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7 dic 2015

"EL PUENTE DE LOS ESPIAS" de Spielberg

15 comentarios:
Este pasado domingo con un tiempo magnífico en la calle pese a encontrarnos en el mes de diciembre entré temprano en una desierta sala de cine que ni por soñación pensé que se llenaría de público. ¿Se estará recobrando el gusto por ver las películas de Cine en el cine? Ojalá sea así. El caso es que resulta ciertamente reconfortante ver una interesante historia formando parte de un grupo humano que se emociona, sonríe o se le humedece el lacrimal al unísono por culpa del asunto que se desarrolla en la pantalla

Spielberg, Joel Coen, Ethan Coen

La película que vi en tan gratificante y abundante compañía ha sido "El puente de los espías", dirigida por Steven Spielberg, sobre un guión de Matt Charman y los hermanos Coen, y unos espléndidas intérpretes en los dos papeles principales: Tom Hanks  en el de exitoso abogado de seguros de Brooklyn, y Mark Rylance en el de enigmático espía soviético capturado por el  FBI en el Nueva York de 1957.

Que Spielberg es el genio de la lámpara en Cine es algo por todos sabido. No hay historia en la que no ponga sus ojos y aplique sus manos que no sea un éxito. “El puente de los espías” sigue la senda marcada por las anteriores ("Lincoln" (2011), "La lista de Schindler" (1993), "Salvar al soldado Ryan" (1998), "Tiburón" (1975), "La Terminal" (2004), "Parque Jurásico" (1993) , "Atrápame si puedes" (2002) y tantas y tantas otras  pertenecientes a los géneros cinematográficos más diversos porque si algo es propio de Spielberg es no ser autor de un único tipo de filmes, sino que como los grandes genios del mundo del arte –¡él lo es con seguridad!- no se adocena o se conforma con lo que domina sino que constantemente está investigando nuevas formas de hacer y por ello se embarca en proyectos muy diferentes entre sí.

 En este caso estamos ante una historia basada en hechos reales, pero no ante un documental. No, aquí, aparte del hecho histórico al que se alude: el intercambio por vez primera durante la Guerra Fría de espías en el puente de Glienicke que se haría famoso junto al 'Charlie Point', ambos en Berlín, por ser los pasos utilizados habitualmente en este tipo de intercambios, lo interesante es la manera como su director e intérpretes principales afrontan la historia.

Spielberg hace gala de un manejo espectacular de la càmara con unos planos cortos magistrales como los que inician el film cuando vemos al personaje Rudolf Abel (Mark Rylance) pintando con detalle su propio autorretrato. El plano es excelente pues vemos al hombre real de espaldas y frente a él a su izquierda su reflejo en un espejo del que toma la imagen que plasma en el lienzo que tiene a su derecha. O sea estamos ante una realidad oculta (el hombre de espaldas) que muestra una imagen ficticia (la que se ve en el espejo) y una interpretación de esta ficción (la imagen que fija en el cuadro). Este primer plano ya es toda una declaración de intenciones de su director: Señores, esto es una historia de fingimientos, de realidades que no son tales, una historia de espías.