el deseo popular de salir de la pobreza gracias al primer premio, el Gordo de Navidad, es asunto no sólo de hoy día sino que aparece de manera recurrente en muchos de los cuentos. 

  • Vicente Blasco Ibáñez ("El premio gordo", 1887) pone a Jacintito, su popular personaje, a soñar literalmente sobre lo que será su vida cuando le toque la lotería. 
  • Eduardo del Palacio ("El premio grueso", 1894) muestra la tradicional costumbre entre los más humildes de compartir el número o décimo jugado quitándose los dineros para adquirirlo hasta de lo más necesario: “¡Cuántos sacrificios para jugar a la lotería de navidad! Hasta ‘quitárselo de su comer’, que dicen las gentes. ¡Qué emoción cuando se oye pegonar […]: ¡La lista grandeeee! […] ¡Qué tristeza en todos los círculos! ¡Qué desengaño! Por fin consuela el consabido suelto de la prensa: ‘El premio mayor se ha repartido entre la clase obrera de…’. A lo que dicen los desgraciados: -¡Cielos! ¡No ser yo clase obrera!


Portal de Belén, el misterio,

🔼Los Reyes Magos. Este asunto va habitualmente en los relatos navideños muy unido a los niños. El consensuado secretismo de la sociedad para que los niños ignoren quiénes son los que realmente les hacen los regalos es, sin duda alguna, una de las más bonitas tradiciones que con cierto vigor se mantiene entre nosotros, a pesar de que desde siempre espíritus que presumen de racionalismo e ideas avanzadas abogan –y hoy aún lo siguen haciendo- por desvelar cuanto antes la incógnita a los niños.  

  • José María Pemán en el muy simpático cuento de "El republicano y los Reyes Magos" (1925), narra que por más que un padre progresista y muy racionalista quiera que su hijo no crea en la quimera del regalo recibido de manos de los Reyes Magos, no lo logra pues el niño quiere ciegamente creer en ella.  
  • José Francés trata el descubrimiento por los niños de la identidad de los Reyes de una manera muy simpática ("Por qué Maruja no cree en los Reyes Magos", 1916) cuando una niña en su ingenuidad llama sin conocimiento de sus padres al teléfono que un anuncio en el periódico dice que es el de los Reyes Magos y a renglón seguido la juguetería de la que se trata vuelve a llamar para confirmar “el pedido increíble que una niña, su hija seguramente, nos acaba de hacer”. 
  • José Bergamín ("Navidad", 1923) presenta a unos Reyes Magos que son capturados por Herodes, quien antes de dejarlos marchar les permite que hagan entrega de los regalos a todos los niños. Este Herodes compasivo repentinamente vuelve a su ser: “ordenó la degollación de los niños, que murieron con los primeros juguetes de su inocencia”. 
  • Ricardo León ("Los tres reyes de oriente"en Diciembre de 1916 hace un tratamiento más profundo de esta figura navideña cuando los presenta cruzando la Europa en guerra con su cargamento de regalos. Los soldados de uno y otro bando capturan a los Magos, los despojan de los juguetes que transportan y les hacen volver sin nada a Oriente, igual que el Niño Dios recién nacido. 1916, desde luego, debió de ser un muy mal año para los niños europeos.


🔽La Misa del Gallo. Si hay alguna tradición que hoy está en franco retroceso debido a la secularización de la sociedad y a la  primacía que ésta da al aspecto mercantil de estas fiestas por encima del religioso que está en su origen, ello es la Misa del Gallo. Es una costumbre, la de asistir al oficio religioso para celebrar a las cero horas del día 25 el nacimiento de Jesús, que está en franca retirada pues hoy las familias se reúnen en torno al hechicero social que es la televisión que, además, entre otra infinidad de posibilidades, retransmite en directo esta Misa oficiada por el pope máximo de la Iglesia, SS el Papa. ¿Para qué entonces salir de casa?

Este abandono de la costumbre también se percibe en los cuentos navideños consultados.
  • Gustavo Adolfo Bécquer. En el escritor sevillano esta celebración es el eje sobre el que gira la leyenda de "Maese Pérez el organista" (1861). Pero a partir de él esta celebración se va adelgazando en los relatos más contemporáneos hasta quedar excluida de los mismos. 
  • Ramón Gómez de la Serna ("Navidad", 1917). Aunque se intuye su realización en la preparación que en el relato de  hace de la iglesia una monjita dado que se acerca ya la celebración; el creador de las greguerías mediante uno de sus acostumbrados giros humorísticos hace coincidir la hora de la misa con el depósito en el torno del convento de un recién nacido. ¡Genial!


🔼El Nacimiento, la familia y los niños.  
  • Por don Benito Pérez Galdós venimos a saber que prácticamente desde siempre el Nacimiento ha sido nexo de unión entre la inicial representación religiosa que es y el juego de figuritas que para los niños supone. Así en su cuento de esta selección, (La mula y el buey, 1876), leemos que “El nacimiento no es una obra de arte a los ojos de los adultos”, debido en parte al eclecticismo que en él reina pues aparte de los elementos esenciales del mismo –Portal de Belén, Castillo de Herodes, figuras de los Reyes Magos y riachuelo- los niños colocan “paveros y polleros conduciendo sus manadas; un guardia civil que lleva dos granujas presos; caballeros que pasean en lujosas carretelas junto al camello de un rey mago, y Perico el ciego tocando su guitarra en un corrillo. […] “Por medio a medio, pasa un tranvía lo mismito que el del barrio de Salamanca, y como tiene dos ‘rails’ y sus ruedas, a cada instante le hacen correr de oriente a occidente con gran asombro del rey negro, que no sabe qué endiablada máquina es aquella.” 
  • También Tomás Borrás ("Nacimiento", 1931) incide en esta mezcolanza: “Nacimiento de arcaísmos ingenuos y de anacronismos conmovedores”. Y concretando más en el nacimiento español escribe: “En el Nacimiento popular español castellanos de Toledo y extremeños aportan la razón pastoril y agrícola, como los vascos el ritmo de égloga bailada. Y los catalanes vienen con sentido marinero, opulencia mediterránica, espíritu fraternal, de gente que cuando festeja se da la mano”.
La habitual queja por la pérdida de la tradición o del buen hacer que hoy tanto repetimos no es cosa novedosa, pues. En el cuento galdosiano citado también podemos leer semejante queja por parte de los mayores cuando comentan: 
No valen nada los nacimientos de este año… ¡Cuando uno recuerda aquellos tiempos!”.

🔽Los villancicos, la música y los instrumentos con que se hace. 
  • José Ortega y Munilla (Noche de Reyes, 1880): “Sonaban panderos, chirriaban rabeles, vibraban hierros, atronaban sartenes y cazos”;  
  • Luis Bonafoux, ‘Aramis’ ("La Nochebuena en el mar", 1894): “Recordé los rabeles,
    Instrumentos navideños tradicionales con que se cantan villancicos:
    panderetas, carraca, tamboril, botella de anís, rabel, almirez,
    crótalos, hueseras y zambombas
    las zambombas y las chulas
    ”. Estas últimas, en el sentido de instrumento musical, en mi vida he sabido qué eran, y tampoco he encontrado referencia a ellas por parte alguna. En el cuento más moderno de la selección consultada, el de Tomás Borrás (Nacimiento, 1931), podemos leer: “Música de villancicos, cuyo encanto consiste en que se interpretó al nacer, en instrumentos improvisados, los que había en la cocina cuando llegaron al atardecer los pastores: almireces, panderos, una sartén sonajas, hierrecillos, tamboriles, zambombas, vidrios (También el ‘jazz-band’ ha empezado en Castilla)”. Esta alusión a la música ya no tan popular como la de jazz es una nota de modernidad que habla muy a las claras de cómo la tradición debe competir y contemporizar con la actualidad.

En cuanto a los villancicos en España se cantan en el ámbito familiar durante la Nochebuena pero encontrando hoy un serio competidor en el televisor que enmudece a la familia. Con todo, prácticamente seguimos cantando los mismos de siempre, algunos de los cuales se citan en muchos de estos cuentos. 
  • Así Pedro Antonio de Alarcón, en su relato, introduce profundísimas filosofías sobre el popularísimo: 
  • Esta noche es nochebuena, / y mañana navidad; / saca la bota, María, / que me voy a emborrachar. // La nochebuena se viene, / la nochebuena se va, / ¡y nosotros nos iremos / y no volveremos más! // Esta noche es nochebuena / y no es noche de dormir, / que está la Virgen de parto / y a las doce ha de parir.
  • También Pardo Bazán ("Instinto", 1916) cita letras de villancicos cantados por las monjitas de su convento de la Santa Espina: “En el portal de Belén / hay una piedra redonda…”, villancico que al no agradar mucho a las sores cambian por este otro: “En el portal de Belén / todos a juntar en leña, / para calentar al niño / que nació en la nochebuena…”.
🔼La ciudad en Navidad. Por estas fechas la ciudad se transforma mostrando con luces y adornos la alegría de las fiestas. Siempre ha sido una manera de incitar al consumo, aunque hoy día la intención no se esconde para nada. No así antes, como vemos en el bellísimo cuento de Juan Ramón Jiménez ("Jijoneses de Navidad", 1916-1920) en el que se fija en los turroneros procedentes de Jijona (Alicante) que todas las Navidades  venden su producto –y aún hoy lo siguen haciendo aunque en menor número-  bajo los soportales de la Plaza Mayor. Su lirismo le lleva a comparar las cajitas de madera donde se empaqueta el turrón con su propia vida “muerta en pedacitos”.  También el tradicional mercadillo de la Plaza Mayor de Madrid, que aún hoy subsiste, es el lugar en el que el padre de Celinina, en el cuento de Galdós, compra las figurillas del nacimiento que tanto gustaban a la niña: “Trájole un día una manada de de pavos, tan al vivo hechos, que no les faltaba más que graznar; otro día sacó de sus bolsillos la mitad de la sacra familia, y al siguiente a san José con el pesebre y portal de Belén”.

Por último, decir, -y aquí es donde yo veo en parte el motivo de la pérdida de algunos elementos tradicionales de estas fiestas-, que las celebraciones navideñas nacieron en una sociedad rural que veía la ciudad como elemento de pecado y de peligro. Muchos de los relatos más secularizados transcurren en la ciudad cosmopolita, como vemos en Gómez de Baquero, ‘Andrenio’ ("Noche de recuerdos", 1913) que desde una ciudad española pone a sus personajes a recordar al amigo borracho que en París decía a la pareja, hoy separada y sin hijos: “La familia está cimentada en una cuna, símbolo augusto, trono de la maternidad”. También en el cuento de Joaquín Dicenta vemos cómo la ciudad ha matado con sus vicios la ternura y el amor familiar, consustanciales a estas fiestas... 

Según se impone el relato urbano, los cuentos se van por la senda del escepticismo y pesimismo filosóficos viendo en la festividad de la Navidad más un motivo de reflexión existencial sobre el inexorable destino humano que una ocasión para el regocijo y la alegría.
Mercadillo navideño, Madrid en Navidad, Plaza mayor de Madrid

¡¡FELIZ NAVIDAD!!