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2 nov 2021

Manuel Vilas. Los besos. Novela

27 comentarios:

«Y me di cuenta de que da igual, de que el envejecimiento es la edad de las igualaciones. Si te mienten, es hermoso. Si te dicen la verdad, también es hermoso. Porque los besos sí fueron reales, y eso es la certeza, la única certeza del mundo.»

Supe de Manuel Vilas, como tanta otra gente, a raíz del Premio Nacional de Novela que en 2018 se le concedió por su magnífica "Ordesa". Fue leer esa novela y quedar atrapado en las redes de su peculiar prosa. De "Ordesa" salté a la poesía contenida en su poemario "Amor" y luego ya en 2019 leí su breve pero sustancioso "Nueva teoría de la urbanidad", librito que pese a nacer como regalo por parte del autor a una editorial esconde en su interior la filosofía existencial y nihilista propia del escritor envuelta en la ironía, la guasa, la broma, la agudeza...; en definitiva en ese estilo burlón, chocarrero muchas veces, tan característico en él [de los tres títulos citados tengo reseñas hechas en este blog que se pueden leer haciendo clic en cada uno de los títulos]. De manera que cuando en la muy reciente Feria del Libro de Madrid vi "Los besos" en la mayoría de las casetas y luego leí no pocas reseñas positivas sobre el mismo en los muy fiables blogs literarios que frecuento supe que habría de leerlo. Y eso es lo que acabo de hacer.

Los besos, novela de Manuel Vilas. Literatura de la COVID-19
Sinopsis
. De la novela dice la propia editorial en la contraportada del libro lo siguiente:
Marzo, 2020. Un profesor abandona Madrid por prescripción médica, va hasta una cabaña en la sierra y conoce a una mujer apasionada quince años menor. Él se llama Salvador; ella, Montserrat, y entre los dos crece una confianza plena e inesperada, llena de revelaciones.
Sus encuentros son un gran baño de luz. Salvador se ilusiona y le cambia el nombre, la llama Altisidora, como un personaje del Quijote. Ambos se enamoran y construyen una relación madura, con las prevenciones propias de sus cuerpos y recuerdos: el pasado reaparece constantemente.
Los besos es una novela de amor romántico e idealizado, pero también de piel y amor carnal, de cómo en mitad de una crisis universal dos seres humanos intentan regresar a la patria biológica y atávica del erotismo, ese lugar misterioso donde hombres y mujeres encuentran el sentido más profundo de la vida.

Mi comentario
Los besos es una novela que va in crescendo. Comienza un poco en un tono menor, lento o moderato, para con el paso de sus páginas ir ascendiendo ascendiendo hasta llegar a un tutta orchestra magnífico, espléndido, sonoro, tremendo, humano, necesario, comprensivo, total. Un a tutta orchestra que queda suspendido en el aire, en la nada, tras la experiencia vivida por Montserrat/Altisidora y Salvador, los protagonistas de estos besos a través de los cuales se elevan hasta otra dimensión vital logrando así escapar de la vulgaridad del momento.

Salvador es un profesor de instituto a quien han prejubilado anticipadamente dados los problemas de memoria que últimamente está sufriendo. El sindicato de la enseñanza al que pertenece le ha concedido la estancia durante un tiempo en una cabaña de la sierra de Madrid a donde se desplaza para así huir de la ciudad cuando el confinamiento decretado por el gobierno por culpa de la COVID-19 está a punto de hacerse realidad. Allí, en Sotopeña, nombre ficticio de esta población serrana, Salvador queda prendado nada más verla de Montserrat, una mujer quince años menor que él que trabaja en un supermercado de la localidad a donde él se acerca a por provisiones. Es un flechazo, un amor a primera vista, que lo dejará tocado y que, afortunadamente para él, será recíproco pues Montse se ocupará de llevarle viandas dado que en la cabaña que habita apenas si Salvador tiene algo. 

Salvador es un hombre que necesita pocas cosas. A Sotopeña acude con poco equipaje, dos ediciones de El Quijote y una Biblia. Allí, en Sotopeña, a sus 58 años Salvador encontrará el amor en Montserrat a la que con cervantino ingenio llamará Altisidora. Esta analogía Quijote / Salvador y Montserrat-Altisidora / Aldonza-Dulcinea le servirá para desarrollar la trama. Al tiempo, la línea cronológica de 2020 en que sucede el enamoramiento narrado se cruza en un claro desplazamiento al pasado con la de 1981 cuando el narrador era estudiante en Madrid y vivía en una residencia de nombre Academia donde hizo fuerte amistad con Rafael Puig, amigo con quien hablaba de todo lo humano y lo divino en un ámbito de confianza y sana amistad como nunca jamás volvería a tener. El personaje de Rafael le pone en contacto, comunicación o revelación, con el lado misterioso de la existencia. Rafael es un chico que anticipa el futuro, que sabe con antelación lo que va a suceder e incluso que logra comunicarse con los ya fallecidos. Esta dimensión mágica, inexplicable racionalmente, se denomina en el relato por parte del narrador, que no es otro que el mismísimo Salvador, como Oscuridad

El amor que surge de manera inopinada en esta pareja de seres ya maduros es una auténtica revelación para ambos, en especial para Salvador, un hombre soltero que se veía ya abocado a no vivir una pasión semejante. Salvador a lo largo del relato no quiere caer en el estereotipo masculino, no quiere tener la obligación de dar él el primer paso, no desea hacerlo porque tiene miedo al rechazo, al fracaso, quizás porque se sabe mayor. Montserrat es una mujer con arrestos, decidida; además de cajera en el supermercado donde trabaja es madre de Marc, un niño de ocho o nueve años que vive en Alemania con su padre del que ella está separada. Para Montserrat Marc es lo primero y eso Salvador lo sabe.

En la vorágine existencial y el aislamiento provocados por la decisión gubernamental del confinamiento obligatorio ambos, Salvador y Montserrat, hallan en su relación un salvavidas, una isla donde refugiarse de la sinrazón de la misteriosa pandemia surgida de la propia Oscuridad y de las decisiones de los políticos que bombardean las mentes de los ciudadanos con verborrea incesante y hueca: 
  • «Pongo la televisión y sale el presidente del Gobierno de España, o sea, Narciso, y en su cara brilla el virus de la entropía, pues tarde o temprano perderá unas elecciones y vendrá otro que abominará de él
  • «Narciso está en la tele de nuevo. Yo creo que le gusta. Mueve las manos en señal de una nueva liturgia en donde se comprometen la solidaridad, la eficacia gubernamental, la invocación igualitaria a todos y todas»[...]
  • «A nuestro Narciso le da igual el virus porque también está enamorado, pero de sí mismo. Los enamorados no vemos el virus. Yo estoy enamorado de Altisidora. Narciso lo está de sí mismo
  • «El Narciso de España se acerca a la psicopatía, al cinismo y al sadismo, el de Estados Unidos también.»
Frente a la vulgaridad de la vida cotidiana presente en esas comparecencias televisivas Salvador busca la belleza como único asidero vital. Lo encuentra en el amor a Montserrat a quien convierte en Altisidora, personaje cervantino de "El Quijote" obra que está releyendo y que frente a la Biblia, el otro libro que se ha llevado a la cabaña de la sierra es su auténtica guía vital. Antes que el Dios revelador bíblico, él prefiere el dios revelador humano, Cervantes, con sus contradicciones, sus errores sintácticos a veces y de contenido otras cuantas más. Salvador es un romántico, un idealista, que encuentra el amor en su madurez, que quiere que perdure pero no exclusivamente en un nivel genital o meramente sexual; por eso espiritualiza a Montserrat, la cajera del supermercado y como hiciera don Quijote con Aldonza Lorenzo transformándola en Dulcinea del Toboso, él transmuta a Montse, con el permiso de ella por supuesto, en Altisidora. Y Montserrat se entusiasma ante esta prueba de amor por encima de la mera cópula. Sentirse amado/a y deseado/a es casi más importante que el propio ejercicio de la sexualidad. 

Reflexión, humor, sexo, vejez, amor en Manuel Vilas

"La literatura es la habilidad de un escritor para ponerse en el punto
 de vista de alguien a quien a lo mejor no le cae bien
" // Foto:Clara Rodríguez

Hay en Los besos un claro homenaje al amor romántico; a Cervantes, que puso a recorrer el mundo a don Quijote, un idealista enamorado de un imposible; al amor en la madurez e incluso en la vejez; al ejercicio de la sexualidad en esa edad... En definitiva hay en esta novela una evidente reivindicación de la vida, aunque sin olvidar que es finita y que la entropía -concepto que como el de Oscuridad llena la novela- o sea la incertidumbre, el desorden consustancial a ella, está ahí elevándose por encima de los dioses actuales -en especial de la Ciencia- tal y como la COVID-19 ha venido a demostrar. En un mundo y una sociedad que vive de espaldas a la muerte como si la misma no existiese o ya estuviese vencida dice Manuel Vilas en una magnífica entrevista concedida al diario Voz Pópuli lo siguiente: «Nosotros, los escritores, lo que hacemos muchas veces a través de las novelas o de los ensayos es recordar que la muerte está ahí y tratar de contarla, describirla, precisarla… para que el lector lo recuerde. Hacemos como de recordatorio de los grandes temas de la vida que a veces la sociedad elimina de las pantallas porque son incómodos

Es curioso, pero nada extraño, que en esta respuesta al periodista Carlos H. Vázquez, Vilas convierta casi en términos equivalentes novela y ensayo; y es que mucho de reflexión, de especulación, de introspección, de pensamiento, hay en Los besos. Son pensamientos exclusivos unas veces de Salvador y otras, nacidos a través del diálogo con Montserrat. Salvador está constantemente sometiendo todo a análisis, incluso los elementos más insignificantes o que así pudieran parecerlo. En su proceso introspectivo salta de unos asuntos a otros de manera que a veces da la sensación de perderse en futilidades («Es una bombilla de 75 vatios. Fue una revolución esa bombilla, porque las de 60 vatios eran un tanto débiles y las de 100 eran excesivas. De modo que la de 75 fue un éxito que sí supuso un paso adelante de la humanidad.») aunque siempre hay algo importante en ello, en este caso el paso del tiempo. Esta manera de pensar, de considerar el mundo en derredor, de ver a Montserrat como Altisidora, de no comportarse como quizás se entendería debería actuar un hombre, lleva a Montse a tildarlo de loco, pero de loco maravilloso («Montserrat/Altisidora se ríe, se emociona también, y me dice: Claro que sí, es un nombre hermoso. Bien, ya soy Altisidora. Estás completamente loco, pero mientras no seas el Anthony Perkins de Psicosis me conformo. Porque no estás loco, ¿no?»). 

Lo anterior es muestra de la radical diferencia que existe en esta pareja de solitarios que han encontrado en los besos, manifestación y preludio del amor, un refugio a su soledad. Montserrat sólo es Altisidora en los brazos de Salvador, pues en el resto es una mujer que tiene bien asentados los pies en el suelo. Eso lo intuye o mejor lo sabe Salvador, casi desde el inicio de la relación. Sabe que por encima de todo para Montse está Marc, su hijo; y lo sabe aunque ella jamás lo diga de manera directa:
«cosa que no haré jamás [formularle a Montserrat la pregunta de si sería capaz de dar como prueba de amor su vida por él], porque sé la respuesta, la sé porque su hijo Marc es más importante que yo, y eso también es una obra maestra de la vida, el hecho de que ella esté más enamorada de su hijo que de cualquier hombre que haya existido, exista o existirá. Los misterios son todos profundamente hermosos.»
En la novela la dualidad hombre-mujer es evidente y se muestra sin tapujos porque no es lo mismo ser hombre que ser mujer. Quizás aquí, en el fondo anide el tono burlón e irónico de Vilas que disiente del pensamiento dictado por la superioridad respecto a cuestiones de género. En la invocación televisiva de Narciso a «todos y a todas» ya se percibe el sarcasmo; aunque no hay sarcasmo alguno en la distancia que separa la consideración suya y la de ella sobre lo que están viviendo durante los meses de 2020 que van de marzo a agosto:
«Ahora comprendo que ella en realidad, en el fondo, no pensaba como yo. Ella buscaba un amor en el tiempo, y yo una belleza atemporal. Ella buscaba un ser humano y yo un arquetipo. Ella buscaba el sol y yo una estrella más pequeña.».
En definitiva, Salvador es un romántico y ella una mujer realista que vive el día a día. Quizás de ahí derive la distinta actitud ante el sexo de uno y otra, la erotización y la destrucción del ideal amoroso por cualquier futilidad. 

El estilo es el propio de Manuel Vilas, un estilo reflexivo, introspectivo a veces, dialogado en otras aunque siempre de esa manera indirecta que los narradores fronteros con el ensayo suelen utilizar. El escritor de Barbastro construye una novela interesante que no deja indiferente, que habla de muchas cosas, en especial del Amor, del Tiempo, de la Muerte, del Olvido, del misterio de la vida (la Oscuridad en el relato), del Hombre y la Mujer, del Erotismo, de la Vejez, de la maternidad, etc., etc. Todo muy bien engarzado, sin forzar nada, con una naturalidad que enamora al lector de la literatura del de Barbastro.

Y enamora además porque la novela rezuma poesía, musicalidad, filosofía, trascendencia..., cultura de todo tipo. Como es habitual en el autor la música ocupa un lugar importante en la narración desde la clásica («Lascia Ch’io Pianga» de Haendel) pasando por los clásicos del jazz (John Coltrane, Nina Simone o Amy Winehouse) hasta compositores actuales de música romántica como Franco Battiato.  Vilas y el narrador en primera persona de la novela aman el Cine y eso se percibe en la utilización que hacen de él (con Psicosis de Hitchcock o con Deseando amar de Wong Kar-Wai, por ejemplo) como referente explicativo de su situación:
[Altisidora] «Es el agua frente a la piedra. El agua, como en aquella película que vi una vez, aquella que se titulaba 'Deseando amar', en donde al final de la historia nacía una pequeña planta en medio de las piedras.»  
Para finalizar sólo me quedaría aludir a lo que ya he manifestado al inicio de esta reseña y que es seña de identidad de su manera de hacer literatura. Manuel Vilas posee un estilo nihilista sí, pero que no cae en el desaliento; es consciente de que el capitalismo nos rodea por todos lados y que la ancianidad en la que a sus 58 años -casual o irónicamente la misma edad de Salvador en la novela- está a punto de ingresar no se desarrolla al margen del mismo.
  • «Somos sociedades llenas de ancianos, en España los ancianos son millones. Lo llaman envejecimiento de la población, que es un eufemismo.
  • «La invención de la ancianidad es la esencia de Europa. La tercera edad es un invento del capitalismo social. A veces pienso que el capitalismo tiene sentido del humor.»
Sólo una mirada irónica sobre la vida permite sobrellevar la inmensa contradicción que es la misma. A esto añade Vilas a través de Salvador la incesante búsqueda de la belleza. A la edad en que éste se encuentra sólo la belleza puede ser acicate para perseverar en la vida. En eso Salvador, a las puertas de la ancianidad, difiere de Montserrat quien con 43 años y un hijo aún es joven y vive con avidez el presente temporal y no la belleza atemporal que busca Salvador.
  • «Nos hacen vivir sin belleza, y lloramos en los callejones. Sin belleza, y bien alimentados, con buenos surtidos de antibióticos, con muchos médicos, con muchas escuelas públicas, pero sin belleza, sin un gramo de belleza en ninguna parte.»
  • «Ya sé por qué los ancianos perseveran en la vida. Es por la belleza. Porque el mundo es bello en sí mismo. En la ancianidad se descubre eso. Ya no hay ruido. Ya no está pasando nada. Solo pasan las horas, una detrás de otra.»
  • «"Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío, alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina", escribió el poeta español Luis Cernuda, y esa es la única libertad que cuenta
  • «una cosa maravillosa te regala la madurez es la desactivación de toda vanidad y la activación de la belleza del adiós, sea de la naturaleza que sea ese adiós y tenga la causa que tenga.»
Sólo una sola cosa más para definitivamente finalizar. La novela que ha comenzado con una sorpresa aunque suficientemente intuida por todos, el decreto del Confinamiento obligatorio durante tres meses de toda la población española, se cierra con otra sorpresa igualmente intuida o sospechada por todos, el autoexilio voluntario del Rey Juan Carlos I. Desde luego no ganamos para sorpresas, aunque como digo sean sorpresas de baja intensidad dado que estaban ya en la cabeza de todos. 


Si hay algo que me interesa especialmente en esta ocasión es conocer la opinión de aquellos que hayáis leído Los besos de Manuel Vilas. ¿Qué es lo que más os ha llamado la atención de ella? ¿Os parece una obra distinta a otras del novelista o quizás os parece más de lo mismo? No sé, creo que es una novela que despierta preguntas en quien la lee; una novela, desde luego, apropiada para una tertulia literaria; una novela que, aunque trata de la intimidad de la pareja, estimula la discusión social sobre la misma. Una novela, en definitiva y de cualquier manera, interesante sin duda alguna.

29 jul 2019

"Las hijas de otros hombres". Richard Stern

9 comentarios:
Quienes habitualmente pasan por aquí sabrán que, sin olvidarme nunca, leo cada semana los suplementos literarios de los diarios "El Pais" y "El Mundo", es decir, "Babelia" y "El Cultural". La mayoría de las firmas me agradan, pero hay dos que valoro especialmente, me refiero a José María Guelbenzu en "Babelia" y a Ignacio Echevarría en "El Cultural". Leer a ambos me sirve para informarme de aspectos literarios y de títulos de obras interesantes poco tratados o comentados. Gracias a ellos he conocido a Richard Stern.


Editorial Siruela, Novela norteamericana del siglo XX, Laura Salas (traductora)
Richard Stern (Nueva York, 1928 - Tybee Island, Georgia, 2013) fue, además de autor de novelas y cuentos, profesor de Literatura inglesa en la Universidad de Chicago, formó parte durante algunos años del Taller de Escritores de Iowa y como profesor invitado dio cursos de literatura en Heidelberg y París. "Las hijas de otros hombres", su quinta novela, apareció el año 1973. En España nada suyo se había publicado hasta ahora. Ha sido la editorial Siruela la que en marzo de este año, en su colección 'Nuevos Tiempos', la ha dado a conocer entre nosotros en traducción de Laura Salas.

La novela presenta a un profesor, Robert Merriwether, que a sus cuarenta y tantos años se enamora de una veinteañera, Cynthia Ryder. Este encuentro entre la madurez, sabiduría y experiencia del médico y fisiólogo, especialista en el estudio de la sed, y la vitalidad, juventud y espontaneidad de la alumna inmersa en la liberación sexual y de costumbres de los años sesenta en que se sitúa la novela, hace tomar conciencia al equilibrado profesor Merriwether de la vía muerta en la que desde ya hacía algún tiempo se hallaba su matrimonio con Sarah.

El personaje masculino vive una auténtica convulsión íntima al conocer a Cynthia. Poco a poco su relación con ella avanzará y también sin estridencias irá dejando de lado su apagada vida marital con Sarah, aunque no su inmenso amor por sus cuatro hijos: Albie, Priscilla, Esmé y George. Robert es un buen padre, mejor dicho, es un magnífico padre; por eso cuando definitivamente su matrimonio periclita su máxima preocupación es la de no dañar a sus hijos, especialmente a los dos más pequeños, Esmé y George. La esposa, Sarah, no tiene más remedio que despertar y tomar decisiones una vez que el adulterio de Bob, su esposo, es conocido por toda la sociedad de Cambridge (Massachusetts) donde viven y en cuya Universidad de Harvard él ejerce la docencia. 

Varios son los niveles en los que se desarrolla la aventura amorosa del maduro profesor Merriwether: uno es el propio y personal de cada uno de los miembros de la desigual pareja; otro el de la relación a dos bandas de Robert con las dos mujeres con las que durante un tiempo comparte su vida; otro más es el de la vida pública del profesor y conferenciante Merriwether quien acude a las ciudades donde imparte docencia o dicta conferencias en compañía de su 'amiga' despertando entre sus colegas infinidad de comentarios; y otro, por último, es el de las reacciones del mundo familiar de Bob y Cynthia al conocer el idilio que viven ambos. En todos estos niveles se mueve el relato y todos ellos los muestra el autor con equidad y naturalidad. Nada ni nadie queda en esta novela en un segundo plano, nada ni nadie sale perdedor o ganador en esta natural vivencia que es la ruptura de una relación y el nacimiento de otra. 

La novela muestra la vida tal cual es; mejor dicho, la novela muestra el nacimiento de las relaciones tal y como son hoy día. En el momento de su publicación, año 1973, este relato seguramente conmocionó las conservadoras bases de la sociedad americana al presentar la liberalidad en las relaciones sexuales sin censura alguna, algo que hoy forma parte de nuestro día a día. La revolución social más importante que se dio en el siglo pasado fue, sin duda alguna, la de la liberación de la mujer, una liberación basada esencialmente en el control ejercido por ella misma de sus embarazos, lo que le permite disfrutar del sexo como antes jamás había podido hacer. Cynthia se enamora y se une a Robert no por interés económico como podría pensarse dada la gran diferencia de edad entre ambos, no, ella se une a Bob porque se ha enamorado de él, porque disfruta con él, porque aprende de él..., en definitiva, porque es una mujer libre y hace uso de esta facultad. También Sarah, la esposa de Merriwether, aprende y gana en realización personal al tener que tomar decisiones que jamás, como esposa amable y esforzada madre de cuatro hijos, habría tomado de no haber estallado el conflicto que hace naufragar lo que siempre creyó sólido: su matrimonio. 

Universidades prestigiosas, Cambridge
Tomado de la Página web: http://www.harvard.edu/
Todos los personajes evolucionan, todos los actuantes deberán posicionarse ante lo sucedido, tanto los hijos de Bob como el padre de Cynthia o los compañeros de universidad de Merriwether. Ante una conmoción emocional como la que sufre la pareja formada por el profesor y su alumna no cabe permanecer impertérrito y así se ve en el relato en el que las personas de su alrededor se sorprenden, apoyan, comprenden, critican o simplemente ignoran la nueva situación. Todo ha cambiado aunque no lo parezca y sobre todo ha cambiado para Robert Merriwether que al llevar hasta sus últimas consecuencias la relación con Cynthia ha abandonado la zona de confort (respetado profesor de Harvard, padre amantísimo felizmente casado) donde estaba y ha optado por una vida azarosa, nueva, semejante a "la idea antidarwiniana que el profesor Eigen rechazó en la charla más importante de la conferencia de Boulder" a las que Merriwether asistió a fin de encontrar el centro del asunto sobre el que iba a tratar el libro que le habían encargado hacer.

La novela es de estructura sencilla, cuatro partes en las que se distribuye la historia de la disolución de un matrimonio. En la primera, -de seis capítulos-, se produce el mutuo descubrimiento de Cynthia y Robert; la segunda de sólo dos capítulos transcurre en Niza (Francia) donde él pasa el verano dando un curso estival y unas conferencias. Es allí en Niza donde la relación se consolida. En la tercera parte -seis capítulos- estamos de vuelta en Estados Unidos, donde la historia del profesor y su alumna ya ha trascendido el ámbito privado; el divorcio se abre paso. La cuarta parte es la culminación de todo el proceso y consta de un único apartado. 

El lenguaje empleado es elegante y nada rebuscado cumpliendo a la perfección la finalidad pretendida: mostrar la amable vida de un hombre normal que salta los límites de su anodina existencia por culpa de un amor sincero que la sociedad bienpensante de Cambridge no acepta debidamente
"- Esa amiga suya le ha causado una gran angustia a Sarah. En una comunidad como Harvard, resulta especialmente humillante. - Aquella 'a' de Harvard era bostoniana de pura cepa, pero la 'a' de humillante provenía de Irlanda" (capítulo 11)
El narrador es una tercera persona externa que focaliza principalmente en el profesor Merriwether la narración sin abandonar, y dándole el peso debido, a los otros personajes cuando así viene exigido por la historia: Cynthia, Sarah, los hijos de Sarah y Bobbie... Este narrador emplea a veces el EIL (estilo indirecto libre) provocando ese mágico efecto en el lector de inmersión en el propio relato
"Tenía el disco, ¿podía ponérselo y bailar para él, o le parecería una estupidez!?
No, por supuesto que no. Estaría encantado. Pero ¿dónde?" (capítulo . 2)
En una novela como ésta que transcurre en un campus universitario y cuyo personaje principal es un afamado profesor que asiste a congresos y se codea continuamente con colegas de profesión es normal que las alusiones culturalistas abunden. Éstas van referidas con frecuencia al campo de la fisiología y de la sed, especialidad de Robert, pero no sólo a esto. Nombres de científicos como Bohr y de pensadores como Thoreau y Ralp Waldo Emerson se mezclan con otros de autores más literarios como Shakespeare o Colette de quienes se nombran obras ("Hermione" o "Cuento de invierno" de Shakespeare y "Lo puro y lo impuro" de Colette) en el relato. Estas citas sirven para situar debidamente la personalidad de aquellos personajes que las utilizan. Y otro tanto sucede con la música. En la cena de Acción de Gracias con los Calender,Tips, la hija de estos, junto a su novio Theo y con Sarah al piano cantan y tocan piezas de Rameau, Purcell, Bach... Es evidente que la extracción social de estas familias es cultural y económicamente elevada.

La novela me ha recordado a otra que leí hace ya algún tiempo, "Stoner", de John Williams [leer reseña de la misma aquí], que como ésta de Richard Stern toma elementos muy autobiográficos para construir una historia que impacta precisamente por la cotidianidad que contiene y que transmite. En ambos casos estamos ante dos autores profesores universitarios de literatura y ambas novelas presentan un protagonista que mantiene una relación amorosa con una alumna. Quizás la novela de John Williams incide más en el mundo de envidias y zancadillas de los claustros universitarios y la de Stern se centra más en la disolución de una confortable vida burguesa. pero ambas novelas tienen como trasfondo la sociedad norteamericana enfangada en la guerra de Vietnam en la de Richard Stern y en la IIª Mundial en la de Williams. Ambos conflictos procuraron cambios sociales trascendentales que son los que acarrean los sucedidos de una y otra novelas.

Para finalizar señalar que las dos novelas se publicaron hace tiempo (en 1965 "Stoner" y en 1973 "Las hijas de otros hombres") y que ambas pasaron desapercibidas en su momento entre nosotros. Quizás, como dice Ignacio Echevarría, en su artículo de "El Cultural", la narrativa anglosajona "dada la amplitud de su producción y de su público, cuenta con una abundante “clase media” de escritores que, sin haber alcanzado un estatuto ni mucho menos canónico, revelan hoy una categoría muy por encima del actual promedio". Comulgo del todo con la opinión de este crítico literario. Curiosamente estos autores hoy reeditados y dados a conocer ahora entre nosotros se consideraron a sí mismos fracasados en su momento:
"El mismo Stern, al parecer, decía de sí mismo: 'Fui un fracasado antes de haber fracasado'” (Ignacio Echevarría en "El Cultural")
Las hijas de otros hombres, Hombres mayores y chicas jóvenes
Philip Roth habló siempre muy bien de Richard Stern. No es de extrañar, primero por la calidad de sus novelas y en segundo lugar por la coincidencia de ambos en temas y asuntos como sucede con el de la relación entre un hombre mayor y una chica joven. Este asunto lo trata Roth en novelas como "El animal moribundo". También la mostración de la sociedad americana en transformación durante los años sesenta la realiza Roth en su magnífica novela "Pastoral americana" [leer reseña aquí]. Sí, verdaderamente ambos autores tienen muchas cosas en común.

Reflexión final
Es evidente que la calidad exigida a autores y escritores, -también en nuestro país-, no es hoy la que se daba cincuenta años atrás. La democratización de la cultura quizás ha traído aparejada una considerable bajada de nivel. Hoy cualquiera se declara escritor, cualquiera publica, y lo que es más sorprendente algunas editoriales se centran en ellos para sanear la caja. Cuando leemos a autores del siglo XX de "segunda fila" como John Williams, Richard Stern o también Dominick Dunne [reseñas de obras suyas aquí y aquí] cuyas novelas aparecidas hace cuarenta o cincuenta años atrás es ahora cuando se han dado a conocer entre nosotros, caemos en la cuenta del enorme nivel de la narrativa norteamericana, consecuencia del cual quedaron por el camino autores de inmensa calidad como los aquí citados. Sería deseable que esta recuperación de escritores ignorados conllevase en los de hoy en ejercicio una mayor exigencia. Ojalá que así sea. 

23 jun 2019

Patricio Pron y Edurne Portela. Dos novelistas en plena producción. "Mañana tendremos otros nombres" y "Formas de estar lejos"

22 comentarios:
Muchas de ellas iban a tener niños en los próximos años -pensó-, pero parecían creer que la maternidad era una forma de la pérdida: estaban diciéndole adiós a la que Ella había sido y a lo que habían sido desde que habían empezado a ser amigas, comprendió.” (“Mañana tendremos otros nombres”, pág. 225).
"No había una sombra de duda en su decisión, pero sí una gran tristeza, la conciencia de que todo eso que estaba viviendo era absurdo e injusto. Mientras ella estaba a punto de acabar con esa vida potencial -es una puta alubia, se recordaba-, Isa lleva varios años intentando quedarse embarazada sin resultados, Natalia, tras un embarazo muy complicado, dio a luz a un bebé sietemesino muerto. Y ahí estaba ella, delante de esa pastilla, sola, absolutamente sola, lejos de su madre, qué pensaría si lo supiera, de Garbiñe, de Natalia, de Isa." (“Formas de estar lejos”, pág. 207)

Acabo de dar fin a "Formas de estar lejos" de Edurne Portela, novela que me ha sorprendido muy favorablemente. La tenía desde hacía unas semanas algo olvidada sobre mi mesa. Digo sólo algo olvidada porque la verdad es que no ha pasado tanto tiempo desde el pasado 23 de abril, Día del Libro, en que la adquirí junto a "Mañana tendremos otros nombres" de Patricio Pron. Conocí ambos títulos a través de los suplementos culturales de los periódicos nacionales que leo asiduamente. Me llegó noticia de la novela de Pron por un artículo aparecido en "La esfera de papel" (suplemento de  'El Mundo') del 14 de abril de 2019 titulado "En la distopía del sexo". En él aparecía citado este título, junto a "Sudor" del chileno Alberto Fuguet, como ejemplos de distopías actuales en las que se viene a plantear si es posible la disolución de la trinidad placer sexual, anhelo romántico y función reproductiva. Por su parte fijó mi atención sobre el libro de Edurne Portela la reseña que de la misma apareciera el 1 de abril en "Babelia" (suplemento cultural de 'El País?).

Fue el artículo firmado por Luis Alemany en "La Esfera de papel" el que me llevó primero a la novela de Pron y luego como por ósmosis recordé la reseña de Carlos Pardo en "Babelia" y me puse con la de Edurne Portela. Son novelas muy distintas en el estilo pero cercanas en el asunto que ambas plantean: el amor, el sexo, la pareja y su disolución. Cada historia tiene su contexto: una transcurre en Madrid con nombres impersonales -Él, Ella- para sus personajes protagonistas recién ingresados ambos en los 40 años,  sin hijos aunque con el deseo de tenerlos por parte de Ella que ve cómo se escapa esa posibilidad; la otra, sucede en dos pequeñas localidades USA, Northville y Southville. Alicia, la protagonista llegó becada a la universidad de la primera ciudad desde su Euskadi natal, recién titulada en Literatura por la Universidad de Salamanca. Allí en Estados Unidos mantendrá una profunda relación durante 14 años con Matty, de ascendencia polaca, que trabaja como analista financiero en entidades bancarias.

Premio Alfaguara de Novela 2019, Mañana tendremos otros nombres, Formas de estar lejos

En los dos relatos las parejas se ven abocadas a la disolución a pesar de que la relación en apariencia era confortable y placentera. Confortable porque incluso había amor en ellos, aunque ya no pasional sino más bien rutinario; placentera porque el sexo era bien acogido y recibido por todos ellos. Sin embargo la tranquilidad de pareja en que están instalados se quiebra. Muchas cosas intervienen en esta fractura y no es menor la de tener o no tener hijos. En Pron la rutina en la pareja y la idea de que hay que salir de ella aprovechando las oportunidades para relaciones sexuales que ofrecen aplicaciones como  Gindr o Tinder, la perturbadora fantasía de que la gestación es como ver colonizado el cuerpo por un invasor que crece y se nutre en su interior, asi como la presión laboral que no entiende de maternidad son factores importantes ... Mientras que en "Mañana tendremos otros nombres" es Él el más renuente a la paternidad, en Portela, sin embargo, es ella, Alicia, la que se niega a ser madre mientras que él, Matty, sí que desearía tener hijos.

En ambos relatos la escritura es utilizada como terapia y forma de conocimiento. Alicia de "Formas de estar lejos" escribe un diario y cuando la pareja entra en crisis definitivamente las cuartillas y folios que rellena aunque luego los destruya le sirven para reencontrase consigo misma; en "Mañana tendremos otros nombres" Él está pensando escribir sobre la problemática identitaria que están viviendo El y Ella ("Él siempre había pensado en la identidad como un punto de llegada, nunca como uno de partida, y pensó que tal vez tendría que escribir sobre ello en alguna ocasión, como hacía siempre que trataba de entender algo.”, pág. 263)

tecnología y sexo, nuevas formas de relación, tinder, grindr, badoo
En ambos relatos los dos autores dan entrada a un sinfín de asuntos muy actuales, en mi opinión quizás demasiados. Los inserta mejor en la trama principal Edurne Portela que Patricio Pron. Éste convierte parte de su novela en un repaso de todo lo que sucede en nuestra sociedad: los becarios, los empleos precarios, la inmigración, la homosexualidad, la gentrificación, los niños y el absurdo impuesto por sus padres con celebraciones de todo tipo, la anulación del uno por el otro en la pareja, las relaciones de poder -incluso erótico- dentro de la empresa, las drogas, el absurdo del urbanita deseoso de una vida rural que no conoce y cuando la conoce le repele, los ninis algecireños, los embarazos en adolescentes, los micromachismos ("a pesar de que era M. la que había pedido la cuenta, el empleado del restaurante se la entregó a Él, cuya solvencia era escasa pero a ojos de quien los había atendido debía de estar garantizada por su condición de hombre.", pág. 208), la crisis de librerías en contraste con el aumento de los índices de lectura, el fin de la modernidad ("Antes del mediodía ya se habían llevado todo y en la fachada de la antigua librería sólo había un cartel informando que el local estaba disponible: si no estaba equivocado, pondrían allí, en breve, una tienda de ropa o -más probablemente- un retaurante de cadena, el tipo de negocio que encarnaba como ningún otro en qué se había convertido el consumo cultural de la mayor parte de personas.", pág. 237). Y por si esto fuera poco Pron hace gala de su conocimiento de anécdotas, chistes, ocurrencias populares y cosas así. Tal acumulación me parece más demérito que otra cosa pues pienso que quizás el escritor lo haga para engordar la obra, para dotarla de cierta densidad compartida con sus lectores… (ej. Los nombres de los niños y el efectivo Qwerty, los antidepresivos que toman los humanos y el efecto que tiene sobre la desaparición de percas y salmonetes, etc.)

En "Formas de estar lejos" también hay abundancia de asuntos importantes hoy pero, como ya he dicho, mucho mejor incardinados en el relato: la vida de una joven en el País Vasco y la inevitable presencia de ETA en ese ámbito que le requiere posicionarse; la homosexualidad presente en Adam, el hermano de Matty, en Mike, la pareja de éste, y en algún compañero de Alicia; la maternidad no deseada; el aborto; la violencia en el seno de la pareja; la compleja relación con las familias; el machismo; el alzheimer; la necesidad de respirar por parte de Alicia; el amor; ... En Portela hay un peso mayor de la violencia machista desde su gestación ('Primeras señales') hasta su materialización e incluso después en el angustioso temor -terror, más bien, habría que denominarlo- a que ésta vuelva a producirse y sea mayor de lo que en realidad, por fortuna, fue.

 La historia que narra Portela es más dura pues en ella la violencia, la intransigencia, el machismo congénito están presentes, mientras que en Pron la historia se queda más que nada en una temporal falta de sintonía en la pareja que, seguro, volverá a la placidez abandonada tras una leve -¡no tan leve!, pero no voy aquí a desvelar más cosas- rectificación vital. "Formas de estar lejos" presenta la imperceptible gestación de la anulación del uno por el otro. Una anulación patente en pequeñas cosas -se suele decir que cuestiones sin importancia, pero no hay tal cosa-: tú no tienes ningún sentido de la orientación, le suele decir Matty a Alicia y ella, lenta e imperceptiblemente, va asumiendo su inferioridad en esto y en muchos otros aspectos de la cotidianeidad. Es la asunción de la insignificancia personal, manifestación clara de maltrato psicológico. En la novela de Portela el maltrato camina más por esta vía que por la física, aunque también.

Violencia de género, machismo, feminismo
La vida de Alicia y Matty en Estados Unidos le sirve a la escritora para mostrar opiniones sobre el american way of life: el fuerte conservadurismo presente en algunas de las fraternidades y sororidades (residencias de estudiantes para chicos las primeras y para chicas las segundas) puesto de manifiesto con motiuvo de la campaña presidencial de Obama (Obama llega a la presidencia de USA en agosto de 2008); el respeto escaso en algunos por la orientación sexual (la identidad sexual de Adam, el hermano de Matty, es mal aceptada por éste y por Pete, el otro hermano); la descripción del comportamiento externo de la clase pudiente con quiénes consideran inferiores ("El resto la saludó con esa amabilidad distante que Alicia relacionaba con ciertas actitudes de las clases pudientes, cuando mantienen la compostura ante alguien de clase inferior que invade su espacio porque señalarlo les haría quedar mal, pero que ponen cara de estar oliendo mierda.", pág. 137); los abusos sexuales que en las fiestas universitarias americanas en las que se producen excesos de todo tipo sufren ciertas jóvenes que luego no los denuncian por vergüenza, así como los abusos sexuales en el ámbito docente como el realizado por el profesor Gareth Dolan, compañero de departamento de Alicia, sobre la joven estudiante Carla que se pierde en el silencio asumido por todos ("En la universidad los escándalos estallan en silencio", pág 173)... Y junto a estas muestras de la vida americana tambien me ha parecido ver alguno que otro tópico muy asentado entre nosotros como el de considerar estúpidos a los norteamericanos y calificar a USA de "país de borregos"

La estructura adoptada en cada una de estas novelas es diferente. Patricio Pron organiza el contenido de su novela en 7 extensos capítulos formados por diversas secuencias. Los siete capítulos vienen titulados con referencias temporales que aluden a la duración de lo que se narra en su interior: una semana, seis minutos, cinco sños, siete meses... Edurne Portela, por su parte, dispone la narración en dos apartados titulado cada uno de ellos con el nombre de la ciudad donde ejerce su profesión de docente universitaria, Southville y Northville. Cada una de estas dos partes está constituída a su vez por 15 y 20 capítulos respectivamente, intitulado cada uno de ellos de manera distinta. Además la novela se completa con un Prólogo y un Epílogo de tres capítulos cada uno. La duración de la acción en esta segunda novela es de quince años frente a los cinco y siete meses de la de Pron. En cuanto a la figura del narrador, en "Mañana tendremos otros nombres" quien cuenta es externo a lo narrado aunque se implica muchas veces en lo presentado a través del estilo indirecto libre, mientras que en "Formas de estar lejos" el narrador es partícipe de la historia narrada, -unas veces Alicia, otras Matty- en algunos capítulos, aunque también, mayoritariamente, hay un narrador objetivo externo.

Característica común a ambas narraciones es la sensación de relatos cortos autoconclusivos que en muchísimas ocasiones transmiten algunas de las secuencias de la novela de Pron y/o de los capítulos en la de Portela. Quizás la sensación sea aún mayor en el caso de la segunda que ya en en el título de cada uno de los capítulos avanza el asunto que en su interior se presenta: tema del aborto (cap. 'Provida'), la violación dentro de la pareja (cap. '¿Qué habrías hecho tú en mi lugar?'), la violencia machista en el entorno doméstico (cap. 'Un agujero en la pared'), el deterioro de la relación ('Calzoncillos sucios'), etc.

En Pron también es perceptible esta sensación de relato completo en algunas de sus secuencias. Así por ejemplo el asunto del amor (la vida en pareja, la atracción entre mujeres en Ella; la relación a tres cuando F. le dice a Ella que su novio, que practicaba sexo con una mujer algo mayor que ellos, se había enamorado de ella [pág 170]); el del sexo (las citas a través de apps de citas); el de la sociedad (el trabajo y su proyección en él); el de la maternidad (ocupación interior de un parásito como en ciertas especies animales, pág. 160); el cuestionamiento de la verdad cuando se evoca el recuerdo de algo y se comprueba el mismo con alguna prueba documental que destroza lo recordado (vid. pag,. 166); el de la amistad y el sexo, su relación: ¿Acaba el sexo con la amistad?  El se acuesta por vez primera con su amiga y editora M., luego lo harán más veces pero M tras ello ya no será la de antes.

Los títulos
El de "Mañana tendremos otros nombres" aparece claramente expresado al finalizar el relato. Durante el mismo los protagonistas son personajes sin rostro, sin identidad, seres que están en el mundo como tantos otros pero sin un proyecto vital concreto. De ahí su anonimia, su falta de definida personalidad, que el escritor simboliza en las denominaciones con que los identifica: El, Ella, M., D., F., etc.

"Formas de estar lejos" tiene un sentido doble e incluso triple. Por un lado alude a la distancia geográfica existente entre España (Pais Vasco, Salamanca...) y los Estados Unidos, pero sobre todo a la distancia entre individuos a pesar de que éstos convivan juntos e incluso duerman en el mismo lecho. Al final del relato Alicia se siente aislada por la inmensa nevada que ha caído y dice que también "La nieve es una forma de estar lejos" (pág 231: )

Los autores
Patricio Pron es un escritor y crítico literario argentino nacido en Rosario en 1975. Escribe colaboraciones para "Babelia" en España y también para la revista hispano-mexicana en "Letras Libres". Es licenciado en Comunicación Social por la universidad de Rosario (Argentina) y doctor en Filología Románica por la universidad de Georgia Augusta de Göttingen (Alemania). Desde 2008 reside en Madrid.
violencia machista, micromachismos, distopías sexuales

Literariamente ha escrito fundamentalmente relatos cortos con los que ha obtenido varios premios y han sido traducidos a muchos idiomas. En novela antes de la aquí reseñada ha escrito tres: una novela filosófica, "El comienzo de la primavera" (2008), otra dedicada a la generación de sus padres y las vicisitudes políticas por las que hubieron de pasar, "El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia" (2011), y una tercera que trata sobre los escritores fascistas del medio siglo, "No derrames tus lágrimas por nadie que no viva en estas calles" (2016).

Edurne Portela  nace en Santurze (Vizcaya) en 1974. Se licencia en Historia en la Universidad de Navarra. Su vida profesional y académica la ha desarrollado en Estados Unidos donde realizó un Máster (Maestría los llaman por allí) en Literaturas Hispánicas y se doctoró en Literatura Española y Latinoamericana en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill (Carolina del Norte); luego se trasladó al College of Arts and Sciences de la Universidad de Lehigh (Pensilvania) donde durante trece años (2003 a 2016) fue docente y gestora académica. En 2016 vuelve a España y se dedica por completo a la escritura. Estas actividades y vicisitudes profesionales se reflejan debidamente en la novela leída.

Como escritora tiene obras de investigación académica en forma de artículos y ensayos entre los que destacan "Displaced Memories: 'The Poetics of Trauma in Argentine Women Writers'" (2009) y "El eco de los disparos: cultura y memoria de la violencia" (2016) en el que reivindica el papel de la cultura para dirimir el pasado de violencia en Euskadi.
Como novelista su primera obra se publicó en 2017, "Mejor la ausencia", galardonada con el Premio 2018 al mejor libro del año de ficción del Gremio de librerías de Madrid. La aquí reseñada es su segunda entrada en el género de la narrativa.

3 mar 2019

Stephen King: "Carrie". Terror y suspense

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Durante mis años de docencia, muchos alumnos se confesaban entusiastas de las novelas de Stephen King. Yo que probablemente acabaría de hablarles de Galdós, de Clarín, de Unamuno, Garcilaso, Lope o Quevedo, sin desanimarles sí que acogía su fervor y entrega a este autor como una debilidad propia de sus pocos años. Lo importante es que leáis, les decía, eso es lo importante, pero… Y ahí me quedaba. Yo conocía el nombre del escritor sobre todo por las versiones cinematográficas de sus novelas, pese a que el cine de terror no haya sido nunca mi género favorito. Ahora acabo de leerlo y su literatura me ha convencido, y pienso que esos chicos estaban en lo cierto.

literatura norteamericana de suspense y terror,
En una escuela de secundaria de Chamberlain (Maine) una chica es habitual objeto de las chanzas de sus compañeros. La burla llega a su cénit el día en que tras la clase de gimnasia, estando ya en las duchas comunes, Carrie White, que así se llama la protagonista que da título a la novela, nota que la sangre le corre por las piernas. A pesar de sus 16 años la chica aún no había tenido su primera menstruación. Cuando siente la sangre entre sus muslos el miedo y la vergüenza se apoderan de ella, y más cuando sus crueles compañeras entre gritos la zahieren con burlas y lanzamiento de compresas, paños y tampones al tiempo que le chillan para que se tape e interrumpa el flujo sanguinolento.

La situación de incomodidad y desnorte para Carrie aumenta cuando llega a su casa y su madre Margaret, una intransigente y religiosa mujer congregacionista, comienza a insultarla y a culparla de ser responsable de su condición de mujer, siempre nefasta y pecaminosa en su opinión. Ella misma se lamenta de haber tenido relaciones sexuales con quien fuera su marido aunque las mismas hubiesen sido únicas y aisladas. De esa ‘caída’ en la ciénaga del sexo nacería Carrie a quien en varias ocasiones pensó eliminar para así expiar su culpa. Sin embargo nunca pudo hacerlo porque Carrie, sin ser consciente en principio de ello, posee el don de la telequinesia y es en esos momentos de peligro cuando precisamente se le activa.

La edad de la pubertad, de la conversión en mujer, es una época vital llena de inseguridades, de miedos, y también de ilusiones. Carrie White vive subsumida en la absorbente religiosidad enfermiza de su madre que constantemente la obliga a rezar para expiar culpas imaginarias. Pese a esto, Carrie ama a su madre pero también necesita respirar, vivir su propia vida. Son, pues, madre e hija, dos personas en cierto sentido opuestas: Margaret es una enferma, una odiadora del género femenino; Carrie es una insignificante muchacha que lucha por que sus ilusiones no decaigan ante lo que continuamente su madre le predica.

Alrededor de estos dos personajes está Chamberlain, la pequeña ciudad de Maine donde está situada la escuela secundaria Ewen a la que acude Carrie. Es en esta escuela en la que la chica aprende que la vida es dura, que los adolescentes son crueles; pero también conoce allí a personas que la aprecian, que se oponen a la crueldad que algunos ejercen sobre ella. Dos grupos, pues, también entre los adolescentes: los amables como la pareja que forman Sue Snell y Tommy Ross, o algunos adultos como el Sr. Grayle, director de la escuela, o la señorita Rita Desjardin que la protegen en lo posible. Pero son los ‘malos’ quienes se llevan el gato al agua: la pareja formada por Billy Nolan y Chris Hargensen son sin duda los causantes directos del encendido de la mecha que causará la destrucción de la tranquila vida en esta pequeña población. El motivo de su maldad es simplemente vengarse de Carrie quien tras el episodio de las duchas ha recibido la protección de la dirección de la escuela, mientras que Chris ha sido expulsada temporalmente y se le ha prohibido expresamente asistir al baile de graduación.

La novela es de suspense y por ello no debo decir más sobre el argumento. Baste lo dicho hasta aquí, aunque de todas maneras pienso que muchos de los lectores conocerán la historia a través de la versión cinematográfica que de esta novela publicada por Stephen King en 1974 hiciera el director Brian de Palma en 1976 con Sissy Spacek en el papel de Carrie y Piper Laurie en el de su madre Margaret. Sólo decir para finalizar esta parte de la reseña que la acción tiene lugar en un futuro muy próximo a la fecha de escritura -¡y de lectura!-, en 1979. Que algo terrorífico y con tintes muy reales pueda sucederles en el plazo de menos de diez años en una localidad existente a unos jóvenes adolescentes añade sin duda un plus al innegable suspense terrorífico del relato. Concretamente el punto climático de la acción tiene lugar durante la noche que va del 28 al 29 de mayo de 1979, si bien los antecedentes se remontan a unos cuatro o cinco meses atrás.

Adaptaciones cinematográficas, Cine de terror
Literariamente hablando la novela, primera publicada por Stephen King, ha sido toda una sorpresa para mí especialmente por la estructura de la misma. Hay dos elementos claros en esta novela: el primero es el de la pura narración de los acontecimientos sucedidos a Carrie desde su primera menstruación hasta la catástrofe final acontecida en su escuela durante el baile de graduación; el segundo elemento es la inclusión de manera entreverada dentro de la narración anterior de extractos documentales diversos tomados de la prensa local, de libros aparecidos con posterioridad que intentan poner luz a lo acaecido, de estudios científicos sobre la telequinesia y otros fenómenos paranormales, de las declaraciones hechas por testigos y compañeros de Carrie en las comparecencias realizadas ante la Comisión de investigación montada tras los terribles sucesos, de anuncios y documentos del momento… Estos dos elementos compositivos los organiza el novelista en tres grandes apartados que se suceden de manera lineal.

Para la historia de Carrie, el autor utiliza un narrador objetivo en 3ª persona. En lo que podría considerarse como la parte de análisis e investigación de lo sucedido, el narrador varia en función del tipo de documento, nota de prensa, extracto de declaración, ensayo o crónica de que se trate. Cambia así el estilo discursivo y por lo mismo también la figura del narrador que se ausenta en la reproducción del diálogo pregunta-respuesta propio de un interrogatorio, que adopta la neutralidad propia de un teletipo de agencia (“Un desastre de grandes proporciones se ha abatido sobre la ciudad de Chamberlain, Maine”, pág. 187) o que aparece en primera persona en las crónicas escritas por testigos de la tragedia como Susan Snell quien a veces interpela directamente al lector (“Carrie era un ser humano, tan real como tú, lector, que lees estas líneas, con esperanzas, sueños, etc., etc. Supongo que será inútil decirte estas cosas. Nada puede hacer ahora que algo que fue una creación de la prensa vuelva a convertirse en una persona. Pero ella existió y sufrió, probablemente mucho más de lo que sabemos”, pág. 123) y también en los amplios artículos propios del periodismo de investigación que se publicaron tras el suceso intentando aclarar en lo posible la personalidad de Carrie White.
 “De ‘Carrie: El negro amanecer de la telequinesia’, por Jack Garver (publicado por la revista ‘Esquire’ el 12 de septiembre de 1980): ‘[…]  Stella Horan todavía lleva dentro de sí la frágil y difusa marca de su Nueva Inglaterra natal, y cuando habla de Carrie White su rostro adquiere un aspecto pálido y singular que hace pensar más en Lovecraft, en Arkham, que en un Kerouac del sur de California’” (pág. 24)
Es evidente que esta primera novela escrita por este prolífico autor de la literatura de suspense, terror, ciencia ficción y/o literatura fantástica a los 27 años revela al gran escritor que es. Un autor de éxito entre lectores jóvenes que devoran sus historias de terror y misterio, pero no por ello, como a veces se piensa -yo mismo, durante mucho tiempo, así lo hacía-, un autor menor. Hay en Stephen King mucha literatura dentro de sus novelas. En esta primera a la interesantísima composición de la misma vienen a unirse el uso de técnicas narrativas como el perspectivismo o focalización múltiple y el collage al estilo de un John dos Passos, entre otras. Además el novelista de Portland (Maine) toma elementos culturalistas como referentes para sus imágenes literarias. Entre éstos se cuentan referencias propias de la cultura pop como las musicales alusiones al ‘Hey, Jude’ de los Beatles (“Hay un hibachi en el hermosos y cuidado jardín posterior y el carillón que cuelga junto a la puerta hace oír una tintineante frase del estribillo de ‘Hey, Jude’” (pág. 24) o los versos pertenecientes a la popular canción de Bob DylanTombstone blues’: “Quisiera escribirte una melodía tan simple / que te impidiera, querida amiga, enloquecer / que te tranquilizara y extinguiera el dolor / de tu conocimiento inútil y sin sentido…” (pág. 228). También propias de la cultura pop aunque del campo literario son las que realiza a Jack Kerouac, poeta de la generación beat, o a Lovecraft, autor de literatura de terror que se apartó precisamente de la que en "Carrie" aparece: terror sobrenatural (satanismo, religiosidad) y paranormal. Por último también hay referencias culturalistas de alta literatura como las referidas a Shakespeare y su tragedia “Macbeth”.

literatura de terror actual, suspense, fenómenos paranormales
Stephen King toma elementos del terror tradicional que Lovecraft no emplea y los pone en contacto con un elemento esencial en su narración: el sexo. Mejor cabría decir, el sexo y su negación. Sin duda alguna uno de los alicientes de la lectura de esta novela "Carrie" y su indudable éxito entre el público adolescente es la mostración de la práctica sexual en jóvenes apenas alcanzada la pubertad. Es un sexo torpe, impulsivo, y utilizado como elemento de dominación tanto por ellos como por ellas: la pareja de ‘malos’ formada por Billy y Chris es ejemplo característico: ella se lo camela cediendo y prometiéndole sexo, y él se cobrará el trabajo realizado con la correspondiente sesión del mismo. Y digo también el no-sexo en el sentido de su consideración como pecado, fuente de todos los males, tal y como lo entiende la madre de Carrie y en cierto sentido también ella. Cuando esta concepción se impone todo lo relacionado con él adquiere connotaciones claramente terroríficas. Y si el sexo es el Mal, sólo a través del Mal se puede uno defender de él. Y si el sexo aterroriza sólo cabe devolver terror como respuesta.

[Nota: Esta novela es una de 'mis doce pendientes' dentro del Reto promovido por Ana Bolox y también la incluyo como lectura realizada dentro del III Reto 'Nos gustan los clásicos' promovido por Francisco en su blog. "Carrie" entra por poco en los límites de Clásico establecidos por Francisco, pero entra, y sin duda lo es]

13 feb 2019

"En la playa de Chesil", película. "Chesil Beach", novela

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Ayer vi por televisión "En la playa de Chesil", la versión cinematográfica de la novela de Ian McEwan, "Chesil Beach". Es curioso ver en imágenes lo que antes imaginamos en nuestra mente a través sólo de la palabra escrita. Lo primero que me ha sorprendido al abrir mi fichero de lecturas es comprobar -una vez más, ¡dios!- que el tiempo vuela (casi 12 años las separaban). Resulta que mientras en mi cabeza conservaba, creía yo, clara y nítida la historia de amor habida entre Edward y Florence, al ver la película dirigida con habilidad por Dominic Cooke me he dicho: ¿es esta la misma historia que leí en papel?

Billy Howle, Saoirse Ronan, Dominic Cooke, Ian McEwan
La verdad es que en lo esencial, una noche de bodas totalmente desafortunada entre dos jóvenes de extracción social muy distinta, vírgenes ambos de relaciones sexuales, la película concuerda bien con lo que yo recordaba: 

Edward (Billy Howle) y Florence (Saoirse Ronan) están profundamente enamorados y se han casado. En su penosa noche de bodas a través de varios flash-backs conocemos a sus familias: los Mayhew y los Ponting, respectivamente. Lionel (Adrian Scarborough), el padre de Edward, es director de escuela y está plenamente entregado a su familia dado el estado de su esposa, Marjorie (Anne-Marie Duff), la madre, que sufre daño cerebral desde que Edward tenía 4 años; el grupo familiar se completa con las hermanas gemelas de Edward. Del lado de Florence está Geoffrey (Samuel West), su padre, siempre preocupado por sus negocios y por su barco de recreo; en cuanto a la madre, Violet (Emily Watson), ésta sólo se preocupa por sus clases en la Universidad; y por último está Ruth (Bebe Cave), la hermana adolescente de Florence.

Ambos, pues, proceden de dos familias muy diferentes, de extracción social muy diversa. Edward es un chico de clase media que vive los problemas de los chicos de su época -1962- referidos a sexo, aficiones musicales (jazz, rock…) y que tiene como aspiraciones tras sus estudios de Historia en la Universidad de Oxford (Inglaterra) ser profesor y escribir biografías sobre personajes históricos que no alcanzaron gran notoriedad en la historia pese a haber contribuido decisivamente al protagonismo de los héroes.
Florence, por su parte, pertenece a una clase alta inglesa con grandes apetencias culturales (la música clásica es lo que la mueve); parece vivir un tanto al margen de las pulsiones vitales de su época, sobre todo las referidas al sexo, su auténtico problema.

Ian McEwan, Chesil Beach
La estructura novelística es simple. Sólo cinco capítulos que van alternando el presente y el pasado hasta el 5 en el que todo se precipita y ambos tiempos se combinan más rápido. [Las citas en color azul que coloco a continuación van referidas a las frases con que se inician los respectivos capítulos. En color rojo las frases que cierran la novela]

1.
El capítulo apenas si dura una hora (lo que dura el noticiario de las 10 de la noche). Sirve este noticiario para contextualizar la historia: estamos en 1962 (Kennedy, Vietnam, Harold MacMilland en Gran Bretaña…). Es la noche de bodas de Edward y Florence. Se abre la novela con una advertencia-marco enunciada por el propio narrador-autor que en cierto sentido ya adelanta lo que puede acontecer:
"Eran jóvenes, instruidos y vírgenes aquella noche, la de su boda, y vivían en un tiempo en que la conversación sobre dificultades sexuales era claramente imposible. Pero nunca es fácil."
2.
"¿Cómo se habían conocido y por qué eran aquellos amantes tan tímidos e inocentes en una era moderna?"
Sabremos que se conocieron en Oxford donde estudiaron, él Historia, y ella Violín en el Conservatorio. Por formación y gustos son antagónicos: Él, más vital y popular: alcohol, alguna pelea a la salida del pub, deseos reprimidos (se masturba diariamente, bebe…), lo único cultural en su vida cotidiana es la música popular (jazz y blues: Chuck Berry, John Mayall, Brian Knigth…)
Todo esto lo conocemos en el breve lapso de tiempo que va del final del capítulo 1 donde el escritor ha dejado en suspenso el acercamiento de los dos jóvenes esposos al dormitorio donde se halla el tálamo conyugal.

3.
"Cuando Florence llegó al dormitorio, soltó la mano de Edward y, apoyándose en uno de los postes de roble que sostenían el dosel de la cama, se encorvó primero hacia la derecha y después hacia la izquierda, inclinando un hombro con gracia cada vez, a fin de quitarse los zapatos."
Ella intenta sobreponerse a la aversión que le supone realizar el acto sexual. Pero todo va a ser en balde pues la torpeza de ambos es evidente: la frigidez en ella la congela; la urgencia en él lo acelera, precipita, atropella y abrevia. Asco y desilusión se unen en Florence ante lo sucedido.

4.
En el año breve que transcurrió entre el encuentro con Florence en St. Giles y la boda en St. Mary, a menos de ochocientos metros, Edward fue un huésped frecuente de una noche en la amplia mansión victoriana al lado de Banbury Road.
Este capítulo explicita bien a las claras la enorme distancia social entre ambas familias y, pese a ello, el profundo amor que se profesan los jóvenes.

5.
Le vio acercarse caminando por la playa, una forma que al principio sólo era una mancha añil contra los guijarros que se oscurecían, y que a veces parecía inmóvil, contornos que destellabana y se disolvían, y otras veces súbitamente más próxima, como una pieza de ajedrez adelantada unas cuantas casillas hacia ella.”
En esta última parte se nos informa a un ritmo algo atropellado del discurrir de la vida de ambos tras el fiasco de la noche de bodas. El  foco está puesto en Edward que sigue a través de los diarios la exitosa carrera musical de la señorita Florence Ponting a quien nunca querrá ver en directo porque desea conservar en su memoria el momento de la separación cuando ella “no había querido saber que al huír de él, convencida en su congoja de que estaba a punto de perderle, nunca le había amado más, o con menos esperanza, y que el sonido de su voz habría sido una liberación para ella, y habría vuelto. Pero él guardo un frío y ofendido silencio en el atardecer del verano y observó la premura con que ella recorría la orilla y cómo las olitas que rompían acallaban el sonido del avance trabajoso de Florence hasta que sólo fue un punto borroso y decreciente contra la inmensa vía recta de guijarros relucientes a la luz pálida.

Todo lo dicho hasta aquí queda bien reflejado en el film. Pero, no sé a santo de qué, quizás como una concesión al gran público que desea historias cerradas que concluyan completamente sin dejar opción a imaginar qué habría pasado si..., el propio novelista en mi opinión yerra en su condición de guionista del film añadiendo una lacrimógena asistencia de Edward a un concierto ofrecido por el cuarteto musical liderado por Florence. Ambos ya sexagenarios, como pone de manifiesto la fecha sobreimpresa de 2005 y un maquillaje atroz que se ve falso hasta el extremo, lloran copiosamente cuando desde la distinta altura que supone el escenario y el patio de butacas -metáfora de la social que siempre existió entre ellos- se descubren y no pueden evitar las lágrimas pues en el fondo se han seguido amando y los prejuicios, la desinformación represora de unos años terribles los han abocado a perder una vida que podría haber sido bien distinta para ambos. En mi opinión, excesivo y ramplón este final.

Pese a esto la película se ve estupendamente y se disfruta la historia desgraciada de estos dos inexpertos jóvenes. Destaca especialmente la interpretación de ella, Saoirse Ronan, que compone una Florence de lo más creíble en sus dudas, sus apremios, sus ascos, sus melindres, sus contradicciones de jovencita enamorada que exactamente no sabe lo que quiere. También Billy Howle se mete a la perfección en el personaje del muchacho brutote y poco cultivado al que un poco más de sensibilidad y algo menos de estúpido orgullo habría salvado toda una vida de amor. El resto del elenco está también formidable: Adrian Scarborough en el padre de Edward, esforzado como pocos para sacar adelante a su mujer interpretada por Anne-Marie Duff quien transmite verdad cuando la vemos metida en ese mundo de práctica y conocimiento pictórico al que Marjorie reduce toda su existencia; y también la interpretación que realiza Samuel West de Geoffrey, el odioso padre de Florence sólo preocupado por lo suyo y que disfruta humillando de cualquier modo a su futuro yerno.

En conclusión, una buena película que pese a contar entre sus guionistas al propio novelista no llega a la altura de belleza y de matices que Ian McEwan transmite en su novela corta "Chesil beach". Tras conocer la historia de estos dos enamorados en ambos soportes, me quedo indudablemente con el original, o sea, con esa joyita que es una novela que no alcanza las 200 páginas.

25 jun 2018

"Los Thibault" 1: El cuaderno gris. Martin du Gard

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Entre julio de 1920 y marzo de 1921 Roger Martin du Gard escribió "El cuaderno gris", la primera entrega de la Novela-Río que es "Los Thibault". A esta primera de la serie le seguirían siete entregas más sacadas a la luz con una periodicidad variable entre 1922 y 1940. Mi idea es la de ir reseñando cada una de ellas según las vaya leyendo. Corresponde hoy hacerlo con la primera.


El autor, Roger Martin du Gard, encabeza 'Los Thibault' con la siguiente dedicatoria: 
"Dedico 'LOS THIBAULT' a la fraternal memoria de PIERRE MARGARITIS cuya muerte, en el Hospital Militar, el 30 de octubre de 1918, aniquiló la poderosa obra que maduraba en  su atormentado y puro corazón"
Colocar la gran obra que es "Los Thibault" bajo estas palabras nos lleva a pensar en la importancia que para el escritor nacido en 1881 y los hombres de su generación supuso la Gran Guerra que sembró de muerte la geografía europea en una cantidad como nunca jamás se había visto. Roger Martin du Gard (23 de marzo de 1881, Neuilly sur Seine, Francia - 22 de agosto de 1958, Sérigny, Francia) participó en esta carnicería junto a muchos otros jóvenes de su generación. Tras acabar la misma en noviembre de 1918 se puso a escribir la que sería su gran aportación a la literatura universal. La Guerra, parece, va a estar muy presente en la novela aunque por ahora, en esta primera entrega, no aparece ni es esperada por nadie. Pero la alusión en esa nota a su amigo fatalmente fallecido de gripe española pocos días antes de la firma del armisticio que puso fin a la brutalidad sirve para hacernos abordar "Los Thibault" con ese gesto cínico y descreído que a toda Europa se le quedó cuando según pasó el tiempo se fueron conociendo las atrocidades de esa contienda mundial de cuyo final este año se cumplen 100 años.

La novela
Un suceso ha conmocionado la apacible vida de los Thibault, acomodada familia francesa: Jacques, el hijo pequeño de Oscar-Marie Thibault, eximio representante de l'Ancien Régime, ha desaparecido, se ha fugado de casa junto a su amigo Daniel Fontanin. El escándalo, la notoriedad, que tal hecho puede tener atemoriza al acaudalado y religioso burguesón de Óscar-Marie quien encarga a su hijo mayor Antoine, médico y 8 años mayor que Jacquot, que busque a su hermano con la mayor discreción posible, como así hace.

En otro lugar de la ciudad de París, próximo al Jardín de Luxemburgo, Thérèse Fontanin vive angustiada la desaparición de su hijo Daniel. No sabe qué hacer, su situación es difícil: sola, con su marido Jerôme fuera del hogar desde hace unas jornadas como tantas otras veces, y con su hija menor Lenny sufriendo un fortísimo ataque de meningitis que la tiene a las puertas de la muerte, decide agarrar el toro por los cuernos e ir a casa de los Thibault para aunar esfuerzos en la búsqueda. Al llegar allí es recibida con frialdad haciendo patente la distancia socio-económica que existe entre ambas familias; pero lo que más le chirría a Oscar-Marie y a quienes lo acompañan (el abate Binot, el abate Vécard, la señorita de Wayze que ha educado a los dos hermanos, etc.) es que los Fontanin no son católicos sino protestantes. "¡Ah, las malas compañías!", exclama el padre de Jacques.

En las poco más de 100 páginas que ocupa la historia en la publicación que Alianza editorial sacó en 1974, luego reeditada en 1986, lo que el escritor muestra es la importancia de la verdadera amistad entre dos chicos adolescentes que siendo, parece, pura y totalmente blanca sin embargo es tenida por fea y viciosa por parte de los mayores. El motivo -y de ahí el título de todo el relato- es el descubrimiento de un cuaderno gris, una especie de diario que el bueno de Jacques guardaba en su pupitre del Liceo, en el que éste vertía sus pensamientos más íntimos y profundos junto a ciertas efusiones líricas pues la literatura, la poesía de los románticos franceses (Alfred de Musset, Lamartine, etc.), le embargaba el ánimo. La sinceridad de las declaraciones de amistad sin límites dirigidas a su amigo Daniel son mal interpretadas por los mayores que sin su permiso han profanado, leyéndolos, los secretos contenidos en ese cuaderno gris.

"El cuaderno gris" de Martin du Gard, Francia
En  su escapada estos dos adolescentes que huyen de París en un tren hacia Marsella donde piensan embarcarse hacia África, vivirán experiencias muy importantes que les harán madurar y empezar a salir de la niñez sin secretos en que se hallaban e ir adentrándose en la impostura y la simulación propias de los comportamientos adultos.

Al tiempo que esto les sucede a los chicos también los Fontanin sufren una importante experiencia que les hará tomar determinaciones importantes, sobre todo a Thérèse que vivía en la deliberada ignorancia sobre la descarriada vida de su marido. Esta toma de postura le viene provocada a la madre de Daniel por la fuga de éste pero también por la enfermedad de su hija y la sensación de abandono que sufre ella. 

La novela lo que hace fundamentalmente es colocar el marco parisino y confortable en que se desarrolla la vida de una acaudalada familia propietaria de fábricas importantes que vive instalada en las instituciones propias del antiguo régimen como demuestra la ficha que la revista 'Tout Paris' dice del patriarca de la familia:
"-THIBAULT (Oscar- Marie).-Caballero de la Legión de Honor.- Exdiputado por Eure.- Vicepresidente de la Liga Moral de Puericultura.- Fundador y Director de la Obra de Preservación Social.- Tesorero del Sindicato de Obras Católicas de la diócesis de París.- 4 bis, calle de la Universidad (VII dist.)" (pág. 26)
La nota social de la Revista 'Tout Paris' habla por sí sola y explica el porqué de la desorbitada reacción del padre de Jacques cuando conoce por ese cuaderno gris las lecturas que hace su hijo (las 'Confesiones' de Rousseau, "La Débâcle" de Emile Zola, el 'Werther' de Goethe, etc.) y que, como no puede ser de otra manera, tienen un culpable claro para él: Daniel Fontanin, cuya educación en el ambiente librepensador de su casa es causante a su juicio de la tremenda desviación y confusión de su hijo pequeño. Si a esto añadimos la pertenencia a la clase media de los Fontanin el choque entre ambas familias está servido.

En cuanto a la forma, la novela es digna heredera de la gran novela realista del siglo anterior y como ella presta mucha atención a las descripciones aunque sin dar de lado a unos diálogos vivos, breves y con ritmo que animan a leer y leer. El narrador, evidentemente, es omnisciente y desde su alejamiento de la trama conoce, anuncia y enuncia las reacciones y sentimientos de los distintos personajes. Pero lo hace con sutileza, con elegancia, sin ser invasivo, aunque manejando con mano firme la historia que va narrando. Hay mucho de análisis psicológico en alguno de los pensamientos de los personajes presentados por el narrador en forma de soliloquios: 
"Antoine envolvió al pastor en una mirada profesional; "Asimetrías señaladas -se dijo-, y esa risa interior, esa mueca inexpresiva del maniático..." (pág. 41)
De la maestría narrativa del escritor me ha llamado la atención el vocabulario preciso empleado en algunos momentos del relato, un léxico específico muy claro que no anonada al lector sino que sirve para situarlo en el sitio y lugar precisos con sólo tres o cuatro vocablos especializados de no muy difícil comprensión:
"Sobre el puente recién baldeado, algunos marineros ayudándose con una cabria instalada sobre un respiradero, descolgaban los equipajes a la cala." (pág. 63)
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NOTA.- Tengo el propósito de leer las ocho entregas que forman esta Novela-Río. Como la iré combinando con otras lecturas no sacaré las reseñas de las mismas una a continuación de la otra, y con frecuencia es fácil que reseñe juntas varias de las mismas a fin de no repetirme o resultar reiterativo.

PD.- Esta lectura de "Los Thibault" forma parte de los libros que leo para cumplir con el estupendo reto "Nos gustan los clásicos" del blog "Un lector indiscreto" que con tanto tino administra mi amigo virtual Francisco