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13 oct 2023

Los Zelmenianos. Novela de Moyshe Kulbak

23 comentarios:

«El gato dormitaba junto al horno. La tía guardaba silencio cuando escuchaba el consejo que le llegaba de todos lados:
—¡Que Itche vaya a trabajar en una fábrica textil!
Nunca habría creído el tío Itche que en su vejez cometerían con él semejante bajeza.
—¡Conviértete en obrero de una vez! ¡Viejo tonto! —le insistían»

Moyshe Kulbak, Los Zelmenianos
Realizar el Reto 'Autores de la A a la Z' tiene muchas ventajas. Una de ellas es la necesidad de buscar autores cuyo nombre o apellido con el que se le identifica comience por determinada letra. La 'K' es siempre complicada de cumplimentar, pues además de Kafka y algunos escritores orientales pocos más lo portan. Por esto cuando en la última Feria del Libro de Madrid me detuve en la caseta de la editorial zaragozana Xórdica y vi la novela de Moyshe Kulbak dije para mí: «lo encontré». Tomé el libro en mis manos y comencé a hojearlo. Quien atendía al público, al detectar mi interés, amablemente se dirigió a mí y me explicó la génesis de Los Zelmenianos, su primera escritura en yiddish, el malhadado destino de su autor al caer en desgracia estalinista, la ignorancia en España de este título hasta que en 2016 la editorial Xórdica la publicó en traducción de Rhoda Henelde y Jacob Abecasís directamente desde el yiddish, y otra serie de informaciones más.
Todo esto que digo me contó el vendedor; tan bien lo hizo, que me convenció y procedí a adquirir la novela. La he leído, la he disfrutado, me ha mostrado aspectos de la primera URSS que desconocía, y he transitado por tres generaciones de judíos bielorrusos a lo largo de unos setenta años. Una grata experiencia.

Los Zelmenianos es una novela de Moyshe Kulbak a la que, como digo, he llegado de carambola, casi sin proponérmelo. Sin embargo el resultado ha sido bueno pues la historia me ha parecido interesante y el estilo utilizado en ella también me ha resultado curioso. Pese a estos dos rasgos (historia y estilo) confieso que en ciertos momentos me ha supuesto cierto esfuerzo avanzar en el libro. He logrado culminarlo y ahora ya, desde la cumbre de la novela acabada, creo que la historia merece y que la peripecia vital del autor debe de ser conocida, admirada y sí, también, llorada.

En fin, estamos en la Rusia soviética que está llevando a cabo la instauración de programas de colectivización superada ya la guerra civil que siguió a la primera guerra mundial, conflicto bélico durante el cual se produjo la Revolución de 1917. En esos años de colectivización obligada por las autoridades estalinistas (1928-1933) se está realizando la verdadera revolución que romperá la unidad dentro de las comunidades. En el caso de la novela de Moyshe Kulbak la comunidad (el «patio de reb Zélmele») está radicada en Minsk y es de judíos askenazis bielorrusos dedicados a artesanías liberales (relojería, sastrería, carpintería, curtiduría...); este tal reb Zélmele levantó el patio junto a su esposa, la abuela Bashe, 70 años atrás. 
 
Lo que se nos cuenta en Los Zelmenianos es la historia de los cuatro hijos que tuvo esta pareja y la de sus nietos, los hijos de estos cuatro. Cómo los ideales de reb Zélmele cayeron empujados por un supuesto progreso que imponía el maquinismo, el Cine, la industrialización, la electricidad, el mundo fabril que iba contra el trabajo individual artesano que era lo que practicaban estos judíos (sastre, relojero, carpintero...) tenidos por esto como kuláks, pequeño-burgueses contra los que había que ir. El choque y la incomprensión se produce entre los cuatro hijos de reb Zélmele (tío Itche, tío Zishe, tío Yuda y tío Folie) y sus propios hijos y sobrinos. La manifestación de este distanciamiento, ruptura generacional entre padres e hijos viene significada en el alejamiento de la práctica religiosa de los jóvenes («bribones») respecto de sus mayores. Así Sonie y Tonke, hijas de tía Guite y tío Zishe, se emparejan y tienen hijos con gentiles, algo que sus padres y tíos no comprenden pero deberán aceptar. Incluso, una de ellas, Tonke, regresará al patio tras una larga estancia fuera de casa sola y con un bebé en sus brazos. 
La edición incorpora a manera de marcapáginas el árbol genealógico de los Zelmenianos

Hay una fuerte crítica al sistema comunista que se está imponiendo desde arriba con la aceptación forzada de los súbditos. Entrar en el Partido, hacerse funcionario de las diferentes agrupaciones socialistas comunitarias que están surgiendo es una buena cosa para sobrellevar estos súbitos cambios. Así Bere, hijo de tía Málkele y tío Itche, al volver de la guerra se hace policía y en el «patio» será la autoridad a quien consultar cuantas acciones se realicen allí. Incluso Bere, casado con Jáyele, la hija de tío Yuda y tía Hesie, se negará a ponerle el nombre judío de Zalmen a su hijo; a cambio le pondrá el nombre de Marat. La justificación que da para evitar el nombre del abuelo es ciertamente insidiosa:
 «Aún he de reflexionar sobre el nombre, pero en cualquier caso el niño no se llamará Zalmen, debido a que el abuelo reb Zélmele fue, según muchos indicios, un kúlak, un campesino rico, y además no tengo del todo claro de dónde sacó el dinero para construir el patio. Sí, realmente, ¿de dónde?» 
Sobre este abandono de la tradición y el choque padres-hijos se ve cómo al morir el tio Zishe, su yerno, Pavel Olshevski, no judío marido de Sonie, le pregunta a ésta por cuestiones religiosas demostrando su más absoluta ignorancia. Hay que recordar que este casamiento fue algo que siempre enfadó a Zishe hasta el punto de haber sido el desencadenante de su fallecimiento.
En el extremo opuesto de estos «jóvenes bribones» están los padres y tíos «juiciosos» cuya vivencia del judaísmo en sentido pleno puede verse en muchos momentos. Uno de ellos muy evidente y significativo se da cuando el tío Yuda decide abandonar el patio y prepara su equipaje:
«metió el taled y las filacterias, el violín, una libra de pan, un par de cebollas, en fin, todo lo que necesita un ser humano para emprender viaje.»

En cuanto al estilo utilizado hay que decir que en la época en que Moyshe Kulbak publica por entregas los episodios que componen Los Zelmenianos los escritores sufrían una fuerte presión para que abandonasen cualquier experimentalismo literario y se acomodasen a la línea oficial del realismo socialista. En la novela se encuentran manifestaciones de ambas tendencias, si bien predomina la del realismo socialista que poco o nada dejaba a la imaginación libre del lector. 

Experimental es la ruptura de la linealidad gráfica de un párrafo acercándolo a la formalidad propia de los metros poéticos. La finalidad claramente es la de imprimir ritmo fónico a la expresión:

«El salón está envuelto en la penumbra. Tsalke el del tío Yuda, con los codos apoyados en la mesa, fuma un cigarrillo de liar. Contempla como salen a empujones, entre risas,
      a través de
                            la puerta,
                                                los
                                                        ocho
                                                                        bribones.
»

Respecto a esta y otras innovaciones dentro de la novela hay instantes muy logrados. Así en el capítulo 16 del libro 2, y también en otras partes del libro, el autor escribe una prosa rítmica, con recursos propios de la lírica. Es una prosa que a retazos más o menos regulares repite una secuencia fónica («Noche cálida»/ «Noche oscura. Tierra negra, tejados negros, en vísperas del brote de los tonos verdes» / «La Osa Mayor, vista del revés, cuelga del cielo en el lado norte del patio»)

Algunos otros vanguardismos utiliza Moyshe Kulbak, pero, como digo, predomina la línea realista que el socialismo real imponía en arte y literatura. En este sentido, y pese a todo, también el escritor bielorruso consigue momentos de elevada belleza, aunque a veces, quizás por esa imposición estética, algo almibarada:
«En las márgenes del patio de reb Zélmele se han formado alegres regueros burbujeantes de vísperas de primavera, y sobre las paredes pasean retazos soleados. El patio se va despojando de las sucias nieves como un ave se sacude las gotas de lluvia»

Moyshe Kulbak. muestra en Los Zelmenianos su total oposición a arrancar por la fuerza las tradiciones. Él, judío askenazi como los personajes de su relato, no se opone a lo bueno del Nuevo Orden comunista, pero sí denuncia las barbaridades que en su nombre se estaban cometiendo. Ese enfrentar generaciones entre sí, hijos con padres, hermanos con hermanos sólo por razones ideológicas disgusta al escritor bielorruso. Todo esto lo expone con suma claridad en esta narración. Y por esto no fue del agrado de las autoridades, las cuales en 1937 retiraron del cartel la representación de una obra suya por, según estos funcionarios, presentar «demasiados mendigos y barbudos abandonados, y demasiados pocos proletarios».

Moyshe KulbaK, Los Zelmenianos
Retrato de Moyshe_Kulbak_1984_
Anatoly_Nalivaev (de Wikipedia)
Hasta que se produjo su caída en desgracia en ese año de 1937 su producción literaria había sido aceptada dado que mostraba las tradiciones y el folclore del pueblo judío sufriendo muchas veces bajo la opresión zarista. Sin embargo cuando en 1931 se publica en Moscú el primer libro de la novela titulado «Los Viejos» y en 1935 en Minsk el segundo de nombre «Bere», ambos escritos en yiddish o judeoalemán,​ idioma perteneciente a las comunidades judías asquenazíes tanto del centro como del este de Europa, comenzó a ser mal mirado por los mandatarios quienes en 1937 lo encarcelan, enjuician por subversivo y lo condenan a muerte. Su esposa también sufriría cárcel durante diez años. A ella, de nombre Zelda, le dirán cuando la liberen en 1946 que «Moyshe Kulbak halló la muerte en 1940 por extenuación».

Para finalizar
No quisiera cerrar esta reseña sin señalar la innegable veta humorística que aflora no pocas veces en esta novela. Así no he podido por menos que recordar la película  Tiempos modernos de Charles Chaplin cuando el tío Zishe, que era persona respetable y burguesa «se sintió empujado con todos los demás, comenzó también él a gritar algo y por un instante pasó por su imaginación que él también era un bolchevique, ¡estaba marchando detrás de la bandera roja!». Cuando es consciente de su desatino, se marcha de la manifestación a través de una callejuela lateral. Mi evocación de Charlot al frente de una manifestación obrera me hizo sonreír; más tarde, comprobando fechas, vi que la película de Chaplin apareció un año más tarde que la segunda novela de Kulbak. ¿Quién influyó a quién? Está claro.
La ingenuidad de estos judíos artesanos liberales la muestra el judío Moyshe Kulbak presentando a otro de los tíos, el tío Itche, disfrutando de manifestarse como representante de los artesanos independientes portando en sus manos un ramo de flores para entregar a un comandante del Ejército Rojo. ¿Artesanos independientes en la Rusia soviética estalinista? ¡Qué humorada!

También hay humor en la referencia metaliteraria que el propio autor hace de sí mismo poniendo en boca de Tonke un poema suyo. El propio novelista se identifica como zelmeniano, o sea, judío de los Viejos, en palabras de Tonke:

«Hay una canción de un poeta zelmeniano de nombre Kulbak, que siempre me ronda por la cabeza:
Y a los jóvenes de bronce
les asaltó entonces
la voluntad
de calmar
la ira
de los años
desperdiciados.»
Esta misma Tonke, en el libro segundo cuando vuelve al patio con un hijo sin padre en sus brazos, es requerida por la vieja esposa del bedel de la sinagoga, la tía Neje, y por Ester, la maestra de caligrafía, para que les diga el nombre del padre de su bebé. Ella se revuelve y les dice que era un buen bolchevique y además gentil. Ellas le proponen que se case con un judío para solventar la situación. ¿Por qué no con Tsalke? Al negarse ella, muchos de los del patio dicen cosas como que rezando nadie se ha quedado embarazada 
«Por rezar sus oraciones nocturnas, tío [al tío Zishe, su padre], ninguna mujer se ha quedado encinta.»
Humor y metaliteratura, una buena combinación que es fácil que pasara desapercibida para no pocos lectores.  

Muy humorístico me ha resultado el consejo que tío Yuda le da a su hijo Tsalke, tantas veces suicida quedado en el intento. Le dice que mejor que seguir siendo sólo intelectual, gran conocedor de la Torá, se hiciera bolchevique: «Si te haces bolchevique, vas por ahí con la bandera, y dices lo que hay que decir... [...] Tú eres una persona, bendito sea Dios, que maneja una pluma. Tú escribes, explicas, y entonces , ¿por qué no demostrarles que en realidad están equivocados, eh?...» Y a renglón seguido, aunque alaba que se derrocara al zar, critica que ahora, en ese preciso momento, se persiguiera todo lo judío.

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Con Los Zelmenianos de Moyshe Kulbak avanzo en la consecución de los retos "Autores de la A a la Z" y el de "Nos gustan los clásicos".


11 jul 2021

Guzel Yájina se da a conocer con esta su primera novela: Zuleijá abre los ojos

23 comentarios:

✔«Hay kulaks de sobra, así que nadie va a echar de menos a los que has perdido. Trabajarán la tierra y sembrarán trigo: medios de producción no les van a faltar, como puedes ver-añade señalando a la larga hilera de soldados que avanzan por el muelle llevando cajas llenas a rebosar de instrumentos, así como palas, sierras y hachas envueltas en trapos-. Y pronto estarán reproduciéndose como conejos.» (pág. 224)
✔«La lista de Leningrado: Algunos maestros o profesores universitarios; un obrero tipográfico; un empleado de banca; dos ingenieros, o talvez mecánicos, de una fábrica; una ama de casa; dos personas sin ocupación conocida (estos parásitos son la verdadera úlcera en el cuerpo social); y hasta una modista, que se coló quién sabe cómo en esta compañía. En definitiva, vejestorios, ancianos apolillados, polvo de la historia.» (pág 261)


Zuleijá abre los ojos

Guzel Yájina, Zuleijá abre los ojos
Así, con esta frase, abre la novela. Zuleijá acaba de despertarse y con sumo cuidado, para no romper el sueño de su marido Murtazá que duerme en la zona de hombres de la isba, coge dos láminas de manzana para ir a ofrecérselas a los espíritus del bosque (basu kapka iyase) a fin de que cuiden a sus cuatro hijas fallecidas al nacer o con escasísimos días de vida. Zuleijá tiene en el momento de iniciarse la novela los mismos años que el siglo XX, treinta. Es en 1930 cuando el padrecito Stalin ordenó la campaña de deskulaskización. "Kulaks" era el término despectivo con el que los bolcheviques designaban a los terratenientes y campesinos con propiedades. Zuleijá y su marido Murtazá pertenecen a esta clase y ven año tras año cómo la "Horda Roja" -término con que se referían a las misiones confiscatorias que, a fin de abastecer a las ciudades donde se estaban instalando industrias, regularmente visitaban sus territorios para incautarles grano o animales. Para evitar ser esquilmados los campesinos como Murtazá y Zuleijá escondían sacos de grano o conservas de carne y fruta en el bosque. Es precisamente al retornar de uno de estos ocultamientos cuando se ven sorprendidos por una expedición requisitoria bolchevique comandada por Vania Ignatov. Tras este azaroso encuentro en el bosque la vida para Zuleijá ya no volverá a ser la misma.

Zuleijá, su marido y la suegra que ella denomina la Vampira viven en Yulbash, pequeña localidad de la República Socialista Soviética Autónoma Tártara, dependiente de Kazán, ciudad que Murtazá visitaba a veces pero que Zuleijá no conoce. Y es que Zuelijá, como buena esposa musulmana, no hace más que trabajar en todo aquello que su marido le demanda tanto de índole laboral (ordeñar, acarrear leña, hacer el fuego, la comida, servir los desayunos, bañar a la suegra...) como de débito conyugal siempre a capricho del marido. Ambos, Murtazá y la Vampira, la tienen sometida. Ella no se queja pues en realidad nunca ha conocido otra cosa.

La novela distribuye su contenido en cuatro partes con títulos muy clarificadores cada una: 

I. «Pollo mojado». Así llamaba la suegra a Zuleijá al considerar que no servía para nada pues ni  siquiera había sido capaz de darle un hijo varón a su marido. En esta primera parte se nos muestra la dureza de la vida de estos campesinos tártaros en medio de una naturaleza inhóspita contra la que deben de luchar constantemente para a duras penas sobrevivir. Es el apartado en el que vemos a la protagonista del relato más inmersa en la religiosidad musulmana y en un sinfín de supersticiones que rigen su existencia.

II. «¿Adónde?» Los kulaks de Yulbash -prácticamente todos lo eran salvo uno, Mansurka, el ahora presidente del Soviet rural y antaño trabajador contratado por sus vecinos- son deportados a la taiga siberiana como método de reeducación. El viaje hasta el río Angará donde se establecerá el Campo de Trabajo es toda una aventura: primero en un tren para transportar ganado; luego en una barcaza para remontar los ríos Yeniséi y Angará. Este viaje que dura más de seis meses me ha hecho recordar otras lecturas y narraciones vistas en cine: el largo viaje en tren me ha recordado "Doctor Zhivago" -tanto la novela de Pasternak como la película de David Lean- y el ascenso por el río en la barcaza mentalmente me llevaba a "El corazón en las tinieblas" de Conrad. 
En esta segunda parte de la novela la autora demuestra un buen manejo de las técnicas de la novela clásica de aventuras: fugas de prisioneros, naufragios, salvamentos, etc. Además en este apartado al grupo de campesinos se unirán otra serie de "peligrosos" kulaks procedentes de la antigua ciudad de San Petersburgo, ahora Leningrado. Son nuevos personajes que se unen al grupo de los campesinos musulmanes procedentes de Tartaria. Entre otros se trata de Gorelov, expresidiario, el 'truhán honesto' que lidera el vagón de tren donde van Wolf Kárlovich Liebe, el médico trastornado, y Zuleijá; Iliá Petróvich Ikónikov, borracho pintor que molesta a Gorelov con sus preguntas; Konstantin Arnoldovich y su esposa Isabella, cultos representantes del viejo orden en Leningrado e instruido él en agronomía (en 1896 hizo su «tesis doctoral sobre la teoría de la alimentación con gramíneas» Uno de los nuevos personajes, perteneciente en este caso al grupo de los bolcheviques opresores y que a partir de este momento tendrá un muy importante papel en el relato es Kuznets, jefe de misiones espaciales de la GPU en Krasnoyarsk, que responsabilizará a Ignatov de la expedición.

Gulag, Koljos soviético, Taiga siberiana
III. «Vivir». Es el nombre que recibe esta parte. Estamos en los confines del mundo y los fríos están a punto de llegar. Hay que sobrevivir como sea. Los pocos que han logrado remontar con vida el Angará lucharán por construir un refugio, aprovisionarse de leña para el invierno y distribuirse tareas para procurarse alimento. Cobran importancia en esta parte Luka, un avezado pescador, y el doctor Leibe que parece haber superado su locura. Este momento que durará varios años -desde la llegada al lugar en 1930 hasta 1941 o 1942 en que se sitúa ya la cuarta parte- tiene un momento esencial en el nacimiento de Yuzuf, el hijo que Zuleija sin saberlo ella ya llevaba en su vientre cuando los bolcheviques los hicieron salir de sus casas en Yulbash y los condujeron hasta Kazán donde iniciarían el larguísimo viaje hasta el río Angará. Este niño será la razón de vivir de su madre. Por él llegará a renunciar en un momento dado del relato al amor de un hombre.

IV. «El regreso». Han pasado ya más de diez años desde que la colonia de trabajo Semruk -este es el nombre que decidieron sus habitantes ponerle- fue fundada. Ahora es una aldea de más de ochocientos habitantes pues a ella han ido llegando contingentes diversos de deportados. En un momento dado se dice que conviven en ella personas de más de diez u once procedencias étnicas (griegos, tártaros, armenios, uzbekos, chechenos, etc.). Cuando esta parte se inicia se está produciendo la Segunda Guerra Mundial y la dureza del gulag parece relajarse un poco pues con muchas precauciones se empieza a consentir que quien quiera pueda alistarse para servir en el campo de batalla a la URSS. Así lo hace el pintor artista de la colonia, Ikónikov, siempre deseoso de volver a ver su San Petersburgo y de conocer París, y también Gorelov quien así hará méritos ante sus superiores y volverá a la aldea en 1946 con el encargo de asumir nuevas responsabilidades.

Prácticamente todo en la novela de esta autora tártara, Guzel Yajiná, nacida en Kazán en 1977, me ha gustado. No es una narración difícil pues es de tipo lineal con algunos excursos en general breves para poner al lector en antecedentes de las circunstancias de alguno de los personajes. Tal es el caso de la actividad que el profesor, cirujano y ginecólogo Wolf Kárlovich Liebe ejercía en la Universidad de Kazán cuando se produjo la revolución de octubre de 1917 y la posterior guerra civil; también por uno de estos excursos nos enteramos de la amistad del propio Vania Ignatov con Mishka Bakíyev quien le encomendará la misión de transportar a los deportados hasta la localidad de Sverdlovsk. Pero salvo estos contados abandonos de la línea principal del relato, éste discurre cronológica y ordenadamente a lo largo de los dieciséis años que van de 1930 a 1946. 

Me ha gustado el modo como fluye el relato, sosegadamente, con naturalidad, sin retorcimientos formales. Es una narración en tercera persona que en ocasiones cambia a la segunda especialmente en soliloquios de Zuleijá: 
«¡Andando, Zuleijá, pollo mojado! Sabes bien que como te apartes del trineo y te quedes atrás estarás pérdida, porque allá delante, Murtazá no se percatará de ello. Y acabarás helándote en el bosque,» (p. 26). 
Muchas veces esta 2ª persona tiene la finalidad de mostrar, introduciendo el narrador el estilo indirecto libre, la afectividad del sujeto:
«Zuleijá mira disimuladamente a Murtazá, que está reparando la collera sentado en el siak. [...] Acaba de llegar de la ciudad y ya lo tienes trabajando de nuevo. Un buen marido, la verdad.» (p. 46). 
La emotividad conferida por esta persona narrativa se ve aumentada con la inclusión del dativo ético o de interés ( [Yuzuf] «lo mismo te cortaba la leña, que te enderezaba una Tapia o te reparaba el tejado»), que dice con sentido generalizador un narrador externo, o en el ofrecimiento envenenado que Kuznets hace a Vania Ignatov en un momento dado del relato: «En medio año te me convertirás en teniente».

Así mismo en el terreno formal me ha gustado mucho el manejo que la autora hace de los tiempos verbales, variándolos con maestría para así provocar un interesante efecto de proximidad o de inmersión del lector en la narración:
«Sus charlas en torno a la mesa solían ser cordiales y hasta profundas. Ignatov era consciente de que Kuznets retenía [...] todo lo que hablaban estando sobrios [...]. Pero no le importaba, porque no tenía nada que ocultar [...]. Allá Kuznets si se mantenía en tensión. si se contenía, si se cuidaba de lo que decía, si temía irse de la lengua. Él, Ignatov, se sienta a la mesa a gusto y lleno de alegría, como quien muestra su alma desnuda.» p. 391)
Y como digo, sin abusar nunca, Guzel Yajiná emplea procedimientos narrativos como el contrapunto o el perspectivismo sin jamás percibir el lector violencia estilística alguna. Hay contrapunto en la conversación mantenida por Ignatov con un marinero según remonta la barcaza el río Angará. Mientras el marinero le habla, él está en conversación consigo mismo (capítulo 'La barcaza', pp 236-237). El perspectivismo es técnica utilizada en varias ocasiones. Una de las que han llamado mi atención ha sido el relato del mismo hecho (la enfermedad de los deportados tras el Año Nuevo) desde el punto de vista de Ignatov y el de Zuleijá.

En un impresionante homenaje a la lengua de los tártaros, Guzel Yájina introduce en la novela muchos vocablos de esa lengua distinta a la rusa y que alberga una cultura que los soviéticos intentaron hacer desaparecer. Son términos como los siguientes: urmán, abystái, zhebeguian tavyk (pollo mojado), Ubyrly karcyk (Vampira), basu kapka iyase (el espíritu de la la linde), bichura, zirat iyase (espíritu del cementerio), shuralé, kosh-telé (nueces en miel), taban, siak, kyzylyk (embutido de caballo), albasty, dev y yalmavyz (demonios), Alá saklasyn,  liaujé (tapiz con frases del Corán. La que tenían Zuleijá y Murtazá decía: «Nadie puede morir sino con la venia de Alá y en el momento que Él lo haya dispuesto», p. 91), charshau (cortina o manta colgada que separa en la isba las partes que corresponden al hombre y la mujer), urmanes (bosques en Siberia), kulmek (prenda de abrigo: vestido, camisa), argamak (caballo de raza), fejishé (puta), y otros cuantos más. 

Yurta tártara, Zuleijá abre los ojos, Tartaria
Junto a estos términos provenientes de la lengua tártara el homenaje a la cultura de este pueblo al que pertenecía la abuela de la escritora, cuya peripecia vital es la que se cuenta en la novela personificada en el personaje de Zuleijá, se realiza -magníficamente en mi opinión- a través de los relatos maravillosos que ella cuenta a su hijo Yuzuf. Especialmente es muy simbólico el de Semrug, animal de leyenda, rey de los 30 pájaros, cuyo nombre mítico está en el origen del topónimo Semruk con que designan a la aldea fundada por, precisamente, treinta supervivientes del azaroso y proceloso viaje desde la lejana Kazán. A través del relato de este cuento mágico la novelista realiza un hermoso canto a la Naturaleza y al ciclo de la vida que paradójicamente encuentra en la Muerte su principio y final. En el urman, el bosque donde anida Semrug, nacen y perviven todas las creencias supersticiosas sobre espíritus que conforman el mundo de Zuleijá (los peri, espíritus con forma de mujer «tan hermosos como malvados», los azdhajá «que escupen fuego» o «la voraz giganta zhalmavyz».

Lógicamente, al ser rusos los vigilantes del contingente de cautivos, las voces de este idioma también son frecuentes especialmente aquellas referidas al proceso de sovietización dentro del cual se inscribe la historia contada: kulak (propietario agrícola contra quien iban los bolcheviques), koljos (cooperativa agrícola promovida por los soviéticos), budionovka (gorro militar usado por los bolcheviques del Ejército Rojo durante la Guerra Civil Rusa y al concluir esta), isba (típica vivienda campesina rusa),  versta (unidad de longitud rusa actualmente en desuso. Equivale a 1066,8 metros), gulag (campo de prisioneros en la URSS) y algunas otras más.

Lo mágico y lo simbólico es uno de los aspectos que más me han atraído durante la lectura. Creo que la autora presenta con acierto el mundo de magia y superstición en el que vive Zuleijá y del que poco a poco a lo largo de esos dieciséis largos años se va a ir desprendiendo. Es frecuente en ella que de pronto se le presenten de manera muy vívida pero plenamente irreal seres desaparecidos. En especial es la Vampira quien más disgustos le da a lo largo de esos terribles años. Es ella la que le echa en cara sus nuevas actitudes que poco a poco la han ido alejando del cumplimiento religioso. Afortunadamente en un momento dado Zuleijá es consciente de que quien la reconviene y contra la que ella se abraza o se abalanza no existe, es el tronco de un árbol.

Y junto al mundo mágico de Zuleijá, del que poco a poco ella irá despertando, está ese otro mundo de locura en el que durante al menos diez años ha vivido el doctor Liebe. Wolf Kárlovich Liebe creía vivir dentro de un huevo y llevar sobre él la cáscara de huevo. Este huevo le hacía pensar y al tiempo vivir en un pasado que no se correspondía con el presente que siguió a 1918 cuando en la universidad de Kazán donde daba clases vio cargas contra personas y sintió que el huevo se extendió sobre su cabeza. El huevo simboliza, pues, el mundo mental en el que vive inmerso Wolf Kárkovich. Es su locura. Ahora, cuando Zuleijá tiene los dolores de parto él ha sacado su cabeza fuera de la cáscara del huevo y ha visto la realidad de la taiga siberiana donde con otros 29 seres humanos se encuentra. A partir de este momento recobra la antigua lucidez. También él como Zuleijá abrirá los ojos y encarará con determinación la nueva realidad.

Leo hoy mismo en la prensa escrita un artículo firmado por Paolo Giordano, el autor de la exitosa "La soledad de los números primos" en el que entre otras cosas dice a propósito de una narración que a él le «gustan las historias con personajes que van de A a B, completando un arco de transformación, y que al final saben algo más de sí mismos y de la existencia». Desde luego todos los personajes que aparecen en este relato tanto los campesinos como los presos políticos provenientes de Leningrado sufren o completan el arco evolutivo al que se refiere Giordano. Y de todos ellos, evidentemente, es Zuleijá la que sufre una mayor transformación que la lleva de ser una esposa musulmana sumisa y cumplidora en todo a convertirse en una mujer libre que decide con plena conciencia su propio destino. En este sentido me atrevería a calificar esta novela de bildungsroman, habida cuenta del proceso evolutivo vivido por ella y por otros personajes -incluso los burgueses provenientes de Leningrado- para adaptarse a las nuevas circunstancias, al nuevo orden, a la nueva normalidad.

Hay en esta novela, en algunos de sus personajes, atisbos de esperanza que indican que la opresión del gulag, de los koljoses soviéticos, de la propaganda política, del realismo socialista en arte..., periclitarán en beneficio de la libertad. Especialmente tal expectativa está depositada en el joven Yuzuf del que nada diré para no machacar el interés que tiene la novela a lo largo de sus quinientas cincuentaitantas páginas. Sólo avanzaré que es el amor, la necesidad de amar y la necesidad de creer en algo, de tener proyectos o metas, lo que hará que muchos de estos seres no cedan a la tentación de bajarse del tren de la vida en marcha


Para finalizar
Literatura rusa contemporánea, revisión de la época soviética
La autora, Guzel Yájina, es, como ya he dicho en el comentario, nieta de la mujer que sufrió junto a sus vecinos la deportación a un gulag siberiano. Ella, Guzel, nació en Kazán en 1977 y con "Zuleijá abre los ojos" se ha dado a conocer en el mundo literario ruso. De padre ingeniero y de madre médica estudió Lenguas Extranjeras en la Universidad de Kazán y luego ya en Moscú se graduó en la Escuela de Cine titulándose en escritura de guiones. Su carrera como escritora se inició como guionista y con la publicación de artículos en revistas. Esta, su primera novela, la publicó en 2015. Antes de darla a la imprenta como obra literaria escribió la historia en forma de guion cinematográfico; esto, quizás,  contribuyese  a que en 2020 la novela fuese convertida en Rusia en una serie televisiva de ocho capítulos. 
La novela en sí ha recibido diversos reconocimientos en Rusia como el 'Premio Gran Libro' en 2015 o el 'Yásnaya Poliavna' ese mismo año. Fuera de Rusia, en Francia, fue incluida en 2017 entre los diez premios de la "rentrée litteraire" de la revista "Transfuge" .
En España la novela la publicó en 2019 la editorial Acantilado. La traducción, en mi opinión magnífica, ha sido realizada por Jorge Ferrer.

Nota.
He leído este título motivado por las buenas opiniones vertidas sobre ella por Rosa del blog "Cuéntame una historia" y por Laura del blog "Niu de mones". Además, esta novela la tengo elegida dentro del trío de libros seleccionados para realizar el Reto 'Serendipia Recomienda 2021'. Y por si esto fuera poco, además he de decir que no conociendo muchos escritores cuyo apellido comience por la letra Y, Guzel Yájina me ha venido de perlas para llenar la casilla correspondiente a esa letra dentro del Reto Autores de la A a la Z en el que este año también estoy participando. ¡Ah! y además en la Tertulia "más que palabras..." la tenemos como lectura del próximo mes de septiembre. 

Si, además de todos estos compromisos, la novela ha cubierto con suficiente holgura las expectativas que tenía depositadas en ella, entonces, como bien comprenderéis, miel sobre hojuelas. ¿No os parece?

16 ago 2018

Sofi Oksanen: "Las vacas de Stalin"

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“No sé comer ni follar ni beber con moderación, como hacen todas las personas, tampoco puedo cagar por culpa de mi lentísimo metabolismo, no sé dormir: o duermo solo un par de horas como las anoréxicas o me sumerjo en el sueño profundo de las bulimicas”. (Sofi Oksanen: "Las vacas de Stalin", 3ª parte)


Literatura nacionalista, Países bálticos
Dos principales motivos me han llevado a recalar en esta primera novela de Sofi Oksanen. El primero y más inmediato el viaje que hice a mediados de julio a las Repúblicas Bálticas donde, especialmente en Tallin (Estonia), nuestros cicerones constantemente insistían en la opresión sufrida por esas tres naciones durante el período que ellos denominan de ocupación soviética. Fue allí, en Tallin, donde la guía que nos enseñaba la ciudad medieval, fruto ella misma como la propia Oksanen del mestizaje entre estonia y extranjero -hija de cubano, la guía; y de finlandés, la propia escritora- citó esta novela de la autora finlandesa como ilustración magnífica para conocer las vicisitudes de la población estonia bajo el yugo soviético y durante la primera década de la independencia del país. El segundo motivo fue el magnífico recuerdo que había dejado en mí la lectura de "Purga", la tercera novela de Oksanen aparecida en 2010 y que leímos en la tertulia "más que palabras..." durante el mes de mayo del ya lejano año 2012. 

Vivimos un momento en que los desplazamientos, hacer turismo, forman parte de las actividades habituales del ser humano. Las agencias de viaje constantemente nos incitan a emprenderlos echando mano de procedimientos variados a cuál de ellos más ingenioso. Uno que desde que lo vi por vez primera llamó mi atención es la frase "El mundo es como un libro abierto, quien no viaja sólo ha leído la primera pagina".  Desde luego en esta ocasión he hecho realidad en mí dicho adagio aunque modificándolo un poco en el sentido de que mi viaje a Estonia lo completé al volver a mi casa y leer esta novela de Sofi Oksanen que con tanto afán nos recomendó Irina, nuestra estupenda guía cubano-estonia.

La escritora
Sofi Oksanen utiliza la novela "Las vacas de Stalin" para relatar de forma ficcionalizada su propia experiencia biográfica. Al ser su primera obra publicada no hay en el relato ninguna alusión a su producción literaria pero sí a los problemas personales y sociopolíticos vividos por ella misma. Muchas son las coincidencias entre la propia vida de la escritora y Anna, el personaje central del relato. Las dos son hijas de estonia y extranjero, las dos sufren de trastornos alimentarios y las dos viven negando y afirmando continuamente su pertenencia y no pertenencia a uno de los mundos en los que su vida tiene lugar sea éste el de la realidad política (la Estonia comunista versus la Finlandia capitalista) o el de su propia intimidad personal (la inteligente y aplicada muchacha que esconde su problemática relación con la comida).

Nació Sofi Oksanen en 1977 en una pequeña ciudad finlandesa del centro del país, Jyväskylä. en cuya universidad y más tarde en la de Helsinki estudia literatura. Hasta la fecha es autora de cinco novelas y de dos obras de teatro. De toda su producción fue su novela "Purga" la que la dio a conocer internacionalmente ganando con ella múltiples galardones: el Premio de Literatura del Consejo Nórdico, el Premio Femina de literatura extranjera, el Mika Waltari, el Runeberg, el Premio Europeo a la mejor Novela del Año... Esta novela fue concebida inicialmente como obra de teatro y Oksanen la escribió y representó con gran éxito en 2007 ganando con ella el Premio de Literatura del Consejo Nórdico. "Purga" presenta la lucha por la independencia de Estonia a través de dos mujeres que representan la vieja y nueva Estonia en 1992: Zara, una joven que huye de un traficante de mujeres, y Allide Truu que en 1992 malvive en una alejada zona rural y que evoca y recuerda momentos del pasado en especial durante la II Guerra Mundial cuando fueron invadidos sucesivamente por alemanes primero y por la Unión Soviética después.
Sofi Oksanen es una feminista convencida y nada convencional que se define como bisexual. Su segunda novela, "Baby Jane" (2005) es una novela sobre desórdenes de ansiedad y violencia en una pareja de lesbianas. Actualmente la escritora está casada y tiene dos hijos fruto de ese matrimonio.

Feminismo, Nacionalismo estonio, Ocupación soviética

"Las vacas de Stalin"
Aparecida en Finlandia en 2003 -en España no se publicó hasta 2008- es la primera incursión de la autora en el campo literario. Fue muy bien recibida en su país así como en el de su madre, Estonia. 

Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
La joven y bella Anna no está dispuesta a creer en las malas consecuencias de la bulimia salvaje que padece. ¿Qué puede tener de malo algo que le proporciona un placer comparable al sexo y hace que se sienta divina? Pero se ha perdido en sus obsesiones: necesita controlar su destino y no quiere repetir los errores de su madre, Katariina, que huyó desde la Estonia soviética a Finlandia, y allí, tras ocultar su identidad, tuvo a Anna de un matrimonio con un borracho que desapareció sin dejar rastro. Anna tiene grabada a fuego en su memoria una visita clandestina a Estonia para ver a su abuela Sofia, víctima del régimen estalinista. Tal vez ahí se encuentre la clave de todo.


La forma
Decía muy atinadamente Amando Carabias María, allá por el año 2013 , en la reseña que hacía de "Purga" en el blog "El Club de los 1001 Lectores"  que "una novela no es la historia que se escribe, sino cómo se escribe esa historia". Si esto siempre es verdad, no siempre es factible comprobarlo in situ. En Sofi Oksanen esta verdad se evidencia, se consolida y se eleva a categoría. 
Al igual que a Amando, cuando en mayo de 2012  leí "Purga" me sorprendió muchísimo la estructura utilizada en la misma a base de varias historias o momentos de una historia presentados en contrapunto y en desorden temporal. Bien es cierto que ese desorden temporal se aclara merced a las fechas que encabezan no pocas de las secuencias o capítulos en que se escinde la narración. 

La fractura del tiempo narrativo así como la datación del año en que suceden los hechos ya la utilizaba la escritora en ésta su primera novela. Concretamente tres son los momentos narrativos que envuelven la peripecia de las tres mujeres principales del relato: el de Anna, que viene a ser el momento actual y los 14 ó 15 años anteriores a la independencia estonia en 1992; el de Katariina , madre de Anna, y su casamiento con el finlandés Toomas que va de 1971 o así hasta el momento actual, pero centrándose en los años anteriores a 1992; y el de Sofía, esposa de Arnold y madre de Katariina, centrado en los años 40 y 50 del siglo pasado durante los cuales muchas personas como su cuñada Aino Róug, hermana de Arnold, sufren en carne propia la delación, incluso de los más próximos. En el caso de Aíno, ella, junto a su esposo Osvald y sus dos hijos, será deportada a Siberia.

Estos tres tiempos en que se escinde la narración se barajan en la novela de manera aparentemente aleatoria a través de una persona narrativa externa en 3ª que en ocasiones y sin previo aviso pasa a la 1ª e incluso a la 2ª. Quien se halla bajo esta figura narradora es en ocasiones claramente Anna, sobre todo cuando se usa la 1ª y la 2ª personas narrativas, aunque también sea ella o un híbrido autora-narradora quien maneja la distanciadora narración en 3ª persona. Así parece confesarlo en un momento de la novela la propia Anna al reflexionar sobre su falta de sinceridad absoluta con Hukka, el primero de sus sinceros amores: "estoy a salvo dentro de mí cuerpo, en alguna parte, allí en lo profundo. Alguien está a salvo allí, alguien que utiliza la primera persona cuando se refiere a sí misma." (pág 183)

La variabilidad de uso de la persona narrativa es claro en muchos momentos como el siguiente:
"Katariina le prohíbe a su prometido que le traiga regalos de Finlandia. Nada de nada. Nada de ropa. Nada de panties, nada de champú, nada de desodorante. Nada visible. Ella se las apaña en su propio país muy bien, gracias. Bueno, está bien, puedes traerme café, porque tú tomas café. No creo que eso sea demasiado pedir, ¿verdad? Como es tan caro aquí... Y sólo porque él toma café." (pág. 168 
Siguiendo con la forma me ha encantado la mezcla que en la novela se realiza entre los distintos tipos de citación. Concretamente me ha impactado ese volver del revés la manera corriente de narrar, o sea, colocando el pensamiento en estilo directo libre acotado dentro de la propia narración y no al revés como es lo habitual:
“Los zapatos de tacón de charol de Isa terminan en manos de la mujer del comandante, a cambio de más patatas. Naturalmente, son los primeros zapatos así que tienen su vida; con ellos anda como una verdadera señora -menuda cateta-; recorre el camino central del pueblo arriba y abajo varias veces al día con sus zapatos de tacón durante todo el mes de junio.” (pág. 351)
Un ejemplo de ambos procedimientos estilísticos podría verse en este fragmento:
"Pronto el sudor les bajaría por la espina dorsal en la terminal bochornosa y Anna desearía que en la aduana únicamente radiografiaran las maletas, porque si no iban a a encontrar la radio que habían traído para la abuela y su madre tendría que declararla de nuevo a la vuelta. Solo la radiografía, porfa, no abran los bolsos. La abuela está en cama y no tiene fuerzas para leer, la abuela necesita la radio, de verdad, no abran las maletas. Y la cafetera, tenemos que llevársela a Juuli, para que acepte encargarse de hacerle llegar las cartas de la abuela a mi madre." (pág. 80)
Otra característica formal muy propia de su estilo es la concisión expresiva combinando frases breves y escuetas con otras más extensas pero siempre retenidas en su formulación. La elipsis es muy utilizada por la escritora. Hay momentos en que unas pocas palabras son más que suficiente para construir todo un capítulo: "1953.  Stalín ha muerto". En un país oprimido y aterrorizado no se puede transmitir más con menos.

Stalin, Nacionalismo, Estonia

Si en el manejo de la propia narración la Oksanen se muestra como una redomada experta otro tanto cabe decir del uso que hace del vocabulario. Esta cuestión, la del léxico, tiene en la novela una gran importancia, pues no debemos obviar que el producto creado es en líneas generales un alegato a favor del pueblo estonio, una mostración de la opresión sufrida por este país bajo el yugo soviético. Y en esta revelación la identidad nacional de los estonios se asienta fundamentalmente, como claro elemento diferenciador, sobre esa lengua propia, el estonio (eesti keel), arrinconado y prohibido por los soviéticos. Por esto es frecuente en el relato que la autora-narradora utilice vocablos y frases en estonio para  identificar mejor el modo de pensar de este o aquel personaje: 'Mu Kodumaa' ('Mi Patria') canta Katariina cuando su enfado con su borracho e infiel marido finlandés alcanza niveles preocupantes; y la propia Anna cuando comienza a reconciliarse con sus orígenes estonios por parte materna echa mano de términos estonios con más frecuencia que cuando los  rechazaba ('hapukoor', nata agria estonia; 'halva' , mazapanes frescos; 'kohuke', barritas de requesón; etc.). Siguiendo con Anna, las creaciones léxicas para referirse a sus problemas alimentarios ('comemédico') o las imágenes utilizadas para referirse a su adicción bulímiconoréxica como 'mi Señor' o 'Mi Creador' por sus connotaciones semánticas son reveladoras de su inexistente predisposición para curarse y del ocultamiento de su enfermedad ante los demás.

Los personajes
Varios ya han ido apareciendo en esta reseña. Pero hay muchos más. En algún momento se podría decir que nos encontramos 'casi' ante una novela coral. Y es que la autora utiliza tres personajes para hablar de las tres generaciones a las que cada uno de ellos pertenece: la de los 40-50 de la abuela Sofía, la de los 70-90 de la madre Katariina, y la actual de Anna. Por eso los personajes son muchos, pero todos están perfectamente diseñados y dotados de una gran complejidad psicológica. Quizás los que más interesan son los que tienen relación con Anna como Hakku, su primer amor, Vilen con quien empieza a salir del pozo, el Duendecillo que queda un poco en la indefinición de su papel respecto a ella; y también Irene, su íntima amiga desde el colegio con la que emprende la peligrosa aventura de la bulimia. Pero también todo el mundo de relaciones de Katariina (su hermana Linda, la amiga Olja que le compra lo que ella trae desde Finlandia... ) y de Sofía (su marido Arnold, sus hermanos Elmer y August, el compañero de armas Richard...). Lógicamente en un contexto de familia muchos de los personajes interactúan con unos y otros personajes.

Estructuralmente la novela está organizada en tres partes de muy desigual extensión: En la primera de más de 400 páginas, asistimos a la historia de una Anna que oculta su identidad, sus orígenes, por recomendación de su madre estonia quien al vivir en Finlandia no quiere que ella o Anna sean tomadas por prostitutas estonias que era la consideración habitual que de las bellas mujeres bálticas tenían los fineses que viajaban a Tallin para consumir sexo y adquirir alcohol, los dos muy baratos allí. Esta ocultación la extiende Anna a todo y a todos. Nadie sabrá de su naturaleza étnica híbrida así como nadie conocerá de sus problemas alimentarios o de su doble vida sexual o académica. Esta ocultación sistemática la hará tremendamente infeliz y la hundirá en una tremenda soledad.

La segunda y tercera parte ocupan cada una muy pocas páginas. Si en la 1º parte Anna atisbó una esperanzadora aunque malograda salida a sus problemas a través del amor y estabilidad conseguidas con Hukka,  en la 2ª parte de la novela aparece Vilen con quien está muy a gusto y con quien pasa a la fase de hablar y manifestar su ser verdadero: “soy medio estonia y medio finlandesa”. Vilen marcha fuera por un año y ella en la 3ª parte, tras romperse toda por la terrible desnutrición que sufre, habla de alguien, el Duendecillo, que la comprende y la ayuda. Con él ya no oculta nada.  Así pues la novela es todo el proceso vital de esta joven, trasunto de la propia escritora en la consecución de la libertad propia tanto en referencias a su país cuanto a ella misma.

Los temas
Muchísimos y muy entreverados unos con otros. Destaca sobre todos los demás el de la bulimia que se ha enseñoreado con Anna:
"Vale, estoy dispuesta a llevar un diario de mis comidas, aunque sea una soberana estupidez -como si yo no supiera o no me acordara de lo que había comido y cuándo y por qué, ¡por Dios!- Durante once años he contado las calorías y he calculado para qué alimentos me alcanzaba el dinero de que disponía antes de cada atracón, eso ya lo sé, eso ya lo sé, eso ya lo sé, de verdad." (pág 164) 
Pero hay muchos más:

→ El tremendo machismo de los finlandeses respecto a Rusia (Estonia en este momento era Rusia). "Las rusas son todas unas putas". Si se hablaba en finés entonces los hombres se asustaban y escapaban, pero si se hacía en estonio o ruso los finlandeses -dice Anna- te tenían por puta y si te acompañaba tu madre ésta era tenida por tu proxeneta.

  → Junto a este asunto de la prostitución se cuela el asunto del SIDA durante los años 80. Al morir de SIDA Olga, una famosa prostituta estonia la agencia soviética TASS publicó el siguiente texto: "¿Te acostaste tú también con Olga, la que murió de sida?" (pág. 256)

Sofi Oksanen, novela finlandesa,
→ La delación, el miedo, el terror a ser detenido por algo hecho por algún miembro de la familia... son temas fundamentales en esta nnovela. La historia de August, el tío de Katariina deportado al gulag de Siberia por una denuncia anónima es explícita en este sentido. Ambos asuntos -delación y bulimia- se unen en el miedo. El miedo a ser descubierto como estonio ruso y/o como portadora de un trastorno alimentario. Por esto Anna mide el tiempo transcurrido en kilos: "sucedió hace diez kilos", "dos kilos arriba o abajo más tarde"

→ Junto al asunto de la delación se encuentra lógicamente el de los sobornos. Para no ser detenido ni investigado había que hacer regalitos al funcionario de turno. Del mismo modo dada la lentitud burocrática socialista era necesario sobornar con regalos a los funcionarios que debían de dar permisos o de acelerarlos En definitiva, corrupción.

→  Nacionalismo. Aunque no de manera frontal y directa en la novela se desgranan alusiones a/y acciones nacionalistas. Por ejemplo el de aquella mujer estonia que casó con un oficial ruso el cual impidió a sus hijos aprender el idioma de la madre porque "no quería que perdieran el tiempo aprendiendo cosas inútiles" o el tremendo odio que la madre de Anna sentía por todo lo soviético incluido el mismo color rojo que los identificaba. Pero quizás el momento mayor sea cuando Anna siente en su interior el apremio por volver a donde ella pertenecía (Estonia) y poder vivir con Hukka allí su amor. Aunque como ha vivido siempre en la mentira, le va a ser difícil, si no imposible, hacerlo realidad. El amor a su tierra estará por encima del amor a la persona de ese joven finlandés con el que puso orden en su organismo. Sobre el sentimiento nacionalista hay frases contundentes como cuando se presenta la marcha de Katariina a Finlandia a donde no puede llevarse títulos académicos o referencias profesionales y tampoco su vivienda. Al salir la dejaba y no podía ya volver a ella. Así, concluye: “Adiós hogar, pueblo e idioma. Adiós, mi país.” (pag. 216) Yo, que no me siento para nada nacionalista, veo esta frase como ñoña, vieja, casposa y de un romanticismo decimonónico trasnochado.
“Elmer y August se habían escondido en el bosque a tiempo, huyendo del ejército alemán en retirada [...] Construyeron un buen refugio subterráneo y juraron que solo obedecerian la ley de la República de Estonia y lucharían por una Estonia independiente.” (pág. 269)
→  Ocupa un espacio importante el choque de ambos mundos, socialista vs capitalista, representado en los controles aduaneros a la entrada y salida de Tallin. Anécdotas interesantes se cuentan. En los controles aduaneros más o menos rigurosos tenía mucho que ver si alguien había dicho algo sobre actividades sospechosas de Katariina

→ La identidad personal. Anna no sabe a ciencia cierta quien es. Su relación con Hukka le hace mucho bien pero la insistencia de este en preguntarle de todo (sexo, sobre todo) hace que Anna vaya a dejarle. Y lo justifica diciendo de sí misma: “Alguien imposibilitado para el placer. Alguien incapaz de comer como el resto del mundo desde hacía más de diez años. Alguien que vivía en Finlandia pero realmente no era finlandesa. Alguien que no sabía hablar de sus propios sentimientos.” (pág 309)

 → El alcoholismo. De los finlandeses como Toomas cuando van a comprarlo barato a Tallin; de los rusos y estonios deportados a Siberia; de la bulímica y anoréxica Anna para disfrazar el hambre.

Y muchos otros asuntos más...

Para finalizar: ¿Por qué el título "Las vacas de Stalin"?
A lo largo de las casi quinientas páginas que tiene esta primera novela de la finlandesa Sofi Oksanen constantemente me preguntaba el porqué del título elegido por la escritora. Al final creo haber encontrado alguna que otra plausible explicación del mismo. Varias veces aparecen referencias a la idea de "vacas". Así, es la propia narradora quien en varios momentos aplica este nombre a las mujeres estonias, seguramente para diferenciarlas dada su corpulencia de las gráciles finlandesas.

Pero hay sentidos más profundos del término "vacas" como bien puede deducirse leyendo fragmentos como el siguiente: "A los funcionarios que han visitado Rusia se les prohíbe contar lo que han visto. Quien abre la boca desaparece. Aunque sólo sea para decir que allí [Siberia] hay una raza autóctona de vacas: las vacas de Stalin. Las vacas de Stalin son chivos.” (pág. 321) Se juega aquí en tono de burla cruel con esos absurdos e inalcanzables objetivos productivos de la época estalinista. Más imposibles aún cuanto que se colocaba en Siberia sin medios de producción algunos a represaliados políticos, auténticos chivos expiatorios de la locura faraónica de los dirigentes comunistas.

Y un sentido último más. Sofi Oksanen, como hemos visto, alterna la distanciadora y objetiva narración en 3ª persona con la subjetiva e implicada narración en 1ª.  En el relato ella dice varias veces que es medio estonia y medio finlandesa, quizás por esto la escritora se implica lo justo en el asunto que relata y es capaz de mantener la objetividad también en esta cuestión de las "vacas". No sólo eran los rusos quienes se beneficiaban de estas ''vacas estonias' prostituyéndolas o enviándolas a campos de trabajo, había también estonios que practicaban el ordeño de estas personas: eran los delatores de compatriotas que como la hija de Karla, el hermano de Arnold, se quedaban con las propiedades y efectos personales abandonados por  aquellos que por su infame delación habían sido enviados a Siberia.