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10 ago 2022

Alexis Ravelo: Un tío con una bolsa en la cabeza.

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«Yo no sé nunca, cuando veo un billete, si está limpio o sucio. Yo sólo sé que es un billete y que sirve para pagar cosas. Esta casa, los coches del garaje, los sueldos que les sigo pasando a Sol, a mi cuñada, la residencia de mi viejota, los estudios de mi hijo y mis sobrinos, las comidas y los viajes y las fiestas.»

Un tío con una bolsa en la cabeza
Gabrielo, un auténtico capo político insular canario, se encuentra al inicio del relato amordazado, atado de pies y manos y con una bolsa de plástico en la cabeza. Su situación es ciertamente comprometida. Nadie va a pasar por su casa donde se encuentra al menos hasta dentro de dos o más horas cuando se le eche de menos en alguna reunión. Además, reflexiona, es probable que quien haya ideado esta manera de asustarle, darle una lección o, lo que es más probable, deshacerse de él no tenga intención alguna de acudir a desatarle. No, desde luego está en un momento difícil, el más difícil de toda su existencia, y eso que la vida que ha llevado hasta este momento ha tenido de todo..

Precisamente es de ese todo que ha sido su vida de lo que nos vamos a ir enterando según que Gabrielo, vaya meditando, pensando, reflexionando, de manera más o menos desordenada sobre sus  posibles agresores, su llegada y ascensión en la vida política de la localidad, su familia, sus amores, sus desatenciones a Maru, la madre de su hijo y la mujer a la que más ha querido y sigue queriendo, aunque para hacer el amor Sol sea especial, una hembra espectacular. Pero una cosa es eso y otra muy distinta amar de verdad... Todos estos pensamientos se le hacinan al narrador, a Gabrielo, en su cerebro que cada vez oxigena peor porque la bolsa de plástico que dos hombres le colocaron en su cabeza antes de marcharse -uno de ellos olía a ron que echaba para atrás y por eso él lo llama el ronero- no tiene ni un maldito agujerito por el que el aire pueda reponerse. En su ofuscación y confusión mental las reflexiones le llevan hasta a pensar en Dios y en lo que pueda haber al otro lado. 

Según leía esta novela de Alexis Ravelo, a mi cabeza acudía el recuerdo vívido que desde que la leí hace ya una pila de años, y precisamente en la isla de Gran Canaria, ¡enorme casualidad!, tengo de "La muerte de Artemio Cruz" del mexicano Carlos Fuentes. Como digo, no podía quitarme de la cabeza esa enorme novela en la que en su lecho de muerte Artemio Cruz rememora sus 71 años de vida por la que pasa prácticamente un siglo de la historia de México. Desde su orfandad de un hacendado caído en desgracia y unos inicios duros Artemio se elevará socialmente hasta convertirse en uno de los hombres más ricos e influyentes del país, a costa de negocios despiadados y corruptos. Hasta aquí la similitud entre ambas novelas: la corrupción es tema esencial en Un tío con una bolsa en la cabeza, así como el ascenso desde abajo hasta una elevada posición social y política por parte de ambos protagonistas. Pero el resto, o sea, la manera de presentar esta vida en progresión hacia arriba, es bien diferente en uno y otro escritor. No cabe comparación entre ambos y no la voy a realizar por entender que es inapropiada y absurda. Eso sí, animo a quien haya llegado hasta aquí a que lea esa magnífica novela del escritor mexicano Premio Miguel de Cervantes en 1988 y Premio Princesa de Asturias en 1994.

Dos asuntos principales aparecen en Un tío con una bolsa en la cabeza. Uno es el de la corrupción política: Gabrielo se arrimó a Colacho, el Viejo, y éste lo colocó primero de asesor y luego ya en las listas electorales al ayuntamiento de San Expósito, la ficticia localidad canaria donde sucede la historia. Desde allí y tras dar el Viejo un paso al lado, él ocupará su lugar y seguirá sus procedimientos corruptos a la hora de realizar recalificaciones de terrenos, dar concesiones a constructoras, permisos de cambios de actividad a unos sí y a otros no, primacía en las licitaciones y concursos públicos a unos frente a otros, y así. Ese es el uso que el narrador hace del poder, porque para él eso es el poder y por eso quiso llegar hasta él.
«El poder no corrompe. Al poder se llega ya corrompido. Corrupto hasta la médula. O desde la médula. Nadie que no sea un miserable moral desea el poder. Yo lo sé porque yo lo soy. Porque he andado siempre entre poderosos y no he conocido a ninguno de quien no se pueda decir exactamente lo mismo. Y cuando quien anhela poder no llega a obtenerlo, la frustración se lo come por dentro y acaba por pudrirlo del todo.»
El otro asunto principal es el de la investigación que desde su incómoda y terminal situación Gabrielo realiza sobre quien será el inductor o realizador de la agresión que ha sufrido. «"Estoy aquí investigando mi propio asesinato"». Todos sus amigos (el Tano, Saulo, Alfredo, Carlos, Chago...), sus mujeres (Maru y Sol principalmente), sus fuentes de ingreso (Aguilar, Boris...), los miembros de su familia (la madre ingresada en una residencia, su hermano Feluco, su cuñada Encarna)... Todos estos seres pasan por la cabeza de Gabrielo en este recorrido vital que realiza en busca de posibles inductores o realizadores de la agresión que ha sufrido.

Además de los asuntos, en Alexis Ravelo es fundamental la manera de contar, o sea, el estilo. Ya en otras novelas suyas que he reseñado en este blog ("Tres funerales para Eladio Monroy", "La ceguera del cangrejo" o "Los milagros prohibidos") he hablado sobre ello, por lo que os animo, además de a leer las novelas del autor canario, a pasaros por las reseñas. Lo fundamental para mí es esa escritura tan suya que mana de manera fluida, espontánea y natural de su pluma. Es un estilo coloquial, muy próximo al modo de hablar, popular y natural, entre nosotros; esto hace que leyendo a Ravelo uno se sienta bien, confortable, se reconozca en su sintaxis, en su manera de decir y de referirse a personas y cosas. 

Quizás resulte algo más difícil captar el sentido preciso de alguno de los localismos (canarismos) propios de sus islas, a las que aquí como en todos sus libros declara el autor, sin manifestarlo explícitamente, su inmenso amor. Son términos como 'sachar', 'maúro', 'gavia', 'fotingo', y otros de esta guisa. Más fácil, desde luego, es captar el significado que albergan algunas creaciones léxicas que realiza el escritor para transmitir de mejor manera, no exenta de humor en algunos casos, su alcance. Son palabras como 'miseriento', 'bobomierda' o 'muertosdehambre' que para quienes estamos familiarizados con su literatura no nos sorprenden al ser en él habituales.

En cuanto al punto de vista del narrador, éste siempre es el del amordazado Gabrielo que cuenta, reflexiona, rememora y se desespera dentro de esa bolsa de plástico que de no evitarlo él mismo, algo o alguien, puede llevarle a la muerte. Hay algún momento en que cede la voz narrativa a la 2ª persona en un sentido generalizador o impersonal como cuando habla sobre los amigos que hoy día uno se encuentra por las redes sociales y con ellos «te cuentas cómo te va, te cambias chistes, quedas para echarte cañas que nunca te echarás». También hay algún momento en que sin dejar la primera persona narrativa cambia al plural para incluir en ella a las personas de las que está hablando, en el ejemplo que pongo a continuación la incluida es su amante Sol: «Mandábamos dinero, pero no era tanto. Y ella iba para allá una vez al año. [...] Viajábamos mucho, con Sol».

Que Alexis Ravelo es una biblioteca andante y que ha leído a un amplio número de escritores que sin duda alguna, como no podría ser de otro modo, le han influido, es algo que leyéndole se percibe a las primeras de cambio. Pero, por si acaso no hubiéramos sido conscientes de ello, es el mismo autor quien en el capítulo de los agradecimientos, al final de la novela, dice textualmente lo siguiente: 
 «A lo largo de la novela se citan, directa o indirectamente, las obras de Rafael Chirbes, Juan Rulfo, John Berger, Descartes, David Foster Wallace, John Fowles, Cormac McCarthy, Nicolás Maquiavelo, Juan Gelman, Immanuel Kant, Ludwig Wittgenstein, Martin Heidegger, Adela Cortina, Marguerite Yourcenar, Baruch Spinoza, Federico J. Silva e Italo Calvino, además de los cantautores Rafael Amor y Javier Krahe. Creo oportuno consignar aquí esas deudas.»
La muerte de Artemio Cruz, Boom de la novela hispanoamericana, Realismo fantástico
Sí, está bien. Todo lo que dice en esas líneas es claro y se le agradece. Pero yo personalmente, ya lo digo al inicio de esta reseña, hecho en falta alguna referencia, siquiera de pasada, a "La muerte de Artemio Cruz" de Carlos Fuentes, una novela que constantemente he tenido en mi cabeza en el curso de la lectura. También esta novela de Alexis Ravelo me ha hecho recordar otra, de más reciente lectura. Me refiero a  "Lincoln en el Bardo" de George Saunders [leer reseña sobre ella aquí]. No doy más aclaraciones del porqué para no destrozar el enorme disfrute que supone leer la novela de Ravelo.

Para finalizar diré que Un tío con una bolsa en la cabeza me ha parecido una novela curiosa por el planteamiento aunque en cierta manera el método se me ha hecho algo repetitivo según transcurría la misma. Cierto es que al final hay un giro procedimental curioso y muy interesante que hace que la novela repunte y la cierres con un magnífico sabor de boca. 



Otros títulos de Alexis Ravelo reseñados en el blog:


Nota:
He leído este libro de Alexis Ravelo, además de por la satisfacción que me produce su literatura, por recomendación de Rosa Berros quien la incluye entre los tres títulos que propone dentro del Reto "Serendipia recomienda 2022".  

25 ago 2021

Alexis Ravelo: La ceguera del cangrejo

15 comentarios:

✔«su estudio de la calle Covarrubias había sido un lugar interesante para la vida artística madrileña, hasta que decidió no volver jamás a él después de que a Pepi Gómez, su pareja, la fulminara un cáncer. Entonces fue cuando se marchó a Nueva York, alquiló un estudio en la Segunda Avenida y salió del armario en todos los sentidos.» (refiriéndose a aspectos biográficos de César Manrique)

✔«—En realidad no es mi primo. La exmujer de él es prima segunda mía por parte de madre. —Ya: aquí nada queda lejos, ¿no? Mauri dijo que sí, que allí nada quedaba lejos, que todo el mundo conocía a todo el mundo.» (en relación a un mantra muy repetido en el relato: ‘nada está lejos en Lanzarote’)

Alexis Ravelo, La ceguera del cangrejo
Ángel Fuentes, canarión él, va a Lanzarote porque hace pocas semanas que su novia Olga Herrera había muerto accidentada en un paraje precioso de la isla canaria. Olga se encontraba realizando una obra biográfica sobre César Manrique el artista conejero que dio un aire nuevo a la isla y que con sus ideas de una arquitectura en perfecta convivencia con el paisaje revolucionó la isla e impulsó con ellas un turismo sostenible. Ángel es militar y cuando sucedió lo de Olga se encontraba en Líbano. Los mandos no le dieron permiso para asistir a las exequias fúnebres. Es ahora, varias semanas después del accidente, que Ángel regresa a los paisajes que recorrió con su amada Olga años atrás. Quería hacerle una especie de homenaje personal al tiempo que superaba el duelo. Al poco de llegar a Arrecife se pone en contacto con Mauri, compañero de milicia que se ofrece a ayudarle y acompañarle en todo lo que necesite. También Ángel mantiene desde Lanzarote comunicación fluida con Alfonso, el padre de Olga, residente en Las Palmas quien le entregó todos los papeles de su hija, incluido el borrador del trabajo sobre César Manrique que ella tenía prácticamente finalizado y que la editorial, le había dicho, querría publicar. También la máquina de fotos con la que apareció al cuello al fondo del acantilado donde falleció se la da Alfonso a Ángel porque le dice «me jode esto de que sea yo “el heredero” de Olga. Tendría que ser al contrario, Ángel: ella tendría que ser heredera mía, no al revés. Así que lo que vamos a hacer es lo siguiente: las decisiones las tomas tú y yo firmo lo que haga falta».

En Lanzarote, pues, Ángel, con los papeles, las fotografías y el ordenador de Olga, visita los lugares por donde ella anduvo: Los Jameos del agua, la Cueva de los Verdes, el Charco del Palo, Las Hoyas, el Río, Ye, Maguez, Famara, Teguise, Timanfaya, Tinajo, Yaiza, etc., etc. No hay zona de la isla que Ángel no visite en el curso de su homenaje a Olga; al tiempo investiga ciertos aspectos que, según lee los apuntes, ve las fotos y reflexiona, no le cuadran. Toda la geografía de la isla que César Manrique fue cubriendo de sus proyectos arquitectónicos en perfecta comunión con la naturaleza de Lanzarote aparece citada y recreada en la novela: 

  • «las interminables series de fotos que Olga había hecho en sus últimos tiempos: panorámicas del Mirador del Río, el interior de los Jameos, la Casa del Palmeral, vistas de Timanfaya, de la Casa del Taro de Tahíche o los malpaíses que la rodeaban; planos detalle de tuneras, euforbias, veroles o higueras que crecían en lugares inesperados»
  • «primero había atravesado Nazaret y Teguise, Teseguite y Los Valles, había pasado a un lado de Haría para bajar por el barranco del Chafarís y volver nuevamente a Haría, donde esta vez tampoco entró, antes de subir hacia Máguez, Guinate, Ye (que, como le habían pronosticado, había cruzado en un suspiro), La Corona y Las Hoyas
Por momentos la novela se convierte casi en un folleto turístico de la isla, un homenaje al artista canario y a sus esforzados habitantes que sacan cultivos del suelo de rofe (arena volcánica). Esta sensación se confirma plenamente cuando al final de la novela en el capítulo de agradecimientos conocemos de boca del mismísimo Alexis Ravelo que escribió la novela por encargo de la Fundación César Manrique para que sirviese de conmemoración en 2019, fecha de su publicación, del Centenario del nacimiento del insigne pintor.

Junto a los lugares reales hay otros, muy pocos la verdad, de nombre supuesto como la población de Viéitez y la urbanización o proyecto urbanístico Playa Lunar contra el que en la novela César Manrique se opone abiertamente, lo que da pie durante la lectura a crear cierto suspense sobre si la muerte en accidente de coche del artista en 1992 fue un caso fortuito o no. Naturalmente esta interrelación entre el personaje real y ese proyecto urbanístico ficticio entra dentro de las licencias novelísticas que se toma el autor. Lo que sí parece confirmado es que la figura del artista César Manrique fue un bastión contra el que chocaron no pocos especuladores durante los años en que su ideación lanzaroteña iba cuajando. A partir de aquí Ravelo fabula con esta urbanización ficticia que bien podría ser trasunto de cualquier otra de aquellas que escaparon a la visión conservacionista del paraje de su isla que tenía el artista.

Jameos del Agua, Cueva de los Verdes, César Manrique, Lanzarote
Además de Ángel, su compañero de milicia Mauri y su “suegro” Alfonso, muchos otros personajes aparecen en la novela. La primera es Sonia, la que fuera amiga íntima de Olga. Que Sonia mantenga una relación amorosa con David, apodado “Míster Sonrisas” por Angel dado que siempre tuvo celos de él al verlo al lado de Olga en varias de sus fotografías, levanta en él más de una sospecha; luego están Blas y Julia, pareja amiga de Sonia y de Olga. Blas será quien más ayude a Ángel poniéndole en contacto con personajes que mantuvieron relación con Sonia durante su estancia en la isla; al respecto es fundamental la llamada que Blas realiza a Pepe Dolz, director de la Casa del Taro donde viviera César Manrique convertida actualmente en Casa-Museo del artista y por ello en atracción turística. Será Pepe Dolz quien le abra los archivos del Museo a Ángel como se los abriera a Olga y entregue a éste una carpeta que la investigadora nunca llegó a recoger con algunas anotaciones realizadas por ella que cumplen en el relato detectivesco un importante papel. Otros personajes interesantes para la trama son Antoñito el Ruin y Emeterio Brito, este último autor de una conspiranoica teoría sobre la muerte de César Manrique inspirada en las que en la realidad de la biografía del pintor sostuvieron algunos estudiosos.

Con todos estos mimbres, tomados unos poquitos de la realidad y muchos otros puramente inventados, construye Alexis Ravelo este relato. En mi opinión sobra una trama secundaria en la que unos detectives vigilan a Ángel durante la primera parte de su deambular por la isla. Cocoliso y Carapicada son los jocosos apelativos que Ángel les coloca hasta que finalmente logra deshacerse de su por otra parte desastrosa vigilancia.

No cabe decir más del desarrollo argumental, tan sólo advertir que la novela se abre con la referencia a un sumario que está realizando  la autoridad judicial sobre unos sucesos cometidos por o/y sufridos por Ángel Fuentes. Ocupa tan sólo la primera página de la novela y coloca así desde ese momento al lector en modo 'suspense':
«Por qué Ángel Fuentes Medina compró una navaja de las pensadas para matar y por qué le dio el uso para el que había sido concebida es algo que la instrucción del sumario (con su inventario de nombres, fechas, lugares, circunstancias y grados de premeditación) pretende haber aclarado de forma meridiana. Pero el desvelamiento de sus motivos últimos (o primeros) está más allá del ámbito de su competencia.»


Alexis Ravelo es un escritor amantísimo de sus islas. Y eso se nota en sus novelas. Así lo he comprobado en las que he leído de su serie Eladio Monroy y que tengo reseñadas en este blog: "Los milagros prohibidos" y "Tres funerales para Eladio Monroy". Evidentemente el amor a Lanzarote se vislumbra por doquier en "La ceguera del cangrejo". Comienza desde el propio título que hace referencia a esa especie de cangrejos blancos y ciegos que habitan las aguas de los jameos lanzaroteños «hundidos en la blanda nada del olvido y su ceguera es como la de esta sociedad que tanto calla y a tanto cierra los ojos, que se ignora a sí misma y a la belleza que la rodea y de la que depende para sobrevivir». Tienen claramente en el relato un valor simbólico.

vinos canarios: malpaís, malvasía, isla conejera
Todo en la novela es una demostración de amor a Lanzarote y por extensión a las Islas Canarias: los paisajes, la vegetación, los cultivos de rofe, las gentes populares como el Maestro Ezequiel, los creadores canarios como el propio César Manrique y otros muchos (el poeta Agustín Espinosa, los pintores Óscar Domínguez, Remedios Varo o Manolo Millares, etc.). Y este amor en el caso del propio escritor lo manifiesta utilizando un sinfín canarismos: rofe, soco, jiribilla, desriscada, añurgarse, sachar la tierra, etc. etc. Para mí, que tuve el placer y la oportunidad de trabajar en las Canarias durante tres años, volver a escuchar -aunque haya sido por escrito- estos sonidos me ha servido para rememorar una muy feliz etapa de mi vida. Este ha sido uno de mis placeres íntimos al realizar esta lectura.

Es Alexis Ravelo amante de la cultura pero no sólo de la local que he señalado, sino también de aquella otra más universal a través de la cual nos hacemos ciudadanos del mundo. La música de jazz que escucha Blas y que en opinión de sus amigos «se pasa la vida poniendo el Kind of Blue. Y mira que grabó cosas Miles Davis. —Hice una selección —aclaró Blas—. Luego hay temas de Coltrane y de Thelonious Monk.» aparece citada junto a algún tema rockero como  Born to Be Wild de Steppenwolf puso Rock FM. Emitían una versión de Born to Be Wild»). Y cuando el novelista cambia el registro hacia la parte más puramente biográfica de César Manrique echa mano de un personaje cuyo nombre, Alois Neumann, está tomado de un histórico nacionalsocialista checoslovaco reconvertido hasta su muerte en 1977 en socialista aliado de la URSS. Este personaje le sirve para introducir en la novela el tema del Turismo en la isla pues el ficticio Neumann es el director del operador turístico Neumanntours a quien Manrique supuestamente intentaba convencer para que usase su influencia contra proyectos urbanísticos depredadores del paisaje isleño; en definitiva la alta cultura entreverada con los grandes negocios económicos contra los que César Manrique luchó:  

«Vio fotos de él con César Manrique, pero también con Warhol y Antoni Tàpies, con Heinrich Böll y con un gordo que resultó ser Friedrich Dürrenmatt, de quien Ángel recordaba haber leído una novela policiaca. ¿Habría llegado Manrique a convencer a Neumann de participar en un boicot en Playa Lunar? [...] sabido es que los millonarios filantrópicos suelen dejar la filantropía al margen en cuanto hay un buen fajo de billetes sobre la mesa


Del momento de escritura dice el autor que la novela «fue escrita entre enero y diciembre de 2018, con el apoyo de una residencia de escritura de la Fundación César Manrique». Los episodios políticos acaecidos en España durante los meses anteriores, o sea en 2017, que es cuando se sitúa la acción se cuelan en el relato de manera muy pasajera pero a mi entender algo llamativa. Me refiero a cuando en la localidad donde vive David, novio de Sonia y antiguo amigo de Olga, Ángel entra en un bar 

 «La clientela se reducía a tres viejos que tomaban cerveza y comentaban las tonterías que decían en la tele, puesta a medio volumen. Lo de siempre al filo del mediodía: el último escándalo, la última grabación hecha a escondidas a un alto cargo, el último ultimátum del independentismo catalán respondido con amenazas por el nacionalismo español, que eran recibidos con el interés propio que tres jubilados pueden poner en algo que ocurre a dos mil kilómetros.»

Diríase que el escritor entra en el relato directamente para expresar su opinión sobre categorías políticas dejando caer que aunque se utilicen los mismos términos hay diferencias claras entre buenos y malos (¡?). Esta entrada en el mundo de la actualidad más inmediata es fugaz y apenas perceptible. 


Para concluir
Cueva de los Verdes, César Manrique, fundación César Manrique
Es el tercer libro que leo de este novelista canario. Me ha gustado aunque quizás algo menos que los  anteriores con los que lo descubrí. Este no pertenece a ninguna serie y si digo la verdad, teniendo el inconfundible estilo Ravelo, me ha hecho recordar un poquito a Woody Alleen. Me explico: Woody ha hecho películas sufragadas, contratadas o encargadas, por instituciones, ciudades, organismos, etc. No hay por qué pasar lista, creo que con citar "Vicky, Cristina, Barcelona" valdrá para entender el símil. Si con la película de Alleen Barcelona se publicitó hasta el extremo, Alexis Ravelo a otro nivel logra lo mismo con esta "La ceguera del cangrejo", novela encargada o sufragada en 2018 por la Fundación César Manrique con motivo de cumplirse en 2019 el centenario del nacimiento del insigne artista. Y efectivamente la novela, además de la trama policíaco-detectivesca que contiene, cumple con creces la finalidad pretendida del encargo: publicitar Lanzarote y en especial la obra artística y la figura de César Manrique, artífice del despegue turístico de la isla gracias a sus atinadas intervenciones arquitectónicas y urbanísticas.

Como todo lo que escribe Alexis Ravelo la novela se lee muy bien merced al estilo fluido, espontáneo y natural característico en él. Quizás esta espontaneidad, no sé si de manera consciente o no, le haga incurrir a veces en una errónea utilización de las formas átonas pronominales. Me refiero a que comete laísmo en más de una ocasión. Vayan aquí sólo dos ejemplos:

  • «Olga se refería con frecuencia a la Fundación, donde la dejaban usar una sala de investigadores»
  • «Olga, cuando hablaba de ellos [de los cangrejos de los Jameos del Agua], le decía que la ponían triste, que pensar en esos pobres bichos la hacía experimentar una tremenda desazón»

Sé que lo señalado es una mera minucia que para nada oscurece el mérito de este relato. Pero pienso que son los escritores los verdaderos artífices del idioma y que en ellos reside el deber de conservarlo, enriquecerlo y hacerlo evolucionar. 
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editorial Siruela, Alexis Ravelo Betancor

Ficha del Libro

Autor: Alexis Ravelo Betancor
Editorial: Siruela
Colección Nuevos Tiempos 431
Año de publicación: 2019
Nº de páginas: 360
ISBN: 978-84-17860-10-3

13 nov 2020

"Los milagros prohibidos". Novela de Alexis Ravelo

17 comentarios:

✔ "Cuando se estrecharon las manos , Agustín notó los relieves de piel de lagarto esculpidos en ellas por el trabajo. Notó también que miraba de frente, pero interponiendo una media sonrisa que ocultaba la acción y media de ironía." (p. 224)

"Legañosa, pachorrienta y muerta de frío, la ciudad sesteante lo vio doblar en la esquina del Teatro Chico y cruzar hacia la consulta, para salir poco después con Fernando el Polaco, con quién se marchó hacia el sur en el camión de este." (p. 232)

Fue tal lo mucho que me agradó leer la primera novela de Alexis Ravelo, "Tres funerales para Eladio Monroy", que de seguido busqué otra del autor. Quería ver cómo sería su literatura hoy en una novela más actual; resultó que yendo a la biblioteca pública cayó en mis manos por puro azar ésta que reseño y que ya desde ahora mismo he de decir que me ha gustado muchísimo. Me ha demostrado que Alexis Ravelo no es sólo un escritor de novela negra, que también y excelente, sino un grandísimo autor que sabe abordar la narrativa desde cualquiera de sus tendencias.

editorial Siruela, Alexis Ravelo, Los milagros prohibidos
"Los milagros prohibidos"
 (Siruela, 2017) se centra en lo acontecido en la isla de La Palma durante los cinco primeros meses del mal llamado Alzamiento Nacional -'glorioso' nos dijeron, mientras duró el franquismo, que había sido- cuando no fue otra cosa que un golpe militar decimonónico protagonizado por unos militarotes africanistas que por el mal planteamiento para enfrentarlo del Gobierno legítimo democráticamente elegido vino a triunfar y a traer a los españoles de entonces y a los que nacimos en las décadas siguientes una vida en dictadura que para nada deseo que se repita.

Como hacen los buenos novelistas -Alexis Ravelo lo es, sin ninguna duda- el autor pone el foco en una historia particular: Agustín Santos, maestro de la localidad de Puntallana en la isla canaria de La Palma, felizmente casado con Emilia Mederos, guapa mujer a quien de niño y adolescente había pretendido el ahora falangista Floro el Hurón, se echa al monte tras el golpe militar para evitar ser apresado por haberse significado durante la etapa republicana y especialmente durante la semana en que la isla se resistió a la asonada. El triángulo amoroso (Floro - Emilia - Agustín) es el que sostiene y motiva toda la acción haciéndonos ver que en no pocos de los desafueros y de las bestialidades perpetradas durante la Guerra Civil mucho tuvieron que ver las venganzas personales, las malquerencias familiares, el aprovechar la ocasión para llevarse por delante a alguien por celos, por odio, por envidias, etc.

La novela está organizada en cinco partes. Cada una de ellas, titulada "Memoria" ,va precedida de un capítulo relatado en 1ª persona en la que un testigo, partícipe directo en ocasiones en los sucesos, cuenta a un interlocutor -un periodista o incluso y casi con seguridad el propio escritor- lo que recuerda de esos sucesos. No quiere esto decir que estemos ante unos hechos ciertos, pero sí que lo que Ravelo presenta está inspirado en acontecimientos acaecidos durante esos meses iniciales de la Guerra Civil, aunque como bien nos advierte al final de la novela no sean reproducción fiel de los mismos. Tras este capítulo en 1ª persona se pasa en los siguientes capítulos de cada uno de los cinco apartados a un narrador objetivo en tercera persona que va presentando los hechos de una manera reiterativa poniendo el foco en éste o en aquel otro personaje citado en el relato, personajes todos ellos importantes dentro de la aventura protagonizada por Agustín. Así conoceremos información relevante referida a don Sito Mederos, padre de Emilia; o a Floro el Hurón, el hijo de doña Rosita, que se afilió a la Falange y formó parte en La Palma de las eufemísticamente denominadas "fuerzas auxiliares"; o a Vidal, sargento de la Guardia Civil, que mantuvo a la isla bonita fiel siempre a la autoridad competente de cada momento; o a Juan Padilla el Malhablao que dentro de la República era partidario de la Revolución criticando a burgueses republicanos como Agustín por considerarlos tibios y vendidos; etc.

Además de estas individualidades ya citadas también en el relato aparecen personajes que podríamos denominar de grupo. Así por un lado están los falangistas (Miguelín, Floro, Feluco, Eusebio Padrón Manoabierta...); los poderosos reaccionarios (Álvaro Luján y sus compañeros de viaje: el cura Santiago, el gobernador militar franquista de la isla...); los "alzados" [así llamaban en la isla a quienes subieron a los altos para escapar de una muerte segura]: Agustín, Juan el Malhablao, ...; los guardias civiles (el cabo Doreste, el guardia Ramírez...); los burgueses republicanos (el médico don Pío, el propio don Sito Mederos, el mismísimo Agustín, el boticario Nicanor Trezado, el subdelegado del gobierno republicano Yanes...); los humildes que con su humanitario comportamiento demuestran ser auténticos defensores de la legalidad republicana cuando pueden hacerlo y cuando no, favorecedores de los que sufren los atropellos de los golpistas. Incluyo en este amplio grupo de los humildes a personajes como Fernando el Polaco y su mujer Solita; el pastor de cabras Pedro Pulido y su mujer QuiteritaAnselmo el Cambao, novio de Adela, la hermana de Emilia; etc., etc. 

Aunque centrada la trama en los echados al monte, injustamente perseguidos por ser fieles a la legalidad y consecuentes con sus ideas, en la novela se deja constancia de que en esta lucha de españoles contra españoles no todos pudieron elegir bando; muchos hubo que estuvieron en uno y el contrario por puro azar. Así Anselmo el Cambao es soldado del ejército nacional franquista simplemente porque el 18 de julio lo encontró haciendo el servicio militar y sus mandos se unieron al golpe:
"Anselmo el Cambao no era mal muchacho ni era fascista, solo que el golpe lo cogió haciendo el servicio militar, con el uniforme puesto y a las órdenes de unos traidores hijos de puta. Esos eran los peores, los de carrera." (p. 154)
Uno de los méritos de esta novela es precisamente observar cómo el autor muestra, partiendo de la particular historia de la huida por el monte del maestro de Puntallana, un muy creíble abanico de seres y de comportamientos habidos durante la contienda fratricida.

De nuevo en una novela de Alexis Ravelo me ha vuelto a encantar el marco geográfico en que discurre la historia: las islas Canarias. Si en la novela que leí anteriormente todo ocurría en Las Palmas de Gran Canaria, en ésta la acción principal sucede en la isla de La Palma con fugaces apariciones de la de Tenerife donde los franquistas han ubicado dos o tres barcos que les sirven de prisión para los resistentes al Alzamiento, y también de la de Gran Canaria cuando el contexto histórico exige hablar de Franco y el famoso vuelo del Dragon Rapide que lo llevaría de aquí al Marruecos español para encabezar el golpe militar. 

Isla de La Palma, Islas Canarias, Semana Roja, Guerra Civil española
Pero lo esencial es la geografía de La Palma, la isla más occidental del archipiélago y la más verde. El clima cambiante de la misma, muy húmedo en la Cumbre, su origen geológico visible en la caldera de Taburiente y en los volcanes activos y extintos que los fugitivos habrán de ascender o evitar, la toponimia insular (las Breñas, Tazacorte, La Galga, Puntagorda, Puntallana, Malpaíses, Tigalate...), las calles de la ciudad de Santa Cruz de la Palma... Todo este color local, tan auténtico, es un marco magnífico por el que el escritor echa a correr a sus personajes de ficción. El resultado es excelente y de una verosimilitud total, de manera que haciendo abstracción de la ficción que la novela es conocemos a su través lo que aquello debió de ser: el miedo a ser detenidos, el terror a ser torturados, las torturas en sí, las muertes sin más sólo por pensar distinto... Se constata una vez más que como reza el título del famoso ensayo de Mario Vargas Llosa, "La verdad de las mentiras", la invención ficcional es en muchas ocasiones el camino mejor para acercarse a la Realidad.

Respecto a la anterior novela reseñada en este blog, "Tres funerales para Eladio Monroy", [leer la reseña aquí] en ésta he percibido mayor presencia de canarismos lingüísticos, tanto a nivel léxico ('postritos', 'entullar', 'jincar', 'gofio', 'fayal'...) como sintáctico ("ándese rapidito, que si tardo más en llegar ca'mi tía me voy a llevar una tollina", le dice el niño Arvelo a su maestro don Agustín). A este respecto también he visto en la novela cierta pequeña veta indigenista muy acorde con la que en todo el mundo, a modo de revisión histórica imposible de revertir pero de afán exculpatorio, parece estar entronizada hoy:
"Si iba a morir por propia mano, lo haría como los grandes, en un lugar mítico, como los resistentes de Masada o, por pensar en un ejemplo más cercano, como los aborígenes que, durante la conquista de las Islas, se suicidaron antes de rendirse a los castellanos, arrojándose desde Tigaiga en Tenerife o desde Ansite en Gran Canaria" (p. 101)

Pese a que el asunto parece no ser compatible con él, hay en este relato de huida y persecución implacable espacio para, si no abierto, el humor, sí ,para la sonrisa liberadora, muy necesario en situaciones extremas como las relatadas. Así doña Rosita en un momento dado reconviniendo a su hijo por los desmanes que comete "Le señaló la silla y le dijo: 'Siéntese ahí'. Cuando una madre canaria te trata de usted es mejor no contradecirla y prepararse para lo que venga." (p. 128). Indudablemente es el autor quien, dirigiéndose al lector, habla en este momento por boca de este narrador externo; esa segunda persona de sentido impersonal inclusivo lo delata.

También considero una muestra de humor e incluso señal de que quizás sea él uno de esos narradores en 1ª que abren cada una de las cinco partes o, hasta quizás el narrador único en primera de todas ellas, el juego que el novelista realiza con su apellido transmutándolo por movimiento fónico en la primera sílaba del apellido del autor que de Ravelo muta en Arvelo. Es Arvelo un niño que aparece al inicio del relato ayudando al fugitivo y que no vuelve a aparecer hasta el final cuando... No, claro, no voy a decir qué pasa con este personaje porque el novelista es amigo de dar sorpresas y si la cuento aquí pues simplemente me cargaría la novela, algo que no deseo sino más bien todo lo contrario, provocar el deseo de leerla. 

Por último quisiera señalar que en Alexis Ravelo la literatura todo lo impregna. Si en "Tres funerales para Eladio Monroy" el protagonista siempre tenía a mano libros que le proporcionaba su enamorada librera, en "Los milagros imposibles" el protagonista Agustín Santos también porta siempre con él algún libro. Concretamente lee en algún momento "Crimen" de Agustín Espinosa, escritor canario de la época en que transcurre la acción -concretamente la novela apareció publicada en 1934- que en 1936 con el estallido de la Guerra fue fulminado por los levantados en armas a lo que él respondió con humillantes muestras de adhesión a la causa. 

Agustín Espinosa fue en las Islas propulsor del surrealismo realizando en 1935 en Santa Cruz de Tenerife una Exposición Surrealista, la primera celebrada en España, en la que de la mano del pintor tinerfeño Óscar Domínguez logró reunir obras de los principales pintores surrealistas. André Breton pronunció una conferencia sobre el arte y la política, y como colofón de la exposición se proyectó "La Edad de Oro" de Luis Buñuel. Sobre esta película surrealista dijo Espinosa en la reseña que de la misma hizo «Se han pronunciado, con excesiva frecuencia las palabras "pornográfico", "libre", "procaz", "indecoroso", "insolente", con relación a La Edad de Oro, ni con más ni con menos razón -puedo decirlo ahora de paso- que a propósito de mi libro Crimen, olvidándose que análogos adjetivos habría que esgrimir desde ese bizco punto de vista, para calificar a Quevedo, a Boccaccio, a Cervantes, a Rabelais, a Lautréamont, a Goethe.». Precisamente esas mismas calificaciones ('pornográfica', 'indecorosa', procaz') son las que en la narración hace Floro de la novela "Crimen" que Agustín dejó olvidada en una de las cuevas donde se ocultó.

Para finalizar
La novela dentro de la aventura de persecución de que trata presenta otros asuntos de mucho interés tocados como al descuido al no ser ese el centro de la narración:
  • La guerra, las mujeres y los hombres: "Los hombres hacen la historia. Las mujeres la sufren. La sufren."
  • La vergüenza histórica: "no haber tendido una emboscada a Franco cuando estuvo en Gran Canaria quedó como "una vergüenza más para un archipiélago que cometió a lo largo de los siglos cientos de errores entre los que, según dictum popular, destacan especialmente dos: no dejar entrar a Nelson y dejar salir a Franco."
  • Las denominadas 'fuerzas auxiliares' (Falange y Acción Ciudadana): "En el local de Falange, los hombres bebían ron y coñac, fumaban, hacían corrillos, revisaban sus armas y sus linternas: todo, incluido el alcohol, formaba parte de los preparativos para una larga noche de registros, detenciones e interrogatorios. Eusebio había avisado a todos los falangistas disponibles, incluidos Miguelín, Perico y Feluco, tan cansados como el Hurón."
  • El plátano, monocultivo de la isla, y su explotación en manos extranjeras: "Las oficinas de la Williams Fruit Company &Schipping Agency estaban situadas, cómo no, en la calle Real, justo donde O'Daly iba a fenecer en el barrio de El Puente. Allí, los despachos de Reginald Thomson y de Sito Mederos ocupaban la mitad del primer piso. "

9 nov 2020

Alexis Ravelo. "Tres funerales para Eladio Monroy"

22 comentarios:

Dicho esto, la Nati se quedó mirando amenazadoramente un tocinillo de cielo. Cuando consideró que ya lo había amedrentado lo suficiente, se abalanzó impúdicamente sobre él. El pobre tocinillo opuso toda la resistencia posible, consistente, sobre todo, en quedarse adherido a la cenefa de papel que aparentemente lo protegía, pero, al final, acabó entre sus fauces.
—Humm… Me pueden. Los tocinillos es que me pueden…

Serie Eladio Monroy, Alexis Ravelo, Novela negra, Literatura canariaAlexis Ravelo sitúa la acción de esta su primera novela en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Su protagonista es un hombre algo desengañado de la vida; se llama Eladio Monroy y está ya retirado de la profesión de marino mercante.  Vive de la pensión y un poco de pequeños trabajillos en negro que le van ayudando a sobrellevar la vida: chofer y guardaespaldas para hombres de negocio de vez en cuando, vendedor de cámaras de fotos y video que le consigue su amigo Hanif, hindú de la calle Ripoche, o cumplir encargos como el que llena el grueso de la novela: entregar una cantidad de dinero a un extorsionador a cambio del objeto o los objetos motivo de tal extorsión.

Según discurre la acción vamos conociendo la vida y la manera de vivirla de este antiguo jefe de máquinas de la marina mercante: está divorciado de Ana Mari que ahora tiene por pareja a un prohombre de la localidad, Ernesto García Medina; es amigo de sus vecinos, en especial de Matías, hombre mayor que se preocupa por él lo que le ocasionará más de un problema; su amiga especial es Gloria que vive en el mismo edificio y que regenta una librería gracias a lo cual Eladio tiene siempre buenas lecturas en casa; y además de su hija Paula que Eladio siempre tiene en su pensamiento aunque no la vea desde hace muchos años por culpa de las malas artes de su ex, están los amigos del bar Casablanca regentado por Casimiro y al que acude puntual todos los días Pachi, el del taller de coches que ayudará a Eladio a cumplir la promesa que le hizo a Dudú, un senegalés explotado por otros y cuya verdadera profesión y conocimientos pertenecen al campo del motor.

Frente a todo este grupo ingente de seres humanos están los policías que Eladio conoce: Déniz y Silva, y otros más jovencitos que ya no conoce tanto como Pérez y Alonso ('Hernández y Fernández' los llama para sus adentros con gran sentido del humor el mismísimo Monroy). También Roque, Paco Ríos....

La novela es una lectura que engancha desde la primera página. A mí me ha gustado mucho entre otras muchas cosas por transcurrir en esta ciudad grancanaria donde nació y vive el novelista y en la que yo tuve la suerte de vivir durante tres años al inicio del último cuarto del siglo XX cuando la juventud me tenía conquistado. Descubrir esta ciudad con los primeros dineros ganados en el ejercicio de la profesión supuso para mí todo un cúmulo de magníficas experiencias personales. Alguien podría argüir que así, claro, es normal que me haya gustado pues ya venía predispuesto a ello. Sí, bueno, cierto es que tenía predisposición favorable, pero ¿cuántas veces lo esperado no responde a las expectativas? Pues en esta ocasión las mismas afortunadamente se han cumplido a plena satisfacción. Consecuencia: seguiré leyendo la saga y otras novelas más actuales del autor.

El género de la novela negra al que pertenece el relato leído nació de la mano de Hammett y Chandler; fueron ellos los que establecieron las características del mismo. Sus novelas transcurren la mayoría de las veces en populosas ciudades norteamericanas pues el cosmopolitismo es seña de identidad de estas narraciones. Por eso cuando Eladio Monroy conduce el Audi 4 que ponen a su disposición para que pasee por Las Palmas a José Luis Ortiz de Guzmán, industrial peninsular, director general de MACOINSA, que viene a cerrar un negocio, cabría preguntarse si esa característica del cosmopolitismo inherente al género queda debidamente representado. Respuesta: Naturalmente que sí; y en mi opinión no había necesidad alguna de que el propio Alexis Ravelo en la 'Nota del autor' que incluye al final de la obra formulara una especie de disculpa o aclaración: 
que nadie atribuya a un mal entendido localismo el hecho de que esta novela transcurra en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Podría haber transcurrido en cualquier otra ciudad. Cualquier ciudad es buena para una novela negra. [...] Da igual dónde se desarrolle la historia, porque la maldad, los poderosos y sus víctimas son iguales en todos lados.
Las Palmas de GC, Islas Canarias, Calle Ripoche, La Isleta
Totalmente de acuerdo, Alexis; pero es que yo añadiría que Las Palmas es una ciudad cosmopolita por sí misma como lo son muchas otras ciudades portuarias, en este caso con esa zona del Puerto, la cercana Plaza de Santa Catalina y esas calles adyacentes como la de Ripoche que aparece en el relato donde todo es posible porque todo puede suceder habida cuenta de ese maremágnum de seres venidos de todas partes y de todos los pelajes habidos y por haber que circula por la zona. Sí, el cosmopolitismo de esta ciudad es innegable.

Pero sin embargo el novelista que en su narración incorpora muchas de las características que aparecen en las novelas de los fundadores del género (bajos fondos, corrupción, erotismo, alcohol y tabaco consumido en  cantidad alta, crítica social...)  opta por construir un relato más insular, más canarión, si utilizamos el término local usado para designar a los naturales de la isla de Gran Canaria. Tan sólo es con ese oscuro personaje peninsular  al que Eladio hace de chofer y guardaespaldas que la narración se aleja levísimamente de la isla; el resto de la historia transcurre dentro de la sociedad canariona. Como bien comenta el propio escritor la maldad de los poderosos y sus víctimas son iguales en todos lados.

En la trama la corrupción de algunos miembros policiales se une a la hipocresía moral de los poderosos, temerosos de que iniquidades practicadas en la intimidad sean de dominio público. Este es el gran asunto de la novela. Eladio Monroy es contratado por su ex Ana Mari y la pareja de ésta, el prohombre local Ernesto García Medina, para que recupere un material con el que están siendo extorsionados. Eladio recibirá un buen dinero por los servicios si todo acaba bien y además podrá ver a su hija Paula que se encuentra estudiando en Salamanca. 

Poco más se puede decir de esta historia sin destrozar el placer del lector. Sólo avisar de que el contenido en algunos momentos puede resultar fuerte para ciertos lectores más sensibles y poco conocedores de los derroteros por los que discurre la actual novela negra española.

Muchísimas cosas me han gustado de "Tres funerales para Eladio Monroy". De entre ellas destacaría el desarrollo psicológico de los personajes, en especial del propio Eladio Monroy, pero también de su amiga Gloria. Luego veo como elemento sobresaliente la manera natural y muy auténtica de mostrar la vida de los humildes: de Pachi, el mecánico de coches que deja a deber a Casimiro el cortadito que todos los días se toma hasta que este un día Casi se harta; de Dudú, el senegalés cuyas capacidades no le son valoradas hasta que Monroy habla de él a Pachi; de Roque, parado de 40 años que vive de las chapuzas que le salen como la que Eladio le encargará; del propio Casimiro, el propietario del bar Casablanca; de Matías, jubilado desprendido y gran amigo de Eladio; de la Nati (Isadora), madame de una casa de prostitución; etc...

No se puede dejar de señalar -de hecho el propio autor ya se encarga de ello en la citada 'Nota del autor'- la curiosa manera de dar título a los capítulos. Alexis Ravelo dice allí: "Como el atento lector habrá notado, el título de cada capítulo pertenece a una cita literaria". Y añade, con gran sentido del humor, que "ya que el lector es tan atento, le propongo el juego de de dejar a su elección la atribución a su respectivo autor de cada una de las citas". Como se comprenderá no lo he hecho; me he conformado con comprobar que estos títulos siempre figuran al final de los capítulos respectivos como colofón de los mismos. A mí me ha recordado un poco a esos ejercicios de escritura propios de las escuelas de narrativa en los que se da una frase con la que es obligatorio cerrar la narración. De cualquier manera me ha gustado y parecido de cierto interés.

De muchísimo más interés me ha resultado observar la serie de alusiones a personajes literarios, títulos y/o autores de la literatura española y universal esparcidos por aquí y por allá, lo que demuestra la buena mochila de lecturas y conocimientos que el novelista porta a sus espaldas. En especial me encanta la reflexión que el propio protagonista del relato hace sobre la soledad que le ha acompañado a lo largo de su vida profesional en el mar y el porqué no iba a tener derecho esta soledad a convertirse en materia literaria como tantas otras: 
"La de los capitanes. Eso sí que había dado literatura. Desde Homero a Conrad. Y en medio, Stevenson, Melville. Quién sabe cuántos más. Pero el maquinista… La soledad de Lear. La del astronauta. Una versión de la del capitán. Más espectacular. Pero luego, la soledad de Hölderlin. La soledad de Pessoa. La de Mishima. La soledad de José K. La soledad de Mersault. La de Roquentin. La soledad de Giovanni Drogo. La de Morel."

Las Palmas de Gran Canaria, Hotel Madrid, Casino Literario, Plaza de la Alameda
Pero sobre todo como digo al principio de esta reseña me ha encantado caminar por la ciudad de Las Palmas junto a los personajes de ficción. Por motivos personales, al haberla frecuentado bastante durante mi ya lejana estancia allí, me gusta este fragmento donde la pulsión de la ciudad, viva y real, se percibe 

"Eladio padecía aquel clima sofocante sentado en un banco de la alameda de Colón. Enfrente, ante el edificio del Gabinete Literario y la terraza del hotel Madrid, el busto de Bartolomé Cairasco de Figueroa se sacrificaba estoicamente al calor, al polvo y a las sempiternas cagadas de paloma. Hasta los pájaros que solían combar las ramas se habían callado. Sólo de vez en cuando algún turismo o algún taxi vacío pasaba por el cruce con la calle Muro y se perdía por General Bravo"

 Una ciudad que como todas, y más en las novelas negras, tiene bajos fondos, zonas oscuras, alcantarillas... que el investigador ha de visitar por necesidad del trabajo que realiza:

[Eladio necesitaba] "hacer algo que le quitara aquella sensación de suciedad. Que le librase de aquel olor a podredumbre. La peste a puticlub, a extorsión, a pornografía, a doble moral y vicios capaces de escandalizar a un proxeneta, enmascarados tras una casa grande de cojones y una posición social sólida y envidiada."

Sí, he disfrutado mucho con esta su primera novela negra, a su vez primera entrega de la serie de Eladio Monroy. Y pienso seguir haciéndolo pues no tardando mucho seguiré con la segunda de la tetralogía titulada "Sólo los muertos"; eso si no se pone  por delante de ella "Los milagros prohibidos" del año 2017 que acabo de sacar de la biblioteca pública. En fin, como suele decirse, seguiremos informando 😜😂😄

Unas notas sobre el autor (Reelaboradas a partir de la solapa de su novela "Los milagros prohibidos" que ahora estoy leyendo)

Alexis Ravelo nace en Las Palmas de Gran Canaria en 1971. Cursó estudios de Filosofía <pura y asistió a talleres creativos impartidos por Mario Merlino, Augusto Monterroso y Alfredo Bryce Echenique. Es dramaturgo, autor de tres libros de relatos y de varios libros infantiles y juveniles. Ha irrumpido con fuerza en el panorama narrativo actual con sus novelas negras que como digo en esta reseña han merecido, entre otros varios reconocimientos, el Premio Hammett a la mejor novela negra por "La estrategia del pequinés" (2013).

Los títulos de sus novelas son los siguientes:
    • Tres funerales para Eladio Monroy [Eladio Monroy 1], Anroart, 2006
    • La noche de piedra (La iniquidad I), Anroart, 2007.
    • Sólo los muertos [Eladio Monroy 2], Anroart, 2008.
    • Los días de mercurio (La iniquidad II), Anroart, 2010.
    • Los tipos duros no leen poesía [Eladio Monroy 3], Anroart, 2011.
    • Morir despacio [Eladio Monroy 4], Anroart, 2012.
    • La estrategia del pequinés, Alrevés, 2013.
    • La última tumba, EDAF, 2013.
    • Las flores no sangran, Alrevés 2015.
    • La otra vida de Ned Blackbird, Siruela, 2016.
    • Los milagros prohibidos, Siruela, 2017.
    • El peor de los tiempos [Eladio Monroy 5], Alrevés, 2017.
    • La ceguera del cangrejo, Siruela, 2019.
    • Un tío con una bolsa en la cabeza, Siruela, 2020