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17 ene 2019

'El libro de los Baltimore' de Jöel Dicker. ¿2ª entrega de la serie Marcus Goldman?

23 comentarios:
Antes de esta novela de Jöel Dicker, ya hace años, leí su exitosa "La verdad sobre el caso Harry Quebert", convertida hace muy poco en triunfal serie televisiva; y el año pasado tuve ocasión de leer la última de sus novelas publicada hasta ahora, "La desaparición de Stephanie Mailer", asimismo muy bien recibida por los lectores.

Jöel Dicker, El libro de los Baltimore, La verdad sobre el caso Harry Quebert
fotocomposición tomada del blog La Copela

Sinopsis (tomada de www.megustaleer.com)
«Si encontráis este libro, por favor, leedlo. Querría que alguien supiera la historia de los Goldman-de-Baltimore.» 

Hasta que tuvo lugar el Drama existían dos ramas de la familia Goldman: los Goldman de Baltimore y los Goldman de Montclair. Los Montclair, de los que forma parte Marcus Goldman, autor de La verdad sobre el caso Harry Quebert, es una familia de clase media que vive en una pequeña casa en el estado de Nueva Jersey. Los Baltimore, prósperos y a los que la suerte siempre ha sonreído, habitan una lujosa mansión en un barrio de la alta sociedad de Baltimore. Ocho años después del Drama, Marcus Goldman pone el pasado bajo la lupa en busca de la verdad sobre el ocaso de la familia. Entre los recuerdos de su juventud revive la fascinación que sintió desde niño por los Baltimore, que encarnaban la América patricia con sus vacaciones en Miami y en los Hamptons y sus colegios elitistas. Con el paso de los años la brillante pátina de los Baltimore se desvanece al tiempo que el Drama se va perfilando. Hasta el día en el que todo cambia para siempre.

Mi comentario
Diré para comenzar que esta novela me ha entretenido y ha venido a ratificarme en lo que afirmaba en mi reseña sobre "La verdad sobre el caso Harry Quebert" [leerla aquí]: Jöel Dicker domina los resortes del best seller y aquí lo demuestra una vez más. En verdad, esta segunda novela sigue muy de cerca la estructura de la anterior; de mano es el mismo personaje, Marcus Goldman, el narrador de la misma. Pareciera, pues, que tras "La verdad..." y ésta, el autor estuviese en la idea de realizar una serie Marcus Goldman. Pero, por ahora y tras leer la siguiente entrega, "La desaparición de Stephanie Mailer" [leer la reseña aquí], se ve que lo que parecía iba en esa dirección se ha interrumpido. Naturalmente, siempre cabe la posibilidad de que en futuros títulos el autor retome el personaje y prosiga la serie.

En cierto sentido podría afirmarse que la estructura es la misma en los tres títulos: un puzle con constantes idas hacia adelante (flash forward) y hacia atrás (flash back) debidamente anunciadas en los epígrafes de los distintos capítulos, si bien he de decir que la complejidad cronológica es en "El libro de los Baltimore" menor que en "La desaparición..." pero mayor que la que realizó en "La verdad...". Concretamente, en la novela que estoy reseñando nos movemos en varias ubicaciones temporales: 2012: el momento actual en que Marcus está en Boca Ratón [Florida] escribiendo, precisamente, la novela que tenemos ahora en nuestras manos; 2004, el año en que sucede el Drama que desde el principio se nombra y que sirve para crear y mantener en el lector un cierto suspense al no saber con exactitud qué es ello; 1989-1997, tiempo en que se forja lo que en el relato los personajes protagonistas llaman 'la banda de los Goldman'; y la época anterior a los años 90, concretamente 1960-1989, en que se relata la historia de los abuelos de la familia Goldman y cómo lograron levantar  casi de la nada una exitosa empresa.

Estamos, como en el caso de "La verdad...", ante una obra que encierra dentro de sí toda una serie de distintos tipos de novela:
  • Por la historia de los personajes principales -Marcus, Hillel y Woody- y la conformación de sus personalidades desde adolescentes bien podríamos calificar la novela de bildungsroman o novela de aprendizaje; 
  • La entrada en escena de la chica, Alexandra Neville, y la conmoción que causa en el grupo adolescente con la evolución y desarrollo de los episodios de amor y celos hace que la novela ingrese o toque los terrenos de la novela romántica o rosa:
    •  "Al cabo de unos minutos, la lluvia redobló. El agua que chorreaba por el parabrisas y las ventanillas los volvía invisibles. Saúl le rozó la mano, Anita se la cogió y se besaron. Desde ese día, se besaron al menos una vez al día todos los días durante treinta y cinco años", pág. 367 
  • El suspense que desde el principio provoca la alusión al Drama, la visualización en su momento del mismo y la investigación o esclarecimiento de lo que allí hubiera sucedido, introduce el relato, si bien en menor proporción que en "La verdad..." en el thriller propiamente dicho:
    • "Corría el año 1993. Once años antes del Drama, cuya cuenta atrás ya había comenzado", pág. 121. 
    • "Después del Drama que aconteció en 2004 la víspera de Acción de Gracias, Tío Saul no volvió más a Oak Park", pág. 323. 
    • "Falta un mes para el Drama, pero aún no lo sabemos", pág. 405. 
    • "Déjate del Drama, Marcus. No existe ningún Drama sino varios dramas", pág. 454.
  •  Y para finalizar, la evolución de las finanzas de los Goldman, sus ascensos, sus caídas, sus decisiones económicas, etc., crean una sensación de novela política o, mejor, de crónica socioeconómica, especialmente cuando se interna en los años de la crisis de las subprime que en USA estalló definitivamente en 2008. 
    • "El año 1972 fue el punto culminante de su activismo. Hicieron suyas todas las causas: el Watergate, la igualdad de las mujeres, el Proyecto Honeywell contra las minas antipersona…", pág.370. 
    • "Como les sucedió a tantos otros, la estabilidad económica de mi tío finalizó repentinamente en octubre de 2008, cuando la economía mundial se tambaleó con la llamada crisis de las hipotecas subprime", pág. 439. 
Alexandra Neville, Woody, Hillel, Scott Neville
Al haber leído anteriormente dos novelas del escritor ginebrino nacido en 1985 he de decir que en ésta pocas cosas me han sorprendido. Es más, incluso hay aspectos que llevan demasiado a su novela anterior pareciéndome incluso repetitivos: la casa donde se refugia el exitoso escritor Marcus Goldman, los espacios geográficos (los Hamptons, Florida, Baltimore, New Jersey...), ciertas reflexiones hechas sobre cómo se construye un thriller me han recordado  excesivamente a "La verdad..." si bien en cada novela el papel de Pepito Grillo del escritor recae en distintos personajes: en el editor en "La verdad..." y en Leo, el vecino de Marcus en Boca Ratón aquí. 
"—Pero ¿cuándo se va a poner en serio con ese dichoso libro?
—Muy pronto, Leo. Se lo prometo.
—Marcus, me da la sensación de que me está tomando el pelo. ¿No será que se siente angustiado o tiene una crisis de la página en blanco?
", pág. 332
En la relación Leo - Marcus Goldman reside mucho del humor que hay en este relato. El humor es uno de los elementos que, en cantidades variables, Dicker suele incluir en sus narraciones. Así, aquí, para mostrar la impertinente insistencia del vecino Leo sobre la novela que debiera de estar escribiendo Marcus se desarrolla el siguiente diálogo:
"-¿Va progresando su novela?:
—No va mal. Me estoy planteando escribir la historia de un viejo que observa cómo un vecino joven ama a una mujer a través de un perro
", pág. 104
La cuestión parecería quedarse sólo en mera demostración de ingenio, pero si nos fijamos veremos que el autor está dando en este breve cruce de palabras una de las claves de la novela. Como ya se deduce de las primeras líneas del texto («Si encontráis este libro, por favor, leedlo. Querría que alguien supiera la historia de los Goldman-de-Baltimore.», pág. 2), estamos ante el relato de la construcción de otro relato, o sea, literatura dentro de la literatura. Asistimos en esta novela a los trabajos de investigación, recopilación de materiales y organización de los mismos para la ejecución de un libro, precisamente el que tenemos en nuestras manos: "El libro de los Baltimore". O sea, prácticamente lo mismo que Joël Dicker había hecho en su obra anterior.

Lo que menos me ha agradado de esta novela que se lee con gusto y que entretiene muchísimo es la previsibilidad que en algunos momentos tiene la historia. Afortunadamente, el autor sigue fiel a uno de los 31 principios dados en "La verdad..." sobre cómo se construye un buen best seller e introduce giros argumentales muy curiosos e inesperados que nos congracian con la novela y hacen que perdonemos al autor las caídas en lo muy trillado que también tiene. 

De toda la serie de elementos que se suelen utilizar en la construcción de best sellers (en las dos reseñas ["La verdad..." y "La desaparición..."] que he dedicado en este blog a las novelas de Joël Dicker los he señalado repetidamente) me gustaría destacar el de la reiteración de los acontecimientos vistos desde los ángulos respectivos de diversos personajes (perspectivismo). Esta técnica que en otros autores contribuye a mejorar el nivel del relato y a comprender mejor la psicología de cada personajes, sin embargo aquí, en "El libro de los Baltimore", sólo sirve para que la narración detenga su desarrollo de la trama y a base de repetirla vaya asentándola y consolidándola en los lectores que, de este modo, no deben realizar esfuerzos excesivos para entenderla y comprenderla. Es por ello que los best sellers -¡"El libro de los Baltimore" lo es innegablemente!- son las lecturas favoritas de lectores no muy exigentes. 

Serie de Netflix "La verdad sobre el caso Harry Quebert"
Buscando la sinopsis argumental que he colocado al principio de esta reseña me he topado con diversas opiniones críticas que Alfaguara, la editorial que ha publicado el libro en España, adjunta en su publicidad para estimular a los posibles lectores. Entre ellas hay algunas que me han impactado especialmente y que confirman claramente la idea que ya expresé en el título de la reseña que dediqué a "La verdad sobre el caso Harry Quebert" y que subtitulé "¿Cómo se fabrica un best seller?". Véase lo que entre otras cosas se argumenta para promover la venta de esta entretenidísima y adictiva novela:
  • «El Libro de los Baltimore, ha logrado recuperar todos y cada uno de los ingredientes de la obra anterior (comenzando por su narrador, el escritor Marcus Goldman) Milo J. KrmpoticLibrújula («Joël Dicker: prodigioso y melancólico», portada)
  •  «Una estructuración digna de serie televisiva que consigue que cada capítulo presente, por sí solo, un elevado arco de tensión que motiva a seguir devorando páginas... Todo lo que pasa es emocionante, cautivador y, por momentos, hasta conmovedor.» Matías StuberBellver (suplemento cultural del Diario de Mallorca
  • «A través de señas características de su escritura, como los continuos saltos en el tiempo, los bruscos e inesperados giros argumentales y el mantenimiento de una tensión narrativa más que palpable, Dicker monta una historia cuyo punto central (el Drama) desconocemos en importancia y contenido, pero sobre el que gravita todo el peso del relato, que se convierte en una búsqueda de la verdad de impresionante ritmo narrativo.» Andrés Seoane, El Cultural de El Mundo)
En definitiva, si analizamos las opiniones de estos tres críticos literarios, "El libro de los Baltimore" es una obra que continúa lo ya probado con éxito por Jöel Dicker en "La verdad sobre el caso Harry Quebert" (personaje protagonista, señas características de su escritura, y también preparada o, si se es benévolo, predestinada como la que le antecede cronológicamente a convertirse en serie televisiva. Es más, mientras veía la serie realizada por Netflix de "La verdad..." que, televisivamente hablando, me ha gustado bastante, muchos aspectos y elementos de "El libro..." me parecía reconocerlos allí.

20 sept 2018

Joël Dicker: "La desaparición de Stephanie Mailer". La explotación del éxito

23 comentarios:
En primer lugar debo advertir que he "leído" la última novela de Joël Dicker en formato audio-libro. Esta modalidad 'lectora', sin duda alguna, merece un comentario aparte del propiamente referido a la historia presentada por el escritor. Y es que no es lo mismo leer que escuchar. Es cierto que los inicios de la literatura, cuando el mundo era analfabeto, fueron orales, pero hoy la parte del mundo que nos ha tocado por suerte habitar es una sociedad completamente alfabetizada y los protocolos lectores discurren por derroteros distintos de los del sentido del oído.

No quiero liarme con el asunto de las bondades y las maldades de los audio-libros. En esta reseña quiero remitirme sólo a la historia transmitida por Joël Dicker; dejo para un próximo post y otro blog -mi blog "Reflexiones"- mi opinión sobre este formato que las editoriales están lanzando ahora.


La novela
"La desaparición de Stephanie Mailer", novela policíaca, Thriller, Best seller
Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
La noche del 30 de julio de 1994 la apacible población de Orphea, en los Hamptons, asiste a la gran apertura del festival de teatro. Pero el alcalde se retrasa... Mientras tanto, Samuel Paladin recorre las calles vacías buscando a su mujer, hasta hallar su cadáver ante la casa del alcalde. Dentro, toda la familia ha sido asesinada.


Jesse Rosenberg y Derek Scott son los dos jóvenes policías de Nueva York que resuelven con éxito el caso, pero veinte años más tarde, en la ceremonia de despedida de la policía a Rosenberg, la periodista Stephanie Mailer lo afronta: pretende que Dereck y Jesse se equivocaron de asesino a pesar de que la prueba se hallara delante de sus ojos, y que ella posee información clave. Pero días después, desaparece.

Mi opinión
Diré en primer lugar que me acerqué a este relato empujado por el magnífico sabor de boca que hace ya algo más de cinco años dejó en mí "La verdad sobre el caso Harry Quebert" [leer reseña aquí], novela que lanzó al estrellato al escritor ginebrino. A renglón seguido debo añadir que cuando me puse a leerla me parecía que seguía en la misma novela anterior a la que el escritor habría dado un vertiginoso giro; quiero decir con esto que nada extrañé al engolfarme en la nueva historia pues la estructura empleada por el autor -tres grandes apartados en ambos relatos-, junto al amplio número de capítulos y de páginas que  conforman el enorme volumen era muy semejante al de la novela que le abrió las puertas del éxito.

En ambos relatos estamos ante una enorme cuenta atrás. En el que comento cada uno de los capítulos está encabezado con el nombre del personaje narrador del mismo: Jesse Rosenberg para 2014 ("Sábado  14 de julio de 2014. 14 días antes de la inauguración del Festival", por ejemplo) y Derek Scott para 1994 ("Principios de agosto de 1994", por ejemplo), aunque no son los únicos pues otros los narra Anna Kanner, compañera de profesión, u otros personajes ya más secundarios como Dakota, joven adolescente algo despistada vitalmente, o Steven, director de la "Revista de Letras" de Nueva York que mantiene una aventura con una secretaria suya, etc.. Pero las situaciones temporales fundamentales son las de los dos principales narradores y los capítulos que protagonizan en primera persona van encabezados por el número de días que restan hasta el 30 de julio de sus correspondientes años, día que se inauguró el Festival de Teatro de Orphea en 1994 y que desde ese año nunca se ha dejado de celebrar.

La novela está dividida en tres grandes apartados: I. "En la sima" (28 capítulos), II. "Hacia la superficie" (25 capítulos), y III. "Elevación" (16 capítulos). Esta tercera parte, como es lógico, gana en ritmo al aproximarse el desenlace de la investigación; quizás por ello el orden de la cuenta llevada hasta ese momento cambia de sentido y de ser hacia atrás revierte hacia adelante marcando en cuatro subapartados (1. "Natasha", 2. "Desolación", 3. "El intercambio", y 4. "La desaparición de Stephanie Mailer") los centros temáticos de los mismos. 

El thriller que la novela es comienza tal como finaliza con la desaparición de Stephanie Mailer, personaje que da título a la novela, pero cuya función en la misma es secundaria. Su desaparición hará que el caso de 1994 -cuatro asesinatos producidos el día de la inauguración del Festival de Teatro de Orphea- que se creía resuelto desde hacía tiempo se revele como asunto pendiente. Muchas incógnitas se abren ahora y la no menor es la de si el culpable señalado entonces, Ted Tenembaum, muerto tras una persecución policial, habría sido el verdadero asesino.

Joël Dicker, Los Hamptons, Best-sellers
Los mimbres del relato son ciertamente atractivos, pero en mi opinión el autor estira mucho el chicle como si lo que persiguiera fuera aumentar el número de páginas. Se diría que un escritor de best seller como es él [recordemos que su primer gran éxito es prácticamente un manual de cómo fabricar un best-seller] no pudiera contentarse con un número de páginas inferior a las 600. Es por ello que, en ocasiones, la novela se me ha hecho un tanto tediosa. A este hastío contribuye no poco el excesivo número de personajes cuyas relaciones el novelista no se resiste a contarnos, resultando algunas agobiantes y sin interés alguno; igual que las excesivas reiteraciones y repeticiones que realiza en función del personaje narrador de cada uno de los capítulos; o el excesivo número de asuntos que Dicker toca siquiera sea de soslayo (machismo en la comisaría de Orphea que recibe a una joven, guapa y competente Anna Kanner; corrupción política; trata de mujeres; hipocresía social; la culpa; la función del crítico literario; las relaciones padres-hijos; las adicciones; etc., etc.); y también, claro, los engaños y trampas que nos tiende el escritor que por frecuentes provocan en ocasiones un cierto descreimiento en el lector hacia la historia narrada que corre, por ello, el riesgo de caer en la falta de verosimilitud.

Si al llegar a esta altura de mi comentario habéis tenido la paciencia de leer la reseña que hice del primer gran éxito de este novelista suizo os diré que las recetas que da en esa novela para crear un éxito de ventas literario las aplica aquí punto por punto, o casi:
  • Afán por 'atraer y retener al mayor número de lectores': de ahí ese excesivo número de personajes y asuntos que a todos contente.
  • Procedimientos de novela negra: corrupción policial y política, bajos fondos prostibularios, drogas, interrogatorios frecuentes para así dar voz a personajes diversos, resúmenes recopilatorios para que el lector no se pierda, giros argumentales sorprendentes..., incluso cierto desarrollo de historias secundarias para dar así más fuelle a la novela.
  • Alusiones literarias diversas y al alcance de la mayoría: la primera y más relevante es una autocita que remite a "La verdad sobre el caso Harry Quebert", "A veces no vemos lo que está ante nuestros propios ojos", la frase que al inicio del relato la periodista Stephanie Mailer le dice al policía Jesse Rosenberg en la fiesta que están dando a éste por su baja en el Cuerpo a petición propia. Pero hay otras muchas más: explícita, la de la obra de Chejov, "Tío Vania", con que se abrió el Festival de Teatro en 1994; además yo he querido ver un claro homenaje a "Extraños en un tren" de Patricia Highsmith; e incluso a la obra de Ibsen, "Un enemigo del pueblo" en ese afán del alcalde Brown de que los crímenes que han sacudido a Orphea no espanten a los turistas, igual que los habitantes de la pequeña localidad noruega querían silenciar el peligro que corrían los usuarios de su balneario si se difundía la noticia de la contaminación de sus aguas; e incluso también un cierto homenaje a esa literatura policíaca que utiliza libros y sus templos, las librerías, como medio de intercambio de mensajes.
  • El Cine: Una novela escrita por uno de los personajes conocerá versión cinematográfica. Esto me parece una autoparodia referida a sí mismo por Joël Dicker. Y es que no hay mayor encumbramiento para un autor de best sellers como él es que ver su producto llevado a la gran pantalla o como en el caso del escritor de Ginebra verla convertida en serie televisiva. Según escribo esta reseña me entero de que la serie inspirada en "La verdad sobre el caso Harry Quebert" será estrenada por Movistar+  en su canal #0 antes de que finalice este año. ¡Bienvenida sea!
  • Sexo: Cualquier best seller que se precie ha de contenerlo y aquí naturalmente que lo hay. Reposa en la pareja adúltera formada por Steven, el jefe, y su inútil pero hermosísima empleada, Alice
  • Humor: Joël Dicker aquí, al igual que en "La verdad...", da cierto respiro a la innegable tensión que genera en sus páginas con alguna concesión al humor. Son los abuelos del personaje principal, Jesse,  los que con sus dos frases reiteradamente empleadas ("panda de tarados" -dice el abuelo-; "menuda mierda" -dice la abuela-) introducen una cierta, muy pequeña en verdad, comicidad.
En cuanto a recursos literarios es destacable la maestría con que el novelista maneja los dos tiempos narrativos principales -1994 y 2014- haciéndolos surgir no sólo en los capítulos narrados en 1ª persona por Derek y Jesse respectivamente, sino -¡y esto sí que me ha gustado!- haciendo que fluyan de manera muy cinematográfica según que la investigación avanza y vayan apareciendo personajes y circunstancias. Así cuando tal cosa sucede el narrador de 2014 cede su voz al personaje de 1994 sea quien sea éste, recobrándola de inmediato una vez "vista" esa acción en el momento temporal en que se realizó. Hay capítulos en los que el ritmo es tal que los flashbacks, aunque breves, abundan. Este recurso da mucha plasticidad a la novela, haciendo que los lectores 'veamos' in situ lo que sucedió. 


Random House Audio
Poco más puedo comentar respecto a aspectos literarios pues al haber accedido a la novela en formato de audio creo haberme perdido algunos de los elementos formales tan interesantes siempre, al menos para mí. Escuchar la novela, perfectamente transmitida por sus intérpretes (Víctor Velasco, Raúl Llorens, Nuria Mediavilla, Masumi Matsuda, Nerea Alfonso, Luis Posada, Gemma Ibáñez y Juan Carlos Gustems), me ha forzado a prestar una excesiva atención pero esencialmente al desarrollo argumental de los asuntos pues al ser dichos en inglés los nombres de los personajes, y ser éstos muchos y con relaciones entre sí algo enrevesadas, mi confusión sobre quién era quién en cada momento de la historia me ha resultado en ocasiones algo difícil. Por otra parte la velocidad de la palabra hablada apenas si me ha permitido quedarme con alguna frase de manera textual. Para hacerlo he tenido que volver hacia atrás (rebobinar) lo escuchado con la lógica pérdida de la concentración exigible en una lectura 'tradicional'. Por ello pocas frases puedo destacar de relato tan extenso. Lo intentaré con dos o tres que consideré acertadas y realicé el pesado ejercicio de volver sobre lo escuchado, y también dos o tres que por repetirse en exceso hicieron que chirriasen en mis oídos.


  • Las buenas:
    • "Los críticos somos la policía de la verdad intelectual" (cap. 16). Son las palabras que dice un personaje, Meta Otrowski,  que defiende la crítica literaria por encima de la creación.
    • "Un crítico no puede ser escritor ni actor -dice Ostrowski- ¿Pollock haciendo una crítica de Hopper? No se puede hacer la crítica de un arte que se ejerce" (cap. 31) Me ha llamado la atención fundamentalmente por ser un cuadro de Edward Hopper, 'Sol de la mañana', el elegido por la editorial Alfaguara para componer la portada de la novela en su edición española.
    • "Resultaba difícil diferenciar entre lo que era relato y lo que era ficción" (cap. 14). Reflexión hecha por Jesse Rosenberg tras leer la novela que Stephanie Mailer estaba escribiendo. En el fondo ésta es una de las constantes de la narrativa actual y de la del autor en particular.

    • Las que ya no me han gustado tanto:
    • "Tuvo que vomitar
    • "Le entraron ganas de vomitar"
    • "Me dan ganas de vomitar".
Este excesivo uso del vómito para referirse a momentos desagradables o poco confortables no me  agrada nada. ¿Será así en la versión original? Y si no, ¿por qué este afán del traductor?

A modo de conclusión
Una novela que prosigue la puerta abierta al éxito logrado por su autor con "La verdad sobre el caso Harry Quebert". La investigación de una desaparición lleva a abrir el caso cerrado de unos crímenes del pasado. Se pasa del presente al pasado de manera fluida y sin despistar jamás mucho al lector al que se le lleva de la mano por miedo a que se pierda en la foresta de la narración. Una novela, en definitiva, entretenida aunque con un excesivo número de páginas. Al autor le vendría bien aligerar sus próximos relatos y cambiar en algo la estructura narrativa de los mismos. ¡Ojalá que sea así!

31 jul 2013

JOËL DICKER: "La verdad sobre el caso Harry Quebert" o ¿Cómo se fabrica un best-seller?

4 comentarios:

Esta novela de Joël Dicker no deja indiferente a nadie y capta la atención e interés del lector. De lo más llamativo de la obra es que cada uno de los 31 capítulos en que se distribuye la historia vaya precedido a modo de cita inicial, cual si de un recetario se tratara, de un consejo dado por el profesor y afamado escritor (Harry Quebert) a su brillante alumno (Marcus Goldman) sobre cómo construir relatos para triunfar en el difícil mundo de la literatura; pero no para lograr un triunfo pequeño (publicar por fin algo), sino para alzarse con el cetro literario durante el tiempo suficiente de conseguir hacerse con los media y que esto se traduzca en éxito de ventas. De ahí el subtítulo de esta reseña: ¿Cómo se fabrica un best-seller? Pero la expresión 'best-seller' no debe llevar a pensar en 'calidad deleznable' porque este relato, en mi opinión, no es nada mediocre y muestra todo cuanto existe y rodea al autor de novelas: la búsqueda de un estilo propio, la necesidad de crear con perfección, las presiones del mundo editorial que sólo busca hacer caja, la existencia de modelos o maestros a los que seguir en un principio para luego superarlos, los miedos del creador, el poder del autor, el mundo real y su transmutación en ficción ("paraíso de los escritores" ).
Como si de cajas chinas se tratase, Dicker inserta las historias unas dentro de las otras de manera que en ocasiones resulta difícil diferenciar los distintos niveles de escritura. Así no es sencillo deslindar al autor de la figura del narrador en primera persona, Marcus Goldman; y a este diferenciarle de su  maestro y centro del relato que está escribiendo, Harry Quebert. Por ello los tres momentos fundamentales durante los que suceden los acontecimientos (1975: el crimen; 1995: el proceso educativo de Goldman; y 2008: la investigación y la escritura de la novela) se suceden sin orden aparente aumentando esa sensación de indistinción y naturalidad que el novelista pretende. De estas tres grandes líneas temporales surgen las distintas anécdotas que protagonizan los diversos personajes: Los hay que atraviesan los tres momentos (Harry Quebert, Stern, los Quinn, los Dawn, el jefe Pratt, y otros), los que viven solo uno de ellos (Luther Caleb, Nola Kellergan) y quien sirve de eslabón entre los dos grupos anteriores: el propio Goldman.
La anterior estructura temporal se mantiene en cada una de las tres partes que forman el volumen, cuyos títulos aluden al tema que -según confesión del propio novelista suizo- más le preocupaba durante la redacción del relato a él mismo y también en la historia narrada a sus replicantes literarios Marcus Goldman y Harry Quebert: la sospecha de no valer como escritor, el deseo de triunfar en el proceloso mundo de la escritura aplicando los procedimientos para conseguirlo, y, finalmente, instalarse en "el paraíso de los escritores": facultad que tiene quien escribe algo de modificar a su antojo cuanto le rodea y convertirlo en pura ficción.

¿Por qué "La verdad sobre el caso Harry  Quebert" es un best seller?  Fundamentalmente  porque busca atraer al mayor número de lectores y retenerlos ("Algunos se sentirán celosos, otros interesados. No es para ellos para quienes escribe usted, Marcus. Sino para todos los que en su vida diaria, habrán pasado un buen momento gracias a Marcus Goldman", pág. 544, cap.5). Y para lograrlo utiliza procedimientos propios de los géneros novelísticos -hasta no hace mucho 'subgéneros'-  más populares: la novela negra y la novela rosa.
De la primera hace uso de gran parte de su aparataje narratológico: resúmenes recopilatorios cada cierto número de páginas; algo de sexo y de bajas pasiones; interrogatorios que favorecen el perspectivismo y provocan sensación de totalidad; revelaciones sorprendentes que echan por tierra lo que ya para el avisado lector parecía cantado; detalles sociopolíticos inteligentemente distribuidos que sirven para ubicar temporalmente el relato (2008: campaña de Barack Obama, 1975: fin de la guerra de Vietnam , un año antes el escándalo Watergate, etc, etc); algo de humor que sirve de descanso del 'guerrero' (= lector) y que recae en la figura de la madre de Marcus pendiente de lo que tópicamente se presume es preocupación de esta figura familiar, un humor que ya está contenido en el propio apellido del narrador: Goldman, o sea, el Formidable.
La novela rosa le sirve fundamentalmente para sostener la historia de amor central con fraseología propia de estos relatos  ("Era una mujer magnífica, se hubiese convertido en una esposa  modelo, y ella no pedía más. Se hubiese casado con ella al día siguiente sin dudarlo: una mujercomo Jenny era el sueño de muchos hombres. Pero en su corazón había cuatro letras que ocupaban todo el sitio: N-O-L-A.", pág. 228, cap. 19)
Junto a estos recursos literarios, familiares para el gran público, el autor suizo evita elevarse mucho cuando echa mano de otros considerados más minoritarios: por eso exhibe un culturalismo fácil que no le pueda robar lectores (las alusiones literarias que aparecen son bastante manidas: Hemingway, Melville y así); y da al relato un ritmo semejante al del serial televisivo o del thriller cinematográfico [la versión para el cine está ya en fase de realización] con cambios temporales rápidos a través de secuencias introducidas mediante el procedimiento de la evocación ('flash back' en términos cinematográficos).

Pero hay que decir que el novelista suizo no nos engaña, sino que al igual que los asesinos de su relato muestra sus armas constantemente a través de esos 31 consejos enumerados en sentido inverso que pone en práctica en la novela que está escribiendo y que como sucede en el campo de las competiciones deportivas preceden al pistoletazo de salida de una carrera que tiene visos de ser exitosa. Joël Dicker -en el relato Marcus Goldman, su alter ego- al igual que los malos de su relato sabe que la mejor manera de que algo pase desapercibido es no ocultarlo, en su caso no mentir sobre los fines perseguidos: lograr escribir un éxito de ventas, un best-seller. Y lo ha logrado además con calidad.

Nota: Como hablo de 'best-seller' podría ser de interés releer el  post del ya lejano mes de mayo de 2010 titulado "Éxito de ventas y calidad literaria"