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11 mar 2025

Colson Whitehead. "El ritmo de Harlem"

15 comentarios:
El ritmo de Harlem por Colson Whitehead

«Harlem. Error, una vez más: una jaula para impedir que la turba de locos que consideraban aquellas calles su casa pudieran escapar al mundo de más allá. A saber qué caos no sembrarían, qué perdición, si los soltaban entre la población decente. Mejor tenerlos a todos aquí encerrados, en esta isla comprada a los indios por veintisiete pavos, según cuentan por ahí.»

Novela que denuncia la discriminación de la población de color en USA
Tras haber leído hace ya casi cinco años dos duras novelas de Colson Whitehead ('El ferrocarril subterráneo' y 'Los chicos de la Níckel') que tocaban el tema de la persecución a los negros americanos durante la época en que la esclavitud y segregación racial estaban más que vivas en el Sur de los EEUU, el autor aborda ahora una temática histórica y terrible con la que inicia una saga novelística protagonizada por Ray Carney, un americano de color, pequeño empresario de una tienda de muebles en el Harlem. Carney está casado con Elizabeth con quien tiene dos hijos, May y John. Sus suegros lo desprecian porque lo consideran un mindundi; él se esfuerza por estar a la altura, pero recibe desprecios y abusos no sólo por parte de los elementos corruptos de la sociedad neoyorquina de su barrio harlemitano (especialmente policías y mafiosos negros que lo utilizan de perista para sus robos pequeños y no tan pequeños). Ray Carney tiene una doble cara, practica lo que él denomina «dorvey», añagaza que crea ante su mujer Elizabeth y que consiste en dividir el sueño en dos etapas, una primera desde que anochece hasta la medianoche y otra posterior tras un periodo de vigilia. Este periodo es lo que denomina "dorvey" (término contracto proveniente del francés 'dormir' y 'veiller', en español sería algo así como 'duermevela').

Ray Carney se mueve entre dos fuegos siempre: los mafiosos malotes y los delincuentes menores como su primo Freddie y el compañero de éste Pepper; entre la legalidad de su tienda y la ilegalidad de su tráfico de piezas robadas; entre los pagos a los policías corruptos como el inspector Munson y los mismos pagos realizados a Miami Joe y otros jefes mafiosos; entre los engaños y chivatazos a unos y otros, y de los otros a los unos. Carney es experto en sobrevivir y moverse entre dos aguas.

Una novela que contiene mucho humor sarcástico, mucha crítica social, mucha denuncia de los abusos policiales sobre la población negra. Precisamente la muerte de un chico de color por un policía es el fondo social de la novela, un abuso que se repite con una constante que es de preocupar y que viene a demostrar que el choque entre negros y blancos estaba muy vivo en gran parte de la población estadounidense de ayer (la novela transcurre durante la década de los 60 del siglo pasado), pero también  en la de hoy como lo demuestran revueltas sociales sucedidas en ese país de manera periódica.

Me gusta la literatura que despliega Colson Whitehead en sus libros. Me agrada sobremanera el culturalismo que muestra el autor en El ritmo de Harlem. Especialmente destaca la música (el blues y el bebop, sobre todo) que nombres como los de Charles Mingus, Ornette Coleman o Lena Horne, y títulos emblemáticos de temas clásicos de estos ritmos tan caros a los afroamericanos como "Ebony", "Lonely woman" o temas de godspell como "My Heart is a Pasture" entonados en iglesias episcopalianas que tanto abundan en Harlem y que tan frecuentadas son por los habitantes del barrio. En una magnífica pirueta musical Colson Whitehead titula la novela, al menos en la edición americana, como "Harlem Shuffle", tema del año 1963 del dúo Bob & Earl que los Rolling Stone recogieron e interpretaron con enorme el año 1986. El novelista confiesa en entrevista publicada por el diario The Objective al poco de publicarse en España la novela en 2023 que tomó el título de esa canción para su novela porque representa muy bien la dualidad del personaje y en general de toda la sociedad tanto la delincuencial como la aparentemente honesta. 
«La letra es muy ligera. Como una canción de baile: te mueves a la izquierda, te mueves a la derecha. Es el ritmo de Harlem. Pero, parte de la melodía es un poco siniestra. Se oyen muchos cuernos, que dan ese toque maligno a la canción. Creo que eso está en mi libro. Hay mucho humor, pero también mucha gente que es asesinada todo el tiempo. Así que esa canción capta las dos caras de la historia»


Como en las otras dos novelas que he leído de  Colson Whitehead el asunto central es la insoportable discriminación racial que los de su raza sufren en los Estados Unidos, bien sea históricamente (El ferrocarril subterráneo) como ya en épocas más próximas a la nuestra como sucede en Los chicos de la Nickel y también en El ritmo de Harlem. La gran diferencia estriba en que en esta última el humor ocupa lugar preferente. No sólo es una novela de gánsteres y policías (novela de atracos la definen algunos), que lo es, también es una denuncia de lo difícil que la población de color lo tiene en ese barrio neoyorquino para mantenerse impoluto sin incurrir en delitos más o menos graves.  El personaje de Ray Carney es perfecto para mostrar esa dificultad, ese querer estar en el lado de los buenos pero llevándose más o menos bien con los malos. La mayoría de los personajes (La novedad es que el novelista echa mano del humor para mostrar esta dualidad. Es un humor sobre todo de dos tipos:

Blanco
«Se sentó en el sofá. A juzgar por su expresión, le sorprendía lo cómodo que era el Argent. Carney tuvo que aguantarse las ganas de cantarle las alabanzas de la espuma Airform»  (cuando el Carney comerciante debe morderse la lengua para no contar, cuando no es el momento, las excelencias de ese sofá que ansía vender) 
«Munson le reconoció a Carney que Cheap Brucie tenía a un contacto en la comisaría que velaba por él, y que Munson odiaba a ese tipo porque una vez le abrió la nevera y le birló el almuerzo» (la bobería que muestran incluso los delincuentes sanguinarios)
Lingüístico 
«Quiero que telefonees a Pepper a Donegal’s, es donde pide que le dejen los mensajes. Que le llames y le digas que tienes información sobre mí, que venga cagando leches, ipso flauto» (la incultura del gánster que habla se evidencia con este latinismo mal expresado)
«Yo estudié en la… —UCLA —añadió Carney. —Exacto. ¡La Universidad del Chaflán de Lenox Avenue! —Un viejo chiste privado.» (el acrónimo famoso vulgarizado para mofarse de esa cultura elevada). 
Es un humor que incluso sirve de aderezo a la fuerte denuncia que el autor hace de la fortísima discriminación racial que existe en su país contra la que él lucha con las armas que mejor maneja: su escritura. El humor sarcástico es evidente en comentarios como el siguiente: 
«Meter en la cárcel a un poli blanco por matar a un chico negro? —dijo—. Ahora dime que el Ratoncito Pérez existe.»


Final

(Tomado de The Objective de 08/03/2023. Colson Whitehead,
imagen de archivo, 2022. | Marilla Sicilia / Europa Press)
 
Diré para cerrar esta breve reseña que El ritmo de Harlem es -así lo declara el mismísimo Colson Whitehead- la primera entrega de una trilogía. En la ya citada entrevista del The Objective afirma que él sólo pensaba haber escrito un atraco en un momento dado, pero que según iba escribiendo se vio en la necesidad de contar tres historias situadas respectivamente en el año 1959, 1961 y 1964; estas tres historias son los tres capítulos que tiene la novela. Y del mismo modo, si esta primera entrega de la saga Ray Carney sucede en los años 60, pensó, según escribía, que el personaje daba para otras dos novelas que se situarán en los años 70 y los años 80 del siglo pasado.
«Poco a poco, iba viendo que se estaba convirtiendo en una saga. Decidí que iban a ser dos libros. Y si haces dos, también puedes hacer tres. Sólo es una regla de tres. El lector va a seguir a Ray y a la ciudad en los años 60, 70 y 80. Cada década –cada libro– es un momento muy diferente en su vida. Tiene 30 años en el primer libro y tendrá 50 en el tercero. La ciudad de Nueva York entra en un desastre financiero a mediados de los 70 y sale de él en los 80. En cierto modo, el destino de Ray está escrito en la ciudad»

11 dic 2020

Los chicos de la Nickel. Colson Whitehead

25 comentarios:

"Los chicos podrían haber sido muchas cosas si la Nickel no los hubiera echado a perder. Médicos que curan enfermedades, o neurocirujanos, o de los que inventan algo que salva vidas. Candidatos a presidente. Tantos genios echados a perder"

Los chicos de la Nickel, Colson Whitehead

Colson Whitehead
ha logrado algo insólito, ganar dos veces seguidas el Premio Pulitzer, algo sólo conseguido en los más de 100 años de existencia del galardón por William Faulkner. Desde luego es sorprendente y muy poco frecuente que un mismo autor se alce en sus dos últimas publicaciones con un galardón tan prestigioso como éste. Podríamos preguntarnos el porqué. Pienso que la razón podría estar en que el tema del racismo y de la segregación racial que en ambos relatos se toca desgraciadamente sigue de actualidad en gran parte del mundo pero especialmente en USA de donde es el autor y donde se concede el galardón. Además creo que el estilo literario y la personalidad del escritor casan a la perfección con la finalidad que figura en las bases del Premio: premiar la excelencia en el periodismo, la literatura, el teatro y la educación. Habiendo obtenido el correspondiente a la literatura es evidente tras leer la novela que Whitehead  sabe mucho de periodismo y que sus libros encierran también una clara finalidad educativa.

Mi comentario

[He ocultado frases para no desvelar partes importantes.
Si quisieras leerlas no tienes más que pasar el ratón sobre esas 
frases como haces cuando quieres seleccionar texto] 

abusos a la infancia, racismo, segregación racial
La novela, corta en extensión -poco más de 200 páginas-, está dividida en tres partes más un Prólogo y un Epílogo. Prólogo y Epílogo se sitúan en el momento actual y sirven de marco a la historia que a continuación se cuenta perfectamente estructurada en tres secciones que obedecen al clásico planteamiento, nudo y desenlace de cualquier obra tradicional. 

En la primera parte conocemos la infancia y adolescencia del personaje central Elwood Curtis, criado por su abuela Harriet, tras la sorprendente marcha de sus padres (Percy y Evelyn) a California. Esta parte finaliza cuando ilusionadamente Elwood, siempre buen estudiante y con un afán tremendo por aprender pese a las dificultades que un negro tiene sólo por el hecho de serlo, con 16 años hace autostop para ir hasta la Universidad donde ha sido admitido para realizar un curso preuniversitario sobre literatura inglesa. La policía para el coche al que ha subido hace escasos momentos y para desgracia suya resulta que el conductor negro que lo conduce hacía nada que lo acababa de robar. Elwood es considerado cómplice y tachado de ladrón por lo que es condenado a pasar dos años en la Escuela Reformatorio para chicos Nickel. Aquí acabaron todas sus ilusiones y todo su esfuerzo y amor al estudio se ve seriamente comprometido.

En la Segunda Parte ya vemos a El en la Academia Nickel. Aprender los códigos que allí dentro funcionan le ocasionará tener que pasar por la Casa Blanca, viejo almacén donde los supervisores encabezados por Spencer azotaban a los chicos negros o blancos para hacerles entender todos los puntos no escritos del manual de conducta. de la institución.

En la Nickel, Elwood que vive en la residencia Cleveland se hará amigo de Turner, de Desmond, de Jaimie y con ellos aprenderá a sobrevivir allí dentro. Con Turner logrará participar en un servicio que sale del centro una vez por semana. Acompañan en coche al supervisor Harper para repartir entre ciertos ciudadanos de Eleanor los donativos que diversas instituciones, el Estado de Florida, el Ayuntamiento o simples particulares hacían a la Nickel para mejorar la calidad de vida de los allí confinados. La corrupción, pues, junto a la violencia es norma en este Reformatorio.
En esta parte conocemos la manera cómo se las gastan los trabajadores de la Nickel con los chicos a su cargo. Son éstos objeto de crueles palizas, de frecuentes abusos sexuales, utilizados como obreros sin salario e incluso objeto de desapariciones físicas enmascaradas con el argumento de escapadas del Centro. Escapadas que, si algunas -muy pocas en verdad- existieron, eran en su mayoría meras disculpas para ocultar la muerte y el apresurado enterramiento de los chicos en el denominado por ellos mismos cementerio de Boot Hill. 

La tercera parte es quizás la más variada pues comienza con el personaje en el Nueva York de hoy. Es un próspero empresario de mudanzas que posee una flota de camiones capitoné y un nutrido grupo de empleados. Ha triunfado. Esta es la primera sorpresa que Colson Whitehead nos da. Una sorpresa que en los capítulos que forman esta sección IIIª de la novela nos irá desvelando. En una especie de alternado hoy – ayer, o vueltas atrás (flash backs) esclarecedoras de lo sucedido hasta aquí, nos enteramos de lo que aconteció a esta pareja de compañeros (Turner y Elwood) para que ahora pasado el tiempo el que atiende por el nombre de Elwood sea empresario de una empresa de mudanzas con varios empleados en plantilla y una importante flota de camiones. Ocurrió que Elwood aprovechando una visita de inspección a las instalaciones de la Nickel entregó a uno de los tres inspectores una carta en la que denunciaba los abusos sufridos por los chicos a manos de sus ‘educadores’ y la corrupción de todo el establecimiento que desviaba fondos y productos a ciertos vecinos de Eleanor dejando la comida y las instalaciones del Reformatorio en un estado lamentable. A consecuencia de esta denuncia sufrirá castigo en la celda oscura. Afortunadamente Turner escucha que a Elwood lo van a sacar para llevarlo a Boot Hill (el cementerio) y decide que el momento de escapar juntos de la Escuela Nickel ha llegado.

Como digo, alternando los capítulos del hoy con los del ayer, vamos atando cabos y vemos cómo la pareja de fugitivos fueron perseguidos por la ciénaga, fueron tiroteados y uno cayó. Un encuentro casual en Nueva York con un compañero de la escuela reformatorio sirve de disculpa para recordar penosos
Premio Pulitzer 2020, Colson Whitehead
sucesos allí vividos; luego el descubrimiento que en el Prólogo leímos de restos humanos en los terrenos que ocupara la Nickel hace al Elwood empresario que vive satisfactoriamente con su mujer Mollie plantearse que ya es llegado el momento de participar activamente con su testimonio en desvelar la verdadera cara de este establecimiento y de pedir responsabilidades de lo sucedido aunque hayan pasado 42 años desde que él saliese de allí. Son varias las sorpresas que nos llevamos en esta tercera parte si bien la mayor es la que leemos en el Epílogo que cierra el relato y que, naturalmente, no voy a desvelar aquí. 

La verdad es que "Los chicos de la Nickel" es una novela que aunque cuenta una historia dura y cruel inspirada en una auténtica escuela reformatorio, la Escuela Dozier para Chicos de Marianna (Florida) que funcionó hasta el año 2011, me ha sorprendido menos que "El tren subterráneo", novela de Colson Whitehead que al igual que ésta obtuvo el Premio Pulitzer el año de su publicación. Como digo en la reseña que de ella hice en septiembre de este año [leer la reseña aquí] la historia de la organización clandestina urdida por los antiesclavistas estadounidenses y los terribles castigos inflingidos a los esclavos en los estados del Sur me sorprendió por su increíble dureza y por el desconocimiento total que yo tenía sobre grupos humanos que hubiesen luchado jugándose el tipo por que otros seres humanos alcanzasen la libertad.

Es "Los chicos de la Nickel" una novela que presenta el asunto del Racismo y de la segregación racial  existente de facto en no pocas personas de los Estados Unidos. Desgraciadamente lo que se cuenta en este relato me ha sorprendido menos al ser una historia más cercana a nuestro hoy, más conocida, por verla con indeseada frecuencia en los informativos diarios. Me refiero a abusos sobre personas de color por parte de fuerzas policiales que rápidamente tiran de pistola para defenderse de un supuesto ataque de un indefenso ciudadano.de color. Este asunto del racismo y de la segregación racial no es exclusivo de USA; también en la culta Europa asistimos con cierta periodicidad a revueltas ocasionadas por discriminaciones de esta clase (Francia  ha conocido no pocos casos de estos por segregación respecto a su población de origen magrebí) aunque sin duda la palma se la lleva Estados Unidos donde localidades como Ferguson (en Misuri), Charleston (en Carolina del Sur), Minneapolis (en Minnesota) o Filadelfia (en Pensilvania) han conocido, sólo fijándonos en los últimos cinco años, disturbios sonados provocados por la violencia policial. 

Es por esto que digo que la sorpresa de "Los chicos de la Nickel" ha sido para mí menor. Pero sí que creo que es una historia necesaria la que Colson Whitehead con un estilo ágil, muy próximo al de la crónica periodística (conviene recordar que el escritor es o ha sido habitual reseñista de libros, música y televisión en revistas populares americanas como 'Village Voice') presenta en esta novela. Sin lugar a dudas esta novela es un homenaje al pastor Martin Luther King Jr. asesinado en 1968 por su lucha por los derechos civiles de los afroamericanos. Precisamente esa lucha pacífica, en forma de escritos y cartas denunciando abusos y vejaciones de la población de color, es lo que emulándole realiza el protagonista de esta narración, Elwood Curtis. Es El un chico estudioso, trabajador, idealista, crédulo, que quiere hacer realidad las ideas del pastor King que escucha en el único disco que tiene, 'Martin Luther King at Zion Hill', que le regaló en 1962 su abuela Harriet y del que habiéndolo oído tantas veces ha interiorizado sus palabras: 
«Tenemos que creer con toda nuestra alma que somos alguien, que somos importantes, que valemos, y tenemos que caminar a diario por las calles de la vida con este sentido de dignidad y este sentido de ser alguien.»

Martin Luther King, Premio Nobel de la Paz 1964
Elwood será fiel a estas palabras del Premio Nobel de la Paz 1964 así como a su propia tradición familiar: su padre Percy condecorado por su papel como soldado en la Guerra Mundial que escribió a sus superiores denunciando el trato desigual dado a los soldados de color; el abuelo Monty que pagó cara su intervención en una pelea con afán de separar a los contendientes; o su bisabuelo, el padre de la abuela Harriet, castigado con dureza por no apartarse del camino de una señora blanca en Tennessee Avenue. También, educadores como su profesor en el instituto Lincoln, Hill, que le puso en contacto con obras escritas por autores afroamericanos que denunciaban la desigualdad entre norteamericanos: «Los negros son estadounidenses y su destino es el destino del país.» (James Baldwin, Notes of a Native Son) serán muy importantes en la formación de su conciencia reivindicativa por la igualdad entre negros y blancos.

Una mente abierta como la de Elwood asimila todo lo anterior y durante su estancia en el Reformatorio se sentirá minusvalorado como ser humano, ninguneado por supervisores -supuestos 'educadores'- de una ignorancia supina, y finalmente castigado con una crueldad inusitada simplemente por haber querido socorrer a un chico débil que estaba siendo agredido por dos mayores abusones. El castigo pretendidamente educativo se iniciaba con frases muy reveladoras por parte de los supervisores encargados del castigo, Spencer y Earl: «Como te oiga quejarte una sola vez, tendrás propina.» «Cierra la puta boca, negro de mierda.»; seguía con una tanda de unos setenta latigazos en nalgas y piernas; y finalizaba como en el caso de El en la enfermería si, también como en su caso, el castigado tenía la suerte de sobrevivir al correctivo: "De resultas de los correazos, fragmentos del pantalón viejo se le habían incrustado en la piel y el médico había necesitado dos horas para extraerle las fibras.". Brutal, como se ve.

Para Elwood el único refugio era la amistad tejida con Turner, Jaimie o Desmond; juntos idean e imaginan venganzas contra estos crueles supervisores que casi nunca realizan. Sobre todo es con Turner con quien los lazos serán más estrechos a consecuencia de ser ellos dos quienes ayudan al supervisor Harper a dar salida bajo cuerda a muchos de los productos y donaciones recibidas por la escuela, o sea, serán mano de obra gratuita en la corrupción practicada por los miembros del Reformatorio a costa de la salud de los adolescentes allí internados.

La historia de la Nickel, trasunto de la Escuela Dozier para Chicos de Marianna (Florida), se presenta de manera muy cinematográfica con el descubrimiento en 2014 por parte de unos alumnos de arqueología de unos restos humanos, la indagación en los archivos de la institución desaparecida ya hace tres años de lo que allí existió y la salida a la luz periodística del infierno que allí se consintió durante tantas décadas. A partir de aquí particulariza en la historia de uno de los internos, Elwood en el relato, y avanza en su peripecia vital hasta el final en que de nuevo se vuelve al momento de 2014 en que en Tallahassee (Florida) se está realizando una especie de convención de antiguos alumnos de la escuela que aportan testimonios sobre lo allí vivido. Habida cuenta de las sorpresas que en el desarrollo de la trama se producen, no me extrañaría nada que viéramos esta novela convertida en película. Desde luego todo conduce a ello: el ritmo vivo, el juego presente-pasado, y sobre todo el relato del racismo tan arraigado en algunas partes y seres humanos de los Estados Unidos.

En mi opinión uno de los grandes méritos de esta narración es ver cómo una historia particular, la de un chico que por azar ve quebrarse su futuro, la vemos convertida en algo más amplio, de alcance más universal: la defensa de la dignidad humana, la lucha contra la violencia gratuita, la resistencia pasiva al estilo de Mahatma Gandhi para así denunciar la maldad indiscriminada, la universalidad de lo predicado por el doctor Martin Luther King y la pervivencia de su legado:

 «Metednos en la cárcel y nosotros os seguiremos amando. Arrojad bombas contra nuestras casas y amenazad a nuestros hijos, y nosotros, por muy difícil que sea, os seguiremos amando. Enviad a vuestros criminales encapuchados para que entren en nuestras comunidades al amparo de la noche y se nos lleven a rastras a un camino apartado y nos abandonen allí tras darnos una paliza de muerte, y nosotros os seguiremos amando. Pero tened por seguro que nuestra capacidad de sufrimiento acabará por agotaros, y que un día ganaremos nuestra libertad.»


La novela fue la lectura elegida por la tertulia "más que palabras..." para la reunión del mes de noviembre y tuvo un rendimiento fantástico. En mi opinión es una lectura muy adecuada para debatir en grupos de lectura o lecturas colectivas. 

19 sept 2020

Colson Whitehead. "El ferrocarril subterráneo"

20 comentarios:

- “ La prensa gustaba de publicitar la fantasía de la plantación feliz y el esclavo que cantaba y bailaba y quería a su amo. A la gente gustaban estas historias y políticamente resultaban útiles dado el enfrentamiento con los Estados norteños y el movimiento antiesclavista.
-“Una plantación era una plantación; podías pensar que tus desgracias eran particulares, pero el auténtico horror radicaba en su universalidad.
- “ El esclavista había pedido algodón Sea Island para sus tierras, pero mezcladas entre sus semillas llegaron también las de la violencia y la muerte, un cultivo que crece rápido. Los blancos tenían motivos para estar asustados. Un día la sangre derrumbaria el sistema.

Los informativos de toda índole pero en especial los televisivos dan a la cultura el papel de puro relleno al final de los mismos, antes o incluso después del deporte rey. Fue así como oí por primera vez el nombre de Colson Whitehead puesto en  boca de la periodista Ana Blanco quien para cerrar el Telediario de no recuerdo ahora qué día habló de la última novela de ese escritor norteamericano titulada "Los chicos de la Nickel"


novela afroamericana, abolición de la esclavitud

Me puse a buscar dicha novela y a recabar información sobre su autor. Sobre el novelista  supe que se trata de un afroamericano nacido en 1969 en Nueva York. Que se formó en la Universidad de Harvard y que muy pronto comenzó a hacer colaboraciones en revistas escribiendo sobre películas, libros, música y televisión. A gran velocidad se hizo asiduo a los Premios literarios siendo finalista en 1999 del PEN/Hemingway por su primera novela y del Pullitzer por "John Henry Days", su segunda publicación. Desde ese momento estaba claro que Whitehead se haría acreedor de múltiples distinciones con sus obras de ficción. Mientras iba cuajando una sólida y exitosa popularmente carrera literaria (su novela distópica "Zona Uno" fue superventas en USA durante varias semanas) el escritor no dejó -no ha dejado, más bien- de publicar artículos, reseñas y relatos de ficción en prestigiosas publicaciones estadounidenses como The New Yorker, The New York Times, New Yok Magazine, etc.

Mi búsqueda en bibliotecas de "Los chicos de la Níckel", el libro promocionado por Ana Blanco, fue infructuosa. Aún no ha llegado a sus anaqueles. Sí vi sin embargo otros títulos suyos: "Zona Uno", 2011; "El coloso de Nueva York", 2003; "El ferrocarril subterráneo", 2017; y "La intuicionista", 1999. De los cuatro me llamó especialmente la atención "El ferrocarril subterráneo" al haber sido distinguido ese año con el Pullitzer, algo que también le ha ocurrido con "Los chicos de la Níckel" en 2020 y que seguramente era el motivo que justificó su aparición en el telediario. Caramba, me dije, dos Pullitzer seguidos; dado que no está el último leeré el anterior. 

Como es normal antes de hacerme con el libro me fijé en el asunto que trataba la ficción: la lucha contra la esclavitud en la Norteamérica del siglo XIX, especialmente durante su primera mitad. Esto aún me inclinó más a esta lectura dado que no hacía mucho -concretamente durante el mes de marzo pasado- había leído con gusto por mi parte "Lincoln en el Bardo", novela de George Saunders [tengo reseña hecha en mi blog] que tocaba muy directamente el tema de la abolición de la esclavitud declarada en plena Guerra de Secesión por parte del presidente estadounidense Abraham Lincoln. Sí, estaba claro, leería "El ferrocarril subterráneo"

Mi comentario
Sinopsis (dada por la propia editorial)
Cora es una joven esclava de una plantación de algodón en Georgia. Abandonada por su madre, vive sometida a la crueldad de sus amos. Cuando César, un joven de Virginia, le habla del ferrocarril subterráneo, ambos deciden iniciar una arriesgada huida hacia el Norte para conseguir la libertad. 
El ferrocarril subterráneo convierte en realidad una fábula de la época e imagina una verdadera red de estaciones clandestinas unidas por raíles subterráneos que cruzan el país. En su huida, Cora recorrerá los diferentes estados, y en cada parada se encontrará un mundo completamente diferente, mientras acumula decepciones en el transcurso de una bajada a los infiernos de la condición humana... Aun así, también habrá destellos de humanidad que le harán mantener la esperanza.

Premios Pullitzer, literatura norteamericana
Cora nació en la plantación algodonera de los Randall. Es hija de Mabel y nieta de Ajarry. No ha conocido jamás la libertad. Desaparecidas de su vida su madre y su abuela, Cora toma conciencia de su soledad y decide aferrarse a lo único que su madre antes de fugarse le dejó, una ínfima parcela de 3 metros cuadrados donde cultiva verduras y hortalizas. Cuando Blake, un esclavo recién llegado a la propiedad de los hermanos Randall, decide instalar la caseta del perro sobre ese terruño Cora se encorajina y con un hacha destruye la caseta. Todos piensan que está loca y como tal la confinan en la Cabaña de Hob, una especie de lazareto dentro de la plantación donde radican a las mujeres lelas, retrasadas o tullidas. Cora está encariñada con las mujeres de Hob, con Sybil , con Evelyn y con algunos de los niños que, inocentes, corretean por la plantación a la espera sin saberlo del primer latigazo que les propine Connolly, el salvaje capataz que disfruta haciendo surcos en las espaldas de los esclavos con el 'gato de las nueve colas'. 

De vez en cuando la "magnanimidad" de los blancos permitía que los negros celebrasen fiestas que ellos muchas veces interrumpían y, borrachos, trocaban en orgías de sangre y castigos. Así fue como Caesar, un esclavo venido del norte se fijó en Cora cuando ella defendió del látigo a un  niño que había manchado sin querer a Terrance Randall. Caesar propondrá a Cora escaparse igual que hiciera cuando ella era pequeña su madre Mabel. Remisa al principio, sin embargo pronto aceptará la propuesta y una noche iniciarán la gran aventura que les llevará a contactar con toda una serie de personas blancas y de color implicadas en la causa abolicionista que forman parte de una organización clandestina denominada 'El ferrocarril subterráneo'.

Los participantes en este ferrocarril (jefes de estación, maquinistas, guardagujas...) son muchos: los blancos Fletcher y Lumbly en Georgia y Carolina del Sur, el matrimonio blanco formado por Martin y Ethel en Carolina del Norte, los negros Royal, Justin y Red en Tennessee, etc. Y frente a ellos, de antagonistas, toda la sociedad sureña que disfruta realizando fiestas los viernes en los que cuelgan en la denominada Senda de la Libertad a los esclavos fugados y a quienes, blancos o negros, hayan colaborado en su huida. Los linchamientos están a la orden del día porque para mantener ese injusto sistema legal sólo existe el miedo. Dentro de este grupo de mantenedores del statu quo están los cazadores de esclavos, cazarrecompensas que viven de su captura y entrega a sus amos legales. Destaca Arnold Ridgeway el cazanegros, y su socio Tom Bird que fracasaron en la captura de Mabel, la madre de Cora, razón por la que cuando ésta huye Ridgeway se toma su captura como un reto personal. El cazanegros va acompañado ahora por Homer, un niño negro manumitido por él mismo, y Boseman, un buscavidas que había trabajado de todo hasta entrar en la banda y que se distingue por lucir un collar de orejas humanas que ganó al indio Strong una noche de juego. 

La novela se centra en un caso particular, el de los esclavos negros y la lucha por su liberación, pero lo trasciende y cuando se lee estamos 'viendo' luchas similares habidas en otros momentos de la historia. Así las fugas de los campos de concentración nazis durante la segunda guerra mundial o las realizadas del Gulag soviético e incluso las protagonizadas en nuestro país durante los años duros del Franquismo se me pasaban por la cabeza durante la lectura. 

Cuando una anécdota particular se eleva a categoría universal es signo inequívoco de que estamos ante una obra de arte indiscutible. Naturalmente esto tiene que tener el acompañamiento formal adecuado. ¿Sucede tal cosa en esta novela? Pues sí, siendo además uno de los motivos que propician su grata lectura. En términos generales la novela es una gran metáfora de la Resistencia ante la opresión y de la lucha por la Libertad y dignidad del ser humano. Colson Whitehead toma en su literalidad el lenguaje codificado a base de términos propios del ámbito ferroviario que utilizaban para comunicarse los miembros de la  organización que era el Ferrocarril Subterráneo y fabula como si tal creación mental hubiese sido verdad. 

Red clandestina antiesclavista, Colson Whitehead
Cualquier lector avisado -sobre todo si es norteamericano- conoce el significado del Ferrocarril Subterráneo y de los términos a él asociados (estaciones, andenes, maquinistas, máquinas de vapor, jefes de estación, etc.). Y pese a ello el novelista logra transfundir en el lector una sensación de verosimilitud traspasada de poeticidad. Un escondrijo en el suelo al que se accede a través de una trampilla para llegar a un túnel excavado y unas vías que se pierden en la oscuridad. Las preguntas que hace Cora y que como lectores también nos hacemos es el de quiénes lo han construido, cómo se ha hecho, a dónde conduce... Y las respuestas no pueden venir más que de mano de la fe en los otros y en la ilusión por el futuro. Lumbly, uno de los jefes de estación con los que topan Caesar y Cora en su escapada, se lo dice claramente a ambos cuando incrédulos en el andén aguardan la llegada del tren: 
Si queréis saber de qué va este país, siempre digo lo mismo, tenéis que viajar en tren. Mirad afuera mientras avanzáis a toda velocidad y descubriréis el verdadero rostro de América.
Esta frase es reiterativa a lo largo del relato y esconde la clave para la intelección del mismo. Dentro de la inmensa alegoría que es la novela el tren es el ansia de libertad de cada persona que no debe de frenarse jamás sino avanzar pese a los impedimentos externos (leyes injusta en diversos Estados, segregación racial, castigos...) para así construir la Nación.  

Cora en su viaje hacia la Libertad pasa por diferentes Estados, contacta con diversas personas, pierde a un buen número de ellas, deberá luchar contra unos y otros así como confiar en algunos y siempre deberá mantener viva su ilusión por reencontrarse consigo misma como persona y cuando lo logre -si es que lo logra- colaborar para que otros también alcancen ese objetivo. En su deambular por el país son innumerables los personajes que aparecen, todos ellos muy bien construidos. Es una gozada leer la novela por el inmenso abanico de seres humanos que presenta.

La novela se construye en capítulos alternando los titulados con el nombre de un personaje importante (Ethel, Ajarry, Mabel, Caesar...) con los encabezados con el nombre del Estado por donde se encuentran en ese momento los fugitivos (Tennessee, Carolina del Sur, Carolina del Norte, Indiana...). Los capítulos, aunque muestran la historia de Cora en un sentido lineal de avance temporal, sirven también para dar noticia de los antecedentes de este o aquel personaje que gira alrededor o tuvo alguna relación con ella (Mabel, Caesar, Ridgeway, Royal...) de manera que Whitehead no deja cabos sueltos que puedan perturbar la comprensión del lector.

El núcleo de la historia sucede durante los años que van de 1830 a 1860, años en los que el Ferrocarril Subterráneo tuvo su momento álgido de actividad coincidente con el avance de la abolición de la esclavitud en varios Estados norteños que se anticiparon a la abolición total de la misma para todo el país dictada por el presidente Abraham Lincoln tras el término de la Guerra de Secesión en 1865. En el último capítulo Amanda, hija de Mingo, un personaje importante en la Granja de John Valentine donde se refugia Cora durante su estancia en Tennessee, hablará muchos años después de sucedida la historia de Cora de la Gran Guerra europea que está teniendo lugar en ese momento con estas palabras: 
El conflicto europeo era terrible y violento, le contó a su marinero, pero discrepaba del nombre. La Gran Guerra siempre había sido entre los blancos y los negros. Y siempre lo sería
Esta frase de Amanda desgraciadamente es de una terrible actualidad como bien se sigue comprobando hoy día en los abusos policiales sobre población negra con frecuente resultado de muerte. El conflicto racial en USA a pesar de los años transcurridos desde la abolición de la esclavitud sigue aún muy vivo. Es una realidad penosa. Quizás en el éxito de esta novela haya tenido mucho que ver la persistencia del conflicto. 

Berry Jenkins, "Moonlight"
"El ferrocarril subterráneo" rápidamente, se dijo, tendría versión cinematográfica que dirigiría Berry Jenkins, un director negro especializado en filmar problemas típicos de la población afroamericana. Puesto a buscar la película por internet  sólo he podido descubrir la existencia de una serie televisiva de once episodios que aún no ha llegado a nuestro país. De la película de Berry Jenkins nada de nada por ahora. Me tuve que conformar con volver a ver "Moonlight" película de 2016 que se alzó con el Oscar a la mejor película en la edición de 2017. Desde luego si este director finalmente filmara la adaptación de la novela estoy convencido de que hará un buen producto pues "Moonlight" de la que no voy a hablar aquí es un filme magnífico y que desde ya os recomiendo si es que aún no la habéis visto o como me ocurrió a mí no la recordáis dado el tiempo transcurrido desde el momento de su estreno. 

¿Conocíais a Colson Whitehead y habéis leído alguno de sus títulos?