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9 feb 2024

Honoré de Balzac: "La piel de zapa", Comedia Humana 1

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«Pensó de pronto en que la posesión del poder, por inmenso que éste pueda ser, no proporciona la ciencia de utilizarle. El cetro es un juguete en manos de un niño, una hacha en las de Richelieu, y en las de Napoleón una palanca que hace vacilar al mundo. El poder nos deja tal cual somos y no engrandece más que a los grandes. Rafael pudo hacerlo todo y no hizo nada.»

Política y Literatura, Realismo francés
Los motivos que llevan a los lectores a leer un libro u otro son variados por demás. Fijándome en mí diré que, en ocasiones, la elección de los títulos obedece a alguna de las causas siguientes: he visto una serie televisiva basada en una obra narrativa y quiero conocerla de primera mano; la novela de un autor, que me satisfizo en su momento, me impulsa a probar con otra realizada por el mismo; tras la lectura de una buena reseña en un blog literario de toda mi confianza de un libro, me entran unas irresistibles ganas de ponerme con él; un artículo, incluso publicitario, leído en una revista o suplemento cultural de un diario hace que lo recuerde en una librería o biblioteca y lo compro o lo saco en préstamo; e incluso, como en esta ocasión, la referencia a una obra, aunque sea de soslayo o de manera metafórica, realizada, como apoyo argumentativo, en un artículo periodístico sobre política actual de aquí o de otro lugar. Así, esta última motivación me llevó a buscar en la biblioteca de mi barrio, la novela inaugural de La Comedia Humana de Honoré de Balzac, "La piel de zapa".

Por acabar con la justificación de mi elección, diré que el artículo periodístico de marras lo firmaba en el diario digital El Confidencial el periodista Pablo Pombo bajo el título "La piel de Puigdemont". Es tal actualmente la profusión y acumulación de informaciones sobre la proyectada primera ley de esta legislatura que ver en un artículo sobre la misma una referencia literaria, nada menos que a Balzac, me incitó a buscar la novela a la que, una vez hecha la lectura del artículo, entendí se refería. Así de curiosos son los caminos que nos dirigen o nos apartan de ciertos libros. Pero ya quiero entrar en harina, o sea, ya es hora de hablar de literatura y dejar de dar rodeos.

Honoré de Balzac (Tours, 1799 - París, 1850) es uno de los grandes escritores franceses de la escuela realista. Junto a Stendhal es precursor de este movimiento literario que encontró sus nombres culmen en Flaubert (1821-1880) y Victor Hugo (1802-1885), sin dejar en el olvido a los dos Alejandro Dumas (1802-1870, el padre; 1824-1895, el hijo). Jugador, pendenciero, endeudado hasta las cejas en muchas ocasiones, mujeriego (sólo se casó próximo ya a su fallecimiento. pero fue pareja de múltiples mujeres), escritor prolífico al que la enfermedad persiguió durante toda su vida por sus excesos de todo tipo: amatorios, festivos, pendencieros, y, sobre todo, sus largas jornadas de trabajo literario que minaron mortalmente su salud.

En La piel de zapa, novela publicada primero en cinco entregas, pero no completa, en la Revue de París, encontramos a Rafael, joven poeta que con una última moneda en su poder entra en un salón de juego a apostarla. Tras perderla deambula por los muelles del Sena con la determinación tomada de poner fin a sus días. En su errático vagar ve una tienda de antigüedades en la que decide entrar. Las obras de arte allí exhibidas le hacen entrar en divagaciones filosóficas de todo tipo. El anticuario le invita a visitar un departamento de la tienda con piezas de mayor valor. Allí el anciano vendedor, tras hablar con él y conocer sus graves problemas económicos y vitales, le ofrece un viejo pedazo de cuero, una piel de zapa (pez) o de onagro (asno salvaje), de gran aspereza, pero con una enorme cualidad: es capaz de satisfacer cualquier deseo de su poseedor; sin embargo, por cada deseo realizado la piel se adelgazará y encogerá consumiendo la energía vital del propietario hasta llegar a su consumación. Es por esto que el anciano le insta a no aceptarla, pero Rafael de Valentin, desesperado, no le hace caso y tras tomarla expresa un primer deseo: ojalá pudiese asistir a un pantagruélico banquete con buenos vinos, hermosas mujeres y buenos amigos. Abandona la tienda y al poco topa con unos amigos suyos, que están de francachela, que  le invitan a unirse a ellos y acompañarlos a la casa de un burgués millonario donde piensan culminar la noche con una orgía por todo lo alto. Todo esto ocurre en 'El talismán', la primera parte de la novela.

Con estos amigos asiste al banquete que el creador de un periódico, el capitalista Taillefer, da en su casa. Quizás Taillefer le sirva para salir de su indigencia ofreciéndole un puesto en su periódico. Su amigo Emilio, periodista, será su valedor ante Taillefer. En este banquete ambos amigos divagan sobre temas de lo más filosófico mientras disfrutan de la compañía y placeres que les dispensan dos bellas cortesanas (prostitutas), Aquilina y Eufrasia. La libertad y liberalidad con que actúan ambas le sirven a Rafael de contrapunto con la continencia de otras como Paulina, hija de la dueña de la pensión donde ha habitado durante tres años consumiendo el dinero que su padre le dejó al morir. Rafael se siente atraído por Paulina, joven virtuosa y contenida que lo atiende con enorme dedicación
«—¿Pero no es odiosa una mujer sin virtud? —preguntó Emilio a Rafael.
Eufrasia les lanzó una mirada viperina y contestó con inimitable acento de ironía:
—¡La virtud! Eso queda para las feas y contrahechas. ¿Qué sería, sin ella, de esas infelices?
—¡Calla! ¡Calla! —exclamó Emilio—, no hables de lo que no sabes.
—¿No he de saberlo? —replicó Eufrasia—. Entregarse durante toda la vida a un ser odiado, saber criar hijos que nos abandonen, y haber de darles las gracias cuando desgarren nuestro corazón. Ésas son las virtudes que exigen ustedes a la mujer; y aun para recompensar su abnegación, acaban por imponerla sufrimientos, tratando de seducirla, y si resiste la comprometen. ¡Bonita vida! Vale más conservar la libertad, amar a quien se quiera y morir jóvenes.»
En el curso de este orgiástico banquete que dura hasta el día siguiente, el poeta desesperado topa con Rastignac, antiguo amigo, vividor donde los haya, que le insta a visitar los salones de la alta sociedad para salir de su penoso estado. Es así como Rafael conocerá a la condesa Fedora, bellísima mujer, de la que quedará prendado pero a la que no logrará seducir al ser ésta, como reza el título de esta segunda parte, una «mujer sin corazón». Pese a esto, Rafael la visita una y otra vez hasta que decide abandonar sus salones por la imposibilidad de conseguirla y haber perdido con ella los pocos dineros logrados siguiendo los consejos del pícaro Rastignac, cuya consigna vital es la de que pues hemos de morir, mejor hacerlo a través del exceso que no de la morigeración. De esta manera, Rafael de Valentin concluye diciéndole a Emilio casi al final de esta segunda parte, que acababa de gastar su último napoleón en la casa de juego. 

La tercera parte de La piel de zapa, "La agonía", sucede varios años después del orgiástico banquete que finalizó con la comunicación a Rafael por parte de un notario de ser el único heredero de una enorme fortuna, evaluada en unos seis millones de francos, dejada por «el mayor O`Flaharty, fallecido en agosto de 1828 en Calcuta». Al ver Rafael cómo la piel de zapa había encogido nada más conocer la noticia, decidió procurar desear las menos cosas posibles a fin de preservar su vida. Y así lo encontramos en esta última parte de la novela de la que más ya no puedo desvelar para no destrozar el deleite lector.

 La lectura me ha resultado satisfactoria, aunque he de reconocer la enorme evolución del gusto literario experimentada por el lector de hoy respecto al de hace casi doscientos años. Actualmente el exceso descriptivo, la enorme acumulación de adjetivos, las digresiones filosóficas o de otro tipo, la patente búsqueda de finalidad moralizante, etc. de esa literatura no casa bien con la velocidad, escasa profundidad conceptual, el ritmo adictivo, etc. que los lectores actuales buscan -o mejor exigen- en los relatos que toman en sus manos. De ahí que los planteamientos de orden filosófico que especialmente en la primera parte acumula Honoré de Balzac hayan hecho que esas páginas me resultasen por momentos algo tediosas. Sin embargo, la segunda gana en viveza por los diálogos y el dinamismo mostrado por los personajes. Y ya en la tercera el lector se hace cómplice del autor deseando ver en qué acaba la historia, cómo se resolverá el peliagudo asunto de Rafael con esa piel que satisface todos sus deseos aunque sea a costa de su propia existencia, etc.

Junto a la historia propiamente dicha, una historia realista situada en un contexto histórico contemporáneo al momento de escritura, la Revolución de julio del año 1830, que supuso la caída del absolutista Carlos X y el ascenso de Luis Felipe de Orleans, esta primera novela de la obra que Honoré de Balzac pretendía que fuera un retrato de la sociedad francesa de su tiempo, La Comedia Humana, ha sido de mi interés por varias cosas: la primera porque se ve en ella con claridad el tránsito desde el Romanticismo de un Goethe, un Chateaubriand o un Lamartine, a un declarado realismo que luego eclosionaría definitivamente con Gustave Flaubert y Emilio Zola; la segunda, por la cantidad de elementos autobiográficos contenidos en La piel de zapa
✔«La curiosidad filosófica, el exceso de trabajo, la afición a la lectura, que han ocupado constantemente mi vida, desde la edad de siete años hasta mi entrada en el mundo, ¿no me habrán dotado de esa facilidad, que todos me atribuís, para expresar mis pensamientos y seguir avanzando por el vasto campo de los conocimientos humanos?» 
✔«—Ha debido usted cometer muchos excesos, entregándose a una vida disipada, y, a la vez, desarrollar un intenso trabajo mental —dijo a Rafael uno de los tres afamado doctores, cuya cabeza cuadrada , ancho rostro y vigorosa complexión parecían denotar un genio superior al de sus dos antagonistas.
—He querido matarme haciendo una vida desordenada, después de pasar tres años escribiendo una extensa obra, en la que quizá se ocupen ustedes algún día —contestó Rafael.
»
Otro punto que me ha interesado mucho de esta novela es conocer de primera mano qué personalidades del pensamiento, la literatura y del mundo científico eran en el momento de escritura importantes para un iniciador de la escuela realista como era Honoré de Balzac. En las páginas de La piel de zapa aparecen citados el inglés Sterne, Charles Perrault («Era Ariel deslizándose como un silfo bajo techo y proveyendo a mis necesidades. Una noche, Paulina me contó su historia, con emocionante ingenuidad.»), Rabelais («Entre las acerbas chuscadas dedicadas por aquellos hijos de la Revolución al nacimiento de un periódico y las ocurrencias prodigadas por alegres bebedores al nacimiento de Gargantúa, mediaba todo el abismo que separa al siglo décimonono del decimosexto. Éste preparaba una destrucción, riendo; aquél, reía entre las ruinas.»), Immanuel Kant, John Milton («La contemplación de los salones, en aquel momento, constituía una vista anticipada del Pandemonio de Milton.»), y otros tantos autores más.

Por lo demás, la novela es típica del realismo del XIX. Muestra la realidad de un modo que va un paso más allá del pintoresquismo propio del costumbrismo romántico. Ahora se pone el acento en la crítica de la ascendente clase burguesa con una evidente intención moralizadora. Es una gente que gasta su dinero con evidente mal gusto (no son aristócratas) sin importarles que la clase baja lo esté pasando mal: 
«¡Ah! Nunca nos falta dinero para nuestros caprichos: sólo regateamos el precio de las cosas útiles o necesarias. Tiramos el oro indiferentemente con una bailarina, y escatimamos una moneda en el salario de un obrero, cuya famélica familia espera el jornal para pagar sus atrasos.» 
E igualmente, en la narración, y en varios momentos, la crítica a la doblez e hipocresía de los miembros de esta clase es patente:
  • Comedie Humaine, Honorato Balzac
     «Fedora, a pesar de su sagacidad, no había desechado todos los vestigios de su origen plebeyo; su olvido de sí misma era falsía; sus modales, en lugar de ser ingénitos, revelaban un laborioso estudio; su cortesía, en fin, trascendía a servilismo. Y, sin embargo, sus melosas palabras eran para sus favoritos la expresión de la bondad, su pretenciosa exageración, noble entusiasmo. Sólo yo había estudiado sus muecas; había descubierto su interior, despojándola de la tenue corteza exigida por la sociedad; yo era el único a quien no podía embaucar con sus arterías, porque conocía a fondo su alma felina.»
  • «¿Que uno de nuestros amigos carece de talento? Se habla de su probidad, de su franqueza. ¿Que la obra de otro resulta pesada? Se la presenta como un trabajo concienzudo. Si el libro está mal escrito, se elogian las ideas. ¿Qué Fulano es un descreído, un inconstante, un tarambana? ¡Bah! En cambio, es un hombre seductor, original, divertidísimo. Pero ¿se trata de un enemigo? ¡Ah! Entonces se le achacan todas las culpas, se invierten con él los términos del lenguaje, y se muestra tanta perspicacia en descubrir sus defectos, como habilidad se puso para hacer resaltar las virtudes de los amigos.»
Cualquiera puede ver, sólo ya con la última cita, la enorme actualidad que tiene La piel de zapa. El manejo del lenguaje, el cambio de términos y significación si es de los nuestros o no, se evidencia en esta novela. Es por ello que, al llegar al final de su lectura y regresar al mundo de la realidad en que habito, encuentro pertinente por demás la metáfora que el periodista Pablo Pombo, citado al inicio de esta reseña, realizaba en su artículo de temática política. Quizás la cita con la que quiero cerrar la reseña sea aún más clarificadora: 
«—¡Son ustedes unos majaderos! —replicó el ferviente republicano—. ¿Acaso pretenden ustedes limpiar una nación con mondadientes? A su juicio, la justicia es más peligrosa que los ladrones.»
Permitan que me ría y que me quite el sombrero ante el genial Honoré de Balzac (¡Chapeau!, dirían sus compatriotas) y esta novela con la que el novelista se dio a conocer, que le dotó de enorme prestigio literario y que, hasta el mismísimo Goethe, muy anciano ya en 1831, alabó. La verdad es que el asunto de venderse por conseguir lo deseado recuerda bastante a Fausto, del alemán ilustre.




12 sept 2021

Eça de Queiroz: "El mandarín".

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«En lo más remoto de la China existe un mandarín más rico que todos los reyes de que hablan las fábulas o la historia. Nada conoces de él, ni el nombre, ni el semblante, ni la seda de que se viste. Para que heredes su infinita fortuna, basta con que toques esa campanilla, puesta a tu lado sobre un libro. Él dará tan solo un suspiro en los confines de Mongolia. Será entonces un cadáver; y tú verás a tus pies más oro del que puede soñar la ambición de un avaro. Tú, que me lees y eres hombre mortal: ¿tocarás tú la campanilla?»

Creo haber dicho en más de una ocasión que algunas de las lecturas que realizo vienen en parte motivadas por mi participación en algún Reto lector propuesto por blogs amigos. Uno de mis favoritos es el de "Autores de la A a la Z" que promueve Marisa desde su blog "Lecturápolis". Apellidos de autores que comiencen por la letra 'Q' no abundan; repasando listados de autores topé con uno, el del portugués José María Eça de Queiroz, de quien hacía ya unos años que no leía nada. Miel sobre hojuelas, me dije. Así que dicho y hecho. Me puse a leer una de sus novelas menos conocidas: 


"El mandarín"

Cuando estudiaba Literatura y llegábamos al Realismo junto a los grandes novelistas rusos, franceses y españoles se deslizaba, como sin querer molestar a nadie, un portugués: Eça de Queiroz. Naturalmente, aparte de Galdós y Clarín de los españoles; Flaubert, Dostoievski y Tolstoi de los extranjeros, pocos autores más leíamos en esos años de estudio. Ni por soñación se nos ocurría leer a Eça de Queiroz; nos parecía, no sé, como algo menor, alguien insignificante al lado de los anteriores. Hubieron de pasar varios años para que ya en la madurez, sin el agobio de la obligación, leyera con mucho agrado varias novelas del escritor portugués. Pasaron por mis manos "El primo Basilio", "Los Maia", "El crimen del Padre Amaro", "El misterio de la carretera de Sintra"..., todas ellas novelas de corte realista escritas durante las décadas 70 y 80 del siglo XIX.

Literatura portuguesa, Eça de Queiroz,Realismo y Naturalismo
La novela que he leído ahora, "El mandarín" ('O Mandarim') es de 1880 y apareció publicada tras tres de las citadas en el párrafo anterior y antes de la que es tenida por su mejor obra, "Los Maia", que es del año 1888. "El mandarín" es una excepción dentro de la narrativa de Queiroz al ser una obra imaginativa, de fantasía, totalmente alejada de la literatura salida de la observación -Realismo y Naturalismo- que por esos años se estilaba. El mismísimo escritor cuando en 1884 una revista literaria francesa eligió esta novela para incluirla en su publicación como muestra de la literatura que por entonces se estaba haciendo en Portugal escribió al redactor jefe de la misma para explicar la excepcionalidad de la obra elegida dentro del Realismo, la corriente narrativa con la que el escritor portuense se identificaba.

En la novela Teodoro, un joven oficinista que vive de pensión en casa de doña Augusta, lee en un libro adquirido en una librería de viejo que en China vive un mandarín inmensamente rico; si Teodoro tocase una campanilla este mandarín moriría de inmediato y todas sus riquezas serían heredadas por él. Al poco de haber leído tal cosa el Diablo se materializa ante Teodoro y le insta a tocar la campanilla, cosa que el joven escribiente hace. No ocurre nada durante unas semanas de manera que Teodoro llega a olvidar el asunto como si de un sueño se hubiera tratado. Pero un buen día se presenta ante él un hombre que le comunica que en la banca Rothschild de Londres tiene una serie de pagarés a su nombre a cuenta de ser el único heredero de la inmensa fortuna del fallecido mandarín Ti Chin Fu. 

El joven Teodoro una vez que se hace con parte de los millones de los que es poseedor se dedica a ser un 'bon vivant': vivienda lujosa, criados, coches de caballos, amantes, restaurantes... Todo lo que en su pobreza anterior ansiaba lo hace ahora realidad. Sin embargo y de manera recurrente la imagen del mandarín se le muestra inopinadamente en su habitación, en sus sueños, en cualquier lugar haciendo que comience a pensar con gran sentimiento de culpa que su fantástica vida se debe a la pobreza en que habrán quedado sumidos los familiares del mandarín fallecido. Por esto decide viajar a China para en lo posible enmendar esta enorme injusticia. Allí en China ve que mandarines llamados Ti Chin Fu hay varios. Es difícil por no decir imposible devolver los dineros.

Teodoro tras sufrir varios robos en China y vivir la tediosa y lujosa vida de las legaciones europeas en Pekín se refugia en un monasterio desde donde escribe a sus asesores legales en China para que localicen a la viuda del mandarín fallecido por su causa y le entreguen el dinero, algo que estos no pueden realizar. Entonces decide abandonar la China, volver a Lisboa y allí retomar su vida de oficinista y realquilado. En un momento en que de nuevo la imagen de quien le entregó el dinero se le aparece Teodoro le pide encarecidamente que resucite al Mandarín, que no quiere para nada esos dineros. El sentido moral del relato se explicita en una especie de moraleja: 

«Sólo tiene buen sabor el pan que día tras día ganan nuestras manos. ¡No matéis nunca al Mandarín!».

José María Eça de Queiroz vivió de 1845 a 1900. Estudió Derecho, ejerció la abogacía y su principal dedicación aparte de la literatura fue la diplomática ejerciendo funciones consulares en La Habana, Newcastle y Bristol. Muy importantes fueron los muchos viajes que realizó que le permitieron conocer diferentes culturas. Viajó por Egipto, Europa, China, Estados Unidos, Brasil, etc. Precisamente en "El mandarín" es relevante el conocimiento que demuestra de la cultura china y de la variada geografía de este inmenso país oriental. En cuanto a la cultura, la xenofobia de los europeos hacia los chinos queda patente en el relato:
  • «¿Qué hacía allí sino exponerme, por mi riqueza, a los asaltos de un pueblo que desde hace cuarenta y cuatro siglos, piratea en los mares y asola la tierra por la rapiña?​»
  • «¡Qué largos y lúgubres me resultaron los días de navegación desde Tien-Tsin a Tung-Chu, en barcos chatos, nauseabundos por el olor de los remeros chinos!»
El escritor disfruta en esta novela del abandono de la pura realidad sumergiéndose en descripciones que evocan la sensualidad y lujo orientales que tanto gustaba al Parnasianismo francés. Conviene hacer notar que Queiroz como buen hombre ilustrado del momento era un enamorado de Francia, en especial de París, donde por esos años está abriéndose paso con éxito creciente ese movimiento literario que pretendía huir por igual del Posromanticismo cuanto del Realismo literario. 
«Los clientes, en un silencio sepulcral, leves como sombras, van examinando las preciosidades, porcelanas de la dinastía Ming, bronces, esmaltes, marfiles, sedas, armas taraceadas, los maravillosos abanicos de Swa-Ton; a veces, una bella muchacha de ojos rasgados, túnica azul y amapolas de papel en las trenzas, desdobla una pieza de raro brocado ante un obeso chino, que lo contempla religiosamente, con los dedos cruzados sobre el vientre; al fondo, el comerciante presuntuoso e inmóvil escribe con un pincel sobre largas tablillas de sándalo. Un perfume dulzón surge de las cosas, llenándolo todo de melancolía...»
Vecino a este gusto por el orientalismo e incluso inserto en él está el erotismo que en esta novela de Eça de Queiroz aparece tanto en la estadía del joven protagonista en Lisboa cuanto en su viaje por la lejana China. Nada más saberse millonario Teodoro se confiesa a sí mismo que con tal cantidad de dinero «¡Ninguna de las mujeres que veía se negaría a ofrecerme su seno desnudo a una señal de mi deseo!». Y luego ya en China, ante la hermosura de Vladimira, la generala, de la legación rusa en Pekín, que colabora con él para localizar al Mandarín, Teodoro sucumbe a sus encantos y confiesa la emoción, sensualidad y erotismo que lo embarga
«¡Qué bella estaba con sus vestidos de dama china! En sus cabellos recogidos relucían flores de melocotonero y las cejas parecían más puras y negras avivadas con la tinta de Nankín. La blusa de gasa, bordada en soutache de filigrana de oro, cubría sus senos pequeñitos y erguidos; unos amplios y flojos pantalones de foulard color muslo de ninfa, que le daban una gracia de harén, caían sobre sus finos tobillos, cubiertos por unas medias de seda amarilla; en su chinelita apenas cabían tres dedos de mi mano...»
Esta sensualidad, este erotismo subyugante, casa perfectamente con el descreimiento militante que el narrador en primera persona que es Teodoro muestra a lo largo de la novela. Desde el inicio insiste en la superchería que para él son las creencias religiosas, aunque sin embargo en algún momento de máxima dificultad o situación aparentemente irresoluble opte por volver a implorar a las deidades hace nada denunciadas por inútiles y falsas. Quizás en esta aparente contradicción lo que Queiroz quiera mostrar sea, más que irreligiosidad o ateísmo, un acendrado anticlericalismo; y encuentra en la ironía, en el  humor crítico con su patria y cultura portuguesas, la mejor manera de manifestarlo  
  • «Tenían que llegar mejores tiempos, y para adelantarlos yo hacía como portugués y como constitucional todo lo que debía: rezaba todas las noches a Nossa Senhora das Dores y compraba décimos de lotería.»
  • «Rezo, es verdad, a Nossa Senhora das Dores, porque así como solicité clemencia a mi profesor para obtener mi título, así como para conseguir mis veinte mil reis imploré la benevolencia del señor diputado, de igual modo, para librarme de la tuberculosis, de la angina de pecho, del navajazo de algún rufián, de la cáscara de naranja resbaladiza con la que se rompe uno la pierna, de otros males públicos, necesito contar con una protección sobrenatural.»
  • «Por desgracia, yo no creía en Él... Recurrí, pues, a mi antigua divinidad particular, a mi ídolo dilecto y madrina de mi familia, Nossa Senhora das Dores. Pagado magníficamente, un ejército de curas y canónigos, en las catedrales urbanas y en las capillas de las aldeas, pedía a Nossa Senhora das Dores que tendiera su mirada hacia mi mal interior...»
En esa crítica que Eça de Queiroz deja traslucir hacia su país me he sentido como español bastante identificado pues los españoles solemos pensar y obrar de idéntico modo.

Para finalizar no quisiera dejar sin destacar el fuerte culturalismo que muestra el escritor. Por doquier aparecen referencias a autores bien por su nombre como Voltaire o a través del título de alguna de sus obras como hace con el fundador del Naturalismo, Emile Zola, de quien cita sin nombrarlo a él  "L'asommoir". En otros momentos el derroche cultural que hay en esta novela de fantasía lo realiza a través de la figura retórica de la antonomasia, o sea, citando el nombre de personajes de ficción como por ejemplo el de  Trimalción de la novela "Satiricón" del romano Petronio o de personajes históricos reales como por ejemplo el emperador romano Heliogábalo para así transmitir sin citarlas una serie de cualidades o comportamientos presentes en el susodicho personaje. Evidentemente este recurso exige del lector un cierto nivel de conocimientos, algo que por los años en que se escribe "El Mandarín" reivindicaban un buen número de creadores, entre ellos naturalmente los seguidores del Parnasianismo francés.

Con lo anterior no quiero decir que Eça de Queiroz sea un autor seguidor de Gautier o de Leconte de Lisle, no, para nada. Lo que sí intento explicarme a mí mismo es cómo sería que él, que era un autor que se confesaba realista y naturalista, escribiese esta novela de fantasía condimentada con gotas de orientalismo, sensualidad y erotismo. Y la verdad es que me doy por satisfecho con mi elucubración anterior. Naturalmente lo que digo no es dogma, claro, no lo es siquiera para mí mismo; a lo más simplemente es una explicación plausible de la que partir para debatir y disentir. Porque lo claro y definitorio en la literatura general de José María Eça de Queiroz es su militancia estética en el Realismo y el Naturalismo, algo que hasta en esta excepcional novela suya también se puede ver, especialmente en su fuerte anticlericalismo y en la crítica a la injusticia que representa la desigualdad social:
«[...] como si la oración y el reino de los cielos fuesen una conquista y no aquel ficticio consuelo controlado por los poderosos, para aplacar a quienes nada poseen... Soy un burgués y sé que mi clase ofrece paraísos lejanos y deleites indescriptibles para que los pobres no reparen en las riquezas de que disfrutan y las propiedades que las sustentan.»

"El mandarín" es sobre todo una novela que persigue hacer reflexionar. Reflexión que queda encerrada en la siguiente frase dirigida directamente al lector:

«No quedaría ni un solo mandarín vivo si tú pudieses, tan fácilmente como yo, eliminarlo y heredar sus millones, ¡oh, lector!, criatura improvisada por Dios, obra mala de un mal barro, mi semejante y mi hermano!»

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Nota:
Como digo al inicio de la reseña, el autor Eça de Queiroz me sirve además para ir avanzando en la consecución del Reto 'Autores de la A a la Z' del blog Lecturápolis. Al tiempo este clásico viene a sumarse a la consecución, alcanzada ya de sobra, del Reto 'Nos gustan los clásicos' del blog Un lector indiscreto.



José María Eça de Queiroz, Portugal
Ficha técnica de "El Mandarín"


Nº de páginas: 120
Editorial: EL ACANTILADO
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788496834019
Año de edición: 2008
Plaza de edición: BARCELONA
Traductor: JAVIER COCA SENANDE, RODRÍGUEZ AGUI




31 ago 2021

George Eliot- "El molino del Floss"

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«[Maggie Tulliver] podía inventar mundos soñados, aunque ahora ninguno le resultaba satisfactorio. Quería alguna explicación sobre la dura vida real: sobre su taciturno padre, sentado a la triste mesa del desayuno; su madre infantil y desconcertada; las pequeñas tareas sórdidas que llenaban las horas, o el opresivo vacío de un ocio tedioso y sombrío» (Cap. II del Libro Cuarto del Volumen II)

Mary Ann Evans, El molino del Floss, George Eliot
No había leído nada de George Eliot hasta el momento. Sabía, eso sí, que bajo este nombre masculino se escondía una mujer. En la británica sociedad victoriana en la que nació y vivió Mary Ann Evans (1819-1880), auténtico nombre de la escritora, no estaba bien visto que una mujer fuese independiente y viviese de su propio esfuerzo laboral.

La escritora
Mary Ann nació en 1819 en una granja en Nuneaton, Warwickshire, Inglaterra, donde su padre era administrador de fincas. Fue la hija menor y una de las favoritas de su padre, y recibió una buena educación para una mujer joven de su época. Durante su adolescencia se convirtió en una cristiana evangélica muy practicante. Pero según fueron pasando los años y fue realizando decisiones personales muy criticadas por el entorno social y religioso (la principal sin duda fue la "unión" libre con George Henry Lewes, editor de The Leader, quien no pudo divorciarse de su primera esposa. Ambos amantes vivieron armoniosamente juntos durante los siguientes 24 años), el ostracismo social y las dificultades económicas que esta decisión personal les causó propició que ella decidiese ocultarse bajo el seudónimo de George Eliot y publicar obras literarias que de otro modo jamás habrían sido aceptadas por el público británico del momento.

Además de la novela que aquí reseño aparecida en 1860, Eliot publicó otras obras de ficción como "Adam Bede" (1859), "Silas Marner" (1861), "Romola" (1863) y "Middlemarch" (1872). Quizás sea esta última la mejor de todas ellas, aunque al no haberla leído nada puedo añadir de mi propia cosecha, tan sólo hacerme eco de lo dicho por autores tan respetados como Virginia Wolf («una de las pocas novelas escritas para adultos», dijo de ella), Martin Amis y Julian Barnes que describieron esta novela como la mejor escrita en lengua inglesa. Habrá que leerla, es evidente.

Mary Ann Evans realizó traducciones, la principal la que hizo del ensayo de Feuebarch "La esencia del cristianismo". La traducción de esta obra unida a la lectura que realizó en plena adolescencia de "Una investigación sobre los orígenes del cristianismo" de Charles Hennell sirven para comprender su abandono de la fe y la adopción de un agnosticismo respetuoso con las creencias ajenas. 

También la escritora inglesa cultivó la poesía en la que tocó temas importantes para ella, en especial el de la fe y la independencia femenina, asuntos que en muchas de sus obras narrativas quedan diluidos dentro de esa sociedad tradicional que suele mostrar. En español no hace muchos años la editorial Torremozas publicó una antología de su obra poética titulada "La oscuridad radiante".



"El molino del Floss"
Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
Inspirada en gran parte en los recuerdos de la infancia de la autora, El molino del Floss gira en torno al desigual destino de Tom y Maggie Tulliver, los hijos del molinero. A pesar de la inteligencia natural de Maggie, es Tom, por ser varón, quien recibe la educación y en quien el padre de ambos confía para hacer frente al futuro del molino. Cuando los niños se acercan a la juventud la desgracia económica cae sobre los Tulliver, y los hermanos se ven obligados a enfrentarse a las dificultades. Maggie, alter ego de Eliot, es uno de los personajes más fascinantes de toda su producción, una mujer sensible y apasionada encerrada en un ambiente vulgar, monótono y, con frecuencia, ruin.. A pesar del patetismo progresivo de la novela, un fino humor, altamente crítico, está siempre presente. Considerada, después de Middlemarch (1871-1872), la mejor obra de Eliot, El molino del Floss refleja al igual que ésta, a través de los conflictos morales de sus personajes, la preocupación metafísica de la autora.

Mi comentario
La verdad es que si no hubiera sido por la reseña laudatoria realizada por Marta Navarro en su magnífico blog "Cuentos vagabundos" y el Reto 'Serendipia Recomienda 2021' creo que las aguas del río Floss seguirían moviendo la rueda del molino del señor Tulliver sin que yo me hubiese acercado a conocer las vicisitudes de su familia. Pero ver que una buena degustadora de literatura seleccionaba de entre todas sus lecturas del año 2020 ésta y otras dos más para el Reto Serendipia que consiste en recomendar libros que han gustado a quien lo hace por algo especial me animó a llenar esta laguna imperdonable en mi formación literaria. A esto se añadió el verano, época propicia para lecturas extensas, algo que ésta efectivamente lo es, casi 600 páginas.

La novela se estructura en tres grandes apartados (volúmenes) en los que se desarrolla la peripecia de la familia Tulliver. En el volumen I nos enteramos de cómo están las cosas en el mundo que rodea a la niña Maggie Tulliver: la economía familiar, el afecto que siente por su hermano Tom, el distinto nivel económico de su familia materna -los Dodson- y paterna, mucho más humilde. En el II asistimos a la ruina de la familia Tulliver al haber devuelto el padre por puro sentimiento de orgullo un préstamo a los Gleggs, familia de su mujer Bessy. Esto provocó que el molinero tuviese que pedir un préstamo con garantía hipotecaria del molino al señor Waken; en un momento dado al no poder realizar los pagos debidos el señor Tulliver, Waken lo ejecutará dejando a la familia de Tom y Maggie en la ruina. Por último y como no podía ser de otro modo, en el volumen III, los esfuerzos realizados por Tom harán que las aguas vuelvan a su cauce y que los Tulliver recupere el nivel que les corresponde, aunque para ello hayan tenido que aprender en carne propia la lección de que el orgullo nunca es bueno.

En el marco de esta anécdota presentada de manera lineal el narrador omnisciente que cuenta la historia, un narrador que claramente es la propia escritora, quien pese a ocultarse bajo un nombre masculino no puede evitar que se la reconozca cuando al inicio del volumen III en un momento en el que emite juicios y reflexiones a partir de lo que realizan los personajes se le cuela (?) un indefinido generalizador "una" que en mi opinión revelaba -quizás intencionadamente por parte de la autora- que bajo el seudónimo masculino de George Eliot se escondía una mujer: [refiriéndose a Lucy, prima de Maggie, la autora reflexiona] «espero que no consideres, lector, indicio de que la vanidad se imponía sobre otros impulsos más tiernos el que echara algún vistazo al espejo de la chimenea cuando sus pasos la acercaban a éste. El deseo de saber que una no ha tenido aspecto de espantajo  durante las escasas horas de conversación puede considerarse parte de una atención laudable y generosa hacia los demás.»

Es evidente que tras la figura del narrador está la propia Mary Ann Evans que reflexiona y emite juicios sobre los comportamientos de sus personajes tal y como ella misma en la vida real podría hacerlo en animada conversación con sus vecinos o amigos. Son los lectores, o sea nosotros mismos, los receptores de sus razonamientos; así en un momento dado en que Riley, amigo y consejero del padre, censura que Maggie esté leyendo "La historia del Diablo" de Daniel Defoe por considerarlo inadecuado para una niña, la narradora-autora al quedar el asunto sin resolverse adecuadamente comunica que «la llegada de la cena aplazó oportunamente esta dificultad y alivió al señor Riley de la tarea de sugerir alguna solución o compromiso, misión que, sin duda, se habría encomendado porque, como habrás visto, lector, era un hombre muy atento y servicial». E igualmente al ir presentando la vida de los dos hermanos Tulliver ella misma hasta se hace cómplice del sentimiento del lector llegando incluso a disculparse con él como responsable diciéndole «Comparto contigo, lector, esa sensación de estrechez opresiva; pero es necesario que la sintamos si queremos entender cómo actuaba sobre la vida de Tom y Maggie» (cap. I, libro cuarto del volumen II).

George Eliot, Middlemarch, El molino del Floss
Y es que en esta novela la vida real de la autora está presente por doquier. El personaje de Maggie, la hija menor de los Tulliver, está claramente inspirado en ella misma que tal como se ve en la biografía de Mary Ann Evans era la hija predilecta de su padre, quien pese a ello se enfadaba con ella por considerar que ciertas inclinaciones suyas (afición a la lectura y al estudio, su deseo de independencia, y sobre todo su desapego religioso) no la favorecerían en su vida 
«Entiende como nadie todo lo que se dice. Y debería oír cómo lee: de un tirón, como si lo supiera todo de memoria. ¡y está siempre con un libro en la mano! Pero es malo, es malo —añadió el sr Tulliver, entristecido, conteniendo aquella animación culpable—: una mujer no debe ser tan lista, me temo que no le traerá más que problemas.» (cap. 3)

Los deseos de independencia de la escritora quedan plasmados en la ficción en el trabajo como institutriz que Maggie realiza en algunos momentos a fin de asegurar su libertad personal sin necesidad de sometimiento obligado a hombre alguno. La dependencia de la mujer respecto de los hombres se muestra en el relato en muchos momentos: Bessy, la madre de Maggie, no replica ante las decisiones algo ilógicas de su marido; Lucy, la prima y amiga íntima de Maggie, siempre quiere complacer a su enamorado Stephen y critica que ésta no sea complaciente con los piropos que él le dirige

«—Pero, querida Maggie —intervino Lucy—, siempre has dicho que te gusta en exceso la admiración de los demás, y ahora me parece que te enfadas porque alguien te muestra admiración.
—En absoluto —contestó Maggie—; me gusta muchísimo advertir la admiración ajena, pero las fórmulas de cumplido no me hacen sentir nada.
—Entonces, no volveré a dirigirle ninguno, señorita Tulliver —dijo Stephen.
—Gracias, eso será una muestra de respeto.
»

Comportamientos como el que revela este breve diálogo explican que George Eliot sea considerada una mujer precursora del feminismo. Actuaciones como la anterior, incluso hoy, resultan chocantes a muchos; imaginemos, pues, cómo serían recibidas por la puritana y conservadora sociedad victoriana cuando en 1860 la novela vio la luz. Naturalmente no es un feminismo radical de negación del otro sexo o de insurgencia constante. No, Maggie es una joven que sabe construir su independencia y evitar ser tratada como si fuera simplemente un objeto hermoso, pero al tiempo es una hija modelo que obedece en todo a sus padres sin cuestionarlos jamás, y que, incluso, a su hermano Tom cuando se convierte en el hombre de la familia respeta y cumple las promesas que le hace aun cuando le parezcan injustas y desproporcionadas. 

El biografismo contenido en "El molino del Floss" es explícito en el modo como presenta la vivencia de la religión por parte de Maggie. En un momento dado del relato Maggie, lectora voraz, lee con fruición un libro de Tomás de Kempis, seguramente la "Imitación de Cristo", aunque la autora no dé el título. Esta lectura hace que entre en una etapa de misticismo exacerbado en la que el sacrificio y la oración llenan su cabeza. Afortunadamente la explosión de la vida a su alrededor, su juventud y los apremios y atenciones amorosos que los jóvenes Waken y Stephen le prodigan harán que esta efervescencia religiosa baje de nivel y todo vuelva un poco a la normalidad, o sea, a ese agnosticismo que caracterizó la vida de la escritora.

Como cualquier joven de la época la protagonista Maggie está destinada al matrimonio. Su padre piensa que la belleza y las grandes virtudes que atesora la niña no se lo pondrán fácil: «es una pena que no sea más vulgar: la rechazarán. No encontrará a nadie digno de ella para casarse.». A este respecto encuentro una gran distancia entre los personajes femeninos presentes en las novelas de Jane Austen, escritora de la generación anterior, y esta Maggie que anuncia nuevos tiempos. Quizás la unión de ambos tiempos y novelísticas se toquen en el personaje de la prima Lucy quien como la Emma de Austen disfruta ejerciendo de casamentera coincidiendo incluso en los poco  acertados resultados. La distancia se marca evidentemente a través de los personajes de Maggie y también de Philip Waken, ambos jóvenes instruidos y sensibles ante la belleza artística y la propia naturaleza. La relación de amor y amistad que mantienen estos dos seres tan distintos en el físico -ella, una belleza, y él, un tullido- es deudora de la filosofía platónica que está en el cuento de hadas "La bella y la bestia", publicado por vez primera en Francia en 1740 y anunciadora de otra obra magnífica que toca el mismo asunto, "Cyrano de Bergerac" de Edmond de Rostand publicada también en Francia e 1897. 

George Eliot compone una novela con personajes muy bien diseñados. Si nos fijamos especialmente en el de Maggie, por eso de ser el otro yo de la propia escritora, veremos que al tiempo que profesa un amor platónico, idealizado, hacia el petudo pero muy hermoso por dentro Philip Waken, lucha internamente para contener la irrefrenable atracción física que la arrastra sin contemplaciones ni freno racional alguno hacia Stephen, el prometido de su muy buena amiga además de prima, Lucy. 

La diferencia entre épocas es algo que constantemente se recalca en la novela, señalando la anterior como anticuada en todos los aspectos, especialmente el económico «Estas ideas estrictas sobre las deudas que defendían los anticuados Tulliver tal vez hagan sonreír a muchos lectores de estos tiempos de filosofía más relajada y criterios comerciales menos estrictos, según los cuales todo es equilibrar sin que tengamos que intervenir.», liberalismo puro y duro que en esos momentos está haciendo estragos y creando unas capas burguesas adineradas. Algunos de los miembros de esta nueva clase media proceden muchas veces de estratos sociales bajos pero muy perspicaces para los negocios como es el caso de Bob, el amigo pobre de Tom que sabe ver dónde hay negocio y dónde no. Precisamente la sabiduría práctica de Bob contrasta con la ya algo anticuada de los maridos de las hermanas Dodson, todos ellos (Glegg, Deane y Pullet) con métodos mercantiles muy de otros tiempos. 

En cuanto a las señoras, médicos y la sociedad en general abundan en "El molino del Floss" referencias muy claras respecto a la distancia existente entre ambos períodos: 

 «en aquella época, la ignorancia era mucho más cómoda que ahora, y se acogía con todos los honores en la mejor sociedad sin que fuera necesario disfrazarla con complicados trajes de conocimientos; una época en la que los periódicos baratos no existían y a los médicos rurales y se les ocurría a preguntar a sus pacientes femeninas si les gustaba leer, sino que daban por hecho que preferían chismorrear: unos tiempos en que las damas con ricos trajes de seda llevaban grandes bolsos en los que guardaban un hueso de oveja para protegerse de los calambres.»

Pero si de separaciones hablamos -y aquí la coincidencia con la época y las novelas de Jane Austen es evidente- el mundo de los de arriba (los ricos) y los de abajo (los sirvientes) son distantes con la peculiaridad de que quienes los integran se hayan satisfechos en ellos sin desear mudar de campo ni envidiar a los otros. Parecería que George Eliot, igual que Jane Austen en sus novelas, considera que a este respecto el mundo está bien hecho y que para nada habría que cambiarlo. Así en un momento dado leemos respecto a  Luke, trabajador del molino, lo siguiente: 

«El bueno del Luke sentía, como sienten los hombres satisfechos de haber dedicado toda su vida a servir, que el sistema de clases era adecuado y natural, de modo que la ruina de su amo constituía una tragedia también para él.»

Estos dos niveles sociales y la constante llegada al estrato económico superior de personas procedentes de estratos más bajos como es el caso de las cuatro familias protagonistas -las creadas por las hermanas Dodson- se marca en el relato mediante una mala utilización de la lengua patente en los frecuentes apócopes y aglutinación de palabras distintas en una sola, provocando auténticos barbarismos y/o vulgarismos lingüísticos:"l'oí", "m'echaría", "d'arbolitos","verdá"...; : «no pienso dar más muselina India a Maggie ni cosas d'esas si se l'ocurre ponerse a servir otra vez, cuando bien podría quedarse conmigo, hacerme compañía y coser para mí, si es que no hace falta en casa de su hermano», escuchamos decir a la señora Pullet, tía de Maggie, cuando conoce la decisión de ésta de marchar a trabajar como institutriz.

Frente a este deficiente nivel cultural de la clase baja y de la nueva clase media burguesa está la alta clase aristócrata representada por los Waken quienes a su riqueza unen loables comportamientos no exentos de exigencia y conocimientos y gustos artísticos elevados. En el libro II del Volumen II Tom Tulliver que ha sido enviado por su padre para estudiar con el clérigo Stelling que es un inepto preparando para la vida práctica y sólo sabe hacerle hacer traducciones del latín para las que Tom es muy lerdo, contrasta con Philip Waken, el contrahecho hijo de los ricos Waken, a quien le encanta el latín, la música y el dibujo, todo lo contrario que a Tom además de ser, en equivocada opinión del Sr. Tulliver, hijo de hombre poco honrado. Tom debería odiarlo pero le atrae su cultura presente en las historias que cuenta.

Y es que si hay algo que llama mucho la atención en esta buena y clásica novela es la literatura que toda ella rezuma. Aparecen muchos títulos de obras, se nombra a autores hoy sólo conocidos por los estudiosos de esa época, y al tiempo se utilizan citas de autores consagrados como argumentos de autoridad para sustentar opiniones por parte de la novelista. Así en el cap. III del Volumen III George Eliot para justificar ante el lector las actitudes de la protagonista dice eso que ya dijera Montesquieu ('las naciones felices tienen su libro de Historia en blanco') o que el mismo Lev Tolstói afirma al inicio de Ana Karenina ('todas las familias felices se parecen, pero entre las desgraciadas cada una lo es a su manera'): «si Maggie hubiera sido esa joven dama, probablemente poco habría sabido de ella el lector; su vida habría tenido tan pocas vicisitudes que difícilmente podría haberse escrito sobre ella; porque las mujeres más felices, como las más felices naciones, carecen de historia.»

En el capítulo de las referencias literarias a autores conocidos, la autora muchas veces recurre a Shakespeare para apoyar sus ideas (con frecuencia nombra a Hamlet por su carácter especulativo) y directamente a Novalis para explicar el comportamiento de algún personaje en esa afirmación del escritor y filósofo: 'el carácter es el destino'. 

También en ocasiones vemos cómo los personajes por su parte suelen referirse a personajes de obras del momento o del periodo romántico o levemente anterior. Así, por ejemplo, Stephen, prometido de Lucy y que se está sintiendo atraído por Maggie, ante la tozudez de ésta ante ciertas cosas «podía aconsejarle que siguiera el ejemplo de aquella heroína tan encantadora, la señorita Sophia Western, que sentía un gran 'respeto por el juicio de los hombres'» en alusión al personaje de la obra de Fielding "Tom Jones". En el cap. IV del volumen II, transcurrido un año durante el que Maggie y Philips se han visto numerosas veces, vuelven a verse en las Fosas Rojas y allí, de la mano, van a decirse que abandonarán su flirt, algo que les es muy costoso; en el tiempo que dura su encuentro hablan de ellos mismos a través de personajes literarios: la 'Corinne' de Mme de Stäel, las 'Rebecca, Flora Mc-Ivor y Minna' de las novelas "Ivanhoe", "Waverley" y "El pirata" de Walter Scott, etc. 
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Nota:
Esta novela que he leído con mucho agrado me sirve para avanzar en el Reto "Serendipia Recomienda 2021", como ya he dicho, y también para incluir un título clásico más en el Reto "Nos gustan los clásicos (Vª edición)"

Ficha técnica de EL MOLINO DE FLOSS

Nº de páginas: 562
Editorial: ALBA EDITORIAL
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa dura
ISBN:9788484281719
Año de edición: 2003
Plaza de edición: BARCELONA
Traductor: CARMEN FRANCÍ


26 abr 2020

Galdós. Episodios Nacionales. "Gerona".

32 comentarios:
"Ya sabes, Andrés, que la guarnición debe salir mañana de la plaza con honores de la guerra, marchando a Francia prisionera. […] Los 'cerdos' se nos meterán aquí mañana a las ocho y media […] Amigo, con Gerona se acabó España, y con la salud de Álvarez se acabaron los españoles bravos y dignos. Muchachos, ¡viva D. Mariano Álvarez de Castro, terror de la Francia!" ("Gerona", Pág. 122)

Tras leer en "Las leyes de la frontera" de Javier Cercas [leer reseña aquí] juicios contrapuestos sobre el episodio nacional "Gerona" de Galdós no he podido dejar de acudir directamente a él y ver por mí mismo cuál de las opiniones me cuadraba más. La verdad es que tras su lectura me ha asaltado  la idea, seguramente equivocada, de que Cercas hablaba un poquito de oídas o, mejor dicho, del recuerdo lejano que tenía en su memoria de esta novela pues ni el elogio desmedido hacia ella expresado al inicio ni el desprecio total del final cuadran con las sensaciones que en mí ha suscitado.

"Gerona", Episodios Nacionales, Benito Pérez Galdós, Javier Cercas

En todo caso estaría más de acuerdo con el elogio inicial:
"Es un retrato de la ciudad durante el sitio que le montaron las tropas de Napoleón. Cuando lo leí, hace cuarenta años, me entusiasmó; aquello era la hostia: la tragedia total de la guerra, la grandeza de una ciudad entera en armas y defendida por una gente de hierro, el heroísmo del general Álvarez de Castro, un personaje de tamaño mitológico que se niega a entregar a los franceses la ciudad arruinada y muerta de hambre, y que Galdós pinta como el mayor patriota de su siglo." (Cercas, J.: "Las leyes de la frontera", p. 23)

que con el menosprecio del final:
"Me pareció una mierda; más que una novela sobre la guerra me pareció una parodia de una novela sobre la guerra, una cosa cursi, truculenta y pretenciosa ambientada en una ciudad de cartón piedra donde solo vive gente de cartón piedra. Y en cuanto a Álvarez de Castro, dijo también el inspector Cuenca, francamente: es un personaje asqueroso, un psicópata capaz de sacrificar la vida de miles de personas para satisfacer su vanidad patriótica y no entregar a los franceses una ciudad vencida de antemano" (Cercas, J.: "Las leyes de la frontera", p. 332)

Los términos utilizados por Cercas para descalificar y/o alabar al general don Mariano Álvarez de Castro, que defendió Gerona con todas sus fuerzas y con los pocos hombres y armas de que disponía del feroz asedio y los ataques a que durante siete meses fue sometida la ciudad en 1809 por los franceses, me parecen ciertamente desproporcionados e injustos. ¿Vanidad patriótica?, ¿personaje asqueroso?, ¿ciudad y gentes de cartón piedra? Expresiones totalmente fuera de lugar como quizás también lo estén las tópicamente elogiosas del juicio inicial: ¿gente de hierro?, ¿personaje de tamaño mitológico?, ¿mayor patriota de su siglo? Pienso que la idea de Cercas no es otra que desautorizar a don Benito convirtiendo su episodio nacional en mera caricatura de una novela épica. Creo que lanzar juicios de valor, con presupuestos propios del siglo XXI, sobre una producción artística publicada en 1874 es un despropósito completo. Es verdad que algunos temas y su tratamiento periclitan o logran sobrevivir malamente con el paso de los años, pero es absurdo desacreditar algo o a alguien por no adecuarse a lo que hoy se piensa o es admitido por una mayoría.

"Gerona"
Es el 7º episodio de la Primera Serie de los Episodios Nacionales. Aunque la voz narrativa principal en esta serie es la de Gabriel Araceli, en esta novela en concreto quien cuenta la gesta gerundense es Andresillo Marijuán, un personaje secundario en episodios anteriores que aquí se topa con Gabriel y otros tantos españoles que marchan derrotados hacia Cádiz tras los sucesivos desastres a que están siendo sometidas las tropas españolas, en especial tras la pérdida de Ocaña y la posterior dispersión del ejército español. Es en Sevilla donde estos dos personajes se reconocen entre la barahúnda de individuos mal pertrechados que caminan hacia la ciudad donde se ha refugiado la Junta patriótica de defensa de España. Allí se cuentan sus cuitas y Araceli insta a Andresillo a relatar la gesta que vivió en Gerona, ciudad que en 1809 resistió casi numantinamente el brutal asedio francés durante siete terribles meses.

Como es norma en estos episodios, Galdós cuenta la Historia con mayúscula acaecida en la ciudad desde la particular vivida por personajes del pueblo que junto a muchos otros la hacen. Son los principales el propio Andresillo; su novia Siseta; los hermanos de ésta: Badoret, Manalet y Gasparó; también don Pablo Nomdedeu, médico; su delicada hija Josefina; el ama de llaves de don Pablo, Sumta, aguerrida mujer en la defensa de Gerona; y otros cuantos más de menor importancia. Dos grupos claros, pues, en función de la pobreza y las necesidades sufridas. Más penurias, ya desde el origen, en la familia de Siseta que en la del facultativo Nomdedeu quien se considera por ello con más derecho a sobrevivir. Así, enfangados en las miserias a que conduce el hambre viva en que está toda Gerona por culpa del asedio francés, el doctor reclama para sí y la enferma de su hija la asquerosa comida (una rata enorme) que orgulloso Andrés lleva como excelente alimento a su enamorada y hambrienta Siseta:
"- Detente un rato más, Andrés -me dijo con agitación- y ayúdame. Pero qué hermoso animal tienes ahí. ¿Cuánto pides por él?
- No lo vendo -repuse con orgullo.
- Es que yo lo quiero -me dijo con firmeza, deteniéndome por un brazo-. Mi hija se muere también, es decir, quiere morirse; pero yo no lo permito, no lo permitiré, no señor; estoy decidido a no permitirlo."
Los personajes anteriores, todos ellos ficticios, salidos de la imaginación del escritor, conviven con otros históricamente verdaderos como el general Mariano Álvarez de Castro quien pese a la inmensa desigualdad de fuerzas (50.000 franceses por 4000 españoles) defiende la plaza que se le ha encomendado hasta el desfallecimiento físico personal que de no haberse producido es fácil suponer que no se habría firmado armisticio alguno con los sitiadores. Los nombres de algunos de los militares franceses (Victor, Sebastiani, Mortier, Soult...) que asedian la ciudad son también históricos.

Guerra de la Independencia, Galdós, Girona
Con su estilo habitual lleno de colorido y naturalidad el escritor canario muestra el pintoresquismo con que se comportan los españoles, incluso bajo estas horribles condiciones. En este sentido Galdós se deja enredar a veces más por el costumbrismo que por el realismo. Es desde una perspectiva romántico-costumbrista hay que entender la manera que tiene de describir comportamientos como el deSumta, una verdadera Agustina de Aragón, que no contenta con proveer de comida y de balas a los soldados toma ella misma las piezas de cañón y de fusilería cuando la ocasión así lo requiere. Otro tanto cabe decir de los tres hermanos de Siseta, que cual pícaros salidos de la literatura barroca española del Siglo de Oro buscan comida donde no la hay.

En mi opinión se percibe bien a las claras que esta novela, junto a prácticamente todas las de esta Primera Serie de los Episodios -la mayoría aparecidas en 1874-, es en Benito Pérez Galdós literatura de una primera etapa creativa, vamos, quiero decir que carece de la fuerza de estilo que desarrollaría el canario ilustre en novelas como "Misericordia" (1897), "Miau" (1888), "Fortunata y Jacinta" (1887) o en las novelas de Torquemada aparecidas entre 1889 y 1895 [en el blog tengo reseña hecha de "Torquemada en la cruz", segunda de la serie de cuatro que la componen].

Durante la lectura de "Gerona" me parecía escuchar en ocasiones a Francisco de Quevedo o incluso al mismísimo Cervantes, no porque la literatura de Galdós esté en este relato a la altura de estos dos genios sino por la evidente imitación que de su manera de escribir realiza don Benito, lo que es propio de escritores noveles. Sirva de ejemplo la descripción que hace Andresillo de una comida en casa de Siseta ("Comimos, si así puede llamarse una refacción tan exageradamente sobria, que más parecía hecha para dar entretenimiento a los dientes, que sustancia al cuerpo.") la cual parece salida del propio "El Buscón" de Quevedo o incluso del anónimo "Lazarillo de Tormes". También algunas imprecaciones efectuadas por el narrador recuerdan por su tono más a Cervantes que a cualquier otra cosa: "¡Desgraciado el que en la guerra pone su afición en lugares y personas, que no han de poder seguir tras él en los frecuentes e inesperados viajes a que impulsan la victoria o la desdicha!"

Quiero decir con esto que Galdós en 1874 estaba aún conformando su estilo. Téngase en cuenta que su primera novela, "La fontana de oro", había aparecido sólo cuatro años antes, en 1870. Por otra parte la manera que tenía de escribir sus Episodios era por entonces algo descuidada. No cabe decirlo de otra manera; y es que es prácticamente imposible que en sólo seis años, de 1873 a 1879, el escritor grancanario diese a la imprenta nada más y nada menos que las 20 novelas que forman las dos primeras series de esta magna obra. Y esta rapidez se nota, vaya si se nota. Se percibe sobre todo en incorrecciones de tipo gramatical (caída frecuente en el laísmo y leísmo -«Sí; nos les comeremos, ¿por qué no?…») y en vulgarismos como el reiterado uso de la expresión "Mientras mayor era el misterio, mayor"[...] en vez del correcto "Cuanto ...". El descuido se percibe asimismo en los canarismos que se le cuelan por la gatera al no haber realizado una escritura más reflexiva y demorada. El pronombre 'ustedes' habitual en las islas en lugar del 'vosotros' no es verosímil verlo puesto en boca de un peninsular y menos si unas veces lo utiliza y otras no. Existe variabilidad ortográfica en algunos términos (unas veces escribe 'Badoret' y otras 'Barodet', por ejemplo); e incluso salta a la escritura en ocasiones el 'seseo' propio del hablar en Canarias. Es evidente que quienes lo denigraban o denigrarán en el futuro llamándolo don Benito, el garbancero, tenían sólidas razones donde apoyarse.

El domingo pasado (19/4/2020) en el diario "El Pais" el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa publicaba un artículo sobre el autor isleño titulado 'En favor de Pérez Galdós'. En su exposición, tras relatar hechos propios de la vida familiar y personal del escritor, señalaba como crítica literaria el que no hubiese descubierto o sabido que el narrador es el primero de los personajes inventados en una narración y que puede ser personaje o narrador omnisciente; al confundir ambas posibilidades en una sola, personaje omnisciente, provoca -dice Vargas Llosa en su interesante exposición- que la historia que relata incurra muchas veces en tremenda inverosimilitud. La mezcolanza y confusión entre personaje, autor y narrador llega por momentos a un punto increíble por desmedido. Véase:
  • "Cansaría a mis amados lectores si les contara detalladamente mi vida durante aquel funesto año 9, que comenzado con las proezas de Zaragoza, terminaba con el desastre de Ocaña y la dispersión del ejército español."
  • "Debo una explicación a mis lectores, y voy a darla."
El asedio de Gerona, Historia de España, Pintura militar española
https://cosasdehistoriayarte.blogspot.com/2018/05/grandes-asedios-de-la-historia-el.html
Pero ninguna consideración estilística como las comentadas es suficiente para echar por tierra la tremenda solidez que en conjunto transmiten los Episodios Nacionales. En este de "Gerona" se puede comprobar que Pérez Galdós, además de relatar en términos coloquiales al alcance del pueblo llano la no muy lejana historia de España, destaca como gran observador y fustigador de los defectos españoles, así como también lo que fue en algunos momentos de su vida: un político de ideas avanzadas. De lo primero sirven de muestra las siguientes dos citas que a pesar de haber transcurrido ya casi 150 años desde que las formuló no han perdido, desgraciadamente para nosotros, un átomo de actualidad:
  • "Sucedía en Sevilla una cosa que no sorprenderá a mis lectores, si, como creo, son españoles, y es que allí todos querían mandar. Esto es achaque antiguo, y no sé qué tiene para la gente de este siglo el tal mando, que trastorna las cabezas más sólidas, da prestigio a los tontos, arrogancia a los débiles"
  • "Amigo Gabriel, en España no se premia más que a los tontos y a los que meten bulla sin hacer nada."
De su atinado olfato político deja varias muestras a lo largo de la novela. A mí especialmente me ha sorprendido por su tremenda modernidad la siguiente consideración:
"los idiomas tienen pérfidas voces y frases con que se llenan la boca los diplomáticos y los conquistadores, pues nadie se avergüenza de nombrar los grandiosos planes continentales, la absorción de unos pueblos por otros… etc. Para evitar esto debiera existir (no reírse) una policía de las naciones, corporación en verdad algo difícil de montar"
Es claramente Benito Pérez Galdós un precursor, un anticipado a su tiempo. Supo ver más allá de lo inmediato, acertó al señalar vicios y defectos arraigados entre nosotros, algo que suele molestar mucho a quienes se sientan sobre algunos de ellos y que ni por asomo quieren que tales desaparezcan.

Los clásicos -Galdós lo es sin ninguna duda- nos hablan y comunican verdades desde el pasado que conviene no echar en saco roto. Ahora que estamos sumidos en un asedio brutal por culpa de ese enemigo sin rostro que llamamos COVID-19 o coronavirus, la similitud entre el asedio sufrido por la ciudad de Gerona y el que toda la ciudadanía vivimos desde hace ya varias semanas es más que evidente. De nuevo aparece aquí el hombre de mente y visión claras. La frase siguiente bien podría haber sido dicha por alguno de nuestros actuales responsables políticos y/o sanitarios ante la situación en que nos encontramos:
"Hoy hemos estado haciendo el recuento de medicinas, y no hay ni para la décima parte en un solo día. ¿A dónde vamos a parar? ¿Es posible que esto se prolongue? No, no puede ser."
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Nota: "Gerona" de Galdós es una de las lecturas que hago dentro de la IV edición del Reto 'Nos gustan los clásicos'.

19 ene 2020

Año 2020, año Galdós. "Torquemada en la cruz"

10 comentarios:
"¡Pero, hijo, si vamos a buscarle el pelo al huevo…! Tú estás en babia… Te cojo del suelo, y te vuelvo a poner en las pajitas del nido de que acabas de caerte…Sí, porque meterse a indagar de dónde viene la riqueza... es tontería mayúscula. Ven acá... ¿No andan por ahí muchos, que son senadores vitalicios, y hasta marqueses, con cada escudo que mete miedo? ¿Y quién se acuerda de que unos se redondearon vendiendo negros, otros absorbiendo con el chupón de la usura las fortunas desleídas? Tú no vives en la realidad".

Serie Torquemada, Novelas materiales y espirituales, Novelas contemporáneas de Galdós
Santiago Lorenzo, autor de la exitosa novela "Los asquerosos", preguntado acerca de qué libros tenía en su cabeza mientras escribía su exitosa novela, destacaba entre otros "Torquemada en la cruz", de Benito Pérez Galdós, porque, aseguraba, era la obra que más le había hecho reír en su vida: “carcajadas de las de caerse de la silla y que duran meses enteros”. Esta opinión del autor de "Los asquerosos" ha sido para mí acicate suficiente para leer la novela. Finalizada la misma me cuestiono a mí mismo: ¿Tiene humor, no tiene humor? ¿Hace reír o simplemente sonreír? ¿Qué es mejor la risa a carcajadas o la sonrisa inteligente?  Evidentemente en mi opinión la novela contiene su buena dosis de humor, pero discrepo de que sea humor a carcajadas del de caerse de la silla como con rotundidad afirma el escritor vasco afincado en Castilla y León.

La novela leída es la segunda de la tetralogía Torquemada compuesta por I. "Torquemada en la hoguera"; II. "Torquemada en la cruz"; III. "Torquemada en el purgatorio"; y IV. "Torquemada y San Pedro".  Dado que la novela gusta auguro a quienes se acerquen a ella o a cualquier otro título de la serie que no podrán detener tan deliciosa lectura en la palabra FIN, teniendo que seguir leyendo por puro placer todas o algunas otras de la susodicha tetralogía.

Tras esta afirmación y comprobación personal del gusto que produce leer a Galdós hoy, cabe preguntarse el porqué del ostracismo al que el escritor canario ha estado sometido durante muchos años. La verdad es que don Benito tuvo que lidiar en la recta final de su vida con las envidias de los jóvenes autores -Baroja, Valle Inclán y demás- que lo tildaron en palabras de Ramón María del Valle Inclán de 'garbancero'; durante el primer franquismo su ideología republicano-socialista no le sirvió de aval alguno; por otra parte para ciertos sectores de la sociedad española sus "Episodios nacionales" y la idea de Nación unitaria y centrípeta que transmiten no satisface sus intereses ideológicos; y a todo esto vino a unirse el que los jóvenes esteticistas de los últimos años 60 y primeros 70 con Juan Benet a la cabeza abjuraran de la naturalidad y frescura de la prosa galdosiana. Afortunadamente hoy, -en verdad desde hace ya unas cuantas décadas-, las aguas han vuelto donde debían y autores tan prestigiosos y prestigiados como Almudena Grandes, Antonio Muñoz Molina, Manuel Longares o  Andrés Trapiello lo han recuperado y valorado en lo que vale su profusa producción: un fresco innegable de la realidad española de su contemporaneidad y de la historia reciente del país que le tocó vivir escrito con una maestría y naturalidad como pocas veces se ha visto entre nosotros. Estos escritores y también los estudiosos de su Obra hablan de él como del Balzac o el Charles Dickens español.

La historia que Galdós presenta en "Torquemada en la cruz" es en esencia la de un cambio de época, concretamente la decadencia de la vieja aristocracia venida a menos por su desidia y falta de laboriosidad, y el ascenso de una nueva clase que lo cifra todo en el dinero, en su acumulación. A esta clase ascendente pertenece Francisco de Torquemada un prestamista usurero y tacaño que va quedándose con los bienes y riquezas de aquellos que no son capaces de responder en el tiempo acordado a los intereses pactados. A petición in articulo mortis de Dª Lupe 'la de los pavos' afloja la soga que a la familia Del Águila la finada tenía echada al cuello. Y todo ello acaece en el Madrid del momento en que la novela verá la luz, la década de los 90 del siglo XIX, un Madrid cambiante, que ve crecer nuevos barrios donde se asientan trabajadores que llegan a la ciudad desde los pueblos y provincias limítrofes.

Los personajes están fantásticamente dibujados. Sorprende especialmente la manera como el autor sabe transmitir el mundo de la ceguera en que vive Rafael, el hermano menor; lo bien que muestra la evolución psicológica de Torquemada que desea ser admitido en el entorno de la sociedad respetable, algo que va a conseguir gracias a su dinero y a los modos lingüísticos que va tomando de aquellos que considera bien hablados pero que él por impericia no sabe colocar debidamente en la frase ni emitir u omitir cuando la ocasión así lo requiere. Las dos hermanas venidas a menos que deberán de  'sacrificarse' para así no alejarse demasiado de lo que ellas entienden es su estatus; El mediador entre ambas esferas sociales, don José Ruiz Donoso, auténtico celestino; la prestamista Dª Lupe, 'la de los pavos', fallecida en las primeras páginas de la novela; Bernardina, la antigua criada de la familia Del Águila; etc., etc. Un abanico de seres perfectamente individualizados magistralmente dibujados y presentados.
Centenario de Galdós, Biblioteca Nacional de España, manuscritos galdosianos originales
Además del contenido, del realismo que muestra el autor, en especial de ese Madrid magnífico hoy desaparecido por el que gracias a él podemos transitar, podemos vivirlo, está el lenguaje, la forma. Pérez Galdós es un maestro manejando el idioma; utiliza un vocabulario hoy en gran parte desaparecido que da gusto leer y recuperar: refistolear (=entrometerse); malsín. (= delator, acusador); cáfila (=conjunto de personas, animales o cosas); pesquis (= agudeza, cacumen); Azacán (=aguador); machuco (=sosegado, entrado en años); y muchísimos otros más.
Del mismo modo es el lenguaje utilizado indicador externo de pertenencia a una u otra clase de cada uno de los personajes. Francisco Torquemada muestra su baja extracción social en el empleo de un léxico plagado de vulgarismos, etimologías populares, agramaticalidades o barbarismos. Sirvan de ejemplo vocablos como los siguientes: ibierno, áccido, Jacometrenzo, nepusuntra (por 'Non plus ultra'), etc. La familia vergonzante Del Águila, por su parte, del antiguo esplendor de su estirpe sólo conservan el barniz de la lengua.
Y todo esto lo presenta el escritor con agilidad, soltura, frescura, viveza, autenticidad, naturalidad... que hace que leerle hoy sea una auténtica delicia, una experiencia literaria magnífica y muy recomendable.

Interesantísimo me parece el empleo de recursos propios del teatro que el autor introduce no pocas veces en la novela. Me refiero especialmente a ese alejamiento -desaparición casi-, mediante el uso de acotaciones teatrales, que el propio narrador realiza de aquello que está contando ["yo quiero matar, Cándido (excitadísimo, levantándose), quiero matar, porque sólo matando puedo realizar la justicia"]. También cuando el autor-narrador se dirige directamente al lector lo hace de manera semejante a como los dramaturgos hacen con el recurso del "aparte". No podemos olvidar que Galdós además de narrador fue autor dramático logrando éxitos sonados con obras como "Electra" o "Realidad" y que algunas de sus novelas fueron llevadas a las tablas ("Marianela") e incluso musicadas como un episodio nacional al que Ruperto Chapí iba a poner música convirtiéndolo en zarzuela; esta idea se frustró por la muerte del músico. Relaciones profesionales con actrices como Margarita Xirgú y también sentimentales con otras estrellas de las tablas como Carmen Morell demuestran la importancia que para el escritor siempre tuvo este género, muchas de cuyas características incorporó a sus novelas denominadas 'dialogadas' no muy bien vistas  por críticos del momento como Alas Clarín.

En Galdós está presente la tradición entera de la literatura española y eso se percibe en esta novela: esas descripciones de suma tacañería parecen sacadas de Quevedo o El Lazarillo de Tormes; pero sobre todo -ahora sí que sí- Cervantes está del todo presente en la narrativa galdosiana: el perspectivismo, los juicios emitidos por el propio autor que se introduce en la narración cuando así lo quiere, la doble o triple atribución de la historia a diversas fuentes cual si de un narrador múltiple se tratase, las historias intercaladas en el curso de la historia principal, etc., etc.

Para finalizar
Ciertamente "Torquemada en la cruz" no es una novela insigne, no es "Fortunata y Jacinta" ni "Misericordia", tenidas por sus mejores novelas, claro es. Pero precisamente por eso es una novela en la que el arte galdosiano se ve con más claridad por ser una escritura más rápida, menos reposada, más propia de él, razón por la que algunos maledicentes -Valle Inclán, Juan Benet...- lo tildaron de literariamente 'basto, grosero, casposo, garbancero, sin mérito alguno". Nada más injusto y fuera de toda razón.

Pintores modernistas españoles, la Edad de Plata, Pérez Galdós
Quisiera cerrar esta reseña con otra cita que viene a completar la primera y que en mi opinión expresa bien a las claras la intención del novelista, o sea, mostrar el cambio de época que la sociedad española estaba experimentando por entonces, 1893, fecha de composición de la novela. Si en la primera es Cruz quien habla con los pies bien asentados en el suelo, en ésta es el idealista, ciego en todos los sentidos y fuera de la realidad, Rafael quien entona estas frases altisonantes e inútiles :
"En los tiempos que vienen, los aristócratas arruinados, desposeídos de su propiedad por los usureros y traficantes de la clase media, se sentirán impulsados a la venganza... querrán destruir esa raza egoísta, esos burgueses groseros y viciosos, que después de absorber los bienes de la Iglesia, se han hecho dueños del Estado, monopolizan el poder, la riqueza, y quieren para sus arcas todo el dinero de pobres y ricos, y para sus tálamos las mujeres de la aristocracia."