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8 jul 2024

Michael McDowell: Blackwater I: "La riada" (A pares XLIII, 1ª 1/2)

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Es el verano época propicia para la lectura desordenada, sin guía firme que asegure una dirección previamente determinada. Es grato que así sea, pues así el descanso llega también a los centros mentales de decisión (ja, ja...). Estando por ahí, en la playa, fuera de casa y de viaje, dos libros cortos han caído recientemente en mis manos: uno, el de una pareja de suecos, todo un clásico del género negro nórdico; el otro, aunque publicado en USA en los 80 del siglo pasado, entre nosotros es novedad y entra de lleno en el campo narrativo del terror que personalmente frecuento poco. A lecturas breves corresponden también reseñas breves. He aquí la primera. Dejo para la 2ª 1/2  de este 'A pares XLIII' mi comentario sobre la novela de los suecos Maj Sjöwall y Per Wahlöö. ¡Atenta la Compañía!



Michael McDowell: Blackwater I: "La riada"

«La mañana del domingo de Pascua de 1919, el pueblo de Perdido, en Alabama, amaneció con un cielo despejado, de un rosa pálido y translúcido que no se reflejaba en las aguas negras que desde hacía una semana anegaban por completo el pueblo. El sol, inmenso y anaranjado, apenas asomaba por encima del pinar que había más allá de lo que en su día había sido Baptist Bottom, el barrio más bajo de Perdido. Aquel lugar, donde los negros emancipados se habían instalado hacinados en 1865, y donde seguían haciéndolo sus hijos y nietos»


Como digo, comienzo este 'A pares', ya número XLIII, por el último libro citado. Se trata de "La riada", primera entrega de la saga Blackwater, que en 1983 Michael McDowell (Alabama, 1950-1999) publicó de una curiosa manera: exigió a su editor que la diese a la luz en seis entregas, a razón de una por mes. El motivo que adujo fue el de querer hacer un homenaje real al folletín, a la novela por entregas decimonónica (Balzac, Alejandro Dumas, etc.) que él tanto admiraba. Los títulos de cada una de las entregas son los siguientes: La riada, El dique, La casa, La guerra, La fortuna, y Lluvia. Las seis constituyen la novela Blackwater, una saga familiar que se mueve entre lo real y lo fantástico mezclándolos con tino y acierto .

En Blackwater I. La riada encontramos al pueblo de Perdido en Alabama inundado por una enorme y no infrecuente riada de los ríos Perdido y Blackwater. Anegada completamente la localidad, Oscar Caskey surca en barca la laguna en que ha quedado convertido Perdido. Lo acompaña a los remos Bray Sapp, fuerte criado negro que trabaja de jardinero en su propiedad. En una ventana del hotel de la localidad creen ver una figura humana; se acercan y logran salvar a Elinor Dammert, enigmática mujer que nadie conoce. Ella les dice que ha acudido a Perdido para cubrir la plaza vacante de maestra; pero nadie sabía que la maestra que la ocupaba iba a abandonarla, ¿por qué Elinor sí? Todo lo que rodea a esta mujer es misterioso, en especial su afinidad y comunión con el agua. Así, mientras que la confluencia de los ríos Perdido y Blackwater es siempre evitada por los lugareños debido a los ahogamientos que ocasionan los remolinos que allí se forman, ella acude hasta su puesto de trabajo docente siempre en barca sin problema alguno; donde otros mueren ahogados, ella navega y se baña de madrugada a plena satisfacción.

Los hombres de la familia Caskey, industriales madereros de la localidad junto a los Turk y los Bordenave, se sienten atraídos por Elinor. También les sucede a las mujeres, si bien, la matriarca de los Caskey, Mary-Love manifiesta su resquemor hacia ella. Pero Mary-Love tiene todo en contra, pues su cuñado James Caskey, sus sobrinos Grace y Óscar, e incluso su propia hija, Síster, adoptan rápidamente como amiga a Elinor. Incluso su sobrino Óscar la pedirá en matrimonio a las pocas semanas de su aparición. 

Elinor es un ser que se sale de lo normal: mantiene una relación especial con el agua, se baña en ella a primera hora de la madrugada cuando todos duermen y aunque algunos como Annie Bell Driver, la predicadora de la iglesia baptista donde las tres familias más ricas de Perdido se han refugiado de la riada, la ven bañarse no saben si la transformación que perciben en ella es cierta o fruto de su imaginación:
«Elinor salió del agua. Los efectos de la transformación que había experimentado al sumergirse seguían presentes, y la señora Driver vio ante sí una criatura inmensa y deforme, de color verde grisáceo, con el cuerpo blando, una cabeza enorme y dos ojos fríos e inmóviles. Las pupilas eran verticales y delgadas, como dos líneas hechas a lápiz. Entonces el agua se deslizó por su cuerpo, de vuelta al arroyo, y la predicadora vio ante ella a Elinor Dammert, sonrojada y sonriendo con timidez, pudorosa ante aquella mujer que la había descubierto sin ropa. [...] Si la señora Driver no hubiera seguido tan mareada, habría jurado que, cuando la señorita Elinor sacó el otro pie del arroyo, este no era blanco y delgado, como el que ya estaba en la arena, sino que tenía un aspecto totalmente diferente: ancho y plano, verdoso y palmeado.»
Las mujeres son las que en el fondo mandan en la pequeña localidad de Perdido. Con la llegada de Elinor, la matriarca de los Caskey verá comprometida su autoridad. Poco a poco da la sensación de que Elinor va haciéndose con el poder. El proyecto de dique que los tres madereros proponen hacer  en la confluencia de los ríos a fin de evitar futuras inundaciones como la sufrida no es bien visto por Elinor cuya relación y/u origen acuático se hace evidente en el curso de la narración. Precisamente el segundo volumen de la saga se titula 'El dique', algo que ya por sí solo incita a proseguir la lectura de la historia.

Yo he llegado a Blackwater movido por la imparable corriente que desde su nueva publicación en España este febrero pasado (la anterior tuvo lugar en 2008) ha llenado periódicos, blogs y redes sociales culturales. En nuestro país su última aparición no ha sido a razón de una entrega por mes, como hizo el autor en 1983, sino quincenalmente quedando de esta manera: La riada (7 de febrero), El dique (21 de febrero), La casa (6 de marzo), La guerra (20 de marzo), La fortuna (3 de abril) y Lluvia (17 de abril). No sólo de esta serie sino referido a toda su obra Stephen King, maestro del terror, ha dicho que Michael McDowell es el mejor de todos sus cultivadores. 

Personalmente confieso que leyendo esta primera entrega (es posible que siga con la siguiente y quizá con alguna más) he sentido en mis manos la vibración sostenida de la literatura norteamericana del sur. Sin afán alguno de compararlos (toda comparación es odiosa y más en este caso) he querido ver un territorio tipo Faulkner (calor, sudor, segregación racial, pulsión sexual, violencia, machismo...) en ese Perdido que, aunque realmente existe, con el agua impenitente y esa Elinor alcanza la condición de mítico. 
 «Perdido es un pueblo de Alabama que existe de verdad y que se encuentra en el mismo liugar que ocupa en estas páginas. En cambio ni tiene ni tuvo nunca los edificios, la geografía o los habitantes que le atribuyo. Además, los ríos Perdido y Blackwater no tienen confluencia alguna. Y, aun así, me atrevo a decir que las personas y los paisajes que describo no son completamente imaginarios.» (dice el propio McDowell en la Nota del autor que precede al relato)
Territorios literarios míticos, , escritores de terror, literatura norteamericana del Sur
Michael McDowell
quería ser autor leído. Sobre las críticas que le llovían por escribir bestsellers decía que estaba encantado de ser un escritor comercial. Y añadía no sin razón: «Yo escribo para la gente que va ahora a las librerías. Pero si te leen ahora te van a leer dentro de cien años. Si gustas, gustas». 'Verdad verdadera', que decía un niño repipi de nombre Eduardo en un anuncio televisivo de hace ya algunos años. Sí, parece ser que veinticinco años después de su fallecimiento la obra de McDowell sigue acaparando los primeros puestos de las listas de libros más vendidos. Y es que, la verdad sea dicha, sus libros son muy entretenidos y maneja como nadie los denominados cliffhanger (finales en suspenso) que hacen que quieras seguir leyendo para despejar esa duda que el autor con maestría te acaba de inocular. ¿Es esto señal de populismo literario o falta de maestría? Pues, como sucede con todo lo artístico, depende de muchos factores, entre otros de las expectativas con que acude a la obra el propio lector. A mí en concreto el cliffhanger del dique al que Elinor se opone no me ha despertado la necesidad de ir corriendo a por el segundo volumen. No sé, yo y lo fantástico que roza la inverosimilitud no nos llevamos demasiado bien. ¿Leeré las siguientes entregas? Seguro que alguna sí; pero todas..., esto ya no lo puedo asegurar.

En la Lista de libros más vendidos de "El Cultural" de 
esta semana aparecen dentro de los 15 primeros puestos
 cinco de las entregas de la saga Blackwater


31 oct 2018

Obabakoak. Bernardo Atxaga y Calixto Bieito

10 comentarios:
Sólo cuatro días ha estado en cartel en el teatro Valle Inclán de Madrid, la magnífica adaptación a las tablas que Calixto Bieito ha hecho de la novela de Bernardo Atxaga Obabakoak, considerada como la obra culmen de la actual narrativa vasca. Conseguí verla hace unos días en un horario imposible –domingo a las doce de la mañana- y pese a esto la impresión de su contemplación aún no me ha abandonado, y creo que me acompañará un tiempo porque lo excelente no se olvida.

La novela
Bernardo Atxaga, seudónimo de José Irazu Garmendia, escribió en 1988 “Obabakoak”, la novela vasca más reconocida de las últimas décadas. En ella nos sumerge en el territorio mítico y literario de OBABA, un espacio semejante al Macondo de García Márquez, el condado de Yoknapatawpha de Faulkner, la Región de Juan Benet o incluso la Comala de Juan Rulfo. Es un territorio imaginativo y poético pues las historias que personajes como el profesor de geografía que recuerda su historia de amor epistolar, la joven maestra que tiene que aprender a combatir la soledad, la relación de un canónigo con un niño perdido en el bosque, o el escritor que descubre un detalle asombroso en la ampliación de una vieja foto de la escuela… se ubican siempre en esa zona intangible donde habita el recuerdo evocador.

Con esta novela, tercera en su producción que por ahora va sólo en Narrativa -Atxaga cultiva también la Poesía, el Ensayo, el Teatro, y es un autor fundamental dentro de la Literatura infantil y juvenil- por los once títulos, ganó muchos premios: el Premio Euskadi en 1988, el Premio Nacional de Narrativa de las Letras Españolas y Premio de la Crítica en 1989, y en ese mismo año de 1989 en tierras francesas fue distinguido por esta novela con el Prix Millepages. La novela ha sido traducida a una veintena de idiomas obteniendo en todos los países éxito entre el público y la crítica.

El director de cine navarro Montxo Armendáriz realizó en 2006 la versión fílmica de la novela.

Dice Calixto Bieito, actual responsable artístico del teatro Arriaga de Bilbao, que la realización de esta adaptación se le ocurrió paseando por Asteasu (localidad natal del autor de la novela) con Bernardo Atxaga. Desde el principio -prosigue- se planteó realizar una versión libre de la novela pero siempre con la intención de llevar a escena el aliento poético que en la novela existe. Y lo logra, vaya si lo logra. Las distintas historias que aparecen suponen todas ellas un retorno a la niñez, ese territorio paradisíaco, lejano y primitivo. Con sorna e ironía comenta el director y adaptador que en ese mundo infantil el nombre de Freud no pertenecía a nuestro vocabulario. Simplemente la infancia era, y es, un universo de fantasías, de visiones, de imágenes en la noche de la memoria ocultos en los rincones más recónditos de nuestro ser.


Compañía del Teatro Arriaga de Bilbao,
Subir este universo a un escenario y no fracasar en el intento está al alcance de muy pocos. Pero Bieito no es cualquiera, tras él hay una larga y exitosa experiencia teatral fabricada y curtida a lomos de innumerables empresas y proyectos escénicos a lo largo y ancho de este mundo: director artístico durante nueve años (1999-2008) del Teatro Romea de Barcelona; creador de versiones arriesgadas y atrevidas de óperas, la última, "Die Soldaten" de B. A. Zimmermann, fue muy polémica y no sólo en nuestro país; director durante dos años (2010-2012) del Festival Internacional de las Artes de Castilla y León; en 2013 fue nombrado Director Residente del Teatro de Basilea, ciudad donde actualmente reside.

Los premios que ha obtenido son numerosísimos: Premio en 2000 al Mejor Director Teatral otorgado por la Asociación de Directores españoles, Premio en 2003 al mejor artista del Festival teatral de Edimburgo, Premio Tendencias 2008 al creador consolidado, Premio de la Crítica barcelonesa 2009 a la mejor adaptación escénica, Premio de la Cultura Europea en 2009, Premio lírico Campoamor 2010 a la mejor dirección lírica por 'Carmen', Premio Franco Abbiati ese mismo año por la misma ópera, Premio Ciutat de Barcelona en 2013, etc., etc.


Mi impresión sobre "OBABAKOAK"
Ya he manifestado al principio de este post mi sorpresa al ver que sólo se representaría en Madrid durante cuatro días (del 25 al 28 de octubre), y de éstos, uno lo fue en vasco, lengua original del texto y propia de la comunidad autónoma a la que pertenecen los once actores; los otros tres lo fueron en castellano. Me parece muy bien que el Centro Dramático Nacional (CDN) acoja en su seno obras dichas en las diversas lenguas de España. Sin embargo, preparando esta reseña, me ha llamado muchísimo la atención leer que cuando la obra se representó en el Teatre Lliure de Barcelona entre el 25 y 29 de octubre de 2017 -la semana siguiente a su estreno en Bilbao- las cinco funciones que se ejecutaron lo fueran todas en euskera con subtítulos en catalán. Y yo me digo: si los que estaban sobre las tablas y los que estaban en el patio de butacas conocían todos ellos una lengua común ¿por qué esa manera de actuar? ¿No habría sido más equilibrado para llegar a todos los sectores del público hacerla unos días en vasco y otros en castellano? Y más, pienso yo, cuando la misma Compañía TEATRO ARRIAGA ANTZOKIA ofreció en la ciudad de Bilbao tres días (del 18 al 21 de octubre) la función en euskera y (del 23 al 26 de noviembre) en castellano. En fin, qué le vamos a hacer: "¡España y yo somos así, señora!", que decía en una de sus obras Eduardo Marquina, barcelonés por más señas. 
Teatro vasco, teatro en euskera, Calixto Bieito, CDN

Pero dejemos a un lado estas cuestiones y vayamos a lo que interesa: la literatura. En este terreno he de decir que me parece una obra brillante en todos los sentidos. Si sólo me fijo en el texto la profundidad del mismo y los temas que se abordan (infancia, sexo, amor, pasiones inconfesables, esperanza, muerte, deseo, locura, naturaleza, tierra...) hace que asistamos a los parlamentos de los personajes con atención, emoción y ansia de no perdernos ni una palabra de lo que allí se está diciendo porque todo ello es interesante y profundo. Hay mucho de imbricación del hombre con la tierra en ese retorno a la niñez, a esos doce-trece-catorce años que tienen la mayoría de los personajes cuando refieren su historia. Es ese momento vital en que la fuerza de la naturaleza aflora y se impone al que fuera niño mostrándose implacable en sus diversas y misteriosas atracciones: sexo, deseo, amor, miedos, soledad... 

Si lo que hay de seducción irresistible hay que atribuírselo a las mágicas fuerzas que surgen de la tierra (lo telúrico) plasmarlo en escena tenía -pienso yo- no poca dificultad. Y aquí es donde Carlos Bieito demuestra su excepcional buen saber hacer: Dispone  a los once personajes montados y desplazándose en bicicleta por el escenario vacío. De fondo hay una serie de paneles que cambian de ubicación desplazándose en altura y sobre los que se realizan proyecciones bien de aspectos referidos en la obra, bien en ocasiones del propio actor que habla y al que otro o él mismo graba enfocando con una pequeña cámara que, oscilante, muestra el físico del personaje. Como para remarcar la narratividad de la obra del techo penden siete u ocho micrófonos que los actores utilizan en ocasiones para transmitir sus parlamentos o para adoptar el papel de narrador en voz en off. 

La iluminación del escenario es muy interesante. Son las propias luces de las bicis  las que en principio iluminan la escena acompañadas de otra serie de focos cuya ubicación y movilidad provocan que el haz de luz rompa los límites del proscenio saltando al patio de butacas como si los espectadores también formásemos parte de las historias que se nos están contando. Fantástico. Por otra parte la luz contribuye de manera muy lograda a crear esa sensación de irrealidad o de realidad mágica en que se mueve toda la función.


Eneko Sagardoy, Joseba Apaolaza, Ylenia Baglietto, Gurutze Beitia, Ainhoa Etxebarria, Miren Gaztañaga, Iñake Irastorza, Karmele Larrinaga, Itziar Lazkano, Koldo Olabarri, Lander Otaola

Los efectos dramáticos logrados con las luces se realzan aún más con el sonido y la música utilizados. Hay momentos en que la fuerza del sonido (un tren que se acerca impetuoso y que reconocemos por el aumento del volumen sonoro; ese disparo que sorprende por su fuerza a los espectadores; o esa sabia utilización de la música y voces grabadas que  contribuyen a aumentar esa atmósfera de quimera, alucinación o fantasía que rodea a esa tierra de Obaba. 

Y todo lo anterior se haría añicos si no estuviera sustentado en un elenco actoral magnífico. De los once actores no podría señalar ninguno cuya actuación me hubiera parecido siquiera una pizca peor que la de los otros. No, sería un vano ejercicio. Los once son:  Joseba Apaolaza, Ylenia Baglietto, Gurutze Beitia, Ainhoa Etxebarria, Miren Gaztañaga, Iñake Irastorza, Karmele Larrinaga, Itziar Lazkano, Koldo Olabarri, Lander Otaola, y Eneko Sagardoy / Lucía Astigarraga. Confieso que salvo el nombre de Eneko Sagardoy, protagonista de la película "Handía" del director vasco Jon Garaño, el resto eran nuevos para mí. Tuve la suerte -más que suerte, es que me hacía ilusión, vaya- de que en la función matinal del domingo actuara Eneko en vez de Lucía Astigarraga que visto lo visto en los otros diez su actuación debe de ser fantástica también. Los once actores poseen una dicción perfecta, se mueven por escena con naturalidad, su gesticulación y las figuras que componen son muy convincentes.

Los personajes -cuatro de ellos fundamentalmente: el profesor de historia, el niño escritor, la mujer que imagina la llegada del tren, y el personaje víctima de múltiples personalidades -aunque desarrollan historias distintas, sin embargo todas ellas están unidas por desarrollarse en ese territorio mítico e intangible (Obaba) reconocible en esas canciones tradicionales que las madres cantan a sus hijos; canciones en las que les previenen de los peligros de la vida al tiempo que con esa nana los acunan. Es esta nana que avisa del riesgo que tiene quedarse dormido en el bosque porque puede llegar un lagarto y comer el cerebro del dormido, la que da consistencia a un duodécimo personaje que sólo habita en el imaginario popular: el Lagarto, ese dragón milenario algo repulsivo que atemoriza sobre todo a los niños. Es esta canción popular y el diálogo adulto-niño sobre la prevención a pasar la noche en el bosque un hilo que sirve de engarce a todas las historias.
"-No os quedéis dormidos en el bosque. Porque si no vendrá el lagarto y se meterá en vuestra cabeza
-¿Y cómo entrará?
- Por el oído. Y se comerá vuestros sesos y os quedaréis tontos."
Calixto Bieito, Bernardo Atxaga, Realismo mágico

Final
Mucho he disfrutado con esta representación que desde aquí recomiendo a todos. Como habréis deducido no es fácil encontrar la posibilidad de verla pues la gira de la misma desde su estreno hace ya cosa de un año en Bilbao ha sido por localidades muy contadas: Barcelona, Santurce, Vitoria-Gasteiz y San Sebastián en 2017, cuatro días en Madrid en 2018, y por lo que leo por ahí está previsto que en 2019 esta potente producción del Teatro Arriaga tiene prevista una visita a tierras alemanas, concretamente a Stuttgart. Como veis no es fácil atraparla. Le sucede lo que al lagarto que parece impasible pero a la menor, ¡zas!, escapa y se esconde fuera de nuestra vista.


13 jul 2018

"¡Absalón, Absalón!", la novela más faulkneriana de William Faulkner

30 comentarios:
"Quintín oía sin escuchar a medida que recorría con los ojos la borrosa escritura delicada que no parecía un trazo impreso en el papel por la mano de un ser vivo, sino una sombra proyectada sobre el pliego y fijada en él un instante antes de que el lector lo mirase y que podría desvanecerse, borrarse en cualquier momento, mientras los ojos lo recorrían: la lengua muerta hablaba después de cuatro años y repetía las mismas palabras después de cincuenta más, suave, sarcástica, irónica e irremediablemente pesimista, sin fecha, encabezamiento ni firma: Advertirás que no injurio a ninguno de nosotros diciendo que ésta es la voz de los vencidos; mucho menos, de los muertos."


Territorios míticos, "¡Absalón, Absalón!"
Acabo de finalizar la lectura de la novela que el escritor sureño de New Albany (Misisipi) publicó en 1936, cuando contaba 39 años de edad y había dado a la luz hasta ese momento ocho títulos entre los que se cuentan los que más influencia han tenido en la literatura posterior. Concretamente "¡Absalón, Absalón!" es el cuarto título de los seis o siete que en opinión de muchos de sus estudiosos -el más conocido de todos ellos, por mediático, fue Harold Bloom- conforman el denominado 'universo Faulkner', esa sucesión de hallazgos literarios, de estilística narratológica, de  mundo literario propio y personalísimo, que hicieron que tras esos libros la escritura literaria no fuese igual que lo había sido hasta entonces. Los siete títulos a los que me refiero vieron la luz entre 1929 y 1939-40: "El ruido y la furia" (1929), "Mientras agonizo" (1930), "Santuario" (1931), "Luz de agosto" (1932), "¡Absalón, Absalón!" (1936), "Las palmeras salvajes" (1939) y "El villorrio" (inicios de 1940). Personalmente sólo me resta por leer "Las palmeras salvajes"; los otros seis los he leído a lo largo de mis años siempre con gusto y sorpresa.  


William Faulkner, a los aficionados a la buena literatura, nunca cansa; aunque también es cierto que no todos sus libros tienen el mismo nivel de dificultad. Al respecto he de decir que éste que acabo de concluir, "¡Absalón, Absalón!", me ha parecido de los más dificultosos. Los motivos derivan de la propia novela -el mismo autor durante la escritura de la misma confesaba a su editor: «Es una historia torturada y una tortura escribirla»- pero también de la necesidad de contar con buenas traducciones y la que yo he tenido entre mis manos, en mi opinión, dejaba mucho que desear en ocasiones. ¿De verdad dejaba mucho que desear o es que Faulkner es así: enrevesadamente lioso? Sinceramente pienso que las dos cosas influyen.

La traducción
Mis experiencias con grandes obras de literatura universal en traducciones deficientes han sido importantes. La primera y más grave que recuerdo me sucedió con el "Ulises" de James Joyce en la edición que la sudamericana editorial Rueda ponía al alcance de los adelgazados bolsillos de los estudiantes.  Firmaba la traducción J. Salas Subirat y en verdad en verdad que por su culpa y seguramente también por mi impericia lectora ha sido uno de los pocos libros que he abandonado y que nunca he podido leer de seguido sino a saltos y buscando aquellos fragmentos que me interesaban. En "¡Absalón, Absalón!" he seguido la traducción que la argentina Beatriz Florencia Nelson hiciera en 1950, sólo un año después de que el novelista fuese distinguido con el Premio Nobel, y que sin cambio alguno -o muy pocos, seguramente- se ha ido repitiendo sin revisión alguna año  tras año. Por curiosidad, al finalizar la lectura en la edición de 'Alianza editorial' que he usado me pasé por la Biblioteca a fin de consultar la que hizo Miguel Martínez-Lage para 'La Otra Orilla' con prólogo de Antonio Muñoz Molina. ¡Buff, en efecto hay diferencias sustanciales! La de Martínez-Lage es, dentro de la dificultad inherente a Faulkner, inteligible. En mi opinión es la edición más recomendable. Además cuenta en portada con la reproducción del famoso mapa del condado de Yoknapatawpha que el escritor incluyó en esta novela y que sirve para ubicar debidamente los movimientos de los personajes de ésta y otras novelas que conforman este universo Faulkner.


La novela
Sinopsis (proporcionado por la propia editorial)
Quentin Compson ­vástago del linaje cuya ruina se describe en «El ruido y la furia»­ recrea, con la ayuda de Shreve, su compañero de habitación de Harvard, los obstinados esfuerzos de Thomas Sutpen para regir una gran plantación y fundar una dinastía. Ambientada en un imaginario condado sureño en la época de la Guerra de Secesión, "¡Absalom, Absalom!" cuenta, desde las perspectiva de cuatro narradores, la historia trágica de la familia Sutpen, desde su génesis hasta su destrucción. La destrucción y el fracaso son la conclusión final de una historia de violencia, orgullo, incesto y crimen.


Faulkner, como ya he señalado anteriormente, era consciente de la gran dificultad de escritura e intelección de la novela que estaba escribiendo. Es por ello que al finalizar la laberíntica historia temporal que es "¡Absalón, Absalón!" incluyó una 'Cronología' y una 'Genealogía' de los personajes actuantes en la misma. Gracias a estos añadidos se puede seguir el desarrollo de la trama con una cierta mayor facilidad. 

Faulkner, Premio Nobel de Literatura 1949
A la hora de analizar esta novela no me voy a detener mucho en la enumeración y explicación de los recursos estilísticos que conforman el estilo Faulkner. Para ello os remito a las dos reseñas que hace uno y dos años respectivamente hice de dos de esas siete magníficas novelas a las que he aludido al inicio. Concretamente son los posts que dediqué en 2017 a "Luz de agosto" [leer reseña aquí] y un año antes a "Mientras agonizo" [leer reseña aquí].

Sí quisiera comentar algunos aspectos que han llamado poderosamente mi atención en esta novela. El primero es la construcción que el novelista hace de una historia con ribetes míticos, una historia que como la mayoría de las suyas sitúa en el Sur de los Estados Unidos ("— El Sur -dijo Shreve-; el Sur. ¡Jesús! No me admira que os sobreviváis a vosotros mismos años y años"), en ese territorio inventado del que se declara único dueño y propietario, el Condado de Yoknapatawpha, cuya extensión, lindes, poblaciones y moradores principales de las mismas señala en el mapa explicativo que hizo acompañar a la novela.


En concreto, la historia que la anciana Rosa Coldfield le está relatando a Quentin Compson en 1909 sucedió tiempo atrás, en los años anteriores y posteriores a la guerra de Secesión americana (1861-1865) que dio al traste con la cultura y la manera de entender el mundo que tenían los once estados confederados de los que formaba parte el de Misisipi donde se sitúa el Condado ficticio de Yoknapatawpha, trasunto del muy real de Lafayette donde el autor se crio. La familia Sutpen se inspira, al decir de muchos, en la propia familia del escritor.


Todo en esta novela es de altura épica. Desde el propio título sacado de una cita bíblica (2º libro de Samuel, versículos 19:5) en la que se refiere a Absalón, hijo del rey David que se rebeló contra su padre. El mismísimo Faulkner en carta dirigida a su editor en agosto de 1934 le decía a propósito de la novela que estaba escribiendo: «… Tengo un título para ella que me gusta, dicho sea de paso, ¡Absalón, Absalón!: La historia de un hombre que quiso tener un hijo a fuerza de orgullo, que tuvo demasiados, y al que sus hijos destruyeron». También los nombres de algunos personajes como Clite (Clitemnestra) o las alusiones a otros en esas descripciones tan características del escritor ("un aire de Casandra, sin alegría, severa y profundamente profético, totalmente desproporcionado a la edad de aquella misma niña que nunca había sido joven", escribe refiriéndose a Rosa Coldfield ). Si ya estos dos nombres orientan al lector hacia un crimen que se cometerá de modo inexorable, es especialmente de un majestuoso nivel épico el esquema narrativo elegido: un relato a cuatro voces en el que el tiempo cronológico lineal y sucesivo desaparece prácticamente moviéndose al ritmo del recuerdo de lo escuchado y de lo supuesto e imaginado. Y es que los narradores:  Rosa Coldfield, Shreve, Quentin Compson y el padre de este último no conocen la historia en su integridad sino que cada uno por haberla vivido (Rosa), o haberla escuchado de un narrador testigo (los Compson, padre e hijo) o tras escuchar el relato haberla completado (Quentin Compson y Shreve) la construyen cual si de un puzle incompleto se tratara, cada uno desde su rincón y conocimiento (multiperspectivismo).

Añade grados de leyenda épica saber que el padre de Quentin Compson le cuenta a su hijo la historia que conoció de labios de su propio padre, el general Compson, abuelo de Quentin y compañero de armas del Coronel Sartoris. Una historia, pues, transida de oralidad, que llega desde el pasado hasta el momento actual de 1909 a través de primeros y segundos narradores que con sus palabras o la propia escritura quieren salvar del olvido aquello que ocurrió y es merecedor de saberse. En definitiva, una defensa cerrada de la importancia de la narratividad
"Pasa el tiempo, llueve y brilla el sol y llega un día en que nadie recuerda el nombre y lo que dicen esas letras nada importa ya. Quizás por eso, si uno puede dirigirse a alguno, cuanto más extraño mejor, y darle algo, lo que sea: un pliego de papel o cualquier otra cosa que nada signifique por sí misma, aunque ellos no lo lean ni lo guarden, ni se preocupen siquiera por destruirlo o arrojarlo, ya es algo porque ha sucedido y puede ser recordado, pasando de una mano a otra, de una inteligencia a otra" (pág. 113)
La altura épica del relato crece con la laberíntica estructura temporal del relato que sigue el hilo de la conversación o del recuerdo, en lugar de la linealidad de la narración tradicional. En este sentido han llamado poderosísimamente mi atención los anuncios o veladas referencias (flash forward) a sucesos que vendrán o a objetos y personajes que aparecerán. Con este manejo del tiempo son normales las referencias, siquiera de pasada, a algunos personajes aparecidos en otras novelas del escritor que aquí son actores muy secundarios pero que habitan y contribuyen a la existencia de ese espacio mítico que es el condado de Yoknapatawpha del que el escritor es el único y exclusivo propietario. Un ejemplo es el del juez Benbow de la novela "Santuario" citado al hilo de una de las muchas conjeturas que alguno de los narradores o narratarios lanza; también podría decirse otro tanto de esos dos militares, el general Compson y el Coronel Sartoris, que habitan con papel protagonista en otros relatos del autor sureño.

Lo mítico, lo legendario, lo fabuloso envuelve toda la tragedia que se cierne sobre ese Sur donde nació el escritor y donde transcurre la peripecia de la estirpe Sutpen. Una estirpe cuyo final premonitoriamente se anticipa, se avanza, se imagina, desde las páginas iniciales del relato: 
"Aquella mañana dominical de junio de 1833 en que, [Thomas Sutpen] saliendo de un pasado incógnito, penetró a caballo en la ciudad y adquirió aquella propiedad -nadie supo cómo- y construyó su casa, su mansión, sacándola al parecer de la nada, y se casó con Elena Coldfield y engendró a sus dos hijos (el hijo que dejó viuda a su hermana, sin haberse desposado) y prosiguió así su camino hasta llegar a un violento (y justo, como hubiese dicho sin duda la señorita Coldfield) final." (pág. 6)
En este párrafo se puede ver el origen fabuloso del personaje que surge de lo desconocido, su esfuerzo épico patente en la construcción de una mansión sacada de la nada, y la tragedia inevitable -¡y justa!- que se anuncia ya desde el inicio: el posible incesto perceptible en esa hermana que queda viuda por culpa de su hermano sin siquiera haberse casado y la muerte violenta del patriarca. Todo, pues, ya está aquí. Al lector sólo le queda atender a cómo se desarrollaron los hechos. Y este desarrollo es lo que le van a dar, cada uno desde su incompleto conocimiento, los cuatro narradores.

Abolición de la esclavitud, sudistas, confederados, Realismo Mágico

Junto a todo esto y muy en consonancia con el Sur donde se localiza la historia está la importancia que tiene en la historia la raza negra. La negritud, la posible sangre de negro que circule por las venas aunque sea en cantidad ínfima, si tal hecho se da o es plausible, contamina en el imaginario sudista la vida del blanco, del amo, del dueño de la Hacienda y es capaz por sí solo de desatar la tragedia. De ahí el interés máximo por garantizar la limpieza de sangre buscando tener un hijo con quien no esté manchado en absoluto. Elena Coldfield es garantía de esto pero el origen nebuloso de Thomas Sutpen siempre nos dejará en la duda.

Por otra parte la fuerza del sexo, la imposibilidad de escapar al mismo, es elemento importantísimo en esta historia. Un sexo que no se para en barras y que se practica con seres de la raza que sea sin pararse a pensar en consecuencias como las que más arriba he señalado. Un sexo impulsivo, de puro instinto, irracional, animal... Y cuando en esta pulsión sexual se abre paso el amor, el desastre puede aún ser mayor pues en este caso ya nada importa y hasta las leyes más sagradas pueden estar en serio peligro (incesto, homofilia, mestizaje, etc.). 

Y como siempre en Faulkner ese Sur opresivo se manifiesta a través del calor, un calor que anula el entendimiento y que puede propiciar las mayores tragedias. Un calor meridional, húmedo, que favorece la inactividad de algunos -la ciudadanía de Jefferson, la ciudad central de la zona- cuya principal ocupación, cual si de un coro de tragedia griega se tratase, es observar, enjuiciar y comentar lo que otros hacen:
"Ahora fueron las mujeres quienes sospecharon lo que quería y cuál sería su próxima decisión. Ni uno solo de los hombres, ni siquiera los que lo llamaban por su nombre, sospecharon que deseaba una esposa" (pág. 33) 
"Sólo sé que toda la ciudad, los hombres que se hallaban en la galería de la posada de Holston, vieron a Sutpen y a la comisión cabalgar hasta la plaza" (pág. 38)
Y naturalmente no se puede dejar de lado ese doble universo que constituyen hombres y mujeres cada uno por su lado. Las mujeres en este sur machista y desconsiderado con ellas aparecen como anticipadoras de lo por venir, dotadas de una intuición mágica y creadora. Los hombres por su lado son los instrumentos de la transformación. Sus arrebatos o impulsos propician desgracias pero también sirven para gestar vida en ellas. Ellas se sienten como meros objetos pero en Faulkner son quienes con paciencia y laboriosidad saben esperar su momento o servirse de otros para la venganza. Muchos son los personajes femeninos que pululan por esta historia: las dos hermanas Coldfield (Rosa y Elena), Clite, Judit Sutpen, Emilia Jones, la haitiana madre de Carlos Bon, la cuarterona con la que Sutpen lo tuvo, etc.

Por último quisiera destacar lo claramente que se percibe en esta novela lo que luego sería marca distintiva del llamado boom de la novela sudamericana de los años 60 del siglo pasado. Me refiero al realismo mágico, a esa atmósfera que el autor logra crear introduciendo en la historia lo fantástico, lo fabuloso, la falta de certidumbre, la duda..., elementos que favorecen que la narración ingrese en el terreno de lo incierto, en esa nebulosa en que aquello podría haber sido pero parece en parte imposible que así se diera. Esto es para mí de lo mejor que tiene esta novela
"Era aquel un estío de glicinas. Su aroma impregnaba la media luz crepuscular, junto con el del cigarro que fumaba su padre mientras ambos, terminada ya la cena, esperaban sentados en la galería a que llegase el momento de la partida de Quentin; allá abajo, en la extensa y rústica pradera, las luciérnagas erraban suavemente de un lado a otro: el olor, el vaho que, cinco meses más tarde, llevaría la carta del señor Compson desde el Misisipí, por encima de la interminable nieve férrea de Nueva Inglaterra, hasta el gabinete de Quentin, allá en Harvard. Era también un día de escuchar..., de oír, en 1909, todo aquello que ya sabía, puesto que había nacido en medio de ello y respiraba el mismo aire que había hecho vibrar las campanas de la iglesia aquella mañana de domingo, en 1833," […] (pág. 25)
Para finalizar
Es una realidad la de "¡Absalón, Absalón!" que se diría irreal, imposible, desaparecida por completo. Una realidad idéntica a la del propio relato que nos intentan contar esos cuatro narradores que no tienen certezas absolutas, que suponen, que piensan hacia dentro de sí mismos en monólogos interiores que se superponen y se mezclan con aquello que están diciendo o escuchando. Unas historias confusas porque la misma realidad que intentan reflejar también lo es: una guerra de liberación de la negritud que dará como resultado unos estados sudistas vencidos en los que negros descalzos son libres a partir de ahora pero sin serlo en absoluto y con unos blancos -esta estirpe de los Sutpen, por ejemplo- que abomina de aquello con lo que ha estado en contacto íntimo y de quien, quizás (la gran palabra de esta novela), proceden. 


Datos del libro
Autora: WILLIAM FAULKNER
Título: “¡Absalón, Absalón!”
Nº de páginas: 518 páginas.
Encuadernación: Tapa blanda
Editorial: Verticales De Bolsillo (8 de junio de 2011)
Lengua: CASTELLANO
ISBN-13: 978-8492781201
Precio:
En papel: 11,40€
Ebook: 9€

2 abr 2017

Universo Faulkner en "Luz de agosto"

14 comentarios:
«La maldición de la raza negra viene de Dios. Pero la maldición de la raza blanca es el negro, que será eternamente el elegido de Dios porque un día le maldijo».

"Luz de agosto" presenta una serie de auténticos sinos trágicos contra los que los humanos nada pueden hacer. Son varios los personajes que apenas si consiguen sobrellevar el destino que les viene impuesto. En primer lugar tenemos a Lena Grove, una joven de apenas 17 años encinta por culpa de un hombre, Lucas Burch, que tras seducirla le ha dicho que se marcha en busca de mejores condiciones de vida y que la avisará cuando se haya establecido convenientemente. Lena, menospreciada en su casa por su hermano, se lanza al camino en busca de Lucas de quien tiene entendido está trabajando en un aserradero. Desde su Alabama natal caminará jornada tras jornada preguntando a quien se encuentre por el paradero del padre del hijo que lleva en su seno. Un carretero la llevará hasta Jefferson; en su aserradero Lena habla con Byron Bunch, un hombre bueno cuya vida es el trabajo y la dirección del coro de una parroquia a 30 millas de allí. Este tal Byron la escucha y por las señas físicas que la chica le proporciona descubre la identidad del hombre que la sedujo y la abandonó. Lo malo es que Byron, que se creía, dada su edad -tiene ya treinta años-, inmunizado contra el amor, se ha enamorado.
Coincidiendo con esta conversación una casa de campo, la de la señorita Burden, está ardiendo y todo el pueblo con su sheriff Watt Kennedy a la cabeza se ha desplazado hasta el lugar. Muy cerca de la casa grande de la srta Burden que ahora está ardiendo, en una cabaña de negros, viven Joe Brown Joe Christmas, dos forasteros que desde hace un tiempo -Christmas ya va para tres años; Brown apenas hace unos pocos meses- trabajan en el aserradero. Precisamente la descripción que Lena hace de Lucas Burch coincide totalmente con el aspecto físico de Brown.

Estos dos hilos -la búsqueda por parte de Lena y la historia de la srta Burden- más todos los seres que participan en ellos conforman lo que podríamos denominar el universo Faulkner de esta novela. El novelista va poniendo el foco sobre unos y otros personajes dándonos su genealogía que en la mayoría de los casos se remonta hasta la lejana época de la Guerra de Secesión americana, esa guerra que ganaron los unionistas del norte que abolieron la esclavitud a la que tan apegados estaban los confederados del Sur, quienes por ello vieron arruinado su estilo de vida. La familia de William Faulkner formaba parte en esa lejana época de la facción derrotada y arruinada; su propio bisabuelo combatió como soldado en dicha guerra, y no pocos personajes de las novelas que el novelista escribió son reflejo de este hombre que como muchos otros debieron de acomodarse a la nueva situación, una mutación nada fácil.

La novela transcurre durante dos o tres días de agosto de un año de la década de los años 20 del siglo pasado en que estuvo vigente la Ley Seca. En esa época, naturalmente, los negros eran libres legalmente aunque sus condiciones de vida eran poco menos que infrahumanas, pues, si bien el Norte ganador había prohibido la esclavitud, en los estados del Sur se impuso la segregación racial. Los negros vivían separados de los blancos, tener contacto con un negro era considerado ominoso, proceder de una familia de sangre negra era un baldón y una condena de por vida. El aspecto externo es esencial en la separación de razas. En este maravilloso relato un personaje, Joe Christmas, se considera a sí mismo maldito por tener la convicción de que por sus venas corre sangre de negros; sin embargo su porte y figura no son de negro. Aquí radica una de las grandes tragedias de esta narración: Christmas, por cuyas venas discurre sangre de negro, no puede evitar el destino al que su condición racial le dirige: violencia, maldad, predisposición para la muerte...
Las alusiones despectivas referidas al comportamiento propio del negro son abudantes en "Luz de agosto":
"No llevan más de seis horas de retraso y pensar que ese pobre imbécil no ha tenido inteligencia para… Si no hubiese otras pruebas, ésa bastaría para demostrar que es un negro…" (p. 274)
"De vez en cuando, no obstante, una nodriza negra, con sus niños blancos, se detenía para descifrarlas en voz alta, con ese aire vacío y estúpido de las personas de su especie, ociosas e ignorantes" (p. 50)
Guerra de Secesión americana, Confederados vs Unionistas
"—Él mismo me dijo que era negro. ¡El hijo de puta! ¡Cuando pienso que me he dejado acariciar por ese cochino negro para que luego me metiese en un lío con su policía de palurdos! ¡Y en un baile de palurdos!" (p. 193)
"Expresaban en voz alta su opinión de que se trataba de un crimen de negro, cometido, no por un negro, sino por el Negro. Sabían, creían y esperaban que la mujer hubiese sido también violada, al menos una vez antes de tener la cabeza cortada y al menos otra vez después." (p. 254)
La figura de Joe Christmas es uno de los ejes de la novela: entregado a un orfelinato desde el mismo día de su nacimiento, su vida no será un camino de rosas en especial con la familia que lo adoptó a los cinco años de edad: los McEachern, integristas presbiterianos que en todo ven pecado y abominación y que sólo viven para el trabajo y tener sosegadas las pasiones. El método educativo que los McEachern utilizan es el castigo físico por cualquier cosa:
"No era el trabajo duro lo que él odiaba; no eran tampoco los castigos ni la injusticia. Ya estaba acostumbrado a ello, incluso antes de conocer a sus padres adoptivos. No esperaba menos y, por consiguiente, no se sentía ni ultrajado ni sorprendido. Era la mujer: aquella tierna bondad de la cual se creía condenado a ser siempre la víctima y a la que odiaba más que a la justicia dura e inflexible de los hombres."
Joe Christmas debe arrostrar su maldita condición de negro desde su nacimiento, y Lena Grove deberá de sobrellevar como pueda su condición de mujer que la conduce a la maternidad que ella acepta incluso dentro de una sociedad que critica hasta la náusea el que carezca de marido. Cada uno tiene al lado a un compañero que le 'ayudará' a lograr sus fines: en el caso de Christmas está Brown que por dinero denunciará a quien le acogió en su casa; por su parte, Lena contará con la benevolente 'ayuda' de Byron que la protegerá en todos los sentidos. Son Lena y Christmas epítomes de bondad y maldad respectivamente; estas características están en la base de sus correspondientes tragedias.

Por último hay un tercer pie que sostiene todo el relato. Se trata del reverendo Hightower, un personaje atormentado, obsesionado con sus orígenes, en este caso por su difunto abuelo muerto en la guerra civil americana. La innoble muerte de su abuelo sudista cuando se encontraba robando gallinas en un gallinero para saciar el hambre que llevaba sufriendo durante todos los años de guerra le acompaña continuamente. Su vida en Jefferson, el deseo de ser pastor en esta localidad no era una cuestión religiosa sino la satisfacción de unirse al destino del abuelo sudista al que admiraba.

Religión y Sexo. Con el reverendo Hightower aparece en el relato el fortísimo peso que tiene la religión. Una religiosidad protestante exacerbada que tiene encumbrado el castigo y el sufrimiento como medios para acercarse a Dios; una religión, puritana hasta el exceso, que considera impuro y abominable el sexo y que al tiempo lo busca desaforadamente; una religión que tiene como el sumun de lo deleznable practicar sexo con la raza negra por considerarla infecta. De aquí que Christmas no se soporte a sí mismo ni siquiera cuando tiene sexo apacible con la blanca srta Bundren; mucho menos, naturalmente, si es con mujeres de color.

Misoginia. Se desprende de toda la narración una animadversión grande hacia la mujer. Son frecuentes, a veces envueltas en un discutible sentido del humor, las alusiones despectivas al sexo femenino al tiempo que hipócritamente se ensalza las virtudes y entrega maternas:
"Qué mujer, buena o mala, ha sufrido con un bruto tanto como los hombres han sufrido con las mujeres? Respóndame, Byron." [le dice el reverendo Hightower a su amigo Byron Bunch]
"Una vez me dijiste que el diablo me dominaría y me reclamaría sus derechos. Pues bien, ya lo ha hecho. Mi mujer me ha dado una puta." [le lanza Doc Hines a su mujer a propósito de su hija Milly embarazada sin haberse casado]
"«En esto se conoce a la mujer. Ella misma sería capaz de despellejar a otra mujer, pero se pasea sin la menor vergüenza por delante de todo el mundo, porque sabe que la gente, los hombres, la protegerán. No se preocupa de las demás mujeres. No es ninguna mujer quien la ha puesto en lo que ella ni siquiera llama un apuro. Perfectamente. En cuanto una de ellas se casa, o se ve metida en un lío sin estar casada, enseguida la veréis salirse de su casta, abandonar el sexo femenino y pasar el resto de su vida tratando de unirse a la casta de los hombres. Por eso beben, y fuman, y reclaman el derecho de voto»." [piensa Armstid, el carretero que lleva a Lena hasta Jefferson]
William Faulkner, Jefferson, "Sartoris", "Luz de agosto"El ambiente. El sur con su atosigante calor provoca que se haga la vida en la calle y esto favorece la murmuración, la extensión del rumor, el cotilleo... Faulkner utiliza una imagen, la de los insectos que zumban de manera ensordecedora al otro lado de la ventana ("Por la ventana abierta llega la estridulación de los insectos, incansable, monótona, innumerable"; "Joe oyó cómo el ruido del coche ahogaba el rumor de los insectos, cómo el zumbido dominaba el rumor"; "La voz se apaga de nuevo. Por la ventana llega el zumbido continuo de los insectos. Luego, la voz sigue hablando, plana, átona").
Los insectos aparentemente son inofensivos, pero muchas veces su picadura puede llegar a ser mortal. Eso es lo que sucede con esa ciudad vigilante, con la vorágine de la gente que bien arremolinándose frente a la casa incendiada de la srta Bundren, dentro de sus propias casas, o ante la oficina del sheriff donde se encuentra el principal sospechoso pide, exige, de manera atronadora, su derecho a hacer 'justicia', esto es, su derecho al linchamiento, con mayor motivo aún si el asesino es negro y el muerto blanco aunque la familia de la Srta. Bundren y ella misma los favoreciesen
"Entonces, los rumores flamearon de nuevo, resucitados momentáneamente por las mujeres, por las familias que cenaban en torno a las mesas, en salas alumbradas por la electricidad y en cabañas alumbradas por el petróleo, perdidas en las colinas lejanas."
"La ciudad sabía que Hines no trabajaba de una manera regular desde hacía veinticinco años. [...] Por lo demás lo que la ciudad perdonaba no era, tal vez, la consagración de Hines a la salvación de los negros, sino la ignorancia pública del hecho de que el hombre recibiera la caridad de los negros"
La maestría narrativa de William Faulkner
En el post que hice no hace mucho de la novela "Mientras agonizo" [leer la reseña aquí] señalé algunas de las características que en mi opinión hacen que Faulkner fuese -y hasta ahora mismo aún sigue siéndolo- un revulsivo en las aquietadas aguas de la novela. Nada ha sido igual después de su obra novelística.

"Mientras agonizo" apareció en 1930, dos años antes que "Luz de agosto". En ella se narra la peripecia de la familia Bundren para llevar a enterrar a la madre fallecida, Addie Bundren, a su Jefferson natal. Precisamente a esta genealogía pertenece la Srta. Bundren quien en "Luz de agosto" cuenta cómo su abuelo Calvin compró la casa en la que ella vive. Las técnicas narrativas utilizadas por el autor en la novela de 1930 vuelven a aparecer en la que aquí reseñamos, de manera que mucho de lo allí dicho casa completamente también aquí:

La trama la organiza William Faulkner rompiendo la linealidad temporal mediante avances y/o retrocesos (flash forward y flash back) e incluso mediante la mostración de acciones coincidentes a fin de que el contexto, el universo faulkneriano, quede totalmente explícito.

El contenido se distribuye en 24 capítulos de semejante extensión en los que con los recursos anteriores extiende en años la narración hacia atrás y hacia adelante; una narración cuya duración en tiempo real no va más allá de esos tres o cuatro días de un caluroso agosto iluminados por un sol de justicia y una clara luna nocturna.

De nuevo aquí reproduzco lo dicho para la novela anterior por ser absolutamente pertinente aquí:
Todo este 'universo narrativo Faulkner' se presenta magníficamente envuelto en un lenguaje pleno de simbolismos, metáforas, vocabulario literario, innovaciones tipográficas, mezcla de fragmentos en estilos diversos: directo, indirecto, indirecto libre, y sobre todo en unas técnicas narrativas: focalización múltiple, contrapunto, disolución o cuasi desaparición del narrador mediante el monólogo interior y el flujo de conciencia (los personajes viven dentro de sí mismos y llegamos a conocerlos a través de sus silencios que se hacen patentes mediante estas técnicas), multiperspectivismo..., etc. que sorprendieron a propios y extraños.

Lenguaje poético. Tan sólo citaré algunos fragmentos en los que puede apreciarse -a pesar de la traducción y quizás -seguro- gracias a la buena traducción de Enrique Sordo- la belleza de la prosa del autor:

"La casa reposaba, sumergida en el claro de la luna, sombría, profunda, ligeramente pérfida. Era como si, bajo la luz de la luna, la casa adquiriese una personalidad amenazadora, traidora.". Hay mucho de cinematográfico en esta descripción. No podemos olvidar que Faulkner trabajó de guionista en Hollywood durante algunos períodos de su vida. Fundamentalmente trabajó para el director Howard Hawks en películas como "El sueño eterno" (1946) o "Tierra de faraones" (1955)

Su prosa está en el origen del realismo mágico que oficializarían en los años sesenta un Gabriel García Márquez o un Mario Vargas Llosa, autores que junto con otros muchos bebieron en las aguas narrativas de William Faulkner quien utiliza imágenes que superan el nivel de la realidad:
"La calle pasó a través de los estados de Oklahoma y de Missouri, descendió hacia el sur, hasta México, y luego subió de nuevo al norte, a Chicago y a Detroit, antes de descender una vez más y detenerse al fin en el estado de Mississippi."
Esta realidad dudosa, mágica, incierta, se evidencia en ese narrador inseguro que no tiene certidumbres absolutas. De esta manera el autor logra que el relato ingrese, entre y salga, en el terreno de la irrealidad mítica:
"Quizás aquello era una parte de lo que la mente ignoraba."
"«Quizás tienen razón cuando introducen el amor en los libros —pensaba él [Hightower] serenamente—. Quizás no puede vivir en otra parte»."
"Quizás pensó en aquella otra ventana que él había usado y en la cuerda en que tuvo que confiar; o quizás no."
Este ingreso en lo mítico lo realiza también a través de lo onírico y lo telúrico. Lo telúrico, la unión con la Tierra, está presente especialmente en la Mujer que mantiene con la naturaleza una mayor comunicación:
"Ha bajado la cabeza, los ojos vacíos, como si escuchase algo muy lejos, o tan cerca que lo siente dentro de sí misma. Su rostro ha perdido el color, el pleno ardor de su sangre, y permanece sentada, sin moverse, escuchando, sintiendo la tierra implacable e inmemorial, pero sin temor ni alarma." [Lena Grove]
"Lo que tenía de terrible era que ella no quería ser salvada. «Todavía no estoy dispuesta a rezar», decía en voz alta, tranquilamente, rígida, inmóvil, con los ojos muy abiertos, mientras la luna fluía, fluía por la ventana y llenaba la alcona de algo frío, irrevocable, de algo enloquecido de arrepentimientos" [la srta. Burden se une a la tierra, a la marcha del mundo, se convierte, o mejor se identifica, con la propia naturaleza de la que procede y forma parte. Por eso aun no quiere 'rezar', utilizar este recurso del miedo que la civilización ha creado].

Lo onírico es una de las características del mundo faulkneriano. Un mundo que sucede dentro de los propios seres que lo piensan desordenadamente y como sin querer a través del monólogo interior o del flujo de conciencia:
"«No sería extraño —piensa Hightower— que me hubiese saltado una generación. No sería extraño que yo no tuviera padre y que me hubiese muerto una noche, veinte años antes de haber visto la luz. No sería extraño que sólo pudiera salvarme yendo a morir al lugar donde mi vida ya había cesado antes de haber comenzado realmente»."
"Habla en el mismo tono muerto y monótono. Las dos voces son como estrofas y antiestrofas, dos voces sin cuerpo que relatan, como en sueños, algo realizado en un país sin dimensiones por seres inmateriales." [mientras Byron y Hightower conversan]
Para finalizar
"¡Absalón, Absalón!", "Luz de agosto"He titulado la entrada "Universo Faulkner" y he empleado la frase en no pocos momentos en este post. La razón es que el mismo escritor lo quiso dejar claro cuando en su novela "¡Absalón, Absalón!" adjuntó un mapa del ficticio y mítico Condado de Yoknapatawapha en cuyo centro está la localidad de Jefferson donde todo sucede o todo confluye. Este univero Faulkner no se limita sólo a la localización, también los seres que pueblan sus escritos están de una u otra manera interrelacionados. En "Luz de agosto" tiene protagonismo especial la Srta. Bundren que genealógicamente se relaciona -ya lo he dicho antes- con la familia de Calvin Bundren quien junto a sus hijos conduce, en "Mientras agonizo", el cadáver de la madre muerta, Addie Bundren, hasta Jefferson para enterrarla.

También referida a la srta. Bundren hay en "Luz de agosto" una referencia a Sartoris, el coronel confederado, que protagoniza la novela de mismo título, "Sartoris", que publicara en 1929 y que el mismo novelista recomendaba como la primera que había que leer para comprender debidamente este universo de relaciones locales y familiares construido por él en ese Condado de Yoknapatawapha.
"«El chico se llamaba Calvin como su abuelo y era tan alto como su abuelo, pero moreno como la familia materna de su madre y como su padre. Pero su madre no era mi madre. Calvin y yo no éramos más que hermanastros. Mi abuelo fue el último de diez hermanos, mi padre el último de dos y Calvin el último de todos.» Calvin apenas había cumplido los veinte años cuando fue asesinado en la ciudad, a dos millas de su casa, por un soldado confederado, un antiguo propietario de esclavos llamado Sartoris, durante una discusión sobre el asunto del voto de los negros."[la srta Bundren cuenta a Christmas su biografía al tiempo que a su mente fluyen los recuerdos]
En esta saga Sartoris hay una constante: mujeres fuertes y decididas, frente a hombres débiles y fracasados. ”El personaje del coronel Sartoris lo modeló el escritor a partir del de su bisabuelo,William Clark Falkner, y varios de los hechos atribuidos a Sartoris(especialmente el ser destituido por sus tropas, construir un ferrocarril y morir a manos de un antiguo socio) le ocurrieron de la misma forma a Falkner” [leído en  William Faulkner on the web].

Del mismo modo, aunque sin nombrarlo, el delirio de pesadilla que sufre el reverendo Hightower al final de la historia que hemos leído es un intento de recuperar, a través de este personaje, la propia memoria familiar del bisabuelo que murió de manera poco heroica. También, puede ser un intento de limpiar el baldón del esclavismo antiguo de su familia sudista.

No hay espacio aquí ya para hablar de influencias de Faulkner sobre otros autores. Basta con leer con atención la cita anterior de la novela "Luz de agosto" para ver bien a las claras el fortísimo influjo del escritor norteamericano sobre autores como Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Vargas Llosa, OnettiGarcía Márquez, y tantos otros.