Las 176 páginas de esta novela rezuman sinceridad, humanidad y emotividad. Gabriela Ybarra sabe mantener la equidistancia con aquello que relata: experiencias durísimas vividas por miembros de su familia y, en cuanto testigo de ellas o familiar directo de alguno de sus protagonistas, sufridas por ella misma.
Esta joven escritora bilbaína de poco más de 30 años presenta en su primera novela, dos experiencias distantes en el tiempo y en su
vivencia personal: la primera la conoció por boca de sus padres cuando ella
tenía sólo 8 años, aunque previamente en el colegio del barrio bilbaíno de Neguri al que
acudía algo le había llegado a través de niñas amigas cuyos padres o abuelos habían
participado, dada su profesión de médicos o juristas, tangencialmente en el
suceso: el secuestro y posterior asesinato por obra de ETA el 22 de junio de
1977 de su abuelo, el industrial Javier Ybarra.
Gabriela Ybarra volverá a pensar en este brutal hecho acaecido seis años antes de su nacimiento cuando
viva de cerca la terrible y rápida enfermedad que se llevaría a su madre en
pocos meses. Cuando se presenta en la mesa familiar ese comensal no invitado ella
observa a su padre diciendo frases aparentemente absurdas pero que, comprueba,
eran rescoldos del fortísimo shock padecido por él hacía 34 años. Fallecida la
madre en 2011, Gabriela indagará sobre el asesinato del abuelo y escribirá este
interesante relato en el que de forma paralela hablará de una y otra pérdida
Una novela en dos partes.
- En la primera de poco más de 50 páginas se cuenta el secuestro del industrial Javier Ybarra realizado el 20 de mayo de 1977 a punta de pistola por un comando de ETA formado por cuatro personas. Pidieron a cambio de la vida del industrial una cantidad inasumible incluso para una familia adinerada: 1000 millones de pesetas. Esta parte finaliza cuando por motivos de seguridad la familia decide abandonar el País Vasco y trasladarse a Madrid en 1995 al estar el padre de Gabriela amenazado de muerte.
