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31 oct 2018

Obabakoak. Bernardo Atxaga y Calixto Bieito

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Sólo cuatro días ha estado en cartel en el teatro Valle Inclán de Madrid, la magnífica adaptación a las tablas que Calixto Bieito ha hecho de la novela de Bernardo Atxaga Obabakoak, considerada como la obra culmen de la actual narrativa vasca. Conseguí verla hace unos días en un horario imposible –domingo a las doce de la mañana- y pese a esto la impresión de su contemplación aún no me ha abandonado, y creo que me acompañará un tiempo porque lo excelente no se olvida.

La novela
Bernardo Atxaga, seudónimo de José Irazu Garmendia, escribió en 1988 “Obabakoak”, la novela vasca más reconocida de las últimas décadas. En ella nos sumerge en el territorio mítico y literario de OBABA, un espacio semejante al Macondo de García Márquez, el condado de Yoknapatawpha de Faulkner, la Región de Juan Benet o incluso la Comala de Juan Rulfo. Es un territorio imaginativo y poético pues las historias que personajes como el profesor de geografía que recuerda su historia de amor epistolar, la joven maestra que tiene que aprender a combatir la soledad, la relación de un canónigo con un niño perdido en el bosque, o el escritor que descubre un detalle asombroso en la ampliación de una vieja foto de la escuela… se ubican siempre en esa zona intangible donde habita el recuerdo evocador.

Con esta novela, tercera en su producción que por ahora va sólo en Narrativa -Atxaga cultiva también la Poesía, el Ensayo, el Teatro, y es un autor fundamental dentro de la Literatura infantil y juvenil- por los once títulos, ganó muchos premios: el Premio Euskadi en 1988, el Premio Nacional de Narrativa de las Letras Españolas y Premio de la Crítica en 1989, y en ese mismo año de 1989 en tierras francesas fue distinguido por esta novela con el Prix Millepages. La novela ha sido traducida a una veintena de idiomas obteniendo en todos los países éxito entre el público y la crítica.

El director de cine navarro Montxo Armendáriz realizó en 2006 la versión fílmica de la novela.

Dice Calixto Bieito, actual responsable artístico del teatro Arriaga de Bilbao, que la realización de esta adaptación se le ocurrió paseando por Asteasu (localidad natal del autor de la novela) con Bernardo Atxaga. Desde el principio -prosigue- se planteó realizar una versión libre de la novela pero siempre con la intención de llevar a escena el aliento poético que en la novela existe. Y lo logra, vaya si lo logra. Las distintas historias que aparecen suponen todas ellas un retorno a la niñez, ese territorio paradisíaco, lejano y primitivo. Con sorna e ironía comenta el director y adaptador que en ese mundo infantil el nombre de Freud no pertenecía a nuestro vocabulario. Simplemente la infancia era, y es, un universo de fantasías, de visiones, de imágenes en la noche de la memoria ocultos en los rincones más recónditos de nuestro ser.


Compañía del Teatro Arriaga de Bilbao,
Subir este universo a un escenario y no fracasar en el intento está al alcance de muy pocos. Pero Bieito no es cualquiera, tras él hay una larga y exitosa experiencia teatral fabricada y curtida a lomos de innumerables empresas y proyectos escénicos a lo largo y ancho de este mundo: director artístico durante nueve años (1999-2008) del Teatro Romea de Barcelona; creador de versiones arriesgadas y atrevidas de óperas, la última, "Die Soldaten" de B. A. Zimmermann, fue muy polémica y no sólo en nuestro país; director durante dos años (2010-2012) del Festival Internacional de las Artes de Castilla y León; en 2013 fue nombrado Director Residente del Teatro de Basilea, ciudad donde actualmente reside.

Los premios que ha obtenido son numerosísimos: Premio en 2000 al Mejor Director Teatral otorgado por la Asociación de Directores españoles, Premio en 2003 al mejor artista del Festival teatral de Edimburgo, Premio Tendencias 2008 al creador consolidado, Premio de la Crítica barcelonesa 2009 a la mejor adaptación escénica, Premio de la Cultura Europea en 2009, Premio lírico Campoamor 2010 a la mejor dirección lírica por 'Carmen', Premio Franco Abbiati ese mismo año por la misma ópera, Premio Ciutat de Barcelona en 2013, etc., etc.


Mi impresión sobre "OBABAKOAK"
Ya he manifestado al principio de este post mi sorpresa al ver que sólo se representaría en Madrid durante cuatro días (del 25 al 28 de octubre), y de éstos, uno lo fue en vasco, lengua original del texto y propia de la comunidad autónoma a la que pertenecen los once actores; los otros tres lo fueron en castellano. Me parece muy bien que el Centro Dramático Nacional (CDN) acoja en su seno obras dichas en las diversas lenguas de España. Sin embargo, preparando esta reseña, me ha llamado muchísimo la atención leer que cuando la obra se representó en el Teatre Lliure de Barcelona entre el 25 y 29 de octubre de 2017 -la semana siguiente a su estreno en Bilbao- las cinco funciones que se ejecutaron lo fueran todas en euskera con subtítulos en catalán. Y yo me digo: si los que estaban sobre las tablas y los que estaban en el patio de butacas conocían todos ellos una lengua común ¿por qué esa manera de actuar? ¿No habría sido más equilibrado para llegar a todos los sectores del público hacerla unos días en vasco y otros en castellano? Y más, pienso yo, cuando la misma Compañía TEATRO ARRIAGA ANTZOKIA ofreció en la ciudad de Bilbao tres días (del 18 al 21 de octubre) la función en euskera y (del 23 al 26 de noviembre) en castellano. En fin, qué le vamos a hacer: "¡España y yo somos así, señora!", que decía en una de sus obras Eduardo Marquina, barcelonés por más señas. 
Teatro vasco, teatro en euskera, Calixto Bieito, CDN

Pero dejemos a un lado estas cuestiones y vayamos a lo que interesa: la literatura. En este terreno he de decir que me parece una obra brillante en todos los sentidos. Si sólo me fijo en el texto la profundidad del mismo y los temas que se abordan (infancia, sexo, amor, pasiones inconfesables, esperanza, muerte, deseo, locura, naturaleza, tierra...) hace que asistamos a los parlamentos de los personajes con atención, emoción y ansia de no perdernos ni una palabra de lo que allí se está diciendo porque todo ello es interesante y profundo. Hay mucho de imbricación del hombre con la tierra en ese retorno a la niñez, a esos doce-trece-catorce años que tienen la mayoría de los personajes cuando refieren su historia. Es ese momento vital en que la fuerza de la naturaleza aflora y se impone al que fuera niño mostrándose implacable en sus diversas y misteriosas atracciones: sexo, deseo, amor, miedos, soledad... 

Si lo que hay de seducción irresistible hay que atribuírselo a las mágicas fuerzas que surgen de la tierra (lo telúrico) plasmarlo en escena tenía -pienso yo- no poca dificultad. Y aquí es donde Carlos Bieito demuestra su excepcional buen saber hacer: Dispone  a los once personajes montados y desplazándose en bicicleta por el escenario vacío. De fondo hay una serie de paneles que cambian de ubicación desplazándose en altura y sobre los que se realizan proyecciones bien de aspectos referidos en la obra, bien en ocasiones del propio actor que habla y al que otro o él mismo graba enfocando con una pequeña cámara que, oscilante, muestra el físico del personaje. Como para remarcar la narratividad de la obra del techo penden siete u ocho micrófonos que los actores utilizan en ocasiones para transmitir sus parlamentos o para adoptar el papel de narrador en voz en off. 

La iluminación del escenario es muy interesante. Son las propias luces de las bicis  las que en principio iluminan la escena acompañadas de otra serie de focos cuya ubicación y movilidad provocan que el haz de luz rompa los límites del proscenio saltando al patio de butacas como si los espectadores también formásemos parte de las historias que se nos están contando. Fantástico. Por otra parte la luz contribuye de manera muy lograda a crear esa sensación de irrealidad o de realidad mágica en que se mueve toda la función.


Eneko Sagardoy, Joseba Apaolaza, Ylenia Baglietto, Gurutze Beitia, Ainhoa Etxebarria, Miren Gaztañaga, Iñake Irastorza, Karmele Larrinaga, Itziar Lazkano, Koldo Olabarri, Lander Otaola

Los efectos dramáticos logrados con las luces se realzan aún más con el sonido y la música utilizados. Hay momentos en que la fuerza del sonido (un tren que se acerca impetuoso y que reconocemos por el aumento del volumen sonoro; ese disparo que sorprende por su fuerza a los espectadores; o esa sabia utilización de la música y voces grabadas que  contribuyen a aumentar esa atmósfera de quimera, alucinación o fantasía que rodea a esa tierra de Obaba. 

Y todo lo anterior se haría añicos si no estuviera sustentado en un elenco actoral magnífico. De los once actores no podría señalar ninguno cuya actuación me hubiera parecido siquiera una pizca peor que la de los otros. No, sería un vano ejercicio. Los once son:  Joseba Apaolaza, Ylenia Baglietto, Gurutze Beitia, Ainhoa Etxebarria, Miren Gaztañaga, Iñake Irastorza, Karmele Larrinaga, Itziar Lazkano, Koldo Olabarri, Lander Otaola, y Eneko Sagardoy / Lucía Astigarraga. Confieso que salvo el nombre de Eneko Sagardoy, protagonista de la película "Handía" del director vasco Jon Garaño, el resto eran nuevos para mí. Tuve la suerte -más que suerte, es que me hacía ilusión, vaya- de que en la función matinal del domingo actuara Eneko en vez de Lucía Astigarraga que visto lo visto en los otros diez su actuación debe de ser fantástica también. Los once actores poseen una dicción perfecta, se mueven por escena con naturalidad, su gesticulación y las figuras que componen son muy convincentes.

Los personajes -cuatro de ellos fundamentalmente: el profesor de historia, el niño escritor, la mujer que imagina la llegada del tren, y el personaje víctima de múltiples personalidades -aunque desarrollan historias distintas, sin embargo todas ellas están unidas por desarrollarse en ese territorio mítico e intangible (Obaba) reconocible en esas canciones tradicionales que las madres cantan a sus hijos; canciones en las que les previenen de los peligros de la vida al tiempo que con esa nana los acunan. Es esta nana que avisa del riesgo que tiene quedarse dormido en el bosque porque puede llegar un lagarto y comer el cerebro del dormido, la que da consistencia a un duodécimo personaje que sólo habita en el imaginario popular: el Lagarto, ese dragón milenario algo repulsivo que atemoriza sobre todo a los niños. Es esta canción popular y el diálogo adulto-niño sobre la prevención a pasar la noche en el bosque un hilo que sirve de engarce a todas las historias.
"-No os quedéis dormidos en el bosque. Porque si no vendrá el lagarto y se meterá en vuestra cabeza
-¿Y cómo entrará?
- Por el oído. Y se comerá vuestros sesos y os quedaréis tontos."
Calixto Bieito, Bernardo Atxaga, Realismo mágico

Final
Mucho he disfrutado con esta representación que desde aquí recomiendo a todos. Como habréis deducido no es fácil encontrar la posibilidad de verla pues la gira de la misma desde su estreno hace ya cosa de un año en Bilbao ha sido por localidades muy contadas: Barcelona, Santurce, Vitoria-Gasteiz y San Sebastián en 2017, cuatro días en Madrid en 2018, y por lo que leo por ahí está previsto que en 2019 esta potente producción del Teatro Arriaga tiene prevista una visita a tierras alemanas, concretamente a Stuttgart. Como veis no es fácil atraparla. Le sucede lo que al lagarto que parece impasible pero a la menor, ¡zas!, escapa y se esconde fuera de nuestra vista.


27 mar 2016

Francisco Casavella: "Viento y joyas" ("EL DÍA del WATUSI" II)

3 comentarios:
"Viento y joyas", Francisco Casavella, "El día del Watusi"
Reconozco que no sé muy bien cómo abordar esta entrada sobre "Viento y joyas", la segunda entrega o la segunda parte de la enorme -por calidad y tamaño- novela de Francisco Casavella. Y no sé cómo abordarla dado que hará poco más de un mes que reseñé la primera entrega, "Los juegos feroces" [leer dicha reseña pinchando aquí] y ya ahí dejé señaladas no pocas de las características que contiene la escritura del novelista catalán, características que, lógicamente, vuelven a aparecer en este "El día del Watusi" II.


Dedicaré esta entrada sobre todo a citar fragmentos de la novela que me parecen singulares y reveladores del modo de escribir y de la intención perseguidos por el autor. Siendo consciente de que en una creación artística es difícil -por no decir imposible e incluso absurdo- hacer cortes o separaciones entre los elementos que la constituyen, en pro de un mínimo de claridad expositiva señalaré a través de las citas que realice cuatro ingredientes presentes en este relato que me parecen importantísimos. Son los siguientes:

1.- Elementos de la Narración
"Viento y joyas" se inicia en 1975, recién fallecido el dictador, y llega hasta el año 1977 en que, tras la legalización del Partido Comunista de España, el franquismo prácticamente se suicida en forma de dimisiones de los altos cargos de antaño y el Presidente Suárez se embarca en una transición política que culminaría en el referéndum de la Constitución española de 1978.

La acción se sitúa, como en la primera entrega, en la Barcelona de esos años, si bien en esta ocasión la ciudad de Madrid cobra un protagonismo que no tuvo en "Los juegos feroces", pues no en balde el futuro político de España se estaba fraguando allí.

De los personajes de la primera parte, se mantiene el personaje narrador-protagonista, Fernando Atienza, convertido ya en un joven de 19 años en 1977, año durante el que se desarrolla la mayor parte de la trama. De los personajes de la primera entrega de "El día del Watusi", aparte del narrador, sólo aparecen aquí algunos muy secundarios como Dora, la amiga de Julia, la chica que aparece violada y asesinada en la primera parte; la madre de Fernando y su pareja Carmelo, en algunos breves fragmentos aunque importantes para la verosimilitud del relato; y naturalmente el Watusi, ese ser del que todos han oído hablar pero del que nadie puede dar fe cierta. Con todo en esta novela, durante muchas páginas, Watusi no es ni siquiera nombrado aunque sí que se dan claves importantes sobre él, en especial al desvelarse su letra y melodía, pistas importantes para la comprensión total del relato.

Del resto de elementos de la narración, la historia y el estilo, hablaré en los siguientes epígrafes.

2.- Denuncia política y paso del tiempo
Con estas palabras quiero señalar los asuntos principales a los que Francisco Casavella dedica "Viento y joyas". No hay que olvidar, como se puede leer en el post de "Los juegos feroces", que Fernando Atienza en 1995 está haciendo un Informe a un Lector innominado sobre los sucedidos acaecidos desde 1971 hasta esos años 90 y el impacto y relevancia que los mismos tienen, tengan o hayan podido tener sobre el ciudadano común. Pero he de advertir que la novela no se agota en estos dos temas. Quien la lea verá también en ella una historia de relaciones amorosas, de traiciones, de amistad, de desarrollo personal del narrador-protagonista a quien vemos crecer y espabilar ante nuestra vista.
¤ Denuncia política
En esta segunda entrega de "El día del Watusi" la denuncia política es más directa, más clara y explícita que en la primera. Aparecen con nombre y apellidos algunos importantes actores del panorama político nacional como Jordi Pujol o Adolfo Suárez. De estos dos y de otros, explícitas sus identidades unas veces o simplemente insinuadas en otras, se denuncia su actuación y se parodia su actmanera capciosa y engolada de hablar. He aquí algunos ejemplos:
[...] "del automóvil se apeó un señor pequeño que daba consejos sin parar a un corro faldero que le perseguía y jaleaba cada una de sus intrincadas frases. [...] El señor bajito de vio en la necesidad de hablarle al mayordomo octogenario. Cerró los ojos un instante, los párpados contritos por el peso de las obligaciones trascendentes [...]
- Yo, creerme que hay que pagar, no me lo he creído nunca, amigo criado. Debo insistirle no obstante, no obstante, que Cataluña no puede permitir un trato semejante en tan dolorosas circunstancias, circunstancias difíciles para todos, como ya anuncvié en su día, hoy. Y sepa usted, le insisto, insisto en este punto porque me parece de importancia para Cataluña, que a Cataluña le insulta el trato despectivo, secular, milenario, cósmico, infinito, que usted inflige a Cataluña. Dígale a quien corresponda, que Cataluña se distingue no sólo por su sensatez, sino también por su empuje, su rabia, su coraje. Cataluña. Y dígale que si Cataluña ha venido aquí hoy ha sido por respeto y porque yo dirijo y no dirijo Banca Catalana y Cataluña." [...] (págs. 687-688) 

Llama poderosamente mi atención la capacidad de análisis y la visualización del devenir político que el novelista tenía en 2002, año de aparición del relato completo. Si no, véase como presenta el "problema catalán". Cualquiera diría que ha sido escrito ayer mismo:
"El problema catalán. Esto puede alcanzar el punto de ebullición en cualquier momento. Y ya me dirás tú quién dialoga con ellos. Ya has visto a Pujol en el entierro. Al dejar el banco, dejó un boquete en las cuentas como la diosa de las Marianas. No creo que llegue a nada, pero sin duda tiene un tirón coyuntural. La gente le quiere. Y sus primos, los socialistas, que son todos primos. Y los comunistas. La futura clase política, si se llega a firmar, es de esta ciudad. Son una castaña. Si no sale uno, saldrá otro." (pág. 696)
¤ Paso del tiempo
El paso del tiempo, ver cómo todo "Con el tiempo se va" -como dice la canción de Leo Ferré- o queda en la memoria popular, es el meollo de esta novela. Hay una lucha juventud - ancianidad patente en los emparejamientos Tina - Tomás y en el de Fernando - Guillermo. En  las dos canciones que respectivamente cada uno de ellos escucha -Fernando, la de "El Watusi";  Ballesta, el jefe de Fernando Atienza, la titulada "El tiempo se va" de Leo Ferré-  están algunas de las claves del relato. En la de Leo Ferré, entre las pesimistas frases de pérdida de todo: de la vida, del amor, de la amistad..., está la que da título a esta segunda parte de "El día del WATUSI":


"Con el tiempo...
Con el tiempo todo se va
El otro al que se le daban viento y joyas,
por quien se hubiera vendido el alma por
[unos céntimos
Ante el que se arrastraba como se arrastran
[los perros 
Con el tiempo se va, todo va bien
Con el tiempo...
Con el tiempo todo se va
Se olvidan las pasiones y se olvidan las voces
que decían bajito con palabras de la gente
[pobre: 
“No vuelvas tarde, sobre todo no cojas frio”.
Con el tiempo... 
Con el tiempo todo se va, 
y uno se siente encanecido como un caballo
[agotado. 
[...]


Debido a la muerte de Franco, en poco más de dos años, todos los actores políticos y económicos españoles hubieron de posicionarse, situarse, anticiparse, eliminarse y postularse como demócratas de toda la vida para afrontar el nuevo statu quo. Francisco Casavella se centra en Barcelona (Cataluña) y muestra cómo los personajes se reubican en el nuevo contexto español que se está gestando. Leyendo esta novela se entiende por qué un escritor fantástico como es él, sin embargo no goza de los parabienes que otros, muy inferiores pero más aduladores y acríticos, reciben de los prebostes políticos de esa Comunidad. Creo que algunos de los fragmentos siguientes son muy clarificadores al respecto:
 "Tras años de pacientes relaciones sociales, don Carlos logró constituirse, no centro, pero sí referencia obligada, de un núcleo que se sentía algo rechazado por los diversos grupos nacionalista religioso, religioso sin nacionalismo, muy religioso con nacionalismo o sin él y no nacionalista y algo laico, pero más antiguo en la plaza." (pág. 361)
 "¡Pero qué oportuno es saber sacar partido de todo en el momento indicado! ¡Qué bella es la política! ¡Qué bonito es protestar, y además de esa manera tan cursi como protestan algunos,  mientras un tío tiene dos penas de muerte encima!" (pág. 632)
Sobre el camaleonismo de los seres humanos que no quieren perder las prerrogativas que siempre habían disfrutado son esclarecedores algunos momentos del relato. En especial cuando toda esta pamema de PLC (Partido Liberal Ciudadano, creado por prebostes catalanes para integrarse en la coalición de la UCD que Suárez está creando desde Madrid) no es más que una manera de evitar que el Boris antiguo (así se llamaba a Ballesta durante la dictadura franquista de la que era fiel colaborador) renazca y engulla a Guillermo Ballesta. Y otro tanto es lo que justifica las acciones de Carlos del Escudo y de Tomás del Yelmo (banqueros y potentados durante el franquismo que se están resituando en el nuevo escenario) que no quieren que en esta nueva época renazca su antigua personalidad:
"Sí, Fernando, sobre ese camposanto se clavará un cartel que diga "Ciudad Nueva" y nadie le llamará nunca más "Campo de Sangre". A lo mejor oímos a lo lejos el balido de los chivos expiatorios que vienen de las cloacas. A lo mejor tenemos que seguir echándole aceite a la gran rata de la que te hablé. La rata peluda que era como un perro ciego que era como un cerdo con púas. Ese es el precio que habrá que ir pagando. Ese es el precio que estamos pagando. El precio del enterrador y del aceite para la rata. Nadie debe saber nunca la verdad, Fernando." (pág. 634)

Y para lograr que nunca nadie sepa la Verdad, ya se ocuparán ellos, con la inestimable ayuda de periodístas corruptos de manipular el pasado y utilizarlo, unos y otros, a su favor. La reciente histora de España (estamos en 1977) se la explica así Ballesta a Fernando:
"En la zona más pútrida de esa ciudad, en sus arrabales dominados por el hambre, la injusticia, lo insalubre, la violencia, el miedo, en esas Barracas de cochambre, domina un caudillo. [...] Ese caudillo muere y los que desean que el aura de su figura se perpetúe buscan un culpable antes de enterrarlo. Los que quieren deshacer la ciudad con el pretexto de acabar con las chabolas también buscan un culpable, porque les interesa eternizar la memoria del caudillo para tener un enemigo imaginario en el que poder apoyarse. O para tomar el poder señalando siempre la estatua que corona su sepulcro y diciendo a los incautos: " ¡Mirad! ¡Cuidado! ¡Puede volver!"" (pág. 638)

3.- Metanarratividad y Estilo
Naturalmente esta novela no alcanzaría la calificación de excelente, que yo me atrevo a darle, si sólo fuese la denuncia de un comportamiento político. No, esta novela es mucho más. Esta novela es literatura en estado puro.
¤ Metanarratividad
Con la argucia del Informe escrito para ese Lector con mayúscula, el autor puede mostrar el proceso creador o de escritura como cuando le comunica decisiones narratológicas:

  • "Tina, una mano en la cadera, hace virar las listas de la cortina, agachaba el ceño sin bajar esa mirada lasciva que gusta a todo el mundo. Lector, he decidido ahorrarle el cuadro erótico: sólo diré que Tina esa tarde fue efectivamente " la otra" que había prometido simular" (pág. 667)
  • "Con esa falta de pruebas, y aunque no sea ´ste el caso, parece que esté pecando de ingenuo desde el punto de vista periodístico. También de tedioso y desaliñado desde la óptica narrativa: de nuevo estás viendo, Lector, cómo los acontecimientos se adelantan y suspendo el suspense" (pág. 505)

 Igualmente es propiamente reflexión narratológica los pensamientos que sobre la propia escritura realiza el narrador-protagonista:
  • "Uno a veces parece que se acuerde de las cosas, pero se las está inventando" (pág. 332)
  • "Vista desde su lado patético, el único eje de esta historia es mi plomiza capacidad de reiteración. Por tanto, desde este disfraz de payaso, te repetiré, Lector, que por el sótano de mis tristezas laborales pululaba un hombre que" [...] (pág. 390)
  • "Y no sé si lo que he contado que ocurrió aquella tarde, ocurrió en realidad en dos o tres o cinco días. Pero la memoria concentra los sucesos con una saña esquemática, siguiendo las líneas de una primera plantilla que ordena todos mis recuerdos en una sola jornada llena de acontecimientos." (pág. 449)
¤ Estilo
Si a algun estilo literario me recuerda esta novela -creo que así ya lo manifesté al hablar de "Los juegos feroces"- ello es al del creador de la técnica del esperpento. Los nombres que a los bancarios y elementos de la burguesía capitalista catalana pone el novelista son de traca: D. Carlos del Escudo y de la Lanza, D. Pompeyo Llansá de Tramontana y Ampurias, marqués de Tramontana, don Tomás del Yelmo y de la Torre del Homenaje, directores del Banco Comercial Ciudadano' (antigua Banca Quipaga-Mana).

Es, como se ve un humor crítico que no pasa desapercibido, voluntariamente buscado y que tiene sus referentes además de en el de las barbas de chivo en Eduardo Mendoza e incluso en el mundo de los cómics de Ibáñez. Así la muerte del Marqués de Tramontana es saludada con una manifestación sindical, también de traca por sus variopintas reivindicaciones:
"A esa algarabía era preciso añadir una manifestación del Sindicato de Payeses que, enfurecidos, solicitaban desde el otro lado de la carretera la desamortización de unas hectáreas y el amor libre"  [pág. 686]
Sigue Casavella demostrando en "Viento y joyas" su increíble manejo del idioma que le sirve para nombrar realidades nuevas y/o conocidas como la de los periodistas que aceptan dinero por publicar noticias laudatorias sobre una persona o una formación política; a estos corruptos profesionales los clasifica entre los "humanos, de la subespecie periodística, subgrupo 'sobrecogedores'". Y luego justifica la creación léxica diciendo:
Periodismo corrupto"un neologismo que echaba por tierra el terco lugar común de que nuestro amado idioma no era apto para crear una nueva palabra uniendo dos preexistentes:-Deja el automóvil en la bocacalle. Ese correveidile pidepán ya debe de estar cariacontecido- me ordenó, ejemplar, el filólogo Ballesta-: Ahora, vamos a bautizar a un sobrecogedor." (pág. 496)
Pero la personalidad literaria del escritor, la poesía que en muchos momentos emana de la novela yo he querido verla en descipciones impresionistas como ésta:
"En la abigarrada ladera de escalonados edificios sin rastro de vanidad arquitectónica, el pueblo almuerza. A través de ventanas abiertas parpadea la luz de los telediarios, silba un canario, se asoma al exiguo balcón un viejo en pijama, y en el cielo reptan nubes sobre una ciudad con quietud de monumento funerario. El deportivo amarillo, como un guarda silencioso, está muy cerca. No hay nadie más. Tina me descubre algunos episodios de su azarosa vida, mientras yo la escuchó siendo presente, presente, presente." (pág. 532)
4.- Intertextualidad y Culturalismo
Si algo de verdad caracteriza el universo de Casavella es su espectacular conocimiento y asunción de cuanta literatura, antigua y moderna, se ha escrito dentro y fuera de España. Y lo mejor de ello es la naturalidad, la normal inserción de estos elementos literarios de otros autores, en el escrito propio. Algunos ejemplos:
  • Machado: "El delincuente gordo, cuando ya enfilaba su trayecto hacia mi persona, detectó a la autoridad con un sexto sentido, y se volvió a meter en el bar con la misma capacidad de disimulo que de aliño indumentario." (pág. 440)
  • Julio Verne ("Un capitán de quince años"), y Espronceda ("La canción del pirata") y otros en las infantiles imaginaciones de Fernando Atienza envueltas como en él es habitual el buen humor:"Rico y viajero, no faltaron divagaciones blancas sobre un capitán de dieciséis años: la melena al viento, canto alegre en la proa, y ya en tierra, silbo al volante de un descapotable y palmeo cariñoso la cabezota de un dogo con la lengua fuera y los ojos alegres que se ha colado en la ensoñación sin que nadie lo llamara" (pág. 343)
  • Juan Marsé de "Últimas tardes con Teresa" en los paseos con Tina a bordo del Jaguar amarillo: "Y veo a Tina babear como un lobo hambriento mientras su pañuelo aletea con furia" (pág. 532)
  • San Juan de la Cruz: "Yo sospechaba que en su noche oscura del alma, don Carlos sabía de sus incapacidades" (pág. 564)
  • Ramón María del Valle Inclán en esos gerifaltes, semejantes a los "Gerifaltes de antaño" del gallego universal. Hay un tono muy valleinclanesco, de esperpento de la época de la reina castiza, en la rijosidad y lenidad con que los gerifaltes Tomás del Yelmo, Guillermo Ballesta, Carlos del Escudo y otros acuden en Madrid a 'D'Alessandro', y antros semejantes de putas finas y caras, donde liberan sus tensiones. La corrupción de jovencitas como Tina Alarcón a las que convierten en sus hetairas es también muestra de esta ausencia total de principios.
  • El 'nouveau roman' de Alain Robbe Grillet. Casavella con su peculiar y penetrante sentido del humor denomina 'Robbe Grillet' a la joyería en la que el viejo vicioso Tomas del Yelmo adquiere sus costosos regalos para Tina. Pero así como el intento de Robbe Grillet de renovar la novela a través del objetivismo feroz no consiguió sus propósito, los obsequios de Tomás del Yelmo tampoco conseguirían el corazón ("una cadena con el corazón de oro que no tenía y unos anillos", pág. 656) de la joven Tina.
  • También, cual si de la novela "Manhattan Transfer" de John Dos Passos se tratase, Casavella introduce a veces (ver cap. 17) fragmentos periodísticos destacados en distinta tipografía dentro del cuerpo normal de la narración. Verdaderamente, al igual que New York es el auténtico personaje de la novela de Dos Passos, en "Viento y joyas" Barcelona, y en cierta medida también Madrid, son algo más que escenarios, son personajes corales. Concretamente en ese capítulo 17 se cita al "grupo Lúpulo", -clara referencia a esas asociaciones políticas que se permitieron en el tardofranquismo y primer postfranquismo-, que evoca al famoso "grupo Tácito" formado por políticos en su mayoría franquistas como Fraga, López Rodó, Óscar Alzaga, Javier Tusell y otros. Estas asociaciones fueron el germen de las formaciones de derecha AP y UCD, aunque también hubo miembros de las mismas que pasaron a engrosar partidos nacionalistas e incluso de izquierda.
Pintura social española, Transición política, Francisco García Hortelano, Francisco Casavella

Final
Veo que la entrada me ha salido más extensa de lo que preveía. No me extraña nada. Este novelista, fallecido prematuramente a los 45 años víctima de un infarto, crea unas naraciones que hacen realidad la idea de novela total preconizada, perseguida y magistralmente conseguida por un Vargas Llosa, un García Márquez, un Mújica Laínez y algunos otros escasos maestros del arte de escribir que en el mundo han sido.
Estamos ante un auténtico clásico de la comunicación literaria. Este texto de Francisco Casavella es un diálogo constante con la pasada realidad española tanto literaria como socio-política. Un diálogo desde su momento de escritura que, ahí reside la magia del artista, llega hasta nuestro Hoy enriqueciéndolo y explicándonoslo.

22 feb 2016

"EL DÍA DEL WATUSI" de Francisco Casavella: I. 'Los juegos feroces'

15 comentarios:
Ni había leído la novela, ni tampoco había oído nunca el nombre de su autor, pero hete aquí que de buenas a primeras leo en la revista "El país semanal" del pasado 6 de febrero un amplio reportaje de Javier Rodríguez Marcos titulado "Francisco Casavella, la fiesta interminable" (leerlo aquí). El tema me interesó: ¡Un escritor maldito y olvidado por haber desaparecido a los 45 años en plena fase creadora y con media docena de novelas de las que apenas nadie dice nada! Tomé nota en mi evernote y más pronto que tarde lo busqué en las bibliotecas que frecuento. Y allí estaba todo él, en especial su obra insignia, la que desde casi su primera aparición, hará de eso ahora 14 años, se encaramó al nivel de la leyenda: El día del Watusi


Los juegos feroces, Viento y joyas, El idioma imposible

"El día del Watusi" apareció publicada por primera vez el año 2002 en tres entregas por decisión, -según leo a Alberto Olmos en el diario "El Confidencial" (pinchar aquí)-, de su primer editor, Claudio lópez de Lamadrid de editorial Mondadori. La primera entrega, la de 2002, es "Los juegos feroces" y es la que yo por ahora he leído; las otras dos fueron "Viento y joyas" también en el año 2002 y "El idioma imposible" ya en 2003. Los tres ejemplares juntos se van hasta las 1184 páginas que es el tamaño que tiene el volumen que con el título que le diera su autor, "El día del Watusi", publicó en 2009 ediciones Destino. El año anterior acababa de morir víctima de un infarto el escritor con sólo 45 años y era obligado homenajear su memoria como merecía. La tercera salida de esta obra ha tenido lugar este mismo año, y ha sido de la mano de Anagrama que la ha publicado en una edición de 894 páginas. ¿Por qué una edición precisamente este año, ahora? Lo veremos a continuación


“Los juegos feroces” ("El día del Watusi" I)

Antes del mítico inicio -"El 15 de agosto de 1971 es el día más importante de mi vida. El día del Watusi. El arco que se tiende sobre la madrugada en que Pepito y yo [...]"- que abre la novela aparece un preludio, exordio, prólogo, o proemio que nos sitúa en un año preciso, 1995, y en un lugar también preciso, Barcelona. Curiosamente, estamos a 10 años de la famosa acusación "Su problema se llama 3%"  que Pascual Maragall lanzó a Jordi Pujol y que todavía hoy colea. Lo curioso es que la novela apareció tres años antes de la fecha política más famosa en Cataluña. Todo esto quiere decir que la corrupción era vox populi en España en general, en Cataluña en particular, pero también que todo se llevaba de manera soterrada porque como bien leemos entre los razonamientos que expone el enigmático personaje Javier Trueta cuando le encarga a Fernando Atienza, el que será el narrador de la novela, un informe sobre el círculo próximo de un político llamado José Felipe Neyra fallecido por infarto le dice:
"Han convencido a los ciudadanos con su auténtica mediocridad después de años de burlarles con abracadabras. Y digo ciudadanos por decir algo... Porque hoy en día , quienes cuentan a efectos electorales, los jefes, son los rústicos de los pueblos de diez mil habitantes. Y los que se aprovechan de la denuncia indiscriminada de la situación, los agoreros de turno que ven con malos ojos la corrupción, pero no que esa misma corrupción, adornada con errores e invenciones, se transforme en ventas de libritos, caché en las tertulias radiofónicas y en favores que más tarde se habrán de pagar. Dicen lo que cualquier consumidor de chatos de vino quiere oír con el resultado de una desmoralización, de la pérdida de confianza en el sistema. Como si estuvieran fusilando a la gente en las tapias de las iglesias. Como si no fuera hasta cierto punto saludable que alguien meta mano en la caja alguna vez en tiempos de prosperidad general" (pág. 25)
Corrupción política, Sociedad corrupta
La cita ha sido larga, pero muy clarificadora de la importancia de los asuntos que se dirimen en la novela que aún no hemos iniciado. ¡Y estábamos en 2002! Es alucinante observar cómo asuntos que en los 90 ya habían estallado aún hoy corretean por los suelos de los juzgados esperando que cese el aforamiento de unos u otros. Por esto hay quienes entienden que el motivo de esta tercera salida del Watusi a las librerías es un aprovechamiento (¡legítimo, naturalmente!) de la situación política por la que discurre nuestro país. 

Concluyo esta reflexión con otra cita, también muy clarificadora, que cierra este proemio. En ella un político recien salido de la cárcel o alguien que lo está sustituyendo entrega, disfrazado de rey mago, regalos a niños huérfanos en un organizado espectáculo montado para propiciar noticias positivas sobre él. Javier Trueta es quien le acompaña y Atienza, el narrador del relato, discurre lo siguiente:
"Hoy he visto cómo alguien que no era quien decía ser entregaba a huérfanos que no eran huérfanos regalos quizá vacíos: Entonces alguien que tampoco era quien decía ser me ha dicho que representaba a no se sabe quién. Ese hombre me ha encargado un trabajo sobre un personaje que no existe para que un llamado Lector calibre lo que un tonto como yo averigua acerca de hechos importantes sobre los que nadie, nunca, debe saber nada." (36)
O sea que el objeto del Informe -esto es, la novela que nos disponemos a leer- no es otro que palpar hasta qué punto las barrabasadas que la clase política estaba haciendo era captada por el ciudadano común, vamos, averiguar si el 'pueblo soberano' se entera de la tostada. Da la impresión de que se ha tardado en enterar o que, como bien se puede deducir del contenido de la primera cita ni siquiera se quería enterar. 

La parte del Informe que se presenta en esta parte primera, "Los juegos feroces" se compone de 29 secuencias en las que Fernando Atienza se retrotrae desde el 1995 del prólogo a la fecha del 15 de agosto de 1971 en que le sucedieron una serie de hechos en compañía de su amigo gitano Pepito el Yeyé. Es un recorrido por las cloacas de la Barcelona de los setenta donde reina la mafia, la prostitución, los raptos, asesinatos, etc., etc. Toda esta inmundicia está vista y contada por un niño de 13 años que aspira a imitar a sus héroes como el llamado Watusi al que todos temen, pero pocos conocen. 

Al ser dos niños los protagonistas de estos juegos feroces el relato me ha llevado con frecuencia a pensar en la literatura picaresca española... Me mueve a ello la narración en primera persona, las frecuentes apelaciones a ese Lector con mayúscula al que se dirige el escrito y que recuerda al Vuestra Merced a quien Lazaro de Tormes adulto escribe recordando su vida de cuando niño, adolescente y finalmente hombre casado.  

Juan García Hortelano, Eduardo Mendoza, Juan MarséDe igual manera la crítica social que se va viendo a lo largo del relato, en especial en esa diferenciación que se hace entre la "montaña de los ricos" y la del Tibidabo donde ellos, los depauperados, sobrevivían me ha recordado muchísimo la novela de Juan Marsé "Últimas tardes con Teresa" (leer reseña de esta novela aquí). A este respecto he de decir que algún personaje de Casavella, como el Superman, tiene claras hechuras del Pijoaparte de Marsé. Así mismo las surrealistas acciones que realizan los seres de la novela me ha hecho relacionarlos con los surrealistas adolescentes de la "Gramática parda" de Juan García Hortelano, autor con el que Francisco Casavella compartía muchas cosas además de los apellidos pues en realidad el novelista de "El día del Watusi" se llamaba Francisco García Hortelano. Tampoco se puede dejar de señalar entre las semejanzas o influencias la coincidencia o gran parecido que estos dos pequeños investigadores, Fernando el Apache y Pepito el Yeyé, guardan con el protagonista innominado y su amigo Pepito Purulencias de "El laberinto de las aceitunas" de Eduardo Mendoza.

En Francisco Casavella, como bien se deduce de las analogías literarias señaladas antes, había un gran conocimiento literario que no se queda sólo en sus muchas lecturas, sino que -y esto es lo más importante- se refleja en un estilo personalísimo que se cuestiona a sí mismo en el decurso de la propia escritura. Así en un momento dado, en que el narrador va a dar un giro respecto a uno de los personajes, reflexiona en voz alta mostrando el peso que el Cine tiene sobre su propia narración
"Al estudiar la conducta de un cabronazo del engaño, de un mentiroso, no compulsivo, como yo había creído hasta entonces que era el Yeyé, sino metódico, al seguir la línea de puntos de un artista de la fuga y del último recurso, la actitud adecuada consiste en no profesar ni desprecio, ni ese morboso masoquismo que ciertas películas nos han inculcado sobre la clase criminal, la 'crook story', el cuento chino..." (pág. 250)
Pero es casi al final de esta primera entrega de la enorme novela cuando he hallado la principal cavilación sobre el propio quehacer del autor de un escrito:
"El Lector habrá comprobado que mi relato de ese día del Watusi ha sido minucioso. Supongo que habrá puesto en duda más de una vez que cada palabra, cada movimiento y cada gesto fueran los mismos que se emitieron al aire húmedo de ese segmento limitado por la indolencia del Hombre, a esas horas, en esa fecha. Reconozco que a veces he mantenido una mirada, cómo decirlo, bifocal, sobre algunas deduciones y no he adelantado acontecimientos que no me convenía mostrar. Pero no sólo no he mentido, sino que [...]" (pág. 286)
Voyeurismo, desnudez femenina, pintura
Acteón convertido en ciervo (Francesco Mazzola "Parmigianino")
Al ser un Informe construído 24 años después de los hechos que se reconstruyen el narrador viaja hacia adelante anticipando sucesos (flash forward) que sucederían años después del momento  que propicia la evocación. De este manera, estando los dos chiquillos buscando al Watusi en una casa de putas vacía, el dibujo de un hombre con cara de ciervo, unos perros y unas mujeres que Fernando ve en una de las puertas le lleva a la evocación de un hecho futuro que le sucederá contemplando el cuadro del Parmigianino "El baño de Diana". Esta digresión, este abandono de la linealidad temporal provoca que cuando la retome pida perdón por "la fugaz contemplación plástica que ha propiciado este dudoso salto en el tiempo" (pp. 205-207).

Es una obra en la que la literatura -la forma literaria- estalla por doquier con frases muy potentes en algunas descripciones, como la de la joven prostituta ("felatriz", la denomina el narrador): "Samanta se desesperezaba con un deleite por sí misma que rozaba lo epiceno" (pág. 218); y mucho más plástica aún la que hace del Paseo de las Ramblas barcelonés que en mi opinión merecería estar en las antologías del arte de escribir:
"Las Ramblas, paseo municipal por excelencia, conocían en la tregua del chubasco veraniego una frecuentación masiva de repertorio humano, que caminaba a diversa velocidad en todas direcciones. El  multicolor turismo reaparecía, el carterista tropezaba con elementos de aspecto candoroso y se disculpaba efusivamente; la cartera o el tomavistas ya en el fondo de cualquier trapería. Apoyadas en muros y entradas laterales, en puertas de cines, frontones y cabarés, las putas se exhibían y, en la brillante acera central, el quiosquero vendía su prensa, se mercadeaba con periquitos, monos, canarios, loros, tortugas y reptiles, y las floristas, esperanzadas, hacían ramos goteantes con habilidad profesional para todos aquellos, muchos y preocupados, que tenían la obligación de obsequiar a una mujer que se llamase María, pues era su festividad y las marías ni escasean, ni perdonan un descuido onomástico" (pág. 220)
o esta otra mucho más poética:  
"Reina una paz insólita en la profundidad de la angustia, el cementerio marino donde el agua habita cascos volteados de fragatas y asoman calaveras por ojos de buey" (pág. 275)
Pero para mí la mayor altura literaria la alcanza el relato -no olvidemos que los protagonistas son dos niños de apenas 13 años- cuando prácticamente ingresa en el terreno del cuento mágico maravilloso con sus tres pruebas características precisas para poder conocer una nueva revelación, las tres historias que un enigmático ser les cuenta, las tres casas que un padre había edificado para sus tres hijas, la frase que habrá de pronunciar si se encuentra en peligro insalvable.., y por si no nos hemos dado cuenta todavía, el mismo narrador nos lo aclarará cuando identifica a este cuentacuentos como la Francesa, quien nunca había estado en París,-ella era de Guadalupe-, y nos dice:
 "una mulata con acento francés hacía de bruja de cuento y te hablaba de fuerzas sobrenaturales y hostiles, y de luchas desiaguales perdidas de antemano y de la capacidad de encontrar soluciones y apoyos más allá de cualquier alcance" (pág. 254)
Todos estos elementos formales me han llevado a considerar que la prosa de Francisco Casavella entabla diálogo directo con los maestros del realismo mágico, pues al leerle no sabemos con certeza en qué plano nos estamos moviendo, si en el de la realidad pura y dura o el de la ensoñación. Quizás el novelista haya escogido esta presentación para acoger una historia que de puro real sobrepasa el criterio normalmente admitido para ello llevándonos a otro plano: el superrealismo que muchas veces denominamos, equivocadamente, surrealismo. 

Final.
Esta historia, por lo que hemos leído en ese prólogo clarificador, trata nada más y nada menos que de corrupción en el más amplio sentido de la palabra.


¿Hay algo más actual que esto en nuestro momento nacional? ¿Sabemos ya por qué esta novela ha vuelto a ver la luz? 

Es evidente que los otros dos volúmenes de esta trilogía que es "El día del Watusi" caerán como fruta madura ante mis ojos con cierta rapidez pues el asunto y el estilo del escritor bien lo merecen.