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21 ene 2023

El lamento de Portnoy. Novela de Philip Roth. (Revisitados)

23 comentarios:

«William Butler Yeats lo escribió –dije, comprendiendo mi poco tacto, la falta de sensibilidad con que yo había puesto de relieve el abismo que nos separaba: yo soy listo y tú eres tonta, eso es lo que había querido decir al recitar a aquella mujer uno de los tres poemas que yo había aprendido de memoria en mis treinta y tres años−. Un poeta irlandés −añadí» (pág. 184)

Philip Roth, El mal de Portnoy
Al hilo de la lectura del libro de James Salter, "Juego y distracción" que, como digo en el comentario que de ella hago en este blog [leerlo aquí], me evocó vivamente la novela de Philip Roth aparecida en 1969, "El lamento de Portnoy", recordé haber hecho reseña de ella. La he buscado y la he releído. Me ha parecido que las palabras que le dediqué hace años no están nada mal; sin embargo su recepción entre los lectores de 'El blog de Juan Carlos' ha sido claramente escasa, quizás por la fecha en que la publiqué -en 2012, coincidiendo con la concesión del Premio Príncipe de Asturias de Literatura al escritor norteamericano- cuando el blog apenas si había echado a andar. Es por eso que he decidido traerla al presente y situarla con esta entrada dentro de la Sección "Revisitados de este blog. Ya me diréis qué os parece. 



AVISO: El comentario de la novela El lamento de Portnoy de Philip Roth que viene a continuación contiene algunos spoilers. ¡Quien avisa, no es traidor!



 El 26 de octubre del año 2012 cuando publiqué la reseña lo hice bajo este rotundo título: 

 «En el muro de las lamentaciones. “EL LAMENTO DE PORTNOY” de Philip Roth (Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2012)»

Y seguía así:

 La novela apareció en 1969. Es una novela que cabría considerar como “fuerte” en el sentido en que mis padres empleaban dicho término y que yo escuchaba de sus labios cuando niño. Es “Fuerte” porque su asunto, al menos externamente, gira en torno a la obsesión que el protagonista Alexander Portnoy tiene sobre el sexo. Dicha obsesión le viene de su época adolescente y parece no haber desaparecido en el momento en que está contando el relato, a sus 33 años.

¿Por qué esta obsesión? Seguramente procede de su condición de judío y su evolución como adolescente, del gran complejo de Edipo que sufre –o ha sufrido- y de su gran soledad… Y es que Alexander vive en Newark, afueras de New York, a donde sus padres se trasladaron huyendo del antisemitismo que sentían en Jersey City, en un barrio donde todos sus habitantes son judíos y en el que se observan estrictamente los principios de la ley judaica (carnicería judía, barbero judío, colegio judío…) al igual que en el seno de su familia constituida por Jack Portnoy, el padre, vendedor de seguros en los barrios más difíciles de la ciudad (Harlem, Bronx, y así), la madre Sophie Ginsky, la hermana Hanna y el novio de ésta Morty. Los vecinos también lo son: su tío Hynnie, vendedor de gaseosas; su primo Harold, Heshie.

Y en este contexto está Alex, adolescente de algo menos de 16 años, que quiere sentirse como el centrocampista de un partido de Baseball: seguro y conocedor de todo (esta metáfora la desarrolla Philip Roth en las páginas 72-76; y me recuerda un muy mucho a otro libro de crisis adolescente, El guardián entre el centeno de J.D. Salinger). Portnoy se rebela contra la opresión y rigidez con que su familia, y en especial su madre Sophie, lo educan. Es un sentimiento ambivalente pues al tiempo que siente asfixia en su casa, también se siente solo fuera de esta protección. Su crisis de adolescencia encuentra salida hormonal en la masturbación, si bien este acto le perturba seriamente pues el joven está invadido del sentimiento de culpa inherente a cualquier momento de placer que le han imbuido en casa, en la sinagoga, en el colegio…; en definitiva, en la educación que recibe.

Estos asuntos ocupan las tres primeras partes del relato (“La persona más inolvidable que he conocido”, “Sacudiendo” y “Lamentaciones judías”) que ocupan las primeras 83 páginas. De estas tres partes, además de la angustia que siente por lo encima de él que está su madre y el afán por masturbarse destaca el lamento siguiente: «No querer ser uno judío y serlo para los otros». Y es que su físico (la nariz ganchuda, el pelo negro y ensortijado…) lo delatan ante los goyische (gentiles) que viven con alegría y son físicamente distintos. Alex se siente en un gueto y, –dice-, quiere vengarse de esta sociedad que los aparta a través del arma que tiene más a mano, el sexo. Primero masturbándose por doquier, incluso en sitios públicos, y cuando crezca practicando sexo con las kurveh (prostitutas) gentiles y no sólo con ellas.

Así sucede en la 4ª parte, “Ansia de sexo” en donde se nos aparece como un ser machista por demás. Es aquí, en esta parte de 92 páginas, donde vemos a la perfección la estructura del relato. Estamos ante una confesión, así la llama él en un momento, realizada por Alex ante un doctor al que en ocasiones llama Spielvogel (un psicoanalista o psiquiatra, sin duda) que en silencio escucha su monólogo que fluye de su conciencia entremezclando edades, periodos, etc., de manera que en ocasiones su confesión nos retrotrae a los 4 años de edad, en otras tiene 22 o vuelve al presente de la confesión, a sus 33 años (la técnica literaria es, pues, el monólogo interior y/o flujo de conciencia).

En las referencias que hace a su situación actual sabemos que se gana la vida como Subdelegado de Igualdad de Oportunidades de la ciudad de Nueva York, siendo un personaje conocido por sus apariciones en televisión por los controvertidos casos que lleva y resuelve. Por esto, es más chocante aún la depravación sexual de que hace gala con esa medio novia que se echa, la Mona, con la que practicará sexo duro y a la que convencerá para participar en tríos sexuales e incluso pretenderá llevar a orgías. En definitiva busca hacer realidad las fantasías sexuales que tiene desde la adolescencia. Su madre siempre le advirtió de lo inadecuado de este comportamiento imbuyéndole un sentimiento de culpa que le acompañará hasta el final del relato.

La 5ª parte, “La forma más extendida de degradación en la vida erótica”, insiste en sus relaciones adultas con diferentes mujeres, además de con la Mona, meretriz analfabeta a la que intentará educar recomendándole diversas lecturas (Dos Passos, Baldwin, Steinbeck, etc.). Esta mujer se enamorará sinceramente de él, pero él, que también se siente muy próximo a ella, no logrará superar el que ella proceda de los bajos fondos y que vista y actúe como una mujer de otro estatus. Se muestra, pues, Alex como un racista y actúa del mismo modo que echa en cara a los americanos no-judíos, sin aceptar a quien no pertenezca a su cultura, ahora no religiosa sino intelectual. La abandonará y ella amenazará con suicidarse.

Su relación con la Mona le hará recordar su primera salida fuera de su casa un Día de acción de Gracias con sólo 17 años cuando tras llevar dos meses sin ver a su familia por haber empezado a estudiar en la Universidad se va con su novia Kay, una chica de familia cristiana y buena posición social. Su judaísmo personal le pesa tanto que piensa que deberá plantearlo de mano a los padres de la chica (vamos, que de nuevo se siente culpable por ser judío y piensa que todo el mundo lo sabe y que ello es una barrera infranqueable). No lo hará, sin embargo, aunque luego a Kay tras una falta le propondrá casarse si se convierte al judaísmo; ella responde escandalizada por semejante propuesta y esto será el fin de la relación.

Escritores norteamericanos del siglo XXTambién recordará que con 29 años tuvo una novia en el lugar de trabajo. Era una chica de 22 llamada Sally Manlsby de familia americana desde la conquista en el XVI. A través de ella intentará vengarse de todos los agravios que en su opinión sufre su cultura representados primeramente en el jefe de su padre (Lainsbury) quien lo explotaba abusivamente. Sin embargo Sally, de personalidad fuerte, aunque accederá a algunos de sus caprichos sexuales, en un momento le manifestará simplemente que ella hay cosas que no hace, y punto.

La última parte tiene el título de “En el Exilio”. En esta parte viaja a Israel y curiosamente no se siente a gusto. Le sorprende que todos allí sean judíos y como le dirá una de sus conquistas es que él tiene cultura de gueto, que por eso desprecia a los otros, que no quiere integrarse. Dos chicas conoce, una militar y otra de 21 años de un kibutz. Con ninguna de las dos podrá practicar sexo, al no conseguir la erección. Además piensa que puede padecer una enfermedad de transmisión sexual (consecuencia ‘lógica’ de su desordenado comportamiento, vamos, el castigo que debería derivarse de su culpable actuación). La chica militar se irá al ver su nula disposición sexual, y la del kibutz impedirá que abuse de ella diciéndole las cosas a la cara. Esta chica se llama Naomi y es una sabra (nacida ya en el estado de Israel). 

En esta 5ª parte, concretamente en la página 252 de la novela, aparece la frase que en el fondo ha estado sobrevolando todo el relato: 
«¿Por qué, por qué no puedo tener un poco de placer sin que siga inmediatamente el castigo?»
Lo importante, al final, es que el relato le ha servido para descubrirse a sí mismo, y como dice el Dr. Spielgovel: «ahora, quizá, podamos empezar. ¿Sí?».

Además de lo reseñado anteriormente, y ya para finalizar, no hay que echar en saco roto la gran carga irónica y el claro humor que el relato encierra, si bien este último centrado la mayoría de las veces en situaciones de fuerte contenido sexual y/o escatológico. Es un humor chocante fruto de los altibajos situacionales como, por ejemplo, hacer uso de un hablar elevado en situaciones ciertamente muy chocarreras (vid. pág. 189). Para mí la situación más divertida se da cuando la Mona le dice haber comprendido el poema de “Leda y el Cisne” de Yeats con la vagina (vid. pág. 184).

Y es que asimismo la dualidad alta cultura frente a cultura en grado cero propicia, amén de no pocas situaciones humorísticas, la coartada perfecta para que el judío-que-es-pero-no-quisiera-aparentemente-serlo exponga su amplio abanico de preferencias literarias (Keats, Steinbeck, Baldwin, Kafka, Dos Passos, etc.). Y especialmente William Butter Yeats y su bellísimo y muy sensual poema con el cual prácticamente abre el relato.

En un momento dado, en las primeras páginas de El lamento de Portnoy, Philip Roth eleva a este impresentable personaje a la categoría de héroe: «Parezco un hijo de la casa de Atreo» [alude a los Atridas, de cuya estirpe proceden los héroes Aquiles, Agamenón y Menelao] y lo coloca a renglón seguido del vulgar comentario hecho por la Mona a propósito de la comprensión de dicho poema. Yo creo que con esto Roth está manifestándonos el poder adivinatorio, prospectivo y fuente de conocimientos no usuales que la literatura siempre ha propiciado, y que él parece defender, si bien, claro, Portnoy es un Aquiles del s. XX (otra muestra de humor irónico y carnavalesco).

16 may 2020

Philip Roth, 'El animal moribundo'. 'Elegy', Isabel Coixet (A pares VIII)

20 comentarios:
"El paso del tiempo. Estamos nadando, sumergidos en el tiempo, hasta que al final nos ahogamos y desaparecemos. […] El cuento de hadas más encantador de la infancia es el de que todo sucede en orden. Tus abuelos se van mucho antes que tus padres y éstos mucho antes que tú. Si tienes suerte, las cosas pueden salirte así." (p.100)

El animal moribundo, Philip Roth, Yeats, Navegando hacia Bizancio
Philip Roth publicó esta novela corta, "El animal moribundo", el año 2001. En ella el personaje narrador, David Kepesh, a sus 70 años ya atisba el final de su vida. Lo ve y lo intuye en que a su alrededor hay personas de su edad e incluso mucho más jóvenes que ya han desaparecido. ¿Es posible que todo lo que me mantiene vivo se pueda desvanecer?, se pregunta. Unos versos de William Buttler Yeats extraídos del poema titulado "Navegando hacia Bizancio" [al final de esta entrada ofrezco completo el bello poema de W. B. Yeats] sirven al autor para titular la novela. El poema de Yeats alude a la desazón que asola al ser humano que aún ebrio de deseo toma conciencia del tiempo que le queda y el hecho mismo lo desazona. Todo el poema de Yeats es hermoso en su hedonismo y también en su estoicismo. Destaco aquí algunas palabras extraídas de estos versos que son clave para entender esta novela de Philip Roth:

Ese no es país para viejos. El joven
/ ... /
Todo lo que se engendra, nace y muere,
/ ... /
Un hombre de edad no es más que una cosa miserable
/ ... /
Consume mi corazón lejos; enfermo de deseo
Y atado a un animal moribundo

/ ... /

David Kepesh, profesor emérito de Crítica Práctica, desde su retiro reflexiona y conversa consigo mismo en un soliloquio retrospectivo o, como dicen estudiosos de su obra, en un «dialogo interiorizado» entre el 'yo' locutor y el 'yo' receptor. Durante gran parte de la lectura me preguntaba a mí mismo quién era la persona con la que Kepesh hablaba. Pensaba naturalmente que era él mismo en esa manera que tienen algunas personas de edad de pensar verbalizando e incluso emitiendo sonidos; pero en otros momentos las dudas me invadían porque hay en esta historia, acaecida ocho años atrás que ahora está recordando, instantes en los que ese 'tú' parecía corresponder a su gran amigo, personaje presente en el relato, el poeta George O'Hearn; sin embargo según avanzaba la novela hube de descartarlo; y así me pasó también con Carolyn Lyons, antigua alumna suya con la que mantuvo relaciones hacía ya casi 30 años y que ahora ha encontrado casualmente en la calle. No, verdaderamente este hombre mayor, este seductor y conquistador inveterado, este animal moribundo, está sólo consigo mismo. Es la novela un puro ejercicio autorreflexivo, un soliloquio, en el que David Kepesh podría argumentar, como decía Antonio Machado, eso de dialogo con el hombre que siempre va conmigo; e ignoro aunque no lo excluyo, habiendo leído completo el poema de Yeats que lo inspira, que como el sevillano ilustre esté en la idea de que quien habla solo, espera hablar a Dios un día.

Coprotagonista de la historia relatada junto a este profesor que mantiene muy vivo su apetito sexual está la norteamericana de origen cubano Consuelo Castillo, bellísima alumna del Seminario que sobre Crítica Práctica imparte durante un cuatrimestre Mr. Kepesh. Este profesor es muy consciente del enorme atractivo que desde siempre ha tenido para las mujeres como lo demuestra la enorme proporción de éstas que se apuntan a su Curso
En el seminario de Crítica Práctica participan unos veinte alumnos, a veces hasta veinticinco, por lo que habrá quince o dieciséis chicas y cinco o seis chicos, de los que dos o tres son heterosexuales.
Consuelo debiera de haber sido simplemente una más de esas alumnas que el afamado profesor desde un primer momento sabe o intuye será presa suya. Precavido y escarmentado, jamás mientras duran las clases tiende sus redes. Es al finalizar las mismas, una vez que ya nada sospechoso de acoso sexual o abuso de poder pueda enturbiar la posible relación que David Kepesh procura tener una aventura sexual con alguna de ellas. El  interés que emana de su figura de hombre mayor con enorme cultura, unido al prestigio social derivado de ser autor de crítica de libros en la NPR (Radio Pública Nacional) y contertulio en el programa cultural de un canal televisivo en el que habla sobre temas diversos de manera amena, clara y relajada, le permite abordar a las chicas que le interesan. En esta ocasión Consuelo Castillo va a ser un asunto distinto.

Año y medio dura la relación intensa y muy sexual mantenida entre ambos. En el transcurso de la misma vamos conociendo la vida de esta cubana nacida en Norteamérica, hija de cubanos ricos que emigraron con la llegada de Castro al poder en la isla. Todo este asunto de Cuba y la difícil relación con USA así como la liberalidad y entrega sexual de Consuelo a cuanto desea David lleva al narrador a contarnos aspectos de su propia vida. Él se casó muy temprano y de esa relación nació un hijo, Kenny, que en el momento de escritura tiene 42 años. Padre e hijo son totalmente distintos en todo, así mientras David rechaza el matrimonio y sólo desea tener relaciones sexuales con mujeres diversas, Kenny es monógamo y entiende que los sentimientos son muy importantes en cualquier relación.

Es interesante observar cómo David Kepesh achaca lo acaecido en su vida personal a los sucesos ciertamente revolucionarios ocurridos en el mundo durante los años 60 y los primeros 70. La disponibilidad sexual que para los hombres supuso que las mujeres controlasen su maternidad fue lo que a él le llevó al divorcio pues habiendo tantas mujeres ahí afuera por qué contentarse con una, le dice a su amigo O'Hearn
Las Zonas Residenciales. La Píldora. La Píldora que dio la igualdad a la mujer. La Música. Little Richard que lo impulsó todo. El Backbeat Pélvico. El Coche. Los chicos ahí afuera, dando vueltas en el Coche. La Prosperidad. La ida y vuelta cotidianas, de casa a la oficina y viceversa. El Divorcio. Mucho entretenimiento de adultos. La Hierba. La Droga. El doctor Spock. (pág. 30)
A todo esto habría que añadir en el caso concreto de Estados Unidos la revuelta política contra la Guerra de Vietnam que aunó en la lucha a los jóvenes de ambos sexos, y a éstos a su vez con las generaciones mayores que así se adhirieron también a la revuelta sexual. La vida, el sentirse vivo, se centraba (se centra para David en el momento presente) en el sexo. El sexo como medio para combatir la Muerte: El sexo no es sólo fricción y diversión superficial. El sexo es también la venganza contra la muerte. No te olvides de la muerte. No la olvides jamás. (p. 48). Es decir que si tienes sexo es que aún estás vivo. Si eres atractivo para las mujeres jóvenes es que aún estás vivo. Si cuando te reencuentras con una mujer con la que mantuviste relaciones y pasadas unas décadas las retomas de manera satisfactoria para ambos es que aún estás vivo... Todo esto es lo que piensan y les sirve de justificación a David y a su gran amigo George O'Hearn a propósito del comportamiento de ambos.
sexo hombre mayor con mujer joven, Isabel Coixet, 'Elegy', Philip Roth

El poeta irlandés O'Hearn le advierte a David Kepesh del enorme peligro que corre con esa mujer bellísima que es Consuelo Castillo dado que el narrador entra en desazón cuando ella no está o cuando él piensa que estará con chicos de su edad. En definitiva, está celoso. Por esto su amigo poeta le advierte
Has violado la ley de la distancia estética. Has imbuido de sentimiento la experiencia estética con esta chica... la has personalizado, la has sentimentalizado, y has dejado de percibir la separación esencial para tu goce.
Ambos amigos son intelectuales admiradores de la belleza y del arte y piensan que para gozar debidamente de la obra artística siempre hay que mantener una distancia. De no hacerlo así se corre el riesgo de ser fagocitado por la enorme belleza del objeto y perder el necesario juicio crítico. Pero Consuelo no es sólo un objeto bello y David lo va a ir percibiendo especialmente cuando de un modo muy diferente en la forma pero igual en las consecuencias ella se aproxima a la condición de animal moribundo que sólo él creía poseer.

La novela está escrita con ese estilo típico de Roth: directo, sin amilanarse ante la situación por dura que ésta sea, utilizando en ella las palabras exactas sin preocuparle nada que esto pueda incomodar al lector bien pensante, algo que cuando el asunto que se toca es el del sexo o el de la muerte es fácil que ocurra en algunas descripciones absolutamente explícitas de esos momentos. 

En el diálogo que David Kepesh realiza con esa segunda persona que es él mismo, en una especie de soliloquio o monólogo interior propio de las reflexiones, son varios los asuntos que van apareciendo perfectamente engarzados con el tema fundamental que es, inexorable, el paso del tiempo (El paso del tiempo. Estamos nadando, sumergidos en el tiempo, hasta que al final nos ahogamos y desaparecemos). Luego ya va mostrando otros como el de la muerte presente en todo el texto pero específicamente singularizada en la de su amigo George (George tenía la boca ladeada, abierta, esa boca de los moribundos) que por su dureza y extremado realismo no quiero mostrar en esta reseña. 

Junto a estos dos temas esenciales aparece el del choque entre ideologías como la de los cubanos conservadores (leen El Diario y el Bergen Record, aman a Reagan, aman a Bush, odian a Kennedy, ricos cubanos de Nueva Jersey) a los que pertenece Consuelo y la de los intelectuales progresistas con los que se identifica el profesor. Un profesor ya mayor que hoy día sería objeto de crítica cuando no de persecución por su pensamiento y comportamiento con las mujeres así como por sus opiniones respecto al colectivo gay que él considera conservador en grado sumo:
  • Respecto de las mujeres
    • El azaroso impulso masculino, la iniciativa masculina, no era una acción ilícita que requiriese denuncia y sentencia, sino una señal sexual a la que uno reacciona o no. ¿Controlar el impulso masculino e informar sobre él? No las habían educado en ese sistema ideológico. (p. 42)
  • Respecto del colectivo gay
    • ahora hasta los gays quieren casarse. Y hacerlo por la Iglesia, con doscientos o trescientos testigos, y esperar a ver qué resulta del deseo que los llevó a ser gays en primer lugar. Esperaba más de esa gente (p. 46) 
    • Los gays son militantes: quieren el matrimonio y quieren abiertamente enrolarse en el ejército y ser aceptados. Las dos instituciones a las que yo odiaba. (p. 47)
Para finalizar quiero señalar un asunto que es importante y de gran trascendencia en el colectivo de intelectuales estadounidense. Si a este dato -intelectuales- se le añade también el de judíos se entenderá bien claro el interés que en la sociedad americana tiene ese choque entre iniciados en el mundo del arte y de la cultura en todos sus ámbitos y el común de los mortales, o sea, el resto. Estos intelectuales se consideran élite y si además como Philip Roth son judíos su sensación de pertenencia al grupo de seres humanos elegidos es aún mayor. Así me ha parecido verlo reflejado en este David Kepesh respecto a su relación con ese bellezón que es Consuelo Castillo que procedente de una rica familia cubana él considera algo vulgar. Así mientras que él prefiere tocar música al piano, ella se molesta con él por no haber asistido a su fiesta de graduación:
Tocaba las sonatas de Mozart. Tocaba la música para piano de Bach. La tocaba, estaba familiarizado con ella, lo cual es distinto a tocarla bien. Tocaba piezas isabelinas de Byrd y compositores por el estilo. Tocaba a Purcell. Tocaba a Scarlatti. Tengo todas las sonatas de Scarlatti, las quinientas cincuenta en su totalidad (p. 64) 
Su inmensa cultura musical unida a la literaria sirve para marcar su enorme distancia con Consuelo. Distancia que creo ver reflejada en esta frase irónica, sarcástica, muy en la línea de otro gran intelectual judío dotado de un agudo y cínico sentido del humor como es Woody Allen 
¿Una chica que se quita el tampón delante de mí y luego, porque no he ido a su fiesta de graduación, rompe conmigo? (p. 64) 
Una novela, en definitiva, que muestra la lucha interna entre la autonomía o la sujeción en un ser ya pasado de época. Un hombre que quizás equivocadamente piensa que el sexo es una vacuna frente a la muerte o al menos un paliativo del destino inexorable. En el diálogo que mantiene consigo mismo respecto a su relación con Consuelo se dice No me interpretes mal. No es que, gracias a Consuelo, puedas engañarte y creer que tienes una última oportunidad de recuperar tu juventud. Y prosigue, advirtiéndose con una alucinante claridad de mente que Lejos de sentirte joven notas el patetismo de su futuro ilimitado en contraposición con el tuyo, que es limitado, percibes incluso con más intensidad que de ordinario el patetismo de los dones naturales que has perdido.

Un texto profundo, enorme, muy bien escrito, lúcido, independiente, libre, sin atadura alguna a un comportamiento políticamente correcto. En definitiva, Philip Roth (Newark, New Jersey, 1933 - Nueva York, 2018) escritor que se quedó sin Premio Nobel quizás por su tremenda independencia y que aquí en España reconocimos su Obra y categoría con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras el año 2012. Un escritor imprescindible. Un clásico contemporáneo.


"Elegy" de Isabel Coixet
Berlinale 2008, Penélope Cruz, Ben Kingsley, WB Yeats, Philip Roth
Muchas novelas de Philip Roth conocen adaptación cinematográfica y la mayoría de ellas son de mi agrado. Recuerdo ahora la adaptación de "El lamento de Portnoy" dirigida en 1972 por Ernest Lehman, "La mancha humana" que siempre que la veo me encanta dirigida en 2003 por Robert Benton, o "Pastoral americana" que en 2016 dirigió y protagonizó Ewan McGregor junto a Jennifer Connelly y Dakota Fanning y de la que tengo reseña hecha en este blog. 

También "El animal moribundo" conoció versión cinematográfica el año 2008 protagonizada por Penélope Cruz en el papel de Consuelo Castillo, por Ben Kingsley en el de David Kepesh y por Dennis Hopper en el del poeta George O'Hearn. Está dirigida por Isabel Coixet y el título que tiene el film es el de "Elegy". La vi hace ya siete u ocho años y tras haber leído ahora la novela creo que ésta supera con creces al resultado de la adaptación a la gran pantalla. 

Muchas son las diferencias entre ambas. Para empezar diríamos que el físico de Penélope Cruz aun siendo magnífico no acoge en su integridad el que Roth da a su bellezón cubano tanto en pura carnalidad como en la dulzura y enorme ternura que esa chica de 32 años desprende en el relato novelesco. Ni que decir tiene que la novela es mucho más explícita en sus escenas sexuales que la película. Pero sin lugar a dudas la diferencia más grande entre una y otra es que en el film desaparece el soliloquio retrospectivo o 'diálogo interiorizado' sustituido por uno externo realizado entre el profesor rijoso y su amigo irlandés George O'Hearn.

La cinta en general fue acogida de manera desigual. Para los amantes del escritor norteamericano entre los que humildemente me encuentro es una adaptación insuficiente del gran Roth. Muchas de las cualidades del novelista no encuentran correspondencia alguna en el film. Los detractores de Philip Roth por la crudeza de sus temas y la mostración sin tapujos de las miserias y los deseos humanos clamaron contra el escritor de origen judío considerando que de una mala novela Isabel Coixet había logrado realizar una excelente película. 

En mi opinión, Isabel Coixet prescinde de la sexualidad y opta por el romanticismo con profusión de escenas de enamorados que llegan a empalagar y que una vez leída la novela se me revelan como algo falsas respecto al modelo original. Con todo y con eso la película bien merece ser visionada porque Cine y Literatura son dos maneras de narrar que se retroalimentan mutuamente.
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WB Yeats, "Navegando hacia Bizancio"

I

Aquél no es país para viejos. Los jóvenes
Tomados del brazo, los pájaros en los árboles
-Aquellas generaciones que se mueren- cantando,
Las cascadas de salmón, los mares atestados de verdeles
, Pescado, carne, o aves, elogian todo el verano
Todo lo engendrado, nace y muere.
Atrapado en esa música sensual descuida todo
Monumentos de intelecto que no envejece.


II

Un hombre de edad no es más que una cosa miserable,
Un abrigo andrajoso sobre un palo, a menos que
El alma aplauda y cante, y cante más fuerte
Por cada arruga en su vestido mortal,
Ni hay escuela de canto sino el estudio de
Monumentos de magnificencia única;
Y por eso he navegado los mares y he venido
A la sagrada ciudad de Bizancio.


III

Oh sabios erguidos en el santo fuego de Dios
Al igual que en el dorado mosaico de un muro,
Vengan del fuego sagrado, giren en un círculo,
Y sean los maestros del canto de mi alma.
Extingan mi corazón; enfermo de deseo
Y atado a un animal moribundo
No sabe lo que es; y llévenme
Al artificio que es la eternidad.


IV

Una vez fuera de la naturaleza jamás tomaré
Mi forma corpórea de ninguna cosa natural,
Sino una forma como la que los Herreros griegos hacen
De oro martillado y esmalte dorado
Para mantener despierto a un somnoliento Emperador;
O ponerse sobre una rama dorada para cantar
A los señores y damas de Bizancio
Sobre lo que ha pasado, o lo que pasa, o lo que vendrá.

[WB Yeats, 1928, ©Traducción de Juan Carlos Villavicencio, 2016.]

11 oct 2018

Philip Roth sobrevuela "Asimetría" de Lisa Halliday

20 comentarios:
He leído "Asimetría" de Lisa Halliday movido en principio por el morbo que representaba el hecho de que la autora de 42 años hubiera mantenido una relación con Philip Roth cuando ella trabajaba en la agencia literaria Wylie, responsable de la obra del escritor. Esta relación entre un hombre de 70 años como Roth y una chica joven como Halliday que entonces sólo tenía 27 fue muy sonada y comentada en Nueva York. Más tarde la relación derivó hacia una buena amistad que se mantuvo viva hasta la desaparición física del escritor en junio de este año 2018.


Lisa Halliday, "Asimetría", Philip Roth, relación hombre mayor con mujer joven
"Asimetría", con la que ganó el Whiting Award en 2017, es la primera obra publicada por la escritora Lisa Hallyday que actualmente vive en Milán junto a su esposo y su hija de trece años. Se sabe que el eterno candidato al Nobel leyó la novela antes de que ésta viera la luz.

La novela, que a mí me ha gustado, entretenido y enseñado, se estructura en tres apartados:
  •  I. 'Insensatez', de 101 páginas, en el que Alice una chica de 27 años que trabaja en la agencia literaria que mueve y publica las obras de un famoso escritor, Ezra Blazer, judío y eterno candidato frustrado al Premio Nobel, empieza a relacionarse de una manera muy natural con el novelista. Estamos en 2005. La relación entre ambos no puede ser más asimétrica: ella, toda juventud y belleza; él, al borde la decrepitud por su edad, pero pleno de conocimientos. Ambos se benefician mutuamente de esta relación que llega a ser plena: él toma de ella su juvenil atractivo; ella coge de él su inmensa cultura. En las 101 páginas que dura esta parte vemos cómo avanza la relación de pareja que parte de la libertad absoluta en ambos y va evolucionando hacia ese sentimiento de posesión inherente a cualquier vínculo sentimental entre humanos: a ella le disgusta un tanto el despego de Ezra hacia ella y su inmenso apego a su obra de creación, mientras que él quiere, según que avanzan sus dolencias, que ella lo cuide y atienda sin rechistar. 
  • II. 'Locura'. En esta segunda parte la novela da un giro tremendo que descoloca un tanto al lector. En 108 páginas y contada en primera persona conocemos la historia de Amar, un economista iraquí criado y educado en Estados Unidos que en 2007 es retenido en el aeropuerto de Heathrow al levantar sospechas en los funcionarios de inmigración el viaje que realiza hacia Bagdad en busca de su hermano Sami que va a casarse. 
  • III. 'Los discos de la isla desierta de Ezra Blazer'. Son sólo 21 páginas y en ellas se presenta en forma de flash forward (anticipación) una entrevista realizada por la BBC al Nobel Ezra Blazer sobre sus gustos musicales. Estamos en 2011. Durante la entrevista además de demostrar su inmensa cultura musical el escritor judío tontea con la entrevistadora igual que hiciera al inicio de la novela con la joven Alice. Genio y figura.
Autores que no ganaron el N obel
Creo que la novela es interesante por los asuntos que plantea y que quedan contenidos un tanto en el título de "Asimetría": juventud - vejez y todo lo que una relación asimétrica de este tipo supone, tanto ventajas como inconvenientes, en el apartado "Insensatez"; Oriente - Occidente en el apartado "Locura": la diferente percepción de la vida y sus valores en una y otra cultura, y cómo imponer una manera de comportamiento por la vía de la fuerza está condenado al fracaso; y en el último y breve apartado de la entrevista de la periodista de la BBC al galardonado escritor quizás la asimetría resida en el choque realidad - ficción: en el mundo real Philip Roth, presente, diga lo que diga la autora, tras el personaje de Ezra Blazer, nunca fue distinguido con el Nobel de Literatura aunque se lo mereciese mucho más o al menos igual que algunos de los nombrados en la novela que sí lo obtuvieron (Vargas Llosa, Kertész, Coetzee…), sin embargo en la ficción sí que lo gana.

La breve tercera parte de la novela, construida mediante el esquema pregunta-respuesta propio del género periodístico de la entrevista, constituye un auténtico ejercicio metaliterario en el que se reflexiona sobre la literatura en general y la propia novela que estamos leyendo en particular. ¿Qué otra cosa si no representan esas preguntas que la periodista le dirige a Ezra sobre por qué la posesión, la dominación, aparece siempre en sus novelas? Esta relación dominadora y la dificultad de desprenderse de ella la vemos en la relación Alice-Ezra. Con estas 21 páginas se anudan las otras dos partes marcadas claramente ambas por la cuestión de la guerra, ésta sí que claramente asimétrica por la desproporción de medios de unos y otros, de Occidente contra el integrismo islámico. Aquí la música clásica es también elemento que sirve para marcar la asimetría entre estos dos mundos culturales pues mientras que en Occidente ésta es claro signo de su cultura, en la ortodoxia musulmana la música clásica está proscrita.

Pero también es interesante esta novela por la manera como está escrita. La primera parte utiliza un narrador externo en 3ª persona de manera que así, quizás, Lisa Halliday marque distancia entre ella y Alice, entre Roth y Ezra. La de "Locura", que bien podría entenderse como la novela que está escribiendo la joven Alice (una novela dentro de otra novela), utiliza como ya he dicho la 1ª persona narrativa siendo Amar quien cuenta su injusta retención en la zona internacional de paso del aeropuerto londinense de Heathrow; sin embargo según vamos conociendo la vida de Amar en los Estados Unidos y la del resto de su familia en el Kurdistán irakí la duda se nos aparece. Esto de la lucha preventiva contra el terrorismo es lo que tiene, que a todos nos hace sentir culpables porque en principio todos somos sospechosos por el mero hecho de existir. Terrible. Y la tercera, presentada en forma de entrevista periodística, como ya he dicho antes, es también desde el punto de vista formal nexo de unión entre las dos anteriores.

Philip Roth, Lisa Halliday, Asimetría, Guerra de Irak
Lisa Halliday (Sergio González Valero)
Por otra parte la novela en sus poco más de 240 páginas en la edición ebook que he manejado rebosa de información cultural. Estas alusiones culturalistas, al menos para mí, añaden valor al relato por el mucho placer que me proporciona buscarlas, leerlas o, en el caso de las composiciones musicales, escucharlas. Gracias a ellas me parece acercarme más al sentir de la autora, a sus personajes y, en este caso, sí, no puedo dejar de decirlo, a Philip Roth en el que está claramente inspirado ese judío americano eterno posible Nobel que, por la magia inherente a la creación artística, en esta novela se hace con él.

La música envuelve la práctica totalidad del relato si bien parece existir una cierta especialización musical de manera que en las partes protagonizadas esencialmente por los jóvenes (Alice en la Iª y Amar en la IIª) se alude más a compositores contemporáneos aunque siempre dentro del ámbito del blues o jazz, mientras que las alusiones a la música clásica predominan en el apartado de la entrevista al escritor galardonado con el Nobel. Concretamente en la playlist que he confeccionado y que acompaña a la reseña, los temas a partir del de Ella Logan, "How are Things in Giocca Mora", son parte de los muchos de música jazzística y clásica dados por el personaje de Ezra Baker.



Junto a la música abundan, especialmente en I. 'Insensatez', las referencias a títulos y obras importantes en el campo de la literatura. Ya he dicho que la relación entre la joven admiradora y su idolatrado escritor tiene mucho de relación maestro-discípula. Son varias las ocasiones en que Ezra aconseja o desaconseja títulos a Alice:
"Si quieres saber algo del Holocausto, te diré lo que tienes que leer [le dice Ezra a su amiga Alice]

Se sacó del bolsillo de la camisa una hoja de papel con tres orificios, doblada con cuidado en cuatro partes.
Gitta Sereny, 'Desde aquella oscuridad'
Primo Levi, 'Si esto es un hombre'
Hanna Arendt, 'Eichman en Jerusalén'
-Gracias -dijo Alice."
En otras ocasiones las alusiones literarias las realiza el narrador con el procedimiento de la intertextualidad metaliteraria utilizando la propia literatura como referente real del propio lenguaje literario:
"La luna también parecía más definida y luminosa, de modo que, de pronto, ya no era la luna de Céline ni la de Hemingway ni la de Genet, sino la de Alice, que juró describirla un día como realmente era: la luz que recibía del sol" (pág. 54)
Para finalizar
Pese a ser una novela no muy extensa, sin embargo muchos son  los aspectos que contiene. Aunque sólo sea enumerándolos no quisiera dejar de citar algunos:
    • El tratamiento dado en una y otra cultura al concepto del tiempo futuro, el cual mientras para la familia musulmana de Amar es algo impredecible e inseguro, sin embargo para él y sus amigos estadounidenses existe aún antes de producirse
    •  La importancia que el azar tiene para los orientales frente al muchas veces absurdo cientifismo que nos domina en Occidente
    • En el campo metaliterario es interesante las disquisiciones sobre la poca fiabilidad de la memoria y su equiparación con la propia invención.
    • Entre las varias alusiones culturalistas me ha interesado vivamente la que realiza al poeta norteamericano William Carlos William desconocido por mí hasta que viera la película "Paterson" de Jim Jarmusch que como en su día señalé en este blog me agradó muchísimo [leer reseña aquí].
    • Por último, la propia autora ha confesado los ataques feministas a su novela por no denunciar con rotundidad la relación hombre famoso con mujer joven y hermosa sino si no lo contrario, al menos haberla planteado en términos de objetividad. Quizás por eso, sabedora de la consideración que pudieran dar a su relato algunas de sus lectoras, hay algunos momentos en que el personaje de Alice visibiliza sin remilgos su condición de mujer, algo defendido siempre por los sectores más radicales de este movimiento.

Datos del libro
Autora: LISA HALLIDAY
Título: “Asimetría
Nº de páginas: 320 págs (en papel); 244 págs (en ebook).
Encuadernación: Tapa blanda
Editorial: Alfaguara (6 de septiembre de 2018)
Lengua: CASTELLANO
ISBN-13: 978-8420433226
Precio:
En papel: 18,90€
Ebook: 9,49€


7 feb 2018

"Pastoral americana". Philip Roth y Ewan McGregor. (Va de cine II)

17 comentarios:
No es frecuente en mí reseñar al tiempo una novela y su adaptación cinematográfica. Sin embargo leo con gusto secciones o páginas de blogs que lo hacen. Especialmente me gusta la sección "Al Alimón" de los blogs "Leer, el remedio del alma" de Kirke Buscapina -mi amiga Paloma- y "El blog de Chelo" de Chelo Ferrer, amiga cinéfila valenciana. Desde aquí recomiendo que leáis lo bien que analizan novelas y películas de ellas emanadas. Es una gozada. Por mi parte, pido benevolencia dado que no practico mucho esta modalidad.


Dreamers, Racismo en USA, judíos vs gentiles, Roth

Vi por televisión la adaptación al cine de "Pastoral americana", la novela que Philip Roth escribió en 1997 y que junto a "Me casé con un comunista" (1998), y "La mancha humana" (2000) forman su denominada 'Trilogía americana'. La película la firma y protagoniza Ewan McGregor quien con ella da el salto a la dirección sin abandonar la interpretación. En USA se estrenó a finales de 2016, pero en España el estreno no tuvo lugar hasta el mes de junio del año pasado. No pude verla en salas, así que cuando trasteando por ahí vi que Movistar+ la tenía en su catálogo no me lo pensé más. La vi y me gustó. Vamos, lo diré mejor: el drama humano que se le presenta a Seymour, el personaje interpretado por Ewan McGregor, al ver cómo todas las ilusiones vertidas sobre Merry su única hija se vienen abajo dada la deriva vital que ella toma, es de los que no se olvidan.

El film tiene una duración de 126 minutos y se centra en el comportamiento de Merry (Dakota Fanning), una niña criada entre algodones por sus padres, Dawn (Jennifer Connelly)  y Seymour Levov. Merry de tan sólo dieciséis años desaparece tras un hecho que conmociona a la pequeña localidad de Old Rimrock situada a sesenta kilómetros de Newark (Nueva Jersey). Sus padres, especialmente Seymour, la buscan denodadamente. En el curso de esta búsqueda que dura más de cinco años el  Sueco, sobrenombre por el que Seymour es conocido en la ciudad desde sus tiempos de brillante deportista en el instituto, enfrenta sus arraigadas convicciones en las que fue educado y educó a su hija Merry con la nueva realidad social que se iba abriendo camino en unos Estados Unidos enfangados en la Guerra de Vietnam.

Jennifer Connelly, Dakota Fanning,
La película presenta la historia de desesperación de estos padres de manera lineal con pequeños flash backs puntuales que remiten bien a momentos importantes de la vida de alguno de sus personajes: el éxito como reina de la belleza de New Jersey que a los 19 años tuvo Dawn; lo buen jugador, hijo, y amigo de sus amigos que siempre fue Seymour; el endiablado y fuerte carácter de Lou Levov (Peter Rieger), el abuelo y creador de la empresa familiar; y sobre todo, cuando el drama ya está en marcha, la placidez de algunas escenas campestres vividas junto a su hija cuando era sólo una niña evocadas por el Sueco en contraposición a la dura realidad que ahora la familia está viviendo.

Como digo la película me impactó especialmente por la dureza del tema planteado que va más allá del habitual choque generacional padres-hijos. Me parece una excelente película muy bien interpretada por los actores, todos ellos de reconocida valía: Ewan McGregorJennifer ConnellyDakota FanningPeter Riegert, Rupert Evans (es Jerry, el hermano de Seymour), David Strathairn (es Nathan Zuckerman, un antiguo compañero de clase del hermano de Seymour, Jerry), Valorie Curry (es Rita Cohen, una mujer joven que le da pistas a Seymour para localizar a Merry), etc. En cuanto a la dirección de Ewan McGregor yo la  calificaría de muy correcta (buena contextualización con imágenes documentales, temas musicales del momento, perfecta ambientación...).

Una película que me atrevo a recomendar a cualquiera por todo lo dicho hasta aquí, pero sobre todo porque en la base del film hay una potentísima historia, la que Philip Roth escribió en 1997 en forma de novela.

"Pastoral americana" de Philip Roth
Como he dicho al inicio de este post, tan impresionado quedé por lo que había visto en formato cine que rebusqué en mis estanterías para localizar la novela sobre la que John Romano construyó el guion cinematográfico; un guion, todo hay que decirlo, que fue supervisado por el propio novelista.

Cuando empecé a leer la novela en seguida fui consciente de la importancia que en la construcción de una película tiene el guionista. Y de paso, claro es, percibí la enorme distancia que separa la narración literaria de la cinematográfica. La primera gran diferencia es de tamaño pues una historia contenida en 470 páginas ha de condensarse en dos horas. Con este jibarismo propio del cine innumerables aspectos contenidos en la novela original se pierden, se sugieren muy levemente, o incluso simplemente se cambian por otro u otros que se consideran más propios de un relato en imágenes.
Pastoral americana, Philip Roth, Premio Pulitzer 1998

Como no es mi intención destripar la enorme historia que Roth ofrece no entraré a pormenorizar lo que sí está y lo que no. Menos aún desvelaré los finales de una y otra, aunque ya con sólo lo que acabo de decir cualquiera entenderá que son diferentes lo que para mí supuso una indudable sorpresa pues, dejando a un lado los aspectos de la novela desechados para la película, en líneas generales el film de Ewan McGregor es muy respetuoso con la narración escrita por Philip Roth.

Sí diré que Philip Roth entrega al lector en forma de ficción el cambio trascendental vivido en América durante la década de los 60 y los 70. Dicho cambio vino en USA de la mano de la interminable y agotadora guerra de Vietnam. El año 1968 fue trascendental en todo el mundo (Mayo del 68 parisino, Primavera de Praga, el movimiento de las Panteras Negras en USA, el asesinato de Robert Kennedy ese año, etc.) pero en Estados Unidos marcó un antes y un después en las relaciones familiares, en la música (el festival de Woodstock de 1969), en la extensión del consumo de estupefacientes, en el antimilitarismo de los jóvenes hippies, en el nacimiento de múltiples sectas que abogaban por otro tipo de sociedad alejada del consumismo en que se había centrado el sueño americano...

Para mostrar este cambio radical Philip Roth echa mano de una tradicional familia norteamericana de Newark (New Jersey) formada por un apuesto joven deportista de familia judía (Seymour Levov, el 'Sueco') y una bellísima chica de familia católica (Dawn Dwyer Levov). Si en tiempos de Lou Levov, el padre de Seymour, esta disparidad religiosa constituía un conflicto enorme, en nada va a quedarse cuando la muy querida criaturita (Merry Levov), nacida en el seno de esta familia propietaria de una fábrica de guantes que da trabajo a muchos habitantes de color de la localidad, empiece a pensar por sí misma y venga a romper todo el crisol de seguridades en que sus padres vivieron hasta entonces.

Philip Roth, drogas, hippies, Música contra la guerra
Creo ya haber dicho suficientemente que sí, que la película me agradó. Pero la novela..., la novela me  parece una de las grandes realizaciones literarias del siglo pasado, el siglo XX. Literariamente la novela es magnífica. El escritor distribuye la historia que nos ofrece en tres grandes apartados (I. Paraíso recordado; II. La Caída, III. Paraíso perdido). Cada uno de estos apartados está formado a su vez por tres extensos capítulos. Los títulos de las tres partes tienen mucho que ver con quién está narrando en cada momento. Así en "I. Paraíso recordado" quien está recordando -y narrando- es Nathan Zuckerman, alter ego del propio escritor, que en una fiesta por el 45º aniversario de la promoción de 1950 del Instituto donde estudió, al contacto con los antiguos compañeros rememora la historia del Sueco, auténtico protagonista de la historia que se nos va a relatar. En II. La Caída el relato se hace en 3ª pero con frecuencia es el propio Seymour quien se hace dueño de la narración como cuando se dirige al auditorio para contarles su experiencia como marine ("Fui licenciado el 2 de junio de 1947. Me casé con una guapa chica llamada Dwyer. Dirigí un negocio que había levantado mi padre, un hombre cuyo padre no sabía hablar inglés. Viví en el lugar más bonito del mundo.»). Con el entrecomillado se nos quiere informar de la 'textualidad' de lo que se nos dice, una textualidad fruto del recuerdo de lo que el propio Sueco habló con Zuckerman o con Jerry, el hermano médico a quien se confía cuando los problemas arrecian.

Si la anterior es la estructura externa, internamente la historia diríamos que circula constantemente alrededor de la desaparición de Merry. Seymour intenta encontrar una explicación razonable dentro de su mentalidad conservadora sobre cuál haya podido ser el detonante que explique las actitudes de una niña tan lista, guapa e inteligente como desde siempre fue Merry. Haga lo que haga, todo le lleva a pensar en su hija; podría decirse que está atrapado en la tela de araña que su desaparición ha tejido sobre él. Por contra Dawn sufre el conflicto con frecuentes caídas mentales que provocan su ingreso en el Hospital. Allí, durante esas estancias se rebela contra su vida abominando de su reinado de belleza que, pese a ella, siempre la ha acompañado y la ha marcado. En realidad todo lo que en su vida ha elegido hacer es consecuencia de este deseo de escapar de la tela de araña que su premiada belleza le ha tendido de cara a su comunidad... y a su hija. Y es que sí, también en sus relaciones con Merry su belleza y las inseguridades de la niña -era tartamuda- ha sido un factor determinante. También Merry tiene su propia tela de araña que la aprisiona: ésta viene determinada por radical choque entre el confortable nido familiar en que ha crecido y la dureza del exterior de la que su familia quiere protegerla pero que ella captó muy pronto, en 1963, con sólo 11 años, cuando quedó anonadada al ver por televisión cómo un monje budista mostraba su oposición a la guerra del Vietnam quemándose a  lo bonzo. A partir de esta terrible escena que sus padres querrían haberle evitado, Merry se sensibiliza con el sufrimiento que esta intervención armada está provocando y decide luchar, como tantos otros jóvenes del momento, contra ella.

Angela Davis, Martin Luther King, John F. Kennedy
La psicología de los personajes -de todos, no sólo del trío protagonista- la presenta Roth en toda su complejidad y variedad de matices mediante el empleo de variados recursos y procedimientos: narrador interno o externo, según quien cuente y qué; variedad en los estilos discursivos (directo, indirecto, indirecto libre...), monólogo interior y flujo de conciencia que cíclicamente envuelve la mente de los personajes, en especial la de Seymour; perspectivismo; avances y retrocesos según convenga; empleo de elementos culturalistas: temas musicales ("saliendo de la escuela al ritmo estimulante de Iolanthe, la música final que tocaba un sintetizador e imitaba a Nat «King» Cole, Frankie Laine y Sinatra…", o también las referencias a artistas concretos ("Fue Mendy Gurlik (ahora Garr) quien me llevó al Teatro Adams para oír a Illinois Jacquet, Buddy Johnson y Sarah Vaughan […] me llevó con él a oír a Mr. B, Billy Eckstine, en un concierto",  "De ordinario escuchaba Caravana Musical, el programa de Bill Cook, los sábados por la noche, en la oscuridad de mi dormitorio. El tema de la sintonía era Caravan de Ellington, […] Glenn Miller y Tommy Dorsey […]Louis Jordan y su Tympany Five […]Frankie Laine cantando Mule Train […]", etc.), películas del momento ("Garganta profunda" de Linda Lovelace da un juego fantástico para entender el concepto de moralidad y la moralina de algunos de los personajes); uso de referencias políticas concretas que, unidas a la diversidad de elementos culturalistas, contextualizan debidamente la historia: el presidente Lyndon B. Johnson, los papeles del Watergate, Richard Nixon y sus terribles engaños...; el enfrentamiento moral pública versus comportamiento privado, quizás uno de los grandes asuntos que se dirimen en esta novela (a este respecto es de máximo interés observar lo bien que Philip Roth muestra la hipocresía con que la sociedad americana trata el sexo y el fortísimo influjo que el mismo tiene en todos los aspectos vitales de los personajes. Especialmente es un factor que carga sobre los hombros de los personajes un enorme sentimiento de culpa y que se elude tratar en público aunque siempre sobrevuela todo lo que se hace). Y muchísimos otros más.

Final
Imagino que muchos os estaréis preguntando la razón del título. Ciertamente es una incógnita que durante la lectura de la novela y la visualización del film uno quiere despejar. Quizás no habría necesidad de que el autor explicitase el sentido de su elección; desde luego en el film, centrado mucho más en el asunto de la desaparición de Merry y los problemas que ello genera en sus padres, no hay tal necesidad. Sin embargo, en la novela, mucho más extensa y con una infinidad de asuntos más planteados el motivo de tal elección quizás pudiera perderse o difuminarse. Preocupado por ello, durante la lectura he prestado mucha atención al asunto y he visto que sólo hay dos momentos en que se explicita el sentido del mismo. La primera vez aparece inmerso en una de las múltiples reflexiones que al principio del relato hace Zuckerman pensando en su amigo Seymour y el problema por el que debió de pasar con su hija ("La hija que le llevaba fuera de la ansiada pastoral americana para conducirle a cuanto era su antítesis y su enemigo, a la furia, la violencia y la desesperación de lo contrario a la pastoral, a la fiera americana indígena."). La otra, se da casi al final de la historia, cuando ésta ya ha concluido casi, en una referencia a la festividad del Día de Acción de Gracias del que se dice que "Es la pastoral americana por excelencia y dura veinticuatro horas." .

Es una novela inmensa que no se agota en sí misma y que da un durísimo repaso a la civilización occidental, aunque personificando en Estados Unidos. Tras leerla muchos de los valores tenidos por inamovibles en nuestra cultura se ven ciertamente violentados: el comportamiento de los adultos respecto a los menores; el famoso 'hogar, dulce hogar' ("Todos tenemos hogar. Es ahí donde todo sale mal."); la doblez sistemática: menores dulces y brutales, cónyuges tan cívicos y adúlteros; y en el caso de quien escribe el choque judíos-gentiles que constantemente le constriñe y del que también constantemente quiere evadirse al tiempo que desea, sí y no, integrarse en la sociedad de esos locos gentiles que en definitiva es América:

"Apretar un gatillo y disparar un arma para «divertirse». Aquellos gentiles estaban locos."

26 oct 2012

En el muro de las lamentaciones. “EL LAMENTO DE PORTNOY” de Philip Roth (Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2012)

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La novela apareció en 1969. Es una novela que cabría considerar como “fuerte” en el sentido en que mis padres empleaban dicho término y que yo escuchaba de sus labios cuando niño. Es “Fuerte” porque su asunto, al menos externamente, gira en torno a la obsesión que el protagonista Alexander Portnoy tiene sobre el sexo. Dicha obsesión le viene de su época adolescente y parece no haber desaparecido en el momento en que está contando el relato, a sus 33 años.
¿Por qué esta obsesión? Seguramente procede de su condición de judío y su evolución como adolescente, del gran complejo de Edipo que sufre –o ha sufrido- y de su gran soledad… Y es que Alexander vive en Newark, afueras de New York, a donde sus padres se trasladaron huyendo del antisemitismo que sentían en Jersey City, en un barrio donde todos sus habitantes son judíos y en el que se observan estrictamente los principios de la ley judaica (carnicería judía, barbero judío, colegio judío…) al igual que en el seno de su familia constituida por Jack Portnoy, el padre, vendedor de seguros en los barrios más difíciles de la ciudad (Harlem, Bronx, y así), la madre Sophie Ginsky, la hermana Hanna y el novio de ésta Morty. Los vecinos también lo son: su tío Hynnie, vendedor de gaseosas; su primo Harold, Heshie.
Y en este contexto está Alex, adolescente de algo menos de 16 años, el-lñamento-de-portnoyque quiere sentirse como el centrocampista de un partido de Baseball: seguro y conocedor de todo (esta metáfora la desarrolla Roth en las páginas 72-76; y me recuerda un muy mucho a otro libro de crisis adolescente, El guardián entre el centeno de J.D. Salinger). Portnoy se rebela contra la opresión y rigidez con que su familia, y en especial su madre Sophie, le educan. Es un sentimiento ambivalente pues al tiempo que siente asfixia en su casa, también se siente solo fuera de esta protección. Su crisis de adolescencia encuentra salida hormonal en la masturbación, si bien este acto le perturba seriamente pues el joven está invadido del sentimiento de culpa inherente a cualquier momento de placer que le han imbuido en casa, en la sinagoga, en el colegio…; en definitiva, en la educación que recibe.
Estos asuntos ocupan las tres primeras partes del relato (“La persona más inolvidable que he conocido”, “Sacudiendo” y “Lamentaciones judías”) que ocupan las primeras 83 páginas. De estas tres partes, además de la angustia que siente por lo encima de él que está su madre y el afán por masturbarse destaca el lamento siguiente: No querer ser uno judío y serlo para los otros. Y es que su físico (la nariz ganchuda, el pelo negro y ensortijado…) lo delatan ante los goyische (gentiles) que viven con alegría y son físicamente distintos. Alex se siente en un gueto y, –dice-, quiere vengarse de esta sociedad que los aparta a través del arma que tiene más a mano, el sexo. Primero masturbándose por doquier, incluso en sitios públicos, y cuando crezca practicando sexo con las kurveh (putas) gentiles y no tan putas.
Así sucede en la 4ª parte, “Ansia de sexo” en donde se nos aparece como un ser machista por demás. Es aquí, en esta parte de 92 páginas, donde vemos a la perfección la estructura del relato. Estamos ante una confesión, así la llama él en un momento, realizada por Alex ante un doctor al que en ocasiones llama Spielvogel (un psicoanalista o psiquiatra, sin duda) que en silencio escucha su monólogo que fluye de su conciencia entremezclando edades, periodos, etc., de manera que en ocasiones su confesión nos retrotrae a los 4 años de edad, en otras tiene 22 o vuelve al presente de la confesión, a sus 33 años (la técnica literaria es, pues, el monólogo interior y/o flujo de conciencia).
En las referencias que hace a su situación actual sabemos que se gana la vida como Subdelegado de Igualdad de Oportunidades de la ciudad de Nueva York, siendo un personaje conocido por sus apariciones en televisión por los controvertidos casos que lleva y resuelve. Por esto, es más chocante aún la depravación sexual de que hace gala con esa medio novia que se echa, la Mona con la que practicará sexo duro y a la que convencerá para participar en tríos sexuales e incluso pretenderá llevar a orgías. En definitiva busca hacer realidad las fantasías sexuales que tiene desde la adolescencia. Su madre siempre le advirtió de lo inadecuado de este comportamiento imbuyéndole un sentimiento de culpa que le acompañará hasta el final del relato.
La 5ª parte, “La forma más extendida de degradación en la vida erótica”, insiste en sus relaciones adultas con diferentes mujeres, además de con la Mona, prostituta analfabeta a la que intentará educar recomendándole diversas lecturas (Dos Passos, Baldwin, Steinbeck, etc.). Esta mujer se enamorará sinceramente de él, pero él, que también se siente muy próximo a ella, no logrará superar el que ella proceda de los bajos fondos y que vista y actúe como una mujer de otro estatus. Se muestra, pues, Alex como un racista y actúa del mismo modo que echa en cara a los americanos no-judíos, sin aceptar a quien no pertenezca a su cultura, ahora no religiosa sino intelectual. La abandonará y ella amenazará con suicidarse.
Su relación con la Mona le hará recordar su primera salida fuera de su casa un Día de acción de Gracias con sólo 17 años cuando tras llevar dos meses sin ver a su familia por haber empezado a estudiar en la Universidad se va con su novia Kay, una chica de familia cristiana y buena posición social. Su judaísmo personal le pesa tanto que piensa que deberá plantearlo de mano a los padres de la chica (vamos, que de nuevo se siente culpable por ser judío y piensa que todo el mundo lo sabe y que ello es una barrera infranqueable). No lo hará sin embargo aunque luego a Kay tras una falta le propondrá casarse si se convierte al judaísmo; ella responde escandalizada por semejante propuesta y esto es el fin de la relación.
Philip RothTambién recordará que con 29 años tuvo una novia en el lugar de trabajo. Era una chica de 22 llamada Sally Manlsby de familia americana desde la conquista en el XVI. A través de ella intentará vengarse de todos los agravios que en su opinión sufre su cultura representados primeramente en el jefe de su padre (Lainsbury) quien lo explotaba abusivamente. Sin embargo Sally, de personalidad fuerte, aunque accederá a algunos de sus caprichos sexuales, en un momento le manifestará simplemente que ella hay cosas que no hace, y punto.
La última parte tiene el título de “En el Exilio”. En esta parte viaja a Israel y curiosamente no se siente a gusto. Le sorprende que todos allí sean judíos y como le dirá una de sus conquistas es que él tiene cultura de gueto, que por eso desprecia a los otros, que no quiere integrarse. Dos chicas conoce, una militar y otra de 21 años de un kibutz. Con ninguna de las dos podrá practicar sexo, al no conseguir la erección. Además piensa que puede padecer una enfermedad de transmisión sexual (consecuencia ‘lógica’ de su desordenado comportamiento, vamos, el castigo que debería derivarse de su culpable actuación). La chica militar se irá al ver su nula disposición sexual, y la del kibutz impedirá que abuse de ella diciéndole las cosas a la cara. Esta chica se llama Naomi y es una sabra (nacida ya en el estado de Israel).
En la página 252 de esta 5ª parte aparece la frase que en el fondo ha estado sobrevolando todo el relato: “¿Por qué, por qué no puedo tener un poco de placer sin que siga inmediatamente el castigo?”
Lo importante, al final, es que el relato ha servido para descubrirse a sí mismo, y como dice el Dr. Spielgovel “ahora, quizá, podamos empezar. ¿Sí?”
Además de lo reseñado anteriormente, y ya para finalizar, no hay que echar en saco roto la gran carga irónica  y claro humor que el relato encierra, si bien este último centrado la mayoría de las veces en situaciones de fuerte contenido sexual y/o escatológico. Es un humor chocante fruto de los altibajos situacionales (hablar elevado vs acciones chocarreras [pág. 189]). En mi opinión la situación más divertida es cuando la Mona le dice haber comprendido el poema de “Leda y el Cisne” de Yeats con el coño (pág. 184).
Y es que asimismo la dualidad alta cultura frente a cultura en grado cero propicia, amén de no pocas situaciones humorísticas, la coartada perfecta para que el judío-que-es-pero-no-quisiera-aparentemente-serlo exponga su amplio abanico de preferencias literarias (Keats, Steinbeck, Baldwin, Kafka, Dos Passos, etc.). Pero especialmente William Butter Yeats y su bellísimo y muy sensual poema con el cual prácticamente abre el relato (pág. 51: Parezco un hijo de la casa de Atreo [alude a los Atridas, de cuya estirpe proceden los héroes Aquiles, Agamenón y Menelao] y el vulgar comentario hecho por la Mona a propósito de la comprensión de dicho poema. Yo creo que con esto Roth está manifestándonos el poder adivinatorio, prospectivo y fuente de conocimientos no usuales que la literatura siempre ha propiciado, y que él parece defender, si bien Portnoy es un Aquiles del s. XX (¿otra muestra de humor?).