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26 ene 2024

Claudia Piñeiro: El tiempo de las moscas

22 comentarios:

«Laura revisa sus subrayados sobre el texto de Glantz titulado “La mosca y el dinosaurio”: “Sí, estoy de acuerdo con Tito: hay tres temas: el amor, la muerte y las moscas” […] “Estoy convencida, la literatura no podría existir si no existiesen las moscas […] Sí, la mosca es el más perfecto vestigio arqueológico, ‘el último transmisor de nuestra torpe cultura occidental’”»

Claudia Piñeiro, mujeres escritoras argentinas
A Claudia Piñeiro (Buenos Aires, 1960) llegué por vía de las numerosas reseñas elogiosas que sobre ella y su narrativa a lo largo del tiempo he ido leyendo en blogs de toda confianza que visito de manera habitual. Me decidí primeramente por su novela Las grietas de Jara (2009) que hizo que me enamorara totalmente del estilo natural y lleno de suspense de su autora [para leer mi reseña sobre esta novela basta con pinchar aquí]. Tras la impostura e hipocresía manifiesta de Pablo Simó, el personaje principal de esa historia de maledicencia y engaños sucesivos, tuve ocasión, hará cosa de un mes, de leer una novelita anterior de la autora argentina titulada Tuya  (2005). Como señalo en la reseña que escribí sobre ella se trata de un original suspense en el que Inés, la personaje protagonista, hace lo posible por 'salvar' su matrimonio, aunque esas salvaciones, diríamos unilaterales, pocas veces llegan a buen puerto. 
Además de estas lecturas también he visto algunas adaptaciones cinematográficas de obras de Claudia Piñeiro. Tal hice con Las grietas de Jara dirigida en 2017 por Nicolás Gil Lavedra; esta versión fílmica me pareció muy bien realizada y me agradó mucho. Tras ella indagué por ahí y descubrí un buen número de alabanzas hacia Las viudas de los jueves, novela aparecida el mismo año que Tuya, que también había sido volcada a la pantalla, en esta ocasión en forma de serie televisiva, si bien creo que existe también película larga. He visto la serie y me ha parecido excelente. Desde luego, me dije, esta escritora nunca defrauda. 

Es por todo lo señalado anteriormente que no pude resistir el impulso de leer su última obra, El tiempo de las moscas (2022). A ella me ha llevado no sólo la fuerte atracción que me produce la literatura de esta argentina sino también conocer, gracias a los blogs literarios que frecuento, que era una especie de secuela de Tuya que tantísimo me había agradado. Así que dicho y hecho. La he leído y he salido muy satisfecho de la misma. 

El planteamiento del que parte es el siguiente: Inés ha pasado quince años en la cárcel por el crimen relatado en Tuya. Su estancia en una cárcel de mujeres le ha hecho conocer más de cerca la problemática de la mujer y adquirir conciencia sobre su identidad personal. En el interior de la prisión ha hecho una muy buena amistad con la Manca, condenada por tráfico de drogas al ser utilizada como mula, papel menor dado a la mujer con frecuencia en el mundo del narcotráfico. Al salir ambas de la cárcel distanciadas por pocos meses deciden constituir una empresa que aúne sus respectivas vocaciones, la investigadora de la Manca y la entomológica de Inés. La empresa se llamará «MMM, CONTROL INOFENSIVO DE PLAGAS (lo de MMM por "muerte, mujeres y moscas")». Estos tres conceptos son importantes en su vida y en la historia que se cuenta en la novela: la muerte porque fumigar e investigar sucesos tienen mucha relación; mujeres porque ambas lo son; y moscas porque Inés tiene una que no se le va de su ojo izquierdo y porque si ella hubiera tenido la percepción del tiempo, cuatro veces más lenta, que estos insectos tienen, quizás su vida habría discurrido por otros derroteros. 

Los quince años transcurridos entre las historias de Tuya y de El tiempo de las moscas no han pasado en balde. Muchos son los cambios sociales que Inés encuentra a su salida de prisión. El principal es el auge del feminismo: las mujeres -observa ella- ya no se contentan con ser esposas y madres, quieren participar más en esa sociedad, totalmente patriarcal hace quince años, que sin duda contribuyó a que ella creyera que debía de hacer lo que hizo sin plantearse más cosas. Pero, claro, no se pasa de una percepción vital a otra de la noche a la mañana: Inés duda, tiene altibajos, no entiende ese excesivo acercamiento hacia ella que pretende la Manca aunque al tiempo ella quiere lo mejor para ésta y se embarcará en una peligrosa aventura sólo por procurarle un bien a su antigua compañera de encierro. Sí, muchas cosas han cambiado en el mundo que dejara afuera Inés, incluso en su mundo personal, el familiar, especialmente respecto a Lali (nombre familiar que ella y Ernesto daban a su hija Laura) cuya actitud y comportamiento actuales le resultan totalmente novedosos. 
«al poco tiempo de salir me di cuenta de que todo había cambiado, no sólo la relación de la gente con los insectos. Las mujeres también. En especial cambiaron las mujeres. Los hombres, no tanto; quedaron pedaleando en el aire pero de cambios, poco»
Si ha habido profundos cambios en el mundo, también los más de quince años, diecisiete concretamente, que van de 2005 cuando apareció Tuya a 2022 en que se publica El tiempo de las moscas son perceptibles en la manera de presentar la historia en una y otra novela. Mientras que en Tuya la reflexión era más individual y centrada en el "yo" de Inés quien a base de monólogos interiores se planteaba el mundo en que vivía, ahora en El tiempo... Claudia Piñeiro hace que la voz sea colectiva, más coral, centrándose la voz reflexiva en un plural integrador "nosotros", mejor dicho, "nosotras" dado que la autora parece dirigirse especialmente a ellas
«para las moscas el tiempo pasa más lento que para nosotras. Y ahí está la clave de por qué resulta imposible atrapar una mosca. Cuando avanzamos sigilosas (si hay un sigiloso, que se dé por incluido) [...]»

 Da la palabra, pues, la novelista argentina al colectivo de género femenino. Y lo hace recurriendo no sólo a las actuales opiniones sociopolíticas tan extendidas, discutidas y conocidas por todos, sino que busca apoyo en otras voces más autorizadas emanadas de la cultura desde la noche de los tiempos. Así la tragedia Medea de Eurípides es cimiento sobre el que Claudia Piñeiro construye buena parte de su novela. Varios de los capítulos, especialmente aquellos que adquieren un tono más ensayístico, aparecen bajo el epígrafe de una cita de esta tragedia griega, normalmente del coro de mujeres. Da paso así la novelista a través de la puerta de la Medea de Eurípides a Inés, la narradora, pero también a otros personajes como la señora Bonar e incluso Charo (la mujer asesinada por Inés en la novela anterior) cobijados todos ellos bajo la manta colectiva del género mujer. Juntas y solidarias hacen uso de la primera persona de plural («votemos», «volvamos al punto anterior», «estamos en el punto»...) y reflexionan sobre el feminicidio, el patriarcado y el feminismo en general introduciendo en el relato citas de otros autores que han tratado el asunto (Rebeca Solnit, Toni Morrison,Vivian Gornick, Natalia Ginzburg, Mary Bulção, Rosa Montero, Chimamanda Ngozi Adichie, Ángela Davis, María Miles... También aparecen los nombres de algunos hombres, pocos en comparación, como el ya citado Eurípides, Rainer María Rilke o Gaston Bachelard). 

En uno de estos capítulos que he denominado 'ensayísticos' pasa a debatir sobre si una mujer puede cometer 'feminicidio' (conviene recordar que la protagonista ha pasado quince años de reclusión por haber matado a una  mujer), viniendo a concluir que no pues el código penal habla en masculino y no en femenino: 

«el feminicidio sólo puede cometerlo un hombre. Error, son crímenes de odio contra las mujeres, ¡y hay mujeres que odian a otras mujeres! [...] La ley dice "el que matare..."; si quiere incluirnos que diga "el o la que matare", cuanto menos. Le que matare. Me gusta, pero parece un trabalenguas. Le mer estebe serene.» [...]

Con esta entrada en el debate del lenguaje inclusivo la Piñeiro hace que la novela trascienda de su condición de mera historia de ficción a la realidad cotidiana que nos rodea. Es sin duda alguna un ejercicio literario muy innovador en el que ella, la autora, pretende permanecer neutral, desaparecer, quedar en una posición equidistante, y por eso da argumentos a unos y a otros para que cada quien pueda exponer su punto de vista. 

En la novela, a la par de la historia protagonizada por los personajes con el suspense que supone descubrir si Inés proporcionará o no a Susana Bonar el veneno que le ha pedido, si ésta lo usará para matar a la amante de su marido o por el contrario está engañando a Inés y se lo dará a otra persona que no se lo merece tanto, aparecen junto al feminicidio y el lenguaje inclusivo, otros muchos debates propios del feminismo como el deseo de maternidad y la obligación de por vida de 'maternar', la transexualidad, el debate sobre género y sexo («al igual que las lenguas, las sexualidades se pueden aprender. Se pueden articular varias sexualidades como se hablan varios idiomas»), el deporte y la mujer, el debate sobre si el feminismo debe suponer la cancelación de todo lo masculino, si abandonar un hombre a sus hijos es equiparable a abusar de ellos, etc.

Desde el punto de vista meramente estilístico El tiempo de las moscas me ha gustado mucho y me ha reafirmado en la magnífica escritora que es Claudia Piñeiro. Así lo demuestra la estructura que ha dado al relato con un uso distinto de la figura del narrador según que estemos en aquellos capítulos que he denominado ensayísticos en los que predomina la tercera persona y también la primera de plural, frente a aquellos otros en los que es ella, Inés, quien en 1ª persona de singular reflexiona y ata cabos sobre su vida pasada y lo que está haciendo o va a realizar en la actual. Al tiempo hay otros capítulos en los que predomina el diálogo vivo entre los personajes, especialmente entre las dos amigas. Es curioso observar la práctica ausencia de personajes masculinos en la novela; sólo aparece uno llamado Rudy2, primo de la Manca, que ésta utiliza como ayudante en sus investigaciones y que claramente tiene un papel muy secundario y menor en el relato.

novela de suspense argentina
Al igual que en las otras novelas que he leído de esta bonaerense, en El tiempo de las moscas abundan los argentinismos. Se ve que Claudia Piñeiro es una enamorada de su tierra y especialmente de la manera popular de hablar por allá, sobre todo de esos vocablos provenientes del lunfardo. No todos los términos que incluyo en la siguiente relación son lunfardismos, pero sí que abundan: shockeada, chupando a (borracha), fainá (pizza. Es un lunfardismo), boluda, chabón (fulano, zutano, tío, tipo. Es un lunfardismo), transa (vendedor de drogas ilegales. Es un lunfardismo), picada (enojado), poronga (matón, maleante ), bacha (pila de fregar en la cocina), tachos (cubos), remerón (camiseta larga y amplia usada como camisón para dormir), pucho (cigarrillo), pitadas (caladas), estar anotado (dispuesto a participar en cualquier asunto o negocio), chango o changuito (carro para llevar la compra), enchastrado (ensuciado), furgoneta 'botona' (que da el cante, como si fuera un soplón de la policía), bochar (desairar), de prepo (con desconsideración), descular (desentrañar un asunto), cachuzos (envejecidos), posta (en serio, de verdad), etc.

Queda por último hacer una pequeña alusión al asunto de las moscas. La verdad es que durante la lectura muchas veces me preguntaba sobre el porqué del título. Luego según iba leyendo, y quiero creer que algo sobre ello he explicado en la reseña, iba tomando cuerpo en mi cabeza una especie de explicación. Pero con todo y con eso creo que la mosca del ojo izquierdo que tiene Inés y que soporta con beatitud franciscana, así como la clasificación y diferenciación entomológica entre unas subespecies y otras despista un tanto al lector del propio desarrollo de la trama. Sólo queda claro que la mosca azul o mosca de la carne, y también la mosca de la fruta son insectos favoritos para Inés. Llega su predilección al punto de que, pese a dedicarse a la fumigación, ellas son los únicos insectos («¿insectas?») que respeta:

«¿Qué mal le hacen las moscas a nadie? No comen las plantas como las hormigas o los pulgones, no pican como los mosquitos, no mastican la madera como el bicho taladro, no producen ronchas como las arañas o las pulgas, ni dejan heces en cualquier parte de la casa como las cucarachas, las ratas o los murciélagos.
Yo no mato moscas
Si una mata, que tenga sentido, un motivo válido, la necesidad de evitar un mal mayor. O de suprimir un dolor.
Un dolor es el mayor mal.
»

Pienso que esta última cita más el epígrafe inicial bajo el que coloco la reseña pueden servir al lector de El tiempo de las moscas para comprender algo mejor el sentido que su autora, Claudia Piñeiro, ha querido darles. Pero como siempre, claro, no me cansaré de insistir en que  leer la novela es la mejor manera de comprenderla y disfrutarla en su integridad. 

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Nota: Tachada aparece una frase que desvela algo importante de la novela Tuya. Si no te importa saber qué es, sólo tienes que seleccionar dicha zona tachada para poder leer lo que ahí se esconde.



28 feb 2023

William Irish: "No quisiera estar en tus zapatos" y "Fue anoche" (A pares XXXIII)

7 comentarios:

«Quinn levantó los zapatos y los examinó con curiosidad, pero sus ojos inexpertos no hallaron en ellos ninguna diferencia a cuando los dejara debajo de su cama la noche anterior. Necesitaban una limpieza y decidió celebrar su vuelta haciéndolo.» ("No quisiera estar en tus zapatos", p. 15)

«Había resuelto el misterio secundario. Y dentro de ese misterio estaba la clave del otro, del misterio principal, como esas cajas de laca contenidas una dentro de otra hasta que pasando por varias se llega a la última.» ("Fue anoche", p. 135)

Los dos relatos largos que he leído vienen habitualmente contenidos en un solo volumen. El que he leído yo es el que en el ya lejano año de 2004 y con el número 17 de la Colección Serie Negra sacó el diario El País. Cada una de estas dos narraciones apenas llega a las 100 páginas, siendo más extensa la menos afamada pero no peor, la titulada Fue anoche.



No quisiera estar en tus zapatos

No quisiera estar en tus zapatos, William Irish, Cornell Woolrich
Novela corta aparecida en 1948 de William Irish, escritor norteamericano autor de interesantes novelas como La ventana indiscreta tan recordada por la película de Alfred Hitchcock. Precisamente la narración que acabo de leer tiene mucho de cinematográfica y según la iba leyendo me preguntaba si la historia no habría sido llevada también a la pantalla. Me propuse indagar al respecto y, ¡eh, voilá!, efectivamente encuentro que en 1948 conoció versión cinematográfica en la película del mismo título (en inglés, "I Wouldn't Be in Your Shoes") dirigida por William Nigh con guion de Steve Fisher en adaptación de la novela de Cornell Woolrich
 
A mí la historia me ha entretenido mucho. En síntesis se trata de dilucidar si Tom Quinn condenado a muerte por la muerte de un avaro vecino suyo que vivía en el barrio logrará evitar la pena capital. Todo está en su contra especialmente por culpa de las huellas dejadas por sus zapatos especiales para pies planos que él acababa de adquirir. La desaparición de los mismos durante una calurosa noche de verano, al ser arrojados por la ventana en un arrebato para ahuyentar a unos gatos en celo que impedían dormir a Tom y a su esposa Annie, junto a la misteriosa reaparición de los mismos a la mañana siguiente a la puerta de la casa del matrimonio es difícil de explicar. A las sospechas se unirá el hallazgo fortuito en la calle por parte de Tom de una cartera que contiene una fuerte cantidad de dinero. 


Annie, la mujer de Quinn, duda de la veracidad de las palabras de su marido respecto al dinero encontrado y le insta a devolverlo, algo a lo que él se niega. Para la policía la pista de los zapatos especiales hechos a mano es concluyente. Caso resuelto, se dicen. Sólo el inspector White duda de tanta facilidad. ¿Se salvará Tom Quinn de la pena capital a la que todo le conduce? Para saberlo hay que disfrutar con la tensión narrativa, el suspense, que William Irish imprime a esta novelita corta, casi mejor, a este relato corto extendido. Sólo diré para animar a su lectura que en Woolrich el azar es elemento determinante en muchos de sus relatos, y en este lo es claramente.

 



Fue anoche

Esta novela corta (1948) de William Irish está en la línea de la anterior que da título al libro que he leído de este escritor norteamericano del noir. Un autor que sabe dosificar al milímetro la tensión dramática, paseando la sospecha por unos u otros personajes muy al estilo de la reina del suspense Agatha Christie.

Fue anoche avanza un grado en el concepto del noir norteamericano al interiorizar en la vida de una pareja asediada por las deudas y los fracasos en ciertas compras y negocios. Precisamente esta situación es la que los lleva -especialmente al marido Gil- a ser sospechosos principales de la desaparición de un asentado industrial que en compañía de su secretario personal ha pasado un fin de semana en el rancho que el matrimonio se ve en la necesidad de alquilar por habitaciones.

Como es habitual en él, Irish recurre al azar para dar giros importantes a su narración. El azar en este caso es sorprender parcialmente una conversación entre dos particulares, despertarse a mitad de la noche y descubrir algo o cruzarse casualmente con un vehículo. Y junto al azar está el tratamiento del tiempo que en esta narración es determinante. Es el discurrir temporal lo que marca la sucesión de hechos acaecidos a lo largo de una semana, que es lo que dura la historia.

William Nigh, Cine negro norteamericano
Es un relato policial en el que Ward el agente encargado de investigar la misteriosa desaparición de Burroughs permanece en un segundo plano pero es en definitiva quien irá desvelando los datos importantes de la investigación. Junto a él en el papel de investigador encontramos a Jacqueline, la esposa de Gil, quien como en la esposa del relato anterior no está convencida del todo de la inocencia de su marido. Es ella la que de manera racional, tal y como se observa en la cita inicial, hace lógicas deducciones que la van posicionando ante el causante del delito. 

Me ha interesado mucho en esta novela corta la galería de personajes, algunos muy inspirados en la propia biografía del autor. Tenemos a Irene Robles, mujer cuyo matrimonio duró poco, sólo un día, algo menos que lo que el propio Woolrich permaneció casado. Quizás en Mistress Robles vierta Irish su rencor hacia la que fuera su mujer por pocas semanas:
«No era una mujer a la caza del hombre; era una mujer terriblemente temerosa de envejecer.»

Gil, siempre con problemas económicos, contiene en su personaje características propias del escritor. Y evidentemente Bud Arden, escritor en el dique seco, falto de inspiración por el momento y bebedor continuado («un barril sin fondo») se inspira claramente en el propio novelista que moriría víctima de su adicción a la bebida.

Los otros dos huéspedes del rancho de los Blaine, Carman y Marsh, son claramente candidatos a la culpabilidad e inocencia en el caso de la desaparición del señor Burroughs. Carman tiene un gran parecido con Corso, antiguo jefe de pistoleros desaparecido y según algunos muerto; en cuanto a Marsh, secretario personal de Homer Burroughs, su fidelidad al magnate es incuestionable. 

Como ocurre en tantas novelas policiales de la gran Agatha Christie dentro de este abanico de seres se esconde el causante de la inexplicable desaparición. El suspense, los giros argumentales, las falsas y acertadas deducciones hacen que la lectura de esta novela corta suponga un enorme disfrute. 



El escritor
pulp fiction, hard boiled, novela negra
William Irish
 es, junto al de George Hopley, uno de los seudónimos literarios utilizados por el escritor estadounidense Cornell Woolrich nacido en Nueva York el año 1903. Sus padres se divorciaron siendo él niño y Woolrich vivió y creció bajo el influjo de su madre. La literatura le atraía tanto que abandonó sus estudios superiores para dedicarse en cuerpo y alma a ella. Su matrimonio duró escasas semanas. Es autor de inquietantes novelas de serie negra como La ventana indiscreta llevada al cine por Alfred Hitchcock o La novia vestía de negro, que inspiró la película La sirena del Mississippi de François Truffaut

Se le conoció con el sobrenombre de El Rey del Suspense y, según José María Guelbenzu«ciertamente lo fue, el mejor escritor de suspense que ha habido nunca. Es autor de relatos y novelas maestras tales como No quisiera estar en tus zapatosLo que la noche revela, La novia vestía de negroMarihuana Me casé con un muerto, entre otras muchas. Era un hombre retraído, solitario, afectado de una relación amor-odio con su madre, que acabó viviendo en un hotel sus últimos años, alcoholizado, célebre y huraño».  Murió en 1968.

Nota
Este libro participa en los Retos siguientes: Autores de la A a la Z, con él relleno la letra I; y Nos gustan los clásicos.

 

22 nov 2022

El paciente. Novela de Juan Gómez-Jurado

21 comentarios:

«Si tuviese una niña de nuevo no le hablaría de la importancia del trabajo duro, ni de las penas del infierno, ni nunca, nunca le daría unos azotes. Si tuviese una niña no le impondría reglas ni valores. Le diría que persiguiese lo que fuera que le hiciese feliz, porque cuando te quieres dar cuenta estás muerto y ya nada tiene arreglo, nada se puede deshacer»

El Paciente, Juan Gómez-Jurado
Hace ya un tiempo -dos o tres años como poco- leí Espía de Dios (2006), una de las primeras novelas del autor; una novela que no debió de llenarme mucho. ¿Por qué digo esto? Pues, primero, porque no recuerdo mucho de ella; y, segundo y más importante, veo que no hice reseña alguna de la misma en el blog. 

¿Correrá igual suerte El paciente de Juan Gómez-Jurado? Pues no, no le ocurrirá lo mismo; como se ve ya estoy aquí reseñándola y yo no suelo reseñar libros que no me hayan agradado lo más mínimo. Es, en primer lugar, una historia que me ha entretenido suficientemente y, aún estoy dilucidándolo, me animará o no a seguir con la segunda parte de esta novela, La historia secreta del Señor White (2015) e incluso abordar la trilogía que más satisfacciones le ha dado al autor, la de las Reina roja (Reina roja, 2018; Loba negra, (2019) y Rey blanco, 2020) o cualquier otro título suyo. Ya veré y ya contaré.

El autor
Juan Gómez Jurado (Madrid, 16 de diciembre de 1977) estudió Ciencias de la Información en el CEU San Pablo de Valencia, tras lo que inició carrera en medios de comunicación como Canal Plus, TVE, La voz de Galicia o la Cadena COPE, actividad que compaginó con la escritura de sus primeros textos. En 2006 publicó Espía de Dios, novela con la que logró un gran éxito de ventas tanto en España como a nivel internacional. Gómez-Jurado se dedica casi en exclusiva a la literatura, aunque sigue colaborando con varios diarios y revistas como Qué Leer o Jot Down, así como en programas de radio como Julia en la onda.




El paciente
Sinopsis (proporcionada por editorial Planeta)
El prestigioso neurocirujano David Evans se enfrenta a una terrible encrucijada: si su próximo paciente sale vivo de la mesa de operaciones, su pequeña hija Julia morirá a manos de un psicópata. Para el Dr. Evans se inicia una desesperada cuenta atrás cuando descubre que el paciente que debe morir para que su hija viva no es otro que el presidente de Estados Unidos.



Como he dicho, leí Espía de Dios hace unos años y no me gustó mucho, la verdad sea dicha. Fabulaba Gómez-Jurado en esa su primera novela con la existencia de una conspiración asesina dentro del Vaticano; es cierto que la muerte sorpresiva del efímero Juan Pablo I, el ascenso de Juan Pablo II y el cambio geopolítico en el tablero mundial daba materia para ello, pero lo que es narrativa y literariamente la novela no me agradó en demasía. La verdad es que esas novelas en las que se mezcla lo 'noir' con lo mistérico y religioso no me van. 

Sin embargo El paciente no me ha desagradado. Que conste que no ha sido para tirar cohetes, pero confieso que me ha entretenido y, aunque la he visto llena de lugares comunes y frases muy repetidas en las novelas del género, se lee bien, atrapa, y no ocupa mucho tiempo, pues se despacha en tres días. ¿Confiere esto sello de calidad a un relato? Pues sinceramente creo que no. Ahora bien, desde otro punto de vista, novelas como ésta y otras de este escritor que la siguieron -todas ellas exitosas- sirven para aficionar a la lectura, algo que a mí desde siempre me gusta que así sea. Pero, claro, no cualquier lectura, por exitosa y best seller que sea, es literatura de calidad. 

Yo situaría esta novela, siguiendo el criterio clasificador establecido por el crítico Domingo Ródenas de Moya en el último suplemento literario Babelia, dentro del grupo que él denomina literatura de ficción formularia o de género, sector en el que coloca a Pérez Reverte, María Dueñas o Ildefonso Falcones. Un escalón por encima de ellos estaría otra narrativa de ficción más ambiciosa, más innovadora, menos formularia, y en ella se encontrarían escritores como Javier Marías, Almudena Grandes, Vila-Matas, y tantos otros mucho menos populares, pero mucho más artísticos y creativos. Por debajo, un sinfín de autores, fenómeno de ventas todos ellos, como Elisabeth Benavent, Megan Maxwell y tantos más, que apenas tocan las páginas de cultura de los medios de prestigio.

La escala es muy grande en el terreno de los bestsellers y a lo largo de ella se distribuyen un sinfín de autores, unos más próximos a los escalones de prestigio y otros mucho más abajo. Juan Gómez-Jurado, en mi opinión, estaría, como los citados Falcones o Dueñas, prestigiando el fenómeno bestseller gracias a su buen oficio, pero no elevando mucho la cabeza al optar conscientemente por la utilización de procedimientos que buscan más las ventas que la calidad literaria. 

Respecto a los procedimientos usualmente utilizados por los escritores para construir un bestseller me atrevo a recomendaros leer algunas reseñas en este mismo blog en las que enumero y explico algunas de las recetas empleadas para crear un éxito de ventas. Pongo los enlaces a sólo tres, aunque a lo largo y ancho de los doce años de existencia de "El blog de Juan Carlos" os aseguro que hay varias más. Aquí van: dos referidas a la escritora Julia Navarro: Dispara, yo ya estoy muerto, e Historia de un canalla, y una sobre el gran fenómeno de ventas que supuso, y supone, el escritor Joël Dicker: La desaparición de Stephanie Mailer. Espero que os sirvan para algo, siquiera sea para discrepar.

Novelas de suspense, thriller español actual
Juan Gómez-Jurado
en El paciente adopta el estilo de la novela de suspense, del thriller  norteamericano. Hasta tal punto es así que la acción la sitúa en Washington, los personajes tienen todos nombre anglosajón (Dave Evans, Mr. White, doctor Alvin Hockstetter, etc.); sólo Julia, la hija del neurocirujano Evans, cuyo secuestro motiva toda la acción tiene un nombre existente en ambas lenguas. Quizás esta sea una de las escasas concesiones que el escritor hace a su tierra de origen, un detalle nimio. Todo lo demás: el ritmo, el tono, las localizaciones, el pensamiento, etc., imita o toma los procedimientos propios de la novela de suspense norteamericana. Leyendo El paciente pareciera tener en las manos un relato de cualquier autor estadounidense. Es una novela de aventuras, propia, como decía, creo recordar que Ortega y Gasset sobre la novela policíaca, de espíritus adolescentes. O sea, que sí, mucha acción, mucha intriga, pero poca chicha. Y ya el final... bueno, el final es de traca y muy, muy, de niños. Sobre lo de acción dirigido a espíritus adolescentes quisiera decir que el escritor, en compañía de su esposa, la psicóloga y escritora Bárbara Montes, ha escrito un buen número de series novelescas a ellos dirigidas (la serie Amanda Black y la serie infantil Rexcatadores) formadas hasta ahora cada una de ellas por cinco títulos.

Pese a moverse en clave thriller norteamericano, el escritor no puede sustraerse a su país de nacimiento. En algunos momentos -no muchos- hace quiños a España. Así, al hablar de la sanidad estadounidense, Gómez-Jurado es seguro que está pensando en la española
  • «¿Quieren saber cuándo se fue a la mierda la sanidad en este país? Cuando quitaron de la dirección a los médicos y pusieron a contadores de judías como Meyer»
  • «No puedo aceptar operarme en un hospital de élite. Precisamente yo, que tanto he luchado por una sanidad pública de calidad. La opinión pública se cebaría con el caso durante meses —respondió, y yo suspiré aliviado.» (dice el político que precisa atención hospitalaria)
Desde el principio de la novela leemos que es el doctor Evans quien desde la cárcel nos está contando los hechos. Y los cuenta a través de la novela que está escribiendo en su celda. Así que la novela que estamos leyendo es la que su protagonista principal está escribiendo. De aquí el que haya capítulos narrados en primera persona y otros, los que no están protagonizados por él, sean narrados por un narrador externo en 3ª. Bueno, pues ya al final del relato, el propio Dr. Evans, hablando por boca del autor auténtico, tiene la humorada de decir lo siguiente:
«Antes de que se les ocurra criticarme, como han hecho muchos, por aceptar una oferta de una gran editorial y escribir mi historia para intentar sacar algo bueno de todo esto, les recuerdo que a ustedes les picaba lo bastante la curiosidad como para comprarlo, en primer lugar. A no ser que se lo hayan bajado de Internet sin pagar. Si es así, me deben pasta por todas las horas que he pasado entreteniéndoles, amigos.»
¿Es una confesión en voz alta que el escritor realiza a propósito de la edición de la novela por parte de una gran editorial como es Planeta? Pues seguramente, pienso yo. Lo que sí revela es que el novelista dialoga con sus lectores y conoce el mundo real en el que estos se mueven. Y esto hace que exista feeling, conexión entre el novelista y quienes disfrutan de sus historias.

El autor, conscientemente, en la novela deja la puerta abierta a posibles continuaciones. Continuaciones que a día de hoy alcanzan ya el número de siete formando un universo narrativo denominado "La trama". Sus títulos son los siguientes: El paciente (2014), La historia secreta del señor White (2015), Cicatriz (2015), trilogía Reina Roja [Reina Roja (2018), Loba Negra (2019) y Rey Blanco (2020)] y Todo Arde (2022). Como se ve por las fechas de publicación, Gómez-Jurado es un escritor prolífico y rápido. Escribe bien, pero, quizás, la velocidad de escritura le lleva a caer en lugares comunes y/o tópicos que rebajan en gran medida la calidad de su Obra.

En la novela que acabo de leer e imagino que en las otras que forman parte de la saga, Juan Gómez-Jurado atrapa al lector gracias a la maestría con que se mueve en la literatura de intriga, La novela mantiene el suspense al no saber si las 63 horas que el protagonista tiene para solucionar el problema le serán suficientes o no. Luego está la parte ética, moral y emotiva: ¿salvar a quien más se ama justifica cometer cualquier acción por atroz que esta sea? El problema que tienen ésta y otras novelas de otros autores que plantean dilema semejante es su carencia de originalidad, al abundar las historias de este tipo. Cuando esto sucede, sólo la calidad literaria puede salvar al libro que tenemos en nuestras manos. ¿Se salva Gómez Jurado? Bueno, pues ahí, ahí, está. Se encuentra, en mi opinión, en una zona difusa. Hay momentos en que leyéndole uno nota plena satisfacción, mientras que en otros te sientes embargado por una tremenda desilusión. ¿Hay soluciones para esto? No soy yo nadie para darlas, naturalmente, pero sí que pienso que dedicar más tiempo y atención a la ejecución de sus escritos redundaría en una clara mejora de la calidad.

Final
He dicho que El paciente me ha gustado más que Espía de Dios y según avanzo en mi escritura veo que de mi boca, cabeza y dedos salen palabras que claramente llevan al escritor y su novela hacia el terreno de los mansos, que dicen los taurinos, o sea, al de los malos toros, léase libros (je, je...). Y no, aún no quiero encasillar a Juan Gómez-Jurado ahí, porque creo que no es ese su lugar, aunque lo que sí es verdad es que desearía ver más autenticidad y más originalidad en él. En fin, leeré alguna novela más del exitoso escritor y, sin duda alguna, seguiré hablando de él en mi blog.


11 jul 2022

Quién sabe si mañana seguiremos aquí. Kim Young-Ha

14 comentarios:

«Al parecer, el alzhéimer viene a menudo acompañado de depresión senil, que es lo que suele acelerar la enfermedad. Según el médico, si la depresión se trata debidamente es posible retardar el alzhéimer o tener la impresión de estar mejor.»

Kim Young-Ha, Quien sabe si mañana seguiremos aquí


¿Quién es Kim Young-Ha?
Confieso que no conocía de nada a este escritor surcoreano de 53 años. He llegado hasta él gracias a las buenas reseñas que sobre esta novela le dedicaron Marian y Margari en sus respectivos blogs: MarianLEEmásLibros, el de Marian; y Mis lecturas y más cositas, el de Margari. Ambas declaraban el poder adictivo de la novela y la belleza que albergaba en sus páginas pese a la dureza del contenido. Estas palabras hicieron que tomase buena nota del título y en cuanto se me ha puesto a tiro, dada su poca extensión, lo he leído de una sentada.

Buscando información en la Red sobre el novelista me entero de que es autor de relatos, novelas y guiones cinematográficos. En España, creo, sólo se ha estrenado, dirigida por Won Shin-yun, la película Memorias de un asesino, adaptación a la gran pantalla de Quién sabe si mañana seguiremos aquí en la que el propio escritor colaboró. Kim Young-Ha es también responsable de guiones originales y de otras adaptaciones de novelas suyas a la pantalla que en España o no han llegado o han pasado desapercibidas. 

Por último me entero de que las librerías ofrecen, además de la novela que he leído, otras dos tituladas Tengo derecho a destruirme, y Black Power.



Quién sabe si mañana seguiremos aquí
Sinopsis (tomada de la contraportada del libro publicado por la editorial Planeta)
Hace veinticinco años que no mata a nadie. Hace tiempo que lo cambió todo por llevar una vida normal. Pero Unji, su hija, lleva días sin pasar por casa y los números del teléfono se desdibujan cuando intenta llamarla. ¿Cómo funcionaba esto exactamente? ¿Cuál era el número? De hecho ¿a quién quería llamar?
Para este asesino en serie retirado, la vejez no es el camino tranquilo que esperaba. Los primeros síntomas del alzhéimer se manifiestan al mismo tiempo que en su barrio comienzan a producirse una serie de crímenes. Alguien está secuestrando y matando a mujeres jóvenes, mujeres como su hija, ahora en paradero desconocido. Y, por si fuera poco, solo hace unos días que esta decidió presentarle a su prometido, un hombre con los ojos fríos como el hielo.
En Quién sabe si mañana seguiremos aquí, Kim Young-Ha narra la lucha solitaria de un hombre contra el olvido, una batalla contrarreloj que le enfrenta a las brumas de su memoria para encontrar pistas sobre la desaparición de su hija. Un combate sin aliados en el que ni siquiera se puede fiar de sí mismo.

Mi opinión
Kim Young-Ha, novela de suspense surcoreana
Esta novela corta de Kim Young-Ha me ha encantado. Pocas veces al acabar un libro puedes declarar tu plena satisfacción con lo que acabas de leer.  En esta ocasión así me ha sucedido. Las 160 páginas que ocupa la historia hacen del libro una auténtica joyita. 

Todo en esta novela me ha gustado. Destacaría por encima de todo su estructura en secuencias de distinta longitud, algunas brevísimas; es una estructura que se corresponde a la perfección con el tema que se presenta.
«En esto se ha convertido mi vida, en secuencias fraccionadas.»
 ¿Y cuál es ese tema? Pues no es otro que el alzhéimer declarado y en expansión dentro de la mente de un anciano, antiguo asesino en serie durante años, si bien ahora lleva al menos 25 sin cometer asesinato alguno. La verdad es que la mente de este hombre está llena de agujeros, de vacíos, de olvidos y de recuerdos confusos mezclados con elementos del presente en un revoltijo difícil de ordenar y desentrañar. Me ha encantado esta presentación de la enfermedad. 

Al tiempo es una novela de claro suspense pues en la horadada mente de este viejo criminal se siguen gestando planes -de manera confusa y desordenada, eso sí- para asesinar como hiciera años atrás. En un momento dado la policía llama a la puerta de su casa preguntándole por algunas personas desaparecidas inexplicablemente en el pasado, entre ellas nada menos que sus propios padres. ¿Habrá sido capaz de haber acabado con ellos? ¿Será descubierto? ¿La hija con la que vive se casará con ese novio al que él ve pinta de auténtico asesino? 
«¡Ni siquiera eres mi padre biológico! Dicho esto ha salido de la habitación. Es verdad, pero no sé por qué me he sentido tremendamente insultado.»
Leemos lo anterior en un momento del relato y en nosotros entra la tremenda duda de si de verdad Unji le está diciendo tal cosa o es la mente averiada de este anciano enfermo la que inventa, mezcla y altera la realidad 

 La novela está narrada en primera persona por Kim Byeongsu, el anciano con alzhéimer, asesino en serie años atrás. Quizás por esta actividad abandonada hace más de veinte años en su mente se desarrolla la paranoia de que su hija Unji está saliendo con un asesino. Cree el ladrón que todos son de condición. Pero la verdad es que saber si tal crimen se cometerá o no hace que el lector sea incapaz de dejar la novela hasta que la misma concluye.

Poco más puedo decir sobre esta buena novela. Simplemente repito que todo, todo en esta novela me ha gustado. Por eso si hubiese de darle una puntuación, no podría por menos que darle un 5 sobre 5. 
 

15 jul 2021

La buena suerte. De Rosa Montero

24 comentarios:

√ «El Mal posee recursos que el Bien desconoce»
√ «Hay buenas personas que a veces se comportan como si fueran malas»
√ «Sí el corazón pudiera pensar, se pararía, decía Fernando Pessoa»
√ «¿Qué es lo que uno siente cuando de pronto descubre que el Mal forma parte de su familia?»
√ «Las religiones se inventaron para otorgarle al Mal un lugar en el mundo»
√ «Si solo has conocido el mal, piensas que eso es lo normal»
√ «La belleza ayuda a curar el dolor del mundo»

Este mes de julio, como no podía ser de otro modo, practico un estilo lector veraniego, o sea, a mi aire, sin prisa alguna y probando nuevos formatos de lectura. No es la primera vez que entro en los audiolibros. Si bien mis experiencias anteriores no me resultaron del todo satisfactorias, según las practico (hasta el momento sólo en tres ocasiones he entrado en ellos) diríase que el formato me va resultando menos ajeno y que me voy encontrando como menos a disgusto en él. Este progreso del confort lo he confirmado con esta "lectoescucha" (perdóneseme el bárbaro compuesto) de la última novela de Rosa Montero, "La buena suerte" que me ha agradado bastante. Quizás haya influido en ello el hecho de que la voz lectora sea la de la actriz Emma Suárez que sabe transmitir los matices como nadie. Sí, definitivamente, me ha gustado la experiencia.


Emma Suárez, voz narrativa del audiolibro de Rosa Montero
"La buena suerte"
es una historia magnífica, que la novelista sabe conducir con mano segura a pesar de las muchas aristas que la trama y subtramas van dejando asomar en su desarrollo. Pero la Montero sale airosa y transmite una historia de maldad, de sentimientos de culpa, de abandonos..., pero también de felicidad, de saberse  levantar pese a las dificultades, de esperanza, de inmensa fe en el futuro que en el fondo no es otra cosa que lo que vivimos día a día, de seguramente felicidad. Es una novela de ficción plagada de incursiones en la realidad, que la escritora transforma a su gusto por necesidades del guion ficcional. La periodista que la novelista es no se esconde y hechos muy relevantes acaecidos años atrás, que llenaron hojas y hojas de los medios de comunicación, los usa como referentes de los sufridos por los personajes. Unos personajes muy bien delineados, cada uno con sus problemas e inquietudes a cuestas como sucede en la vida real. 

Pablo Hernando, afamado arquitecto, viaja en AVE desde Madrid a Málaga donde tiene concertada una reunión de negocios. Inesperadamente al pasar por Pozonegro, localidad ficticia próxima a Puertollano, ve que en un misérrimo y feísimo edificio próximo al apeadero de la estación hay un anuncio de "Se Vende" colgado en el balcón de uno de sus pisos. Se le ocurre que es ahí donde debe bajarse, adquirir ese horroroso piso y cortar con todo. Así lo hace y adquiere el espantoso zulo en 42000€ que entrega sin regateo alguno a su vendedor, Benito Gutiérrez, quien a partir de ese momento no dejará de reconcomerse por dentro pensando que debía de haberle pedido al menos 60000 a «ese señorito que tiene pinta de ser muy pero que muy rico».

El piso por dentro es un vacío total. Afortunadamente Pablo descubre que lleva con él 1200 libras esterlinas de su último desplazamiento a Londres y acude a la única oficina bancaria de la localidad de apenas 1000 habitantes a cambiarlas. Con los euros obtenidos al cambio acude al Hiper Goliath que hay en el pueblo para comprar lo necesario para sobrevivir. Su vecina Raluca, una chica muy amable y habladora que vive en un piso debajo del suyo se le ha ofrecido para ayudarle en la compra dado que ella es cajera en ese gran Almacén. También, al ver que Pablo parece no disponer de fondos suficientes, le dice que intercederá por él en el Súper para ver si lo contratan. Lo logra y Pablo empieza en seguida a trabajar de reponedor. Pablo tiene 55 años y parece sufrir por dentro; a Raluca de unos 39 algo le dice que Pablo le gusta aunque ella por lo que ha hablado con él piensa que no está a su altura.

Los acontecimientos empiezan a rodar y los diversos personajes comienzan a mostrarse. Importantes son los compañeros y socios del Estudio de Arquitectura que Pablo ha dejado sin previo aviso en Madrid. Estos seres se movilizan y denuncian ante la policía la desaparición de Pablo. De ellos es Regina, mujer de 53 años con quien Pablo ha tenido relaciones esporádicas durante varios años, la que está más interesada en encontrarlo. A raíz de la denuncia entran en escena si bien se mantienen en un plano menor, los miembros de la policía encargados de las pesquisas. Son varios nombres (Nanclares, Jiménez, Lezaún...), hombres y mujeres, unos más jóvenes otros más viejos, con sus inquinas y envidias profesionales y personales, quienes se desplazan hasta la localidad para discretamente indagar.

Es Pozonegro un pueblo de nombre simbólico que hace referencia a la existencia en la localidad desde el XIX de una mina de hulla que dio vitalidad a la zona hasta que en los años 60 del pasado siglo fue abandonada por su baja productividad y excesivos costes. Benito Gutiérrez se reconcome por dentro según va descubriendo la importancia de este Pablo Hernando que según lee en Internet es famosísimo, ha ganado infinidad de premios y realizado proyectos arquitectónicos del máximo interés. Benito se siente engañado por el millonario y decide vigilarlo, entrar en la casa, husmear en sus cosas... para así planificar mejor lo que va a hacer en busca del dinero que, piensa, el arquitecto le debía haber dado por el piso.

Pueblos despoblados, Pueblos mineros desaparecidos
El núcleo actoral es el del edificio cochambroso donde Pablo ha comprado el piso horroroso. Allí en el primero vive Raluca, Pablo en el segundo, en el tercero Ana Belén con su hijita de 5 años, y en otro Felipe, un anciano de 82 años atado a una bombona de oxígeno que debe llevar siempre con él para poder seguir viviendo. Pablo no quiere relacionarse mucho, pero que Raluca le haya conseguido trabajo hace que tenga que atenderla con amabilidad y que acepte sus invitaciones a la piscina del pueblo -la acción transcurre durante los meses de julio y agosto, y el tremendo calor importa para entender mejor la tremenda historia que Pablo esconde en su interior-, a cenar en su casa, a ayudarla en la atención que Felipe requiere... Todo hará que Pablo poco a poco vaya descubriendo en Raluca a una mujer atractiva que le hace recordar a Clara, la mujer con la que estuvo casado y que falleció por culpa de un cáncer rápido y voraz. 

Es una historia en la que el Mal, la maldad de ciertas personas -un 1% se dice en algún momento de la narración que es el porcentaje habitual-, existe y que si te ves envuelto en el área de su actuación es difícil y complicado evadirse, salvarse, olvidarse de ella. Todos los personajes o practican el mal (el Moka, antiguo novio de Raluca, que se dedicaba a las drogas y al trapicheo por lo que ha pasado un tiempo en la cárcel; Benito Gutiérrez que busca estragar a Pablo sacándole cuanto más dinero mejor; Marcos Soto, personaje que nunca da la cara en el relato pero que está en el motivo que ha impulsado a Pablo a romper con toda su vida de triunfador; los socios del Estudio de Arquitectura que sólo buscan el beneficio personal importándoles bien poco los problemas de Pablo; y algunos otros más) o bien lo sufren o lo han sufrido en sus propias carnes. Esto último es lo que les ha pasado a la pareja protagonista: ella, Raluca, romántica mujer que de niña fue abandonada en un banco por su madre rumana que no se hizo cargo de ella, y él, Pablo, que en su niñez sufrió maltratos por parte de su padre y que ahora vive angustiado por la maldad de ese personaje que sobrevuela su vida durante todo el relato sin jamás dar la cara directamente: Marcos Soto.

El amor, la bondad, las buenas acciones, las acciones correctas de algunos harán que, pese a todo y en medio de un mundo hostil que como digo queda simbolizado en el lugar inhóspito donde ha ido a caer Pablo, triunfe el Bien. No es muy normal que tal cosa suceda en los relatos que acostumbramos leer. Es desde luego una arriesgadísima apuesta la que Rosa Montero ha realizado en "La buena suerte". Por ello, creo, que hay que aplaudirle el acierto con que va desenrollando la madeja donde se mezclan los hilos de Ariadna que las diversas tramas forman en el momento cenital de la historia. Podría Rosa Montero haberse dejado llevar por lo fácil y dejarse caer por la pendiente de lo trillado; pero no, la escritora logra tejer una historia creíble con unos mimbres en apariencia chocantes. Mimbres chocantes y ciertamente algo inestables me han parecido Raluca con un gusto estético deplorable aunque con una bondad embriagadora, y Pablo, maestro de la delicadeza, el equilibrio, orden, armonía, mesura y proporcionalidad estéticos dentro de un mundo, el de los negocios, donde los navajazos son práctica habitual.

Creo que Rosa Montero, maestra en el arte de la narración, sabe dosificar la información de manera adecuada, creando el suspense pertinente, soltando cuerda y recogiéndola a su gusto hasta que en los capítulos finales -49 es el número de ellos en que distribuye la historia- todo vaya despejándose, a veces en línea con lo esperado por el lector y en otras con sorpresas de lo más interesantes.

Destacaría especialmente en "La buena suerte" las evocaciones que las acciones del presente suscitan en la mente de los personajes. Muchas de estas evocaciones, como ya he dicho, lo son de sucesos horripilantes acaecidos en verdad, aparecidos en prensa en su momento y por ello suficientemente conocidos por los lectores. Son varios los citados. Uno de ellos, quizás el más horrendo, el de Fred West y su esposa Rosemary que durante 20 años, de 1967 a 1987, violaron, torturaron y asesinaron a al menos 20 mujeres jóvenes, entre ellas una prima carnal del escritor Martin Amis, le sirve a Rosa Montero para profundizar en el porqué de esa actitud tan común de no denunciar los golpes que  a veces escuchamos propinar en la casa del vecino y a intentar mostrar de una mejor manera la confusión mental en la que Pablo se encuentra: «Pablo lee y relee los recortes de periódicos que hablan de estas historias. Quizás busca una respuesta». Ni que decir tiene que me encanta esta manera que tiene la narradora -que se confunde en este relato en numerosas ocasiones con la propia autora- de esconderse, de desaparecer, de no ser ella quien mueve hilo alguno y sólo lanzar una suposición, un quizás.

Muchos asuntos se tocan en "La buena suerte": 
  • La vejez en el personaje de Felipe que con 82 años reflexiona sobre su condición y situación («Envejecer es ser ocupado por un extraño» o «Envejecer no te inmuniza contra el amor»).
  • El feísmo en las cosas, pero también en las actitudes e ideas. A veces lo feo en sus diferentes manifestaciones se acumula, se apila, se amontona («La absoluta quietud del pueblo le resulta no sólo deprimente sino también amenazadora. Más que dormido Pozonegro parece estar agazapado, es un depredador, un enemigo. Un lugar donde pueden secuestrarte unos neonazis y dónde torturan animales»).
  • La pedofilia, su sospecha más bien, que inmoviliza a Pablo cuando desearía intervenir para detener la violencia que su vecina Ana Belén practica sobre su hija de sólo 5 años.
  • El mundo de la Arquitectura que tan bien conoce la autora por afición y por su profesión. Ella misma en las aclaraciones que en primera persona da en el capítulo 50, un epílogo de aclaraciones y de agradecimientos, explica la procedencia de muchas de las obras arquitectónicas realizadas por Pablo Hernando. Así aclara que el Parlamento en forma de cubo de Camberra se lo ha inspirado el Kursaal de San Sebastián de Rafael Moneo. Que la torre Gaya que se supone levantó Pablo es el calco de la torre de Shanghái del arquitecto norteamericano Marshall Strabala. Que el movimiento House in First existe de verdad pero no en la forma de ese proyecto de edificio de cubos pixelados que en la novela se dice que Pablo está construyendo dado que este movimiento busca alojar a los sin techo por toda la ciudad y no crear guetos. Lo que el urbanista indio Charles Correa le dice a Pablo durante una cena es en realidad lo que le contestó esta persona a la autora hace muchos años cuando lo entrevistó en Bombay para el diario El Pais.
  • Pero el principal asunto en "La buena suerte" es, evidentemente, el Amor. Pablo amó a Clara pero no como quizás se debe amar. Hay una metáfora referida a esto en la novela. Se dice en un momento dado que los amantes deben de saber el mismo idioma, un idioma difícil, complejo como el tagalo. Es una metáfora que de manera alegórica y recurrente transita por todo el relato: «Él no sabe hablar tagalo", reconoce Pablo de sí mismo al evocar sus relaciones con Clara, con Regina y la que está surgiendo con Raluca. Curiosa y simbólicamente, al final de la novela Pablo está aprendiendo tagalo memorizando poemas en dicha lengua.
La culpa, el Bien y el Mal en las novelas de Rosa Montero

 Respecto a este asunto del Amor, aunque también presente en otros de los temas tocados en la novela, la novelista realiza abundantes referencias literarias. La verdad es que esta característica está presente no sólo en "La buena suerte" sino también en otras obras de la novelista que he leído. Pero en este libro han llamado poderosamente mi atención las referidas a San Agustín: «"Amar el amor", decía San Agustín. O sea, amar la sensación de sentirse enamorada», que le dice Pablo a Raluca cuando ella le cuenta su relación con el Moka; a Nietzsche: «El amor -decía Nietzsche- no es más que un truco, un espejismo, un engaño de los genes para conseguir reproducirse», piensa Pablo a raíz de la noche pasada con Raluca que, enfadada, le devuelve la perrita y le dice que se encargue de ella y de su vida; al mismísimo Francisco de Quevedo aunque sin nombrarlo cuando el Felipe, enamorado pese a su avanzada edad, piensa que él «morirá amando. Polvo será, más polvo enamorado». Pero sin duda alguna la reflexión más profunda y pertinente que sobre el amor se hace el personaje protagonista es la siguiente: «No hay nada que envejezca más deprisa que el amor mal amado». Él no quiere que con Raluca esto le pueda volver a ocurrir y por eso está estudiando tagalo.

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Entradas relacionadas

En este blog tengo hecha reseña, además de ésta, de otras dos novelas de Rosa Montero que os invito a leer. Son las siguientes; 
Novelas de Rosa Montero

















26 ene 2018

Mary Higgins Clark: "Negro como el mar"

17 comentarios:
Hay nombres de autores que, a pesar de verlos con frecuencia en los expositores de las librerías, en los kioskos de aeropuertos y/o estaciones de tren o autobús, jamás me he puesto a leer. Hay en ellos una especie de oculto aviso o desprenden un efluvio que parece decirme algo así como ¡evítame! La autora cuya obra reseño hoy pertenece a este numeroso grupo. Ni que decir tiene que me he llevado grandes -¡y afortunados!- desengaños con muchos de ellos, pero, penosamente, no ha sido así en esta ocasión.

La autora
Mary Higgins Clark, Danielle Stell, best-sellers
Mary Higgins Clark es una mujer de 90 años que debutó con gran éxito en el género del suspense  en 1974 con "¿Dónde están los niños?". Tenía entonces 47 años y hasta ese momento había realizado relatos radiofónicos de unos cuatro minutos de duración y se había iniciado en el terreno de la escritura propiamente dicha con un relato ficticio sobre la vida de 'George Washington' que había pasado sin pena ni gloria. 

Su primera novela de suspense tuvo un éxito fulgurante y desde ese momento se convirtió, en opinión de algunos críticos literarios, en la reina norteamericana del suspense. Según la Wikipedia 57 novelas -35 se dice en la solapa de la edición que he manejado- de suspense ha escrito antes de ésta que acabo de leer. Muchas de ellas han sido adaptadas al cine y/o la televisión pues el estilo de su escritura con breves capítulos en los que predomina el diálogo está próximo a la manera como se construyen las secuencias cinematográficas.


"Negro como el mar"


Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
Deseando huir de la humillante escena del arresto de su prometido la víspera de su boda. Celia Kilbride, experta en joyas, acepta un puesto de trabajo en el transatlántico Queen Charlotte para escapar de la atención pública. Allí conoce a Lady Emily Haywood, de ochenta y seis años, dueña de un collar de esmeraldas de incalculable valor que desea donar a un museo tras el crucero.

Pero el tercer día de travesía encuentran a Lady Emily muerta y el collar ha desaparecido. La lista de sospechosos no hace más que crecer. Celia se dispone a encontrar al asesino sin darse cuenta de que se ha puesto en peligro mortal antes de que el crucero llegue a su fin.
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 Mi opinión
Me he llevado una gran desilusión con esta novela de la "reina de la alta tensión" en palabras de The New Yorker que imagino harán referencia a otros títulos de la escritora pues éste tiene poquito de todo excepto de una cosa: previsibilidad. Y que una novela de misterio, como ésta es, sea previsible es sobre todo demérito.

Novelas de suspense, best-seller, Mala literatura El escenario es habitual en este tipo de relatos: un trasatlántico de lujo, el Queen Charlotte, que pretende emular en lujo y exclusividad al "Queen Elizabeth", al "Queen Mary" o, al "Titánic" que hace poco más de un siglo hizo la famosa y fallida travesía de Southampton a Nueva York, exactamente la contraria que el Queen Charlotte está iniciando en el momento en que comenzamos a leer la novela. Gregory Morrison es el armador de este lujoso transatlántico y lo que él desea es que el barco sea admirado por el placer que se desprende de él y no por sucesos siniestros que despierten una cierta semejanza, siquiera lejana con el 'Titánic' de infausto recuerdo. Pero basta que quieras que algo no ocurra para que todo te conduzca a ello. Y así a bordo del buque habrá de todo: hombres que caen al mar, asesinatos, robos...

Estamos ante una novela tipo las que construía Agatha Christie cuando recluía a sus personajes en un espacio cerrado donde sucedía un crimen. El asesino, en esas narraciones, estaba entre los asistentes a ese viaje ('Asesinato en el orient Exprés', 1934) o en esa isla a la que habían sido invitados ('Diez negritos', 1939). Al igual que en ese tipo de novelas de la novelista belga, Higgins Clark recluye a sus personajes en un espacio cerrado, una cárcel de oro en esta ocasión, un lujoso transatlántico. En él viaja una rica octogenaria, Lady Em, poseedora de una joya única, el collar de Cleopatra, reclamado por Egipto, que ella piensa donar a un museo norteamericano. Los asesores financieros de Lady Em, Mr. Roger Pearson  y su esposa Yvonne; su secretaria particular, Mrs. Brenda; Ted Cavannagh, interesado en que el collar vuelva a manos egipcias; la experta en gemología, Celia Kilbride; el capitán del barco; un misterioso agente de la Interpol que dice haber sido enviado por la Agencia para evitar que el famoso ladrón 'El hombre de las Mil caras' se haga con la joya; un experto en Shakespeare que ameniza el viaje dando conferencias sobre el bardo inglés; el matrimonio formado por Alvirah y Willy Meehan que, curiosos, investigan los sucesos... En fin, un universo de personajes que revolotean alrededor de la adinerada anciana y sobre los que recaen todas las sospechas cuando ésta aparezca asesinada.

El planteamiento anterior no está mal. Pero el proceso de realización, en mi opinión, falla con estrépito y no logra mantener mínimamente el interés del lector. ¿Por qué? Pues, sencillamente porque todo lo que sucede  es previsible: Son previsibles las posibles relaciones amorosa entre personajes; es más que previsible el principal sospechoso; previsible, en fin, es todo lo que sucede en el barco y que, naturalmente, no voy a decir aquí. Y no lo voy a decir porque la buena literatura se aprende también leyendo libros no tan buenos, novelas fallidas como ésta de la gran Mary Higgins Clark que, quizás por edad [he leído en las redes sociales que ella ya no escribe los libros que llevan su firma, ¡glups!] ya no maneja los resortes narrativos con la maestría de hace unos años cuando consiguió alzarse, entonces sí que sí, con el título de "la gran dama del thriller estadounidense".

De todo el relato me cuesta salvar alguna cosa. Y es que todo en él me parece fallido:
  • Los personajes son completamente `planos', y eso en una novela de personajes es grave por demás.
  • No hay alusión alguna a la concreta realidad social de los Estados Unidos de donde proceden los pasajeros.
  • La imagen que se nos transmite de la sociedad norteamericana es de un clasismo feroz con ignorancia total de cualquier otro estrato que no sea el de la clase alta; es más, con frecuencia se alude a lo desagradecida que es la clase trabajadora al no saber reconocer debidamente los esfuerzos de los ricos que los emplean y les pagan el sueldo: "Hace un tiempo, un cocinero que llevaba casi veinte años conmigo, a cuyos hijos pagué los estudios, empezó a hinchar mis facturas de comida y alcohol." [dice la rica Lady Em a Celia]
  • Las referencias culturales son pocas y muy manidas:
    • [Brenda] "pudo sentir los brazos de Ralphie alrededor de su cuerpo mientras empezaba a leer los tiernos pasajes del periplo de Jane Eyre de tragedia en tragedia hasta su reconciliación con el señor Rochester"
    • [Anna DeMille, divorciada hace ya quince años de su marido, y que ha ganado el viaje en un concurso radiofónico, piensa antes de bajar al comedor del Queen Charlotte] que "<>. Esa era su frase favorita de Scarlett O'Hara, su modelo de mujer".
    • A uno de los personajes se lo compara con un personaje de una tira cómica existente en USA desde los años 20: "Devon Michaelson, el Dick Tracy de la Interpol".
    • "Pronto estaremos todos en cubierta cantando el 'Nearer, my God, to there, nearer to there...', como en la película Titánic".
Final
Como aspecto positivo sólo destacaría el ritmo que el autor da al relato y que hace que la lectura resulte ágil y muy viva, pero también, muy poco satisfactoria pues no aporta nada al lector ni en el terreno de la intriga, ni en el del conocimiento, ni, por supuesto, en el propiamente literario.