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24 ago 2017

"El estafador" de John Grisham

15 comentarios:
Segunda novela que leo del exitoso escritor norteamericano, y segunda también de las que durante este verano he leído de la colección 'Novela-Thriller' que el diario El País ha sacado a lo largo de los meses de julio y agosto. De ambas, -la anterior de Grisham y la de la colección de 'El País', de la inglesa Anne Perry-, tengo reseñas hechas en este blog que se pueden leer haciendo clic aquí para la del novelista de thrillers legales y aquí para la de la novelista londinense.



Sinopsis (información de la propia editorial)
Los jueces federales se enfrentan a menudo a criminales violentos. Ya han sido asesinados cuatro de ellos. El juez Raymond Fawcett acaba de convertirse en el quinto.
Un abogado condenado a 10 años de cárcel dice saber quién y por qué el juez Fawcett fue asesinado y exige la libertad a cambio de su información. ¿Quién es el estafador? Y ¿qué tiene que ver con el asesinato de un juez? Su nombre, de momento, es Malcolm Bannister.¿Profesión? Fue abogado. ¿Lugar de residencia actual? Centro Penitenciario Federal de Frostburg, Maryland.Sobre el papel, la situación de Malcolm no pinta nada bien; pero guarda un as en la manga: sabe quien asesino al juez Fawcett y también sabe por que. El cadaver del juez fue hallado en su cabaña a la orilla de un lago. La entrada no había sido forzada. Lo unico que encontraron fueron dos cuerpos sin vida: el del juez y el de su joven secretaria. Y otra cosa: una caja fuerte grande, el modelo más moderno y mas seguro, abierta y vacía. Y ¿qué había en la caja fuerte? Al FBI le encantaría saberlo, y a Malcolm Bannister, contarlo. Pero todo tiene su precio, sobre todo una información tan valiosa como esta, y el estafador no tiene un pelo de tonto.

Mi comentario
Lo primero que diré es que este thriller legal de John Grisham aparecido en 2012 me ha agradado más que el otro que leí en noviembre del año pasado titulado "Un abogado rebelde" y que como he dejado dicho en la introducción de este post tengo reseñado en el blog.

"El estafador" me ha parecido una historia con más ritmo y más suspense que la otra. Pero con todo y con eso no puedo por menos que encuadrar el libro dentro de la categoría de los best-seller en la que el escritor nacido en Jonesboro (Arkansas) en 1955 ocupa lugar de privilegio por derecho.

El estafador, John Grisham, Thriller legal
Zona donde discurre la acción desde Jamaica 
hasta Washington con centro en Roanoke
La novela tiene aspectos que me han resultado más que interesantes. El principal, sin duda alguna, es la pertenencia del protagonista, el abogado Malcolm Bannister, a la minoría negra dentro de un estado, Virginia, que por los sucesos racistas acaecidos últimamente en Charlottesville [el sitio chileno de noticias online emol.com explica muy bien los sucesos en este artículo]  tiene aún en carne viva su derrota en la Guerra Civil norteamericana. No es un caso aislado, ahora mismo recuerdo otro estallido de violencia racial fortísimo sucedido durante el verano de 2014 en Ferguson perteneciente al estado de Missouri que también participó en la susodicha guerra civil dentro de la Confederación. Y periódicamente, cual si de un Guadiana se tratase, estos choques reaparecen.

Malcolm Bannister, abogado y culto pero negro, está en una cárcel federal de baja seguridad. Está allí injustamente, más que nada por su color de piel. Se ha visto implicado [no diré aquí cómo ni por qué, para no descubrir nada] en el asunto Barry el 'Sobornos', un politicastro de la capital que ascendió como la espuma el día que "abrió un bar cerca del Capitolio con un socio. Para hacer de camareras contrató a unas cuantas putas jóvenes con minifalda y el local se convirtió casi de la noche a la mañana en uno de los mercados de carne favoritos de las hordas de burócratas que pululan por la zona. " (pág. 63).

Malcolm es un buen hombre y por ello "hoy por hoy soy el único negro de Frostburg que cumple condena por delitos económicos. Todo un honor. [...] Mi hermano mayor, Marcus, viene dos veces al año para ponerme al día de sus contratiempos. así se entretiene durante una hora. Tiene tres hijos adolescentes, en diversas fases de delincuencia juvenil, y una mujer que no esté bien de la cabeza. Según como se vea, se supone que no tengo problemas... " (pág. 21).

El racismo subyacente en las relaciones interpersonales está vivo y candente en la prisión de Frostburg, Maryland, donde Bannister lleva cumplidos cinco de los diez años que le cayeron en suerte. Con no poco humor el mismo Bannister al hablar de su agente correctivo, Darrell Marvin, un blanco de unos veintitantos años, dice que a éste él no le cae nada bien "por ser negro y tener dos licenciaturas (dos más que él) " (pág. 40); asimismo en otro momento de la historia el protagonista comenta de la recepcionista del motel donde va a alojarse que "la vieja de la recepción no es muy simpática. Se me ocurre que quizá ya era la dueña en los buenos tiempos, cuando se podía rechazar a los negros " (pág. 227); y también tira de ironía al hablar de su compañero de celda, un tal Gerard, del que dice que pertenece "al millón de negros mantenidos por el contribuyente " (pág. 70).

En esta novela negra abundan las andanadas hacia la sociedad norteamericana más ocupada en encerrar personas que en educarlas: "En Estados Unidos nos gastamos 40000 dólares al año por cada preso, y 8000 en educar a un alumno de primaria" (p. 12). De las críticas reprimendas que aparecen me ha llamado mucho la atención la que se hace al enjuiciamiento con jurado debido al bajo nivel de algunos de sus integrantes. Cuando habla del juicio en el que se le condenó junto al resto del denominado caso Rofko algún miembro del jurado dijo: "Supusimos que eran culpables; de lo contrario no les habrían imputado " (pág. 89). La critica sube de grado cuando alcanza a algunos de los que deciden sobre la vida y/o la libertad de las personas: los jueces. Entonces ya casi casi hasta comprendemos más que compadecemos al delincuente.

El humor, como ya he señalado antes, envuelve no pocas partes de este entretenido relato. Es un humor inteligente, como el contenido en las citas anteriores, y ciertamente de tono crítico y sarcástico. Así ve el narrador protagonista a los policías que van a reunirse con él:
Son cinco hombres, todos con el mismo traje oscuro, la misma camisa blanca con el cuello abrochado y la misma corbata rosa. Hasta a un kilómetro, y en plena multitud, podría haber dicho: "Mira, unos del FBI".  (pág. 95) 
El protagonista, que al inicio de la novela está en la prisión de Frostburg "a pocos kilómetros de Cumberland, Maryland, en una estrecha franja dominada y empequeñecida al norte por Pennsylvania y al oeste por Virginia Occidental", se mueve por la geografía oriental norteamericana (Charlotte, Charlottesville, Roanoke, Atlanta, Miami, Washington...) con alguna que otra escala en las islas de Antigua y Jamaica. Y se mueve por estas distintas localidades durante apenas cinco meses: "Es 28 de julio. Salí de Frostburg hace cuatro meses y de Fort Carson hace dos" (pág. 356)
Escritores negros norteamericanos
James Baldwin, Kenny Chesney y Walter Mosley

En la novela se homenajea al escritor y activista por los derechos civiles afroamericano James Baldwin de quien Bannister tomará el nombre, Max Baldwin, bajo el que intentará esconderse en el futuro; también otro escritor de color, Walter Mosley, figura entre las lecturas del personaje principal. Junto a estos autores, Bannister en gustos musicales es más de country que de otra cosa: Kenny Chesney está entre sus preferencias.

Lo más destacable de esta novela es el ritmo ágil y dinámico que tiene. El suspense es constante y habitualmente va in crescendo en el párrafo final de los capítulos, lo que nos impide dejar la lectura del relato para avanzar más y más en ella. A esta agilidad contribuye, y no poco, el narrador utilizado por el autor. Es un narrador externo y objetivo en unas partes, e interno y en 1ª persona, totalmente subjetivo, en gran parte del relato.

Excurso final
No quisiera finalizar la reseña sin comprobar si, como decía no hace nada Javier Rodríguez Marcos en el diario El País (artículo titulado "La canción del verano suena más que la 'Eneida'"), "El estafador" de John Grisham utiliza los cuatro ingredientes esenciales del best seller según sostiene Sergio Vila Sanjuán en "Pasando página": acción, intriga, sexo y escenarios internacionales. Sí, es evidente que sí. De acción, intriga y escenarios internacionales he hablado. En cuanto a sexo, éste corre de parte de Vanessa Young, la chica, hermana de un compañero de prisión, de la que Bannister se enamora perdidamente y que a la salida de prisión será su compañera de fatigas amatorias y aventureras.

Efectivamente, pues, John Grisham -¡eso ya lo sabíamos desde el principio!- es un autor de best sellers. Pero ¿quiere esto decir que su literatura es deleznable como viene a sugerir Rodríguez Marcos en su artículo? Yo creo que no, que su literatura no es deleznable aunque, claro es, no sea alta literatura. ¿Admite esta constatación colocar su obra a la altura de "Despacito" la canción de Luis Fonsi que suena imparable este verano? Esta equiparación -que me perdone mi admirado Javier Rodríguez Marcos- me parece de todo punto exagerada. Dice el articulista de El País que los asistentes al concierto de Luis Fonsi en el Teatro Real de Madrid del pasado 30 de julio no salieron de allí decididos a comprar una entrada para el 'Lucio Silla' de Mozart que se estrena en septiembre, y lo argumenta diciendo que si "los lectores adultos de Grisham terminaran inevitablemente leyendo a Alice Munro, cuatro décadas de educación democrática habrían hecho de España algo muy parecido al pueblo de 'Amanece que no es poco'". Hombre, Javier, no sé si los lectores de Grisham acabarán leyendo a Alice Munro pero probablemente sí, ¿por qué no?, a Eduardo Mendoza o a Vázquez Montalbán. Creo sinceramente que te has pasado un pueblo. Pienso que entre "Despacito" y por ejemplo la novela que acabo de reseñar hay muchas diferencias. Cuando como tú dices Grisham afirmó en una entrevista "Sé que lo que yo hago no es literatura" hay que entender el fino sentido de autocrítica y la justa ironía que la misma contiene. En mi opinión, ¡perdóname!, Grisham no hace gran literatura, cierto, pero sí hace lectores que por ello se pueden acercar a ella a su través. Y no, "Despacito" y "El estafador" no son elementos equiparables. Perdona, pero no. 

20 may 2016

"La pertenencia" de Gema Nieto

14 comentarios:

He llegado hasta esta obra de Gema Nieto empujado por un comentario que Paula dejó en la entrada que dediqué hará cosa de dos meses a la novela "El comensal" de Gabriela Ybarra [leer reseña aquí]. En ese comentario, Paula me recomendaba vivamente "La pertenencia", novela que, decía, trataba el mismo asunto -la pérdida, el duelo, la pena- pero infinitamente mejor tratado. Y aquí estoy, Paula, contento de haber seguido tu recomendación.

En "La pertenencia", Gema Nieto repasa, hace 'recuento' -dice ella- de lo acaecido durante los últimos 20 años de su vida. En el momento de escritura la autora tiene casi 34 años y su relato lo inicia con la ruptura -mejor habría que decir 'primera quiebra'-  de la crisálida adolescente en la que vivía confortablemente acomodada.

Autores noveles, Novela de no-ficción, el duelo, Gema Nieto

 La muerte temprana de su madre es la causante del derrumbamiento de una senda vital hasta ese momento jamás puesta en cuestión. El suceso anterior deja al descubierto los soportes en los que se apoya esta chica tras el shock sufrido por la inesperada orfandad sobrevenida: En primer lugar, los  familiares: la Casa donde vive con su padre, peligrosamente atraído por la ludopatía y el alcohol; su tío, visto siempre como un ser solitario y "raro"; la abuela, tradicional, distante y autoritaria. Luego estaría el Colegio en el que la adolescente centra su vida y la soporta entre otras cosas merced a la atracción que siente por ciertas materias y por una profesora a la que nunca alcanzará pero que le sirve como primer oráculo revelador de su identidad. Por ultimo, la escritura, que le ha acompañado desde su primera niñez como resultado de una portentosa imaginación que en su adolescencia va 'in crescendo' gracias a las muchas lecturas que compondrán su solitaria existencia.

De los soportes citados anteriormente el primero, el de la Casa familiar, como es ley de vida,  se agostará con cierta rapidez. Afortunadamente su entrada en la Universidad, le confirmará lo anticipado por ese primer oráculo de su adolescencia, aunque, la zozobra propia de quien aún no pisa la seguridad de la tierra firme y navega por ese mar con temor, unida al apoyo que recibe de un segundo núcleo familiar, el de sus tios y primos, más abierto y consentidor que el primero, hará que su periplo vital prosiga con cierta normalidad. Una normalidad propia de la juventud que se nutre de encuentros personales muy intensos, de fines de semana en locales de ambiente entre alcohol y sustancias buscando encuentros ocasionales que den salida a la carga hormonal de la edad, pasando por viajes (París, sobre todo París) a ciudades del extranjero donde irá creciendo esta joven que no consigue dejar -yo creo que en el fondo tampoco lo desea- totalmente atrás el duelo, la pena, esa sensación de pérdida inconsolable que la acompaña desde sus trece años y que no cede a pesar del haber pasado ya 8, 10, 12...

Luego ya vendrá un aparente periodo de estabilidad simbolizado en la entrada en el mundo laboral de las editoriales, un trabajo bueno e interesante en el que progresa rapidamentre pero que sin embargo a ella íntimamente no le satisface del todo porque percibe que todo él está anegado de hipocresía, de falta de preparación intelectual, de una estúpida y estéril satisfacción de los compañeros, etc.

Poco a poco tras muchos vaivenes personales, -aunque guiada por la fuerte y clara luz que es la literatura, en sus vertientes de lectora y escritora, sólo dejada a un lado en los momentos personales más convulsos por los que pase-, llegará hasta ella la tranquilidad, la aceptación de sí misma, el reconocimiento y asentamiento en su Itaca personal, la superación del período de sombras merced a sus nuevos sólidos amarres emocionales... En definitiva, el sentimiento de la pertenencia a algo seguro, solido, que es de lo que trata esta novela.

Una novela escrita con clara voluntad de estilo, que bebe mucho mucho en William Faulkner a quien rinde prueba de reconocimiento en una de las citas marco de la obra con esa frase  tomada de "Mientras agonizo" [leer reseña aquí] en la que Benjy, el hijo autista y retrasado mental de los Compson -la familia que protagoniza la novela-, habla de su madre como de un pez ("mi madre no es un pez") que se le escapa a pesar de querer tenerlo bien asido. La manera faulkneriana de presentar los sucesos a través de monólogos interiores de los distintos personajes familiares en alternancia desordenada la utiliza Gema Nieto durante la primera parte del relato, reduciendo luego los interlocutores a uno solo -ella- a partir de la desaparición del núcleo familiar y la entrada del personaje en la edad adulta. También Góngora es citado al final del relato al entender quizás la novelista que su estilo puede que en algunos momentos caiga en un excesivo oscurantismo:
"Contra las incautas treguas se abrirá pasó irremediable tu derecho a guardar silencio y el gongorino: 'honra me causa hacerme oscuro a los ignorantes'". 
En mi opinión Gema peca de prevención al ponerse la venda antes de la herida. Es verdad que a veces la introspección, el fluir de conciencia, el abundantísimo monólogo interior, las metáforas con términos imaginarios tomados del mundo literario, algunas enumeraciones, etc. pueden requerir de cierta atención interpretativa, pero la poesía presente y subyacente en muchas de ellas, por no decir en casi todas, hacen -hablo de mí, naturalmente- al lector disfrutar en grado sumo con esta hermosa autoconfesión.

Conclusión
¿Mejor o peor que "El comensal" o que otras obras que tratan del duelo, de la pena, del sentimiento de pérdida? No creo, Paula, que haya que establecer comparaciones entre unas y otras pues en definitiva estamos ante obras distintas en las que cada autor enfoca el relato a partir del hecho luctuoso en una u otra dirección. En el caso de Ybarra la muerte de la madre la lleva a evocar la de su abuelo y a resituarse ella misma dentro de la sociedad vasca de Neguri a la que pertenece por origen familiar; en este de Nieto, la muerte de la madre y más tarde de otros miembros del núcleo familiar, la lleva a reencontrarse personalmente, y percibir que sólo el Amor es capaz de superar el dolor de las pérdidas. En la página de las dedicatorias lo explicita claramente cuando dice textualmente: "A la que fue mi familia hace más de veinte años. A quien es mi familia hoy: Sofía". 

17 sept 2015

"Cabo Trafalgar" de Arturo Pérez Reverte

6 comentarios:
Y esta es la otra novela que he leído sobre la batalla de Trafalgar. Con ésta ya son dos los relatos bélicos que incorporo a este septiembre guerrero promovido por Laky desde su blog "Libros que hay que leer"

Arturo Pérez Reverte, Juan Vallejo, Batalla de Trafalgar

... en conclusión
Creo que lo mejor será decirlo desde el principio y no dejar para el final lo que ya muchos de vosotros (Alguien, Francisco Moroz, Rosa Berrós, etc.) sabíais -y yo intuía- desde hace ya tiempo: Es muchísimo mejor el episodio nacional galdosiano, "Trafalgar", que este encargo (-¡se nota una barbaridad que es obra de encargo por la falta de fe y alegría en lo que cuenta que muestra Pérez Reverte!-) que en 2005 apareció en la editorial Alfaguara.

Comentario ordenado debidamente
He leído Cabo Trafalgar tras finalizar "Trafalgar", primer episodio de la Primera Serie de los "Episodios Nacionales" de Galdós. Mi idea era comparar dos relatos sobre un mismo hecho. Del relato de don Benito ya dejé constancia hace pocos días en este blog (ver reseña aquí); sólo me resta ahora decir algo respecto al de Arturo Pérez Reverte.

La obra de Reverte la he leído con facilidad aunque no con excesiva satisfacción por dos razones: 
La primera es el exceso de datos, de listas de nombres de marineros, de oficios según la distinta dotación de los navíos de 64, 74 o 112 cañones, de documentación cierta y conocimiento marinero que el autor demuestra; y es que no en balde la navegación es tras la escritura una pasión para el novelista. Pero tal prolijidad y exceso informativo hacen que el texto se me haya hecho tedioso por momentos.
La segunda es el registro utilizado por  el autor en las conversaciones y pensamientos de los personajes sobre los que reposa la novela: un registro actual tomado del utilizado por hablantes de nivel medio-bajo del Cádiz contemporáneo. Junto a este registro informal, destaca –y para bien- la terminología propia del mundo marinero y adecuada a los navíos que combatieron en Trafalgar.

Asunto
El 21 de octubre de 1805 a las dos de la tarde las escuadras hispano-francesa y la inglesa comandadas por Villeneuve y Nelson respectivamente se enfrentaron frente a las costas de Cádiz a la altura de Cabo Trafalgar. La contienda se decantó del lado inglés y marcó, como ya dije en la reseña sobre la novela de Galdós, el final definitivo del dominio español de los mares y el comienzo del inglés.

Tiempo y Lugar: 
El lugar ya queda dicho. El tiempo externo también; pero dado el carácter histórico del relato merece fijarse un tanto en él: Época del final del reinado de Carlos IV y del gobierno del desastroso Godoy que embarcó a España en los ominosos Pactos de Familia con el buen propósito de evitar la invasión de España por Napoleón, algo que a la postre no se evitaría.
La duración de la acción es de 3 horas y media aproximadamente, el tiempo que podría tardarse en leer la novela.
            
 Personajes
Salvo los referidos al buque Antilla desde el que se relata todo el combate y que es pura invención del autor, los nombres de los barcos y de los personajes que los gobiernan y desde los que se combate son rigurosamente históricos: Gravina, Churruca, Valdés… 
Los buques Santísima Trinidad, Bucentaire, Intrepide, Neptuno, Formidable, Monarca, San Juan Nepomuceno, San Justo… sufrieron duro castigo por la ineptitud del comandante supremo de la flota aliada, el Comandante Villeneuve que, cobarde, ordenó maniobras erráticas de la flota amén de salir en descubierta fuera del puerto de Cádiz, lo que supuso ofrecer al enemigo facilidades inmensas para que se cebara con todas sus fuerzas en una potente flota que, más que eso, parecía pandilla de delincuentes en guerrilla.

De los personajes ficticios destacan Carlos de la Rocha, comandante del Antilla; Nicolás Marrajo, pícaro gaditano reclutado contra su voluntad en la taberna “La Gitanilla de Cai” (?); del teniente Ricardo Maqua que rendirá la nave a los ingleses; Guardiamarina Falcó, Grandall; piloto Oriqueta… Y tantos otros que como si de uno de los navíos reales se tratara se parten el cobre por algo que sin saberlo en conciencia cabe traducir por la Patria, la Nación, la Independencia…, aún sin ser conscientes de que los gobernantes lo hacen sin consideración por cada uno de estos hombres que pierde la vida por no saben qué en una lucha que tampoco entienden por qué se ha originado.

Estilo
Umbral vs Pérez-Reverte, polémica estilo-asunto, forma y fondoEl mismo Pérez Reverte se ponía la venda antes de la herida cuando en 2005 al poco de salir el relato a la luz y de recibir el mismo alguna crítica poco amable, decía, como si eso sirviera de disculpa, que había hecho la novela por encargo. En mi opinión tal cosa no es disculpa alguna pues los encargos se aceptan o no, y además, buen número de obras de arte han salido de encargos similares. Ya he dicho que el discurso utilizado por narrador y personajes en el relato ha hecho chirriar las cuadernas de este lector porque por muy libre que un narrador sea a la hora de dotar de verbo a sus seres de ficción hay una norma aceptada por todos que es la verosimilitud. ¿Es verosímil que los personajes empleen el lenguaje barriobajero de algunos jóvenes de hoy día? ¿No es llevar el anacronismo, consustancial a los relatos históricos, hasta el extremo? (hay que recordar que en ocasiones el narrador alude a hechos, personas [Rocío Jurado, por ejemplo], creaciones culturales [La Traviata, por ejemplo], etc. que aún no han aparecido en la época). He aquí un ejemplo de desatinado anacronismo:
Y luego pa vengar a su compadre que a estas horas hace compañía a los peces va a tener que calzarse a su novia, la Maripepa, para consolarla, un compadre es un compadre. (p. 233)
Este asunto del estilo  dio lugar en su momento a una polémica entre dos académicos, Umbral (fallecido el año 2007) y el autor mismo. La diatriba suscitó una furibunda reacción de Pérez Reverte por la alusión de Umbral hacia su falta de estilo como novelista. Y lo más gordo fue que la reacción no quedó en las lindes de lo literario sino que, como suele ocurrir en la vida real, llegó a atacar el centro mismo de la vida personal de los creadores, al menos eso es lo que Pérez Reverte hizo. La cosa fue dura, de las más duras que se recuerdan por estos pagos. Sin embargo como en el estrambote cervantino, tras mostrarse gallitos ambos, uno de ellos "fuese y no hubo nada", y eso, a pesar de que la cosa -¡literariamente hablando!- era interesante: el proverbial enfrentamiento entre fondo y forma, entre asunto y estilo. [para los que quieran conocer más de esta polémica dejo este enlace].

¿Conocíais esta polémica? ¿Sabéis de otras polémicas actuales semejantes?


          

15 feb 2015

A propósito de "El balcón en invierno" de Luis Landero

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He leído con gusto la última obra de Luis Landero, que el "Club de Lectores 1001" en el que participo ha puesto como lectura para este mes de febrero y sobre la que debatiremos a partir del 1 de marzo en la página web del Club. Es por esto que sólo hablaré de cuestiones laterales que me ha suscitado la obra sin entrar en asuntos más pegados al texto.


Durante su lectura he recordado las novelas que de Landero había leído hasta este momento. Son dos, "Juegos de la edad tardía" con la que se dio a conocer el año 1988 y "El mágico aprendiz", de 1998, que fue la tercera en aparecer. La verdad es que no es autor muy prolífico pues, al hecho de haberse dado a conocer a los 41 años, se añade el que entre novela y novela transcurren una media de cuatro; esta regularidad se rompe, pasando a ser de dos o tres años, cuando la próxima es de muy fuerte contenido biográfico, como ocurre con esta última aparecida en 2014 separada dos años de "Absolución" (2012), la novela anterior, y cinco de otra también muy autobiográfica, "Retrato de un hombre inmaduro". "Absolución" lleva dos años esperándome sobre el mueble del salón donde coloco los libros que pienso leer en breve, algo que como se ve no siempre cumplo.

I.- No más Novelas
 Lo más llamativo de "El balcón en invierno" es que es fruto de una reflexión  sobre el género que se le suscita al escritor-narrador a partir de la relectura de las primeras páginas que ha redactado de la que debería ser su siguiente narración. Nada más leer esos esbozos iniciales, Landero se dice a sí mismo: "¡Oh, no, Dios mío, otra novela no, otra vez no! Otra vez el hombrecillo gris y sus grandes o pequeños afanes, no." (p. 10). Significativamente, es por ello que este primer capítulo lo titula "No más Novelas". Y aduce como apoyo a esta decisión que el mundo actual huye de la novela literaria buscando la satisfacción instantánea, razón por la que los lectores de ficción son minoría pues se buscan historias que tengan un rápido correlato 'real', o sea, visual. 
¿Es que no ves que hoy casi nadie lee novelas, o al menos novelas literarias, y que hay placeres y modos de entretenimiento, y ofertas de ocio en general, más fáciles, baratas e instantáneas?
Cada vez habrá menos lectores, y luego menos, y así poquito a poco hasta que se vean convertidos en una especie de secta, como los cristianos de las catacumbas. ¿Es ese el destino de la literatura?

27 feb 2014

Realidad y ficción: "Los muertos" de Jorge Carrión. La "Operación Palace" de Jordi Évole.

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El pasado domingo 23 de febrero en una cadena de televisión el periodista Jordi Évole presentó un documental, -un falso documental-, titulado "Operación Palace" que ha suscitado una sana serie de comentarios y reacciones en quienes lo vieron en directo y en quienes como yo pensaron que se trataba de uno más de los cientos de documentales 'corta y pega' emitidos por las cadenas con motivo de efemérides diversas, en este caso el 23F.  Para mí su interés -dejando a un lado, cielos, el componente jurídico-político que tiene- radica en la ficcionalidad de la realidad, o sea, en la escasa distancia que separa lo real de lo ficticio, en cómo cualquiera tiempo pasado al ser recordado rompe con la certeza de lo verídico. En definitiva que lo pasado pasa a formar parte de la virtualidad que por esencia no coincide siempre con lo que fue.

Este acontecimiento televisivo ha traído a mi memoria la lectura que en la tertulia Más que palabras realizamos hace ya algo más de tres años de la novela "Los muertos" del escritor, profesor y crítico literario español Jorge Carrión. Pienso que la relectura de la misma -Jorge Carrión recomienda hacer relecturas constantemente de todo- es especialmente oportuna en estos momentos.

 LOS MUERTOS de Jorge Carrión

Jorge Carrión
Esta novela de tan sólo 176 págs., aparecida en 2010, es la primera de este escritor de libros de viaje. Se la conceptúa como perteneciente a la literatura “after-pop”. Según su autor inaugura una trilogía que proseguirá con "Los huérfanos" y cerrará con "Los turistas".

 Es una obra sugerente y sorprendente. En primer lugar está estructurada en dos partes (dos temporadas televisivas) con dos apostillas: una, bajo el rótulo de Reacciones; y otra, bajo el de Apéndice. Las dos partes son la versión novelada de lo que parece ser el guión para una teleserie de ciencia-ficción del mismo título (Los Muertos) al que siguen ensayos teóricos sobre la misma e incluso una breve entrevista final.

El tema que plantea el relato es el de la existencia “real” de los seres de ficción, de lo “virtual”.  En concreto, -y esto lo realiza en las reacciones que una tal Martha H. de Santis señala de la recepción de la primera parte de su relato-, el derecho de los seres de ficción a tener una existencia propia (se alude a este tema en las referencias que se hacen a Unamuno, o al cineasta Akira Kurosawa y su película “Trono de sangre”, que se dice es una versión libre de la obra shakesperiana Macbeth); y también –y esto me parece lo más importante- viene a considerar que lo mismo sucede con los seres vivos[i], que, al morir pasan a existir sólo en nuestra imaginación, razón por la que también –y esto ya dentro de su reino, que no es otro que el de los muertos- tienen derecho a retornar, a ser Nuevos e investigar su identidad y agruparse en la comunidad que les corresponda en ese mundo que para nada es el real, pues en él, para empezar, la muerte no existe, sólo existe el sufrimiento, ya que morir es imposible porque todos lo están. Lo que sí se va a dar allí es la desaparición, algo que también sucede con los muertos reales que no pueden volver a morir pero sí desaparecer del recuerdo de aquellos que los mantenían ‘vigentes’ en su pensamiento.

Las dos partes (las dos temporadas televisivas) suceden dentro de momentos temporales diferentes. La primera durante un año, de mayo de 1995 a mayo de 1996; la segunda, en 2012, o sea, en un momento plenamente futuro pero nada lejano al vivido por el lector. Los referentes ‘literarios’ también son cercanos: en la primera, es Blade Runner del director Ridley Scott; y en la segunda, las teleseries televisivas con centro en la de Los Soprano. Entre ambas temporadas, separadas por casi 20 años, hay nexos de unión como se ve en los personajes de Roy (Lenny) – Selene, Nadia (la vigilante que sigue en su función en la segunda parte), Lilith y el Nuevo (que es Galft), el Topo (Bruce) –auténtico replicante de Supermán (Batman, dice que fue en la materialización anterior), la niña Jessica y sus extrañas interferencias... Hay un hecho esencial que marca la evolución, el cambio de una época a otra: Roy creía en I que amaba a Selene y que ambos pertenecían a la Comunidad de Blade Runner, pero en el discurrir de la II va a descubrir  que Selene no es de su Comunidad y que la esposa muerta que se le interfiere lo es de Días extraños. Todos ellos van a ir perdiendo sus escasas certezas durante el transcurrir de la 1ª y la 2ª partes, llegando a asistir al final de esta última a la desintegración del mundo extraño en que viven[ii].

Las apostillas. En ellas el autor realiza un análisis crítico de la recepción que la teleserie Los Muertos ha tenido en la sociedad. Son una especie de justificaciones teórico-críticas dentro de la estética narrativa visual y literaria. Así, en la apostilla Reacciones lo esencial es defender y/o justificar la existencia de las materializaciones en línea con las figuras de los replicantes presentadas en la película Blade Runner; y en la 2ª apostilla, Apéndice, la teorización sube de nivel y constata un cambio de época al apoyar la justificación teorética en el fenómeno de las teleseries, elevadas en el mundo actual a objeto de culto, superada la fase de su consideración como producto ‘basura’ y de ‘consumo de masas’; se toma como serie de culto de referencia la de Los Soprano.

Sentido del relato: Según se deduce de la 2ª apostilla el relato pertenece a la narrativa “Postraumática” superadora de la etapa “Traumática” presente en textos como los de Vassili Grossman o Primo Levi. Aparece una serie de ejemplos de textos y filmes “Postraumáticos”: 

  • Maus de Art Spiegelman (novela-cómic), 
  • el film “Shoah”(1985) de Claude Lauzmann, 
  • la narrativa de W. G. Sebald (por ejemplo “Sobre la historia natural de la destrucción”) o 
  • los documentales en 1ª persona como “Los rubios” (2003) de Alfonsina Carri o “Vals con Bashir", de Ari Folman.

Steve Buscemi, Marlon Brando, Boardwalk Empire
Nucky Thompson vs Vito Corleone
La sorpresa en cuanto al sentido del relato acontece en el duelo ficcional que se establece entre la I y la II parte. Mientras que la I parte podría adscribirse a lo ‘postraumático’, la II da un giro espectacular con el protagonismo de Jessica y la Comunidad de la Estrella. Muchos exégetas de la novela dicen que el sentido del relato está prefigurado en los títulos de crédito de I hechos sobre topónimos esenciales para captar el sobresentido: el fondo marino, pero sin cadáveres que se observa en el relato de la lucha Corleone-Soprano (también podría hacerse entre Nucky Thompson y don Vito), la ciudad vacía de N.Y. o los collages de los lugares de exterminio. Estos muertos son de ficción, con lo que sus victimarios seríamos nosotros, los espectadores.


è Otros sentidos

  • Necesidad de las relecturas. La novela lo exige, y más cuando en las apostillas se hace referencia a capítulos y momentos del relato importantes para la intelección del mismo (así, por ejemplo en la pág. 161 se dice que [la estética y su esencia] proviene de los monitores de las cámaras ocultas de Shoah (película citada en el capítulo 3 de la 1º temporada).
  •  Hay que buscar otra manera literaria de contar porque el mundo ya no es el que era. Para mí, éste es uno de los leit motiv de este relato: 
    "Ahí radica el hecho estético diferencial de Los Muertos: su imposible conversión en novela” (pág. 160)
    "La reproducción de un fragmento de ese libro de 690 páginas nos parece suficientemente elocuente de su ineficacia como artefacto literario" (pág. 163)

Conclusión: Esta por ahora única novela de Jorge Carrión me parece un interesante ejercicio teórico de tipo socio-cultural que, como tal ejercicio, choca con el concepto habitual (no digo tradicional) de novela del momento primero (años 90) cuando el posmodernismo y sus personajes haciéndose con su metaliteratura e intertextos ocupaban la mayoría de los relatos. Esa concepción de los noventa se ve  superada por la importancia que en la actualidad (momento segundo de la novela) ha cobrado la ficcionalización de todo y, dentro de ésta, el mundo visual que se reproduce de una manera circular. Me parece que lo que viene a decir Jorge Carrión es que de nuevo estamos en Cervantes, autor que introdujo la ficción dentro de la ficción haciendo un bucle, una ‘mise en abîme’, sorprendente que no deja encontrar el sentido fuera del mismo hecho ficcionalizado que a su vez remite a la realidad que constantemente se hace ficción. Un claro ejemplo de esto último se encuentra en los cómics o filmes  basados en hechos reales como, por ejemplo Vals con Bashir, Persépolis o, sin ir más lejos, la "Operación Palace" de Jordi Évole que tanto revuelo mediático ha levantado estos ´´ultimos días del mes de febrero.
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Postdata: En el blog Interferencia sónica hay un interesantísimo post sobre lo que DJSergiSonic denomina "La novela multiplano". Merece la pena leerlo.


[i] Así en la pág. 78 coloca al mismísimo Che como celebridad difunta al nivel de otras como Hamlet o el Capitán América. Cuando menos esto es un deseo de borrar las fronteras entre vida y ficción o manifestar, como dice en la cita inicial de la 2ª parte de César Aira que los medios de comunicación son necesarios para que lo inexplicable exista. ¿Será el Ché una mera creación de estos medios?

[ii] En la pág. 141 Roy y Gaft reflexionan sobre lo duro que es ver cómo desaparece “tu comunidad”. Y en este recordar, hablan de la emoción que sintieron cuando estuvieron ante el edificio Bradbury. Precisamente el final de esta página 141 y el inicio de la 142 son reveladores del sentido de la novela.


27 ene 2013

Ya lo dijo Plinio

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Uno de los blogs que habitualmente sigo, El lamento de Portnoy, asegura lo que ya dijera Plinio el Joven recordando a su tío Plinio el Viejo, que “No hay libro tan malo que no tenga algo bueno”. Y es verdad, siempre hay algún valor en cualquiera de ellos.

Guardia civil, Sargento ChamorroLa reflexión anterior me ha venido a la memoria durante la lectura de La marca del meridiano de Lorenzo Silva. La novela, premio Planeta 2012, vuelve a poner en el tajo a la pareja de picoletos: el brigada Bevilacqua y la sargento Chamorro. En esta ocasión han de descubrir a los autores del asesinato de un antiguo compañero de Bevilacqua ya retirado, Rafael Robles. La novela, como es propio del género policiaco, permite a su autor navegar por los entresijos de la sociedad española en su más amplio sentido. Y digo esto porque Silva sitúa a su pareja de investigadores en Madrid, el crimen en la Rioja, la residencia del fallecido en Cataluña, y ciertas detenciones de policías malos en Cantabria. Este deambular por el Estado permite al autor, a través de la primera persona de Rubén Bevilacqua, cavilar sobre el estado de las autonomías, las relaciones entre las diversas comunidades, las dificultades de las policías para ocuparse de asuntos “transfronterizos”, la convivencia entre castellano-parlantes y catalano-parlantes, las banderas…, y así.
Lo anterior viene a demostrar, en mi humilde opinión, el carácter de novela encargada que tiene esta La marca del meridiano. Efectivamente, la vida en la España de las autonomías, y en especial en Cataluña, está marcada por un delicado equilibrio entre lo que significa la corrección para unos y otros, por una invisible línea que separa sutilmente las actuaciones de estos y aquellos. Es una situación difícil y que inevitablemente se precipitará en un sentido no deseado si, como ocurre, no nos conocemos y nos abrimos los tirios y los troyanos. La novela, bajo la metáfora del Bevilacqua que trabajó en Barcelona y ahora lo hace en Madrid; que cruzó alguna línea roja en el ejercicio de su trabajo pero supo volver al lado bueno, no como hizo el asesinado Robles; que se interesa por el hacer de los otros, en este caso los ‘mossos’; que habla catalán y castellano; que con las mujeres sabe separar el lado profesional del personal; que desde la experiencia que dan los años sabe escuchar y soportar las impertinencias de los jóvenes jefes que le van tocando…; en definitiva, bajo el enfoque de la estricta racionalidad humana, la novela presenta una posibilidad de entendimiento, una posibilidad de seguir caminando juntos en el proyecto común que por ahora es España. Esto es lo que pienso que Lorenzo Silva viene a exponer en este relato.

Y justamente todo ese catecismo que he expuesto en el párrafo anterior es el que, entiendo, perjudica al relato al convertir a Silva en un pelele, en la voz de su amo (¿de Lara?), provocando que la anécdota policiaca se pierda en ese mar de sentidos políticos actuales. Y no hay que olvidar que estos alegatos, totalmente habituales en el género, deben de caminar al paso de la historia y no provocando trompicones en la lectura con cuñas digresivas que dificulten el seguimiento de la intriga. Si además ésta en un momento dado da un giro copernicano sacando del baúl de los recuerdos a un antiguo delincuente encerrado por la pareja Robles-Bevilacqua en el ‘pleistoceno’ entonces ya la sensación de tomadura de pelo y de utilizar el texto como pretexto nos invade y desarma. Y esto es, en mi humilde sentir, lo que ha hecho Lorenzo Silva con esta novela premiada: poner la literatura al servicio de una causa, lo que aunque le ha proporcionado buenos réditos monetarios creo que no le ha hecho crecer en la estima de los lectores.

Eric Ambler¿Y cuál es entonces ese valor positivo que he podido encontrar en este libro no tan bueno? Pues sencillamente ha hecho que recuerde algunos excelentes títulos del género de la novela negra o policiaca que no caen en este despeñadero. Son obras con las que la novelita de Lorenzo Silva no resiste la comparación como El tercer hombre de Graham Greene que pese a estar situada en la Viena de la recién finalizada Segunda guerra mundial la situación política no esconde ni obnubila la fuerza del relato cargado de misterio, amor, literatura, suspense. O La máscara de Dimitrios de Eric Ambler, excelente novela de intriga policiaca en la que el espacio geográfico en que se ha roto el imperio otomano y austrohúngaro al finalizar la Primera guerra mundial justifica perfectamente la indagación del protagonista –un escritor de novelas policiacas- sobre la figura del que fuera en vida Dimitrios Makropoulos cuyo cadáver aparece flotando en las aguas del Bósforo. O sin salir del ámbito de nuestra lengua española la magnífica Las muertas de Jorge Ibargüengoitia quien, pese a tratar un asunto terrible como es el de la compra-venta de mujeres y la violencia ejercida contra ellas llegando incluso a la muerte, deja espacio para la irrupción en ocasiones del humor aunque sea crítico. En esta misma línea de Carrión, pero superándolo con creces, está también 2666 del malogrado Roberto Bolaños.

2 dic 2012

Lectores narcotizados con lecturas bobas

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No puedo por menos que confesarlo en voz alta. Sí, yo también he echado una miradita a LSDG (así, con siglas, se refiere Manuel Rodríguez Rivero a la trilogía porn-soft de la escritora E. L. James). LSDG no es más que una 'novelilla' –en calidad, no en páginas- que está haciendo las delicias delicuescentes de un sinfín de lectoras mayoritariamente que se derriten (sic, textual) con el joven guapo guapísimo, rico riquísimo, culto cultísimo, amante incasable y desgraciado desgraciadísimo en su niñez, Christian Grey. Sin embargo he de decir que hace ya más de un mes que la inicié y no logro encontrar motivos que me animen a50sombrasdegrey.malalua.com_ proseguir su lectura. Bueno sí, sólo hay un momento en que me lanzo frenético a ver los lances, lazos y lazadas habidos entre Anastasia y Christian: en la sala de espera de la consulta del dentista. Y es que si no quieres pensar en nada no hay cosa mejor que volverse básico y primario.

Pero esta proliferación de lecturas fáciles que buscan engrosar la caja de sus autores ha encontrado al menos una cierta referencia a sus perniciosos [hablo sólo de literatura, claro está]]efectos sociales y personales en algunos opinadores literarios de reconocido criterio. En concreto me refiero al crítico Ignacio Echeverría y al novelista y periodista Enrique Vilá Matas. He aquí sus textos:
"Y lo que digo (dejando para otro momento razonables puntualizaciones y matizaciones) es que la lectura continuada de libros mediocres tiene en no pocos casos efectos narcóticos sobre el gusto e incluso sobre la inteligencia -y no sólo la moral- hasta llegar a los extremos a los que nos tienen acostumbrados algunos de los críticos más conspicuos del panorama nacional, reacios a aplicarse la única vacuna contra este mal: el ejercicio de un criterio exigente y contrastado, así salten las chispas destinadas a evitar que acabe uno atontado."  (El Cultural 30.11.12, Ignacio Echeverría: Críticos embobados).
"¿LE Gustaría localizar la mejor literatura de hoy? Agáchese, búsquela literalmente por los suelos, verá cómo enseguida la encontrará. La tienen por ahí tirada, abandonHilary Boidada en los rincones. El otro día, al disponerme a salir hacia Portugal, hacia el Festival de Cine de Estoríl, busqué en la librería del aeropuerto un libro que me acompañara en el viaje. Me acordé de que acababa de publicarse la correspondencia entre J. M. Coetzee y Paul Auster y di ingenuamente por sentado que, siendo dos autores sobradamente conocidos y tratándose de una flamante novedad, encontraría el libro sin más problema. Ante mi sorpresa, sólo tras unos minutos de paciente búsqueda por las estanterías y de tener que viajar visualmente por las más horrendas portadas de best sellers que hubo nunca, acabé encontrando lo que buscaba en un lugar bien difícil: a ras de suelo, junto al reino de las ratas. Ahí es donde muchos tienen situado a Coetzee, el que probablemente sea el mejor narrador contemporáneo vivo. Creo que eso dice mucho del estado de las cosas.
Lo pienso y veo que no debería haberme extrañado tanto de todo esto, pues a fin de cuentas sé perfectamente que vivimos en el imperio de los E. L. James, Sylvia Day, o de los aterciopelados relatos de Hilary Boyd, la autora de “Estoy embarazada y trabajo ¿qué debo hacer?” Pero soy humano, todavía lo soy, y me afectó tener que agacharme para rescatar aquel Coetzee&Auster." (Babelia 01.12.12, Enrique Vila-Matas: El estado de las cosas).
De los dos textos me quedo evidentemente con el de Vilá Matas que como siempre –y con finísimo humor- acierta plenamente.

Un saludo


30 ene 2011

En definitiva… literatura… es esto

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Documental

La literatura se fabrica con palabras; de su adecuada elección depende el éxito o no del mensaje . Si esta es buena, aparece el arte literario; si no, se sigue en la vulgaridad cotidiana.
El video adjunto, que ganó premio en Cannes 2008, lo ilustra a la perfección y además generó una jugosa polémica sobre el plagio

27 may 2010

ÉXITO de VENTAS y CALIDAD LITERARIA

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(Ahora que se acerca la Feria del Libro, acabo de recordar el texto de una conferencia aparecido en la Revista Cuadernos del Matemático que dirige mi amigo Ezequías Blanco. A ver qué os parece)

José Luis Morales[i]

En castellano, la "y" griega es una conjunción copulativa -así se decía en mis años escolares-, cuya misión es unir dos términos del mismo nivel sintáctico: oraciones, proposiciones, sintagmas, pronombres, sus­tantivos, adjetivos o adverbios, con un sentido inclusivo, es decir, sumativo. O sea, que cuando decimos o escri­bimos "tú y yo", "lo bueno y lo barato", "tarde y mal" o cualquier otra expresión de estructura similar, estamos añadiendo al primer término el contenido, cualidades o rasgos del segundo, para formar una entidad superior que los integra y contiene a los dos. Es tan obvio como que "dos y dos", son cuatro. 


Sin embargo, cuando habéis escuchado el título de esta conferencia, "éxito de ventas y calidad literaria", consciente o inconscientemente todos habéis sustitui­do el valor de la "y" por el de la "o", que también es una conjunción mínima, como la otra, pero adversativa, es decir, excluyente, pues relaciona términos opuestos', que no pueden darse juntos: "vivo o muerto", "caro o barato", como si un buen libro, sea novela, relato o poesía, ensayo o historia no pudiese ser, al tiempo, un best sellers y una obra de calidad. 

Pero si meditamos mínimamente, aunque sólo sea un momento, caemos en la cuenta de que esa relación inversa entre ventas y calidad no tiene consistencia lógica, no se apoya en largos análisis ni en hondos argumentos, sino en prejuicios. Pues el dato objetivo, lo que conocemos, a saber, el número de ejemplares que tal libro ha vendido, no contiene valoración alguna: sólo nos informa asépticamente de la gran difusión, y por ende aceptación, de la que tal obra goza o ha goza­do. Y ya se sabe que, siguiendo el dictum democrático, como el pueblo es soberano, y un hombre es un voto, la mayoría manda. Así pues, ¿a cuento de qué dudáis? 

No pongáis esa cara de sorpresa ni de incrédulo escepticismo. No me he vuelto loco, ni desconozco las reglas de la lógica simbólica, ni las del silogismo aristotélico. Estudié -y acaso aprendí- Filosofía, como algunos sabéis. Y hasta ayer mismo, mi familia, mis vecinos y mis amigos más cercanos, me tenían por persona medio sensata y hasta me suponían dotado de cierto criterio literario. ¿Cómo es posible entonces que diga lo que estoy diciendo, y afirme lo que estoy afirmando? O me he vuelto orate, o tengo un doble. Pues no. El conflicto procede, y la contradicción anida, en el enunciado mismo de esta conferencia. Porque, efectivamente, como todos pensabais, el valor de esta "y" griega, siendo copulativo, como lo es, no puede ser, sin embargo, ni inclusivo ni sumativo. Y no por ningún prejuicio de poeta menesteroso que yo pudiera padecer, sino sencillamente porque las partes a sumar carecen de la coherencia sustancial necesaria para realizar tal operación. (A cualquiera se le ocurre que no se pueden sumar "tres zapatos y dos dolores de muelas" porque el resultado sería cinco incongruencias. "Zapato" y "mue­la" no son términos sumativos, ni inclusivos, aunque Chaplin, en La quimera del oro, estuviese en un tris de lograrlo. Y tampoco puede establecerse entre ellos una relación causal directa, una realidad no procede de la otra, ni es condición o efecto necesario para ella, salvo, naturalmente, que algún asistente desesperado le haga saltar las muelas de un zapatazo al conferenciante, por pelmazo. y como yo pretendo volver a casa ileso, vaya meterle el diente a la cuestión, sin más dilaciones y sin ayuda del odontólogo, espero. 

Comencemos con un ejemplo. Isabel Allende -para no caer en el tópico de empezar con Dan Brown- acaba de sacar en Plaza  & Janés una nueva novela. Se titula "La isla bajo eI mar". Tiene 512 páginas y se vende por 23,90 €. (Ser obra voluminosa, y en consecuencia, cara, parece uno de los requisitos básicos del best seller actual.) Hasta ahora, Isabel Allende ha publicado docena y media de novelas que han vendido, en con­junto, la nada despreciable cantidad de 51 millones de ejemplares. Ninguno de vosotros se extrañará si yo afirmo hoy, con toda contundencia, que La isla bajo el mar será uno de esos libros a los que editores, libreros y periodistas de los suplementos literarios llamarán un mejor vendido, es decir, un éxito. De hecho, lo consulté ayer mismo en internet, y ya está en el número 1 de la lista. Ahora bien, ¿es Isabel Allende una gran escritora, original, profunda, pionera, novedosa? ¿O es sólo un epígono, edulcorado y femenino, de Gabriel García Márquez? ¿Tiene algo que ver en su continuo éxito de ventas, el hecho de ser la sobrina culta del malogrado y mitificado Salvador Allende, o la consistencia literaria de La casa de los espíritus, Paula o El bosque de los pig­meos es de tal magnitud que todo lo que no sea vender un par de millones de ejemplares de cada título hay que considerarlo un fracaso? No voy a responder. Eran simples preguntas retóricas.

Pero sí voy a tratar de esclarecer si hay o no relación de causalidad entre ventas y valor literario. Para ello, os propongo un juego muy simple. Yo os leeré unos párrafos sacados del comienzo de dos obras, ambas consideradas "éxito de venta" en su momento, y voso­tros, los identificáis y valoráis.
En primer lugar dos párrafos de la página número 2 de uno de los últimos best sellers a nivel mundial. Cito:
"El nombre latino era Leptospernum (Myrtaceae) rubinett­te. Se trataba de una planta bastante insignificante, con pequeñas hojas parecidas a las del brezo y una flor blanca, de dos centímetros, con cinco pétalos. En total tenía unos doce centímetros de alto.
La especie era originaria de los bosques y las zonas montañosas de Australia, donde crecía entre gran­des matas de hierba. En Australia la llamaban Desert Snow.”

"En su informe, la botánica de Uppsala comentaba que si la Desert Snow era rara en Australia, en Escan­dinavia resultaba simplemente excepcional".


Por si aún, a pesar de lo clarísimo que está, alguno de vosotros no ha dado aún con ello, añado otras líneas clarificadoras:
Ahora haré lo mismo con el segundo libro. Leo un fragmento de la 1ª pág.:
"Desocupado lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza; que en ella cada cosa engendra su semejante. Y así, ¿qué podría engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación?"
Por vuestras caras deduzco que no habéis tenido dificultad en el segundo ejemplo, pero aún estáis pen­sando qué obra es y quien ha escrito la primera. Yeso que las he leído en orden de cercanía temporal y edito­rial: Primero leí dos fragmentos de Los hombres que no amaban a las mujeres, de Stieg Larsson, publicada en España en 2008 y aparecida en Suecia en 2005. En la edición por la que cito, el volumen tiene 666 páginas (lo del número de la bestia será casualidad, supongo) y es el primero de una tr-ilogía titulada Millenium. Leí desde la línea 36 a la 42; y después la 67, la 68 y la 69. Son parte del "prólogo" del autor. En total, la obra con­tiene unas 750.000 palabras, con un 1,2% de variación léxica, es decir, de vocablos distintos. 

De El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, que todos habéis identificado, os he leído un solo fragmento que abarca de la línea 19 a la 30, contando la dedicatoria cervantina, correspondientes también al prólogo, como en la obra de Larsson. En la edición que he manejado, hecha por Martín de Riquer, y publicada por CUPSA EDITORIAL, Madrid 1977, la primera parte del Quijote ocupa 570 pgs. Según Antonio García Velasco, contiene 185.101 palabras con 14.839 dife­rentes. En la Ir Parte hay 193.490 palabras con 16.159 entradas léxicas distintas. (A mayor abundamiento os diré que el Ulises, otro mito de la literatura contempo­ránea, que tuvo que ser publicado por James Joyce en París en 1922, ya que la censura prohibió su edición tanto en Inglaterra como en Estados Unidos, es una novela de 237.000 palabras, con casi 30.000 de ellas diferentes. ) 

Así pues, como puede verse, tres obras de difusión mundial, absolutamente conocidas, que comparten además el hecho de ser voluminosas, estar protagoni­zadas por insólitas parejas de personajes y haber sido llevadas al cine. Las tres tuvieron éxito inmediato, pero, en rigor, sólo a la primera puede aplicársele el marbete de best seller. 

¿Será por eso por lo que su autor se puede permitir el lujo de incluir párrafos como los citados, descaradamente toscos, tediosos, vulgares, hueros del más mínimo rasgo de escritura literaria, que parecen sacados de algún manual de botánica divulgativa,? ¿Es que los best sellers, pueden prefabricarse, como los llamados "coches del año", a los que se les da el título antes de comenzar la campaña de ventas y no cuando el balance final demuestra si lo han sido o no? 

He hecho con vosotros este pequeño experimento, no sólo para evidenciar la enorme diferencia que media entre lo que hoy se da en llamar un fast seller (la trilogía Millenium, por ejemplo) y lo que se conoce por un long seller (El Ulises o el Quijote). Se trata de libros muy ven­didos, como denota el segundo miembro de la expresión anglosajona, pero en el primer caso, además de muchas, las ventas son "rápidas", concentradas en el tiempo, sin reposo, y en el otro espaciadas, "dilatadas", prolongadas. 

Los españoles, sea por nuestro "timing" mediterráneo o por la variedad de nuestra dieta, tanto en el terreno literario como en el alimentario, asociamos automática­mente al adjetivo 'fast" el calificativo "basura", (tanto nos da si va con seller como si precede a food), calificativo por cierto nada inocuo, que ha acabado casi por sustituir la correcta traducción del original, que sólo se refiere al tiempo, tanto de venta como al que tarda en servirse e ingerirse un plato y no a la calidad de lo comprado, ser­vido o engullido. Será por aquello de que con las cosas de comer no se juega, digo yo, no sé. Lo que sí está claro es que, literariamente, los fast sellers son considerados libros de "usar y tirar", "lecturas de tren" o "de verano", es decir, puro "pasatiempo", basura intelectual: así sean tan imponentes como Los pilares de la tierra o La catedral del mar. 

Todo lo contrario ocurre con los etiquetados como long. Aunque los ingleses, como dice mi amigo el gran novelista Carlos Eugenio López, estén reñidos con la higiene y con la gastronomía, una long food hasta en Inglaterra es un banquete y -salvo que sea de bodas- a un banquete se le supone calidad, del mismo modo que un long seller ha de ser un libro espléndido, pues man­tiene sus ventas durante varias generaciones: En busca del tiempo perdido, Los Principia Mathemática o Campos de Castilla, pongo por ejemplo, para introducir nuevos elementos en el análisis. 

¿Cuándo, cómo y por qué surgieron los best sellers? ¿Son sólo novelas, o los hay en cualquier género? ¿Qué número de ejemplares se ha de haber vendido para convertir cualquier libro en un best seller? ¿Puede un autor dedicarse a escribir best sellers o estos surgen a pesar de su autor? ¿ Son una consecuencia del talento o un producto del marketing? ¿Qué papel tiene el tiempo en el fenómeno superventas? 

Tal vez sean demasiadas preguntas. Pero trataré de dar respuesta a cada una. Procedamos, pues, por orden.
¿Cuándo, cómo y por qué surgieron los hest sellers? Las primeras listas de "superventas" están aso­ciadas a la difusión de la prensa y la radio en la Nortea­mérica de comienzos del siglo XX. No tenían intención valorativa, o crítica, sino informativa: pura adicción a la estadística y al ranking de un pueblo cuya clase diri­gente valora más los contenidos del Libro Guiness que los de El origen de las Especies, ejemplo, por cierto, de long seller no literario, que también los hay. Las listas de best sellers se revitalizarán tras la Ir Guerra Mundial, y ahora ya sí, algunas de ellas con intención publicitaria. Desde entonces no han faltado los intentos editoriales -recuérdese que un editor, aunque lo niegue, es un empresario- de fabricar superventas: libros de encargo, basados en fórmulas estereotipadas -intriga, dinero, poder y sexo~ o libros que son secuelas miméticas, casi plagiarias, de alguno que resultó exitoso más o menos inesperadamente, como los innumerables clones sur­gidos al calor de El código Da Vinci. 

En todos los casos, se trata de libros dirigidos a satisfacer las aspiraciones, angustias o curiosidades que se atribuyen a un determinado público en un momen­to dado, que no es exactamente lo mismo, aunque se pretenda, que el zeitgeist, o "espíritu del momento", del que hablaba Hegel, esa mezcla de ideas, ilusiones, mie­dos, creencias, dudas y convicciones que caracterizan al conjunto de la población de un territorio determina­do, en un periodo de tiempo concreto. 

A lo mejor es por eso por lo que hoy en día, en Espa­ña, se multiplican en sus modalidades más chabacanas y malolientes: libros que explotan el tirón mediático de ciertos personajes "famosos-por-ser-famosos" que ponen en letra impresa las mismas extravagancias, excesos o desvergüenzas que los han hecho populares en las pantallas de la televisión. Sus autores son per­sonajes o personajillos insostenibles (deportistas robo­tizados, cantantes con más adicciones que garganta, strippers del corazón y los genitales, ladrones bizcos y con peluquín, mariquitas de ojos glaucos y lengua viperina, cómicos que se creen sénecas, politiquillos de medio pelo, gigolós deslenguados, jueces corruptos y un lar­guísimo etc, en el que no faltan presentadores de TV de cualquiera de los tres sexos, jurados de concursos expertos en el insulto y la descalificación, y toda suerte de tertulianos sabelotodo, procedentes de las filas de andanada del periodismo, la política, el espectáculo y la cultura, todos ellos convertidos, de la noche a la mañana, en "escritores", a cambio seguramente de un suculento anticipo, que ya enjugarán las muy previsi­bles ventas. (Eso que muchos verdaderos escritores jamás logran.) 

No hay que rascar mucho para comprobar que esos libros, "de usar y tirar", escritos casi siempre por "negros", están hechos con molde, puras pompas de jabón, cuando no irisadas bombas fétidas, que estallan sin dejar más huella que un espejismo, ni más aroma, gracias a Dios, que el de un cuesco efímero y volande­ro. Eso sí, venden; venden mucho; porque siempre hay necios que compran. 

A la pregunta de si son sólo novelas, o los hay en cualquier género, todos conocéis la respuesta. Pero echemos una ojeada. En Occidente, suele decirse que el libro más vendido de todos los tiempos no es una novela, sino La Biblia, que además fue el primero en salir de las prensas de Gutenberg. (Aunque otros dicen que fue "El misal de Constanza". Pero no es el momento de discutirlo.) En China, que inventó el papel, la tinta y la imprenta, se asegura que tampoco es una novela, sino que es el libro de Citas del presi­dente Mao, también conocido como Libro rojo de Mao Tse- Tung o Pequeño libro rojo, del que se estima que se han vendido en todo el mundo unos mil millones de ejemplares. Los españoles hablamos del Quijote, y los ingleses del Thstam Shandy, de Sterne, que decía que "la muerte abre las puertas de la fama y cierra tras de sí las de la envidia", ambas novelas, pero en ambos casos sus ventas no llegan ni a la mitad de los primeros, que no lo eran. 

De hecho, es muy frecuente que algunos de los libros más vendidos en cada país no sean novelas. Supongo que todos recordamos, por ejemplo, el éxi­to que tuvo hace unos pocos años el casi manual de bachillerato La Historia de Sofía; y el alto nivel de ven­tas sostenido de un recopilatorio gastronómico como las "1.080 recetas de cocina" de doña Simone Ortega, libro además indispensable para quienes nos casamos hace 30 años y no sabíamos cocinar, o el Manifiesto del Partido Comunista de Marx y Engels, que junto a la Antología rota de León Felipe y El romancero gitano de Lorca, todos los universitarios de mi generación decíamos tener y leer. O Stepen Hawking cuya Historia del tiempo compramos todos con científica devoción e incluso algunas tratamos de leer. Lo de entender, lo dejaremos para otro día. Y se podrían multiplicar por millas ejemplos en los más diversos campos: de la polí­tica a la economía, del humor gráfico al memorialismo. 

Y es que, a pesar de todo, no hay reglas ni recetas mágicas para que un libro sea, con absoluta seguridad, un éxito de ventas.
Pero ¿qué número de ejemplares se ha de haber vendido para convertir cualquier libro en un best seller? Ya sabemos que la parte alta la detentan los ya men­cionados -aunque inexactos- mil millones de ejem­plares de la Biblia o del Libro rojo; pero hay que acotar tiempos, espacios, idiomas, géneros y otros aspectos para determinar cuándo puede considerarse realmente "superventas" un libro determinado y cuándo no. 

Las 26 ediciones en menos de cinco años del Cua­derno de Nueva York de José Hierro, por ejemplo, lo convierten en el best seller absoluto de la reciente poesía española, aunque sumando todos los ejemplares vendidos no se llegue a los cincuenta mil. Ancia, de BIas de Otero, para satisfacción de Chus Visor, lleva incluso más. 

Pero "bombazos literarios", en periodística y elo­cuente expresión de Manuel Rodríguez Rivero, como los de Stieg Larsson (Millenium), Stephenie Meyer (Crepúsculo) o Joanne Rowling (Harry Potter), superan con creces los 50 millones de ejemplares vendidos y, si bien el sueco no, las dos últimas están a tiempo aún de alargar la saga (y la mina). Sólo de Diez Negritos, de la prolífica Agatha Christie, se llevan vendidos otros tantos millones de ejemplares, es decir, 10. Más o menos la cuarta parte de lo que decía haber vendido la tímida Corín Tellado, en total; que no es para tanto, si una novela como Corazón tan blanco, del hirsuto Javier Marías, lleva vendidos sólo en Alemania casi 2 millones de ejemplares. En fin, dejemos para los inspectores de hacienda cifras tan mareantes. 

En España, en el mercado español, como lo llama­ría un editor dé los que tienen secretaria, los números son habitualmente mucho más modestos, lo que no ha impedido que novelas como La sombra del viento, de Zafón, La catedral del mar, de Falcones o Soldados de Salamina, de Cercas, ronden o pasen del millón de volúmenes vendidos sin salir de nuestras fronteras. Pero las siete cifras no son en absoluto imprescindi­bles: 20.000 o 30.000 ejemplares son suficientes para que una novela en euskera o en catalán se convierta en superventas en esos territorios autónomos, o sea, un número casi despreciable si tomamos como refe­rencia la canónica y codiciada lista de best sellers del The New York Times, en la que, naturalmente sólo se puede entrar a partir de los seis ceros y de que la obra esté en inglés. 

En definitiva, y resumiendo un poco, parece claro que el concepto de best seller -o "superventas", como prefiere la R.A.E., aunque los españoles hallamos reducido su aplicación al ámbito musical- abarca una categoría de libros perfectamente neutra que, sin embargo, en lo literario, ha acabado designando reali­dades heterogéneas y hasta contradictorias. 

En sus orígenes best seller significaba simplemente lo que la expresión denota: los (libros) que se venden más. Luego se añadieron otras connotaciones y surgió la confusión: puesto que los títulos que se vendían mejor coincidían habitualmente con los de tirón más popular, y sus formas, contenidos o estilos no siempre se adecuaban a los estándares estéticos de la "alta" cultura, el epíteto sustantivado pasó a calificar tam­bién, y sobre todo, a aquellos libros que, precisamente por venderse bien, eran sospechosos de insuficiencias literarias. Lo que empezó siendo una mera apostilla mercantil, acabó convertido en calificativo ambivalen­te, pero contaminando de vulgaridad y hasta de vileza, para los puristas de la originalidad y del estilo como canon del talento, o nimbado de oropel y embobamien­to para los consumidores de todo lo que suene a moda, a masivo y a último. 

Sin embargo, está claro que hay dos tipos distintos de best sellers. Unos -desde El Quijote o el Ulyses hasta El guardián en el centeno o Cien años de soledad tuvieron su "momento álgido", sus "veinte minutos de fama", como diría Sabina, y el peligro que conllevan, pero supieron prolongados, reviviendo incluso tras pasar por olvidos generacionales, purgatorio s críticos, rechazos de la vanguardia y/o del mundo académico. Son los que hoy llamamos long sellers, a los que la pátina del tiempo ha dotado de un estatuto prestigioso, y, en muchos casos, hasta de la indiscutible condición de clásicos. 

y está claro que hay otros libros, sean novelas, ensayos o biografías, que obtienen un éxito fulminante nada más aparecer, que venden miles, millones de ejemplares, pero que no consiguen superar la prueba de su primer cuarto de siglo, porque su popularidad no esconde más que complicidad con el inmediato y efímero Zeitgeist en que aparecieron. Son los fast sellers: efímeros relámpagos que deslumbran con estrépito porque son de alguna manera cómplices de la ~ensibilidad o de ciertas ansiedades del instante. Sólo en muy raras y excepcionales ocasiones un fast sellers pasará a convertirse en un long sellers: tal vez la Lolita de Nabokov y algunas novelas de Galdós O de Dumas. Pero no hay reglas inamovibles: cualquier libro, -sea de encargo, anónimo o póstumo- puede convertirse en best seller: basta con que venda los suficientes ejemplares. 

Y, finalmente, están todos esos rutilantes obje­tos, compuestos de hojas de papel y tinta, de formas más o menos prismáticas, que se venden en kioscos, papelerías, secciones específicas de grandes almace­nes, incluso pueden encontrarse en algunas librerías camuflados entre los libros verdaderos, que sirven para mantener tranquila la conciencia de la "deseducación social", al tiempo que sanean la cuenta de resultados de algunos editores. No todos son best sellers, aunque lo intentaron. 

Pero no siempre es fácil saber cuál es cuál, porque un verdadero best seller también puede resultar impercepti­ble al principio. Ejemplo: los editores de los grandes gru­pos españoles rechazaron el primer Harry Potter porque les resultaba excesivamente británico para lo que supo­nían era el gusto de nuestros niños, craso error del que se aprovecharon los independientes de Salamandra para forrarse. Y no ha sido el único resbalón sufrido por los más grandes de la edición española: casi todos rechazaron hace años el original de Juegos de la edad tardía, la primera novela de Luis Landero que vendió una enormidad. y, para colmo, también se les escapó El código Da Vinci, en 2003 -del que se han vendido más de 60 millones de ejemplares en todo el mundo-, que en España acabó publicando el desconocido sello Ediciones Urano, que hizo su agosto luego, al traspasarle los derechos al Círculo de Lectores. 

Como afirma Manuel Rodríguez Rivero, opinión que yo comparto, los best sellers más llamativos, y casi los únicos que se pueden leer, son los más inesperados. La ya mencionada novelita Soldados de Salamina, de Javier Cercas, se publicó en marzo de 2001 con una tirada declarada de 5.000 ejemplares, que serían seguramente menos, como es costumbre entre nuestros editores. Y sin promoción. El apabullante éxito del libro se debió a un frenético "boca a oreja" entre lectores gratamente sorprendidos. La novela de Cercas -de la que se han vendido más de un millón de ejemplares- había logra­do transgredir el espacio al que teóricamente parecía destinada. Pero ese delicioso "malentendido" -en el argot novelístico- al que se refieren los autores cuando pulve­rizan su umbral previsible de ventas, se produce muchas menos veces de las deseadas. No sucede más que cuando una obra admite una pluralidad de lecturas, susceptibles de interesar a públicos muy diversos y cuyos gustos se encuentran habitualmente segmentados. Algo parecido le ocurrió al Beatus ille, de Muñoz Molina, si bien fue un éxito retroalimentado por el de El invierno en Lisboa. 

La crítica, sin embargo, influye poco en la creación de un best seller. Tal vez porque está inmersa en la misma crisis de auctoritas que ha afectado a toda suerte potes­tades tradicionales en nuestra sociedad cibernética y globalizada. Claro que existen otras formas de auctoritas que pueden hacer mucho por la venta de un libro: la de los políticos, por ejemplo. El presidente Kennedy no ocultaba su debilidad por las novelas de James Bond, lo que contribuyó a su extraordinaria difusión en EE UU. Felipe González convirtió las Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar en un best seller nacional, y hubo españolitos que se leyeron esa y la mitad del aluvión de novelas, falsamente históricas, que se publicaron después sobre el Imperio Romano y el mundo heleno. Alfonso Guerra, por su parte, lo intentó con los versos de Machado, y Aznar con los sonetos de Gerardo Die­go, pero entre que la poesía vende lo que vende y que un Joan Manuel Serrat medio cansino cantaba aquello de "Niño, deja ya de joder con la pelota", la cosa no pasó a mayores. 

El caso más reciente, de morbosa actualidad inclu­so, es el del libro titulado Espejos: una historia casi universal, del uruguayo Roberto Galeano, que acaba de aparecer y ya es un superventas absoluto en EEUU. ¿Por qué? Porque unos días antes Hugo Chavez, con la proverbial sutileza que gasta en sus relaciones diplo­máticas, le regaló a Barack Obama, en la cumbre de Trinidad Tobago, un ejemplar de Las venas abiertas de América Latina, obra en la que Galeano describe, uno a uno, todos los expolios que el continente ha sufrido: desde el del oro y la plata en tiempo de los españoles, hasta el del cobre, la madera, y la libertad en los tiem­pos actuales. Al día siguiente del simbólico punch de Chávez, Las venas abiertas .. , era el segundo libro más solicitado en los portales de venta "on line" de todo Estados Unidos. Y como ninguna editorial es tonta, la gira promocional de Espejos, incluye intervenciones y presentaciones de Galeano en 32 ciudades de Estados Unidos y Canadá, además de las que haga en Univer­sidades, Fundaciones e Instituciones Culturales de todo tipo. A lo mejor así le devuelven al sur parte de lo expoliado. 

En muy pocos casos son los propios escritores ya cuajados quienes se plantean escribir un best seller, algo nada sencillo en todo caso, y cuyo éxito no está garantizado. Uno de esos arriesgados fue Umberto Eco, que escribió El nombre de la rosa, debido a la enorme atracción que sobre él ejercía la idea de participar en un juego del que se conocen bien las reglas y las piezas, pero cuyo resultado es siempre incierto. Algo parecido habían hecho antes en ¿Arde París?, y Oh, Jerusalén, el dúo formado por Dominique Lapierre y Larry Collins, autores que planificaban e investigaban cuidadosamente argumentos y tramas de interés popular, formando una intrincada mezcolanza de realidad histórica y elementos de ficción. Fórmula de notable éxito. 

Luego vinieron los inquilinos permanentes de esa rentabilísima nómina que es la lista de superventas: Ken Follet, Stephen King, Danielle Steel, Anne Rice, Mary Higgins Clark, Michael Crichton o los últimos Dan Brown y Stieg Larsson. Su fama y prestigio mediático han vuelto a liar las cosas, convenciendo a un público cada vez más globalizado, y a mucho editor que ansía el pelotazo, del indisoluble maridaje del éxito mercantil y el valor literario. "Tanto vendes, tanto vales". 

En cualquier caso, yo no me preocuparía demasia­do. Más pronto que tarde, la lista universal de los más vendidos será sustituida por la de los "más descarga­dos", y los autores y editores de best sellers se verán en la penosa circunstancia en la que hoy se encuentran Teddy Bautista, Ramoncín y los que cantan: tratando de cobrarle el canon al Alcalde de Zalamea. 

Pero éste es un virus al que somos inmunes los poetas y no como el de la gripe, el NI H l. El nues­tro es el "YO DAO", que parece un partido de fútbol de tercera regional, es decir: Ventas 0, Derechos de Autor, 0. 

Muchas gracias y buenas tardes.
José Luis Morales




[i] Texto de la conferencia dada por el autor en Getafe y recogida en la revista Cuadernos del Matemático, nº 43, págs.. 35-40, Diciembre 2009, Getafe.