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27 jul 2024

"Asesinatos, S. L.", una novela de Jack London

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«El mundo se basa en la moralidad. Sin ella perecería. Hasta en los elementos hay justicia. Destruya la moralidad y destruirá la gravitación. Las mismas piedras saldrían volando en todas direcciones. El sistema sideral sería arrojado a la inconcebilidad del caos.»

Asesinatos S. L., novela filosófica, thriller
Dice Isabel de La Senyoreta Buncle en la reseña que el año pasado hizo de esta novela que la misma no se parece en nada a lo escrito por Jack London («Asesinatos, S. L. no tiene nada que ver con lo que London nos tiene acostumbrados: animales, Alaska y aventuras.»). ¿Es así? En efecto Asesinatos S. L. poco se parece a Colmillo blanco, a El lobo de mar o a El motín del Elsinore, novelas en las que el mar, la aventura o las peripecias protagonizadas en gran medida por animales ocupan un lugar central. Sin embargo en mi opinión no está demasiado apartada de otra novela suya, Martín Eden, metafórica narración autobiográfica que no he leído pero sí que he visto la muy bella e interesante adaptación cinematográfica realizada por el italiano Pietro Marcello en 2019. 

La literatura de Jack London y el cine se han llevado siempre muy bien. Haciendo una búsqueda en Filmaffinity de las cintas basadas en obras escritas por el autor estadounidense encuentro nada menos que 44 películas fruto de versionar narraciones suyas. El espíritu de aventura, la naturaleza en libertad presente en las mismas y los valores que se asocian con la educación de los adolescentes (amistad, sinceridad, esfuerzo, amor, castigo a los insolidarios, persecución de la avaricia...) han hecho que las mismas, especialmente entre los jóvenes y la gente menuda siempre hayan sido un rotundo éxito. 

¿Asesinatos S. L. se aparta completamente de todo lo dicho hasta aquí? Pues siendo sincero y aunque corra el peligro de contradecir un poquito a Isabel de La senyoreta Buncle yo diría que no mucho. En esta novela hay aventura (los miembros de la agencia que es la empresa Asesinatos S. L. se esfuerzan por encontrar a Dragomiloff, el jefe de la misma, que por convicciones morales y sentido ético ha aceptado hasta su propio asesinato; también aparece el mar dentro de la misma, nada menos que en torno a las islas Hawai donde el color local se funde armoniosamente con fenómenos naturales que suceden en los océanos; y en cuanto a los valores que suelen impregnar las obras de London el amor entre Grunya y Winter Hall tiene su cuota, así como la amistad a prueba de bomba de todos los integrantes de la agencia entre sí y el tremendo sentido ético que todos y cada uno tiene para cumplir aquello que han acordado y/o contratado.

¿Entonces Asesinatos S. L., dentro de la producción literaria de Jack London, es más de lo mismo? Claro que no. Aquí hay, junto a lo ya señalado, un debate filosófico de lo más interesante entre individualidad y sociedad. La pregunta que subyace a lo largo y ancho de la novela es la siguiente: ¿es justo asesinar a alguien que hace mal a la sociedad? Y también esta otra: ¿el asesino que así obra puede proseguir su vida con sentido ético aunque la equivocada moral de la sociedad lo persiga? Es el intelecto el que se erige como centro rector de la actuación de estos hombres. Los 19 miembros que componen la agencia son seres inteligentísimos, éticos y de un tremendo comportamiento moral. Tan es así todo esto, que los asesinatos que aceptan cometer sólo los realizan tras una investigación profunda de la necesidad de eliminar la excrecencia social que es ese hombre, bien sea un policía como McDuffy con quien se inicia la novela, bien sea un ser corrupto y explotador como Burgess, el rey de los ferrocarriles. 

Junto a las disquisiciones filosóficas que aparecen en la novela, para nada pesadas ni abstrusas, Jack London lanza cuestiones como la coherencia humana entre lo que se predica y lo que se hace. Así por ejemplo el personaje de Winter Hall es un socialista millonario que -esto sin saberlo previamente- ha pagado por el asesinato del padre de la mujer que ama. También es muy contradictorio que a Haussmann, un anarquista que milita en un grupo violento, la sangre le dé grima y no tenga el valor de matar a nadie.
(Los anarquistas) «eran tan poco prácticos... Soñaban, hilvanaban teorías y despotricaban contra la persecución a que la policía los tenía sometidos, pero nada más. [...] En cuanto a los seguidores de Tolstói y Kropotkin, no eran más que filósofos puramente especulativos. Ni ellos ni sus compañeros más violentos eran capaces de matar a una mosca.»
Y es que como se ve por la cita anterior la acción se sitúa en la primera década del siglo XX cuando en Rusia la Revolución está teniendo momentos de pulsión evidentes. Todo lo que allí ocurre durante esos años está siendo observado desde el exterior con precaución por unos y con pasión y admiración por otros. Jack London por su militancia socialista está entre los segundos, si bien no llegaría a ver el triunfo definitivo de la revolución en Rusia al fallecer en 1916.

Me ha gustado mucho en esta novela el enorme sentido del humor que muchas veces se desprende de la  misma. Iván Dragomiloff, creador de la empresa, y el resto de sus miembros repartidos por todo Estados Unidos son tan legales que nadie puede esperar que no cumplan con las reglas que se han autoimpuesto:
  • Primera: la muerte de la persona debe de aportar algún beneficio social y ser por ello de utilidad
  • Segunda: una vez aceptado el encargo y pagado, nadie se puede echar atrás.
  • Tercera: el asesinato tiene que ser cometido en el plazo de un año. Si no es así el dinero se devuelve al cliente con una compensación del 10%
Y si por algún imprevisto la víctima fallece por ella misma de manera natural y no puede llevarse a cabo el asesinato, la Empresa devuelve el dinero:
«Créame usted que tal como operamos nosotros, al margen de la ley, todo lo que no sea la más estricta honradez podría sernos de fatales consecuencias.»
Muestra el autor en esta novela un enorme conocimiento de la literatura, en especial de la rusa (Turgueniev. Tolstoi...) dado el contexto revolucionario mundial en que se desenvuelve la trama y a que el protagonista de la novela, Iván Dragomiloff, es un ruso exiliado en USA. La cultura de este hombre es inmensa como lo demuestra su bien surtida biblioteca:
«Allí en una incongruente intimidad, de hallaban El problema de Asia, de Mayan; Fuerza y materia, de Bruckner; Mr. Polly, de Wells; Más allá del bien y del mal, de Nietzsche; Muchos cargos, de Jacob; Teoría de la clase ociosa, de Veblen; De Epicuro a Cristo, de Hyde, y la última novela de Henry James.» (en la biblioteca que Dragomiloff tenía en Edge Moor).
Fue Jack London escritor prolífico en especial de historias cortas. Tuvo mucho éxito y publicaba cuentos en revistas de muchísima difusión. La escritura pronto le dio muy buenos réditos. Quizás por ello, aunque a veces con razón, fue acusado de plagio por otros autores. Él se defendía diciendo que se había inspirado para ese cuento o esa parte de aquella novela en alguna noticia leída en los periódicos o algo similar, pero sí que hubo páginas de algunas de sus obras -no muchas, ciertamente- idénticas a otras escritas por escritores de su época.

Novelas de aventuras, Novelas juveniles, Novelas filosóficas, Novelas de valores
httpscommons.wikimedia.orgwikiFile
JackLondon-office-1916.jpg
La gestación de Asesinatos S. L. tiene una peculiar historia. En primer lugar la idea de una Agencia de Asesinatos se la compró en 1910 Jack London al por entonces jovencísimo escritor norteamericano Sinclair Lewis. Se trataba de una empresa que aceptaba encargos para asesinar a personas malvadas o corruptas como jefes de policía, legisladores y políticos, Eso sí la organización debía constatar debidamente el merecimiento de la víctima a ser asesinado.  El mismísimo Jack London confiesa que el año que compró la idea a Sinclair Lewis desarrolló la historia en unas 20.000 palabras, pero que se atascó y la aparcó por no encontrar la manera idónea de continuarla. En ese estado quedó cuando en 1916 le sorprendió la muerte a la temprana edad de 40 años. Junto a esas 20.000 palabras el escritor dejó una serie de anotaciones en el manuscrito para esa posible continuación; asimismo su esposa, Charmian Kittredge, había dejado pergeñado antes de morir en 1955 una especie de esquema del relato. Fue con estos mimbres que en 1963 el escritor de novela negra, Robert L. Fish se encargó de culminar el relato. 

Lo dicho en el párrafo anterior sobre la escritura de la novela puede ser el motivo por el que su finalización -que, evidentemente, no voy a desvelar aquí- me ha parecido un poco brusca como si se tratase de una especie de 'deus ex machina'. Pero, en fin, este pequeño detalle no desmerece el conjunto que es Asesinatos S. L. Ahora mismo no sabría decir a quien pertenece la autoría de las fantásticas escenas de persecución, luchas y muertes que en los últimos capítulos de la narración aparecen. Desde luego están dotadas de una plasticidad y un dinamismo que tanto podrían ser autoría de London como de Fish. 

Como tantas obras de Jack London, esta novela salida de varias manos también ha sido llevada al cine. En 1969 Basil Dearden dirigió la adaptación de la novela que en España se tituló El club de los asesinos. La película fue bien recibida por el público y fue nominada en 1970 para los Globos de Oro.

Para concluir
Me ha gustado leer Asesinatos, S. L. de Jack London. Me ha hecho recordar las lecturas de aventuras leídas durante mi juventud. Quizás esto sea una de las cosas que más me ha hecho disfrutar de esta novela. El mar, las luchas entre contendientes me han parecido fantásticas. Sin lugar a dudas me reafirmo en que Jack London es uno de los grandes en la literatura de aventuras. Pero, como ya he dicho en esta reseña, este libro no sólo va por ahí; Su dirección enfila directamente hacia lo filosófico: Moralidad y Justicia, he ahí la gran pancarta que se extrae de la trama de esta novela. Unos asesinos justos. ¿Es posible tal cosa? Además en el texto se plantea hasta qué extremo de fidelidad a la palabra y a la inteligencia puede llegar el ser humano: ¿Incluso hasta la propia muerte? Son asuntos profundos desde luego.

La novela la publica Siruela dentro de una denominada Colección Escolar de Filosofía. Al respecto viene precedida de una Invitación a la lectura que ya anuncia un poco el tono de la narración; también al acabar la obra se proponen unas Actividades tras la lectura que desde luego pueden ser muy útiles en el aula. La invitación a la lectura de la obra y las actividades tras la lectura corren por cuenta de Marta Aja Cobo. Sólo he echado una rápida vista sobre ellas y me parecen muy bien traídas y muy estimulantes para los jóvenes lectores.
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Nota: Con esta novela culmino el Reto Serendipia recomienda de este año 2024. También, por fecha de su primera escritura y definitiva publicación añado el título a los correspondientes del Reto Nos gustan los clásicos propuesto por el blog Un lector indiscreto.

8 jun 2022

La edad de la ira. Novela de Nando López

20 comentarios:

«Nuestro sueldo es el mismo si lo haces bien o si lo haces mal. No hay extras más allá de tareas tan anodinas como la de corregir pruebas de selectividad, por ejemplo. Eso sí que se paga bien, pero cualquier otra iniciativa que repercuta en una mejora de la calidad de la enseñanza, como montar un grupo de teatro o una revista escolar, es algo que depende únicamente de las ganas que tú quieras ponerle. Ni medios, ni horas extra, ni compensaciones en tu horario de trabajo. Nada.»

Adolescencia, COGAM, conflictos familiares
Llego hasta esta novela siguiendo el habitual mecanismo que nos mueve a los lectores: un libro lleva a otro libro y éste a su vez remite a aquel otro que... Cerrado ya mi 'momento Rusia' derivado del terrible conflicto bélico que sucede ahorita mismo a orillas del mar Negro, parece que acabo de ingresar ("acabo" no es la palabra correcta. Mejor  sería decir "llevo una temporada") en el 'momento Adolescentes'. Y es que adolescente era el protagonista de "Paraíso" de Abdulrazak Gurnah, y adolescente también era Charles Decker, el secuestrador y asesino de "Rabia" de Stephen King. Fue precisamente un comentario que mi muy buena amiga Rosa Berros me dejó en la reseña que hice a esta novela, condenada por el propio King hace treinta años a no volver a ser reimpresa, que decidí leer "La edad de la ira" de Nando López. Rosa me recomendaba hacerlo. Lo primero que hice fue volver a pasar por la entrada que en su blog Cuéntame una historia ella la dedicó. Y con ese conocimiento más el acicate que supuso el hecho de que Juan Soto Ivars en ese programa de Cuarto Milenio, del que hablé en la reseña de Rabia, cuestionase la influencia de este título en el parricidio de Elche ocurrido el pasado mes de febrero, me puse a leer la novela que, por si os animáis, os diré que se lee en un pis pas.

La novela fue publicada por la editorial Espasa en 2011. La firmaba Fernando J. López. Digo que la firmaba porque Nando López es el nombre que figura en la nueva edición, que este mismo año 2022 ha vuelto a lanzar Espasa Calpe a rebufo del éxito que la serie televisiva que adapta la novela ha tenido. Innumerables entrevistas se han hecho al escritor a raíz de la muy buena recepción popular de esta adaptación. En una de ellas -creo que la que le hizo el diario El País- se queja de que se le siga llamando Fernando J. López; también protesta por que se le considere aún por algunos como autor de novelas juveniles dando por sentado, de manera totalmente equivocada, que las mismas pertenecen a una categoría literaria menor o poco seria.

En su primera edición, La edad de la ira quedó finalista del Premio Nadal del año 2010, siendo muy elogiada por críticos tan prestigiosos como el periodista y académico de la española Luis María Ansón. Se alzó con el Premio en esa ocasión la periodista Clara Sánchez con la novela titulada "Lo que esconde tu nombre", obra que no he leído.



 Sinopsis de la novela (proporcionada por la propia editorial)
La edad de la ira arranca cuando Marcos, un adolescente de 16 años y que acaba de comenzar primero de bachillerato, asesina a su padre viudo con una máquina de escribir, hiere gravemente a uno de sus tres hermanos con unas tijeras y causa lesiones leves a otro. La brutalidad y la falta de motivos aparentes ante este crimen empuja a Santiago, un escritor treintañero, que cursó bachillerato en el mismo instituto que Marcos, a llevar a cabo una investigación sobre las causas del crimen.


En La edad de la ira, su autor, Nando López, profesor de Lengua y Literatura de Secundaria y Bachillerato ahora en excedencia, autor teatral, novelista y conferenciante, se sumerge en la vida diaria de un ficticio IES, el Rubén Darío, el Darío para sus profesores y alumnos, donde Santi, antiguo alumno y periodista en ejercicio indaga sobre los motivos que pueden haber llevado a Marcos -si es que ha sido él el autor- a cometer tamaña salvajada: matar al padre y dejar malherido a uno de sus hermanos. ¿Por qué -se pregunta el periodista treintañero metido a investigador- un chico afable y tranquilo puede haber hecho aquello de lo que se le acusa? Esta curiosidad lleva a Santi a pedir a Sonia, jefa de estudios del Darío, permiso para hablar con cuatro o cinco profesores (luego serán algunos más) que conociesen bien a Marcos y a otros cuatro o cinco chicos, compañeros de éste. Quizás así, piensa, logrará entender lo que sucedió.

Dos tipologías de personajes, pues, son las que toca el autor. Por un lado están los docentes, un mundo variopinto, con individuos de todas las especies: los comprometidos, los pasotas, los que tienen una enorme vocación, los sin vocación alguna...
«Si no se implican, no les va nada mal. Faltan unos cuantos días por temas más o menos justificados: consultas médicas, obligaciones familiares, no sé, lo que se les ocurre, y si se tercia, se piden una baja de un par de meses para que apechugue con todo un interino. El curso pasado, uno de biología la obtuvo porque decía que le dolía mucho el hombro izquierdo. Ya ves, tres meses en su casa por el dolor de hombro..., como si para dar una clase no se pudiera emplear también la voz.[...] Saben mucho de sus materias y hasta puede que sean una eminencia en lo suyo, pero a la mayoría esto de la enseñanza no les gusta lo más mínimo. Odian la ESO y a los de la ESO. No todos son así, claro..., pero los alumnos torpes les molestan. Los vagos, les indignan. Y los indisciplinados, les superan. No sé, tú pregúntales a ellos, a ver qué te cuentan.» [palabras puestas en boca del conserje del Darío]
Por el otro lado están los alumnos, los adolescentes, individuos en plena ebullición madurativa de su personalidad, buscando y rebuscando su identidad, sin entenderse a sí mismos, con dudas de todo, rebeldes, creativos, amables, con brotes de violencia que ni ellos mismos sospechaban pudieran albergar... Son seres en quienes los sentimientos amorosos comienzan a brotar: Sandra se siente atraída por Marcos, Raúl desea a Sandra, Marcos mira con ojos tiernos a Raul, los tres forman un buen grupo de amigos que gustan de ir a la filmoteca o ver películas clásicas en casa de unos u otros. En realidad están aún en la edad de la no certeza, pueden ser objeto de manipulación por parte de cualquiera que desee aprovecharse de su ingenuidad, de su inocencia. Al tiempo, en el ambiente adolescente flota siempre una especie de tensión que puede explotar en cualquier momento.  Santi habla sobre Marcos con seis chicos entre los que además de los ya citados Raúl y Sandra están Ahmed, Adrián y su chica Meri. Estos dos últimos son algo impresentables y critican e insultan a cualquiera que esté a su alrededor. Así, pues, el autor muestra en esta media docena de alumnos tres tipos de chicos: el inmigrante que soporta insultos del machista, xenófobo y homófobo Adrián («Y tú, ¿por qué no te vas a tu puto país? Joder con el moro...»); la sumisa Meri, solidaria con su chico; el amable Ahmed; Raúl y Sandra siempre tan amorosos entre ellos... Y, naturalmente, al fondo del relato, hablando todos de él aunque él directamente no participe, Marcos.

Literatura LGTBI, literatura homosexual
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Lo más característico de esta novela es la manera elegida por el escritor para presentar la investigación. Es una manera original que le sirve para construir la narración utilizando la técnica del perspectivismo («Definitivamente, se me escapa algo de todo esto, así que me limito a seguir tomando nota de cuanto veo, confiando en que, al final de los cinco relatos prometidos, todo este barullo de ideas y de impresiones cobre algo de sentido.»). En mi opinión, aunque la idea no es mala [la novela epistolar hace lo mismo desde hace tiempo], no me parece muy verosímil del todo en este caso. Resulta que Santi pide a los profesores que le escriban lo que opinan, piensan o recuerdan sobre Marcos. Estos escritos los introduce en la novela el escritor utilizando diferente tipografía. Normalmente los está leyendo y los va entremezclando en el curso de la linealidad temporal marcada por las dos semanas que Olga, su editora, le ha dado de tiempo máximo para efectuar la investigación. 

Con las confesiones de los profesores, el autor cubre el abanico tipológico de los mismos: Álvaro es un profesor de literatura innovador, enrollado, homosexual y progresista; Íñigo, profesor de sociales, es un entregado trabajador que a cambio de nada se encarga de hacer la revista escolar; Gema, profesora de informática, confiesa su disgusto con la enseñanza, pero es una tía noble y profesional; Sonia, la jefa de estudios, es una trabajadora nata, que ama la educación y se entrega a ella con denuedo; Gerardo, el director, es un tipo estirado, tradicional, que no quiere complicaciones y al que los problemas de los alumnos le importan un pimiento; Dani, camarero homosexual del Darío, será testigo de cosas que le sucedieron a Marcos fuera del IES; Mayte, la orientadora, no puede con la enorme carga de trabajo que los recortes sufridos por la educación pública han echado sobre sus hombros; Álex, el profesor de inglés, es un simpático amigo de Álvaro con quien coincide en todo; y así. 

Quedan fuera de esta serie de confesiones escritas por alumnos y profesores dos personajes fundamentales en el relato: el propio Marcos, detenido desde el principio de la novela, de quien sólo nos llegan dos trabajos escolares en los que se percibe su incomodidad con el mundo en que vive y su determinación de dejar de simular; el otro es Eduardo, antiguo profesor del Rubén Darío, depredador sexual que acosaba a las alumnas a través de internet, las manipulaba y exigía acciones impresentables.

Como se ve toda la fauna educativa pulula por esta novela de Nando López. Al haber sido yo como el novelista, hasta hace no mucho, profesor de Lengua y Literatura en un IES, entiendo y comparto muchas de las afirmaciones que el autor disemina en su narración. No todas, por supuesto. Creo que a veces incurre en topicazos pedagógicos, quizás por el afán perseguido de atraer al lector adolescente, principal destinatario de su relato: 
  • «Me ventilo rápido temas como el de los autores medievales, ¿tú crees que a un quinceañero le interesa lo más mínimo Gonzalo de Berceo? Por favor, si eso me aburre hasta a mí..., y a cambio les pido que me escriban sobre ellos, sus vidas, su mundo» [le dice Álvaro al investigador]
  • «Me suena que el autor es Cernuda, pero no estoy seguro. Hasta esta semana no sabía que hubiera poemas como esos, la verdad. En los cursos anteriores, aparte de eso del rollo de los pastores de Garcilaso y del tío aquel pegado a una nariz gigantesca, no hemos comentado más que chorradas» [dice Raul en un momento de su confesión]
Sin embargo, y sorprendentemente, parece que a estos chicos les encantan los relatos de Raymond Carver, las novelas de Kafka, la poesía de Cavafis, de Cernuda... Evidentemente esto es el objeto de deseo de cualquier profesor de Literatura, pero es "tan corto el amor y es tan largo el olvido" que decía Neruda. Quiero decir que me parece que el escritor se pone algo estupendo y que ha perdido un tanto el contacto con la realidad cuando dice cosas como las señaladas. Pero es sólo una sensación mía, nada más.

También creo que cae en el tópico en algunas afirmaciones que hace sobre política educativa a nivel nacional (lo política y manidamente correcto, ya se sabe). Del mismo modo el maltrato de palabra por parte de algunos profesores hacia los alumnos que se señala en la novela es algo que me parece totalmente irreal no sólo hoy sino también hace once años cuando salió la primera edición de la novela:
    • «—Esos —responde Raúl con tono despectivo— con leernos el libro de texto y repetirnos todos los días lo idiotas y lo incultos que somos ya tienen suficiente.» [opina Raul sobre el profesorado]
    • «su forma de referirse a los autores homosexuales —"se refiere a Lorca llamándolo la Federica", afirmaban los chicos— e hispanoamericanos —"nos dice que vamos a estudiar textos de los panchitos"»—. [dice Sonia a propósito del expediente abierto a un profesor]
Y poco más me cabría decir de esta novela que se lee con una facilidad pasmosa y que sobre todo parece un ajuste de cuentas del autor con la enseñanza y con la sociedad en la que él creció. Hay una clara identificación de Nando López con el personaje de Marcos y con el del profesor Álvaro. Con el primero en tanto en cuanto materializa en él sus angustias adolescentes sobre su identidad sexual; y con el segundo en tanto en cuanto muestra a su través la búsqueda de la felicidad, tan difícil de encontrar,  que exige muchas veces el ejercicio de prueba y error hasta localizarla. Si creemos al autor, que últimamente ha dado a los medios un sinfín de entrevistas debido al éxito de la serie televisiva realizada sobre esta novela estrenada el pasado mes de febrero, su momento feliz más alto fue cuando conoció a Juan, su pareja desde hace 19 años. 
Además de novelista, Nando López es persona muy activa dentro del colectivo COGAM, de cuya mano participa, al cabo del año, en alguna de las conferencias impartidas por voluntarios del colectivo en institutos y colegios, a fin de dar visibilidad social a los problemas de bullying, homofobia, depresión y fracaso escolar que algunos jóvenes sienten en los centros escolares.   


A modo de cierre
En resumen, podría decirse que La edad de la ira es una historia de adolescentes en etapa de formación, desarrollo y descubrimiento, en todos los aspectos, de su identidad adulta. Se desarrolla en el contexto escolar de un IES. Se nota que el autor no es extraño al medio y que conoce el funcionamiento interno e íntimo de un Centro educativo. Está bien, aunque veo, quizás, demasiados elementos propios de la corrección política exigida actualmente. Por ahí me ha desilusionado un poco. A veces hace uso de tópicos sin cuestionárselos lo más mínimo: promiscuidad sexual en los gais, integrismo vs progresismo... No sé, creo que no se arriesga mucho el autor, simplemente se deja llevar por lo ya establecido y aceptado.  Pero es una novela que se lee muy bien, con gusto, pese a esas pequeñas cosillas que chirrían un poquito. 

He descubierto a un escritor que no conocía. Un autor no sólo de novelas sino también de obras teatrales, tanto originales como de versiones y/o adaptaciones dramáticas. Estaré atento a la cartelera teatral para ver alguna de las obras que Nando López ha escrito, versionado o adaptado al formato teatral en el que, leo, ha cosechado varios éxitos.

2 may 2020

Elena Medel. Todo lo que hay que saber sobre poesía

12 comentarios:
Los libros cuyo título pretende abarcar la totalidad de un saber nunca me han gustado. Me han recordado siempre a los recetarios tipo autoayuda o a aquellos libros dirigidos a los ‘dummies’, a los ‘torpes’, dicho sea en roman paladino, o sea, en español. La expresión “Todo lo que hay que saber…” más me parece un recurso comercial, una añagaza mercadotécnica para intentar colar con no muy buenas artes un producto y tratándose de Poesía… Pero, vaya, pese a esto y tras leerlo creo que el contenido es correcto y adaptado a su propósito literario...

La escritora
Elena Medel, Ensayo sobre Poesía, Mujeres Poetas actuales
Elena Medel es una poeta nacida en Córdoba en 1985, autora de tres libros de poemas: Mi primer bikini (2002), Tara (2006) y Chatterton (2014), por el que recibió el XXVI Premio Fundación Loewe a la Creación Joven; los tres se han publicado agrupados en 2015 en un volumen titulado "Un día negro en una casa de mentira (1998-2014)".

Luis Antonio de Villena la sitúa dentro de la Generación poética del 2000. Ella, sin oponerse a tal ubicación, prefiere ser definida por su poesía, de clara impronta feminista. Sus poemas han sido traducidos a una docena de idiomas. En 2016 fue reconocida su labor literaria con el Premio Fundación Princesa de Girona en la categoría de Artes y Letras. Actualmente dirige la editorial de poesía La Bella Varsovia y coordina el proyecto 'Cien de cien' que busca visibilizar la obra de las poetas españolas del siglo XX.

Es también autora de ensayos como El mundo mago. Cómo vivir con Antonio Machado (Ariel, 2015) y el que traigo aquí, publicado asimismo por Ariel en 2018.

El comentario
Elena Medel, con una obra consistente de creación a sus espaldas, decide en 2018 darse un respiro en su producción poética y escribir según sus propias palabras "el libro que a mí me hubiera gustado tener cuando empezaba a escribir para así resolver dudas". Ese libro es: "Todo lo que hay que saber sobre poesía"

Este libro de 316 páginas es un ameno manual sobre Poesía organizado en 50 breves capítulos. En ellos, sin irse para nada por las ramas, habla del considerado primer género literario desde sus remotos orígenes hasta las últimas y más novedosas tendencias como, por ejemplo, la Ciberpoesía y la Poesía digital. En el transcurso de este largo periplo repasa las diversas etapas históricas deteniéndose especialmente en los grandes movimientos líricos europeos y americanos. Pese a centrarse en la que podríamos denominar lírica occidental no olvida la de otras culturas como la china, japonesa o africana aunque sólo sea para dar certificado de su existencia especialmente cuando algunas de sus creaciones poemáticas, versales o estróficas han tenido relevancia cierta en Occidente (por ejemplo, los 'haikus' nipones o los versos de sólo cuatro palabras de las odas del libro chino "Shijing").

No es una obra que descubra grandes cosas a los que gustan de leer o escribir poesía. Lo central del libro es conocido por  todos. Sólo habría que reconocerle a la obra la claridad, la brevedad y la didáctica sistematización de todo lo que sobre este género literario conviene saber. Entiendo que el destinatario principal de la obra es ese estudiante de últimos cursos de Bachillerato o de Literatura de las Facultades de Letras y/o Humanidades. También creo que es una obra muy útil para los profesionales de la educación de estos mismo niveles de enseñanza, no tanto por las novedades que incorpora sino por la facilidad de la consulta y en especial por esos proemios contenidos al inicio de cada uno de los cincuenta capítulos en los que esquemáticamente muestra las cuatro o cinco fechas esenciales con los nombres y/o títulos fundamentales de aquello sobre lo que a continuación se dispone a hablar. De igual manera la frase final -casi un poema versal en sí misma- en la que sintetiza lo desarrollado en el capítulo es clarificadora por demás.

Buscándole alguna virtud más, para mí lo mejor de este ensayo es la especial atención que la autora presta a las mujeres poetas, de manera que en el repaso historicista que el manual es, junto a los grandes nombres masculinos rara es la vez que Elena Medel no incorpora nombres de poetas femeninas. A mí me ha dado a conocer no pocos nombres de mujeres que seguramente por serlo no han podido asomarse a los libros que hablan de aquello que ellas cultivaron, la Poesía. Citaré sólo algunos que en mi ignorancia -no sé si en la de otros- desconocía por completo:

    • De la Grecia clásica: Corina, Nóoside…
    • De la Occitania medieval: la trovadora María de Ventadorn
    • De nuestro flamante Siglo de Oro: Florencia Pinar, Luisa Sigea, Cristobalina Fernández de Alarcón
    • Del Romanticismo español (siglo XIX): Vicenta Maturano
    • De la Generación del 27: Margarita Ferreras o Lucia Sanchez Saornil 
    • De la Generaciónde los 50: Cecilia Dominguez Luis, Blanca Sarasua, María Victoria Atencia, María de los Reyes Fuentes, María Beneyto 
    • De la Generación beat norteamericana: Carolina Cassidy
    • En Oceania, la australiana Katleen Ruska que firma con el seudónimo aborigen Oodgero Noonuccal

Generación poética del 200
Son nombres nunca escuchados antes por mí y que no vienen a sustituir a los consagrados de siempre por su calidad, sean estos de hombres o de mujeres. Quiero decir con esto que Elena Medel no peca de militancia exclusivista de nada sino que se mueve sólo por el loable afán de visibilizar a mujeres que quedaron opacadas sólo por no lucir un nombre masculino. Únicamente un puñado de ellas se salvaron de esta discriminación hoy día inadmisible. Me estoy refiriendo a aquellas que siempre figuran en los libros de enseñanza junto a sus homólogos masculinos (Teresa de Jesús, Sor Juana Inés de la Cruz,  Rosalía de Castro, Carolina Coronado, Gloria Fuertes y alguna otra más).

Para finalizar
Como cierre de esta breve reseña quisiera citar unas palabras dichas por la propia escritora sobre su pertenencia generacional. En 2014, con motivo de la presentación de su obra reunida en un solo volumen, a preguntas del redactor de "El Norte de Castilla" edición palentina, Fernando Caballero, sobre qué caracterizaba la Generación a la que ella pertenecía contestó citando nombres de otros tantos poetas, jóvenes como ella, pero catalogados por los críticos en distintas promociones poéticas:
"Me siento muy afín a poetas como Yolanda Castaño, Antonio Lucas, Carlos Pardo o Julieta Valero, por ejemplo, pero también a Alberto Acerete, Berta García Faet, Luna Miguel o Unai Velasco. A todos ellos, de una u otra generación, los une un nuevo trabajo con el lenguaje, la conciencia de que las palabras no recrean, sino que crean."(El Norte de Castilla del 12/5/2014)

12 mar 2020

El infinito en un junco. Irene Vallejo, Premio Ojo Crítico de Narrativa 2019

23 comentarios:
Mi tía Marina falleció a los 91 años. La recuerdo diez o quince años antes de dejarnos, cuando en la calle veía niños corriendo o jugando, comentar para sus adentros pero en voz alta: "El mundo no se acaba". Exactamente esta idea, 'el mundo no se acaba' o 'la vida sigue', es la que mientras leía este ensayo narrativo de Irene Vallejo Moreu constantemente me asaltaba.


Es más, pienso que no sólo no se acaba, como en ocasiones con cierta impertinencia quienes vamos peinando canas queremos creer por eso de que después de nosotros el caos, sino que hay mucha vida después como demuestran escritores como Irene Vallejo que se mueve como pez en el agua en la difusión, promoción y divulgación de la cultura clásica. 

Yo, modestamente, me considero amante de los libros. En todos los sentidos me gustan. Me gustan por lo que dicen; me gustan, claro es, por cómo lo dicen; me gustan por su forma externa; me gustan sus portadas, sus lomos, sus guardas al agua o no; me gustan por sus títulos; me gustan... en definitiva... por todo. También me gusta verlos colocados en estudiado desorden en los expositores de las librerías o apilados en descuidado desorden, esta vez sí, en las librerías de lance. Acudir a las bibliotecas y buscar por las estanterías en los tejuelos fijados en sus lomos la signatura del volumen ansiado es actividad que frecuento. Tampoco me pierdo las ferias, fiestas y celebraciones que en torno al mismo se realizan. Desde muy temprana edad el Día del Libro, que se celebra todos los años el 23 de abril, cuando los libreros sacan sus expositores a las calles, me ha gustado. Ese día raro es el año que no adquiero algunos ejemplares aprovechando los descuentos promocionales que se realizan; además en ocasiones el gremio de libreros edita algún ejemplar sobre la lectura o regalan algún libro a los compradores. Recuerdo -¡y conservo!- con cariño difícil de explicar "¿Cómo leer un libro?" de Dolores Rico Oliver con ilustraciones del genial Antonio Mingote que hace cerca de cuarenta años regalaron a los compradores. Mi atracción por los libros me lleva a no perderme cuantas casetas librescas crecen como setas en Muestras dedicadas al libro sea antiguo, de ocasión o de todos los tiempos. Me encanta husmear por ellas, hojear algunos, voltearlos para ver sus contraportadas, examinar el índice o cotillear en las biografías de los autores...

Por lo dicho hasta aquí creo que a nadie extrañará que el libro de esta zaragozana me haya encantado. Explicaré un poquito por qué. En primerísimo lugar está la sencillez comunicativa con la que Irene Vallejo se maneja. Utiliza una exposición clara, diáfana, directa, sin alambiques; pero ello no quita para que en no pocas ocasiones utilice figuras expresivas que insuflan belleza a un texto que, en principio, podría resultar aburrido, abstruso o sólo del gusto de los muy especialistas en el mundo antiguo. Afortunadamente, y de ahí el enorme éxito popular del libro, nada de esto ocurre en "El infinito en un junco" que en manos de la autora se codea en ocasiones con la alta literatura. Hay metáforas bellísimas que llegan muy adentro: "Los primeros relatos de tu vida entraron por las caracolas de tus orejas; tus ojos aún no sabían escuchar", leemos en un momento; y en otro lugar citando a la poeta rusa Anna Ajmátova la prosa de la ensayista no va a la zaga de los versos de la poetisa:
"Un día, al enfrentarse en el espejo con su aspecto demacrado y los surcos que el sufrimiento estaba abriendo en su cara, ella recordó la imagen de las antiguas tablillas mesopotámicas. Y escribió un verso triste e inolvidable: «Ahora sé cómo traza el dolor rudas páginas cuneiformes en las mejillas»."
Fundamental en el aprecio sentido por la obra ha sido para mí el placer que proporciona viajar por Egipto, Grecia o Roma hasta hoy mismo a bordo de la prosa de Irene. La comprensión del mundo antiguo mostrado se evidencia a través de la naturalidad con que en el ensayo se equipara, por ejemplo, a un bardo del siglo VII aC con un escritor posmoderno dada la forma que tienen ambos de entender su obra como versión, nostalgia, traducción y constante reciclaje del pasado, o la evocación producida en mi cabeza del tema de los Doors, 'Riders on the storm', cuando en pirueta magnífica la escritora imagina a la anónima persona -un hombre, sin duda, dados los parámetros de la época- que ideó los signos del alfabeto:
"Él vivió en el siglo VIII a. C., hace veintinueve siglos. Cambió mi mundo" [...] "Con seguridad fue amigo de curtidos mercaderes fenicios de rostro bronceado. Seguramente bebió con ellos en las tabernas de los puertos, de noche, aspirando el olor del salitre en el aire mezclado con el humo que subía de un platillo de sepia sobre la mesa, mientras escuchaba historias de mar. Barcos cabalgando en la tormentas, olas como cordilleras, naufragios, costas extrañas, misteriosas voces de mujer en la noche."
Después de leer fragmentos como el citado anteriormente no puede extrañar que, pese a estar ante un ensayo sobre la historia de los libros desde su primera aparición hasta nuestros días, el programa cultural radiofónico de RNE el Ojo Crítico le haya concedido el Premio Ojo Crítico de Narrativa 2019. Naturalmente que es oportuna la concesión porque hay mucho de narración en la obra que reflexiona en hermosa metáfora sobre juncos [los papiros egipcios se fabricaban con juncos que crecían en el delta del Nilo] capaces de albergar el infinito en ellos. Realiza la autora una hibridación entre géneros construyendo un ensayo que se mueve en la frontera entre la pura exposición personal, aguda y original sobre el asunto y la construcción de un relato que le sirve para ahormar la inmensidad de materiales que con soltura, gracia y conocimiento maneja.

 Ese sinfín de sabiduría la vierte Irene Vallejo en su ensayo de manera estudiada, avanzando y retrocediendo en el tiempo desde el lejano pasado hasta hoy mismo pero también efectuando paralelismos al estilo de los autores clásicos entre el tratamiento dado a unos mismos asuntos en Grecia y en Roma, o entre la manera de trabajar en la biblioteca de Alejandría y en la de Pérgamo, o la actitud tenida ante el objeto libro por los romanos paganos y los cristianos perseguidos por sus creencias, etc. Todo, como ya he dicho, comparándolo las más de las veces con actitudes actuales, con objetos usuales entre nosotros, con argumentos presentes en prestigiosas obras literarias de los últimos siglos ("El lector" de Bernhard Schlink, la novela negra de Ruth Rendell "Un juicio de piedra", la novela del escritor nigeriano Chinua Achebe "Me alegraría de otra muerte", "El país de las últimas cosas" y "La invención de la soledad" de Paul Auster, "Finnegan’s Wake" de Joyce, "Mientras agonizo" de Faulkner,... y tantos y tantos otros).

Es así mismo evidente que la autora de "El infinito en un junco" además de ser experta en literatura de todas las épocas es amante del Cine, género artístico que bebe en grandes creaciones literarias. Leyendo este ensayo son abundantes los títulos de películas ("Taxi Driver" y "Gangs of New York" de Martin Scorsese, "¡Qué bello es vivir!" de Frank Capra, "Matar a un ruiseñor" de Robert Mulligan, "84, Charing Cross Road" -"La carta final" en España- de David Hugh, "La mujer de al lado" de François Truffaut,.. y tantas y tantas otras más).

Cuando la escritora trata de hacernos ver cómo la tradición clásica presente en los libros clásicos llega hasta las manifestaciones artísticas más novedosas no duda en afirmar que Cada nueva forma de expresión —la publicidad, el manga, el rap, los vídeojuegos— los adopta y los realoja.[…] de manera que continúan subiendo a los escenarios de los teatros mundiales, son adaptados al lenguaje del cine y emitidos por televisión. Y es que afirma
"Desde Grecia y Roma no dejamos de reciclar nuestros signos, nuestras ideas, nuestras revoluciones. Los tres filósofos de la sospecha -Nietzsche en la metafísica, Freud en la ética y Marx en la política- partieron del estudio de los antiguos para realizar el giro a la modernidad. Incluso la creación más innovadora contiene, entre otras cosas, fragmentos y despojos de ideas anteriores."
Para mí, aparte del magnífico recorrido que junto a Irene Vallejo realizamos por las bibliotecas de Alejandría, de Pérgamo, de Roma, la obra es más que interesante por el enorme número de anécdotas que contiene referidas a multitud de vicisitudes vividas por autores de muchos de los libros que nombra (Homero, Platón, Aristóteles, Erastótenes, Calímaco, Plauto, Julio César, Cicerón, Aristófanes, Tucídides, el poeta bilbilitano Marcial, Safo de Lesbos, Eurípides, Esquilo, el cordobés Séneca, etc., etc.). El listado de escritores es larguísimo. Baste con estos nombres. Sólo decir que la gracia con que se cuentan y la oportunidad de su inserción en el relato son elementos fundamentales para lograr el placer que la lectura de este ensayo produce. No pocas veces durante la lectura la sonrisa se dibujaba en mi rostro. No cabe otra respuesta anímica cuando se lee que En el siglo I, el humorista Marcial se quejaba: -"Mis páginas sólo gustan gratis", o cuando leemos que en un claro guiño al lector -al público, en su caso- Plauto dice: "Un griego escribió esto, y Plauto lo barbarizó". Desde luego qué inmensa actualidad tiene esta frase, qué cerca nos sentimos del comediógrafo desde el hoy del corta y pega.

Alberto Manguel, Umberto Eco, Jorge Carrión, "Una historia de la lectura", El nombre de la rosa", "Librerías"
El libro que acabo de leer pertenece, como ya he dicho, a esa saga de libros que hablan de libros. En ese hilo hay que situar a "El infinito en un junco". La misma Irene cita y declara su gratitud a obras importantísimas en este campo como "Una historia de la lectura" del argentino-canadiense Alberto Manguel publicada por vez primera en inglés en 1996, traducida al español por José Luis López Muñoz en 1998, y que yo leí con enorme gusto allá por 2003 ó 2004. Constantemente durante la lectura de "El infinito en un junco" recordaba esta estupenda obra de Manguel. También, especialmente, en los capítulos de la IIª parte dedicados a Roma, al hablar del número de bibliotecas que había en la ciudad la autora cita el impresionante libro del español Jorge Carrión titulado "Librerías" [en su momento hice reseña del mismo en este blog] que como ya le está ocurriendo al de Irene Vallejo tuvo -y sigue teniendo- una difusión enorme habiendo sido traducido a la mayoría de lenguas de nuestro entorno
"En su imprescindible ensayo —y ruta de viajes bibliófilos—, Jorge Carrión escribe que el diálogo entre las colecciones privadas y las colecciones públicas, entre la librería y la biblioteca, es tan viejo como la civilización; pero la balanza histórica siempre se inclina por la segunda
En otro momento, también de esta IIª parte titulada "Los caminos de Roma", en concreto cuando la autora se lamenta de la persecución inmisericorde que el objeto libro ha sufrido a manos de dictadores, censores, revolucionarios obtusos o lerdos inquisidores, vuelve al escritor catalán para señalar una de tantas paradojas que han acompañado a la cultura a lo largo de todos los tiempos:
"Como escribe Jorge Carrión, quienes diseñaron los mayores sistemas de control, represión y ejecución del mundo contemporáneo, quienes demostraron ser los más eficientes censores de libros, eran también estudiosos de la cultura, escritores, grandes lectores."
Por último en este sentirse formando parte de un tipo de obras determinado, de un subgénero ensayístico concreto, el de los libros que hablan de libros, me parecen muy relevantes las referencias constantes a otro gran bibliófilo, amante de la vida secreta de los libros. Me refiero a Umberto Eco citado en especial por "El nombre de la rosa", novela histórica culturalista que publicó en 1980, en la que homenajea a los libros, las bibliotecas que los contienen, los estudiosos de los mismos y los enigmas y conocimientos escondidos en éstos. Pero además de por esta espectacular novela también Umberto Eco es citado por su reelaboración para el mundo actual del concepto mito que él como semiólogo estudió y analizó. Respecto al objeto libro y las constantes premoniciones agoreras sobre su inexorable desaparición Irene Vallejo concluye de acuerdo con el semiólogo italiano que el libro
"Como dice Umberto Eco, pertenece a la misma categoría que la cuchara, el martillo, la rueda o las tijeras. Una vez inventados, no se puede hacer nada mejor."

Para finalizar
Con inmensa satisfacción asistí a la presentación por su autora de "El infinito en un junco" el pasado día 25 de febrero en la librería Rafael Alberti de Madrid. Acompañaron a la escritora en una sala abarrotada la periodista Eva Cruz, la editora de Siruela Ofelia Grande, y la dinamizadora cultural Lola Larumbe al frente de la Librería Rafael Alberti desde al menos hace 39 años.

Por Ofelia Grande, la editora, supimos que el libro va ya por la novena edición, que además del Premio Ojo Crítico de Narrativa 2019 hacía poco que había logrado el Premio Las Librerías Recomiendan de No Ficción 2020. Fue ella quien, en mi opinión, clavó lo que en definitiva esta obra es cuando textualmente dijo que lo fundamental es que "Es un libro bonito". Parece una tontería, pero para mí no es tal. Verdaderamente este ensayo se lee con gusto no por lo mucho de novedoso que aporta que forzosamente en el campo que indaga no puede ser mucho y tampoco, quizá, por esas estupendas similitudes que establece entre el lejano pasado de los griegos arcaicos con el posmoderno cine de, por ejemplo, Quentin Tarantino, sino especialmente por lo bonito que Irene Vallejo cuenta las cosas por escrito.

Lola Larumbe, Eva Cruz, "El infinito en un junco"
La periodista Eva Cruz centró las preguntas que hizo a la escritora en tres aspectos presentes en la obra: la oralidad, la creación del alfabeto y la de una muy personal experiencia vivida por la autora en su paso por la escuela. A los tres respondió Irene con una voz que enamora a quien la escucha y que contribuye no poco al éxito alcanzado por este peculiar ensayo.

Verdaderamente tras escuchar hablar a la autora, pude concluir leyendo la obra que ella, la aragonesa nacida en 1979, estaba en cuerpo y alma en el texto que tenía en mis manos, que no había simulación ni impostación alguna, sino sinceridad y dulzura naturales emanando de cada palabra, línea, párrafo, capítulo... de su libro. Y cuando se escribe con esta sinceridad, con esta sencillez, con esta naturalidad, es evidente que se logra transmitir y que la comunicación con el lector es total. Logra Irene Vallejo hacernos cómplices de cuanto dice y por eso que a este ensayo le den un premio de Narrativa no extrañará a nadie que se acerque a él.

No puedo abandonar esta reseña en la que es difícil abarcar obra tan cargada de elementos e informaciones sin agradecer a la autora, quien por edad bien podría haber sido alumna mía en su paso por la Enseñanza Secundaria, los agradecimientos que ella a su vez realiza a un nutrido número de profesores de instituto.
Todos esos profesores de instituto que son sembradores de entusiasmo, en particular Chus Picot, Ana Buñola, Paz Hernández, David Mayor, Berta Amella, Laura Lahoz, Fernando Escanero, José Antonio Escrig, Marcos Guillén, Amaia Zubilaga, Eva Ibáñez, Cristóbal Barea, Irene Ramos, Pilar Gómez, Mercedes Ortiz, Félix Gay y José Antonio Laín.
Este sentido homenaje al profesorado de Medias en el que me siento solidariamente incluido, la autora lo realiza por los ánimos e ideas que estos profesionales amigos suyos -¡seguro!- le habrán hecho respecto al libro, pero también imagino que aunque no aparezca su nombre entre los de la cita con ella homenajea en silencio a Pilar Iranzo a la que en la primera parte del ensayo cita por su nombre tras haber dicho
"para mí, el griego empezó con voz de mujer —la voz de mi profesora de instituto—"

30 nov 2019

"Mitos griegos". María Angelidou

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"Dédalo comprendió la terrible verdad: su hijo, inconsciente y temerario como todos los jóvenes, había confiado demasiado en su propia habilidad, había querido volar más alto que los pájaros, y el sol había castigado su soberbia derritiéndole las alas para que se ahogara en el mar…”.

Mitología y Literatura
Muchos libros de mitología han pasado por mis manos. El primero que tuve y aún conservo lo recuerdo con muchísimo afecto, es el de J. Humbert que nos recomendara Manolo mi primer profesor civil de griego en el Bachillerato, los profesores de griego que había tenido los dos años anteriores de mi bachillerato de Letras habían sido curas. Es un manual que muchas veces he consultado y, seguro, que seguiré consultando. A partir de éste que me acompañó durante toda la carrera, fueron apareciendo y poblando mi biblioteca otros entre los que destacan fundamentalmente los de Robert Graves, el inglés que se vino a vivir a España, concretamente a Deia, en la isla de Mallorca, donde falleció en 1985. De él leí con fruición "La diosa blanca" y en plan libro de consulta al que vuelvo con frecuencia su "Los mitos griegos", ambos títulos publicados por Alianza editorial, en dos tomos el segundo. Ya en un sentido más amplio, tocando no sólo la mitología griega sino abarcando en su contenido también la egipcia, la hebrea e incluso la mexicana, está el libro de C. W. Ceram,"Dioses, tumbas y sabios", cuya lectura, aparte de amena, es ciertamente del máximo interés.
También, claro, amante como soy de la ficción, muchas han sido las novelas históricas que he leído, leo y leeré que tocan estos aspectos de la mitología en sus versiones griega o romana. A bote pronto y por dar sólo dos títulos recuerdo ahora mismo "Juliano, el apóstata" del que fuera senador norteamericano Gore Vidal, o la que convertida en serie abriera el camino a la serieadicción que hoy es plaga en nuestras televisiones: "Yo, Claudio" del mismísimo Robert Graves.

Carlos García Gual, Robert Graves, Literatura y mitología

De entre los autores españoles que han tocado en sus ensayos y estudios el tema de la mitología no puedo dejar de nombrar a Carlos García Gual, sin lugar a dudas el mejor difusor de la mítica grecorromana. Entre mis libros se cuentan tres suyos que, además de dar una importantísima información sobre el funcionamiento de estas leyendas en la antigüedad, se leen con muchísimo gusto. Me refiero a "Mitos, viajes y héroes" en el que junto a cinco pequeños estudios sobre mitos griegos aparece un interesantísimo prólogo en el que analiza la intensa y profunda relación entre el Mito y la Literatura proporcionando una amplia bibliografía sobre el asunto. Otro libro interesante y más divulgativo del académico de la española es "La Mitología". De este, verdadero libro de cabecera para quien quiera entender mejor aspectos importantes de la literatura, destaco estas palabras:
"El mito es un 'relato', es una narración que viene de tiempos atrás y es conocido de muchos, y aceptado y transmitido de generación en generación. […] Los mitos son 'historias de la tribu' y viven 'en el país de la memoria' comunitaria. […] El mito tiene un carácter dramático y ejemplar." (pág. 12, ed. Montesinos, 1989)
Y por último, el tercero de los de García Gual de mi biblioteca es el muy elogiado "Los orígenes de la novela", libro en el que relaciona el pensamiento mítico con la escritura o mera dicción oral de historias que contenían en su interior el simbolismo propio de los mitos. La relación, pues, entre ficción, ejemplaridad y mítica se hace evidente en estos estudios.

Mitos, Literatura y Enseñanza
Vicens Vives Mitología, colección Cucaña
Mucho debo a mi larga etapa como docente de la que -y lo digo con la máxima sinceridad- disfruté durante muchos años. Enseñar literatura comentando con los alumnos las lecturas hechas y por hacer frecuentemente nos llevaba a topar con los mitos griegos. Para entender en sus debidos términos el poema, la novela o un parlamento teatral en concreto nos era necesario reconocer el mito para así entender el sentido de la traslación literaria. Se hacía obligación recomendar un libro que sirviera para desentrañar estas dificultades, para desbrozar inconvenientes y disfrutar con el hallazgo de los significados propuestos por los autores. Era mi deber proponer un texto acorde con la edad de los destinatarios, personas en formación de entre catorce y dieciocho años. Fue aquí donde este libro vino a ocupar lugar importante.

Por pura casualidad revisando mi biblioteca vine a topar con este librito sobre mitos griegos que ya casi había olvidado. He vuelto a leerlo y me sirve para cerrar de manera más que adecuada este noviembre, el mes temático de la No Novela propuesto por Laky. Su autora es María Angelidou nacida en Nauplia (Grecia) en 1956, que realizó sus estudios en Atenas donde murió en noviembre de 2004. El librito está publicado por la editorial Vicens Vives en colaboración con Papadopoulos Publishing. Además de los catorce mitos que forman este volumen dirigido por Vicens Vives en su colección Cucaña a un público escolar adolescente, contiene ilustraciones del artista búlgaro Svetlin y al final de sus páginas una serie de actividades didácticas propuestas por Santiago Muras para facilitar el trabajo al profesor.

Libros ilustrados, La mitología para niños y jóvenes, actividades escolares con la mitología
A través de los catorce mitos presentados entendemos mejor -y puedo asegurar que también los alumnos lo comprenden de modo más sencillo- qué es eso de la caja de Pandora, cómo fue exactamente lo del caballo de Troya, por qué el rey Midas convertía en oro todo lo que tocaba, quiénes fueron Prometeo y el Minotauro, qué le sucedió a Orfeo cuando bajó a los infiernos, por qué Ícaro no obedeció a su padre Dédalo empeñándose en volar como los pájaros con unas frágiles alas de caña y cera, por qué se habla hoy en el psicoanálisis freudiano de complejo de Edipo, qué le sucedió a Dafne cuando fue perseguida por Apolo, ¿hubo también diluvio en la cultura legendaria de los griegos?, etc.

Desde luego y de cara a las próximas Navidades si pensáis en regalar a algún adolescente un librito sencillo, bello y educativo que además de proporcionarle conocimientos le fomente el amor a la lectura creo que éste puede ser una magnífica opción.



7 ene 2019

"Atrapando la luz" de Sara Mañero

21 comentarios:
Los años pasan despacio mientras se suceden los días, Inés, y sin embargo, no son más que un soplo cuando se mira atrás, casi espiando, desde un recodo del camino, ¿verdad? A mí al menos se me fueron en un suspiro, como una exhalación. Parí mis hijos mientras seguía trabajando, a Ascensión, a Dolores, a Matías, a José. En poco más de 5 años, cuatro criaturas. (pág. 309)

Conozco a Sara Mañero por haber intercambiado con ella en las redes sociales opiniones sobre libros en particular y literatura en general, pero hasta ahora no había leído ninguna de sus obras. Agradezco desde aquí la inciativa de Rosa Berrós, administradora del blog "Cuéntame una historia", de celebrar su cuarto cumpleblog con una Tertulia Literaria sobre esta novela de Sara. Y se lo agradezco porque en verdad he disfrutado mucho con su lectura por muchas razones que a continuación pretendo exponer. Pero antes de nada os diré algo sobre la autora de "Atrapando la luz".
editoriales pequeñas, editorial Verbum
Sara Mañero Rodicio es Licenciada en Filología anglogermánica y Doctora en Filología Hipánica por la Universitat de València, doctorado que alcanzó con una tesis titulada "El Arcipreste de Talavera Alfonso Martínez de Toledo". Ha realizado traducciones de obras literarias importantes ("La comedia de las equivocaciones" de Shakespeare; "Dos leyendas" de Ted Hughes; "Cuatro cuartetos" de T.S.Eliot...) así como adaptaciones teatrales. 

Su obra de creación está formada por ahora por varios relatos publicados y tres novelas: "Mientras sorprendan los días" (ed. Hades, 2015), "El sueño del árbol" (ed. Verbum, 2015) y "Atrapando la luz" (ed. Verbum, 2018).  

Además de lo anterior, que he extraído de la contraportada de la novela que acabo de leer, es evidente que Sara tiene un gran conocimiento de la historia de España, en especial del período que va de 1880 a 1940. Se evidencia este conocimiento en su segunda novela, que trata sobre la guerra de Filipinas; y también se ve con mucha claridad  en "Atrapando la luz" donde el repaso memorialista que realiza Elvira, la protagonista, comprende un amplísimo período que se extiende desde varias décadas anteriores a su nacimiento en 1889 hasta la primera década de este siglo XXI. 

Mi opinión
Diré por qué me ha satisfecho mucho la lectura de "Atrapando la luz". Todo en ella ha sido de mi agrado, desde la historia que presenta, la de una mujer que se rebela contra las imposiciones que la sociedad de su tiempo imponía a las mujeres y que desde bien joven luchó por realizarse plenamente tanto en lo personal, como madre, sin dejar de lado lo profesional, como fotógrafa reconocida; pero junto a esto lo que más me ha gustado es la forma que Sara Mañero da a su historia, utilizando una estructura no lineal, con saltos hacia atrás y hacia adelante en el tiempo, desordenada, como es normal en una anciana de 95 años que languidece en la cama aguardando la próxima y segura llegada de la marcha definitiva. Pero vayamos por partes, primero el asunto, que tal como figura en la contraportada del  mismo libro es el siguiente:

Una mujer adelantada a su tiempo, la fotografía como pasión insoslayable, las guerras del Rif como tan sólo uno de sus contrapuntos históricos… Elvira, desde la lejanía de una existencia vivida con intensidad, nos permite acompañarla en su viaje a través de un mundo cambiante. El mapa de su vida —de Dueñas a Madrid, de Madrid a Melilla, y de vuelta a Madrid— estará marcado por la rebeldía, la independencia, el dolor, la duda… y un deseo perpetuo de atrapar la luz con su cámara. “Porque no recuerdo la realidad, sino su retrato, como si la fotografía no solo fuese razón de vida, sino vida misma”, afirma la protagonista, que enfoca con su objetivo tanto los conflictos de la historia de España en que se ve inmersa, como un espacio íntimo tensionado por ilusiones y decepciones. (Sinopsis ofrecida por la propia editorial)

La historia
Nada más comenzar vemos a Inés, nieta de Elvira, interesándose por los recuerdos que esta mujer de 95 años postrada en cama pueda darle. Inés es una profesional que pasa unos días en casa de Marisa, su madre, donde languidece la abuela Elvira. A Inés le interesa todo lo que Elvira pueda contarle porque en ella ha descubierto a una mujer liberada en un contexto sociocultural difícil y bien distinto al actual. Elvira recuerda en un discontinuo ir y venir en el tiempo su lucha en casa de sus padres por poder estudiar y no quedar relegada, como les sucedía a las niñas, al exclusivo papel de cuidar de los hermanos varones, casarse y atender a los padres cuando estos llegasen a mayores. No, Elvira quiere estudiar y para ello se las ingenia como puede primero comprometiéndose a enseñar a Alfonso, su hermano pequeño, y luego inventando argucias y patrañas para poder justificar su estancia en Madrid sin resultar gravosa a la familia. Hará de la necesidad virtud y entrará a trabajar en el estudio de un fotógrafo que la contrata sólo para que la clientela  sea atendida por una cara bonita; sin embargo pronto demostrará tener iniciativa y dotes artísticas para la fotografía y empezará en ese estudio a realizar labores más profesionales.
Guerra de Melilla, Desastre del Annual, Ab del Krin, ejército español

En Madrid conoce a Gonzalo, su primer amor, que es quien la ayuda a encontrar un alojamiento y también la introduce en el mundo de la fotografía. A través de él conoce las mieles y los sinsabores del amor; a consecuencia de estos últimos y rotos definitivamente los lazos con sus padres, disgustados por la deriva de Elvira en Madrid de la que ellos eran ignorantes, opta por ir a Melilla para cubrir como fotógrafa la guerra que España en 1909 está teniendo en Marruecos por las revueltas de las tribus del Rif.

En la pensión de estudiantes donde vive en Madrid y a la que retorna a la vuelta de Marruecos es  atendida como una hija por la dueña de la pensión. Allí conoce a Juantxo, a cuyo través y por una serie de circunstancias que no es cosa de desvelar aquí, conocerá a Mateo"el Rubio" con quien se casará y tendrá seis hijos. En Madrid la vemos evolucionar como profesional reconocida codeándose  con otras mujeres liberadas, profesionales como ella: Carmen de Burgos, Concha Espina, Sofía Casanova... Las conoce y las trata en las tertulias literarias de Gómez de la Serna, de Valle Inclán, de Baroja o Azorín... en esa España viva, culta, activa, de la Edad de Plata anterior a la Guerra Civil.
Y finalmente la Guerra y el franquismo. Aquí, en este período ominoso, Elvira, que nunca ha abandonado del todo su profesión de fotógrafa pese a las enormes dificultades que el contexto sociopolítico imponía a las mujeres para su desarrollo profesional, siente temor por sus hijos que, educados en la libertad que se respiraba en el hogar, luchan contra la dictadura.

Los cabos sueltos en la narración de la anciana Elvira los buscará Inés en la localidad natal de su abuela donde encuentra a familiares de esa rama que se distanció de ella a raíz de haber sido expulsada de casa por su propio padre. Y aquí Inés encuentra a Elvira, nieta de Alfonso, su queridísimo tío abuelo, hermano de Elvira. Esta sobrina nieta recobrada irá a visitarla y la anciana Elvira entenderá que su paso por este mundo está más que cumplido pues en la joven Elvira se ve reflejada ella misma, y lo que es más importante,este encuentro le sirve para visualizar a través de sus palabras las vivencias infantiles y juveniles en el pueblo que la acompañaron siempre:
Me ha hablado de sus abuelos y yo, educada, le he preguntado por sus padres, aunque me interesara muy poco la vida de esas personas a las que no conocí. Se lo debía. Por gratitud. Por dejarme acariciar las medallas que limpiaba de niña y traerme imágenes de los dedos regordetes de mi hermano al imitarme, por permitirme recordar con su abuelo el camino hasta el chozo, sintiendo de nuevo el aire fresco en las mejillas, y seguir en el rumor de los álamos del arroyo con Marcial, por hacerme distinguir la cara amiga de Gervasio, por llevarme a pasear por Dueñas, por ayudarme a recuperar mi infancia y mi juventud.” (pág. 390)
Novelistas españolas actuales
Es una historia, en definitiva, de liberación feminista, en la que la equidad masculino-femenina (presencia/ausencia) es bien visible y en la que la protagonista elige desarrollarse profesionalmente sin renunciar a nada proveniente de su condición de mujer, pero también sin ocultar las dudas y los sacrificios que dicha elección conlleva. Así, cuando Elvira decide volver por segunda vez a Melilla y su marido Mateo, que es médico, decide acompañarla a pesar de que ella preferiría que no lo hiciese para que sus hijos quedasen a cargo del padre
No insistí. No pude. Aunque el miedo a que pudiera sucederle algo me atenazaba el pecho como ningún temor había hecho antes. Debía renunciar o aceptar su compañía. Y no quería ir, pero no podía quedarme.” (pág. 320)
 De esta historia han llamado especialmente mi atención tres aspectos:
  •  Uno obedece a cuestiones meramente personales, por ser yo natural de Salamanca y haber tenido durante mi niñez contacto con la localidad Matilla de los Caños del mismo modo que la protagonista de este relato: a través de muchachas, naturales de este pueblo muy próximo a la ciudad, que ayudaban en casa de mis abuelos y también en la mía. Este mundo hoy ya desaparecido que Sara Mañero evoca en su relato me ha interesado vivamente. 
  • Otro es la inmensa información, desconocida en gran parte por mí, que aparece en la novela sobre ese conflicto de la Guerra de Melilla que culminó en el desastre de Annual y que marcaría el futuro de España durante el siglo XX al ser los militares aquí fracasados los que en 1936 quisieron restañar las heridas recibidas en su orgullo con el Golpe Militar de infausto recuerdo. 
  • Y el tercero y más importante es el propio de la Fotografía y su evolución que la escritora presenta de manera natural según discurre la vida de esta mujer y van cambiando sus pertrechos profesionales: la cámara alemana Globus 30×40, la cámara francesa Sonido Gaumont, la Nettel, la Goerz, la Leika, etc.
Fotografía, Historia de la fotografía, fotógrafos españoles

La presentación
Creo que a la calidad indiscutible de la novela contribuye, y no poco, la manera como la escritora la presenta. Constantemente hace uso del monólogo interior y la introspección en los recuerdos de Elvira.

Me ha gustado mucho el empleo de distinta tipografía en general a lo largo de toda la novela que sirve para mostrar los distintos tiempos, el evocado y el presenta actual; pero al respecto lo que más me ha sorprendido es observar que en un mismo párrafo alternen, según sea el personaje que intervenga, las distintas tipografías.

También creo que hay que destacar el punto de humor que en no pocas ocasiones tiene el relato como cuando para revelar la pésima organización del Estado comenta que el fotógrafo Luis Marín,  funcionario durante un tiempo, pese a haberlo dejado por la fotografía seguía cobrando el sueldo.

Asimismo desde el punto de vista formal quisiera resaltar la imbricación en la novela de varios géneros. Así, a la innegable novela histórica que la misma es, se superpone en algunos momentos, por ejemplo en la relación amorosa entre Elvira y Gonzalo, un evidente tono de novela rosa
-¡Elvira! ¿Me oyes? ¡Soy yo! ¿Estás bien?
Cuando le miré supe que sí, que no podía estar mejor, que nada de lo acontecido hasta entonces tiene importancia, que la vida volví a empezar allí, entre sus brazos.
” (pág. 193)
Y como novela histórica que es, la misma incurre en algunos, no sé si intencionados o no, anacronismos. El más flagrante es, estando en 1917,  nombrar como Glorieta de Ruiz Jiménez la plaza que hay al final de la calle de San Bernardo. Tal denomincación es imposible pues no será hasta 1934 que la misma sea denominada así en homenaje al que fuera alcalde de Madrid, Ruiz Jiménez, padre del que luego sería efímero ministro de educación de Franco. Y también considero anacronismo la reflexión de Elvira, más propia de hoy día, sobre dejar a los niños al cuidado de los abuelos en el caserío vasco mientras los padres aprovechaban para solazarse viajando
De todos modos, como yo no ignoraba cuánto habría deseado ejercer en su pueblo, cerca del caserío familiar, los largos veranos llevábamos allí a los niños, con los abuelos, para librarles de los calores estivales, y nosotros acudíamos siempre que podíamos, aunque también aprovechábamos esos días de libertad para viajar sin rumbo, para capturar otras luces.” (pág. 310)
Y sobre todo me ha gustado cómo la autora a través de las palabra, cual si de una cámara fotográfica se tratase, consigue hacernos "ver" lo que esta mujer, verdadera precursora de un tiempo por venir, vivió, conoció y vio.

Para finalizar
Educación conservadora, feminismo, Sociedad patriarcal, Parravicini
La novela me ha parecido un muy buen documento sociológico de una época de España, aquella en la que las mujeres estaban sólo destinadas a casarse y atender al marido a cuya férula pasaban directamente desde la del padre. Eran seres considerados inferiores, imperfectos, indefensos si no estaban a cargo de un hombre que las protegería y atendería para en lo posible salvar la idiocia en que, se consideraba, el género femenino vivía inmersa.

Mucha información relevante y novedosa, al menos para mí, contiene este relato de Sara Mañero. No es el menor, junto al de la Guerra de Melilla, el de la educación que se impartía en España a principios del siglo XX cuando el personaje protagonista está intentado formarse. El libro que establecía las normas de conducta y de comportamiento de uno y otro género, de chicos y chicas, era el "Juanito" de Parravicini, vigente en muchos países de Europa desde 1837 en que se editó en Italia. En España se utilizó durante para enseñar a leer a los escolares al tiempo que se les inoculaban las normas de conducta que por sexos interesaba perpetuar.

Pero lo mejor sin duda ninguna es lo bien que utiliza el idioma esta novelista valenciana, lo bien que distribuye los materiales narrativos, lo bien que construye personajes dotados todos ellos de personalidad propia bien reconocible, y, en definitiva, lo que se disfruta leyendo esta historia por la autenticidad que destila y lo bien escrita que está.