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11 ago 2020

Juan Marsé. "Caligrafía de los sueños"

9 comentarios:

"Lo poco que le retiene aquí es lo mucho que echa en falta. Cada vez que levanta la vista del libro se siente fuera de lugar, desplazado por un imprevisto golpe del destino, y ese sentimiento de desarraigo es más patente cuanto más cavila sobre su fortuito origen familiar." (p. 223, cap. 10: ‘Caligrafía de los sueños’)

Hay personas que, pese a no conocerlas personalmente, cuando desaparecen definitivamente dejan un vacío grande en nuestros corazones. Es lo que me ha sucedido con el fallecimiento de Juan Marsé el pasado 18 de julio de este año. Su literatura ha acompañado mi vida desde muy temprano. Recuerdo ahora mismo el regalo que un hermano mío me hiciera con motivo de un cumpleaños (el 18º o 19º de mi existencia, no más): se trataba de un librito de pastas azules con letras en blanco y de titulo un tanto extraño, "Encerrados con un solo juguete". Estuvo durmiendo unos años en casa hasta que un día lo abrí y descubrí a un autor nuevo que en ese volumen experimentaba con las formas narrativas. Aunque la obra en sí no fue totalmente de mi agrado sí que el nombre de quien la había escrito se me quedó grabado. Fue así como comencé a leer un buen número de novelas de este autor y a seguir con especial deleite algunas de las muchas adaptaciones cinematográficas que se han hecho de un buen número de ellas.

Si no recuerdo mal, de Juan Marsé he leído, además de "Encerrados con un solo juguete" (1960), 
Novela autobiográfica, novela de aprendizaje
"Últimas tardes con Teresa" (Premio Biblioteca Breve, 1966) [tengo reseña hecha en este blog], "La chica de las bragas de oro" (Premio Planeta 1978), "El embrujo de Shanghai" (1993), "La oscura historia de la prima Montse" (1970) y "Esa puta tan distinguida" (2016) [tengo reseña hecha en este blog]. No son muchas desde luego, pero creo que sí que me dieron una adecuada perspectiva de la inmensa altura de este catalán nacido en Barcelona en 1933.  En cuanto a adaptaciones cinematográficas he visto en pantalla "Últimas tardes con Teresa" (del director Gonzalo Herralde, 1984), "La muchacha de las bragas de oro" (de Vicente Aranda, 1980) y "El embrujo de Shanghai" (dirigida por Fernando Trueba en 2002). Seguramente alguna más como "Si te dicen que caí" (Vicente Aranda, 1989) pero no lo puedo afirmar con rotundidad. 

Al morir Juan Marsé, toda España dedicó a su figura minutos televisivos y páginas en los principales periódicos. Tras leer y escuchar los panegíricos que le dedicaron quise leer la que se considera su novela más autobiográfica, "Caligrafía de los sueños". Es lo que he hecho durante estos días veraniegos de finales de julio e inicios de agosto y he de confesar, así sin más, que la novela en cuestión, publicada en 2011, me ha gustado mucho.

"Caligrafía de los sueños"

Resumen y sinópsis (tomado de la contraportada de la novela)
A mediados de los cuarenta, Ringo es un chaval de quince años que pasa las horas muertas en el bar de la señora Paquita, moviendo los dedos sobre la mesa, como si repasara las lecciones de piano que su familia ya no puede pagarle. En esa taberna del barrio de Gracia, es testigo de la historia de amor entre Vicky Mir y el señor Alonso: ella, una mujer entrada en años y en carnes, masajista de profesión, ingenua y enamoradiza; él, un cincuentón apuesto que empezó frecuentando a la mujer para curarse de una lesión en el pie y ha acabado instalándose en su casa. Allí viven junto a Violeta, la hija de la señora Mir, hasta que sucede algo inesperado: un domingo por la tarde, Vicky se echa a las vías de un tranvía intentando un suicidio imposible y patético, mientras el señor Alonso desaparece para no volver. Lo único que queda de él es una carta que prometió escribir y que Vicky estará esperando y deseando hasta la locura, mientras Violeta mueve sus espléndidas caderas por el barrio, hosca e indiferente a los halagos.

La vida entera discurre por el bar de la señora Paquita y bajo la mirada de Ringo, que ahora escucha, lee, y finalmente empezará a escribir las palabras de lo que será su primer relato. Un encuentro casual con el señor Alonso ligará para siempre la historia de los amantes con la de Ringo y con la triste caligrafía de toda una generación que alimentó sus sueños en los cines de periferia y en las calles grises de una ciudad donde el futuro parecía algo improbable.

Mi comentario
En la novela se suceden en sabia combinación una serie de cuadros o de estampas de sesgo muy costumbrista:  Barcelona. Los años 40. El racionamiento. De fondo, la represión. Las dificultades para sacar la familia adelante. Las ilusiones y fantasías infantiles. La escapada a través de los tebeos. La invención de 'aventis'. La adolescencia. Los primeros escarceos amorosos. La llamada del sexo; su urgencia mayor en unos (Quique) que en otros (el mismo Ringo). Las relaciones de vecindad. Las ilusiones y desilusiones de los mayores. Los bailes de los domingos. Las calles y los barrios: el Guinardó, el Carmelo, la Travesera de Salt, Paseo de Gracia, Barranco de las Flores... Los héroes novelescos y de los cómics casi más reales que la propia realidad. El Cine y los cines. Los artistas del celuloide. Los grandes personajes cinematográficos. Toda una época reflejada en la vida diaria de unos personajes populares, vitales, auténticos. Más que costumbrismo, realismo tierno, melancólico, incluso nostálgico, de un tiempo fenecido, irrecuperable ya... La vida en suma. 

Además de esta radiografía de un tiempo contemplado por el escritor desde la altura de los años, -la novela sale a la luz en 2011, dos años después de haber recibido Juan Marsé el premio Cervantes. Tiene en ese momento el novelista 79 años-. el autor rememora sus vivencias personales a través de Ringo, ese chiquillo que como él trabaja en una joyería y que se va abriendo a la vida real junto a sus amigos ("Están sentados en corro al estilo indio en la ladera sur de la Montaña Pelada, con los ojos al acecho y el oído atento, son el Chato Morales, Roger, los hermanos Cazorla, el Quique Pegamil, Julito y él mismo") y también a la literaria a través de su tremenda afición a la lectura que practica a todas horas en la taberna de la señora Paquita, afición que se ve acrecentada durante la convalecencia a que se ve obligado por la pérdida de un dedo de la mano mientras trabajaba en su ocupación de orfebre:
"La convalecencia, más larga de lo previsto, al liberarle del trabajo favorece las lecturas más caprichosas, diversas y disparejas. De Karl May a Balzac y a Dostoyevski, de Julio Verne a Edgar Wallace y a Papini, Zane Grey, Curzio Malaparte, Stefan Zweig y Knut Hamsun." (p. 137)
Estas lecturas avivan la imaginación del niño que se va haciendo hombre. Todo lo que vive y acontece lo pasa por el filtro de su desbordante fantasía. Asistimos en esta novela al nacimiento de la escritura en un ser humano, el propio Juan Marsé a través de Ringo, su alter ego. La vena artística presente desde el principio y desarrollándose poco a poco a golpe de observación, de recreación mental, de fantasía, de imaginación... Recuerdos, quizás, de su propia experiencia vital tanto en el terreno personal (su condición de niño adoptado) cuanto en el terreno profesional: el nacimiento del escritor.

Es frecuente en mí la expresión 'vive en un territorio llamado literatura' al hablar de algunos escritores, por así parecérmelo. Y sin duda en esta novela es más que apropiada tanto para el personaje de Ringo como para su referente real, el autor que en él se ficcionaliza. Cuanto realiza o ve el adolescente lo filtra a través de su imaginación. Así una gitanilla que ve en una taberna amamantando a su criatura es transfigurada por el novelista en ciernes intuyendo que le servirá en alguna de sus futurascreaciones literarias: " [...] se desplaza ligeramente en la barra para enmarcar correctamente la imagen, fijarla y grabar en la memoria lo que sabe ha de devenir inolvidable: la azarosa transfiguración de la belleza en el rostro de la muchacha, la cabeza ladeada con los labios entreabierta y los parpados cerrados, morados y pesados os, sus brazos de niña rodeando al bebé, la persistente dulzura y tensión de las manos sujetándole, el precario equilibrio de la silla.

La Barcelona de Juan Marsé, el Raval
La ciudad que habita -Barcelona-, el marco donde crece y se hace hombre este Ringo, la presenta el autor de modo magnífico: 
"Antes de alcanzar las Ramblas caen las primeras gotas. No hay tranvía ni metro a estas horas de la madrugada. Mejor, Ringo, a pata hasta casa bajo la promesa de la lluvia. Primero Ramblas arriba y luego cruzar la plaza de Cataluña desierta y espectral, subir por el paseo de Gracia y girar en la Diagonal hasta el paseo de San Juan, y de allí hasta la Travesera para volver a girar a la derecha y enfilar la calle Escorial. Al fondo de algunos portales emerge de entre las sombras la muchacha del espejo haciéndole señas, abriéndose la blusa. Lluvia en los zapatos. Nubes grises en la boca. El mensaje rosado en el bolsillo. A mí qué hostias me importa la dichosa carta. Por Escorial hacia arriba y todo recto, no te distraigas, a la derecha evito las sombras de la avenida del General Mola-Mulo-Mola, así es como lo llama el Matarratas." (p. 265)
Y en esta ciudad de los años 40 la lucha por la vida en forma de 'contrabandeo' económico y también político llevando de acá para allá (Francia) cartas y mensajes a los huidos de la represión franquista es practicado por algunos concienciados como Pep el Matarratas, el padre de Ringo, cuyas actividades son objeto de comentario por parte de sus vecinos:
"-¡Naranjas de la China, Blay! -exclama el señor Sucre-. Si te dedicas al contrabando y al estraperlo, y te pillan, te juzgarán por estraperlista y por contrabandista, es decir, por delincuente, por malhechor, no por otra cosa.
-Pero él es más que eso- dice el viejo Blay.
- Ya. Pero ese plus suele estar a cargo de los hombres de la frontera. Y él no es un hombre de la frontera. Es un hombre viajante de comercio, digamos. O sea, entre comillas." (p. 332)
Ringo es feliz cuando su padre le encarga entregar algo a alguien, pues mentalmente se transforma en alguno de los héroes de esos cómics que siempre lleva consigo. Pero al tiempo no entiende a Pep cuando quemando documentos y libros comprometedores ve que entre ellos va una novela sobre Bill Barnes, el héroe de la aviación. Ringo se lamenta y recrimina a su padre tal acción. Pero luego en su imaginación ve al aviador remontar el vuelo y saludarle alegre con la mano. La literatura es lo que siempre lo salva y lo salvará.

Final
Novela magnífica por el asunto, la manera de presentarlo, los personajes populares auténticos, las ilusiones que hacen vivible la dura existencia, la veracidad del lenguaje manejado (“ir de burilla" referido a ir de fiesta, de fulanas, echar una canita al aire;  “¡Nunca vendrán, hostia! ¿No ves que no pintamos nada, hombre, no ves que somos el culo del mundo?”, dice Pep hablando con Batalla el acomodador del Cine Plaza (antes Maryland) sobre la ayuda de los aliados a la España vencida; o cuando con ingenuidad infantil los chicos viendo en el cine Delicias una película de el Zorro (Tyrone Power) escuchan de boca de uno de los personajes una alusión a la ciudad de Barcelona con lo que entienden que si en Hollywood saben que esta ciudad existe entonces no somos el culo del mundo dado que el capitán  Esteban Pasquale (Basil Rathbone)¡Por algo fue profesor de esgrima en Barcelona!.

Autores catalanes castellanoparlantes

No sirve de nada hacerlo, lo sé, pero ahora lamento no haberla leído antes. De todas maneras se haga cuando se haga siempre es una auténtica gozada leer a un maestro. Juan Marsé lo era en vida y seguirá siéndolo eternamente porque desde hace ya años forma parte de la historia eterna e inmortal de la literatura española.

20 mar 2017

El poeta Ángel González en el Día de la Poesía

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"Aun sin ambiciones de transformar el mundo, con la más modesta pretensión de clarificarlo (o de borrarlo), la poesía confirma o modifica nuestra percepción de las cosas, lo que equivale, en cierto modo, a confirmar o modificar las cosas mismas"
(Ángel González, 1925-2008)


Todos los días es el Día de alguna cosa. Está claro que todos los días hay que dar algún aviso, algún aldabonazo, que sirva para rebullir la quietud del paso igual y sucesivo del tiempo. De manera muy tópica, muy convencional, alguien, no sé quién o quiénes, (el Google-que-todo-lo-sabe dice que fué la Unesco en 1999) decidieron que el 21 de marzo, -equinoccio de Primavera, tópico tema poético que lleva al amor, a cantar a la vida, a decir sugiriendo aquello que cuesta contar-, fuese una fecha en la que el Mundo se fijase en esta actividad humana que dentro de una sociedad materialista es un reducto de resistencia al mercantilismo y consumismo desenfrenados.

Yo quiero celebrar esta fecha a través de los poemas del ovetense Ángel González, un poeta que desde mis años universitarios me ha acompañado. Su obra "Palabra sobre palabra", que desde la edición de 1972 incluye "toda su poesía escrita hasta hoy" según reza el cintillo que acompaña a las sucesivas reediciones del volumen, la adquirí por entonces y siempre sus poemas han sido puerto en que he recalado con frecuencia. Curiosamente estas Navidades, de manera algo alambicada que no voy a explicar aquí, llegó a mis manos "Poemas", la primera antología hecha a partir de una selección hecha por el propio autor, publicada por vez primera en 1980, si bien la que tengo sobre la mesa es la 13ª edición de la misma aparecida en 2007, tan sólo un año antes del fallecimiento en Madrid del poeta que por entonces contaba con 82 años. 

El libro "Poemas", aparte de los versos elegidos por el propio poeta, tiene un interés añadido: la introducción redactada por el escritor que, con sinceridad y didáctica propia del profesor que fue en la Universidad de Nuevo México  en Albuquerque desde 1970 hasta su jubilación en 1995, desmenuza su labor poética desde la aparición en 1956 de su primer obra, "Áspero mundo", hasta, en la edición que yo manejo, "Deixis en fantasma" del año 1992.  

Entre esas dos fechas Angel González, en esa introducción habla de etapas y tendencias en su poesía: La primera etapa se inicia con poemas muy influidos por sus lecturas juveniles de Góngora, Juan Ramón, Machado, Lorca, Alberti..., poetas que le agradaban pero que nada tenían que ver con su propia experiencia vital; luego pasaría a entusiasmarse con los versos de poetas como César Vallejo, Juan de Leceta (seudónimo de Gabriel Celaya), Blas de Otero, José Hierro y otros que enlazan más con su propio contexto y que le introducen en una poesía existencial que pronto se haría social. Es lo que se ve en "Áspero mundo" donde hay poemas de ambos tipos:
[Poemas de corte existencial]
VOZ QUE SOLEDAD SONANDO

Voz que soledad sonando
por todo el ámbito asola,
de tan triste, de tan sola,
todo lo que va tocando.

Así es mi voz cuando digo
de tan solo, de tan triste
mi lamento, que persiste
bajo el cielo y sobre el trigo.

¿Qué es eso que va volando?
Sólo soledad sonando.

JARDÍN
¿Qué interroga
el girasol más alto sobre
las rosas?
¡Mudo
espanto del jazmín! Las ampulosas
dalias retuercen su violenta
envidia. Una begonia
extiende al sol la palma verde
de su mano. Viva, ojerosa
flor: el pensamiento.
Pero tú cortas
un clavel.
Los alhelíes
recobraron su aroma.
[Poema que tiende ya a lo social]
PARA QUE YO ME LLAME ÁNGEL GONZÁLEZ

Para que yo me llame Ángel González
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo el mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento...

En 1961 pasa de la tendencia socio-individualista percibida en "Para que yo me llame Ángel González" a una más histórica. Aparecen en su libro "Sin esperanza, con convencimiento" (1961) poemas que hablan de la guerra civil que, como otros poetas de su misma edad, vivió en su niñez. De ahí que estos poetas nacidos en la segunda parte de los años veinte sean agrupados bajo el rótulo de "niños de la guerra". Son poemas como el titulado "El campo de batalla":
Hoy voy a describir el campo
de batalla
tal como yo lo vi, una vez decidida
la suerte de los hombres que lucharon
muchos hasta morir,
otros
hasta seguir viviendo todavía.

No hubo elección:
murió quien pudo,
quien no pudo morir continuó andando,
los árboles nevaban lentos frutos;
era verano, invierno, todo un año
o más quizá, era la vida
entera
aquel enorme día de combate.

Por el Oeste el viento traía sangre,
por el Este la tierra era ceniza,
el Norte entero estaba
bloqueado
por alambradas secas y por gritos,
y únicamente el Sur,
tan sólo
el Sur,
se ofrecía ancho y libre a nuestros ojos.

Pero el Sur no existía:
ni agua, ni luz, ni sombra, ni ceniza
llenaban su oquedad, su hondo vacío:
el Sur era un inmenso precipicio,
un abismo sin fin de donde,
lentos,
los poderosos buitres ascendían.
Nadie escuchó la voz del capitán
Nadie enterró a los muertos.
Nadie dijo:
"dale a mi novia esto si la encuentras
un día"

Tan sólo alguien remató a un caballo
que, con el vientre abierto,
agonizante,
llenaba con su espanto el aire en sombra:
el aire que la noche amenazaba.

Quietos, pegados a la dura
tierra,
cogidos entre el pánico y la nada,
los hombres esperaban el momento
último,
sin oponerse ya,
sin rebeldía.

Algunos se murieron,
como dije,
y los demás, tendidos, derribados,
pegados a la tierra en paz al fin,
esperan
ya no sé qué
-quizá que alguien les diga:
"amigos, podéis iros, el combate..."

Entre tanto,
es verano otra vez,
y crece el trigo
en el que fue ancho campo de batalla.
A partir de este momento entra en su poesía el componente irónico, que será una de las señas de identidad del poeta asturiano. Pero también otros asuntos como el Amor o el tema del tiempo que tratado irónicamente estalla en "Ayer", otro poema de este libro:
Ayer fue miércoles toda la mañana.
Por la tarde cambió:
se puso casi lunes,
la tristeza invadió los corazones
y hubo un claro
movimiento de pánico hacia los
tranvías
que llevan los bañistas hasta el río.

A eso de las siete cruzó el cielo
una lenta avioneta, y ni los niños
la miraron.
Se desató
el frío,
alguien salió a la calle con sombrero,
ayer, y todo el día
fue igual,
ya veis
qué divertido,
ayer y siempre ayer y así hasta ahora,
continuamente andando por las calles
gente desconocida,
o bien dentro de casa merendando
pan y café con leche, ¡qué
alegría!

La noche vino pronto y se encendieron
amarillos cálidos faroles,
y nadie pudo
impedir que al final amaneciese
el día de hoy,
tan parecido
pero
¡tan diferente en luces y aroma!

Por eso mismo,
porque es como os digo
dejadme que os hable
de ayer, una vez más
de ayer: el día
incomparable que ya nadie nunca
volverá a ver jamás sobre la tierra.

Generación poética del 50, Poesía del Conocimiento, Poesía de la ExperienciaLos tres libros siguientes   inciden sobre los temas ya tratados en "Sin esperanza, con convencimiento": "Grado elemental" (1962) se centra más en temas políticos"Palabra sobre palabra" (1965) exclusivamente en asuntos amorosos; y en "Tratado de urbanismo" (1967) se funden la Historia con la historia individual del poeta. Este último libro, en opinión del poeta marca el final de una actitud -o etapa- y el nacimiento de otra que nace del convencimiento de la "inutilidad de todas las palabras" pues ellas no han conseguido el cambio, deseado con esperanza primero y entendido como imposible, después. El poema "PREÁMBULO A UN SILENCIO" es muy clarificador al respecto:
Porque se tiene conciencia de la inutilidad de tantas cosas
a veces uno se sienta tranquilamente a la sombra de un árbol
en verano
y se calla.

(? ¿Dije tranquilamente? falso, falso:
uno se sienta inquieto, haciendo extraños gestos,
pisoteando las hojas abatidas
por la furia de un otoño sombrío,
destrozando con los dedos el cartón inocente de una caja de fósforos,
mordiendo injustamente las uñas de esos dedos,
escupiendo en los charcos invernales,
golpeando con el puño cerrado la piel rugosa de las casas
que permanecen indiferentes al paso de la primavera
una primavera urbana que asoma con timidez los flecos
de sus cabellos verdes allá arriba,
detrás del zinc oscuro de los canalones,
levemente arraigada a la materia efímera de las tejas a
punto de ser de polvo.)

Eso es cierto, tan cierto
como que tengo un nombre con alas celestiales,
arcangélico nombre que a nada corresponde:
Ángel
me dicen
y yo me levanto
disciplinado y recto
con las alas mordidas
quiero decir: las uñas
y sonrío y me callo porque, en último extremo,
uno tiene conciencia
de la inutilidad de todas las palabras.
Los tres libros siguientes -"Breves acotaciones para una biografía" (1969), "Procedimientos narrativos" (1972) y "Muestra, corregida y aumentada, de algunos procedimientos narrativos y de lasa actitudes sentimentales que habitual,mente comportan" (1976) - completan esta segunda actitud del que en el momento de publicar por vez primera esta antología personal en 1980 Angel González entendía era su itinerario poético al que, afortunadamente para nosotros, aún faltaban más de 20 años para completarse.

En estos tres libros y los que le siguen y forman parte de esta edición de 1992 hay un marcado tono paródico  ("Oda a la noche" por ejemplo), de manipulación del lenguaje que es llevado hasta el chiste ("Eso era amor"), tratamiento poético (o antipoético, según se mire) muy del gusto del poeta, prestando incluso, en algunos poemas, más atención al contenido que a la forma ("Carta"), aunque sin perder jamás el nivel y exigencia poéticos como se percibe en "Pétalo a pétalo" o "Canción triste de amigo". He aquí esos poemas:
ODA A LA NOCHE

Noche estrellada en aceptable uso,
con pálidos reflejos y opacidad lustrosa,
vieja chistera inútil en los tiempos que corren
como escuálidos galgos sobre el mundo,
definitivamente eres un lujo
que ha pasado de moda.
Tras la fría superficie de las calles de luna,
el alcanfor del sueño conserva en el armario
de la ciudad oscura a los que duermen
y no te verán nunca.
Yo, sin embargo, te llevo en la cabeza,
vieja noche de copa,
y cuando vuelvo a casa sorteando
imprevisibles gatos y farolas,
te levanto en un gesto final ceremonioso
dedicado a tus brillos y a mi sombra,
y te dejo colgada allá en lo alto
—¡hasta mañana, noche!—,
negra, deshabitada, misteriosa.


ESO ERA AMOR

Le comenté:
–Me entusiasman tus ojos.
Y ella dijo:
–¿Te gustan solos o con rímel?
–Grandes,
respondí sin dudar.
Y también sin dudar
me los dejó en un plato y se fue a tientas.


"CARTA"

Amor mío:
el tiempo turbulento pasó por mi corazón,
igual que, durante una tormenta, un río pasa bajo un
puente:
rumoroso, incesante, lleva lejos
hojas y peces muertos,
fragmentos desteñidos del paisaje,
agonizantes restos de la vida.


Ahora,
todo ya aguas abajo
-luz distinta y silencio-,
quedan sólo los ecos de aquél fragor distante,
y tu imagen entera, inconmovible,
tercamente aferrada
-como la rama grande
que el viento desgajó de un viejo tronco-
a la borrosa orilla de mi vida.


PÉTALO A PÉTALO

Pétalo a pétalo, memorizó la rosa.

Pensó tanto en la rosa,
la aspiró tantas veces en su ensueño,
que cuando vio una rosa verdadera
le dijo,
desdeñoso,
volviéndole la espalda:

-mentirosa.


CANCIÓN TRISTE DE AMIGO

Si nuestro reino no fue de este mundo,
y sabemos de cierto que no hay otro,
dime lo que nos queda,
amigo,
dime lo que nos queda.

Ni siquiera deseos, ni siquiera esperanza;
un confuso montón de sueños negros,
eso es lo que nos queda,
amigo,
un confuso montón sólo de sueños.

Cada vez más pequeño.
Ya cabe en un pañuelo, igual que el llanto.
Pero cómo nos pesa,
amigo,
pero cómo nos pesa.

Más cuanto menos.
¡¡Feliz 21 de marzo, Día de la Poesía!!