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12 ene 2018

César Pérez Gellida. "Memento mori", la 1ª de las 8

20 comentarios:
"Un mundo manejado por las grandes corporaciones, que son los padres de un sistema económico diseñado para poder dirigir los gobiernos de las potencias y esclavizar al resto de la población. Tú no eres más que un esclavo, pero no lo sabes. Alguien dijo que nadie está más perdidamente esclavizado que los que creen erróneamente ser libres." (Carapocha)
 
Erika Lopategui, Carapocha, Augusto Ledesma
 
Por fin he comenzado a poner orden en el universo Gellida. ¡Ah! ¿Pero estaba desordenado? No, claro que no. El desorden nacía en mí por no haber seguido el orden lector que el propio autor siguió en la escritura de esos ocho títulos que, por ahora, forman su obra narrativa. Sin embargo no estoy descontento conmigo mismo. Sólo ha habido un momento hará cosa de un mes en que mi desorden lector me importunó seriamente llegando a hacérseme prácticamente ininteligible aquello que tenía entre manos. Los que sigáis mi blog quizás lo recordéis; fue durante la lectura de "Konets", la última de sus novelas, que a punto estuve de abandonarla por no entenderla al faltarme elementos que César Pérez Gellida había presentado en novelas anteriores, concretamente en "Khimera", cuya lectura -me dijo, amablemente el propio autor- es necesaria si es que se quiere entender y disfrutar de "Konets".
 
Debo de agradecer a una entusiasta gellidista, Laky / Margarita Gautier del blog "Libros que hay que leer", por haberme incitado a leer todo Gellida. He cedido a su incitación aprovechando el Mes de la Novela Negra que desde su blog ha convocado para este enero y que yo, incondicional del género, he decidido seguir.
 
También cuando realizaba la entrada para "Konets", la última entrega de la octología que acabo de leer, y que "Memento mori" inauguraba, leí que la plataforma Movistar+ estaba rodando, o a punto de iniciar, una serie televisiva a partir de este relato que junto a "Dies irae" y "Consumatum est" forman la trilogía titulada "Versos, canciones y trocitos de carne". Pensé: 'Hombre si una empresa como Telefónica pone los ojos sobre un autor y su producto éste debe de ser ameno, interesante y adictivo. No creo que Movistar+ vaya a arriesgar dinero en algo fallido.'
 
Lo primero que debo aclarar a aquellos que aún no hayan sido abducidos por el universo Gellida es que las dos trilogías admiten ser leídas independientemente la una de la otra. Y otro tanto cabe decir de la bilogía distópica formada por los dos títulos de los que hablo en el primer párrafo de este post. Sí, en efecto, admiten lectura independiente pero conviene ser disciplinados y no alterar el orden lector dentro de cada una de las tres producciones (las dos trilogías y la bilogía). Y, naturalmente, pese a lo que acabo de decir -¡y que mantengo!- el disfrute máximo se alcanza cuando se sigue el orden que el autor ha dado a sus ocho novelas. Y si no, preguntádselo a Laky, gellidista confesa como tantos y tantos otros.
 "Versos, canciones y trocitos de carne", Pérez GellidaYo, por mi parte, y dado que el mal ya estaba hecho, os he de decir que he disfrutado mucho con esta primera de la serie a pesar de conocer ya el futuro de no pocos de los personajes que en ella aparecen. Habrá quiénes digan: '¡pues vaya gracia, si en un thriller ya se conocen cosas que sucederán, la historia pierde interés!'. Sí y no. Si me quedo en lo puramente anecdótico como que sí, pero también es verdad que con esta novela he acabado de comprender aspectos que se me hacían algo cuesta arriba por faltarme alguno que otro dato. En este sentido he disfrutado al poder dar sentido a todo.
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La novela
 
Sinopsis
Septiembre de 2010. Aquella mañana de domingo nada le hacía presagiar al inspector de homicidios de Valladolid Ramiro San­cho que acababa de dar comienzo una pesadilla que lo dejaría marcado para el resto de sus días.
La investigación del asesinato de una joven ecuatoria­na a la que le han mutilado los párpados y cuyo cuer­po han encontrado unos versos amenazantes, ocupa las primeras páginas de esta novela negra narrada con un dinámico y atrevido lenguaje cinematográfico. Sin embargo, el autor nos arrastra por un camino inespe­rado al describir los hechos desde la perspectiva del propio asesino: un sociópata narcisista influenciado por la música más actual y por las grandes obras de la literatura universal.
La evolución frenética de los acontecimientos desem­boca en la intervención de uno de los especialistas más reconocidos en el comportamiento de los ase­sinos en serie. Este complejo triángulo emocional, unido a la intriga que envuelve al siniestro cómplice del asesino, hace que Memento mori se convierta en un profundo thriller de acción con banda sonora que atrapará.

 
Mi comentario
Dado que esta reseña es la cuarta o quinta que realizo de novelas de este autor y que todas ellas forman parte de una octología no voy a demorarme mucho en aspectos que o bien ya he comentado en reseñas anteriores [aquí os dejo por orden los títulos enlazados a mis reseñas de las otras novelas de Gellida que he leído: Trilogía "Refranes, Canciones y Rastros de sangre":  "Sarna con gusto", "Cuchillo de palo", "A grandes males... "; Bilogía distópica formada por los títulos "Khimera" y "Konets" que al haberlas leído juntas las reseñé también juntas] o bien no conviene dar muchas explicaciones sobre algunos personajes o hechos a fin de no echar por tierra el disfrute de esta novela y de las siguientes a futuros lectores. 
 
Al haber leído "Memento mori" después de la resolución de toda la historia he sido consciente de lo que Gellida advierte en la Nota de autor que acompaña a "Konets", su última entrega, donde confiesa que su  método de creación literaria no contempla el desarrollo argumental a largo plazo. Leyendo esta primera entrega de tan extensa serie se ve con claridad que el autor vallisoletano no tenía in mente un desarrollo tan largo y con una deriva tan curiosa como la que toma el relato a partir de "Sarna con gusto", quinta en orden de aparición. No desvelo nada al futuro lector de estas novelas si digo que en "Memento mori" no hay ninguna alusión a la Congregación de los Hombres Puros, línea argumental que crea y desarrolla a lo largo de toda la segunda trilogía. El mismo Gellida en una entrevista a propósito de la salida al mercado de "Cuchillo de palo" hablaba de ello.
 
 
A mí personalmente, como digo en las reseñas de "Cuchillo de palo" y "A grandes males..." esta segunda línea argumental no me agrada mucho pues entra en un territorio mistérico, gótico, que lleva al autor a hacer excesivas aclaraciones, relaciones entre nomenclaturas simbólicas, etc. que -hablo por mí, naturalmente- perturba el placer de lectura. Por eso "Memento mori" e intuyo que los otros dos títulos que forman esta Primera trilogía y que todavía no he leído, al carecer de esta segunda línea argumental, es por ahora la novela que más me ha gustado de todas las leídas de Pérez Gellida.
 
"Dies irae", "Consumatum est", Ramiro Sancho
"Memento mori" es un auténtico thriller, una novela negra con los ingredientes clásicos de la misma: policías corruptos, denuncia socio-política, bajos fondos, cosmopolitismo, erotismo, asesinatos, organización criminal, consumo desaforado de alcohol y tabaco, drogas... Naturalmente no estamos en los años 30 cuando Raymond Chandler y Dashiell Hammett triunfaban con sus magníficos relatos; estamos en el siglo XXI, una época en la que la informática, los smartphones, las redes sociales y en general todo lo que depende y/o surge de Internet como la música que nos acompaña a todas partes tiene una importancia capital en nuestras vidas. Y también en la novela: Augusto Ledesma, protagonista de la misma, es un perfecto conocedor de los entresijos del diseño gráfico por ordenador, vive la mayor parte del tiempo en el ciberespacio y se relaciona con otros que gustan de hackear sistemas de seguridad que se venden como inaccesibles, es un asesino que hace uso del comercio online y que sabe borrar los rastros que sus actividades en la Red dejan. Su antagonista, el inspector Ramiro Sancho, también sabe el momento cronológico que está viviendo, aunque por edad -unos diez o doce años mayor que Augusto Ledesma- la informática no esté en el centro de sus preferencias. Un tercer personaje importantísimo es Armando Lopategui, 'Carapocha', psicólogo criminalista, ex agente del KGB y de la Stasi.
 
Con los mimbres anteriores y el universo de personajes que rodean a cada uno de los tres vértices de esta historia (los compañeros policías de la comisaría vallisoletana de Delicias; los familiares y los amigos informáticos de nombre falso de Augusto Ledesma; y las relaciones familiares y amistosas de Carapocha) teje César Pérez Gellida una novela negra, un vertiginoso thriller policíaco, que sucede en seis meses: del 30 de octubre de 2010 al 22 de marzo de 2011. Como la novela vio la luz en 2013 podemos decir que el tiempo en que se escribe viene a coincidir aproximadamente con el momento en que transcurre la historia. de ahí las referencias puntuales a suceso socio-políticos de esos años (Guardiola, Xavi, Messi...) algunos muy locales como las manifestaciones machistas del alcalde de Valladolid: "El comentario de De la Riva puede que haya sido desafortunado y que se considere un error político, pero las reacciones en los medios afines al Gobierno han sido desmedidas con el único propósito de desacreditarle políticamente". Esta cercanía y concreción localista tan explícita, en mi opinión, no es muy acertada por parte del autor, dado que así el escrito pierde universalidad.
 
Lo que si es evidente es que desde esta primera novela el estilo Gellida está prácticamente ya conformado. Un estilo en el que la música tiene un papel esencial. Los capítulos se intitulan con versos sacados de temas musicales de Bunbury. Naturalmente tal hallazgo me habría sido imposible hacerlo a no ser que fuese fan incondicional del cantante zaragozano, cosa que no soy evidentemente. Es el mismo Gellida quien en la Nota de Autor que incluye al final de la novela  dice textualmente: "Aprovecho estas últimas líneas para pedir sinceras disculpas a Enrique Bunbury por extraer de sus canciones los títulos con los que están nombrados estos capítulos". Y es que "Memento mori" es un "libro con banda sonora", dice el autor allí mismo, y algo antes nos deja el listado de los 21 temas que la forman. Estos 21 temas se pueden escuchar en la propia página del autor [pinchar aquí]. Es tan musical esta novela que no resisto la tentación de incluir en el post cuatro o cinco de sus temas, naturalmente los que a mí más me gustan de dicha lista


 
El humor es otra característica gellidiana y en esta novela aparece en varias ocasiones. Especialmente es significativa su presencia en la relación cordial y amistosa que se establece entre Armando Lopategui y Sancho cuando el primero critica  el excesivo empleo de refranes que hace el inspector, cual si de la pareja don Quijote-Sancho se tratase.
 
También ya en esta novela está presente el gusto por el empleo en algunos momentos de un vocabulario técnico especializado. Fundamentalmente se da este empleo en el ámbito de la medicina ("el mecanismo de la muerte fue anoxia anóxica. La leve cianosis facial y la equimosis puntiforme que se aprecia en el rostro no dejan lugar a dudas."), del fumador de puros ("un habano de calibre mediano pero de buen cepo, una vitola de galera entre la corona y el robusto") y con muchísima más frecuencia del ámbito informático en el que los anglicismos destacan sobremanera ('newby', 'lammer', 'hacking', 'troyano', 'cracker', etc.)
 
Visitas literarias, Valladolid, Pérez GellidaEl cosmopolitismo característico de la novela negra clásica también se percibe en ésta. Pero es la localización del suceso en una ciudad pequeña, incluso provinciana como es Valladolid lo que dota a la novela de una originalidad más que interesante. Que aparezcan localidades castellano leonesas como la geografía urbana de Pucela [por cierto, según estoy escribiendo esta reseña me entero de que el Ayuntamiento de la capital castellano-leonesa ha montado una Ruta guiada teatralizada por la ciudad siguiendo los pasos de de los personajes de este relato. Se inaugura el próximo 20 de enero y por ahora está previsto ofrecerla hasta el día 18 de marzo] o algunos pueblos zamoranos no impide que el relato especialmente en boca de Carapocha nos haga viajar a los Balcanes, Moscú, Berlín, Sudáfrica, Nueva York y otras ciudades que en futuras entregas de la serie tendrán una mayor participación.

Es una novela que contiene abundantes referencias culturales y metaliterarias dentro de ella. Son alusiones en general al alcance de la mayoría de los lectores (La 'Ilíada', el 'Ulises' de James Joyce, la 'Metamorfosis' de Kafka, 'Moby Dick' de Melville...). Sólo al final del relato se citan otros autores menos populares (Italo Svevo, Umberto Saba...) quizás como un anticipo del mayor nivel que tendrán próximas entregas.

Final
La facilidad para el lector del culturalismo (literario, musical, fílmico...) unido al endiablado ritmo de la narración y a los giros en la misma tan característicos en el autor, explica el indudable éxito de estas novelas de César Pérez Gellida, uno de los recientes escritores de best sellers español.
   


7 dic 2017

"Konets" y "Khimera" de César Pérez Gellida.

10 comentarios:
“Sin inteligencia artificial, todo lo que nos rodea se va a convertir en armatrostes inservibles –detalla Vitali innecesariamente-. Las comunicaciones se caerán, la red de transporte quedará inutilizada por completo, las reservas energéticas se agotarán, las fábricas pararán y pronto escasearán los alimentos… Todo, absolutamente todo está administrado directa o indirectamente por la Lupa. Si ésta no existe, el resto tampoco.” (Konets, 4º Movimiento)




Resumen y sinópsis de Konets (dados por la propia editorial)
Olek Opiozcenek no es únicamente un nombre más en el extenso listado de víctimas que conformaron la «Obra» de uno de los más crueles asesinos en serie de la historia. Aquel niño nacido de la perversa simiente de Augusto Ledesma ha crecido bajo los cuidados de sus abuelos maternos y con el respaldo económico de una peculiar hada madrina: Rusalka. Sin embargo, Olek está empeñado en desenterrar esos secretos del pasado exprimiendo sus habilidades como hacker; pero, en ocasiones, descubrir el punto de partida condiciona el itinerario y, consecuentemente, el destino.
Konets («fin» en ruso) es un thriller frenético, un tratado sobre la maldad estructurado en cuatro movimientos y desarrollado en dos escenarios temporales: la adolescencia de Olek y su madurez, o, lo que es lo mismo, el antes y el después de los sucesos que se narran en Khimera. Ambas novelas conforman el engranaje conclusivo entre las dos aclamadas trilogías «Versos, canciones y trocitos de carne» y «Refranes, canciones y rastros de sangre» que han atrapado a miles de lectores en el inabarcable universo gellidista.
«La luz y la oscuridad son dos conceptos que conforman una única idea. Dos fuerzas complementarias, pero opuestas. Si el mar es el yang: la absorción, lo pasivo, lo oscuro, y el río es el ying: la penetración, lo activo y la luz, ¿de cuál de las dos fuerzas te gustaría ser partícipe si tuvieras el privilegio de elegir sabiendo que ninguna se impone a la otra?»
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Mi comentario sobre “Konets

La palabra rusa, konets, significa 'final'; y eso es lo que el novelista vallisoletano realiza con esta novela, octava de su carrera de escritor iniciada definitivamente en 2011. Durante estos años sus ocho novelas se han sucedido con rapidez desde que vio la luz "Memento Mori" en 2013  hasta ésta, "Konets", que el pasado mes de noviembre llegó a las librerías. Ocho extensos relatos en tan sólo cuatro años dicen mucho de la manera y dedicación escritora de este hombre licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valladolid y máster en Dirección Comercial y Marketing por la Cámara de Comercio de Valladolid que trabajó hasta 2011 en empresas vinculadas con el mundo de las telecomunicaciones y la industria audiovisual.

"Konets", "Khimera", Pérez Gellida, Ramiro Sancho, Erika Lopategui
De la octología, "término no contemplado por la RAE, por cierto" -nos advierte el autor en la Nota que cierra el volumen que contiene esta última entrega- yo sólo había leído su segunda trilogía, "Refranes, Canciones y rastros de sangre" integrada por estos tres títulos: "Sarna con gusto", "Cuchillo de palo" y "A grandes males". De modo que cuando decidí leer "Konets" pensaba que iba a encontrarme con una historia situada en el momento actual del estilo de las tres anteriores. Pero cuál no sería mi sorpresa cuando de buenas a primeras topo con un Preludio situado en un tiempo futuro, año 2054, y con una referencia exacta a un suceso desconocido por completo por mí, "Treinta y ocho minutos antes de la destrucción de Lukomorie". Por si esto fuera poco observo que la novela se estructura en cuatro movimientos como una sinfonía orquestal clásica, que alternan temporalmente: los impares transcurren en 2054 y los pares 25 años antes, en 2029. Cierra la estructura compositiva de esta novela un Rondó Final situado en 2054 que en cierto modo viene a ser como un recopilatorio de los principales momentos vividos por los personajes protagonistas de la octología que en este último capítulo están recordando vicisitudes pasadas.

Mi sorpresa inicial, pues, ante esta novela, por lo dicho anteriormente, fue mayúscula; hasta el extremo de que, ante mi incomprensión por lo que allí se me ofrecía, a punto estuve de abandonar su lectura. Gracias a Dios en un hilo de Facebook al comentar una opinión de alguien sobre "Konets" expuse la desorientación que estaba sufriendo, y César Pérez Gellida, que es muy activo en las redes, tuvo la gentileza de recomendarme la lectura previa de "Khimera", la novela que publicó en 2015 inmediatamente antes de las tres que componen la trilogía de "Refranes, Canciones y rastros de sangre". Verdaderamente su consejo me salvó pues tras finalizar "Khimera" todos los referentes, fechas, relaciones entre personajes, y sucesos que aparecen en "Konets" ya no eran oscuros e imposibles de penetrar sino que se revelaban coherentes y verosímiles en esta historia futurista.

De las tres novelas aparecidas entre "Khimera" y "Konets" tengo hechas las respectivas reseñas en este blog ["Sarna con gusto", "Cuchillo de palo" y "A grandes males"]. Si se leen mis opiniones con atención se observará que, sin decaer en nada mi aprecio por el estilo Gellida, mi disfrute es mayor cuanto más imbricadas en la realidad están las historias; o sea, quiero decir que la aparición de elementos esotéricos, mágicos, iniciáticos y/o simbólicos en las dos últimas de la trilogía, pero sobre todo en la última, hizo que decayese algo mi atención en esos interesantes relatos. Con todo, como bien digo en esas entradas, 'Gellida es mucho Gellida y se da cuenta en un momento de la historia que la novela se le está yendo por esa gatera y busca remedio rápido que coloque las cosas en su sitio.'. La gatera a la que me refiero es la de lo mistérico-gótico en que envuelve la trama de la Congregación de los Hombres Puros en esas novelas. Pero el novelista es consciente del riesgo que está corriendo y suele salir airoso de estos momentos con giros sorprendentes que naturalmente no puedo desvelar aquí pero que, en mi opinión, son la auténtica marca Gellida.

El estilo Gellida
Sorprenden muchas cosas en esta última novela. La primera es la de ¿por qué ha incrustado entre "Khimera" y "Konets" tres relatos que nada tienen de futuristas? La razón como casi siempre la encontramos al final del volumen que acabamos de leer, en la 'Nota de autor'. Allí declara Pérez Gellida lo siguiente:
"Empecé a escribir "Konets" al día siguiente de terminar 'Khimera'. Lo he consultado y el primer borrador data de junio de 2014. El germen de esta novela, sin embargo, nació justo un año y medio antes, cuando escribí 'Consumatum est' [...] Lo he contado muchas veces, pero sigue siendo rigurosamente cierto: mi método de creación literaria no contempla el desarrollo argumental a largo plazo, hecho que, empiezo a sospechar, se compensa con buenas dosis de intuición. Intuición para dejar hilos sueltos de los que poder tirar más adelante; intuición para crear personajes que dilaten su protagonismo más allá de lo previsto; intuición para tejer historias que a priori podrían no ser del interés de la comunidad lectora" ("Konets": Nota del autor)
También en esta novela, como en general en las otras del novelista, especialmente cuando aborda la trama de la 'Congregación de los Hombres Puros', hay momentos en que el argumento se adensa y parece querer ahogar a quien lo lee. El escritor es muy consciente de este hecho y en "Khimera", también en la 'Nota del autor', se pone la venda sobre la herida cuando declara: "Intuyo que, por la densidad del argumento, no ha sido fácil para usted avanzar en algunas partes de esta novela y le pido disculpas por ello".

Verdaderamente resulta algo enrevesada toda la trama que en estos dos relatos futuristas, Khimera y Konets, compone sobre la figura del bogatyr tomada de la leyenda eslava sobre Koschéi Bessmertny (en castellano, 'Koschéi el Inmortal'). Es en el desarrollo y resolución de esta trama donde vemos al hacedor de series que es el novelista que en breve puede ver su primera trilogía convertida en serie televisiva por Movistar+. Esta unión entre el thriller futurista situado en esas avanzadísimas estaciones Khimera repartidas por diversos lugares del mundo y los caballeros bogatyri de la mitología eslava convertidos aquí en "expertos en guerra cibernética dotados de una serie de aptitudes extraordinarias para el combate" casa muy bien con los seriales que acostumbran a verse en diversas plataformas.

Metaverso, Congregación de los Hombres Puros, Gellida
Estamos ante una distopía pero muy enraizada -esa es al menos la intención confesa del escritor- en la realidad. Gellida ha querido construir un futuro real, creíble.  Su desplazamiento temporal es próximo al momento de escritura y/o de lectura (años 2029, 2030, 2037 y 2054); por ello son muy reconocibles muchos de los elementos que funcionan en ese mundo aún no vivido que está formado por cuatro alianzas: la Unión de Estados Libres, que ha sustituido a la antigua OTAN; la Alianza Islámica, "Mil doscientos millones de musulmanes agrupados bajo la misma bandera"; el Bloque Asiático formada por China, Rusia y Corea del Norte; y "Fuera de todo ese entramado tripartito quedaron otras dos agrupaciones menores: la Congregación de Pueblos del Sur, acuerdo firmado por Venezuela, Bolivia, Ecuador y Cuba más los estados centroamericanos y caribeños, y la Confederación de Estados Africanos" ["Khimera", pos. 281-283]. Como se ve, es una organización territorial del mundo no existente hoy pero que bien podría darse en un futuro cercano.

También es más que verosímil, prácticamente tangible, el escenario de guerra cibernética que se presenta en esta confrontación -un tanto maniquea, sí, verdaderamente- entre el Bien, representado por el 'Khimera Proyekta', y el Mal, que alberga lo que resta de la Congregación de los Hombres Puros contra los que los personajes protagonistas llevan luchando desde el final de la tercera novela de la trilogía "Versos, canciones y trocitos de carne". Es un Mal que todo lo cifra en los beneficios económicos utilizando cualquier medio para lograrlos, incluyendo, naturalmente, el progreso tecnológico y científico. Al respecto hay que señalar que el mundo distópico presentado en "Konets" ha hecho de la Ciencia el instrumento utilizado para segmentar la población en grupos semejantes a las castas de la India. Hay en esa sociedad distópica cuatro clases jerárquicamente organizadas de mayor a menor relevancia: 'ciudadanos', 'pobladores', 'moradores' y 'duendes'. La manipulación sobre ellas, merced al empleo de la tecnología, es total. Contra este Mal con mayúsculas lucha 'Khimera Proyekta': "Sustituir la tecnofagia que devoraba la voluntad de las personas por cienciocracia era un imposible, pero era nuestra quimera." ('Khimera', pos. 5311).

Los personajes que intervienen en "Konets", última entrega de la serie, precuela y secuela a la vez de "Khimera" son muchos y variados. El principal es Erika Lopategui que tanta intervención ha tenido en todas las novelas anteriores. Luego estaría fundamentalmente Olek Opieczonek, que es el narrador en 1ª persona de los sucesos en los que él participa que son muchos, siendo el resto contado en 3º persona por un narrador extradiegético. Pues bien, en "Konets" Olek se erige en centro del relato: su origen familiar, su sabiduría como ingeniero de sistemas, y sus relaciones con el resto de personajes (Marlena Konsek, agente doble de la que se enamorará perdidamente; Kraken, hacker iraní, agente de la Alianza Islámica y competidor de Olek en el ciberespacio que en la novela recibe la denominación de 'metaverso'Ajax, un 'phreaker' que conoce Olek y que le inoculó el virus de su afición por la informática desde temprana edad; Roger Zimmerman, "El padre de todos los operadores de sistemas", su jefe en la estación Khimera; Fatima, la jefa de los duendes que tienen cautivo a Olek a cuya hija, Serina, Olek da clases; Kai Xi y Bao, hermanos chinos que por encargo de Erika Lopategui buscan a Olek Opieczonek cuando se encuentra en paradero desconocido; etc., etc.) marcan el discurrir, avance y vueltas atrás en esta historia. Es Olek el personaje sobre el que Gellida hace reposar en esta ocasión los sorpresivos giros argumentales que acostumbra hacer y que tanto le agradecemos sus lectores.

Fuera de los hasta aquí citados y de muchos otros nuevos que se cuelan en el relato (la densidad de la novela también lo es a este respecto) no se puede dejar de citar a Ramiro Sancho, convertido en "Konets" en director general de la Interpol. Sancho nos deparará varias de las sorpresas y giros argumentales a que Gellida nos tiene habituados; si bien, con todo y con eso, en esta novela el policía pucelano baja en protagonismo pues, no podemos olvidarlo, corre el año 2054 y Sancho va ya por sus 90 años.

En cuanto a otros aspectos que suelen distinguirse en las novelas del escritor vallisoletano hoy residente en Buenos Aires: Humor, Música, Referencias culturalistas especialmente al cine y/o a la literatura, cuidado vocabulario o léxico especializado..., todas ellas en mayor o menor grado se ven en la novela, si bien la música que sirve de marco a la estructura de la novela en cuatro movimientos, un preludio y un rondó final, sea, paradójicamente, la que menos aparezca en citación directa de temas y/o cantantes en el relato. Tan sólo he visto alusiones al tema popular infantil Estrellita dónde estás” y al tema del grupo Placebo: ‘Song to say goodbye’ que tan bien cuadra con el cierre o final de ciclo que quiere ser esta novela.



Momentos humorísticos hay bastantes. Pérez Gellida tiene un enorme sentido del humor y así lo demuestra en sus relatos. En éste en concreto hay humor en el diálogo entre Ihor y su padre Maksym (dos ucranianos que esperan poder secuestrar a Olek) cuando las preguntas y las respuestas de uno y otro se cruzan originando cierta confusión:
"-¿Cuánto crees que tardará? –preguntó Maksym.
-Es difícil de saber.
-Puede que se esté emborrachando por ahí.
-Me refería al plato de salchichas.
-Les queda un minuto
-Mejor así.
-Las saco.
-No, ahora me refería al muchacho.
-Así, ¿cómo?
-Borracho.”

El diálogo entre estos dos ucranianos y Marlena Konseck es digno de Quentin Tarantino:
"Agente, ¿le importaría desactivar esa opción en tanto en cuanto parece que tiene controlada la situación? Desconozco el funcionamiento exacto del artilugio, pero no me gustaría que su dedo índice terminara cediendo a la presión. Puede seguir apuntándome con el método tradicional de disparo, si así lo desea” (le dice el ucraniano Maksym a la  capitana Konsek cuando ésta le apunta con una pistola en modo de tiro automático)
También son humorísticas esas alusiones de Ramiro Sancho a aspectos muy populares y/o coloquiales como cuando alude a Georgi Dann a propósito de un escolta:
-“Gorki, o Gori, o Jordi, o como cojones se llame”
-´Se llama Georgi- apunté.
-¿En serio? Como Georgie Dann. De ahí su querencia donosa(VACÍO (Tercer Movimiento)
o cuando echa mano de una de sus sentenciosas frases:
Por muy alta que construyas la muralla, siempre tendrá una piedra mal pulida que la haga derrumbarse- citó Sancho
-¿De la Biblia? [le pregunta Erika]
-No, de mi puta cosecha” (AJENO (Tercer Movimiento)
Como se ve en ese humor hay también muchas referencias culturalistas. Así los intertextos en los que se percibe a Tarantino o las directas alusiones a Georgie Dann vistas antes son muestra del culturalismo, en este caso popular, que encierra esta novela de Gellida. Otros autores (Haruki Murakami, Fabergé...) aparecen citados de manera directa en el curso de la narración.

También hay juegos culturalistas como cuando Olek le dice a AjaxTendría que haberme dado cuenta, joder. Kraken solía utilizar seudónimos de reyes persas de la dinastía Aqueménida”. Igualmente se juega con los conceptos taoístas del ying y el yang en esa pareja de personajes formada por Kai Xi y su hermana Bao en torno a los que se organizan paralelismos y correspondencias. Al respecto -es una apreciación del todo personal que no sé si se corresponderá con lo pensado por el propio autor- estos dos seres, Kai Xi y Bao, me han hecho pensar continuamente en "Bélver Yin",  novela del zamorano Jesús Ferrero , y concretamente en su pareja de protagonistas, Belver Yin y Nitya Yang. Al igual que éstos los dos hermanos Kai Xi y Bao representan los dos principios vitales, las fuerzas masculinas y femeninas que nos fundamentan y seducen cada día, y que fluyen, como los ritmos de las danzas antiguas, hacia la unidad primigenia.
Culturalista es  también la relación intertextual que se realiza entre la historia que se relata y esa leyenda de la mitología eslava sobre Koschéi Bessmertny  de la que ya he hablado anteriormente.

Siempre me ha gustado en Gellida el cuidado que pone en el vocabulario y léxico utilizado. Por ser paisano castellano-leonés como él quiero creer que la semilla de Miguel Delibes ha cuajado en este vallisoletano tan de raza como lo era el autor de "El Hereje". El amor por el significado preciso de algunos términos que usa el novelista es una de las razones que me lleva a leerle y a recomendar su lectura. He aquí, como ejemplo, algunos términos: acmé de la dolencia” (VACÍO, Tercer Movimiento): ‘punto álgido de la dolencia’; “amusga los ojos”: este verbo con el  significado de ‘juntar la vista para ver mejor’ lo emplea con reiteración; “congruo”: ‘adecuado’; “pentácoron”: tecnicismo referido a la informática visual; “eones”: unidad geológica de tiempo equivalente a mil millones de años; y otros muchos más.

En este terreno de las palabras es característico de Pérez Gellida el aprecio que siente, como se ve en sus dos trilogías, por las frases proverbiales o sentenciosas muchas veces en forma de refranes. También aquí, en "Konets" topamos con expresiones y locuciones que semejan sentencias por todos admitidas; algunas son fruto del magín del autor: "En la quietud abisal la cobardía se confunde con la cautela" ("Raíces", último capítulo del Primer Movimiento) o "La creatividad es la antesala de la frustración" (PAC MAN, Segundo Movimiento); y a veces estamos ante una cita tomada de un autor conocido por el lector como la frase de Haruki Murakami: "Todo el mundo, en lo más profundo de su corazón, está esperando que llegue el final del mundo"(PAC MAN, Segundo Movimiento)
o la de Faberge: "En el juego de la mentira la cuestión no es ganar, es seguir jugando

Por último, en una novela en la que la Ciencia ocupa lugar central no abundan, pero sí aparecen en ocasiones, referencias a físicos como Thorne y/o Hawking al hablar del “tiempo curvo en los agujeros negros” (PESTAÑEO, Cuarto Movimiento). El primero, Kip S. Thorne fue precisamente distinguido este año 2017 con el Premio Princesa de Asturias en la categoría de Investigación Científica y Técnica junto a Rainer Weiss y Barry C. Barish por su descubrimiento de las ondas gravitacionales. Se ve, pues, que César Pérez Gellida, cuando hace en esta novela literatura de anticipación, no habla por boca de ganso al urdir la trama de ese mundo futuro que podría engullirse a sí mismo a poco que el ser humano se empeñe en ello.

Final
Si bien las novelas futuristas que hacen planteamientos cibernéticos no son de mi predilección; sin embargo he de decir que he leído con gusto estas dos novelas, "Khimera" y "Konets", en las que César Pérez Gellida da rienda suelta a sus extensos conocimientos del mundo de las telecomunicaciones, pues no en balde el novelista, antes de dedicarse plenamente al oficio de escribir, trabajó en Retecal, empresa de Radiotelevisión castellano-leonesa que luego fue vendida a Ono, que a su vez sería absorbida por Vodafone.

Khimera, Konets, Distopía, novela futurista cercana
Como constante que es en él -será la intuición, como dice; ¡bendita intuición, pues!-, Gellida mantiene siempre un sabio equilibrio, también en esta última novela de la serie, de manera que no se precipita ni por el lado abstruso e incomprensible del mundo intangible del metaverso (la Red, el ciberespacio y así) ni se queda sólo en el puro thriller desarrollado en el mundo de la realidad con unos investigadores que buscan encontrar la solución. No, lo bueno, lo fantástico, lo peculiar y distintivo del llamado "estilo Gellida" es que sabe nadar entre dos aguas creando un producto novedoso por su originalidad, aunque al tiempo corra el peligro de que algún lector no muy avisado de la cierta interdependencia de los relatos entre sí pudiera optar por abandonarle.

A mí, ya lo he dicho varias veces, me gusta más el Gellida hacedor de thrillers realistas detectivescos que este otro Gellida que asciende a la Nube del metaverso y crea historias también de innegable tensión que se resuelven o se precipitan en los breves segundos que tarda un hacker en encontrar el código de una secuencia informática y neutralizar la orden contenida en ella mediante la conversión de la misma en un malware que en forma de gusano anide y se extienda con rapidez por cuantos terminales UAT contacten con él. Pero para mi sorpresa, como tantas veces me ha sucedido con este escritor, he quedado abducido por la historia que cuenta gracias a esa sabia dosificación en el ritmo narrativo que realiza.

10 mar 2017

... y tres: "A grandes males" de César Pérez Gellida

21 comentarios:
Erika Lopategui y Ólafur Olafsson han llegado a Buenos Aires siguiendo el rastro de la única persona que puede ayudarlos a destapar la organización criminal que se esconde tras la Hermandad de los Hombres Puros. Encontrar el Cartapacio de Minos, un misterioso documento que contiene la identidad de los integrantes de la cúpula de esta organización, es su única meta. Pero no solo ellos lo buscan... Pronto descubrirán que una cara conocida está más cerca de lo que a ellos les gustaría. (sinopsis facilitada por la editorial)

César Pérez gellida, "A grandes males"

“A grandes males” cierra la trilogía denominada “Refranes, canciones y rastros de sangre” cuyas dos primeras entregas son “Sarna con gusto” y “Cuchillo de palo”, que ya reseñé en este blog (pinchando en los títulos de cada una de las novelas se puede acceder a la reseña respectiva). De las tres “A grandes males” es, con diferencia, la que más me ha costado leer. El motivo no es otro que el paso a primer plano de la trama  de la Congregación de los Hombres Puros, asociación que ya aparecía en las novelas anteriores aunque relegada a un lugar secundario, si bien su papel en “Cuchillo de Palo” ya fue mayor que en “Sarna con gusto”. Yo ya lo declaré en mis comentarios sobre estas dos novelas: ‘la trama de los denominados Hombres Puros, no me agrada mucho pues tiene un tufillo mistérico-gótico tipo Código da Vinci, que se me hace difícil de soportar’. Es evidente que habrá lectores a los que este juego gótico-mistérico  lleno de arcanos y simbolismos apoyados en la interpretación de los versos de la “Divina Comedia” de Dante gustará, pero a mí, decididamente, no. Y no me gusta porque para sostener en pie el edificio interpretativo y que el suspense del thriller no se pierda, el autor se ve impelido a dar una información prolija y sobreabundante sobre el Poema de Dante relacionándolo de aquella manera con la organización de rito masónico la Congregación de los Hombres Puros para aclarar la personalidad real de quienes se ocultan bajo los títulos de guardianes, arcángeles, custodios, centinelas… que se distribuyen las obligaciones y encargos de esta organización criminal.

Si en la novela anterior, el vallisoletano César Pérez Gellida prestó atención a los nombres secretos de estas personas así como a los ritos ocultos practicados, en ésta plantea un trabajo de investigación, la búsqueda del Cartapacio de Minos (¡cómo me ha recordado esta búsqueda a Indiana Jones y su “En busca del arca perdida”!), siguiendo la interpretación simbólica que el dantista Alcides Edgardo Bujalesky, a quien al final de la novela anterior dimos por desaparecido en las aguas del río Misiones en las Cataratas del Iguazú. Es una interpretación que toma los versos del ilustre poeta florentino y los aplica de manera muy retorcida y forzada a la investigación que él lleva a cabo junto a personajes ya conocidos por su activa participación en los relatos anteriores: Erika Lopategui, Ramiro Sancho, Ólafur Olafsson, el policía nigeriano inspector general de la Interpol Makila… Semejante exégesis del Poema pero con finalidad completamente diferente llevan a efecto los antagonistas de nuestros héroes algunos ya con protagonismo en las otras dos novelas: Robert J. Michelson, por ejemplo, que se esconde bajo la advocación de “Flegias” que ya tuvo su abuelo Matthews, y que ahora aspira al cargo de Gran Maestre de la Congregación de los Hombres Puros; o Vlade Ilic, el terrible arcángel "Miguel", que acostumbrado a obedecer e insensible al dolor de los otros hará todo cuanto Corteza de Roble, el Gran Maestre, le encargue. También son personajes importantes en el relato Adla, la negra albina de la tribu datoga cuya felinidad le es utilísima para la función del vengador arcángel "Gabriel" ejecutada bajo la advocación de “La estatua de mármol”. Ya sólo este personaje es un claro ejemplo de la confusión a la que el lector se ve abocado durante la lectura al referirse a él indistintamente en masculino o femenino así como llamarle simplemente ‘estatua’, ‘Gabriel’ o ‘Adla’; o sea, un lío.
Florencia, Dante y la Masonería, la Fede SanctaHay otra serie de personajes, nuevos en su mayoría, que no representan problema alguno para el lector. Son: Telmo, el encargado del mantenimiento del Palacio Barolo de Buenos Aires; Mario Palanti, arquitecto responsable del diseño y construcción del Palacio Barolo; Luis Barolo, empresario que encargó la construcción del Palacio que lleva su nombre; y otros como “Ciacco” o el Conde Colli  di Felizziano ‘Flegias’ que con el arquitecto y el empresario cubren la parte del relato que transcurre en la década de los años 20 momento en el que se realiza la construcción del Palacio.


Tiempo y Lugar
Hay en la novela dos historias en contrapunto temporal: la que sucede en el momento actual, año 2013, que protagonizan Erika, Ólafur, Robert J. Michelson, Ramiro Sancho, Bujalesky y Telmo; y la que nos retrotrae a los felices años veinte y primeros de los treinta cuando en Buenos Aires se está construyendo el Palacio Barolo, se produce el crack financiero del 29 y en Italia Mussolini ha alcanzado el poder máximo que nada bueno augura para los años siguientes. Ambas historias se desarrollan en la Argentina si bien en tres espacios diferentes: comienza en Misiones, en las cataratas del Iguazú,  donde acabó “Cuchillo de palo”; se desarrolla fundamentalmente en Buenos Aires capital federal donde se encuentra el Palacio Barolo; y tiene una deriva patagónica hacia la zona de la Antártida centrándose en el Lago Argentino donde se encuentra el glaciar Perito Moreno.

La acción que sucede en el Perito Moreno es sin duda alguna la más trepidante y de resultado más impredecible de toda la novela. Participan en ésta activamente los principales actores del relato: Robert J.Michelson, Ramiro Sancho, Erika Lopategui y Adla. Su escenario, el imponente glaciar, es magnífico y, ciertamente, la aventura sobre él desarrollada es positivamente sorprendente. Pérez Gellida resuelve los hechos que aquí tienen lugar con soltura y mano diestra.

Humor
La acción desarrollada en Buenos Aires tiene como finalidad la búsqueda del Cartapacio de Minos por parte de Alcides Edgardo Bujalesky y Telmo, auténticos remedos de don Quijote y Sancho Panza, de quienes depende el grueso de las aclaraciones interpretativas de lo que esconde la obra de Dante. Dada la evidente pesadez y embrollamiento cierto de las mismas, el novelista hace que estos dos personajes sean los encargados de sortear, a través del humor, los peligros que corre el relato el cual evolucionará de un modo que no pienso revelar. Es Bujalesky (Buja) un personaje peculiar, un sabio despistado, que en sus extensos –y, en muchos momentos, pesados- parlamentos sobre los misterios contenidos en la “Divina Comedia” y su cotejo y búsqueda en los elementos arquitectónicos del Palacio Barolo, hace uso de un peculiar sentido del humor. Así cuando el vigilante del Palacio le advierte del peligro que corren en el curso de su investigación de ser descubiertos por alguno de los trabajadores de las muchas oficinas que hay en el Palacio, éste le dice con gracejo argentino: “No laburan de día, como para laburar de noche. ¡Ni en pedo! No seas conchudo, Telmito, hacé el favor”. El humor, pues, cumple en esta narración la importante función de dar pequeños respiros al lector.

Quizás su empleo está más justificado para mostrar la relación amorosa que se inicia entre la inspectora Sara Robles y el comisario Ramiro Sancho, quien cuando ésta en la Comisaría vallisoletana le hace consultas profesionales apenas si se entera de lo que le dice pues “tenía la cabeza más ocupada en su cuerpo que en el Cuerpo”. Es, en efecto, en la comisaria de Delicias, en Valladolid, donde aparece el humor entre los compañeros de profesión policia: “Siempre es mejor un polvo que un rapapolvo”, “Mira esos dos tíos de ahí: -¿El de la barba que está en el chasis y el de la sonrisa ‘vengopajeadodecasa’?


Un canto a la Argentina en general y a Buenos Aires en particular
Desde hace ya algún tiempo Gellida reside en Buenos Aires. Según confiesa él mismo al final de la novela han sido principalmente las historias que sobre la nación, la capital y el Palacio Barolo le han contado allá las que le impulsaron a realizar esta novela final de la trilogía que abandona totalmente el suelo español. Aunque tiene algunas pequeñas acciones situadas en otras partes del globo (Shanghái, Londres, Chicago, la selva africana…) el grueso de la narración suced en Argentina: Misiones, El Calafate, el Perito Moreno…, y, sobre todo, la ciudad de Buenos Aires. Un Buenos Aires en el que aparecen lugares señeros como la Catedral, la Casa Rosada, el Palacio Barolo, el Cabildo, el cementerio de La Recoleta, la Bombonera, la calle Corrientes, Avellaneda con sus dos famosos equipos de fútbol, la Villa 31…

Palacio Barolo, Palacio Salvo, Masones en Argentina y Uruguay
Los Palacios Barolo en Buenos Aires (izda) y Salvo en
Montevideo (dcha) querían ser las Torres de Hércules del
Río de la Plata
En la novela se gace un buen repaso histórico del país a través de presidentes, militares y personalidades como Yrigoyen, Bartolomé Mitre, el General De las Heras, Domingo Faustino Sarmiento, etc. que al ponerlos en relación con la masonería obliga al novelista, a través de uno de sus personajes, Bujalesky, a  hacer aclaraciones y distinciones entre la auténtica Masonería y otras sociedades ocultistas como la Congregación de los Hombres Puros claramente delictiva. Así, en un momento en que Buja explica a Erika su teoría sobre el origen de la nación Argentina y la pertenencia de muchos de sus primeros presidentes a la Masonería le aclara: “Pero tenés que entender algo: la masonería no es perniciosa ‘da per sé’, lo realmente… maligno –define- son las personas que, en un momento dado, adoptan unas prácticas pseudo masónicas para ocultar sus verdaderos intereses, que nada tienen que ver con la búsqueda de la razón, lo filantrópico y lo humanístico.” En esta novela Pérez gellida realiza una mezcla ficción-realidad muy interesante, aunque como se ve el escritor no quiere que el lector mezcle churras con merinas.

Léxico y/o vocabulario
La manera de hablar y expresarse de los habitantes de estos lugares argentinos por donde discurre el relato es digno de ser señalado. Principalmente son los argentinos Bujalesky, Telmo o el ex-comisario de la policía de la provincia de Misiones, Carlos Alfredo Ramírez, quienes más términos propios del país emplean. Son expresiones como:  ‘petisito forro de mierda’, ‘la concha de la lora’, ‘bandas de chorros que se matan a diario’, ‘romperse el bocho’, ‘bancarme’, ‘quilombo’… A veces asistimos a parlamentos llenos de expresiones propias del lunfardo argentino, jerga propia de delincuentes: 
Escuchame, boludo –dice recortando la distancia con él-. Estáis en nuestra vereda, entrasteis de arriba sin poner un mango. No me gusta que me tomen de logi, ¿entendés? Aflojen un sope y estamos todos piola, ¿está claro?”.
Pérez Gellida siente una gran atracción, también en esta novela, por los tecnicismos científicos. Ejemplos como ‘epidermodisplasia verruciforme, ‘firewalls infranqueables, wrappers intransitables, ‘Inmediatamente los nervios nociceptores detectan el daño severo producido en el tejido y emiten una alarma proporcional a la herida que se transmite por la médula espinal hasta el lóbulo parietal a través de la red periférica’…

Música y Literatura
Frente a sus otras dos novelas de la serie, en ésta me ha parecido ver un menor número de referencias literarias, seguramente debido a que la exégesis alegórica practicada sobre la “Divina Comedia” le haya parecido al escritor más que suficiente (¡a mí también me lo parece, sin duda!). Lo mismo cabe decir de las alusiones a temas musicales, algo muy característico especialmente en “Sarna con gusto” cuyos títulos servían de encabezamiento a los diferentes capítulos. En “A grandes males”, salvo alguna puntual alusión a Depeche Mode ("Should be higher"), a Standstill y poco más, el tema 'Música' se solventa rotulando los capítulos con los títulos de los temas musicales que continuamente canta Bujalesky y que dice fueron compuestos por su fallecido hijo Néstor. No he investigado mucho el asunto pero creo que son temas totalmente ficticios y quizás sea por ello que el autor incorpora, bien en el capítulo así titulado o bien al final en lo que denomina “Banda sonora”, la letra de estos supuestos temas. ¿Son supuestos, son auténticos? Sinceramente, no lo sé.

Final
He leído en alguna reseña sobre otras novelas de esta trilogía que Pérez Gellida es un poco 'tramposo', que oculta datos al lector. Yo discrepo un poco de esa opinión, creo que lo que hace es graduar la información que ofrece para darla a conocer en el momento oportuno. Eso no me parece mal y más cuando el narrador es un narrador en 3ª que todo lo sabe: [Ramírez] "podría darles la dirección de la casa de Avellaneda en la que Buja vivió de joven, adonde se trasladó su hijo Néstor cuando murió laabuela; pero no lo hace". 

Con esta novela, aunque me haya costado algo más, me ha sucedido lo mismo que con la anterior. Por momentos me daba la impresión de que el autor se caía con todo el equipo (los simbolismos, la exégesis de los dantistas, la Congregación con sus etiquetas y grados de guardianes, custodios, arcángeles y tal) para en un momento dado (en esta novela cuando la historia se traslada al Perito Moreno) verle remontar con nuevos bríos y dejarnos -al menos a mí- con un buen sabor de boca, aunque también deseoso de que en próximas novelas regrese el Gellida más negro que entreví en "Sarna con gusto" y  que, según sus lectores, está muy presente en la trilogía anterior con la que el autor se dio a conocer e hizo nacer el denominado 'estilo Gellida'.
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Datos prácticos


Título: A grandes males (Refranes, canciones y rastros de sangre 3)
Autor: César Pérez Gellida
Editorial: SUMA de letras. Grupo editorial Penguin Random House
Fecha de publicación: 9 de marzo de 2017
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN9788491291114
Páginas: 688
PVP: papel: 18'90€; e-book: 9'99€

23 nov 2016

"Camille" (serie Verhoeven IV). Pierre Lemaitre

20 comentarios:

Acabo de finalizar la lectura de "Camille" y mi admiración por Lemaitre ha vuelto a su nivel incial. No es que en algún momento dejase de admirar al novelista francés pero sí que, en mi opinión, según fui leyendo las cuatro novelas que componen su serie Verhoeven, tras el puntazo primero que para mí supuso "Irene" hubo una leve inflexión en "Alex" y "Rosy &John". Pues bien, "Camille" ha supuesto para mí un repunte magnífico que pugna por ser incluso mejor que la primera de la serie, o sea, vamos, increíble.

Y es que, claro, en "Camille", que supone el cierre -¿definitivo?- de las aventuras del comandante Camille Verhoeven, se completa el círculo que en la primera novela había quedado sin rematar. No quiero entrar en detalles sobre qué pasó en "Irene", qué cabos sueltos quedaron por allá, porque no quiero destripar las historias -magníficas e impresionantes todas ellas- protagonizadas por este enorme policía francés que no llega al metro y medio. Sólo diré que el asunto Irene, que fue la mujer de Camille, queda totalmente solucionado ahora; que muchos de los personajes de la primera de la serie reaparecen, personajes a los que habíamos perdido la pista porque en las otras dos novelas de la serie apenas si son nombrados de pasada. En definitiva, es ahora cuando se completa la historia, se cierra la circunferencia y eso a los lectores siempre nos satisface pues nos colma todas las expectativas y suposiciones que durante la lectura se habían ido suscitando en nuestra cabeza.

Las anteriores tres novelas de la tetralogía ya las he reseñado en el blog ("Irene", el 26 de agosto de este año; "Alex", medio mes despúes, el 11 de septiembre; y "Rosy & John", el mes siguiente, el día 4 de octubre). Como se puede ver por las fechas, Pierre Lemaitre y sus personajes han realizado sobre mí una especie de abducción, de secuestro gozoso al que no me he podido sustraer. La prueba es que hoy, mes y medio después y esto porque la novela no ha estado disponible en mi biblioteca pública hasta mediados de noviembre, doy fin a esta serie sobre Verhoeven que me ha entusiasmado de principio a fin.

¿Qué decir, pues, aquí que no haya ya señalado en las otras tres reseñas? Pues poca cosa salvo insistir en que Lemaitre no es autor acomodaticio que diseña un esquema, unos recursos narrativos y/o estilísticos y al ver que el mecanismo funciona lo repite 'ad infinitum'. No, lo que él hace es ir añadiendo a lo que ya le funcionó en otras novelas (ritmo y suspense sostenidos, culturalismo, humor, metaliteratura...) facetas nuevas de aquello o claras innovaciones. Señalaré las que me parecen más llamativas:

🔼La novela tiene un comienzo fulgurante ('in media res') que nos sumerge de inmediato en la historia.
🔼El culturalismo en esta ocasión está más vertido hacia el lado pictórico dada la afición y genética pintora de Camille y habida cuenta de que él es el epicentro de la novela:
Revista Fiat Lux, Pierre lemaitre
Foto (revista Fiat Lux)
"De pronto ella aparece por la esquina de la rue Bleue. Se detiene, con los pies perfectamente alineados a cuarenta centímetros del paso de peatones y un abrigo azul marino. Una cara extrañamente parecida a 'Retrato de familia,' de Holbein pero sin estrabismo" (pág. 180)
Así mismo Lemaitre, que es guionista de no pocas series televisivas, no las deja de lado. En este sentido yo he creído ver un guiño hacia "Breaking Bad" -serie que estoy viendo en estos precisos momentos- en ese camión en cuyo interior se despacha todo tipo de armas cuidadosamente ordenadas.

🔼Humor magnífico, crítico y finísimo, algo que es inherente a este escritor. Se ve, por ejemplo, cuando Verhoeven corrige a la joven comisaria Merchand la ubicación exacta de Sarajevo que ella situaba en Serbia cuando en realidad está en Bosnia; o cuando, tras un rifirrafe amoroso habido con su actual pareja, reflexiona sobre un comportamiento femenino:
"Ella está de pie frente a la ventana, desnuda, pensativa, los brazos cruzados. Dice: "Se acabó, Camille", sin volverse siquiera hacia él. Después se viste sin decir palabra. En las novelas, con un minuto basta. En la realidad, una mujer desnuda tarda un tiempo enorme en volver a vestirse." (pág. 72)
🔼Novela haciéndose. El escritor, a través del pensamiento de uno de sus personajes, reflexiona
sobre posibles actitudes a tomar por otro/s coprotagonista/s:
"Ahí podría terminar la historia. El relato de una circunstancia desafortunada. Pero el más alto de los dos no lo considera así. Está claro que es el que manda y comprende de inmediato cómo están las cosas.¿Qué va a pasar con esta chica?¿Se despertará y empezará a gritar?¿O irrumpirá en la galería Mornier? Peor aún: ¿puede huir, sin que se den cuenta, por la salida de emergencia y buscar ayuda?¿Se esconderá en uno de los retretes, cogerá el móvil y llamará a la policía?" (pág. 13)
 🔼Giros en la trama más sorprendentes que en otras novelas de la serie con lo que el interés y suspense que me ha suscitado ha sido aún mayor.
🔼Recursos narrativos novedosos. Lemaitre gusta de jugar con el lector y lo hace con una maestría que proporciona un gran placer al lector. En un momento dado adelanta el resultado de una acción para después de exponerla con pelos y señales rompernos la cintura con el quiebro que nos da:
"Esa es una posibilidad. Pero Camille sabe desde hace tiempo que las cosas no sucederán de ese modo.
¡Wow, entonces...! Maestro del suspense sin duda, porque a renglón seguido nos suelta la siguiente reflexión filosófica:
 "Pensaba que se había dejado llevar por las circunstancias pero no es cierto.
Lo que nos ocurre es lo que nos construimos nosotros mismos.

Consideración final
En la reseña sobre "Álex" señalé el afecto que este autor francés siente por la literatura española.Ya en sus anteriores novelas me lo había parecido, pero al no haber leído más que un título del autor español al que voy a referirme no me atreví a declararlo en el post. Pero de nuevo en "Camille" esta semejanza, dado el tratamiento análogo de las historias, ha vuelto a resonar en mi cabeza. Y ahora sí creo estar en disposición de decir el nombre del escritor que yo considero el Lemaitre español. Me refiero a César Pérez Gellida del que sólo he leído -y reseñado- "Sarna con gusto" y "Cuchillo de palo".
Serie Verhoeven, Memento Mori, Cuchillo de palo
En mi opinión ambos autores mantienen en sus novelas un ritmo y un suspense álgidos; los dos presentan historias muy duras con algunas escenas espeluznantes por la crueldad y el dolor físico que unos personajes infringen a otros; manejan sabiamente el humor para dar descansos adecuados al lector; y sus narraciones son como muy visuales, muy susceptibles de ser llevadas a la `pantalla. De hecho, "Álex" de Lemaitre ya conoce versión cinematográfica y de la primera trilogía de Pérez Gellida, "Versos, canciones y trocitos de carne" se va a realizar una serie televisiva próximamente. Por último cada uno de ellos ha sabido construir un estilo propio que cala en el lector el cual -hablo por mí y por amigos que así me lo declaran- se convierte en un adicto del escritor en cuestión. Yo comencé antes con Pierre Lemaitre que con Pérez Gellida pero la dependencia hacia ambos es semejante. Lo confieso.

¿Compartís conmigo esta semejanza entre ambos autores?

3 nov 2016

César Pérez Gellida: "Cuchillo de palo"

19 comentarios:
De Pérez Gellida leí con mucho gusto no hará ni seis meses "Sarna con gusto", el primero de la trilogía "Refranes, Canciones y rastros de sangre". El segundo de esa misma serie es el que acabo de finalizar, "Cuchillo de palo", y mi impresión sobre el mismo ha sufrido variaciones según avanzaba en su lectura. Esta variabilidad en el juicio seguramente se haya debido a ser ya conocedor del 'estilo Gellida' y quedar sorprendido por la deriva de la historia en esta novela. Pero Gellida es mucho Gellida y sabe dar  al relato los giros precisos en los momentos adecuados, de modo que consigue salir airoso de esta novela en la que parecía a punto de precipitarse por un sendero delicado. Al menos a mí, ha logrado convencerme.
Pérez Gellida, trilogías, thriller, suspense

Sinopsis
Tras ser apartado del Cuerpo, Sancho ha resuelto dedicarse al suyo entregándose a los placeres de la carne en el lugar más apartado de sí mismo que ha logrado encontrar. Pero no hay rincón donde esconderse cuando es la desventura quien persigue. 
Paralelamente, Erika, Ólafur y su nuevo compañero, el arcángel redimido, Uriel, emprenden la obstinada persecución de los miembros de la infame organización criminal conocida como la Congregación de los Hombres Puros. Su objetivo no es otro que alcanzar la cúspide, pero la escalada les deparará una serie de riesgos que ni siquiera han sido capaces de evaluar

Mi impresión
La novela me ha sorprendido en muchos momentos y por muchos motivos. El primero, sin lugar a dudas, es encontrar a Ramiro Sancho viviendo en Vigo una vida desordenada y totalmente caótica fuera de la policía dado que como cualquier lector de "Sarna con gusto" sabe está expedientado por el mal resultado del secuestro de la hija del concejal vallisoletano Zúñiga. Por ello no extraña verle vivir sin ser policía aunque sorprende mucho encontrarle tan relajado en todos los aspectos. 

Pero la principal sorpresa es que en esta narración pase a primer plano la trama de la Congregación de los Hombres Puros, asociación que ya aparecía en la novela anterior aunque relegada a un lugar secundario que, -la verdad, todo hay que decirlo-, no se entendía muy bien qué pintaba allí. En el comentario que hice de "Sarna con gusto" [leer mi opinión aquí] escribí que la trama de "la organización secreta queda abierta a una clara continuación que, a buen seguro, se nos dará en las siguientes novelas  de la trilogía". Y en efecto mi sospecha se ha confirmado pues en "Cuchillo de palo" esta Congregación de corte masónico ocupa el grueso de la narración. Hasta tal punto tiene protagonismo en la novela que en ocasiones la propia peripecia del inspector Ramiro Sancho queda tan en un segundo plano que casi casi llegué a pensar que quizás Gellida en esta entrega hubiera decidido abandonar de una vez por todas el hilo narrativo del policía pucelano. ¿Os lo voy a aclarar? Pues naturalmente que no, tendréis que leer la novela para ver qué sucede. Es lo que tiene leer un thriller que siempre hay suspense, dudas y tal.