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8 oct 2018

"Cuadernos del Matemático" cierra

6 comentarios:
La desaparición de la Revista literaria “Cuadernos del Matemático” me ha llenado de tristeza. Conozco personalmente a su director y sé de su inmensa valía. En “El blog de Juan Carlos” a lo largo de estos años he dedicado dos entradas, -una en abril de 2014 [leer aquí] y otra en marzo de 2016 [leer aquí]-, a tan magnífica publicación que ha aparecido, desafortunadamente, por última vez. Reproduzco a continuación el post que he escrito en “Reflexiones”, mi otro blog, comentando esta noticia.


Teatro Federico García Lorca de Getafe, Revistas literarias
Cuando el pasado 17 de septiembre Ezequías Blanco, director durante 30 años de la revista literaria en papel "Cuadernos del Matemático" me envió la convocatoria del 30 aniversario de la Revista a celebrar el 5 de octubre en el Teatro Federico García Lorca de Getafe pensé que estábamos ante una fiesta por haber alcanzado tan señera fecha como afortunadamente otras veces así había sido.

Es hoy, tres días después del evento getafense al que no pude asistir, cuando, al abrir el ordenador, me  topo con otro correo de mi amigo "Zaca" en el que me envía el enlace al video titulado "Cuadernos mágicos" realizado por Rufo Pajares que se pasó durante la Celebración tal y como rezaba el Cartel anunciador. Pero dicho cartel omitía lo más duro: el cierre definitivo de la Revista. La razón de tal omisión era que ya Ezequías la había comunicado en el magnífico número triple (56-58) de Cuadernos. La humildad de Quías y la levedad lectora con que nos movemos hoy día hizo que yo -y seguramente alguno más- no leyera la noticia del óbito. Venía claramente expresada en una nota al pie del editorial que abría el número:

«Por estas y otras buenas razones, con este número especial (56-57-58) de celebración de los 30 años de la publicación, la revista Cuadernos del matemático cierra sus puertas y, como los buenos toreros, se corta la coleta con la alegría de haber vivido mucho y de haber hecho camino al andar junto a vosotros y junto a otros que ya se nos marcharon definitivamente.

Hoy he visto el video de Rufo Pajares y allí todo queda claramente explicitado. Bajo la forma de una ensoñación el director de la publicación con este último número en sus manos dormita y en sus sueños se ve a sí mismo empujando un carro de supermercado que contiene números de la revista, refrescos y papeles escritos. Al principio empuja él sólo pasando frente al edificio del I.B. Matemático Puig Adam donde nació la revista; pronto se le une Matías Muñoz y al pasar frente a la farmacia que regenta Cristóbal López de Manzanara se une al grupo que hace caminar el carrito adornado con carteles que dicen "Poesía necesaria", "El poder de las palabras" y " Cultura es libertad". En su deambular alegre pasan frente a la imprenta Xiana que durante todos estos años se encargó de imprimir la Revista y darle la elegante configuración que desde el principio ha lucido. llegan tras un largo deambular por trochas y caminos a un cruce donde está sentada una mujer a la que preguntan por el camino a Salamanca. Ella les demanda a su vez que le den algo. Ezequías le lleva una cerveza y el último número de la Revista por el que le pide 20€. Ella se ríe cuando le dicen que es el precio de la revista de Poesía: "¿Veinte euros por 'esto'?" El director se enfada algo con ella y le suelta la sarta de verdades que durante estos 30 años quienes la hemos leído hemos podido comprobar en cada uno de sus números:

"¡Por esto, dice! Pero si es una revista en la que han escrito durante treinta años las primeras firmas tanto de aquí como de fuera; los artistas que hacen las ilustraciones y las portadas de exterior son conocidísimos desde aquí hasta Pekín. Pero si es una maravilla, es un milagro laico, es una isla de libertad, un objeto de arte en sí misma."

La mujer, al ver el entusiasmo con el que Ezequías habla de la Revista les dice que lo mejor que puede hacer por ellos es hacerla desaparecer y para significarlo corta el hilo de la madeja que como Parca que es sostiene en sus manos al tiempo que dice:

"Morir para ganar la eternidad"


Las preguntas que se agolpan en nuestra cabeza cuando se produce una desaparición son siempre las mismas y no por eso son menos importantes. Más que reflexionar sobre los motivos de su desaparición que creo, a poco que uno se lo proponga, todos adivinamos, me parece de mayor interés recordar la alegría de su nacimiento, la fuerza con la que Ezequías y los amigos getafenses que comadronearon el parto acometían los números de una revista literaria de creación y además fundamentalmente poética. Desde luego la empresa a todos nos parecía heroíca con inmensas dosis quijotescas. ¿Poesía? ¿En un Instituto de Secundaria? ¿En una localidad como Getafe? ¿Un producto en elegante papel satinado? Pues sí y lo que es mejor es que según fue pasando  el tiempo: primero, los meses, más tarde, los años, luego los eventos conmemorativos... sus lectores veíamos cómo crecía  un producto que se asentaba en los medios culturales del país, un producto de una altura estratosférica que se vendía en centros especializados o comprometidos con la alta cultura. Un producto que desde hoy será de consulta obligada por aficionados y estudiosos de la literatura en las Bibliotecas que se precien de serlo.
Ezequías Blanco, Cuadernos del Matemático, Revistas de Poesía
Desde aquí sólo me queda agradecer el enorme esfuerzo que durante estos treinta años han derrochado los que la han hecho posible: Ezequías, Matías, Cristóbal, Juliana, Angeles, Charo, Mercedes, y tantos, y tantos otros que día a día, mes a mes han trabajado con denuedo para crear esta maravilla que ha sido y ES "Cuadernos del Matemático". Muchas gracias por ello.




13 mar 2016

"... a favor de LUIS JAVIER MORENO"

3 comentarios:
Con entusiasmo, como siempre suele sucederme, recojo del correo el último envío de la revista literaria "Cuadernos del matemático". Con alegría rompo el plástico con el que viene protegida y antes de entrar de lleno en ella hojeo por encima los dos suplementos que la acompañan: "Les Cressons Bleus" y "Lavarquela".

"Les Cressons Bleus" se dedica en su integridad a la poeta sueca -totalmente desconocida para mí- Boel Schenlaer. Su biografía y la noticia de su actividad poética (editora desde 2005 de su propia revista poética, "Post Scriptum" y autora de varios libros de poemas: el último es de 2015, "Poemas desde Nueva York"; el anterior, al que Cuadernos del matemático dedica íntegramente el suplemento, es de 2012 y se titula "Nómada en el exilio". Echo un vistazo a algunos de los poemas de esta autora sueca en traducción de Elda García Posada. Me gustan. Ya los leeré con detenimiento

Luis Javier Moreno: Un enorme poeta 
Al tomar en mis manos el suplemento "Lavarquela" algo muy íntimo se rompe en mi interior pues todo él está puesto bajo una elegíaca advocación: "... A FAVOR DE LUIS JAVIER MORENO". Al leerlo, los años lejanos de estudios universitarios en Salamanca vienen a mi mente atropelladamente: Luis Javier Moreno y su ciudad, Segovia; el entorno poético de una ciudad, Salamanca, y de una época: Aníbal Núñez, Paco Novelty, Paco Castaño, Ezequías Blanco, José Luis Puerto..., él mismo, personaje central de este número. En rápido mirar veo que en el cuadernillo aparecen emocionados homenajes de sus colegas, amigos y allegados (Ignacio Sanz, Angel Luis Prieto de Paula, Gustavo Martín Garzo, Ana Rodríguez Tenorio...). Se completa tan cariñoso y sincero recuerdo al gran poeta que se fue con cierta antelación con poemas que en su memoria le dedican los poetas, amigos y compañeros, Ezequías Blanco, José Luis Puerto, María Angeles Pérez López, Olvido García Valdés, Jesús Fernández Palacios, Natalia Carbajosa...  y algunos otros más.

Así es la vida de azarosa. Inopinadamente, con sorpresa, el tiempo se nos echa encima y descubrimos que los años transcurridos ya son muchos y que algunos, amigos y conocidos, se van despidiendo. Este suplemento dedicado al compañero de profesión y de estudios, fallecido en diciembre de 2015, con sorpresa al menos para mí ,en su ciudad, Segovia, me descubre a un enorme poeta con una actividad literaria y una obra de la que una pequeña muestra quiero traer hasta aquí hoy cuando los responsos de la Semana Santa resuenan en el horizonte cercano.

La forma del poema
 Lo que sucede tras de las palabras
suele estar ya previsto 
en las mismas palabras 
y en su casa encantada 
de muñecas de trapo de colores 
para el teatro de sus marionetas. 
Comienza a molestar esa seguridad 
de andar siempre sobre la pista… 
Tras de las bambalinas del idioma 
hay un apuntador que boicotea 
la parte más brillante del discurso
introduciendo versos que no nos pertenecen 
y echa a perder con sus imitaciones 
de timbre, voz y tono, lo mejor del poema.
 Los queridos y viejos detectives privados
consumieron sus días en enigmas análogos: 
los del rastreo de mil pistas falsas… 
Ya no son necesarias esas medias de seda 
que se encuentran a veces 
en el lugar del crimen. 
(En contra y a favor, 1980.)

 Los Poetas
Los poetas protestan… 
Muchos de ellos confirman 
la dimensión moral que tiene el hecho lírico.
Su límite, aseguran, es otro signo 
de la limitación universal. 
La mayoría aspira 
a ser considerados 
por las revoluciones… 
Suelen viajar a Francia una vez en la vida.
(324 poemas breves, 1986.)

Juan Gris
La mañana es la forma de una taza humeante
de café muy cargado, que es lo que desayuna
la luz mientras espera que Juan Gris la reciba.
Ella, azul toda, espera por la música,
la cadencia aritmética de cámara,
que Juan Gris le ha pintado para cuerda…
La melodía a dúo cruza un puente en el barco
de la naturaleza pasajera 
del amor y la vida y el recuerdo del agua.

Hace tiempo que llueve por la fruta que él pinta,
las cerezas le aman y las uvas ajustan 
el racimo a la forma de sus fruteros planos. 
Los extremos del mundo 
concurren en la línea de su abierta ventana:
se han convertido en aire las cortinas 
para el triángulo ocre del velero 
que aproxima la seda azul de la bahía 
al borde de su mesa fragante de manzanas… 
El corazón del horizonte crece 
en la mirada, GRIS, que le da forma.

BIBLIOGRAFÍA DE LUIS JAVIER MORENO


POESÍA
Poemas breves (1965-1985) (1986). Junta de Castilla y León.
El final de la contemplación (1992). Visor.
Época de inventario (1992). Amarú Ediciones.
Rápida plata (1992). Caja General de Ahorros de Granada.
Noventa actitudes acerca de la escultura (1993). P.O.E.M.A.S.
Cuaderno de campo (1995). Hiperión.
Poemas de Segovia (2001). Diputación provincial de Segovia.
Poemas escogidos: antología 1965-2005 (2005). Junta de Castilla y León. Consejería de Cultura y Turismo.
Segunda antología (1967-2007) (2010). Diputación provincial de Salamanca.
PROSA
 La puntada y el nudo (1993). Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Segovia.
En el cuartel de invierno (1998). Diputación Provincial de Granada.
Cuaderno de paso (2000). Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Segovia.
En la llama del fuego (2001). El Extramundi. Iria Flavia.
Horas marinas (2006). Diputación provincial de Cádiz.
Quinto diario (2009). Caja Segovia

27 may 2010

ÉXITO de VENTAS y CALIDAD LITERARIA

1 comentario:
(Ahora que se acerca la Feria del Libro, acabo de recordar el texto de una conferencia aparecido en la Revista Cuadernos del Matemático que dirige mi amigo Ezequías Blanco. A ver qué os parece)

José Luis Morales[i]

En castellano, la "y" griega es una conjunción copulativa -así se decía en mis años escolares-, cuya misión es unir dos términos del mismo nivel sintáctico: oraciones, proposiciones, sintagmas, pronombres, sus­tantivos, adjetivos o adverbios, con un sentido inclusivo, es decir, sumativo. O sea, que cuando decimos o escri­bimos "tú y yo", "lo bueno y lo barato", "tarde y mal" o cualquier otra expresión de estructura similar, estamos añadiendo al primer término el contenido, cualidades o rasgos del segundo, para formar una entidad superior que los integra y contiene a los dos. Es tan obvio como que "dos y dos", son cuatro. 


Sin embargo, cuando habéis escuchado el título de esta conferencia, "éxito de ventas y calidad literaria", consciente o inconscientemente todos habéis sustitui­do el valor de la "y" por el de la "o", que también es una conjunción mínima, como la otra, pero adversativa, es decir, excluyente, pues relaciona términos opuestos', que no pueden darse juntos: "vivo o muerto", "caro o barato", como si un buen libro, sea novela, relato o poesía, ensayo o historia no pudiese ser, al tiempo, un best sellers y una obra de calidad. 

Pero si meditamos mínimamente, aunque sólo sea un momento, caemos en la cuenta de que esa relación inversa entre ventas y calidad no tiene consistencia lógica, no se apoya en largos análisis ni en hondos argumentos, sino en prejuicios. Pues el dato objetivo, lo que conocemos, a saber, el número de ejemplares que tal libro ha vendido, no contiene valoración alguna: sólo nos informa asépticamente de la gran difusión, y por ende aceptación, de la que tal obra goza o ha goza­do. Y ya se sabe que, siguiendo el dictum democrático, como el pueblo es soberano, y un hombre es un voto, la mayoría manda. Así pues, ¿a cuento de qué dudáis? 

No pongáis esa cara de sorpresa ni de incrédulo escepticismo. No me he vuelto loco, ni desconozco las reglas de la lógica simbólica, ni las del silogismo aristotélico. Estudié -y acaso aprendí- Filosofía, como algunos sabéis. Y hasta ayer mismo, mi familia, mis vecinos y mis amigos más cercanos, me tenían por persona medio sensata y hasta me suponían dotado de cierto criterio literario. ¿Cómo es posible entonces que diga lo que estoy diciendo, y afirme lo que estoy afirmando? O me he vuelto orate, o tengo un doble. Pues no. El conflicto procede, y la contradicción anida, en el enunciado mismo de esta conferencia. Porque, efectivamente, como todos pensabais, el valor de esta "y" griega, siendo copulativo, como lo es, no puede ser, sin embargo, ni inclusivo ni sumativo. Y no por ningún prejuicio de poeta menesteroso que yo pudiera padecer, sino sencillamente porque las partes a sumar carecen de la coherencia sustancial necesaria para realizar tal operación. (A cualquiera se le ocurre que no se pueden sumar "tres zapatos y dos dolores de muelas" porque el resultado sería cinco incongruencias. "Zapato" y "mue­la" no son términos sumativos, ni inclusivos, aunque Chaplin, en La quimera del oro, estuviese en un tris de lograrlo. Y tampoco puede establecerse entre ellos una relación causal directa, una realidad no procede de la otra, ni es condición o efecto necesario para ella, salvo, naturalmente, que algún asistente desesperado le haga saltar las muelas de un zapatazo al conferenciante, por pelmazo. y como yo pretendo volver a casa ileso, vaya meterle el diente a la cuestión, sin más dilaciones y sin ayuda del odontólogo, espero. 

Comencemos con un ejemplo. Isabel Allende -para no caer en el tópico de empezar con Dan Brown- acaba de sacar en Plaza  & Janés una nueva novela. Se titula "La isla bajo eI mar". Tiene 512 páginas y se vende por 23,90 €. (Ser obra voluminosa, y en consecuencia, cara, parece uno de los requisitos básicos del best seller actual.) Hasta ahora, Isabel Allende ha publicado docena y media de novelas que han vendido, en con­junto, la nada despreciable cantidad de 51 millones de ejemplares. Ninguno de vosotros se extrañará si yo afirmo hoy, con toda contundencia, que La isla bajo el mar será uno de esos libros a los que editores, libreros y periodistas de los suplementos literarios llamarán un mejor vendido, es decir, un éxito. De hecho, lo consulté ayer mismo en internet, y ya está en el número 1 de la lista. Ahora bien, ¿es Isabel Allende una gran escritora, original, profunda, pionera, novedosa? ¿O es sólo un epígono, edulcorado y femenino, de Gabriel García Márquez? ¿Tiene algo que ver en su continuo éxito de ventas, el hecho de ser la sobrina culta del malogrado y mitificado Salvador Allende, o la consistencia literaria de La casa de los espíritus, Paula o El bosque de los pig­meos es de tal magnitud que todo lo que no sea vender un par de millones de ejemplares de cada título hay que considerarlo un fracaso? No voy a responder. Eran simples preguntas retóricas.

Pero sí voy a tratar de esclarecer si hay o no relación de causalidad entre ventas y valor literario. Para ello, os propongo un juego muy simple. Yo os leeré unos párrafos sacados del comienzo de dos obras, ambas consideradas "éxito de venta" en su momento, y voso­tros, los identificáis y valoráis.
En primer lugar dos párrafos de la página número 2 de uno de los últimos best sellers a nivel mundial. Cito:
"El nombre latino era Leptospernum (Myrtaceae) rubinett­te. Se trataba de una planta bastante insignificante, con pequeñas hojas parecidas a las del brezo y una flor blanca, de dos centímetros, con cinco pétalos. En total tenía unos doce centímetros de alto.
La especie era originaria de los bosques y las zonas montañosas de Australia, donde crecía entre gran­des matas de hierba. En Australia la llamaban Desert Snow.”

"En su informe, la botánica de Uppsala comentaba que si la Desert Snow era rara en Australia, en Escan­dinavia resultaba simplemente excepcional".


Por si aún, a pesar de lo clarísimo que está, alguno de vosotros no ha dado aún con ello, añado otras líneas clarificadoras:
Ahora haré lo mismo con el segundo libro. Leo un fragmento de la 1ª pág.:
"Desocupado lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza; que en ella cada cosa engendra su semejante. Y así, ¿qué podría engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación?"
Por vuestras caras deduzco que no habéis tenido dificultad en el segundo ejemplo, pero aún estáis pen­sando qué obra es y quien ha escrito la primera. Yeso que las he leído en orden de cercanía temporal y edito­rial: Primero leí dos fragmentos de Los hombres que no amaban a las mujeres, de Stieg Larsson, publicada en España en 2008 y aparecida en Suecia en 2005. En la edición por la que cito, el volumen tiene 666 páginas (lo del número de la bestia será casualidad, supongo) y es el primero de una tr-ilogía titulada Millenium. Leí desde la línea 36 a la 42; y después la 67, la 68 y la 69. Son parte del "prólogo" del autor. En total, la obra con­tiene unas 750.000 palabras, con un 1,2% de variación léxica, es decir, de vocablos distintos. 

De El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, que todos habéis identificado, os he leído un solo fragmento que abarca de la línea 19 a la 30, contando la dedicatoria cervantina, correspondientes también al prólogo, como en la obra de Larsson. En la edición que he manejado, hecha por Martín de Riquer, y publicada por CUPSA EDITORIAL, Madrid 1977, la primera parte del Quijote ocupa 570 pgs. Según Antonio García Velasco, contiene 185.101 palabras con 14.839 dife­rentes. En la Ir Parte hay 193.490 palabras con 16.159 entradas léxicas distintas. (A mayor abundamiento os diré que el Ulises, otro mito de la literatura contempo­ránea, que tuvo que ser publicado por James Joyce en París en 1922, ya que la censura prohibió su edición tanto en Inglaterra como en Estados Unidos, es una novela de 237.000 palabras, con casi 30.000 de ellas diferentes. ) 

Así pues, como puede verse, tres obras de difusión mundial, absolutamente conocidas, que comparten además el hecho de ser voluminosas, estar protagoni­zadas por insólitas parejas de personajes y haber sido llevadas al cine. Las tres tuvieron éxito inmediato, pero, en rigor, sólo a la primera puede aplicársele el marbete de best seller. 

¿Será por eso por lo que su autor se puede permitir el lujo de incluir párrafos como los citados, descaradamente toscos, tediosos, vulgares, hueros del más mínimo rasgo de escritura literaria, que parecen sacados de algún manual de botánica divulgativa,? ¿Es que los best sellers, pueden prefabricarse, como los llamados "coches del año", a los que se les da el título antes de comenzar la campaña de ventas y no cuando el balance final demuestra si lo han sido o no? 

He hecho con vosotros este pequeño experimento, no sólo para evidenciar la enorme diferencia que media entre lo que hoy se da en llamar un fast seller (la trilogía Millenium, por ejemplo) y lo que se conoce por un long seller (El Ulises o el Quijote). Se trata de libros muy ven­didos, como denota el segundo miembro de la expresión anglosajona, pero en el primer caso, además de muchas, las ventas son "rápidas", concentradas en el tiempo, sin reposo, y en el otro espaciadas, "dilatadas", prolongadas. 

Los españoles, sea por nuestro "timing" mediterráneo o por la variedad de nuestra dieta, tanto en el terreno literario como en el alimentario, asociamos automática­mente al adjetivo 'fast" el calificativo "basura", (tanto nos da si va con seller como si precede a food), calificativo por cierto nada inocuo, que ha acabado casi por sustituir la correcta traducción del original, que sólo se refiere al tiempo, tanto de venta como al que tarda en servirse e ingerirse un plato y no a la calidad de lo comprado, ser­vido o engullido. Será por aquello de que con las cosas de comer no se juega, digo yo, no sé. Lo que sí está claro es que, literariamente, los fast sellers son considerados libros de "usar y tirar", "lecturas de tren" o "de verano", es decir, puro "pasatiempo", basura intelectual: así sean tan imponentes como Los pilares de la tierra o La catedral del mar. 

Todo lo contrario ocurre con los etiquetados como long. Aunque los ingleses, como dice mi amigo el gran novelista Carlos Eugenio López, estén reñidos con la higiene y con la gastronomía, una long food hasta en Inglaterra es un banquete y -salvo que sea de bodas- a un banquete se le supone calidad, del mismo modo que un long seller ha de ser un libro espléndido, pues man­tiene sus ventas durante varias generaciones: En busca del tiempo perdido, Los Principia Mathemática o Campos de Castilla, pongo por ejemplo, para introducir nuevos elementos en el análisis. 

¿Cuándo, cómo y por qué surgieron los best sellers? ¿Son sólo novelas, o los hay en cualquier género? ¿Qué número de ejemplares se ha de haber vendido para convertir cualquier libro en un best seller? ¿Puede un autor dedicarse a escribir best sellers o estos surgen a pesar de su autor? ¿ Son una consecuencia del talento o un producto del marketing? ¿Qué papel tiene el tiempo en el fenómeno superventas? 

Tal vez sean demasiadas preguntas. Pero trataré de dar respuesta a cada una. Procedamos, pues, por orden.
¿Cuándo, cómo y por qué surgieron los hest sellers? Las primeras listas de "superventas" están aso­ciadas a la difusión de la prensa y la radio en la Nortea­mérica de comienzos del siglo XX. No tenían intención valorativa, o crítica, sino informativa: pura adicción a la estadística y al ranking de un pueblo cuya clase diri­gente valora más los contenidos del Libro Guiness que los de El origen de las Especies, ejemplo, por cierto, de long seller no literario, que también los hay. Las listas de best sellers se revitalizarán tras la Ir Guerra Mundial, y ahora ya sí, algunas de ellas con intención publicitaria. Desde entonces no han faltado los intentos editoriales -recuérdese que un editor, aunque lo niegue, es un empresario- de fabricar superventas: libros de encargo, basados en fórmulas estereotipadas -intriga, dinero, poder y sexo~ o libros que son secuelas miméticas, casi plagiarias, de alguno que resultó exitoso más o menos inesperadamente, como los innumerables clones sur­gidos al calor de El código Da Vinci. 

En todos los casos, se trata de libros dirigidos a satisfacer las aspiraciones, angustias o curiosidades que se atribuyen a un determinado público en un momen­to dado, que no es exactamente lo mismo, aunque se pretenda, que el zeitgeist, o "espíritu del momento", del que hablaba Hegel, esa mezcla de ideas, ilusiones, mie­dos, creencias, dudas y convicciones que caracterizan al conjunto de la población de un territorio determina­do, en un periodo de tiempo concreto. 

A lo mejor es por eso por lo que hoy en día, en Espa­ña, se multiplican en sus modalidades más chabacanas y malolientes: libros que explotan el tirón mediático de ciertos personajes "famosos-por-ser-famosos" que ponen en letra impresa las mismas extravagancias, excesos o desvergüenzas que los han hecho populares en las pantallas de la televisión. Sus autores son per­sonajes o personajillos insostenibles (deportistas robo­tizados, cantantes con más adicciones que garganta, strippers del corazón y los genitales, ladrones bizcos y con peluquín, mariquitas de ojos glaucos y lengua viperina, cómicos que se creen sénecas, politiquillos de medio pelo, gigolós deslenguados, jueces corruptos y un lar­guísimo etc, en el que no faltan presentadores de TV de cualquiera de los tres sexos, jurados de concursos expertos en el insulto y la descalificación, y toda suerte de tertulianos sabelotodo, procedentes de las filas de andanada del periodismo, la política, el espectáculo y la cultura, todos ellos convertidos, de la noche a la mañana, en "escritores", a cambio seguramente de un suculento anticipo, que ya enjugarán las muy previsi­bles ventas. (Eso que muchos verdaderos escritores jamás logran.) 

No hay que rascar mucho para comprobar que esos libros, "de usar y tirar", escritos casi siempre por "negros", están hechos con molde, puras pompas de jabón, cuando no irisadas bombas fétidas, que estallan sin dejar más huella que un espejismo, ni más aroma, gracias a Dios, que el de un cuesco efímero y volande­ro. Eso sí, venden; venden mucho; porque siempre hay necios que compran. 

A la pregunta de si son sólo novelas, o los hay en cualquier género, todos conocéis la respuesta. Pero echemos una ojeada. En Occidente, suele decirse que el libro más vendido de todos los tiempos no es una novela, sino La Biblia, que además fue el primero en salir de las prensas de Gutenberg. (Aunque otros dicen que fue "El misal de Constanza". Pero no es el momento de discutirlo.) En China, que inventó el papel, la tinta y la imprenta, se asegura que tampoco es una novela, sino que es el libro de Citas del presi­dente Mao, también conocido como Libro rojo de Mao Tse- Tung o Pequeño libro rojo, del que se estima que se han vendido en todo el mundo unos mil millones de ejemplares. Los españoles hablamos del Quijote, y los ingleses del Thstam Shandy, de Sterne, que decía que "la muerte abre las puertas de la fama y cierra tras de sí las de la envidia", ambas novelas, pero en ambos casos sus ventas no llegan ni a la mitad de los primeros, que no lo eran. 

De hecho, es muy frecuente que algunos de los libros más vendidos en cada país no sean novelas. Supongo que todos recordamos, por ejemplo, el éxi­to que tuvo hace unos pocos años el casi manual de bachillerato La Historia de Sofía; y el alto nivel de ven­tas sostenido de un recopilatorio gastronómico como las "1.080 recetas de cocina" de doña Simone Ortega, libro además indispensable para quienes nos casamos hace 30 años y no sabíamos cocinar, o el Manifiesto del Partido Comunista de Marx y Engels, que junto a la Antología rota de León Felipe y El romancero gitano de Lorca, todos los universitarios de mi generación decíamos tener y leer. O Stepen Hawking cuya Historia del tiempo compramos todos con científica devoción e incluso algunas tratamos de leer. Lo de entender, lo dejaremos para otro día. Y se podrían multiplicar por millas ejemplos en los más diversos campos: de la polí­tica a la economía, del humor gráfico al memorialismo. 

Y es que, a pesar de todo, no hay reglas ni recetas mágicas para que un libro sea, con absoluta seguridad, un éxito de ventas.
Pero ¿qué número de ejemplares se ha de haber vendido para convertir cualquier libro en un best seller? Ya sabemos que la parte alta la detentan los ya men­cionados -aunque inexactos- mil millones de ejem­plares de la Biblia o del Libro rojo; pero hay que acotar tiempos, espacios, idiomas, géneros y otros aspectos para determinar cuándo puede considerarse realmente "superventas" un libro determinado y cuándo no. 

Las 26 ediciones en menos de cinco años del Cua­derno de Nueva York de José Hierro, por ejemplo, lo convierten en el best seller absoluto de la reciente poesía española, aunque sumando todos los ejemplares vendidos no se llegue a los cincuenta mil. Ancia, de BIas de Otero, para satisfacción de Chus Visor, lleva incluso más. 

Pero "bombazos literarios", en periodística y elo­cuente expresión de Manuel Rodríguez Rivero, como los de Stieg Larsson (Millenium), Stephenie Meyer (Crepúsculo) o Joanne Rowling (Harry Potter), superan con creces los 50 millones de ejemplares vendidos y, si bien el sueco no, las dos últimas están a tiempo aún de alargar la saga (y la mina). Sólo de Diez Negritos, de la prolífica Agatha Christie, se llevan vendidos otros tantos millones de ejemplares, es decir, 10. Más o menos la cuarta parte de lo que decía haber vendido la tímida Corín Tellado, en total; que no es para tanto, si una novela como Corazón tan blanco, del hirsuto Javier Marías, lleva vendidos sólo en Alemania casi 2 millones de ejemplares. En fin, dejemos para los inspectores de hacienda cifras tan mareantes. 

En España, en el mercado español, como lo llama­ría un editor dé los que tienen secretaria, los números son habitualmente mucho más modestos, lo que no ha impedido que novelas como La sombra del viento, de Zafón, La catedral del mar, de Falcones o Soldados de Salamina, de Cercas, ronden o pasen del millón de volúmenes vendidos sin salir de nuestras fronteras. Pero las siete cifras no son en absoluto imprescindi­bles: 20.000 o 30.000 ejemplares son suficientes para que una novela en euskera o en catalán se convierta en superventas en esos territorios autónomos, o sea, un número casi despreciable si tomamos como refe­rencia la canónica y codiciada lista de best sellers del The New York Times, en la que, naturalmente sólo se puede entrar a partir de los seis ceros y de que la obra esté en inglés. 

En definitiva, y resumiendo un poco, parece claro que el concepto de best seller -o "superventas", como prefiere la R.A.E., aunque los españoles hallamos reducido su aplicación al ámbito musical- abarca una categoría de libros perfectamente neutra que, sin embargo, en lo literario, ha acabado designando reali­dades heterogéneas y hasta contradictorias. 

En sus orígenes best seller significaba simplemente lo que la expresión denota: los (libros) que se venden más. Luego se añadieron otras connotaciones y surgió la confusión: puesto que los títulos que se vendían mejor coincidían habitualmente con los de tirón más popular, y sus formas, contenidos o estilos no siempre se adecuaban a los estándares estéticos de la "alta" cultura, el epíteto sustantivado pasó a calificar tam­bién, y sobre todo, a aquellos libros que, precisamente por venderse bien, eran sospechosos de insuficiencias literarias. Lo que empezó siendo una mera apostilla mercantil, acabó convertido en calificativo ambivalen­te, pero contaminando de vulgaridad y hasta de vileza, para los puristas de la originalidad y del estilo como canon del talento, o nimbado de oropel y embobamien­to para los consumidores de todo lo que suene a moda, a masivo y a último. 

Sin embargo, está claro que hay dos tipos distintos de best sellers. Unos -desde El Quijote o el Ulyses hasta El guardián en el centeno o Cien años de soledad tuvieron su "momento álgido", sus "veinte minutos de fama", como diría Sabina, y el peligro que conllevan, pero supieron prolongados, reviviendo incluso tras pasar por olvidos generacionales, purgatorio s críticos, rechazos de la vanguardia y/o del mundo académico. Son los que hoy llamamos long sellers, a los que la pátina del tiempo ha dotado de un estatuto prestigioso, y, en muchos casos, hasta de la indiscutible condición de clásicos. 

y está claro que hay otros libros, sean novelas, ensayos o biografías, que obtienen un éxito fulminante nada más aparecer, que venden miles, millones de ejemplares, pero que no consiguen superar la prueba de su primer cuarto de siglo, porque su popularidad no esconde más que complicidad con el inmediato y efímero Zeitgeist en que aparecieron. Son los fast sellers: efímeros relámpagos que deslumbran con estrépito porque son de alguna manera cómplices de la ~ensibilidad o de ciertas ansiedades del instante. Sólo en muy raras y excepcionales ocasiones un fast sellers pasará a convertirse en un long sellers: tal vez la Lolita de Nabokov y algunas novelas de Galdós O de Dumas. Pero no hay reglas inamovibles: cualquier libro, -sea de encargo, anónimo o póstumo- puede convertirse en best seller: basta con que venda los suficientes ejemplares. 

Y, finalmente, están todos esos rutilantes obje­tos, compuestos de hojas de papel y tinta, de formas más o menos prismáticas, que se venden en kioscos, papelerías, secciones específicas de grandes almace­nes, incluso pueden encontrarse en algunas librerías camuflados entre los libros verdaderos, que sirven para mantener tranquila la conciencia de la "deseducación social", al tiempo que sanean la cuenta de resultados de algunos editores. No todos son best sellers, aunque lo intentaron. 

Pero no siempre es fácil saber cuál es cuál, porque un verdadero best seller también puede resultar impercepti­ble al principio. Ejemplo: los editores de los grandes gru­pos españoles rechazaron el primer Harry Potter porque les resultaba excesivamente británico para lo que supo­nían era el gusto de nuestros niños, craso error del que se aprovecharon los independientes de Salamandra para forrarse. Y no ha sido el único resbalón sufrido por los más grandes de la edición española: casi todos rechazaron hace años el original de Juegos de la edad tardía, la primera novela de Luis Landero que vendió una enormidad. y, para colmo, también se les escapó El código Da Vinci, en 2003 -del que se han vendido más de 60 millones de ejemplares en todo el mundo-, que en España acabó publicando el desconocido sello Ediciones Urano, que hizo su agosto luego, al traspasarle los derechos al Círculo de Lectores. 

Como afirma Manuel Rodríguez Rivero, opinión que yo comparto, los best sellers más llamativos, y casi los únicos que se pueden leer, son los más inesperados. La ya mencionada novelita Soldados de Salamina, de Javier Cercas, se publicó en marzo de 2001 con una tirada declarada de 5.000 ejemplares, que serían seguramente menos, como es costumbre entre nuestros editores. Y sin promoción. El apabullante éxito del libro se debió a un frenético "boca a oreja" entre lectores gratamente sorprendidos. La novela de Cercas -de la que se han vendido más de un millón de ejemplares- había logra­do transgredir el espacio al que teóricamente parecía destinada. Pero ese delicioso "malentendido" -en el argot novelístico- al que se refieren los autores cuando pulve­rizan su umbral previsible de ventas, se produce muchas menos veces de las deseadas. No sucede más que cuando una obra admite una pluralidad de lecturas, susceptibles de interesar a públicos muy diversos y cuyos gustos se encuentran habitualmente segmentados. Algo parecido le ocurrió al Beatus ille, de Muñoz Molina, si bien fue un éxito retroalimentado por el de El invierno en Lisboa. 

La crítica, sin embargo, influye poco en la creación de un best seller. Tal vez porque está inmersa en la misma crisis de auctoritas que ha afectado a toda suerte potes­tades tradicionales en nuestra sociedad cibernética y globalizada. Claro que existen otras formas de auctoritas que pueden hacer mucho por la venta de un libro: la de los políticos, por ejemplo. El presidente Kennedy no ocultaba su debilidad por las novelas de James Bond, lo que contribuyó a su extraordinaria difusión en EE UU. Felipe González convirtió las Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar en un best seller nacional, y hubo españolitos que se leyeron esa y la mitad del aluvión de novelas, falsamente históricas, que se publicaron después sobre el Imperio Romano y el mundo heleno. Alfonso Guerra, por su parte, lo intentó con los versos de Machado, y Aznar con los sonetos de Gerardo Die­go, pero entre que la poesía vende lo que vende y que un Joan Manuel Serrat medio cansino cantaba aquello de "Niño, deja ya de joder con la pelota", la cosa no pasó a mayores. 

El caso más reciente, de morbosa actualidad inclu­so, es el del libro titulado Espejos: una historia casi universal, del uruguayo Roberto Galeano, que acaba de aparecer y ya es un superventas absoluto en EEUU. ¿Por qué? Porque unos días antes Hugo Chavez, con la proverbial sutileza que gasta en sus relaciones diplo­máticas, le regaló a Barack Obama, en la cumbre de Trinidad Tobago, un ejemplar de Las venas abiertas de América Latina, obra en la que Galeano describe, uno a uno, todos los expolios que el continente ha sufrido: desde el del oro y la plata en tiempo de los españoles, hasta el del cobre, la madera, y la libertad en los tiem­pos actuales. Al día siguiente del simbólico punch de Chávez, Las venas abiertas .. , era el segundo libro más solicitado en los portales de venta "on line" de todo Estados Unidos. Y como ninguna editorial es tonta, la gira promocional de Espejos, incluye intervenciones y presentaciones de Galeano en 32 ciudades de Estados Unidos y Canadá, además de las que haga en Univer­sidades, Fundaciones e Instituciones Culturales de todo tipo. A lo mejor así le devuelven al sur parte de lo expoliado. 

En muy pocos casos son los propios escritores ya cuajados quienes se plantean escribir un best seller, algo nada sencillo en todo caso, y cuyo éxito no está garantizado. Uno de esos arriesgados fue Umberto Eco, que escribió El nombre de la rosa, debido a la enorme atracción que sobre él ejercía la idea de participar en un juego del que se conocen bien las reglas y las piezas, pero cuyo resultado es siempre incierto. Algo parecido habían hecho antes en ¿Arde París?, y Oh, Jerusalén, el dúo formado por Dominique Lapierre y Larry Collins, autores que planificaban e investigaban cuidadosamente argumentos y tramas de interés popular, formando una intrincada mezcolanza de realidad histórica y elementos de ficción. Fórmula de notable éxito. 

Luego vinieron los inquilinos permanentes de esa rentabilísima nómina que es la lista de superventas: Ken Follet, Stephen King, Danielle Steel, Anne Rice, Mary Higgins Clark, Michael Crichton o los últimos Dan Brown y Stieg Larsson. Su fama y prestigio mediático han vuelto a liar las cosas, convenciendo a un público cada vez más globalizado, y a mucho editor que ansía el pelotazo, del indisoluble maridaje del éxito mercantil y el valor literario. "Tanto vendes, tanto vales". 

En cualquier caso, yo no me preocuparía demasia­do. Más pronto que tarde, la lista universal de los más vendidos será sustituida por la de los "más descarga­dos", y los autores y editores de best sellers se verán en la penosa circunstancia en la que hoy se encuentran Teddy Bautista, Ramoncín y los que cantan: tratando de cobrarle el canon al Alcalde de Zalamea. 

Pero éste es un virus al que somos inmunes los poetas y no como el de la gripe, el NI H l. El nues­tro es el "YO DAO", que parece un partido de fútbol de tercera regional, es decir: Ventas 0, Derechos de Autor, 0. 

Muchas gracias y buenas tardes.
José Luis Morales




[i] Texto de la conferencia dada por el autor en Getafe y recogida en la revista Cuadernos del Matemático, nº 43, págs.. 35-40, Diciembre 2009, Getafe.