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30 jul 2020

Roger Martin du Gard. 'La consulta' (Los Thibault 4) y 'La Sorellina' (Los Thibault 5) [A pares XII]

6 comentarios:

La pobreza —continuaba el señor Thibault— ¿ha sido alguna vez incompatible con la felicidad cristiana? ¿Y la desigualdad de los bienes temporales, no es condición indispensable del equilibrio social?
[……]
siempre he sentido el orgullo de pertenecer a esta clase acomodada sobre la que siempre han descansado la religión y la patria… ¿No deberías… tener cierto fervor religioso, en una palabra? ¿Una fe más sólida, más observante?
(La sorellina)

El año pasado leí las tres primeras novelas de las ocho que forman "Los Thibault" la Novela-Río que junto a otras realizaciones menores fue la producción literaria que más pesó en la concesión sin discusión alguna en 1937 del premio Nobel de Literatura a su autor, el francés Roger Martin du Gard.

La consulta (Los Thibault 4), La sorellina (Los Thibault 5)

Según leía las dos primeras entregas de "Crónicas de los Cazalet" de Elizabeth Jane Howar, reseñadas en este blog hace bien poco en un 'A pares' [leer la reseña aquí], constantemente venía a mi cabeza la historia de esta otra familia, en este caso francesa, de la que dos años atrás leí con sumo gusto las tres primeras novelas ("El cuaderno gris", "El reformatorio" y "Estío") de las que dejé constancia en dos reseñas en este blog [ambas reseñas pueden leerse pinchando aquí y aquí]. Ha sido por esto que he retomado la lectura de "Los Thibault" donde los dejé, es decir, en esta ocasión he leído las dos siguientes de la serie: "La consulta" y "La sorellina". La lectura de ambas ha sido de mi agrado. Es una delicia leer a Roger Martin du Gard como ya he declarado en mis comentarios a las tres entregas primeras de esta saga familiar.


La consulta

Esta cuarta entrega de "Los Thibault" es muy curiosa. Es breve y se centra en la faceta médica de Antoine, el hijo mayor del patriarca Óscar Marie. Como sabemos, Antoine es un joven doctor de poco más de treinta años que se siente atraído por 'Nigrette' (Gise) que atiende al padre de los Thibault; la inclinación de Antoine por Gise no es correspondido por ella que sigue presa en el amor de Jacques desaparecido hace tres años pero que ella piensa sigue viviendo en Inglaterra.

Por la consulta médica de Antoine pasa un sinfín de personas con enfermedades diversas, desde esos dos chicuelos -los hermanos Bonnard, Robert y Loulou- del inicio que sobreviven mal que bien por ellos mismos, pasando por Huguette, la niña enferma incurable cuyo padre Isaac Studler le pide a Antoine la solución final rápida y compasiva a la que él, como médico, entiende que no debe prestarse aunque en su cabeza se desata un interesante debate entre la ley moral y la ley natural. 
No hay más ley que las leyes naturales; éstas sí, ineluctables. Pero esas pretendidas leyes morales, ¿qué significan? Un conjunto de costumbres implantadas en nosotros desde hace siglos…
 En este terreno de la moralidad es de sumo interés el caso de la adolescente que padece una tuberculosis seria de columna que tras ser evaluada por Antoine deberá ser escayolada por completo; la madre de esta chica, una frívola mujer burguesa, vive desentendida por completo de los problemas médicos de su hija  y coquetea con Antoine, juego al que él no se presta. También aparece Rumelles, el político cínico que vende una imagen falsa ante sus electores y que oculta la enfermedad vergonzante que padece. Estos y algunos más son los pacientes que en un día normal, lunes 13 de octubre de 1913, el doctor Antoine Thibault atiende en su consulta, visita en sus domicilios o evalúa sus casos con otros colegas como su maestro el doctor Phillip o con quien atiende los problemas del viejo Thibault, el doctor Thérivier.

Lo que me ha parecido más interesante en esta entrega aparte de ese interesante debate personal que en soliloquio mantiene consigo mismo Antoine sobre la eutanasia es la mostración de libro del naturalismo en literatura: el cientifismo, las leyes de la herencia, el alcoholismo, la sífilis... sobrevuelan esa sociedad que paradójicamente también guarda elevados pensamientos sobre el amor, la fidelidad, la compasión... Y es que en el hombre positivista de esta época lucha constantemente el corazón y la razón.

Se disponía a decir: «Lesiones curables…», pero no lo creía así. El estado general, a pesar de las apariencias, era inquietante. Todo el sistema ganglionar estaba tumefacto. Huguette era hija del viejo Goupillot, y esta herencia corrompida, al parecer, iba a poner en serio peligro su porvenir.

La historia sucede en una sola jornada, e lunes 13 de octubre de 1913. Los movimientos políticos de franceses y alemanes auguran que la guerra comenzará en breve. Toda la sociedad ya lo tiene asumido.


La sorellina

En esta 5ª entrega de la saga familiar Antoine sale en busca de su hermano Jacques al haber recibido en la casa parisina de Los Thibault una carta dirigida al hermano pequeño remitida por el profesor Jalicourt. Dado que Jacques lleva 3 años desaparecido Antoine abre la carta y cuál no será su sorpresa cuando se encuentra con que Jalicourt se dirige a un tal Jack Baulthy a propósito de la novela que éste le ha remitido y que él considera demasiado moderna para su sensibilidad.

Buenos Aires, Novela francesa de entreguerras
Antoine
visita a Jalicourt y éste lo remite a Lausana dado que Jacques, le dice el profesor, colabora con una revista ginebrina. De inmediato se pone en marcha hacia Lausana porque quiere recuperar al hermano y más ahora que el padre está a punto de fallecer.

Llega a Lausana por la mañana, encuentra a Jacques y los dos hermanos pasan juntos el día contándose lo sucedido a ambos durante estos tres años. Todo esto sucede mientras aguardan para tomar esa misma noche un tren que los devuelva a París. De lo que se dicen lo más interesante en mi opinión es la falsedad que el hermano pequeño descubrió en el adorado por los jóvenes profesor Jalicourt. La narración de la visita que el día antes de desaparecer de París hizo al venerado profesor fue en definitiva la que desencadenó toda la serie de acontecimientos: no apuntarse a la escuela normal, volver a casa a visitar al padre para contarle su decisión y ante la incomprensión de éste salirse de casa con la frase "¡Voy a matarme!" que seguramente es la que le hizo sostener al viejo Thibault la idea de que Jacques se habría suicidado.

Durante la breve estancia en Lausana Antoine descubre a un hermano que desconocía. Jacques es apreciado por el entorno en el que vive, hay un halo de misterio y de cierto activismo político en muchas de las conversaciones que mantiene con personas que se le acercan, es evidente que Jacques ha roto más de un corazón femenino durante su estancia en Suiza, su nivel profesional y literario era desconocido del todo por Antoine...

De esta novela lo que más me ha gustado es precisamente la novela de Jacques que Jalicourt le entrega a Antoine y que este lee con fruición a toda velocidad pues aún siendo de ficción está  tan inserta en la realidad de Jacques que Antoine ve en los paisajes, personajes y acciones fiel reflejo de la vida de su autor, de sí mismo, de Gise, de los Fontanin..., aunque eso si todos ellos con nombre diferente y ubicados preferentemente en Italia, en Roma, en Génova... La literatura bebiendo de la realidad y convirtiéndola en materia ficticia es algo que me ha encantado por demás. Creo que en esta entrega el escritor Martin du Gard hace una clara confesión de su poética. 

Creía haber progresado considerablemente desde aquella época y hoy encontraba insoportable aquellos amaneramientos, aquella poesía, aquellas exageraciones de la juventud. Lo más raro es que ya no pensaba en absoluto en el tema, en la relación de este tema con su propia historia; una vez que había dado una existencia de arte a este pasado, creía haberlo apartado de sí.

 Es interesante y muy teatral la manera como durante la lectura de la novela escrita por Jacques en la narración se mezclan dos o casi tres realidades: la ficticia de la novela "La Sorellina", la alegórica de la familia Thibault y la propia de la reacción a la lectura por parte de Antoine

«¿Y yo?» Pero aquí, un poco más lejos, trata de un hermano mayor, Humberto: «Algunas veces, en la mirada de su hermano mayor, Giuseppe ha creído ver una muestra de simpatía…» ¿Una muestra? ¡Ingrato!

Muestra el escritor la transformación de estilos en literatura, la evolución de la misma y la dificultad que se tiene a la hora de aceptar estos cambios. Así el profesor Jalicourt ante la diferente manera de escribir por parte de Jacques comenta a Antoine la dificultad que esto representa para él:

Hay que hacerse una opinión. Uno se fosiliza… Mire, en música he tenido todavía la suerte de poder evolucionar: después de haber sido un wagneriano furibundo, he podido, sin embargo, comprender a Debussy. ¡Pero todavía estaba a tiempo! ¿Usted concibe que yo no hubiera comprendido a Debussy?… Pues bien: estoy completamente seguro de que en literatura, hoy en día, no le comprendería…

Y más tarde el narrador omnisciente que cuenta la historia da paso a la voz del propio novelista a quien he creído escuchar cuando tras leer la descripción de un acto amoroso por parte del joven autor: 

Suavidad. Confusión de alientos, de miembros, de deseos. Los árboles agitan las ramas por encima de ellos, las estrellas se desvanecen. Ropas arrancadas y en desorden, atracción irresistible, descubrimiento, contacto de carnes desconocidas, aplastamiento, contacto, aplastamiento viril, humilde consentimiento desatinado, posesión, posesión, embriaguez dolorosa, nupcial. »¡Ah! Un solo aliento y el tiempo detenido.

dice por boca de Jalicourt: ¡Literatura, literatura! Este procedimiento de pinceladas breves y brutales es exasperante. Claramente quien irónicamente habla aquí para marcar la distancia entre la literatura anterior y la nueva representada por Jacques es el propio Roger Martin du Gard

Naturalismo, cientifismo, objetivismo
El realismo, el naturalismo, la evolución de los mismos hacia otra manera de concebir la narrativa, precisamente lo que caracteriza la literatura de Martin du Gard, es lo que de manera metaliteraria aparece en "La sorellina". Más me parece escuchar hablar al propio escritor francés en estos juicios que al propio narrador cuando comenta el pensamiento que tiene Antoine leyendo otros escritos de Jacques:

Los personajes, tomados de la vida cotidiana, dibujados con cuatro rasgos, se imponían todos por su realismo; el estilo cursivo, recortado, de La Sorellina, despojado esta vez de todo lirismo, confería a estas notas un carácter de autenticidad que atraía la atención.

Hay en esta novela mucha metaliteratura, mucha metanarratividad, mucha reflexión sobre l propio acto de escribir, sobre el estilo. La novela aparece en 1928, un momento en que la literatura está evolucionando, en que la misma se encuentra buscando una nueva manera de expresarse que se aparte del pasado decimonónico sin romper del todo con él. Y estas dudas las expresa el autor francés con maestría en este relato. Me ha gustado. Sí, señor.

Finaliza esta 5ª entrega con la vuelta en tren a Paris. Dejamos a los dos hermanos dormitando en un departamento del tren. Se han contado muchas cosas pero sigue habiendo secretos inconfesables entre ellos pues las frases, el ruido exterior, el traqueteo... todo está envuelto en una atmósfera que favorece la falta de concreción.
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Nota Como hice con las otras lecturas de "Los Thibault" incluyo estas dos novelas dentro de la relación de los libros que leo para cumplir con el reto "Nos gustan los clásicos" en su edición 2020, o sea, la IVª, del blog "Un lector indiscreto" que con tanto tino administra mi amigo virtual Francisco

15 sept 2018

"Estío" ("Los Thibault" 3) de Roger Martin du Gard

10 comentarios:
"Estío", "La bella estación", "La belle saison"
La tercera entrega de la saga "Los Thibault" lleva el título de "Estío" en la edición que he manejado en español  Esta denominación es coincidente no sólo con otras muchas obras, antiguas y modernas, que van desde la sonata de mismo título de Valle Inclán o la novela homónima de Edith Wharton hasta por ejemplo una obrita reciente del afamado periodista Julio César Iglesias que integra el término 'estío' en el mismo, "La hierba del estío". Quizás por esto me haya resultado difícil encontrar la imagen de portada en Goodreads o en cualquier otra biblioteca de internet para incluirla en esta reseña; y más aún cuando la expresión "estío" o "verano" es junto a otras palabras el reclamo de otra entrega de la misma saga, la séptima, intitulada "El verano de 1914". Desde luego en castellano todas las imágenes con esta palabra ('estío' o 'verano') me remitían a la penúltima entrega de la serie; es por ello que he tenido que echar mano de las portadas creadas para la edición original francesa de la obra donde aparece con el título de "La belle saison" ('La bella estación'), portada que he elegido para ilustrar mi comentario.


Comentario de "Estío" de Roger Martín du Gard
Parece que mi gusto por "Los Thibault" no decae según leo las diversas publicaciones. Si "El cuaderno gris" y "El reformatorio", ambas de 1922, fueron de mi agrado, "La belle saison" ('Estío') aparecida el año siguiente me ha gustado aún más si cabe. Se centra Martín du Gard en este entrega en la pareja de hermanos dejando un tanto de lado la figura del patriarca que es una sombra siempre ahí pero que en esta ocasión se encuentra de viaje. Son pues Jacques y Antoine, los hermanos Thibault, quienes llenan este relato de algo menos de 300 páginas. Comienza con el retorno triunfal de Jacques a Maisons-Laffite, donde se ubica la casa paterna, tras haber superado el examen de ingreso para realizar estudios en la Normal. Se dispone a pasar todo el verano descansando en esta casa cercano a Gisèle, la hijastra de la señorita Waize, convertida ya en una mocita de apenas quince años, y aunque en casas distintas también de Jenny, la hermana de Daniel Fontanin a la que sentimientos encontrados lo acercan y lo alejan. Antoine, el mayor de los hermanos, es ya un médico en pleno ejercicio cuya praxis profesional va de acierto en acierto. Si en las entregas anteriores demostró un magnífico ojo clínico tratando acertadamente a Jenny Fontanin, ahora, requerido por un empleado de su padre para que intente salvar de una más que probable muerte a Dédette, una niña que se ha fracturado el fémur y a consecuencia de esto roto la arteria femoral, demostrará ser un buen cirujano. 
"Los Thibault", Roger Martín du Gard, Novela francesa de entreguerras

Ambos hermanos conocen en esta narración los reveses del amor, la inestabilidad psicológica que conlleva con esas dudas sobre si la otra persona de verdad alberga en su interior los mismos sentimientos. La variabilidad y volubilidad amorosa es más perceptible en Jenny y Jacques; y mucho menos en la pareja Antoine y Rachel, una bella joven de unos 25 años que con maestría y magnifico saber estar ayudó a Antoine en la intervención quirúrgica. Rachel hará crecer a Antoine que conocerá mucho de la vida -bueno y malo- gracias a ella.

Al igual que en las dos primeras novelas la introspección psicológica es presentada a través de soliloquios y monólogos interiores de manera tal que el personaje gana en verosimilitud. Junto a esta profundización en la psicología del personaje el autor practica un fuerte realismo de corte naturalista que no esquiva aquellos aspectos duros o desagradables de la existencia humana. Así se comprueba en el verismo descriptivo de la cirugía practicada a Dédette
"-Vamos a intentar el suero. Y nada de subcutáneo; no merece la pena: el intravenoso. Es nuestra última oportunidad. -Tomó dos frasquitos del aparador- ¿Ha quitado el torniquete? Bien. Póngale una inyección de aceite alcanforado. Y luego otra de cafeína; sólo la mitad, pobre chiquilla..., pero, por favor, dese prisa."
o cuando describe el estado en que quedó un perro atropellado por un Simón. Sin embargo Martín du Gard muestra una gran elegancia cuando elude a través de la elipsis descripciones que de hacerlas invadirían el territorio de la sicalipsis. Esto no empece que en algunos momentos envuelva a los personajes en una atmósfera plena de sensualidad ligada a la belleza del lenguaje empleado.

Como digo el lenguaje que usa el escritor es de gran plasticidad y belleza; por ello durante toda la lectura de esta entrega -también de las dos anteriores, y me temo que asimismo de las siguientes- no he dejado de lamentar la constante caída en el vicio lingüístico del "laísmo" en que el traductor de toda la saga, Félix Caballero Robredo, incurre. La gran altura del texto queda mancillada por este defecto continuado
"Cuando Jérôme hubo salido para poner el telegrama, la señora de Fontanin volvió junto a Noemí. La era imposible alejarse de aquella cama." (pág. 151)
[...] "Antoine la produjo un vivo placer a al asegurar que Félix Héquet" [...] (pág. 122)
Pero en mi opinión esta continuada caída en el laísmo  es el único pero que cabe poner a la belleza de la lengua empleada. Elegir una muestra de ello es complicado por ser abundantes los momentos en que la misma resplandece. He aquí mi elección:
"En la semioscuridad del vagón su pelo, anaranjado y casi rosado a la luz del día, dejaba de tener un color preciso; parecía estar hecho de una materia fluida, incandescente, de cera metalizada o hilillos de cristal; y la blancura fosforescente de la mejilla daba una apariencia irreal a su carne." (pág. 257)
Para finalizar
Junto a la renovación del realismo decimonónico a través de la incorporación de técnicas narrativas como el monólogo interior tan presente en esta novela la novela del primer tercio del siglo XX se caracteriza por esa indagación en la vivencia individual del sentimiento y creencia religiosos. En Francia, además, es muy abundante el número de autores de ese momento del siglo XX que se cuestionan aspectos de la fé religiosa antes reservados sólo a los eclesiásticos. El motivo esencial de este volver la mirada a la cuestión religiosa deriva de los estragos ocasionados por la Primera Guerra Mundial que les hicieron pensar sobre cómo el hombre puede llegar a tal nivel de iniquidad y, si hay Dios, cómo es posible que permita tales maldades. Roger Martín du Gard forma parte de esta nómina al lado de Georges Bernanos, Jules Romains, André Maurois, y otros.

Nota
Esta tercera novela de la serie así como el resto de las de la saga "Los Thibault" que reseño participa en el Reto "Nos gustan los clásicos" del blog "Un lector indiscreto"
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25 jun 2018

"Los Thibault" 1: El cuaderno gris. Martin du Gard

16 comentarios:
Entre julio de 1920 y marzo de 1921 Roger Martin du Gard escribió "El cuaderno gris", la primera entrega de la Novela-Río que es "Los Thibault". A esta primera de la serie le seguirían siete entregas más sacadas a la luz con una periodicidad variable entre 1922 y 1940. Mi idea es la de ir reseñando cada una de ellas según las vaya leyendo. Corresponde hoy hacerlo con la primera.


El autor, Roger Martin du Gard, encabeza 'Los Thibault' con la siguiente dedicatoria: 
"Dedico 'LOS THIBAULT' a la fraternal memoria de PIERRE MARGARITIS cuya muerte, en el Hospital Militar, el 30 de octubre de 1918, aniquiló la poderosa obra que maduraba en  su atormentado y puro corazón"
Colocar la gran obra que es "Los Thibault" bajo estas palabras nos lleva a pensar en la importancia que para el escritor nacido en 1881 y los hombres de su generación supuso la Gran Guerra que sembró de muerte la geografía europea en una cantidad como nunca jamás se había visto. Roger Martin du Gard (23 de marzo de 1881, Neuilly sur Seine, Francia - 22 de agosto de 1958, Sérigny, Francia) participó en esta carnicería junto a muchos otros jóvenes de su generación. Tras acabar la misma en noviembre de 1918 se puso a escribir la que sería su gran aportación a la literatura universal. La Guerra, parece, va a estar muy presente en la novela aunque por ahora, en esta primera entrega, no aparece ni es esperada por nadie. Pero la alusión en esa nota a su amigo fatalmente fallecido de gripe española pocos días antes de la firma del armisticio que puso fin a la brutalidad sirve para hacernos abordar "Los Thibault" con ese gesto cínico y descreído que a toda Europa se le quedó cuando según pasó el tiempo se fueron conociendo las atrocidades de esa contienda mundial de cuyo final este año se cumplen 100 años.

La novela
Un suceso ha conmocionado la apacible vida de los Thibault, acomodada familia francesa: Jacques, el hijo pequeño de Oscar-Marie Thibault, eximio representante de l'Ancien Régime, ha desaparecido, se ha fugado de casa junto a su amigo Daniel Fontanin. El escándalo, la notoriedad, que tal hecho puede tener atemoriza al acaudalado y religioso burguesón de Óscar-Marie quien encarga a su hijo mayor Antoine, médico y 8 años mayor que Jacquot, que busque a su hermano con la mayor discreción posible, como así hace.

En otro lugar de la ciudad de París, próximo al Jardín de Luxemburgo, Thérèse Fontanin vive angustiada la desaparición de su hijo Daniel. No sabe qué hacer, su situación es difícil: sola, con su marido Jerôme fuera del hogar desde hace unas jornadas como tantas otras veces, y con su hija menor Lenny sufriendo un fortísimo ataque de meningitis que la tiene a las puertas de la muerte, decide agarrar el toro por los cuernos e ir a casa de los Thibault para aunar esfuerzos en la búsqueda. Al llegar allí es recibida con frialdad haciendo patente la distancia socio-económica que existe entre ambas familias; pero lo que más le chirría a Oscar-Marie y a quienes lo acompañan (el abate Binot, el abate Vécard, la señorita de Wayze que ha educado a los dos hermanos, etc.) es que los Fontanin no son católicos sino protestantes. "¡Ah, las malas compañías!", exclama el padre de Jacques.

En las poco más de 100 páginas que ocupa la historia en la publicación que Alianza editorial sacó en 1974, luego reeditada en 1986, lo que el escritor muestra es la importancia de la verdadera amistad entre dos chicos adolescentes que siendo, parece, pura y totalmente blanca sin embargo es tenida por fea y viciosa por parte de los mayores. El motivo -y de ahí el título de todo el relato- es el descubrimiento de un cuaderno gris, una especie de diario que el bueno de Jacques guardaba en su pupitre del Liceo, en el que éste vertía sus pensamientos más íntimos y profundos junto a ciertas efusiones líricas pues la literatura, la poesía de los románticos franceses (Alfred de Musset, Lamartine, etc.), le embargaba el ánimo. La sinceridad de las declaraciones de amistad sin límites dirigidas a su amigo Daniel son mal interpretadas por los mayores que sin su permiso han profanado, leyéndolos, los secretos contenidos en ese cuaderno gris.

"El cuaderno gris" de Martin du Gard, Francia
En  su escapada estos dos adolescentes que huyen de París en un tren hacia Marsella donde piensan embarcarse hacia África, vivirán experiencias muy importantes que les harán madurar y empezar a salir de la niñez sin secretos en que se hallaban e ir adentrándose en la impostura y la simulación propias de los comportamientos adultos.

Al tiempo que esto les sucede a los chicos también los Fontanin sufren una importante experiencia que les hará tomar determinaciones importantes, sobre todo a Thérèse que vivía en la deliberada ignorancia sobre la descarriada vida de su marido. Esta toma de postura le viene provocada a la madre de Daniel por la fuga de éste pero también por la enfermedad de su hija y la sensación de abandono que sufre ella. 

La novela lo que hace fundamentalmente es colocar el marco parisino y confortable en que se desarrolla la vida de una acaudalada familia propietaria de fábricas importantes que vive instalada en las instituciones propias del antiguo régimen como demuestra la ficha que la revista 'Tout Paris' dice del patriarca de la familia:
"-THIBAULT (Oscar- Marie).-Caballero de la Legión de Honor.- Exdiputado por Eure.- Vicepresidente de la Liga Moral de Puericultura.- Fundador y Director de la Obra de Preservación Social.- Tesorero del Sindicato de Obras Católicas de la diócesis de París.- 4 bis, calle de la Universidad (VII dist.)" (pág. 26)
La nota social de la Revista 'Tout Paris' habla por sí sola y explica el porqué de la desorbitada reacción del padre de Jacques cuando conoce por ese cuaderno gris las lecturas que hace su hijo (las 'Confesiones' de Rousseau, "La Débâcle" de Emile Zola, el 'Werther' de Goethe, etc.) y que, como no puede ser de otra manera, tienen un culpable claro para él: Daniel Fontanin, cuya educación en el ambiente librepensador de su casa es causante a su juicio de la tremenda desviación y confusión de su hijo pequeño. Si a esto añadimos la pertenencia a la clase media de los Fontanin el choque entre ambas familias está servido.

En cuanto a la forma, la novela es digna heredera de la gran novela realista del siglo anterior y como ella presta mucha atención a las descripciones aunque sin dar de lado a unos diálogos vivos, breves y con ritmo que animan a leer y leer. El narrador, evidentemente, es omnisciente y desde su alejamiento de la trama conoce, anuncia y enuncia las reacciones y sentimientos de los distintos personajes. Pero lo hace con sutileza, con elegancia, sin ser invasivo, aunque manejando con mano firme la historia que va narrando. Hay mucho de análisis psicológico en alguno de los pensamientos de los personajes presentados por el narrador en forma de soliloquios: 
"Antoine envolvió al pastor en una mirada profesional; "Asimetrías señaladas -se dijo-, y esa risa interior, esa mueca inexpresiva del maniático..." (pág. 41)
De la maestría narrativa del escritor me ha llamado la atención el vocabulario preciso empleado en algunos momentos del relato, un léxico específico muy claro que no anonada al lector sino que sirve para situarlo en el sitio y lugar precisos con sólo tres o cuatro vocablos especializados de no muy difícil comprensión:
"Sobre el puente recién baldeado, algunos marineros ayudándose con una cabria instalada sobre un respiradero, descolgaban los equipajes a la cala." (pág. 63)
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NOTA.- Tengo el propósito de leer las ocho entregas que forman esta Novela-Río. Como la iré combinando con otras lecturas no sacaré las reseñas de las mismas una a continuación de la otra, y con frecuencia es fácil que reseñe juntas varias de las mismas a fin de no repetirme o resultar reiterativo.

PD.- Esta lectura de "Los Thibault" forma parte de los libros que leo para cumplir con el estupendo reto "Nos gustan los clásicos" del blog "Un lector indiscreto" que con tanto tino administra mi amigo virtual Francisco