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8 mar 2022

Casi nunca. Daniel Sada. Premio Herralde de Novela 2008

20 comentarios:

«Yo no quisiera vivir con tu madre. ¡Vaya!, había que machacar que se trataba de una circunstancia tan eventual como ese viaje. De hecho, cuadremos la escena como si la viéramos a media altura y a través de una lente: vivaz profesor Demetrio (a fuerzas) ante una alumna a la que debía repetirle varias veces mesmedades tan simples como determinantes» (pág. 116)

Casi nunca, Premio Herralde de Novela
Demetrio Sordo
, hombre a punto de ingresar en la treintena, lleva en Oaxaca una vida gris de empleado en unas fincas agrícolas. Es un eficacísimo administrador y sus patronos están más que satisfechos de su laboreo, no así él que ve cómo la vida se le escapa sin casi darse cuenta. Decide dar un vuelco a la misma; necesita algo que la dinamice, que le dé sentido. Piensa que el sexo, quizás sea una buena solución. No todo puede ser felicidad por el trabajo. Ya ni siquiera el dominó, juego con el que disfruta y en el que demuestra maestría, le sirve de solaz suficiente. Su soledad podría bien paliarse mediante la práctica del sexo. Aunque bien pensado tampoco esto por muy abarcador que fuese truncaría la inercia en la que está inmerso. Es por ello que Demetrio se marca un reto: practicarlo cada veinticuatro horas.
«El sexo, como pretexto válido para romper con la monotonía: el sexo-motor; el sexo-ansiedad; la costumbre del sexo, como un hartazgo cualquiera que se volverá lastre; el sexo colosal, incontenible, frenético, ambiguo como un juego que confunde y luego aclara y vuelve a confundir; el sexo-simulacro, el sexo-obviedad. El placer, al fin, como un  encomio que vaya justo en sentido inverso a lo que se vive.»

Así comienza esta novela del mexicano Daniel Sada (Mexicali, 1953 – Ciudad de México, 2011) con la que ganó el XXVI Premio Herralde de Novela en 2008 por unanimidad del jurado. Un jurado ciertamente exigente, como lo es esta narración, que estaba integrado por Salvador Clotas, Juan Cueto, Luis Magrinyà, Enrique Vila-Matas y el editor Jorge Herralde. Ya sólo ver entre sus miembros a Vila-Mata e incluso a Magrinyà me avisaba de que la novela que comenzaba a leer no iba a ser precisamente facilona.

La historia que presenta Daniel Sada es una historia bastante frecuente: un hombre busca dar sentido a su existencia. El sexo puede ser una vía para ello. Es un sexo con profesionales; en este caso más bien habría que puntualizar que lo practica con una prostituta concreta de la que Demetrio se ha quedado colgado debido a la pericia que Mireya, nombre de guerra de esta mujer, demuestra en el oficio. Todo le va bien a Demetrio: por las mañanas trabaja en las fincas y por la tarde acude al burdel donde durante una o dos horas disfruta con Mireya que empieza a ver en él una posible solución a su arrastrada vida.

Demetrio oculta a Mireya su vida privada. No le dice que vive de pensión en la casa de huéspedes que tiene Rolanda, señora conservadora donde las haya; tampoco que su madre, Dª Telma, vive en Parras (Coahuila) al norte del país. Por eso cuando con su madre acude a la boda de un familiar en Sacramento, pequeña localidad de ese estado no se lo comunica a Mireya. Y tampoco que durante su breve estancia en ese pueblo del México profundo Demetrio ha quedado prendado por -y prendido en- la tremenda hermosura de Renata, bellísima mujer con la que todos sus familiares (su madre Telma y también su tía Zulema que vive en el mismo Sacramento), y hasta incluso él mismo, instan a que se case. 

Como se ve estamos ante un triángulo amoroso-sexual. Demetrio, fiel a sus costumbres y cumplidor de sus propósitos, demanda sexo. Pero Renata es una mujer tradicional, vigilante ella y muy vigilada por su madre Dª Luisa, que mantiene a raya al futurible. Sólo habrá sexo cuando se casen e incluso hasta entonces besos y toqueteos ninguno. Pobre Demetrio, él está que no puede aguantar. Sólo la profesionalidad y grandes habilidades de Mireya a la que vuelve a frecuentar cuando regresa a Oaxaca lo reintegran a su, para él, satisfactoria cotidianeidad. Pero Mireya es una mujer que piensa y ha decidido pedirle que la saque del prostíbulo pues -le miente- está embarazada de él. De nuevo, ¡pobre Demetrio

No diré más sobre el desarrollo de la trama para no chafar el disfrute de la novela que rompe más de una expectativa del lector, ¡vaya si las rompe! Hay que culminar la lectura de las cinco partes que componen el relato para conocer en qué para el embrollo en el que el pobre Demetrio se ha metido él solito. Como se ve hay humor en esta narración, si bien es un humor no chistoso sino tragicómico. Demetrio que vive en la gran ciudad de Oaxaca se va a ver constreñido en su desarrollo vital por culpa de la moral ñoña, estricta y sin duda arcaica de Renata y Dª Luisa, la madre de le beldad. La religiosidad castrante del villorrio se impondrá sobre la libertad gozosa de la gran ciudad. He aquí la tragicomedia que protagoniza este ser solitario, buen trabajador, regular hijo, mentiroso obligado para escapar de las trampas que las mujeres de su alrededor le tienden, a quien el sexo le tiene ocupada la cabeza. Él como tantos y tantos hombres, y más en el momento en que se sitúa el relato -de 1946 a finales de 1949-, la mejor y más cómoda manera de satisfacer el deseo sexual era el matrimonio. Casarse con una mujer preferiblemente decente como Renata que se entregará a él completamente una vez pasase por la iglesia, naturalmente:

«—¿Y cuándo nos casemos me prometes que me besarás mucho?
—Será hasta entonces, pero antes no... Quiero que todo esto sea de veras muy bonito.
—Entonces, ¿cuándo nos casemos me prometes que haremos cosas bien degeneradas?
»

A la cabeza de Demetrio acude reiteradamente el recuerdo de las increíbles sesiones de sexo habidas con Mireya; pero ocurre que Mireya no es una mujer decente. Esa es la moral burguesa, la hipocresía humana teñida de religiosidad. Demetrio sabe, o al menos espera, que cuando Renata pase por el altar se convierta para él en otra Mireya aunque, eso sí, legal y con todos los pronunciamientos eclesiásticos en su haber.

México,erotismo, machismo, novela mexicana
El anecdotario en la novela no se reduce a la trama  de este triángulo amoroso. Hay también otros asuntos menores que sirven para dar variabilidad y amenidad a lo que se cuenta. Tenemos el momento en que Demetrio se emplea en unas extensísimas fincas próximas a Sacramento y lo que le sucede durante los siete meses que pasa en ellas; también su establecimiento en Parras, el pueblo donde vive la madre y el próspero negocio que allí emprende; las traiciones que empleados suyos le realizan; etc. 

Hay un asunto menor pero destacable en el relato, referido a la corrupción de los poderes públicos, en el que me detendré brevemente. Resulta que el emprendedor de Demetrio, habida cuenta del conocimiento que tiene de los lupanares por la asiduidad con que los frecuenta, fantasea con abrir uno en Parras. Para ello busca la aquiescencia del alcalde a quien le propone ser socios y pide protección a cambio de los pingües beneficios que la explotación de mujeres les pudiera producir a ambos
«Quería juntarse lo más pronto posible con gente metida en la política, para poder robar (bien bonito) con todas las de la ley, y se dijo a sí mismo: Sí, quiero ser corrupto, pero adinerado, muy adinerado a la postre. Quiero que me respeten mis congéneres»
De todo esto y más va esta novela que a mí me ha sorprendido agradablemente. Pero la sorpresa principal no radica en los asuntos (amorosos, sociales, familiares, laborales...), los temas (eróticos, religiosos, corrupción política...) o su variado tratamiento (tragicómico, crítico, humorístico...) sino sobre todo y especialmente en el modo como Daniel Sada los plasma en el papel, en la manera literaria que emplea. Esto sin duda alguna es lo más sorprendente, diferente, meritorio y también dificultoso de esta novela. Intentaré señalar alguno de los modos utilizados para ello:

Lo primero que llama la atención es la manera de escribir, en especial la utilización de los signos de puntuación, con especial abundancia en estos de los dos puntos. («¿Muy de lujo el panorama lúgubre? Mirón, el recién llegado siguió mirando tras sentarse. La invitación: gran amabilidad: un hombre regordete le señalaba el asiento: dulzura de ademán reiterado.»). Diríase que con esta manera de puntuar se quiere marcar la variabilidad en el narrador de la pura presentación al enjuiciamiento de lo allí mostrado.  Pero no siempre es así, pues a veces lo que queda situado entre estos dos puntos es apenas una conjunción, una preposición, una mera palabra, etc.
    • «¿Cuál excitación? Sí el busto: aunque: ningún escote llamativo» 
    • «Un leve arrastre, ay; atisbo de peligro: sí: como se dijo quedando todavía el brete de polvareda: ¿amago o inminencia?, más bien lo segundo: lo que por desgracia sucedió: esa levantada del suelo por culpa de las ruedas: trasunto rústico el hecho de llegar como payasos al pueblo (polvo hasta en las axilas)»
Siguiendo con los signos de puntuación también es rasgo de estilo la utilización de los paréntesis que aparecen con frecuencia. De ellos se sirve el narrador para lanzar hipótesis, poner 'peros' o emitir opiniones sobre lo recién acabado de decir: «Luego se fue: primero sonrisuda y a la postre medio entristecida: carrillos hacia abajo: casi una punta de flecha su boca de labios finos: la poca elevación contra el descenso doble (amartelado): negrura abajo y arriba un resplandor vítreo (¿floreciente?)». También en ocasiones me he visto sorprendido por el uso, no tan reiterado pero sí para mí algo chocante, que hace del punto y coma en enumeraciones de periodos muy breves («Bueno, ya antes los padres habían sometido a su hija [Renata] a un interrogatorio básico. Que Demetrio trabajaba en Oaxaca, pero que era originario de Parras, Coahuila; hijo de; pariente de; que ra agrónomo; que estaba en vías de comprar una casita allá; a saber qué demonios sería Oaxaca, lo que sí que la bonanza de inicio a ojos vistas no debía ser errónea.»).

Pero desde luego y sin lugar a dudas desde el punto de vista estilístico es la figura del narrador la principal novedad y sorpresa de esta novela. Un narrador que cuenta en una neutra tercera persona aunque con frecuencia pasa a la primera haciéndose visible en el mismo momento de la escritura: «enseguida el arranque y al cabo los movimientos aéreos: feas sacudidas entre nubes groseras, como para pensar lo peor. ¡Bah!, nosotros no hemos de pensarlo, porque nada horrendo ocurrió.»). Como se ve en el pronombre 'nosotros' el narrador se dirige al lector al que con libertad y familiaridad aquí hace conmilitón (ja, ja..., permítaseme el palabro que creo que viene al caso en  esta ocasión), si bien en otros momentos del relato y también dirigiéndose a él le informa del decurso narrativo, reflexiona sobre el hecho, inquiere o pregunta 
    • «dejemos jugando a los anómalos enamorados para trasladarnos deprisa a Sacramento». 
    • «Bueno, ¿y por qué no el viaje en la cabina? Fácil: porque no cabía tal armatoste o porque no tenía fuerzas para mantener cabeza y tórax derechos. La conjetura, por cuanto determinación de los sombrerudos, fue trasera, o es mía o de usted. En realidad la ventaja para Demetrio fue que no hubo, ni habría, plática
Es un narrador que no sabe más que nadie y por ello lanza suposiciones o hipótesis sobre los porqués de las actuaciones de los personajes. Un narrador que integra al lector en el propio relato, un narrador que quiere remover a sus lectores, sacarlos -en el ejemplo que viene a continuación, sacarlo- de la pasividad que suele acompañar al acto de leer: 
«Luego el acuerdo entre madre e hijo: no se irían en la camioneta, mejor como siempre en el tren. Orden, más que sugerencia de ella. Aquí también elija usted la razón que se le antoje para endilgársela a doña Telma. Una, que nosotros proponemos, es la seguridad del viaje. Total que ya podemos ver a estos sentados y desplazándose.»
Es un narrador que realiza elisiones, anticipaciones como cuando estando en el tren camino de Monterrey ya lo vemos hablando con su madre en Parras. ¿Verdad? ¿Mentira? ¿Pura ensoñación? Al leer momentos como este los lectores intuimos lo que pueda haber sucedido. La elisión, sí, es un rasgo estilístico importante en la novela.

Aunque para mí lo más llamativo de "Casi nunca", que por algo se alzó con el Premio Herralde Novela en 2008 con un jurado tan exigente citado al principio de esta reseña, sean las muy abundantes referencias metaliterarias presentes a lo largo y ancho de la narración. Así por ejemplo cuando Telma y su hijo Demetrio se separan el narrador elimina el relato de la despedida y entre paréntesis incluye la expresión «en elipsis». Más evidente es el discurso literario autorreferencial que en ese mismo lugar el narrador convertido casi en el propio escritor lanza: 
«Dos acciones que si se vieran aquí bien pudieran ser dos raptos de felicidad; dos apuros risueños, pero como no se ven, sino que nomás se leen, ¡que iluminación queda! Nerviosismo feliz ¿en blanco y negro? ¡Valga! Por ende pongamos a uno y otro a la mesa. Nosotros estaremos a 3 metros de distancia: ¿juega?: eso sería fantástico...»
Todas estas referencias metaliterarias contribuyen a que veamos, -casi casi que penetremos en-, el propio acto de escritura. La verdad es que en "Casi nunca" estamos ante una novela haciéndose. He aquí, entre muchos, unos cuantos ejemplos:
    • «De una vez veamos la escena que, de suyo, es merecedora de un párrafo aparte. [...] Bueno retomemos algo de la vociferación de doña Telma: [...]» (págs 165 y ss)
    • «Es más, adelantémonos de una vez a los augurios fantasmales de la prole de por acá para revelar -acaso vulnerando el decurso lógico de una trama- que para diciembre de 1946 de un día para otro el clima dio un vuelco tremendo.» (pág. 188)
    • «estamos valorando un salto en el tiempo [...] Para ello es oportuno buscar un contrapunto temporal» (pág. 199)
Novelistas mexicanos contemporáneos, novela erótica
Todos los elementos de orden estilístico comentados hasta aquí pueden hacer algo difícil la lectura de este relato singular. Esto es evidente. Pero a esto hay que añadir un grado de dificultad más y es el del propio vocabulario que aparece en ella. Daniel Sada es un escritor cuya  literatura entronca con la tradición más genuinamente mexicana: Agustín Yáñez, Juan Rulfo, Juan José Arreola y Jorge Ibargüengoitia. Como él en esta novela, estos escritores hicieron tema esencial de sus narraciones la provincia. Es lo que ocurre aquí, que la tensión antiprogreso de la provincia (las pequeñas localidades de Coahuila: Parras y Sacramento) juega en contra del avance presente en urbes más grandes como Oaxaca. 

Los mexicanismos pululan por todo el relato. Es característico de esta novela la utilización frecuente de términos propios de un léxico coloquial, vivo, directo, muy auténtico de la vida cotidiana de los mexicanos. Muchos de estos vocablos son desconocidos para un lector español y de los conocidos a veces el sentido que tienen en México no es para nada semejante al que le damos por aquí. Algunos ejemplos:

Jalarse: emborracharse; ínsito: congénito, natural; bolillos: barra de pan; retaque en la maleta: Apretar el contenido de un recipiente para que quepa más Fodongas: descuidadas; empiyamarse: ponerse el pijama; senos guangos: anchos, holgados; ¡Órale!: ¡venga!; Un mesero flaco, muy enano y con un copetito muy firulete": Un camarero, flaco, enano y con un tupé superfluo y de mal gusto; Vestido buchón.: pretencioso; Intrepidez muy de juro: muy segura; Súpito: Alelado, atolondrado, atontado.; sola (con cercén): Sola (con rotundidad); Melcocha de más: Muy melosa, excesiva en mostrarse dulce; amor zaino: traidor, falso ; "Hasta" con el sentido de "a" o de "en"; "enchamarrarse": colocarse la chamarrapara salir a la call; Papalote: volantín, cometa; Perimida por la duda: Caducada, agotada por la duda; bagazos: Residuos; redilas (camioneta de redilas): rejas de madera que se fijan alrededor o a los costados de la plataforma de carga de un vehículo, particularmente un camión; Chafirete: Chofer de un automóvil, en especial de un transporte público, que conduce de forma arbitraria y temeraria; y otras muchas más.

Final
Una novela no fácil, no sencilla, que hay que leer con atención y que si al inicio resulta algo dificultosa conviene no abandonar pues -lo puedo asegurar- al cabo de unas cuarenta páginas se asimila su ritmo y la cadenciosidad del idioma que utiliza con  lo que el disfrute comienza y es ya un no parar. Un disfrute que hace que la historia enganche y no podamos por menos que querer saber en qué parará el acontecer de los principales personajes de esta historia: Mireya, Demetrio y Renata.

Sorpresas y rupturas de las expectativas encontramos durante la lectura de esta novela que en parte podría reclamarse con derecho heredera del mejor realismo mágico que se dio durante el pasado siglo. Un autor digno sucesor de Juan Rulfo y de Jorge Ibargüengoitia.

Una novela que merece ser leída, sin duda alguna, y que desde aquí agradezco la recomendación que de ella hiciera mi muy buena amiga Ana, tertuliana de "más que palabras..." y lectora avisada donde las haya. Muchas gracias, amiga.

6 oct 2019

¡Viva México! Carlos Fuentes: "Aura" y José Emilio Pacheco: "Las batallas en el desierto". (A Pares IV)

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Lo he dicho ya en otras ocasiones. Como muchas personas cuando visito algún lugar me gusta, sobre todo si el desplazamiento es largo, proveerme de lecturas que me hagan más soportable el tedio del mismo y que me informen siquiera sea de pasada sobre el lugar, ciudad o país al que me dirijo. En esta ocasión el destino era México D. F., distante de mi ciudad nada más y nada menos que 10.500 kilómetros, o lo que es lo mismo casi once horas de avión al ir y otras tantas, naturalmente, al volver. Había que buscar munición lectora suficiente y me decidí por dos autores mexicanos ya desaparecidos: un consagrado Carlos Fuentes, perteneciente al denominado ¡Boom! de la novela hispanoamericana, y un no menos importante José Emilio Pacheco aunque menos conocido por haber sido la poesía, la crítica y el ensayo sus campos de escritura favoritos. 

A estos dos autores mexicanos sólo los separan once años: Fuentes nació en 1928 y Pacheco en 1939; sin embargo su fallecimiento es mucho más cercano: el de Pacheco tuvo lugar en  2014 y Fuentes nos dijo adiós en 2012.

Escogí para el viaje dos novelitas, una de cada autor, con el propósito de leer una a la ida y otra a la vuelta durante esas tediosas once horas de navegación aérea que temía más que a un nublado. Y así fue, leí "Aura" de Carlos Fuentes al ir, y al volver hice lo propio con "Las batallas en el desierto" de José Emilio Pacheco. Si bien cada una de estas dos novelas son merecedoras de reseña individual, las aúno en este "A Pares IV" por eso del motivo que ocasionó su lectura.

"Aura" de Carlos Fuentes


Se trata de una novela corta publicada por el autor mexicano en 1962, precisamente el mismo año en que apareció su también magnífica novela "La muerte de Artemio Cruz", la obra que hace ya ni sé los años me hizo conocer a este mexicano nacido en Panamá y al que no había regresado desde que leyera también hace muchos años otra excelente novela suya, "Cambio de piel", de 1967. Es, pues, Carlos Fuentes un clásico contemporáneo de la literatura en lengua española que se reconoce dentro de la generación de escritores que renovaron la novela latinoamericana a través del denominado ¡Boom! Cuando el Premio Nobel de Literatura se lo dieron a Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, eterno candidato al mismo, dijo:
"Cuando se lo dieron a García Márquez (1982) me lo dieron a mí, a mi generación, a la novela latinoamericana que nosotros representamos en un momento dado. De manera que yo me doy por premiado."
Desde luego "Aura" es un relato que enraíza completamente con el denominado "realismo mágico" característico de la explosión narrativa latinoamericana iniciada a mediados de los años cincuenta del siglo pasado y que alcanzó su mayoría de edad con "Cien años de soledad" de Gabriel García Márquez en 1967. 

"Aura"
Felipe Montero, joven profesor de Historia que malvive con el pobre sueldo que le proporcionan las clases particulares que imparte, en el Café al que acude habitualmente lee en el periódico un anuncio en el que se solicita a un profesional cualificado para un trabajo dotado con un buen sueldo. Acude a la dirección que figura en el aviso y al entrar en esa casa de la calle Donceles 815 la dueña de la misma, Consuelo, una enigmática anciana mujer de edad indefinible, le propone el trabajo de organizar las memorias de su fallecido marido, el General Llorente, a cambio de un sabroso sueldo que vendrá a sumarse a los escasos 4000 pesos mensuales que recibe por las clases que imparte. La única condición es que el joven ha de residir en la casa. Una joven bellísima, Aura, le servirá a Felipe para disipar las dudas que tenía sobre si acertar el encargo o no.

Al tiempo que Felipe se pone a leer los diarios del General Llorente, comienza a obsesionarse con Aura, una joven de impresionantes ojos verdes, que el profesor entiende está sometida a su tía Consuelo y al que en un rapto de romanticismo él se propone liberar. Pero...

Los personajes son sólo tres: Felipe Montero, Aura y Consuelo Llorente. Las dos mujeres son el haz y envés de la existencia: joven, sabia y dependiente es Aura; también sabia, pero ya anciana y muy manipuladora, Consuelo. Ambas viven encerradas en un mundo antiguo representado en esa casa oscura donde se venera la memoria del General fallecido. La religiosidad excesiva de Consuelo es una atadura más. Felipe, por contra, es un joven impetuoso, romántico, lleno de proyectos de futuro en el que desearía integrar a esta bella y enigmática Aura.

La magia o al menos la sensación mágica nos envuelve por completo cuando en esa casa oscura y misteriosa hay un conejo que va y viene a su gusto sin importarle eso a ninguna de las moradoras, o cuando al hacer el cómputo de años caemos en la cuenta de que si el General Llorente falleció en 1901 con 82 y esto sucedió cuarenta años después de la invasión francesa y de la derrota de Querétaro, entonces ella, Consuelo, tendría... La cuenta es imposible de llevar a cabo pues nos saldría la enorme e inexplicable cifra de 209 años y eso, claro, no es posible ni lógico, ¿o sí?

"La muerte de Artemio Cruz", Carlos Fuentes, Novela mexicana
El narrador es esencialmente una 2ª persona. Sin embargo en algunos momentos inopinadamente se pasa a la 3ª lo que me ha desconcertado un poco: "Levantarás los ojos, que habías mantenido bajos, y ella ya habrá cerrado los labios, pero esa palabra -'volverá'- vuelves a escucharla como si la anciana la estuviese pronunciando en ese momento. Permanecen inmóviles. Tú miras hacia atrás; te ciega el brillo parpadeante de objetos religiosos" (cap. I, pág. 15)
Me doy cuenta de que cuando junto a Felipe Montero hay otro personaje el narrador utiliza la 3ª persona del plural (narrador externo, pues). Esto me lleva a pensar que la narración en 2ª no es más que la propia conciencia del protagonista Felipe (monólogo interior) que en cierto sentido interpela, se dirige o incorpora al lector que se encuentra al otro lado del hilo comunicativo convertido de esta manera en un interlocutor o partícipe en el relato más.

Como es lógico abundan los mexicanismos como 'saco' (chaqueta) y otros por el estilo. Los ejemplos son variados:
    • "La ves de lejos: hincada, cubierta por ese camisón de lana burda, con la cabeza hundida en los hombros delgados , delgada como una escultura medieval, emaciada." (Pág. 25).
    • "listón morado, luido." (pag. 26).
    • Nombres de plantas (beleño, dulcamara, gordolobo, belladona…)
Todo en este relato contribuye a crear una sensación de onirismo, de mundo onírico, de sueño en el que se mezcla lo vivido de manera confusa.

Es un muy interesante cuento o novela corta en la que Carlos Fuentes bebe de la gran tradición literaria universal (el goticismo de Guy de Maupassant, el terror fantástico de Poe, la desrealización contextualizada en la América meridional de Faulkner…) creando una historia en la que sueño y vigilia se confunden, el tiempo desaparece, los personajes todos ellos se duplican, incluso los lectores nos sentimos concernidos, implicados, dentro del relato a través de ese "Tú" al que el narrador se dirige sabiendo todo de él. El mismo Felipe no deja de ser la parte joven del General Llorente, el marido de Consuelo, de la cual, obviamente, Aura, sería su parte luminosa, su visión positiva y erótica que fue en el pasado.

Desrealización, onirismo, desaparición del narrador, supresión de los límites temporales, anulación del México real presente en ese periódico, ese café y esa dirección a la que Felipe acude en busca de un empleo. Y lo que encuentra es… No se puede decir más, hay que leerla y bucear en la prosa de Carlos Fuentes, que consigue, como lograra hacer el maestro Salinas según nuestro Fray Luis de León, sacarnos de este anodino, vulgar y cotidiano mundo nuestro.
Por si todo esto fuera poco la edición que he manejado contiene ilustraciones realizadas por Alejandra Acosta que embellecen el volumen y mejoran la intelección del texto. ¡Bravo por Alejandra!




"Las batallas en el desierto" de José Emilio Pacheco

Boom de novela latinoamericana, José Emilio Pacheco

José Emilio Pacheco figura en la historia de la literatura más como poeta que como narrador. De hecho cuenta en su haber con sólo dos títulos novelísticos: éste que aquí traigo, -sin duda alguna su obra maestra-, y otro, "Morirás lejos", que escribió en 1967. El resto de su abundante producción es esencialmente poética (16 títulos) a la que hay que añadir un ingente número de artículos periodísticos recogidos en tres volúmenes, la traducción de obras literarias importantes, y una serie de cuentos agrupados en tres libros.

Es "Las batallas del desierto" (1981) una auténtica novela de iniciación, un bildungsroman, en el que Carlos, un niño de clase media de la Colonia Roma de la Ciudad de México, se hace amigo en el colegio de Jim un niño que presume de que su papá se codea con altos dignatarios gubernamentales, lo que no casa mucho con una serie de asuntos como que su padre nunca esté en casa y cosas por el estilo. El caso es que Carlos se enamorará perdidamente de Mariana, la madre de Jim, a cuya casa van ambos niños a jugar y a merendar en ocasiones. Tal es el enamoramiento de Carlos que éste decide ir a declarárselo en persona a la misma Mariana. Al haber salido del Colegio sin permiso para realizar su deseo, el suceso llega a oídos de sus padres que conocedores del porqué buscan ayuda en psiquiatras y sacerdotes, los chamanes de nuestra sociedad.

Al tiempo que esto le sucede a Carlos en el mundo están ocurriendo hechos relevantes como la guerra en Oriente Medio ocasionada por la creación en 1947 del estado de Israel. Los niños juegan en el recreo a judíos contra palestinos. De aquí el título de la novela. Y en México parece que el viento soplaba de cola pues todo era progreso, inauguraciones de obras públicas, industrias nuevas que se instalan en el país, el inglés americano que llega con los inversores de este país... Los políticos son personas triunfadoras a las que se arriman otras a las que a cambio de prebendas ellos depredan y se llevan por delante. Mariana será una de ellas.

Los años pasan y ya adulto Carlos rememora, por un encuentro casual con Rosales, un antiguo compañero del colegio, toda esta su experiencia amorosa infantil. La distancia con los hechos, los años transcurridos, el desarrollo dispar de personas y países confirman a Carlos la desaparición junto a su antigua vivencia de todo un mundo: la Colonia Roma se ha empobrecido y muchas de sus casas han sido demolidas, la esperanza palestina se ha diluído en miserables campos de refugiados, Jim ha desaparecido de México llevado por su padre biológico y Mariana..., bueno Mariana es difícil decir de ella más cosas porque Mariana es un ser maravilloso e inasible a la que... No, no puedo contar más. En estas reseñas que hago sólo pretendo provocar el deseo lector, no destripar narraciones.

Lo que en verdad es maravilloso en esta novela corta es el lenguaje que utiliza su autor. Es evidente que Pacheco es un poeta y así logra transmitirnos a través de la palabra sentimientos tan íntimos e inefables como el nacimiento de un primer amor, la necesidad de declararlo, y la incomprensión que la sociedad tiene del mundo infantil a cuyo integrantes, los niños, se los tiene por poco menos que débiles mentales. En cuanto alguno de ellos, como es el caso de Carlos, se sale de los raíles habituales, padres y educadores echamos mano de los magos de la tribu, sacerdotes y médicos psiquiatras, para que los sanen o exorcicen y vuelvan, ovejas, al redil.

Realismo mágico, Literatura mexicana,
La historia del enamoramiento transcurre en menos de un curso escolar, cuando Carlos y Jim apenas si cuentan ocho años. Al final de la novela, cuando se produce el encuentro entre Rosales y Carlos, han pasado diez años de los hechos. Si la novela se inicia con la guerra arabo-israelí de 1948 al final estamos en 1957 cuando se produjo un fuerte terremoto en México, metáfora del terremoto social que caería por esos años en la sociedad mexicana que fue empobreciéndose cada vez más al salir de una época cegadora de lujos e ilusiones que se revelaron vanas.

La novelita se estructura en 12 capítulos que son auténticos cortes de situaciones personales y sociales mexicanas (la discriminación social por el origen familiar en 'Los desastres de la guerra', el enamoramiento en 'Obsesión', el comienzo del declive económico en 'Inglés obligatorio', la descomposición de un mundo que diez años atrás se creía sólido en 'Colonia Roma', etc.)  focalizadas en el propio niño protagonista o en su entorno familiar.

El narrador es el propio Carlos que en 1ª persona relata su experiencia. Esta primera persona, habitual en la creación poética, contribuye decisivamente al intimismo que el sentimiento experimentado por el niño requiere. Pese a este intimismo y, quizás, en lógica correspondencia con la edad infantil de los protagonistas del relato el léxico utilizado es sencillo y simple referido al mundo de objetos y referencias propios de los niños o que suelen interesarles (marcas de coches; las lecturas propias de chiquillos en el momento: 'Chamaco', 'Cartones', 'Paquín', 'Pepín'; el Pan Bimbo, el 'pozole', el queso Kraft, el chicharrón en salsa verde, etc.; las películas que los niños veían los viernes en el Cine: 'Frankestein', 'Drácula', 'El hombre Lobo', etc.). Tambien utiliza palabras claras y comprensibles cuando deja el mundo referencial infantil:
"el ganador de millones y millones [el supuesto padre de Jim] a cada iniciativa del presidente [Miguel Alemán, que fue presidente de México de los años 1946 a 1952]: contratos por todas partes, terrenos en Acapulco, perm isos de importación, constructoras, autorizaciones para establecer filiales de compañías norteamericanas; asbestos, leyes para cubrir todas las azoteas con tinacos de asbesto cancerígeno […]" (pág. 23, 'Ali Babá y los cuarenta ladrones')
Por otra parte abundan -algo ya he dicho al hablar del léxico propio de los niños- referencias propias de la cultura pop: del mundo del cine (Elizabeth Taylor, Walt Disney); iconos pop (Pato Donald, Popeye el Marino, Raton Mickey); revistas de difusión cultural como las 'Selecciones del Reader Digest' y revistas para adultos como 'Vea' o 'Vodevil'; las 'novelitas de Perry Mason'; etc.

Una novelita que deja una satisfacción inmensa tras su lectura. Una belleza que se lee en poco más de una hora y que se puede leer y releer una y otra vez como se hace con la buena poesía. A mí en concreto me sirvió para recrearme mientras la leía en el recuerdo de la hermosa y feliz estancia que acababa de pasar en la ciudad de México donde una historia como ésta es verosímil pues México D. F. es ciudad de contrastes donde todo es factible, incluso que Mariana viviese en verdad y que Carlos se enamorase perdidamente de ella con todo lo que el amor auténtico acarrea.