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29 dic 2022

Tres hermanas. Obra de Anton Chéjov

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Las tres hermanas, Tres hermanas, Tío Vania, La Gaviota, El jardín de los cerezos
Calificar el teatro de Anton Chéjov es siempre un gran atrevimiento. ¿Se le puede dar algo menos que la nota máxima? Pienso que no; pero puestos a ello, examinando en mi cabeza las obras del gran autor ruso, me refiero a sus cuatro grandes títulos: Tio Vania, El jardín de los cerezos, La gaviota, y ésta, es evidente -hablo por mí, naturalmente- que "Tres hermanas" o "Las tres hermanas", que de las dos maneras, con artículo y sin él, aparece la obra, es la que menos popularidad ha alcanzado.

¿Quiere esto decir que es una obra deficiente o mala? Para nada. Ponerse a enjuiciar a un gran maestro del drama -quasi reinventor del mismo, como es Chéjov- no es pequeño atrevimiento. Tres hermanas es una magnífica pieza de corte realista naturalista que muestra un fresco de la burguesía rusa de finales del siglo XIX representada en las tres hermanas Prozorov: Masha, Olga e Irina. Las tres están bajo la férula de varones. Olga e Irina están solteras y aspiran a encontrar marido entre alguno de los jóvenes militares del destacamento que ha llegado a la aldea y que acuden a visitarlas a la casa familiar. Sólo Masha parece haber cumplido su destino como mujer al estar casada, pero su marido no es más que un pobre y mediocre maestro que no le sirve para dar ningún salto social y que tampoco la satisface íntimamente.

El lugar en la sociedad que ocupan las mujeres y la posibilidad de realizarse como personas es lo que en el fondo plantea Anton Chéjov. El pesimismo y la desilusión se abate sobre estas tres mujeres cuando ven marchar de la pequeña localidad al destacamento militar sin que ninguna de ellas haya podido hacer realidad su deseo. Así Olga se habrá de conformar con ser directora de la pequeña escuela del lugar, la pequeña Irina tendrá que aceptar el matrimonio con un barón al que ella no ama, y Masha, la mayor, quitarse los pájaros que tiene en la cabeza de romances y aventuras con guapos militares y conformarse con su vida junto al maestro mediocre con quien en matrimonio concertado se casó cuando sólo contaba 18 años.

Juan Pastor, Anton Chéjov, María Pastor
Pero ¿por qué les sucede esto a estas tres hermanas? Pues sencillamente porque mientras vivió el padre ellas tuvieron vida y tono social, pero al morir éste todo pasó por ley a manos del hermano Andréi. Andréi es jugador, está casado con Natasha y tienen hijos. Su necesidad de dinero, por su ludopatía, y la enemistad existente entre su mujer y las hermanas hará que éstas se vean obligadas a abandonar la casa paterna que ahora por ley ya no les pertenece.

Decadencia, pues, de una clase burguesa, empobrecimiento de esta burguesía venida a menos, cambio de época, necesidad de la mujer de buscarse medios propios y honestos de supervivencia fuera del matrimonio... Todo esto y más se plantea en Tres hermanas drama que Anton Chéjov publicó en 1901 y que desde entonces se ha representado en muchas ocasiones. Hoy, de las cuatro obras cimeras del dramaturgo ruso, Las tres hermanas es, quizás, la más actual, al plantear al desnudo la necesidad de la mujer de ganar por sí misma su independencia como persona.

En enero de 2016 la compañía Guindalera la representó en los Teatros del Canal. En el video siguiente María Pastor dialoga con el crítico teatral Emilio Martínez sobre esta puesta en escena. El reparto de Tres hermanas en este montaje teatral estaba formado por Victoria Dal Vera (Olga), María Pastor (Masha), Ariana Martínez (Irina), Raúl Fernández (Andrei), Susana Hernáiz (Natasha), Juan Pastor (Chebutikin) , José Bustos (Tusenbach), José Troncoso (Soliony), José Maya (Kuliguin), Carles Moreu (Vershinin) y Aurora Herrero (Anfisa).


Nota:
Tres hermanas de Anton Chéjov me sirve para añadir un título más al Reto Nos gustan los clásicos que así queda definitivamente completado; también es el escritor que coloco en la grafía 'CH' en el Reto Autores de la A a la Z, reto que con este título y el de Claudia Piñeiro que añadiré pasado mañana queda asimismo felizmente completado.

17 abr 2022

Maxim Ósipov: "Piedra, papel, tijera". La Rusia de hoy

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«—Es asombroso, pero todo se repite. Mis preocupaciones de hace unos treinta años son exactamente las mismas que las de ahora: 1) no ensuciarte, no envilecerte, 2) no ir a parar entre rejas y 3) no dejar pasar la oportunidad cuando llegue la hora de partir para siempre. Y sigo teniendo esa eterna esperanza, ese espejismo: el de que de pronto me despierte y toda esta pesadilla haya terminado.» (cuento Sventa, escrito en enero de 2017)

Libros del Asteroide, Literatura rusa actual, Rusia
Sigo con los rusos. En esta ocasión de la mano de unas narraciones de un autor contemporáneo de 59 años, Maxim Ósipov. Son diez relatos publicados bajo el título de uno de ellos, "Piedra, papel, tijera". La impresión de lectura es muy favorable. Me han gustado especialmente porque muestran la Rusia real de hoy día. Los relatos están fechados entre 2011, los más antiguos, y 2017 los más recientes. Me ha dado la sensación de que en todos ellos se respira una denuncia del sistema socio-político más y más acerada según que los relatos se acercan a nuestro hoy. Otra primera sensación es la del deseo mayoritario en los personajes de los mismos -la mayoría pertenecen a la clase media y están dedicados a actividades artísticas (música, danza...), o son profesores, escritores, guionistas de cine, licenciados en matemáticas, expertos en finanzas...- de abandonar el país. Los menos cualificados, que emigraron antes y ahora retornan, poseen menor formación sin duda alguna.

En muchos relatos se percibe cómo conviven juntas en la sociedad rusa de hoy una cierta nostalgia por la desaparición del antiguo mundo de la URSS y la plena adopción del capitalismo desaforado en que una parte del país cayó a partir de 1989. El cambio de un sistema a otro realizado sin fase de transición dulce o tranquila es algo que también resuena en estos escritos de Ósipov.

El escritor
Maxim Ósipov es un moscovita de 59 años. Médico por la universidad de Moscú, en 1990 trabajó como  investigador en la Universidad de California  (San Francisco). Es, pues, conocedor cualificado de la vida fuera de Rusia a donde regresó y donde ejerce la medicina desde entonces. Ha escrito libros sobre cardiología clínica y es el fundador de una editorial especializada en medicina, música y teología. Desde 2005 vive en Tarusa, una localidad a 101 kilómetros de Moscú. Allí ejerce la medicina y escribe relatos por los que en su país ha alcanzado múltiples reconocimientos. En opinión de Patricio Pron (Babelia de 12 de febrero de 2022) con Anton Chéjov «Ósipov no sólo comparte la práctica del adulterio (“la medicina es mi esposa legal; la literatura, sólo mi amante”, afirmó el autor de La dama del perrito), sino también un interés por las vidas “corrientes” de sus compatriotas: maestros de escuela, sacerdotes que tal vez nunca hayan creído, delincuentes comunes, niños, intelectuales acabados, cantantes líricas, pequeños y astutos empresarios y políticos corruptos, porteros».
Su dedicación a la escritura de ficción y de no ficción (textos científicos especialmente) la dio a conocer a partir de 2007. Antes de esta colección de relatos en España apareció, publicado por Club Editor en 2015, su colección de relatos titulada "El grito del ave doméstica".

Preguntado el escritor sobre el motivo por el que reside en Rusia pudiendo vivir como su hija violinista fuera de ella responde que «Fuera de Rusia perdería la comprensión de la vida que me rodea y que tan importante es para mí a la hora de escribir. Supondría también abandonar mi profesión de médico y no es algo que desee hacer». Otra frase suya que leo ahora y que me confirma en el deseo que tuve de leer lo acaecido en Rusia hace 200 años cuando el país luchó contra la invasión napoleónica es la siguiente: «En mi país circula una frase que es mía pero que se le ha atribuido falsamente a un autor del XIX: en diez años Rusia puede cambiar completamente, pero en 200 no cambia nada». Gran verdad que he comprobado por mí mismo con la lectura de "Guerra y paz" de Lev Tolstói, novela reseñada por mí hace pocos días.


Los cuentos
El médico Ósipov me ha recordado vagamente al escritor francés Georges Bernanos, el autor de "Diario de un cura de aldea"; me lo ha recordado no por la religiosidad trágica del francés, no, sino por la ubicación lejos del cosmopolitismo capitalino del escritor moscovita. Desde Tarusa, una pequeña ciudad de provincias inmersa en el mundo rural, en la que su bisabuelo, médico como él se construyera una dacha cuando Stalin le permitió regresar del destierro en Siberia por la falsa acusación de haber intentado asesinar a  Máximo Gorki, es desde donde Ósipov lanza una mirada crítica sobre su país, sus gentes y el momento que vive -o estaba viviendo- Rusia casi 30 años después de la desmembración de la antigua URSS.

Esta colección de relatos fueron conocidos fuera de Rusia en abril de 2019 cuando aparecieron, traducidos al inglés, con el título del segundo de ellos: Piedra, papel, tijera. En España ha sido la editorial Libros del Acantilado la que en enero de este año 2022 los ha sacado traducidos al español por  Ricardo San Vicente.

Como ya he dicho en la breve nota biográfica sobre Maxim Ósipov al hablar de la editorial que fundó, la música está entre las preferencias del escritor. Es con ella con la que cuando habla de sus cuentos encuentra más similitudes. En una entrevista concedida en 2019 a Los Ángeles Review of Books dice el escritor: 
«No soy el primero en observar que la música es la mejor maestra de composición en cualquier arte, incluida la escritura. Hay muchas similitudes entre los cuentos y las sonatas musicales. Ambos duran entre 15 y 40 minutos. "Hacen que nada suceda", como dijo Auden de la poesía. Cuando escuchamos una sonata por primera vez, el propósito es decidir si queremos volver a escucharlo o no. Lo mismo debería ocurrir cuando lees un cuento».
Yo, tras leer con sumo gusto los diez relatos de esta colección, no puedo estar más de acuerdo con sus palabras.

Me interesé por la lectura de este escritor, que me era totalmente desconocido, a raíz de las reseñas que sobre la publicación de estos cuentos aparecieron en diversas revistas literarias que frecuento; concretamente creo recordar que fue en "La lectura", la nueva publicación que el diario El Mundo saca como suplemento los viernes en sustitución de la anterior, El Cultural, ahora en manos del diario El Español. Fue ahí donde el reseñador de turno comentaba el interés de estos relatos breves especialmente por la mostración que en ellos se hacía de la Rusia actual, de la Rusia de hoy mismo. El asunto me interesó muchísimo habida cuenta de la Operación Militar Especial (¡¡vivan los eufemismos!!) que el régimen de Putin acababa o se encontraba en puertas de desatar contra Ucrania.

¿Ha cumplido esta lectura con mis expectativas? Pues he de confesar que las ha satisfecho sobradamente. Creo que desde la enorme distancia geográfica y ahora mismo mental que me separa de Rusia he podido penetrar algo en el pensamiento del común habitante de la Federación Rusa. Digo del común más que nada porque los personajes que se mueven por los cuentos de Maxim Ósipov son seres muy reconocibles: maestros como Yevgueni Lvóvich, que lo es de Historia, o Rafael, de Música, en el cuento Un hombre del Renacimientoel pope Sergui y su mujer, la popesa Marina, en el poético relato Cual ola del mar; dos jóvenes emigrantes a USA, Aliosha y su mujer Surochka, él sale de Rusia para evitar ir a la guerra de Afganistán (relato Cape Cod); los médicos Víktor, ya entrado en años, y Edik, mucho más joven que no puede por menos que reír cuando escucha al colega de más edad la expresión «la clase obrera»: «Pensaba que la clase obrera sólo existía en los libros» -le dice  Edik Viktor- en el cuento El complejo; profesores diversos como Andrei que lo es de guion cinematográfico (Fantasía), o Lyova, profesora e intérprete de música (El amigo polaco); y también personas sin cualificar como Tamerlán, tártaro trabajador de una papelera (El complejo), o Anatoli Ivanovich, capataz de una obra en construcción, en Un hombre del Renacimiento. Como se ve y es natural, dada la profesión y dedicaciones de Ósipov, abundan los escritores, las actrices, los médicos, y así.

Narrativa rusa de hoy, Putin y los escritores rusos actuales
Sí ya el abanico de personajes es significativo para comprender a los rusos de hoy, los asuntos que se plantean en estos cuentos son por demás elocuentes. Uno que quizás sea el que más me ha llamado la atención es el del choque ideológico generacional que se percibe en muchos de los relatos. Muchos personajes, los de mayor edad y otros no tan mayores, añoran el pasado, y los hay que hasta equiparan para sorpresa de algún otro -no muchos en realidad- la relación de continuidad URSS - Federación Rusa:
«—Es un film innegablemente antirruso —sentencia de pronto la hermosa Lidia.
Él sonríe:
—¿Puede que antisoviético?
La pequeña frente se recoge en pliegues:
—Es lo mismo, es exactamente igual.
No, a él no se lo parece. Hay diferencias.» (Cuento Fantasía de 2017)

 La sensación de ser unos elegidos, de tener una relación de continuidad con sus ancestros, de poseer una grandeza que hoy, dicen los nostálgicos, les quieren arrebatar es perceptible muchas veces y a mí me sirve para entender -que no justificar- el comportamiento agresivo de Rusia: 

«—Cualquiera que levante la mano contra nuestro… como lo diría… en una palabra, contra nuestro orden, ¡recibirá su merecido! —Y suelta un golpetazo contra la mesilla: ¡zas!—. Tú y yo les haremos ver que los nuestros, nuestros padres y abuelos, defendieron nuestra tierra. ¡De los alemanes! ¡De los franceses! —Se para a pensar—. ¡Y de los malditos polacos!» (dice Ksenia en  el cuento Piedra, papel, tijera. Ksenia es una mujer nostálgica de la URSS que con su marido enfermo del corazón tiene una cantina en la que trabaja Roxana una tayika muy formada intelectualmente pero a la que por etnia y religión los rusos de este cuento tienen marginada)

El contraste ayer-hoy es clarísimo en las frecuentes alusiones que existen hacia la religión y el cambio en el comportamiento de los dirigentes políticos respecto a ella

«—¿Qué nos dijeron que teníamos que creer? Que después de la muerte no hay nada. En cambio ahora hasta las más altas personalidades están allí con sus velas, persignándose.» (Piedra, papel, tijera)

Los descreídos, muchos de ellos con cargos en el país de antaño, sin embargo ahora visitan los Monasterios y realizan peticiones como las que figuran escritas en los muros del de Novodévichi y que aparecen en Un hombre del Renacimiento:

  • «Madrecita Sofía, ayúdame a comprar un piso más barato y ya reformado. Y con todos los papeles en regla
  • «Ayuda a Anna a recuperar la salud y haz que regrese conmigo para siempre
  • «Ayúdame a olvidar a Vlad»

Desde el punto de vista socio-político los personajes comunes que habitan en estos relatos reflexionan con frecuencia sobre el país que habitan al que no le ven demasiado futuro:

«No parece que a nuestra patria actual, heredera de aquella en la que nacieron Liova y Yasha y Katia y Dódik, le espere una larga vida: en su cuerpo hay un sinfín de grietas; se está descomponiendo, desmoronando. Aunque es posible que al final no pase nada. No hay que inventar nada: mejor que la historia se desarrolle por sí misma.» (El amigo polaco)

Un país constantemente en guerra.

«el país está en guerra, nadie quiere clases particulares. En 1992, el año anterior, hubo cien mil muertos: la cosa no está para bellas letras. Los enfrentados reciben el nombre de vóvchiki y yúrchiki. Su madre se lo explica: los yúrchiki son los comunistas, y se los llama así por —imagínate— Yuri Andrópov. Los apoyan los habitantes del distrito de Kulob, los de aquí del norte, los uzbekos y los rusos. Los vóvchiki proceden de la cordillera del Pamir y la región de Jarm, y son un movimiento prooccidental. ¿Prooccidental? ¿Y por qué los llaman vóvchiki, que es una palabra tan rusa? Lo lógico hubiera sido que los vóvchiki fueran los comunistas, ¿no? No, son vóvchiki: viene de «wahabitas». (Piedra, papel, tijera)

Quizás por esto la actual campaña contra Ucrania no sea motivo de especial preocupación para la ciudadanía salvo por el evidente empeoramiento de sus condiciones de vida a causa de las sanciones económicas de Occidente.

La aspiración de cualquier joven medianamente bien preparado es la de abandonar Rusia y marchar a Occidente. Alemania puede ser un buen lugar como se ve en el cuento En el Spree. En este relato Betty viaja a Berlín para ver si su hermana Elsa, enfadada con la familia desde hace muchos años, accediera a pedir la reunificación familiar en Alemania. Si tuviera ese gesto su padre, enfermo de cáncer de próstata, podría tratarse de su enfermedad allá. Él ansía esta petición pues al haber sido antiguo miembro del KGB no le está permitido viajar libremente a Europa.

«A los que formaron parte del Primer Directorio del KGB (sí, ese KGB), no les dejan viajar a Europa; de hecho, a ninguna parte. Es una prohibición bien pública. El padre soltó todo eso a toda prisa e incluso con tono displicente: eres una chica lista, deja de dártelas de que todo esto te ha sorprendido

Pero por encima de cualquier otro lugar es Estados Unidos el destino soñado. En el cuento Cape Cod la pareja formada por Shúrochka y Aliosha lo tienen meridianamente claro

«En Moscú se vive una intensa tensión social; es 1989 y la gente se está enterando de muchas y diversas verdades. De lo pequeño y privado, la atención se traslada a lo social y común. Hay que darse prisa y los dos, Shúrochka y Aliosha, unen sin esfuerzo sus destinos. Ni siquiera la cuestión de dónde han de vivir, si con los padres de Shúrochka o con el padre de Aliosha, es motivo de conflicto: tienen claro que donde hay que vivir es en los Estados Unidos de América. (Cape Cod

Entre otras razones para marchar a USA, los alistamientos obligatorios que en esos años se realizaban para combatir en Afganistán, empujaban a muchos jóvenes a emigrar pese a no tener formación suficiente como para triunfar en el país de destino. No es el caso de los protagonistas de Cape Cod, especialistas en Genética, ella, y en Petróleos y Gas, él. Con el paso de los años la pareja habrá triunfado en sus respectivos campos y hecho realidad su sueño: comprarse una casa en Cape Cod, lugar donde se conocieron e hicieron el amor por primera vez. Tienen un hijo, Leo. Son o deberían de ser felices. Pero como decía una vieja serie televisiva los problemas crecen y Leo les dará más de un quebradero de cabeza. Alguno de ellos es de tal índole que Aliosha que ahora ha americanizado su nombre se replantea muchas cosas:

« Ahora que Alex tiene mucho dinero y tiempo, y el cuerpo aún aguanta, cada vez se para más a pensar. ¿De qué es responsable cada persona, y de qué son responsables sus progenitores? Y si es responsable la persona, ¿ante quién?» (Cape Cod)

Muchos otros asuntos y peculiaridades de la vida actual en Rusia aparecen en estos diez estupendos relatos de Maxim Ósipov, cada uno de los cuales bien merecería reseña individualizada. Pero no sólo son los temas que se tocan lo que hace que la Literatura del escritor de Tarusa merezca mucho la pena. A mí especialmente me ha gustado mucho la manera de contar, el modo que tiene de iniciar sus escritos, la redondez que consigue dar a algunos de ellos como por ejemplo al titulado Cual ola de mar escrito en 2012 que está dotado de gran poeticidad, mucho humor y conforma una composición hermosamente cerrada. Otro tanto cabría decir del titulado El complejo.

Hay cuentos de cierta longitud estructurados en tres o cuatro apartados con los que logra transitar debidamente por espacios temporales más amplios. Es el caso de los titulados Cape Cod y Un hombre del Renacimiento. También me ha parecido muy interesante el ejercicio metaliterario que se percibe en algunos relatos como por ejemplo en Sventa, («Si quisieras, podrías recordar también las aventuras en la sauna; pero mejor en otra ocasión: esto no es Amarcord, sino la crónica de un viaje.») donde además de emplear la segunda persona narrativa,  como medio para referirse a sí mismo viéndose desde fuera, introduce referencias o elementos propios del quehacer escritural

4 abr 2022

Lev Tolstói: Guerra y paz. Un clásico muy actual.

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« —¡Somos rusos y no regatearemos nuestra sangre en defensa de la religión, el trono y la patria! ¡Hay que dejar los desvaríos, si es que somos verdaderos hijos de nuestra patria! ¡Demostraremos a Europa cómo Rusia se levanta en defensa de Rusia!— gritaba.»

León Tolstoy, Leo Tolstoi, Lev Tolstói, Novela rusa
Un clásico de la literatura universal que no había leído aún. Su extensión de 1864 páginas en la edición de Mario Muchnick que he manejado ha hecho que su lectura la haya realizado al tiempo de la de otros libros mucho menos voluminosos y también más actuales. Por esto aunque comencé la lectura el 12 de enero de este 2022 no ha sido hasta el 31 de marzo que la he dado por concluida.

La edición de Mario Muchnick es fantástica con unas anotaciones estupendas consistentes en traducciones de las muchas frases que en francés se dicen los personajes pertenecientes a la aristocracia y alta burguesía de la Rusia del zar Alejandro I. La traductora, Lydia Kúper, declara en "Nota de la traductora" al final del texto propiamente dicho, fechada en 2003, que había puesto en este trabajo toda el alma y que en el curso de su realización comparó, contrastó y consultó no pocas traducciones del texto tanto al español como al francés, italiano e inglés. El resultado, al menos a mí así me lo ha parecido, es de una enorme calidad.

La edición es completísima porque, además del texto perfectamente traducido como digo por Lydia Kúper, incluye un Apéndice que bajo el título de «Unas palabras acerca de "Guerra y paz"» escribió el mismísimo Lev Tolstói (1828-1910) el año 1888 en la revista "Antigüedades rusas" donde el propio novelista justifica el título de la obra, el género al que pertenece («No es una novela ni un poema y todavía menos una crónica histórica: Guerra y paz es lo que el autor ha querido y podido expresar, en la forma en que está expresado.»), el carácter de la época que tantos lectores le criticaron en su momento, el porqué de usar el francés dentro de una obra rusa, la razón de los nombres de los personajes en una novela que mezcla los históricos con los de ficción, su disputa o discrepancias con la visión dada por los historiadores de los acontecimientos históricos mostrados en el relato y, por último, la escasa trascendencia que según su opinión tienen los llamados grandes hombres en los acontecimientos históricos.

En esta estupenda edición de la obra cumbre de la literatura rusa y universal se incluyen dos listados: 1) de los personajes y 2) de los contenidos de los capítulos de la novela. Estas dos listas son muy útiles según se realiza la lectura y a mí, personalmente, me han servido muchísimo para la confección de esta reseña.

Cierra ya definitivamente la edición una extensa confesión del propio editor Mario Muchnick sobre cómo conoció a sus catorce años Guerra y paz en una edición mexicana y cómo quedó subyugado por la acción, las intrigas palaciegas, los bailes y amoríos -estos últimos, claro, lo atraparon mucho menos-. Cuenta en este escrito sus siguientes encuentros con Guerra y paz en inglés, en francés, hasta llegar a una «cuarta lectura de la novela que tuvo lugar en Madrid, en 1998» que le sedujo completamente. Fue a raíz de esta cuarta lectura, efectuada también en inglés, que decidió editarla en español. Como se ve toda una odisea editorial.



Guerra y Paz
¿Por qué he decidido leer esta novela cumbre de Lev Tolstói ahora? Evidentemente, una motivación clara es el conflicto desatado por la actual Federación Rusa (Rusia) con la vecina Ucrania invadida  definitivamente por el país de Vladimir Putin el pasado 20 de febrero de este año 2022. Los amagos e indicios de que esta invasión posiblemente iba a producirse venían ocupando los informativos desde casi finales de 2021. En mi imaginario personal las ciudades de Odesa, Kiev o Jarkov siempre han estado asociadas a Rusia, mejor dicho, al Imperio Ruso. Los cosacos, esos seres tan intrépidos y atractivos literariamente hablando, siempre me agradaron y excitaron mi imaginación. La segunda razón ha sido mi admiración por la literatura rusa entre cuyos nombres más respetados hay no pocos de origen ucraniano (Gógol, Bulgákov, Vasili Grossman, y muchos otros más). Los setenta años que Ucrania formó parte de la URSS hicieron que el gentilicio "ucraniano", igual que el de las otras catorce repúblicas socialistas soviéticas que la integraban, quedase subsumido bajo el genérico de "ruso". Por eso para mí, hasta que no se ha desatado esta terrible e injusta guerra los tres escritores antes mencionados eran tan rusos como Tolstói, Pushkin o Dostoievski. Evidentemente necesitaba aclararme y la lectura de Guerra y paz me ha servido en parte para ello.

La novela la escribió su autor durante cinco años y la fue publicando, al menos las dos primeras partes, en forma de fascículos de revista siendo muy bien acogidos por los lectores. Esto explicó que luego de dos años en este formato (de 1865 a finales de 1867) hiciese aparecer en forma de libro todo lo publicado hasta entonces y prosiguiese la escritura de las campañas de Napoleón en Rusia hasta darle forma completa y definitiva a finales de 1869. El formato de novela por entregas utilizado desde luego sirve para explicar el ritmo ágil y fluido de la novela cuya lectura no es nada pesada para  los lectores actuales a pesar de su enorme extensión, algo más de 1700 páginas.

¿Qué cuenta la novela?
Bielorrusia, Ucrania, Rusia, Kiev, Zelenski, Putin, Jarkov, Mariupol
Desde el punto de vista histórico la novela cuenta las campañas rusas de las tropas napoleónicas. Antes de entrar en Rusia Napoleón al frente de un fastuoso ejército de 600.000 hombres venció en Austerlitz (año 1805) a la Coalición de países formada contra él; hizo lo propio luego, ya en Rusia, en Friedland (1807) y en Smolensk (1812). Tras estas grandes victorias y muchas otras menores, el emperador francés sigue en ese año de 1812 su avance imparable camino de Moscú. Antes de llegar a la capital del imperio del zar Alejandro I tiene lugar la batalla de Borodinó que según algunos ganaron los franceses y según Kutúzov, general en jefe de los rusos, Rusia; posterior al resultado de esta contienda es la entrada de los franceses en Moscú, que los rusos habían abandonado, y el incendio de la ciudad. A partir de aquí se produce la debacle francesa por las enormes pérdidas sufridas en Borodinó, por los agudos problemas de intendencia sufridos por su ejército, por la desmoralización de las tropas, y también pero no sólo, como se ha repetido hasta el hartazgo, por las inclemencias climatológicas.

Lo anterior es en síntesis la parte histórica que Tolstói muestra en Guerra y paz. El resto de la novela está dedicada a contar lo sucedido a una serie de familias y de personajes que viven la guerra cuando ésta se desata pero también vivían la paz cuando se establecía. Son fundamentalmente tres familias las que conforman el abanico, diríamos, social, jovial y festivo en que discurre la vida de los hombres y mujeres que forman parte de las mismas. Sus nombres; los Bezújov, los Roskov, y los Bolkonski. Los hombres y mujeres de estas tres familias sirven para mostrar la vida de lujos y fiestas que llevaba la aristocracia rusa, que además, durante estos años, conformaban el grupo de jefes militares. Las relaciones amorosas entre los miembros de estas tres adineradas familias mantienen viva la atención novelesca del lector.

Es importante señalar que no sólo aparecen en la novela personajes adinerados preocupados por cómo aumentar sus posesiones o satisfacer las deudas que negocios ruinosos puedan haberles ocasionado; también aparece el pueblo llano ruso, que constituían la carne de cañón de esos ejércitos de miles de hombres que se enfrentaban entre sí por voluntad de unos engreídos jefes cuyos proyectos tácticos de batallas rara vez tenían reflejo fiel en la realidad. Los mujiks (campesinos rusos sin propiedades) eran reclutados obligatoriamente para el ejército y caían como chinches en batallas que, en una sola jornada, podían dejar en el campo 20.000 ó 25.000 hombres muertos o, lo que era peor aún, heridos de muerte.

Si la aristocracia social y militar está representada por personajes como Pierre Bezújov (protagonista principal de la novela que filosofa y reflexiona sobre la guerra, la religión, la opresión ejercida por los señores sobre los siervos, etc.) o por Andrei Bolkonski, Maria Bolkonski, Nikolai Rostov, Natasha Rostov, Sonia (prima de Natasha y de Petia Rostov), etc., sin lugar a dudas la voz del pueblo la deposita Tolstói en Platón Karatáiev, «soldado compañero de cárcel de Pierre en Moscú. Símbolo del pueblo ruso.». Pierre Bezújov, hijo bastardo del inmensamente rico Kiril Vladimirovich Bezújov, cuya fortuna heredará íntegramente, es por origen, pensamiento y evolución personal durante el relato el nexo de unión entre las clases dirigentes rusas y el pueblo llano. Sus ideas de pacifismo, de redención social, de filantropía, en definitiva de socialismo, son las ideas que defendía el aristócrata Lev Tolstói en su vida real. Precisamente estas ideas llevaron al escritor a chocar no pocas veces con las de los que serían artífices de la revolución rusa de 1917: Lenin y Trotski

La nómina de personajes es inmensa y no queda reducida a los que acabo de citar. Tolstói hace un fresco completo de la sociedad rusa: el estamento militar que sólo busca los reconocimientos honoríficos personales aunque sea a costa de los intereses de la Nación; las envidiejas y celos que surgen entre los jóvenes candidatos a noviazgo, también los galanteos; los momentos duros vividos por las mujeres durante la crianza de los hijos o el cuidado de los familiares enfermos; así como los vicios que asolaban a no pocos hombres inmersos en las garras del juego, la bebida o la vida amoral; etc.

Leyendo Guerra y paz no he podido por menos que recordar a Pérez Galdós y sus "Episodios nacionales". Entiendo que Galdós cuando inicia sus series en 1872 ya es conocedor de la obra maestra de Tolstói y decide aplicar el esquema y estilo tolstoiano a su trabajo, o sea, la novela histórica renovada. Lev Tolstói la realiza apartándose un tanto de la fundacional novela histórica romántica de Walter Scott introduciendo en ella una mayor dosis de realismo. En efecto -es mi opinión- Guerra y paz es una novela histórica realista. El propio escritor ruso en el Apéndice que en 1888 hizo acompañar a la reedición de su novela es consciente de sus innovaciones y a la pregunta que él mismo se hace de «¿Qué es Guerra y paz?», se responde:
«No es una novela ni un poema y todavía menos una crónica histórica: Guerra y paz es lo que el autor ha querido y podido expresar, en la forma en que está expresado. [...] La historia de la literatura rusa, desde los tiempos de Pushkin, no sólo ofrece múltiples ejemplos de obras que se apartan de esa forma que podríamos llamar europea, sino que no nos ofrecen un solo caso contrario. Desde Almas muertas, de Gógol, hasta La casa de los muertos de Dostoievski, en el nuevo período de la literatura rusa no hay una obra de arte en prosa, por encima de la mediocridad, que se ajuste a la forma de novela, poema épico o relato.» 
Literatura rusa del siglo XIX, Guerra Rusia-Ucrania, Guerras napoleónicas en Rusia
En la respuesta reconoce pues, Tolstói, que su novela, al no ser en lo absoluto ninguna de las tres formas señaladas, es algo novedoso constituido en su unidad por los tres ingredientes juntos. Y eso es lo que Galdós recogió en sus cinco series de los Episodios nacionales: Ficción, Nacionalismo e Historia. Y es lo que engancha muchísimo a la lectura de esta obra ingente que es Guerra y paz: la sabia hilazón realizada entre personajes históricos reales (zar Alejandro I, general Kutúzov, general Barclay de Tolly,  conde Rastopchin, Napoleón, Murat 'el rey de Nápoles', y muchos otros más) y los ficticios creados por el novelista a imitación de otros que podrían haber existido como los Bolkonski, Drubetskoi, Bilibin, pero cuyos nombres y personalidades sólo tuvieron existencia real en la cabeza del autor ruso. Por otra parte la novela es un canto a la nación rusa que el novelista ve latiendo no en unos cuantos héroes individuales sino en el pueblo ruso. Como se ve Galdós tuvo en esta novela un perfecto modelo para su obra magna.

A lo largo de la novela Tolstói insiste en su concepto sobre lo que para él es la Historia rebatiendo las teorías o planteamientos de reconocidos historiadores del momento como Thiers, Michelet y otros. Es Tolstói partidario de una historia "científica", es decir apoyada en documentación fiable y suficiente. Para él, más que los historiadores que se fijan en la fuerza de una sola persona, resultan más fiables y están más en lo cierto aquellos otros «más recientes historiadores, desde Gibbon hasta Buckle», como el alemán Gervinus, que estudian los hechos relacionados con todos los pueblos. 
«Thiers, bonapartista, dice que el poder de Napoleón se funda en su virtud y genialidad; Lanfrey, republicano, sostiene que lo sustentan las mentiras y el engaño del pueblo. Esos historiadores, al contradecirse unos a otros, destruyen la idea de la fuerza que produce los acontecimientos y dejan sin respuesta la pregunta esencial de la historia. Los historiadores que estudian los hechos relacionados con todos los pueblos parecen reconocer la falsedad de los historiadores particulares sobre la fuerza motriz de los hechos. No reconocen que esa fuerza radique en el poder de los héroes o monarcas; para ellos es el resultado de numerosas fuerzas dirigidas de forma diferente. Al describir la guerra o la conquista de un pueblo, el historiador universal no busca la causa del acontecimiento en el poder de un solo personaje, sino en la interacción recíproca de numerosos personajes relacionados con aquel hecho. Según tal opinión, resulta que el poder de los personajes históricos es producto de múltiples fuerzas y no puede ya ser considerado como una fuerza capaz de provocar por sí misma el hecho.»

Estas reflexiones sobre los conceptos de Historia y también otras tantas sobre la espiritualidad, la religión,  las clases sociales, la liberación de los siervos, etc., etc., van apareciendo a lo largo y ancho de la novela puestas en boca de algunos de los personajes, en especial de los más reflexivos, aquellos que como Pierre Bezújov o Andrei Bolkonski se muestran como más torturados dada su conciencia de persona, de seres humanos que desean la redención de todos los hombres. Bezújov entrará en la masonería y adoctrinará a otros como Andrei o Nikolai para que lo hagan, si bien al final se desengaña un poco de esta filantropía masónica que es más que otra cosa una revolución desde arriba que ignora bastante a aquellos que precisamente busca redimir, o sea, al pueblo, verdaderos artífices del movimiento histórico.


¿Cómo lo cuenta?
Desde el punto de vista formal la novela hace uso del narrador omnisciente. Es un narrador-autor que no se oculta jamás, que conoce todo lo que sucedió, sucede y sucederá en el curso de la narración que está presentando, se comporta como si de un dios auténtico se tratara. Constante y conscientemente marca la distancia temporal de más de 50 años que separan los hechos relatados del momento de escritura de los mismos. Con esto quiere marcar al tiempo la literaturización de un momento histórico relativamente reciente y la enorme distancia intelectual que separa ambos periodos. Los avances científicos admitidos ya en 1865 cuando Tolstói redacta su obra eran objeto de burla o simplemente se ignoraban en 1805. Tal es el caso del creacionismo frente a la teoría de la evolución de Darwin Que los hombres han descendido del mono en un período incierto es tan comprensible como el decir que fueron hechos con un puñado de barro en determinada época (en el primer caso la incógnita es el tiempo; en el segundo, el origen).»

Existe introspección psicológica en muchos de los personajes que en una especie de monólogo interior 'avant la lettre' se cuestionan no pocas cosas acerca de su actuar próximo o presente: «La vieja princesa ofrecía vino a su vecina con un triste suspiro, miraba enfadada a su hija y parecía decir: “Sí, querida, a nosotros no nos queda otra cosa que beber vino dulce. Ahora es el momento de esos jóvenes y de su insultante felicidad”. Y el diplomático pensaba, mirando los rostros felices de los enamorados: “¡Vaya tontería todo lo que estoy contando! ¡Como si importara algo! ¡La felicidad es eso!”.» Como se ve Proust, Joyce y demás renovadores de la novela a inicios del siglo XX ya tenían aquí señalada la senda para la renovación, sólo les faltaba pulirla, eliminar lo superfluo. 

Aunque sin duda alguna, leyendo a Lev Tolstói, la sensación que embarga al lector es la de lo contradictorio que se muestra el escritor en no pocas ocasiones: de defensor del más radical cientifismo unas veces a detractor del mismo por la ruptura que éste supone respecto al misterio, magia y espiritualidad inherentes al sentimiento religioso. Y lo mismo acaece cuando escuchamos pregonar la necesidad de la liberación de los siervos y al poco se critica la revuelta de los mismos o se les ve bajar sumisos la cerviz reconociendo así su mal comportamiento. A este respecto quizás sean las conversaciones mantenidas entre Pierre Bezújov y Andrei Bolkonski donde quedan bien a las claras las dudas del propio autor sobre estas cuestiones sociales: Bezújov defiende la mejora de las condiciones de vida de los siervos («¿Qué mal y qué horror hay en impedir que la gente muera de enfermedad, sin ayuda, cuando es tan fácil ayudarlos materialmente y yo les proporciono médicos, hospitales y asilos a los ancianos, cuando es tan fácil hacerlo? ¿Y no es un bien tangible e indudable si doy un poco de descanso y asueto al mujik, a la mujer con niños, que no tienen un minuto de reposo ni de día ni de noche?») mientras que su interlocutor le responde que para un mujik «su única felicidad posible es la de ser animal, de la que quieres tú privarlo.». Evidentemente el escritor ruso se identifica más con Bezújov que con Bolkonski pero en su comportamiento vital, en cierto modo, asumía ambos planteamientos. 

Cuando describe batallas en campo abierto la técnica que utiliza es, diríamos hoy, muy cinematográfica. Tolstói maneja a la perfección  el arte de la narración abriendo el campo focal para hablar de planteamientos bélicos generales para luego, como si de un zoom se tratara,  acercarse a un episodio particular o a la actuación concreta de un personaje. Su maestría al hacerlo así provoca que la lectura sea muy agradable y muy entretenida.


Para finalizar
Federación rusa, Ucrania, Donbass, Crimea
La invasión de Ucrania por orden de Vladimir Putín me incitó, entre otras cosas, a leer esta obra de Tolstói. A lo largo de la lectura he tenido la sensación de que el tiempo -casi 200 años- no había pasado. Las motivaciones de exacerbado nacionalismo que aduce Putin para masacrar a Ucrania son casi idénticas a las arengas que los militares aristócratas rusos lanzaban para incitar al combate contra los franceses [la cita que abre esta reseña es un claro ejemplo]. En una cosa difiere el ayer del hoy: en 1807 - 1812 los rusos fueron los atacados; hoy, ellos son los invasores. Y siendo así no son pocas las similitudes que he creído encontrar, especialmente en los problemas de intendencia sufridos por ambos ejércitos -el francés del siglo XIX y el ruso del XXI- que a la postre llevaron a Francia y hoy, parece, están llevando a Rusia a batirse en retirada. Ojalá que la semejanza prosiga por este sendero.

Como vengo diciendo comencé esta reseña aludiendo a los motivos que me llevaron a leer Guerra y paz. Ahora, cuando decido dar cierre a la misma recuerdo uno más que, pienso, puede servir de colofón a mi comentario. Además de todo lo dicho sobre los penosos acontecimientos bélicos actuales y el de mi admiración por la literatura rusa, el detonador definitivo que me impulsó a buscar la novela de Tolstói fue la lectura que en diciembre del año pasado realicé del ensayo de Sergio del Molino "Contra la España vacía". En un momento dado del ensayo de Sergio del Molino se puede leer lo siguiente: 
 «Bezújov sufre varias metamorfosis en los arcos argumentales, hasta renegar de su pacifismo y convertirse en un patriota. Al final de la novela, protagoniza una de las escenas más emocionantes y salvajes de la historia de la literatura: un paseo alucinado por un Moscú en llamas, incendiado por las tropas de Napoleón. 
Me fascina la complejidad de Bezújov, que trasciende muchísimo cualquier caricatura de progre melifluo y, a la vez (quizá debido a su talla inabarcable), encarna el tópico como nadie. No hay nada declamatorio, inverosímil o arquetípico en él. Contiene la riqueza de Fausto y el temblor dubitativo de Hamlet, pero es muchísimo más humano. En Pierre Bezújov nos reconocemos todos los lectores, porque es frágil de verdad, se asusta de verdad y se desconcierta y desespera de verdad ante un mundo que creía entender y acaba ardiendo ante sus ojos. O ante sus lentes, porque Bezújov lleva gafas, es un ochkastie. Su derrota es un derrumbe humanitario que clausura cualquier ambición espiritual y de mejora del ser humano. El Tolstói religioso empieza en el desengaño de su personaje.»

Sin lugar a dudas buscar a este personaje tan actual, tan contemporáneo, tan moderno y cercano al hombre de hoy, verle funcionando en su propia salsa, o sea en el original de Lev Tolstói, fue el principal acicate para sentarme a leer esta magnífica novela, mejor diría, este novelón en su más amplio sentido de longitud y de calidad, que es Guerra y paz, un clásico en toda regla.

2 ago 2021

"La defensa". Novela rusa de Vladimir Nabokov

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«Después de una partida de tres horas la cabeza le dolía terriblemente, no entera, sino en partes, en negros cuadrados de dolor, y durante un buen rato no podía encontrar la puerta, que estaba oscurecida por una mancha negra, y no podía recordar las señas de la adorada casa; por fortuna llevaba siempre en el bolsillo la tarjeta postal, doblada en dos, un poco rota por el doblez (“Le esperamos esta noche”)».

De Vladimir Nabokov conocía, como la mayoría de los mortales, su “Lolita”, perturbadora novela publicada en USA en 1955. El éxito de esta obra, sin duda alguna la que llevó a su autor al Olimpo literario, provocó que editores y lectores comenzasen a interesarse por el resto de su producción. Fue así como las novelas que escribió en ruso empezaron a ser traducidas al francés y al inglés por él mismo que fue trilingüe (ruso, francés e inglés) desde su niñez.

La edición española de “La defensa” que he manejado, la de Anagrama de 1990, es traducción de la que en 1965 apareció publicada por vez primera en lengua inglesa. Es esta de 1965 la que ha traducido al castellano el mexicano Sergio Pitol, magnífico siempre en esta labor y autor reconocido de un buen número de novelas que merecerían más atención por parte de todos.

Esta obra aparece publicada por vez primera el año 1929 en París en una revista literaria editada por emigrados rusos. Pero sería el año siguiente cuando una editorial berlinesa, también dirigida por emigrados rusos, la que la colocaría en el mercado. En ambos caso, naturalmente, la novela iba en lengua rusa, la original en la que el autor la escribió, y apareció con el título “Zaschita Luzhina” (‘La defensa de Luzhin’) referido a una jugada de ajedrez supuestamente inventada por su protagonista, el gran maestro Luzhin. Nabokov en el prólogo que puso a la edición inglesa de 1965 y que se reproduce en la española de 1990 aclara que «Este nombre rima en inglés con ‘illusion’ (ilusión) si se pronuncia con la ‘u’ suficientemente abierta». Y allí mismo confiesa que su redacción la inició en la primavera de 1929 en «Le Boulou, un pequeño balneario de los Pirineos Orientales en donde me hallaba cazando mariposas, y la terminé en Berlín ese mismo año».

La novela cuenta la historia de Alexander Ivánovich Luzhin, estrafalario personaje hijo de una aristócrata familia rusa. Su padre es un escritor mediocre que ha escrito cerca de diez libros dirigidos a un público adolescente pensando siempre, dice él, en su hijo Alexander. Desearía el Luzhin escritor que su vástago triunfase en la música y para ello lo matriculará en una buena institución escolar. Sin embargo el joven Luzhin no parece inclinarse por este arte y además en el centro escolar sufre el acoso y las burlas de sus compañeros a propósito de su introvertido carácter y las cualidades literarias del padre que le dedicó uno de sus libros.

Luzhin hijo sale de su letargo vital cuando visitando a una tía suya, amable y vividora, ésta le muestra un tablero de ajedrez y le va dando las nociones básicas del juego. La atracción por el juego milenario se le acrecienta merced a su profesor de Educación Física, Valentinov, que ve en el chico cualidades innatas para el mismo y comienza a entrenarlo y llevarlo a torneos. Por su parte Alexander Ivánovich  desde hacía ya tiempo había dejado de asistir al instituto atraído por el deporte ciencia al que sin importarle nada exponía su tía dejándolo solo en la casa mientras ella salía a la calle. El padre al descubrir a quién visita su hijo cuando hace pellas se preocupa seriamente por la estabilidad de su matrimonio.

En un magnífico salto temporal nos encontramos en el capítulo cuarto –son 14 los que conforman todo el relato- con un Luzhin adulto que en ese momento parece estar recuperándose de alguna dolencia en un balneario berlinés. En ese balneario la visión de una ventana, a la que señala con su bastón junto a una bella mujer cuya identidad desconocemos, parece despertar en él una serie de recuerdos que iremos conociendo en los capítulos siguientes. Conocemos al viejo Luzhin que viaja por toda Rusia en pos de su hijo prodigio que gana torneo tras torneo habiéndose convertido ya en consumado maestro del ajedrez. Sabemos por el brazalete negro que porta este anciano que la madre de Luzhin ha fallecido, y cuando este flashback finaliza y regresamos al balneario donde se inició la retrospectiva sabemos por la conversación que mantienen Luzhin y la mujer que lo acompaña que el escritor Luzhin, padre del maestro Luzhin, también ya ha fallecido.

Vive el ajedrecista Luzhin en un mundo ajeno a la realidad. Todo en él son estrategias, jugadas pensadas, problemas resueltos, partidas reproducidas mentalmente paso por paso, planteamientos defensivos, análisis retrospectivos de pasos seguidos en la partida, consideraciones diversas sobre ataques decididos o sobre jugadas de distracción que provoquen en el adversario el error o la obnubilación necesaria para asestarle jaque mate con decisión y acierto. Tan sólo una mujer, aquella con la que se encontraba observando esa ventana evocadora en el balneario, le intentará sacar de su adicción al tablero. Ella es la hija de un acaudalado y acomodado matrimonio emigrado ruso afincado en Berlín  que no ve con buenos ojos la relación que mantiene su hija con este desaseado y despistado hombre para quien el mundo se reduce a 32 piezas desplazándose por 64 cuadros en movimientos codificados que admiten una infinidad de posibles combinaciones. Pero la fuerza de la juventud es grande y los deseos de los padres de Ella (Nabokov nunca revela el nombre de esta mujer como si esta joven careciese de personalidad propia) no contienen la atracción un tanto rara y peculiar de Ella hacia Luzhin. Y digo rara y peculiar porque entre ambos existe un distanciamiento enorme que se percibe en el lenguaje que utiliza dirigiéndose a él por el apellido, siempre tratándole de usted, y postergando las relaciones íntimas para cuando realizasen el viaje de novios, algo que siempre se dilataba en el tiempo.

A Luzhin este asunto del enamoramiento le preocupa poco en comparación con el que llena toda su cabeza: el enfrentamiento que en breve tendrá con el italiano Turati, máximo exponente del ajedrez del momento. Tal torneo tendrá lugar en Berlín y a él Luzhin dedica todas sus energías. Las aperturas de Turati las conoce al dedillo y tiene estudiadas y establecidas las correspondientes respuestas a las mismas. Todo, pues, parece estar controlado. Sin embargo el día de la partida Turati realiza una salida inesperada que frustra todos los planes de Luzhin. La partida se complica, la defensa ha de ser bien otra, la mente de Luzhin se obnubila, la tensión crece en su interior, el tiempo discurre, la jornada va a acabar, la partida habrá de postergarse hasta el día siguiente, Luzhin no desea tal cosa pero tampoco encuentra la respuesta adecuada, ha de dejar anotada en un papel su próxima jugada, y… en ese momento todo desaparece, todo cambia y el mundo real se impone. Luzhin está seriamente enfermo, una fuerte crisis nerviosa se desata dentro de él, por lo que tendrá que procurar curarse si quiere seguir en este mundo.

No quiero decir nada más de la trama porque si lo hiciese el interés de la lectura quizás se diluyese un poco. No obstante el mismo Nabokov en su imprescindible prólogo (quizás sea mejor leerlo finalizada la novela que no antes) advierte que leer una historia sabiendo su resolución no debiera hacer decrecer el interés por la misma. ¿Por qué insiste el autor en esta idea? Sólo hay una razón y es que Vladimir Nabokov es consciente de que la literatura no reside exclusivamente en la historia que se cuenta sino en la manera empleada para presentarla.

Esta es la gran apuesta que el novelista realiza en esta novela: presentar una historia de amor y ajedrez utilizando para ello efectos y recursos parejos. Quizás por ello sea el flashback uno de los elementos imprescindibles en la estructura de esta narración de manera análoga que el repaso de los movimientos preliminares a la jugada que está por venir es procedimiento esencial en el ajedrez. A este repaso de lo acaecido antes viene a unirse en la historia del protagonista Alexander Ivánovich los traumatizantes sucesos vividos por él durante su niñez y que habría de arrastrar y arrostrar a lo largo de toda su existencia en consonancia con lo sostenido por el psicoanálisis que tanta fuerza había adquirido en los años en que Nabokov se haya escribiendo el relato. La mujer de Luzhin piensa con buen criterio que para curar a su marido de la crisis nerviosa es necesario hacerle olvidar todo lo que en su mente le recuerde el ajedrez. Así Ella, sus padres y el entorno que lo rodea evitarán hasta palabras como peón, torre, rey, caballo o reina por si su sonido pudiera despertar en la mente del ajedrecista su perniciosa afición. Pero no es fácil tal cosa. Un día en un baile organizado por su esposa él topa con un antiguo compañero de clase del instituto de San Petersburgo llamado Petrishchev quien al reconocerlo le hablará de otros chicos de aquellos tiempos como por ejemplo Gromov que lo acosaron con crueldad. Estos nombres despiertan en él otros (Valentinov, su tía que le enseñó el juego, etc.) que harán que el pasado vuelva a su cabeza. Quizás allí se encuentre la solución, piensa su confundida mente, ha de repasar cuanto ha vivido para dar una oportuna respuesta («el encuentro con Petrishchev era tan sólo la continuación de algo, y que era necesario profundizar más, volver hacia atrás, y repetir todas las jugadas de su vida desde la enfermedad hasta el baile»). Los procedimientos del ajedrez que le han hecho enfermar, reflexiona, serán paradójicamente la solución. Su adecuada defensa nacerá de la acertada comprensión de todo cuanto ha vivido.

Respecto a lo anterior y en un alarde humorístico –y no es el único presente en el libro- el autor cuando presenta esta narración dice que en todos los prólogos que ha escrito para las ediciones inglesas de sus novelas rusas siempre ha querido «dirigir unas cuantas palabras de aliento a los representantes de Viena […] Tanto analistas como analizados disfrutarán, o al menos eso espero, con ciertos detalles del tratamiento al que Luzhin es sometido después de su crisis nerviosa (como la insinuación terapéutica de que un jugador de ajedrez ve a su madre en su propia reina y a su padre en el rey contrario)». Este no es el único rasgo de humor inteligente que muestra Vladimir Nabokov en esta novela. Son numerosas las referencias al frío ruso y también berlinés. Y muchas veces las realiza a través de inteligentes imágenes literarias cargadas de sentido humorístico: ««Desde una tienda de máquinas tragaperras les llegó el sonido de una cancioncilla, hasta que alguien cerró la puerta para que la música no se resfriara.» o ««era tal el frío que ni siquiera los estudiantes querían patinar. En los parques yacían los pajaritos con el pecho abultado y las patas al aire. El impotente mercurio, bajo la influencia del medio, bajaba cada vez más. Hasta los osos polares del zoológico encontraban que la dirección se había excedido.»

Me ha parecido de lo más interesante el contexto social en que se ubica el relato: el mundo de emigrados forzosos o voluntarios rusos que escaparon del zarismo o/y de los bolcheviques para salvaguardar sus bienes o salvar sus vidas («Vasili Vasilievich, tímido, majestuoso, puro de corazón, con una barba rubia y zapatos de fieltro propios de un anciano. Durante el zarismo había sido desterrado a Siberia y luego al extranjero, de donde volvió en 1917 a tiempo para dar un vistazo a la revolución antes de ser nuevamente desterrado, en esa ocasión por los bolcheviques»). Son en su mayoría aristócratas y nuevos ricos representantes de la burguesía como los padres de la mujer de Luzhin. Característica de este grupo social es su emprendimiento y amplia cultura que viene a chocar con las grandes lagunas en este campo de Luzhin que junto a su abandono corporal y de vestuario su suegra critica con razonamientos propios de quienes quieren darse un tono del que carecen. Y es que Luzhin, alter ego del propio escritor, no necesita aparentar, él es claro y diáfano, aunque viva en un mundo paralelo conceptual y abstracto propio del juego que lo tiene materialmente abducido. Luzhin como el propio Nabokov y Vera, su esposa, es enemigo de lo que en ruso se denomina byt (la cotidianidad y sus insignificantes ocupaciones) que le ofrece Ella para curar su adicción: hace falta comprar un abrigo nuevo, el bizcocho no ha tenido el éxito que merecía, es necesario limpiar la tumba del padre, hay que pasar por el dentista, etc.

"Lolita"
Vladimir Nabokov además de consumado novelista era crítico literario, especialista en mariposas y ajedrecista consumado. Todas estas habilidades las exhibe en esta novela. La de entomólogo la muestra de pasada en el mismo prólogo cuando dice que comenzó a escribir esta novela «en la primavera de 1929 en Le Boulou, un pequeño balneario de los Pirineos Orientales en donde me hallaba cazando mariposas, y la terminé en Berlín ese mismo año», la de crítico literario en las andanadas que lanza allí mismo a ese gremio que él conoce tan bien («me gustaría ahorrar tiempo y esfuerzo a los críticos poco imaginativos —y, en general, a las personas que mueven los labios mientras leen y de quienes no puede esperarse que se enfrenten a una novela sin diálogos cuando su argumento puede saberse gracias al prólogo—») y en las muchísimas referencias a títulos y autores que aparecen esparcidas a lo largo y ancho de la narración: 
  • «los libros de su progenitor eran tan aburridos como El músico ciego de Korolenko o La fragata Palas de Goncharov. El gran volumen de Pushkin con el retrato de un muchacho de labios abultados y cabellera ensortijada en la portada nunca había sido abierto.»
  • « —He andado de una librería a otra —suspiró la hija—; quería leer sin demora a Julio Verne y las novelas de Sherlock Holmes. Por lo que he advertido, nunca ha leído a Tolstoi. […] Le gustó Anna Karenina, especialmente las páginas sobre las elecciones del Comité Regional y la cena ofrecida por Oblonski.». 
Sobre el ajedrecista consumado que Nabokov era esta novela es buena muestra de ello al tiempo que una autoconfesión de su adicción al tablero y la difícil curación de la misma por la que hubo de pasar.

Para finalizar
Finalizaría esta reseña que me ha salido algo extensa señalando que el estilo es francamente magnífico. A la estructura ya comentada en forma de anticipaciones y vueltas atrás se une la narración puesta en boca de un relator omnisciente plagada de descripciones muy plásticas, visuales y de corte cinematográfico: 
«La institutriz y el ama de llaves descendieron pausadamente del segundo vehículo, la una por la izquierda, la otra por la derecha. El padre se quitó los guantes. La madre, levantándose el velo, vigilaba al mozo de estación de pecho abombado que se encargaba de recoger las mantas de viaje. Un repentino viento sacudió las crines de los caballos e hinchó las mangas color carmesí del cochero.»
«El estilo es denso y alusivo», dice el crítico y escritor Anthony Burgess en la contraportada del libro acompañando a las opiniones de otros importantes autores como Martin Amis, por ejemplo, quien a su vez recalca que «su lectura es lo más cercano al puro placer sensual que puede ofrecer la escritura…». Efectivamente así  he sentido y disfrutado yo la lectura. Una lectura que –y ahora sí que ya pongo definitivo punto final- en algunos momentos ha traído a mi cabeza la novela de Mihail Bulgakov, "El Maestro y Margarita", especialmente cuando en la persona de Luzhin se producen entradas y salidas de lo real a lo irreal, a lo mental, que no puede dominar y esclarecer: 
«Luzhin se quedó dormido en el automóvil; los reflejos de una luz blanquecina se abrieron en forma de abanico, dándole vida a su rostro, y la tenue sombra de su nariz describió lentos círculos sobre su mejilla y su labio superior, y luego se hizo de nuevo la oscuridad hasta que pasó otra ráfaga de luz, acariciando al pasar la mano de Luzhin, que pareció introducirse en un bolsillo oscuro tan pronto como regresó a la oscuridad.»
Existe versión cinematográfica de esta novela dirigida en 2001 por Marleen Gorris con John Turturro y Emily Watson en sus papeles protagonistas. Tras haber leído con agrado la novela intentaré ver el film. Me interesa conocer cómo la directora holandesa ha plasmado en imágenes la confusión mental de Luzhin y su extraña relación con las mujeres.

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Nota:
Esta novela pasa a engrosar los títulos de obras clásicas dentro del Reto, propuesto por el blog Un lector indiscreto, 'Nos gustan los clásicos, Vª edición', que estoy realizando este año. 
Asimismo este título de Vladimir Nabokov ocupa la letra 'N' dentro del Reto del blog Lecturápolis, 'Autores de la A a la Z' que llevo realizando este año 2021. 

13 ago 2019

Antón Chéjov: "'La dama del perrito' y otros relatos". "Carvalho. Problemas de identidad" de Carlos Zanon

3 comentarios:
En verano, paradójicamente, se dispone de menos tiempo para realizar y leer reseñas en los blogs. En esta ocasión he optado por unir dos lecturas en una sola entrada. Son dos lecturas muy dispares, muy distintas. Por un lado un clásico de la literatura universal: el ruso Anton Chejov; por otro, la resucitación de un personaje creado por otro: "Carvalho. Problemas de identidad" de Carlos Zanón. Espero que os agraden.

Cuentos de Anton Chéjov: "Del amor", "La Nueva Dacha", "Una visita médica
Este cuento, sin duda alguna uno de los más conocidos del autor ruso, lo he leído en una edición de esas veraniegas que temporada tras temporada lanzan los periódicos de tirada nacional, en este caso el diario "El País". Lo compré en su día, allá por el verano del lejano 2007, y arrumbado estaba en la balda de la estantería que le hubiese correspondido ocupar al azar esperando el incierto día en que me diese por ponerme a leerlo. Pues bien, ese día llegó y lo he leído con muchísimo placer.

Como suele ocurrirme con obras clásicas de esta altura literaria, ha sido una llamada externa (los dos retos en los que durante este 2019 participo: "12 libros pendientes" de Ana Bolox, y la "IIIª edición de Nos gustan los Clásicos" del blog 'Un lector indiscreto' administrado con mano certera por Francisco) lo que me llevó a sacarlo de su largo letargo. 

Al tomarlo en mis manos vi que se trataba de un breve volumen compuesto sólo por cuatro relatos: "La dama del perrito", "La Nueva dacha", "Una visita médica" y "Del amor"; pero en la edición presentada por el diario 'El País' su orden es exactamente el contrario al citado por mí, pues los editores decidieron colocarlos ordenados cronológicamente, es decir, primero los dos últimos publicados en 1898 y luego los dos primeros que aparecieron en 1899. Por esto en la edición que he manejado el título es "Del amor y otros relatos".

Como suele suceder con las obras de Antón Chéjov la acción reposa sobre los hombros de unos personajes de clase alta o clase media alta; concretamente estamos ante profesionales liberales (el médico Koroliov de 'Una visita médica', el ingeniero Kúcherov de 'La Nueva Dacha'), hacendados de consistente formación intelectual como Aliojin de 'Del amor' o el vividor trabajador cualificado de un banco moscovita Gúrov, protagonista masculino de 'La dama del perrito'. Son hombres de mediana edad, próximos a los cuarenta años que topan en las historias que protagonizan con hermosas mujeres que sobreviven en medio del tedio de su confortable vida. Hay dos Anna: Anna Alékseievna de 'Del amor' y Anna Serguéievna de 'La dama del perrito'; en ambas asistimos al desarrollo del proceso amoroso aunque por diferentes vías: en el caso de la Alékseievna es su bonhomía y sincera amistad con Aliojin la puerta de entrada, mientras que en la dama del perrito será sacudirse durante un verano en Yalta el tedio de su vida provinciana en la lejana localidad de S. junto a un marido que la dobla en años, lo que propiciará el echarse en brazos del diletante y atractivo Gúrov. En ambas historias el amor realizará un profundo cambio en los cuatro personajes que conforman las dos parejas de enamorados.

Colecciones del diario El País, Cuentos de Chejov
Las otras dos historias que forman el pequeño volumen que he manejado, 'Una visita médica' y 'La Nueva Dacha', son de contenido más social. En la protagonizada por el médico Koroliov es la riqueza que tiene la enferma que visita, la bella y joven Liza, la causante del mal que ésta padece y que la tiene en el lecho del dolor apenas con ganas de vivir; en opinión del doctor su mal desaparecería si ella supiese librarse de ese diablo, su enorme riqueza, que la tiene atada de pies y manos.

Es la segunda historia, la de 'La Nueva Dacha', la que más me ha recordado a Tolstoi. Aquí estamos ante el rechazo que recibe el matrimonio formado por el ingeniero Kúcherov y su caritativa mujer que, enamorados del paisaje donde el marido construye un puente que comunicará la zona con la civilización, se han hecho construir una hermosa Dacha con un gran terreno a su alrededor y suficiente servidumbre para mantenerla. Pronto se despiertan en algunos habitantes de la aldea próxima a la que acuden de visita y a comprar provisiones envidias y malediciencias que harán que la bondad del ingeniero evolucione hacia lo que se diría desean los campesinos: que se comporte como un ser autoritario y explotador; quizás así la indolencia, atraso e incultura en que viven rebozados estos aldeanos queden justificados. Diríase que estos seres a los que la mujer del ingeniero ayuda con lo que puede no desean salir de su mísero estado.

oooOooo


Carlos Zanon: "Carvalho. Problemas de identidad"

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Me gusta mucho la narrativa del barcelonés Carlos Zanon de quien en este blog tengo reseñados dos de sus títulos: "Tarde, mal y nunca" y "Taxi". Por esto cuando supe que había aceptado el encargo de escribir una aventura de Carvalho, el detective creado por el siempre recordado MVM (Manuel Vázquez Montalbán) tuve bien claro que antes o después leería esta novela. Me llevaba a ella no sólo el aprecio sentido por la escritura de Zanon sino también un escondido objeto del deseo, concretamente la comparación entre el saber hacer del escritor español y el propio de Benjamin Black, el otro yo adoptado por John Banville cuando toma los hábitos de autor de novela negra y, más concretamente, cuando en "La rubia de ojos negros" tuvo las agallas de revivir nada menos que a Marlowe, el detective creado por Raymond Chandler.

Ya de mano diré para empezar que de la comparativa con Banville, Carlos Zanon sale en mi opinión más que bien parado pues el novelista español no realiza una simple entrega detectivesca más a engrosar la serie Carvalho sino que realiza un muy interesante ejercicio de búsqueda de la identidad respecto al personaje y su primer creador, el novelista. ¿Hasta qué punto Vázquez Montalbán y Carvalho son uno? ¿Lo son, no lo son? Interesante asunto éste que Carlos Zanon conduce con mano diestra.

El resto de la novela se mueve dentro de los patrones propios del género utilizando como es lógico aquí el universo narrativo creado por MVM. Quiero decir que los vicios propios del detective (esa quema de libros tan característica en él), sus afectos (su novia Charo), sus empleados en la Oficina (Biscúter, sobre todo, pero también su secretaria), sus aficiones (la culinaria especialmente, si bien en este relato las pocas recetas que aparecen me han parecido metidas un poco 'a capón'), los escenarios de los bajos fondos barceloneses..., etc., aparecen como no podía ser de otra manera y el escritor los resuelve muy bien en general.

La novela de Zanon destaca especialmente por los temas que se tocan situados todos ellos dentro del contexto socio-político del momento en que se produce la redacción de la misma, coincidente en el tiempo con el de los asesinatos de diversas muertes que investiga el detective gallego. Estamos en 2017, momento álgido del denominado 'procès' catalán. Sobre este fondo social y político se mueve el personaje de "cincuenta y muchos" años con la salud bastante quebrantada y necesitado de pruebas médicas que, para preocupación de su leal “Biscúter”, seguramente no está dispuesto a hacerse. Como buena novela negra que es hay en ella crítica y/o análisis social: Catalunya, el procès, el referéndum en ciernes, la independencia, la identidad, el monarca emérito, la gentrificación de la Barceloneta con los pisos turísticos… Al transcurrir la novela no sólo en Barcelona sino también en Madrid, esta segunda ubicación permite al autor realizar referencias a políticos del momento. Llama mi atención que las citas nominales de políticos sólo lo sean de Madrid, dejando en el anonimato los de los catalanes con responsabilidades gubernamentales en la Autonomía. Zanon en este asunto quiere, en mi opinión, ser equidistante dejando en contrapeso alguna frase ( [Max] "encarnaba un poco la eclosión de una generación de ciudadanos catalanes desprejuiciados en su soberbia y en su sentimiento de superioridad", Cap 22) y algún hecho simbólico como el de la quema de un ejemplar de la Constitución de 1978 por parte del detective.

Otro asunto esencial en esta novela es el de la violencia machista presente en todos los ámbitos de la sociedad pero muy especialmente en el de los bajos fondos donde predomina ese proteccionismo del hombre posesivo hacia la mujer que muchísimas veces acaba propiciando su muerte a manos del supuesto protector.

Novela negra española, MVM,
Naturalmente me parece fundamental el asunto de la identidad que he citado al inicio de esta reseña: ¿Hasta qué punto Carvalho es Manuel Vázquez Montalbán? ¿Qué hay de uno en el otro y viceversa? El personaje tiene ensoñaciones en las que su identidad se diluye
"ya está bien, Carvallo, ya está bien. / ¿Quién eres! / Eres de quién te escribe / Ahora me escribo yo / Estoy / Ven / por / mi." (cap. 27)
También en un sentido muy unamuniano el personaje reivindica el derecho ante su creador de dirigir su propia existencia. Así cuando se encuentra con una de sus conquistas amorosas dice:
"Lo entiendo. La abrazo y se recoge contra mí. La vida podia limitarse a esto, pienso. Podríamos morirnos ahora. Que el libro se acabará ahora, Escritor... " (cap. 24)
En el diálogo mantenido entre Carbonell y Carvalho el primero realiza la identificación MVM-Carvalho. Algo a lo que reacciona el mismo Carbonell:
"Conocimiento y decepción. Como en sus novelas. Sí, sé lo que va a decirme, que ese no era usted. A todos nos roban la sombra.Todos tratamos de escapar del espejo, pero no a todos nos escriben. Debe ser incómodo, ¿no? No saber quién copia a quien." (cap. 31)
Y es que la confusión es a veces casi casi total. Carvalho comenta hablando de su relación con Vázquez Montalbán:
 "Recupere el 'Larios' de mi madre, conocí a Poncela y Charo López con la que intimé y sufrí, y también sufrió la otra Charo" (cap. 7)

La manera de escribir
Aquí es donde radica el buen escritor que es Carlos Zanon. Su manejo de la lengua es magnífico. También lo es ese humor en que envuelve algunas de sus afirmaciones ("¡Qué tiempos confusos estos, Horacio, que hasta los abogados pueden ser hombres de bien!",  Cap. 4) o algunas críticas como la descripción de lo que denomina hablar "en ese estilo podemita de lo voy a decir todo y ya, y si acaso me queda tiempo, respiro luego" (cap. 21)

Secuelas novelísticas, Carlos Zanón y Carvalho, Vázquez Montalbán
No se puede obviar el universo culturalista (literario y musical). Juega constantemente con referentes de la cultura pop. Tal se observa en las citas modificadas irónicamente casi siempre de temas musicales como el de Albert Hammond "Never rain California's sud" que aquí se cita siguiendo la metáfora contextual :"Nunca hay jabalíes al sur de California". Otras veces es el Cine popular ('Supermán II'), pero también la literatura (Milady de Winter)

Zanon es un profundo conocedor de la literatura española y lo mismo encontramos en esta novela referencias como al descuido a la protagonista de "Nada" de Carmen Laforet que se despierta en nuestra cabeza el recuerdo de ese Manuel del Río que cadáver aparece en el poema "Réquiem" de José Hierro.  Y lógicamente las alusiones a la obra y vida de MVM son inmensas quedando condensadas en ese aeropuerto de Bangkok donde el escritor cayó fulminado de un ataque al corazón y ese otro Bangkok que Carvalho visitó en la entrega de la serie "Los Pájaros de Bangkok". La mezcla vida-ficción alcanza aquí un nivel inconmensurable.

En Zanon todo fluye y unas características se funden en otras siendo complicado deslindarlas. Es el caso del humor que subyace en la frase "Ella ha puesto mirada ojiplática", precisamente el calificativo que odia Javier Marías. Podría haber usado el nombre propio del escritor amigo igual que en otro momento hace con Cesare Pavese ( "Me mira con ojos Pavese")

No me resisto a cerrar este apartado sin colocar una frase demostrativa de la belleza que el novelista imprime a la lengua en ocasiones:
"Entre los rosales, desnudos, sólo espinas ya, sin poeta inglés que los glose me detengo y hago las presentaciones" (cap. 21)