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20 jun 2025

Loxandra. Novela de María Iordanidu

6 comentarios:
La novela de esta griega que es María Iordanidu, mujer que vivió en Estambul, Atenas, Tabumi (Imperio ruso), El Cairo y otras ciudades... da testimonio personal de su vida y la de su familia en la Europa finisecular del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Presenta la convulsa vida de esa parte de Europa (Grecia, Rusia, Turquía) siguiendo la vida de Loxandra, la abuela de la Ana, la narradora y personificación de la propia escritora. En realidad Loxandra relata la vida y comportamiento de la abuela materna de la escritora. La novela es un canto a la vida en el Estambul de la segunda mitad del siglo XIX, ciudad donde convivían griegos, turcos, kurdos, armenios, chipriotas... Era una ciudad multicultural cuya población vivía en barrios diferenciados: el turco, el cristiano ortodoxo, el cristiano católico... Fue una época políticamente convulsa en la que las revueltas, las guerras, los tratados de paz, etc. propiciaron variación en las fronteras de los países y también movimientos de población temerosas de sufrir matanzas, persecuciones, genocidios (armenios y kurdos principalmente, pero también, aunque en esta entrega de María Iordanidu no aparezca, griegos como la familia de Loxandra).

En medio de todo esto Loxandra es una mujer de familia, que vive entregada a sus hijos y a los de su marido, a los familiares de éste y a los hijos de sus hijos. También la vecindad es para ella como parte de la familia. Según la leía me parecía estar leyendo una novela costumbrista, pues la autora se deleita contándonos las comidas, las celebraciones, la manera de cortejar, los partos, el crecimiento de los hijos... Todo ello envuelto en una manera de contar que, en ocasiones, me ha parecido algo antigua, pero muy muy legible. El humor aflora a veces en la personalidad intrépida y echada para adelante de esta mujer que no se para en barras.

La narración está efectuada en primera persona. Esta primera persona, es la de la nieta de Loxandra, Ana, que con su evolución marca un poco el ineludible cambio de la época que representa la abuela, que llega hasta 1914, a la de Ana que comienza a estudiar en un colegio americano y que por su manera de reaccionar y comportarse, es evidente, abandonará la manera de vivir tradicional que tanto gustaba a Loxandra. El inevitable paso del tiempo.

La novela tiene, en mi opinión, aspectos negativos y otros positivos, si bien, quizás sean los primeros los que más abunden. Son éstos una excesiva cantidad de nombres propios de persona y de relaciones familiares que hacen a veces algo ininteligible la narración. De entre toda esta selva nominalista sobresale la figura de la protagonista de manera algo excesiva para el gusto actual: una mujer que hace dádivas a troche y moche, que recibe a quien quiera que llega a casa, que dice siempre lo que piensa sin importarle quien esté delante, que intenta influir en la vida de todos los miembros de su familia... Un lugar principal en este relato lo ocupa la comida, pero los nombres griegos o turcos de las mismas o de sus ingredientes hacen difícil o al menos complican bastante la lectura. Pero, quizás, lo que menos me ha gustado es que las dos líneas, mundo general histórico-político y particular de Loxandra y familia, no se entrelazan debidamente sino que María Iordanidu despacha el contexto y los abundantes sucesos históricos en resúmenes rápidos de uno o dos párrafos breves para de seguido retornar a la peripecia constante y muy repetitiva del personaje que da título a la novela. Según  avanza la narración parece que la novelista, consciente quizás de esta distorsión, la va corrigiendo, de manera que en la última parte, de las tres en que distribuye el relato, el trenzado de ambos mundos -el general y el de Loxandra- está más conseguido.

Griegos t turcos enfrentados en el siglo XX
Pero también hay elementos muy salvables en este relato aparecido por vez primera en 1963.  El primero, quizás sea la verdad del personaje si lo consideramos dentro de su contexto histórico: una sociedad de finales del siglo XIX en la que la responsabilidad y comandancia de la casa estaba siempre en manos de las mujeres, en especial de las mayores. También me ha gustado -casi lo que más- la información que la autora transmite sobre esa Constantinopla multicultural y cosmopolita, habitada por diversas etnias y culturas, que vivían en la misma ciudad pero bien separadas unas de otras; quizás ese  Estambul que hoy ya no existe, una ciudad donde las culturas vivían sin mezclarse pero soportándose, sea de lo mejor de Loxandra. También es destacable el tono de humor que en algunas páginas se entreve: es un humor que nace de la propia narradora, la nieta Ana que está narrando desde su hoy (años 60 del siglo pasado) el mundo extinto de su abuela, el cual en la distancia ciertamente parece digno de risa e incluso algo ridículo. Y es que, creo ya haberlo dicho, la novela viene a mostrar el paso de un mundo viejo y acabado, el de la abuela Loxandra, al mundo nuevo y emergente, el de la joven nieta Ana que abandona Turquía, que se va a estudiar a Norteamérica a pesar de que a su abuela tal deriva le pareciera estúpida e inconveniente.

De Loxandra yo destacaría, para mover a su lectura, el despertar en la mente del lector de un mundo que quizás éste viviera en su niñez. Muchos recordamos alguna abuela, alguna tía, alguna madre... parangonables a esta griega de Constantinopla. La evocación de ese tiempo lejano -el de mi niñez- es lo que me hizo persistir en la lectura y no abandonarla como -lo sé porque así me lo han transmitido amigos lectores- algunos hicieron. Y es que cada lector es un mundo, cada libro nos muestra otro, y que estos dos factores se adecúen y compaginen debidamente con el momento personal de lectura influye decisivamente en la satisfacción o insatisfacción de una concreta experiencia lectora. Naturalmente ayuda mucho la calidad literaria (escritural) de la obra que se tenga entre manos, algo que en esta ocasión, desgraciadamente en mi opinión, no es para nada destacable. De aquí nace el que si hubiera de dar una calificación del 1 al 5 a Loxandra. le daría un 2'5, o sea aprobado justito.

Maria Iordanidu (Constantinopla, 1897 - Atenas, 1989) escribió tras Loxandra otros dos títulos, (Vacaciones en el Cáucaso y Como pájaros atolondrados) aparecidos respectivamente en los años 1965 y 1978. Los tres libros han sido traducidos al español hace relativamente poco tiempo: en 2018, Loxandra; en 2020, Vacaciones en el Cáucaso; y en 2023, Como pájaros atolondrados. Quienes han leído las tres novelas traducidas por Selma Ancira y publicadas por la editorial Acantilado me transmiten su predilección por la aparecida en segundo lugar. 

30 jun 2021

Theodor Kallifatides. "Madres e hijos"

28 comentarios:

✔«No intento demostrar la continuidad de la tradición griega, sino la fuerza del mito. Continúa vivo, a pesar de que todo alrededor ha cambiado. Convive con nosotros y convivimos con él. Es el gran río que arrastra nuestro destino.»
✔«Grecia le ha dado a la humanidad cincuenta y dos mil palabras, leí en el aeropuerto de Atenas. Suecia le ha dado el rodamiento, la cremallera y la llave inglesa que, pese a su nombre, es un invento sueco.»

Theodor Kallifatides, "Madres e hijos", editorial Galaxia Gutemberg
Mi muy buena amiga Isabel me recomendó la lectura de este libro de Theodor Kallifatides. No me atrevo a calificarlo de novela porque en mi opinión no lo es, sino más bien unas memorias familiares, un recorrido por el territorio vital de los Kallifatides, en especial de la rama iniciada por Dimitrios Kallifatides, padre de Theodor. 
Pero no quiero desestructurar la reseña. Tras la explicación de por qué llegué hasta el autor griego residente en Suecia conviene decir algo sobre él para luego entrar de lleno en el relato. Allá voy. 

El autor
Nació en Molaoi, Grecia,  el 12 de marzo de 1938. Es un escritor sueco de origen griego. Se trasladó con sus padres a Atenas en 1956 y emigró a Suecia en 1964 en busca de trabajo. Allí se adaptó y dominó rápidamente el sueco, lo que le permitió retomar sus estudios. Se matriculó en la Universidad de Estocolmo en filosofía. Licenciado, trabajó en la dicha universidad como profesor entre 1969 y 1972.​ Inició su carrera de escritor en 1969 con un libro de poesía, pero el reconocimiento lo obtuvo principalmente gracias a sus novelas. Ha publicado novelas, recopilaciones de poesía, libros de viajes y obras de teatro. También ha escrito guiones cinematográficos y ha dirigido una película. Ha recibido muchos premios por su trabajo tanto en Grecia como en Suecia.


«Madres e hijos»
Sinopsis proporcionada por la propia editorial)
A los sesenta y ocho años, Theodor Kallifatides, exiliado en Suecia desde hace más de cuatro décadas, visita a su madre de noventa y dos, que sigue residiendo en Atenas. Ambos saben que puede ser uno de sus últimos encuentros. Durante la semana que pasan juntos, recuerdan lo que ha sido lo más importante en sus vidas con una presencia decisiva del padre, de quien Theodor está leyendo el recuento escrito que este le ha dejado de lo que ha sido su difícil existencia, desde sus orígenes como exiliado griego en Turquía, pasando por sus meses en una prisión de los nazis y su pasión por el oficio de maestro. Se desvelan así los orígenes de una familia que atraviesa el siglo xx. 

Opinión
"Madres e hijos" (publicado originalmente en 2007. En España en 2020) es un libro de autoficción en el que su autor Theodor Kallifatides presenta de manera narrativa la memoria de su propia familia. El escritor retorna con 68 años a  su país, Grecia, para visitar a su madre de 92. Vive en Suecia desde 1964. Tras una exitosa vida tanto en el plano laboral  como en el personal -casado y con un hijo- nada ha escrito que tenga por centro a su madre. Desea hacerlo aunque no sabe si a ella la satisfará. Su avanzada edad le hace pensar que quizás no alcance a leer la obra que piensa escribir tras la visita de una semana que hace a la casa familiar en Atenas.

Según leemos "Madres e hijos" nos enteramos de las vicisitudes vividas por la familia, en especial por su padre, auténtico eje sobre el que pivota todo el escrito. Resulta que Dimitrios Kallifatides, que así se llamaba el padre, escribió en 1972 a la edad de 82 años un texto sobre su vida a petición del propio Theodor ausente de Grecia desde 1964; Theodor se lo pidió porque no quería que la memoria familiar cayese en el olvido. Durante el viaje y la estancia en Atenas releerá este escrito de su padre, que entra a formar parte del relato de autoficción que tenemos entre las manos.  A lo largo de las cerca de 160 páginas que "Madres e hijos" tiene de extensión se entremezclan tres planos narrativos: la biografía escrita por el  padre; los comentarios, recuerdos infantiles y adolescentes vividos en la casa familiar que le suscitan la lectura del texto paterno; y el presente de los siete días del viaje desde Estocolmo a Atenas donde revive con su madre y su hermano Stelios la cultura que le pertenece pero de la que se ha visto alejado por múltiples circunstancias políticas y personales. 

Muchas cosas interesantes contiene este libro. Una de ellas, y no menor, es la mostración de las deportaciones o emigraciones forzadas de unos lugares a otros por motivos políticos. La familia Kallifatides es originaria de Trebisonda, ciudad creada por colonos griegos en el VIII a.C. La historia de esta importante colonia es movidita; lo importante de ella es que en época antiquísima, -cuando los griegos apoyaron a Ciro el Joven en su lucha contra el heredero del trono de Persia, su hermano mayor Artajerjes, al regreso hacia Grecia tras la campaña-, muchos griegos se establecieron en la colonia que comenzó a florecer especialmente con el Imperio Romano dada su ubicación estratégica en el Mar Negro y dentro de la Ruta de la Seda. A la caída del Imperio Romano, Trebisonda quedó dentro del Imperio Bizantino hasta que el mismo en el siglo XV cayó en manos de los otomanos. La colonia griega permaneció viva y activa con sus escuelas, su actividad comercial, su lengua propia, etc., hasta  que «tuvo lugar la Revolución de los Jóvenes Turcos, en 1908-1909, que promulgó la Constitución y abolió el absolutismo de los sultanes. La Constitución trajo la aniquilación y finalmente el exterminio del elemento griego en Turquía». Pero es en 1923, a raíz del final de la Primera Guerra Mundial y la posterior Guerra de independencia turca, cuando se produjo un acuerdo -el Tratado de Lausana- por el que Trebisonda queda definitivamente integrada en la Turquía de Ataturk y se produce un acuerdo entre Grecia y Turquía por que que habrá un intercambio forzoso de población. Por este acuerdo más de un millón y medio de 'griegos pónticos' (así eran denominados los que desde tiempo inmemorial habitaban esta zona) hubieron de migrar a Grecia. 
Independencia turca, Fin del Imperio Otomano

Esta emigración forzada, tras haber participado en la Primera Guerra Mundial en la que llegó a alcanzar la Cruz de Hierro por su valor, la vivió en primera persona Dimitrios Kallifatides, el padre de Theodor, que es quien a grandes rasgos lo cuenta en el texto que a su muerte dejó escrito para su hijo.

De grandísimo interés para mí ha sido ver la inmensa vocación de Dimitrios Kallifatides por la enseñanza. El relato que leemos es un auténtico canto a la profesión de maestro ejercida por Dimitrios en circunstancias difíciles pero siempre con una disposición a prueba de bombas. También Theodor confiesa su devoción y aprecio por los educadores. Gracias a ellos, los que tuvo en Grecia y los que tuvo en Suecia, confiesa, él pudo llegar a donde ha llegado:
[en Grecia]
  • «el maestro, el inolvidable señor Pablo, estuvo siempre conmigo. Con frecuencia me pregunto cómo se habría desarrollado mi vida sin aquellos maestros
  • «Yannis Raisis, profesor de Griego Clásico y Latín que, como castigo por hacer novillos, me obligó a leer los poemas de Catulo y de ese modo descubrí la gran poesía. El profesor de Historia, el señor Ilías Georgiu, me pidió que lo ayudara en sus investigaciones

 [en Suecia]

  • «también en Suecia algunos maestros fueron mi salvación. El lector Ake Löfgren y el profesor Harald Ofstad, que impartían Filosofía Práctica en la Universidad de Estocolmo, y que vieron en mí algo más que mi deficiente y patoso sueco. Así como el profesor Marc Wogau, en la Universidad de Uppsala, que aceptó examinarme de Filosofía Teórica»

Para concluir con una pregunta que muchos nos hacemos continuamente: 
«¿Por qué en nuestros días no se estima a los buenos maestros?»

La pervivencia del mito en la vida cotidiana es otro aspecto que ha llamado mucho mi atención durante la lectura de este relato de autoficción. Resulta que el escritor-narrador ve especialmente en la lengua («Si hay algo absolutamente auténtico en el interior del hombre, eso es su lengua, el primer mito») y en la manera de vivir de su madre la personificación de no pocos relatos míticos. 
«Un ejemplo más de que mi madre vive en el mito griego, creyendo que vive su propia realidad. De nuevo veo que el mito de la muerte es más fuerte que la propia muerte. De nuevo me doy cuenta de que mi madre es mi verdadera patria. Si yo fuera una fruta, ella sería mi árbol. Si yo fuera un árbol, ella sería la tierra. Si yo fuera la tierra, ella sería mi cielo»
Para un hombre mayor que ha vivido más de cuarenta años en un país nórdico europeo el choque cultural Grecia-Suecia es muy perceptible. Para Theodor, un griego que junto a su familia vivió muchas privaciones en sus años de adolescente, llegar al aeropuerto de Estocolmo con la maleta llena de comestibles hechos por su madre es la representación misma del estigma de la pobreza («¿Por qué me comportaba yo así? Hay ciertas situaciones que no soporto. Supongamos que me abren la maleta en el aeropuerto. ¿Qué van a pensar cuando vean los kurabiés? ¿Qué gitano es este? En pocas palabras, cargo conmigo el estigma de la pobreza.»). Por contra Gunilla, su mujer, no arrastra esa baja autoestima; según Theodor Kallifatides porque «mi mujer no sabe lo que es la pobreza. Lo que le dan, para ella es un regalo. Para mí, una limosna».

Al igual que existe un fuerte contraste entre la manera de sentir un mismo hecho en Suecia o en Grecia, también el autor-narrador marca en este relato de autoficción el enorme salto entre generaciones. Markos, el hijo de Theodor, o los hijos de su hermano Stelios no sienten ni se comportan como en el pasado hicieron sus padres y mucho menos con la entrega y desprendimiento del abuelo Dimitrios. Al respecto el novelista evoca la figura de Yorgos, el medio hermano mayor, que durante la guerra civil se negó a maltratar a dos guerrilleras que había capturado su compañía, por lo que fue condenado a muerte; afortunadamente cambiaron las tornas del conflicto armado y se salvó. Cuando Theodor le preguntó, después de la guerra, por qué lo hizo, ¿cómo se atrevió a decir no? respondió: «¿Qué habría dicho papá?»

Al hilo de este comportamiento Kallifatides reflexiona sobre cómo este respeto a los mayores, este sentido del deber, de observancia de lo aprendido de padres y educadores no es práctica habitual en la actualidad y por eso lo resalta 
«Eso es tener un padre. Eso es tener un hermano mayor. Ya no vive. Una mañana se levantó, se hizo su café, se sentó en el sofá a tomárselo, y no se levantó más. Se le reventó la aorta y ya no pudo siquiera probar su último café.»

 Los jóvenes de hoy, prosigue en su reflexión, han perdido en gran medida el sentido del valor de lo colectivo y lo ejemplifica de esta manera:

«En Suecia, con excepción de los impuestos, las obligaciones comunes poco a poco han ido remitiendo, dejando cada vez más espacio a la libertad individual. La obligación que tienen los alumnos en una escuela de mantener cierto silencio en las clases se ha visto sustituida por el derecho a llamar desde sus teléfonos móviles dentro del aula.»

Novela de autoficción
Pero sin duda es este libro un canto a la maternidad y la paternidad. Al titularse la obra "Madres e hijos" podría pensarse que el alcance de la misma se reduce a la figura materna, que sólo es un homenaje sentido hacia esa mujer de 92 años que lo quiere como si siguiera siendo un chiquillo. Así es, en efecto, pero no sólo. La madre es esencial, pero lo es también por la enorme figura del padre con el que convivió durante más de cuarenta años. Theodor Kallifatides en la obra vuelve a agradecer a su padre todo lo que hizo por su familia. Digo que "vuelve a agradecer a su padre" porque sobre él ya había escrito el autor dos obras, una precisamente cuando éste falleció en 1972. 

Lo que la pareja de progenitores ha representado para él lo sintetiza en una frase: «mi madre es el ayer, mi padre es el futuro». Más tarde esta frase la explicita con claridad meridiana
«Mi padre hizo de mí un ser humano, y mi madre, un escritor. En el mundo de mi padre existía el trabajo, el deber, la perseverancia, el contener las lágrimas hasta que se hubieran terminado todas las sonrisas. El mundo de mi madre era distinto. En él existían los lazos sentimentales y la preocupación, que es la consecuencia de estos.»

Son estos lazos sentimentales los que quizás por última vez el escritor ha ido a estrechar y abrazar.  La despedida última en que ella, la madre, no sale a la puerta de casa para despedirlo confirmará al escritor lo que había pensado la noche anterior, acostado en el sillón donde dormía, que «no podía olvidar "el agujero". Ese miedo congénito por el abismo que acompaña al hombre desde el primer día. El peligro de caerte de la tierra como te caes de un caballo desbocado».

Las referencias sobre la propia construcción de la novela son continuas. Dado que Theodor Kallifatides cuenta de manera entrecortada, mezclando a todo lo largo del relato los tres niveles narrativos ya señalados, y que en ocasiones se pierde en reflexiones algo alejadas del hilo principal, a veces se ve impelido a disculparse ante el lector («Que me perdone el lector por estas constantes interrupciones, pero no podía continuar.»).

Respecto a la figura materna sobre la que se propone escribir, lo que más le preocupa es caer en la falsedad. No quiere convertirla en modelo como hacen los pintores porque, piensa, eso la haría comportarse de manera irreal. Por otra parte, reflexiona, que quizás haya «Poca gente tan incapaz como los escritores para describir la realidad». De ahí que lo que haga sea mostrar la relación madre-hijo mantenida durante esos siete días que duró la fugaz visita del exitoso escritor. Vemos a una auténtica madre preocupada fundamentalmente por satisfacer el paladar del hijo pródigo a quien endulza la vida con los lukumás, taramás, kurabiés..., todos alimentos típicos de Grecia que en Suecia no se verán ni por soñación. ¡Hay algo más auténtico que una madre haciendo esto!

El autor aprovecha la visita para completar la visión que tiene del padre extraída esencialmente del texto que este escribió para él; por ello indaga cuidadosamente sobre cómo fue la relación amorosa entre sus padres dado que entre ambos existía una diferencia de 24 años de edad y que Dimitrios llegó al matrimonio viudo y con un hijo. O sea, que el matrimonio había sido concertado. A tan íntima pregunta la madre le responde que sí, que así fue, pero que «con los años aprendí a respetarlo, a avenirme a él, a amarlo». Y tras decir esto ella salió del balcón donde estaba hablando con su hijo. Es este el momento en que el propio narrador-autor-personaje aprovecha para realizar una digresión reflexiva sobre qué cosa será el amor; consecuencia de esta reflexión es un listado que, mientras ella está en la cocina trajinando, él hace de las formas en las que nos enamoramos. Esta divagación es de las más extensas del relato y marca claramente el proceso mental que un narrador seguramente seguirá cuando decide presentar un enamoramiento de un tipo o de otro. En mi opinión esto es metaliteratura en estado puro.

12 mar 2020

El infinito en un junco. Irene Vallejo, Premio Ojo Crítico de Narrativa 2019

23 comentarios:
Mi tía Marina falleció a los 91 años. La recuerdo diez o quince años antes de dejarnos, cuando en la calle veía niños corriendo o jugando, comentar para sus adentros pero en voz alta: "El mundo no se acaba". Exactamente esta idea, 'el mundo no se acaba' o 'la vida sigue', es la que mientras leía este ensayo narrativo de Irene Vallejo Moreu constantemente me asaltaba.


Es más, pienso que no sólo no se acaba, como en ocasiones con cierta impertinencia quienes vamos peinando canas queremos creer por eso de que después de nosotros el caos, sino que hay mucha vida después como demuestran escritores como Irene Vallejo que se mueve como pez en el agua en la difusión, promoción y divulgación de la cultura clásica. 

Yo, modestamente, me considero amante de los libros. En todos los sentidos me gustan. Me gustan por lo que dicen; me gustan, claro es, por cómo lo dicen; me gustan por su forma externa; me gustan sus portadas, sus lomos, sus guardas al agua o no; me gustan por sus títulos; me gustan... en definitiva... por todo. También me gusta verlos colocados en estudiado desorden en los expositores de las librerías o apilados en descuidado desorden, esta vez sí, en las librerías de lance. Acudir a las bibliotecas y buscar por las estanterías en los tejuelos fijados en sus lomos la signatura del volumen ansiado es actividad que frecuento. Tampoco me pierdo las ferias, fiestas y celebraciones que en torno al mismo se realizan. Desde muy temprana edad el Día del Libro, que se celebra todos los años el 23 de abril, cuando los libreros sacan sus expositores a las calles, me ha gustado. Ese día raro es el año que no adquiero algunos ejemplares aprovechando los descuentos promocionales que se realizan; además en ocasiones el gremio de libreros edita algún ejemplar sobre la lectura o regalan algún libro a los compradores. Recuerdo -¡y conservo!- con cariño difícil de explicar "¿Cómo leer un libro?" de Dolores Rico Oliver con ilustraciones del genial Antonio Mingote que hace cerca de cuarenta años regalaron a los compradores. Mi atracción por los libros me lleva a no perderme cuantas casetas librescas crecen como setas en Muestras dedicadas al libro sea antiguo, de ocasión o de todos los tiempos. Me encanta husmear por ellas, hojear algunos, voltearlos para ver sus contraportadas, examinar el índice o cotillear en las biografías de los autores...

Por lo dicho hasta aquí creo que a nadie extrañará que el libro de esta zaragozana me haya encantado. Explicaré un poquito por qué. En primerísimo lugar está la sencillez comunicativa con la que Irene Vallejo se maneja. Utiliza una exposición clara, diáfana, directa, sin alambiques; pero ello no quita para que en no pocas ocasiones utilice figuras expresivas que insuflan belleza a un texto que, en principio, podría resultar aburrido, abstruso o sólo del gusto de los muy especialistas en el mundo antiguo. Afortunadamente, y de ahí el enorme éxito popular del libro, nada de esto ocurre en "El infinito en un junco" que en manos de la autora se codea en ocasiones con la alta literatura. Hay metáforas bellísimas que llegan muy adentro: "Los primeros relatos de tu vida entraron por las caracolas de tus orejas; tus ojos aún no sabían escuchar", leemos en un momento; y en otro lugar citando a la poeta rusa Anna Ajmátova la prosa de la ensayista no va a la zaga de los versos de la poetisa:
"Un día, al enfrentarse en el espejo con su aspecto demacrado y los surcos que el sufrimiento estaba abriendo en su cara, ella recordó la imagen de las antiguas tablillas mesopotámicas. Y escribió un verso triste e inolvidable: «Ahora sé cómo traza el dolor rudas páginas cuneiformes en las mejillas»."
Fundamental en el aprecio sentido por la obra ha sido para mí el placer que proporciona viajar por Egipto, Grecia o Roma hasta hoy mismo a bordo de la prosa de Irene. La comprensión del mundo antiguo mostrado se evidencia a través de la naturalidad con que en el ensayo se equipara, por ejemplo, a un bardo del siglo VII aC con un escritor posmoderno dada la forma que tienen ambos de entender su obra como versión, nostalgia, traducción y constante reciclaje del pasado, o la evocación producida en mi cabeza del tema de los Doors, 'Riders on the storm', cuando en pirueta magnífica la escritora imagina a la anónima persona -un hombre, sin duda, dados los parámetros de la época- que ideó los signos del alfabeto:
"Él vivió en el siglo VIII a. C., hace veintinueve siglos. Cambió mi mundo" [...] "Con seguridad fue amigo de curtidos mercaderes fenicios de rostro bronceado. Seguramente bebió con ellos en las tabernas de los puertos, de noche, aspirando el olor del salitre en el aire mezclado con el humo que subía de un platillo de sepia sobre la mesa, mientras escuchaba historias de mar. Barcos cabalgando en la tormentas, olas como cordilleras, naufragios, costas extrañas, misteriosas voces de mujer en la noche."
Después de leer fragmentos como el citado anteriormente no puede extrañar que, pese a estar ante un ensayo sobre la historia de los libros desde su primera aparición hasta nuestros días, el programa cultural radiofónico de RNE el Ojo Crítico le haya concedido el Premio Ojo Crítico de Narrativa 2019. Naturalmente que es oportuna la concesión porque hay mucho de narración en la obra que reflexiona en hermosa metáfora sobre juncos [los papiros egipcios se fabricaban con juncos que crecían en el delta del Nilo] capaces de albergar el infinito en ellos. Realiza la autora una hibridación entre géneros construyendo un ensayo que se mueve en la frontera entre la pura exposición personal, aguda y original sobre el asunto y la construcción de un relato que le sirve para ahormar la inmensidad de materiales que con soltura, gracia y conocimiento maneja.

 Ese sinfín de sabiduría la vierte Irene Vallejo en su ensayo de manera estudiada, avanzando y retrocediendo en el tiempo desde el lejano pasado hasta hoy mismo pero también efectuando paralelismos al estilo de los autores clásicos entre el tratamiento dado a unos mismos asuntos en Grecia y en Roma, o entre la manera de trabajar en la biblioteca de Alejandría y en la de Pérgamo, o la actitud tenida ante el objeto libro por los romanos paganos y los cristianos perseguidos por sus creencias, etc. Todo, como ya he dicho, comparándolo las más de las veces con actitudes actuales, con objetos usuales entre nosotros, con argumentos presentes en prestigiosas obras literarias de los últimos siglos ("El lector" de Bernhard Schlink, la novela negra de Ruth Rendell "Un juicio de piedra", la novela del escritor nigeriano Chinua Achebe "Me alegraría de otra muerte", "El país de las últimas cosas" y "La invención de la soledad" de Paul Auster, "Finnegan’s Wake" de Joyce, "Mientras agonizo" de Faulkner,... y tantos y tantos otros).

Es así mismo evidente que la autora de "El infinito en un junco" además de ser experta en literatura de todas las épocas es amante del Cine, género artístico que bebe en grandes creaciones literarias. Leyendo este ensayo son abundantes los títulos de películas ("Taxi Driver" y "Gangs of New York" de Martin Scorsese, "¡Qué bello es vivir!" de Frank Capra, "Matar a un ruiseñor" de Robert Mulligan, "84, Charing Cross Road" -"La carta final" en España- de David Hugh, "La mujer de al lado" de François Truffaut,.. y tantas y tantas otras más).

Cuando la escritora trata de hacernos ver cómo la tradición clásica presente en los libros clásicos llega hasta las manifestaciones artísticas más novedosas no duda en afirmar que Cada nueva forma de expresión —la publicidad, el manga, el rap, los vídeojuegos— los adopta y los realoja.[…] de manera que continúan subiendo a los escenarios de los teatros mundiales, son adaptados al lenguaje del cine y emitidos por televisión. Y es que afirma
"Desde Grecia y Roma no dejamos de reciclar nuestros signos, nuestras ideas, nuestras revoluciones. Los tres filósofos de la sospecha -Nietzsche en la metafísica, Freud en la ética y Marx en la política- partieron del estudio de los antiguos para realizar el giro a la modernidad. Incluso la creación más innovadora contiene, entre otras cosas, fragmentos y despojos de ideas anteriores."
Para mí, aparte del magnífico recorrido que junto a Irene Vallejo realizamos por las bibliotecas de Alejandría, de Pérgamo, de Roma, la obra es más que interesante por el enorme número de anécdotas que contiene referidas a multitud de vicisitudes vividas por autores de muchos de los libros que nombra (Homero, Platón, Aristóteles, Erastótenes, Calímaco, Plauto, Julio César, Cicerón, Aristófanes, Tucídides, el poeta bilbilitano Marcial, Safo de Lesbos, Eurípides, Esquilo, el cordobés Séneca, etc., etc.). El listado de escritores es larguísimo. Baste con estos nombres. Sólo decir que la gracia con que se cuentan y la oportunidad de su inserción en el relato son elementos fundamentales para lograr el placer que la lectura de este ensayo produce. No pocas veces durante la lectura la sonrisa se dibujaba en mi rostro. No cabe otra respuesta anímica cuando se lee que En el siglo I, el humorista Marcial se quejaba: -"Mis páginas sólo gustan gratis", o cuando leemos que en un claro guiño al lector -al público, en su caso- Plauto dice: "Un griego escribió esto, y Plauto lo barbarizó". Desde luego qué inmensa actualidad tiene esta frase, qué cerca nos sentimos del comediógrafo desde el hoy del corta y pega.

Alberto Manguel, Umberto Eco, Jorge Carrión, "Una historia de la lectura", El nombre de la rosa", "Librerías"
El libro que acabo de leer pertenece, como ya he dicho, a esa saga de libros que hablan de libros. En ese hilo hay que situar a "El infinito en un junco". La misma Irene cita y declara su gratitud a obras importantísimas en este campo como "Una historia de la lectura" del argentino-canadiense Alberto Manguel publicada por vez primera en inglés en 1996, traducida al español por José Luis López Muñoz en 1998, y que yo leí con enorme gusto allá por 2003 ó 2004. Constantemente durante la lectura de "El infinito en un junco" recordaba esta estupenda obra de Manguel. También, especialmente, en los capítulos de la IIª parte dedicados a Roma, al hablar del número de bibliotecas que había en la ciudad la autora cita el impresionante libro del español Jorge Carrión titulado "Librerías" [en su momento hice reseña del mismo en este blog] que como ya le está ocurriendo al de Irene Vallejo tuvo -y sigue teniendo- una difusión enorme habiendo sido traducido a la mayoría de lenguas de nuestro entorno
"En su imprescindible ensayo —y ruta de viajes bibliófilos—, Jorge Carrión escribe que el diálogo entre las colecciones privadas y las colecciones públicas, entre la librería y la biblioteca, es tan viejo como la civilización; pero la balanza histórica siempre se inclina por la segunda
En otro momento, también de esta IIª parte titulada "Los caminos de Roma", en concreto cuando la autora se lamenta de la persecución inmisericorde que el objeto libro ha sufrido a manos de dictadores, censores, revolucionarios obtusos o lerdos inquisidores, vuelve al escritor catalán para señalar una de tantas paradojas que han acompañado a la cultura a lo largo de todos los tiempos:
"Como escribe Jorge Carrión, quienes diseñaron los mayores sistemas de control, represión y ejecución del mundo contemporáneo, quienes demostraron ser los más eficientes censores de libros, eran también estudiosos de la cultura, escritores, grandes lectores."
Por último en este sentirse formando parte de un tipo de obras determinado, de un subgénero ensayístico concreto, el de los libros que hablan de libros, me parecen muy relevantes las referencias constantes a otro gran bibliófilo, amante de la vida secreta de los libros. Me refiero a Umberto Eco citado en especial por "El nombre de la rosa", novela histórica culturalista que publicó en 1980, en la que homenajea a los libros, las bibliotecas que los contienen, los estudiosos de los mismos y los enigmas y conocimientos escondidos en éstos. Pero además de por esta espectacular novela también Umberto Eco es citado por su reelaboración para el mundo actual del concepto mito que él como semiólogo estudió y analizó. Respecto al objeto libro y las constantes premoniciones agoreras sobre su inexorable desaparición Irene Vallejo concluye de acuerdo con el semiólogo italiano que el libro
"Como dice Umberto Eco, pertenece a la misma categoría que la cuchara, el martillo, la rueda o las tijeras. Una vez inventados, no se puede hacer nada mejor."

Para finalizar
Con inmensa satisfacción asistí a la presentación por su autora de "El infinito en un junco" el pasado día 25 de febrero en la librería Rafael Alberti de Madrid. Acompañaron a la escritora en una sala abarrotada la periodista Eva Cruz, la editora de Siruela Ofelia Grande, y la dinamizadora cultural Lola Larumbe al frente de la Librería Rafael Alberti desde al menos hace 39 años.

Por Ofelia Grande, la editora, supimos que el libro va ya por la novena edición, que además del Premio Ojo Crítico de Narrativa 2019 hacía poco que había logrado el Premio Las Librerías Recomiendan de No Ficción 2020. Fue ella quien, en mi opinión, clavó lo que en definitiva esta obra es cuando textualmente dijo que lo fundamental es que "Es un libro bonito". Parece una tontería, pero para mí no es tal. Verdaderamente este ensayo se lee con gusto no por lo mucho de novedoso que aporta que forzosamente en el campo que indaga no puede ser mucho y tampoco, quizá, por esas estupendas similitudes que establece entre el lejano pasado de los griegos arcaicos con el posmoderno cine de, por ejemplo, Quentin Tarantino, sino especialmente por lo bonito que Irene Vallejo cuenta las cosas por escrito.

Lola Larumbe, Eva Cruz, "El infinito en un junco"
La periodista Eva Cruz centró las preguntas que hizo a la escritora en tres aspectos presentes en la obra: la oralidad, la creación del alfabeto y la de una muy personal experiencia vivida por la autora en su paso por la escuela. A los tres respondió Irene con una voz que enamora a quien la escucha y que contribuye no poco al éxito alcanzado por este peculiar ensayo.

Verdaderamente tras escuchar hablar a la autora, pude concluir leyendo la obra que ella, la aragonesa nacida en 1979, estaba en cuerpo y alma en el texto que tenía en mis manos, que no había simulación ni impostación alguna, sino sinceridad y dulzura naturales emanando de cada palabra, línea, párrafo, capítulo... de su libro. Y cuando se escribe con esta sinceridad, con esta sencillez, con esta naturalidad, es evidente que se logra transmitir y que la comunicación con el lector es total. Logra Irene Vallejo hacernos cómplices de cuanto dice y por eso que a este ensayo le den un premio de Narrativa no extrañará a nadie que se acerque a él.

No puedo abandonar esta reseña en la que es difícil abarcar obra tan cargada de elementos e informaciones sin agradecer a la autora, quien por edad bien podría haber sido alumna mía en su paso por la Enseñanza Secundaria, los agradecimientos que ella a su vez realiza a un nutrido número de profesores de instituto.
Todos esos profesores de instituto que son sembradores de entusiasmo, en particular Chus Picot, Ana Buñola, Paz Hernández, David Mayor, Berta Amella, Laura Lahoz, Fernando Escanero, José Antonio Escrig, Marcos Guillén, Amaia Zubilaga, Eva Ibáñez, Cristóbal Barea, Irene Ramos, Pilar Gómez, Mercedes Ortiz, Félix Gay y José Antonio Laín.
Este sentido homenaje al profesorado de Medias en el que me siento solidariamente incluido, la autora lo realiza por los ánimos e ideas que estos profesionales amigos suyos -¡seguro!- le habrán hecho respecto al libro, pero también imagino que aunque no aparezca su nombre entre los de la cita con ella homenajea en silencio a Pilar Iranzo a la que en la primera parte del ensayo cita por su nombre tras haber dicho
"para mí, el griego empezó con voz de mujer —la voz de mi profesora de instituto—"

30 nov 2019

"Mitos griegos". María Angelidou

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"Dédalo comprendió la terrible verdad: su hijo, inconsciente y temerario como todos los jóvenes, había confiado demasiado en su propia habilidad, había querido volar más alto que los pájaros, y el sol había castigado su soberbia derritiéndole las alas para que se ahogara en el mar…”.

Mitología y Literatura
Muchos libros de mitología han pasado por mis manos. El primero que tuve y aún conservo lo recuerdo con muchísimo afecto, es el de J. Humbert que nos recomendara Manolo mi primer profesor civil de griego en el Bachillerato, los profesores de griego que había tenido los dos años anteriores de mi bachillerato de Letras habían sido curas. Es un manual que muchas veces he consultado y, seguro, que seguiré consultando. A partir de éste que me acompañó durante toda la carrera, fueron apareciendo y poblando mi biblioteca otros entre los que destacan fundamentalmente los de Robert Graves, el inglés que se vino a vivir a España, concretamente a Deia, en la isla de Mallorca, donde falleció en 1985. De él leí con fruición "La diosa blanca" y en plan libro de consulta al que vuelvo con frecuencia su "Los mitos griegos", ambos títulos publicados por Alianza editorial, en dos tomos el segundo. Ya en un sentido más amplio, tocando no sólo la mitología griega sino abarcando en su contenido también la egipcia, la hebrea e incluso la mexicana, está el libro de C. W. Ceram,"Dioses, tumbas y sabios", cuya lectura, aparte de amena, es ciertamente del máximo interés.
También, claro, amante como soy de la ficción, muchas han sido las novelas históricas que he leído, leo y leeré que tocan estos aspectos de la mitología en sus versiones griega o romana. A bote pronto y por dar sólo dos títulos recuerdo ahora mismo "Juliano, el apóstata" del que fuera senador norteamericano Gore Vidal, o la que convertida en serie abriera el camino a la serieadicción que hoy es plaga en nuestras televisiones: "Yo, Claudio" del mismísimo Robert Graves.

Carlos García Gual, Robert Graves, Literatura y mitología

De entre los autores españoles que han tocado en sus ensayos y estudios el tema de la mitología no puedo dejar de nombrar a Carlos García Gual, sin lugar a dudas el mejor difusor de la mítica grecorromana. Entre mis libros se cuentan tres suyos que, además de dar una importantísima información sobre el funcionamiento de estas leyendas en la antigüedad, se leen con muchísimo gusto. Me refiero a "Mitos, viajes y héroes" en el que junto a cinco pequeños estudios sobre mitos griegos aparece un interesantísimo prólogo en el que analiza la intensa y profunda relación entre el Mito y la Literatura proporcionando una amplia bibliografía sobre el asunto. Otro libro interesante y más divulgativo del académico de la española es "La Mitología". De este, verdadero libro de cabecera para quien quiera entender mejor aspectos importantes de la literatura, destaco estas palabras:
"El mito es un 'relato', es una narración que viene de tiempos atrás y es conocido de muchos, y aceptado y transmitido de generación en generación. […] Los mitos son 'historias de la tribu' y viven 'en el país de la memoria' comunitaria. […] El mito tiene un carácter dramático y ejemplar." (pág. 12, ed. Montesinos, 1989)
Y por último, el tercero de los de García Gual de mi biblioteca es el muy elogiado "Los orígenes de la novela", libro en el que relaciona el pensamiento mítico con la escritura o mera dicción oral de historias que contenían en su interior el simbolismo propio de los mitos. La relación, pues, entre ficción, ejemplaridad y mítica se hace evidente en estos estudios.

Mitos, Literatura y Enseñanza
Vicens Vives Mitología, colección Cucaña
Mucho debo a mi larga etapa como docente de la que -y lo digo con la máxima sinceridad- disfruté durante muchos años. Enseñar literatura comentando con los alumnos las lecturas hechas y por hacer frecuentemente nos llevaba a topar con los mitos griegos. Para entender en sus debidos términos el poema, la novela o un parlamento teatral en concreto nos era necesario reconocer el mito para así entender el sentido de la traslación literaria. Se hacía obligación recomendar un libro que sirviera para desentrañar estas dificultades, para desbrozar inconvenientes y disfrutar con el hallazgo de los significados propuestos por los autores. Era mi deber proponer un texto acorde con la edad de los destinatarios, personas en formación de entre catorce y dieciocho años. Fue aquí donde este libro vino a ocupar lugar importante.

Por pura casualidad revisando mi biblioteca vine a topar con este librito sobre mitos griegos que ya casi había olvidado. He vuelto a leerlo y me sirve para cerrar de manera más que adecuada este noviembre, el mes temático de la No Novela propuesto por Laky. Su autora es María Angelidou nacida en Nauplia (Grecia) en 1956, que realizó sus estudios en Atenas donde murió en noviembre de 2004. El librito está publicado por la editorial Vicens Vives en colaboración con Papadopoulos Publishing. Además de los catorce mitos que forman este volumen dirigido por Vicens Vives en su colección Cucaña a un público escolar adolescente, contiene ilustraciones del artista búlgaro Svetlin y al final de sus páginas una serie de actividades didácticas propuestas por Santiago Muras para facilitar el trabajo al profesor.

Libros ilustrados, La mitología para niños y jóvenes, actividades escolares con la mitología
A través de los catorce mitos presentados entendemos mejor -y puedo asegurar que también los alumnos lo comprenden de modo más sencillo- qué es eso de la caja de Pandora, cómo fue exactamente lo del caballo de Troya, por qué el rey Midas convertía en oro todo lo que tocaba, quiénes fueron Prometeo y el Minotauro, qué le sucedió a Orfeo cuando bajó a los infiernos, por qué Ícaro no obedeció a su padre Dédalo empeñándose en volar como los pájaros con unas frágiles alas de caña y cera, por qué se habla hoy en el psicoanálisis freudiano de complejo de Edipo, qué le sucedió a Dafne cuando fue perseguida por Apolo, ¿hubo también diluvio en la cultura legendaria de los griegos?, etc.

Desde luego y de cara a las próximas Navidades si pensáis en regalar a algún adolescente un librito sencillo, bello y educativo que además de proporcionarle conocimientos le fomente el amor a la lectura creo que éste puede ser una magnífica opción.



2 sept 2015

"El tío Petros y la conjetura de Goldbach"

11 comentarios:
Apostolos Doixadis, La conjetura de Goldbach
En España es habitual escuchar decirnos los unos a los otros aquello de "Es que yo soy de letras", como si eso fuese suficiente para justificar nuestra incompetencia en cálculos sencillos y también para evitar hablar u opinar sobre cualquier asunto que tenga que ver con los números. Nunca he estado de acuerdo con este tipo de disculpa que pocas veces he escuchado en sentido contrario. Es más, con frecuencia, "los de ciencias" destacan y han destacado en el campo de las letras. Ejemplos de esto que digo hay muchos: Oliver Sacks recientemente desaparecido me viene ahora a la memoria; pero hay muchísimos más como Pío Baroja, Luis Martín Santos, Juan Benet, Arthur C. Clarke, Isaac Asimov, y un larguísimo etcétera. 
Es por lo anterior por lo que nunca he dejado de manifestar cierta atención por las actividades y los asuntos de interés para los compañeros de ciencias entre los que cuento con algunos buenos amigos (Juan Luis, Juanjo, Pilar, Nieves, Mª Jesús, ...). 

La curiosidad  en mi opinión es esencial y ella es la que me lleva en ocasiones a leer páginas de divulgación científica en revistas populares o en -y aquí he de agradecérselo a Juan Luis, buen amigo y gran matemático- algún blog de contrastado nivel científico pero con vocación de llegar a profanos como yo. Me estoy refiriendo concretamente a los blogs que acoge la revista de "Investigación y Ciencia" que abarcan prácticamente todo el abanico científico (Astronomía, Física y Química, Matemáticas, Medicina, Neurociencia, etc.) y que para quienes les interese -¡os digo que es una publicación muy interesante!- dejo aquí el enlace y al final de esta entrada podéis ver la cabecera de su web.

Pues bien, fue a través de alguno de los artículos leídos en uno de estos blogs o en alguna revista en papel de divulgación científica que conocí "El tío Petros y la conjetura de Goldbach", una novela de 1992 escrita por el griego Apostolos Doxiadis que más tarde, en 1998, revisó y actualizó. 

Mentiría si dijera que me acerqué al relato de Doixadis movido sólo por curiosidad científica. No, para nada; al menos hubo dos motivaciones más: La primera sin lugar a dudas fue la situación actual de Grecia, el alboroto mediático que sus problemas económicos y políticos levantan me ha llevado a interesarme por escritores de nombre griego; la segunda razón, mi interés por la educación que siempre me acompaña.

Apostolos Doixadis es un griego nacido en Australia en 1953. Estudió matemáticas en la universidad de Columbia y en París. Ha escrito dos novelas de éxito internacional, la que aquí reseño y "Logicomix", una novela gráfica que apareció en 2009 escrita en colaboración con Christos Papadimitriou. Además ha hecho incursiones en el mundo del cine. Dos realizaciones suyas así lo acreditan, Underground Passage y Terirem, de las que -he de reconocerlo- no sé nada de nada.


El tío Petros y la conjetura de Goldbach
Sinopsis
Apartado de la vida social y familiar, el anciano tío Petros tiene dos aficiones: la jardinería y el ajedrez. Un día, por casualidad, su sobrino se entera de que Petros fue un niño prodigio de las matemáticas y un eminente profesor e investigador de esta disciplina en universidades alemanas y británicas. El lector descubrirá que durante años Petros Papachristos dedicó su vida a intentar resolver la conjetura de Goldbach, un problema en apariencia sencillo pero que durante dos siglos nadie ha conseguido dilucidar. 

Mi comentario
Estamos ante un auténtico best seller; un best seller peculiar pues no es muy habitual que el tema de los mismos sea la supuestamente 'aburrida' vida de un genio de las matemáticas. Sin embargo Doixadis consigue lo esencial en este tipo de libros: mantener viva nuestra atención. Y esto pese a que en un momento central la acumulación de referencias a procesos matemáticos y la abundancia de nombres ilustres de esta ciencia, al menos a mí llegaran a abrumarme un poco. Lo que desde luego consigue Doixadis es entretener y hacernos interesar por el arcano mundo de las matemáticas.

Pero no sólo es un libro sobre las matemáticas, "El tío Petros y la conjetura de Goldbach" es mucho más y eso explica que su lectura sea incluida como obligatoria por los profesores de variadas materias educativas como la filosofía, la psicología, la literatura, la ética, y, por supuestísimo, las matemáticas. En efecto es una novela en la que se plantean muchos asuntos interesantes. El principal, sin dudarlo, yo diría que es la necesidad de marcarse metas alcanzables en la vida. Así escuchamos cómo el padre le dice a su hijo, el narrador, cuando le habla a propósito del tío de este último:
"El secreto de la vida es fijarse siempre metas alcanzables. Pueden ser fáciles o difíciles, dependiendo de las circunstancias, tu carácter y aptitudes, pero ¡siempre deben ser al-can-za-bles!"
Goldbach, "El tío Petros y la conjetura de Goldbach"
En 1742, Goldbach planteó su famosa conjetura
Otro asunto importante deviene cuando nos planteamos por qué un hombre sabio e inteligente como Petros Papachristos, catedrático de matemáticas en Mucnich y colega de sabios de la disciplina tan importantes como "los ingleses G. H. Hardy y J. E. Littlewood y el extraordinario genio indio autodidacta Srinivasa Ramanujan. Los tres estaban en el Trinity College de Cambridge." (pág. 49), decidió embarcarse en una aventura matemática difícilísima. La razón no puede ser más griega, la hybrisEsa hybris que desde Sófocles -y aún antes quizás, pero de seguro hoy día aún presente en el pueblo griego- provoca que los hombres caigan una y otra vez en el desafío a los dioses (hoy los dioses parece que se llaman "Troika") y éstos les respondan con el castigo y la humillación
Su gran pecado fue el hybris, el orgullo desmedido. ¡Pretendía triunfar allí donde Euler y Gauss habían fracasado! (pág. 110). 
El genio matemático de Papachristos por orgullo y desmesura, ¡por hybris!, se quemará como Prometeo por intentar acercarse en exceso a la Verdad reservada exclusivamente a los dioses. En la novela se alude a matemáticos que tras dedicar varios años a esta ciencia decidieron abandonarla consagrando sus esfuerzos intelectuales a la teología ( Pascal y Newton, que cambiaron las matemáticas por la teología, pág. 116), o bien se vieron abocados a la locura ( El proverbial «matemático loco» estaba más cerca de la realidad que de la fantasía, pág. 116 ) como Georg Cantor, el padre de la teoría de conjuntos, que pasó los últimos años de su vida en un manicomio. Del mismo modo "Ramanujan, Hardy, Turing, Gödel y tantos otros fueron polillas locamente enamoradas de la luz brillante" (pág. 116) aunque tuvieron la suerte de no quemarse en ella.

Pero ¿por qué si tan peligrosa es la dedicación en cuerpo y alma a la Ciencia los hombres -los elegidos sólo, claro- se embarcan en ella? Sencillamente -se nos dice en la novela- porque la mayor felicidad, el mayor placer, la máxima satisfacción se alcanzan cuando se logra aunar los conceptos de Verdad y Belleza, algo que se atisba en la resolución y demostración de algún problema o teorema matemáticos. Este acercamiento sólo es análogo al que los poetas místicos refieren de sus encuentros con la divinidad o al del compositor que en su cabeza va dando forma a la música de las esferas. De ahí que la matemática pura se ponga en relación con la música o/y la poesía:
La amalgama de Verdad y Belleza revelada mediante la comprensión de un teorema importante no puede obtenerse mediante ninguna otra actividad humana, a menos que también la proporcione la mística (pág. 117)
De hecho, desde un punto de vista psicológico, el verdadero matemático se parece a un poeta o a un compositor musical; en otras palabras, a alguien preocupado por la creación de belleza y la búsqueda de armonía y perfección. Es el polo opuesto al hombre práctico, el ingeniero, el político. (pág. 20)
 Matemáticas, Blogs científicos, Universidad Autónoma de Madrid

Final
La novela es una excelente obra divulgativa de una de las ciencias más temidas por los estudiantes. Sirve para hacer un repaso de los principales nombres de matemáticos ilustres desde Eratóstenes o Euclides hasta Kurt Gödel o André Weil. Para profanos como yo hay algún párrafo que resulta muy esclarecedor sobre esta disciplina:
Las matemáticas son como un árbol con raíces firmes «los axiomas», un tronco fuerte «la demostración rigurosa» y ramas que crecen constantemente y dan flores maravillosas «los teoremas». Los modernos matemáticos, geómetras, teóricos de números, algebristas y los más recientes analistas, topólogos, geómetras algebraicos, teóricos de grupos, etcétera, los practicantes de todas las nuevas disciplinas que continúan emergiendo en nuestros días (ramas nuevas del mismo y viejo árbol) nunca se han desviado del camino del gran pionero: axiomas, pruebas rigurosas, teoremas. (pág. 81).
Por último son muchos los mensajes educativos que se pueden entresacar de este texto cuya funcionalidad esencial en mi opinión es esa. He aquí algunos de ellos: 

    • «El secreto de la vida, hijo mío, es fijarse metas alcanzables.»
    • ¡La verdad no siempre es demostrable!
    • «estreñimiento intelectual de la vejez»
    • confíe. Comience a compartir, intercambie ideas, amigo.

Para concluir me permitiría hacer una recomendación: ahora que el nuevo curso está a punto de comenzar y muchos profesores están/-áis buscando lecturas escolares, creo que esta novela  podría ser una buena elección, en especial para alumnos de bachillerato, en materias como las matemáticas, la psicología, o la filosofía; no tanto para literatura.

¿Conocéis otros títulos educativos semejantes a éste? ¿Sí? ¿Cuáles?