.header .widget { text-align:center;} .header img {margin:0 auto;}

30 ago. 2013

Vivencias intencionales: "Las Horas" de Michael Cunningham y Stephen Daldry

1 comentario:
En mis clases de Literatura Universal, para ilustrar el tema de la renovación de la narrativa europea a principios del siglo XX, solía echar mano de la película de Stephen Daldry "Las horas" (2002). En este film se puede ver cómo la principal impulsora del Círculo de Bloomsbury, Virginia Woolf, realiza el proceso creativo de una de sus principales novelas, "La señora Dalloway", cómo la escritora se veía 'invadida' por los seres de ficción que construía y de qué manera ella elegía, eliminaba o modificaba los comportamientos de sus personajes. Es en mi opinión una fantástica película para presentar ante los alumnos al "artista en pleno proceso de trabajo". Pero, además, los alumnos gustaban de ella al verse atrapados por el resto de la historia magníficamente presentada por el director inglés y excelentemente actuada por tres grandes actrices, -Meryl Streep, Julianne Moore y Nicole Kidman-, protagonistas de la tres historias que en contrapunto se van desarrollando (Nicole Kidman es Virginia Woolf durante un día cualquiera de 1923, año en que se hallaba en pleno proceso constructivo de su novela "La señora Dalloway"; Meryl Streep es Clarissa Vaughan, una señora Dalloway actual que transita por el Nueva York del año 1998 ultimando como su homónima literaria los preparativos de la fiesta que dará por la tarde a Richard, poeta enfermo terminal de sida y antiguo amante suyo; y Julianne Moore es Laura Brown, una obligadamente 'feliz' esposa de Dan, excombatiente de la guerra del Pacífico, con quien tiene un hijo y está encinta de otro. Laura está leyendo un día de 1949 en el confort burgués de su hogar de Los Angeles la novela que 26 años atrás escribiera Virginia Woolf y que le está removiendo no pocas cosas en su interior).
El que los personajes que estas mujeres representan marquen estadios diferentes en el camino de la plena liberación de la mujer, así como observar que los problemas humanos son en esencia siempre los mismos, y el canto a la vida que emana del film a pesar del tono sombrío que por momentos tienen algunas de las historias, también atraía a mis alumnos y provocaba que su interés por la obra de Stephen Daldry no decayese en ningún momento.
Yo, que también disfrutaba de la reiterada contemplación de la obra de Daldry, con frecuencia me preguntaba cómo sería la novela de la que el film era adaptación. Así fue como este año decidí meter mano a "Las horas", novela de Michael Cunningham, fechada en 1999, momento en que el sida golpeaba con fuerza a la comunidad homosexual norteamericana. Esta epidemia tuvo, paradójicamente el efecto de dar visibilidad a un colectivo que tradicionalmente había vivido dentro del armario. Michael Cunningham presenta en este relato, que mereció reconocimientos como el premio Pulitzer y el PEN/Faulkner, tres historias en contrapunto (Nueva York a finales del siglo xx; Richdmon, barrio a las afueras de Londres en 1923; y Los Angeles, 1949) unidas por una argamasa que atraviesa todas ellas: la novela "La señora Dalloway" de Virginia Woolf.

Al término de la lectura de la novela concluì que la versión cinematográfica sigue fielmente el relato novelesco centrándose, lógicamente, en los tres personajes femeninos antes señalados y dejando un tanto de lado a otros que en la novela de Cunningham tienen cierto relieve como son:

Michael Cunningham
Leonard Woolf, editor esposo de Virginia, que junto a ella y a Vanessa, hermana de ésta -que aparece en ambos formatos aunque un tanto desdibujada al no referirse de ella ninguna aportación literaria, que sí que tuvo-, formaron parte del famoso Círculo de Bloomsbury junto a otras mujeres muy avanzadas para la época (Katherine Mansfield), ensayistas (Edward Morgan Foster) e historiadores (Gerald Brenan), economistas (John Maynard Keynes) o filósofos (Bertrand Russell o Wittgenstein); la criada Nelly, que en el film queda reducida a sirvienta madura y amargada pero que en la novela tiene mayor presencia al ser para Virginia Woolf referente de la represión moral de la que ella al igual que la señora Dalloway de su novela quieren zafarse: "Nelly se aleja y, aunque no es en absoluto su costumbre, Virginia se inclina hacia delante y besa a Vanessa en la boca. Es un beso inocente, asaz inocente, pero justo ahora, en esta cocina, a espaldas de Nelly, tiene el sabor sumamente delicioso y prohibido de los placeres. Vanessa le devuelve el beso." (pág. 121); también Walter, Louis y Oliver son secundarios que representan el mundo homosexual dentro del relato y que en el film, salvo Louis que interviene en unas escasas secuencias, no aparecen.

¿Novela gay?

Tanto la novela como su versión cinematográfica recibieron el aplauso de la comunidad homosexual (en USA Cunningham fue distinguido con el Premio al Libro Gay, Lésbico, Bisexual y Trasgénero 1999) pues no en balde todos los personajes son homosexuales (Richard, Clarissa, Sally, Walter, Louis, etc); o bien están confusos explorando sus inclinaciones en este campo (Virginia, Laura Brown, Julia); o tras haber tenido experiencias heterosexuales finalmente se han decantado por la vida homo (Clarissa Vaughan o Richard). También el aunto del sida, tan tremendo en ese momento, favoreció este enaltecimiento y coadyuvó a clasificar la novela dentro de una, por algunos denominada, literatura gay.


El director Stephen Daldry

Yo, como no hace mucho en un diario decía Luis Alberto de Villena, no entiendo de clasificaciones así (juvenil, infantil, femenina, gay, homosexual, etc.), entre otras cosas porque pretenden enaltecer o machacar un producto de antemano, sin leerlo. Creo que sólo existe buena o mala literatura; que los asuntos o temas, luego, no sean adecuados para impúberes o que los personjes sean esencialmente hombres, mujeres o marcianos es algo tangencial. En la propia novela Cunningham -homosexual él mismo- critica el tratamiento mercantil que la industria y algunas personas dan a algo tan íntimo como la orientación sexual cuando dice cosas como las siguientes:
"Oliver St. Ivés, que se destapó espectacularmente en Vanity Fair y, a raíz de su confesión, fue excluido de su papel de protagonista en una película de suspense carísima, ha obtenido más notoriedad como activista homosexual de la que habría podido esperar si hubiese continuado fingiéndose heterosexual y rodando películas de serie B de medio pelo." (pag. 76).
A Walter Hardy lo tilda de "adolescente" pertinaz:
 "que cumplirá cuarenta y seis años con gorra de beisbol y zapatillas Nike; [...] Se ven hombres como Walter en todo Chelsea y el Village. [...] Richard sostiene que los homosexuales eternamente jóvenes hacen más daño a la causa que los que seducen a niños" (pág. 14).
 Incluso de los reconocimientos públicos llega a decir:
 "Me han premiado porque tengo sida y me estoy volviendo loco y lo afronto con valor, no tiene nada que ver con mi obra." (pág. 49).
Esta reflexión es dura pero ¿acaso no es cierto que muchas veces un premio se da como señal de consolación al hombre más que al artista?

La vida en un instante

Lo que destaca esencialmente en "Las horas" es el asunto que trata, que no es otro que la vida, esto es, el inexorable paso del tiempo que provoca que ésta se escurra de nosotros ["Qué curiosos, estos cables genéticos, que el cuerpo pueda navegar sin cambios drásticos, decenio tras decenio, y luego, en unos pocos años, capitular ante el tiempo"]. De ahí el título, "Las horas", que encuentra pleno sentido a lo largo de todo el relato por la insistencia que tiene el novelista en aprehender el instante que se está viviendo y que inexorablemente se escapa de nuestro control; afortunadamente el recuerdo logra recuperarlos y así pasamos, en ocasiones, toda una vida prendidos en una vivencia sucedida hace ya 30 o más años ["a Clarissa la conmociona todavía, más de treinta años después, comprender que era la felicidad; que la experiencia completa residía en un beso y un paseo, la previsión de la cena y un libro." (pág 76)].

 Esta concepción del tiempo, propia de la fenomenología de Husserl (la vida como acumulación de vivencias materiales, de fenómenos), estaba ya presente en la novelística de Virginia Woolf. Y es que toda la novela de Cunningham es un auténtico homenaje a la escritora inglesa quien en su narración "La señora Dalloway" plasmó la inconsistencia del presente temporal al tiempo que, paradójicamente, ese presente es lo único ciertamente real. Por ello toda una vida cabe en un solo día, pues somos el mundo que nos rodea y también la acumulación de vivencias pasadas, presentes ["-Somos adultos y somos jóvenes amantes a la orilla de un estanque. Lo somos todo, a la vez. ¿No es curioso?" (pág. 53)] y... ¡hasta futuras! ["Pero ya ves, parece que también he entrado en el futuro. Tengo un claro recuerdo de la fiesta que todavía no se ha celebrado. Recuerdo perfectamente la ceremonia del premio." (pág. 56)].

Y junto a la vida, como el envés de la misma, está la tentación de la desaparición, la del espectro de la muerte. Una desaparición que recuerda mucho al Juan Ramón de "El viaje definitivo" porque canta la vida, como se ve cuando la Dalloway moderna (Clarissa Vaughan) se dice a sí misma:
 "Ahí está el mundo ordinario, el rodaje de una película, un chico portorriqueño que despliega el toldo de un restaurante con una pértiga plateada. Ahí está el mundo, y tú vives en él, y lo agradeces. Procuras hacerlo." (pág. 13)
escenas de la película
 o cuando de Laura Brown enamorada de una vida plena se dice:
 "Empero, le alegra saber (porque en cierto modo de improviso lo sabe) que es posible cesar de vivir. Reconforta encarar toda la gama de posibilidades: considerar todas la alternativas sin miedo y sin culpa." (pág. 120).
La pena es que en ocasiones este negro impulso se imponga sobre la alegría de vivir como le ocurrirá en 1941 a Virginia Woolf que se suicidará en un río precipitándose esa aciaga mañana toda su vida que ya "leímos" en ese día de 1923.

Y como no podía ser de otra forma, y es uno de los grandes méritos de la novela de Cunningham, todas las innovaciones estilísticas que Virginia Woolf aportó a la novela europea del siglo XX reciben el trato adecuado por parte del novelista norteamericano: monólogo interior constante, perspectivismo, técnica contrapuntística, estilo indirecto libre, narrador externo objetivo cual si de una cámara cinematográfica se tratase, plano-secuencia, ruptura de la linealidad discursiva, impresionismo descriptivo, etc.

14 ago. 2013

Manuel Chaves Nogales: "A sangre y fuego"

4 comentarios:
El periodista sevillano Manuel Chaves Nogales presenta en los nueve relatos que forman este volumen el ninguneo al que de siempre se ha sometido a la Tercera España que, atónita, observaba, observa y,-¡quiera Dios que no!-, observará cómo las otras dos ( vid. Antonio Machado: Españolito que vienes al mundo te guarde Dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón) se las ingenian para pasar de ella y, sin embargo, vivir de ella  y justificar su existencia por ella.
Como quiera que la independencia de criterio nunca es del todo bien acogida en nuestro país, es evidente que el periodista-escritor molestó tanto a los dos sectores en liza que ninguno lo adoptó como propio y por ello sufrió temprano exilio (en 1936 se instalará en París) y también  madrugadora muerte (morirá en mayo de 1944, víctima de una septicemia ocasionada por una peritonitis).
 Las nueve narraciones transcurren en plena Guerra Civil, año de 1936. De la lectura de ellas se desprende una valiente denuncia de la barbarie que suponía la guerra española (¡y apenas acababa de comenzar!). Chaves Nogales no se inclina por ninguno de los bandos en conflicto. A pesar de ser republicano confeso como Ortega y Gasset, Lorca o Sender, tras no justificar el golpe franquista, arremete contra el desorden con que la República se enfrentó a los militares sublevados. Sirva de ejemplo el siguiente texto extraído del cuento titulado 'Los guerreros marroquíes' en el que ante la captura de un moro enemigo se entabla la siguiente discusión dentro del comité revolucionario local sobre qué hacer con el prisionero. No tiene desperdicio:
En el seno del comité se entabló entonces un largo debate sobre lo que debía hacerse en aquel caso insólito. Los delegados republicanos eran partidarios de que el prisionero fuera conducido hasta Madrid y entregado al gobierno; los anarquistas creían que lo lógico era dejarlo en completa libertad, para que se redimiera de su pasada servidumbre y se convirtiese en un libre y digno ciudadano de la libre Iberia; los comunistas estimaban que lo más razonable era curarle primero y luego inscribirle en las milicias y mandarle al campo para que luchase contra los rebeldes, debidamente vigilado, claro es. Y, finalmente, la voz del pueblo, expresada a gritos por el vecindario y los milicianos y responsables que se aglomeraban en la plaza, pedía unánimemente que se le entregase al prisionero para darse la satisfacción de matarlo. Era lo menos que se podía pedir.
Ejemplos similares aparecen situados en el campo de los fascistas. Véase si no la siguiente "gracia" realizada por los "novios de la muerte" en Valladolid y que aparece en el cuento '¡Viva la muerte!':
"[...] los legionarios entre otras pueriles demostraciones, habían sustituido el asta de su bandera por una hecha con tibias de seres humanos engarzadas y aquel airón macabro escalofriaba a los tenderos, los oficinistas, las muchachitas y los niños"
O también cuando en el cuento 'La tropa de los caballistas' se cuenta la manera de actuar que tenían las tropas franquistas cuando entraban en una localidad recién tomada:
"Las tropas victoriosas entraban razziando por las calles del pueblo. [...] La lucha había sido dura y el castigo tenía que ser ejemplar. Las patrullas de falangistas entraban en las casas y se llevaban a los hombres que encontraban en ellas. A los que se cogía con las armas en la mano se les fusilaba en el acto. Un sargento moro de estatura gigantesca que iba abrazado a un fusil ametrallador, a una simple señal de sus jefes regaba de plomo a los prisioneros que le llevaban, pespunteándolos de arriba abajo con el simple ademán de abatir el cañón del arma"
Chaves Nogales en Madrid en 1936
 En definitiva, al leer ahora estos relatos de Chaves Nogales "comprendemos" (?) por qué a este precursor de la corriente narrativa del Nuevo-Periodismo se le arrojó por unos y  otros al hueco del olvido. La verdad es siempre el primer damnificado de las guerras. Lástima que la memoria sea tan lábil.

NOTA: "A sangre y fuego" apareció publicado por vez primera en 1937 en Chile. No se volverá a hablar de él hasta que en 1994 Andrés Trapiello en su obra "Las armas y las letras" aluda elogiosamente al periodista Chaves Nogales; pero no será hasta 2011 que alguien -la editorial Libros del Asteroide- se decida a su publicación.

9 ago. 2013

POESÍA NECESARIA

4 comentarios:




Frente a la por muchos repetida idea de la ‘inutilidad del arte’, y en especial de la literatura, se levanta el verso de Gabriel Celaya que da título a esta entrada. 
No es la primera vez que me ronda la idea de hacer algo en el blog a propósito de la poesía, y creo que éste es el momento.
Que la poesía es necesaria lo han dicho a lo largo de los siglos los muchos maestros que en el mundo han sido, pero de entre éstos quisiera destacar a unos cuantos:

Al primero que recuerdo es al ya nombrado Gabriel Celaya defendiendo la necesidad de la poesía como arma de combate frente a la opresión ideológica y de clase. Son unos pocos versos de   La poesía es un arma cargada de futuro, poema contenido en su libro “Cantos iberos” del año 1955 que dicen lo siguiente:

 [. ..]
Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.
[…]
Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
[...]
  (en la pág. 'música que me gusta escuchar' está la versión musicada de este poema)

Tras Celaya recuerdo al personaje de Héctor, el viejo profesor de Historia que prepara a una élite de alumnos para ingresar en las prestigiosas universidades de Oxford y Cambridge. Este personaje pertenece a la obra “Los chicos de Historia” escrita el año 2004 por el dramaturgo inglés Alan Bennett. En España la obra fue traducida, dirigida, puesta en escena y también representada por José María Pou el año 2010. Desde entonces han sido numerosas las ocasiones en que ha venido a mi memoria la frase contundente que este viejo y desengañado profesor arroja a las tiernas, y por eso mismo impertinentes, mentes de sus alumnos cuando –como le sucede de ordinario a cualquier profesor de literatura- uno de ellos le lanza la pregunta de para qué sirve la poesía: 
Para que os acompañe al menos en algún momento de vuestra existencia -les dice-; ahora no lo entendéis porque estáis llenos de vida, pero los poemas  –muchos de ellos hablan de amor, otros de muerte- entrarán de lleno en vuestra existencia en el momento oportuno. 
Quizás algo fuerte y drástico, pero sin duda muy cierto, ¿no?

Y últimamente, de otro autor contemporáneo, el premio nobel de literatura 1976, Saúl Bellow, en su novela corta “La verdadera” (1997) he leído, puesta en boca de un personaje que criticaba el mal estado por el que pasaba Norteamérica, una frase que toca muy directamente a mi profesión. El tal personaje decía que:
 "la educación secundaria se había ido al garete porque los chicos ya no memorizaban poesía".
 Es cierto que quizás sea coger el rábano por las hojas, pero a mí me dio que pensar y me hizo darme cuenta en primer lugar, ¡ay!, de que en todos los sitios cuecen habas, y a continuación que la poesía alcanza a tener utilidades en ocasiones inesperadas.

Sean estas tres citas  la puerta de entrada a una nueva sección del blog que etiquetaré con esta frase: POESÍA NECESARIA.





3 ago. 2013

"Antes del anochecer": Cine y Literatura.

2 comentarios:
Este verano he visto Antes del anochecer  [año 2013].Yo no había visto las anteriores dos películas: Antes del amanecer  [año 1995] y Antes del atardecer [año 2004] que junto con ésta forman la trilogía sobre el amor romántico del director estadounidense Richard Linklater. Ni que decir tiene que tras haberla visto me impuse la obligación de ver las dos anteriores, como así hice.
La película me agradó, pese a haberme costado un poco entrar en ella dado el exceso de diálogo que contiene; pero esto que en principio parece defecto es sin embargo una de las características fundamentales de la trilogía. Tanto es así que el film tiene más de obra de teatro que de cualquier otra cosa.
Otra de las señas de identidad de esta película es que mantiene la misma pareja protagonista de las dos anteriores (Celine y Jesse) -normal en una trilogía-; lo que ya no es tan frecuente es que los actores sean también los mismos (Julie Delpy y Ethan Hawke); y mucho menos aún que las tres películas se hayan realizado con una periodicidad exacta de 9 años entre cada una de ellas, como tampoco que la edad real de los actores sea aproximadamente igual que la de los personajes. Esto último es muy interesante pues vemos  -y ésa es una de la intenciones de Richard Linklater- que la evolución del amor a lo largo de veintitantos años también tiene mucho que ver con los cambios personales. Y también que las fronteras realidad-ficción son siempre difusas.
La trilogía puede leerse como el nacimiento del amor -el flechazo- en "Antes del amanecer"; la consolidación del mismo en "Antes del atardecer"; y las dudas, incomprensiones y dificultades que conlleva su mantenimiento en "Antes del anochecer". Los tres films defienden el amor pasión que debe convivir  con las aspiraciones profesionales de ambos -en especial de la mujer- y con los problemas arrastrados de relaciones anteriores (en la segunda y tercera película Jesse, escritor de éxito, tiene un hijo de 5 y 14 años fruto de un matrimonio acaecido ante la falta de señales de Celine tras el primer encuentro amoroso sucedido en Viena). También la convivencia será más difícil habida cuenta la diferencia cultural: Jesse es un norteamericano de Texas, mientras que Celine es una chica parisina muy concienciada con los problemas de la mujer y del deterioro ambiental. Pero, paradójicamente, la utópica feminista  es más inflexible que el práctico norteamericano, el cual siempre cederá y será gracias a él por quien la relación se mantendrá viva.
Se nota una clara evolución entre las tres películas, no sólo a nivel de la historia de amor de la pareja, sino también a nivel cinematográfico. Mientras que en las dos primeras la cámara gira constantemente alrededor de Celine y de Jesse, en "Antes del anochecer", situada en Grecia (las otras dos suceden en Viena y París respectivamente), la cámara deja entrar en su campo otros personajes de distintas edades que dan testimonio de sus respectivas vivencias amorosas. Así vemos a una pareja de jóvenes -al igual que lo fueron ellos- que amándose ahora con furia ya tienen asumido que su amor no durará siempre y en 8 ó 10 años se ven a sí mismos divorciados; vemos a una  pareja de amigos de Celine y Jesse felices viviendo un amor más primitivo, más puramente sexual, sin tanta retórica amorosa; y vemos a dos ancianos viudos recordando él, escritor famoso, y ella, tradicional esposa, los años felicísimos vividos con sus fallecidas parejas a las que  siempre respetaron sus parcelas vitales respectivas, sus roles, y eso les hizo y les hace ahora, al recordarlo, sentirse dichosos. Es, pues, "Antes del anochecer" una película más coral, más redonda.
¿Qué salvará la relación entre los personajes de Julie Delpy y Ethan Hawke? Pues lo que constituye el eje central de los tres relatos: la palabra en forma de diálogo, o sea, la comunicación. Y cuando ésta corre el riesgo de quebrarse, la ficción. Ese es el método empleado en las tres películas por parte de Jesse para evitar que su relación naufrague: cuando Celine no acudió a la cita en Viena, él la vivió y se la justificó a sí mismo en forma de relato, y cuando en "Antes del anochecer" todo parece haberse roto, de nuevo Jesse rescata el amor echando mano de la narración 'vivida' en la que una Celine de 82 años -dice él- se le ha aparecido para decirle que es una pena que..., y Celine acepta escucharla y le pide que le cuente qué es eso que esa viejecita le ha dicho.
La película se completa con un franco humor y una cálida música, aunque en esta tercera entrega no pertenezca a la cosecha de Julie Delpy, algo que sí sucede en “Antes del atardecer” (una muestra de la misma puede escucharse en la página de este blog La música que me gusta escuchar.)
¿Acaba con esta película la historia Celine-Jesse? No sabría decirlo, aunque pudiera ser que sí. Y no lo puedo asegurar porque Linklater finaliza el film con la indefinición y ambigüedad a la que nos tiene acostumbrados. Para descifrar esta incógnita debería haber otra película en la que se nos relatase con palabras lo que no se nos ha dado en imágenes, tal y como sucedió con los finales de las otras dos películas cuyos finales abiertos son desvelados a través del diálogo en las narraciones cinematográficas siguientes.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...