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21 ene 2026

"Las sirenas de Titán" de Kurt Vonnegut. "Pupila de águila" de Alfredo Gómez Cerdá (A pares XLVIII)

6 comentarios:
En este "A pares" aúno dos lecturas que en cierto modo podrían tener un nexo de unión, el de sus potenciales lectores. Y digo 'podrían' porque no estoy convencido de que los lectores degustadores de uno y otro libro sean los mismos, o sea, los adolescentes y jóvenes. La novela de Kurt Vonnegut es claramente de  ciencia ficción, una tendencia con la que suelen simpatizar jóvenes y adolescentes. La de Alfredo Gómez Cerdá está claramente dirigida al sector juvenil-adolescente de la población; sin embargo la del estadounidense Kurt Vonnegut no.  ¿Entonces?



  "Las sirenas de Titán" de Kurt Vonnegut

Las sirenas de Titán, Kurt Vonnegut,Ciencia Ficción
Sinopsis de la novela
Un hombre llamado William Niles Rumfoord ha llevado su nave espacial privada al corazón de un ignoto infundibulum cronosinclástico (el ‘infudibulum cronosinclático’ es una zona del espacio-tiempo en forma de espiral, donde el tiempo y el espacio se curvan y se superponen, permitiendo a los seres interactuar desde diferentes épocas y lugares). Como resultado, Rumfoord y su perro Kazak acaban diseminándose en el tiempo y en el espacio a lo largo de una espiral, con un extremo en el sol y el otro en Betelgeuse, y Rumfoord, que se materializa en la Tierra y otros cuerpos solares cada vez que éstos interceptan la espiral, puede ver a la vez todos los aspectos de la verdad, convirtiéndose así en una especie de semidiós, desagradable, pero altamente refinado.

Estamos ante una novela publicada por el escritor norteamericano en 1959 y que se adscribe al género de la ciencia ficción. La Tierra, Marte, Mercurio, la novena luna de Saturno: Titán...; en definitiva, la galaxia de la Vía Láctea y dentro de ésta el Sistema Solar es el espacio en el que se mueven los protagonistas. Hay en la novela una fuerte crítica a la Religión, al liderazgo, al triunfo socio-económico, a la sustitución del ser humano por máquinas, al militarismo y la tendencia humana a la autodestrucción.

Todo lo anterior lo muestra el novelista envuelto en un tono de humor crítico, lo que le procura un  cierto distanciamiento.  También es muy importante en esta novela, la segunda que publicó, el hecho de que los distintos capítulos dan la sensación de ser relatos independientes, aunque ciertamente están entrelazados entre sí. La ficción científica que es hace que el concepto tiempo sea lábil y se hable, concretamente en las referencias a personajes extraterrestres de tiempos que van desde la prehistoria hasta el siglo XXI. La exageración, lo hiperbólico es importante en muchas partes de la novela y sirven para marcar la diferencia entre lo humano terrestre y lo foráneo extraterrestre.

Al protagonista Malachi Constant le predicen un comportamiento que le llevará a viajar por la galaxia para finalmente tras recalar en Titán regresar a la Tierra donde se casará con la mujer de Rumfoord. Por mucho que Constant intente sustraerse a su destino, el mismo parece que se cumplirá inexorablemente. 
Una filosofía existencial y desesperanzada emana de la peripecia vivida por Malachi. El antimilitarismo es muy importante en el relato. No hay que olvidar que el mundo en la fecha de aparición de la novela se encontraba al borde de una tercera Guerra Mundial (triunfo de la Revolución comunista en Cuba) que se adivinaba aniquiladora. El antimilitarismo unido al humor es patente en muchas páginas de la novela:
«Un observador no habría sabido quién estaba al mando en realidad, pues hasta los generales se movían como marionetas al compás del absurdo redoble:
Ran rataplán, plan, plan;
Ran rataplán, plan, plan.
¡Ran rataplán!
¡Ran rataplán!
Ran rataplán, plan, plan.
»
Un humor crítico, de tono sarcástico, que recorre toda la sociedad. Además de en el gremio militar Kurt Vonnegut pone su punto de mira en el profesoral del que formaba parte y que conocía muy a fondo. Así se ve cuando en un momento de la novela se refiere a una anciana profesora de setenta y tres años (Miss Isabel Fernstermaker):
«El despacho estaba abarrotado de trabajos sin corregir, algunos de hacía cinco años. Iba muy retrasada, tanto que había declarado una moratoria en los trabajos escolares hasta que se pusiera al día con las correcciones.»
Y en una novela de contenido tan filosófico ni siquiera éstos -los filósofos-  escapan a la mordaz crítica del novelista:
«Waltham Kittredge a menudo perdía el hilo de los reyes filósofos norteamericanos, en su intento por reflejar en palabras el ambiente de la clase social de Rumfoord. Como buen profesor universitario que era, Kittredge buscaba palabras rimbombantes y, como no las encontraba, acuñaba muchas palabras nuevas e intraducibles.»
Noel Constant es un hombre que todo lo cifra a su interpretación, libérrima, de la Biblia. El influjo de la religión en la vida política de Norteamérica, la idea e imagen de Dios presente hasta en los billetes, las iglesias, el modo hipócrita de actuar de los políticos..., todo ello es objeto de crítica en Las sirenas de Titán:
✔  «Magnum Opus Inc [misteriosa corporación interplanetaria creada para manipular la historia humana]. Era una máquina maravillosa para violentar el espíritu de miles de leyes sin transgredir ni siquiera una ordenanza municipal.
A Noel Constant le impresionó tanto ese monumento a la hipocresía y las prácticas abusivas que quiso comprar acciones sin consultar siquiera con su Biblia.
»
✔  «La bandera de esa iglesia será azul y dorada —dijo Rumfoord—. En ella estarán escritas estas palabras con letras doradas sobre campo azul: CUIDA DE LA GENTE, Y DIOS TODOPODEROSO CUIDARÁ DE SÍ MISMO.»
Leí esta novela por recomendación de MJ Ruiz del blog MJRuiz.com. La destacaba su administradora, dentro del Reto Serendipia 2025. por ser una novela distinta y relevante.  Yo la elegí junto a otras dos para intentar realizar dicho Reto. Bueno, pues diré que la novela no ha sido muy de mi gusto; la verdad es que a mí el género de la ciencia ficción no me va demasiado. Pese a esto reconozco en ella elementos más que interesantes, algunos de los cuales he dejado reflejados en esta breve reseña.



"Pupila de águila" de Alfredo Gómez Cerdá

Alfredo Gómez Cerdá, literatura juvenil,
Pupila de águila es una novela muy leída en colegios e institutos. Durante mis años de profesor en activo la teníamos como lectura obligatoria para los alumnos de 3º o 4º de la ESO. La recomendábamos por los valores educativos que indudablemente contiene y porque la historia al estar protagonizada por personajes adolescentes entendíamos -y comprobábamos curso tras curso- que era del gusto de los alumnos. 

Sinopsis de la novela
Martina es una chica joven que, nacida en un zona montañosa, vive en Madrid por imperativos de su formación de deportista. Se ve sometida a una pequeña operación, lo que la lleva a encontrarse con Igor, un joven que intentó suicidarse y que le recuerda a su hermano, muerto en misteriosas circunstancias.

Alfredo Gómez Cerdá presenta el momento evolutivo hacia la vida adulta de dos chicos adolescentes -Igor y Martina- que en el proceso de búsqueda de las razones que llevaron a Tino Soriano, hermano de Martina, a suicidarse se encontrarán a sí mismos y descubrirán el amor. Es una historia con tintes policíacos, un thriller, que contiene los ingredientes típicos del género: suspense, sorpresas, giros inesperados, ambiente urbano, egoísmo, corrupción, levísimos apuntes de los bajos fondos de la sociedad y el mundo sórdido (tráfico de drogas, pornografía...). En un relato para adolescentes como éste la sensación de abandono o poca atención por parte de los padres hacia ellos (en especial en Igor del Val), el mundo de los amigos (el grupo musical de Igor junto a sus amigos Manu, Alberto y Lola), el mundo de las amigas del colegio de Martina, etc. aparecen como elementos indispensables en una novela que tiene como destinatario este grupo humano de la sociedad. La novela se desarrolla en la ciudad de Madrid y se recorre gran parte de su geografía urbana, algo que a mí me ha resultado muy agradable e imagino -y lo sé por haberlo comprobado personalmente- que para alumnos residentes en Madrid gusta muchísimo. Es una novela que contrapone la vorágine de la gran ciudad con la tranquilidad del pueblo donde habitan los padres de Martina y donde ella se refugia cuando el estrés la sobrepasa.
 
La novela fue publicada por vez primera en 1989. En la relectura que he realizado he tenido en mis manos nada menos que la edición 54ª. El éxito de la novela como se ve es total. Sé por experiencia que la novela gusta mucho y según compañeros aún en activo hoy mismo resulta de éxito asegurado entre sus alumnos adolescentes. El motivo estriba en que Alfredo Gómez Cerdá conoce y sabe mostrar a la perfección el mundo interior adolescente: las inseguridades en el ámbito de los primeros amores; la rebeldía hacia los padres en busca de la propia identidad; paradójicamente, pero en nada contradictorio con lo anterior, la necesidad de sentir el afecto de los mismos; las tentaciones peligrosas como las drogas y el alcohol; la importancia de los estudios; y, sobre todo, la importancia de los amigos en esta etapa y la imperiosa necesidad de reconocer y rechazar las amistades tóxicas y cultivar y valorar debidamente las saludables.

La novela a pesar de los años transcurridos no ha perdido actualidad ninguna. Leída por mí como mero lector me ha entretenido muchísimo. Se pasa con ella un rato de lo más agradable. Pero, eso sí, no se debe olvidar nunca el público para el que está destinada.

25 may 2025

Mario Vargas Llosa (in memoriam). "Elogio de la madrastra"

18 comentarios:
Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura

Siempre se siente la muerte de un ser humano, mucho más si el mismo es un escritor admirado. Mucho he sentido el fallecimiento de Mario Vargas Llosa (Arequipa, marzo de 1936 - Lima, abril de 2025), autor cuyos libros me han acompañado desde los veinte años. "Los jefes", "Los cachorros", "La ciudad y los perros", "Conversación en la Catedral", "La casa verde",  "Pantaleón y las visitadoras", "La guerra del fin del mundo", "El sueño del celta", "La fiesta del chivo", "La tía Julia y el escribidor"... son, que ahora recuerde, títulos de narraciones suyas que no he podido olvidar pese al tiempo pasado desde que las leyera. También he admirado y he vuelto con frecuencia a algunos de sus ensayos como "La verdad de las mentiras", "Cartas a un joven novelista" (curiosa y paradójicamente el único reseñado en este blog), "García Márquez. Historia de un deicidio", "La civilización del espectáculo" o el siempre profundo y admirado "La orgía perpetua. Flaubert y Madame Bovary". De sus obras de teatro ahora mismo sólo recuerdo un título, "La señorita de Tacna" que hace ya más de cuarenta años se representó en el Teatro español de Madrid por la compañía de Aurora Bautista.

Ha sido siempre tal mi aprecio por la figura y obra del escritor peruano que a lo largo de los años he ido adquiriendo libros suyos siempre que los veía dentro de promociones periodísticas en los kioscos o también cuando caían en mis manos libros suyos en librerías de lance que me gusta visitar. Así adquirí la "Historia de Mayta", "Lituma en los Andes" o "Elogio de la madrastra" en momentos diversos y los fui depositando sin haberlos leído en los anaqueles donde reposaban las otras obras de Vargas Llosa. Alguno como "Lituma en los Andes" comencé a leerlo y no sé hoy por qué razón en concreto, seguramente por motivos de trabajo, al cabo de 70 u 80 páginas lo abandoné sin por ahora haber regresado a él. Esta reflexión, ante estos títulos, me surgió cuando el pasado día 13 de abril conocí la muerte del escritor. Recordando la complicada vida amorosa de Mario Vargas Llosa y su relación con las mujeres tanto de su familia como ajenas a ésta, al toparme con "Elogio de la madrastra" decidí hacer mi pequeño homenaje al gran escritor leyendo esta novela corta publicada en 1988.

Elogio de la madrastra, Mario Vargas Llosa
Ciertamente, en comparación con el resto de su obra, podría considerarse como una novela menor. Así, siempre la había considerado yo; por ello no me atraía especialmente y la he tenido durante muchos años sin leer al entender que sería más un ejercicio de escritura erótica que otra cosa. Que hay erotismo en esta narración es cierto, por lo que, en efecto, así podría calificarse la novela. Pero, como en todo, hay clases y el escritor peruano demuestra que se mueve como pez en el agua en cualquier género narrativo por menor que éste pueda considerarse. Con gracia y haciendo gala de su  enorme poso cultural asistimos a las fantasías eróticas de don Rigoberto con su mujer Lucrecia; dichas fantasías parten o se inspiran en cuadros pintados por importantes artistas pasados y actuales. Al tiempo que don Rigoberto y su esposa Lucrecia reproducen en sus encuentros amatorios lo representado por artistas pictóricos, Fonchito, un muy inteligente niño de apenas 13 años, maniobra de manera procaz y falaz respecto a su madrastra. 

El novelista alterna los capítulos que describen los asuntos representados en los cuadros con el discurrir lineal de la historia del niño Alfonso, su madrastra, la criada Justiniana y el papá don Rigoberto. Respecto a don Rigoberto, la lectura de esta novelita ha despertado en mí la curiosidad por ver cómo es presentado o evoluciona este personaje en la titulada "Los cuadernos de don Rigoberto". La dejaré para un momento en que desee leer algo liviano, pero de calidad. 

Lo que he sacado en claro de esta novela -me lo ha reafirmado más bien- es la enorme cultura que este peruano nacionalizado español y miembro hasta su muerte de la Real Academia española de la lengua albergó siempre en su interior. Los cuadros que inspiran la rijosidad de don Rigoberto y la disposición a la coyunda de su esposa Lucrecia son los siguientes: 
  1. Candaudes, rey de Lidia, muestra su mujer al primer ministro Giges (1648) de Jacob Jordaens, Mº Nacional de Estocolmo
  2. Diana después de su baño (1742) de François Bouchet, Mº del Louvre, París
  3. Venus con el Amor y la Música (c 1555) de Tiziano Vecellio,  Mº del Prado, Madrid
  4. Cabeza I (1948) de Francis Bacon, colección Richard S. Zeisler, Nueva York
  5. Camino a Mendieta 10 (1977) de Fernando Szyszlo, colección particular
  6. La Anunciación (c. 1437) de Fra Angelico, Monasterio de San Marco, Florencia

Este recorrido por la historia del arte, compilada en seis piezas maestras, me ha evocado o más bien me ha hecho recordar un libro de José Ovejero titulado Nueva guía del Museo del Prado en el que el autor elige veintidós cuadros más dos o tres esculturas de este museo y ante cada uno de ellos presenta un poema suyo sugerido por lo que está contemplando. Por otra parte, el despertar sexual del chiquillo en brazos de Lucrecia, su madrastra, sí que me ha llevado mentalmente al húngaro Stephen Vicinczey y su novela "En brazos de la mujer madura" que cuenta cómo András Vajda, alter ego del autor, en una Hungría ocupada por unos y por otros tras la segunda guerra mundial se inicia en el sexo con una mujer mayor y experimentada. La diferencia entre Fonchito y András radica, además de en la diferencia de edad, en que el segundo sólo busca la satisfacción sexual mientras que el inteligente Alfonsito no sólo busca disfrutar, también persigue otros fines.

Como conclusión diré que la novela calificada de erótica cuando apareció en 1988, hoy quizás no recibiría dicho adjetivo. Cualquier serie televisiva actual contiene más erotismo y procacidades que las quasi inocentes contemplaciones del cuerpo desnudo de la hermosa Lucrecia por parte del niño Fonchito. La criada Justiniana advierte a su ama de estas miradas pero ella al saberse observada en secreto se erotiza aún más. Es aquí, como en otros momentos de la novela que los personajes -en este caso Lucrecia y su criada- se sienten como si de Diana y de su criada se tratasen
«Ésa, la de la izquierda, soy yo, Diana Lucrecia […] A mi derecha, inclinada, mirándome el pie, está Justiniana, mi favorita. Acabamos de bañarnos y vamos a hacer el amor. […] El personaje principal no está en el cuadro. Mejor dicho no se le ve. Anda por allí detrás, oculto en la arboleda, espiándonos […]. Lo llaman Foncín.» 
Mitología, pintura y literatura. Mario Vargas Llosa

Este procedimiento literario de describir una obra artística [écfrasis] -en la cita anterior el cuadro de la imagen- lo realiza el autor identificando los dinámicos personajes literarios con los estáticos de la pintura. Atribuir a los personajes del cuadro, describiéndolos en movimiento, unos actos posteriores al que se contempla, provoca erotismo a través de lo que se comenta o se adivina. Esta pulsión erótica es de alta naturaleza artística, en nada parecida a la que nace de esas series televisivas (también las hay literarias de idéntico valor) que antes he mencionado.

Sirva esta breve reseña, de esta breve y poco comentada novela, de homenaje al autor arequipeño desaparecido hace poco más de un mes a los 89 años de edad. ¡Descanse en paz, Mario Vargas Llosa!

5 may 2023

Laura Rivas Arranz. Dos novelas: "Pasos en la escalera" y "Rompecabezas" (A pares XXXVI)

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«Aquella mañana, mirando a esa chica, los presuntos logros de las psicoterapias y de la fenotiacina se habían venido abajo. Y lo supo: su vida tampoco existía. Él no existía. Él era tan irreal como la abeja. Siempre lo había sospechado. Lo sabía. Los psiquiatras se equivocaban y él tenía razón. Todo era ficticio. Como una novela. No era más que una novela.» (Pasos en la escalera, pos. 916)
«Los crecidos jugadores de rompecabezas también han llegado hasta el coro. Ellos son siempre los primeros que se apuntan a guitarra, a baloncesto, a los Scouts. También el coro lo dominan. Sofía procura alejarse de todo en lo que ellos estén. Con ellos cerca no puede sentirse bien.» (Rompecabezas, pos. 910)

Novelas de Laura Rivas Arranz


Pasos en la escalera (1ª edición, julio de 2015) es la segunda novela de una paisana mía, Laura Rivas Arranz, que se dio a conocer con Rompecabezas aparecida en 2013.

He llegado hasta la autora por simpatía hacia su origen salmantino, que es el mío también. Naturalmente nos separan muchos años, pues ella es una mujer joven y yo un hombre nacido una montonera de tiempo antes. Pero su amor por Salamanca, sus artículos en Noticias Salamanca, sus cuentos y relatos que leo en su blog Desde el bosque, su activismo en redes sociales... me han hecho amigo virtual suyo. Haciendo el listado de mis adquisiciones del Día del Libro, su novela Pasos en la escalera se presentó ante mí, la adquirí y la he leído. Como digo más adelante, nada más acabarla me vi en la perentoria necesidad de ir a su novela anterior, Rompecabezas, para poder completar el puzzle novelístico de la escritora.

Me he adentrado, pues, en la literatura de Laura Rivas Arranz en orden inverso, pero creo que tal alteración no ha sido óbice alguno para degustarla debidamente. He comprobado que el procedimiento fundamental empleado en ambas novelas, dentro de los capítulos en que distribuye su contenido, es la presentación de la trama en breves secuencias o escenas narrativas. Es un procedimiento original que perfecciona en Pasos en la escalera donde suma al mismo el del perspectivismo (enjuiciar un mismo fenómeno, vivir una experiencia, sentir una emoción... desde el diverso punto de vista de diferentes personajes) y el contrapunto. Por contra en Rompecabezas las secuencias narrativas se suceden unas a otras de manera más lineal sin ahondar en otros recursos más que el derivado de la propia evocación por la contemplación de una fotografía de un tiempo pasado. 



Rompecabezas
Novela juvenil, bullying, acoso escolar
Pero vayamos por partes, esto es, por cada una de las novelas. Comenzaré por la primera publicada, o sea, por Rompecabezas.

Sinopsis (tomada de la página de Literanda)
Una historia sobre colegios, rompecabezas y niños algo rotos. Una historia sobre lo afiladas que pueden llegar a estar las aristas de un rompecabezas. Hoy es un día como cualquier otro. Hoy Aurora cumple dieciocho años, pero nadie puede ir a celebrarlo con ella. Hoy a Sofía una gripe le desgarra la garganta, le tapona las narices y le recalienta la cabeza con pensamientos oscuros. Hoy Sergio lee; lee siempre porque tiene demasiadas horas muertas que intenta reanimar leyendo novelas. Julio estudia; como ayer, como hace un año, como hace dos años… Hoy los cuatro se plantean dar un giro a sus vidas.
 
En esta novela Aurora, una chica de 18 años, hermana de Julio, a la muerte del abuelo Hugo revisa una caja en la que el fallecido, muy amante de la fotografía, guardaba muchas hechas a sus nietos. Según toma en sus manos estas instantáneas, las imágenes le hacen evocar los años que  ella, su amiga Sofía y su primo Sergio pasaron en el colegio, centro vital de socialización durante la infancia y adolescencia. Estos tres personajes tienen cada uno hermanos: Julio lo es de AuroraSergio, de Sandra; y Sofía, debe cuidar del bebé Rober. Los tres amigos sienten que en el colegio al que acuden se discrimina a unos alumnos frente a otros. Hay una crítica a profesores como Elvira que premia a sus favoritos con el juego del rompecabezas y la pertenencia al coro mientras que a otros como Aurora, Sofía y Sergio los excluye de los mismos. Esto es una clara injusticia que ahora, a sus 18 años y a la vista de las imágenes, Aurora rememora.

Creo que en todos los personajes que aparecen en la novela hay mucho de la propia escritora, quien ha querido remarcar en Rompecabezas las inseguridades propias de la adolescencia, los temores, los primeros amores o atracciones más o menos platónicas... Así Julio duda de si su decisión de haber estudiado derecho y preparar una oposición es acertada o no («Fue él y no el destino quien abandonó el violín, él quien eligió su carrera, y él quien ahora no se atreve a olvidar diez años y empezar de nuevo. Fue él quien decidió preparar la oposición») al tiempo que se la va el santo al cielo pensando en Susana; Sofía se cuestiona la inanidad de la existencia -planteamiento típicamente adolescente- a la vista de los lloros de su hermano Rober («Tal vez llora porque está deprimido. Quizá tampoco a él le gusta su vida. Dedicar la mayor parte del tiempo a comer y a dormir no es el colmo de la diversión»); Sergio, un grandísimo lector, quiere ser escritor en un futuro pero está lleno de dudas («Ellos viven; han vivido mientras él leía», «No necesita esos ánimos. A pesar de esto, a pesar de todo, incluso a pesar de sí mismo va a ser escritor. Ahora no, pero algún día.»); y Aurora siente mariposas en el estómago y un gran nerviosismo ante su próximo primer curso universitario («El próximo curso irá a la universidad. Será el principio de una nueva etapa; de una etapa feliz. Por un momento piensa que su solitario dieciocho cumpleaños puede ser el oscuro preludio de todo lo contrario, pero enseguida lo olvida.»).




Pasos en la escalera
Sinopsis (tomada de la página de Amazon)
Alguien se lanza al vacío contra el asfalto oscuro de la calle.
Cuatro meses antes, una universitaria principiante se instala en el sexto piso de un edificio viejo, frío y sin ascensor. Sus nuevos vecinos: un niño-batman, una niña fea, un médico con el botiquín desmantelado, una vieja que extravía recuerdos, una dependienta que oye voces en inglés para desoírlas en castellano, un escritor que vende batidoras.
El perturbado del séptimo sabe que puedes leer sus pensamientos. En lo alto del edificio, un astrónomo deprimido vigila con obstinación la luna.

soledad, timidez, obediencia
En Pasos en la escalera pienso que Laura Rivas Arranz da un gran salto como escritora. Continúa como he dicho con la estructuración de la narración en capítulos y, en éstos, con la distribución de la trama en secuencias o escenas breves. Pero el situar toda la historia en un mismo edificio le sirve para poder hacer uso del punto de vista o perspectivismo, así como del contrapunto algo que como ya he dicho no hacía en Rompecabezas. Lo que sí hacía en su primera novela, pero mucho más y con mas conocimiento en ésta, es la finalización de algunas secuencias e inicio de la siguiente con una misma expresión. Es un recurso que da ritmo al relato y que sirve para cohesionarlo y engarzar mejor todas sus partes:
«No podría. No lo conseguiría, seguramente no podría pagar el alquiler.
***
No podría. No lo conseguiría, seguramente no podría aprobar.»
Hay mucha más literatura en Pasos que en Rompecabezas. Mientras que en la primera publicada un personaje pensaba que con lo que se contaba en la historia podría él mismo lanzarse a escribir y hacer realidad su sueño de escritor, en Pasos en la escalera ya uno de los personajes, Alejandro, cree vivir dentro de una novela y otro, Bruno, que está escribiendo una dentro de un piso de ese edificio, reflexiona en voz alta sobre la misma haciendo verdadera metaliteratura
«Releyó las últimas líneas, y volvió a escribir:
La radio, los periódicos y la televisión no prestaban atención a su virus. Nadie hablaba ya de él. Encerrado en aquel piso a medio amueblar, se sintió abandonado y muy solo. Tan solo que decidió entregarse.
Bruno miró sorprendido a su personaje. Eso no estaba previsto. pero le daba un giro interesante a la historia.»

Además, en esta novela aparecen muchos más elementos que en Rompecabezas. Así el mundo de la Música («El cerebro le canturreaba, desafinado y descontrolado, aquella Suite en Re mayor o lo que fuera del dichoso Bach); del Cine en la alusión que se hace a personajes de El silencio de los corderos del director Jonathan Demme, película que Claudia está viendo en el televisor («Y Claudia pensó que al lado de Clarice Starling ella era una inútil total. Ella jamás daría con Bufalo Bill ni recataría a la pobre Catherine.»); del Cómic («Mirando a Batman dentro de la viñeta, Daniel pensó que sí, que Bruce Wayne era un hombre afortunado.»); de la misma Literatura en las referencias a títulos de libros que unos u otros personajes leen sirviendo esas lecturas a la novelista para caracterizar a alguno de sus personajes, de manera que mientras que Claudia lee a J. D. Salinger («Miró la portada de ese viejo libro de bolsillo, que en algún momento debía de haber metido en la maleta, porque ahora estaba allí junto a la radio: "El guardián entre el centeno"») Irene se siente atraída por Lo que el viento se llevó Miró otra vez el libro. Le consoló que Escarlata tampoco estuviera teniendo un buen día en la novela»)...

A propósito del Cómic, según yo avanzaba en la lectura de la novela no se me iba de la cabeza la semejanza que encontraba entre el edificio viejo de siete plantas donde transcurre la vida de este variopinto grupo de personajes y la exitosa historieta gráfica "13, rúe del Percebe" de Francisco Ibáñez. Al igual que en las historietas ideadas y dibujadas por Ibáñez, en la novela de Laura Rivas Arranz todo sucede de manera simultánea en cada uno de los pisos que ven su actividad interrumpida por el ruido de los pasos de alguien bajando las escaleras, por el portazo de la puerta que da acceso a la azotea, por la discusión en la casa del hijo de la propietaria, etc. 

Ya he dicho que la novelista prosigue con el procedimiento de abrir secuencias utilizando las mismas palabras empleadas para finalizar la inmediatamente anterior: una discusión en un piso, el sonido de la televisión, el golpe de una puerta... En alguna ocasión, incluso, se repite toda la serie de palabras con que acaba una para sin solución de continuidad iniciar con ninguna o muy pocas variaciones la siguiente. Este recurso literario, denominado técnicamente anadiplosis, sirve para marcar la simultaneidad temporal de lo que sucede en los diferentes pisos que componen el edificio. Una simultaneidad que transcurre a lo largo de los cuatro meses evocados a raíz del salto al vacío que en enero una persona efectuó desde un piso de ese edificio viejo y destartalado. Estamos, pues, ante una novela que comienza y finaliza en el mismo momento, abriéndose entre el primero y último de los cinco capítulos que forman el relato un paréntesis de cuatro meses durante el que nos enteramos de la vida de cada uno de los habitantes de ese peculiar edificio. Es un procedimiento muy cinematográfico.

Todos los personajes sufren algún problema, tienen alguna carencia. Los hermanos Víctor y Alejandro padecen depresión uno y esquizofrenia el otro; la anciana Catalina, dueña de todo el inmueble, está entrando en fase senil y tiene claros síntomas de alzheimer; su hijo, la mujer de éste, y los hijos de ambos, Cristina y Daniel, representan a una familia tipo con un padre algo agresivo, una mujer que está despertando de su sumisión y unos hijos, en especial, Daniel, que contemplan lo que les rodea con un estoicismo digno de alabanza; Bruno, es un escritor sin posibles que debe mendigar a su hermana para poder pagar el alquiler; Martín, un médico que mantiene una relación en el hospital; Irene, la chica popular menospreciada en  parte por sus propios padres ante el éxito profesional de su hermano...Y, naturalmente, Claudia, el ser más próximo en mi opinión a la propia escritora. Todos estos seres se encuentran algo perdidos en el mundo que habitan. Y sobre todo están solos; en ello insisten los dos hermanos Víctor y Alejandro: «Estaba solo. Estamos todos solos».

La soledad, la timidez, la necesidad de plegarse a los deseos de los otros, especialmente a los de los padres como le ocurre a Claudia, son temas recurrentes en la novela. Temas que en cierto sentido ya estaban presentes en Rompecabezas.

Para finalizar

Salamanca, Noticias Salamanca
No quiero cerrar esta reseña sin aludir a algo que me ha resultado muy grato leyendo a Laura Rivas Arranz. Me refiero al  enorme cariño que demuestra tener a su ciudad, a la manera que tenemos de hablar por allí, a los nombres de los lugares que son para nosotros señas de identidad. Los salmantinismos sin ser excesivos sí que aparecen en sus historias. Así los personajes de las mismas candan la puerta, no la cierran («mientras Claudia candaba la puerta») y pasean por lugares que sin reproducir exactamente la denominación de los reales existentes en la ciudad sí que los evocan sin temor a equívoco alguno:

«Asociaciones de vecinos denuncian el abandono del parque de La Alameda. No había fotografía. Pasó a otra página: La artista argentina Marisa Escobar muestra su obra en la Sala Platina.»

¿Qué distancia existe para un salmantino entre ese novelesco parque de la Alameda y el real parque de la Alamedilla o esa Sala Platina y el manantial o fuente de la Platina? Para un natural del lugar desde luego ninguna. Y esto a mí me ha gustado verlo, leerlo, evocarlo. Gracias Laura.

Pasos en la escalera y también Rompecabezas, aunque algo menos, son novelas que me han gustado, que me han entretenido y que pienso que son de muy buena factura. En cierto sentido ambas me parecen novelas de aprendizaje, de formación, pues muestran el proceso de situarse en el mundo de unos personajes, niños en la primera publicada, y ya saliendo definitivamente de la adolescencia en la segunda. Aunque yo las he leído ahora descubro que la publicación inicial de ambas se remonta, como digo al inicio de esta reseña, al año 2015 y 2013 respectivamente. Leo en la página web de la autora su lamento por que Pasos en la escalera no haya tenido tan buena fortuna como la anterior. Pues debe de ser que a mí me gusta ir contracorriente porque Rompecabezas, gustándome, me parece bastante inferior a Pasos en la escalera.

«Pasos en la escalera no ha tenido, hasta el momento, mucha suerte. Ha tenido lectores, sí, pero no muchos. Así como Rompecabezas puedo afirmar que es una novela con estrella. Pasos en la escalera ha sido —hasta ahora— más de estrellarse.»




21 ene 2023

El lamento de Portnoy. Novela de Philip Roth. (Revisitados)

23 comentarios:

«William Butler Yeats lo escribió –dije, comprendiendo mi poco tacto, la falta de sensibilidad con que yo había puesto de relieve el abismo que nos separaba: yo soy listo y tú eres tonta, eso es lo que había querido decir al recitar a aquella mujer uno de los tres poemas que yo había aprendido de memoria en mis treinta y tres años−. Un poeta irlandés −añadí» (pág. 184)

Philip Roth, El mal de Portnoy
Al hilo de la lectura del libro de James Salter, "Juego y distracción" que, como digo en el comentario que de ella hago en este blog [leerlo aquí], me evocó vivamente la novela de Philip Roth aparecida en 1969, "El lamento de Portnoy", recordé haber hecho reseña de ella. La he buscado y la he releído. Me ha parecido que las palabras que le dediqué hace años no están nada mal; sin embargo su recepción entre los lectores de 'El blog de Juan Carlos' ha sido claramente escasa, quizás por la fecha en que la publiqué -en 2012, coincidiendo con la concesión del Premio Príncipe de Asturias de Literatura al escritor norteamericano- cuando el blog apenas si había echado a andar. Es por eso que he decidido traerla al presente y situarla con esta entrada dentro de la Sección "Revisitados de este blog. Ya me diréis qué os parece. 



AVISO: El comentario de la novela El lamento de Portnoy de Philip Roth que viene a continuación contiene algunos spoilers. ¡Quien avisa, no es traidor!



 El 26 de octubre del año 2012 cuando publiqué la reseña lo hice bajo este rotundo título: 

 «En el muro de las lamentaciones. “EL LAMENTO DE PORTNOY” de Philip Roth (Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2012)»

Y seguía así:

 La novela apareció en 1969. Es una novela que cabría considerar como “fuerte” en el sentido en que mis padres empleaban dicho término y que yo escuchaba de sus labios cuando niño. Es “Fuerte” porque su asunto, al menos externamente, gira en torno a la obsesión que el protagonista Alexander Portnoy tiene sobre el sexo. Dicha obsesión le viene de su época adolescente y parece no haber desaparecido en el momento en que está contando el relato, a sus 33 años.

¿Por qué esta obsesión? Seguramente procede de su condición de judío y su evolución como adolescente, del gran complejo de Edipo que sufre –o ha sufrido- y de su gran soledad… Y es que Alexander vive en Newark, afueras de New York, a donde sus padres se trasladaron huyendo del antisemitismo que sentían en Jersey City, en un barrio donde todos sus habitantes son judíos y en el que se observan estrictamente los principios de la ley judaica (carnicería judía, barbero judío, colegio judío…) al igual que en el seno de su familia constituida por Jack Portnoy, el padre, vendedor de seguros en los barrios más difíciles de la ciudad (Harlem, Bronx, y así), la madre Sophie Ginsky, la hermana Hanna y el novio de ésta Morty. Los vecinos también lo son: su tío Hynnie, vendedor de gaseosas; su primo Harold, Heshie.

Y en este contexto está Alex, adolescente de algo menos de 16 años, que quiere sentirse como el centrocampista de un partido de Baseball: seguro y conocedor de todo (esta metáfora la desarrolla Philip Roth en las páginas 72-76; y me recuerda un muy mucho a otro libro de crisis adolescente, El guardián entre el centeno de J.D. Salinger). Portnoy se rebela contra la opresión y rigidez con que su familia, y en especial su madre Sophie, lo educan. Es un sentimiento ambivalente pues al tiempo que siente asfixia en su casa, también se siente solo fuera de esta protección. Su crisis de adolescencia encuentra salida hormonal en la masturbación, si bien este acto le perturba seriamente pues el joven está invadido del sentimiento de culpa inherente a cualquier momento de placer que le han imbuido en casa, en la sinagoga, en el colegio…; en definitiva, en la educación que recibe.

Estos asuntos ocupan las tres primeras partes del relato (“La persona más inolvidable que he conocido”, “Sacudiendo” y “Lamentaciones judías”) que ocupan las primeras 83 páginas. De estas tres partes, además de la angustia que siente por lo encima de él que está su madre y el afán por masturbarse destaca el lamento siguiente: «No querer ser uno judío y serlo para los otros». Y es que su físico (la nariz ganchuda, el pelo negro y ensortijado…) lo delatan ante los goyische (gentiles) que viven con alegría y son físicamente distintos. Alex se siente en un gueto y, –dice-, quiere vengarse de esta sociedad que los aparta a través del arma que tiene más a mano, el sexo. Primero masturbándose por doquier, incluso en sitios públicos, y cuando crezca practicando sexo con las kurveh (prostitutas) gentiles y no sólo con ellas.

Así sucede en la 4ª parte, “Ansia de sexo” en donde se nos aparece como un ser machista por demás. Es aquí, en esta parte de 92 páginas, donde vemos a la perfección la estructura del relato. Estamos ante una confesión, así la llama él en un momento, realizada por Alex ante un doctor al que en ocasiones llama Spielvogel (un psicoanalista o psiquiatra, sin duda) que en silencio escucha su monólogo que fluye de su conciencia entremezclando edades, periodos, etc., de manera que en ocasiones su confesión nos retrotrae a los 4 años de edad, en otras tiene 22 o vuelve al presente de la confesión, a sus 33 años (la técnica literaria es, pues, el monólogo interior y/o flujo de conciencia).

En las referencias que hace a su situación actual sabemos que se gana la vida como Subdelegado de Igualdad de Oportunidades de la ciudad de Nueva York, siendo un personaje conocido por sus apariciones en televisión por los controvertidos casos que lleva y resuelve. Por esto, es más chocante aún la depravación sexual de que hace gala con esa medio novia que se echa, la Mona, con la que practicará sexo duro y a la que convencerá para participar en tríos sexuales e incluso pretenderá llevar a orgías. En definitiva busca hacer realidad las fantasías sexuales que tiene desde la adolescencia. Su madre siempre le advirtió de lo inadecuado de este comportamiento imbuyéndole un sentimiento de culpa que le acompañará hasta el final del relato.

La 5ª parte, “La forma más extendida de degradación en la vida erótica”, insiste en sus relaciones adultas con diferentes mujeres, además de con la Mona, meretriz analfabeta a la que intentará educar recomendándole diversas lecturas (Dos Passos, Baldwin, Steinbeck, etc.). Esta mujer se enamorará sinceramente de él, pero él, que también se siente muy próximo a ella, no logrará superar el que ella proceda de los bajos fondos y que vista y actúe como una mujer de otro estatus. Se muestra, pues, Alex como un racista y actúa del mismo modo que echa en cara a los americanos no-judíos, sin aceptar a quien no pertenezca a su cultura, ahora no religiosa sino intelectual. La abandonará y ella amenazará con suicidarse.

Su relación con la Mona le hará recordar su primera salida fuera de su casa un Día de acción de Gracias con sólo 17 años cuando tras llevar dos meses sin ver a su familia por haber empezado a estudiar en la Universidad se va con su novia Kay, una chica de familia cristiana y buena posición social. Su judaísmo personal le pesa tanto que piensa que deberá plantearlo de mano a los padres de la chica (vamos, que de nuevo se siente culpable por ser judío y piensa que todo el mundo lo sabe y que ello es una barrera infranqueable). No lo hará, sin embargo, aunque luego a Kay tras una falta le propondrá casarse si se convierte al judaísmo; ella responde escandalizada por semejante propuesta y esto será el fin de la relación.

Escritores norteamericanos del siglo XXTambién recordará que con 29 años tuvo una novia en el lugar de trabajo. Era una chica de 22 llamada Sally Manlsby de familia americana desde la conquista en el XVI. A través de ella intentará vengarse de todos los agravios que en su opinión sufre su cultura representados primeramente en el jefe de su padre (Lainsbury) quien lo explotaba abusivamente. Sin embargo Sally, de personalidad fuerte, aunque accederá a algunos de sus caprichos sexuales, en un momento le manifestará simplemente que ella hay cosas que no hace, y punto.

La última parte tiene el título de “En el Exilio”. En esta parte viaja a Israel y curiosamente no se siente a gusto. Le sorprende que todos allí sean judíos y como le dirá una de sus conquistas es que él tiene cultura de gueto, que por eso desprecia a los otros, que no quiere integrarse. Dos chicas conoce, una militar y otra de 21 años de un kibutz. Con ninguna de las dos podrá practicar sexo, al no conseguir la erección. Además piensa que puede padecer una enfermedad de transmisión sexual (consecuencia ‘lógica’ de su desordenado comportamiento, vamos, el castigo que debería derivarse de su culpable actuación). La chica militar se irá al ver su nula disposición sexual, y la del kibutz impedirá que abuse de ella diciéndole las cosas a la cara. Esta chica se llama Naomi y es una sabra (nacida ya en el estado de Israel). 

En esta 5ª parte, concretamente en la página 252 de la novela, aparece la frase que en el fondo ha estado sobrevolando todo el relato: 
«¿Por qué, por qué no puedo tener un poco de placer sin que siga inmediatamente el castigo?»
Lo importante, al final, es que el relato le ha servido para descubrirse a sí mismo, y como dice el Dr. Spielgovel: «ahora, quizá, podamos empezar. ¿Sí?».

Además de lo reseñado anteriormente, y ya para finalizar, no hay que echar en saco roto la gran carga irónica y el claro humor que el relato encierra, si bien este último centrado la mayoría de las veces en situaciones de fuerte contenido sexual y/o escatológico. Es un humor chocante fruto de los altibajos situacionales como, por ejemplo, hacer uso de un hablar elevado en situaciones ciertamente muy chocarreras (vid. pág. 189). Para mí la situación más divertida se da cuando la Mona le dice haber comprendido el poema de “Leda y el Cisne” de Yeats con la vagina (vid. pág. 184).

Y es que asimismo la dualidad alta cultura frente a cultura en grado cero propicia, amén de no pocas situaciones humorísticas, la coartada perfecta para que el judío-que-es-pero-no-quisiera-aparentemente-serlo exponga su amplio abanico de preferencias literarias (Keats, Steinbeck, Baldwin, Kafka, Dos Passos, etc.). Y especialmente William Butter Yeats y su bellísimo y muy sensual poema con el cual prácticamente abre el relato.

En un momento dado, en las primeras páginas de El lamento de Portnoy, Philip Roth eleva a este impresentable personaje a la categoría de héroe: «Parezco un hijo de la casa de Atreo» [alude a los Atridas, de cuya estirpe proceden los héroes Aquiles, Agamenón y Menelao] y lo coloca a renglón seguido del vulgar comentario hecho por la Mona a propósito de la comprensión de dicho poema. Yo creo que con esto Roth está manifestándonos el poder adivinatorio, prospectivo y fuente de conocimientos no usuales que la literatura siempre ha propiciado, y que él parece defender, si bien, claro, Portnoy es un Aquiles del s. XX (otra muestra de humor irónico y carnavalesco).

17 ene 2023

James Salter: "Juego y distracción"

13 comentarios:
James Salter, generación de Kerouac, Richard Ford
De James Salter sólo había leído hasta el momento, en el ámbito de mi grupo de lectura, Años luz; y esto fue, hará ya cosa de dos o tres años. La novela, de la que tengo reseña hecha en este blog, me sorprendió y me gustó. Desde ese momento nada nuevo había leído de este norteamericano fallecido en 2015 a la edad de 90 años. Por pura casualidad Juego y distracción llegó a mis manos. No sabía de qué iba y me puse a leerla. Su corta extensión fue una de las razones que me impulsaron a ello. Últimamente busco obras de no muchas páginas; las 224 de la edición de Salamandra que he manejado son para mí una medida óptima.


Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
La novela narra la historia de amor entre Phillip Dean, un universitario norteamericano que deambula por Europa, y Anne-Marie Costallat, una joven francesa de provincias. Evocada en todo su esplendor erótico, la fogosa aventura de los dos amantes nos llega a través de la imaginación de un solitario compatriota de Phillip. El desdén hacia las convenciones sociales, la entrega incondicional al placer y la indolencia aparecen aquí delineados con un lenguaje conciso, que convierte el cúmulo de impresiones y la mirada reflexiva y sensible del narrador en un himno a la sensualidad.


Mi comentario
Comienza la novela con la visita del narrador a los Wheatland, Billy y Cristina, antes Cristina Cabaniss, y de soltera Poore, en París. Deseoso de conocer la realidad francesa, el joven narrador quiere viajar por la Francia profunda; Billy y Cristina le ofrecen una casa que tienen en Autun, una pequeña ciudad de 15000 habitantes distante de la capital algo menos de 300 kilómetros, para que se instale unas semanas en ella. Le recomiendan visitar a los Job, vecinos de la propiedad. 

En estas estamos durante los primeros cinco capítulos de los 37 -todos ellos bastante breves- que componen la novela. Un joven estudiante, norteamericano como él, le es presentado por los Job durante una comida. Pronto ambos congenian y el joven estudiante, de nombre Phillip Dean, pocos días después y sin previo aviso se presenta en casa del narrador y se instala en ella. Dean es un joven agraciado («Dean se parece a un actor: Eddie Constantine») que gusta a las mujeres. Así conocerá a Anne Marie Costallot, joven de 18 años que dejará a su novio negro por él. Juntos, Annie y Dean, viajarán por Francia: Nancy, Bagnoles, Joigny, Cezy, Angers, Orleans, Perros-Guirec, Nevers, Montsauche... y harán el amor. Sobre todo harán el amor. 

La verdad es que los embates amorosos practicados con asiduidad por Annie y Dean están cargados de un fuerte erotismo, aunque el narrador nos deja en la duda de si realmente todos ellos acontecieron o simplemente surgen de la imaginación de un joven, él mismo, que también se siente sexualmente atraído por esa hermosa joven. ¿Nos engaña el narrador, seguramente alter ego del propio James Salter que hasta 1961, mientras ejerció su profesión de aviador militar recorrió muchos países, entre ellos Francia? No, por cierto; desde el primer momento se nos avisa de la mucha imaginación vertida en el relato:
«Estas son notas sobre fotografías de Autun. Sería mejor decir que empezaron como notas pero luego se volvieron otra cosa, una descripción de lo que considero sucesos. Las tomaba para mí solo, pero ya no puedo ocultarlas. Aquellos tiempos pasaron. Nada de esto es cierto. He dicho Autun, pero fácilmente podría haber sido Auxerre. […]
Es la historia de cosas que nunca existieron, aunque el menor asomo de duda al respecto, la mínima posibilidad, lo sume todo en tinieblas. Solo quiero que quien lea esto esté tan resignado como yo.»
Imagina James Salter, en forma de road movie, un aprendizaje sentimental, una educación erótica producida en la pareja Dean - Annie. Los 34 años de edad de Dean y los 18 de Anne Marie marcan bien la distancia entre educador y educanda. Annie desborda sexualidad y plena disposición. Para el narrador Dean, quien le relata varios de estos encuentros, es alguien envidiable por la fortuna que tiene de relacionarse con esta bella muchacha. Pero, insisto, no está claro que todos los actos amorosos entre Phillip y Anne hayan tenido lugar y menos que hayan discurrido así. El narrador creado por Salter se los imagina así, él viene a identificarse con ese joven suertudo al que imagina en esas situaciones. Y de nuevo no nos engaña, aunque como lectores lleguemos a olvidar los avisos que nos va dando a lo largo del relato:
«Va empalmado la mitad del tiempo y se pregunta si habrá problemas para inscribirse en el hotel. De haber sido yo, y a veces estoy tan empapado de imágenes que pienso que era yo, no habría tenido aplomo, ni la menor confianza.»
¿Es fundamentalmente Juego y distracción una novela erótica? Yo diría que no, aunque sin duda alguna la sensualidad cumple en ella un importante papel. James Salter gusta de mostrar estos encuentros amatorios pero sabe cuando detenerse, apartarse y no excederse en lo explícito, que lo hay. No es fácil moverse por esos andurriales. Siempre se corre el peligro de caer en lo pornográfico o por el contrario mostrarse demasiado pacato. Mantener el equilibrio es ya demostración de maestría por parte de Salter quien logra lo que, según dice Antonio Muñoz Molina en su juicio sobre esta novela, parece imposible
«la dulzura explícita del sexo limpia de grosería, la sugestión de lo secreto y lo sagrado que ocurre entre dos amantes en el interior de una habitación, lo que es indecible y también irresistible, la mutua entrega y la desvergüenza amparadas tras la veladura del pudor.»
Leyendo la novela, que me ha gustado mucho como ya he dicho, recordaba otras narraciones primerizas  (Juego y distracción es la tercera de las novelas escritas por Salter, aunque para él es la primera auténticamente literaria dado que las dos anteriores, The Hunters y The Arms of  Flesh, estaban muy pegadas a sus experiencias de piloto de guerra). Me refiero, por ejemplo, a El lamento de Portnoy de Philip Roth, reseñada hace diez años en este blog, o a El guardián entre el centeno de J. D. Salinger, leída hace muchos más años aún y de la que no existe reseña alguna en El blog de Juan Carlos. En las tres asistimos a un viaje iniciático desde la adolescencia hacia el mundo adulto representado éste fundamentalmente por la práctica del sexo. De las dos novelas recordadas, la de Salinger es nada menos que del año 1951 mientras que la de Philip Roth vio la luz en 1969, dos años después de que Salter publicase Juego y distracción. Si por el contenido de las novelas y la explicitud con que se aborda y describe la sexualidad las dos narraciones aparecidas en los años 60 produjeron escándalo en la tradicionalmente timorata sociedad norteamericana, sólo hay que imaginar el efecto que el comportamiento de Holden Caulfield causaría el año que la novela que protagoniza salió a la venta.

Pero en Juego y distracción no sólo hay sexo; hay mucho más, si bien la manera de mostrárnoslo es a su través. Tras la lectura de esta historia se saca en claro que el sexo solo no basta, que es preciso que exista el amor. También, y aquí viene a justificarse el título de la novela, que la existencia hay que adornarla, que no sólo vale vivir. La expresión "Juego y distracción" la toma el autor de unos versos del Corán que en forma de cita inicial le sirven para enmarcar el relato («Sabed que la vida de acá es juego y distracción...! (El Corán, LVII 20)»); precisamente eso es lo que hace esta pareja: vivir, jugar, distraer el tedio vital que conlleva la existencia en una ciudad como Autun, representación de la Francia real:
«Una ciudad pequeña, sin alegría, con sus cafés y su vasta plaza. En las afueras se alzan apartamentos nuevos. Calles que nunca he visto. Hay dos cines, el Rex y el Vox. Brota agua de las fuentes. Unas ancianas pasean a sus perros. Por la mañana. Leo An Illustrated History of France. Una niebla densa ha blanqueado el jardín, donde todo queda oculto. Un silencio absoluto. Apenas percibo el paso del tiempo.»
Y junto a todo lo dicho hasta aquí, el magnífico estilo de la prosa de James Salter. Su manera de escribir está muy influida por su labor como guionista cinematográfico. No se explaya, la brevedad y la yuxtaposición son características muy reconocibles en él. Diríase que compone la descripción a base de breves brochazos que, vistos en su conjunto cuando nos alejamos un poco, muestran un cuadro perfecto. Es un estilo literario semejante al puntillismo pictórico. En otro lugar [en la reseña de Años luz] lo definí como estilo impresionista. Cuando comenté Años luz vine a decir que la insistencia en el procedimiento me resultaba algo cansina; sin embargo aquí, en Juego y distracción, por el contrario, me parece que le va como anillo al dedo.

Hace uso frecuente del símil y de imágenes que dan brillantez al texto:
  • «En el cuarto de baño la observa estirándose el pelo. Tiene los brazos en alto. En los huecos hay una sombra de espesura, corta y fina, y de ahí emana el olor húmedo, a cebollas, que él ama.» 
  • «Hablan del pasado, rememoran lugares, dificultades, alegrías. Ella toma un segundo vaso de vino. Fuera, la noche es azul.»

La manera de escribir de James Salter linda con la poesía en más de una ocasión. Esto y su contención descriptiva es lo que para mí hace de esta novela algo hermoso
«No queda nada. El poema de su amor está desperdigado a su alrededor. Los días se han desplomado por doquier, se han desmoronado como naipes. El aire es frío. Dean se sube las mantas. Ella está tan inmóvil que parece dormida. Él le toca la cara. Está bañada en lágrimas.»

En general he de decir que, si bien el personaje de Phillip Dean me ha evocado algo al Tom Buchanam  de El gran Gatsby, y su narrador innominado al Nick Carraway de la novela de Scott Fitzgerald, el estilo seco, breve, desnudo de muchas descripciones me ha hecho recordar a nuestro Azorín, del que este año 2023 celebraremos el 150 aniversario de su nacimiento. Y quizás -utilizo la posibilidad, el por qué no, emulando lo que Salter hace en su novela- esto no sea casual dado que en el escritor norteamericano, como ya dije al hablar de Años luz, abundan las referencias a España y a su literatura.  Así, por ejemplo para describir la interioridad compleja y difícil de Dean lo compara con Lorca: 
«Cuando miro sus fotos, la que le saqué comiendo una naranja, en el momento en que alza la vista, aquel día de noviembre en que fuimos por primera vez a Beaune, al mirarla veo los ojos de Lorca, los de alguien que es expulsado de la vida y destruido, nunca sabremos por qué motivo.»

Final
Muchas cosas me han gustado de esta novela. Lo primero que es diferente a otras, que tiene algo de perturbadora, que sugiere más que muestra, y sobre todo la mezcla magnífica hasta llegar a confundir al lector de realidad e imaginación. ¿Hasta qué punto lo real y lo soñado o deseado coinciden o se queda en puro ejercicio imaginativo? Esa manera de mostrar lo que quizás no hubo, pero que quien lo cuenta se lo imagina así o desearía que hubiera sucedido así es algo maravilloso en esta narración. Una narración en la que como digo al inicio de la reseña James Salter no nos está tendiendo trampa alguna pues desde el principio ha mostrado sus cartas:
«Su boca, al moverse, traza recorridos largos, dulces. Dean nota que empieza a caerse, a romperse, y yo soy como el saxofonista de una orquesta que desfila, enamorado de una reina del cine. Con mirada tierna, extraviado, desfilo pésimamente, de un lado para otro, en el descanso.»

Literatura norteamericana del siglo XX

 «No estoy diciendo la verdad sobre Dean, me la estoy inventando. Le estoy creando a partir de mis propias deficiencias, recuérdalo siempre.»

Después de leer esto no puedo menos que quitarme el sombrero y saludar la maestría que muestra este norteamericano poco conocido en España y algo opacado por otros nombres de la literatura norteamericana de su tiempo.


Nota.-
Con esta novela inicio el Reto Nos gustan los Clásicos y también el de Autores de la A a la Z.



2 oct 2022

Lize Spit: El deshielo

9 comentarios:

«Por primera vez me vi a mí misma en el reflejo, una mujer, de pelo largo, angulosa y descarnada. Adecuada sólo para hombres poco exigentes que querían apuntar más alto pero que se veían coartados por sus propias limitaciones. Entre ellos, un veinteañero picado de viruela en los aseos de la universidad, un modelo de las clases de dibujo con labio leporino y un profesor de historia francófono medio calvo.»

El deshielo, Het Smelt, Lize Spit, literatura belga
El deshielo de Lize Spit es una novela legible aunque algo truculenta; algo exagerada y hasta en, mi opinión, por momentos rayana en la inverosimilitud. De todos modos cuando se aborda el tema de la adolescencia cualquier cosa es posible pues si hay una edad en que somos exagerados e inverosímiles es esa. El tiempo es asunto central en esta historia y con él los complejos propios de la edad y la necesidad durante ese periodo vital de estar siempre haciendo algo, apostando por algo, probando algo, experimentando algo... Lo curioso es que lo realizado en esa etapa de tanta inestabilidad emocional a veces tiene consecuencias importantes en la edad adulta.

Sinopsis (de la propia editorial)
En 1988 nacieron tres niños en la pequeña ciudad de Bovenmeer: Laurens, Pim y Eva. Durante la infancia, y debido a la difícil situación familiar que vivía, la niña se volcó en su amistad con sus compañeros. Al llegar a la adolescencia, y azuzados por una incipiente curiosidad sexual, los chicos iniciaron un escabroso juego que tendría graves consecuencias para ellos. Transcurridos trece años de ese último verano juntos en que todo se desbocó, Eva regresa a Bovenmeer dispuesta a ajustar cuentas con el pasado.


La novela apareció en 2015 en Bélgica cuando Lize Spit tenía 27 años. Fue su primera incursión en la literatura. En cierto modo, imagino, es su propia adolescencia, tan cercana a ella, la que puede que se refleje en la historia de Eva, el personaje protagonista. La autora en las entrevistas que concedió en España en 2017 cuando vino a promocionar la edición en español dijo al respecto que no era una autobiografía a pesar de estar inspirada en la vida vivida por ella, su familia, los amigos y vecinos de la pequeña localidad flamenca que la vio nacer ("Cuando escribía el libro tenía dos voces en mi cabeza, la de la escritora, que me decía que utilizase cosas de mi vida real, y la de la hija, que me decía que no lo hiciera. Fue una lucha de ambas partes"). Pese a esta rotunda manifestación, su madre cuando apareció publicada El deshielo le dijo que esperaba que tuviera un buen abogado porque los vecinos estaban muy disgustados; esto es, me parece, señal inequívoca de que la inspiración en la realidad era más que reconocible para unos y otros si bien, prosiguió la Spit mi madre "no habló de lo que sentía ella". Vamos que, como bien refleja el dicho popular 'blanco y migado'. Con todo hay que tener en cuenta que la experiencia personal cuando se pasa por el barniz de la ficción ya no es historia real; quiero decir que no se puede pretender buscar una relación total entre los sucedidos de la ficción y la vida real de la escritora.

Lize Spit presenta esta historia sobre seres que se inician a la vida adulta presentándonoslos en tres momentos distintos de su devenir vital: La Niñez, cuando los tres niños nacidos el mismo año, de modo inevitable juegan y crecen juntos en el pueblo; la eclosión de la Adolescencia, ese momento inestable en que los niños empiezan a dejar de serlo sin llegar a ser adultos aún; y la Madurez de todos ellos, trece años después, cuando Eva vuelve al pueblo atendiendo la convocatoria que le han hecho llegar sobre el homenaje a Jan, el joven fallecido la Navidad de 2001. Estos tres cortes temporales los muestra la novelista siempre de manera alterna y siempre desarrollando linealmente la historia en cada uno de ellos. El lector sigue estas tres etapas vitales sin peligro de confusión alguno entre ellas dado que las secuencias que forman las de la Niñez siempre aparecen encabezadas por un título clarificador (Acampada, Encarta 97, Cabeza grasienta, etc.), las de la Madurez, o momento actual, las preside el discurrir inmisericorde del tiempo en el reloj (9:00, 12:30, 17:45, etc.) y el del momento central de  todo el relato, el de la brutal eclosión de la Adolescencia, con la indicación de la fecha concreta de los días de ese verano en el que todo se desbordó de modo terrible (se inicia el 4 de julio de 2002 y concluye el 10 de agosto de 2002).

Novelas de iniciación, Bildungsroman, Adolescencia
Muchos son los asuntos que directa o tangencialmente se tocan en El deshielo, todos ellos siempre relacionados en mayor o menor medida con el central de la adolescencia: la amistad entre niños y adolescentes; el abandono o escasa preocupación de algunos padres por sus hijos; el TOC (trastorno obsesivo compulsivo) padecido por Tesje, la hermana de la protagonista Eva; el alcoholismo de los padres de Eva; el descubrimiento de la sexualidad por los adolescentes; el sexo mal entendido por culpa de la pornografía y el tremendo daño que la misma ocasiona en las mentes de personas en formación como «los tres mosqueteros» (Pim, Laurens y Eva) que protagonizan esta historia; la tremenda frialdad con que se relacionan entre sí los tres niños protagonistas; la inopia en la que viven los padres respecto a las acciones de sus polluelos; el tremendo machismo presente en unos jóvenes casi niños y sus penosas consecuencias físicas y psicológicas en las mujeres; la colaboración en este machismo de las propias mujeres (el caso de la hermosa Elisa es claro ejemplo de ello); la disolución de la familia; la pérdida de influencia social de la iglesia; el bullying que puede llevar a quien lo sufre a querer quitarse de en medio (Jan, el hermano de Pim); la brutalidad que a veces aparece en entornos pequeños como la localidad belga donde sucede la historia...

Sobre el asunto citado en último lugar —el de lo sucedido en una pequeña localidad, en un pueblo—, Lize Spit durante su estancia en España en 2017 insistió en que uno de los personajes principales de su relato era el pueblo de Bovenmeer: "Una de las cosas que he aprendido es que a las personas en los pueblos les gusta hablar más las unas de las de las otras que las unas con las otras", "La gente en los pueblos sacrifica los secretos de los demás para poder ser alguien" y que esta actitud provoca que el libro acabe "de una manera tan brutal”.

Ha llamado mucho mi atención la forma literaria que Lize Spit utiliza en El deshielo, especialmente el predominio de frases cortas, yuxtapuestas, a veces sin aparente relación entre ellas pero que al estar así construidas logran transmitir la frialdad, la falta de empatía, incluso la crueldad que esos tres adolescentes practican entre ellos y con las compañeras de clase quienes, en general, aceptan sin gran oposición cuantas vejaciones o abusos se les ocurren a los por sí mismos denominados «tres mosqueteros». Que la autora sea escritora de guión explica, en mi opinión, este estilo seco, frío, distante, utilizado en la novela, claramente una de las señas de identidad de El deshielo.
  • «Tienes tantas oportunidades como prendas de ropa lleves. Si acabas desnuda, habrás perdido. En ese caso deberás hacer lo que ordenemos. Si adivinas el acertijo, nosotros haremos algo para ti. Lo que tú quieras.»
  • «Apenas intercambiamos palabras. En vez de hablar, busco cosas que sean distintas de hace un rato, ahora que Tesje ha desaparecido. El dolor en el cuerpo es el mismo, han aparecido algunas babosas en la calzada

La terrible historia relatada en la novela se ve acrecentada por el gusto que Lize Spit muestra por lo escatológico, por todo aquello que deshumaniza a la persona y la equipara a cualquier otro ser animal:  
  • «Vomité en la boca, una pequeña regurgitación con un regusto agrio y amargo que volví a tragar deprisa. No podía vomitar.»
  • «Laurens tenía diarrea del color de las espinacas,»
  • «La vaca sigue meciéndose, nerviosa. Se forma una burbuja sobre la mucosidad que sale de su culo
  • «De repente me baja por segunda vez la regla. Toda la sangre que me sobra empapa mis bragas. Al principio es líquida y caliente, pero cuanto más me muevo, más pegajosa se vuelve. Se seca y empieza a rozarme la parte interna de los muslos.»
Esta tendencia a lo desagradable viene a compensarla la escritora belga con un cierto sentido del humor que de manera desperdigada aparece en El deshielo. Es un humor negro que, como lo escatológico, en el fondo sirve para acrecentar el sentido terrible que subyace en el relato: 
«Aquella noche no nos sentamos a cenar hasta las ocho. La hora de la cena no tenía nada que ver con la muerte de Jan, sino con el hecho de que la carne no había acabado de descongelarse.» [en la casa de los padres de Eva la noche que murió Jan esperando que la cena se descongelase]
 «—Hoy en día te lo hacen por ciento cincuenta euros, aunque por lo general el precio no incluye el IVA ni el desplazamiento, pero eso no lo dicen en la web, claro. Tampoco ponía nada de que hubiera que pagar en efectivo.» [la madre de Pim mientras su marido busca en el pozo negro al desaparecido Jan]
 «A lo largo de 2003, en presencia de un psicólogo, Tesje informó a mamá y a papá de que sólo quería verlos si estaban sobrios, así que no volvieron.»

Final
Mientras la leía no he podido por menos que recordar la novela "Nada" de Janne Teller que leí hace ya más de ocho años. La reseña que de ella hice en este blog es con mucho la entrada más leída del mismo, con más de 117000 vistas. Para mí esto es claro ejemplo de la importancia que tiene la historia de adolescentes que la escritora danesa de origen austro-alemán escribió por encargo de unos amigos educadores. En algunos centros educativos del norte de Europa es lectura obligada para los alumnos de esas edades conflictivas. 

En la reseña que en 2014 hice de la novela de Janne Teller destacaba el interés que esta etapa vital, la adolescencia, desde siempre ha tenido para los creadores literarios. Concretamente citaba una serie de novelas de iniciación extranjeras y nacionales:
«Dentro de esta categoría entrarían novelas como: "El arpa de hierba" de Truman Capote, "El guardián entre el centeno" de J. D. Salinger, "El lamento de Portnoy" de Phlip Roth, y tantas otras.  

Entre nosotros dentro de la categoría de novela de adolescencia, de iniciación ("bildungsroman" dicen los teóricos de la narrativa) o de formación estarían desde "Lazarillo de Tormes" en el que se obvian los años difíciles de esta etapa vital o se despachan en dos capítulos supercortos dada la dificultad de escribir sobre los mismos hasta "Días de Reyes Magos" de Emilio Pascual pasando por la muy celebrada y única en la producción de la autora "Nada" de Carmen Laforet. Y si de la novela nos vamos al terreno del ensayo allí la conocidísima obra de Fernando Savater "Ética para Amador" se lleva la palma.»
El deshielo entra por derecho propio a formar parte de esta tendencia literaria, la del bildungsroman o novela de iniciación. Es, en definitiva, una novela que se lee muy bien, una novela que sorprende y agrada por los asuntos conflictivos que plantea. Sólo le pondría una pequeña pega, la de que en algunos momentos la historia, en mi modesta opinión, peca de desmedida. Quizás no todos sus lectores opinen igual; desde luego mi apreciación es más que debatible. Pero para mí sostengo que Lize Spit en sus próximas historias debiera de contenerse, de ponerse un cierto freno. Creo que ganaría en verosimilitud. Ya me daréis vuestra opinión cuando leáis esta novela, si es que aún no lo habéis hecho.

 "Es una historia de cómo la amistad se puede convertir en crueldad si no hay cuidado y de cómo ocurren cosas malas cuando la buena gente mira para otro lado"
(Lize Spit en declaraciones al diario La Vanguardia el año 2017)