La pobreza —continuaba el señor Thibault— ¿ha sido alguna vez incompatible con la felicidad cristiana? ¿Y la desigualdad de los bienes temporales, no es condición indispensable del equilibrio social?
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siempre he sentido el orgullo de pertenecer a esta clase acomodada sobre la que siempre han descansado la religión y la patria…
¿No deberías… tener cierto fervor religioso, en una palabra? ¿Una fe más sólida, más observante?
(La sorellina)
El año pasado leí las tres primeras novelas de las ocho que forman "Los Thibault" la Novela-Río que junto a otras realizaciones menores fue la producción literaria que más pesó en la concesión sin discusión alguna en 1937 del premio Nobel de Literatura a su autor, el francés Roger Martin du Gard.
Por la consulta médica de Antoine pasa un sinfín de personas con enfermedades diversas, desde esos dos chicuelos -los hermanos Bonnard, Robert y Loulou- del inicio que sobreviven mal que bien por ellos mismos, pasando por Huguette, la niña enferma incurable cuyo padre Isaac Studler le pide a Antoine la solución final rápida y compasiva a la que él, como médico, entiende que no debe prestarse aunque en su cabeza se desata un interesante debate entre la ley moral y la ley natural.
No hay más ley que las leyes naturales; éstas sí, ineluctables. Pero esas pretendidas leyes morales, ¿qué significan? Un conjunto de costumbres implantadas en nosotros desde hace siglos…
Lo que me ha parecido más interesante en esta entrega aparte de ese interesante debate personal que en soliloquio mantiene consigo mismo Antoine sobre la eutanasia es la mostración de libro del naturalismo en literatura: el cientifismo, las leyes de la herencia, el alcoholismo, la sífilis... sobrevuelan esa sociedad que paradójicamente también guarda elevados pensamientos sobre el amor, la fidelidad, la compasión... Y es que en el hombre positivista de esta época lucha constantemente el corazón y la razón.
Se disponía a decir: «Lesiones curables…», pero no lo creía así. El estado general, a pesar de las apariencias, era inquietante. Todo el sistema ganglionar estaba tumefacto. Huguette era hija del viejo Goupillot, y esta herencia corrompida, al parecer, iba a poner en serio peligro su porvenir.La historia sucede en una sola jornada, e lunes 13 de octubre de 1913. Los movimientos políticos de franceses y alemanes auguran que la guerra comenzará en breve. Toda la sociedad ya lo tiene asumido.
Antoine visita a Jalicourt y éste lo remite a Lausana dado que Jacques, le dice el profesor, colabora con una revista ginebrina. De inmediato se pone en marcha hacia Lausana porque quiere recuperar al hermano y más ahora que el padre está a punto de fallecer.
Llega a Lausana por la mañana, encuentra a Jacques y los dos hermanos pasan juntos el día contándose lo sucedido a ambos durante estos tres años. Todo esto sucede mientras aguardan para tomar esa misma noche un tren que los devuelva a París. De lo que se dicen lo más interesante en mi opinión es la falsedad que el hermano pequeño descubrió en el adorado por los jóvenes profesor Jalicourt. La narración de la visita que el día antes de desaparecer de París hizo al venerado profesor fue en definitiva la que desencadenó toda la serie de acontecimientos: no apuntarse a la escuela normal, volver a casa a visitar al padre para contarle su decisión y ante la incomprensión de éste salirse de casa con la frase "¡Voy a matarme!" que seguramente es la que le hizo sostener al viejo Thibault la idea de que Jacques se habría suicidado.
Durante la breve estancia en Lausana Antoine descubre a un hermano que desconocía. Jacques es apreciado por el entorno en el que vive, hay un halo de misterio y de cierto activismo político en muchas de las conversaciones que mantiene con personas que se le acercan, es evidente que Jacques ha roto más de un corazón femenino durante su estancia en Suiza, su nivel profesional y literario era desconocido del todo por Antoine...
Creía haber progresado considerablemente desde aquella época y hoy encontraba insoportable aquellos amaneramientos, aquella poesía, aquellas exageraciones de la juventud. Lo más raro es que ya no pensaba en absoluto en el tema, en la relación de este tema con su propia historia; una vez que había dado una existencia de arte a este pasado, creía haberlo apartado de sí.
«¿Y yo?» Pero aquí, un poco más lejos, trata de un hermano mayor, Humberto: «Algunas veces, en la mirada de su hermano mayor, Giuseppe ha creído ver una muestra de simpatía…» ¿Una muestra? ¡Ingrato!
Hay que hacerse una opinión. Uno se fosiliza… Mire, en música he tenido todavía la suerte de poder evolucionar: después de haber sido un wagneriano furibundo, he podido, sin embargo, comprender a Debussy. ¡Pero todavía estaba a tiempo! ¿Usted concibe que yo no hubiera comprendido a Debussy?… Pues bien: estoy completamente seguro de que en literatura, hoy en día, no le comprendería…
Suavidad. Confusión de alientos, de miembros, de deseos. Los árboles agitan las ramas por encima de ellos, las estrellas se desvanecen. Ropas arrancadas y en desorden, atracción irresistible, descubrimiento, contacto de carnes desconocidas, aplastamiento, contacto, aplastamiento viril, humilde consentimiento desatinado, posesión, posesión, embriaguez dolorosa, nupcial. »¡Ah! Un solo aliento y el tiempo detenido.
Los personajes, tomados de la vida cotidiana, dibujados con cuatro rasgos, se imponían todos por su realismo; el estilo cursivo, recortado, de La Sorellina, despojado esta vez de todo lirismo, confería a estas notas un carácter de autenticidad que atraía la atención.






